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Entrevista

Ignacio Sánchez-Cuenca: "La superioridad moral de la izquierda es una condena"

  • El politólogo defiende en su nuevo ensayo que las ideas progresistas son éticamente más elevadas y se pregunta por qué esto no se traduce en un mayor apoyo a los partidos que las representan
  • Sánchez-Cuenca, colaborador de infoLibre, sostiene que la ideología tiene menos que ver con la posición social del individuo que con su preferencia por unos u otros valores morales

Publicada 24/02/2018 a las 06:00 Actualizada 23/02/2018 a las 22:24    
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El profesor y articulista de infoLibre Ignacio Sánchez-Cuenca.

El profesor y articulista de infoLibre Ignacio Sánchez-Cuenca .

CATARATA
"La superioridad moral de la izquierda" se ha convertido en una especie de refrán sin segunda parte muy usado, precisamente, por la derecha. Cuando se usa, suele ser para hacer mofa de lo que se ve como un cierto halo de santidad, y también para señalar otras carencias. Un día, Ignacio Sánchez-Cuenca (Valencia, 1966), profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid, se topó con ella, por enésima vez, en el periódico ABC. ¿Por qué se usaba la "superioridad moral" para atacar a una ideología? ¿Y por qué esa incomodidad de la izquierda ante el extraño chascarrillo? Además, el ensayista venía pensándolo desde hacía tiempo: las ideas de la izquierda son moralmente superiores a las de la derecha. 

Y se atreve a defenderlo en su último libro, La superioridad moral de la izquierda, editado por la Colección Contextos, un proyecto del medio Ctxt y de Lengua de Trapo. El semanario publicó ocho artículos del politólogo sobre este tema y ahora edita el título en colaboración con la editorial de Jorge Lago, miembro del Consejo Ciudadano de Podemos y próximo a Íñigo Errejón, que prologa el ensayo. Así que además de establecer un lazo entre filosofía y política para argumentar por qué las ideas de izquierdas son más elevadas éticamente, el volumen es también un análisis pegado a la realidad sobre por qué esta supuesta evidencia no parece dar réditos electorales (y, como tal, una interpelación a que PSOE y Unidos Podemos tomen nota).

Sánchez-Cuenca, colaborador de infoLibre, asegura entre risas que sus amigos de derechas todavía no le han dejado de hablar. Pero cabría esperar cierto debate, viendo la recepción que tuvo su anterior libro, La desfachatez intelectual, que provocó las quejas airadas de Fernando Savater y Javier Cercas (entre otros), cuyos artículos de opinón criticaba. Sánchez-Cuenca empieza por explicarse. 

P. En el ensayo apunta que, aunque las ideas de izquierdas sean moralmente superiores, no lo son ni las personas de izquierdas ni sus políticas. ¿Cómo es esto?

R. Las ideas las podemos comparar, podemos determinar cuáles son mejores. Pero una persona, por el hecho de defender unas ciertas ideas, no es mejor. Una persona puede tener ideas muy bellas, o muy bienintencionadas, y luego comportarse de acuerdo con principios que no tienen nada que ver con ellas. En ese sentido, quiero dejar muy claro que esto no es una crítica a las personas de derechas, sino una comparación entre ideas políticas.

P. ¿Es cuestión de coherencia, entonces?

R. Y no solo. En nombre de unas ideas, uno puede hacer barbaridades o no calibrar bien los medios para conseguirlas.

P. Defiende que las personas de izquierdas tienen mayor sensibilidad hacia la injusticia, mayor empatía con los oprimidos. El gulag no parecía una cuestión de empatía.

R. La paradoja que me fascina en la izquierda es esta: que incluso cuando se cometen los mayores crímenes, cuando se ha hecho en la Unión Soviética o en China, ha sido en nombre del género humano y para que la gente viviera en una sociedad nueva, distinta, igualitaria, en la que todo el mundo tenga la posibilidad de desarrollarse como quiera. Incluso en los momentos más siniestros de la violencia de izquierdas, incluso ahí es posible detectar una motivación moral muy elevada. Esto puede sonar muy paradójico, pero yo creo que esa es la principal diferencia entre la violencia de izquierdas y la de derechas. Eso no supone que la de izquierdas sea más disculpable: la violencia y el asesinato es el mismo desde cualquier punto de vista. Pero incluso ahí se detecta un fin moral último, haces un gran sacrificio de vidas humanas con el propósito de conseguir un orden social más justo. Y solo con este planteamiento se puede entender lo que ha sucedido en el siglo XX con las ideologías de izquierda.

