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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 70]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-70/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 70]]></description>
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      <title><![CDATA[Letras perdidas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/letras-perdidas_1_1203106.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e8a312fa-3dc3-4f49-8cd7-25afa2d769f3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Letras perdidas"></p><p>  </p><p><strong>Letras perdidas</strong></p><p><em>A mi abuela Enedina</em></p><p>Hace mucho tiempo,</p><p>una mujer quiso escribir poesía,</p><p>y no lo hizo</p><p>o tal vez sí,</p><p>no lo sabemos.</p><p>En esa época donde</p><p>siempre era de noche,</p><p>había mujeres soñando las estrellas</p><p>anhelando la vida de otros, a escondidas,</p><p>sigilosas,</p><p>con miedo</p><p>Porque el mundo no era para ellas,</p><p>el destino era otro, era materno,</p><p>estaba lejano</p><p>siempre enterrado en la tierra como</p><p>semillas de flores que no germinan nunca.</p><p>A veces, a mitad de una clase de Biología,</p><p>pienso en ellas como pienso en la historia de mi abuela.</p><p>Ella hubiera sido botánica, lo sé</p><p>había un jardín de bugambilias en sus ojos,</p><p>hablaba en el idioma de la lluvia,</p><p>hablaba en el idioma de las nubes con tristeza</p><p>y me decía:</p><p>—Enséñame a escribir, mi niña, para enseñarle a los muertos.</p><p>Aunque lo último que sepa sea leer mi nombre en una tumba.</p><p>Enséñame lo que aprendes en la escuela.</p><p>A mi también me hubiera gustado escribir poesía.</p><p><em>*Mariel M. Damián (Ciudad de México, 1994) es poeta. Estudia Letras Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México y Biología en el Instituto Politécnico Nacional. Su primer libro </em><strong>Mariel M. Damián</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/310-la-chica-que-se-ha-quedado-sola.html" target="_blank">La chica que se ha quedado sola</a><em> (Valparaíso Ediciones, 2017) obtuvo el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Almuñecar 2017.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mariel M. Damián]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 70]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Lo que queremos ser]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/queremos_1_1142448.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da1b779b-1d04-490e-9c28-cf1e70fc505c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que queremos ser"></p><p><strong>Pablo Bonet</strong>, librero de guardia en la Librería Muga de Madrid, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</p><p>_________________________</p><p><strong>Preparación para la próxima vidaAtticus LishTraducción de Magdalena PalmerSexto PisoMadrid2017</strong><em>Preparación para la próxima vida</em></p><p>  </p><p>La novela cuenta la descarnada historia de amor entre Zou Lei –una inmigrante ilegal musulmana de origen chino de la etnia uigur que ha entrado en Estados Unidos por la frontera mexicana– y Brad Skinner –un excombatiente de la guerra de Irak que vuelve a su país y al que persiguen los demonios del conflicto–. Conforme Zou Lei se abre paso en trabajos brutales, los reservados a los desclasados en una sociedad opulenta y estratificada, y Skinner se aferra a los resquicios de razón que le quedan para combatir las pesadillas que amenazan con convertirse en profecías, únicamente podrán aferrarse al espacio compartido. La suya será una conmovedora relación que parece nutrirse más de la inhumana adversidad que sienten que de los sentimientos tradicionalmente asociados a ese lujo llamado amor.</p><p>  <strong>La uruguayaPedro MairalLibros del AsteroideBarcelona2017</strong><em>La uruguaya</em></p><p>  </p><p>Lucas Pereyra, un escritor recién entrado en la cuarentena, viaja de Buenos Aires a Montevideo para recoger un dinero que le han mandado desde el extranjero y que no puede recibir en su país debido a las restricciones cambiarias. Casado y con un hijo, no atraviesa su mejor momento, pero la perspectiva de pasar un día en otro país en compañía de una joven amiga es suficiente para animarle un poco. Una vez en Uruguay, las cosas no terminan de salir tal como las había planeado, así que a Lucas no le quedará más remedio que afrontar la realidad. Narrada con una brillante voz en primera persona, <em>La uruguaya</em> es una divertida novela sobre una crisis conyugal que nos habla también de cómo, en algún punto de nuestras vidas, debemos enfrentarnos a las promesas que nos hacemos y que no cumplimos, a las diferencias entre aquello que somos y aquello que nos gustaría ser.</p><p>  <strong>Las aguas tranquilas del UnaFaruk ŠehićTraducción de Miguel Rodríguez AndreuLa Huerta GrandeMadrid2017</strong><em>Las aguas tranquilas del Una</em></p><p>  </p><p>Este es el diario melancólico de un niño yugoslavo, de un poeta sensible, de un veterano de la guerra de Bosnia y Herzegovina. Con una prosa poética, y tan íntima como descarnada, el autor narra su vida en el frente y sus memorias familiares. Cronista de un pasado luminoso, el narrador —poeta y soldado—, regresa al universo de la infancia, el de la vida llena de luz de antes de la guerra; relato salvífico con el que logra ponerse a salvo del sinsentido. Este es también un viaje de la memoria a través de las estaciones, de las aguas del río Una, de su fauna y su flora. <strong>Faruk Šehić</strong> describe la naturaleza de forma magistral, y consigue que el lector —sumergido en la lectura de lo que por momentos parece un delicado y singular tratado de botánica—, olvide los horrores de la guerra.</p><p>  <strong>La asamblea de los muertosTomás BárbuloSalamandraMadrid2017</strong><em>La asamblea de los muertos</em></p><p>  </p><p>Entre bromas y pullas, cuatro parejas inician un viaje el norte de África en un minibús alquilado. A primera vista, parecen unos turistas con ganas de disfrutar a tope de sus vacaciones, pero en realidad los hombres forman parte de una banda de delincuentes madrileños de poca monta y se dirigen a Marrakech con un encargo muy concreto: desvalijar un banco durante la feria de orfebrería que se celebrará en la ciudad. El cerebro de la operación, un joyero francés conectado con la jet set internacional, les proporcionará un guía y un contacto sobre el terreno, y, una vez finalizada la tarea, una bolsa de nada menos que dos millones de euros. Sin embargo, pronto surgirán los primeros motivos de inquietud, y lo que debía ser un trabajo rápido y limpio deriva en una serie de acontecimientos imprevisibles que arrastran a los ufanos maleantes a una situación que jamás habían imaginado.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Muga en la Avda. de Pablo Neruda, 89, de Madrid o en su blog.</em><strong>librería Muga</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/04/29/la_belleza_sistema_49055_1821.html" target="_blank">blog</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet (Librería Muga)]]></author>
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      <title><![CDATA[Fulgor y fiebre de un sonámbulo en la espesura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fulgor-fiebre-sonambulo-espesura_1_1142447.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/07ceb657-7b97-4cbe-98be-22f34f3606d4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fulgor y fiebre de un sonámbulo en la espesura"></p><p><strong>Fulgor y fiebre seguido de La fiera poesíaCarlos SerratoAmargord EdicionesMadrid2017</strong><em>Fulgor y fiebre seguido de La fiera poesía</em></p><p>  "No dejaré que la razón me anegue,</p><p>estoy en fiebre"</p><p>  </p><p>Después, si quieren, hablamos de otras cosas, pero comenzaré diciendo que en este libro hay un poemario de amor, no vaya a ser que se me olvide. Amor o desamor, poco importa si el prefijo es solo cuestión de tiempo (recuerdo aquí las palabras de <strong>Octavio Paz</strong> en <em>La llama doble: </em>"Por amor, el tiempo se distiende y deja de ser una medida"). Amor o simulacro, poco importa, si es el <em>pathos</em> quien dicta el <em>logos</em>. No entiendan esto como un capricho inicial, es solo que podría desdecirme en cualquier momento, y quiero dejar clara esta primera advertencia. Advierto de los peligros de la fiera escritura. Si la verdadera poesía huye de la molicie y se instala en el riesgo, aquí hay poesía verdadera.</p><p><em>Fulgor y fiebre seguido de La fiera poesía</em> es el primer poemario de<strong> Carlos Serrato</strong>, que se presenta como la entrega inicial de una trilogía que girará en torno a la disolución del yo. Conocedor en profundidad de los vericuetos poéticos, como atestiguan sus numerosos ensayos sobre poesía, entre los que se encuentra <a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1621" target="_blank"><em>La mirada de </em></a><a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1647" target="_blank"><em>Orfeo</em></a> (Pretextos), por el que obtuvo el Premio Internacional de Ensayo <strong>Gerardo Diego </strong>en 2015, el autor se sumerge aquí desde el conocimiento pleno y su olvido voluntario en la espesura del poema. Ahogado de exégesis, el poeta ahora parece aseverarse en la rotundidad del no: "No diré qué sea la poesía, solo diré aquello que yo no quiero ser en ella". Y en la sublimación del adverbio, quizá este sonámbulo rastrea su vigilia afirmándose en su propia negación.</p><p>¿Primer poemario? Es posible, aunque, al fin y al cabo, escribir es escribirse. ¿Acaso no habla de sí mismo el crítico, acaso no fabula? ¿Acaso no se dice a sí mismo el poeta, acaso no inventa? ¿Acaso no aspiran ambos a la inadvertencia que promete y brinda la caída de las máscaras? Tal vez, Carlos Serrato lleve escribiéndose desde siempre y su escritura haya vivido una inapreciable decantación hacia la forma poética. Escrito hace cuatro años, <em>Fulgor y fiebre</em> se publica ahora acompañado de <em>La fiera poesía, </em>una suerte (me acuso de polisemia) de poema-ensayo que cierra el libro como una llave maestra que nos abre la puerta a los poemas iniciales.</p><p>Alejado de los fulgores tantas veces inocuos de la juventud, el poeta, en su madurez, nos ofrece otro fulgor menos inofensivo: una escritura en fiebre, dictada al impulso de una voluntad de estilo consciente de su propia enajenación.