<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 135]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-135/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 135]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[El gato bajo la lluvia: una poética de los aguaceros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gato-lluvia-poetica-aguaceros_1_1168838.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bad9ff93-3509-483b-9a32-d15642a61ac5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gato bajo la lluvia: una poética de los aguaceros"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p><em>El taller de escritura del instituto Villa de Vallecas, en Madrid, reúne desde 2017 a alumnos y profesores para domar juntos las palabras a partir de la lectura. Uno de sus objetivos es acercarse a la literatura contemporánea estudiando a autores como Luis García Montero, Sara Mesa o Shirley Jackson. </em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/05/18/taller_escritura_del_ies_villa_vallecas_82960_1821.html" target="_blank">taller de escritura del instituto Villa de Vallecas</a></p><p>_____</p><p>“Llueve. Llueve mucho. Y, sin embargo, la mancha sigue ahí”. Lo escribió una alumna de 2º de ESO. Con unas pocas palabras, desplegó una historia profunda y angustiosa. La lluvia es una amenaza o un bálsamo. Y el agua de su cuento mínimo resultó inútil contra la catástrofe y ella supo que hay heridas que nunca se curan, que permanecen siempre con nosotros.</p><p>Vemos la lluvia a través de la ventana, mientras suena un tema de <strong>Miles</strong>, o nos cae encima fastidiosamente, de camino al trabajo o, aún peor, a una cita prometedora. Llueve furiosamente, y relampaguea, la noche en que nos instalamos en el piso nuevo de alquiler. Hay que acostumbrarse al colchón, al aliento de los muebles, a la respiración de las paredes, a la luz con la que contamos para no perder la cabeza, al espacio para ubicar nuestra ropa. Hay que hacerse con todo ello mientras, allá, entre los edificios de la ciudad, lo que cae no es la tormenta sino la incertidumbre. Llueve a ratos o eternamente. El agua acentúa la tristeza o la diluye. Y somos ese personaje que entierra al padre mientras unas gotas de agua alimentan la tierra de las flores y eso es, en el fondo, más reconfortante que los consejos de los terapeutas. La lluvia es un contrapunto y si los personajes se encuentran eufóricos y felices, nos dará una información oculta muy valiosa.</p><p>En el cuento de <strong>Ernest Hemingway</strong>, “El gato bajo la lluvia”, el aguacero condiciona y encierra a los personajes protagonistas en una habitación de un hotel. ¿Te acuerdas cuando la tempestad te fastidió aquel fantástico plan? Pues ahí la tenemos: voluntariosa y determinante para cualquier narrativa.</p><p>Y cuando dos personas ya no se quieren, cuando el amor que alguna vez sintieron se ha derrumbado, la realidad se anticipa en forma de metáforas e indicios. Se adelanta el mundo con su despliegue simbólico cuando esos dos enamorados todavía no han puesto palabras a lo que les sucede. El lenguaje verbal es más lento que las tormentas y los gatos. Y, por eso, en ese cuento de profunda melancolía, la protagonista se encapricha de un gato misterioso que es en realidad su deseo. Y el animal permanece allá, afuera, como una posibilidad, mientras llueve incansablemente y sobre el corazón del personaje no se despeja la suciedad de una mancha antigua.</p><p>Los alumnos del taller deben contar ese momento claustrofóbico en el que una pareja todavía no sabe lo que sí sabe su entorno. Dos personajes en un coche, o atrapados en un tren, o en un flamante crucero por el Mediterráneo. Dos personajes que hablen lo justo, que manifiesten su desesperanza con un lenguaje árido y breve. La sintaxis corta y el vacío inmenso. El deseo será un ser ligero y misterioso, siempre lejano y aparentemente inaccesible. Y en el cuento estará la seguridad de que la lluvia termina y las manos del protagonista acariciarán al felino. _____</p><p><strong>Luis Baeza</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>es profesor de Literatura en el IES Villa de Vallecas, en Madrid. </p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[6a1496dc-1985-42f2-af97-6726e877be15]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Mar 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis Baeza]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/bad9ff93-3509-483b-9a32-d15642a61ac5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="46143" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/bad9ff93-3509-483b-9a32-d15642a61ac5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="46143" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El gato bajo la lluvia: una poética de los aguaceros]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/bad9ff93-3509-483b-9a32-d15642a61ac5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Los diablos azules número 135]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡Los relatos no son inocentes!