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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 77]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-77/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 77]]></description>
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      <title><![CDATA[“Anochece bajamar...”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/anochece-bajamar_1_1203113.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7bdc10e4-dec6-44cc-a8a3-3a1900a1ff00_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Anochece bajamar...”"></p><p>  </p><p>Anochece</p><p>         bajamar,</p><p>algún graznido,</p><p>restos que el mar abandona</p><p>en la arena y esta soledad de ser</p><p>       solo a medias.</p><p>Es la hora</p><p>de la melancolía,</p><p>la de la ausencia</p><p>de lo que nunca estuvo y sentimos más propio:</p><p>lo que todavía de nosotros</p><p>              no dimos a luz</p><p>              en la vida.</p><p>De <em>Barro desnudo</em> (Visor, 2016)</p><p><em>*Hugo Mujica es poeta. Su último libro es </em><strong>Hugo Mujica</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/barro-desnudo.html" target="_blank">Barro desnudo</a><em> (Visor, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Hugo Mujica]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura latinoamericana,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 77]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Para desperdiciar el otoño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/desperdiciar-otono_1_1145495.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5752c6e3-16f2-458f-b320-ed03005e49fc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para desperdiciar el otoño"></p><p><strong>Francisco Goyanes</strong>, responsable de la librería Cálamo de Zaragoza, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</p><p>_________________________</p><p>Ayer, jueves 21 de septiembre recordamos a<strong> John Berger</strong>, figura clave del arte y de la literatura del siglo XX fallecida en enero de este año. Presentamos la nueva edición de <em>Y nuestros rostros, mi vida, breves</em> <em>como fotos</em>, obra de John Berger ilustrada por <strong>Leticia Ruifernández</strong>, traducida por <strong>Pilar Vázquez</strong> y publicada por <strong>Diego Moreno</strong> en su editorial Nórdica Libros. Contamos con la presencia de algunos de sus amigos y admiradores: <strong>Cristina Yañez</strong>, <strong>Ricardo Calero</strong>, <strong>Rafael Campos</strong>, <strong>Gervasio Sánchez, Antón Castro…</strong></p><p>John Berger estuvo muy unido a Aragón, en especial con la figura de <strong>Goya </strong>y el pueblo de Fuendetodos, donde hace unos meses se le rindió un hermoso homenaje. John tuvo a bien aceptar nuestro Premio Cálamo Otra Mirada en 2005. Nos permitimos aconsejarte que veas el maravilloso (lo es por su figura) <a href="https://www.youtube.com/watch?v=LrMVZI2TLFg" target="_blank">vídeo</a> que le grabamos con ese motivo.</p><p>Y nada, que no queda nada para que termine el verano. Tantos sueños, tantos planes, tanto deporte no hecho, tanto libro sin terminar. No desesperes, el otoño es también una buena época para hacer planes… y para incumplirlos impunemente. La vida —todos lo sabemos y más aún las empresas editoriales que viven de los fascículos y el coleccionismo barato— está hecha de promesas olvidadas, de álbumes de cromos sin completar, de barrigas que nunca paran de crecer, de un último e interminable cigarrillo.</p><p>Sí, la vida es una comedia de trágico final. La tuya, la mía, la de todos. Estamos en nuestro derecho de hacer con el otoño lo que queramos, hasta desperdiciarlo. Ahora bien, no permitas que ningún cretino lo desperdicie por ti, que te lo arruine por cabezonería, incapacidad o insensatez. Eso sí que no.</p><p>Anécdota veraniega. Me da vergüenza pero la cuento. Tras un mes de julio recorriendo buena parte de Centroamérica, vuelvo a casa. Preguntas reiteradas de toda la gente que me quiere bien: “¿Qué tal por allá? ¿Se puede viajar con tranquilidad? ¿Se nota la violencia? ¿Ningún problema?”. Las respuestas: bien; sí con ojo; un poco; ninguno.</p><p>Me junto con parte de mis amistades a comer una buena paella. El postre a la heladería artesanal más conocida del centro. <strong>Ana, Emilio, Mar, Carmen</strong> y yo miramos los diversos sabores con ansiedad y le damos vueltas a si grande o pequeño. La señorita que atiende me pregunta qué vamos a tomar. Y en el momento que empiezo a hablar un tipo de media estatura, mediana tripa, mediana edad y barba mediocre, pega un alarido y proclama a voz en grito que él estaba antes. Me giro, le pido disculpas a la vez que le ruego que no grite. Resultado: un <em>chorreo </em>de soeces insultos y amenazas de medio pelo. Respiro. Sigue. Quiero chillarle, pegarle, agredirle. Me contienen, me contengo. Se larga de la heladería y fin del episodio. Y me quedo mal, muy mal.</p><p>Acabo de volver feliz, relajado y en paz de una de las zonas supuestamente más violentas y peligrosas del mundo. Y (re)descubro el odio en una bola de helado de chocolate negro. No me fío de mí, no me fío de mis congéneres: hay muchas heladerías, demasiadas. Puedes reírte, pero no seas cruel, por favor.</p><p>Un abrazo en nombre de todo el equipo de Cálamo.</p><p>Paco</p><p>P.D.: He dejado los helados. Empachan.</p><p>  <strong>Duelo</strong></p><p><strong>Eduardo HalfonLibros del AsteroideBarcelona2017</strong></p><p><strong>Halfon </strong>tiene voz propia, tan diferente como adictiva. Todos sus libros son una original reflexión sobre la identidad y la memoria. De orígenes judíos centroeuropeos, nacido en Guatemala y con residencia en Nebraska: una mezcla explosiva.</p><p>  </p><p><strong>La mirada de los peces</strong></p><p><strong>Sergio del MolinoRandom HouseBarcelona2017</strong></p><p>Partiendo del <a href="https://www.elconfidencial.com/sociedad/2016-07-06/aramayona-suicidio-zaragoza-blog-post_1228470/" target="_blank">suicidio de Antonio Aramayona</a>, el autor construye <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2017/09/11/sergio_del_molino_sistema_educativo_premia_conformista_mediocre_69313_1026.html" target="_blank">una novela</a> “sobre la forma en que nos desclasamos y perdemos pie con el paisaje en el que crecimos”. <strong>Sergio</strong><strong> del Molino</strong> es –y desde hace tiempo— un imprescindible del panorama literario en lengua española.</p><p><strong>Mejor la ausencia</strong></p><p><strong>Edurne PortelaGalaxia GutenbergBarcelona2017</strong></p><p>La vida en un pueblo de la margen izquierda del Nervión durante los años ochenta y noventa. No pienses que habiendo leído <em>Patria</em> lo sabes todo sobre el tema. La novela de <strong>Edurne Portela </strong>es apasionante, se lee de un tirón, no cansa. No te la pierdas, por favor.</p><p><strong>Tranvía 83</strong></p><p><strong>Fiston Mwanza MujilaTraducción de Rubén Martín GiráldezPepitas de calabazaLogroño2017</strong></p><p><a href="https://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2017/08/13/tranvia_fiston_mwanza_mujila_68473_1621.html" target="_blank">Tranvía 83</a> se desarrolla en un indeterminado país africano que vive, a la vez que una profunda recesión, una nueva fiebre del oro. La obra ha sido considerada como uno de los más brillantes fenómenos culturales en lengua francesa. </p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Cálamo en la Plaza de San Francisco, 4, de Zaragoza, o en su página web.</em><strong>Librería Cálamo</strong><a href="http://www.calamo.com/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Goyanes (Librería Cálamo)]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Los diablos azules número 77]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Guía de turismo de 1946]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/guia-turismo-1946_1_1145493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7395f5fb-f82e-4555-87b7-529330e04b67_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Guía de turismo de 1946"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. En esta nueva entrega recoge dos textos del escritor Fernando Aínsa.</em><strong>Gemma Pellicer</strong><strong>Fernando Valls</strong><strong>Fernando Aínsa</strong></p><p>___________________________________ </p><p><strong>Guía de turismo de 1946</strong></p><p>Mi vecino de asiento tiene ochenta y dos años y está impecablemente vestido de traje oscuro, chaleco y corbata. Lleva consigo una pequeña maleta de cartón con cerrojos metálicos y una vieja cartera de cuero que baja en las paradas previstas para necesidades (menores y mayores) y para las del almuerzo, cena y desayuno. Viaja solo y me habla todo el tiempo (su voz se superpone a cumbias, tangos y bagüalas que transmite la radio del autobús) para contarme que es viudo sin hijos, que está jubilado y que era dueño de una fábrica de calcetines en Montevideo que hizo quiebra hará unos años.</p><p>Estuvo, recién casado, con su mujer en Chile en 1949 y, antes de morirse, quiere volver a recorrer los mismos escenarios de su viaje de bodas. En su cartera lleva una guía de turismo de Santiago, Viña del Mar y Valparaíso de 1946, revistas y recortes amarillentos de un mundo que espera reencontrar. Descubro en la guía alargada hacia lo ancho, que le pido prestada para (h)ojearla, los muelles de madera que se adentraban desde la orilla en el océano Pacífico (en realidad no tan pacífico) en la playa de Recreo de Viña, la costa de Concón casi desierta, las bañistas sonrientes con sus trajes de baño con tirantes y hasta las rodillas y los hoteles de arquitectura suntuosa de Valparaíso. Me enseña las anotaciones de precios en Escudos y se pregunta si habrán subido mucho desde entonces.</p><p>Al llegar a la terminal de autobuses, mientras abrazo a mi familia, sobre la Alameda atascada de autos y micros de tubos de escape humeantes, bajo el sol implacable de diciembre y el cielo contaminado de Santiago, advierto su oscura silueta. Es mi compañero de viaje, el señor vestido de negro con traje y corbata, con la maleta de cartón y la cartera de cuero que camina en dirección contraria el tránsito. Para orientarse, lleva en la mano el plano de la ciudad de Santiago de 1946.</p><p>Al menos, a diferencia de otros, parece saber hacia dónde va.</p><p>  <strong>Dar de baja en la memoria</strong></p><p>Cuando voy al centro médico de mi barrio, citado para el control periódico del Sintrom, suelo comprar el Heraldo de Aragón para leer paciente en la espera.</p><p>Luego Ada, la enfermera, mientras la máquina da su diagnóstico me pide ojearlo: busca la sección de necrológicas y, a veces, suspira aliviada.</p><p>Ha encontrado al fallecido conocido que hasta no hace mucho venía a su consulta, y al que da de inmediato de baja en su memoria.</p><p><em>*Fernando Aínsa, escritor y ensayista hispanouruguayo, desde 1999 reside en Zaragoza, ha cultivado la poesía, la novela, el aforismo y el microrrelato. Es autor, además, de numerosos e imprescindibles trabajos sobre la historia de la cultura, de la literatura hispanoamericana.