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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 102]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-102/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 102]]></description>
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      <title><![CDATA[Poema para no olvidar el árbol de caucho]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poema-no-olvidar-arbol-caucho_1_1203143.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/23db9c80-5073-4bb8-bc11-d029f59fa160_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poema para no olvidar el árbol de caucho"></p><p>  </p><p><strong>Poema para no olvidar el árbol de caucho</strong></p><p>Las hormigas que conocen bien la sombra</p><p>no tienen ningún motivo de vergüenza,</p><p>no hay sitio que no conozcan  </p><p>ni dicha que no las llene en las mañanas frescas de la costa.</p><p>Los mangos que reposan en los senderos recorridos por su impudicia</p><p>son hoy ruinas de castillos, lejanos bastiones para dejar de lado y no lanzarse a conquistar.</p><p>Los cruzados jamás vendrían a esta tierra, los corceles no piafaron en ella bajo largos mediodías.</p><p>Son sus rutas poblados conciertos que cantan la espesura, tiempo callado que no dice vaguedades o intensifica los acentos que viven sobre sus cabezas.</p><p>Dioses que atravesaron el océano viven en esta tierra desde hace varios siglos</p><p>y los que habitan bajo el árbol no se han enterado</p><p>o si lo supieron un día no les importó.</p><p>No hay bajo el árbol de caucho plegarias, no hay consuelo,</p><p>todo es vida de esplendor para el olvido.</p><p>Y las hojas se mueven, el tiempo es eterno en los bordes,</p><p>los perros se persiguen desde siempre entre la arena,</p><p>festejan los loros y las guacamayas en el cielo delgado que abraza al árbol,</p><p>el día pasa con fuegos lejanos y la piedra canta para sí.</p><p><em>*Juan Felipe Robledo (Medellín, Colombia, 1968) es poeta. Su último libro, </em><strong>Juan Felipe Robledo</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/251-97-dias-de-gratitud-antologia-poetica.html" target="_blank">Días de gratitud</a><em> (Valparaíso, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Felipe Robledo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 102]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Unas vacaciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vacaciones_1_1156603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/18823f1f-4bbf-4ba3-8294-97bf727aed9d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Unas vacaciones"></p><p>Hace unos meses tuvimos, en el club de lectura de la librería Enclave de Libros (Madrid), la oportunidad de comentar con <strong>Juan Carlos Márquez</strong> su novela <a href="http://www.saltodepagina.com/libro/resort-122/" target="_blank"><em>Resort</em></a><em>.</em> Además, participó en la tertulia Pablo Mazo, editor de Salto de Página.</p><p>Juan Carlos Márquez (Bilbao, 1967) es profesor en la Escuela de Escritores de Madrid y licenciado en Ciencias de la Información. Ha sido columnista habitual de la revista literaria <em>Quimera</em> y asesor de contenidos de la revista de relato breve <em>Cuentos para el andén.</em> Prolífico autor de cuentos, algunos de los cuales han sido publicados en recopilatorios como <em>Siglo XXI. Los nuevos nombres del relato actual</em> y <em>Pequeñas resistencias 5. Antología del nuevo cuento español (2001-2010),</em> ha publicado las colecciones de relatos <em>Oficios</em> (2007), <em>Llenad la tierra</em> (2010) y <em>Norteamérica profunda</em> (2008, reeditado en 2012) y la novela corta <em>Lobos que reclaman la noche</em> (2014). Además de <em>Resort,</em> Juan Carlos ha publicado con Salto de Página las novelas <em>Tangram</em> (2011) y <em>Los últimos</em> (2014).</p><p><strong>Pablo Mazo</strong> (Santander, 1977) es el director editorial y uno de los socios fundadores de Salto de Página, ha realizado estudios de Periodismo y Filosofía y es profesor en la Escuela de Escritores de Madrid y en diversos másteres de edición. Con una trayectoria de más de 10 años, Salto de Página publica fundamentalmente obras de ficción escritas originariamente en lengua española. Busca descubrir nuevos talentos españoles e hispanoamericanos, así como publicar la obra de autores ya consagrados pero no suficientemente difundidos en España. La editorial cuenta con tres colecciones, una de poesía y dos de narrativa. La colección Púrpura, a la que pertenece <em>Resort,</em> recoge obras actuales que conforman el grueso del catálogo de la editorial; mientras que la colección Cian ofrece obras del siglo XX que han permanecido inéditas en España o llevan un largo periodo de tiempo fuera del mercado editorial.</p><p>  </p><p><em>Resort</em> parte de la desaparición de un niño alemán de siete años en un complejo hotelero de algún lugar de la costa española, una excusa como otra cualquiera —¿o quizá no?— para desarrollar una trama en la que el autor dirigirá la atención de los lectores a diversos asuntos y situaciones en los que sin duda éstos pueden verse reconocidos. Para ello se sirve de una prosa rápida, limpia y concisa narrada desde una tercera persona omnisciente, con capítulos cortos que aumentan el dinamismo y personajes anónimos, a excepción de Bingham Waas —el menor desaparecido- y de los sobrenombres —Lactante y Darth Vader—impuestos a una de las parejas de policías infiltradas en el hotel para tratar de esclarecer el caso. Lo hace, además, con la acidez que caracteriza buena parte de su obra y recurriendo a experiencias y sensaciones que nos permiten entrar en la historia y ponernos en el lugar de los distintos personajes, así como con un final demoledor que encontramos también en la mayoría de sus relatos.</p><p>La tertulia comenzó con unas imágenes: <strong>Arantza</strong>, una de las lectoras, nos mostró un vídeo grabado desde la terraza de un <em>resort </em>cualquiera, como el de la novela que íbamos a comentar. La lectora explicó que se lo había enviado Lactante esa misma tarde, aunque no faltó quien desde un cierto escepticismo se preguntó si el emisor podría haber sido el propio Bingham Waas, el niño alemán desaparecido.</p><p>Tras las risas provocadas por el vídeo y las circunstancias en que llegó hasta nosotros, Pablo Mazo abrió la tertulia y compartió con nosotras su experiencia en la edición de <em>Resort.</em> Nos explicó que, a diferencia de lo que sucede con otros autores, la obra de Juan Carlos Márquez no requiere mucho trabajo de edición. Al tratarse de textos breves y muy trabajados, al editor le basta con mirar si se han escapado algunas erratas y puede centrarse en la parte más bonita del trabajo: revisar el estilo del texto y, en todo caso, "darle una vuelta" a algún capítulo. Finalmente, nos presentó a Juan Carlos como un maestro en las distancias cortas, cuya literatura se caracteriza por un sentido del humor retorcido y a veces oscuro frente al humor blanco de la comedia ligera.</p><p>Juan Carlos nos habló de su obra publicada y de la peculiaridad de <em>Tangram,</em> que por su estructura —a medio camino entre el libro de relatos y la novela— genera dudas en cuanto a su clasificación pero puede considerarse una novela de historias cruzadas. Se presentó como autor de relato, género que implica la economía de medios que se ve reflejada en sus novelas; como en <em>Resort,</em> que transcurre en tiempo real y en la que no hay recuerdos sino digresiones. Poniendo como ejemplo <em>Los últimos</em> y <em>Resort,</em> el autor nos explicó que no es un escritor de géneros, sino que coloca a los personajes en determinados escenarios que habitualmente se asocian a éstos como excusa para reflejar las relaciones entre personas y en especial las familiares. Además, señaló dos tendencias que observa en sus obras: a recluir a los personajes en lugares cerrados y al canibalismo; ambas presentes de alguna manera en esta novela.</p><p>A lo largo de la tertulia, pudimos conocer algunos detalles del proceso creativo de Juan Carlos, que no se considera un autor de novelas de tesis y suele descubrir el gran tema que subyace a sus obras una vez ha avanzado en la escritura. Así, nos explicó que aunque parte de la estructura y el final de la historia, al principio tiene solo una vaga idea de la novela y poco a poco va surgiendo el resto. Su actividad principal, la impartición de talleres y cursos en la Escuela de escritores y la red de bibliotecas de la Comunidad de Madrid, le permite escribir con comodidad y sin presión para publicar. Escribe en sesiones muy cortas, de no más de una hora y media o dos horas, para evitar reproducir clichés y cargar de relleno innecesario sus historias; y nos explicó que hace lo contrario de lo que recomienda a sus alumnos: en lugar de realizar una primera fase de creación y una segunda de corrección bien diferenciadas —para evitar bloquear el proceso de creación—, él no avanza en el relato hasta que no ve el texto perfecto y solo vuelve hacia atrás para releer lo escrito, pero apenas cambia nada.</p><p>El autor nos explicó que, en lugar de plasmar en su obra una confesión de sus vivencias, acostumbra a reflejar en ella sus deseos no realizados. Este fue uno de los aspectos señalados más tarde por Inés, que valoró la capacidad de Márquez para conectar con lo que el lector piensa y no se atreve a decir cuando se encuentra en situaciones como las narradas en <em>Resort;</em> a la vez que destacó el tono desenfadado, irónico y sarcástico de la crítica que realiza. Algunas de las escenas comentadas llevaron a Carmen, otra de las lectoras, a relacionar la novela con la producción cinematográfica de <strong>Álex de la Iglesia</strong>. Como más adelante aclararía el autor, en la novela hay una agresividad latente, pero no llegan a darse situaciones grotescas y poco verosímiles como las que nos muestra el cineasta. Juan Carlos nos habló entonces de la voz narrativa que encontramos en esta novela, un narrador omnisciente en las cabezas de los hombres que protagonizan el relato.</p><p>Más adelante hablamos de los personajes y de la voluntad del autor de no asignarles nombres para evitar catalogarlos; a excepción del niño alemán desaparecido, al que convierte en una figura emblemática que hace las veces de reflejo del primer mundo, de la Europa dura, y que es intercambiable. En esta novela, el autor quiso que el niño fuera extranjero para no desencadenar demasiada empatía en el lector, pero también que no fuera un niño iraquí —por ejemplo— para que por una vez fuera un europeo el que no le importara a nadie. Porque, como vimos más adelante a lo largo de la tertulia, este es el personaje que menos importa al resto; y, como señaló una de las lectoras, el lector también se olvida a menudo de él puesto que el autor apenas lo describe ni lo conecta al resto de personajes o a la narración.</p><p>Al hilo de lo anterior, <strong>Beatriz </strong>se preguntó si los personajes se hubieran comportado igual si la novela se hubiera escrito treinta años antes. Ante esto, Pablo sugirió que probablemente el niño no habría sido alemán sino inglés, pues hay que tener en cuenta que se trata de una novela postcrisis. A esto le añadimos que la novela también es post revolución tecnológica y por ello, una vez superada la introducción y normalización de las nuevas tecnologías en la ficción que llevó a cabo la conocida como Generación Nocilla, Márquez integra estos elementos en sus narraciones; elementos que permiten ubicar la historia en un determinado momento temporal y no en otro pasado.</p><p>Juan Carlos nos explicó que la novela, que ha tardado tres años en escribir, se creó en el caldo de cultivo de las grandes migraciones a Europa de los últimos años, a las que encontramos algunas referencias directas en el texto. El autor plantea que si no podemos ser solidarios y generosos en el mejor momento de año —las vacaciones, cuando parece que nada de lo cotidiano nos debe preocupar—, cómo vamos a serlo el resto del año. Y esto es lo que sucede en la novela: la búsqueda de la satisfacción personal y el egoísmo hacen que cualquier cosa que suceda a su alrededor sea ajena a los personajes, quienes únicamente tratan de seguir viviendo. <em>Resort</em> es, en manos de Márquez, una novela crónica, una especie de reportaje de vacaciones que trasciende los estándares que nos imponen y en la que el autor pone sobre la mesa el canibalismo como metáfora de la humanidad: nos devoramos unos a otros.