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/relatos-no-son-inocentes_1_1168844.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-lluvia-fina/290736" target="_blank">Lluvia fina</a>, la última novela de <strong>Luis Landero</strong>, Sonia, a quien me referiré como la madre, va a cumplir 80 años, por lo que su hijo Gabriel, profesor de Filosofía en un Instituto de bachillerato, quiere organizar una fiesta familiar para propiciar la reconciliación entre ella y los tres hermanos (Sonia, Andrea y él mismo), olvidando los reproches que se han intercambiado a lo largo de los años. Pero si Gabriel resulta ser el primer acicate del conflicto latente, Aurora, su mujer, será al fin y a la postre la auténtica protagonista de esta historia, en su papel de interlocutora paciente de todos ellos, el filtro por el que pasen las historias, además de su víctima propiciatoria. En los extremos opuestos, dos a dos, por lo que a la conducta moral se refiere, se encontrarían Horacio y el mismo Gabriel. Aquel es el exmarido de Sonia, se casaron cuando ella tenía 14 años y él 35, y tuvieron dos hijas: Azucena y Eva, periodista y bióloga, respectivamente. Si bien se divorciaron hace ya casi 30 años, sin que sepamos qué ocurrió de veras entre ellos. En cambio, la otra hermana, Andrea, siempre se ha mostrado como una incondicional enamorada de su cuñado.</p><p>La acción transcurre a lo largo de seis días, durante el carnaval, si bien son constantes las referencias al pasado. Cuenta la historia un narrador omnisciente que va cediéndole la voz a los personajes, a la vez que Aurora nos transmite las quejas del resto, sobre todo de Sonia y Andrea. Son voces que lanzan sus peroratas o puntualizan las opiniones ajenas, señalando lo que tienen de fantasía o mentira. Y puesto que Aurora es la única que sabe escuchar, “ella es en realidad la única dueña absoluta del relato, la que lo sabe todo” (p. 18).</p><p>  </p><p>A lo largo de la narración se plantean diversos conflictos y enigmas: ¿por qué han sido tan infelices? ¿Por culpa de la madre, a quien solo defiende Gabriel? ¿Debe celebrarse la fiesta? ¿Habrían de asistir Horacio y Roberto, la nueva pareja de Sonia? En esta ocasión, podría decirse que todos son lo que parecen, aunque Gabriel y Horacio resulten peores de lo que pudiera suponerse al principio de la historia. Por otra parte, está Alicia, la hija enferma de Aurora y Gabriel, aunque nunca la veamos en escena, ya que quizá represente –junto a su madre— la auténtica realidad problemática. Por un lado, podría decirse que Alicia salva a su madre, pues esta se dignifica al ocuparse de ella, aunque con su decisión final, que no debemos aclarar aquí, la chica quede desamparada. Y a la vez, también podría afirmarse que Alicia condena a su progenitor, al no interesarse apenas por ella, mostrándose distante. Lo curioso es que no llegamos a saber qué le pasa, más allá de sufrir “una alteración grave del desarrollo” (p. 172).</p><p>El caso es que tanto la madre como sus hijas, Sonia y Andrea, son transparentes en su maldad, aunque la actitud de Gabriel pueda ser no menos dañina, si bien en la trama la descubramos más tarde, quizá porque aparece disfrazada con excusas, palabrería hueca y una cierta filosofía de secano. Así las cosas, solo dos personajes, entre los principales, en lo mucho que tiene esta de novela coral, alcanzarían a salvarse: Alicia, la niña enferma, y la paciente y abnegada Aurora, aunque en un momento dado, hacia el desenlace de la novela, no pueda soportar más a su marido tras atar cabos y darse cuenta de quién era realmente, ni tampoco el bombardeo de razones y sinrazones, de mentiras, a que la somete el resto de los personajes. En ese sentido, en el último capítulo se presenta en síntesis toda la historia. Así, ella acaba pagando por todos, y al dar ese salto al futuro, parece sacrificarse, de manera simbólica, por los demás. No puedo ser más explícito para no destripar la novela.