</em><strong>Fernando Aínsa</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Aínsa]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 77]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El viaje de doña Susana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viaje-dona-susana_1_1145489.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c3b6b9-df4b-4f04-9c5e-c17b226e2d0d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El viaje de doña Susana"></p><p><em>(Comienza Sergio Ramírez.)</em><strong>Sergio Ramírez</strong></p><p>La trágica noticia que recibió doña Susana Armijo temprano del lunes  en su domicilio del barrio El Erial de Somoto, un pueblo de las montañas en la frontera con Honduras, se iba componiendo por pedazos en su cabeza según entraban acongojados los vecinos, teléfono en mano. Traían mensajes de familiares que habían emigrado a España y vivían en el País Vasco, y todo lo puso más en claro un Whatsapp con la grabación de un breve segmento del informativo de EITB Radio Euskadi.</p><p>Su hijo Misael había perdido la vida la noche del viernes anterior hacia las 21.10 horas al ser arrollado por un tren de cercanías a la altura del Puente de Hierro, en el barrio de Amara de San Sebastián, cuando según testigos presenciales caminaba en medio de la vía.</p><p>La Ertzaintza logró identificarlo gracias a los datos de su teléfono móvil, y también determinó que trabajaba como pinche de cocina en el hospital San Juan de Dios aunque se trataba de un inmigrante sin papeles. El levantamiento del cadáver se produjo a las 22.43 horas y fue conducido a la morgue de Medicina Legal. El accidente obligó a suspender el tráfico ferroviario durante hora y media.</p><p>Por qué Misael iba caminando a esas horas de la noche en una carrilera y hacia donde se dirigía eran asuntos que doña Susana no lograba entender, y si un día llegaba a saberlo no le serviría de nada. Su hijo estaba muerto, lo había matado un tren. Y ella tenía que estar allá con él, en aquel lugar del mundo, y traerlo de regreso para que fuera enterrado en Somoto.</p><p>Sentada en una vieja silla trenzada de filamentos de plástico en la cocina de paredes ahumadas donde horneaba el pan que salía a vender cada madrugada de puerta en puerta, se cubría el rostro con una pequeña toalla listada de colores, pero nadie piense que su espíritu se había derrumbado, o que las lágrimas la ahogaban. Solo tenía cabeza para el viaje.</p><p>La cocina seguía llena de gente pero las noticias se iban haciendo más escasas, y cada vez más repetitivas. Ahora el asunto era otro. Cada quien buscaba disuadirla después que la oyeron decir, atribuyéndolo a un extravío causado por su dolor, que se iba a España: nunca había viajado al extranjero, nunca se había subido a un avión, nunca había atravesado el mar. ¿Y de dónde sacaría el dineral que costaba el pasaje?  ¿Y encima el costo de repatriar el cadáver? Según uno de aquellos mensajes traerlo a Nicaragua no bajaría de cinco mil euros, según se había averiguado. Trasladarlo a una funeraria, la preparación, el ataúd, el embalaje del ataúd, el valor del flete aéreo.</p><p>No tenía ni un real doña Susana. Lo que el hijo había alcanzado a enviarle desde que consiguió trabajo en el hospital, haría de eso seis meses, ella lo había invertido en agregar un cuarto a la casa para cuando él volviera, y aún faltaba ponerle el techo. Pero seguía en su terquedad y las razones en contrario se fueron apagando. La primera que cedió en apoyarla fue su hermana Clarisa. ¿Quién va a negarle a una madre el derecho de ir a buscar a su hijo muerto al fin del mundo si es preciso? Después ya se vería lo de traer el cadáver.</p><p>Y entonces fue como una llamarada la que prendió en Somoto. Salieron los escolares con alcancías a las calles, barrio por barrio, y esas alcancías uno las encontraba también en los mini súperes, en la pizzerías, y al cabo de dos días, al vaciarlas, el total de la recaudación sumaba 17 mil córdobas. El domingo siguiente se organizó una kermesse en el atrio del templo parroquial de Santiago Apóstol que rindió 19.000 córdobas más.</p><p>Con lo cual tenemos ahora a doña Susana entre la multitud de pasajeros que salen de la manga del avión de Iberia que la ha traído a Madrid después de trasbordar en Panamá. Va vestida de negro riguroso, y por todo equipaje lleva un valijín de vinilo obsequio de la agencia de viajes Aeromundo donde su boleto fue comprado en Managua.</p><p><em>(Sigue </em><em><strong>Almudena Grandes</strong></em><em>.)</em></p><p>Al filo de la medianoche, doña Susana Armijo ocupó una silla en una hilera de asientos vacíos, frente a uno de los restaurantes de la T4.</p><p>Llevaba siete horas en Madrid y aún no había salido del aeropuerto. En ese plazo, su ánimo había subido y bajado tantas veces como las piernas de un niño pequeño que nunca se cansa de un tobogán. La sensación de triunfo que experimentó al aterrizar había encogido al mismo ritmo que sus pasos mientras avanzaba por aquella terminal inmensa, su altísimo techo de madera sostenido por vigas pintadas de colores vivos, como una catedral profana, hasta burlona. Siguió a los pasajeros de su vuelo sin hacer preguntas hasta el puesto de policía donde tuvo que enseñar el pasaporte. Allí sí preguntó, se enteró de que tenía que coger un tren hasta otro edificio, luego un metro, un autobús o un taxi hasta la dirección de Madrid a la que se dirigiera. Pero yo no vengo a Madrid, señorita, dijo ella, yo tengo que ir a San Sebastián. No se preocupe, la policía sonrió, está muy cerca. Pregunte a cualquiera, yo creo que le conviene coger el metro hasta la Plaza de Castilla y desde allí, en autobús, no tardará ni media hora.</p><p>Doña Susana tenía mucho miedo a la policía española. En Somoto le habían contado que no era fácil entrar en el país, que quizás la harían esperar, que tal vez sospecharían que era una inmigrante ilegal, igual que su hijo. La sonrisa de la agente que miró y selló su pasaporte sin ponerle pegas la desconcertó tanto como su optimismo. Ella no era culta, no había estudiado, pero sabía que la ciudad donde había muerto Misael no estaba a media hora de Madrid. Sin embargo, cuando volvió a tener el pasaporte en la mano, pensó que se había librado con bien y no se atrevió a hacer más preguntas.</p><p>En el tren se acercó a una señora española, más o menos de su edad, que fue mucho menos simpática que la policía, lo justo para deshacer el malentendido. El San Sebastián que estaba a media hora de la plaza de Castilla no era el del País Vasco, sino otro que se apellidaba de los Reyes. Cuando doña Susana le preguntó cómo podría llegar al primero, la señora se encogió de hombros. En autobús, en tren, usted verá…</p><p>Sin equipaje que recoger, la señora Armijo vagó durante horas por los pasillos de la T4. Tenía que pedir ayuda, pero no sabía por dónde empezar. A ratos se sentía animada, confiada en sus fuerzas, porque había llegado a Madrid desde Managua, sin haber montado nunca en avión y sin un céntimo, pero enseguida se venía abajo, porque todo le parecía muy grande y ella demasiado pequeña, una figura de escala diminuta en una realidad nueva, gigantesca. Entonces se sentaba un rato, se animaba de nuevo, volvía a ponerse en pie y buscaba a alguien con pinta de buena persona. Los mejores que encontró eran quienes menos lo parecían.</p><p>Cuando un hombre bien vestido no sólo le dijo que no podía ayudarla, sino que se alejó mascullando que a quién se le ocurría viajar en esas condiciones, escuchó a su espalda una voz joven, de mujer. Gilipollas…, dijo la voz que un instante después se dirigió a ella. ¿Qué le pasa, señora? Doña Susana giró la cabeza muy despacio y se encontró con lo que en Nicaragua habría definido como una pareja de mendigos.</p><p>Él era tirando a rubio y llevaba el pelo muy largo, unos mechones raros, como retorcidos, recogidos en una coleta, y una extraña barba del siglo XIX. Ella llevaba el pelo teñido de verde, los brazos repletos de tatuajes bajo las mangas de una camiseta ceñida. En Managua les habría dado limosna, en Barajas les contó la verdad y descubrió con asombro que los dos estaban muy bien educados. ¿Tiene usted dinero?, le preguntó él, y negó con la cabeza. ¿Y tarjeta de crédito?, la chica obtuvo el mismo resultado. Entonces hablaron entre ellos y decidieron que lo mejor sería que fuera a su embajada. Sacaron sus teléfonos, empezaron a teclear y apuntaron en un papel una dirección y una estación de metro. Pero ahora estará cerrada, claro, dijo ella, ¿y dónde va a dormir? ¿Conoce usted a alguien en Madrid?</p><p>Doña Susana no conocía a nadie en Madrid, pero no dijo que no. Tampoco que sí. Sólo preguntó a sus benefactores si iban a la universidad. Los dos afirmaron con la cabeza y no comprendieron por qué los ojos de aquella señora nicaragüense, tan mayor, tan bajita, se llenaban de lágrimas. A mí me habría gustado que mi Misael fuera a la universidad, les dijo al rato, después de que le trajeran una botella de agua y un donut. Por si tiene hambre, le dijeron antes de despedirse. Cada uno de ellos le dio dos besos, ella además un billete de cinco euros, él un bonometro en el que quedaban tres viajes. No tenemos más, se disculparon, y ella les bendijo antes de dejarles marchar.</p><p>Se bebió el agua, se comió el donut y siguió vagando por el aeropuerto, pensando que el siguiente sería otro día. Hasta que, al filo de las 12, se sentó en aquella silla y se quedó dormida. Cuando despertó, a las tres de la mañana, otra extraña pareja la miraba. Estos eran mayores e iban aparentemente bien vestidos. Estaban limpios, no olían mal, pero los zapatos de la mujer parecían tan deformados por el uso como el cuello roído de la camisa del hombre, y ambos tenían bolsas bajo los ojos, como si hiciera mucho tiempo que no dormían en una cama.</p><p>Doña Susana Armijo tuvo la intuición de que ellos sí eran mendigos, y acertó.</p><p>Acababa de contactar, sin pretenderlo, con la comunidad de indigentes que vive en la T4 del aeropuerto de Barajas.</p><p><em>(Continuará Jorge Franco.)</em><strong>Jorge Franco</strong></p><p><em>*Sergio Ramírez es escritor. Su último libro es </em><a href="https://www.megustaleer.com/libro/sara/ES0139613" target="_blank">Sara</a><em>(Alfaguara, 2015).</em></p><p><em>*Almudena Grandes es escritora. Su última novela es </em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-pacientes-del-doctor-garcia/252790" target="_blank">Los pacientes del doctor García</a><em> (Tusquets, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Ramírez | Almudena Grandes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El viaje de doña Susana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 77]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Entonces]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/entonces_1_1145487.