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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 143]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-143/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 143]]></description>
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      <title><![CDATA[Los diarios de Anne Lister: la memoria de una pionera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/diarios-anne-lister-memoria-pionera_1_1170816.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b32480ac-e79e-428a-bd9d-b80e2a6720c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los diarios de Anne Lister: la memoria de una pionera"></p><p><strong>Anne Lister </strong>(1791-1840) no escribía para ser leída. Pero escribía: desde la adolescencia hasta el día de su muerte, a los 49 años, en las montañas Kutaisi, esta viajera y empresaria británica dejó más de 4 millones de palabras en 24 grandes volúmenes y dos cuadernillos. Eran sus diarios, la gran obra de su vida, una minuciosa descripción del día a día de una propietaria en la primera mitad del siglo XIX, una especie de narración cortesana de los embrollos sociales de la pequeña Halifax, West Yorkshire, y también el relato de viajes de una experimentada montañera. Y algo más.</p><p>Una sexta parte de los diarios fueron escritos en código, un galimatías que mezclaba el álgebra, los signos del zodiaco y el griego antiguo, mucho más útil que cualquier candado. Tras ese velo protector, Anne Lister narraba sus aventuras amorosas: constantes, libres y lésbicas. La herencia recibida de sus tíos le dio un grado de libertad poco habitual, lo que le permitía no solo gestionar ella misma sus tierras y negocios, sino también alcanzar su vida soñada: encontrar una mujer con la que <em>casarse </em>y vivir en paz en la mansión familiar de Shibden Hall. Quizás lo más sorprendente de esta poco convencional historia es que acaba bien: a su muerte en las montañas del Cáucaso, Anne estaba acompañada de su pareja, <strong>Ann Walker</strong>, con la que había celebrado una especie de unión matrimonial en 1834.</p><p>  </p><p>Aunque los diarios han sido estudiados por distintos equipos desde finales del siglo XIX, la historia de su difusión ha sido irregular y la figura de Anne Lister, ahora considerada “la primera lesbiana moderna”, ha tardado un largo tiempo en ser reivindicada en toda su complejidad y valor. Pero 2019 parece ser su año. La plataforma de <em>streaming </em>HBO estrenó en abril <em>Gentleman Jack</em>, una serie biográfica basada precisamente los diarios, dirigida por <strong>Sally Wainwright </strong>(<em>Happy Valley</em>) y protagonizada por <strong>Suranne Jones </strong>en el papel de Lister. Al mismo tiempo, la editorial Ménades ha publicado, por primera vez en español, una parte de estos dietarios, titulados <em>Caballero Jack</em>, el apodo con el que los vecinos de Halifax bautizaron a la autora, haciendo burla de sus ademanes y gustos considerados poco femeninos y su costumbre de vestirse con prendas masculinas.</p><p>“Tienen un valor incalculable, tanto histórico como sociológico”, celebra <strong>Carmen Álvarez Hernández</strong>, traductora del volumen y responsable también de las notas y de una nutrida introducción en la que ofrece algunas pinceladas biográficas de la autora y da cuenta del recorrido histórico de los diarios desde su muerte. Porque el descubrimiento progresivo de los cuadernos ha sido laborioso y sigue en marcha: apenas se ha publicado una mínima parte de ellos, y transcribir el 80% de estos textos supondría un trabajo de nueve años si lo realizara un equipo de nueve personas dedicado en exclusiva a la tarea. En este primer volumen en español, Ménades ofrece una selección de lo escrito entre 1816 y 1824, mientras que otros estudios en inglés han publicado extractos de los textos producidos a lo largo de toda su vida de diarista.