</p><p>Dado que el desencadenante de la trama transversal —que no principal— de <em>Resort</em> es la desaparición de un niño, Márquez ha tratado de que se cumpliera uno de los axiomas de las novelas del género: los motivos del crimen y la resolución del caso aparecen ya en el primer capítulo. Atendiendo a los lectores de novela policíaca y como una concesión a éstos, además de ofrecer algunas pinceladas que anticipan el desenlace en lo que el propio autor califica de "juego macabro", la historia concluye con un final ambivalente —no cerrado pero sí satisfactorio, como decía Pablo—, que aunque sugiere tres posibles conclusiones lleva a la mayoría de los lectores a quedarse únicamente con una de ellas, aquella que concuerda con el humor negro del autor. Juan Carlos nos explicó que Resort plantea una investigación policial desmitificadora puesto que la policía no hace maravillas, sino que a menudo se sirve de los razonamientos lógicos y el azar, y la mayor parte de los casos sin resolver son por desapariciones. Además, el autor comentó la elevada presencia del costumbrismo en las tramas policiales, donde autores como <strong>Andrea Camilleri</strong>, <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong> y <strong>Domingo Guzmán</strong> a menudo introducen la cocina en sus narraciones.</p><p>El final de la novela llevó a una lectora a comentar que la forma en que abrocha la novela hace pensar en ella como un cuento. Juan Carlos explicó esto como una consecuencia de su pasado cuentista, mientras que Pablo hizo referencia a los criterios que empleamos para definir lo que es un cuento: los que se basan en su contenido, como la intensidad, la brevedad o la suma de elementos apuntando a una misma dirección de los cuentos de autores como <strong>Poe </strong>o <strong>Cortázar</strong>; o los criterios más técnicos y objetivos, como la extensión. Sin duda, la novela de Márquez contiene rasgos que se corresponden con los primeros.</p><p>Durante el coloquio también pudimos comentar el carácter minoritario de la novela corta en España, donde el estándar de éxito se encuentra en novelas de entre 400 y 600 páginas, y con ello se abrió un debate en torno a las novelas extensas, decimonónicas, y la pertinencia o no de las descripciones detalladas. Juan Carlos explicó que —a excepción de algunas que conforman el canon— como lector no le interesan las largas descripciones que paran la novela para después recuperar al personaje, sino la trama, los personajes, los hechos significativos y la originalidad dentro del género. Algunas lectoras pusieron en valor la capacidad que tienen las descripciones para permitir al lector ver o palpar el ambiente, así como el placer que esto proporciona y la manera en que la creación del ambiente ayuda en ocasiones a la trama. Pese a la economía de recursos que caracteriza a la obra, esto está presente en la novela de Márquez, que ofrece descripciones realistas y precisas tanto de los ambientes como de los comportamientos de los personajes. El autor nos explicó que siempre trata de tener a los personajes moviéndose en lo descrito, de mantenerlos en primer plano de manera que puedan reconocerse por el lugar en el que están, las acciones que realizan y la manera en que se desenvuelven en el espacio. Además, hubo consenso acerca del interés que pueden tener las descripciones más largas en función del género al que se apliquen, pues parecen más útiles en novela histórica que en policíaca, que es menos descriptiva y más procedimental.</p><p>El <em>resort </em>de la novela es muy fiel a la realidad y, pese a las comodidades que ofrece para las familias, se nos presenta como una cárcel. Márquez nos muestra un mundo de cartón piedra donde parece que todo el mundo tiene que ser feliz por obligación mientras asiste a espectáculos en los que no permanecería de encontrarse en la calle, compite como si le fuera la vida en ello para obtener un diploma o el gorro de baño que le permite participar en un juego y reserva durante todo el día tumbonas que utilizará durante tan solo unos minutos. Quienes trabajan en él y quienes se alojan allí temporalmente responden a ciertos estereotipos y las actividades de entretenimiento se repiten hasta llevar al hastío tanto a unos como a otros. Mientras comentábamos estas particularidades, una de las lectoras llamó nuestra atención acerca de cómo los turistas se perciben en la novela como obreros en una cadena de montaje que reproducen el sistema en las vacaciones, en lo que en palabras del autor constituye una prolongación de nuestra vida donde todo el tiempo tiene que estar ocupado para no pensar. Hablamos entonces de la banalidad de la vida en la búsqueda continua de instantes o destellos de felicidad y esto me hizo recordar el ensayo <em>La industria de la felicidad,</em> de <strong>William Davies</strong>, una crítica al imperativo actual del que resulta difícil escapar y que, según comentamos en la tertulia, ya no se limita a los periodos vacacionales sino que pretende abarcar nuestro día a día.</p><p>Por su parte, el mar es el contrapunto al <em>resort</em>, el lugar en el que los personajes se abstraen del sistema y encuentran momentos de disfrute al margen del consumo. Esta idea se expresa muy bien en un párrafo que señaló Rosa, en el que se nos describe un instante de placer real —no forzado— que la lectora destacó porque permite agarrarse a algo frente a todo lo negativo que lo rodea. Además, es el espacio en el que el personaje del padre deja de representar el papel que asume como turista, según el cual ha ido tragando con todas las incomodidades y despropósitos con que se ha encontrado en su estancia en el <em>resort</em>, y da una respuesta contundente ante una situación miserable que se produce.</p><p>A lo largo de la tertulia surgieron varios debates en torno a las relaciones familiares y la paternidad. Juan Carlos los explicó que su interés por las relaciones familiares reside en el hecho de que la familia, en las sociedades latinas mediterráneas, es lo que nos marca: aquello que nos salva y nos condena. Hablamos sobre el desplazamiento del padre durante los primeros meses de vida del recién nacido, cuando la madre se dedica plenamente a él, y sobre cómo afecta a las relaciones de pareja; reflexión que también encontramos en la anterior novela de Márquez: <em>Los últimos.</em> Comentamos la búsqueda de momentos de intimidad en las parejas cuando existen niños pequeños, y cómo la lógica adulta va aplastando la lógica infantil para conseguir lo que quiere en la búsqueda del propio placer; y hablamos acerca de cómo el autor incorpora la sexualidad en la novela desde un acercamiento aséptico y no pasional, sexualidad que es más imaginada que real y se nos presenta con naturalidad y sin recreo.</p><p>En cuanto a la paternidad, partimos de la idea expresada por Juan Carlos de que cuando hay niños "no te vas de vacaciones, te desplazas". Reflexionamos en torno a la imagen idealizada de la paternidad como algo perfecto, hasta que se descubre que no es ni tan fácil ni tan maravillosa. El autor explicó que en esta novela quiso reflejar la edad en que los niños no hacen caso a nada de lo que se les dice y el efecto que este comportamiento tiene sobre los padres. Además, abrimos el debate acerca de si se debe o no educar a los niños en la obligación de compartir; debate que hace unos meses tomó fuerza en las redes y los medios de comunicación y que el autor, inspirado en experiencias cercanas, ya reflejaba en la novela. A raíz de esta y otras escenas que se nos presentan, surgió otro interesante debate en torno a la doble moral que reside actualmente en la educación, donde parece que se magnifica la paternidad y se presenta a los niños un mundo utópico y sin aristas mientras se reproducen viejos esquemas en los que priman la competición y el individualismo.</p><p>Juan Carlos explicó este hecho como la consecuencia de un problema económico, según el cual los padres tratan de compensar su frustración ante la falta de concordancia entre su nivel de estudios y las condiciones económicas y laborales a las que se ven sometidos, que les lleva a proyectar sus aspiraciones en sus hijos. Las lectoras, desde su propia experiencia, mantuvieron que este tipo de comportamientos ya se encontraba en generaciones anteriores en las que los padres estaban menos preparados, por lo que no resultaría algo propio de las generaciones de padres más jóvenes, sino una constante. Sí hubo consenso tanto en la contradicción que supone la transmisión de valores como la solidaridad y la generosidad, por un lado, y la competitividad y el individualismo, por el otro —contradicción exacerbada, eso sí, en las últimas décadas—; así como en la crítica del abuso de eufemismos que se refleja en la novela, a través de los cuales se sobreprotege a los niños ocultándoles lo malo o lo nocivo y se les muestra un mundo en el que parece que no tiene cabida el sufrimiento.</p><p>Poco antes de finalizar la tertulia, retomamos el interés acerca de la relación entre autor y editor mientras trabajan sobre el manuscrito. Pablo insistió en que en los libros de Juan Carlos las sugerencias del editor son muy superficiales, y el autor aseguró que en cualquier caso estas son siempre bien recibidas. Compartieron con nosotras el único cambio significativo que experimentó el texto, que se produjo a sugerencia del propio autor: la escritura e inclusión del penúltimo capítulo como forma de cerrar la historia de la pareja de policías; capítulo que Juan Carlos nos leyó en voz alta.</p><p>Juan Carlos nos contó que de momento no está escribiendo puesto que está centrado en el proceso de difusión de la novela y en responder a entrevistas en torno a <em>Resort.</em> Al pedirles una recomendación literaria, Pablo nos sugirió leer <em>Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer,</em> de <strong>David Foster Wallace</strong>, mientras que Juan Carlos nos habló del género de películas de carretera que nos presenta a familias a las que les salen fatal las vacaciones. Por mi parte, no puedo dejar de recomendar la lectura de <em>El límite inferior,</em> de <strong>Nere Basabe</strong>, publicada también por Salto de Página. Esta novela de intriga intimista que se desarrolla en un pequeño pueblo costero del Mediterráneo —en este caso fuera de temporada—, incluye también en su trama la misteriosa desaparición de un niño y nos permite reflexionar sobre múltiples cuestiones que nos atañen tanto en lo personal como en nuestra interacción con el entorno.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Abril Gómez de Enterría]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Los diablos azules número 102]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Los resistentes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/resistentes_1_1156597.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ab34e505-470b-43a2-9080-52dc267e5fa8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los resistentes"></p><p><em>Marta Velasco, librera de la madrileña Antonio Machado, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>_______________________​ </p><p><strong>EndoraRicky LavadoEditorial BandaaparteGranada2018</strong><em>Endora</em></p><p>  </p><p>"El mundo era lo que ocurría alrededor de la avenida Meridiana: esa calle vertebra el relato de toda mi infancia". <strong>Ricky Lavado</strong> retrata las grandezas y miserias de la vida de alguien corriente. Sus relatos están llenos de música y golpes de bombo, de tardes enteras rodando sobre un monopatín, de viajes por Europa y giras por Norteamérica, de calles de barrio y amistad de la buena, de la magia escondida en las cosas más simples.</p><p><em>Endora </em>es el primer libro de Lavado, pero carece de cualquier prejuicio o frontera, contiene la frescura de <strong>Nick Hornby</strong>, la extrañeza de <strong>Vila-Matas</strong>, la suciedad de <strong>Bukowski</strong>, hay humor, desgarro y, como dice <strong>Lucía Lijtmaer</strong> en el epílogo, tiene un tono tierno, implacable y extremadamente físico.</p><p>  <strong>Lunario del paraísoGianni CelatiTraducción de Francisco de Julio CarroblesPeriféricaMadrid2018</strong><em>Lunario del paraíso</em></p><p>  </p><p>En 1978, el gran <strong>Celati </strong>publicó por primera vez en Italia esta novela mítica y desopilante. Giovanni se enamora en una playa de su país de una jovencita alemana y la sigue hasta el Hamburgo de The Beatles —son los años sesenta— presa de cien mil furores. De la carne y del espíritu. He aquí un filósofo andarín, un amante caballeroso pero con un agujero en el zapato, un pobre que filosofa con profundidad mediante palabras sencillas. Esta divertidísima novela, escrita en estado de gracia, entre la oralidad y el "gran estilo", ofrece humor a raudales y aventuras que nos llevan hasta la literatura picaresca. Querido lector, querida lectora, ¿has conocido en alguna ocasión a un moralista entrañable apasionado por los altos cielos norteños y el amor a primera vista? Pasa, te lo presentamos.