</p><p>  </p><p>Se diría, y juraría no equivocarme, que estos versos (que, como todos, abrazan una ficción sucia de verdades) suponen una despedida, una voluntad postergada de lejanía. Un alejamiento de un deseo alguna vez febril, de un estado litúrgico, de las palabras sagradas "mujer y ella" como fuente obsesiva y que ahora se evocan como promesa generadora de distancia. Hay una emoción en continuo anclada al especular "engaño es grande" que supone todo acto poético de raíz y que nos ofrece excusas más que suficientes para mirarnos en ella y reconocer el reflejo que devuelve. Esta quizá sea la mayor aventura que nos plantea este volumen: reconocer nuestro rostro en la travesía de un "viajero inmóvil", como lo renombra <strong>Jenaro Talens</strong> en el prólogo que dedica al libro.</p><p>No encontrarán aquí excesos estilísticos ni ritmos combinados a la manera canónica (aunque, de repente, algún endecasílabo melódico nos ilumine). No busquen. El hallazgo surgirá de la fiereza, de la urgencia, del furor y la dentellada. La belleza se levanta en el sueño como una armonía insana y purgativa, que entra en nuestras habitaciones más íntimas, doliéndonos y alumbrándonos. Es lo que tiene entregarse a una escritura como esta. El <em>demon</em> clásico devenido musa atribulada que los románticos llamaron soplo divino no es aquí más que una emoción abismada que bucea por los túneles de la (des)memoria y que termina o comienza, según se mire, en puertas que se abren a ciudades, tiempos y rostros que fueron en la forma precisa en que esta ebriedad los renace en <em>otros</em> menos <em>yo, </em>menos<em> aquí, </em>menos<em> ahora,</em> aspirando a “el puerto de mis idas y bebidas / allí donde por fin alcancé la paz de los olvidos”.</p><p>La hoja de ruta del viaje que supone <em>Fulgor y fiebre</em> parece trazada a partir de un mapa fantasma que muestra un itinerario que no avanza, que acaso camina hacia dentro, como si el viajero, el cartógrafo desorientado, supiera de antemano que el ancla es su vela: "pero necesito un ancla, / te necesito aquí", nos dice. No se atisba ínsula alguna en el horizonte. La isla está en el interior. El poeta destiempado encuentra en el recuerdo de la mujer (en el arraigo y en el desarraigo que trunca la rueda) su conjuro; una amada que se aleja en los relojes, que no leyó <em>La máquina del tiempo</em> de <strong>Wells</strong> "porque yo la escondí / tras los estantes".</p><p>Lo que fue. Lo que no fue. Lo que ya no es. En este terno existencial se manifiesta la máxima expresión del discurso ficticio. Sí, tal vez. Si con <strong>Eliot</strong> cedemos a la idea de que el presente y el pasado quizá se hallen <em>presentes</em> en el futuro, del mismo modo que el futuro está incluido en el pasado, convenimos con los versos del poeta de <em>Los cuatro cuartetos</em> en que "todo tiempo es irredimible". Jenaro Talens nos dice en el prólogo: "<em>Fulgor y fiebre,</em> en efecto, asume la apariencia de un relato autobiográfico a través de una serie de lugares (Sevilla, Oxford, Ginebra, París, Nueva York, etc.) y de experiencias amorosas vinculadas con esos mismos lugares (…). Sin embargo, lo que el protagonista poemático va descubriendo, a medida que avanza y más allá de lo anecdótico del punto de partida de cada estación, es cómo se (re)construye, poco a poco, una identidad que era tal vez la suya, pero que ya no lo es, por cuanto a cada nuevo paso es otra y diferente". El poeta puede decir no soy <em>yo</em> quien escribe en el poema, pero <em>me</em> reconozco en el revés de los pronombres. Lo que no puede es mentir, por la sencilla razón de que no afirma nada. Le han sido otorgados los dones de la enunciación y la anunciación, pero le está negado, para su suerte, aseverar. Su desvío de lo real es simplemente una fabulación apegada a la huella. En este caso, una fábula abrasada, sellada a su rastro como un fósil que aspirara a desdecir los siglos. Y en la fiereza de la evocación y del delirio, el tiempo, como decía Paz, deja de ser una medida: "Entonces recordé el futuro", nos dice la voz.</p><p>Pero, paradójicamente, donde el libro encuentra sus más altas cimas de lirismo es en la segunda parte, <em>La fiera poesía</em>, tratado poético sobre los peligros de la entrega a la poesía, ese bosque umbrío y consagrado. Aquí se inicia otro viaje, ahora a las profundidades, una arriesgada aventura al centro magnético del hecho poético. Sí, he aquí que una buena mañana, el sonámbulo se despierta, escupe en la cara a la inspiración, y le grita a la madre natura: <em>non serviam. </em>Con este guiño creacionista, el poeta se rastrea a través de la espesura, se hace monte, y en la vorágine oscura y opiácea se busca en la otredad, en el otro que niega su "don de humanidad" como única forma posible de redención: "A mí no me queda más esperanza que dejar de ser un yo y empaparme de otros. Quiero devorarlos, acechando en la maleza, impaciente el estómago. Quiero ser lo que como. Vida". Al fin y al cabo, insiste, "solo la descarnada poesía cambia la mirada del hombre manso y lo vuelve fiera". Y aquí el calambre que despierta del letargo al que agarra férreamente un libro de poemas entre las manos. ¿A qué otra cosa aspira el lector?</p><p>Una vez oídas las voces del bosque, el poeta se dice "Si pudiera no ser yo…". Sí, también yo, que cojo tu libro entre mis manos, sonámbula y en fe, oigo voces y me digo ¡<em>s</em><em>i pudiera no ser yo </em>quien busca la salida, qué noble acto poético! ¡Qué magnífica y fiera inutilidad de los versos! Porque en <em>mí, </em>en <em>nosotros,</em> se transfunden los pronombres. Ya no es tuyo el poema. Y yo no puedo hacer otra cosa que darte las gracias por ello, poeta.</p><p><em>*Rosario Pérez Cabaña es profesora de Literatura y poeta. Su último libro, </em><strong>Rosario Pérez Cabaña</strong><a href="https://www.edicionesenhuida.es/producto/quiron-y-los-otros-hombres/" target="_blank">Quirón y los otros hombres</a><em> (Ediciones En Huida, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rosario Pérez Cabaña]]></author>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yo te absuelvo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/absuelvo_1_1142445.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a09b2a89-c332-418d-8672-66d69a0fee08_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yo te absuelvo"></p><p><strong>Confesión generalJosé María Conget Pre-TextosValencia2017 </strong><em>Confesión general</em></p><p>  </p><p>Cuando aún no se han disipado en la memoria las notas de la magnífica novela <a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1568" target="_blank"><em>La bella cubana</em></a><em> </em>(2015), <strong>José María Conget</strong> pone a disposición de incondicionales <em>congetianos </em>y demás público lector en general bajo el título de <a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1769" target="_blank">Confesión general</a> un conjunto de relatos de las más variada ralea, desde cuentos breves –sin llegar al extremo tan de moda últimamente del microrrelato— hasta textos de una considerable extensión que podrían haber funcionado perfectamente como novelas cortas. Pero aquí no vamos a entrar en polémicas sobre la extensión –fieles a la máxima de que el tamaño no importa—, sino que atenderemos a la calidad de los relatos, a eso que hace que los textos de Conget interpelen tan directamente al lector. Por cierto, esta variedad en la tipología de los relatos habla claramente de la pericia narrativa de Conget, que demuestra en este volumen que sabe moverse y resolver sus cuentos  independientemente del número de páginas que le pidan sus tramas.</p><p>Comencemos simultáneamente por el principio y por el final. El título elegido como pórtico de entrada a esta colección de relatos coloca el ánimo del lector en disposición para asistir a un ejercicio de sinceridad por parte del autor. Sin embargo, <em>Confesión general </em>en principio no es más que el título del último cuento, que hace referencia a esa práctica católica en la que el fiel –y presunto pecador— con la inestimable colaboración del sacerdote detrás de la celosía del confesionario afianza el sentimiento de culpa del primero a cambio de una absolución penitenciada, de un borrón y cuenta nueva. El narrador de este relato ajusta a su manera cuentas con un pasado común, con una época de la historia reciente de España en la que olía a cerrado, a humedad, a cirio pascual, en la que los gestos o los pensamientos más inocentes podrían tornarse en pecados mortales de la conciencia cuando caían en manos de unas mentes perversas ataviadas con alzacuellos y sotana. En una línea parecida se encuentra el segundo relato del libro titulado "Tiempo hostil", en clara alusión u homenaje al poema de <strong>Ángel González</strong> "Inventario de lugares propicios al amor", cuyos versos finales sirven de cita para el cuento. No obstante, aquí se aprecia una luz que no aparece en el cuento anterior: en este caso, el afortunado paso del tiempo le ha ajustado las cuentas a aquella España pacata y reaccionaria, le ha sacado varios cuerpos de ventaja en la carrera de la desinhibición del deseo.</p><p>No obstante lo apuntado hasta aquí, en <em>Confesión general </em>se aprecia sobre todo una exposición sincera por parte del autor de unas cuitas, de unos demonios, de un conjunto de pequeñas miserias inconfesables que secretamente arrastra cada ser humano, pero sin caer aquí, a pesar del título, en las trampas del confesionario e intentando esquivar en todo lo posible la primera persona del singular, porque se trata, como apuntábamos al principio, de interpelar al lector, de hacerlo cómplice en el espejo de las páginas de este libro.