<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 87]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-87/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 87]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[Las amantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/amantes_1_1203127.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c742f7e0-1ab4-4311-81ae-dd6ac2679daf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las amantes"></p><p>  </p><p>   <strong>Las amantes</strong></p><p>Lejos del estruendo de la épica</p><p>abrazadas yacen las amantes;</p><p>planeando a ras del suelo sus poemas corporales.</p><p>Les pareció la noche tan hipócrita y gélida,</p><p>tan inexacto el lecho mineral, monorrítmico,</p><p>que abrazadas yacen las amantes,</p><p>consumido ya el sándalo del deseo por la estancia.</p><p>Es tan inapropiada la palabra</p><p>frente a la primacía lingüística del tacto.</p><p>Es tan inapropiada la razón</p><p>que abrazadas yacen las amantes,</p><p>fundidos al silencio sus poemas corporales.</p><p>Bajo un techo elevado,</p><p>un cielo traspasado mientras vuela la entrega</p><p>lejos de lo finito,</p><p>abrazadas yacen las amantes.</p><p>Acompasadamente,</p><p>como si los latidos dialogaran,</p><p>salen dos soledades al encuentro</p><p>proclamando en un lecho la estación de las lluvias.</p><p>Miel de helecho.</p><p>Como el género virgen en casa de un platero</p><p>al pasar por el yunque</p><p>abrazadas yacen las amantes,</p><p>enredados sin dueño sus poemas corporales.</p><p>Confrontados</p><p>en una noche plena que deja cicatrices,</p><p>en una noche ajena a todos los deslices,</p><p>en una noche llena</p><p>de instantes intangibles que ayudan a existir.</p><p>Lejos del estruendo de la épica… </p><p>De <em>La ética del fragmento</em>.</p><p><em>*Luis Artigue es poeta. Su último libro, </em><strong>Luis Artigue </strong><a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1790" target="_blank">La ética del fragmento</a><em> (Pre-Textos, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[b30bda69-3c6f-4cd0-9f61-8543159bdb71]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis Artigue]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/c742f7e0-1ab4-4311-81ae-dd6ac2679daf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="43711" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/c742f7e0-1ab4-4311-81ae-dd6ac2679daf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="43711" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las amantes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/c742f7e0-1ab4-4311-81ae-dd6ac2679daf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 87]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La constancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/constancia_1_1148277.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e7ad862a-fc75-40e4-9960-bee233d6a77b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La constancia"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________​</p><p>Hace unos meses, en el club de lectura de la librería <a href="https://www.enclavedelibros.com/" target="_blank">Enclave de Libros</a> tuvimos la oportunidad de comentar con <strong>Use Lahoz</strong> su última novela, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-buenos-amigos/217111" target="_blank">Los buenos amigos</a>, y lo hicimos a través de un recorrido por toda su creación literaria, con inevitables referencias a la literatura y las experiencias de vida que le han marcado ayudándole a construir el universo y dibujar la trama que nos presenta en su obra más reciente.</p><p>Use, licenciado en Humanidades, actualmente es profesor de lengua y literatura en la Universidad Sciences Po de París y colabora periódicamente en <em>El País </em>y <em>Radio Nacional de España</em>. Con 29 años publicó su primera novela, <em>Leer del revés</em>. Cuatro años después, en 2009, publicó <em>Los Baldrich </em>(Premio Joven Talento Fnac) y en 2011 <em>La estación perdida</em>, por la que se le otorgó el Premio Ojo Crítico de Narrativa y en la que aparece por primera vez en su obra Espalión, el pueblo de origen de uno de los protagonistas de <em>Los buenos amigos</em>. Entretanto, vieron la luz dos poemarios: <em>Envío sin cargo </em>(2007) y <em>A todo pasado </em>(2010). Posteriormente, en 2012 coescribió con <strong>Josan Hatero</strong> la novela juvenil <em>Volverán a por mí </em>(Premio La Galera Jóvenes Lectores 2011), en 2013 resultó ganador del Premio Primavera por <em>El año en que me enamoré de todas</em> y recientemente ha publicado la novela <em>Corazón de robot</em>, coescrita con <strong>Andrés Rubio</strong> e ilustrada por <strong>Miki Lowe</strong><em>.</em></p><p>  </p><p>Si con <em>El año en que me enamoré de todas </em>Lahoz se alejaba del universo que había construido en sus primeras novelas, con <em>Los buenos amigos </em>regresa a él y lo hace con una obra extensa, compleja y rica en personajes y entornos, que son descritos con detalle y alternando la crudeza de algunas expresiones con el empleo de un tono más poético en otras.</p><p>A lo largo de la obra abundan los consejos de vida, lecciones morales que parecen no calar en sus protagonistas salvo para fijar en ellos la culpa o un nihilismo que hace que en ocasiones, a medida que avanza la historia, nos cueste empatizar con ellos y remueva nuestras entrañas. Pero no podemos reducir el protagonismo a Sixto, Vicente y Lucía —esta última relegada en ocasiones a un segundo plano—, pues la importancia de quienes les rodean a lo largo de los más de 30 años de sus vidas que relata la historia va más allá de poder verlos como personajes secundarios o "de relleno". Todos ellos están bien construidos y desempeñan un papel fundamental en las diferentes tramas que se desarrollan en la novela —novela de novelas en palabras del autor, que recuerda a <em>La estación perdida—</em>, tratando de evitar perfiles maniqueos y provocando emociones encontradas al ir conociendo su devenir hasta el terrible desenlace que, en realidad, podríamos decir que ni siquiera lo es.</p><p>Algo parecido sucede con los lugares descritos, en los que Use combina entre otros los escenarios de sus tres primeras novelas y nos presenta, por ejemplo, una Barcelona que  recuerda a la de las <em>Últimas tardes con Teresa </em>de <strong>Juan Marsé</strong> al superar la descripción de la ciudad burguesa de <em>Los Baldrich </em>e incluir en esta los suburbios, los barrios marginales que evidencian las desigualdades sociales que la conforman y determinan en buena medida el comportamiento de quienes la habitan.</p><p>A lo largo de la tertulia, Use nos habló sin tapujos de los errores de principiante que cometió con su primera novela y su primer poemario, aquellos de los que aprendió y que le sirvieron como ejercicio para ir elaborando una narrativa propia; compartió con nosotras su gusto por la literatura decimonónica y cómo la novela realista —no tan de moda en la creación literaria actual pero no por ello menos valiosa— es el espacio en el que se siente cómodo escribiendo porque le permite fabular, crear diferentes universos y construir un mundo de la nada; y reflexionó en torno a los aciertos de experiencias literarias que se han alejado del grueso de su obra a la vez que afirmaba que mantiene —y mantendrá— inéditos aquellos manuscritos que no le convencen completamente y que se vería incapaz de "defender" en un espacio como el de nuestra tertulia. Estableció diferencias entre la novela —fruto del trabajo constante— y la poesía —mucho más sobrevenida—, aunque no negó la mirada poética que introduce en sus novelas, para cuya elaboración admite tener una vocación científica en la construcción de personajes y una vocación poética en las descripciones.</p><p>Al referirse a aquello que más disfruta, el proceso creativo, nos habló de sus rutinas, así como de la importancia de la constancia, la imaginación, la experiencia, la paciencia, la necesidad de corregir el texto y la ambición de competir con uno mismo. Explicó que la parte menos agradecida es una vez publicada la novela, cuando encuentra errores en el texto, y compartió con las lectoras la dificultad que le supone renunciar a párrafos que no aportan lo suficiente al relato. Por un lado nos habló del carácter autodidacta que tiene para él la escritura, y por otro de cómo las historias nacen de las tripas, del corazón, más allá del cerebro; así como de la fuerza de las imágenes mentales que conserva en su memoria y después utiliza tanto para imaginar las tramas como para describir los ambientes y las sensaciones que experimentan los personajes. Nos explicó cómo en sus novelas trata de evitar el maniqueísmo de presentar una historia de buenos y malos, a la vez que hacía hincapié en la importancia de los matices y del cuidado del estilo. Nos contó que antes de sentarse a escribir no se prepara un esquema y que durante el proceso de escritura no niega a los personajes la capacidad de que el azar les sorprenda, pues los cambios constantes en ellos los hacen más humanos, cercanos y cotidianos. Además, comentamos la importancia de reflejar tanto sensaciones como expresiones de habla que visten y dan verosimilitud a los personajes; mientras que, al hablar de la narración, Use afirmó que «escribir es no decirlo todo» y eso es algo que aprendió con sus primeras publicaciones.</p><p>Use nos explicó que en <em>Los buenos amigos </em>ha pretendido unir los universos de <em>Los Baldrich </em>y <em>La estación perdida</em>, tratando de representar tanto a las diferentes clases sociales como los bandazos que da la vida. Asimismo, ha pretendido que las cuatro partes que conforman <em>Los buenos amigos</em> —que pueden entenderse y leerse como cuatro novelas— tengan su propio ritmo e incluso su propio estilo: una novela de formación, una de aventuras donde el texto se vuelve más ágil, una de viajes o de huida en la que todo se ralentiza y otra que acaba convirtiéndose en un <em>thriller</em>. Ante la pregunta de una de las lectoras acerca de en qué momento del proceso de escritura fue consciente de cómo iba a terminar la novela, Use nos contó que fue casi al final y admitió que aún hoy sigue pensando que quizá resultó en un castigo demasiado duro para uno de sus protagonistas.</p><p>Nos habló de sus orígenes y de cómo tanto su vida como su literatura se encuentran marcadas por el pueblo y por la emigración. Y, recordando el pequeño pueblo de su infancia, habló de las imágenes que quedaron grabadas en su memoria: las faenas, los ancianos, las historias, la solidaridad y las envidias, el contacto con la tierra... Al hilo de esto charlamos en torno a las diferentes razones que explican el éxodo rural, mientras constatamos que, aunque ahora al parecer está de moda volver al pueblo o disponer de uno al que escaparse, a finales del siglo pasado el pueblo era algo muy rechazado, sobre todo por parte de los adolescentes del momento. Y después, al hablar del valor de la humildad, Use nos recordó el poema de Machado <em>He andado muchos caminos </em>como la mejor definición de la buena gente.</p><p>Hablamos después de dos de los temas fundamentales de la novela, que acompañan a sus protagonistas a lo largo de sus vidas: la amistad —la mayor institución simbólica, en palabras del autor—, sometida al paso del tiempo y en la que la traición es marca y estigma; y la orfandad como condicionante y metáfora, ante lo cual Use recomendó el documental <em>Chavela</em>, donde la cantante confiesa la profunda rabia que siente por la falta de amor de su madre hacia ella cuando era pequeña.</p><p>Charlamos largo y tendido sobre los personajes, todos ellos bien construidos y perfilados, sobre las relaciones a menudo ambivalentes que establecen entre sí y los tipos que representan, en su mayoría cambiantes; así como sobre las experiencias que marcan sus vidas, las respuestas que dan ante las vicisitudes de la vida y las diferentes emociones que experimentan y desencadenan en otros. Comentamos que al terminar la novela nos quedamos con ganas de saber qué ocurriría después con sus protagonistas, así como que hay algunos secundarios de los que querríamos saber más, como Cécile y el tío Odón. Hablamos sobre los secretos, la confianza, el sentimiento de culpa y el odio hacia uno mismo, sobre el valor de la amistad y el amor, las raíces perdidas y la renuncia a los propios orígenes, sobre la cobertura de necesidades, la redención, la traición, el miedo a enfrentarse a lo que uno es, sobre los triunfos y los fracasos y sobre la huida hacia adelante. Hablamos también de la ternura, de la inocencia, de la responsabilidad sobre los propios actos en la infancia y en la edad adulta, de la vergüenza, de las posesiones, de la contraposición entre personajes y del prototipo de nuevo rico. Recordamos a <strong>Serrat</strong> con <em>Decir amigo </em>y <em>Mi niñez</em>, y Carmen alabó que Use reflejara a través del <em>esplai </em>y de las figuras de los curas que aparecen en la novela la imagen de los curas rojos y la labor educativa y social que realizaron, parte de la Iglesia que a menudo se olvida entre la multitud de críticas negativas que recibe como institución. Al hilo de esto hablamos del Cottolengo de Madrid y de los curas de la parroquia de Maravillas de los años setenta, que pertenecían a la ORT. Y destacamos una frase de Lucía que se repite a lo largo de la novela: «Los hombres no cambian, solo descansan».