P. Si la izquierda busca la justicia social, ¿qué busca la derecha? ¿Qué explica su violencia?

R. Es una buena pregunta, porque es un asunto que no trato en el libro. Me limito a caracterizar la ideología de la derecha como la gestión o la conservación del orden existente. Que si uno considera que lo que hay es una degradación o una decadencia del orden, puede ser un reformista de derechas: los liberales son unos reformistas, porque creen que nuestras sociedades están infectadas de colectivismo y estatismo. Pero lo que hace la derecha es, fundamentalmente, respetar la estabilidad y el orden natural de la sociedad. Si en ese orden hay desigualdad, toca desigualdad. No toda la derecha ha sido violenta, igual que no toda la izquierda lo ha sido, pero cuando ha habido violencia de derechas ha sido sobre todo contra aquellos que amenazaban el statu quo.

P. Si se trata de comparar ideas y establecer la superioridad moral de unas sobre otras, ¿qué ocurre con esa máxima de que “todas las ideas son igualmente respetables”, que se presenta como el máximo argumento democrático?

R. No lo contradigo, porque creo también en el principio de tolerancia. Entiendo que haya gente que no comparta mis ideas, y de hecho en el libro hago una pequeña exploración de por qué la gente tiene ideas distintas sobre la política, que depende del carácter personal y de sus valores morales. Creo que en la sociedad todo el mundo tiene derecho a pensar lo que le dé la gana. Lo que pasa es que dentro de esa libertad, también cabe la posibilidad de argumentar que hay unas ideas que son mejores que otras. Y yo confío en convencer a alguien de que las ideas de izquierdas pueden valer la pena. La tesis de la superioridad moral de la izquierda no supone que haya que suprimir el resto de ideologías, ni mucho menos, hay que convivir con ellas. Pero la tolerancia no implica necesariamente el relativismo. El relativismo significa que todas son iguales, sin distinciones. Y en eso no creo.

P. Asegura que la ideología de cada uno no tiene que ver ni con los genes ni con la posición económica, sino con el carácter moral. ¿Y el materialismo?

R. Es indudable que a lo largo de la historia ha habido una asociación fuerte entre la gente que menos recursos tenía, que tenía una posición más baja en la escala social, y la izquierda. Pero eso con el paso del tiempo se ha ido disolviendo. Y hay sociedades como la española en la que es muy difícil distinguir si alguien es de izquierdas o de derechas por sus ingresos. De hecho, esto no explica prácticamente nada. Lo que planteo es que por debajo de las determinaciones económicas hay unas motivaciones más profundas, que son de origen moral, y que tienen que ver con aquello que nosotros valoramos en la sociedad. La gente de derechas valora más la estabilidad, el orden y la autoridad, y la libertad también. Y la de izquierdas valora la libertad, pero también la justicia y evitar el sufrimiento ajeno.

P. Parte de la izquierda ve a los obreros de derechas como algo antinatural o considera que están alienados. Si esto no es así, ¿hay que asumir que tienen menos sensibilidad moral?

R. [Risas.] Es una buena pregunta. Es un error pensar que un obrero de derechas es alguien con falsa conciencia, alguien alienado. Es un planteamiento equivocado. No hay ninguna necesidad científica de que alguien, por ser un trabajador manual, tenga que ser de izquierdas. De hecho, los trabajadores manuales a lo largo de la Revolución industrial se hacen de izquierdas porque hay unas organizaciones políticas que les hacen verse a sí mismos en unos ciertos términos. Eso es una construcción política, no es algo natural. Lo que sucede es que en unas sociedades como las nuestras, muy plurales, con clases medias fuertes, posibilidades de movilidad social, puede haber gente que valore otras cosas aparte de la justicia social. Yo tengo la impresión de que mucha gente que son trabajadores manuales y que no votan a la izquierda lo hacen no tanto porque estén en desacuerdo con las ideas de izquierda, sino porque consideran que los partidos de izquierda son malos gestores. O no comprenden sus problemas. Es curioso que nos sorprenda tanto la figura del obrero de derechas y no nos sorprenda la figura del progre con dinero. En España, cuando estaban PP, PSOE e IU como tercer partido, los votantes de mayor renta eran los de IU. Hoy por hoy, los votantes de Podemos tienen una renta por encima de los del PSOE. Esto se da también en otros lugares del mundo y no es nada sorprendente ni incomprensible.