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5d735d64-6e22-4b36-9c81-055626e123fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entonces"></p><p><strong>El baile del diabloJavier Sánchez MenéndezRenacimientoSevilla2017</strong><em>El baile del diablo</em></p><p>  </p><p>En la disparidad de derroteros poéticos, los idearios formalistas mantienen una actitud de distanciamiento entre el yo del poema y el sujeto biográfico, pero existe otra manera de entender la escritura que hace de los enlaces entre vida y poesía un presupuesto fundacional. A este ideario pertenece <em>El baile del diablo</em>, una entrega poética de <strong>Javier Sánchez Menéndez</strong> que aglutina textos escritos entre 2004 y 2017. Tan extenso paréntesis creador ha dejado sitio en el taller de autor a otras facetas como las páginas autobiográficas, el ensayo crítico, el aforismo y sobre todo la poesía, representada en las antologías <em>Faltan palabras en el diccionario (poemas escogidos 1983-2011) </em>y <em>Por complacer a mis superiores </em>junto a una selección propia<em>, 43 Poemas (antología personal)</em> aparecida en Colombia.</p><p>En la sensibilidad del poemario se acoge una poesía de la existencia. En ella se pliegan emoción y pensamiento que se interseccionan en el material primigenio del poema para buscar la identidad del sujeto en el tiempo. Un yo desdoblado enuncia su visión especular del pensamiento en el poema de apertura, una composición homónima que habla de incertidumbre y desamparo, de quien se mira a sí mismo como un semejante que no desdeña reconocer su impostura en el desapacible espacio urbano donde conviven “los moralistas de la voluntad” : “Llevas toda la vida dando saltos / vestido de impostor, falso saludo / de la mano blanda sin mirar a los ojos, / y a solas con el mundo renaces / sin el mundo”. El sujeto hace de la soledad el último refugio para jugar sus cartas. Así comienza una larga evocación que regresa a los días de infancia, un paisaje no exento de onirismo que transforma el recuerdo en un devenir de imágenes que muestran una realidad difusa.</p><p>El tiempo de escritura influye en que no haya en las composiciones una continuidad temática y que cada texto aparezca con una veta argumental diferenciada, aunque todos comparten el estilo directo y la predilección por un lenguaje con escasas implicaciones herméticas. El poeta tampoco desdeña el enfoque irónico  que marca el tono en poemas como “Relaciones de estricta cortesía” y en otras composiciones en las que el desamor camina por un itinerario de no retorno, como en los versos de “<em>Nanny” </em>donde casi inadvertidos se integran algunos magisterios del poeta como <strong>Luis Rosales</strong> o <strong>Jaime Gil de Biedma</strong>.</p><p>Meditar sobre los pasos del ser en el transcurrir es aceptar, junto a la temprana amanecida del escepticismo que la existencia es una calle en obras, un itinerario que conjuga al paso los verbos “esperar” y “ser”, mientras se respira soledad y silencio. En el ahora no hay claves revelatorias, solo las imágenes en sepia de un tiempo lejano en el que la identidad del yo buscaba sitio entre la incertidumbre con la ingenuidad del aprendizaje sentimental. Desde ese primer paso hecho al mismo tiempo de humildad y prudencia va adquiriendo fuerza el perfil de las cosas, ese pertrecho de conocimientos que fortalece cada verdad personal: “vivir al fin y al cabo / es lucha, armonía comportada, / voluntad y entrega”. De esa certeza humilde que se va sobreponiendo a las turbulencias el tiempo adquiere fuerza el paisaje real de la conciencia, el fluir reflexivo que traza el balance existencial, que se realiza con la naturalidad del estado de ánimo conforme de quien siente en sus pasos el rumor de lo efímero, el misterio gastado de lo transitorio.</p><p><em>El baile del diablo </em>se sube a los andamios del recuerdo para reconstruir lo vivido. Como escribiera <strong>Goethe</strong>: “Tienes un demonio. Escríbelo”. Sus poemas constatan los encuentros y desencuentros del protagonista verbal con las mutaciones de la propia identidad. La escritura recorre el conglomerado vivencial y en su expresión nos deja el tono nostálgico de lo vivido a medias, con la transparencia inteligente de quien sabe desdoblarse para profundizar y ser testigo de entonces, ese sueño lejano que  habita en otro sueño.</p><p><em>*José Luis Morante es poeta y crítico literario. Su último libro es la antología </em><strong>José Luis Morante</strong><a href="http://www.diariodesevilla.es/delibros/Latidos-poesia_0_1148285637.html" target="_blank">Pulsaciones</a> <em>(Takara, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Entonces]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 77]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Cambiar tigre por chimpancé]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cambiar-tigre-chimpance_1_1145481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/21914297-47a4-49ef-9c44-cb19fc08b624_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cambiar tigre por chimpancé"></p><p><strong>​​​​​​Las altas montañas de Portugal​Yann MartelMalpasoBarcelona2017</strong><em>​​​​​​Las altas montañas de Portugal</em></p><p>  </p><p>En esta nueva novela de <strong>Yann Martel</strong> muchas cosas no son lo que parecen, comenzando por el título: <a href="http://malpasoed.com/mx/libro/las-altas-montanas-portugal/" target="_blank">las altas montañas de Portugal</a> en realidad no existen y se refiere a una región un poco más alta que la costa, algo agreste, pero fundamentalmente plana, sembrada de algunas rocas enormes dejadas en el lugar por alguna glaciación. En su novela <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-vida-de-pi/70313" target="_blank">La vida de Pi</a>, un resonante éxito internacional, el autor menciona que había abandonado un proyecto novelístico ubicado en Portugal y optado por contar la historia que le habían contado del naufragio de Pi y su aventura en un bote salvavidas acompañado por un tigre, historia que fue llevada al cine con éxito similar al de la novela. Al parecer, el autor, que es un personaje de la novela mencionada, decide retomar este proyecto y el resultado es esta bizarra novela, que son en realidad tres historias ocurridas en tiempos distintos del siglo XX y conectadas de algún modo por detalles y coincidencias, y sobre todo por un animal, el chimpancé. Ya es sabido que Martel tiene afinidad por el reino animal, como lo prueban sus anteriores obras.</p><p>En alguna ocasión el famoso crítico literario<strong> Harold Bloom</strong> comentó que la narrativa de Yann Martel probaba que todavía se podía ser original en narrativa, sin infringir las leyes de la lectura. Pero también es posible ser original evadiendo algunas claves narrativas básicas, como demuestra esta obra de Martel. En ella el autor asume un tono narrativo que oscila entre el surrealismo mágico realista y el realismo más prosaico, sin que, a la larga, logre convencer en ninguno de ellos. No solo transgrede normas básicas de verosimilitud, sino de credibilidad literaria. Toda obra es ficción, claro está, incluso el realismo más crudo, pero las premisas que guían la creación deben plantearse dentro de un marco coherente, y Martel no logra en este caso algo que ejecutó a la perfección en <em>La vida de Pi</em>. Esto se entenderá mejor al describir en breve las historias que constituyen esta novela.</p><p>En la primera, situada en 1904, Tomás, un asistente de curador en un museo, sufre por la muerte de su mujer y de su hijo pequeño, ocurrida en el transcurso de una semana por efecto de una difteria. Tomás tiene una historia de pérdida, pues ha perdido a su madre cuando era muy joven y luego a su padre, poco tiempo después de su amada y su hijo. La mujer en cuestión era una sirvienta de un tío suyo millonario, por lo que se plantea como un problema de clase y de posición social en la Lisboa de comienzos de siglo. A consecuencia de esta pérdida, Tomás decide objetar del mundo y la divinidad caminando para atrás, siempre en reverso. Esta es la primera tensión narrativa que el lector encontrará, me imagino, pues de una lado la historia es conmovedora y relevante para la época, pero de otro cuesta imaginar a alguien caminando para atrás todo el tiempo. Al mismo tiempo, Tomás ha descubierto el manuscrito de un sacerdote portugués del siglo XVII residente en Sao Tomé, el Padre Ulisses, quien deplora la vida en la colonia, el esclavismo, las exigencias de una existencia en el trópico. Este padre, quien ha llevado un diario, el cual descubre Tomás, decide en cierto momento hacer un crucifijo de tal naturaleza que llegaría a conmocionar al mundo cristiano. Pero no se sabe dónde ha ido a parar dicho crucifijo, por lo qué Tomás, intrigado, decide ir en su búsqueda. Tras algunas pesquisas en archivos, concluye que el objeto ha de estar en Portugal, en la región de las altas montañas de Portugal, a la que se dirige Tomás en el coche de su tío, uno de los primeros de su género. He aquí otra incoherencia, ya que Tomás, quien no tiene idea de coches, aprende a conducir el de su tío en tan solo un par de horas y emprende su aventura con torpeza, pero con habilidad propia de quien ha practicado ya algún tiempo. Después de varias peripecias, entre las que se incluye atropellar a un niño y matarlo, hecho del cual huye, recala en el pueblo de Tuizelo, después de haber visitado varias otras iglesias sin haber podido encontrar el tesoro que busca, con el cual ganaría prestigio en su trabajo. Por pura inercia examina la iglesia de este pueblito, a la cual le da acceso una mujer del pueblo, María, y halla lo que busca, pero el hallazgo le perturba hasta la agonía. El crucifijo que busca muestra a un Cristo con aspecto de chimpancé, con lo que concluye que el padre… quiso decirle a la humanidad que los seres humanos no éramos ángeles caídos, sino simios evolucionados, animales en fin que desconocen su condición. Este es el primer chimpancé de la novela. El crucifijo no es lo que parece y esperaba Tomás, sino un alegato en contra de la humanidad, expresado al desvelar sus raíces animales.