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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 106]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 106]]></description>
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      <title><![CDATA[Viendo los autos pasar hacia Occidente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viendo-autos-pasar-occidente_1_1203147.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d6f365cc-d909-4c55-afa7-195658af1e19_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viendo los autos pasar hacia Occidente"></p><p>  </p><p><strong> Viendo los autos pasar hacia Occidente</strong></p><p>En las pequeñas ciudades del centro de Cuba</p><p>las calles, habitualmente bulliciosas y dulces,</p><p>se quedan vacías en los meses de invierno.</p><p>Yo he vivido esa pesada quietud.</p><p>Los estudiantes se han marchado a descubrir el mundo</p><p>y una paz, una extraña y larga ausencia,</p><p>llega hasta las paredes y penetra al interior de los edificios.</p><p>Los clubes, las casas de cultura, los campos deportivos,</p><p>semejan un set, cuidadosamente preparado,</p><p>que espera el regreso de los actores para continuar la filmación.</p><p>En las pequeñas ciudades del centro de Cuba</p><p>todo es ausencia y espera en los meses de invierno.</p><p>Yo he vivido esa pesada quietud.</p><p>Noches de febrero en la esquina vacía de Libertad y Paseo,</p><p>viendo los autos pasar hacia Occidente.</p><p>Como quien ve a una muchacha de piel muy limpia y cabellos negros</p><p>pasar gustosa hacia otro hombre. </p><p>De <em>Viendo los autos pasar hacia occidente</em> (1994)</p><p><em>*Edel Morales (Cabaiguán, Cuba, 1961) es poeta. Su último libro, </em><strong>Edel Morales</strong>El juego de la memoria<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edel Morales]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura latinoamericana,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 106]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Crecer, trepar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/crecer-trepar_1_1157849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/28456c4e-98fd-4dad-b38a-556acc098c74_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crecer, trepar"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>___________________________________</p><p>El pasado invierno nos reunimos en la librería madrileña Enclave de Libros con <strong>Alberto García-Teresa</strong> para comentar <em>A pesar del muro, la hiedra.</em> En la tertulia participó también<strong> Charo Fierro</strong>, editora de Huerga y Fierro. Con ellos pudimos hablar sobre poesía y poesía crítica, recitales, festivales, edición y activismo.</p><p>Autor de los poemarios <em>Hay que comerse el mundo a dentelladas,</em> <em>Oxígeno en lata,</em> <em>Peripecias de la Brigada Poética en el reino de los autómatas,</em> <em>Abrazando vértebras</em> y <em>La casa sin ventanas,</em> así como de la colección de microrrelatos <em>Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos </em> y numerosos relatos, Alberto García-Teresa ha publicado parte de su obra poética en diversas antologías como <em>Marca(da) España. Retrato poético de una sociedad en crisis</em> y en numerosas revistas culturales y políticas como <em>Revista de Letras</em> o <em>Viento Sur</em> (en la que forma parte de la secretaría de redacción de la edición impresa). Es doctor en Filología Hispánica con el interesante ensayo <em>Poesía de la conciencia crítica (1987-2011)</em> y ha publicado un ensayo sobre la obra de <strong>Jorge Riechmann </strong>y coordinado varias antologías. Además, forma parte de la asamblea editora de <em>Caja de Resistencia. Revista de Poesía Crítica.</em></p><p><em>A pesar del muro, la hiedra</em> se divide en tres partes. La primera nos habla del muro y de la hiedra que dan título al poemario. La segunda es una emotiva elegía al perro que acompañó al autor durante más de quince años. La tercera es un largo «poema río», de más de quinientos versos, en el que el autor reflexiona sobre nuestro lugar en el mundo y deja una puerta abierta a la esperanza de acometer un cambio revolucionario.</p><p>Como sucede con el resto de la obra de García-Teresa, en este poemario encontramos una buena muestra de la poesía de la conciencia crítica actual, que sitúa en el centro el conflicto socioeconómico y político y adopta una perspectiva de clase para denunciar los engranajes del capitalismo desde una actitud vitalista y esperanzada. Con un estilo natural y combativo, pero sin dejar de lado el cuidado del léxico y la estética, Alberto nos habla de lo cotidiano, de las penurias, pero también de las grietas en el muro a través de las cuales podemos intervenir para combatirlas. En la línea de autores como <strong>Ana Pérez Cañamares, Gsús Bonilla</strong>, Jorge Riechmann o la novel e interesantísima <strong>Belén García Nieto</strong>, este poemario nos revuelve las entrañas al hacernos dirigir la mirada hacia una realidad que duele; y no lo hace pretendiendo dar una respuesta, sino que nos invita a sembrar con pequeños pero contundentes gestos un mundo nuevo a construir.</p><p>La tertulia comenzó con la presentación del autor y de la última obra que ha editado: el ensayo<em> El verso por asalto. Poesía, desobediencia y construcción antagonista,</em> publicada por Tierradenadie<em>.</em> A continuación, Alberto nos habló de <em>Caja de Resistencia. Revista de poesía crítica,</em> la publicación digital semestral de cuya asamblea gestora forma parte, y pidió a las lectoras que se presentaran para conocerse y conocer su relación con la poesía y la poesía crítica. En esta presentación, heterogénea y reveladora, pudimos encontrar semejanzas y diferencias en cuanto a la relación que cada una de nosotras tenemos con la poesía, conocer primeras impresiones sobre el poemario de García-Teresa e introducir algunos de los temas que después abordaríamos en la tertulia. Después, Charo Fierro, nos habló del colectivo de poetas de la conciencia crítica o cercanos a esta, algunos de los cuales como <strong>Jose Antonio Labordeta, Mª Ángeles Maeso, María Castrejón, Fernando Arrabal</strong> y <strong>Leopoldo María Panero </strong>cuentan con obra publicada en el catálogo de su editorial.</p><p>En esta rueda de presentaciones, <strong>Azuzena </strong>comentó la dificultad que veía en proponer un poemario para una tertulia literaria, pues entiende que la poesía se lee en ciertos momentos y requiere de una disposición determinada por parte del lector, disposición que choca con la «obligación» de llevar el libro leído al encuentro en un tiempo limitado. Esto dio pie al debate en torno al mayor grado de exigencia que supone la lectura de poesía con respecto a otros géneros literarios. Pino, por su parte, destacó el breve poema de <em>A pesar del muro, la hiedra</em> que dice:</p><p>  </p><p>Las lectoras comentaron la «bofetada» que supone la lectura de este poemario, cómo este «grito con ternura» remueve nuestras conciencias al hablarnos de la colectividad y el abrazo y al emplear con frecuencia la palabra <em>somos;</em> e hicimos hincapié en la crítica al patriarcado y el tratamiento de la mujer que realiza el autor, reforzando su figura, como destacaba <strong>Pilar </strong>a partir del poema «Siete menos cuarto de la mañana».</p><p>Hablamos de su oralidad, de cómo el largo poema río nos invita a recitarlo en voz alta, de su relación con el teatro y de cómo el poemario puede leerse casi como una narración. Alberto nos explicó que la poesía deja un mayor espacio para que entre en él el lector, que puede volver sobre los poemas recuperando imágenes y sensaciones y emocionarse con el juego con el fondo y la forma que permite este género literario. Para García-Teresa, el intento de potenciar la participación activa del lector o la lectora es una motivación política importante que se refleja tanto en sus poemarios como en su colección de microrrelatos. El autor se interesa por un arte que perturbe y estimule, que nos permita intervenir en la poesía como debemos poder intervenir en la realidad asumiendo un rol distinto al de receptores pasivos de programas políticos que simplemente votan (o no) cada cuatro años.</p><p>En nuestra conversación pudimos conocer el proceso de escritura de este poemario, que se desarrolló en paralelo con <em>La casa sin ventanas,</em> mientras el autor terminaba su tesis doctoral. Alberto compartió con nosotras sus criterios para seleccionar los textos que componen cada uno de sus poemarios, que siguen una línea común pero que en <em>A pesar del muro, la hiedra</em> le salen más de las entrañas, violenta en mayor medida el lenguaje y construyen un reflejo más evidente de la agresividad cotidiana del capitalismo. Así, en este caso encontramos un cambio de lenguaje con respecto a su obra anterior —<em>Abrazando vértebras—,</em> como resultado del desarrollo del 15M y de la represión ejercida por el Gobierno contra los activistas y manifestantes. El autor nos explicó que trabaja en su obra poética de manera constante, que esta está cohesionada con su estado vital y que siempre hay textos que preluden el libro siguiente; y nos confesó que, a día de hoy, cuando prepara un recital de los versos publicados sigue corrigiendo y cambiando cosas en ellos.</p><p>Tratamos también algunos de los conceptos fundamentales del poemario. Alberto nos habló de la utopía, entendida siguiendo a <strong>Galeano </strong>como un horizonte que se mueve al caminar. Nos explicó que desde el comunismo libertario al que se adscribe no hay respuestas cerradas y, siguiendo al zapatismo, una de las claves es caminar preguntándonos. Como refleja en el libro, García-Teresa desconfía de los programas políticos cerrados y apuesta por la revolución permanente y por la autocrítica, puesto que considera que siempre se puede ir más allá y lo interesante es seguir avanzando. Al hilo de esto, se refirió a <em>El principio esperanza</em> del filósofo alemán <strong>Ernst Bloch</strong> y citó a Jorge Riechmann cuando dice que para que la puerta se abra tienes que saber que la puerta puede abrirse. Nos habló de las contradicciones que experimenta con respecto al uso de la violencia, pues no quiere ejercerla y trata de construir una sociedad justa a través del lenguaje del amor, de la complicidad y de los abrazos. Ante la pregunta de Óscar, reflexionamos en torno al antimilitarismo y a la utilidad o no de la violencia.</p><p>Alberto nos explicó que con su poesía no se dirige a quienes detentan el poder político o económico, sino a sus iguales, a aquellos que quieren pensar de una manera crítica sobre la realidad. Citó entonces a Mª Ángeles Maeso, con quien comparte la idea de que escribimos sobre lo que nos quita el sueño. El autor considera que el poder silenciará la poesía crítica o bien la dejará pasar para oxigenarse, como estrategia para fortalecerse como ya lo ha hecho con numerosos discursos revolucionarios. Además, compartió con nosotras su interés por el cuerpo agredido, que ya estaba presente en <em>Abrazando vértebras</em> y que en su opinión ayuda a que el lector o la lectora empatice con los textos.</p><p>Hablamos sobre la edición de poemarios, sobre la decisión de los autores de titular o no sus poemas y de recurrir a elementos formales como el uso de versales que caracteriza tanto a las publicaciones de Huerga y Fierro como a las del propio Alberto. Comentamos también la libertad del poeta a la hora de jugar con los signos de puntuación y cómo esto hace particular la labor del corrector y del maquetista en el proceso de edición. Nos detuvimos en los encabalgamientos y los juegos con la estructura que encontramos en el poema río «El alba se asoma entre los cerrojos», donde el autor construye los versos de una manera no heterodoxa con respecto a las pausas con la intención de darle un ritmo vivo y abrupto, entrecortado, para crear la atmósfera de ruptura que deja el verso roto. Destacó el uso de un único punto en este largo poema, el punto final, y nos explicó que al recitarlo realiza las pausas establecidas por los versos para conservar la oralidad y la rima. Comparó su trabajo deliberado de dirigir la lectura en este poema con otro de <em>Abrazando vértebras</em> donde buscaba la construcción colectiva. Por último, charlamos sobre la dificultad de traducir poesía, especialmente aquella escrita en lenguas muy lejanas al español, un proceso complejo a través del cual se pretende alcanzar un equilibrio entre el respeto al contenido y la conservación de la forma del poema en su lengua original.