</p><p>Hablamos también sobre el otro personaje que es Barcelona, de la que Use ha querido mostrar su parte pobre, el suburbio, sin que por ello deje de aparecer la parte rica. Sobre esto, Use reflexionó en torno a una noticia publicada recientemente en <em>El Periódico </em>en la que se afirmaba que, según una encuesta, la principal preocupación de los barceloneses es el turismo; y se preguntó a quiénes habrían preguntado, pues más allá del que supone el centro gentrificado hay problemas más personales, directos y acuciantes que asolan a quienes habitan la periferia de la ciudad. Hablamos del resto de escenarios que se describen con minuciosidad en la novela: la Alpujarra <em>granaína</em>, Torredembarra, la masía y el ficticio pueblo de Espalión. Esto nos llevó a alabar el poder descriptivo del autor donde los paisajes y ambientes están muy bien captados y revelan fotografías que van cambiando de color en cada una de las partes de la novela; comentamos cómo en todo momento se nos trasladan sensaciones que dan viveza al relato y nos hacen sumergirnos en el mundo que se nos describe; y destacamos la estructura circular del texto, que da forma a un relato redondo y cerrado.</p><p>Arantza, en lo que Use definió como un estupendo ejercicio de literatura comparada, compartió con todas nosotras un texto en el que reflejaba su lectura de la novela, centrando el foco en la construcción del narrador y sus ramificaciones y estableciendo entre sus dos protagonistas un paralelismo con la fábula de la cigarra y la hormiga. Terminó su intervención con una pregunta acerca de si el objetivo del narrador omnisciente es presentar las consecuencias de este modo de estar en el mundo, a lo que Use respondió que el objetivo es sencillamente contar una historia sin juzgar a los personajes.</p><p>Para finalizar, Use nos confesó que ahora mismo no está escribiendo nada, aunque empezará pronto. Ante la pregunta de qué nos recomienda leer, nos ofreció un amplio abanico de posibilidades: <em>Romanticismo</em>, de <strong>Manuel Longares</strong>; <em>Inés y la alegría</em>, de <strong>Almudena Grandes</strong>; <em>El puerto de los aromas</em>, de <strong>John Lanchester</strong> y <em>La plaza del diamante</em>, de <strong>Mercè Rodoreda</strong>. Después, entre bastidores y antes de enviar esta crónica a la redacción de Los diablos azules, Use añadió a estas recomendaciones una novela que le ha arrebatado: <em>Tiene que ser aquí</em>, de <strong>Maggie O'Farrell</strong>. Lecturas para todos los gustos que añadir a las que proponemos en nuestras tertulias.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[72cfa911-2fc8-4d67-a110-6b4590c88b69]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Abril Gómez de Enterría]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/e7ad862a-fc75-40e4-9960-bee233d6a77b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="125308" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/e7ad862a-fc75-40e4-9960-bee233d6a77b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="125308" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La constancia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/e7ad862a-fc75-40e4-9960-bee233d6a77b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 87]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las pasiones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pasiones_1_1148267.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ca4e3fb8-274e-42f1-9091-fbfc1bf08bf0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las pasiones"></p><p><em>La librería Babel de Granada recomienda algunos de los títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>_________________________ </p><p><strong>Sobre el amor y el miedoInma Hoyos SánchezEditorial AvariganiMadrid2017</strong><em>Sobre el amor y el miedo</em></p><p>  </p><p>La distinción fundamental que constituye el hilo conductor de este libro es la que tiene lugar entre las pasiones que secundan la vida y las que, en cambio, la empobrecen. Esa es la diferencia fundamental entre el amor y el miedo, y el punto de parada para elaborar un itinerario ético y político que nos permita ser más libres, mejores y más felices. Es en nuestra experiencia del amor, por muy inadecuada o parcial que sea desde el punto de vista del conocimiento, donde se encuentra un primer dato sin el que no se inicia el camino de la sabiduría.</p><p>  <strong>Oculto senderoElena FortúnRenacimientoSevilla2016</strong><em>Oculto sendero</em></p><p>  </p><p>Novela inédita de carácter autobiográfico de la celebrada autora de Celia: un desgarrador y vital testimonio sobre autoría y sexualidad. <em>Oculto sendero</em>, testamento literario de <strong>Elena Fortún</strong> (1885-1952), por fin sale a la luz. Fortún escribe esta autobiografía novelada durante su exilio en Argentina y la firma con el seudónimo de Rosa María Castaños. La protagonista es María Luisa Arroyo, pintora y antes niña que quería vestirse de marinero, <em>alter ego</em> de la autora.</p><p>  <strong>Un lugar paganoEdna O'BrienErrata NaturaeMadrid2017</strong><em>Un lugar pagano</em></p><p>  </p><p>He aquí una de las grandes novelas irlandesas de todos los tiempos, comparada a menudo con el <em>Retrato del artista adolescente</em> de <strong>James Joyce</strong>, y tan emocionante como <em>Dublineses</em>. En esta extraordinaria novela autobiográfica, <strong>Edna O'Brien</strong> nos habla, con una voz femenina tan sutil como poderosa, acerca de la sexualidad y la muerte, la familia y la iniciación a la vida. Se trata, en cierto modo, de un libro sobre cómo crecemos, sobre cómo se crea nuestra identidad; y, también, sobre la difícil vida de las mujeres en un tiempo lleno de conflictos de un tipo u otro.</p><p>  <strong>Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismoChimananda Ngozi AdicmieRandom HouseBarcelona2017</strong><em>Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo</em></p><p>  </p><p>El feminismo empieza en la educación. Con su voz cálida y directa, <strong>Chimamanda Ngozi Adichie</strong> dirige esta emotiva carta a una joven madre que acaba de dar a luz. En sus quince consejos, reivindica la formación de nuestros hijos en la igualdad y el respeto, el amor por los orígenes y la cultura. Una invitación a rechazar estereotipos, a abrazar el fracaso y a luchar por una sociedad más justa. Una bella misiva con reflexiones tan honestas como necesarias que conquistará por igual a madres, padres, hijos e hijas.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Babel en la calle Gran Capitán, s/n, en Granada, o en su página web. </em><strong>librería Babel</strong><a href="http://babellibros.com/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[17a4dc21-97c1-440e-9b2f-af10a7da517c]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Babel]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/ca4e3fb8-274e-42f1-9091-fbfc1bf08bf0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="26982" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/ca4e3fb8-274e-42f1-9091-fbfc1bf08bf0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="26982" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las pasiones]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/ca4e3fb8-274e-42f1-9091-fbfc1bf08bf0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Los diablos azules número 87]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amores líquidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/amores-liquidos_1_1148262.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ad740576-92eb-4999-9b54-b26bd8f50aa2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Amores líquidos"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. En esta nueva entrega recoge dos textos del escritor Javier Mije.</em><strong>Gemma Pellicer</strong><strong>Fernando Valls</strong><strong>Javier Mije</strong></p><p>___________________________________</p><p>  <strong>Amores líquidos</strong></p><p>Afilados carámbanos, labios de escarcha, un corazón helado, whisky on the rock y resaca; vaho en las ventanas, burbujas con el agua al cuello, un barco a pique, sólo los necios se bañan dos veces en las mismas lágrimas; nubes de paso, camas de agua, impermeables, un pozo de oscuridad; cangilones nostálgicos, devastados paraguas, goteras, humedad; áridos versos, sed de venganza, estiaje, agua oxigenada; una pena potable, un espejo aguafiestas, sirenas que se tragó el mar, todo fue naufragar.</p><p>  <strong>El arte de amar</strong></p><p>Su rigidez tenía algo de acatamiento sumiso y distante, como si respondiera de mala gana a su deseo. Le hubiera gustado que pronunciara alguna obscenidad, que le suplicara al oído que hiciera lo que él se hallaba en la mejor disposición de hacer. Pero la boca parecía inmovilizada por la afasia, como a medio camino de articular una palabra con muchas vocales. Abracadabra. Las mujeres eran misteriosas, seres delicados cuyo erotismo había que descifrar. Trató de aproximarse a estos secretos besando sus pechos. Demoró la lengua en su nuca. Con la meticulosidad de un topógrafo exploró su cuerpo. Pero cuando viajó a medir el grado de lubricidad que sus caricias habían logrado despertarle tocó un tejido áspero y seco. Su desánimo fue pasajero. La mano que yacía derrotada sobre el sexo no tardó en realizar otro descubrimiento: un cordón salía de la vagina, como una lengua ortopédica entre los labios menores. Creyó entonces, porque nuestras certidumbres son parasitarias de lo que nos conviene, que lo que parecía el apéndice de un tampón explicaba la rigidez de aquella dama sin comprometer su pericia como amante. Lamentaba ahora no haberla liberado de aquel objeto en primer lugar, como un hombre experimentado que sabría sumar la efusión menstrual al juego erótico. Con cuidado tiró del cordón. La mujer se desinfló brutalmente bajo su peso.</p><p><strong>*Javier Mije</strong> (Sevilla, 1969) es licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Ha publicado en Acantilado dos libros de relatos, El camino de la oruga<em> y </em>El fabuloso mundo de nada<em>, y la novela </em>La larga noche<em>.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[cd7bd5da-e02a-4c84-b4d3-8325588684b8]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Mije]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/ad740576-92eb-4999-9b54-b26bd8f50aa2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="184764" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/ad740576-92eb-4999-9b54-b26bd8f50aa2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="184764" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Amores líquidos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/ad740576-92eb-4999-9b54-b26bd8f50aa2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 87]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crímenes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/crimenes_1_1148258.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cd6f5f79-b712-4271-a9e4-69a9e9432552_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crímenes"></p><p><em>(Comienza Juan Gabriel Vásquez.)</em><strong>Juan Gabriel Vásquez</strong></p><p>El sicario que llegó a Bogotá desde Nocaima se llamaba Carlos Fernando y acababa de cumplir dieciocho años, aunque su cara de niño le habría hecho pasar por un muchacho apenas llegado a la adolescencia. Había hecho el trayecto en la parrilla de una moto; lo trajo un hombre de apellido Cifuentes, que fue quien le dio el dinero —cien mil pesos en efectivo— y también las instrucciones para asesinar al capitán Luis Alfredo Macana, de la policía antinarcóticos. Carlos Fernando aceptó el encargo sin reparos. No sería la primera vez que mataba a alguien: unos meses atrás, en un billar de su pueblo, había decapitado a un contrincante de un machetazo limpio. Era el 16 de agosto de 1986. Muy cerca del lugar de la calle 127 donde se levantaba ya el busto dedicado a Rodrigo Lara Bonilla, el ministro de Justicia asesinado, Cifuentes apagó la moto y los dos sicarios se pusieron a esperar. Cuando vieron pasar al capitán Macana, el sicario se bajó de la moto, se le acercó sin trastabillar y le disparó tres tiros. Todo lo describió ante la policía que lo interrogó y los periodistas que lo entrevistaron durante los días siguientes, pero a partir de un momento cambió la historia. Con la misma frialdad con que había contado la versión anterior, contó que había llegado a Bogotá en bus, que se había quedado dormido en el trayecto y que se había apeado donde se despertó, y tuvo tan mala suerte que quedó en medio del atentado. Dijo que se había asustado con los tiros y que por eso echó a correr. Dijo que fue por eso, por haber salido corriendo, que los policías lo capturaron. Dijo que los policías lo torturaron para que confesara el crimen, y mostró los moretones que le habían quedado en el cuerpo después de la tortura. Dijo no saber quién era el capitán Macana ni por qué lo habían mandado matar, y tal vez en esta instancia, y sólo en esta instancia, estaba diciendo la verdad.