</p><p>  <strong>Por qué he robadoAlexandre M. JacobTraducción de Javier Rodríguez HidalgoPepitas de CalabazaLogroño2018</strong><em>Por qué he robado</em></p><p>  </p><p><strong>Alexandre M. Jacob</strong> ha sido, hasta la fecha, uno de los más célebres bandidos anarquistas de todos los tiempos. Sus peripecias vitales han dejado necesariamente una poderosa huella: la red de "robo científico" que tejió junto a sus compañeros ha servido de inspiración en más de una ocasión a la literatura —los casos más sonados son Arsenio Lupin y <em>El ladrón</em> de <strong>Georges Darien</strong>—, y su actitud ha influido en la forma de actuar de diferentes generaciones de rebeldes sociales desde entonces hasta nuestros días. Los textos que en este libro aparecen recogidos, escritos todos con posterioridad a su detención, nos dan una visión clara de la clase de hombre que era y de los motivos que impulsaban su actividad.</p><p>  <strong>El mismo sitio, las mismas cosasTim Gautreaux​​​​​​​Traducción de José Gabriel Rodríguez PazosLa Huerta GrandeMadrid2018</strong><em>El mismo sitio, las mismas cosas</em></p><p>  </p><p>Como si de una crónica se tratara, <em>El mismo sitio, las mismas cosas</em> narra las vidas comunes de gente normal ante circunstancias y decisiones extraordinarias. Un granjero que se enfrenta al reto de criar a su nieta, un joven que se enamora platónicamente de una voz de la radio o un maquinista que provoca un accidente de tren de dimensiones colosales. Son historias llenas de corazón y de humor en las que los actos y sus consecuencias, en el contexto cultural de Luisiana y de sus paisanos, cobran vida en la prosa brillante y sensible de este escritor que, como ha dicho de él la crítica, ha cartografiado el Sur de los Estados Unidos.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Antonio Machado en la calle Fernando VI, 17, de Madrid, o en su página web.​​​​​​​</em><strong>librería Antonio Machado</strong><a href="http://www.machadolibros.com/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Velasco (Librería Machado)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los resistentes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Literatura,Los diablos azules número 102]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Hamletada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hamletada_1_1156591.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eeadc11b-4050-44ff-a7ac-85397d6fa0f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hamletada"></p><p><em>En esta ocasión proponemos un texto de Cristina Morales, incluido en la novela </em>Los combatientes<em> (Caballo de Troya, 2013) para iniciar nuestro cuento colectivo.</em></p><p>__________________________</p><p>Ya no nos acordamos del violador. Ni del violador ni del nazi. Pasaron el casting, engañaron a Sara. Ella dice que a veces se le cuelan prendas como el nazi y el violador, lo dice así, que se le cuelan, que igual que hay locos listos capaces de seguirle la corriente al psiquiatra hay actores listos capaces de aparentar lo que no son en un casting, lo cual tampoco es que sea muy difícil dadas las limitaciones estructurales de cualquier casting, pero sí que es difícil en los castings de Sara Molina, porque Sara, consciente de esas limitaciones, valora cosas rarísimas en los candidatos. Sara valora, por ejemplo, que te quedes pensando. Tú llegas con tu monólogo como yo llegué con un cuento de Quim Monzó que estaba en tercera persona y que adapté a primera persona. Iba de una mujer a la que le gusta que los hombres la dominen. Cuando termino Sara me pide que lo repita pero muy nerviosa. Entonces yo me pongo un poco nerviosa, no actuando sino de verdad, me pongo nerviosa porque no sé cómo ponerme nerviosa con ese texto. Miro al suelo, respiro profundo y me desquicio silenciosamente. Tómate el tiempo que necesites, dice Sara, con lo cual me pone más nerviosa todavía, y entonces no lo pensé pero ahora me pregunto si no será una técnica suya para poner nervioso al personal y medir su temple. Seguro que es una técnica suya. Y en esto que de los nervios sonríes y al final, después de un minuto eterno, te arrancas de mala manera y haces de nerviosa moviendo nerviosamente el pie de la pierna que tienes cruzada. A las tres frases de empezar Sara dice vale, gracias, y escribe algo en el papel que tiene delante. Es una técnica seguro, porque la he visto hacerlo más veces en ejercicios de improvisación. Se lo hizo a Ester, una chica que luego se descolgó, el día que trajo un monólogo de Rodrigo García. Cuando le pidió aquello de repítelo pero muy triste, tómate el tiempo que necesites, Ester no dejó que terminara la frase y ya estaba con lágrimas en los ojos diciendo “me llega una carta de Alitalia, estimada señora, me llaman por mi nombre y apellido, lo saben todo...”. A las dos frases Sara la corta para exclamar “¡sexy!”, y sin transición Ester pasa del llanto a la mano en la cadera y ronronea “usted ha volado con nosotros catorce mil quinientas horas, catorce mil quinientas horas de su vida en el aire”, “¡intelectual!”, exclama Sara, y ahí que Ester contrae los hombros, hace el molinillo con las manos y pone acento castellanoleonés: “con nosotros, los psicópatas de Alitalia, y por eso usted merece un premio”. Todos nos estábamos muriendo de risa, Sara incluida. Semanas después, ya sin Ester en el grupo, en una de nuestras sesiones de dramaturgia Sara me diría que el rollo de Ester de dame más dame más, de échame lo que quieras que a mí los leones no me meriendan que la que se merienda a los leones soy yo, no le interesaba nada, no le interesaba nada esa irreflexión. Ester lo que quiere tener delante no es un director, es una máquina lanzapelotas, decía.</p><p>O sea, que a Sara no es fácil que se le cuele alguien que no le gusta, por eso lo de que el violador y el nazi la engañaron no cuela, eso sí que no cuela. Sara valora cosas raras en los candidatos y el violador y el nazi eran excepcionalmente valiosos en ese sentido. A Sara esas cosas le ponen, como ella dice. Este salón me pone, ese abrigo que llevas me pone, esa entrevista a Cioran me pone, esta divagación me pone, esta forma de trabajar no me pone. Y a Sara el violador y el nazi le ponían, hasta que empezamos a no tragarlos.</p><p><em>(Sigue Aixa de la Cruz.)</em><strong>Aixa de la Cruz</strong></p><p>Nos pasó con ellos lo que pasa con la heroína –o eso dicen–, que a la primera te causa vómitos y temblores, pero si repites, te quedas. Te quedas y todo es un sueño del que despiertas con el regusto a sangre de un rifle en la boca. Figuraos el diagrama: un no rotundo; una meseta de entusiasmo; empacho. Así se dibuja nuestra historia con el violador y el nazi. Creo firmemente en los prejuicios porque antes de que me gustaran pensé que parecían dos secretas, de esos que se infiltran en una comuna apestando a pachuli e incienso, que es a lo que huelen los hippies en las películas de Hollywood. Pensé que eran mejores interpretando el soliloquio de Molly Bloom con el que abrimos el ensayo que haciéndose pasar por sí mismos. El violador, sobre todo, me resultó más creíble impostando un falsete y gritando sí dije sí quiero sí que con la cabeza gacha y la glotis a la altura del perdón-por-nacer en la charla que vino tras la lectura dramatizada y en la que nos explicó que no se consideraba feminista sino aliado, que no había leído a Millet, ni a Solnit, ni a Husvedt, ni a Butler, ni a ninguna, porque los hombres expolian cuanto estudian, utilizan el conocimiento para someter, y él no quería someter a nadie; él se limitaba a darnos voz, a asegurar que siempre se respetara nuestro suelo –así lo dijo: suelo–; nos guardaba el sitio como un botones, silenciando al hombre que se atreviera a silenciarnos, pero sin opinar.</p><p>Se me quedó la quijada de un Gargantúa e intenté sublevarme, pero el nazi disparó más rápido y luego llegó el bedel, que era muy estricto con la hora de cierre, y nos despedimos como si quien calla otorga. Busqué a Sara con los ojos y me devolvió una sonrisa burlona, medio resignada.</p><p>Hombres nuevos. Me ponen.</p><p>Sorprende lo fácil que olvidamos aquel episodio y mis malos augurios. Será porque a la semana siguiente Aixa sufrió una crisis de las suyas y se calmó en brazos del nazi, el único que se atrevió a acercarse a ella, de frente, muy despacio, como un domador de leones –es que me educaron en un circo, dijo más tarde para distender la tensión–, esquivando los proyectiles de lapiceros y agujas de tejer que salían de su bolso y exponiéndose al aspersor de lágrimas que se había desatado con la palabra “tiovivo”. Sí, “tiovivo” era un detonante, como más tarde lo fueron “rúcula”, “colibrí” y “tétanos”. Aixa estaba segura de que tres años atrás, en un espectáculo de magia al que acompañó a sus sobrinos, la habían hipnotizado para que ciertas palabras clave le arrebataran el control sobre sí misma, quedando a expensas de los instintos letales que anidaban en su inconsciente.</p><p>Daba mucho miedo presenciar aquellos brotes y el primero nos unió como a víctimas de un atraco o a supervivientes de una guerra mundial. Hermanos de armas. El violador nos llamaba sisters –Sister Sara, Sister Cristina– y así nos parecían fraternales sus palmaditas en el culo. Todo fue consentido mientras nos duró el amor.</p><p><em>(Sigue Víctor Balcells Matas.)</em><strong>Víctor Balcells Matas</strong></p><p>El amor no duró mucho, pues ninguna de nosotras creía en la duración. No cuela lo de que el nazi y el violador engañaran a Sara. A quien le gusta la rareza, también le gusta el riesgo. Pensé: hombres nuevos, suculentos, y desde el primer momento desconfié. Un día, oculta en la penumbra de un palco de platea pude observar al violador ensayando a solas en medio del escenario. Se arrastraba con el porte de una medusa; era como si sus manos chapotearan en el agua del escenario vacío, y a veces pronunciaba lo que parecía el nombre de su madre. Me acostumbré a realizar mis pequeñas investigaciones para descubrir lo que ya intuía. Eran movimientos mínimos, deslizamientos detrás de una cortina, breves persecuciones, la oreja puesta todo el tiempo; ahora un desplegarse silencioso desde el techo. De esta manera, escuché una noche al violador y al nazi hablando de videojuegos en un camerino. El violador dijo: Pues a mí me gustan los juegos de construir ciudades, como pequeñas maquetas donde colocas cada cosita en su sitio, sin personajes. El nazi le puso la mano en el hombro y fue severo: mira si no te voy a dar dos hostias bien dadas: <em>GTA V</em>, muchacho, <em>GTA V</em>.</p><p>¿Cuántos indicios hacen falta para construir una sustancia? Ahora, tengo que decirlo: nosotras tampoco creemos en la sustancia, ni en el positivismo, ni en la puta madre del lenguaje que parió a los pensadores de todo eso. Lo vi claramente desde el interior de un armario del camerino en una de esas tardes tontas de siesta. Ester apoyaba la mano en un espejo. No se contemplaba. Miraba más allá de su figura, donde yo no podía alcanzar a ver. Vi cómo la boca se abría desmesurada en un rictus de susto; los dedos se agarrotaron en el cristal. Uno de ellos estaba al otro lado, y no sé qué es lo que hizo, pero sé que para ella miedo era lo mismo que decir placer.</p><p>Muchas tardes, después del ensayo, nos quedábamos un rato de charla, y allí estaba en todo momento el nazi al pie del cañón esgrimiendo sus argumentos. Solía levantarme, dar un rodeo al grupo de sillas, y colocarme de espaldas para concentrarme únicamente en la conversación, en la modulación y los tonos. Me preparaba una manzanilla y mis ojos cansados reposaban en la luz del microondas. Yo nunca había querido ser actriz, en verdad, y ni siquiera hubiera querido ser persona. El violador tenía hablar de vendedor de enciclopedias; Ester solía despreciarlo por pusilánime. El nazi se aprovechaba de la viscosa forma –ya no puedo ni decir figura— del violador para extender su dominio. Era sin duda un estratega, como yo soy sin duda una maestra del espionaje selecto.