</p><p>Conversamos acerca de la importancia de la oralidad y la rima en la poesía, de su versatilidad al permitirnos disfrutar de ella tanto en una lectura íntima en soledad como cuando es recitada y resulta en una celebración comunitaria en la que el poeta puede mirar a los ojos a quien escucha, así como de los recursos retóricos que ofrecen anclajes y permiten jugar con la música y la sonoridad del lenguaje, como sucede con la poesía fónica de autores como <strong>Pedro Verdejo</strong> y Jesús Ge. Después hicimos un repaso por buena parte de los festivales, ferias y recitales de poesía que podemos encontrar en el Estado español, a menudo grandes desconocidos para los lectores: Voix Vives en Toledo, Expoesía en Soria, Cosmopoética en Córdoba, Centrifugados en Plasencia y el originario de Moguer y ahora itinerante Voces del Extremo; así como de librerías, bares, centros culturales y teatros de Madrid donde habitualmente se organizan recitales de poesía, de los que elaboramos a partir de nuestras experiencias una larga lista que incluye a Enclave de Libros, Traficantes de sueños, La esquina del Zorro, Aleatorio Bar, Vergüenza Ajena, Café Libertad 8, El dinosaurio todavía estaba allí y Teatro del Barrio, entre otros.</p><p>Inés preguntó por el origen y la evolución de la poesía crítica en España. Alberto nos explicó que el movimiento surge en los años ochenta, sus prácticas se consolidan a mediados de los 90 y una década después se recoge una muestra en la publicación <em>Once poetas críticos de la poesía española reciente</em>, coordinada por Enrique Falcón. Nos describió cómo a partir del 15M se produce una nueva oleada en la que la poesía comienza a acompañar procesos de insurrección, rebeldía o al menos contestación, y se da una mayor visibilidad a estos poetas que empiezan a ser convocados para el cierre de muchas manifestaciones y cuya obra comienza a mostrarse en nuevos espacios de publicaciones periódicas políticas y sindicales. Además, llamó nuestra atención acerca de cómo las nuevas tecnologías se han incorporado a la creación poética dando lugar a nuevas formas de poesía visual o a la poesía código, entre otras.</p><p>Avanzada la tertulia, nos habló de <em>El verso por asalto,</em> una compilación de ensayos teóricos sobre poesía crítica que es el resultado de dos años de investigación y en la que podemos encontrar las reflexiones del propio García-Teresa junto con las de otras voces del Estado español, EEUU, Hispanoamérica y Rumanía. Además, nos nos explicó sus dificultades para encontrar teoría elaborada en torno a la poesía crítica que se realiza fuera de Occidente, tanto por su menor visibilidad como por las barreras del idioma.</p><p>En cuanto a <em>Caja de Resistencia,</em> Alberto nos explicó algunos aspectos tanto de su funcionamiento interno —asambleario y con grupos de trabajo rotativos, coherente con el proyecto—, como de los encuentros que organizan en centros sociales okupados, asociaciones de vecinos, ateneos libertarios y librerías; a la vez que ilustraba la capacidad de esta herramienta para tejer redes entre quienes escriben poesía crítica en muy diversas partes del mundo. Nos contó que fue esta revista la primera —de todo el mundo— que publicó algunos de los poemas de <strong>Lynn White</strong> o cómo han podido acercarse a la obra de otras poetas como la palestina <strong>Suheir Hammad</strong> o la siria <strong>Rasha Omran</strong>. Además, comentó la sorpresa del descubrimiento mutuo entre un grupo de poetas críticos rumanos y el equipo de <em>Caja de Resistencia,</em> cuando ambas partes encontraron que este movimiento poético funciona como tal también fuera de sus fronteras, y llamó nuestra atención sobre lo que imagina que debe estar produciéndose en el resto de países que conforman los PIIGS.</p><p>Cuando <strong>Marisa </strong>le preguntó por la poesía que le interesa, Alberto mencionó el Romancero y a <strong>Quevedo</strong>, y entre los autores contemporáneos citó a <strong>Pedro Salinas </strong>y <strong>Jorge Guillén</strong>, a <strong>Ernesto Cardenal</strong>, a <strong>Juan Ramón Jiménez</strong> y <strong>Miguel Hernández</strong>, a <strong>Adrienne Rich</strong> y <strong>Silvia Plath</strong>, a <strong>Gioconda Belli</strong>, a <strong>César Vallejo</strong> —cuya lectura profunda, confesó, tiene pendiente—, a <strong>Mª Ángeles Maeso </strong>y Jorge Riechmann, a <strong>Enrique Falcón</strong>, a <strong>Oliveiro Girondo</strong> y <strong>Rafael Pérez Estrada</strong>, a <strong>Mahmud Darwish </strong>y a<strong> Claes Andersson</strong>.</p><p>El autor y crítico considera que la poesía es minoritaria en lo comercial y lo explica, por un lado, por el pequeño margen de beneficio que deja la venta de poemarios en relación con la de publicaciones de otros géneros y, por otro, por los prejuicios hacia la poesía que se inculcan en la educación formal a través de la manera en que se presenta el género a los niños en las escuelas; a lo que Charo añadió el problema que supone disponer de un espacio muy limitado para el género en las librerías. Sin embargo, compartió con nosotras sus buenas experiencias al sacar poesía a la calle o a espacios informales como ESLA EKO y Casa del Barrio, donde quienes no son lectores de poesía se sorprenden y disfrutan del descubrimiento que supone este acercamiento.</p><p>Nos explicó que como lector de narrativa las tramas ya no le interesan, sino que disfruta de la descripción de mundos, la construcción de los personajes, los planteamientos y las estructuras que utilizan los narradores. De su producción narrativa, como los microrrelatos y relatos que ha ido publicando desde hace más de doce años y que se pueden considerar literatura fantástica, de imaginación y ciencia ficción, nos dijo que le interesa aquello que le liga con la poesía: la capacidad de evocación y el interés en que el lector tome parte activa en su interacción con los textos. Y nos habló de la verosimilitud, de la importancia de la elipsis y del movimiento narrativo, así como de la transformación como elemento clave.</p><p>El encuentro terminó con Alberto recitando «Caja de resistencia», uno de los poemas de <em>A pesar del muro, la hiedra,</em> que el autor dedica a la asamblea editora de la revista:</p><p>  </p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Abril Gómez de Enterría]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Los diablos azules número 106]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[De alturas y túneles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/alturas-tuneles_1_1157846.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e41f94f5-e8f6-41ca-8711-0ad5a435a18e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De alturas y túneles"></p><p><em>Xavier Vidal, responsable de la prestigiosa Llibreria Nollegiu de Barcelona, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>__________________________</p><p>  </p><p>Estoy entusiasmado con <em>Las ocho montañas</em> de <strong>Paolo Cognetti</strong>. Empecé echándole un vistazo y pensando que el tema de la montaña no me interesaba nada. 20 páginas después estaba absolutamente absorto con la historia padre-hijo, la historia amigo-amigo, la historia ciudad-montaña. Un hallazgo. Publicado por Literatura Random House en castellano y Navona en catalán. También se puede encontrar <em>El muchacho silvestre</em> del mismo autor en Minúscula en castellano y catalán.</p><p><em>La penúltima bondad. Ensayo sobre la vida humana</em>, de <strong>Josep Maria Esquirol</strong>. Después del éxito de<em> La resistencia íntima</em>, el filósofo nos obsequia con otro diálogo con filósofos contemporáneos y nos sitúa en la esencia de la humanidad donde la infinitud es la clave para entendernos mejor. Publicado en castellano por Acantilado y Quaderns Crema en catalán.</p><p>  </p><p><em>Una sola muerte numerosa</em>, de<strong> Nora Strejilevich</strong>. Llegué hasta este libro a través de <strong>Edurne Portela,</strong> que me lo recomendó personalmente y que firma el prólogo de la edición española. Una crónica del terror en la dictadura argentina de <strong>Videla </strong>narrado de forma fragmentaria. Un libro que llega ahora a España pero que su primera edición es de 1996. Publicado por la editorial Sitara.</p><p><em>Las cosas como fueron. Poesía completa 1974-2017</em>, de <strong>Eloy Sánchez Rosillo</strong>. 40 años de poesía muy personal a la vez que de una transparencia sublime para, en muchas ocasiones, especialmente, celebrar líricamente la vida y el tiempo. Publicado por Tusquets.</p><p><em>*Puedes encontrar la Llibreria Nollegiu en Carrer Pons i Subirà, 3, en Barcelona y en su página web.</em><strong>Llibreria Nollegiu</strong><a href="http://www.nollegiu.cat/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xavier Vidal (Llibreria Nollegiu)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De alturas y túneles]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Viejo mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viejo-mundo_1_1157845.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ec7d6c7c-5e78-4d6a-85e9-448cefb70f2a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viejo mundo"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge tres textos de la escritora chilena Lilian Elphick.</em></p><p>___________________________________</p><p><strong>Viejo mundo</strong></p><p>El 31 de mayo de 1962, Otto Adolf Eichmann, alias Ricardo Klement, teniente coronel de las SS, es condenado a la horca. El verdugo le hace la pregunta de rigor: ¿Con capucha o sin capucha? Eichmann prefiere el rostro descubierto y va a la horca silbando la Marcha Radetzky, creada por Strauss padre en honor al militar austriaco bautizado Joseph. Un flautista, nacido en Hamelín, Baja Sajonia, acompaña al criminal en los acordes de la famosa composición, mientras la tarde cae en magníficos arreboles, con la lengua afuera, entre rosada y morada, sin extradición alguna.</p><p>Seis años más tarde <em>Arrivederci Hans</em>, de la italiana Rita Pavone, sería la canción más escuchada de Europa y la inglesa Lesley Lawson, Twiggi, luciría su esquelética figura en la revista Vogue.</p><p><strong>Las aristas del tiempo</strong></p><p>La radio a pilas carraspea <em>Bravo</em>, de Olga Guillot; en la nevera hay restos de algo apenas reconocible.</p><p>La estremece esa voz, el ahogadero del corazón, los odios condensados en el yelmo, la ironía cortada con espada. Abre el refrigerador, con los dedos desgarra esa carne verdosa, se hinca y muerde, mastica, agradece el sabor lejano. En espiral los recuerdos se agrupan en los intersticios de sus dientes. Llora, arrepentida.</p><p>En otra vida fue un soldado de Capadocia. Luchó. Fue mártir y santo. Mató al dragón.</p><p>La historia es la misma; los motivos, diferentes.</p><p><strong>Póngase sereno y apunte bien*</strong></p><p>Cuando el sol cae como una piedra, recorremos la ribera del Ñancahuasú. Tenemos hambre y las tropas nos persiguen los zapatos, mordiéndonos en chasquidos, ramas que se quiebran, gritos y amenazas. Nos separamos. Huyo por las quebradas y el fusil pesa. El asma no me da tregua. Las ráfagas se escuchan cada vez más cerca.</p><p>El primer disparo se aloja en mi pierna. Me cortarán las manos y las mujeres arrancarán mechones de mi pelo. Lavarán mi cuerpo para sacarle fotos. Mucho después, los turistas visitarán la escuelita de La Higuera llevando mi imagen en sus camisetas.</p><p>*"¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!" (<strong>Ernesto Che Guevara</strong><em>Che </em> a su asesino, el sargento <strong>Mario Terán</strong>).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lilian Elphick]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Viejo mundo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura latinoamericana,Los diablos azules número 106]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Eternamente, la ciudad eterna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/eternamente-ciudad-eterna_1_1157838.