</p><p>A quién se le habrá ocurrido primero, eso me pregunto con frecuencia. A quién se le habrá ocurrido buscar entre los jóvenes a los asesinos nuevos que exigía la defensa o la protección del nuevo mundo del narcotráfico, muchachitos adolescentes cuyo futuro no guardaba nada tan seductor como la doble promesa del poder y el dinero: el poder que se siente con un arma en la mano, el poder de amedrentar y el respeto que se gana al hacerlo, y el dinero, sí, también el dinero, que a estos jóvenes perdidos podía cambiarles la vida, o cambiar, tras su muerte, las vidas de sus madres. No sé quién habrá visto en ellos el hambre escalofriante que no da respiro, ni quién se haya dado cuenta de que bastaba para saciarla un fajo de dólares y una mini Uzi, y con ellos la capacidad de quitar una vida y sentir después un cambio en la mirada ajena. Tal vez era eso, ese ascenso en el escalafón social que sólo en los lugares descompuestos puede otorgar la violencia. Tal vez eso era seductor: el hecho de llegar a sus barrios y saber que los demás sabían, ya no sentirse humillados y perdedores sino poderosos y humilladores, pasar de un destino largo y anónimo y siempre oscuro a una vida breve, sí, pero llena de recompensas: una nevera nueva, el comienzo de una casa, la adrenalina que sube al saber que una vida ajena depende de nosotros, al ver el miedo en la cara de otro y sentir el odio en la nuestra. Eso era poder, pienso a veces, y no era más que eso, o era muy poco más que eso. Era la droga del poder (del raro poder que les había tocado en suerte), cada vez más fácil y seductora, cada vez más cruel y tirana. Dieciséis o dieciocho años, y a veces menos, tenían quienes abrieron los brazos y le dieron la bienvenida a la droga de la muerte. Los que hablaron primero de generación perdida, hace tanto tiempo y en lugares tan remotos, no sabían, no podían saber, de qué estaban hablando en realidad.</p><p><em>(Continúa Luis García Montero.)</em><strong>Luis García Montero</strong></p><p>Los libros tienen una rara habilidad para mezclarse con la vida. Parece que nos están esperando en una esquina para vernos pasar y apuntar hacia nosotros. Nunca fallan cuando me apuntan a mí. Una mañana me senté a escribir mis memorias; me lo había pedido la editorial del periódico después del homenaje en el Teatro Gaitán. Una tarde empecé a leer la biografía de Jaime Segurola y me asaltó desde sus páginas el nombre de Alberto Benavides. Entonces me vi igual que un pelao, sin tenerlo previsto, regresando al caso que más me había conmovido al inicio de mi carrera y preguntándome por las relaciones de amistad entre un antiguo abogado de sicarios y un candidato a la presidencia de Gobierno.</p><p>Detrás de Carlos Fernando, el joven asesino, estaba Cifuentes, eso se descubrió en los primeros pasos de la investigación. Hizo falta tirar muy poco de la cuerda para llegar hasta el tuerto de Medellín. Y no es que Cifuentes estuviese mal de un ojo, es que llegó a Nocaima, una tierra de ciegos según sus propias bromas, y enseguida se hizo el rey, el delincuente más orgulloso de Cundinamarca. ¿Pero quién estaba detrás de este matón de cuarenta años que le había encargado la muerte del capitán Luis Alfredo Macana a un adolescente de dieciocho? Por mucho que se tiró de la cuerda, aunque la policía pareció tomarse el crimen como un asunto propio, una fiebre propia decía el comisario Ayala, no hubo manera de saber quién estaba detrás de Cifuentes, ni quién pagó la factura del abogado Alberto Benavides, el hombre con poderes que convenció al sicario viejo y hablador de las ventajas de guardar silencio y al sicario joven de cambiar su declaración y presentarse como víctima del azar, una equivocación de recién llegado, un mal sueño y una mala carrera que había vivido con absoluta inocencia.</p><p>Busqué la carpeta para ver de nuevo las fotografías del cadáver del capitán Macana y de su asesino. Lo reconozco, todo estaba dispuesto por el destino para que aquel suceso me impresionara. A Macana lo había entrevistado unos días antes de su asesinato. Hernando Valencia llamó al capitán desde la Defensoría del Pueblo, hizo las presentaciones, y él se prestó a contarme los planes de su departamento. Me interesaba participar en una ilusión, sentir que un rayo de luz buscaba hueco bajo el cielo gris de aquellos años. Esa esperanza acabó como todas las de entonces, fango de selva y barro de ciudad, un cadáver sobre la acera, un muerto más, primero el cuerpo herido y después la mancha de sangre bajo los zapatos de la gente.</p><p>Pero me impresionó sobre todo el rostro del asesino. Aniñado, con la cara resabiada y los ojos llenos de orgullo, la imagen de un alumno universitario enfadado por un suspenso o de un sobrino que acaba de discutir con su novia. Me conmovió la situación de esos sicarios que de pronto aceleraban el tiempo para acercarse al dinero y al poder, notando el peso de una pistola en el bolsillo. No me costó mucho trabajo entender lo que sentían, porque en 1986 yo era también muy joven, un periodista inocente que había echado a correr por la vida hasta ocupar, antes de lo razonable y gracias a la ayuda familiar, una plaza de redactor en el periódico.</p><p>El sobrino de Antonio Granados iba a ser tan buen periodista como Antonio Granados. Un tiempo de ambiciones. Sentía el peso de mi firma en los artículos como Carlos Fernando debía sentir el peso de una pistola en el bolsillo. Estar dispuesto a contar la verdad, a resumir en palabras las vidas y las opiniones de la gente, me facilitaba un sentimiento de poder parecido al que rondaba la cabeza del sicario aniñado capaz de apretar un gatillo. La respiración de los demás dependía de nuestros dedos, de nuestros puntos de mira. Carlos Fernando actuaba sobre la realidad para cerrar bocas, ocultar secretos y extender mentiras. Yo actuaba sobre la ficción de los relatos en busca de una verdad.</p><p>Los ojos de Carlos Fernando me ayudaron a comprenderme a mí mismo. Él hubiera seguido llenando el futuro de cadáveres si la policía no llega a detenerlo. Mi voluntad fue la de seguir llenando las páginas del periódico de verdades mientras no me detuviesen la policía o los sicarios. Esa idea me ayudó a no verme del todo como un impostor la tarde del homenaje en el Teatro Gaitán. Cuando los amigos empiezan a hablar de las virtudes y el público se pone en pie para aplaudir, uno no tiene más remedio que sentirse un impostor y se vienen encima todas las renuncias y mezquindades que conforman cualquier vida. Sólo encontré la verdad de mi vocación en el recuerdo de los ojos de Carlos Fernando. Las palabras me pesaron en la boca y en la chaqueta con la rotundidad poderosa de una pistola. ¿Qué he conseguido yo? Por eso se me ocurrió empezar mi libro con aquel suceso, una imagen perfecta de las razones de una vocación y del dolor de una impotencia.</p><p>Por mucho que tiramos de la cuerda, nunca se sabe quién estaba detrás de los Cifuentes. Andamos siempre entre rumores, igual que en aquella ocasión. Rumores sobre políticos, narcotraficantes, policías, incluso sobre una venganza amorosa de un marido despechado por el adulterio de su mujer con el capitán. Resulta que tenía también mucho prestigio en asuntos de faldas. No conseguí enterarme de nada. En aquellos años, por mucho que se madrugara en Bogotá, nadie te preparaba el desayuno.</p><p>Pero no me pregunté qué había sido del asesino hasta que me asaltó el nombre del abogado Benavides de las páginas del libro sobre Jaime Segurola. Fue entonces cuando empecé a llamar por teléfono a los amigos de Nocaima y a preguntar si alguien sabía algo de Carlos Fernando. Como era lógico, me fue más fácil localizar a Alberto Benavides.</p><p><em>(Sigue Leonardo Padura.)</em><strong>Leonardo Padura</strong></p><p>Lo de fácil es un decir: el doctor Alberto Benavides había sido uno de los hombres que más y mejor se había alimentado del narcotráfico, de los que habían salido indemnes de todas las persecuciones, venganzas y hasta molestas investigaciones por la simple pero blindada posición social que le confería su familia y su oficio de abogado. Todo el mundo lo sabía pero, a la vez, todo el mundo lo admitía, como las reglas del fútbol.</p><p>Historia conocida: la violencia, el dolor y la muerte la ponen los infelices que tienen o pretenden ganar algo. Las ganancias verdaderas las reciben los que siempre ganan, porque llegan al mundo con las mejores cartas en las manos y no están dispuestas a soltarlas. Ni siquiera a repartirlas.</p><p>El doctor Alberto Benavides era miembro de una vieja familia barranquillera a los que años de guerra y violencia habían empobrecido, relativamente. Pero no tanto como para impedir que Alberto estudiara en una buena universidad y que, con su sangre caliente en las venas, decidiera recuperar lo perdido y avanzar mucho más, pescando en el río revuelto que era (y siempre ha sido y quizás será) nuestro país.</p><p>Mis credenciales de periodista reconocido fueron el anzuelo que le lancé y que Benavides, sabiéndose protegido por su posición social y sus bien trabados contactos, mordió. O tal vez lo hizo porque está por nacer el costeño al que no le gusten dos o tres cosas que ellos consideran las más importantes de la vida: la fiesta y la algarabía; ser y aparentar; hablar y contar historias.</p><p>El abogado vivía en una hermosa finca en las afueras de Barranquilla y para esa época apenas ejercía. Su tiempo de lucha había terminado con obvios beneficios. Ahora solo iba a los tribunales si se trataba de casos que de antemano sabría que ganaría y con los que ganaría. Y no porque le hiciera falta el dinero, sino porque ganar –lo que fuera— se había convertido en su vicio, o una especie de <em>hobby</em>.</p><p>Cuando logré que me recibiera en su chalet campestre descubrí a un hombre que me superaba: seguro de sí mismo, fuerte para su edad y marrullero como buen abogado y costeño de pura cepa. Y no es que tenga nada contra los costeños, debo aclararlo: al contrario, para un bogotano pacato y conservador no hay nada más atractivo que un costeño expansivo y liberal, y justo eso es lo que éramos Benavides y yo. Contra los abogados, en cambio, tengo todas las prevenciones que el gremio se ha sabido ganar en un país de leguleyos.</p><p>La primera conversación fue de reconocimiento. Si había llegado hasta allí no podía apresurarme y matar la paloma antes de que me enseñara su vuelo. Me habló de todo y de nada, con cautela pero dejando claro que tenía lo que tenía porque era más hábil e inteligente que el 90% de sus compatriotas, lo cual era una gran verdad. Pero fue en el segundo intercambio, también en su chalet barranquillero, cuando su carácter traicionó a Benavides y me dio a entender que su suerte y fortuna se debían al manejo más sórdido que inteligente de sus habilidades: para vivir el narcotráfico y de la violencia, para recoger con palas el dinero que producían las dos principales industrias nacionales, no había que ser ni narcotraficante ni asesino. Bastaba con ser hábil y saber no solo bañarse y guardar la ropa, sino, y sobre todo, dónde guardarla, dijo, sonrió, y me bañó con el humo de los puros que se hacía traer de La Habana.</p><p>Fue entonces cuando mi carácter me traicionó a mí y entré como un novato en territorio minado: mencioné los nombres del sicario Carlos Fernando, del escurridizo Cifuentes y del capitán Macana y quise saber de la relación del abogado con aquellos personajes y los sucesos que los conectaron.</p><p>La actitud festiva y prepotente de Benavides cambió de inmediato. Me resultó evidente que ya no se trataba de fanfarronerías y generalidades, sino de un asunto espinoso y concreto pero, sobre todo, de una historia que aún no se había cerrado. Creí percibir, incluso, una reacción del abogado que estaba entre la desconfianza y el miedo. ¿Miedo, Benavides...? Con cuatro frases hechas sobre la verdad, la justicia, las pruebas fehacientes y las circunstanciales cerró la conversación y me despidió dejando claro que nuestros encuentros habían terminado.</p><p>Regresé a Bogotá con una mezcla de frustración y expectativas. Mi supuesta habilidad periodística había sido un fiasco pero mi olfato profesional me advertía que la vieja historia del asesinato del capitán Luis Alfredo Macana era un drama todavía abierto, con conexiones entre el pasado y el presente por las que fluían nombres, fortunas, destinos de personas que no querían ni permitirían que sus historias salieran a flote. ¿Qué había sabido del mundo oscuro de las drogas el capitán asesinado? ¿Qué vínculos tremebundos había descubierto o podía estar en trance descubrir aquel policía para que fuera precisamente él, entre otros de su banda, el elegido para ser sacrificado? ¿Por qué después de tantos años, tantas muertes, tantos mantos de olvido todavía tendidos y bien clavados un abogado enriquecido reaccionaba con algo muy parecido al miedo?