</p><p>Acaso también destacaría a la madre y a Andrea. La primera es una mujer sombría, fatalista, que parece estar en el origen de todos los enfretamientos familiares. A lo largo de su existencia había trabajado como practicante, callista y mercera, a veces simultáneamente, y suele opinar que la alegría trae mala suerte y otras cosas por el estilo. Me parece que tiene algo de personaje galdosiano, por su obsesión por el dinero, su miseria moral y el gusto por la sentencia pesimista. Por su parte, Andrea es un personaje con numerosos entresijos, pero sobre el que Landero carga demasiado las tintas. Tiene un físico poco agraciado, con “un cuerpo robusto, torpe y vagamente andrógino”, pero además se nos dice que tiene las piernas cortas y gordas, el pelo lacio y los ojos chicos y sin brillo. Andrea ha tenido vocación religiosa, pero también soñaba con ser una estrella del metal y del punk... Además, cree en la telepatía, es vegetariana, animalista y ecologista, así como voluntaria social; defiende la medicina natural y practica el senderismo, aficiones que en una persona estable serían dignas de encomio, pero que en ella son otros fanatismos más. Sea como fuere, trabaja en una residencia de ancianos y finalmente en una estafeta de correos. Se considera una Cenicienta y ha intentado suicidarse en varias ocasiones. En sus comentarios tiende al lenguaje grandilocuente, como su hermano. En suma, Andrea se siente muy desgraciada porque está convencida de que su madre le ha amargado la existencia y porque cree ser ella quien debía haber compartido la vida con Horacio. Así, en dos momentos de la narración traza un balance de sus agravios (pp. 160 y 221). Y por lo que se refiere a Sonia, de la que no puedo ocuparme como se merece, destacaría su autorretrato –digamos— oblicuo (p. 115).</p><p>Según ha confesado el autor en una de las entrevistas que ha concedido estos días, la novela tiene su origen en una noticia que leyó en el diario <em>El País</em>, donde se contaba que una familia se había reunido para celebrar un cumpleaños que acabó en tragedia. <em>Lluvia fina</em> se compone de 16 capítulos y Landero se vale de un motivo literario clásico: la reunión de viejos amigos, en este caso los miembros de una familia, tras varios años sin verse apenas, cuyo resultado acaba mal, pues surgen de nuevo todos los rencores y reproches acumulados después de tanto tiempo. Aunque en este caso, la fiesta no llegue a contársenos nunca. El título de la novela, al que se alude en el cierre (“la lluvia es menuda pero persistente”, p. 264), funciona como una afortunada metáfora del contenido, pues ese chirimiri en que se convierte la queja por sentirse agraviados, el reiterado victimismo, las mentiras e inconfesables secretos, va calando en Aurora, hasta abocarla a un inesperado desenlace. Mientras que al resto de los personajes, esos dimes y diretes maliciosos, parezcan afectarles menos. Pero, puesto que en la novela se  apunta a la necesidad de tener secretos, tenemos que ver cuáles y por qué acaban revelándose. Sobre todo, los de Horacio y Gabriel, los principales personajes masculinos de la novela. De este último, por ejemplo, se nos cuenta su tendencia al discurso insustancial, a la vagancia y a las ensoñaciones eróticas (ve a escondidas revistas pornográficas, escribe poemas obscenos y parece disfrutar de los placeres solitarios). Y dado que, además, se nos presenta como un inconstante y un <em>tastaolletes </em>(aquel que se limita a picotear aquí y allá), su mal es el aburrimiento. En cambio, las tres mujeres se muestran transparentes en su maldad o inmadurez.</p><p>Aun cuando se trate de una novela amarga, pesimista, e incluso podría decirse que trágica, toda esta desazón que se desprende de la lectura, aparece matizada por sucesivos ribetes de humor (véanse, por ejemplo, los episodios que aparecen en las pp. 37, 87 y 168), convirtiéndola en una tragicomedia. A veces, los diálogos rezuman ironía, y el tono, insistente y desmesurado, por no insistir en la gradilocuencia, nos provocan una leve sonrisa. Y ese humor resulta imprescindible para que la historia no solo parezca verosímil, sino también para que nos llegue oxigenada. Bueno, pues esa distancia imprescindible que hay entre el tono, los hechos relatados y cómo los recibe el lector, se logra a través de unas ocasionales dosis de humor. No en vano, casi todos los personajes, la excepción quizá sea la madre y Aurora, tienen algo de teatrales, aparte de sobreactuar.