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f8506dd0-5492-4fc2-bae1-1a721d009ca5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eternamente, la ciudad eterna"></p><p><em>Este relato pertenece al libro </em>Por regiones fingidas<em>, editado en tirada limitada de 175 ejemplares firmados por el autor en Interrogante editorial. Publicamos la segunda de cuatro entregas.</em><a href="http://interrogante-editorial.blogspot.com.es/" target="_blank">Interrogante editorial</a></p><p>__________________</p><p>Pedro Villalba fue profesor de latín hasta su jubilación, que le llegó anticipada por sus problemas de vista, pues la diabetes fue robándosela hasta reducirle el mundo a un contorno nublado. Veía siluetas y borrones, máculas luminosas, indefinido lo definido y oscilante lo firme, de modo que el mundo se le deslizó poco a poco hacia los adentros, por necesidad de algún sitio en que asentarse, y se volvió meditabundo.</p><p>En su memoria repleta y ociosa resonaban sus autores de siempre, los que se sabía al dedillo: allí estaba Lucrecio, avisando de que en cualquier lugar del mundo, y al mismo tiempo, en una sincronía implacable de paradojas, triunfa y muere la vida; por allí andaba Tibulo, rogándole a la muerte que apartase de él sus manos codiciosas o haciéndose eco del martirio de Tántalo, el sediento ante las charcas; allí reverberaba Ovidio, con sus fábulas de mutantes; allí estaba Fedro, envidioso de la fama de Sócrates, a pesar de la mala muerte del ateniense; allí, en su memoria, estaba Lucano, despectivo ante la pervivencia colectiva de las glorias militares de Julio César; allí arañaba Marcial con sus estiletes de punta envenenada… Allí estaban todos, en fin, murmurándole en un idioma muerto. Y con aquello echaba atrás las horas consigo.</p><p>Su hijo Horacio, que vivía con él, lo sacaba alguna que otra tarde a pasear: la calle como un caleidoscopio, como la jungla de los fogonazos imprecisos. Y una voz de quién que lo saludaba. Y la intensificación de los olores. Y la alegría de reconocer algo, el perfil de algo: “¿Eso no es…?”. Y lo era o no lo era, pero su hijo le decía siempre que sí, menos por compasión que para no tener que enredarse en explicaciones.</p><p>Desde muchacho, el sueño principal de Pedro Villalba había sido el de viajar a Roma, pero, entre cosa y cosa, en sueño postergado fue quedándose, y como un sueño vano lo daba ya, sobre todo desde que murió su mujer, cuya ausencia no le aliviarían ni todos los poetas del mundo latino puestos en fila y recitando consuelos melancólicos sobre la fugacidad de las cosas y sobre la vanidad de fondo del vivir. Aunque él no alcanzara a distinguirlos, ella le hubiese descrito sobre la marcha los prodigios profusos de Roma y él, a falta de precisión en los ojos, los hubiera admirado con el soporte de su fantasía documentada, como un sonámbulo por su casa a oscuras. Pero el caso es que ahí seguía Roma, lejana y siempre en él, concreta y mítica, envuelta en la bruma de los lugares que existen más en la imaginación que en los mapas: una Roma ingrávida y artificial, reducida en la percepción del profesor Villalba a una escala de maqueta minuciosa: las ruinas y las fuentes, los palacios y los jardines, los museos y las basílicas, ya que cualquier ciudad imaginada cabe a fin de cuentas en una tarjeta postal o en el óvalo de un camafeo. “Pensar que voy a morirme sin ver Roma…”, y su hijo le replicaba que había cosas peores.</p><p>Horacio Villalba no había heredado de su padre la fascinación por el recio latín ni de su madre la atracción por las abstracciones estrictas de las matemáticas, de las que fue profesora. Abandonó la carrera de magisterio antes de terminar el primer trimestre y se dedicó a inspeccionar parte del mundo con un equipaje filosófico de psicodelia y de orientalismo, con escalas en Londres y en Corfú, en Ibiza y en Ámsterdam, en sitios inesperados y en sitios impensables incluso para él, Roma incluida, a lo que fuera saliendo. Creyó luego que lo suyo eran los negocios y abrió un bar de copas tardías en la calle Manuel Rancés que atraía a partes iguales a los noctámbulos y a los acreedores, pues se daba una maña incorregible para gastar más de lo que ganaba, que es mala ciencia. No sólo derrochaba lo que conseguía ganar, que se le iba de la cartera como por ilusionismo, sino también la pensión de su padre, que andaba desentendido desde hacía tiempo de las cuentas, absorto en sus rememoraciones de poetas líricos y de emperadores inclementes, resignado a una dieta de comida enlatada y de sopas de sobre.</p><p>Una tarde, Horacio Villalba se cruzó por la calle con Ramón Ezpeleta, el director del colegio San Felipe Neri, que era en el que Pedro Villalba había dado clases durante casi treinta años. “¿Cómo está tu padre?”, y Horacio Villalba le dijo que bien, aunque con sus chaladuras y con su queja recurrente de morirse sin ver Roma, a pesar de no verse ya ni las manos. “¿Sigue con eso?  Pues habría que pensar en…”. Y lo que pensó Ezpeleta fue lo siguiente: hacer una colecta entre los profesores para pagarle a su excolega casi ciego, a modo de homenaje corporativo, un fin de semana para dos personas en aquella Roma que el jubilado llevaba décadas entreteniendo en sus imaginaciones. Hubo profesores, en especial los más veteranos, dispuestos a desembolsar el donativo, pero hubo otros que no, alegando la escasez del sueldo, de manera que el claustro acordó organizar la rifa de un equipo estereofónico y, con la ganancia, sufragarle el viaje al viejo profesor y a su hijo Horacio, que le haría de lazarillo por una Roma al fin y al cabo de irrealidades: una ciudad narrada. Y así se hizo: se repartieron las papeletas entre los alumnos para que las vendiesen entre sus familiares y, al final, pagado el coste del regalo, y con una aportación extra por parte de la dirección del centro, se consiguió dinero suficiente para cumplir el objetivo. El hotel que tuvieron que eligir no era ni muy céntrico ni prometía suntuosidades, aunque este segundo detalle iba a darle ya un poco lo mismo al profesor emérito Villalba.</p><p>Ezpeleta, en compañía de una representación del claustro de profesores, fue una tarde a entregarle solemnemente a Villalba los billetes de avión y los bonos de hotel, así como una metopa con la efigie esmaltada del santo tutelar del centro: “Un pequeño detalle. Como agradecimiento por tantos años de trabajo”, y, en mitad de su discurso, deslizó Ezpeleta una frase en latín que animó la sonrisa de Villalba, que la respondió, también en latín, con una cita de Cicerón, lo que dejó <em>in albis </em>no sólo al profesor de física y química que era Ezpeleta, que se había aprendido su frase latina de memoria para dar un poco de barniz a la ocasión, sino también al resto del séquito académico.</p><p>“¿Nos vamos a Roma?”, y en aquella pregunta se mezclaba la incredulidad con el desasosiego. Horacio Villalba alegó que no podía cerrar el bar así como así. Que un fin de semana le venía fatal. “Ve con la tía Rosita”, le sugirió.</p><p>Rosa Villalba era la hermana pequeña de Pedro Villalba. Vivía en Lebrija y era viuda de un tratante de maquinaria agrícola que no le dio hijos, pero que le dejó varias fincas urbanas y otras varias rurales, de cuyo arrendamiento vivía con holgura, aunque con la razón un poco en precario, ya que llevaba al menos una década asegurando a quien quisiera escucharla que mantenía conversaciones constantes con los difuntos. Al parecer, algunos espíritus se limitaban a charlotear con ella con el mismo grado de intrascendencia con que charlotean los vivos entre sí. Otros, en cambio, le hacían revelaciones proféticas, y esos eran los peores, pues la ponían en vilo.</p><p>“Tu tía no está ya para ir a ninguna parte. Ella sólo tiene amistades en el Averno”. Y volvía Horacio Villalba a su argumento principal: “Pues yo no puedo cerrar el bar un fin de semana”. Y añadía que Roma, donde él había pasado un día y medio, tampoco era para tanto.</p><p>Al final, padre e hijo acordaron cancelar el viaje; el padre porque ya estaba resignado a la postergación vitalicia de su sueño y el hijo porque no podía cerrar durante un fin de semana su bar de copas, como ha quedado dicho.</p><p>Horacio Villalba fue una mañana al colegio para ver a Ezpeleta y devolverle los billetes: “Dice mi padre que le vendría mejor el dinero”. A Ezpeleta le cayó mal que el antiguo profesor de latín hubiera decidido canjear la realización de su gran fantasía por unas monedas al fin y al cabo mezquinas, pero le dijo a Horacio que iría a la agencia de viajes para gestionar la cancelación. Al final, solo le reintegraron el 60% del importe, pero a Horacio Villalba le pareció bien.</p><p><em>*Felipe Benítez Reyes es escritor. Sus últimos libros, Por regiones fingidas (Interrogante editorial, 2017) y una reedición de El novio del mundo (Fundación José Manuel Lara, 2018) en conmemoración de su 20º aniversario.</em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Eternamente, la ciudad eterna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 106]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Feminismo desde la cuna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/feminismo-cuna_1_1157834.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fdf8a981-da32-410c-b319-0c25f6e767e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Feminismo desde la cuna"></p><p><strong>Todos deberíamos ser feministas y Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismoChimamanda Ngozi AdichieLiteratura Random HouseBarcelona2015 / 2017</strong><em>Todos deberíamos ser feministas y Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo</em></p><p>  </p><p>Hay una joven escritora que me gusta mucho, la nigeriana <strong>Chimamanda Ngozi Adichie</strong>, siempre con ese punto de vista periférico, porque no hay nada más periférico para nuestra mentalidad occidental y eurocéntrica que escribir con el ojo puesto en su país, Nigeria, y en su continente, África. Pese a tres grandes novelas<em>, La flor púrpura, Medio sol amarillo y Americanah</em> y un magnífico libro de relatos titulado <em>Algo alrededor de tu cuello</em>, por lo que está siendo más conocida en nuestro país es por dos pequeños libros publicados en Literatura Randon House, como el resto de su obra. El primero tiene por título <em>Todos deberíamos ser feministas. </em> El siguiente se titula <em>Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo.</em></p><p>En el primero parte de una premisa básica: el feminismo quiere la igualdad . No es, pues, lo contrario del machismo, es un movimiento transversal que beneficia a todos y todas. Si fuera lo contrario del machismo, implicaría que el feminismo aspira al dominio de las mujeres sobre los hombres. Nada más lejos. Bastante hemos probado esa medicina amarga como para dársela a otros. En este pequeño libro, transcripción al papel de una de sus charlas  que se pueden encontrar en el canal TED (la otra es <em>El peligro de la historia única</em>) se produjo a raíz de unos encuentros sobre el continente africano. Chimamanda pone ejemplos sencillos de la vida cotidiana en su país para mostrar esa desigualdad. Cuenta cómo su mejor amigo le llamó<em> "</em>feminista" como un insulto, cuando ella ni siquiera sabía lo que significaba siendo aún una cría. ¡A cuántas de nosotras nos ha pasado lo mismo!</p><p>Chimamanda lo cuenta con mucha gracia, como las anécdotas de la escuela y cómo vivía ella. También una vez le dijeron que estaba rabiosa. Y ella afirma que sí, que lo está: "Estoy rabiosa. Todos tendríamos que estar rabiosos. La rabia tiene una larga historia de propiciar cambios positivos".</p><p><em>Todos deberíamos ser feministas</em> está basado en anécdotas y ejemplos concretos de la vida nigeriana, de su infancia y su juventud, pero, salvo alguna cuestión de matiz, en esencia es un planteamiento universal. Propongo, con el libro en la mano, hacer un ejercicio de recopilar anécdotas y casos concretos en nuestro país. Veremos que no hay tanta diferencia.</p><p>  </p><p>El otro librito, <em>Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, </em>parte de otra premisa. Una amiga suya que ha tenido una hija le pide por carta que le cuente cómo la puede educar en la igualdad. Chimamanda, dentro del género epistolar, acepta el reto porque considera "una urgencia moral mantener conversaciones sinceras acerca de educar de otro modo a los hijos, de crear un mundo más justo para hombres y mujeres".