</p><p>Un momento clave: cuando ensayamos la obra postmoderna de katanas en el escenario. El nazi hacía rotar el objeto de madera de forma peliculera mientras calentaba las cuerdas vocales. Yo, en mi papel de sagrada conocedora de oriente, lo esperaba con mi indumentaria de samurái a que empezara la escena. La obra, de un tal Ricard Giraldo, representaba un diálogo entre samuráis en el momento de un duelo. Muchas veces lo utilizábamos para inspeccionar a los nuevos, el velo psicótico, su medida. El violador, Sara, Ester, nos miraban desde las butacas. <em>Violator man</em> comía palomitas.</p><p>La espada del nazi se detuvo en seco, apuntándome, y él fue quien inició el parlamento: “Aquí América llamando. Aquí América llamando”, dijo.</p><p>Hizo una pausa y añadió “¡Aquí América llamando!”.</p><p>Lo hacía bien, sí, fijaos en <em>esa</em> delatora forma de pronunciar América.</p><p>Yo, sin desenvainar espada alguna, contesté: “¿La luz también finge que nada va mal, o que todo va a ir bien algún día? ¿Qué significan estas oscuras palabras que dices, y por qué me apuntas con la espada?”.</p><p>Porque también amamos a <strong>Ashbery</strong>.</p><p>El nazi dio un salto hacia mí y colocó la punta acerada en mi pecho: “¡Si uno pudiera aprender los Estados Unidos de América! ¡Ah, si uno pudiera hacerlo! ¡Si uno… pudiera tan sólo!”.</p><p>El deseo entre líneas: la luna es inequívoca.</p><p>Di algunos pasos hacia atrás, seguida por la espada del nazi, y seguí con mi parte: “¿Qué te impide aprender los Estados Unidos, noble samurai, y por qué diriges tu rabia contra mí?”.</p><p>El nazi empezó a temblar, de acuerdo con el papel de la obra postmoderna de katanas, pero ustedes saben bien que el temblor no se puede fingir: “¡No puedo! ¡Por más que lo intento no puedo aprender, aprehender, aprehendererer, Los Estados Unidos de América!”.</p><p>Y la voz se tornó simulacro ancestral, cavernícola, cululailo de grito ejecutado con maestría. Como si algo lo hubiera poseído locamente, tal y como efectivamente ocurría en él sin necesidad de papel, ni de representación, ni de katana, penetró en el bucle: “¡Los Estados Unidos de América!”. </p><p>“¡Los… Extadox Unidoxxs!”. </p><p>“¡Lsgssggtagdos Unidogss…!”. </p><p>“¡Lscdeggds!”,  para caer a mis pies a continuación, fingiéndose muerto.</p><p>Lo último no lo dijo bien. Nos miramos muy desconfiadas. No tenía que decir “¡Lscdeggds!”, pues eso no significaba nada, sino “¡Ls<em>google</em>ds!, una palabra en medio de la onomatopeya, ¿me explico? El dato es importante. La palabra es importante.</p><p><em>(Cerrará Juan Gómez Bárcena.)</em><strong>Juan Gómez Bárcena</strong></p><p><em>*Cristina Morales es escritora. Su último libro, </em><strong>Cristina Morales</strong><a href="https://www.candaya.com/libro/terroristas-modernos/" target="_blank">Terroristas modernos</a><em> (Candaya, 2017).</em></p><p><em>*Aixa de la Cruz es escritora. Su último libro, </em><strong>Aixa de la Cruz </strong><a href="http://www.saltodepagina.com/libro/la_linea_del_frente-125/" target="_blank">La línea del frente</a><em> (Salto de página, 2017).</em></p><p><em>*Víctor Balcells matas es escritor. Su último libro, </em><strong>Víctor Balcells</strong><a href="http://delirio.es/web/index.php/2017/04/23/aprendere-a-rezar-para-lograrlo/" target="_blank">Aprenderé a rezar para lograrlo</a><em> (Delirio, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Cristina Morales | Aixa de la Cruz | Víctor Balcells]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Hamletada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Los diablos azules número 102]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Adiós al pasado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/adios-pasado_1_1156588.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/62f669a4-b18c-4122-90ed-8c8ad92efff0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adiós al pasado"></p><p><strong>La decadencia de Nerón GoldenSalman RushdieTraducción de Javier Calvo PeralesSeix BarralBarcelona2017</strong><em>La decadencia de Nerón Golden</em></p><p>En la nueva novela de <strong>Salman Rushdie</strong>, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-decadencia-de-neron-golden/256477" target="_blank">La decadencia de Nerón Golden</a>, confluyen tantos temas y técnicas literarias, así como niveles de referencia e interpretación, que resulta difícil resumirla o asignarle una categoría clara. La novela está narrada desde el punto de vista de un joven aspirante a director de cine, quien vive en una zona de Nueva York en la cual varias casas comparten Los Jardines, una especie de parque común. Este joven dice llamarse René Unterlinden, hijo de belgas profesores, quienes más tarde en la novela morirían ambos en un absurdo accidente de tránsito, convirtiéndole en huérfano temprano. Esta es una de las líneas narrativas de la novela, la vida de René, sus amores, pensamientos, aspiraciones.</p><p>La otra línea narrativa principal la constituye la vida de la familia Golden, también habitantes que comparten Los Jardines y que desde el primer instante fascinan a René, decidiendo averiguar todo sobre ellos, pues le parecen material perfecto para una película. Así es que se inmiscuye en sus vidas y hasta llega a tener un rol muy importante en las mismas. Nerón Golden llega a Nueva York desde un país que no quiere nombrar, ordenando a sus hijos que ni siquiera lo mencionen. Muy pronto nos enteramos que proceden de la India, de Mumbai/Bombay, país del que han decidido emigrar por varias razones, algunas no precisamente santas, pero la razón aparente es la muerte de la madre de dos de los tres hijos en el ataque terrorista a Mumbai, en concreto al hotel Taj Mahal, donde la madre se encontraba al momento del ataque. Nerón Golden es un multimillonario que ha hecho su fortuna en la construcción, sin reparar demasiado en las demandas de la ley y utilizando la corrupción endémica de su país. Se hace, además, amigo de mafiosos, a los que sirve de varias maneras, sobre todo lavando dinero. Estas conexiones le costarían caro más tarde en la novela.</p><p>Al emigrar deciden todos cambiarse de nombre, en un intento de enterrar sus identidades anteriores. Este es uno de los temas principales de esta obra, el de la identidad, en varios niveles, nacional, sexual, profesional. El nombre de Nerón alude por supuesto al emperador romano, como romanos son los nombres que tomarían también sus tres hijos, Petronius, Lucius Apuleyus y Dioniso; luego se harían llamar Petya, Apu y D. Nerón es un hombre ambicioso y descreído, de origen musulmán, e inescrupuloso. La familia intenta insertarse en la sociedad americana, pero todos trasgreden los límites de la normalidad. Petya es autista y agorafóbico, si bien un genio de la programación de videojuegos, Apu es artista, aunque preocupado por el pasado de su familia, y D no está seguro acerca de su identidad sexual. Nerón es un hombre prepotente y poco dado al compromiso. René se hace amigo de los hijos y empieza a descubrir poco a poco las peculiaridades de tal familia, a la que ha hecho objeto de su curiosidad artística. La familia arriba a los Estados Unidos cuando <strong>Obama </strong>accede al poder y la novela se extiende hasta el momento en que <strong>Trump</strong>, a quien nombra Joker en la novela, gana las elecciones en un país dividido, en el que los peores rasgos de la sociedad americana se hacen transparentes y decisivos.</p><p>Nerón ya es un hombre viejo, pero conoce a una mujer rusa, Vasilisa, quien le seduce y consigue casarse con él. Esto causa cierta conmoción en la familia, pero Nerón no admite disensiones y Vasilisa es demasiado astuta e inescrupulosa, al igual que su marido, como para permitir que nadie ponga en peligro su posición. En cierto momento, Vasilisa anhela un hijo. El problema es que Nerón ya está mayor y según las pruebas médicas, incapaz de impregnar a una mujer. Es aquí que el rol de René deja de ser el de mero espectador para convertirse en pieza fundamental de la segunda parte de la novela. Vasilisa le propone que sea él quien la impregne, bajo estricto secreto. Dada la belleza de Vasilisa, René accede, a espaldas de su novia, y se encuentran con regularidad hasta que se aseguran un embarazo. Nerón no tiene idea de lo que sucede y recibe a la nueva criatura con júbilo. El poder de Vasilisa no hace sino crecer a raíz de esta circunstancia y trae incluso a su madre para que le ayude con la crianza del niño. Nerón está envejeciendo y perdiendo sus facultades.</p><p>Sucesos trágicos afectan a la familia, comenzando por la muerte de Apu y su novia, quienes habían viajado a Mumbai para conocer mejor el pasado de su familia, solo para ser objeto de una venganza, un mensaje a Nerón de que no se habían olvidado de él y de su traición a la mafia. La novela sigue a partir de este punto una trayectoria trágica, en la que el destino se ensaña con los Golden, hasta un final que prefiero no revelar al lector para no estropearle el suspenso de la lectura. René, el narrador, sigue asociado a la familia Golden, ahora más que nunca, pues es su hijo el que se hace pasar por un nuevo Golden, un hijo que Vasilisa le hace difícil ver, y al que se siente naturalmente ligado. René hace constantes referencias al cine, y Rushdie se vale de técnicas de guion cinematográfico para narrar varias partes de la novela. La distancia entre la realidad y la imaginación también se difumina, ya que sabemos que René no ha podido presenciar muchas escenas que relata, las que sin embargo imagina de manera verosímil. En cierto momento, el viejo Nerón, a quien la demencia empieza a arañar, decide contarle a René su pasado y Salman Rushdie cuenta la historia de la mafia en Mumbai, real o imaginada, no lo sabemos, con la que se había asociado Nerón Golden. A todo esto, el Joker ha ganado las elecciones y todo parece cambiar en dirección de la intolerancia, el divisionismo y el conservadurismo.</p><p>La novela, como dije antes, está repleta de referencias, al cine, a la cultura pop, a la política y la historia americanas recientes, a la mitología, a Roma y hasta a <em>Las mil y una noches</em>. Es una obra que demuestra la habilidad técnica del autor de <em>Hijos de la medianoche</em> y en la que comparece sobre todo el problema de la identidad, de aquello que se supone nos hacer ser lo que somos. Y el problema del destino, que nos encuentra aunque intentemos huir del mismo, incluso cuando hay océanos de por medio. Esta novela tal vez no sea la mejor de la obra de este autor, pero le confirma como un maestro de la narrativa y la estructuración argumentativa, capaz de mostrarnos mundos tan diferentes como los de América y la India. En suma, su decimotercera novela no defraudará al lector que recorra sus más de 300 páginas y comparta el trágico destino de una familia india que ha intentado dejar de serlo, sin éxito al final, un final de historia romana</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Adiós al pasado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 102]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un libro mordedor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libro-mordedor_1_1156585.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8792cfc2-1a0d-4050-9043-b09464e5dde5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un libro mordedor"></p><p><strong>Sol ponienteAntonio Fontana </strong><em>Sol poniente</em></p><p><em> </em></p><p><strong>Fundación J.M. LaraSevilla2018</strong></p><p>  </p><p>Por recomendación de una buena amiga me acerqué a la presentación de la última novela de <strong>Antonio Fontana</strong> (Málaga 1964), titulada <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-sol-poniente/264373" target="_blank">Sol poniente</a>. No conocía personalmente al autor y yo andaba con un trancazo del quince, dudé si acercarme o no, lo hice y no me arrepentí. La librería tampoco la conocía. Se llama La Lumbre, en la zona de Pacífico, hermosa y amplia, con espacio para actos y presentaciones. Buen ambiente y dirigida por un chico joven donde puedes tomarte un café con tranquilidad entre libros. Ojalá perdure.</p><p>Pero a lo que iba: la presentación. Como he dicho, no conocía personalmente al autor y me llamó la atención que hablara de los libros que le han influenciado, categorizados como libros balcón, libros meteorito, libros águila o libros tiburón, en función del efecto que produce en el  lector. Por ejemplo, un libro águila es aquel que te da una perspectiva desde las alturas, algo que alguien pedáneo no es capaz de contemplar y ese libro se lo aporta. Como ejemplo de estos libros águila habló de <em>Crematorio</em> <em>y En la orilla</em>, de <strong>Rafael Chirbes</strong>. El libro tiburón es aquel que no puedes esquivar: si vas a la derecha te ataca, si vas a la izquierda también. Y así sucesivamente. Por último habló de los libros perrito de señora mayor, ese que parece inocente, por pequeño, que te acercas a él y, zas, de un mordisco te arranca un dedo. A esa categoría le gustaría que perteneciera el suyo. Todo ello contado con gracejo andaluz, con humor. Una vez leído el libro he de confesar que sí, me arrancó no uno, sino varios dedos y tardé días en recomponerlos.