</p><p>La primera respuesta para todas aquellas interrogantes la tendría dos semanas después de mi último encuentro con Benavides en su finca de Barranquilla, cuando mucha gente sabía que yo estaba siguiendo un rastro de sangre que empezaba a marcar territorios prohibidos... La ráfaga de ametralladora que reventó todos los vidrios del frente de mi casa tenía un solo objetivo: cerrarme la boca. Mejor si para siempre.</p><p><em>(Cierra Carlos Zanón.)</em><strong>Carlos Zanón</strong></p><p>Uno nunca sabe de qué está hecho hasta que ya es demasiado tarde. Me lo repito, es un lugar común pero sé que miento. Uno sabe, claro que sabe. Sabe de qué pasta es desde los primeros juegos feroces, desde el terror a quedarse solo o que apaguen la luz de la habitación y si te quejas o no. Llega el momento. El último descarte. Ves, sabes y decides mirar para otro lado o a los ojos de quien te está pesando y midiendo, diciéndote: ¿de qué estás hecho, chaval? El destino, tu carácter. Serás lo que eres y tú eres esto. Tú has hecho aquello o no supiste evitar lo otro y eres lo que queda de todo eso. Estás loco. Valiente por desesperado o idiota. Cobarde por ruin o avaro. Uno sabe qué hará si algún día se ve en la tesitura de delatar a su vecino. En apretar ese gatillo y solventar un problema. Claro que lo sabe. Por supuesto que sabe qué hará si le ofrecen un montón de dinero por seguir callado.</p><p>Antes de eso la evidencia de que Alberto Benavides estuvo detrás de la muerte del capitán Luis Alfredo Macana se me mostró en forma de ráfaga y cristales rotos. ¿Pero por qué? ¿Qué le dolió tanto el abogado si todo el mundo sabía, todo dios creía saber…? Tantos años después, tratar de asustarme, de callarme con las ventanas despedazadas a golpe de ametralladora. Un nombre, Benavides. Un aviso: calla. Pero mi tío, Antonio Granados hubiera seguido preguntado y su sobrino hizo lo propio. Me dije que un hombre vale en la medida de su tozudez y seguí preguntando como si la Verdad nos pudiera curar a todos y no sólo a mi amor propio. A la ametralladora siguieron las llamadas a medianoche en mi celular: voces, risas, insultos. Regresar a mi apartamento y encontrarme cada día con los muebles movidos de sitio. Armarios pulcramente deslizados por el suelo en otra habitación, esa mesilla de noche en la cocina, esa nevera en el patio, las acuarelas boca abajo. Cucharas dentro de mi cama, la bañera rellena de agua hirviendo y lejía. No dejé nunca de valorar lo sofisticado de sus amenazas recordándome que dejara de preguntar aquí y allá. Detrás de todo aquello había un artista. Un artista de mierda tratando de enloquecer a un aprendiz de periodista con más hambre que una rata. Hambre de Verdad. Hambre de notoriedad, de justicia y también de la otra: hambre de mujeres, de comer y comprar.</p><p>De un modo rutinario y burlón a cada amenaza o agresión yo insistía en otra cita con Alberto Benavides. Me era negada y generaba cosas: cosas que pasaban en cualquier sitio, a la hora menos pensada. Nunca llegué a creer que peligrara mi vida. Parte de un juego era que yo siguiera con vida. En el fondo ni la verdad les asustaba sino sólo que no quería que la encontrara y la publicara porque no le daba la santísima gana de que lo hiciera. Quizás me equivoque y pude morir. No sé. Mi tío Antonio Granados, el periodista, hubiera seguido indagando y yo hice lo mismo que hubiera hecho él. Me bastaba con pensar que, de verme, estaría orgulloso de mí.</p><p>Seguí la pista del dinero. Seguí la pista de la droga. Seguí la pista del poder. Y era todo tan evidente que parecía que el misterio más que en quién lo hizo y por qué consistía en especular sobre cuándo se publicaría todo eso. Eso indicaría que el abogado se había hecho viejo, que el tigre ya tenía colmillos romos. Benavides encargó a Cifuentes que mandara a un paleto como Carlos Fernando para matar al apuesto capitán Alfredo Macana. Una noche soñé con esa frase. Los que escribimos soñamos con letras, frases, segmentos de una oración dicha por alguien en nuestra cabeza. Me desperté con ella y no me la quité de la cabeza. No paré hasta que di con la palabra que como un resorte abría la tumba y esa palabra era apuesto.</p><p>No me costó dar con el nombre de Amalia Llanos. La discreta esposa de Alberto Benavides, mucho más joven que él, maestra de primaria, heredera de un apellido español y sabor rancio más que dinero. Decían los papeles de esa época que era muy hermosa y que murió también joven. De un mal feo. Sin dar muchas explicaciones lo cual tanto podía ser un cáncer de ovarios, una desaparición o un suicidio. No soy adicto a la conspiranoia. La gente también acaba por romperse la crisma por no saber atarse bien los zapatos. Pero todo señalaba al suicidio. La hermosa Amalia se mató con veneno de hormigas. Y lo hizo apenas una semana después del asesinato de Luis Alfredo Macana, el apuesto Capitán Macana. Y la teoría del marido celoso se manejó ya en esos mismos días sin que nadie posara sus ojos sobre el leguleyo bogotano. Algo así –los celos, el amor, la pasión- quedaba tan lejos de él que nadie le supuso capaz de sentir. O es posible que solo fuera querer dejar de ser burlado, que le quitaran algo que consideraba suyo.</p><p>Pedí media página en el periódico que me negaron. Lo pude subir a la web poniendo mucho mimo en no dar por hecho nada, en que se trataba de una hipótesis, que dado el tiempo que había transcurrido y la ausencia de pruebas concluyentes… pero la noticia se cayó al cabo de poco más de un par de horas. En el periódico nadie supo darme ninguna razón que no fueran torpezas técnicas primero, poco interés mediático después y finalmente una orden de arriba y chitón. No hubo tiempo de mucho más: Benavides, ahora sí, quería entrevistarse conmigo. Una tercera vez. La última, dijo.</p><p>Y aquí me tienen. Benavides ha hablado poco. Ha ofrecido una suma. Basta que yo acepte para que una transferencia vaya rebotando desde diferentes cuentas en diferentes países a la mía. Es mucho dinero. Pongamos que no he aceptado. Pongamos que no me he vendido.</p><p><em>*Juan Gabriel Vásquez es escritor. Su último libro, </em><strong>Juan Gabriel Vásquez</strong><a href="https://www.megustaleer.com/libro/la-forma-de-las-ruinas/ES0144696" target="_blank">La forma de las ruinas</a><em> (Alfaguara, 2016).</em></p><p><em>*Luis García Montero es es escritor y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/a-puerta-cerrada.html" target="_blank">A puerta cerrada</a><em> (Visor, 2017).</em></p><p><em>*Leonardo Padura es escritor. Su próxima novela, </em><strong>Leonardo Padura</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-transparencia-del-tiempo/262394" target="_blank">La transparencia del tiempo</a><em>, se publicará en Tusquets el próximo enero.*Carlos Zanón es escritor. Su último libro es </em></p><p><strong>Carlos Zanón</strong><a href="http://www.carloszanon.com/es/narrativa/taxi" target="_blank">Taxi </a><em>(Salamandra, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[5fa762a0-86d9-4426-8646-66a5e0cc0945]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Gabriel Vásquez | Luis García Montero | Leonardo Padura | Carlos Zanón]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/cd6f5f79-b712-4271-a9e4-69a9e9432552_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="412313" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/cd6f5f79-b712-4271-a9e4-69a9e9432552_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="412313" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Crímenes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/cd6f5f79-b712-4271-a9e4-69a9e9432552_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 87]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quiero ser malo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/quiero-malo_1_1148257.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b0db043e-5ad0-4270-8f0f-4af6bff0811a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quiero ser malo"></p><p><strong>El malvado zorro ferozBenjamin RennerTraducción de Carlos Mayor OrtegaReservoir BooksBarcelona2017</strong><em>El malvado zorro feroz</em></p><p>  </p><p>En 2015 apareció la edición original de <em>Le grand méchant renard</em>, en la francesa Éditions Delcourt. Y para nuestra fortuna, los escasos amputados monolingües que sobrevivimos, se ha publicado en España con el título de <a href="https://www.megustaleer.com/libro/el-malvado-zorro-feroz/ES0142494" target="_blank"><em>El malvado zorro feroz</em></a><em> </em>en Reservoir Books. El guion, dibujo, tinta y color son de <strong>Benjamin Renner</strong> y sus 192 páginas a color, editadas en rústica con solapas, son un maravilloso guion gráfico o <em>storyboard </em>de lo que definitivamente ha pasado a ser la película que llegará a las pantallas en 2018.</p><p>Encontrar este libro fue un hallazgo extraordinario, como casi todo lo que ocurre cuando estás en una librería.  Y no fue mío el descubrimiento, sino de mi amiga <strong>Marina</strong>, que es mucho más atenta y no pierde detalle de cada momento que habita. Y digo exactamente <em>extraordinario </em>porque ambas, Marina y yo, habíamos pasado el verano viendo (con permiso y gracias al <a href="http://cibra.es/" target="_blank">Festival del Cine y la Palabra</a>, CiBRA, de Toledo) esta película en francés para barajar la posibilidad de llevarla en noviembre a los colegios de primaria de la ciudad, en la sección MiniCiBRA del Festival, que apuesta por una idea tan importante como la de unir cine y educación.  La película, final y felizmente, se llevará como estaba previsto a los niños de los colegios durante la semana de CiBRA, del 16 al 26 de noviembre.</p><p>Los que somos padres y acompañamos asiduamente a nuestros hijos al cine a ver sus películas infantiles hemos visto cómo la industria nos ha tenido en cuenta cada vez más, ha considerado incluirnos en la historia infantil como espectadores. Ninguna de las películas que he visto catalogadas como infantiles en los últimos quince años me ha decepcionado. En todas me he reído con mis hijas, he llorado, me he emocionado o he asentido a la magia de una preciosa historia.</p><p>Y estas páginas llenas de los dibujos que ya vi en movimiento, me ha producido los mismos sentimientos que he visto en los niños. Aunque los adultos saquemos no sé si más provecho, los niños aún tienen la mirada limpia. Bajo la apariencia de una fábula cada uno se quedará con su moraleja. Como yo me he quedado con la mía.</p><p>¡Ay, pobre zorrito que no puede ser malvado ni puede ser feroz! Ojalá pudiera, porque es lo que desea. Hasta tiene un amigo que le dice cómo llegar a serlo. Y se esfuerza. Se esfuerza muchísimo. Pero es que además es un poco torpe. Y peor aún, tiene buen corazón. ¿Cómo se le ocurre?</p><p>En los tiempos que corren es casi insólito disfrutar con un cuento divertido (leer y sonreír no tiene precio) que además nos recuerda que no hay nada más grande que el cariño que se construye al calor de la buena compañía.  En estos momentos de grandes eslóganes que se repiten de manera gélida, los que pensamos que un mundo de amor es posible sin caer en el ridículo ni en la vergüenza, admiramos que un zorrito flaco y cobarde, ingenuo y pasmado, sea capaz de ser la mamá de tres pollitos, quererlos y cuidarlos, protegerlos.</p><p>Los pollitos, que se han criado con su mamá, el nada malvado zorro feroz, se creen a sí mismos zorritos. Porque el sentimiento de pertenencia a una familia o a algo más grande no se impone, se siente con el corazón y se mima porque se quiere. Las caricias y los cuidados son los cimientos básicos de los países por los que transitamos: nuestra familia, nuestros amigos, nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestras ciudades. El sustrato se llama afecto, querencia. Y cuando tienes suerte como los pollitos, devoción.</p><p>Ni los niños ni los adultos vemos raro que un zorrito gracioso sea la mamá de unos pollitos. Es verdad que la mamá gallina los buscará desesperadamente. Y cuando los encuentre tendrá que llegar a unos acuerdos con mamá zorro porque ninguno de los animales puede vivir sin sus polluelos. Esa es la clave de los buenos compromisos, pensar en la felicidad de los demás así como en la propia.</p><p>Benjamin Renner ha escrito una fábula del siglo XXI con delicadeza, simpatía y ternura. También con la elegancia de los cuentos clásicos. Una historia hermosa que sí, también es para niños.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de Literatura. </em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[bb601a47-b624-47fd-864c-b09efe067edd]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/b0db043e-5ad0-4270-8f0f-4af6bff0811a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="94836" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/b0db043e-5ad0-4270-8f0f-4af6bff0811a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="94836" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Quiero ser malo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/b0db043e-5ad0-4270-8f0f-4af6bff0811a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura infantil,Los diablos azules número 87]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El frío y la distancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/frio-distancia_1_1148253.