</p><p>Plantea 15 sugerencias que se van desarrollando en cada capítulo, que van desde combinar maternidad y trabajo, compartir las tareas de casa y del cuidado de los niños, amar los libros y cuestionarse el lenguaje que es depositario de nuestros prejuicios, hasta abordar el cómo hay que huir del feminismo <em>light</em>, ese que es fácil de instaurar y aceptar por el heteropatriarcado para que todo siga igual; ese que dice "si yo ayudo" como si no fuera una obligación masculina el hogar, ese que opina que "cuando ella no está hago la cena a los niños…"; ese que se queda en la superficie. En nuestra versión más occidental, ese que llama "feminazi" enseguida o ese que opina estar hartos, ¡hartos! (como si nosotras no lo estuviéramos) de aguantar la matraca de los últimos años (frente a lo que hemos aguantado durante siglos).</p><p>Poner el dedo en la llaga sobre mujeres igualitarias que no educan igual a sus hijos, que transigen más a los varones que a las niñas a la hora de cocinar, recoger, barrer, fregar o hacer la cama, es el principio. Y ahí va este segundo libro de Chimamanda, que parte de una sutileza, de la dificultad de hacerlo, de que la educación es muy compleja y en ella siempre se cometen aciertos y errores.</p><p>Por eso recomiendo, más allá del mes de marzo, la lectura de estos dos pequeños libros, sobre todo para jóvenes, aunque no sean lo mejor de esta escritora. Se leen muy bien, de un tirón, arrancan sonrisas y hacen pensar. Ya que nos empoderamos, pensemos sobre todo ello, sobre todo en cómo educar en la igualdad, tanto a niños como a niñas, con especial cuidado con los juguetes, los roles caseros, la división del trabajo.</p><p>Y ahora, aprovechando este espacio, dado que es una revista literaria, aquí va mi dedicatoria especial, también más allá del mes de marzo:</p><p>A todas las mujeres que leen en cualquier lugar, sacando tiempo de la noche, en el metro, a las que cocinan con un libro entre manos, a las que palpan y besan los libros, a las que pasan los dedos por los estantes.</p><p>A todas las mujeres que escriben, exorcizan, plasman e interpretan el mundo. A las que escriben en el horario de la siesta de sus hijos o por las noches cuando todos duermen, o al alba, antes de que los fantasmas reales habiten las casas.</p><p>A todas las grandes escritoras que me han acompañado a lo largo de mi vida, de las que he aprendido y con quienes me he consolado.</p><p>A todas las mujeres agentes literarias, que cuidan, miman, protegen, ensalzan o promocionan la literatura hecha por mujeres. Esas agentes que están ahí en la sombra, peleándose por colocar la obra, por el contrato, por el anticipo y que ponen boca a nuestras reivindicaciones.</p><p>A todas las mujeres editoras que, siendo mayoría en un mundo patriarcal, son más cooperativas, ponen el ojo en la calidad y entienden la dificultad de la creación femenina.</p><p>A todas las mujeres que nos acompañan, nos pintan o sacan fotos  en las presentaciones para que tengamos un recuerdo del acto.</p><p>A todas las mujeres libreras que nos recomiendan, ponen nuestros  libros en los estantes, entre las novedades, arrancando hueco a los que menos lo necesitan.</p><p>A todas sin excepción<strong>, </strong>gracias por estar, por existir, por hacer la vida más fácil, por seguir.</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro, </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.menoscuarto.es/libro/cuestion-de-tiempo/" target="_blank">Cuestión de tiempo</a><em> (Menoscuarto, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Feminismo desde la cuna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura africana,Novela,Los diablos azules número 106]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Versos de los 2000]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/versos-2000_1_1157832.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5db9192c-b767-4dda-abc4-4d6c0c43225c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Versos de los 2000"></p><p><strong>Poéticas del malestarEdición de Rafael Morales Barba Prólogo de Antonio GamonedaEdiciones El Gallo de OroBilbao2017</strong><em>Poéticas del malestar</em></p><p>El volumen <em>Poéticas del malestar</em> editado por <strong>Rafael Morales Barba</strong> (Madrid, 1958) tiene una apariencia didáctica imponente. Sus 620 páginas constatan un moroso quehacer. Dan fe de una dedicación exhaustiva del profesor universitario al discurrir del cauce poético contemporáneo intersecular. Es un campo de investigación al que ya se ha acercado en las páginas críticas de <em>Última poesía española (1995-2005)</em>, <em>La musa funámbula</em> y <em>Poetas y poéticas para el siglo XXI en España</em>.</p><p>La obra incorpora un pórtico firmado por <strong>Antonio Gamoneda</strong>, donde se insiste –es una cuestión recurrente en el poeta leonés, como lo fue en<strong> José Ángel Valente—</strong> en su no pertenencia a la Generación del 50 y en su alejamiento de las componendas promocionales del Grupo de Barcelona, tan explicadas ya por las memorias de <strong>Carlos Barral</strong>, <strong>José María Castellet</strong> y <strong>José Manuel Caballero Bonald</strong>, o por las entrevistas y escritos autobiográficos de <strong>Jaime Gil de Biedma</strong>. Queda claro, por enésima vez, que soportar el contexto histórico del franquismo y el ambiente social y cultural de aquel periodo histórico no mimetiza los rasgos escriturales ni hace del gregarismo un refugio poético compartido. Es verdad; la insularidad creadora del medio siglo ha generado un magisterio expandido en el tiempo que se dilata hasta la pradera digital y las últimas promociones líricas.</p><p>Aunque Antonio Gamoneda presupone que la inclusión y canonización comporta una caligrafía inmovilista de la conciencia poética individual y un cierto desvanecimiento de la propia personalidad, sus recelos no son contrastados por el pie de página de la  realidad literaria. Así lo aseveran los aportes de Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, <strong>Ángel González</strong> o José Manuel Caballero Bonald, protagonistas de un legado singular y fortalecido por trazos unipersonales.</p><p>Ya centrado en <em>Poéticas del malestar</em>, muestra algunas disonancias ante el enfoque de Rafael Morales Barba, a quien califica de imprevisible al abordar con simetría ecuánime a los incluidos en su estudio y al etiquetar con límites desvaídos algunos agrupamientos estéticos. Estas sombras no anulan la coda final positiva al calificar este empeño clarificador del poeta y profesor universitario como un trabajo crítico oportuno y necesario.</p><p>El libro en sí aporta una selección de poetas nacidos en torno a 1975, cuyas obras iniciales vez la luz en la amanecida del 2000, pero ambos criterios se emplean con una amplia libertad, ya que se incluyen autores nacidos en los sesenta como <strong>Manuel Vilas</strong>, <strong>Miguel Ángel Curiel, Jordi Doce, Jorge Gimeno</strong> o <strong>Agustín Fernández Mallo</strong>, y poetas que casi cierran la década siguiente como <strong>Luis Bagué Quílez, Julio César Galán, Juan Andrés García Román, Guillermo López Gallego</strong> y <strong>Ana Gorría</strong>. Otros pertenecen a la década del ochenta, como <strong>Fruela Fernández</strong> y <strong>Pablo López Carballo</strong>; todos coinciden en ser autores que publican en torno al 2000, aunque tampoco este criterio se cumple con rigor estricto y no son pocos los poetas que revelan su taller literario en los años noventa, o en los primeros años del nuevo siglo.</p><p>Casi todos los agrupados en <em>Poéticas del malestar </em>son nombres presentes ya en otras antologías. Ejercen como autores representativos de una época confrontada con el realismo; hacen de la fragmentación –entendida ésta como estar al margen frente al discurso normalizado del todo— y la reticencia escéptica ante la retórica de lo cotidiano  actitudes estéticas de un estar heterogéneo, que postula una diversidad de procedimientos en su resistencia y desazón. Tras el análisis de contexto, el libro selecciona una amplia relación nominal integrada por los más solventes solistas; de cada uno de ellos se incorpora una sucinta biografía, un esquema estético del quehacer lírico y una selección de poemas.</p><p>Entre los vértices centrales del trabajo figuran <strong>Jorge Gimeno</strong>, <strong>Julieta Valero </strong>y Manuel Vilas. Así lo manifiesta el crítico al dedicarles un espacio reflexivo muy completo y al resaltar su legado en varios momentos. Lo mismo sucede al enfocar la obra de <strong>Abraham Gragera</strong>, con una dedicación intensa, ya expuesta en las páginas de la revista <em>Turia</em>.</p><p>Rafael Morales Barba acierta a definir, sin mapas asamblearios ni componendas grupales, un conjunto de miradas de la periferia realista imperante, en el que se conjugan algunos nexos comunes: insatisfacción frente a un proyecto existencial global atestado de asimetrías, moderado irracionalismo y cultivo del fragmento. Son los nombres que inician un nuevo siglo, que siguen confiando en la capacidad precaria del poema para habitar la incertidumbre.</p><p><em>*José Luis Morante es poeta y crítico literario. Su último trabajo es la tercera edición de </em><strong>*José Luis Morante</strong>Ropa de calle. Antología poética (1980-2017)<em> de Luis García Montero, de cuya edición se ha encargado. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Versos de los 2000]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 106]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Compromiso y acción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/compromiso-accion_1_1157829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7b77d7cc-8dc7-43bf-b386-cc2538342750_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Compromiso y acción"></p><p><strong>Palabras contra el olvido. Vida y obra de María Teresa León (1903-1988)José Luis FerrisFundación José Manuel LaraSevilla2017</strong><em>Palabras contra el olvido. Vida y obra de María Teresa León (1903-1988)</em></p><p>He de confesar que soy un apasionado lector de biografías. Quizá porque en todas ellas se practica la distancia como hechizo, una distancia histórica que hace justicia a los personajes, como una observación detallada, con el tiempo pasado, que también da sentido al acto de escribirlas.</p><p>La acción del biógrafo, en la mayoría de los casos, es la de dar brillo a su objeto literario, tratarlo como una pieza necesaria en el rompecabezas de la historia, e irle descubriendo espacios donde conocerlo. El lector tiene entonces la feliz tarea de asomarse detrás de la puerta, de escuchar sus pasos, de ir imaginando su voz y sus preocupaciones. Más tarde, el juicio objetivo hará, probablemente, de las suyas, y situará al personaje entre los afectos o los odios, entre la bondad o los sentimientos de repulsa. En cualquiera de los casos, el biografiado tiene la entidad de activo representante de la historia.</p><p>Pero también he de confesar que algunas biografías dejan una huella de identificación y emoción que va más allá de la mera lectura. Un reconocimiento, un asidero común que fortalece, que anima y proclama al personaje. Entre ellas, una última publicada por la Fundación José Manuel Lara en los últimos días de 2017, firmada por <strong>José Luis Ferris,</strong> que reivindica, bajo el título <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-palabras-contra-el-olvido-vida-y-obra-de-maria-teresa-leon-1903-1988/248617" target="_blank">Palabras contra el olvido</a>, la figura de <strong>María Teresa León</strong>.</p><p>En los tiempos de la reivindicación literaria de la mujer no puede sorprender que la nómina de escritoras sea enorme, que las líneas usadas para darles espacio se hayan multiplicado en una necesaria afirmación de su valía y, cómo no, en su reconocimiento en todos los ámbitos de la sociedad. Pero es que la figura de María Teresa León va más allá de situarla dentro del ámbito feminista, o femenino, de las escritoras de nuestro país. Su trayectoria vital no es ajena a la dureza de la sociedad que recorre el siglo XX, al menos la misma que nace después de la guerra y llega hasta los primeros años ochenta; aunque podríamos decir que, hija de un coronel del ejército afincado en provincias, señorita de sociedad, maltratada por un primer matrimonio, luchadora por las libertades y compañera de <strong>Rafael Alberti</strong>, su lucha define a la persona como un acontecimiento necesario para empezar a entender la evolución de una sociedad marcada por la reivindicación y el exilio.