</p><p>Tras la muerte primero de Lister y luego de Walker, los diarios —hoy bajo custodia del West Yorkshire Archive Service y completamente <a href="https://www.wyjs.org.uk/news/diaries-of-anne-lister-digitised/" target="_blank">digitalizados</a>— permanecieron en Shibden Hall, donde serían descubiertos por <strong>John Lister</strong>, descendiente de la autora muy interesado en la historia y la cultura local. Él mismo comenzó a publicarlos, con el foco puesto en la minuciosa descripción de la vida de Halifax: Lister acostumbraba a anotar sus ingresos y deudas, los acuerdos a los que llegaba, incluso la fecha en la que se compraba tal o cual prenda de ropa o el tipo de carruaje que buscaba. Pero John se propuso traducir también las secciones codificadas, con ayuda de su amigo anticuario <strong>Arthur Burrel</strong>. En cuanto comprendieron el contenido de esos fragmentos, los diarios volvieron al cajón: Burrel llegó incluso a proponer que los quemaran, pero el heredero se limitó a guardarlos bajo llave.</p><p>No saldrían de su cautiverio hasta que la mansión no pasó a ser propiedad pública, y dos equipos sucesivos de archivistas e investigadores —<strong>Edward y Muriel Green</strong> primero y luego <strong>Phyllis Ramsden</strong> y <strong>Vivien Ingham</strong>— se dedicaron a su catalogación y transcripción. Sus trabajos se centraron en la vida diaria de Lister en Halifax y en sus exploraciones como montañera, pero dejaron a un lado sus relaciones amorosas, alegando que se trataba de “contenido exclusivamente personal”. Habría que esperar a los años ochenta, con la investigadora <strong>Helena Whitbread</strong>, para que por primera vez se otorgara relevancia a las vivencias amorosas y sexuales de Lister, un “testimonio único”, dice Álvarez Hernández, un “retrato de una realidad nada hegemónica” de un “valor referencial inefable”. El volumen publicado por Whitbread, <em>I know my own heart </em>—referencia obvia para el título de Ménades—, recogía fragmentos de entre 1816 y 1824, manteniendo esta vez los pasajes hasta entonces considerados comprometidos.</p><p>Parte del valor del testimonio de Lister viene de una posición excepcional ante su propio lesbianismo —que ni siquiera tenía palabras para nombrar, ya que el término empezó a usarse en la literatura médica solo a finales del XIX—. “Ella en su época no podía decir lo que sentía, pero lo vivió y lo escribió”, apunta la traductora. “Pero, por lo que podemos interpretar, supo muy bien cómo vivir dentro de las convenciones sociales pasando totalmente de ellas de puertas para adentro, algo que no es tan fácil de manejar. Pero ella tenía tal personalidad que sabía perfectamente lo que quería y cómo llevarlo a cabo”. En la segunda entrada del diario recogida en la edición, Anne anota una conversación mantenida con una amante, a la que trata de tranquilizar: “Abogué, en mi propia defensa, la fuerza del sentimiento natural y el instinto, ya que así podía llamarlo, al siempre haber tenido la misma inclinación desde la infancia. Que había sido conocido para mí, por así decirlo, por disposición. Que yo no había cambiado nunca y ningún esfuerzo por mi parte había sido capaz de contrarrestarlo (…)”.</p><p>¿Por qué un documento de tal valor ha tardado tanto en ser reconocido, y tanto también en llegar al lector español? “La verdad es que no sabría decir el motivo”, admite la traductora, “pero a menudo vemos que no interesa que una mujer que hace lo que le dé la gana sea la protagonista. Eso, dentro de una cultura patriarcal y heteronormativa… Pues no me resulta tan difícil de entender que hasta ahora no se haya publicado”. Álvarez Hernández recuerda, además, que hasta 1967 las relaciones entre hombres estuvieron criminalizadas en Reino Unido, y aun así la edad de consentimiento siguió siendo más alta para las relaciones homosexuales que para las heterosexuales. Las relaciones entre mujeres ni siquiera se contemplaban, y la responsable de la edición dice imaginar bien el temor de los herederos a vulnerar “el honor familiar y el buen nombre” en una sociedad aún muy cerrada.