</p><p>En este sentido, Conget apunta a planos muy diversos del individuo que escribe o que lee. El volumen comienza con un relato potente, en extensión y enjundia, titulado "Madurez", cuyo título no deja dudas sobre su temática y especialmente sobre las contradicciones íntimas que nos plantea el paso del tiempo. Además en él se introduce uno de los asuntos que de vez en cuando salpican las páginas del escritor aragonés y que tiene que ver con el oficio de escribir o, mejor dicho, con la imagen pública y privada del escritor, con las dudas, con las supercherías y con las pajas mentales del escritor maduro. También se ajustan cuentas con la literatura en textos como "El lector", que plantea hábilmente la paradoja sobre la creación literaria, o "Todos los miedos el miedo", donde unamunianamente el personaje protagonista del relato, Miguel Zabala –a la sazón, eje de la trilogía congetiana homónima— ajusta sus cuentas pendientes con el autor. Finalmente, en este campo literario sobresalen "El bloqueo", por tratarse de un relato paradójico y resuelto con habilidad, y "Dentista", una suerte de <em>Las mil y una noches </em>a la americana con una Sherezade experta en endodoncias.</p><p>Por otra parte, en los cuentos que componen <em>Confesión general</em> nos volvemos a encontrar con el Conget que sus lectores ya conocen de otras entregas: algunos de los personajes masculinos de estos relatos se hallan tres o cuatro pisos por debajo de sus compañeras en cuanto al manejo airoso de las vicisitudes que la vida les plantea –no llegan al <em>pelelismo</em>, pero casi—; se puede saborear un buen número de referencias culturales –literarias, musicales, plásticas y cinematográficas, por supuesto— elegidas con acierto para condimentar muchos de estos relatos; entre líneas se advierte cierto autobiografismo –la memoria, por ejemplo, de la infancia en familia y en Zaragoza ocupa un lugar más que destacado—; los guiños lingüísticos en inglés y francés contribuyen a nombrar lo que en español queda huérfano; o, por no resultar pesado, sobresale la pelea constantemente del autor por que su prosa suene con total naturalidad, aproximándose lo más posible a la oralidad… En fin, las marcas de la casa que han hecho de José María Conget uno de los más destacados prosistas actuales.</p><p>Cada uno de los lectores de <em>Confesión general </em>tendrá o llegará a tener sus relatos favoritos. El que esto escribe, independientemente de criterios más o menos técnicos o filológicos, se queda con un ramillete de ellos, sin por ello menospreciar a los demás: "Bloqueo", por la maestría para plantear este desasosegante fenómeno desde dentro; "Todos los miedos el miedo", porque uno ha compartido en algún momento los mismos fantasmas; "Madurez", por las luces rojas que el paso del tiempo le está señalando a uno;  y "Sueños compartidos", por esa tendencia que tiene uno a fantasear pegado a la realidad.</p><p>Como ya se apuntó al principio, la obra de Conget interpela al lector, lo coge de las solapas y lo zarandea, lo deja desarmado o lo arma con nuevos argumentos. A partir de aquí, que cada lector haga su elección. Yo ya he hecho mi trabajo y, como siempre, quedo infinitamente agradecido a José María Conget por pegarme con cada uno de sus libros un placentero revolcón.</p><p><em>*Juan Carlos Sierra es profesor de Literatura. </em><strong>Juan Carlos Sierra</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Sierra]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Yo te absuelvo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 70]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[De tierras y pasiones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tierras-pasiones_1_1142442.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/92a08042-4549-4683-9fb3-d2c6a25fe6ad_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De tierras y pasiones"></p><p><strong>El secreto de las beguinasPedro M. DomeneEditorial TrifaldiMadrid2016</strong><em>El secreto de las beguinas</em></p><p>  </p><p>Esta es una narración histórica con todos los ingredientes de las novelas de misterio, en donde el escritor, profesor y crítico <strong>Pedro M. Domene</strong> (Huércal-Overa, Almería, 1954) nos presenta su cuarta entrega, <a href="http://www.trifaldi.com/home/39-el-secreto-de-las-beguinas.html" target="_blank"><em>El secreto de las </em></a><em>beguinas</em>. Sus anteriores libros están dedicados a un público lector juvenil: <em>Después de Praga nada fue igual</em> (2004), <em>Conexión Helsinki</em> (2009) y <em>Las ratas del Titanic</em> (2014). Ésta es una novela diferente, un giro total a su trayectoria narrativa, la historia como telón de fondo y otro público más amplio. Su lenguaje y trama se complican, pero cualquier joven avezado en la lectura y amante de la historia podría adentrarse en ella. Sus narradores son dos jóvenes estudiantes del siglo XXI que investigan unos acontecimientos acaecidos en el XVII (cuyo lenguaje de época está actualizado). Es un relato histórico repleto de intriga y de descubrimientos, con un marcado carácter didáctico.</p><p>Entre los siglos XI y XIV el Occidente medieval vive una serie de transformaciones de carácter sociocultural, económico y espiritual que permiten a los historiadores connotar el período de apasionante. En el ámbito de la espiritualidad estas transformaciones tuvieron como protagonistas a laicos y laicas de todos los estratos sociales que protagonizaron una auténtica rebelión contra el poder establecido, y por extensión contra la Iglesia acusándola de tener un gran poder temporal, alejándose de los ideales evangélicos, y de excluirlos, precisamente por su condición laica, de la vida religiosa, reduciéndolos a un universo puramente material. Y esta actitud dio lugar a una gran proliferación de movimientos de renovación espiritual, dentro y fuera de la ortodoxia, y comportó una ruptura con el orden establecido por la Iglesia; pero una ruptura que para las mujeres fue doble: en tanto que laicas y en tanto que mujeres.</p><p>La presencia de las mujeres prevaleció en todos estos movimientos e incluso crearon una corriente de espiritualidad desde ellas y para ellas, con una total autonomía respecto a los hombres, y fue una corriente que ellas dotaron de tanta fuerza y potencia que influyeron, no solamente en la mística de su tiempo, sino la de siglos posteriores: las beguinas. El de las beguinas es un movimiento que nace a finales del siglo XII en un ámbito geográfico concreto, Flandes-Brabante-Renania, que se extiende con rapidez hacia el norte y el sur de Europa, y en cuyo seno encontramos mujeres de todo el espectro social cuyo único deseo es el de llevar una vida de espiritualidad intensa, pero no de forma claustral, como estaba sancionado socialmente, sino plenamente incardinadas en las ciudades entonces emergentes</p><p>En sus 28 capítulos se cuentan dos historias cuyo tiempo y espacio se dan paralelamente. Se desarrolla en Flandes con los Tercios como escenario. Con la técnica de la analepsis, alterna la narración conectando con los distintos momentos del pasado. Esta forma de enlazar los capítulos nos lleva a que nos traslademos de un espacio a otro pese a los cuatro siglos que los separan. Dibuja con precisión las distintas escenas y lo hace a través del <em>flash-back</em>, recurso muy utilizado en el cine y en la narrativa. Nos cuenta cómo estos dos investigadores y hermanos, Diego y Jorge, emprenden una indagación sobre los hechos que ocurrieron en los beguinatos de Brujas. Está escrita en primera persona, pero utiliza, sin embargo, la tercera persona para narrar la historia real de los sucesos en los que se basa. Todo está medido, en un juego magistral de espacios, de correlaciones, que nos llevan por un mismo paseo pero con distintos personajes. Singular la coincidencia, también, de los nombres de los hermanos protagonistas, Jorge y Diego, con los del joven oficial español herido de la otra historia, Jorge de Deza y el joven clérigo, secretario del Tribunal, Diego de Santo Domingo. Al igual que Elizabeth, novia del joven Jorge, es también el nombre de la dama del beguinato que cuida y se enamora del capitán enfermo. Pedro M. Domene sabe llevar ese juego de planos, con esos guiños en tiempos dispares de una manera ingeniosa.</p><p>La historia respira con nosotros, avanza y hace que la habitemos, nos introduce y nos hace partícipes tanto en un espacio como en otro. Desde el punto de vista histórico, las beguinas se enfrentaban nada más y nada menos que con el poder eclesiástico y patriarcal de una iglesia recelosa por las numerosas fuentes heréticas que surgían por doquier. Ellas consideraban la experiencia religiosa como una relación inmediata con Dios, y que expresaban con propia voz y escritura, y no necesitaban para ello la interpretación eclesiástica de la palabra divina, ya que esta era sencilla y clara.</p><p>Es interesante dentro de esta novela histórica el tratamiento del amor de una mujer del beguinato que ayuda a los heridos mientras espera a su marido que está en la guerra, Elisabeth; la relación entre una extranjera y un español que luchan en distintos frentes, pero cuyos sentimientos son irremediables. Este pasaje que nos cuenta rememora al poema “No sé por qué piensas tú”, de <strong>Nicolás Guillén</strong>, y a la novela llevada al cine <em>Suite francesa</em>, de <strong>Irène Némirovsky</strong>. En realidad, estas mujeres no buscaban un aislamiento, como acostumbraban otras órdenes femeninas de encierro y meditación; tampoco querían plantearse como una oposición abierta, ni rebelarse contra la Iglesia que nunca quisieron abandonar, y de ninguna manera aceptaban las acusaciones contra ella vertidas. Se les acusaba de ser simpatizante de una herejía llamada Hermanos del libre espíritu, cosa que por supuesto no tenía fundamento; pero como el tribunal de la Inquisición "siempre" demostraba la culpabilidad de quien quisiere considerar culpable, aquellas beguinas fueron juzgadas sin defensa y consideradas herejes, condenadas a la más penosa y cruel de las muertes, torturadas y quemadas vivas públicamente.</p><p><em>El secreto de las beguinas</em> es toda una lección de historia, de buena literatura y de un buen manejo del lenguaje. Pedro M. Domene sabe transportarnos desde el principio hasta el final, reviviendo la historia de esas mujeres independientes que vivieron para hacer el bien, al margen de la Iglesia, y que fueron condenadas.</p><p><em>*Carmen Canet es escritora. Su último libro, </em><strong>Carmen Canet</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/aforismos/232-malabarismos.html" target="_blank">Malabarismos </a><em>(Valparaíso, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De tierras y pasiones]]></media:title>