</p><p>Esta novela, no muy larga (195 páginas), de nueve capítulos subdivididos en textos breves, de una página y media o dos, se puede considerar una novela de iniciación que, contada desde el rincón de la memoria, siendo adulto, desgrana aspectos de la infancia y su paso a la madurez, en este caso combinando los recuerdos gratos y agradables con ese acto, ahí, al final del libro, el que produce la cesura, el que marca el inicio a la vida adulta, algo duro y magníficamente bien contado, que me hizo recordar esa máxima de <strong>Italo Calvino</strong>: frente a la dureza de la vida, la levedad de la literatura. Es una novela que muestra y asoma más, mucho más de lo que está escrito. Solo hay que leer entre líneas, como la buena literatura.</p><p>Es la historia de una familia del sur de España, con la omnipresencia de la abuela en la vida del niño, una abuela que se enorgullecía de no haber fregado nunca la olla del potaje porque si volvía a hacer uno nuevo, ¿para qué perder el tiempo fregándola?</p><p>  </p><p>Una abuela que siempre se estaba muriendo y cualquier enfermedad familiar no era nada comparada con la suya, y así a esa abuela “se le desmoronaba el esqueleto”, o “tenía velocidad en la sangre”, o “cáncer de boca” o sufría el mal de las vacas locas o el sarcoma de Feyder y al final murió de vieja mientras dormía. Una abuela que unía todas esas locuras con esa sabiduría popular  que da lo vivido. Qué gran personaje literario, la abuela, que absorbe al resto de personajes familiares hasta desdibujarlos, situarlos en la novela como peones de ajedrez que se ven movidos a su antojo, que nos hace ver que todo gira en torno a ella hasta que poco a poco la historia se va desplazando hacia el niño, lo que siente y le ocurre, saltando en la memoria de un suceso a otro, de una muerte a otra.</p><p>El libro está lleno de recuerdos, entre ellos la afición al cine, la diversión de muchas infancias de antaño, cuando solo había eso, cine, en sesiones continuas o dobles. Hay dos películas que se destacan,<em> El mago de Oz</em> <em>y Lo que el viento se llevó</em>. Y a lo largo del libro se desentraña el porqué de esas dos películas y no otras. Nos habla también de El Pico de las Ánimas o de La Cuesta de los Ahogados, del  azul de las flores de los jacarandás y también, de cómo era todo ese paisaje en 1906, a través de una postal, color sepia, de cuando la abuela se fue a vivir allí recién casada:</p><p>  </p><p>De nuevo la memoria como gran fabuladora, el rincón desde el que nace la literatura, porque no es fiel a la realidad, la tergiversa, añade, reconstruye y cambia a su antojo para que la historia exista, cobre vida y vigor narrativo.</p><p>De todo esto habla esta novela, <em>Sol poniente</em>. Estuve a punto de perderme la presentación. No lo hice, compré el libro y lo leí de un tirón. Creo que es un buen consejo para que hagáis lo mismo que yo. Ha sido un placer leerla.</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro, </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.menoscuarto.es/libro/cuestion-de-tiempo/" target="_blank">Cuestión de tiempo</a><em> (Menoscuarto, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un libro mordedor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 102]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Una mirada al pasado con todo el futuro por delante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mirada-pasado-futuro-delante_1_1156583.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0ae5e2ab-57f2-4841-99be-ddf159601192_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una mirada al pasado con todo el futuro por delante"></p><p><strong>Lo secoIsabel BonoBartlebyMadrid2017 </strong><em>Lo seco</em></p><p>  </p><p>¿Quién querría leer a una escritora que no se siente escritora? ¿Y si, por si fuera poco, presume de no corregir sus propios poemas, vive a espaldas del ambiente literario y cada vez que publica una obra nueva amputa algunos de los datos biobibliográficos que avalan su trayectoria? Se llama <strong>Isabel Bono</strong> y hay que leerla. Cuando en 2016 el Jurado del Premio de Novela Café Gijón pronunció su nombre en el fallo, la ganadora se presentó ante las eminencias literarias como una autora a la que de niña no le gustaba la literatura. Hubo de matizar sus palabras ante el estupor de todos, así que se justificó aludiendo a la forma de impartir la asignatura en el instituto al que asistió, pero era tarde para detener la comidilla periodística presente en el acto. El pasado 21 de noviembre presentó su poemario más reciente, <em>Lo seco</em> (Bartleby Editores), en la librería Rafael Alberti de Madrid, y acudió por sorpresa al finalizar el acto <strong>Fernando Aramburu</strong>, autor de <em>Patria</em>, la novela del año.</p><p>Isabel Bono no es especialista en sacar partido a su literatura a través de las redes sociales —su perfil no aparece en Twitter, Facebook o Instagram, aunque sí tiene blogs— y escribe <em>mails </em>como si fueran poemas porque “yo sólo sé hablar por escrito”. La literatura golpeó a “la niña con gafas que no le temía a nada”, tal y como reza uno de sus versos, cuando tenía ocho años. Fue la lectura de un cuento lo que motivó a Isabel a emprender su primer proyecto literario: un diario de sus propios sueños. Hasta la infancia ha retrocedido la poeta para escribir <em>Lo seco</em>, una obra que pretende ser retrato de una época en general y de su historia en particular, salpicada de interrogantes que interpelan a un presente menos nítido aún que aquel pasado inquietante. “Es mi mejor libro”, asegura la propia autora. Y añade: “Ahora sé que es bueno porque algunos poemas aún no los puedo leer”. Por si llora.</p><p>La poeta no entiende cómo no escribe todo el mundo. Convencida de que “estamos rodeados de microacontecimientos” a los que sólo hay que prestar atención, tal y como escribe en uno de sus poemas-<em>mails</em>, Isabel Bono reivindica la agudeza de la mirada como herramienta imprescindible del escritor. Por ende, es obstinada en decirlo todo con pocas palabras —“más que escribir, yo lo que hago es podar”—, para que sea el lector quien ensanche lo que la autora ya ha dicho. <strong>Agustín Calvo Galán</strong> dice en el prólogo que Isabel “escribe como si fuera una cocinera japonesa”. Y se refiere a la sencillez, unida a la precisión, a la hora de escoger los pocos ingredientes que utiliza.</p><p>Pero, ¿qué es, exactamente, <em>Lo seco</em>? “Lo que te deja sin querer la infancia”, responde la autora, y nadie sabe si ha declamado un verso o es que, involuntariamente, se ha dejado llevar por su condición de aforista. ¿Cuántos sentidos —doble, triple…— tiene ese “sin querer”? Hay que leerlo. Y después comprender que además hay que leerla. “Lo seco” se presenta también como uno de los poemas del libro, que es casi un manifiesto, una defensa. Una declaración de intenciones para la poeta que es de Málaga “pero no muy de mar. A mí me tira lo seco”. Así, no dejan de aparecer numerosos elementos que evocan ese estado físico de los objetos y los cuerpos. Y lo que significa que estén secos.</p><p>A través de estos recuerdos infantiles, Isabel Bono recrea a la niña que fue —el poema “Los buenos salvajes” es una representación gráfica sobre sí misma—, pero también define la moralidad de una época (años setenta) en versos como “si no sabéis bailar, no os querrá nadie” o “nunca servirás para nada / y el mensaje no me detuvo”. Además, introduce elementos como la luz en calidad de enemigo, que significa la inminente aparición de la madurez. La infancia, que lo abarca todo —lo expresado en el libro y en el eco que deja—, es “el mar de la indolencia” para Isabel Bono, que así lo representa en uno de sus poemas. “Nadie dijo que escapar fuera fácil” es el poema que mejor refleja el paso de los años, las consecuencias de cruzar la frontera del tiempo. ¿Se referirá al tiempo cuando dice “Yo esperaba detener la marea”?</p><p>Isabel Bono es muchas cosas a la vez a nivel poético, y entre sus habilidades se encuentra la de identificar a viejos enemigos como la grandilocuencia. Quizás no tenga claro de qué escribirá para siempre pero hoy tiene claro cómo no hacerlo nunca. Ha conseguido mantenerse lejos de los cantos de sirena que emanan los modismos poéticos actuales. Y aunque introduzca elementos cotidianos —“un dedal rodando debajo de la cama”—, hace que no parezcan superficiales. Y aunque hable de la banalidad, nunca se banaliza: “Estudiábamos la cal de las paredes” como metáfora del aburrimiento, aquel estado emocional tan infantil.</p><p>En <em>Lo seco</em> permanece la sensación de desasosiego de forma deliberada. El ejemplo más extremo es el poema “Nido de abeja”, que representa la amargura de la infancia, tantas veces disfrazada de ternura. Por su parte, el futuro es contemplado desde una perspectiva paradójicamente nostálgica —“todavía no sé por qué / todavía no sé para cuándo”— y Dios es cuestionado por su dudosa utilidad desde los ojos de una niña. El miedo tiene rostro en <em>Lo seco</em> gracias a la visión que sobre él proyecta Isabel Bono: “bocas llenas de dientes rotos”. El poder de la imagen es una de las principales virtudes del poemario, que es de naturaleza gráfica hasta para hablar del ruido de la infancia en el poema “Buscando cierta oscuridad”. Imágenes sencillas aunque potentes —el vacío “pendiendo de su eco como un trapo de un tendedero”— que evocan los recuerdos cotidianos de la niñez.</p><p>La calidad de Isabel Bono es legítima: su poesía es brillante porque escribe sobre asuntos trascendentes como si nada tuviera la menor importancia. Sabe hablar del dolor y que el lector se duela, y para eso no necesita enrevesadas piruetas. Son la carne y la palabra quienes pugnan por los versos de una poeta que comprende que sigue siendo necesario preguntar a su infancia, por más que haya quedado atrás. “<em>A partir de ahora / cada uno será responsable de su dolor</em>”, reza uno de sus versos. Pero “qué suerte tengo” es su frase favorita.</p><p><em>*Jaime Cedillo es poeta y periodista literario.</em><strong>Jaime Cedillo</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"><em> </em></a><em> </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jaime Cedillo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una mirada al pasado con todo el futuro por delante]]></media:title>