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3670a2e3-210c-445a-ad95-c5711f565acc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El frío y la distancia"></p><p><strong>Nuestra orilla salvajeRosario TroncosoLa Isla de SiltoláSevilla2017</strong><em>Nuestra orilla salvaje</em></p><p>  </p><p><strong>Rosario Troncoso</strong> (Cádiz, 1978), profesora de Lengua Castellana y Literatura en Secundaria y Bachillerato, directora editorial de Takara Ediciones y coordinadora de la revista <em>El Ático de los gatos</em>, aporta a un itinerario poético de siete títulos —a muy pocos meses de la edición compilatoria de <em>Eternidad provisional</em>— el poemario <a href="https://laisladesiltola.es/coleccion/tierra/nuestra-orilla-salvaje/" target="_blank">Nuestra orilla salvaje</a>. El título habla de irracionalidad e inconformismo y añade a las composiciones dos citas que desdeñan esas utopías domésticas, expuestas al alcance de la mano. La de <strong>José Luis Piquero</strong> es un destello de lucidez apelativa: “Has estado muy lejos. Vuelve a ti.”; la de <strong>Jaime Gil de Biedma</strong> define la condición temporal y perecedera de la identidad: “Pero ha pasada el tiempo / y la verdad desagradable asoma: / envejecer, morir, es el único argumento de la obra”.</p><p>Son signos que no esconden el sustrato básico del primer apartado del libro, “El abrazo de los extraños”. Como si el sujeto lírico hubiese recorrido una amplia geografía hecha de desamparo e intemperie, en la que el derrumbe ha ido dejando esquirlas. El presente se convierte en un invernadero de acogida a ilusiones y sueños. Lo compartido entonces no tiene la calidez habitable de la compañía sino la certeza de un caminar común hacia el vacío: “Ya no habrá recuerdos, / ni noches por delante. / La vejez. El silencio. / Y una lápida sobre el vacío, mientras seguimos vivos / bajo los restos de nuestro derrumbe”. El aire de la casa diaria se hace nocturnal, adquiere la apariencia del nicho, como si se anticipara una despedida definitiva que no busca estridencia sino silencio. Es esa sensación de un frío interior que va diluyendo las geografías de otro tiempo, como si no fuese posible emprender pasos de vuelta. Para lo vivido no hay regreso. En el estar diario se ha instalado una melancolía que diluye el deseo; así lo corroboran con excelente trazo algunos versos: “Estamos demasiado lejos de la piel”, o “Busco en tus ojos / y aquí no vive nadie”. Nada es posible contra el tiempo, ni siquiera el abrazo de extraños que alguna vez dejaron su perfil en la mirada y luego habitaron la sombra como imágenes perecederas.</p><p>En todo el apartado prevalece la sensación de desgarro y vacío. Pero el verso no se hace declamatorio, como si en la conciencia del yo poético hubiese una tácita aceptación de que vivir es un error pactado que requiere puntos de sutura.</p><p>La mirada infantil percibe el entorno con asombro y cordialidad. En su respiración no hay fronteras entre el imaginario onírico y los espacios reales. Por eso la infancia es un paréntesis áureo, en el que la esperanza da luz a cada percepción. Pero la experiencia cotidiana muda ese paisaje interior. Se imponen los efectos negativos, la derrota y la decepción; llega un tiempo cíclico que lleva al desamor y la ruptura; de ahí el rótulo que acoge a las composiciones de esta segunda parte, “El final de las Hadas”, un aserto cuya semántica se configura a partir de unos versos de la poeta <strong>Itziar Mínguez Arnáiz</strong>: “Has llegado tarde / a todo lo que importa / y todo lo que importa / ha llegado tarde a ti”. Las constantes vitales dan fe de ese fracaso, de esa inmersión en el dolor, repleta de efectos corrosivos. Así lo subraya, con concisión lapidaria el poema “El final de las Hadas”, donde la identidad constata el fin de la inocencia. Es sabido que en la literatura tradicional añadía como rasgos específicos de los cuentos de hadas la existencia de un mundo fantástico, fuera del entorno circundante, en el que irrumpe, más allá de la explicación científica, lo inexplicable y lo insólito, el cálido misterio del asombro y el deleite de la ficción. El final de ese estar impone su verdad desoladora: el polvo de las hadas se hace ceniza, un crujir de insectos bajo los pies de la realidad más pragmática de los días laborales, donde la vida se mantiene en pie, como un tendedero repleto de obligaciones que se orean al manso sol de invierno.</p><p>En los poemas de <em>Nuestra orilla salvaje</em>, Rosario Troncoso verbaliza los vértices del desamor. Los versos abrazan el sentir de la angustia para proyectar su espacio sobre las aceras del presente. Suena la voz de quien admite la textura provisional de los sentimientos y habla con el espejo para seguir viviendo a la intemperie, sin complacientes autoengaños, mientras la soledad y el dolor se hacen poesía.</p><p><em>*José Luis Morante es poeta y crítico literario. Su último libro es </em><strong>José Luis Morante</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/09/29/pulsaciones_diario_existencia_70075_1821.html" target="_blank">Pulsaciones</a><em> (Takara, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"><em> </em></a><em> </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[8b328185-3136-4953-96f4-0e59732d14f4]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/3670a2e3-210c-445a-ad95-c5711f565acc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="92830" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/3670a2e3-210c-445a-ad95-c5711f565acc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="92830" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El frío y la distancia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/3670a2e3-210c-445a-ad95-c5711f565acc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 87]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La memoria de los letraheridos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memoria-letraheridos_1_1148247.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7b498832-6901-4923-8998-9055ca9b7fda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La memoria de los letraheridos"></p><p><strong>Empiezo a creer que es mentiraCarlos MayoralCírculo de TizaMadrid2017</strong><em>Empiezo a creer que es mentira</em></p><p>  </p><p>Hay libros que no son tanto libros como medicamentos. Bálsamos para desde lo literario seguir aplacando la enfermedad del letraherido, la necesidad, en ocasiones ciertamente enfermiza, de tener entre manos historias y vidas ajenas desde las que pretender entender la realidad, cuando lo que uno está haciendo es tanto como entenderse a sí mismo.</p><p>Escribo todavía bajo los efectos de rematar la lectura de las tres últimas entradas del conjunto de textos que conforman <a href="https://circulodetiza.es/shop/empiezo-creer-mentira/" target="_blank">Empiezo a creer que es mentira</a> de <strong>Carlos Mayoral</strong>, editado por la intuitiva y valiente Círculo de Tiza, y lo hago como lo llevo haciendo desde la primera complicidad que rápidamente se establece con estos comentarios realizados a partir de materiales literarios de primer orden genialmente reconvertidos en propios por el ingenio y talento de un autor que finalmente nos sirve diferentes dosis para calmar nuestra enfermedad. Lecturas de tres en tres, mañana, tarde y noche después de cada comida.</p><p>Cada uno de esos escritos son una vibrante terapia que nos enfrenta a nombres cumbre de la historia de la literatura desde los que Carlos Mayoral plantea una serie de nuevos relatos, una revisión donde todo se establece desde ese fino hilo, casi invisible que, como el sedal de un pescador, te atrapa en la frontera entre lo real y lo irreal, entre la verdad y la mentira. Ahí donde se la juega tantas veces la literatura nuestro protagonista plantea su propio terreno de juego, el desfiladero por el que conducir a un lector devoto de la mítica de lo literario y que aquí asiste, perplejo, al conductismo por el que nos guía el escritor villaodonense (que hasta eso aprendemos al leer este libro, el gentilicio de los naturales de Villaviciosa de Odón) para reactivar la memoria de los letraheridos, pero también para agitarla desde una nueva aproximación a esos autores que pueblan nuestras preferencias literarias.</p><p>Desde <strong>Valle-Inclán</strong> a <strong>Hemingway</strong>, desde <strong>Borges</strong> a <strong>Dostoievski</strong> o desde <strong>Alfonsina Storni </strong>a <strong>Carmen Laforet,</strong> el procesionar de nombres y situaciones abruma tanto por los conocimientos de Carlos Mayoral como por cómo convierte aquellos escenarios en nuevos ámbitos de relación con el lector, en cómo vidas y hechos dejan de pertenecer a una plúmbea biografía o a un anodino artículo para retomar una nueva condición vital a través del estado de gracia de un hombre que maneja ese sedal de una manera tan ingeniosa como brillante.</p><p>He tardado en rematar su lectura mucho más de lo que hubiera sido normal con otro volumen de este tamaño. Cada vez he ido tomando menos dosis, leído menos capítulos de manera diaria a la vista de que estos se agotaban. No quería que se extinguieran, cada uno de ellos era la medicina perfecta para calmar las ansias de todo lector por abarcar la infinitud de escritos que configuran el universo literario, cada uno era un efervescente que se activaba en contacto con la vista para seducirnos con una nueva mirada de todo lo escrito antes pero ahora pasado por el tamiz de lo personal, de lo interpretado por quien, como hiciera<strong> Juan Tallón</strong> en otro libro ejemplar de compromiso con la literatura, <a href="https://www.larousse.es/index.php?opcion=ficha&obrcod=3771310" target="_blank"><em>Libros peligrosos</em></a>(Editorial Larousse, 2014), convierte este manual en un Santo Grial en el que la inmortalidad del lector se siente colmada. Cada sorbo lleno de frases vibrantes, de ironías y retruécanos, de giros y de anécdotas que forman un todo, el nutriente de lo que fueron vidas y obras maestras de la escritura, también de gestos que pasaron a la historia como parte de un todo en el que el escritor se convertía en su propia vida, al mismo tiempo que su vida se hacía escritura.</p><p>En ese punto intermedio interviene Carlos Mayoral para dejarnos este festín literario que se nutre de esa bisagra, de ese límite en el que la mentira se convierte en verdad y la verdad se vuelve mentira, es decir, donde la palabra erige un dominio que hace de los lectores seres sometidos que necesitan aplacar su agitación con calmantes en forma de textos. Un remedio perfecto.</p><p><em>*Ramón Rozas es crítico literario.</em><strong>Ramón Rozas</strong><strong> </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[6cb006d4-2718-49ea-8a20-f78af3343b03]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Rozas]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/7b498832-6901-4923-8998-9055ca9b7fda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="11216" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/7b498832-6901-4923-8998-9055ca9b7fda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="11216" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La memoria de los letraheridos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/7b498832-6901-4923-8998-9055ca9b7fda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 87]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una década prodigiosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/decada-prodigiosa_1_1148242.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cc510bc8-d698-4edb-ab6a-301f3cb163fa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una década prodigiosa"></p><p><strong>El hoy es malo, pero el mañana es míoSalvador CompánEspasaMadrid2017</strong><em>El hoy es malo, pero el mañana es mío</em></p><p>  </p><p>La vida de las gentes y de los pueblos, sus hábitos y costumbres pasan por momentos en los que el tiempo se detiene, el curso histórico provoca los cambios suficientes y se altera el modo de vida, surgen rupturas que multiplican las diferencias sociales y se entra en una oscura era de cambios en los que se recurre a la represión, al miedo y al terror más absolutos. Una vez finalizada la Guerra Civil española, los vencedores impusieron la coacción y el castigo, y la sociedad quedó envuelta en una larga y triste posguerra durante los cuarenta y cincuenta hasta que, bien entrada la década de los sesenta, aires nuevos provocarían una auténtica conmoción en la vida cotidiana que se transformó en la aparente visión de una España diferente. Una simulada metamorfosis en pleno franquismo, en el desarrollo de una dictadura, y frente a una silenciada lucha por las libertades, cuando las oscuras prácticas policiales y la represión eran todavía moneda corriente.