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      <title><![CDATA[¿Qué es la verdad?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/que-es-la-verdad_1_1142439.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cef5f8cb-c300-421e-927c-dcbfde3cfdfa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué es la verdad?"></p><p><strong>Verdad y mentira en la políticaHannah ArendtTraducción de Roberto Ramos FontecobaPágina IndómitaBarcelona2017</strong><em>Verdad y mentira en la política</em></p><p>  </p><p><a href="http://www.paginaindomita.com/verdad-y-mentira-en-la-politica/" target="_blank">Estos dos breves ensayos</a> de <strong>Hannah Arendt</strong>, la gran pensadora alemana exiliada en Francia en 1933 y en los Estados Unidos desde 1941 hasta su muerte en 1975, han sido traducidos varias veces al español. El primero, “Verdad y política”, apareció primero en alemán en 1964 y después en inglés en 1967; el segundo, “La mentira en política”, se publicó directamente en inglés en 1971. El presente traslado procede de la edición alemana de ambos textos en 1972, aunque el traductor advierte que también ha tenido en cuenta las versiones definitivas en inglés. Se trata de dos intervenciones militantes, escritas para terciar en debates públicos de la época: la una sobre las crónicas de Arendt en torno al proceso del teniente coronel <strong>Adolf Eichmann</strong> ante la justicia del Estado de Israel a comienzos de la década de 1960, que servirían de base para <em>Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal</em>, el más polémico de sus libros; y la otra sobre los llamados Papeles del Pentágono, acerca de la participación estadounidense en la guerra de Vietnam. Pero como en el resto de su obra de reflexión, la autora no separa pensamiento y acción. Por el contrario, su mayor mérito intelectual consiste en combinar de manera magistral la filosofía europea y la ciencia política norteamericana para mostrar cómo, al menos en los mundos de la política y la ética, la teoría y la práctica no son antagónicas sino complementarias.</p><p>Como es bien sabido, Arendt propuso a la revista <em>The New Yorker</em> en 1960 que la acreditara como enviada especial al juicio de Eichmann ante el Tribunal del Distrito de Jerusalén a lo largo de los dos años siguientes. A diferencia del juicio de Núremberg en 1945-1946 ante el Tribunal Militar Internacional de los aliados, en el cual fueron juzgados los altos mandos alemanes que pudieron ser capturados vivos al final de la Segunda Guerra Mundial por crímenes contra la paz y contra el derecho internacional mediante pruebas documentales, el de Jerusalén fue el primer gran proceso judicial por crímenes contra la humanidad mediante pruebas testimoniales. Y el reo no pudo haber sido más idóneo: un oscuro burócrata nazi de segundo nivel, que fue el responsable logístico de la deportación masiva de los judíos europeos a los campos de concentración y de exterminio donde fueron destruidos por la dictadura hitleriana durante los años centrales de la guerra. Pero este personaje no era una figura demoníaca sino más bien un funcionario mediocre y obediente para quien Arendt acuñó la categoría crítica e irónica de “banalidad del mal”. Esta caracterización, sumada a sus acusaciones contra muchos consejos judíos en campos y guetos por colaboracionismo con los propios nazis y a sus preferencias por una nueva jurisdicción penal internacional para juzgar a Eichmann y a los demás responsables del Holocausto, generaron una formidable polémica en torno al libro de Arendt sobre el proceso de Jerusalén y convirtieron a la autora en <em>persona non grata</em> para el Estado de Israel y la comunidad judía internacional.</p><p>En este contexto, “Verdad y política” constituye una reflexión no sólo inteligente sino también valiente sobre las complejas relaciones entre política y verdad. Tras constatar que la verdad y la política no se llevan nada bien, al punto que nadie incluiría la veracidad entre las virtudes políticas, Arendt evoca la máxima de <strong>Lessing</strong>, que propone como regla de oro en la materia: “Que cada hombre diga lo que cree que es verdad, y que la verdad misma quede encomendada a Dios”. Más aún, distingue entre la verdad racional propia de las ciencias naturales, la verdad factual propia de las ciencias sociales y la opinión propia de la colectividad humana. La única alusión directa al debate sobre Eichmann y la banalidad del mal que puede interpretarse como una defensa de su trabajo intelectual es la frase socrática “es mejor sufrir una injusticia que cometerla” en la cual, según el texto, se halla el origen del pensamiento ético occidental. En otra vuelta de tuerca, Arendt subraya con energía que lo opuesto de la verdad factual no es el error, la ilusión o la opinión, sino la falsedad deliberada o la mentira. Por eso, “entre los modos existenciales de la veracidad sobresalen la soledad del filósofo, el aislamiento del científico y el artista, la imparcialidad del historiador y el juez, y la independencia del investigador, el testigo y el periodista”. La filósofa concluye con sabiduría: “En términos conceptuales, es posible definir la verdad como aquello que no podemos cambiar; en términos metafóricos, es el terreno que pisamos y el cielo que se extiende sobre nuestras cabezas”.</p><p>En junio de 1971, el <em>New York Times</em> publicó los 47 volúmenes que reunían la historia documental de la intervención de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam desde 1945 hasta 1968, como resultado de una decisión del entonces secretario de Defensa, <strong>Robert McNamara</strong>. La lección memorable de “La mentira en política”, con la claridad y el rigor que resultan proverbiales en Arendt, es que más allá de toda la casuística de crímenes y abusos de poder que puso en evidencia tan enorme archivo, los documentos del Pentágono sirvieron para dramatizar el encubrimiento, la falsedad y la mentira como notas distintivas del discurso gubernamental en torno a Vietnam: “Lo que causó la desastrosa derrota de la política americana y de la intervención armada fue el desdén voluntario y deliberado, durante más de veinticinco años, por todos los hechos históricos, políticos y geográficos… Sigue siendo difícil asumir que se hayan invertido tantos esfuerzos para mostrar la impotencia de la grandeza”. Hoy, cerca de medio siglo después, el imperio de la mentira en la política estadounidense no sólo sobrevive sino que además la Casa Blanca de <strong>Donald Trump</strong> se ha convertido en la sede oficial de la posverdad. Y como decía entonces Hannah Arendt, “cuanto más éxito tenga un embustero y mayor sea el número de los convencidos, más probable es que acabe por creer sus propias mentiras”. Quedamos advertidos.</p><p><em>*Hernando Valencia Villa es doctor en Derecho por la Universidad de Yale y antiguo secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.</em><strong>Hernando Valencia Villa</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Hernando Valencia Villa]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Literatura europea,Filosofía,Los diablos azules número 70]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Los amores de la mariposa inmortal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/amores-mariposa-inmortal_1_1142427.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/70355acc-05b7-40b6-91e8-9e9a5dec1c4b_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Los amores de la mariposa inmortal"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. En esta nueva entrega recoge dos textos del escritor argentino Eugenio Mandrini.</em><strong>Gemma Pellicer</strong><strong>Fernando Valls</strong><strong>Eugenio Mandrini</strong></p><p>___________________________________ </p><p><strong>Los amores de la mariposa inmortal</strong></p><p>Durante todo el tiempo que le llevó componer <em>La consagración de la primavera</em>, la mariposa inmortal no dejó de revolotear alrededor de la cabeza de <strong>Igor Stravinsky</strong>. En algún momento llegó a rozarle los labios como si le hubiera dejado un beso de polen.</p><p>Emocionado, el músico llego a pensar que su obra ya no le pertenecía solo a él sino también a esa mariposa, por ser ella el origen del color y la luz que, mucho después, la primavera imitaría.</p><p>Esa noche la soñó y al despertar, hechizado por la pasión, no sabía si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre.</p><p>Soñaron juntos hasta el año 1971 en que murió Stravinsky.</p><p>Desde entonces la inmortal padece insomnio.</p><p>Aun así, en primavera se la suele ver ebria de vuelo, pero también, durante largos momentos, quieta y pensativa, como ebria de nostalgia.</p><p>Quién pudiera saber cuál de los dos amores fue el gran amor.</p><p>  <strong>Imagino, luego escribo</strong></p><p>Imaginar es crear lo imposible.</p><p>Como cuando imagino a la mujer inalcanzable y ella viene y se da y somos.</p><p>O cuando desciendo en la estrella Aldebarán y descubro que su brillo no es más brillo que el de los ojos del primer hombre que descubrió el fuego.</p><p>O cuando soy el que reparte los panes y los peces, o hago vino de la lluvia, o tiendo la mesa del banquete para saciar a los últimos de siempre.</p><p>Es cierto, también, que a veces da miedo imaginar.</p><p>Como cuando imagino demasiado y el oscuro animal de la Verdad sale de su letargo y me salta a la cara y me destroza el alma.</p><p>Aun así, ¿cómo no abrir la puerta que da al cosmos donde aguarda el infinito? Además, ¿qué sería de mí, autor de lo instantáneo, sin perseguir el vuelo del pájaro invisible?</p><p>No te distraigas ni te ausentes nunca, Imaginación.</p><p>Cada vez que me veas desolado mirando el abismo de la página en blanco sin nada que decir, socórreme.</p><p><strong>*Eugenio Mandrini</strong> (Buenos Aires, 1936) es poeta, obtuvo el Premio <strong>Olga Orozco</strong> con Conejos en la nieve (2009), y es un destacado autor de microrrelatos, género en el que ha publicado dos libros: Criaturas de los bosques de papel (1987) y <a href="http://www.menoscuarto.es/libro/las-otras-criaturas/" target="_blank">Las otras criaturas</a><em> (2013), publicado en España por la editorial Menoscuarto.    </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eugenio Mandrini]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura latinoamericana,Narrativa,Los diablos azules número 70]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fantasma del cine Roxy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fantasma-cine-roxy_1_1142423.