</p><p>No podemos dejar de preguntarnos si es posible, y sensato, hacer una lectura metafórica de la novela, aunque no en todos los casos lo haya pretendido el autor, por lo que se refiere a los conflictos de la España actual. Sobre todo, en relación con la dicotomía memoria/olvido; la sinceridad/discreción como una forma de civilizada convivencia, o con la intentona secesionista catalana, y sus correspondientes mentiras, insolidaridad y agresiones. Al final, en el relato, tras sucesivos agravios de unos y otros, resulta imposible saber quién tiene razón, que es lo mismo que ocurre hoy con tantas cuestiones, debido a la sobreabudancia de información, a las mentiras y falsas verdades con que se formulan. Pues <a href="https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/03/22/5c8a8972fc6c8307338b45b9.html" target="_blank">como afirma Landero en otra entrevista</a>, más que evidencias, hay verdades poliédricas. Pero de ser plausible aquella lectura metafórica, Aurora nos representaría simbólicamente a todos, tanto al sufrido ciudadano de Cataluña como del resto de España, no fanatizado. En cualquier caso, Landero centra su atención en el ámbito reducido de la familia, convertida en un mundo cerrado, trasunto del conjunto de la sociedad, cuyos conflictos podrían representar los de toda España, pues ha afirmado: “España es una familia mal avenida en la que de nuevo se masca la tragedia” (entrevista de<strong>Miguel Lorenci</strong>, “Luis Landero novela en <em>Lluvia fina</em> un cumpleaños que acaba en tragedia”, en <em>La Voz de Galicia</em>, 12 de marzo del 2019). Sea como fuere, el caso es que la novela dialoga con diversos temas candentes hoy en día. Así, por ejemplo, afirma Aurora: “Deberíais descansar del pasado, dejar de darle vueltas...” (pp. 95 y 106). En suma, se dice, la memoria tiene mucho de invención; pero, además, plantea la oportunidad de decir o saber callar, un motivo en el que ha profundizado en diversas ocasiones<strong> Javier Marías</strong>.</p><p>La columna vertebral de esta novela estriba en la idea, aparece al comienzo del primer y del último capítulo, así como al final del segundo, de que “los relatos no son inofensivos” (pp. 11, 32 y 261). ¿Pero qué es lo que tiene que contar Aurora, ella que tanto ha escuchado, tal y como se nos anuncia desde el inicio de la novela? Pues todo aquello que le han ido transmitiendo en forma de <em>lluvia fina</em>, la novela que estamos leyendo. El papel de Aurora en la narración es, por tanto, singular, al actuar como catalizadora, como una segunda mediación, tras el narrador omnisciente.</p><p>No nos proporciona Landero una visión precisamente optimista del ser humano, a quien nos presenta infantil, depravado, rencoroso, acomplejado y vengativo. En suma, como un ser destructivo. Y a pesar de ello, tenemos la impresión de que en algunos aspectos de la configuración de los personajes hay detalles de la vida del propio autor, sobre todo en Gabriel. Su estado de ánimo quizá se nos muestre, como en ningún otro lugar, en <a href="https://elpais.com/cultura/2019/02/28/actualidad/1551366281_220250.html" target="_blank">la extraordinaria foto</a> de <strong>Carlos Rosillo</strong>, publicada por <em>El País</em>, mientras que <a href="https://elpais.com/cultura/2019/02/28/babelia/1551364891_669296.html" target="_blank">la caricatura</a> de <strong>Sciammarella</strong>, en el mismo periódico, lo ha convertido en un extraño gemelo de <strong>Rafael Sánchez Ferlosio</strong>. Después de tantas buenas novelas, Landero es de los novelistas que nunca decepcionan, pues pocos como él han ahondado en los entresijos de la conducta humana, con sus aspiraciones, deseos y frustraciones, con semejante habilidad y acierto. _____</p><p><em>Fernando Valls es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p>  </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[341f9f70-87fa-4f64-9626-c15ff4da3f23]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Mar 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
      <media:title><![CDATA[¡Los relatos no son inocentes!]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Los diablos azules número 135]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Coplas del dolor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/coplas-dolor_1_1168836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Certeza del colapsoBibiana Collado CabreraEdiciones ComplutenseMadrid2018</strong><em>Certeza del colapso</em></p><p>Ya desde el primer poema se nos revela la hondura de la mirada poética asumida por la autora, <strong>Bibiana Collado Cabrera</strong> (Burriana, Castellón, 1985), en este libro, <a href="https://www.ucm.es/certeza-del-colapso" target="_blank">Certeza del colapso</a>, publicado por Ediciones complutenses y merecedor del premio Complutense de literatura 2017:</p><p>  </p><p>Y es así, desde dentro de una memoria y de un presente colapsado como un cristal en el punto previo al estallido, que la escritura le sirve para discernir la falsa apariencia de la superficie aún intacta de la realidad y detectar minúsculas grietas donde acecha el dolor, el remordimiento, el desequilibrio del yo.