</p><p>En 2010, cuando la BBC estrenó una serie de ficción sobre Lister, la escritora británica <strong>Jeanette Winterson</strong>, referente en la literatura LGTB, <a href="http://www.jeanettewinterson.com/journalism/about-anne-lister/" target="_blank">escribía</a> lo que había significado para ella la lectura de <em>I know my own heart </em>en 1988. Ese año, cuenta, el Gobierno de <strong>Thatcher</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>había aprobado el llamado Artículo 28, que prohibía a las administraciones públicas “promocionar” la homosexualidad o “promocionar la enseñanza de la aceptabilidad de la homosexualidad como una supuesta relación familiar”, lanzando un poderoso mensaje contra la comunidad de lesbianas, gais, trans y bisexuales. La escritora se apoyó en ese referente recién descubierto: “Estos diarios me dieron coraje. Sentí una conexión, no solo con Anne Lister, sino con las otras mujeres que habían sido finalmente capaces de descodificar y publicar una historia tan importante, importante para cualquier mujer que quiera tomar sus propias decisiones en el mundo, más allá de lo que sea o no socialmente aceptable”.</p><p>Cuando la ultraderecha amenaza de nuevo los derechos conquistados por el colectivo a lo largo de las últimas décadas, la influencia de Lister se extiende todavía un poco más allá. Recordando, quizás, que es posible luchar por la propia libertad incluso en los contextos más asfixiantes. Recordando también cuánto más feliz no hubiera sido la escritora si no hubiera tenido que encriptar sus diarios, si no hubiera tenido que vivir a media luz. </p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 May 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los diarios de Anne Lister: la memoria de una pionera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Activismo LGTBI,Libros,Literatura,Los diablos azules número 143]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El redescubrimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/redescubrimiento_1_1170801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2771713b-6717-47c4-90d8-05ba4be34115_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El redescubrimiento"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.___________________________________</em></p><p><strong>El verano sin hombresSiri HustvedtTraducción de Cecilia CerianiAnagramaBarcelona2011</strong><em>El verano sin hombres</em></p><p>  </p><p><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/el-verano-sin-hombres/9788433975768/PN_791" target="_blank">El verano sin hombres</a>. Al mencionar el título de esta novela, firmada por la reciente Premio Princesa de Asturias de las Letras <strong>Siri Hustvedt</strong>, ya hubo algo de aprensión en algunos miembros del club de lectura de la biblioteca de Sanlúcar la Mayor (Sevilla). Escrito por una mujer y con esta frase tan excluyente parecía un alegato feminista discriminatorio. Sin embargo, la lectura no sólo resultó estimulante sino que no dejó indiferente a ningún miembro de nuestro club, mayoritariamente femenino pero no por ello muy diverso en opiniones.</p><p>  </p><p> Este es el punto de partida de la historia que llevará a Mia a regresar ese verano a Bonden, la ciudad de su infancia, donde aún vive su madre en una residencia para ancianas activas e independientes. Alquilará una casa donde vivirá sola aunque se relacionará con los vecinos y amigas de su madre. También impartirá un taller de poesía a chicas adolescentes.</p><p><em>The summer without men</em>, título original de la novela, fue escrito por Siri Hustvedt en 2011. Esta autora estadounidense nacida en Minesota en 1955 es novelista, ensayista y poeta, además de una feminista militante. De padres noruegos, durante sus años de instituto escribió poesía y continuó dedicándose a ella en la universidad, donde estudió Historia y Filología inglesa. Tras conseguir su doctorado, se volcó en la escritura de ficción.