P. Se suele decir que izquierda y derecha se distinguen porque la primera prima la justicia por encima de la libertad y la segunda lo hace al contrario. Usted defiende que esto no es exactamente así, que ambas valoran de igual modo la libertad.

R. Sí, lo que pasa es que la izquierda considera que no hay verdadera libertad si la sociedad no es justa, porque aquellas personas que sufren la opresión, aunque formalmente tengan libertad, no pueden ejercerla en la práctica. La derecha considera que alguien es libre simplemente cuando nadie interviene explícitamente en sus decisiones. Pero las dos, a su manera, comparten una alta valoración por la libertad.

P. Lo verdaderamente irreconciliable entre las dos posturas, ¿se encuentra entonces en su idea de la justicia?

R. Sí. La izquierda tiene una concepción más elaborada y exigente de lo que es la justicia social. La derecha tiende a pensar que las cosas vienen dadas así y que, en la medida en que las partes hayan consentido, a través de una relación laboral o a través de cualquier acto, la situación en la que se encuentran, eso ya es suficiente y no se puede plantear que sea una situación de injusticia. No toda la derecha, porque hay derechas más compasivas, como la democracia cristiana, por sus raíces religiosas, pero la derecha liberal o la derecha conservadora clásica, tiende a pensar que la gente es responsable de su situación. Y que por lo tanto no es un asunto que deba movilizar a la sociedad, sino que si a alguien le va mal depende solo de esa persona. Es una diferencia crucial que es muy difícil superar.

P. Llegamos al núcleo del problema: ¿por qué la idea de justicia social de la izquierda sería moralmente superior a la de la derecha?

R. Es complicado resumirlo en unas líneas, pero lo que vengo a decir es que si uno examina la historia de las ideas morales de los últimos siglos, aquellos filósofos que han llegado más lejos en lo que supone la acción moral, consideran que somos agentes morales plenos cuando no oprimimos ni abusamos de los contrarios. Si eso lo proyectas del plano moral al político, significa una sociedad libre de opresión, de dominación y de padecimientos, y en la práctica eso se corresponde con la idea del viejo socialismo de la izquierda: "De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades". A veces hago aquí saltos un poco atrevidos. Y digo que aquella cosa del imperativo kantiano de que no trates a los demás como medios para conseguir un fin, lo que significa políticamente, aunque Kant jamás lo pensara en esos términos, es una sociedad sin explotación. Porque la explotación es justamente tratar a los demás como medios para conseguir un fin económico. El imperativo categórico, trasladado a lo político, podría traducirse por un "No explotes a los demás", porque esto no es deseable para todo el género humano. Mucha gente no estará de acuerdo, pero lanzo el argumento, a ver si esto genera algún tipo de debate.

P. ¿Pero alguien de derechas admitirá abiertamente estar de acuerdo con la explotación, con la pobreza y el sufrimiento?

R. Por supuesto, no dirán que lo promueven, pero sí dirán que no va con ellos, porque es el orden natural de las cosas. Creo que eso hace la derecha. No estoy diciendo que sea inhumana o que carezca de valor compasivo, sino que no considera que eso sea un asunto políticamente relevante. Y probablemente la justificación última de la compasión sea instrumental, que esto contribuye a la estabilidad social. Es un razonamiento que en la izquierda nunca se haría, la izquierda diría que esto es justo en sí mismo, que esas personas no merecen la suerte que les ha tocado.

P. Asumiendo que las ideas de izquierdas son moralmente superiores, debería resultar sencillo, casi natural, que la gente se adhiriera a ellas. ¿Por qué no lo es?

R. Aquí puede ser útil una analogía. En Economía se habla mucho de la maldición de los recursos naturales. Esto significa que hay países que a pesar de tener unos recursos naturales inmensos, no consiguen despegar económicamente. Y de hecho no lo consiguen porque tienen tantos recursos que no se preocupan por gestionar eficazmente su economía, porque tienen una fuente de ingresos garantizada. Yo creo que la superioridad moral de la izquierda es como estos recursos naturales: no es ninguna bendición, al revés, es una condena. Si estás convencido de que tienes la razón moral de tu parte, te desentiendes del desarrollo práctico de la política, porque ya tienes la convicción moral de estar en una posición correcta. Esto explica algunas características de la izquierda que hace que algunos terminen no apoyándola.