</p><p>Con una estructura apoyada en el pie de la copla popular, en esas canciones con las que nuestras madres o abuelas trataban de acompañar sus dolores <em>imaginarios </em>(la cita que abre el libro nos lleva a la voz de <strong>Marifé de Triana</strong>: “Todo es mentira, todo es quimera, todo es delirio en mi dolor”), sus carencias afectivas y sociales que una sociedad dominada por los hombres no les dejaba expresar directamente y que lograban sublimar de algún modo en sus letras extrañamente escritas por autores masculinos, el poemario se abre en múltiples capas como las que aparecerían en el trozo roto del cristal de un espejo que nos ha reflejado, como los estratos del yo que vamos conformando al paso de los años, como las distintas capas de sedimentación que se van depositando en nuestra memoria. La familia, la presencia de la madre como eje de la construcción (lastrada, inconsciente, no reflexionada en un principio) del imaginario sentimental de una misma, pero también su huella como territorio de ajuste de cuentas con el peso histórico en todas nosotras de una ideología patriarcal y judeocristiana, son las grietas por las que transita, que contempla y dice este poemario.</p><p>En la primera sección del libro (<em>Negro, negrito, mi corazón</em>) encontramos yuxtapuestos los poemas que recrean esa historia familiar (las figuras del padre y sobre todo la de la madre o las huellas de un origen en la emigración en poemas como “Paraules de amor”, “Síntomas” o “Cañizo”, tema que ya abordaba la autora en su anterior y magnífico libro <a href="https://www.rialp.com/libro/el-recelo-del-agua_91860/" target="_blank">El recelo del agua</a>, finalista del Premio Adonais de poesía) con otros textos donde se descubre en el propio cuerpo (“mientras el daño yace ensombrecido/en algún lugar de mi cuerpo”), en el propio pensamiento la marca del dolor, como muestran estos versos: “Dolor-zumbido que no marca origen” , “un ruido-madre que no pesa”. Es esta una yuxtaposición en la que mirando el pasado parece tratar de afirmar o negar sucesivamente su sedimentación en el presente (así en el poema “Falsa alarma”: “Un recuerdo infantil, / desgarradura. /No es una señal. No/lo es”) y que la poeta resuelve en el estupendo poema “Testaferro”, donde los dos ámbitos temporales confluyen (dibujados con gran ritmo en la cascada de objetos y lugares cotidianos por los que nos hace transitar con ella), se hacen carne en la página, configuran los bordes de una herida que, metapoéticamente, duele al ser dicha en voz alta y escrita: “La lengua es herida”.</p><p>Los poemas cortos que se incluyen en el libro (en esta primera parte los excelentes “Concesiva”, “Falsa alarma” y “Contra todo pronóstico” funcionan como aldabonazos a las puertas de una memoria que devuelve ecos necesarios para enfrentar el futuro, lo vemos en la correlación que se establece entre el texto en prosa reflexivo que casi podría cerrar esta parte (“Dejarás de ser una actitud textual. Un lugar de enunciación”) y en el poema breve que la concluye, donde contra todo pronóstico la poeta se dice a sí misma:</p><p>  </p><p>Ya en la segunda parte del libro, titulada <em>A la lima y al limón</em>, van ganado peso sobre los poemas en que se dibujan instantáneas de la memoria familiar y de la madre, como los excelentes “Escozor” (donde sutilmente se transparenta, se cuela sobre el sencillo “hule” de lo cotidiano el dolor que acecha), “La radio” u “Oralitura” ( recuento este de los objetos familiares bajo la luz de la ausencia, un puñal biselado ahora por la sombra), otros textos donde se condensa la constatación de las fracturas (en “La Torcedura” escribe: “Y el horror/de contemplar/cómo todo siguió/en su sitio exacto,/en su sitio exacto,/en su sitio exacto”) así como nuevos poemas breves, los muy certeros: “Transición”, “Iniciales” o “Descuido”.</p><p>La estupenda factura de sus textos nos hace recordar su trayectoria en el grupo poético valenciano Polimnia, capitaneado por <strong>Ángeles Segovia</strong> y del que tan excelente cosecha de poetas proviene. Hay claridad y ecos de la tradición en estos versos, y una preminencia de lo no dicho o de aquello que está a punto de decirse, lo que podría parecer cierta oscuridad del lenguaje pero nunca es pose ni búsqueda gratuita de distancia con el lector para favorecer la figura de la poeta, sino resultado de un matizado del lenguaje con el claroscuro necesario para dejar iluminado el filo de lo que Bibiana siente que debe ser dicho, un filo cortante que define justamente su sombra en la palabra, como en “El foco” escribe: “Volver y volver/a la fisura/asediada de la infancia”.