</p><p>Es sorprendente, como propone Ferris, este recorrido de vida desde la educación religiosa más férrea, pasando por la Institución Libre de Enseñanza, que supuso un espacio de libertad y juicio crítico, el paso del romanticismo de la niña al espíritu revolucionario, los viajes iniciáticos de apertura a nuevas referencias (la importancia de los viajes para María Teresa León es un elemento fundamental a tener en cuenta), su relación con Alberti (desde los momentos de felicidad plena hasta su deterioro), la URSS y su relación con <strong>Stalin</strong>, su implicación en la Guerra Civil, su aportación revolucionaria, el exilio, el exilio, el exilio. Y los amigos.</p><p>Pero también todo un caudal literario que marca hitos en la vida de María Teresa. Porque su literatura, olvidada ya para muchos, es un reconocimiento de su vida. O su acción para rescatar el teatro en Madrid en tiempos difíciles (recordamos las peripecias de las Guerrillas del Teatro). O la actitud ante uno de los capítulos más interesantes de la guerra: el desalojo de las obras de arte del Museo del Prado. O el piso de <strong>Rosales</strong>, foco de la vida cultural española en guerra.</p><p>Una vida repleta de compromiso y de acción rematada por la triste enfermedad (padecía alzhéimer) que supone la pérdida de la memoria, la vuelta a la melancolía, su final de la historia. Conocida es la noticia de la vuelta del matrimonio a España el 27 de abril del año 1977 que supuso, entre otras cosas, el reconocimiento de la importancia histórica y política de los exiliados españoles y el advenimiento de un tiempo nuevo. Conocida también la enfermedad de María Teresa León, en una fase ya muy avanzada, que le impidió disfrutar de la vuelta del exilio y del recibimiento de toda una sociedad a la figura de Alberti o de <strong>Pasionaria</strong>, símbolos vivos del tiempo nuevo. “Había cientos de personas que esperaban en el aeropuerto, con banderas y proclamas, y ella sonreía”, recuerda su hija <strong>Aitana</strong>.</p><p>Porque la biografía de María Teresa León, escrita por Ferris, reconoce, o nos hace reconocer, a la mujer, a la escritora, a la revolucionaria, a la esposa y a la madre, dibujada muy necesariamente con los trazos de uno de los personajes más interesantes en la trayectoria histórica de todo el siglo pasado, no solo en España, sino también en los lugares en los que María Teresa procuró casa y comida a su familia. La guerra la situó en el espacio de las mujeres y los hombres necesarios para la acción política, el exilio la puso al frente de infinitos proyectos literarios, la vuelta a España la dejó sin memoria.</p><p>Ferris aprovecha las últimas páginas de su libro para situar a Aitana Alberti, única hija de su matrimonio con Rafael, como foco de reproche ante la ausencia de su padre en la larga enfermedad de María Teresa, para dibujar un espacio en el que la prensa española aprovecha las relaciones de familia para tratar de quitar prestigio al poeta. Su desapego a Aitana, su relación con la bióloga catalana <strong>Beatriz Amposta</strong>, las cartas cruzadas entre padre e hija, componen otro de los episodios que va edificando la figura de María Teresa, su verdadera naturaleza.</p><p>En cualquier caso, acudir a las páginas de <em>Palabras contra el olvido</em> es viajar hacia territorios históricos que han ido sembrando buena parte de los que ahora pisamos, trayectorias vitales que se identifican, muy seguro, con las propias, marcas de vida que van haciendo a hombres y mujeres para saber de hombres y mujeres. Aliento, metal y vientos de esperanza.</p><p><em>*Javier Lorenzo Candel es escritor. Su último libro, </em><strong>Javier Lorenzo Candel</strong><a href="http://siltola.blogspot.com.es/2018/03/apartate-del-sol-de-javier-lorenzo.html" target="_blank">Apártate del sol</a><em> (La isla de Siltolá, 2018). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Lorenzo Candel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Compromiso y acción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Exilio,Literatura,Literatura española,Feminismo,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 106]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En menos de 500 palabras: 35 sonnets / 35 sonetos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/500-palabras-35-sonnets-35-sonetos_1_1157822.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bc44098e-51bd-4e46-b510-03284b2def65_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En menos de 500 palabras: 35 sonnets / 35 sonetos"></p><p><strong>35 Sonnets / 35 SonetosFernando PessoaTraducción y prólogo de Francisco Barrionuevo.La Isla de SiltoláSevilla2018</strong><em>35 Sonnets / 35 Sonetos</em></p><p>  </p><p>Hay cierta división de opiniones sobre la importancia de estos <em>35 sonetos / 35 Sonnets</em> en la obra de <strong>Fernando Pessoa</strong>. <strong>Jorge de Sena</strong>, que los tradujo del inglés, lengua en la que fueron originalmente escritos y en la que su autor se inició como poeta, opinaba que eran meros pastiches de <strong>Shakespeare</strong>. En cambio, <strong>Robert Bréchon</strong>, uno de los más ponderados biógrafos de Pessoa, la declaraba sin ambages “una de la primeras obras maestras de su madurez” y justificaba su opinión con el argumento de que no era exactamente una obra adolescente que el poeta daba tardíamente a la imprenta, sino un texto que había sido revisado y reescrito durante años y acusaba el peso de la decisiva inflexión que la obra de Pessoa experimentó en torno al “día triunfal” de 1914 en el que concibió a sus heterónimos y, paradójicamente, encontró en esas voces fingidas su voz y tono más característicos e inconfundibles.</p><p>Es indudable, desde luego, que estos sonetos están escritos en falsilla shakespeariana: enfáticos, armados casi siempre en torno a una comparación alambicada (“Mi alma es un hierático cortejo / de arte egipcio más viejo aún que Egipto”) y redactados en el decir apretado y denso de la poesía isabelina, sus propios lectores ingleses, que los tuvo, apreciaron lo que tenían de arcaizante e inactual. Pero Pessoa sabía lo que hacía; y, desde luego, entre sus intenciones no estaba practicar el simple remedo: más bien, lo que intentaba era hacer suyo un registro, el shakespeariano, cuya flexibilidad y riqueza se adaptaban bien a la creciente complejidad de su pensamiento poético. Tal vez por ello se animó a publicarlos cuando su trayectoria ya había tomado aparentemente otros derroteros: posiblemente detectó en ellos el elemento de alteridad que tanto juego le había dado en los poemas escritos bajo los nombres de Alberto Caeiro y Álvaro de Campos, sus primeros heterónimos.</p><p>Significativamente, la alteridad es uno de los asuntos de los que se ocupan estos sonetos (“Cuántas máscaras, unas sobre otras, / llevamos sobre el alma...”). Pero quizá lo que más asombra de ellos, más allá de sus posibles ecos de otras formulaciones típicamente pessoanas, o de ciertas melancolías propias del decadentismo finisecular  (“Este hastiado vivir insatisfecho, / antesala frustrada del no ser…”), son sus inesperados atisbos de una especie de conciencia engrandecida, sustento de la enaltecida capacidad visionaria del poeta: “Algo en mí es anterior a las estrellas”, afirma en el bellísimo soneto XXIV; y luego: “Por la edad sin edad de mi Conciencia, / mi edad es aún mayor que la del Mundo”.</p><p>La traducción, como puede colegirse por los ejemplos aducidos, toma como norma ajustarse siempre, aun a costa de renuncias, a la disciplina del endecasílabo blanco, con el feliz resultado de que, si el inglés pessoano recuerda al de Shakespeare, el de su traductor evoca claramente a nuestros clásicos: “La vida es sueño y un destello el alma, / y somos sueños en los sueños de otros”.</p><p><em>*José Manuel Benítez Ariza es escritor. Sus últimos libros son </em><strong>José Manuel Benítez Ariza</strong><a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?manufacturers_id=404&products_id=1818" target="_blank">Arabesco</a><em> (poesía, Pre-Textos) y </em>Trilogía de la Transición<em> (novela, Dalya), ambos de 2018.   </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Benítez Ariza]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En menos de 500 palabras: 35 sonnets / 35 sonetos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura europea,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 106]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Los últimos pistoleros: análisis de una portada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ultimos-pistoleros-analisis-portada_1_1157814.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/89b6dd59-698d-4ad8-b0ac-9e303816edef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los últimos pistoleros: análisis de una portada"></p><p>Dice el <em>adagio</em> que no hay que juzgar un libro por su portada. Pero los refranes como las estadísticas, están para romperlos. Y no resisto la tentación de hacer un análisis, aunque sea somero, de la portada del último libro de <strong>Javier Marías</strong>: <a href="https://www.megustaleer.com/libros/cuando-los-tontos-mandan/MES-088496" target="_blank">Cuando los tontos mandan</a>. Por lo demás, el contenido nos es —a mí y seguramente a ustedes— de sobra conocido, pues la obra reúne muchas de las columnas publicadas en <em>El País Semanal</em> por el escritor madrileño durante los últimos meses.</p><p>  </p><p>El título, de hecho, es también el de un texto suyo aparecido en el semanario de PRISA donde el autor de <em>Corazón tan blanco</em> se burla del sindicato de estudiantes de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, y de sus miembros, por pedir que desaparezcan del programa —del programa de estudios orientales y africanos, insistimos; no del de Historia de la Filosofía— pensadores como Descartes o Platón, al considerar que su presencia es una muestra más del eurocentrismo, el etnocentrismo y el colonialismo que siguen presidiendo los estudios de este tipo en Inglaterra.</p><p>De hecho,<strong> Tom Whyman</strong> escribió en <em>The Guardian </em>sobre comentarios como el de Marías y que se burlaban de esta petición: "Si uno lee los artículos sobre esta historia puede acabar convencido de que estaba a punto de producirse un gran acto de barbarie intelectual. Pero, en verdad, la noción de que algo adverso está sucediendo es en su mayoría una tontería". Y destacaba cómo tiene bastante sentido pedir, en una Universidad donde se estudia el pensamiento africano y oriental, que los programas no estén colonizados por los pensadores occidentales. Tom Whyman, por cierto, es escritor y profesor de filosofía en la Universidad de Essex. Y aparentemente, un tonto.</p><p>Pero para empezar con la portada en sí, he de referirme a otro dominical. En concreto, a <em>XL Semanal</em>, donde en julio de 2016 el escritor <strong>Pérez-Reverte</strong> escribió una columna titulada <a href="http://www.xlsemanal.com/firmas/20160705/viejos-pistoleros.html" target="_blank">"Viejos pistoleros"</a>, en la que relata una conversación nocturna con Marías donde ambos se comparan con unos viejos pistoleros a los que los jóvenes aspirantes a estrellas mediáticas desean liquidar.</p><p>Un año después aproximadamente, y en el mismo suplemento, aparecía una entrevista al propio Reverte, a Marías y a <strong>Vargas Llosa</strong> que, haciendo uso de las palabras del primero se titulaba precisamente: "Somos los últimos pistoleros". En esa entrevista, las tres glorias de nuestras letras se mofaban de los estudiantes de la Universidad de San Sebastián por —tontos también ellos— querer acabar con el amor romántico, al entender que el relato creado en torno a este tipo de amor es una de las causas principales de que, por ejemplo, muchas generaciones de mujeres hayan aceptado como algo inherente al amor los malos tratos machistas.