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f8506dd0-5492-4fc2-bae1-1a721d009ca5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fantasma del cine Roxy"></p><p><em>...ni mis sueños son muy razonables. En uno de ellos me encontraba en Sunset Boulevard, a la sombra de unos árboles, esperando un taxi amarillo para ir a almorzar. No aparecía ningún taxi amarillo, todos los coches que pasaban por allí eran de 1916. Y entonces me dije: "Es inútil que esté aquí de plantón esperando un taxi amarillo, puesto que estoy teniendo un sueño de 1916". Después de esta reflexión, me fui andando hasta el restaurante.</em></p><p><strong>Alfred Hitchcock</strong></p><p><em>El cine según Hitchcock</em>, por <strong>François Truffaut</strong></p><p><em>És quan dormo que hi veig clar.</em></p><p><strong>J. V. Foix</strong></p><p>—Y a partir de esta escena —dijo el escritor—, en el preciso instante en que el enano cabezudo vestido de boy-scout parpadea nervioso e inicia su escalada político-montserratina hacia las cumbres de la patria con la mochila a la espalda, aclamado por el gentío que le arroja flores y calderilla, entonces es cuando aparece la pierna desnuda y luminosa de Ivy/<strong>Miriam Hopkins</strong> balanceándose al borde del lecho en sostenida sobreimpresión, a lo largo y ancho de toda la secuencia y en todos los planos siguientes, el muslo inmortal de la puta Ivy pendulando en la pantalla y en el subconsciente reprimido del pobre doctor Jekyll como una dulce amenaza venérea o como una romántica pesadilla de felicidad con su liga negra y sus chancros purulentos, perturbando así la clamorosa ascensión patriotera y floral de nuestro Honorable enano parpadeante, hasta que aparece la palabra fin.</p><p>—Estás loco —dijo el director.—Olvídalo, no pienso rodar ninguna de tus calenturas infantiles.</p><p>—¿Calenturas? Te estoy hablando de la patria tan soñada y anhelada.</p><p>—¿Con el doctor Jekyll y el muslo de una puta? No me hagas reír.</p><p>—Tranquilo. Nunca haré nada que pueda darte el menor gusto.</p><p>—Háblame del vagabundo bajo la lluvia, en la posguerra.</p><p>—Entonces concédeme un respiro y bebamos algo.</p><p>Empuñando sendos bolígrafos de punta fina, las caras tapadas con pañuelos negros como si fueran a atracar un banco o asaltar un tren (en realidad no pueden verse el uno al otro), colaboran por última vez el escritor de ficciones y el director de cine en el guión original de una película que no debería rodarse jamás, cuando, en una pausa moderadamente alcohólica, solicitada por el novelista, éste le evoca la época feliz de sus aventuras infantiles con la pandilla en los espesos y ardientes cines de barrio. Programa doble, No-Do y paja, recuerda:</p><p>Aquel tronante gallinero con bancos de madera y el palco lateral izquierdo cuya pringosa barandilla yo cabalgaba y espoleaba en la penumbra plateada, galopando disparando dentro y fuera de la pantalla al mismo tiempo estoy en Arizona con Destry/<strong>James Stewart</strong> y la guapa Frenchie/<strong>Marlene Dietrich</strong> con su peca junto a la boca y suntuosos párpados de seda advierte el peligro en el Saloon y le salva la vida a Destry rieles again interponiéndose entre él y la bala, muriendo en sus brazos vestida de puta del Oeste.</p><p><em>(Continúa Almudena Grandes.)</em><strong>Almudena Grandes</strong></p><p>Al llegar a ese punto, el escritor apura su copa, se levanta, anuncia que tiene que ir al baño.</p><p>Allí se mira en el espejo, levanta la cabeza hacia la ventana alta, pequeña, que deja ver un retal del cielo de Barcelona, y se asombra al descubrir la limpieza del azul en las alturas, muy por encima de la compacta nube de contaminación que asfixia las calles de la ciudad. Después, vuelve al espejo. Busca algún detalle, la forma de las cejas, el nacimiento del pelo, un gesto preciso que devuelva a sus ojos algo de luz, el brillo que los iluminaba a los catorce años.</p><p>No se llamaba Vargas. Ha decidido ya bautizarle con ese apellido rotundo, elegante, que evoca al mismo tiempo la delicadeza de los andaluces y la fuerza de los hombres íntegros, pero su verdadero apellido era García. Se llamaba Antonio García, aunque ese dato sólo es importante para él, o más exactamente, para el rostro del adolescente cuyo reflejo acecha en el espejo. Está seguro de que los muchachos del Lincoln Continental aprobarían su elección. Vargas le sienta mejor al personaje, y el director de la película nunca sabrá la verdad, no la entendería.</p><p>Mientras habla con ese cretino, prefiere envolverse en el chubasquero de Juanito Marés, cubrirse la cabeza con su capucha, evocar el mugriento resplandor del gallinero del cine Roxy, la humana pestilencia de los cuerpos sudorosos frente a la divina fascinación de la pantalla, el hogar de todas las diosas de ojos claros, piernas larguísimas, cinturas imposibles, que le salvaron durante un rato, todas las semanas, de la condena de hacerse hombre sobre la costra dura, despiadada, de esa herida purulenta que era la España del segundo año triunfal. Hasta ahí está dispuesto a llegar, ni un paso más. Nunca saldrá con el director del gallinero un domingo de febrero de 1941. Nunca le presentará a esa chica delgada y larguirucha, su piel tan pálida como si se lavara con lejía, que estaba apoyada en la barandilla del entresuelo del Roxy. Nunca le explicará que parecía esperar a otra persona, hasta que él pasó por su lado y le llamó por su nombre.</p><p>—Te estaba esperando. ¿Sabes quién soy?</p><p>Lo sabía y no lo sabía. Sabía que vivía cerca, en una casa baja, despintada, parecida a la suya. Sabía que su padre había perdido la guerra, como casi todos los padres de por allí, y que estaba ausente, muerto quizás, quizás en la cárcel. Sabía que era hija de una mujer avejentada y triste, como casi todas las madres de aquel barrio, que madrugaba mucho y sólo volvía del centro de la ciudad al atardecer. Sabía todo eso y era lo mismo que no saber nada, así que frunció los labios en una mueca escéptica que no consiguió desanimarla.</p><p>—Me llamo Anita. Vivo en la calle Verdi, un poco más arriba de la papelería, y quería hablar contigo porque… —se calló de pronto, miró a su derecha, luego a su izquierda, inclinó por fin la cabeza hacia él como si quisiera besarle y deslizó una pregunta en su oído—. ¿Tú sabes guardar un secreto?</p><p>Aquella pregunta, tan emocionante al menos como un beso, fue la puerta por la que Antonio García entró en su vida.</p><p>—¿Y por qué me cuentas todo esto?</p><p>Sus amigos le esperaban en la puerta del Roxy, muy intrigados por la conversación que sostenía con aquella chica tan pálida, que ya no era una niña pero aún lo parecía, su pecho plano, sus caderas lisas, las piernas llenas de pelos. Al principio, le habría gustado que fuera más guapa para presumir con ellos, habría podido inventarse una historia fabulosa, pero cuando Anita le habló del hombre que dormía en el Lincoln Continental del vertedero, la arruinada carcasa donde él y sus amigos habían jugado a los detectives tantas veces, comprendió que nunca podría inventar una historia mejor.</p><p>—Porque hay que ayudarle. Yo le llevo comida  de vez en cuando, pero si sigue durmiendo ahí le encontrarán, le detendrán… Y es un hombre muy bueno.</p><p>—¿Es tu padre? —se atrevió él.</p><p>—No —y los ojos de Anita huyeron de los suyos—. No es mi padre.</p><p>(Sigue <strong>Felipe Benítez Reyes.</strong>)</p><p>—¡Corten, corten! —gritó el director, haciendo aspavientos de agobio—. Esto se nos está yendo de las manos, escritor ilustre. ¿A qué viene ahora esta ramificación de la historia? ¿Tú crees que los actores salen gratis? A este paso, en la nuestra va a salir más gente que en una de <strong>Cecil B. DeMille</strong>… Y eres capaz de decirme ahora que quedaría bonito, como efecto simbólico, que la calle Verdi se abriese en dos, como el Mar Rojo. Y que nevara, por supuesto.</p><p>—Es que si no metemos nieve en las escenas principales, la cosa no funcionará. La nieve es el elemento unificador de la historia. Sin nieve no habrá coherencia. La nieve es… la metáfora. El sentido armonizador, digamos, del <em>procés</em>.</p><p>—Olvídate de la nieve. Si por ti fuera, harías que nevara incluso en el gallinero del Roxy.</p><p>—Pues no es mala idea.</p><p>SECUENCIA 89. GALLINERO DEL CINE ROXY. Interior nevado</p><p>Nieva en el gallinero del Roxy. Tintineo de la bisutería de las pajilleras de manos sigilosas, como banda sonora complementaria del bullicio del casino <em>(Never closes)</em> de Mother Gin Sling. Plano de un copo de nieve que cae sobre la gabardina plegada en el regazo de un espectador. Por debajo de la gabardina, el movimiento de metrónomo de una mano. <strong>Gene Tierney</strong>/Victoria Charteris/Poppy Smith enciende un cigarrillo envuelta en un abrigo de pieles y en ese momento el tintineo de bisutería se acelera…</p><p>—Ya basta, ¿eh? O nos ponemos serios o rodamos una farsa felliniana con el enano patriótico como protagonista, y se acabó. Yo no quiero líos.</p><p>—Pero con nieve.</p><p>— …Aunque a ver quién nos da una subvención como nos riamos del gnomo parpadeante.</p><p>—Podríamos pedir una subvención no para la película, sino para las máquinas de nieve. La nieve como hecho diferencial.</p><p>—Como sigas con la copla de la nieve, abandono.</p><p>—¿De verdad? Pues ahí tenemos otro guión: <em>El director que se perdió en la nieve</em>.</p><p>SECUENCIA 95. LIBRERÍA-PAPELERÍA. Interior mañana.</p><p>Entre los libros que los tres matachines falangistas tiraron al suelo, varios fueron a parar al vano de la escalera y se quedaron allí, sin rescatar. A la mañana siguiente, Vargas –que, como ha quedado dicho, no sabe leer, y que esa noche ha soñado con el escote sudoroso de la viuda— recoge del suelo un tratado de teosofía, otro de quiromancia –profusamente ilustrado— y un folleto de la UGT. Se pone a hojear este último, como quien examina un jeroglífico, aunque sabe de qué va porque reconoce el logotipo de la organización. Saliendo de su hermetismo, le comenta a la viuda Estevet —que acaba de bajar con un tazón de café para su inquietante huésped— que su padre fue enlace sindical en una fábrica textil en Badalona. La viuda le dice que se quede con el folleto. Él dice “bah”, y lo coloca en la pila de las revistas atrasadas.