</p><p>Ciertos momentos de una singular extrañeza, e incluso impulsos o simples impresiones justificarían toda una labor narrativa tras un proceso de aprendizaje, tal vez porque las historias inventadas a lo largo de toda una época de tanteos solo se justifican cuando el narrador busca en cada página escrita la expresión personal de una creíble y futura voz literaria. Sobresale una válida voluntad adolescente por encontrar un singular modismo artístico, la búsqueda de nuevos temas y formas de expresión con que reinventar argumentos universales: el mundo del deseo, el amor y la infidelidad, la libertad y la locura, el pasado y la memoria, o una permanente y profunda reflexión sobre el pasado y el presente, como lo entiende <strong>Salvador Compán</strong> (Úbeda, Jaén, 1949). Ha fraguado el sentido de una narrativa con la heterogeneidad suficiente y la insatisfacción personal para mover a sus personajes por distintas etapas históricas que fundamentan ese principio de inconformismo o ejemplifican el sentido de una justicia. </p><p><em>El Guadalquivir no llega hasta el mar </em>(1990) reivindica el anarquismo del XIX español; <em>Madrugada</em> (1996) nos sumerge en un escenario de relato negro; <em>Un trozo de jardín</em> (1999) cuestiona, en un carmen del Albaicín granadino, el enigmático amor entre <strong>Ángel Ganivet</strong> y <strong>Casta Cabezas;</strong><em>Cuaderno de viaje</em> (2000), finalista del Premio Planeta, reconstruye la falsa biografía de la familia Seisdedos; <em>Tras la mirada </em>(2003) es deseo y venganza en una reconocida Córdoba; <em>Palabras insensatas que tú comprenderás</em> (2012), el homenaje a <strong>María Lejárraga</strong> para recuperar el protagonismo de esta singular mujer. Y su reciente <em>El hoy es malo, pero el mañana es mío</em> (2017) es una historia que, desde el final de la Guerra Civil hasta bien entrada la década de los sesenta, obliga a los vencidos a sobrevivir en una sociedad marcada por la dictadura. Salvador Compán, pese a lo espinoso de la trama, construye una narración tan ágil como sugerente, consigue alternar sus historias dentro de misma línea narrativa con un hilo conductor común a todas. Guerra Civil, posguerra y los sesenta como episodios para desarrollar, una vez más, una profunda reflexión sobre pasado del jienense; y en lugares concretos, simbólicos o geográficos, Almería, Baena y Daza (evidente acrónimo de Úbeda y Baeza), espacios andaluces donde se desarrolla la mayor parte de la acción narrativa.</p><p>La novela queda estructurada en cinco extensas partes que alternan los años importantes y destacables de cada uno de sus personajes, cuyos nombres encabezan los capítulos, al tiempo que un narrador omnisciente nos irá relatando la historia a contar. Un “Prólogo” previo sitúa al lector en la trama que Compán irá desarrollando en las páginas siguientes, concretamente entre 1936 y 1969; sin embargo, más que otro relato sobre nuestro pasado bélico, se trata dar cuenta de una desmesurada visión sobre los años de una larga injusticia colectiva y particular, alimentada por exceso de odios y de continuas venganzas y, sobre todo, <em>El hoy es malo, pero el mañana es mío</em> se traduce en un relato sobre ese desarraigo con que han convivido las últimas generaciones, la constatación de la pérdida de una identidad como seres libres a comienzos del pasado siglo XX, el sufrimiento de una larga posguerra de absoluto ostracismo, envuelta en una gama de tonos grises y de una oscura y violenta convivencia donde el odio y la venganza nunca fueron superadas.</p><p>Sebastián Lanza, ambicioso y triunfador, y Vidal Lamarca, taciturno y discreto, protagonizan un pasado que el joven Pablo Suances reconstruye treinta años después, alternando las voces de unos atormentados personajes que a lo largo de sus vidas han querido sobrevivir a una extensa y continua humillación, donde la hipocresía, sobre todo la religiosa, obligaba a ciertas actitudes sociales donde el sexo o la homosexualidad formaban parte del más absoluto tabú de una realidad fingida. Pero sin duda, es la crónica de una traición personal, la de Vidal Lamarca, un hombre hermético y solitario, testigo a los 15 años de una cruenta guerra que marcará tanto su presente como su futuro, encarcelado y a punto de ser fusilado, solo la ignominia y el egoísmo de Sebastián Lanza lo convierten en un ser desposeído de toda condición humana, un vencido, porque Lanza representará a lo largo de toda su vida el poder, alguien que por puro egoísmo le salva la vida, se convierte en su protector y en su amante, en realidad, su amo. La sombra de ese vencedor que sometió a la sociedad española en un inamovible concepto para olvidar el pasado.</p><p>Otros personajes fortalecen el relato de Compán, las mujeres, Clara Hervás y Rosa Teba, símbolos de una dignidad perdida, o los conocidos <strong>Rafael Zabaleta</strong>, <strong>Manoel Mendes</strong> y <strong>Antonio Machado</strong>; y el resto, Raúl Colón, Luci Diosdado, o Bocanegra conforman esa curiosa marioneta de conformismo y frustración, lo  mismo que el padre del narrador, Suances, el único amigo de Vidal en Daza por afinidad política, y lo más curioso de <em>El hoy es malo, pero el mañana es mío</em> la proyección de Lamarca y ese paralelo testimonio gráfico, a modo de redención, que irá dibujando y le servirá al joven Suances, como el mejor ejemplo de un futuro cuando en la historieta final comprenda la historia, un libro gráfico que será publicado en París, como no podía ser menos, allí donde solo podía acabar una realidad que, como en España, sí podría ser modificada.</p><p><em>*Pedro M. Domene es escritor. Su último libro es </em><strong>Pedro M. Domene</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/06/23/de_tierras_pasiones_secreto_las_beguinas_66769_1821.html" target="_blank">El secreto de las </a><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/06/23/de_tierras_pasiones_secreto_las_beguinas_66769_1821.html" target="_blank">Beguinas</a><em> (Trifaldi, 2016).</em></p><p>  </p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[ae7f14f5-c362-4e05-b038-787833b02393]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro M. Domene]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/cc510bc8-d698-4edb-ab6a-301f3cb163fa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="223160" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/cc510bc8-d698-4edb-ab6a-301f3cb163fa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="223160" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una década prodigiosa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/cc510bc8-d698-4edb-ab6a-301f3cb163fa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 87]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La barbarie familiar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/barbarie-familiar_1_1148235.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a01725bc-dd39-4c1a-aa9e-3ec2c563c2a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La barbarie familiar"></p><p>Dos libros, publicados respectivamente en septiembre y octubre de este año, ponen el acento en los sentimientos más oscuros, en las acciones más crueles que pueden llevarse a cabo dentro del ámbito familiar. Un lugar cuya idealización y sacralización la literatura hace tiempo que se empeña en desvelar, mostrando que el mito del amor parental y fraternal no es sino una interesada mistificación religiosa y que los afectos más virulentos tienen lugar, precisamente, entre los seres más próximos.</p><p>Se trata de dos textos que tienen en común su carácter testimonial, que no sabríamos si calificar de novelas o de crónicas de unas situaciones límite, testimonios donde se destaca la ambivalencia, la hostilidad, la barbarie de lo familiar y sus misteriosas ramificaciones.</p><p>  </p><p>El primero de ellos es <a href="http://malpasoed.com/es/libro/diario-de-un-incesto/" target="_blank"><em>Diario de un incesto</em></a><em> </em>(publicado exquisitamente por Malpaso), cuya autora mantiene el anonimato, y donde se nos cuenta la violación y las posteriores relaciones de abuso primero, consentidas después, entre una niña, desde los 3 hasta los 21 años, a manos de su padre. <em>Diario de un incesto</em> no es un libro conveniente sino todo lo contrario, es un libro políticamente incorrecto que no insiste en la atrocidad del incesto, sino que se maneja con sutileza en la descripción de los sentimientos que experimenta una mujer cuya sexualidad ha recibido la impronta de una relación incestuosa que marcó su carne y su deseo sexual para siempre.</p><p>A los 21 años, la autora cuenta la última relación que mantiene con su progenitor del siguiente modo:</p><p>  </p><p>Cuando se atreve a contar el abuso al que es sometida (pues a pesar de su consentimiento posterior la asimetría convierte en abusiva cada relación) a una amiga adulta, esta le aconseja que calle. Por su parte, su padre le proporciona una versión de lo ocurrido donde afirma que fue ella quien le incitó a que "comprobara lo suave que era". Las justificaciones del padre lo humanizan y la complicidad de la niña complejizan el entramado del abuso. El lenguaje con que se describe la experiencia es explícito y realista. Los encuentros y las emociones que experimenta la niña son descritos minuciosamente, incidiendo en la tensión sexual que generaban, sin omitir el placer que le producían, como si se tratase de una novela con intenciones pornográficas, donde el lector se siente comprometido también en su propio cuerpo, en sus emociones propias.</p><p>La sensación de abandono de la pequeña cuando el padre no acudía a su cama por la noche, es extrema: "¿Por qué me desatendía? ¿Acaso ya no me quería como antes? ¿Ya no era lo bastante buena?"; lo que es común en este tipo de abusos. Pero aquí está contada al detalle, abundando en la contradicción de que la niña ama al padre que la cuida, que es el mismo que la viola. Dos padres en uno. Una disociación innegociable que marcará su futuro.</p><p>A través del hilo conductor del incesto, la autora describe también el mundo familiar, la relación con una madre que le expresaba alternativamente su odio y su amor, o con un hermano que prefiere negar lo ocurrido a hacerle frente. La conocida transmisión generacional del incesto es de nuevo una evidencia en esta historia: el abuelo paterno había abusado de sus dos hijos, marcando también el destino de estos. Las marcas que este despertar precoz  deja en la sexualidad perturbada de la futura mujer serán múltiples, pues necesitará de estímulos semejantes en sus futuros amantes para despertar en el futuro su deseo.</p><p>Quizás lo que más llama la atención, aún siendo inquietantemente habitual en este tipo de circunstancias, sea el silencio cómplice de los adultos. La abuela materna niega la confesión de la joven nieta, la madre guarda silencio cuando la hija le insiste en lo que pasó. Desde antes de los cuatro años, ni la sangre, ni los dolores abdominales que sufría la niña, nada, llamó la atención y puso en alerta a los adultos que la rodeaban. Los horribles secretos familiares.</p><p><em>Diario de un incesto</em> es una historia perturbadora que no nos ahorra nada, escrita con precisión y destreza.</p><p>  </p><p>Nuestro segundo libro, <a href="https://www.megustaleer.com/libro/madre-mia-caballo-de-troya-2017-5/ES0152690" target="_blank">Madre mía</a>,  publicado por Caballo de Troya, es la segunda novela de <strong>Florencia del Campo</strong>, una joven escritora argentina. En esta ocasión la autora narra también en primera persona, aunque esta vez con nombre propio, la muerte de cáncer de su madre en Buenos Aires y sus sentimientos de culpa por mantener su proyecto de viajar y establecerse en Europa cuando debuta la enfermedad. El dilema tiene tintes trágicos, pues cualquiera de las soluciones que  adopte la protagonista llevan consigo malestar.</p><p>  </p><p>Confeccionado a partir de fragmentos biográficos que no siguen un orden temporal sino asociativo, la hija dialoga con la madre en un ejercicio de sinceridad que abarca no solo su vínculo y la profunda ambivalencia que las une –una ambivalencia en la que predomina la hostilidad–, sino también la relación con sus hermanas, con los hombres con quienes mantiene esporádicas relaciones sexuales, y con su proyecto de ser escritora. El pacto es autobiográfico, esto que os cuento es verdad, y la propuesta de veracidad se incrementa con la inclusión en el libro del listado manuscrito de películas que la madre le recomienda o de sus historias clínicas, incluidas como anexo final.</p><p>Desde el punto de vista literario, me interesa el diálogo que la narradora establece con una voz-otra, escrita en bastardilla; la supuesta voz de la madre, o de la representación interna de la madre que tiene la protagonista. Una Bernarda Alba  siempre enojada, a pesar de tener dos hijas preciosas, en palabras de la tía, el origen de cuya personalidad apenas podemos atisbar en el relato que, sin embargo, se demora en los viajes y los encuentros casuales de la hija, quien pide al lector una adhesión total a sus sentimientos y a sus emociones. Se trata, se nos dice, de una mamá-loba que maltrata, que alza a su corderito por los pelos y que, al final de sus días, exige unos cuidados que ella misma no supo dar a su propia madre.