P. ¿Cómo cuáles?

R. Por ejemplo, sus constantes divisiones internas. Hay muchas más divisiones entre las fuerzas de izquierdas que entre las de derecha, y si hay divisiones en la derecha no suele ser por cuestiones ideológicas sino de ambición política. Además, si estás convencido de que tienes la razón moral, puedes caer en imponer tu punto de vista a los demás, que es lo que ha hecho la izquierda en muchas ocasiones. Una vez que estás cargado de razón, empiezas a cometer toda clase de errores porque no te detienes a pensar cuáles son las consecuencias de tus acciones, sino que lo que estás haciendo es bueno para la justicia universal, y que cualquier obstáculo que se interponga en esa búsqueda debe ser superado. Incluso si eso significa suprimir al enemigo de clase o al disidente.

P. En las divisiones de la izquierda, apunta, juegan un papel las discusiones sobre la eficacia política, además de las diferencias ideológicas. ¿Cómo se relacionan ambos temas?

R. La izquierda se divide claramente en dos familias: la revolucionaria y la reformista. Para los revolucionarios, los reformistas son unos traidores; para los reformistas, los revolucionarios son unos ilusos. Cada uno tiene una visión contrapuesta de lo que significa llevar a la práctica sus ideas. Los revolucionarios son incapaces de gestionar el mundo real porque tienen la vista puesta en lo que va a venir después. Y los reformistas, una vez que se meten dentro del sistema, se enfrentan a una serie de resistencias y muchas veces las reformas quedan lejos de lo que uno había soñado. En ambos casos se producen frustraciones importantes. Esta dificultad no la tiene la derecha, que solo quiere gestionar lo que ya hay.

P. La crítica que hace la familia reformista a la revolucionaria, ese “ilusos”, puede asemejarse al reproche que hace la derecha a la izquierda.

R. Efectivamente. La derecha, como tiene que gestionar el statu quo y lleva haciéndolo siglos, ha desarrollado un conocimiento más exacto sobre cómo funcionan las instituciones. La izquierda, como estaba pensando en el más allá, en el mundo socialista del futuro, todo esto no lo ha tenido en cuenta. La derecha dice: "Vosotros tendréis proyectos moralmente más atractivos, pero sois unos inútiles. Mientras que nosotros quizás no tengamos ideales tan elevados, pero hemos demostrado que sabemos gestionar la sociedad y organizar el poder". Ahí se produce una contraposición moral curiosa entre la superioridad moral de la izquierda y la superioridad intelectual de la derecha. Lo que intento argumentar en el libro es que el reformismo genuino de izquierdas, el reformismo de la época dorada de la socialdemocracia, supone un equilibrio entre las ilusiones del revolucionario y las pocas ambiciones del derechista, y que es una síntesis de lo mejor de cada familia: una ideología que se propone cambiar las cosas dentro de los márgenes del sistema, lo cual supone reconocer que hay límites pero que el cambio es necesario.

P. Usted señala, justamente, que ese equilibrio se ha perdido en los últimos años porque la socialdemocracia da menos importancia a la justicia. ¿Por qué ha sucedido esto?

R. Esta es una historia complicada que tiene que ver con la crisis que estamos observando en todo el mundo desarrollado. ¿Por qué a raíz de la crisis económica se acelera tanto la caída del apoyo popular a la socialdemocracia? Aquí se han dado muchos argumentos, y yo apunto uno que no es excluyente con otros, y que tiene que ver con que el reformismo socialdemócrata ha renunciado en exceso al vocabulario moral que antes empleaba para atraer el apoyo de la ciudadanía, de las clases medias y de las trabajadoras. Y ha sustituido ese vocabulario que hablaba explícitamente de justicia social y de las obligaciones que tenemos como ciudadanos por un lenguaje economicista, tecnocrático, que justifica el Estado del bienestar por las buenas consecuencias que tiene para el crecimiento económico y la productividad. Que es verdad, pero no creo que políticamente sea lo más relevante para un partido socialdemócrata, que tiene que defender sus políticas de redistribución por motivos morales de solidaridad. De hecho, es curioso porque a medida que la socialdemocracia ha ido vaciándose de ese lenguaje moral, han ido surgiendo opciones alternativas, los populismos de derechas o de izquierdas, que tienen éxito porque recuperan, cada uno a su manera, ese lenguaje de comunidad solidaria que tiene que proteger a sus miembros.

P. De hecho, Podemos llegó a definirse como socialdemócrata.

R. Sí, de la escuela antigua, socialdemócrata de antes de los tiempos del neoliberalismo.

P. ¿Es una cuestión de lenguaje o también de políticas?

R. No, es un problema de políticas. La pregunta es por qué estos nuevos partidos de izquierda iban a conseguir hacer unas propuestas socialdemócratas que los propios partidos socialdemócratas ya no son capaces de hacer cuando llegan al gobierno. Ahí hay una duda legítima sobre de dónde van a sacar los recursos políticos para hacer eso que los socialdemócratas ya no realizan.