</p><p>—¿Y tú crees que a alguien va a interesarle que el padre de Vargas fuese sindicalista en Badalona, oh dilecto de las musas narrativas?</p><p>—Bueno, no sé, peor sería que entrase en la librería el padre de <strong>Jordi Pujol</strong> gritando de euforia: “¡He tenido un hijo!”, como quien anuncia el nacimiento de un mesías. Aunque por ahí no iría descaminado…</p><p>—Mira, o nos centramos en algo o yo abandono.</p><p>—Pues centrémonos en la nieve…</p><p><em>(Cerrará Benjamín Prado)</em><strong>Benjamín Prado</strong></p><p><em>*Juan Marsé es escritor y uno de los grandes narradores de la literatura española. </em><strong>Juan Marsé</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/coleccion-particular/ES0152560" target="_blank">Colección particular</a><em> (Lumen, 2017) recoge ahora algunos de sus mejores relatos.</em></p><p><em>*Almudena Grandes es escritora. Su último libro, </em><strong>Almudena Grandes</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-besos-en-el-pan/204105" target="_blank">Los besos en el pan</a><em> (Tusquets, 2016).*Felipe Benítez Reyes es escritor. Su último libro, </em></p><p><strong>Felipe Benítez Reyes</strong><a href="http://interrogante-editorial.blogspot.com.es/" target="_blank">Por regiones fingidas</a><em> (Interrrogante Editorial, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Marsé | Almudena Grandes | Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El fantasma del cine Roxy]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 70]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Aquellas viejas novelas del Oeste]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viejas-novelas-oeste_1_1142418.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/47892dc2-36fd-4f63-aca9-3074b0a084b8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aquellas viejas novelas del Oeste"></p><p> Varias novelas "de a duro" publicadas en los años sesenta. / AC</p><p>  </p><p><em>Para George H. White, a quien conocí cuando yo tenía doce años y él escribía novelas de ciencia-ficción casi mejor que las de Asimov o Philip K. Dick.</em><strong>George H. White</strong><strong>Asimov </strong><strong>Philip K. Dick</strong></p><p><em>Y para Jordi Canal, que en la Biblioteca La Bòbila de L’Hospitalet de Llobregat tiene montones de estanterías llenas de las viejas novelitas del Oeste, del FBI, de terror o del servicio secreto.</em><strong>Jordi Canal</strong></p><p>__________________________________</p><p>Se dice que somos lo que leemos. Una frase hecha. Como tantas otras. A mí se me ocurre una réplica. O su complemento. Somos lo que leímos cuando no sabíamos quiénes eran <strong>Flaubert</strong>, <strong>Virginia Woolf</strong> o <strong>William Faulkner</strong>. Hay mucha gente que nace —nació— en una casa llena de libros. Vaya suerte. Otra gente no supimos quién era <strong>Dostoievski </strong>hasta muy tarde. Pero mientras llegábamos al hachazo que Raskolnikov descarga sobre la vieja usurera nos habíamos zampado mil novelas de <strong>Silver Kane</strong>, <strong>George H. White</strong>, <strong>Edward Goodman</strong> o <strong>Marcial Lafuente Estefanía</strong>. Y de muchos más como ellos. Muchas casas sin libros. Solo el autobús de la tarde que traía al pueblo un día a la semana las novelitas del Oeste, del FBI, del servicio secreto o, para las chicas (entonces era entonces), <strong>Carlos de Santander </strong>y <strong>Corín Tellado</strong>. Ahí aprendimos a leer cuando en el cine pasaban los fines de semana <em>Veracruz</em>, <em>Pánico en las calles</em> o <em>La leona de Castilla</em>. Claro que eran otros tiempos. Y otras casas. Y otra manera de vivir una vida que más que vida era una mierda en la literatura y en todo.</p><p>Las llamaban novelas de quiosco o “de a duro” (es lo que costaban en moneda de la época). La historia de la literatura las considera (si alguna vez lo hace) sencilla y despectivamente subliteratura. O menos que eso. Literatura popular, la llaman. Casi siempre en sentido peyorativo. Lo popular, a los leones. Nunca dejé de leer esa literatura. La casa de Gestalgar —mi pequeño pueblo de la Serranía valenciana, donde nací y donde vivo alejado de ese ruido gremial que montan a lo <em>boy scout</em> los de la fanfarria literaria— está llena de esas historias escritas a más velocidad que la que coge <strong>Rajoy </strong>para llegar a los platós del plasma. He tenido la inmensa fortuna de conocer a muchos de aquellos autores. Lo he contado alguna vez en otros sitios. Una anécdota inolvidable. Una tarde presentaba yo en la librería Negra y Criminal de Barcelona una novela policial que acababa de ganar un premio. Creo que era del escritor argentino<strong> Raúl Argemí</strong>. Empecé haciendo un encendido elogio de esos pequeños libros que nos ayudaron a amar la literatura más que a dios mismo. Y dije que, si amaba las novelas de <strong>Francisco González Ledesma</strong>, más admiraba a ese autor desde que supe que con el seudónimo de <strong>Silver Kane</strong> escribía las novelitas que alimentaron desde que era un crío mi afición por la lectura. Cuando acabó la presentación, se me acercó un señor de pinta entrañable y con toda la amabilidad del mundo me dijo: “Gracias por lo que has dicho, me llamo Silver Kane”. Un día, mucho después de aquella tarde barcelonesa en la casa de mis amigos <strong>Paco Camarasa</strong> y <strong>Montse Clavé</strong>, me dedicaría el inventor del policía Méndez dos de aquellas novelas del Oeste. En una de ellas escribió: “Alfons, aquí está mi juventud perdida”. Y en la otra: “Con cariño, Alfons, te dedico esta novela del tiempo de las ilusiones”. No sé dónde van a parar la juventud y las ilusiones de la gente con el paso de los años, pero <em>La otra cara de la ley</em> y <em>Yo soy el verdugo</em> siguen ocupando el lugar principal en las estanterías —ahora sí— llenas de libros en el estudio con vistas al río y las montañas, que fue el lugar por donde los conejos y las gallinas campaban a sus anchas cuando vivían mis abuelos.</p><p>Allá donde voy nunca faltan en la maleta varios ejemplares de esas novelas. Manoseados. Casi descuartizados algunos. Pegados con cola los lomos para que no vuelen las páginas por los pasillos del tren cuando el vagón da uno de esos bandazos que dejan en ridículo las turbulencias del avión cuando está llegando a las nubes tóxicas de México DF (por cierto, ése fue mi último vuelo, en 1998: desde entonces no he vuelto a coger un avión ni atiborrado de Valium o gintonics). Y siempre que leo esa <em>subliteratura </em>no puedo evitar acordarme de quienes la escribían. Esos nombres anglosajones que sustituían a los suyos de verdad. Lo que decían los editores: ¿cómo vamos a vender una novela de ciencia-ficción si te llamas <strong>Pascual Enguídanos</strong>? ¿O del Oeste si tu nombre es <strong>Eduardo de Guzmán</strong> y encima eres anarquista? ¿O de policías americanos o terror si en tu carné de identidad pone <strong>Juan Gallardo</strong>? Pues eso: se cambiaban el nombre por el de George H. White, Edward Goodman (también a veces usaba el de <strong>Eddie Thorny</strong> y algunos más) y <strong>Curtis Garland</strong> o <strong>Donald Curtis</strong>. El otro motivo para echar mano de los seudónimos —como apuntaba antes sobre Eduardo de Guzmán— era político. La mayoría de esos autores (también había mujeres que adoptaban nombres masculinos, como <strong>Vic Logan</strong>, que se llamaba en realidad <strong>Victoria Rodoreda</strong>) eran republicanos que habían sido represaliados por el franquismo. No hace mucho me lo contaba <strong>Rubén</strong>, el nieto de <strong>Alf Regaldie</strong> (en la vida real, <strong>Alfonso Arizmendi Regaldie</strong>): sus primeras novelas las sacaba su hija <strong>Consuelo </strong>de la cárcel donde cumplía condena de varios años después de la victoria fascista en 1939. Y una nota al margen: dicen los sabios del canon literario que esa literatura era mala. No saben lo que dicen. Había mala y la había buena, casi excelente. Como ahora mismo. ¿Quieren que les ponga aquí una larga serie de escritores actuales importantes —hablo de escritores famosos, respetados por los del canon y casi a sueldo de algunos Institutos Cervantes— que no saben juntar dos frases sin que quienes las leemos nos llenemos de vergüenza ajena? Mejor los dejo para otra ocasión, pero seguro que algunos de esos nombres tienen ustedes en la cabeza. Decía, pues, que había buena y mala literatura popular. Añadan, por ejemplo, los nombres de <strong>Peter Debry</strong> (<strong>Pedro Víctor Debrigode</strong>), <strong>Keith Luger</strong> (<strong>Miguel Oliveros</strong>),<strong> A. Rolcest</strong> (<strong>Arsenio Olcina</strong>, anarquista alcoyano) y bastantes otros que alargarían demasiado estas líneas. No es por justificar la escasa calidad de muchas de aquellas novelas, pero es interesante que conozcan ustedes un detalle: esos autores escribían dos o tres novelas a la semana. Había que vivir. Y vivir era para ellos sólo una cosa: la escritura.</p><p>Poco a poco fuimos sabiendo que había otras literaturas. Que existían <strong>Tolstoi </strong>y <strong>Sthendal</strong>, <strong>Emily Dickinson</strong> y las hermanas <strong>Brontë</strong>, <strong>Pío Baroja</strong> y <strong>Valle Inclán</strong>, <strong>Galdós </strong>y <strong>Antonio Machado</strong>, que a veces también se llamaba Juan de Mairena. Pero eso sería mucho después, cuando ya muy tarde empezábamos a salir del pueblo a otros pueblos más grandes y a buscar en el mercado de los jueves otras novelas de más “envergadura”. Impagable el recuerdo que guardo, con mi amigo <strong>Vicent Adrià</strong>, de un descubrimiento inenarrable. Aquel jueves de nuestros quince años, en el mercado de Llíria, cuando encontramos una novela con una bella muchacha que en la cubierta se ahogaba en aguas submarinas. Era de la editorial Bruguera en su colección Marabú Suspense. No sé si la compramos por el título o por la chica en bikini de la portada. Seguro que no por la autora, cuyo nombre nos sonaba a chino. El título: <em>Aguas profundas</em>. Muchos años después la misma editorial la reeditaría con otro título y nueva traducción: <em>Mar de fondo</em>. Lo mismo que haría, ya en los años noventa del pasado siglo, la editorial Anagrama. Lo que no cambió nunca, aunque yo me diera cuenta a destiempo, fue el nombre de la autora que nos sonaba a chino: <strong>Patricia Highsmith</strong>. Aún guardo como un tesoro de clave indescifrable aquel viejo ejemplar de la adolescencia, deshojado, con su cubierta de siempre en que las profundidades marinas —tal vez lo mismo que el bikini de Melinda, la protagonista— ya se han descolorido. Entre tanto descubrimiento primerizo tengo en la memoria, imborrable, a <strong>Juan Marsé</strong>. Siempre veía en las solapas de los libros que casi todos sus autores habían estudiado Filosofía y Letras. Llegué a pensar que para ser escritor había que ir antes a la universidad y licenciarse en Filosofía y Letras. Hasta que un amigo me prestó una novela cuyo título era muy atractivo: <em>Últimas tardes con Teresa</em>. Pero lo que me llamó la atención de verdad fue que en la biografía de la solapa no ponía nada de Filosofía y Letras sino que de crío ya había empezado el autor a trabajar en un taller de joyería. No sé si son esos orígenes de clase que nos juntan (como recordaba no hace mucho mi querido<strong> Santos Sanz Villanueva</strong> en Cuadernos Hispanoamericanos) los que han convertido a Marsé —aparte su excelencia literaria— en uno de los escritores que más quiero y sin cuyas novelas la vida se me haría más difícil y sobre todo menos comprensible.