</p><p>  </p><p>La madre es una mujer que todos califican de “difícil”, capaz de ejercer una violencia familiar y vivir en una precariedad económica enigmáticas; celosa, que abusa del alcohol y las pastillas, observadas ambas desde el momento crítico de la enfermedad y de la muerte. ¿Y el padre? El padre es una ausencia con quien no se establece ningún diálogo (apenas alguna mención a llamadas telefónicas).</p><p>Esta violencia explícita e implícita, esta animadversión que la voz materna nos trasmite, no impide a la hija mostrar su enorme deseo de haber podido amarla. Así, cuando tras la muerte la hermana rescata a la madre en su Facebook con algunos rasgos positivos, en el que hubiera sido su cumpleaños, la autora escribe:</p><p>  </p><p>A lo que la voz interna le increpa:</p><p>  </p><p>Esperar la muerte de la madre, interrogarse sin cesar sobre si es el momento de dejar la propia vida para acompañarla, o si la espera se prolongará y se puede demorar un poco más el encuentro. La zozobra, la tensión de una hija joven entre el deber de cuidado que parece ser imperativo social,  o una presión de la madre internalizada, y el deseo de elaborar un proyecto de futuro que la aleja de la familia y de su país, cuando ambos coinciden dramáticamente en el tiempo.</p><p>En definitiva, Florencia del Campo pone en evidencia la radical ambivalencia de las relaciones materno-filiales, y se interroga también sobre la oportunidad de utilizar materiales autobiográficos para escribir su novela.</p><p>  </p><p>La pregunta sobre la materia sobre la que están hechos los lazos familiares recorre este libro:</p><p>  </p><p>Quizás el valor más notable de este testimonio sea su ejemplar demostración de la complejidad de los vínculos familiares, y la valentía con la que Florencia del Campo se ha enfrentado a ellos para mostrarnos sin paliativos la hostilidad del vínculo materno-filial, sin explicaciones, como un hecho misterioso del que no nos podemos sustraer, aunque la escritura sirva para ordenarlos, para exorcizarlos, para desprendernos de ellos.</p><p>Dos libros, pues, en clave autobiográfica que, sin embargo, en sus elecciones, sus omisiones, su lenguaje directo y preciso, el equilibrio entre lo que muestran y lo que callan, alcanzan una calidad literaria destacable. Dos testimonios autobiográficos intensos, tan incómodos como necesarios.</p><p><em>*Lola López Mondéjar es escritora. Su último libro, </em><strong>Lola López Mondéjar</strong><a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?opcion=colecciones&b_coleccion=18&id_libro=2967" target="_blank">Cada noche, cada noche</a><em> (Siruela, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[ca9d7ae4-ff12-4b28-a3ee-75b3ccebe952]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/a01725bc-dd39-4c1a-aa9e-3ec2c563c2a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="18593" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/a01725bc-dd39-4c1a-aa9e-3ec2c563c2a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="18593" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La barbarie familiar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/a01725bc-dd39-4c1a-aa9e-3ec2c563c2a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 87]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lejos del banquete]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lejos-banquete_1_1148228.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f1d413a7-8837-44fa-9796-02b8b5550455_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lejos del banquete"></p><p>―¿Una sensación física?</p><p>―El hambre, “hambre mientras alrededor todo el mundo se prepara para un banquete”.</p><p>―¿Un color?</p><p>―El enfermizo verde pálido “que no se conocía hasta que se inventó la electricidad, indisociablemente ligado a la ciudad nocturna, la ciudad de las torres de cristal, de las oficinas iluminadas y vacías, de las luces de neón”.</p><p>―¿Un material?</p><p>―El vidrio, “transparente y sólido a un tiempo, efímero y material, (…) funde en un único símbolo demoledor los mecanismos gemelos del confinamiento y la exposición pública”.</p><p>  </p><p>Así describe <strong>Olivia Laing</strong> la percepción física de la huidiza sensación de soledad. Encontrar las imágenes apropiadas para hablar sobre algo complicado y doloroso supone, de alguna manera, cercarlo, domesticarlo, llevarlo a una zona medianamente segura. No siempre basta con ello ―<strong>Sylvia Plath</strong> se suicidó poco después de haber dado con la elocuente metáfora de la “campana de cristal” (<em>The bell jar, </em>1963) para definir la enfermedad mental y la depresión―, aunque sí es cierto que poner un primer pie fuera del terreno de la incomprensibilidad suele ser útil. “La soledad es un sentimiento difícil de reconocer, difícil de clasificar”, admite la autora al inicio de <a href="http://capitanswing.com/libros/la-ciudad-solitaria/" target="_blank"><em>La ciudad solitaria</em></a><em> </em>(Capitán Swing, 2017; finalista de 2016 al premio otorgado por el Círculo de Críticos estadounidense). Por ello, decide lanzar la primera imagen desde el título: la ciudad es un lugar en el que, por lo general, nos sentimos solos, pero también la soledad es “una ciudad por derecho propio”, un territorio densamente poblado que hace falta cartografiar para poder ubicarse en él con cierto éxito. O, al menos, para no perder por completo el rumbo.</p><p>El interés por la cartografía como arte de la inteligibilidad ya estaba presente en sus dos obras anteriores. En <em>To the river</em> (2011), el espacio de la escritura está delimitado por el trazado del río Ouse, aquel en el que <strong>Virginia Woolf</strong> se internó con los bolsillos llenos de piedras el 28 de marzo de 1941. <a href="http://www.aticodeloslibros.com/blog/2016/05/el-viaje-a-echo-spring-de-olivia-laing-una-mirada-al-alcohol-y-la-creatividad-de-seis-genios-de-la-literatura/" target="_blank">El viaje a Echo Spring. Por qué beben los escritores</a>, publicado en Ático de los Libros el pasado año, se abre con un mapa de Estados Unidos en el que diversas líneas, aparentemente caóticas, remedan un viaje: de Nueva York a Nueva Orleans y Cayo Hueso hasta llegar a Port Angeles, en el noroeste, pasando por Saint Paul, en Minnesota. O mejor dicho: de <strong>John Cheever</strong> a <strong>Tennessee Williams</strong> y <strong>Hemingway</strong> hasta llegar a <strong>Raymond Carver</strong>, pasando por <strong>John Berryman</strong> y<strong> Scott Fitzgerald</strong>, en un intento de componer un mapa literario del alcoholismo, enfermedad presente en la familia de la propia autora durante su infancia y que esta pretende asir al mismo tiempo que la transita y escribe.</p><p>Aquí, el espacio que se desea explorar es la gran urbe, la urbe por excelencia, ciudad de ciudades: Nueva York. Una metrópoli vivida, además, después de una ruptura amorosa, cataclismo que desencadena o, más bien, acentúa la sensación de la soledad. “La depresión es una grieta en el amor”. Con estas palabras empezaba <strong>Andrew Solomon</strong> <a href="https://www.megustaleer.com/libro/el-demonio-de-la-depresion/ES0120228" target="_blank">El demonio de la depresión</a> (Ediciones B, 2002; reedición aumentada y revisada en Debate, 2015), que guarda bastantes similitudes con el de Laing. No es solo que la depresión y la soledad se hallen íntimamente emparentadas, sino que los dos autores parten de su vivencia personal de cada una de ellas ―o de ambas al mismo tiempo― para desplegar toda una investigación acerca del mal que les aflige. Sin embargo, lo que para Solomon, especialista en salud mental, supuso una inmersión exhaustiva en la medicina, la historia y la sociología, entretejida con sus memorias personales, Laing lo convierte más bien en una especie de interlocución. Consciente de estar bordeando los tópicos ―la cultura contemporánea está más que repleta de experiencias de la soledad neoyorquina―, escoge volcarse en las vidas y obras de otros para encontrar en ellas las voces que puedan hablar de su propio aislamiento.</p><p>“Cuando nada nos emociona, el diálogo es el contacto más íntimo que podemos tener con otro ser humano”. La sentencia nos resulta diáfana, casi banal por demasiado obvia. Es cierto que hay otras maneras de comunicarse y de sentirse cerca de los demás, pero de todas ellas la palabra es la que tiende un puente más sólido. No es difícil estar de acuerdo. Ahora bien, sentirse solo tiene mucho que ver con la experiencia de vivir en una lengua extranjera, una lengua que bien sirve para un nivel básico de la comunicación pero que hila redes más frágiles. Una lengua que puede habitarse solo como invitado, huésped de paso que ha de quitarse los zapatos en la puerta y tiene miedo de ponerse demasiado cómodo en el sofá. Es curiosa la relación que Olivia Laing traza con esta sensación, puesto que a fin de cuentas ella, británica, se muda dentro de un mismo idioma, ahorrándose con ello el posible aislamiento derivado de no comprender o no del todo, de que falten los códigos para darse al otro. Y aun así su vivencia está marcada por “un acento y una inflexión ligeramente distintos” que la señalan a oídos del resto y la distancian de una cotidianidad que debería ser fácil, pero que está en realidad llena de obstáculos. ¿Cómo superar la brecha abierta dentro del propio lenguaje cuando lo que se desea es anidar en él y sentir que se ajusta a nosotros como un traje a medida?</p><p>Volvamos a la metáfora, hurtada de <strong>Hopper</strong> —el primero de los interlocutores de Laing—, del vidrio. La soledad es una gran mampara que, al tiempo que nos enclaustra, nos hace visibles y, no menos importante, nos permite ver; es tanto el escaparate desde el que nos exponemos a las miradas ajenas como la ventana tras la que refugiarse voyeurísticamente. En esa privación de los sentidos a la que se enfrenta la persona solitaria, la vista es el último en sucumbir. De ahí que el intento desesperado de la autora por encontrar las “pruebas físicas” de que otras personas habían pasado por lo mismo que ella la lleve al terreno de las artes visuales. A Hopper, por supuesto, pero también a <strong>Warhol</strong>, figura que combina la sobreexposición mediática y el éxito con una profunda conciencia de la soledad, y a su némesis <strong>Valerie Solanas</strong>; al marginal <strong>Henry Darger</strong>, conserje cuya obra artística solo <a href="https://elpais.com/diario/2008/03/02/eps/1204442816_850215.html" target="_blank">fue descubierta póstumamente</a>, y a <strong>David Wojnarowicz</strong>, quien capeó la soledad neoyorquina camuflándose bajo la máscara de Arthur Rimbaud. Compulsiva y casi obsesivamente, la búsqueda de obras de arte que articulen la soledad se convierte en un buceo profundo por esas memorias ajenas ―la exhaustividad de Laing está refrendada por toda una bibliografía de apoyo y por una rigurosa inmersión en diversos archivos― en un trayecto que va del ver al contar.<em> La ciudad solitaria</em> termina así por convertirse en un  relato de la reapropiación del lenguaje, de “los pequeños y múltiples lazos verbales que nos sostienen a todos en el orden social, que nos atan a nuestro sitio”.</p><p>Y no solo eso: en esa apertura del yo al nosotros ―única manera de hacer de la prisión telaraña, por usar <a href="https://www.ara.cat/es/Las-telaranas-del-yo_0_1787821304.html" target="_blank">los términos de la filósofa Marina Garcés</a>―, la soledad se descubre, además de en su dimensión individual, como un problema colectivo. Al tiempo que intenta empatizar con otros yoes y se esfuerza por restablecer un diálogo de tú a tú con otros seres solitarios, Laing no deja de lado situaciones que entrañan una relación más complicada y casi ineludible con la soledad, como son la enfermedad, la marginalización, la disidencia sexual, la pobreza, a menudo entretejidas y potenciadas las unas por las otras, como en la experiencia del sida, estación ineludible en la que necesariamente acaba desembarcando el libro. ¿Y el arte? ¿Para qué sirve el arte una vez que el mapa ha alcanzado dimensiones políticas? La eterna pregunta acecha en las últimas páginas. Y la respuesta, no nos engañemos, no es del todo halagüeña. Hay muchos, innumerables campos sobre los que el arte no puede actuar. Pero si, como Olivia Laing cree, tiene la capacidad “de mostrar que no todas las heridas pueden curarse y no todas las cicatrices son feas”, sí puede ser al menos un primer paso para reconciliarse con la dificultad de estar solo.</p><p><em>*Lorena Ferrer es investigadora predoctoral en Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid. </em><strong>Lorena Ferrer</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[4d97c648-c8fe-42e8-83ff-a5e50c0d572e]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lorena Ferrer]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/f1d413a7-8837-44fa-9796-02b8b5550455_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="109596" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/f1d413a7-8837-44fa-9796-02b8b5550455_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="109596" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lejos del banquete]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/f1d413a7-8837-44fa-9796-02b8b5550455_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Los diablos azules número 87]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciudad solitaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ciudad-solitaria_1_1148222.