</p><p>La segunda historia tiene lugar unas décadas más tarde, en el último día de 1938, y tiene como protagonista a Eusebio, un patólogo, a quien encontramos en su trabajo en nochevieja, redactando reportes sobre sus exámenes de cadáveres. De pronto, llega su esposa en medio de la noche, mujer hermosa y de imparable conversación, dada a las especulaciones teológicas. Su presencia en el lugar de trabajo de Eusebio la dedica sobre todo a disertar sobre las conexiones que ha hallado entre la Biblia y la obra de <strong>Agatha Christie</strong>, autora de la que ambos son aficionados. Después de una larga perorata sobre esta peculiar relación se marcha. Pero Eusebio escucha al poco rato golpes en la puerta y piensa que es su esposa que ha vuelto. Al abrir se encuentra con una mujer vestida con tenidas rurales y acarreando una maleta. Esta mujer resulta ser María Dores Passos Castro, la misma que le abrió la puerta de la iglesia a Tomás y a la vez, nos enteramos más tarde, la madre del niño atropellado por Tomás. La mujer aparece en la oficina del patólogo, en dicho día y a esa hora, con una petición propia del tono general de la novela: quiere que le haga una autopsia a su marido, recientemente fallecido, para que le diga no de qué ha muerto, sino cómo ha vivido. Según María, su marido jamás fue el mismo después de la muerte de su hijo, espacio que jamás pudo ser llenado y que instituyó un vacío existencial irremediable en sus vidas. El doctor duda al inicio, indicándole que lo haría con todo gusto una vez se le presente el cuerpo, a lo cual la mujer replica que el cuerpo lo tiene allí mismo, metido en la maleta. Intrigado, Eusebio accede a ver el cadáver, al que deposita en la mesa de disección. La mujer asiste a la autopsia, la que observa sin desfallecer. Es más, guía las acciones de Eusebio. Le pide que comience por los pies, hecho inusual en la práctica patológica, con lo que comienzan las sorpresas que exceden las leyes naturales. Lo que emerge del pie no son músculos o grasa subcutánea, sino vómito. Eusebio no sabe qué pensar de aquello, pero la autopsia sigue y revela más incongruencias con el orden natural, al encontrar en el cuerpo del marido objetos de varios tipos, como una flauta, un libro, y al final, cuando abre el espacio abdominal, incluso a un chimpancé abrazado a una cría de oso. Este es el segundo chimpancé de la novela. María entonces se quita toda la ropa y se mete en la cavidad abdominal junto a los animales, y Eusebio sabe lo que tiene que hacer: la cose y la deja metida en el cuerpo de su marido. Pero luego Martel deja en suspenso toda esta escena algo grotesca al darnos a entender que la mujer de Eusebio ha muerto y que tal vez todo aquello ha sido un sueño o que la aparición de su mujer lo fue. Eusebio se ha quedado dormido encima del reporte de la autopsia del marido, hecho que descubre su asistenta al final de esta parte de la novela.</p><p>Luego, la novela se traslada a los ochenta y a otro personaje, Peter, quien es senador en el parlamento canadiense, ya en edad de pensionarse y viudo. Desde la muerte de su mujer la vida ha tomado otro cariz y sigue sus actividades por sentido del deber más que por placer laboral. Para disipar su dolor otro compañero político le recomienda ir con una delegación de visita a América. La visita incluye un centro de investigación en el que se usan chimpancés y uno de ellos le llama la atención por su aparente tranquilidad, en contraste con los otros que hacen bulla y se agitan con su presencia. En un impulso del cual la novela no da claves para comprender, como no fueran su cansancio con la vida y su deseo de cambio, el senador propone a los científicos comprarle el chimpancé, de nombre Odo. Este es el tercer chimpancé de la novela. A pesar de inicial reluctancia, aceptan venderlo y Peter se hace con Odo. Además, decide abandonar la vida que ha llevado hasta ahora y emigra, junto con el chimpancé, al pueblo de donde proceden sus ancestros. Sus padres habían emigrado de Portugal cuando él tenía dos años a Canadá en busca de una mejor vida, pero jamás les habían inculcado la cultura o lengua portuguesa a sus hijos. Por lo que la decisión de instalarse en el pueblo de sus padres no viene sin dificultades, a lo que se añade la compañía animal que trae, un chimpancé que al comienzo engendra miedo y desconfianza en los lugareños. Pero muy pronto se adaptan a su presencia e incluso ayudan a Peter a hacer habitable la casa que han encontrado para él. El hijo de Peter, así como su hermana, no entienden su decisión, pero él persiste. Su relación con Odo es el núcleo de esta parte de la novela, relación en la cual Peter se maravilla ante las que podrían ser las características budistas del simio, por su total atención al presente y su manera de adaptarse a las circunstancias sin pensamientos que obstruyan su acción. Renuncia a su cargo de senador y descubre, por una maleta llena de objetos varios que Odo encuentra en la parte inferior de la casa, que ha servido antes como establo, y por simple deducción, que está habitando la que fuera el hogar de sus padres, antes de que emigraran a Canadá. La coincidencia le parece lógica, dado que no habría muchas familias en aquellas partes desoladas de Portugal que hubieran tomado la decisión de emigrar.</p><p>El conocimiento de la vida animal de Martel es notable, sin duda, hecho que demuestra una vez más en sus detalladas descripciones de los hábitos de Odo y en la relación que entabla con una jauría de perros de la localidad. Su hijo viene a visitarlo y le encuentra viviendo una existencia elemental, en una casa rústica y un lugar lejano de las urbes más habitadas de Portugal. El simio le produce suspicacia al principio, pero se acostumbra a su presencia. Se entera de que en dicha casa han vivido sus abuelos y bisabuelos, y pasa unos días explorando las tierras de quienes le precedieron. Peter da largos paseos por los alrededores en compañía de Odo, hasta que en cierta ocasión se encaminan a la región de las rocas enormes, que atraen la atención de Odo, quien las explora y se encarama en ellas siempre que las ve. Todo este tiempo Peter ha observado a Odo con ojo clínico, pero a la vez con aprensión, pues sabe que el chimpancé puede matarle, si quisiera. En el último paseo de ambos, Odo escoge una roca a la que subirse y Peter le sigue. Odo se inquieta y mira algo que le instiga curiosidad al pie de la roca. Resulta ser un rinoceronte de pelo largo, de los que solían ser abundantes en Europa antes de su extinción. Tras contemplar al animal, Peter muere en brazos de Odo, quien sale corriendo en dirección al rinoceronte extinto. Nada más se nos explica en la novela, que termina con esta escena.</p><p>A pesar de sus incoherencias de tono narrativo, la novela puede interpretarse como una reflexión sobre temas como los de la pérdida y el duelo, y como una meditación sobre la condición humana, escindida entre su naturaleza animal y su naturaleza racional y espiritual. Martel también se embarca en digresiones de carácter teológico-místico sobre el misterio de la existencia, análogo al del misterio propio de las novelas de detectives, como las de Agatha Christie, y la sujeción del ser humano a los vaivenes del destino, que nos hace sufrir pérdidas y buscar consuelo, a veces de modo algo absurdo, como en esta novela, caminando en reverso, o leyendo novelas de misterio o decidiendo vivir con un simio, quien entiende mejor los sentimientos propios que los congéneres humanos. Hacia el final, esta obra nos muestra a personas del pueblo Tuizelo caminando en reverso a raíz de un funeral, costumbre que nadie sabe de dónde procede, pero que el lector sabe proviene de haber observado a Tomás haciendo lo propio decenios atrás, lo que implica una reflexión también sobre buena parte de los quehaceres humanos, costumbres, rituales o modismos sobre los cuales no tenemos idea y que seguimos de manera mecánica, sin noción de su funcionalidad u origen. La novela está surcada por un temple darwiniano que causa desespero o serenidad, dependiendo de la interpretación de los personajes. En este sentido, no deja de ser inquietante y provocadora, como las otras obras de Martel, pero hubiera ayudado más a la complicidad del lector el que los episodios mostraran más credibilidad, dentro de los cánones algo difusos de lo que podría llamarse un mágico realismo algo diluido. Como fuera, para quien guste de fantasías algo surrealistas con un tinte filosófico y en el que figuran simios, esta novela no le defraudará. Pero no deja de hacernos sentir nostalgia por el extraordinario tigre de su afamada novela <em>La vida de Pi</em>.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cambiar tigre por chimpancé]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Los diablos azules número 77]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un manifiesto sobre la repetición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/manifiesto-repeticion_1_1145422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cac05da3-7b62-40b7-bd2a-a28a82de010c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un manifiesto sobre la repetición"></p><p><strong>Mac y su contratiempoEnrique Vila-MatasBarcelonaSeix-Barral2017</strong><em>Mac y su contratiempo</em></p><p>  </p><p>La heterodoxia en el panorama narrativo español contemporáneo tiene un nombre propio: <strong>Enrique Vila-Matas</strong> (Barcelona, 1948). Su literatura, que arranca desde la década de los setenta, queda defi­nida por ese rigor ico­no­clasta y/o inconformista porque, entre otros muchos logros, ha conseguido con el paso de los años lo más difí­cil que un autor pretende con su obra, la consecuencia misma de hil­va­nar una voz pro­pia e inimi­ta­ble con cada uno de sus libros. El concepto historicista de la literatura, según Vila-Matas, puede concebirse como una sucesión de variaciones sobre los mismos temas, léase como ese proceso que se desarrolla a lo largo de los tiempos, y siempre y cuando entendamos que la obra de un escritor se convierte en un viaje interminable alrededor de una misma obsesión; en el caso del escritor barcelonés, sus lectores estamos obligados a volver la vista a sus inicios, en concreto a 1988 cuando publicaba <em>Una casa para siempre</em>, una novela de cuentos encadenados que reproduce las memorias de un ventrílocuo, un hombre atormentado por un crimen, y por la idea de tener una sola voz para contar su historia que proclama con más severidad que ironía, y como única y definitiva fe: la de creer en una ficción que se sabe ficción, la de saber que la exquisita verdad consiste en ser consciente de que se trata de una ficción y, sabiéndolo, creer en ella. Esa era la ubicación metaliteraria de Vila-Matas que convirtió su entorno más cercano en esa otra famosa realidad donde todo es susceptible de hacerse visible. Su última propuesta, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-mac-y-su-contratiempo/239060" target="_blank">Mac y su contratiempo</a> (2017), nos devuelve a esa idea y se propone, tres décadas después, la reescritura de algunas obsesiones que estaban ya presentes en su novela de los ochenta, aquella de la que una vez leída podrían desprenderse dos tipos de lectura: la esencia misma del discurso narrativo como absoluta proyección artística y visto todo desde esa exclusiva perspectiva crítica y tecnicista; y otra que quiere recibir el mensaje más o menos en clave de un discurso que debe estar bien planteado y al mismo tiempo ser divertido, aunque siempre se abogue porque debamos leer un material que nos obligue a abandonar esa idea de mero divertimento, y nos ejercite en el juego mismo de la palabra escrita para convertirnos en transcriptores de buenos pensamientos y de la mejor imaginación como autores mismos.