</p><p>También muchos de estos poemas, además de indagar en la conciencia del daño, en el recuerdo de las derrotas o victorias acumuladas, tienen un fuerte trazo metapoético: Bibiana no sólo se mira existir, sentir, sufrir, sino que es muy consciente del frágil instrumento, del falso hilo que usa para transitar por el laberinto de yo y memoria: el lenguaje. Un lenguaje que sabe cargado de ideología e historia, cargas que halladas en su adentro describe también como ajenas, por eso llega a escribir en el poema “Victoria”: “Vigilo el aleteo de mi lengua/ante el espejo/…/Observo la victoria de las piedras/y sospecho de mí”.</p><p>La tercera parte<em>, Malagueñas</em>, vuelve a la alternancia inicial de miradas aunque, en ella, la impronta de una genealogía destapada por la escritura como tamprantojo alzado sobre su presente se configura en ajuste de cuentas con el recuerdo de lo vivido y, por eso, los poemas marcan también una toma de posición clara frente al futuro (en la estupenda serie “<em>Spin off</em>” nos dice: “Trazo con exactitud los contornos/de lo que ya he decidido/que no sucederá”), vuelven a cuestionarse la tarea de la palabra (así, en la serie metapoética “Blancura” escribe:   “—La intimidad/entendida como una raspadura/que borra hasta los últimos surcos/del verbo—”) y el poema final (“Padre”) vuelve al ámbito de lo familiar desgranado la sombra de las ausencias.</p><p>Bibiana Collado, como ella misma explicaba en una ocasión, ha tratado con este poemario de hacer relato de un sentimiento, el dolor, que siente despojado de una estructura narrativa (pues carece aunque lo obviemos de linealidad, de causalidad), que ve más aguzado que nunca en estos tiempos donde se prima la luz, lo luminoso, la “felicidad comercial” y que, sobre todo, sabe difícil de nombrar y respetar si se habla de él desde la pertenencia al colectivo femenino porque, entonces, dolor o depresión se etiquetan despectivamente como imaginarios. Y todos esos retos que se planteaba los ha logrado en este libro intenso y certero, cuyos poemas serán ahora fisuras de luz en nuestra lectura del mundo. _____</p><p><em>Trinidad Gan es poeta. Su último libro es </em><a href="https://www.visor-libros.com/tienda/novedades/el-tiempo-es-un-leon-de-monta-a.html" target="_blank">El tiempo es un león de montaña</a><em> (Visor, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[f9868a20-a807-4211-8308-a8ef9862a7b6]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Mar 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Trinidad Gan]]></author>
      <media:title><![CDATA[Coplas del dolor]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 135]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Morabet, una relación amorosa con la lengua de Cervantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/morabet-relacion-amorosa-lengua-cervantes_1_1168829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Un solar abandonadoMohamed El MorabetSitaraSalamanca2018</strong><em>Un solar abandonado</em></p><p>  </p><p>Es posible que <strong>Mohamed Chukri</strong> (1935-2003) haya encontrado un heredero literario. También se llama Mohamed, también es rifeño y habla y lee castellano con la fluidez con que lo hacía el autor de <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/03/24/el_pan_secas_retrato_naturalista_marruecos_46755_1821.html" target="_blank">El pan a secas</a>. Pero, además, y esta es la primera noticia que tengo que comunicarles, el posible heredero de Chukri escribe en la lengua de Cervantes. De hecho, <strong>Mohamed el Morabet</strong>, que tal es su nombre completo, tan solo escribe en esta lengua. Su primera novela, <em>Un solar abandonado</em>, es muy prometedora, y esta es la segunda noticia.</p><p>Existe en Marruecos una cierta tradición de hispanistas y de escritores de prosa y poesía en castellano a la que <strong>Luis García Montero</strong> hizo muy bien en atender en su calidad de director del Instituto Cervantes durante el viaje que efectuó a Casablanca con motivo del Salón Internacional del Libro (SIEL). Es uno de los más hermosos restos del período en que el norte del  país magrebí fue Protectorado español, pero Mohamed El Morabet no se sitúa ahí.