</p><p>Ahora, es Javier Marías el que sigue con su identificación con el viejo pistolero y coloca en la portada de su último libro una foto en la que aparece <strong>James Stewart</strong> casi rendido —el rifle no apunta a nadie—y varias manos, sin sus respectivos cuerpos, que apuntan a nuestro héroe con sus revólveres. El fotograma proviene, creo —pero me puede fallar la memoria y tampoco es lo más importante— de <em>Winchester 73</em>. En cualquier caso, representa cómo se ve Marías a sí mismo: como el héroe justo al que los malvados acorralan. El solitario al que la muchedumbre ignorante intenta asesinar. No voy a entrar en las razones psicológicas que llevan a una persona a verse a sí mismo como el héroe solitario al que todos desean ver muerto. Pero sí me parece interesante analizar la idea de lo que debe ser la vida pública que se desprende de esta visión.</p><p>En primer lugar, conviene contextualizar todavía un poco más la portada. Para ello basta acudir a una afirmación de la columna ya citada arriba y de la que el libro toma el título. En ella afirmaba Marías: "La presión sobre la libertad de opinión se ha hecho inaguantable. Se miden tanto las palabras –no se vaya a ofender cualquier tonto ruidoso, o las legiones que de inmediato se le suman en las redes sociales– que casi nadie dice lo que piensa. Y casi nadie osa contestar: 'Eso es una majadería".</p><p>Casi nadie dice lo que piensa. Casi nadie osa contestar. Pero Marías sí. Marías se atreve. Él es el último pistolero, por decirlo con el título de otro <em>western</em>. Un <em>outsider</em>, aunque pertenezca a la cima del sistema y esté establecido en ella desde hace décadas. Esta es la afirmación que no se incluye en la columna, pero que se deduce de la misma y también de la imagen elegida para ilustrar el libro.</p><p>Una imagen que ofrece, además, otras enseñanzas. Es revelador, así, que las manos que apuntan a Stewart/Marías no tengan rostro, ya que, de este modo, quien lo apunta puede ser cualquiera: usted, yo o aquel a quien el cansado pero aún no rendido Javier Marías decida señalar desde su tribuna éste o el próximo domingo. Y llamarle tonto.</p><p>Porque si Marías —y Reverte o Vargas Llosa— son los héroes, los últimos pistoleros, los hombres solitarios cargados de justicia y de razón, ¿los tontos que mandan somos los demás? ¿Somos los demás quienes sostenemos esas pistolas sin rostro detrás? ¿Estamos intentando acabar con la élite cultural de este país por pura ambición y por simple codicia? ¿La verdad reside sólo en unas voces cultas, que han de liderarnos y los demás, incultos todos, hemos de atender a sus homilías dominicales como si escucháramos la voz de Dios? ¿Debe producirse así el debate público?</p><p>Creo que, una vez más, Marías se equivoca. Lo que se persigue no es su trono de mandarín. Ni el puesto de columnista en <em>El País Semanal</em>. Ni la fama. Lo que se persigue es un diálogo sin soberbia y basado en datos en el que, quienes ostentan hoy, todavía, un gran poder cultural y mediático no se encastillen y se avengan a discutir con el resto de participantes. Sin calificarlos inmediatamente como tontos sólo por poner en duda o en crisis sus modelos culturales o su visión del mundo. Lo que se persigue es conseguir que ellos duden. Y, por supuesto, que nos hagan dudar.</p><p>Lo que no se entiende desde ciertas élites culturales del país es que la comunicación social ha cambiado, y ya no es unidireccional: y por lo tanto ya no vale la imagen de un héroe solitario y justo que se enfrenta o le habla a una masa analfabeta. Ha pasado ya el tiempo de las tribunas desde las que intelectuales con prestigio lanzaban sus arengas para una multitud que los escuchaba extasiada y sin intervenir. O que necesitaba un articulista que, cual cirujano de hierro moral, le señalase sus propias deficiencias éticas o sociales. La opinión pública no pide tomar la palabra: la ha tomado. Y tachar de "tonto" o "idiota" a todo aquel que no piensa como tú y pone en duda tu visión del mundo —una visión casi religiosa, por ideal y cerrada— no parece la mejor respuesta, ni la más democrática. Lo que sí parece es enormemente arrogante.</p><p>Uno puede menear la cabeza ante la idea de que el mundo que ha conocido se evapore. Uno puede lamentar que todo aquello que era sólido, ahora sea líquido o no sea. Lo que uno no puede hacer es creerse en posesión de la verdad absoluta. Y despreciar a los demás como si nunca hubieran leído un libro.</p><p>Pero la tradición española en lo que se refiere al papel de los intelectuales—y ninguno de los autores citados es ajeno a ella— no es muy propensa ni al diálogo ni a la duda. Mucho menos a la humildad. El intelectual español habla siempre <em>ex catedra</em>, siempre desde el machismo discursivo. Jamás con datos y mucho menos sin atacar a nadie. Es necesario leer, a este respecto, libros como <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/03/19/los_autores_transicion_han_tenido_protagonismo_durante_demasiado_tiempo_46616_1026.html" target="_blank">La desfachatez intelectual</a> de <strong>Sánchez-Cuenca</strong> o <em>El intelectual melancólico</em>, de <strong>Jordi Gracia</strong>, donde se hace un repaso por dicha tradición y se dan multitud de ejemplos.</p><p>Por lo demás, el tiempo avanza. El mundo cambia. Y la comunicación ya no es lo que era. Por muy cejijuntos y atrabiliarios que se muestren nuestros más insignes intelectuales. O por muy simbólicas que sean algunas portadas.</p><p><em>*Alberto Gómez es doctor en Periodismo y profesor asociado en la Universidad de Toulouse. </em><strong>Alberto Gómez</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Gómez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Periodismo,Los diablos azules número 106]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Margarit o el pan necesario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/margarit-pan-necesario_1_1157805.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c08054b8-2a05-4250-904e-cc477444688d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Margarit o el pan necesario"></p><p><em>Cómo comen su pan cuando está duro</em></p><p>José Luis Quesada</p><p>En el mundo antiguo –a la manera de<strong> José Emilio Pacheco</strong>– no había internet, pero sí supermercados. Eran pocos y singulares: nuestra aldea global era un concepto a carboncillo en los papeles de <strong>Marshall McLuhan</strong>. Cada supermercado tenía, como en una <em>tienda de variedades</em> en el pueblo, la impronta de su propietario y una idea del Edén.</p><p>Hacer el mercado era en ese mundo, para ojos párvulos, un viaje: las aceitunas de Macedonia, las galletas danesas, el <em>rocamadour </em>de <strong>Cortázar</strong>, el jamón ibérico de bellota, los mariscos enlatados o las novelas de <strong>Julio Verne</strong>.</p><p>Sí. En La Colonia había dos pasillos de libros y esa era la mejor librería de Tegucigalpa. Una tarde mi madre me compró <em>El viejo y el mar</em>. Cuando llegamos a casa comencé a leerlo y para la cena ya lo había terminado. Mi asombro se volvió un reto: Terminar de leer un libro por día.</p><p>  </p><p>En el mundo antiguo, no eran las agujas del reloj, sino las otras, aquellas que entretejían una historia en las manos de una abuela y la velocidad era una extrañeza. La lectura debía estar acorde con el microondas.  Hogaño el tiempo es un veloz guepardo en caza, el internet puntualiza el saber y el ocio es menos asombroso (o inteligente).</p><p>Se cumplió la profecía de McLuhan, la aldea global vulgarizó el mercado, los supermercados se volvieron cadenas, los libros desaparecieron de los anaqueles y los niños ya no los ven imprescindibles como una legumbre.</p><p>Los templos de la lentitud han caído en desuso, sus sacerdotes son hombres de otra época. Es quizá por ello, o porque he encanecido, que ya no puedo terminar un libro en un día. El último intento fue <em>Un asombroso invierno</em> de<strong> Joan Margarit</strong>. Me llevó un par de semanas, verso a verso buscaba en mi soledad acaso esa banca que ponen en los museos frente a una obra maestra.</p><p>Llegó por correo postal y esperarlo fue parte del asunto, un libro como éste debería estar en el supermercado o en las farmacias. En su ausencia, ¿cómo puede alguien sobrellevar un dolor, sin el bálsamo de la buena poesía? "¿Cómo comen su pan cuando está duro?".</p><p>Comienza Margarit, en un poema: "Pronto no habrá amapolas. / Eliminadas como malas hierbas, / van desapareciendo de los campos. / Ya no se extenderán las rojas pinceladas / del viento en los trigales. / ¿Quién entenderá, entonces, / los cuadros de Van Gogh?".</p><p>"Todo se enfría, y se necesita –sentencia en otra pieza– el cansancio que deja haber amado. / Para así desear lo que ya está acercándose".</p><p>Si bien, un buen libro es el que te lanza a ese río en que casi te ahogas en el sueño para presentarte los últimos segundos de tu vida, no es bueno si no te da la cuerda salvavidas:</p><p>  </p><p> ¡No se necesitaba construir catedrales! (Joan formó parte de los arquitectos de la Sagrada Familia de <strong>Gaudí</strong>.)<em> ¿</em>A qué miseria va una ciudad o un país tan lejano de Margarit y tan cerca, ahora, de los comestibles enlatados?</p><p><em>*Rolando Kattán es poeta. Su último libro, </em><strong>Rolando Kattán</strong>El árbol de la piña<em> (Cisne negro, Honduras, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rolando Kattan]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Margarit o el pan necesario]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 106]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La lengua en el altillo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lengua-altillo_1_1157797.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2f0a6c66-8897-4ac7-9df1-8b4f8f023f11_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lengua en el altillo"></p><p>En una Barcelona nublada de febrero me encuentro con <strong>Joan Margarit </strong>(Sanahuja, Lleida, 1938) en la confitería del Hotel Colón, escenario de su poema “Hotel Colón, Barcelona” incluido en <em>Des d’on tornar a estimar</em> / <em>Amar es dónde</em> (2015). En este poema rememora un encuentro con el Premio Nobel de Literatura 1989,<strong> Camilo José Cela</strong>, y allí habla de la “falsa fachada de cemento/ de la catedral gótica” que me señala también a mí, a través de la ventana, mientras me relata las mismas peripecias de sus versos y yo no puedo evitar sentirme un personaje de <strong>Pirandello </strong>que anda buscando un autor. Saca de su bolsillo un poema inédito, en curso de escritura. Lo leemos juntos. Soy testigo de su proceso creativo y compositivo: el poema está escrito en catalán impreso a ordenador y tiene una versión paralela manuscrita castellana en los espacios en blanco, entre líneas. Margarit volverá a este poema en el curso de la entrevista.</p><p><strong>Pregunta. Aunque en el prólogo a Estación de Francia y en varias declaraciones tuyas has ido contando tu experiencia de escritor bilingüe quisiera conocer más detalles acerca de cómo es tu proceso creativo en ambos idiomas, cómo fue cambiando con el tiempo y cuáles fueron los detonantes de estos cambios.</strong><em>Estación de Francia</em></p><p><strong>Respuesta</strong>. Empiezo a escribir en castellano por un error de base que no tenía por qué no cometerlo. Es lógico que me equivocara, porque la poesía es cultura y uno debe escribir poesía en su lengua de cultura. Normalmente nadie presta atención a esto porque las lenguas de cultura y la de expresión coinciden. Pero en los casos en que no coinciden, la mayor parte de la gente escribe prosa. Tampoco pasa nada. Pero en ese pequeñísimo espacio que queda de que tu lengua de cultura no sea tu lengua materna, y que además te dé por la poesía, esos sois cuatro y acabo. <em>[Risas]</em> Por tanto no hay ni bibliografía, ni avisos, ni nadie te dice nada. Y te parece muy lógico que cuando tú tienes esta sensación de que has de decir algo, que tienes cosas por decir, que si no escribes te mueres, etcétera etcétera –toda esta cosa que acostumbra venir al final de la adolescencia o al principio de la juventud–, pues no te haces problema. Si mi lengua de cultura es esta, pues escribo. Y como has visto que otra gente lo ha hecho –prosa, pero tú no matizas– y has leído con gran placer, a pesar de tu juventud, por ejemplo a <strong>Cioran </strong>o a <strong>Beckett</strong>, y sabes que esta gente ha escrito en su lengua de cultura que es el francés –pero no es la materna–, haces lo mismo. Pero claro, a ellos tanto les da, porque son prosistas. Pero esto no lo matizas. Y entonces sigues por ahí. Y empiezas tu aprendizaje.