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      <title><![CDATA[De un libertino que estuvo en la inopia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libertino-estuvo-inopia_1_1156578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e7c64515-e85d-4d2f-b6ce-5a27d8862f64_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De un libertino que estuvo en la inopia"></p><p><strong>El joven sin alma. Novela románticaVicente Molina FoixAnagramaBarcelona2017</strong><em>El joven sin alma. Novela romántica</em></p><p>Este libro se nos presenta ya desde el subtítulo como una novela <em>romántica</em>, pero tiene mucho de narración generacional, de novela de formación, y no menos de libro de memorias, pues aunque alguno de sus episodios esté fabulado, me temo que no pocos lectores la recibirán –sobre todo- como la rememoración de un tiempo pasado. No en vano, buena parte de su atractivo estriba en la presencia, en el protagonismo compartido, de los hermanos <strong>Moix </strong>(<strong>Ana María</strong> y el entonces llamado <strong>Ramón</strong>, luego <strong>Terenci</strong>), <strong>Pedro Gimferrer</strong> (pronto <strong>Pere</strong>), <strong>Leopoldo María Panero</strong>, <strong>Guillermo Carnero </strong>y el autor. Todos ellos escritores, y algunos también críticos literarios y cinematográficos, o ensayistas, que han ocupado un papel preponderante en las letras españolas, y catalanas, de las cinco últimas décadas, aunque quizá solo Gimferrer, Carnero y <strong>Molina Foix</strong> hayan acabado haciendo la obra que de ellos se esperaba. En el caso de Terenci Moix, junto a obras notables (<em>El dia que va morir Marylin</em>, 1969; o <em>El peso de la paja</em>, 1990), nos ha dejado otros libros demasiado torrenciales y complacientes. Si Terenci se fijó en <strong>Marylin</strong>, su hermana cuenta en sus cartas a Vicente que anda escribiendo una novela titulada <em>Monty no ha muerto </em>(p. 344), por <strong>Montgomery Clift</strong>, nunca publicada que yo sepa.</p><p>  </p><p>En el título aparece ya definido el protagonista como un <em>joven sin alma</em>, en el sentido de alguien que no sabe amar, o como le espeta Ramón: “no tienes corazón, solo curiosidad, y eso no basta” (p. 209). Mientras que en el subtítulo se apunta el género, aunque sea de manera equívoca, porque qué quiere decir aquí <em>romántica</em>. El caso es que con menos subterfugios de los habituales, el autor se desdobla a su vez en dos personajes: aquel llamado Vicente y el innominado narrador que es durante el presente narrativo, convertido en uno más de los miembros del grupo que protagoniza la narración, un procedimiento útil para intentar objetivarse, distanciarse. Así, todos ellos están vistos en un momento concreto de sus vidas, mientras que tanto el jovencísimo Vicente como el narrador aparecen retratados por el Molina Foix que hoy recuerda, fabula y firma el libro.</p><p>Si bien el conjunto aparece dividido en dos partes muy desproporcionadas, pues se componen de 314 y 46 páginas respectivamente, también podríamos parcelarlo en tres épocas, correspondientes –en esencia— a las vivencias del protagonista en Alicante, Madrid y Barcelona. A su vez, esa extensa parte inicial se subdivide en 55 capítulos titulados, excepto los seis primeros que aparecen sin nominar. Y, sin embargo, la fecha clave de toda esta experiencia vital es julio de 1965 (véase, el poema de Gimferrer, “Julio de 1965”) cuando Vicente llega a Barcelona y se encuentra con el resto de los componentes del llamado aquí Grupo de los Seis, unos jóvenes insatisfechos y heterodoxos en su conducta, inquietudes y saberes. Ese año se nos relata centrándose, de manera tan precisa como puntillosa, en dos trimestres y tres meses sueltos, dedicándoles un capítulo independiente a cada uno de ellos (I, 23, 29, 30, 35 y 40), como puede observarse en el índice. Pero, además, el lector aprecia un evidente contraste entre la vida en esas tres ciudades, que tienen que ver con distintas fases de su maduración personal, resaltando sobre todo, respecto a las anteriores, las experiencias que vive en Barcelona. Ana María, por su parte, establece la siguiente comparación entre Madrid (“dicen que tiene siempre una sonrisa profidén”) y Barcelona (“tan seductora, tan bien vestida, a veces saca los dientes y muerde”) (p. 352). Pero, además, aunque la historia privada se centre en unos cinco años, hasta 1969, en el conjunto no se pierde de vista nunca el fondo político de aquella última década del franquismo. Así, por ejemplo, se alude a la manifestación en Madrid, de febrero de 1965, o al encierro en la Facultad, disuelto por los grises a caballo.</p><p>La narración empieza siguiendo la cronología vital del protagonista y valiéndose a veces de antiguas fotos, contando los años de Alicante, los ritos familiares y los escolares, las primeras experiencias sexuales, la fascinación por las hermanas Valdés... Pero también rememora los tres veranos decisivos que Vicente pasó en París, entre 1962 y 1964, en los que un chico devoto, incluso lleva cilicio, se convierte en cinéfilo. Hay, sin embargo, dos personajes que destacan en esta etapa: el desterrado doctor <strong>Ribas Soberano</strong> que salvó a su madre de la muerte; y <strong>Camilo José Cela</strong>, ante quien su padre lo llevó, en la Alicante en 1962, a que le firmara unos libros. Luego, Vicente lo siguió por la ciudad, asistió a una conferencia e incluso mantuvo dos conversaciones con el escritor. La conferencia de Cela quizá podría desempeñar aquí una función semejante a la que dicta <strong>Ortega y Gasset</strong> en <em>Tiempo de silencio</em>. Molina Foix se refiere también en estas páginas a sus padres y a su hermano<strong> Juan Antonio</strong>, un reconocido experto en cine y literatura fantástica, pero nunca a su hermana mayor, a quien –tras la publicación de la novela- le ha dedicado un sincero y emotivo artículo en forma de carta (“<a href="https://elpais.com/elpais/2017/11/27/eps/1511804624_633406.html" target="_blank">A la hermana perdida</a>”, <em>El País Semanal</em>, 3/XII/2017), que bien podría haber formado parte de esta narración, como un capítulo más.</p><p>A Madrid, donde ya vive su hermano, llega en 1964 para estudiar Derecho, aunque se muestre mucho más interesado por el cine, por la relación que entabla con los afrancesados de la revista <em>Film Ideal </em>(<strong>Félix Martialay</strong>, <strong>Marcelo Arroita-Jáuregui</strong>, <strong>Juan Cobos</strong>, <strong>Miguel Sáenz</strong>, <strong>José Luis Guarner</strong>...), y por las actividades de la oposición clandestina, llegando a formar parte de la célula de Atocha del PCE, convertido en Cesáreo. Se trata, por tanto, de un tiempo dedicado a la conspiración y al aprendizaje, a compaginar el conocimiento del surrealismo con el del socialismo, en el que además comienza a ser consciente de su homosexualidad. Y cuando <em>Film Ideal</em> se derechizó, Vicente Molina se integra en la redacción de la revista <em>Nuestro cine</em>, fundada en 1961 y vinculada a la izquierda, junto a<strong> Augusto M. Torres </strong>y<strong> Miguel Marías</strong>. Pero para entonces estábamos en el curso 66-67, época en que se cumplían sus amores con la pintora Mari Luz D., casada con un escritor de cuentos del realismo social.</p><p>Sus estancias esporádicas en Barcelona, donde se presenta con 18 años, tendrán una gran trascendencia en su vida, por las relaciones que entable con otros jóvenes de su cuerda, hasta acabar abandonando la inopia para en adelante comportarse como un libertino, tal y como el mismo autor ha descrito su transformación. Así, nos cuenta sus amores con el siempre absorbente y melodramático Ramón, quien ya tiene 23 años. Una versión distinta de estos hechos puede leerse en el tercer tomo de sus memorias, <em>Extraño en el paraíso</em> (1998), según ha recordado <strong>Mainer </strong>en una reseña modélica. El caso es que Ramón acabó rompiendo con él por telégrafo, lo que hoy suena antediluviano. A la vez, Gimferrer y Carnero se quedan prendados de Ana María, el primero a su manera, tal y como confiesa: “yo me he enamorado de Ana María aunque en forma un tanto peculiar; ni la quiero ni la deseo; la <em>necesito</em> intelectualmente” (p. 204). Ella, por su parte, los quería como amigos, pero los rechazaba en calidad de novios (p. 230). Y, al respecto, no podemos pasar por alto la confesión del joven y siempre atrabiliario Panero: “La sexualidad la veo en sí misma repugnante. Y si pudiera me libraría de ella con mucho gusto” (p. 249).</p><p>Además, la llegada a la Universidad supone el descubrimiento del amor, la iniciación sexual, homosexual, y el conocimiento del magisterio cultural, pero también la aspiración de convertirse en buen discípulo de aquellos que saben más que él, pues Molina Foix se presenta como “un provinciano palurdo entre sabios morbosos” (p. 308). Siendo importante la visión del grupo, la amistad que entablan, la rivalidad, los celos que padecen  y cierta pedantería, habría que destacar sobre todo las cartas que Ana María, la musa del grupo, le dirige a Vicente, sus intereses e inquietudes, sus visitas al psiquiatra, su fascinación, y más, por <strong>Esther Tusquets</strong>, para referirse también a “esa porquería infecta que son los sentimientos” (p. 347).</p><p>Aunque la historia acabe en 1969, cuando todos los miembros del grupo, menos él, han publicado ya algún libro o están emparejados (Gimferrer con una chica muy guapa —afirma el narrador, con quien quisieron formar un trío, aunque solo a efectos románticos— que se hacía llamar Doctora Mabuse y se las daba de fría y calculadora, pp. 284-290), es difícil sustraerse a lo que será el futuro de cada uno de ellos. Así, en 1970, Molina Foix publicó su primer libro en la todavía Seix Barral de <strong>Carlos Barral</strong>, una novela titulada <em>Museo provincial de los horrores</em>, y junto a sus amigos –con la excepción de Terenci, entonces escritor solo en catalán- aparece incluido en la antología de <strong>José María Castellet</strong>, <em>Nueve novísimos poetas españoles</em>, formando todos ellos, además de <strong>Féliz de Azúa</strong> (¿por qué no aparece en esta novela, por dónde andaba entonces?), lo que el antólogo llamó la <em>coqueluche</em>, a quienes Ana María define como “aquellos muchachos ebrios de cine, poesía, verano y juventud” (p. 357).</p><p>Hoy, sin embargo, la percepción de estos autores me parece que ha cambiado y es probable que a más de uno le cueste entender la fascinación que sintieron tanto por Ana María como por Leopoldo; frente al atractivo mayor de Terenci para los que hayan tenido la fortuna de tratarlo, mucho más ingenioso y desmesurado, por su simpatía personal y por ser un gran contador de historias. Por otra parte, me temo que Ana María pecaba de optimista cuando en una de sus cartas afirma: “empezamos una generación (...), será la más grande de esa historia-miseria que nos ha precedido”. Pues tanto la anterior, la llamada del <em>mediosiglo</em> (<strong>Sánchez Ferlosio, Valente, Claudio Rodríguez, Gil de Biedma, Ana María Matute, Caballero Bonald, Carmen Martín Gaite, Juan Marsé</strong>...), quienes sí pusieron en práctica diversas estrategias para alcanzar un cierto poder, como alguno de sus coetáneos, o la posterior generación han dado semejantes o mejores frutos que ellos: <strong>Miguel Espinosa, Francisco Umbral, Javier Marías, Luis Mateo Díez, José María Merino, Rafael Chirbes, Cristina Fernández Cubas</strong>...</p><p>Junto con <em>El abrecartas</em> (2006) y <em>El invitado amargo</em> (2014), escrita con <strong>Luis Cremades</strong>, esta obra compone una trilogía que el autor ha tachado de novelas <em>documentales</em>. Lo que se narra, en suma, como apenas nunca se había hecho, y eso es lo que convierte a este libro en atractivo y singular, es la intrahistoria de un grupo de jóvenes que en los últimos años de la década de los sesenta aspiraban a convertirse en escritores, la amistad que surgió entre ellos, los amores y deseos más o menos satisfechos, las relaciones homosexuales, los celos (¿de ahí lo de <em>novela romántica</em>, concepto que Ana María utiliza en su última carta, p. 361?), y, cómo no, un cierto histrionismo, mucha pedantería y cierta tendencia al lenguaje ampuloso.</p><p>Así, lo que empezó siendo un relato personal, familiar, acaba convirtiéndose en una historia coral de amistad, en Madrid de forma más tímida, y de manera absoluta en Barcelona. No falta ni la autocrítica, ni tampoco humor. Respecto a este último, véase la disputa entre Ramón y Leopoldo (p. 242), la distinción del primero entre lo narrativo, que él cultiva, y el despectivo <em>versiprosa</em> de los demás (p. 244); y lo que le espeta a su hermana (p. 246). O todo lo relativo a esa especie de combate por ver quién lleva el abrigo más extravagante, sean los de Vicente, el de Carnaby Street o el negro de conejo (pp. 230 y 324), o incluso el largo tabardo ribeteado de piel de leopardo, sintética, de Panero (pp. 223, 254 y 255).</p><p>El gusto por el apodo, como en la novela del XIX, en nuestro <strong>Galdós</strong>, por ejemplo, recorre todo el libro. Así, Cela llama al joven Vicente “cara de plato”, mientras que sus amigos lo tratan de “cara de pan”, “cara de Luna” (p. 350) o “lo Vicentet” (pp. 151, 307). Gimferrer es, para el narrador, El Crítico 1°. o El Poeta Fundador; Ramón Moix es El Crítico 2°. o El Novelista Sensacional; Ana María, muy aficionada a motejar a los demás (p. 360) es la Poeta de Prosa delicada, a quien también llaman el Animal, y ella misma se define como “la desdichada de los Cortos Cabellos” (p. 356); Carnero aparece como El Poeta de Gran Estatura y foulard; mientras que a Molina Foix lo conocen como <em>Le petit martien</em>.</p><p>Se trata, en suma, de una narración inteligente, desmitificadora, a menudo irónica y a ratos divertida, un libro imprescindible para entender, en las postrimerías del franquismo, cómo eran algunos jóvenes que aspiraban a convertirse en grandes escritores.</p><p>P.S. 1. La publicación del libro ha generado un hecho más que curioso, y es que uno de sus protagonistas, Guillermo Carnero, lo ha reseñado en la revista <em>Mercurio</em> (núm. 195, noviembre del 2017).