P. ¿Tienen poca capacidad práctica, per se?

R. Precisamente porque Podemos es un partido más de izquierda que la socialdemocracia del PSOE, pincha en asuntos de gestión pública. Por falta de experiencia, de conocimiento o porque no tienen las ideas claras al respecto.

P. Entre esos dos polos, preocupación por la justicia social y capacidad de llevar a cabo ciertas políticas, ¿hacia dónde hay que moverse?

R. Ah, ya quisiera yo saber eso. Eso es lo que nadie sabe en estos momentos. Cómo podría rearmarse moralmente la socialdemocracia para generar un discurso que movilizara a la gente y a la vez fuera realista. Eso no se sabe, porque vivimos en una época en la que los valores y las políticas neoliberales se consideran el orden natural de las cosas, y por lo tanto es muy difícil imaginar cómo podría hacerse de otra manera. Probablemente haga falta algún tipo de shock externo, algún tipo de transformación profunda para que surjan alternativas. En los debates de la izquierda se habla de establecer la renta básica universal, de relanzar las economías con una intervención muy fuerte del Estado en las energías renovables y toda la revolución energética… Algo que suponga un cambio fuerte de paradigma, porque en lo que tenemos ahora es muy difícil imaginar reformas profundas.


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27 Comentarios
  • Vicente27 Vicente27 01/03/18 08:19

    "De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades". ¿Hace falta explicar algo más?. Saludos

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  • Paco Panceta Paco Panceta 27/02/18 10:47

    Sr. Sánchez-Cuenca, usted dice, acertadamente, que “…el reformismo socialdemócrata ha renunciado en exceso al vocabulario moral que antes empleaba para atraer el apoyo de la ciudadanía, de las clases medias y de las trabajadoras. Y ha sustituido ese vocabulario que hablaba explícitamente de justicia social y de las obligaciones que tenemos como ciudadanos por un lenguaje economicista, tecnocrático, que justifica el Estado del bienestar por las buenas consecuencias que tiene para el crecimiento económico y la productividad”.

    Sin embargo, considero que la renuncia al vocabulario moral, es la consecuencia de haber compartido y seguir compartiendo la agenda del neoliberalismo, vale decir capitalismo puro y duro, en cuanto a privatización de empresas y servicios públicos, desregulación y liberalización. Por eso, cuando la derecha ha atacado los logros del Estado del bienestar, la socialdemocracia no ha luchado para defenderlos y reconquistarlos. No ha plantado cara a estos ataques a los derechos de los trabajadores. Ha permanecido impasible.

    Este es el reproche que muchos trabajadores le hacen a la socialdemocracia, la causa de buena parte del de-sencanto con esta opción política y del sentimiento de abandono y lo que explicaría, en parte, que muchos trabajadores, como se está viendo en Estados Unidos o en Europa, se echen en manos de la derecha o la extrema derecha.


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  • Birth 2 Birth 2 26/02/18 16:54

    Tras leer los comentarios del foro me decidí a leer la entrevista. En primer lugar, ¿qué defiende la izquierda? ¿dónde? Si se estudia el proceso de integración europea es interesante ver cómo partidos de izquierda plantearon posiciones contrarias en diferentes paises. En Dinamarca fue la izquierda la que por mayoría impidió la integración al euro por proteger a sus trabajadores. En España Julio Anguita se quedó sólo y el psoe arrastró. Esto significa que ideología de los que se dicen de izquierda pude plantear políticas que benefician a la derecha. El psoe dejó de ser socialdemocrata cuando sus dirigentes se transformaron en élite y tuvieron que defender sus derechos como tales. No es que no pudieran. Es que no les interesaba. La derecha conservadora danesa no pierde de vista una "virtud moral " de izquierda que no recuerdo mencionada en la entrevista: el beneficio de la mayoría. ¡Es la dcha danesa de izquierda? Como defiende un filósolfo conservador británico, la dcha está para defender sus privilegios (los llaman así, sin florituras) y hará lo necesario para ello. Se es más pragmático cuando cada un@ sabe dónde está su sitio sin necesidad de recurrir al "orden natural" ni a sujetos divinos. La ideología de izquierda debe, es mi opinió, de ser apreciada por los intereses que cubre buscando la maximación de sus beneficios para la mayoría de la sociedad. No de unos pocos y sus privilegios. Otro punto... ...¿Cómo se puede justificar que sea "superior" incluso justificar tortural y violencias por el fín moral último? Cuando una ideología llega a estos extremos no importa cuál de ellas nada lo justifica. Es puro y duro fundamentalismo. Otro punto...En la entrevista queda claro la poca matización que se hace en torno al comportamiento del psoe y el descarte a Podemos, sin fineza reflexiva. A partir de ahí considero que poco podré aprender de su obra. Esta es mi impresión. Limitada, como todo. Desde luego yo no iría diciendo que la ideología de izquierdas es superior sin que antes me dieran una lista de los que firmaba. La izquierda psoe no es izquierda. Algo no funciona cuando sus acciones no lo confirman.