</p><p>El narrador se llama Mac, ha cumplido los sesenta años, acaba de perder su trabajo y simplemente pasea por su barrio donde vive. Sueña con escribir un libro, pero es un auténtico debutante que quiere dejar un texto póstumo e inacabado, y mientras decide llevar un diario como ejercicio cotidiano para ver qué pasa. Obsesionado con su vecino, un día oye cómo este habla con la librera sobre su libro de juventud que tituló <em>Walter y su contratiempo</em>; en ese preciso momento, Mac se propone reescribir y mejorar el libro de ese reconocido escritor que convive con él en el barrio del Coyote, y así el resultado de ese empeño convierte a toda la novela en una reflexión sobre la escritura, una auténtica vorágine que asalta al narrador sobre la exigencia que él mismo se impone para conseguir una voz propia, y el lector asiste a un recorrido por toda una dilatada tradición literaria de autores tan desiguales como <strong>Poe </strong>y <strong>Barnes</strong>, <strong>Chesterton </strong>y <strong>Cheever</strong>, <strong>Borges </strong>y <strong>Hemingway</strong>, y también <strong>Carver </strong>y <strong>Malamud</strong>, unidos por el mismo concepto esencial de cuento literario, y que se citan al principio de cada uno de los relatos que va componiendo Mac. También hay referencias en el libro a grandes autores como <strong>Isak Dinesen</strong>, <strong>Ana María Matute</strong>,<strong> Georges Perec</strong> o a <strong>R. L. Stevenson</strong>, y se convierte en un auténtico manual sobre el concepto de la improvisación, el complejo mundo de la creatividad, y esa permanente reflexión sobre la repetición como único método artístico válido que tantas buenas páginas ha proporcionado a un cada vez más sobresaliente Enrique Vila-Matas.</p><p>Este nuevo libro de Vila-Matas es el diario de todo el largo proceso de un aprendizaje y el complejo desarrollo de la expresión, el descubrimiento de esa caja china, como afirma el narrador, que contiene varias historias, toda una colección de cuentos que resumidamente nos va ofreciendo el aprendiz de escritor en su intento por encontrar, a través de la escritura, numerosas y variadas respuestas, un intento que no deja de crecer a lo largo de las páginas de <em>Mac y su contratiempo</em> en ese gesto humano que convierte toda su existencia en una repetición por muy incongruente que parezca, y es así como Vila-Matas profundiza en el concepto de creación literaria sin renunciar a una de sus más habituales estrategias, sobrellevar todos nuestros intentos fallidos de progresar con el sentido del humor que caracteriza a sus obras, cuya interpretación solo podría justificarse con la idea intrínseca al preclaro tono ensayístico, ese que siempre se ha impuesto sobre ese otro concepto narrativo tradicional y no menos trascendental como resulta obvio en las últimas obras de un irónico Vila-Matas más inteligente.</p><p>El mejor Vila-Matas asoma por estas páginas porque su horizonte literario, su mejor propuesta narrativa, en este caso<em> Mac y su contratiempo</em>, se complementa con ese finísimo humor con que dota a sus textos, y aún añade esa típica metamorfosis a que nos tiene acostumbrados porque nunca sabremos si el narrador se asemeja al autor o viceversa, aunque sí aseguramos que busca en cada unas de sus páginas la complicidad absoluta con el lector, cuando este como el propio Enrique Vila-Matas intenta ordenar su vida, esa que, según el maestro, es simple y llanamente pura literatura.</p><p><em>*Pedro M. Domene es escritor. Su último libro es </em><strong>Pedro M. Domene</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/06/23/de_tierras_pasiones_secreto_las_beguinas_66769_1821.html" target="_blank">El secreto de las Beguinas</a><em> (Trifaldi, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro M. Domene]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un manifiesto sobre la repetición]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 77]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Salidas, criterios, estrategias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/salidas-criterios-estrategias_1_1145419.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b5cd508a-d15d-4235-87bb-736041e8cd41_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Salidas, criterios, estrategias"></p><p>Después del último período de crisis, todavía está por ver hacia dónde caminan las nuevas sociedades, qué cicatriz va a dejar el tiempo que hemos vivido y el que, probablemente, quede por vivir, en esta nueva realidad nacida de la historia reciente. Entretanto, la literatura y la filosofía ya vienen denunciando o interpretando situaciones que, nacidas de los procesos de búsqueda de soluciones, llegan a nuestros días para encontrar salidas, establecer criterios y proponer estrategias.</p><p>Esto, que no es nada nuevo y que se repite a cada debilidad social, ayuda a pararse a pensar en las reacciones de otros individuos que vivieron experiencias parecidas y trataron de, no solo contarlas, sino proponer caminos alternativos al curso de sus vidas. La literatura y la filosofía nos van dejando pequeñas migajas de pan en el camino, migajas que nos ayuden a encontrar senderos de vuelta y que, por su condición de guía, animen a no perdernos, a identificar los lugares, a llegar a destino habiendo aprendido el lugar de las pozas y de los barrancos.</p><p>  </p><p>Una de estas migajas me ha llevado buena parte de las lecturas de verano. Todo arranca con un libro que intenta rescatar la figura de Iván Illich y ponerla al día en <a href="http://malpasoed.com/mx/libro/otra-modernidad-posible-pensamiento-ivan-illich/" target="_blank"><em>Otra modernidad es posible</em></a><em>,</em> del mexicano <strong>Humberto Beck</strong> (Malpaso, 2017), revisarla para fortalecerla y mostrar un panorama de actualidad ante un pensador que escribe buena parte del grueso de sus teorías en los años setenta. Pero lo interesante del libro no es solo la revisión de estas teorías, la tripleta teórica sobre la que asienta su filosofía, y que no es otra que la educación como un proceso de preparación de las nuevas sociedades hacia el consumo y el fomento de la marginación más feroz, la medicina y sus núcleo duro de cuerpo de élite destinado a fomentar el monopolio en la enfermedad, y el automóvil y la creación de la sociedad de la prisa y las largas distancias, aislando la posibilidad del paso a escala humana. Lo interesante es que Bleck amplifica el recorrido de Illich y lo sitúa en pleno siglo XXI, lugar en el que todo lo planteado por el ideólogo tiende a precisarse y hacerse realidad. Más de cuarenta años de distancia para darnos cuenta que los augurios de Illich están haciéndose cada vez más visibles, más representativos de nuestro siglo, más imparables.</p><p>Y una relectura, <em>La convivencialidad,</em> que aunque en su momento no generó en mí un excesivo entusiasmo, sí he podido decantar esas sensaciones para fortalecer criterios. Una de las sentencias que aparecen en el estudio de Illich dice algo así como que “nacemos con el lenguaje, crecemos con el Derecho y morimos con el mito”. Sentencia sobre la que se descuelga un razonamiento de pérdidas que la sociedad no convivencial, la que usted y yo estamos viviendo, aplica al mundo con la maza imparable de lo que denomina megamáquina y que no es otra cosa que los procesos del liberalismo económico que en nuestros días han llegado para quedarse. A finales de los años setenta, Iván Illich ya aportó al mundo la teoría de una sociedad ciega ante el individuo, con herramientas que alienan más que facilitan su flujo de desarrollo, con un olvido voluntario por el mantenimiento de la naturaleza y la generación de sociedades insatisfechas a fuerza de necesitar cada vez más productos de consumo inmediato. Dentro de la lectura de Illich uno se da cuenta de que perdemos la capacidad que nos otorga el lenguaje, abandonamos los criterios sociales objetivos que plantea el Derecho y, quizá lo más grave, olvidamos cualquier posibilidad de mitificar. Lo que queda, como un recurso al que agarrarse, es la existencia plenipotenciaria de un ser humano autónomo y creador, dos características que, todavía, no se han perdido del todo.</p><p>Por tanto, las soluciones que se dejan ver en las teorías que Illich defiende, no pasan por la acción directa de los partidos políticos, porque ellos estarían envueltos en las mismas razones poderosas que los hacen engranaje de un mecanismo de poder que degenera, entre otras cosas, en la promoción de lo que llama “el éxito social a través de un nivel más alto de consumo individual, lo que significa un nivel más alto de consumo industrial”.</p><p>Un paso más atrás, el hito de <strong>Horkheimer </strong>(o de <strong>Adorno</strong>) y su <em>Crítica de la razón instrumental</em> (1947), donde aparece, en el prólogo de la edición de 1967, una sentencia que también es alimento para una teoría presente. Refiriéndose al proceso de libertad alcanzado por las sociedades, duda de si éste “no vendrá a revelarse como la automatización, tanto de la sociedad como de la conducta humana”, núcleo fundamental de desarrollo de su libro en su búsqueda de una sociedad verdaderamente humana, una sociedad que lucha contra “el aparato creciente de la manipulación de las masas” ofreciendo su fantasía, con dos conceptos que definen la de su tiempo: el miedo y la desilusión.</p><p>No seré yo quien diga que las teorías de Illich y Holkheimer, en concreto aquellas que se ocupan de las soluciones ante las crisis, puedan ser trasportables a nuestras sociedades, pero sí que es conveniente, en esta época en que todavía no sabemos el aspecto que tendrán las cicatrices tras los últimos años de heridas, tener en cuenta algunas nociones fundamentales para interpretar ciertos movimientos que nos ponen muy cerca de las salidas, los criterios y las estrategias.</p><p>Lo sé, unas cuantas migajas no hace camino de vuelta y, definitivamente, pueden ser alimento para las aves. Seguiremos buscando.</p><p><em>*Javier Lorenzo Candel es poeta. </em><strong>Javier Lorenzo Candel</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Lorenzo Candel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Salidas, criterios, estrategias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Los diablos azules número 77]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Mi padre y yo pertenecemos a la misma generación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/padre-pertenecemos-generacion_1_1145410.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c51956e7-4611-4302-9ff8-a8ece7828568_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi padre y yo pertenecemos a la misma generación"></p><p>Los políticos españoles nacidos en los años cuarenta del siglo pasado, y en particular los socialistas de <strong>Felipe González</strong>, se dieron cuenta enseguida de que la lucha generacional era una fuerza que operaba en el devenir de la Historia con la misma potencia que la lucha de clases. De hecho, una de las primeras normas que aprobaron cuando ganaron con 40 años recién cumplidos las elecciones de 1982 fue la Ley 30/84 de Medidas para la Reforma de la Función Pública, que dispuso la jubilación forzosa a los 65 años de todos los funcionarios, incluidos jueces y catedráticos de Universidad.</p><p>Es cierto que tenían una coartada: la vieja España, la vieja política, el viejo régimen, había estado a punto de imponerse en el frustrado golpe de 1981, y se había instalado en el ambiente una demanda de aire fresco y de renovación que coincidió, en el caso de la Universidad, con la licenciatura de muchos jóvenes, algunos de ellos afiliados al PSOE o simples compañeros de viaje.