</p><p>O sea, que sí, que poco a poco íbamos sabiendo que había otros libros que sí que contaban para la historia de la literatura. Aún llegué a tiempo de leer esos libros, de conocer al dedillo los nombres de quienes los escribieron o los seguían escribiendo. Pero nunca he dejado de leer aquellas novelitas de autores falsamente extranjeros que me enseñaron a amar la literatura más que los grandes nombres que vendrían después, mucho después, cuando alcanzamos a saber que para alguna gente la vida y la literatura eran —habían sido en los tiempos difíciles de la oscuridad franquista— una misma historia.</p><p><em>*Alfons Cervera es escritor y periodista. Su último libro, </em><strong>Alfons Cervera</strong><a href="http://sintarima.com/evento/yo-no-voy-a-olvidar-porque-otros-quieran-de-alfons-cervera/" target="_blank">Yo no voy a olvidar porque otros quieran</a><em> (Montesinos, 2017)</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <title><![CDATA[El orgullo poético de Elvira Sastre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/orgullo-poetico-elvira-sastre_1_1142415.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/527b40c5-ccdc-4ee1-8fa0-397362757492_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El orgullo poético de Elvira Sastre"></p><p>Hay uno notable interés por la poesía entre los lectores jóvenes. Es un buen acontecimiento. Se identifican con la experiencia sentimental de los poetas jóvenes, el tejido de sueños, amores, desamores, incertidumbres y compromisos que conforman las voces de su edad. Y los viejos lectores de poesía nos interesamos, buscamos, distinguimos, acostumbrados a diferenciar las coyunturas y la profundidad, el ruido de las modas y la necesidad de unas palabras verdaderas.</p><p>  </p><p>Hace ya un tiempo que leo con mucho interés la poesía de <strong>Elvira Sastre</strong>, una mujer más bien silenciosa, dueña discreta de su mundo interior en las conversaciones, celosa de sus sentimientos y decidida en sus secretos. El querer escuchar más que hablar suele ser un buen signo de la identidad poética. Por eso la discreta contención de su carácter en la vida se transforma en la expresividad rotunda de su poesía, una apuesta de darse del todo en cada palabra, en cada pensamiento, en cada verso.</p><p>Lo compruebo leyendo <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/la-soledad-de-un-cuerpo-acostumbrado-a-la-herida.html" target="_blank"><em>La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida</em></a><em> </em>(Visor, 2017). El libro es la historia de una ruptura amorosa, una meditación que salta del pasado al presente y del hoy a la intuición del futuro para tomar conciencia de lo que se rompe. La voz nueva de Elvira Sastre se nutre de sus estudios de filología inglesa y de maestros asumidos como <strong>Benjamín Prado</strong>. La escritura nace de la escritura, una tradición permanente que se hace y se deshace para permanecer. La calidad juvenil de la poesía de Elvira junta la experiencia actual de la vida propia de las redes sociales con las herencias del género y las demandas más íntimas de su lírica. Los versos de Benjamín Prado, maestro en paradojas y en versos con voluntad aforística, encuentran afinidades electivas con la comunicación instantánea de la tecnología social y con las obsesiones de una ruptura sentimental, proclive a los deseos contradictorios y al hierro veloz y candente de las verdades últimas.</p><p>La ruptura amorosa, en su ir y venir, conduce a la paradoja: “el silencio es el único lugar / en el que me quedan palabras”. Conduce también a la sabiduría intensiva que provocan las certezas de la incertidumbre, las huellas de lo vivido: “lo peor del abandono no es el silencio, es la puerta abierta”. O: “la libertad también está / en los ojos que te miran cuando tú ya no te ves”. O: “que te acomodes en mi tristeza / y aprendas que en las huidas también se llega a algún lugar”. Paradojas, aforismos y comparaciones encajan bien en un ritmo poético marcado por las insistencias y la voluntad enumerativa. La anáfora es una buena compañía para los versos que buscan de manera directa un tú: “Me pregunto qué piensas…”, “Me pregunto si aún podría confundirte…”, “Me pregunto si aún recuerdas…”.</p><p>En la tradición poética contemporánea, <strong>Bécquer </strong>y <strong>Juan Ramón</strong> por medio, es normal que el tú de la poesía amorosa acabe confundido con la poesía misma. La relación con la persona amada acaba configurando un diálogo metapoético en el que la plenitud, las dificultades, la fusión o la pérdida tienen que ver con las ambiciones de la palabra lírica. En <em>La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida</em>, el tú del amor tiene un rostro preciso. Es una realidad, un tú con historia, ojos, manos y pechos. Por eso el orgullo lírico no se define en el tú metapoético, sino en un proceso íntimo que convierte a la poesía en el lugar propicio para que la autora se enfrente a su yo. Un yo concebido aquí como la herida abierta por un tú.</p><p>Así creo que se fija la apuesta de Elvira Sastre por la poesía, una apuesta verdadera, más allá de modas. Se trata de una necesidad. Elvira se sabe poeta y convierte a la poesía en el lugar único para entenderse con ella misma, una dinámica inseparable de su darse a los demás a través de las palabras. La poesía es el lugar de su soledad: “mirar a unos ojos que no te miran”. Es el lugar de las preguntas: “¿Qué puede darme la tierra que / no haya visto ya sobre tus manos”. Es el lugar del miedo: “decir alto tu nombre y no encogerme / asustada”. Es el lugar del dolor y la tristeza: “Me duele un pasado que no cicatriza”. Es el lugar del silencio y el ruido: “Hazlo como quieras, pero hazlo con ruido. / No me dejes a solas con mi silencio”. Es el lugar del deseo de nacer de nuevo y del reconocimiento de que tal vez el dolor sea el único patrimonio que nos mantiene con vida. Quizá por eso resulte muy arriesgado perderlo. La poesía es, en fin, el lugar en el que Elvira Sastre puede darse, contarse, entenderse a sí misma:</p><p>  </p><p>La declaración manifiesta en el diálogo con el otro, con los lectores, con las redes, el darse a los demás, se vuelve sobre sí misma para reconocer su íntima soledad. Y un reconocerse.</p><p>Elvira Sastre firma en esta conciencia su apuesta por la poesía verdadera.</p><p><em>*Luis García Montero es escritor y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García </a><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Lorca</a><em>(Taurus, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El orgullo poético de Elvira Sastre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Elvira Sastre,Los diablos azules número 70]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Elvira Sastre: “Los sentimientos son lo único de lo que no nos pueden privar”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/elvira-sastre-sentimientos-son-unico-no-privar_1_1142410.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d036151b-552f-4615-94bb-81c96b5bda46_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elvira Sastre: “Los sentimientos son lo único de lo que no nos pueden privar”"></p><p>La colección Visor de Poesía ha editado recientemente el último libro de poemas de la joven autora segoviana <strong>Elvira Sastre </strong>(1992), uno de los nombres más significativos de la nueva poesía española. Anteriormente había publicado tres libros de poemas, <a href="http://www.elvirasastre.net/43-maneras-de-soltarse-el-pelo/" target="_blank"><em>Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo</em></a><em> </em>(Lapsus calami, 2014), <a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/89-33-baluarte.html" target="_blank">Baluarte </a>(Valparaíso, 2014) y <a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/197-70-ya-nadie-baila.html" target="_blank"><em>Ya nadie baila</em></a><em> </em>(Valparaíso, 2016), y algunas traducciones como los <em>Poemas de amor</em> de <strong>Oscar Wilde</strong>. Ahora está terminando su primera novela que saldrá editada en unos pocos meses en la Editorial Seix Barral. Sin duda estamos ante una de las escritoras más significativas de los últimos años, por su personalidad, su originalidad y sus habilidades técnicas. El libro nuevo e poemas lleva el título de <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/la-soledad-de-un-cuerpo-acostumbrado-a-la-herida.html" target="_blank">La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida</a>. Va precedido de un prólogo de <strong>Joan Margarit</strong> y de un texto de <strong>Benjamín Prado</strong>, sin duda dos extraordinarios padrinos.</p><p><strong>Jesús García Sánchez. Las redes sociales están teniendo un protagonismo muy importante en la difusión y en el conocimiento de la poesía de muchos autores que están emergiendo y difundiendo su obra gracias a las facilidades que ofrecen y la facilidad de sus procedimientos. El público es mucho más amplio y quizás demasiado generoso en sus valoraciones literarias. Parece que son bastantes los que quieren vender gato por liebre, pero será el tiempo quien coloque a cada uno en su puesto. Lo que sí es más evidente es que los seguidores de estas redes sociales, y según los estudios que se han hecho, son menores de 30 años en una amplia mayoría.