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  • Bonanzero Bonanzero 25/02/18 01:39

    Un análisis digno de su capacidad y conocimiento profe. Aquí se vio claro, tras la muerte de Franco; por muchas ansias de libertad que había, (aunque lo dejaron todo atado) cuando se pudo votar, ganó la UCD ¿miedo, prudencia o inteligencia? más tarde, la derecha (engulló o disolvió) las esperanzas y llenó de ingratitud la persona del (Sr. A. Suarez) más tarde, despertó la ilusión que suponía "Isidoro" hasta que, los errores de las mayorías absolutas, lo fueron debilitando, ( le ocurre ahora a Rajoy ) y estoy convencido, que el español con el estomago lleno, cambia de opinión de ay los zigzag de esos que dicen de "piquillo" ser de izquierda. (ande yo caliente y ríase la gente)

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  • TOTOFREDO TOTOFREDO 24/02/18 22:40

    "La superioridad moral...." es un slogan ideado para menospreciar las ideas progresistas de izquierda.

    Recurrir a la antigua URSS como paradigma de la política de izquierdas, es una trampa que, de forma consciente se incorpora al debate de ideas por parte de la rancia derechona de éste país, pues hasta el más tonto sabe que ninguno de los altos dirigentes del politburó vivían como sus conciudadanos.

    Lenin-Stalin y los posteriores dirigentes de la URSS, vivían como los capitalistas más opulentos de occidente, sin ninguna privación, igual que en la actualidad Kim Jong Un en Korea del Norte.

    LA IGUALDAD "NO EXISTÍA".

    Si se quiere poner de ejemplo de izquierdas, que cumplía con los postulados de ésta ideología, ahí teníamos a José Mujica como ejemplo de una persona que llegó a la política desde la lucha y cuando se fue no ingresó en ninguna multinacional..., ni se le conocen cuentas en paraísos fiscales, vivía con la misma humildad que antes de ser elegido presidente su país.

    "El comunismo que se ha practicado y el capitalismo feroz que sufrimos, son primos hermanos".

    Las diferencias fundamentales entre los votantes de izquierda o derecha, es que los de derechas parece que se conforman "con lo que hay", y los de izquierdas "a pesar de que nos han tomado el pelo en infinidad de ocasiones, no nos resignamos", y siempre esperamos una mejor solución a nuestros problemas, renunciando a los "designios del destino", algo muy del estilo del nacionalcatolicismo.

    Entre dos polos opuestos, surgen sus acepciones edulcoradas, "neoliberales y socialdemócratas", para consumo popular.

    Ningún trabajador votaría a un partido "capitalista", pero a un neoliberal (que parece que invoca la libertad) SÍ.

    De la misma manera que un trabajador que vive en un país capitalista le dicen "que le va a quitar lo poco/mucho que tiene" NUNCA votaría a un partido comunista, pero a un "socialdemócrata" SÍ.

    El concepto "socialdemócrata" ha servido de freno para las políticas capitalistas, hasta que desapareció el Muro de Berlín, a partir de entonces el capitalismo se ha mostrado cual es, agresivo y regresivo, tratando de recuperar los derechos que antes habían ganado los trabajadores.