</p><p>Pero aquello no dejaba de ser una coartada. Amparados por el signo de los tiempos, los jóvenes socialistas ignoraron el talento y la experiencia de sus mayores y en cuanto pudieron firmar las órdenes del BOE se deshicieron de ellos. Prestigiosos profesores como <strong>Fernando Lázaro Carreter </strong>o <strong>Gustavo Bueno</strong> fueron despojados de sus cátedras cuando todavía estaban en plenitud de facultades. Aquellos puestos docentes, y otros muchos que se crearon entonces, fueron ocupados por la quinta del cuarenta y por jóvenes nacidos en la década siguiente, cuyo mérito académico más destacado era en muchos casos haber sabido estar en el momento y en el lugar oportunos. Estudiantes que en junio habían terminado la carrera empezaron a dar clase en septiembre como profesores no numerarios, los célebres <a href="https://elpais.com/diario/1982/02/28/sociedad/383698801_850215.html" target="_blank">penenes</a>. Yo llegué como estudiante a la Universidad Autónoma de Madrid en aquella época, y efectivamente me sorprendió la juventud del Departamento de Filología Española, alguno de cuyos miembros era ya catedrático con sólo treinta y tantos.</p><p>Poco después de haberse aprobado aquella ley de jubilación anticipada, la Audiencia Territorial de Valencia reconoció a una profesora de la Universidad Politécnica su derecho a ser indemnizada por los perjuicios económicos que le había causado el adelanto de su retiro. Los impetuosos jóvenes socialistas tuvieron que rectificar. Por supuesto, no readmitieron a los viejos; lo que hicieron fue volver a situar la edad de jubilación en los 70 años, de modo que muchos de los que entonces se colocaron en la Universidad siguen activos en el momento de redactar estas líneas.</p><p>Desde entonces hasta ahora han sucedido muchas cosas. Sucedió por ejemplo que el numeroso grupo de personas que venía detrás de ellos, los niños nacidos en la década de los sesenta, terminaron sus carreras y se encontraron con todas las puertas cerradas; las de poder, por supuesto. Y también las del mercado laboral. Yo me licencié en 1986, cuando concluía la primera legislatura de Felipe González con casi un 25% de paro. La quinta del cuarenta y la del cincuenta no nos dejaron ni las migajas, como suele suceder en estas luchas generacionales por la supervivencia.</p><p>Es cierto que hubo algún conato de rebelión en las postrimerías de los ochenta, algunas algaradas estudiantiles contra el ministro<strong> José María Maravall</strong> y contra su segundo, <strong>Alfredo Pérez Rubalcaba</strong>, que en aquella época hacía méritos desprestigiando las protestas estudiantiles, que quedaron reducidas en el imaginario colectivo a la célebre imagen del <a href="https://www.youtube.com/watch?v=7Zlm-_0HPUw" target="_blank">Cojo Manteca</a> destrozando mobiliario urbano con su muleta.</p><p>No fue una revuelta en condiciones: los de mi generación no hemos sido nunca muy alborotadores; así que preferimos buscarnos la vida con los contratos basura (un concepto que nació en aquella época), o esperar a que corriera un escalafón que ha permanecido inmóvil los últimos 30 años, o emigrar en busca de un futuro profesional relacionado con nuestra formación. Los de Humanidades habíamos elegido una disciplina devaluada, como la calificó el físico Rubalcaba, y debíamos apechugar con las consecuencias.</p><p><strong>Analógicos vs. nativos digitales</strong></p><p>El destino quiso que este mismo Rubalcaba fuera ministro del Interior el 15 de mayo de 2011. Casi un cuarto de siglo después de aquellas algaradas callejeras, sus hijos metafóricos, los del propio Rubalcaba y los de Felipe González, tomaron las plazas de todo el país y cuestionaron abiertamente la obra política de estos padres de la patria.</p><p>Es muy significativo que <strong>Pablo Iglesias</strong> no interpele nunca a <strong>Rodríguez Zapatero</strong>, sino a Felipe González, como si fuera este, y no el último presidente socialista, la figura paterna a la que hubiese que matar; metafóricamente también. Zapatero, nacido en los sesenta, se ha quedado entre los dos, en tierra de nadie, sin atributos, irrelevante como la generación a la que pertenece, que es la mía.</p><p>No es que reste valor a su triple legado (la ley antitabaco, la ley del matrimonio homosexual y la ley de dependencia), todo lo contrario: lo que digo es que, pese a estos extraordinarios logros sociales, su papel histórico ha quedado un poco desleído —y se irá desdibujando cada vez más— porque no tuvo el arrojo que sí ha tenido su sucesor, el menospreciado <strong>Pedro Sánchez</strong>: comportarse con la generación anterior con la misma determinación implacable con la que Felipe González y los suyos desalojaron a los viejos socialistas en el congreso de Suresnes.</p><p>Pero todo esto no deja de ser un juego de niños si lo comparamos con lo que ha sucedido después, con la verdadera brecha generacional, la que se abrió en la última década del siglo XX. A partir de 1990 empezaron a ver la luz los primeros españoles que, salvo caídas accidentales, nunca iban a conocer el mundo sin conexión a Internet. Incluso Pablo Iglesias ha debido de tener que buscar bibliografía en los cajoncitos de los ficheros físicos que tenían las bibliotecas, o comprar los periódicos en el quiosco de la esquina, o meter monedas en una de esas cabinas telefónicas que se las tragaban sin dar línea, o ensalivar con la lengua un sello de correos. Los nacidos en la década de los noventa, en cambio, ya no tienen muy claro en qué parte del sobre se escribe el remite, y no conciben que haya que salir de casa para buscar información o que los periódicos pueden agotarse un domingo por la mañana si no se baja a tiempo o que un WhatsApp no puede enviarse desde una cabina de teléfono, si es que en el barrio queda algún vestigio de aquella era.</p><p>La revolución tecnológica ha convertido las luchas generacionales a. W. (antes del WiFi) en simples rencillas de vecinos y nos ha colocado a todos en nuestro verdadero lugar. A un lado de la fibra óptica los analógicos y al otro, los nativos digitales. Felipe González, Rodríguez Zapatero, Pablo Iglesias, Pérez Rubalcaba y yo mismo, por citar sólo a los que salimos en este artículo, pertenecemos, cada uno con nuestras cosillas, a una civilización que echó a andar en Italia allá por el siglo XIV y que debe mucho a otra revolución tecnológica, la que provocó el ingenioso invento de <strong>Gutenberg</strong>. La imprenta difundió el conocimiento y puso los textos al alcance de todo el mundo que supiera leer. Y, claro, empezó a leer mucha gente porque todos los que se han encontrado a lo largo de la Historia a este lado de la fibra óptica concebían la cultura como un término eminentemente libresco: lo que merece la pena ser aprendido, todo aquello que una persona culta debe saber para desenvolverse con éxito en este mundo, está en los libros.</p><p>Nuevas formas de relacionarse con el saber</p><p>Pero este mundo ha cambiado mucho en muy poco tiempo. Algunas veces, cuando veo un programa de eSports u oigo la retransmisión de una partida de<em> League of legens</em> o de<em> Call of duty </em>siento que tengo más cosas en común con <strong>Petrarca</strong> que con mis propios hijos, con los reales y con los metafóricos. A muchos de estos los tengo delante de mí en las clases de la Universidad: toleran a duras penas la soledad y sus beneficios; prefieren la compañía perpetua, que también los tiene; desdeñan virtudes como la constancia o la paciencia; se han acostumbrado a la inmediatez, que no es una virtud, aunque sí una incuestionable ventaja; y consideran que el conocimiento jerarquizado y vertical es propio de mis tiempos analógicos; ellos se sienten más cómodos con la horizontalidad del hipertexto, que es otra manera de relacionarse con el saber. Para esta nueva generación es posible que los libros sigan siendo una herramienta necesaria, pero ya no son un instrumento suficiente.</p><p>Y a todos estos cambios hemos de añadir en primer lugar el triunfo sin ambages del capitalismo que, aniquilando cualquier reducto en el que no rijan las leyes del mercado, ha ahormado de otro modo las nuevas maneras de pensar; y en segundo lugar, las consecuencias de la reciente crisis económica, que han dejado completamente obsoletos los consejos que yo recibí de mi padre, nacido en 1932, a quien considero desde hace poco un miembro más de mi generación.</p><p><em>*Antonio Orejudo es escritor y doctor en Filología Hispánica. Su último libro es </em><strong>Antonio Orejudo</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-cinco-y-yo/248139" target="_blank">Los Cinco y yo</a><em> (Tusquets).*Este artículo ha sido publicado en el número de septiembre de </em></p><p>tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes consultar toda la revista haciendo clic aquí. </em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p><p>  <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Orejudo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mi padre y yo pertenecemos a la misma generación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Historia,Libros,Los diablos azules número 77]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Distopías sin fecha de caducidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/distopias-fecha-caducidad_1_1145407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/67b04a98-1888-4958-a741-a8ef985d3c65_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Distopías sin fecha de caducidad"></p><p><em><strong>El cuento de la criada</strong></em></p><p><strong>Margaret Atwood</strong></p><p><strong>Traducción de Elsa Mateo Blanco</strong></p><p><strong>Salamandra</strong></p><p><strong>Barcelona</strong></p><p><strong>2017</strong></p><p>Resulta curioso cómo cada generación reconoce en novelas distópicas escritas hace décadas, y en diferentes contextos sociopolíticos, tendencias de su propio presente. Así, la llegada de <strong>Donald Trump</strong> a la presidencia de Estados Unidos <a href="https://elpais.com/cultura/2017/01/26/actualidad/1485423697_413624.html" target="_blank">ha disparado las ventas de 1984</a>, de <strong>George Orwell</strong>, pese a que fue escrito en 1948 pensando en los regímenes totalitarios del siglo XX; y algo similar está ocurriendo con <a href="http://salamandra.info/libro/cuento-criada" target="_blank">El cuento de la criada</a>, de la canadiense <strong>Margaret Atwood</strong>. La novela se publicó en 1985, una época con fuertes presiones tanto de los antiabortistas como de los movimientos antipornográficos, y se ha recibido en este 2017 como un envite contra la misoginia del nuevo gobierno norteamericano.