</strong></p><p><strong>Elvira Sastre.</strong> Las redes sociales irrumpieron con fuerza hace ya unos años, y por todos es sabido que el de la tecnología es un campo que controlan los jóvenes por haber nacido Internet prácticamente a la par. Sin embargo, por mi experiencia personal con las redes sociales, he visto cómo este perfil se ha ampliado y, actualmente, aunque la juventud sigue predominando en los usuarios, es cierto que cada vez hay más personas de una edad más avanzada que se desenvuelven con sorprendente soltura en el mundo cibernético. Los jóvenes descubrieron el mundo de las redes sociales y sus posibilidades, como la de la comunicación, la publicidad o la búsqueda de intereses. Las empresas se dieron cuenta de esta inquietud, pusieron a trabajar la maquinaria y a incorporar las redes como parte fundamental de su difusión y, a partir de ello, empezaron a ser más conocidas por el público adulto. Hay quien se resiste y hay quien se desenvuelve como pez en el agua. En cualquier caso, es una herramienta que, bien utilizada, puede convertirse en esencial. La poesía, gracias a ellas, se ha visto muy beneficiada por ese carácter inmediato y gratuito. Antes no existía algo que impulsara a abrir un libro y descubrirlo más allá del propio interés por la lectura; ahora, las redes ofrecen parte del contenido y uno ya se acerca a un libro sabiendo lo que va a encontrar.</p><p><strong>JGS. Por su propio funcionamiento en las redes sociales habitan miles de poetas y no es tarea sencilla entre tanta cantidad de páginas destaca. Es un bosque lleno de vegetación con pocos claros, donde abundan los jóvenes ingeniosos que se quieren vestir de poetas, como también poetas del momento, ocurrentes sin imaginación. Y, sobre todo, se observa que están muy limitados en sus lecturas. No hay duda de que Internet es un escaparate, que incluso ha logrado democratizar en cierto modo a la poesía, que la ha liberado de muchas de sus taras, que la ha liberado de algunas ataduras congénitas, y de no pocas ordenaciones sistemáticas no siempre acertadas.</strong></p><p><strong>ES. </strong>Desde luego. Es un lugar muy libre donde nadie señala quién vale y quién no. De eso ya se encarga la crítica o la editorial, a quien corresponda en cada caso. En Internet todo vale, afortunada o desafortunadamente. Eso ha hecho que salgan numerosos escritores que quieren imitar a sus autores de cabecera a través de versos más o menos calcados en algunas ocasiones, si bien en otras hay gente con muchísimo talento. Creo que no tiene nada que ver lo que uno escribe en Internet con lo que luego publica en un libro, en mi caso al menos es así. El contenido de un libro hay que cuidarlo más, se debe respetar, y hay que ejercer una autocrítica muy sana para poder ir mejorando y aprendiendo.</p><p><strong>JGS. Se ha llegado a decir que en Internet no hay maestros porque no se les tolera, y en cualquier caso ni hablan ni ejercen autoridad alguna. Creo que es un poco exagerado. Sí está claro que gracias a Internet y sus redes sociales cualquier individuo es libre para escribir y publicar sus creaciones. En este sentido podemos comentar que ha habido una revolución a veces cercana a la anarquía, al desorden otras y a las turbulencias insípidas y maniobreras muchas más. Pero lo evidente es que de estos ámbitos han surgido estimables poetas como Elvira Sastre...</strong></p><p><strong>ES.</strong> Sí, es exactamente lo que te decía previamente. Yo creo que también es algo exagerado. Uno siempre tiene sus maestros, y si no lo tiene, es que es un mal alumno: no llegará a nada. No importa el medio por el cual uno se fije o aprenda, lo importante es que lo haga. Y en el caso de la escritura, no me canso de decir que eso sólo se consigue a través de la lectura. Es parte fundamental e indispensable. Ya sabes, hay que leer cien poemas, al menos, para poder escribir uno decente.</p><p><strong>JGS. Una de las aportaciones que noto más significativas en los nuevos poetas es el protagonismo sin ataduras de los sentimientos propios y de los temas autobiográficos. ¿Crees que es el comienzo de una revolución formal en el lenguaje literario? ¿Cómo formalizar el impudor? Sobre estas señales generacionales, escribes en un poema: "La poesía es para quien sueña y desea y no tiene miedo de contarlo".</strong></p><p><strong>ES.</strong> Sí, es posible. Creo que se debe a que a esta juventud le ha tocado vivir una época incierta a nivel social y económico y, en parte, peligrosa. Se nos ha dicho que no podemos hacer nada, que no valemos, que nuestro talento no tiene hueco en este país y que nuestro destino es dejarnos una millonada en estudiar para que otros países disfruten de nuestra formación, sin tener en cuenta lo que supone el abandono a una familia, a una tierra, a unos amigos o a una pareja. Llevar con uno ese tipo de cosas con apenas veinte años y escucharlo desde los 14 ó 15 es, sin duda, complicado. Termina mermando las capacidades y los sueños desaparecen. Es entonces cuando surgen los sentimientos, como un brote, como una voz alzada. Los sentimientos son nuestra revolución porque es lo único de lo que no nos pueden privar. Por eso la poesía es refugio del amor y del olvido: no porque nos falte, sino porque nos sobra.</p><p><strong>JGS. En uno de tus versos dices que "ser sencillo no implica ser fácil". Esa es la lucha que han mantenido con la escritura muchos poetas españoles del siglo XX como León Felipe o Juan Ramón Jiménez, entre otros. Incluso tienen poemas dedicados a esta postura que, además, han seguido al pie de la letra algunos de los más grandes poetas. ¿Quiénes son los poetas que más han marcado tu camino literario?</strong></p><p><strong>ES</strong>. <strong>Gustavo Adolfo Bécquer</strong> marcó un antes y un después en mi interés por la poesía. Fue cuando leí sus rimas en el colegio cuando se abrió una pequeña ventana que me atrajo y me llevó a empinarme para llegar al estante de poesía de la biblioteca de mi ciudad. De él pasé a <strong>Rosalía de Castro</strong>, a quien se estudiaba a la par, y de ellos a <strong>Juan Ramón Jiménez</strong> o <strong>Antonio Machado</strong>. Sin embargo, no tenía la comprensión total para leerlos; aun así, me apasionaban muchos de sus versos. Entonces llegó, al mismo tiempo que mi adolescencia, la Generación del 27, quienes mantenían un idioma más actual y accesible para mí. Por eso defiendo una poesía comprensible y, como decías, sencilla. Un poema que no se entiende no es un poema; es, si acaso, un manual de instrucciones. De ellos, más lectora, pasé a <strong>Benjamín Prado</strong> que fue, sin duda, la gran revelación. Fue entonces cuando sentí por dentro eso que sienten los lectores al leer a un buen poeta: pensé que yo quería haber escrito aquellas mismas cosas que él había escrito. Gracias a Benjamín conocí a <strong>Luis García Montero</strong>, el mundo de <strong>Ángel González</strong>, y poco a poco fui dando pequeños saltos a poetas como <strong>Idea Vilariño</strong> y volví a clásicos como <strong>Federico García Lorca</strong>.</p><p><strong>JGS. Muchos de los poetas de tu generación tienen una estrecha relación con la música. Tú misma has dado muchos recitales junto a la cantautora Adriana Moragues, has traducido a Vetusta Morla al inglés, incluso uno de tus poemas se titula "Como una balada de Extremoduro". ¿Qué relación tiene tu poesía con la música?</strong></p><p><strong>ES.</strong> Fundamental, básicamente porque siempre que escribo procuro que haya música de fondo que me inspire. Parece que las palabras salen solas. De esa fusión, nacen poemas que podrían ser musicalizados y subyace ese ritmo que consigue que, a leerlo, tengan esa melodía interna tan importante en la poesía.</p><p><strong>JGS. ¿Quieres dar alguna opinión sobre los compañeros de generación?</strong></p><p><strong>Elvira</strong>: Respeto a todos y cada uno de ellos. Creo que muchos han conseguido, a base de trabajo, que los jóvenes vuelvan a leer poemas que les cuenten lo que les ocurre y no saben expresar por sí mismos. Me da pena, eso sí, que muchos poetas que son muy válidos no sean reconocidos como tal por la cantidad masiva de escritores que hay hoy en día. Pienso que el día que se premie la calidad antes que la cantidad (de seguidores), habremos conseguido el equilibrio.</p><p>De todos modos, si entre todos nosotros conseguimos que esos lectores sigan cogiendo libros de poesía y lleguen a nuestros maestros y, a la vez, a los maestros de nuestros maestros, estaremos colocando a la poesía en el lugar que merece, digan lo que digan.</p><p><strong>JGS. No me cabe duda, con este libro, La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida, Elvira Sastre ha dejado de ser una promesa y se ha convertido en una realidad, un valor seguro entre este difícil entramado de la poesía española. Así también lo ha sabido ver el maestro Joan Margarit en el prólogo al libro ("Elvira Sastre... sí sé que ahora es una espléndida poeta joven que despliega con fuerza su personalidad y que en este libro de original y hermoso título demuestra poseer no sólo el atributo de la inspiración, sino la conciencia de que esa inspiración es sólo el comienzo del trabajo y el esfuerzo... Es un libro que cumple con las exigencias de precisión y concisión necesarias para que la poesía sea la más exacta de todas las letras"). Y también son claras las palabras de Benjamín Prado: "A la vez clásica y contemporánea, romántica y analítica, suave y rebelde, diáfana y misteriosa, Elvira Sastre es la poeta que desde hace mucho tiempo estaba pidiendo a gritos la literatura española". No está nada mal.</strong><em>La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida</em></p><p><strong>ES</strong>. No puedo hacer otra cosa que agradecer a estos maestros que hayan decidido leer mis libros por un momento y haberme dado, con amabilidad absoluta, las mejores palabras y las mejores críticas para poder seguir aprendiendo y mejorando día a día.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús García Sánchez]]></author>
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