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    • Ataio Ataio 25/02/18 07:29

      Sr Totofredo , es más que probable que "la superioridad moral ...." sea un slogan irónico de la derecha,pero yo entiendo que es cierta esa superioridad y por ello no veo reparo en argumentarla.
      Acierta usted con lo demagógico e insulso del argumento facha del dictador Stalin.Cuantos muertos habrá por guerras mercantiles (disfrazadas de religiosas)?? o por hambrunas inhumanas que obedecen a estrategias de mercado???......etc.Y sinembargo tenemos que asumir el capitalismo como "lo menos malo de lo conocido". O quizás, no hay alternativa , y tenemos que soportarlo aspirando solo a regularlo de la manera más justa posible???'.
      No tengo tan claro que la socialdemocracia sea un "edulcoramiento" del comunismo yo creo que es una doctrina política por si misma ( para mi la más realista y por tanto realizable , ahí están los países del norte de europa ) . En cuanto al neoliberalismo tampoco es un edulcoramiento del capitalismo , antes al contrario lo hace todavía más salvaje,si cabe.
      Tengo que reconocer que el "juego de nombres",si es efectivo.
      En cuanto a la socialdemocracia como "concepto para frenar....", considero que era la propia existencia de la URSS y países satélites, la que invitaba a pensar que otra forma de vida era posible, y en esa medida "frenaba al capitalismo".
      Saludos cordiales.

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  • Ataio Ataio 24/02/18 18:31

    Excelente entrevista.Buenas preguntas,buenas respuestas.Una vez más congratularme de este medio.
    Como bien explica el sr Ignacio, derecha e izquierda "aman" la libertad.Pero la izquierda la asocia a la justicia social (muy acertadamente,si no puedes ejercer tu libertad,de que te sirve).Y la derecha al "orden"(" seguridad", como nos refería Maraña en su "España es un suceso)para ejercer mi libertad,necesito que impere el orden establecido,stablisment.
    Yo añadiría que la izquierda empatiza y limita su libertad a la de los demás , es decir , antepone colectivo a individuo.Mientras la derecha hace exactamente lo contrario,prioriza individuo ( no regulación-liberalismo). Esto hace a la izquierda muy superior moralmente ( solidaridad) a la derecha ( egoísmo ).La derecha como mucho piensa en el otro en clave de "caridad"(democristianos),muy loable pero no deja de ser un" parche "muy limitado.
    Aprecio un posible error en las respuestas del sr Ignacio.Por un lado nos dice que el posible error de la socialdemocracia sea el abandono del lenguaje de justicia social y la exaltación del pragmatismo y la gestión (neoliberalismo???).
    Es decir que en el difícil equilibrio entre libertad de mercado(neoliberalismo) y regulación (socialdemocracia),la segunda ha ido degenerando hacia la primera.
    Hasta aquí muy bien,pero no representa Podemos la vuelta a las esencias socialdemócratas????.
    No pone de nuevo la justicia social ( y otros grandes valores) como prioritaria??.
    No añade además temas transversales que superan a la izquierda (la izquierda es parte,pero no el todo) como feminismo,ecología,movimientos asociativos....etc.??Respondiendo así a una realidad social que aunque reivindicativa no se identifica con la izquierda.
    No es demasiado pobre ( y tendencioso??) como argumento descalificar la acción de Podemos por novata.
    No es precisamente" lo nuevo"por su frescura, energía y compromiso(a pesar de errores) lo que cambia las cosas, "el orden establecido". Yo creo que si.Ánimo Podemos. Si,se puede.

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    • Proscrito Proscrito 24/02/18 20:00

      Estoy de acuerdo contigo, Ataio, en que la izquierda debe ir incluyendo en su lucha, de manera imperativa, los que tú llamas temas transversales (en el caso del ecologismo y de otros el calificativo de "transversal" me parece quitarles importancia). Pero debe sortearse el peligro de que los árboles no nos dejen ver el bosque, es decir, que se haga tanto hincapié en las luchas transversales, en la defensa de las minorías, que pierda importancia lo que más la tiene: la lucha por la justicia social y contra la segregación de la sociedad.

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      • Ataio Ataio 24/02/18 20:27

        Hay que conseguir que sean complementarios,no excluyentes.La UNIDAD DE ACCION prima para alcanzar la justicia social y demás metas.

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        • Hammurabi Hammurabi 25/02/18 21:02

          Realmente han pinchado en la gestión pública en Madrid, Barcelona, Cádiz?