</p><p><strong>P. Tus primeros libros fueron escritos en castellano. Y el prólogo a tu primer libro te lo escribió Cela. ¿Qué te aportó recibir esa atención de un escritor consagrado?</strong></p><p><strong>R</strong>. Nada. Bueno, una pequeña entrada. Fíjate que era un libro que estaba fuera de todas las cadenas de ventas. Estamos hablando del año 63, de <em>Miseria y compañía</em>, en una dictadura. Entonces en este mundo yo publico este libro en una editorial de libros de escuela, de bachillerato. No hacía más que libros de texto, y yo publico un libro de poesía. <em>[Risas]</em> Ese libro de poesía se lo mando a Cela. A Cela le hace gracia y hace el prólogo. Y en ese prólogo dice que soy “un surrealista metafísico”, aparte de otras cosas. Por entonces me pareció muy bien, yo tenía 23 años. Ahora me horrorizaría que me llamaran surrealista metafísico. <em>[Risas]</em> Este es mi principio, claro, en mi lengua de cultura.</p><p><strong>P. ¿Y cómo fue el proceso que te condujo a la escritura en tu lengua materna? ¿Qué ocurrió para que dieras el salto?</strong></p><p><strong>R</strong>. Muy sencillo. Tú crees que la cultura no tiene lengua. Y ahí te equivocas. Es muy pedestre lo que me pasó, pero transcurre en 20 años. Dentro del proceso de creación del poema yo he llegado a la conclusión –al menos para mí– de que es un proceso interior, por lo tanto no hay que buscar nada fuera, has de buscar todo dentro. Sacar de allí algo que tenga interés para mí es dificilísimo. Me paso tardes enteras buscando dentro, y cuando encuentras algo, comienza el trabajo. Pero ese <em>algo inicial</em> no es lingüístico. Encontrar algo que tú sospeches que pueda ser un día lingüístico es el primer paso. Pero ahí todavía no estamos en ninguna cultura, en ninguna lengua ni nada. Este trabajo, antes de que sea lingüístico, no es inútil. Yo me dediqué durante 20 años a eso. Y a partir de un cierto momento, fracaso. A partir del momento en que digo “vamos a poner esto en palabras” ahí me lío y fracaso. Un milagro que en esos 20 años –de los 20 a los 40– yo no me canse de hacer libros malos: hago cuatro. Ese es un milagro o, si quieres ser condescendiente conmigo, llamémoslo “fe en mí mismo”. Lo puedes llamar de todas maneras. Entonces insisto y me digo: pero si esto es mío, ¿cómo yo no he de poder expresar esto? Si esto no está en <strong>Machado</strong>, ni en <strong>Neruda</strong>, ni en ningún otro, por lo tanto es mío, ¡debo de poder expresarlo! Pero aún no he aterrizado en la lengua. Entonces lo que sucede es muy sencillo: a los 40 años yo soy muy amigo de un gran poeta catalán que se llamó <strong>Miquel Marti i Pol</strong>. Él vivía en un pueblo cerca de Vic y tenía una esclerosis múltiple, le costaba mucho hablar. Y moverse, no digamos. Y él escribió toda su poesía adaptándose a su problema, por ejemplo, él no lograba corregir mil veces un poema como hago yo, sino que él pensaba días y días, y cuando ya lo tenía se ponía a escribir, porque le costaba tanto escribir que no estaba para corregir. No había ordenadores, era otro mundo. Como estábamos en ciudades distintas yo iba muchas veces a verle, alguna vez él bajó a Sant Just, pero en general nos carteábamos. Y un día recibo una carta suya en contestación a una mía en donde me decía: “Le he dado tu última carta a leer a mi hija. En primer lugar te pido perdón porque es una falta de atención a tu intimidad, pero es que no he podido más. Y se la he dado a leer”. Con Miquel nos escribíamos en catalán, la confianza la expresaba en lengua materna, mi único problema es que culturalmente yo era un cero en catalán y además educado en un franquismo que hizo que yo fuera durante 6 años a un instituto llamado <strong>Ausiàs March</strong> y que nunca se nos dijera por qué se llamaba así. Yo creí que eran rusos<em>. [Risas]</em> Volviendo a la anécdota, la hija a la que le había dado a leer la carta era profesora de lengua. Y me escribe Martí i Pol: “Entonces le he preguntado a ella qué piensa del que escribe esta carta. Me respondió que sí, que esta carta puede ocultar un poeta”. Y en aquel mismo momento me di cuenta del error de 20 años. Del punto donde estaba trabado. Ahí me dije: “Ya está. Por eso, por eso has aguantado. Has aguantado porque realmente tendrás algo que decir”. Claro que este diálogo me lo invento yo ahora, porque fue un instante. Y fue algo más triste que una revelación. Fue como: “¡Has estado buscando por toda la casa y no se te ha ocurrido el altillo, burro!”. Tuvo que venir la hija profesora de Marti i Pol a aclararme las cosas.</p><p><strong>P. ¿Y qué pasa a partir de ahí?</strong></p><p><strong>R</strong>. Bueno, pasa lo lógico también. Hago las primeras cosas en catalán, entonces surge un entusiasmo delirante. Claro, 20 años encerrado en un fracaso y con cosas que decir, claro, es la locura. Viene la locura. Pero esta locura tiene una parte que me hace fracasar por segunda vez, que es el entusiasmo lingüístico. Yo descubro palabras, yo voy por el mundo viendo palabras que había usado hasta ahora en la mesa, con mi abuela y eso, y de repente son palabras que yo estuve buscando 20 años, que las usaba pero no las veía para la poesía. Porque yo pasaba por el altillo pero no hurgaba allí. Y ese entusiasmo me llevó a escribir ocho libros. Ocho libros que recogí en una antología que se titulaba <em>El orden del tiempo</em>, <em>L'ordre del temps.</em> Son mis primeros ocho libros en catalán, que ganaron todos los premios en catalán. Porque teniendo 40 años, si no haces todo el trabajo rápido, se te acabará la vida y nadie sabrá ni quién eres. Los presenté a premios y así gané el Miquel de Palol, el de Valencia, el Carles Riba –que era y sigue siendo el más importante aquí–, todos. De esto no quedará en mi obra completa nada más que un primer capítulo que se titula muy claramente “Restos de aquel naufragio”. Y en “Restos de aquel naufragio” está metida la única cosa en castellano que salvo, que se llamó “Crónica”, que son poemas largos que están al principio, y luego un grupo de poemas que pertenecen a estos ocho libros del entusiasmo.</p><p><strong>P. ¿O sea, que 12 libros pasan a ser apenas “restos del naufragio”?</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí. Que son ocho del entusiasmo lingüístico y cuatro del fracaso castellano. Entonces escribo un libro que se titula <em>Luz de lluvia</em>, <em>Llum de pluja</em>. Entonces <em>Luz de lluvia</em>, <em>La edad roja</em>, <em>Los motivos del lobo</em> y <em>Aguafuertes</em> es un paquete que coincide con una cierta editorial que se llamó y se llama todavía Columna. Publicando estos libros  yo conozco y ya entro en el mundo literario.</p><p><strong>P. A partir de aquí entonces ya no son fracasos.</strong></p><p><strong>R</strong>. A partir de <em>Luz de lluvia</em> ya no hay fracasos. Con estos libros conozco a <strong>Luis</strong>, a <strong>Pere Rovira</strong>, a muchos. Yo soy mayor que todos ellos pero estoy como ellos. Y ahí empieza la historia. Pero todavía no soy yo. Porque para ser realmente yo tengo una nostalgia, que es el castellano. “No deja de ser la lengua en la cual tú has llegado a la cultura, y ahora cómo, ¿la tiras en el retrete?”. Hay un trozo de prólogo de estos primeros ocho libros en catalán donde yo estoy apuntando mis lágrimas mientras hablo con Marti i Pol en una habitación a oscuras, con una lámpara que nos deja a él y a mí en la sombra y solo ilumina una mesa. Yo estoy traduciendo su libro al castellano, quizás el mejor libro de Marti i Pol que se llama <em>Estimada Marta</em>. Y hago la traducción, la publico en castellano. Y en un momento yo me emociono porque veo que es una lengua para mí perdida poéticamente... ¡Pero nunca ganada, digamos! <em>[Risas]</em> Bueno, un problema sentimental lógico, ¿no? Y entonces este problema se resuelve después de estos cuatro libros, porque viene la solución de este tema con <em>Estación de Francia,</em> en 1999. Se acabó: ¿por qué he de renunciar yo al castellano? Entonces empiezo a ensayar mi nueva manera de escribir, que ya no dejaré nunca, que es empezar metiéndome aquí <em>[se señala el pecho]</em>, buscando el poema, salvándolo en catalán, que es la única manera en que puedo salvarlo en una primera versión. Yo soy un escritor que llevará este papel en el bolsillo durante meses <em>[y me muestra el poema inédito que habíamos leído al inicio de la charla].</em> Y seguramente no se parecerá en nada al final del principio. Ya lleva tiempo aquí este poema. Pues ese tiempo lo lleva en catalán y en castellano.</p><p><strong>P. ¿Entonces la primera gema en bruto del poema es siempre en catalán?</strong></p><p><strong>R</strong>. Tiene que serlo. Y es entonces cuando me invento la fábula de la catedral, que está en el prólogo de este libro <em>[se refiere a </em>Estación de Francia<em>]. </em>La cultura es la catedral, pero la catedral tiene millones de cosas: rosetones, contrafuertes pilastras, portales, coros. Todo es admirable en ese mundo de la cultura enorme. Pero para un poeta nada de eso tiene importancia. Lo único que tiene importancia de la catedral es la cripta, y la cripta no es más que un agujero en el suelo con cuatro reliquias. Pero sin cripta no hay catedral. La catedral se edifica encima de una cripta. Que, por lo que sea, un siglo antes empezó a haber allí, y acaba habiendo una catedral. Pero gracias a la cripta. El poeta tiene que ir a la cripta, esa es la fábula que yo me invento sobre este tema. Y estás toda la vida maravillado diciendo que tú quieres hacer un arco o una bóveda y no te das cuenta de que solo puedes empezar a hacer todo esto si bajas a la cripta. Es que fíjate tú que para mí el castellano es una lengua que solo no me sirve para empezar un poema. ¡Solo para eso! ¡En todas las demás ocasiones me sirve! ¡Me sirve para continuar un poema, para escribir en prosa, para hablar, para cantar, para recitar! ¡Me sirve para todo, menos para este puñetero impulso inicial, menos para bajar a la cripta, joder, que ya es mala leche! <em>[Risas]</em> A todo esto fíjate tú, el libro este es del año 99. Si fuera del año 98, yo tendría 60 años. Por lo tanto, en números redondos, yo tengo sesenta años y estoy escribiendo esta frase. Entonces –el otro día lo escribí en mis <em>Memorias</em>– me doy cuenta de que <strong>Rilke </strong>ya se ha muerto, de que <strong>Kavafis </strong>ya se ha muerto. Y entonces digo “bueno, pero todavía Martí i Pol no había escrito sus mejores poemas”. Entonces me consuelo y sigo. <em>[Risas]</em> En cambio <strong>Pizarnik </strong>va y se suicida. Es brutal. Pero ves qué sencillo es de contar. Es que al no haber bibliografía en cultura, es muy grave que nadie haya pasado por tu camino. Puede ser un camino anchísimo y que puedas pasar de muchas maneras, pero has de pasar. Pocos han tenido que pasar por estas puertas tan estrechas. Es que es una puerta que no ves hasta que no te fijas. Es como si en tu trayecto hubiera, en un momento, una pared. ¿Sabes qué cuento, que me contaba mi abuela, que se parece a lo que ha significado para mí esto? Me contaba “El cuento de la muerte blanca”. Era una doncella que estaba encerrada en un palacio donde no había puertas, había solo un gran muro que lo cerraba todo. Entonces, ¿qué hace el hada buena con el príncipe? No lo transforma en un gran guerrero sino en una hormiga, para que pueda bajar y pasar por debajo del cimiento. Y entonces yo, claro, luego fui especialista en estructuras... ¡ya debía apuntar yo para el cálculo de estructuras! <em>[Risas]</em> Este cuento me emocionó más que otros. ¿Qué hice yo también con la lengua materna? Yo la tenía detrás de un muro cultural tremendo, y yo feliz con el muro. Vuelve a ser el tema de la hormiga que entra. La cripta, la hormiga, la humildad, la hormiga humilde, la cripta humilde... Es ahí donde hay que buscar el poema, que no tiene nada que ver con la prosa. Y entonces me cabreo con la prosa, y entiendo algo más. Ahora voy a otra manera de ver las cosas en el arte, la poesía, la prosa y la música, porque la prosa, está clarísimo, es lo que estamos hablando tú y yo ahora: hablamos en prosa. Pero si yo digo “<strong>Marisa</strong>, vamos a ir más lejos en la conversación”, tú me dirás “Vamos a leer tus poemas o los míos, o vamos a hacer un poema juntos”. Y entonces las palabras vamos a sacarlas, a estirarlas, a llevarlas hacia adelante y a llegar un poco más lejos con una utilización extraña de la palabra que es la poética, y vamos a entrar un poco más en el misterio que la prosa. Y entonces yo te digo “Marisa, ¿si entramos un poco más?”