</p><p>El Morabet pertenece a un fenómeno nuevo: el de marroquíes emigrados a España –o hijos de emigrantes— que escriben con toda naturalidad en castellano o catalán. Ya hay varios: <strong>Najat el Hachmi</strong>, <strong>Sahida Hamido</strong> y <strong>Saïd El Kadaoui </strong>en Cataluña, El Morabet en Madrid. Que nuestras lenguas empiecen a ser usadas como instrumento literario por gentes originarias de otras culturas, como le ocurre desde hace tiempo al inglés (<strong>Joseph Conrad</strong>, <strong>Vladimir Nabokov</strong>...) y al francés (<strong>Milan Kundera</strong>, <strong>Tahar Ben Jelloun</strong>...), es un maravilloso signo de vitalidad.</p><p>Mohamed El Morabet nació en Alhucemas en 1983 y se instaló en Madrid en 2002. Aquí empezó a trabajar como traductor del <em>amazigh —</em>la lengua natal de los bereberes del Rif<em>— </em>al castellano. Lector compulsivo, El Morabet decidió en algún momento que quería ser escritor. Pero el <em>amazigh</em> cuenta con una secular tradición oral pero no literaria, de modo que el uso del castellano le pareció lo más normal. Pensó como Nabokov que aventurarse en los entresijos de una lengua no materna podía ser un buen instrumento para indagar sobre sí mismo.</p><p><em>Un solar abandonado, </em>el primer fruto de ese experimento<em>, </em>entrelaza dos historias que a su vez, muy en el espíritu de <em>Las mil y una noches</em>, entrelazan otras historias. En una, Ismael Atta, el protagonista, trasunto del propio El Morabet, recibe en Madrid la noticia de la muerte de su querida abuela Ammas y emprende el siempre complicado viaje a Alhucemas con la esperanza de llegar al entierro. Sin necesidad de que ocurra nada extraordinario, esa odisea al territorio de la infancia es intensa y perturbadora. En la otra, Ismael Atta participa en un juego en casa de un músico de Rabat que consiste en que, estimulados por té moruno y pipas de kif, cada uno de los reunidos improvisa un cuento cual si fuera Sherezade.</p><p>La novela está muy bien escrita. El castellano de El Morabet es rico y complejo, y los ecos que en él se descubren de la lengua y el alma rifeñas resultan deliciosos. La novela recuerda, además, el modo de contar que tenía el gran Chukri: oralidad y escritura, narraciones dentro de las narraciones, prosa y poesía, bravuconería y ternura, tradición y herejía, la literatura como redención. Hasta mi añorado <strong>Juan Goytisolo</strong> hace una aparición en forma de “el último <em>halaiqui”</em>, el último cuentacuentos de Jemaa el Fna.</p><p>Ismael Atta jugaba de niño en un solar abandonado situado frente a la casa de su familia. Ahora allí están construyendo una mezquita y siente que ya no pertenece a ese lugar. En <a href="http://www.solidaridaddigital.es/noticias/cultura/huir-es-otra-forma-de-viaje" target="_blank">algún artículo o entrevista</a>, El Morabet ha dicho que él tan solo plantaría en ese solar un cartel que dijera: “Por favor, colillas no”. El Morabet ha iniciado en Madrid con el castellano una relación amorosa que bien podría terminar formando un hogar. “Todo pasa y todo perece, solo la palabra sobrevive”, dice la letra de una canción bereber citada en su novela. _____</p><p><em>Javier Valenzuela es periodista, colaborador de </em><strong>Javier Valenzuela</strong>infoLibre <em>y escritor. Su último libro es </em><a href="https://www.husoeditorial.es/libros/p%C3%B3lvora-tabaco-y-cuero/" target="_blank">Pólvora, tabaco y cuero</a><em> (Huso, 2019). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[e94ff74c-5771-4123-8e6a-7882c8c82bf1]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Mar 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Valenzuela]]></author>
      <media:title><![CDATA[El Morabet, una relación amorosa con la lengua de Cervantes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Los diablos azules número 135]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la lluvia fina rasga la piel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lluvia-fina-rasga-piel_1_1168828.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>  </p><p>Así empieza <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-lluvia-fina/290736" target="_blank">Lluvia fina</a>, la última novela de Luis Landero. Lluvia fina que cae sobre nosotros, acariciando, lluvia fina balsámica que pretende la celebración del 80º cumpleaños de la madre. Lluvia fina que termina calando. Lluvia fina que empieza a gotear como chubasco, luego temporal y aguacero. Lluvia fina que se convierte en granizada, ventisca, pedriza y huracán. Lluvia fina que acaba convertida en nieve, el final de la novela, copos leves que rozan el alma tras lo leído y sufrido, para no dañar más en la herida abierta, en la congoja, en la tristeza familiar. Levedad calvinista (de <strong>Italo</strong><strong> </strong><strong>Calvino</strong>: frente a la dureza de la vida la levedad de la literatura), en donde el final se entrevé, se sugiere, final cerrado lleno de sutileza.