</p><p>A través de su relación con dos generaciones aparentemente opuestas, la de su madre y sus amigas octogenarias por un lado y la juvenil de las chicas del taller por otro, Mia va a descubrirse a sí misma en un verano estimulante e intelectual que actuará como revulsivo y donde reflexionará sobre muchas cuestiones personales que le afectan aún más en su etapa de madurez: el paso del tiempo, las relaciones personales, el amor y el engaño, el mundo femenino, la creación literaria, la sexualidad… Cualquier página de la novela puede suscitar un coloquio interesante por su diversidad temática a través de conceptos antagónicos: Hombre-Mujer; Vejez-Juventud; Cordura-Locura…</p><p>La ironía y el excelente sentido del humor añaden a la novela mucha frescura y ligereza, dando paso a una lectura amena y divertida. El talento literario de Siri Hustvedt se traduce en una prosa lírica y brillante que describe con mucho acierto las luces y sombras de la identidad femenina en la actual sociedad patriarcal. Y son innumerables los párrafos o frases que han dado pie a la reflexión individual y a la tertulia del club de lectura. Extraigo algunos de los innumerables que aparecen en el libro: <em>“Los hombres tienen todas las ventajas a la hora de contarnos su propia historia (...) la pluma siempre ha estado en sus manos”; “Soy una mujer. Soy invencible. Estoy jodida”; “El silencio se adentra en el misterio de los hombres. ¿Qué sucede en su interior? ¿Están contentos, tristes o enfadados?…”; “Los hombres son las costillas de las mujeres”…</em></p><p>Una novela muy recomendable en la que su autora interpela a veces al lector para no dejarlo escapar de la trama, añade distintos enfoques de sus experiencias a través de disquisiciones filosóficas, apuntes sobre la creación literaria, reflexiones en torno a una aparente psicología biológica y en donde  existen muchas historias pequeñas que son incluso más reveladoras que la principal.</p><p>Siri Hustvedt, que está casada con el también escritor <strong>Paul Auster</strong>, ha destacado en la ficción pero también ha escrito cuentos, ensayo y poesía. Entre sus novelas figuran <em>Los ojos vendados </em>(1992), <em>Todo cuanto amé</em> (2003), <em>Elegía para un americano</em> (2009) y <em>Un mundo deslumbrante</em> (2014). También destaca su colección de ensayos <em>La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>(2017). En octubre de 2012, fue galardonada con el Premio Internacional Gabarrón de Pensamiento y Humanidades 2012, gracias a su labor investigadora y sus ideas sobre filosofía, neurociencia o psicología. Por último recomiendo que lean o escuchen sus entrevistas para conocer a fondo a esta brillante, profunda y polifacética escritora y también a la extraordinaria mujer de mirada profunda y sonrisa estable.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 May 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Chary Arbolí]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El redescubrimiento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Novela,Los diablos azules número 143]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Conservar el recuerdo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/conservar-recuerdo_1_1170793.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5caf26ce-8e4b-4cf2-a732-e93503f28a2a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Conservar el recuerdo"></p><p>Hablar en pasado supone habitar en el recuerdo. Y más si en un breve título aparecen palabras tan grandes como <em>todo </em>y como <em>amar</em>. <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-todo-cuanto-ame/272419" target="_blank">Todo cuanto amé</a> (Seix Barral, 2018), de <strong>Siri Hustvedt</strong>, reciente Premio Princesa de Asturias de las Letras, es la historia mecanografiada con tiento de toda una vida, la del profesor e historiador de arte Leo Hertzberg unido para siempre a su amigo y pintor Bill Wechsler y a las familias de ambos.</p><p>Cinco cartas fueron suficientes para que Bill supiera que Violet era la mujer de su vida. “Porque me he pasado la mitad del tiempo deambulando ciegamente por tu cuerpo, ebria de felicidad.  Y aún hay en él lugares que no he visitado”. “Quiero que vuelvas a mí, pero incluso si no lo haces yo ya estoy en ti”. Una de las historias de amor más hermosas que he descubierto en mis últimas lecturas, esta de Bill y Violet. Porque el amor sólo es posible cuando yo y tú, hermosos pronombres, se confunden en la enajenación absoluta. “Tú justificas mi existencia”, dice el poeta. “Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido”.