</p><p>Quizás en esa capacidad de actualizarse –o, visto de otra manera, en la facilidad con la que la política real pisotea cada tanto libertades y derechos adquiridos— resida mucha de la atracción que durante décadas han despertado novelas canónicas del género. A las mencionadas se podrían añadir <em>Fahrenheit 451</em>,<strong> Ray Bradbury</strong> o <em>Un mundo feliz</em>, de <strong>Aldous Huxley</strong>. En todo caso, el vínculo empático que se mantiene entre lectores de todas las épocas y sus protagonistas pone de manifiesto que, a pesar de los avances democráticos, seguimos temiendo lo mismo que en siglo XX: las dictaduras, la tiranía y el control de la vida pública y privada de los ciudadanos.</p><p>La nueva vida de <em>El cuento de la criada</em>, publicada en castellano por el sello Salamandra, se debe en buena medida a la sobresaliente adaptación televisiva realizada por la plataforma de contenidos Hulu y la división televisiva de la Metro-Goldwyn-Mayer. En España, se puede ver a través de HBO. El éxito de la serie —que se hizo el pasado domingo <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2017/09/18/cuento_criada_arrasa_los_emmy_69648_1026.html" target="_blank">con ocho premios Emmy</a>— ha ayudado a que la novela de la escritora canadiense se convierta en uno de los libros de ficción más vendidos de las últimas semanas en España y ocupe los primeros puestos de ventas en Amazon. La segunda temporada ya ha sido anunciada y se emitirá en 2018.</p><p><em>El cuento de la criada</em>, que Atwood califica como ficción especulativa, simula la escritura testimonial de libros como <em>El diario de Ana Frank</em>. En este caso, la protagonista es una mujer, Defred, que narra su cautiverio en una dictadura puritana y teocrática que domina Estados Unidos tras un golpe de Estado. La amenaza del terrorismo islamista sirve a los nuevos tiranos de la República de Gilead como excusa para ejercer su poder omnímodo. Mientras que un grave problema de infertilidad por contaminación (al estilo de <em>Los hijos de los hombres</em>, novela de<strong> P. D. James</strong> llevada al cine por <strong>Alfonso Cuarón</strong>) es la justificación para controlar todos los aspectos de la vida de las mujeres. Las más devotas son designadas como Esposas de los Comandantes, las Marthas se dedican al trabajo doméstico y las Criadas son jóvenes fértiles cuyo objetivo es concebir un hijo que será arrebatado por el político y su esposa. Defred es una criada, pero tanto para ella como para sus compañeras hay otro destino peor: las Colonias, un lugar al que destierran a todos los disidentes para recoger residuos tóxicos en unas condiciones deplorables. O al menos esto último es lo que cuenta la propaganda del nuevo régimen.</p><p>La edición de Salamandra incluye a modo de introducción un artículo publicado por Atwood en <em>The New York Times</em> en marzo de 2017 sobre el significado de <em>El cuento de la criada</em> en la era Trump. La escritora desgrana varias de las comparaciones históricas y responde a algunas dudas que han surgido entre los lectores desde que la obra fuera publicada en 1985. Como, por ejemplo, si a su juicio se trata de una novela feminista —aunque el público ya ha decidido que sí—; o cuál es el nombre real de la protagonista, ya que Defred (“de” + “Fred”, el nombre de su Comandante) es el impuesto por el nuevo orden social. Explica, también, que una de sus premisas era no inventar ningún suceso que no hubiese tenido lugar ni aparato tecnológico que no estuviera disponible en aquel momento. Atwood vivía en Berlín Occidental cuando empezó a pergeñar la historia, de ahí la importancia del Muro, que en el libro sirve para exhibir los cadáveres de los opositores al régimen o pecadores según la nueva moral, y la sensación de encierro dentro de las fronteras de la República de Gilead. En una entrevista concedida en 1986, la autora contaba que había tardado tres años en ponerse a escribir la novela desde que había surgido la idea “porque sentía que era muy loca”.</p><p>No obstante, no es difícil encontrar ejemplos históricos y recientes con reminiscencias a esta aterradora fantasía distópica. La propia Atwood habla de un precedente bíblico en el Antiguo Testamento, sobre el que se asentaría toda la narración. Se trata del relato de Jacob y sus dos esposas, Raquel y Lía, que a su vez eran hermanas. Éstas, al no poder engendrar, le dicen a Jacob que se acueste con sus respectivas criadas, Bilhá y Zilpa, para que puedan tener hijos. “Ahí tienes a mi criada Bilhá; únete a ella y que dé a luz sobre mis rodillas: así también yo ahijaré de ella”, dice Raquel. El control de las mujeres y de su descendencia a través del robo de bebés ha sido una táctica habitual en las guerras y los regímenes dictatoriales. Como sucedió en España desde la posguerra hasta los años ochenta. Mientras que el uso de los colores y la vestimenta para dividir a la población, un elemento con gran peso en la novela (las Criadas van completamente vestidas de rojo y las Esposas de azul), también se utilizó, por ejemplo, en los campos de concentración nazis, en el Irán posterior a la Revolución islámica; y se continúa haciendo en el estricto régimen religioso de Arabia Saudí o en Corea del Norte, a través de los limitados estilismos permitidos.</p><p>La serie recrea con maestría todo ese juego poético de colores y símbolos. La adaptación amplía además, para satisfacción de los lectores, el universo de <em>El cuento de la criada</em> con nuevos giros narrativos. Pero el gran acierto de la versión televisiva es haber situado la historia en el presente. Las imágenes de la Ceremonia (rito aceptado por la sociedad de Gilead en el que el comandante viola a su criada) cobran un nuevo significado en pleno debate sobre los vientres de alquiler; así como la persecución y asesinato de homosexuales cuando hace apenas unas semanas dos periodistas acreditaban que en Chechenia existen campos de concentración para este colectivo. Hoy en día no resulta chocante que se recorten derechos y libertades tras un suceso excepcional: ahí tenemos la Patriot Act o a la primera ministra británica, <strong>Theresa May</strong>, defendiendo que se limiten los derechos humanos para hacer frente al terrorismo islamista. En <em>El cuento de la criada</em>, Atwood explica que hubo manifestaciones antes de que todo se terminase de torcer, pero que fueron más pequeñas de lo que cabría esperar. “No nos despertamos cuando masacraron el Congreso. Tampoco cuando culparon a los terroristas y suspendieron la Constitución”, añade su personaje. Da miedo que en pleno 2017 la República de Gilead no resulte una idea tan descabellada.</p><p><em>*Saila Marcos es periodista en </em><strong>Saila Marcos</strong>tintaLibre<em> e </em>infoLibre<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Distopías sin fecha de caducidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 77]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Los Cinco y Toni]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cinco-toni_1_1145405.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/075b4a95-0913-4754-9e71-fba6c71c249f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los Cinco y Toni"></p><p>Antes de nada creo que tengo que confesar mi absoluta y rendida admiración por el novelista <strong>Antonio Orejudo</strong> (Madrid, 1963) desde que leí su desternillante y brillante <em>Fabulosas narraciones por historias</em>. Dicho esto, cualquiera que haya empezado a leer esta reseña puede ir haciéndose el cuerpo a lo que le espera o abandonándola sin más porque quizá falte a los principios de mi labor como crítico –sean estos los que sean—. En cualquier caso, he de afirmar en mi defensa que esta admiración se basa en criterios más o menos objetivos, como cualquier cosa que tenga que ver con esa fina y porosa membrana que separa la objetividad de la subjetividad. En este sentido he de reconocer que puedo llegar a idolatrar a cualquiera –sea escritor, cineasta, monologuista o instalador de toldos— que en su discurso sea capaz de explotar eso tan difícil que es el humor, a ser posible fino, inteligente, de sonrisa sostenida mejor que de carcajada esporádica –aunque una explosión liberadora de vez en cuando no venga nada mal—. Y hasta donde yo sé y he leído, Antonio Orejudo es uno de los escritores españoles contemporáneos que mejor sabe construir esos artificios tan complicados que tienen que ver con el humor en literatura.</p><p>  </p><p>No obstante todo lo dicho hasta ahora, he de admitir que <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-cinco-y-yo/248139" target="_blank"><em>Los Cinco y yo</em></a>(Tusquets)comienza muy arriba en lo que al manejo y contagio del humor se refiere, pero según avanza la novela la sonrisa se va torciendo en una mueca rara o directamente se congela. En este relato circular, sinuoso, a capas, pero con cierto sentido del orden cronológico –desde la infancia hasta eso que llaman madurez—, a medida que avanza el tiempo de la narración, es decir, de los personajes –¿del autor quizá?— se aprecia al fondo un rastro de amargura, de gravedad, de desencanto, de traición a los proyectos de juventud, que mal puede disimular la distancia saludable del humor de Orejudo o que simplemente ya no se quiere fingir.</p><p>Puede que, como le oí un programa televisivo de medianoche, que a su vez había declarado en alguna entrevista, Antonio Orejudo esté ya harto de tanta risa, de tanta comedia. No sé, pero en <em>Los Cinco y yo </em>algo de todo esto hay. Sí, porque en este relato generacional, la de los que nacieron en los sesenta y se educaron literariamente con la obra de <strong>Enid Blyton</strong>, se constata que estamos ante una generación perdida entre las que sí han sido protagonistas de la historia o se han sabido aprovechar de las circunstancias; a saber, la anterior a esta, que protagonizó y en cierto sentido se apropió de la Transición, y la posterior, que en este caso ha decidido despojarse de ella por la vía asamblearia <em>puertasoleña</em>. Y probablemente eso de encontrarse en terreno de nadie y de ser consciente de esta insignificancia tenga una gracia nada más que relativa.</p><p>Pero no por ello mi admiración por Orejudo va a sufrir ningún descalabro, porque además estamos ante un prestidigitador de la trama y del lenguaje. Hay que tener mucho oficio literario para montar una narración sin fisuras a partir de la ficticia presentación de un libro del escritor <strong>Rafael Reig</strong> titulado <em>After Five</em> por parte de Toni, narrador de <em>Los Cinco y yo </em>y profesor de literatura en la Universidad de Almería –como el propio Antonio Orejudo en la realidad—. Hay que poseer un manejo realmente asombroso de los recursos narrativos para sostener coherentemente un relato salpicado de historia personal y colectiva a lo largo de 256 páginas sin que se le insinúen las costuras, para que, a pesar de las vueltas y revueltas de la narración, de su aparente caos, todo fluya con naturalidad y con asombrosa ligereza. Y hay que echarle muchos cojones –<em>cojones duros</em>, como aseguraba <strong>Carlos Marzal</strong> en su poema homónimo— no solo para enfrentarse al reto de construir un artilugio como este, con los peligros que conlleva, sino sobre todo para plantarle cara al destino, que ya se encuentra entre nosotros, con una media sonrisa literaria.