</p><p>Me considero <em>landerista </em>desde que leí <em>Juegos de la edad tardía</em>. Para mí existe ese fenómeno, plenamente identificable, lo mismo que en el cine existió el <em>landismo </em>(por<strong> Alfredo Landa</strong>). Landero para mí significa olor a dehesa y a pueblo extremeño extrapolable a todos los pueblos, esa mirada particular que se hace universal, infancia de quincalleros, gente que lucha por sobrevivir, ese afán por salir adelante, en el pueblo, en la ciudad, en el barrio al que se emigra. Querer progresar desde abajo. Contar las vivencias historiadas. Ese afán, siempre presente, que va desde Dacio Gil Monroy, ingeniero y poeta de <em>Juegos de la edad tardía</em>, hasta el <em>Balcón en invierno</em>, el joven que intenta amoldarse a un medio hostil y desconocido con los esfuerzos de la madre y las hermanas, su tricotosa, el barrio, y un padre que no da golpe, con el que intenta reconciliarse una vez muerto. Y, en todo ello, la mirada melancólica, la ironía, el cariño pese a la dureza de los personajes o de su condición vital, destilarnos gotas de humor y bonhomía para que traguemos los episodios peores. La familia está presente, pero con cariño, benevolencia pese a todo, como queriendo formar parte de esa unidad. Esa forma de hacerlo era su sello. Hasta ahora.</p><p>  </p><p>En <em>Lluvia fina</em> nos chuta sin anestesia una historia dura, descarnada, negra, sin optimismo, sin humor. Escritura a borbotones. Él mismo dice que se le cruzó la historia leyendo en un periódico la noticia de una reunión familiar que acabó con muertos y, como una revelación, la vio escrita y con título. Y esa es la sensación: más que lluvia fina parece una granizada de las gordas.</p><p>Landero nos ofrece una voz del narrador pegada a la protagonista, Aurora, la receptora, la que sabe escuchar, la que recoge todas las versiones de la tragedia familiar, de modo que "todas las versiones de todas las historias terminan confluyendo en Aurora"<em>, </em>quien también sabe de la dificultad de conocer realmente a alguien, de saber quién es quién, ni siquiera su marido, de las distintas opiniones que emergen de cada uno, según sea padre o madre, o primogénita o el pequeño de la familia. La versión del hermano/marido, tan distinta en función de quien hable. Pero, sobre esa voz del narrador, lo mejor para mí son los diálogos entremezclados, todo conversaciones telefónicas o confidencias que recoge la protagonista, charlas que se mezclan saltando de un personaje a otro, mostrando un mosaico que al final del libro nos desvela los secretos de cada uno, sus vivencias, sus frustraciones y traumas.</p><p>Las historias familiares duelen, porque todos tenemos una. Y, en este caso, una historia truncada en la infancia feliz, cuando vive el padre y se inventa el antepasado Pentapolín, sí, ese personaje quijotesco, "Pentapolín del arremangado brazo", y que se suspende con su prematura muerte. A partir de entonces, domina la dureza de una madre para salir adelante en tiempos de miseria, que marca a fuego a sus hijos, que marca también a la protagonista, harta de escuchar y de que nadie la escuche, también con su propia tragedia que nadie tiene en cuenta.</p><p>Todo transcurre en la semana de Carnaval, un tiempo corto, unos días, y permite viajar al pasado, al presente e incluso a entrever el futuro. Diálogos entrecruzados con monólogos de los personajes hasta completar la desesperación, los rencores y las memorias retorcidas y trastocadas. La voz del narrador, insisto, solo entra para aclarar al lector lo imprescindible. He vuelto al libro una y otra vez, he releído el final como unas diez veces, de una poética que no voy a desvelar para que lean, lean, lean la<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-lluvia-fina/290736" target="_blank"><em>Lluvia fina</em></a> de Luis Landero. No se olvidarán de él. _________</p><p><em>Carmen Peire es escritora. Su último libro es </em><a href="http://www.menoscuarto.es/libro/cuestion-de-tiempo/" target="_blank">Cuestión de tiempo</a><em> (Menoscuarto, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[0cf4ec82-6fb1-42d9-86c9-4f8ce4084734]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Mar 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
      <media:title><![CDATA[Cuando la lluvia fina rasga la piel]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 135]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