</p><p>P.S. 2. Creo que se han colado dos errores que, de ser ciertos, podrían corregirse en una próxima edición: en 1966, Juan Luis Panero no había publicado todavía <em>A través del tiempo</em>, su primer libro, que data de 1968 (p. 226). Y el Premio Gabriel Miró no es de novela, sino de cuento (p. 258).</p><p><em>*Fernando Valls es crítico literario y profesor de Literatura.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De un libertino que estuvo en la inopia]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Aquel reloj de ajedrez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reloj-ajedrez_1_1156574.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/08b579f9-61c8-4919-97ef-7c2d58210e10_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aquel reloj de ajedrez"></p><p>Cuando, a principios de este año, visité en el Conde Duque la exposición <a href="http://condeduquemadrid.es/evento/bethune-la-huella-solidaria/" target="_blank">Bethune. La huella solidaria</a>, que recogía el legado de este doctor y la ayuda de los voluntarios canadienses a la Segunda República, recuerdo haber pensado: ¡qué historia tan impresionante para una novela! Incluso aventuré que sería un buen argumento para uno de los <em>episodios nacionales</em> de <strong>Almudena Grandes</strong>, en los que la autora nos pone ante el espejo y nos hace ver lo oculto de nuestra historia, lo silenciado, lo necesario.</p><p>La exposición proponía, a través de fotos biográficas, los inicios de <strong>Bethune </strong>como cirujano en Montreal, su labor sanitaria en España y su trabajo en China como cirujano de campaña, en el frente. Recuerdo que me emocionaron profundamente algunas imágenes y sus cartelas explicativas, tanto como me ha emocionado siempre la colaboración desinteresada de los brigadistas: hombres y mujeres que decidieron ayudarnos, cuando sus gobiernos miraban para otro lado.</p><p>Y hete aquí, cuál no sería mi sorpresa, cuando meses más tarde se anuncia, compro y leo con avidez <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-pacientes-del-doctor-garcia/252790" target="_blank"><em>Los pacientes del doctor García</em></a>, la última novela, deseada y rotunda, que la autora de tantos títulos inolvidables, nos regalaba para disfrute de quienes, como yo, no queremos olvidar la historia, sino conocerla desde una mirada honesta, comprometida y generosa. No sé si Almudena vio la misma exposición que yo, tampoco la novela cuenta la vida y milagros de Bethune (porque lo fueron, para la época), pero sí recoge su invento para las transfusiones de sangre, que fueron tan útiles en la contienda y en la paz de los cementerios.</p><p>  </p><p><em>Los pacientes del doctor García</em>, tiene una estructura compleja y sólida, que exige la complicidad del lector. No es una historia lineal, ni siquiera es una sola historia, son múltiples historias que desde diferentes puntos de vista, personajes, escenarios, paisajes e ideologías, irrumpen en la escena desgranando sus enfoques, implicaciones, emociones, glorias y miserias. Personajes de una fuerza increíble, por momentos crueles, por momentos tiernos, por momentos descorazonadores y por momentos pegados a la piel de la lectura.</p><p>Todo funciona como un puzle que se va armando y desarmando ante el lector, a medida que avanza la novela. Reconozco que en algún momento me ha desesperado perder el hilo de un personaje al entrar en otro, y sin embargo, esa espera, resultó recompensada al volver a encontrarlo y comprender la necesidad de su desaparición y aparición, como un Guadiana literario de quien maneja —sin tropezar— armazones complejos de historias tan reales e inexplicables como las vividas y las que se cuentan en <em>Los pacientes del doctor García</em>. No se puede describir de otra manera esta novela. Se necesita cruzar estos callejones oscuros, estos salones luminosos y estas intrigas terribles para comprender lo que pasó, lo que estaba pasando sin que nadie lo supiera o no quisiera saberlo.</p><p>Los personajes de la novela, todos necesarios (aunque sean muchos) tienen una personalidad bien definida y son coherentes de principio a fin. Un reloj de ajedrez, testigo del paso del tiempo; un cirujano, un boxeador, una mujer que organiza una red para ayudar a los nazis a salir de Alemania, militantes comprometidos, infiltrados, mafiosos, hombres y mujeres de carne y hueso (enfrentados a guerras, emociones, amor, odio) que, en ocasiones, quisieras abrazar, zarandear, comprender…</p><p>Pero si tuviera que elegir un personaje y un momento del libro (aunque todos me parecen impresionantes), elegiría un alegato estremecedor que me emocionó hasta la lágrima. El personaje: Manuel Arroyo Benítez. El momento: cuando éste se da cuenta de que todo lo vivido, sufrido, trabajado (no solo él, sino muchas personas más, jugándose la vida) no ha servido de nada y, entre otras muchas palabras emocionantes, dice: “No vais a apoyarnos, ¿verdad? (…) Tampoco ahora. Nos dejáis solos, como siempre (…) y los españoles seguimos siendo tan gilipollas, tan ingenuos, que nos jugamos la vida todos los días, esperando a que os deis cuenta de que existimos. (…) Pero a vosotros eso os toca los cojones, ¿no?, porque siempre hay un enemigo nuevo, un asesino más odioso, un peligro más urgente”. Tremendo, tremendo, emocionante y el quid de la cuestión, el verdadero argumento del libro, lo que subyace en algunas novelas de Almudena Grandes: cómo los aliados, tras la ayuda impagable de los brigadistas españoles en la II Guerra Mundial, no quisieron intervenir en España para expulsar al dictador. A pesar de todo, los Quijotes de siempre siguieron intentándolo una y otra vez.</p><p>Mi madre decía que es de bien nacida ser agradecida, por eso agradezco a “Los pacientes del doctor García”, la lucidez, el coraje y la cordura de sus personajes, y el valor de su autora por dejarnos mirar al pasado con tanta belleza y emoción.</p><p><em>*Nieves Álvarez Martín es escritora y artista plástica.</em><a href="http://www.nievesalvarezmartin.com" target="_blank">Nieves Álvarez Martín</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Nieves Álvarez Martín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Aquel reloj de ajedrez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Almudena Grandes,Libros,Novela,Los diablos azules número 102]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La superioridad moral de la izquierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/superioridad-moral-izquierda_1_1156570.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/651b4d1c-3ae5-44e0-ade0-0dedd16026cc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La superioridad moral de la izquierda"></p><p><strong>Ignacio Sánchez-Cuenca</strong> confiesa no sentirse cómodo en el tono del ensayo. Prefiere moverse en la investigación académica, el análisis empírico, el lenguaje neutro pegado a los datos y a la bibliografía. Pese a su incomodidad confesada, el ensayo <a href="https://agora.ctxt.es/product/libro-superioridad-moral-de-la-izquierda" target="_blank">La superioridad moral de la izquierda</a> (Colección Contextos, Lengua de Trapo, 2018) no es el fruto del sueño de una noche de verano, ni la consecuencia de una improvisación carente de motivaciones. Ocurre que las horas de trabajo, las lecturas y la experiencia intelectual necesitan pasar de la observación a las preguntas sobre la realidad. Y las preguntas tienen una vinculación ética con el pasado y el futuro que pasa de los hechos a las palabras, de las descripciones a la interpretación. La teoría es un esfuerzo por crear sentido a partir de los datos. Su compromiso con el conocimiento asume de manera coherente un diálogo con el “esto es lo que hay” y con el “tal vez”. Renunciar a cualquiera de los dos ámbitos supone negarse a una creación de sentido en contacto con la realidad.</p><p>  </p><p>Si no borramos de un golpe la conciencia ética, las miradas hacia el mundo provocan insatisfacción y reconocimiento de la injusticia. Por eso es necesario imaginar una alternativa. <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/02/24/ignacio_sanchez_cuenca_superioridad_moral_izquierda_una_condena_75758_1026.html" target="_blank">Ignacio Sánchez-Cuenca imagina posibilidades</a>: “Sea quien sea quien tome el relevo, tendrá que inventar nuevas fórmulas que se ganen la confianza de la gente. Quizá sea la renta básica universal, o un modelo de integración supranacional diferente a la UE (hoy casi totalmente dominado por tendencias neoliberales), o una coalición internacional de lucha contra el cambio climático, o una nueva regulación del capitalismo financiero, o una mezcla de estos elementos: sin algo de esta naturaleza, que vaya más allá del Estado de bienestar, la socialdemocracia continuará languideciendo mientras se producen diversos seísmos políticos”.</p><p>El autor se compromete desde el propio título. Su carácter afirmativo es una toma de postura ante los que ridiculizan el buenismo izquierdista y ante los que sostienen que la división social entre la derecha y la izquierda es una vieja secuela de la Revolución Francesa que no tiene sentido en los debates actuales. Más allá de las discusiones de vocabulario y de las estrategias de la renuncia, nadie puede negar que existen el conflicto y la desigualdad. Tampoco puede negarse que en las dinámicas sociales se adoptan distintas posturas ante esa realidad. La lógica del neoliberalismo santifica una idea de la libertad que normaliza la ley del más fuerte y niega los marcos regulados en los que debe convivir de forma solidaria la ciudadanía. La izquierda procura devolverle a la libertad su dimensión social. Se vuelven a pensar las posibilidades del contrato ilustrado y se denuncia su deriva en manos de un capitalismo voraz.</p><p>Situados en este punto no sólo hay que perder el pudor a la hora de afirmar que las ilusiones de la izquierda tienen una superioridad moral frente a las ambiciones desatadas del neoliberalismo. También hay que  preguntarse por qué la izquierda fracasa y se estrella contra la realidad con tanta frecuencia. Una de las causas más repetidas, dejando a un lado el poder de las élites económicas a la hora de liquidar cualquier alternativa contraria a sus propios intereses, es que la superioridad moral cae en la tentación de convertirse en superioridad política o en soberbia puritana, procesos que impiden la comprensión de las verdaderas condiciones sociales a la hora de intervenir en la realidad que se desea transformar. La izquierda que desprecia a <strong>Cervantes</strong> para identificarse con Don Quijote suele estrellarse contra los molinos de viento.</p><p>Suele también comulgar con ruedas de molino. El compromiso ético se ha sustituido con frecuencia por el deseo de formular un pensamiento científico comparable a la química o la física a la hora de analizar los procesos sociales. Esa dinámica se convierte en un grave peligro cuando la ciencia que sustituye a la ética genera políticas que cancelan el presente y los derechos humanos en nombre de una perfección que no existe y una imposible tierra prometida en el futuro. El deseo humano, que en realidad no puede atarse a ningún objeto inmóvil, acaba degenerando en una fuga intelectual de la realidad que permite decisiones y formas de poder mezquinas. La Historia no justifica ningún tipo de poder injusto sobre la vida cotidiana de la gente. Pero no hace falta llegar a tales extremos para lamentarse de la soberbia sacerdotal de una conciencia pura que se niega a gobernar o a cambiar poco a poco la realidad para mantenerse en el supremacismo moral. ¿Poner los pies en la realidad? ¿Para qué?</p><p>Son las inquietudes que tiene el pensamiento de izquierdas. Necesita negarse al acomodo, a la integración en el sistema, de la vieja socialdemocracia; y al mismo tiempo, debe recuperar la lógica de una intervención real en el Estado, políticas que no supongan cantos al viento, sino alternativas.</p><p>Lo bueno de adentrarse en el mundo del ensayo es que las horas de trabajo académico y los datos pueden ampliar horizontes en su deseo de conocer el mundo. El trabajo de Ignacio Sánchez-Cuenca invita a tomar postura ante el relativismo de la sociedad posmoderna. El fin de los grandes relatos  ha desembocado en un cinismo poco compatible con el compromiso ético, ya que conduce al “todo da igual”. Pero este relativismo posmoderno ha desembocado después en el “nada es posible”, condenándonos a la renuncia, al acomodo agónico en una sociedad sin arreglo dentro de un planeta insostenible. Es lo que <strong>Marina Garcés</strong> ha llamado hace poco la condición póstuma.