. Hostia, es que si entramos un poco más estiraremos tanto las palabras que perderemos los significados. En poesía todavía un caballo es un caballo, por mucho que un idiota vanguardista diga que un caballo significa un coche. Entonces, si estiro más, me quedo sin significado. Y sin significado estoy ya en la música. Ahí ya puedo seguir un poco más todavía. No pienso como el vanguardista que dice: “Yo quito el significado de las palabras, cualquier palabra me sirve, y quito el significado de la pintura, solo son colores y formas, así tengo toda la potencia de la música pero con los colores y las palabras”. Yo digo: “No, ahí si usted ha de hacer esto ha de hacerlo con la música”. Y tampoco a la música tú le puedes pedir que regrese y utilice significados, porque entonces será una musiquilla tonta, imitativa, de sonidos y nada más. Cada uno tiene su campo.</p><p><strong>P. A partir del año 99, cuando empezás a escribir en las dos lenguas, entre el poema en catalán y en castellano en su versión final ¿hay más autonomía o más aproximación? Es decir, ¿vas creando y recreando un poema en ambas lenguas o buscás la fidelidad y la equivalencia en las dos versiones? ¿O te da igual?</strong></p><p><strong>R</strong>. Según mi manera de funcionar, lo que sacas de dentro de ti, que todavía no es lingüístico, esto vale para cualquier lengua. Y por lo tanto es un trabajo que luego me consoló a mí: “Oye, no has perdido tanto tiempo como parece”. Fracasado 20 años, de acuerdo, pero tampoco estaba a cero. Había hecho una cantidad de cosas que ahora me rinden. Y por eso empiezo a publicar sin problemas y casi casi rítmicamente cada dos años. El problema es la relación tuya con tu poesía. Tenía una experiencia mucho más brutal porque había sufrido. Y a pesar de todo me mantuve. Pues claro, 20 años haciendo el tonto no lo aguanta tampoco cualquiera. Podría haber dicho “me dedico a otra cosa, sigo con la arquitectura”. <em>[Risas]</em> Claro, y ya está. Eso también ayudó, es otro error que cometí. Que toca otro tema, que es importante también, y que el poeta debe decidir por sí mismo. Y es descubrir que la poesía no es un oficio, que es un tema importantísimo. Uno debe llegar a su verdad, porque por ejemplo los románticos opinaron lo contrario. Por aquel entonces la carrera de arquitectura tenía un ingreso muy difícil, muy duro. Yo recuerdo que en el examen de dibujo, de 200 candidatos aprobamos 15. Era durísimo porque en plena dictadura las ingenierías y arquitectura se querían reservar para la gente de confianza del régimen, que eran los ricos. Entonces, solución: te inventas una carrera que dura unos ocho o diez años de media, y eso lo aguantan solo los ricos<em>. [Risas]</em> Pagas a los niños para que estudien hasta los 30 años y eso lo aguantan o los ricos o los pobres que hacen un gran esfuerzo. Entonces cuando yo paso todas las selecciones y estoy a mitad de la carrera digo: “Pero yo quiero ser poeta, cómo voy a estar aquí haciendo el arquitecto”. Entonces dejo la carrera y me voy a trabajar, porque además tengo la urgencia de trabajar. Y entonces me voy a trabajar en letras. Voy, en los años sesenta, a una editorial. A la editorial Plaza. Primero enseño dibujos de portadas, entonces me dicen que los dibujos están muy bien pero que les falta el gancho del sexo y la violencia. Y que a esa editorial no le importa nada que no tenga sexo o violencia. Entonces entro por el lado de las letras, y lo primero que me encargan es una enciclopedia científica. Una enciclopedia científica consiste en que yo me siento en una mesa con tres enciclopedias científicas ya publicadas y con aquellas tres debo sacar un nuevo término para la nuestra sin que se note que está copiado<em>. [Risas]</em> Ese es mi trabajo glorioso. Entonces entro allí, paso un curso y es tan triste que me doy cuenta de lo que estaba haciendo. El mundo inferior de la literatura es lo peor para un poeta. Ese error sí que lo detecté yo. A ver, que la poesía necesite letras solo pasa si la poesía y la vida coinciden. Entonces no tengo más narices que irme a una vida poética, pero igual no coinciden. Igual lo que manda es la vida. Y la poesía es una parte de la vida, como todo. Entonces me doy cuenta de que debo volver a la Escuela de Arquitectura y que, al revés, la poesía se manchará mucho más en aquella editorial. Así que hago un regreso glorioso. Pierdo dos años, soy el hombre que ha perdido más tiempo <em>[Risas],</em> pero regreso, y además regreso y digo: “A ver, lo más lejano que haya de la literatura en esta carrera, ¿qué es? Pues cálculo de estructuras. Entonces, ¡vamos allá!”. Y allá voy. Recupero uno de los dos años, saco grandes calificaciones, tengo ya 24 años, y a los 29 ya soy catedrático de cálculo de estructuras, ya liberado de todo este problema y sabiendo que, para mí, la poesía no es un oficio.</p><p><strong>P. ¿En qué ámbitos, cuando eras chico, hablabas en catalán y en cuáles en castellano? Hay muchos poemas tuyos que tratan este tema, como “El saqueo”, pero quisiera más detalles, no solo saber si en la escuela o en casa.</strong></p><p><strong>R</strong>. Mi primera infancia yo la paso en un pueblo donde nadie habla castellano. Pero en cambio allí aprendo a leer en castellano, claro, porque las monjas son fascistas y me enseñan a leer en castellano a los cuatro años. Pero a los cuatro años yo estoy en un pueblo donde no se sabe una palabra de castellano. Mi abuela no sabía escribir, ¡no iba a saber hablar en castellano! La vida era nada más que en catalán. Pero ya el primer paso dentro de la cultura, que es la de un niño aprendiendo a leer, los aprendizajes, los hago en castellano. No es solo la escuela, es el aprendizaje cultural. Todo es en castellano. Yo nunca he hecho un aprendizaje en catalán.</p><p><strong>P. ¿Ni siquiera en arquitectura?</strong></p><p><strong>R</strong>. Ni siquiera en arquitectura, porque no había libros. ¡Los libros de resistencia de materiales íbamos a París a comprarlos a aquel editor clandestino, el de izquierdas, Librería Maspero<em>.</em> Ahí había libros rusos de la Unión Soviética, de resistencia de materiales, traducidos al castellano. ¡Hasta los libros sobre resistencia de materiales debía comprarlos en castellano! Es que una lengua sin Estado puede seguir la ruta de Ausiàs March, pero es más difícil que pueda seguir la ruta de <strong>Galileo</strong>. Y luego, en casa, catalán. Ahora, has de saber también que esta infancia se desarrolla en un país donde acaba de haber un millón de muertos. Y al final ganó lo peor. Como pasó con vosotros en Argentina, por los tiempos de la dictadura, claro. Lo peor es lo que gana. Aquí mataron a todos. Entonces vivo en una casa con un padre, una madre, un tío, un abuelo y una abuela acojonados. Absolutamente aterrorizados. Con el tío loco que todavía seguía poniendo banderas catalanas. Por lo tanto, hablando en catalán a la hora de comer pero no traspasando ninguna información que pudiera llevar al hijo a territorios hostiles. En casa siempre fueron objetivos: “Perteneces a una familia pobre que ha perdido la guerra. Punto”. A partir de ahí, lo que sea, pero esas dos cosas son evidentes. Y como todos los del pueblo están como tú, con los chicos hablas en catalán. Y es real la anécdota del poema de mi último libro <em>[alude a “A través del dolor”, incluido en su poemario </em>Un asombroso invierno / Un hivern fascinant<em>, 2017)]</em>. Viene un guarda y te da un cogotazo y te dice que “hables en cristiano”. ¡Este es el clima! Entonces esto no lleva a ninguna atracción por el castellano. Y no solo en el instituto, porque en el instituto no nos enseñan literatura. Si a mí una de las cosas que me hubiera gustado saber es cómo un bachillerato de seis años de lengua o de literatura llevan a no leer un solo libro, ¡porque es difícil, eh! <em>[Risas]</em> Que un profesor te dé tres horas de literatura a la semana durante no sé cuántos cursos y logre que no leas ni un solo libro ¡tiene mérito, eh! <em>[Risas]</em> Ahora, eso sí, yo no sé si tú te has sabido alguna vez las obras de <strong>Lope de Vega </strong>enteras de memoria, pues yo sí me las supe. Todo ese esfuerzo tremendo no servía ni para aprender lenguas, ni cultura, ni nada. Esto me dio una disconformidad dolorosa. La primera recepción cultural mía limpia, clara, donde sentí “a partir de aquí, esto no lo dejes”, fue en Tenerife en el año 55. Entre los años 54 y 55 tuve un profesor de preuniversitario, el último curso antes de la universidad, que empieza a hablarnos de <strong>Machado</strong>. Nos hizo leer sus obras y nos explicó. Claro, enseguida tuvo a cuatro o cinco alumnos que no lo dejábamos vivir. Aquello fue el principio. Pero fijate tú que esto fue a los 17 años. Lo único que mis padres me habían dado a leer había sido Julio Verne y otros autores en lengua inglesa, yo leí por mi cuenta <strong>Dickens</strong>. Ese fue mi universo cultural de partida hasta que a los 20 años todo revienta con el libro misterioso de <strong>André Gide</strong> que no he vuelto a leer en mi vida: <em>Así sea, o la suerte está echada</em>. No lo he leído más porque me da miedo que cuando lo lea sea espantosa la decepción. Esa lectura dispara todo, el sesenta francés. Pero siempre en castellano, porque todas las traducciones son en castellano. Hasta que empiezo a escribir en catalán. Hasta los cuarenta años yo no empiezo mi cultura en catalán.</p><p><strong>P. ¿Qué te genera escuchar hablar de normalización lingüística?</strong><em>normalización lingüística</em></p><p><strong>R</strong>. Me pone en guardia.</p><p><strong>P. Vamos a terminar con una pregunta sobre otro tema: ¿qué significo la literatura hispanoamericana en tu formación cultural?</strong></p><p><strong>R</strong>. Muchísimo. Sobre todo Neruda. Todo Neruda. Gran impacto de <em>Memorial de Isla Negra </em>porque me aclaró algo que yo no volvería a retomar hasta mi “normalización lingüística” <em>[Risas]</em> que es la relación del poeta con su vida. <em>Memorial de Isla Negra</em> es una autobiografía poética y es un libro escrito hacia el final más bien, o no al final pero muy adelantado. Ya había publicado su poemario más surrealista, <em>Residencia en la tierra</em>, que es de esos libros inolvidables. A mí me ha interesado siempre llegar a la frontera. Es decir, el vanguardista que dice aquella tontería de “quitemos el significado y así seremos más libres y llegaremos más lejos” es un idiota. Y entonces lo que más me gusta es acercarme a la frontera pero no pasarme. Entonces me gustan aquellos poetas a quienes los popes del canon califican como vanguardistas y, en cambio, lo que permanece de ellos es lo que no es vanguardista. Por ejemplo, <strong>César Vallejo</strong> también está en la frontera. Para mí los mejores poemas de Vallejo, como aquel de “hermano no te escondas”, el del hermano muerto que parece que juega al escondite, es un poema que está en el límite del significado y que para mí es el mejor Vallejo. Me pasa lo mismo con <strong>Maiakovski</strong>. Él fue quien primero me dijo a mí qué es lo que yo quería decir. Y fíjate tú que el noventa y nueve por ciento de su obra no me aporta nada, pero de golpe escribe el poema “Al camarada Nette” que me deslumbra. También <strong>Apollinaire </strong>es un poeta que me aburre extraordinariamente en un tanto por ciento, pero aquellos poemas escritos desde las trincheras a su amada son enormes. Es decir: el poeta que es calificado de “vanguardista” pero no cruza la frontera, cuando no la cruza es extraordinario.</p><p><em>*Marisa Martínez Pérsico es escritora. Su último libro, </em><strong>Marisa Martínez Pérsico</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/350-128-el-cielo-entre-parentesis.htmlhttp://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/350-128-el-cielo-entre-parentesis.html" target="_blank">El cielo entre paréntesis</a><em> (Valparaíso, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marisa Martínez Pérsico]]></author>
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