</p><p>Además de todo esto, Antonio Orejudo se suma en su última novela a la tradición cervantina —tan frecuentada últimamente, por otra parte— en lo relativo a las fronteras de la propia ficción. <em>Los Cinco y yo</em> complementa todo su aparataje narrativo con un planteamiento práctico acerca de los límites entre la mentira de la ficción y la verdad de la realidad –o viceversa— difuminando sus fronteras, haciendo saltar de un ámbito a otro a personajes y personas, empezando por el propio narrador, Toni, que de voz creadora transita con total naturalidad hacia personaje de novela, y pasando por cada uno de los personajes de Enid Blyton –salvo el perro— a los que vemos resolver sus cuitas de adultos por la costa de Almería guiados por el propio Toni narrador. Quizá se trate de otra de las conclusiones dramáticas que nos congelan la sonrisa, una vez que el futuro ha llegado, todo se ha difuminado y anda algo mezclado; una vez que, para bien o para mal, nos hemos convertido definitivamente en seres posmodernos, con nuestra <em>posverdad</em>, nuestro <em>posmaterialismo</em> y nuestra <em>posliteratura</em>.</p><p>Independientemente de todas estas consideraciones, que pueden entrar más o menos en el terreno de lo objetivamente subjetivo –o viceversa—, lo importante de <em>Los Cinco y yo </em>es que se trata de una obra bien escrita, de prosa ágil y fluida que no hace tropezar al lector; todo un disfrute, un festival del humor –algo amargo a ratos— y una fiesta de la literatura.</p><p><em>*Juan Carlos Sierra es profesor de Literatura.</em><strong>Juan Carlos Sierra</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Sierra]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los Cinco y Toni]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 77]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Belén Gopegui: "Internet ha sido completamente colonizado por el capital"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/belen-gopegui-internet-sido-completamente-colonizado-capital_1_1145430.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f6a15e0c-c290-4a12-8da2-e1294f6847ce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Belén Gopegui: "Internet ha sido completamente colonizado por el capital""></p><p>Uno de los personajes de la nueva novela de Belén Gopegui (Madrid, 1963), quizás el principal, es Google. Y, sin embargo, <a href="https://www.megustaleer.com/libro/quedate-este-dia-y-esta-noche-conmigo/ES0154064" target="_blank">Quédate este día y esta noche conmigo</a> (Literatura Random House) no es una novela de espías ni un <em>thriller</em>, géneros que le han servido en otras ocasiones para contar el mundo, y tampoco es una novela de ciencia ficción. No interviene aquí ni la NSA ni Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, ni Edward Snowden. Google es un personaje colectivo, señala la autora, como los había también en <a href="https://www.megustaleer.com/libro/el-comite-de-la-noche/ES0126589" target="_blank">El comité de la noche</a> (2014) o <a href="https://www.megustaleer.com/libro/acceso-no-autorizado/ES0111997" target="_blank">Acceso no autorizado</a> (2011). Si entonces esos seres de personalidad múltiples eran grupos activistas, redes de resistencia ante el poder, ahora el monstruo de mil cabezas es una empresa. Al fin y al cabo, dice con una sonrisa, "son los colectivos con los que más habituados estamos a tratar". </p><p>Google era toda una tentación para una novelista como ella, tan interesada por los mecanismos de control y las relaciones de poder como por los relatos de resistencia. "Google dice de sí mismo que su misión es <strong>organizar toda la información que hay en el mundo</strong>. Te preguntas: '¿Y quién te ha dado a ti atribuciones para organizar esa información? ¿Y qué es lo que vas a incluir?". La empresa emplea actualmente, explica, a 60.000 personas en todo el mundo, una cifra que no le parece gran cosa para tamaña empresa. Esas 60.000 personas, aquí, no nos importan. En <em>Quédate este día y esta noche conmigo</em> hay, casi exclusivamente, dos personas, dos cuerpos: <strong>Mateo y Olga</strong>. Él ronda los veinte, está desempleado y ha soñado en algún momento con Silicon Valley. Ella está ya retirada pero sigue apasionándose por las matemáticas. Ambos se reúnen en una causa común: una solicitud de empleo en Google de 50.000 palabras que quiere explicar a ese extraño robot lo que no sabe.</p><p>  </p><p>Esa solicitud es el cuerpo de la novela, un relato de la relación entre los protagonistas sin grandes revelaciones ni giros de guion. Una historia despojada de casi todo en la que los personajes tienen tiempo de conversar y de reflexionar juntos. Un tono, en principio, muy alejado del que se suele asociar con las narraciones en las que la tecnología tiene un peso especial. "Hay una tendencia a identificar la tecnología como algo extraño y ajeno, como si no formara parte de nuestra vida diaria. En ese caso, <strong>la novela se ha quedado en ocasiones obsoleta</strong>", apunta. "Seguimos pensando que tiene que ocuparse de las pasiones de unos personajes muy parecidos a los de hace dos siglos, o entrar ya en esas etiquetas de la ciencia ficción. Google forma parte de nuestro yo tanto o más como podían serlo las cartas para un personaje del XIX."</p><p>El lector no encontrará ni en Gopegui ni en sus personajes la tecnofobia que suele ver en los relatos que advierten sobre los males de la red. "Igual que pienso que no se puede separar forma y contenido, decir tecnología no es decir nada", despacha la escritora. Y eso que su conocimiento está muy por encima del usuario medio: en su ordenador hay <em>software </em>libre y en su bolsillo, un móvil que la libera de Android, el sistema operativo de Google. "Ya te digo que no se trata de estar a favor o en contra de la tecnología, sino de no desligarla de los fines", retoma. "Esta frase de que un cuchillo puede ser usado para matar o para cortar patatas… bueno, sí, pero un sacacorchos no lo puedes usar para abrir puertas. <strong>La tecnología se construye con un fin</strong>, y es el fin lo que hay que cuestionar. Que existan bases de datos está bien; que esas bases pasen a empresas privadas que puedan utilizarlos para negar a alguien una operación, pues no está bien."</p><p>De hecho, sus personajes aprecian y usan los avances tecnológicos que tienen a su alcance. En palabras de su creadora, "les une el deseo de comprender, y la tecnología les ayuda a eso". ¿Están, entonces, en el otro extremo? ¿Piensan que la tecnología acabará con el hambre en el mundo, que traerá más democracia, que dará voz a otros colectivos, como defienden no pocos grupos de izquierdas? Tampoco es eso. "<strong>A veces se miden mal las fuerzas</strong>. Sí que creo que la red podía ser y puede ser todavía un espacio en el que haya mayor democracia y en el que todas las voces se puedan oír. Pero no lo está siendo porque Internet ha sido completamente colonizado por el capital, y ya hubo mucha gente que lo advirtió desde el principio." No existe ya, asegura, la ilusión de que alguien, desde el rincón de su <em>blog</em>, pueda estar al mismo nivel que los grandes diarios. ¿Y Twitter, y Facebook, que se consideraron en su día una herramienta esencial para, por ejemplo, el 15-M? ¿Qué queda para que sean plurales? Gopegui, que frecuenta poco las redes, al menos públicamente, lo tiene claro: "Queda el diseño. El diseño de Facebook o de Twitter permite un tipo de debate y no otro. Y nadie nos ha preguntado".</p><p>Si Google es un espacio digital, una herramienta, es también una empresa. Una empresa que selecciona: su personal, la información. La selección es un elemento muy presente en la novela. Mateo quiere ser seleccionado por Google, igual que quiere que Olga vea algo especial en él. No es en vano: "Está la fantasía del descubrimiento, que forma parte del romanticismo pero, curiosamente, <strong>también de las relaciones laborales</strong>, que muchas veces se plantean de manera romántica: me han llamado, como si yo fuera alguien distinto del resto, cuando sabemos que no es así". Tampoco para Google: "De lo que se dan cuenta ellos es que nunca van a ser únicos para Google. Para Google, las personas somos medios, no somos fines".</p><p>No es que a Gopegui le interesen tampoco las personas "únicas" —si es que eso significa algo—. Mateo y Olga son definidos a lo largo de la novela como "anodinos". ¿No es eso lo peor que puede ser un personaje, no digamos ya una persona? La escritora se resiste también a ese mandato. "Tengo una novela juvenil que se llama <em>Fuera de la burbuja,</em> pero en realidad se iba a titular <em>El montón</em>. Porque siempre me ha llamado la atención que estén <em>los del montón</em>, que parecen ser los descartes, y luego los otros. A mí <strong>en la novela me interesan los descartes</strong>, las personas que no están cumpliendo la función que les habían asignado." Gopegui desconfía: ¿quién decide quién no sirve? ¿Y qué rasgos hacen de uno alguien sustituible?</p><p>Mateo no tiene empleo. Es decir, no ha sido elegido. Él sabe por qué: sus condiciones le hacen estar en desigualdad de condiciones en la carrera hasta el puesto de trabajo. Se revuelve contra la meritocracia que no reconoce su valor, y a la vez desea con todas sus fuerzas creer en el cuento que recitan los <em>coach</em>: "Si quieres, puedes". No es capaz de desprenderse de ese conflicto, que impregna también su relación Olga. Al terminar la novela, cuenta Gopegui, leyó un texto de César Rendueles que sintetizaba justo esa tensión: <a href="https://espejismosdigitales.wordpress.com/2013/05/21/contra-la-igualdad-de-oportunidades/" target="_blank">"Contra la igualdad de oportunidades"</a>. La autora se explica: "Él defiende que <strong>la igualdad de oportunidades es el peor mito</strong>. Y dice que 'los privilegios legítimos son los peores'. Porque en el momento en que aceptas que un privilegio es legítimo, aceptas que es legítimo que no haya igualdad social". Y la igualdad es lo que nos permite, zanja, "vivir una vida buena". </p><p>Mateo no es descubierto por Olga, sino que se descubren mutuamente. Gopegui ha creado conscientemente una relación maestra-alumno, "cansada" de que en las novelas la que enseña no sea casi nunca una mujer, y que cuando lo hace, es también "una maestra sexual". Ella ha tenido, dice, varias figuras así. El libro está dedicado a una de ellas: <strong>Carmen Martín Gaite</strong>. La autora sonríe al hablar de ella: "Ella ni sabía que yo escribía. Me la encontré en un bar, luego coincidí con ella por la calle cargada de bolsas y me dijo 'Ayúdame a subirlas'. Nunca jamás sentí que me tratara con desdén o displicencia por ser yo más joven, ni que fuera sentando cátedra". Para Olga, Mateo no es un número. Para Mateo, Olga no es un medio para un fin. Ahí está la resistencia a Google. </p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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