</p><p>Conviene que el mundo académico, el saber humanista, científico y técnico, reaccionen contra esta condición póstuma. Y en esta reacción se sitúa <em>La superioridad moral de la izquierda</em> porque nos invita a volver a la palabra <em>verdad</em>. Ya no basta con reconocer los mecanismos del poder que suelen esconderse en las verdades establecidas. Tampoco basta con creerse en posesión de la verdad. Necesitamos crear un acuerdo, un código de valores comunes que respondan a la dignidad humana: razones y sentimientos que podamos vivir como verdad. Para eso es necesaria una izquierda consciente de su superioridad ética que, a la vez, esté dispuesta a actuar en la realidad social de las personas normales que se levantan todos los días para cumplir los ciclos del sol, la luna, los autobuses, las persianas de los comercios, el rumor del café con leche en las cafeterías, la luz de las aulas, el blanco de los hospitales y el tic-tac de los relojes en los puestos de trabajo. Sea quien sea el que tome el relevo, tendrá que inventar nuevas fórmulas que se ganen la confianza de la gente… Una forma de volver al Estado.</p><p><em>*Luis García Montero es poeta y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/a-puerta-cerrada.html" target="_blank">A puerta cerrada</a><em> (Visor, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La superioridad moral de la izquierda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Los diablos azules número 102]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Por qué los buenos nunca ganan?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/buenos-ganan_1_1156567.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ccdc8b20-3634-48e5-af34-d01385186886_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué los buenos nunca ganan?"></p><p><em>Este texto forma parte del prólogo escrito para el libro de Ignacio Sánchez-Cuenca, </em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/02/24/ignacio_sanchez_cuenca_superioridad_moral_izquierda_una_condena_75758_1026.html" target="_blank">La superioridad moral de la izquierda</a><em> (Colección Contexto, Lengua de Trapo, 2018).</em></p><p>__________________________</p><p>Dos son los objetivos que el autor se marca en este ensayo. En primer lugar, demostrar mediante una incursión en la filosofía política por qué las ideas de la izquierda son moralmente superiores —preferibles— a las de la derecha. En segundo lugar, por qué esa superioridad moral produce en la izquierda efectos secundarios negativos como una inflación del sectarismo, una tendencia a la división o al ensimismamiento, y una incapacidad trágica para la victoria.</p><p>Y es que seguramente el rasgo más distintivo de quienes se reivindican de izquierdas es la cantidad de tiempo, energías y salud que gastan en definirse, reivindicarse y batallar con otros por el título. La izquierda podría así definirse como aquel colectivo que fundamentalmente discute sobre la izquierda. Es muy probable que las personas progresistas guarden con eso que se llama la izquierda una relación paradójica: están bastante orgullosos de sus valores y al mismo tiempo viven en una insatisfacción permanente con los actores políticos que deberían convertirlos en transformaciones del presente.</p><p>Sin que sea su objetivo declarado, el libro nos coloca a las puertas de la que puede ser la pregunta fundamental del pensamiento emancipador: ¿por qué los buenos no ganan (casi) nunca? ¿Cómo consiguen los privilegiados, que son minoría social, ganar para sus ideas una mayoría política? Las izquierdas generalmente han preferido regañar y repartir culpas antes que plantearse seriamente estas preguntas. Así, han tachado de falsa conciencia a identidades políticas duraderas y de efectos muy reales, se quejan de los medios de comunicación, de traiciones de sus vecinos y, más a menudo aún, de su propio pueblo por no parecerse a los pueblos que salen en los manuales. Esta es la cuestión que me parece más urgente y a la que por tanto le dedicaré una reflexión específica.</p><p>  </p><p>La izquierda, precisamente por sentirse portadora de ideales universales y moralmente superiores, a menudo da la verdad por constituida, de tal manera que la tarea de la política revolucionaria sería proclamarla o revelarla. En otros casos, la verdad debe ser hallada o averiguada, a partir de lo cual tendrá efectos imparables. No estamos ante una cuestión solo filosófica, sino directamente política. De este esquema se desprenden al menos tres consecuencias que tienen un peso decisivo en la historia de la izquierda.</p><p>En primer lugar, una frecuente disociación entre el peso real que un actor político tiene y la grandilocuencia y a veces soberbia de sus posicionamientos públicos. Como las izquierdas poseen la verdad antes y con independencia de que esta se comparta mayoritariamente en su sociedad —y la poseen o aspiran a alcanzarla por su conocimiento de la economía, de las leyes de la historia o por la calidad de sus valores— la prueba del efecto real que sus ideas producen no le afecta o, al menos, no es un dato principal. Así que uno puede caminar y hablar como <strong>Napoleón </strong>sin que para ello sea necesario haber ganado una sola batalla ni tan siquiera disponer de un ejército. Una cultura política en la que el peso de los argumentos no depende directamente de su capacidad probada para incidir en la realidad, para alterar el equilibrio de poder en beneficio de los cualquiera es, como se entiende fácilmente, una cultura política con una relación cuando menos conflictiva con la victoria. Nada lo puede representar mejor que el famoso axioma de <strong>Mao Zedong</strong>: "Una minoría en la línea correcta revolucionaria ya no es una minoría". Se podrá objetar que Mao sí conquistó y ejerció el poder, pero no lo hizo en un escenario de pluralismo político. Esto nos permite conectar con la segunda consecuencia política.</p><p>En segundo lugar, de este esquema se desprende una considerable rigidez a la hora de llegar a acuerdos y compromisos o a adaptarse a situaciones cambiantes. Con la verdad no es lícito transaccionar ni ser flexible: la verdad se realiza. Este moralismo ha dado lugar a que la historia de la izquierda, por bellas que sean sus ideas, sea también un largo camino de sectarismo y purgas. Si la verdad preexiste a la política, esta tiene dificultades para encajar el pluralismo o el disenso. Más allá de sus implicaciones éticas, la primera víctima del estrechamiento del pluralismo, el disenso o el pensamiento libre es el talento. La competencia y deliberación entre las mejores ideas y cuadros se sustituye por la lealtad y el terrible oficio de posicionarse siempre del lado que sopla el viento. Esto convierte a los actores o regímenes políticos en fábricas de mediocridad y, a la postre, de derrota.</p><p>En último lugar, si la verdad antecede a la disputa política, si los intereses de cada cual o de los grupos sociales dependen —por ejemplo— de su posición en el sistema productivo, la tarea principal no es conformar los bandos, generar agrupaciones en un sentido u otro, articular la voluntad general de la sociedad que determine una distribución más equitativa y sostenible de poder, reconocimiento y riqueza; la tarea sería, por el contrario, investigar y después desvelar esos "auténticos intereses", romper todos los velos que los ocultan, que engañan a las masas y les producen "falsa conciencia"... o al menos ser coherentes y resistentes hasta que el paso del tiempo, la crisis terminal del capitalismo o la vileza de los adversarios acaben por hacer caer todas las máscaras. En eso las corrientes más burdas de la izquierda entroncan con un cierto milenarismo y confianza del advenimiento del gran día. Si uno entiende la política como la realización de una verdad ya constituida, puede contentarse con proclamarla con la suficiente contundencia o sofisticación según la escuela; si uno, por el contrario, entiende la política como la construcción de verdades compartidas en un sentido común y condiciones dadas, que no se eligen, necesariamente debe esforzarse en una batalla cultural, estética e intelectual por la hegemonía: por la construcción de voluntad colectiva sabiendo que esto es una pugna cotidiana, nunca definitiva y cambiante.</p><p>Curiosamente, la mayor carga moral de la izquierda la ha distanciado de las mejores lecturas de <strong>Gramsci</strong>. Mientras, la derecha, quizás por una flexibilidad más cínica, ha entendido mejor en las últimas décadas la necesidad de elegir las batallas y de concentrarse en la disputa por el sentido común y por la primacía simbólica: ser quien dicta los nombres y reparte las posiciones. Así convierte con frecuencia los intereses de la minoría privilegiada en interés general. Esto no es una mentira o un engaño, porque ese interés general no existe en ningún sitio esperando a ser revelado: es una victoria política.</p><p>De esta crítica no cabe deducir, en modo alguno, un llamamiento a abjurar de los principios o a un relativismo moral según el cual no es distinguible lo bueno o lo justo de lo malo o lo injusto. Nada de eso. Pero es importante recordar que las verdades morales, de carácter en todo caso subjetivo, sólo se convierten en verdades políticas mediante una disputa cultural por convertirlas en las verdades de su tiempo. Tal es así que necesitamos aplicar lo que <strong>Gayatri Spivak</strong>, teórica india de la subalternidad, llama "esencialismo estratégico": ser fiel a unos valores trascendentes como si fuesen verdades atemporales, asumiendo inmediatamente a continuación que esas verdades deben ser políticamente construidas. Porque cuando las fuerzas progresistas olvidan los valores trascendentes, ese inmenso caudal moral que hace que tanta gente se deje la vida por objetivos que no sabe si se cumplirán, pierden su principal combustible, el que ha nutrido una suerte de religión laica, una comunidad de creencias, afectos y emociones por la que <em>los cualquiera </em>han logrado, de forma muy costosa, avanzando muy poco con mucha inversión de energía —como en una dinamo estropeada—, producir sociedades y vidas mejores. Esto es lo que le ha pasado, como diagnostica bien el autor, a una socialdemocracia que se ha olvidado de disputar la concepción ética del mundo a las fuerzas conservadoras o reaccionarias y hoy se marchita o se contenta con aguantar. Y a la inversa, cuando las izquierdas se han entregado solamente a la trascendencia, a la satisfacción de poseer verdades preexistentes a la voluntad humana, ha sido alternativamente una fábrica de posiciones minoritarias —a la espera de que el pueblo descubriese la verdad— o de experiencias dictatoriales —empeñadas en amoldar el pueblo realmente existente a esa Verdad preexistente—.</p><p>Un pensamiento emancipador, radicalmente democrático y con clara voluntad de victoria, debería ser por tanto aquel que se fije como principal objetivo construir pueblo, combinando lo que <strong>Max Weber</strong> llamaba la ética de las convicciones y la ética de la responsabilidad. Para la primera, importa solo aplicar los principios morales, sin que sean relevantes las circunstancias o efectos de su aplicación. Cualquier desviación es ilícita y las acciones se justifican por su no desviación del ideal puro. Para la segunda, la ética de la responsabilidad, la clave son las consecuencias de la aplicación de los principios morales, sus efectos. Es una lógica que se obliga a tratar con la imperfección, con las contradicciones y con los grises de la realidad que nos es dada, y que juzga las ideas por sus efectos y no por su pureza.</p><p><strong>Maquiavelo </strong>nos enseñó que detrás de la política sí hay principios morales, inevitable y afortunadamente, pero que no hay nada más irresponsable que escudarse en la belleza de estos para desentenderse de sus consecuencias, que la política y la moral tienen lógicas diferentes que, en todo caso y con dificultades, el príncipe puede querer hacer converger. La buena política debería ser aquella que se haga cargo del necesario equilibrio entre la lógica de los valores morales y la lógica de su construcción política en la batalla por conformar un <em>nosotros</em> y marcar un horizonte del que no puedan sustraerse ni los adversarios.</p><p><em>*Íñigo Errejón es secretario de Análisis estratégico y cambio político de Podemos y diputado por Madrid.</em><strong>Íñigo Errejón</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Sánchez-Cuenca]]></author>
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