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b581d1ed-6564-44b3-82f2-95dc2035c3f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ciudad solitaria"></p><p><em>Tras mudarse a Nueva York desde Reino Unido, y tras una ruptura amorosa, la escritora Olivia Laing se encuentra con la soledad y se siente tan desarmada como fascinada por ella. Publicamos la introducción de su ensayo </em><strong>Olivia Laing</strong><a href="http://capitanswing.com/libros/la-ciudad-solitaria/" target="_blank">La ciudad solitaria</a><em>, editado por Capitán Swing. </em></p><p>___________________________</p><p>Imagina que es de noche y estás al lado de una ventana, en la planta número seis, o en la diecisiete, o en la cuarenta y tres de un edificio. La ciudad se presenta como un conjunto de celdillas: cien mil ventanas, unas oscuras, otras inundadas de luz verde, blanca o dorada. Muchos seres desconocidos van de un lado a otro, atareados en sus asuntos en estas horas de intimidad. Los ves, pero no puedes alcanzarlos, y es así como este fenómeno urbano tan común, que puede observarse cualquier noche en cualquier ciudad del mundo, produce hasta en las personas más sociables un temblor de soledad, una inquietante combinación de aislamiento y exposición.</p><p>Uno puede sentirse solo en cualquier parte, pero la soledad que produce la vida en la ciudad, entre millones de personas, tiene un sabor especial. Cabe pensar que este estado es la antítesis de la vida en las ciudades, donde la presencia humana es tan numerosa, pero la simple cercanía física no basta para conjurar la sensación de aislamiento interior. Es posible, incluso fácil, sentir abandono y desolación viviendo tan cerca los unos de los otros. Las ciudades pueden ser espacios muy solitarios y, cuando lo reconocemos, comprendemos que la soledad no es necesariamente lo mismo que el aislamiento físico, sino más bien la falta o deficiencia de conexión, relación estrecha o afinidad: la imposibilidad, por las razones que sean, de encontrar la intimidad que deseamos. «Infelicidad —dicen algunos diccionarios— es el estado del que se ve privado de la compañía de otros». Aunque parezca extraño, ese estado puede alcanzar su apoteosis en medio de la multitud.</p><p>La soledad es un sentimiento difícil de reconocer, difícil de clasificar. Al igual que la depresión, un estado con el que a menudo 10 se cruza, puede estar tan arraigado en la naturaleza de una persona como la risa fácil o el color del pelo. También puede ser pasajero, solaparse o alejarse en reacción a factores externos, como la soledad que deja a su paso una pérdida, una ruptura o un cambio en nuestro círculo social.</p><p>  </p><p>Como la depresión, la melancolía o el desasosiego, la soledad puede entenderse también como una patología, considerarse una enfermedad. Se ha repetido hasta la saciedad que la soledad no sirve para nada, que es, según nos dice <strong>Robert Weiss </strong>en su obra fundamental sobre el tema, «una enfermedad crónica sin ninguna cualidad positiva». Afirmaciones como esta guardan una relación algo más que casual con la creencia de que nuestra única meta es vivir en pareja, o que la felicidad puede o debe ser un bien permanente. Pero no todo el mundo comparte ese destino. Aunque quizá me equivoque, no creo que ninguna experiencia tan esencial para la vida en común pueda estar completamente despojada de significado, que no tenga alguna riqueza o algún valor.</p><p>En su diario de 1929,<strong> Virginia Woolf</strong> describía una sensación de «soledad interior» que, a su juicio, tal vez fuera iluminador analizar, y a renglón seguido añadía: «Ojalá pudiera captar la sensación: la sensación de cómo canta el mundo real cuando la soledad y el silencio nos apartan del mundo habitable». Parece interesante la idea de que la soledad pueda llevarnos a una experiencia de la realidad inalcanzable por otros medios.</p><p>Recientemente, pasé una temporada en Nueva York, esa isla de gneis, hormigón y cristal, con sus calles abarrotadas de gente, donde se vive en soledad a diario. Aunque no fue en absoluto una experiencia agradable, empecé a pensar si Virginia Woolf no tendría razón, si no habría algo más de lo que parece a simple vista: si la soledad no nos lleva a preguntarnos qué significa estar vivo.</p><p>Había cosas que me consumían, no solo como ser individual, sino también como ciudadana de nuestro siglo, de nuestra época pixelada. ¿Qué significa estar solo? ¿Cómo vivimos cuando no tenemos una relación íntima con otro ser humano? ¿Cómo conectamos con otras personas, sobre todo si hablar no nos resulta fácil? ¿Cura el sexo la soledad? Y, en tal caso, ¿qué sucede cuando nuestro cuerpo o nuestra sexualidad se consideran anormales o 11 nocivos, cuando estamos enfermos o no hemos recibido el don de la belleza? Y ¿nos ayuda en algo la tecnología? ¿Nos acerca más o nos atrapa detrás de una pantalla?</p><p>No soy ni mucho menos la única persona que se ha hecho estas preguntas. Escritores, artistas, cineastas y autores de canciones han desarrollado el tema de la soledad de distintas maneras, han tratado de buscar sus ventajas y analizar sus consecuencias. Pero entonces estaba empezando a enamorarme de las imágenes, me ofrecían un consuelo que no encontraba en otra parte, y la mayor parte de mi trabajo de investigación se centraba en el entorno del arte visual. Estaba obsesionada con encontrar relaciones, pruebas físicas de que otras personas habían pasado por lo mismo que yo y, mientras viví en Manhattan, empecé a reunir obras de arte que parecían articular la soledad, o sufrirla, sobre todo tal como se manifiesta en las ciudades modernas y más concretamente como se ha manifestado en Nueva York a lo largo de los últimos setenta años, aproximadamente.</p><p>Al principio eran las propias imágenes lo que me atraía, pero a medida que iba escarbando, empecé a ver a la gente que estaba detrás de ellas: gente que luchaba, en la vida y en el trabajo, con la soledad y sus efectos colaterales. De los muchos documentalistas de la ciudad solitaria que me han enseñado y conmovido, y a los que me referiré en las páginas que siguen —entre otros, <strong>Alfred Hitchcock, Valerie Solanas, Nan Goldin, Klaus Nomi, Peter Hujar, Billie Holiday, Zoe Leonard</strong> y <strong>Jean-Michel Basquiat</strong>—, fueron cuatro los artistas que despertaron principalmente mi interés: <strong>Edward Hopper, Andy Warhol, Henry Darger</strong> y <strong>David Wojnarowicz</strong>. No todos ellos residían de manera permanente en el territorio de la soledad, ni mucho menos, sino que proponían una amplia diversidad de posiciones y ángulos de ataque. Todos ellos, sin embargo, eran hiperconscientes del abismo que separa a las personas, de cómo uno puede sentirse aislado en mitad de una multitud.</p><p>Esto choca especialmente en el caso de Andy Warhol, famoso por su frenética actividad social. Siempre estaba rodeado de un séquito deslumbrante y, sin embargo, hay en su obra una elocuencia asombrosa sobre el aislamiento y los problemas para relacionarse, cuestiones con las que tuvo que pelear toda la vida. El arte 12 de Warhol explora el espacio que separa a las personas, a la vez que desarrolla una formidable investigación filosófica sobre la cercanía y la distancia, la intimidad y el alejamiento. Como tantos solitarios, era un acaparador incorregible que creaba y se rodeaba de cosas a modo de barreras contra las exigencias de la intimidad entre los seres humanos. Le aterraba el contacto físico y rara vez salía de casa sin una armadura de cámaras y grabadoras que empleaba para parar los golpes de su interacción con los demás, un comportamiento muy revelador de cómo desplegamos la tecnología en esta era de la conectividad.</p><p>El conserje y artista marginal Henry Darger se sitúa en el extremo opuesto. Vivía solo, en una pensión de Chicago, en un vacío casi absoluto de compañía o público, donde creó un universo de ficción poblado de seres prodigiosos y aterradores. Cuando en contra de su voluntad tuvo que abandonar su habitación, a los ochenta años, para morir en un asilo católico, se encontraron en ella centenares de pinturas tan exquisitas como inquietantes, obras que al parecer jamás había mostrado a ningún ser humano. La vida de Darger ilustra las fuerzas sociales que conducen al aislamiento, y cómo actúa la imaginación para resistirse a esa realidad.</p><p>Así como la vida de estos dos artistas difiere en cuanto a su sociabilidad, su obra trata o bordea igualmente el tema de la soledad de maneras muy diversas, lo aborda a veces directamente y otras veces se ocupa de temas que son fuente de estigma o aislamiento, como el sexo, la enfermedad o los malos tratos. Ese hombre larguirucho y taciturno que era Edward Hopper se dedicó, aunque a veces lo negara, a expresar la soledad urbana, traduciéndola a pintura. Desde hace casi un siglo, sus escenas de mujeres y hombres solitarios, vistos desde el otro lado de un cristal en cafés, oficinas y vestíbulos de hotel desiertos, siguen llevando la firma de la soledad en las ciudades.</p><p>De la misma manera que se puede mostrar la soledad se pueden tomar las armas para combatirla, hacer cosas que sirven expresamente como dispositivos de comunicación, que resisten la censura y el silencio. Este era el motor que impulsaba a David Wojnarowicz, un artista estadounidense todavía poco conocido: 13 fotógrafo, escritor y activista, un creador valiente y prolífico que ha hecho más que nadie para quitarme de la conciencia el peso de estar vergonzosamente sola en mi soledad.</p><p>Empecé a darme cuenta de que la soledad era un territorio muy poblado: una ciudad por derecho propio. Y, cuando se vive en una ciudad, incluso en una ciudad construida con tanto rigor y tanta lógica como Manhattan, lo primero que le ocurre a uno es que se pierde. Con el tiempo uno va desarrollando un mapa mental, una colección de destinos favoritos o rutas preferidas: un laberinto que ninguna otra persona podría reproducir con precisión. Lo que construí a lo largo de esos años, lo que aquí se presenta, es un mapa de la soledad, trazado tanto por necesidad como por interés, a partir de los fragmentos reunidos a través de mis propias experiencias y las de otros. Quería comprender lo que significa estar solo y cómo influye esta circunstancia en la vida de la gente, antes de aventurarme a cartografiar la complicada relación que existe entre la soledad y el arte.</p><p>Hace mucho tiempo, oía a menudo una canción de <strong>Dennis Wilson</strong>. Era un tema incluido en <em>Pacific Ocean Blue</em>, el álbum que hizo después de que los Beach Boys se separaran. Me encantaba una frase que decía: «La soledad es un lugar muy especial». Cuando era adolescente, en otoño, me sentaba en la cama al atardecer y me imaginaba ese lugar como una ciudad, a la hora en que cae la tarde y la gente vuelve a casa, mientras se encienden las luces de neón. Ya entonces me reconocía entre los habitantes de esa ciudad y me gustaba cómo la reivindicaba Wilson, cómo la transformaba en un terreno fértil y aterrador al mismo tiempo.</p><p>«La soledad es un lugar muy especial». No fue siempre fácil aceptar la verdad que encerraba esta afirmación de Wilson, pero en el curso de mis viajes he llegado a convencerme de que tenía razón, de que la soledad no es, en absoluto, una experiencia inútil, sino que, al contrario, llega al corazón de lo que valoramos y necesitamos. Son muchas las cosas maravillosas que han salido de la ciudad solitaria: cosas forjadas en soledad, pero también cosas que sirven para curarla.</p><p><em>*Olivia Laing es escritora y crítica literaria. Ha sido editora de </em><strong>Olivia Laing</strong>The Observer<em> y colabora con medios como </em>The Guardian<em> y </em>The Times Literary Supplement<em>. Es autora de </em><a href="http://www.aticodeloslibros.com/blog/2016/05/el-viaje-a-echo-spring-de-olivia-laing-una-mirada-al-alcohol-y-la-creatividad-de-seis-genios-de-la-literatura/" target="_blank">El viaje a Echo Spring. De escritores y alcohol</a><em> (Ático de los libros, 2016) y </em>To the river. A journey beneath the surface<em> (Canongate Press, 2012). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[f7c068ec-c55b-4a18-87af-f835f1fa9341]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Olivia Laing]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/b581d1ed-6564-44b3-82f2-95dc2035c3f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="94415" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/b581d1ed-6564-44b3-82f2-95dc2035c3f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="94415" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La ciudad solitaria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/b581d1ed-6564-44b3-82f2-95dc2035c3f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Los diablos azules número 87]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