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  • DUPAIN DUPAIN 24/02/18 17:27

    Como decía Forges: "en España la gente no lee". Qué vamos a esperar de este país de pandereta

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  • gualdo gualdo 24/02/18 14:59

    En realidad, la noción de la derecha de que el estado de cosas, con sus fuertes desigualdades (mayores en nuestro país que en cualquier otro de nuestro entorno), constituye "el orden natural de las cosas" es fácil de refutar. Es una idea íntimamente ligada a la noción de mérito, y ¿qué merito tiene alguien por nacer en una familia rica, qué mérito tiene al heredar millones, y qué demérito tiene el que nació sin recursos, desheredado? No se puede sostener que es un orden natural el que depende de un azar incontrolable, el de de haber nacido en esta o aquella familia, con la drástica diferencia en bienes y oportunidades que una y la otra conllevan. La otra noción de mérito que la derecha defiende es la de que la persona más trabajadora, pujante, inteligente, etc, "merece" más que la que no lo es, justificando por tanto la desigualdad. Pero yo me pregunto: qué mérito tiene el trabajador por haber nacido más trabajador que los demás, el inteligente por haber nacido con más capacidades que otro? En última instancia no existe ningún mérito, y por tanto el estado natural es el de igualdad. No sólo moralmente, sino también lógicamente la izquierda es más consistente que la derecha.

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  • _pau_ _pau_ 24/02/18 14:45

    Muy interesante y muy de acuerdo en casi todo. Me choca, sin embargo, que florezca en Ignacio esa semilla que tan machaconamente ha implantado el establishment (PSOE, Cs y, sobre todo, PP) sobre la incapacidad de gestión de la nueva izquierda. ¿Sabía gestionar instituciones el PSOE de Felipe? ¿Sabe gestionar instituciones Ahora Madrid? Por supuesto que existe aprendizaje, que existen errores de novato pero, en global, ¿gestiona realmente mejor la derecha? o, en estos tiempos de constante cambio ¿no le cuesta adaptarse a las nuevas situaciones? La derecha en España piensa que gestionar bien es hacer lo de siempre, vivir del turismo y agotar todos los recursos públicos de que dispone, llámalo el 100% de la costa con la liberación del suelo en su primer gobierno, llámalo la hucha de las pensiones en el segundo. No gestiona, consume. Y la izquierda, con su superioridad moral, cuando llega al gobierno llena la hucha de las pensiones (Zapatero), liquida la deuda de Madrid (Carmena),... todo para que mañana gobierne la derecha y se lo funda todo de nuevo

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    • Prometeo46 Prometeo46 25/02/18 09:38

      Estoy muy de acuerdo con prácticamente todas las respuestas de Sánchez Cuenca, pero también lo estoy con Vd. cuando empieza a cuestionarse si realmente gestiona mejor la derecha la administración pública como parece dar por sentado el profesor, y se responde con otra pregunta dirgida a la izquierda:"¿no le cuesta adaptarse a las nuevas situaciones?", yo pienso que efectivamente, la nueva izquierda le cuesta adaptarse pero no lo estoy en que en general no sabe gestionar lo público, y para muestra tenemos el contencioso que tiene Ahora Madrid con Hacienda, que lo tiene precisamente por una buena gestión que ha hecho que tenga superávit y que Hacienda no le permite que gestione el mismo con más inversión en favor de todos los madrileños, en contraste con lo que ocurría antes con el PP al frente de la alcaldía sobre todo con Gallardón que llevó al Ayuntamiento a tener el mayor déficit de todos los ayuntamientos de España, déficit que seguramente se alcanzó en parte por la corrupción generalizada de dicho partido, lo cual se puede aplicar a lo que está ocurriendo en la Comunidad Valenciana y en sus principales ayuntamientos; lo que quiero decir con esto es que la derecha no solo piensa en gestionar viviendo del turismo y agotando los recursos públicos de que dispone como dice Vd., sino que también hay que tener en cuenta la corrupción que viene aparejada con ese "agotamiento" de los recursos públicos qu consiste como bien Vd dice en la liberación del 100% del suelo.

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    • Orlinda Orlinda 24/02/18 15:10

      No es que la izquierda no sepa. Mira lo que pasó en Grecia.
      Hay que reconocer que es muy difícil mover esta estructura mundial en la que estamos.

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  • José Luis53 José Luis53 24/02/18 13:42

    De manera mucho más simple, señor Cuenca: la sympatheia ha sido desde siempre el núcleo duro de la moral. Extráiganse las consecuencias pertinentes acerca de la moralidad de la derecha ( que, por cierto, es más habitual de la misa dominical, dicho sea con la ironía que merece toda generalización) y la izquierda, generalmente más atea.

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    • Birth 2 Birth 2 26/02/18 17:01

      Incluso si la derecha es atea, promocionará la religión y tendrá buena relación con ella. Irá a misa y subvencionará sus acciones. Como Franco, sabe que la mejor manipulación de un pueblo es a través de la religión como intermediaria de lo divino.

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