</p><p>  </p><p>Leo tiene su particular historia de amor con Erica y se quieren y se admiran profundamente. Juntos construyen una familia. Tienen un hijo, Matt, de la misma edad que Mark, el hijo de Bill y de su primera esposa, Lucille. El camino de la vida se agranda, complica y embellece con los hijos. Y hay que estar preparado para los momentos más felices y para los más pesarosos, aunque estos últimos nos apenen tanto, nos debiliten y agoten si son trágicos o aciagos.</p><p>A través de la pintura, de los cuadros y obras de Bill o de las <em>Pinturas negras</em> de <strong>Goya </strong>observadas por Leo, a través de los estudios literarios de Erica y de las investigaciones de Violet sobre la anorexia o la histeria, el lector asiste con pincelada firme a la narración de la vida de seis personas entrelazadas en las alianzas de la amistad y sólo en el recuerdo, de la misma manera que sólo en la contemplación de un lienzo en un momento concreto, existe un verdadero presente.</p><p>Leo Hertzberg atesora en un cajón pequeños objetos de gran valor sentimental que resumen, así sin más, la historia del paso de sus seres más queridos por la vida. Una vida que arranca en los campos de concentración de Auschwitz, que deambula por Nueva York, que se asienta en el hogar construido sobre los cimientos del amor, el cariño, la amistad, pero también socavado por personas que nos cruzan y nos tambalean en sus mentiras, mezquindades y traiciones. Hablo en primera persona ahora porque si nos paramos nosotros también y contemplamos nuestro cajón de objetos valiosos e inútiles, nuestros recuerdos se teñirán de sonrisa, de melancolía y de alguna deslealtad y de alguna amargura. Y, como Leo, nos sorprenderemos de haber guardado al final de ese cajón el último recuerdo y quizás el más importante.</p><p>Porque todo esto es lo que amó. Porque esto es la novela. Unas páginas construidas con unos personajes muy sólidos con los que te apetece compartir las tardes de invierno y por qué no, todos los momentos que te permite el día. Porque <em>Todo cuanto amé</em> es una novela que te invita a leerla como las novelas de antaño, es decir, del tirón. Una novela que aleja sin remordimiento las obligaciones para poder observar como el visitante de una galería de arte, la vida. La vida, en este caso descrita a través de la belleza de la creación de un talentoso pintor y de la dureza y la amargura que lleva implícita. Como dice mi madre con gran sabiduría, las cosas buenas y malas, sólo cambian de casa.</p><p>Verán que no cuento mucho del argumento. Y es que sería una osadía. Para saber por qué esta es una gran novela deben abrir ustedes solos el cajón de Leo. Conocer a Matt y a Mark. Leer las cartas de Violet. Y llegarán conmigo a la certeza de que Siri Hustvedt ha escrito una obra portentosa que nos acerca a nosotros mismos, a nuestras reflexiones más íntimas. Y porque es literatura y es mentira, pero sus personajes se quedan a este lado de las páginas, ya con el libro cerrado para siempre. _____</p><p><strong>Sonia Asensio</strong> es profesora de Literatura.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 May 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA['Muchachas de uniforme']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/muchachas-uniforme_1_1170789.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/18faf615-4d3b-4a0b-93ff-8c19b0c3db88_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Muchachas de uniforme'"></p><p><em>Muchachas de uniforme</em> es una rareza. Lo fue como obra cinematográfica, quizás su versión más célebre, conocida como la primera película de temática lésbica de la historia. Estrenada en la Alemania de 1931, el filme se salía de la norma en varios aspectos. Primero, la trama: Manuela, huérfana de padre y madre, es enviada a un internado para niñas; en medio de la disciplina y el hambre, la adolescente encuentra en la profesora Elisabeth von Bernburg no solo una figura de admiración, sino de amor. Con sutileza —en Alemania la película era solo para adultos, en Estados Unidos pudo estrenarse solo gracias al apoyo de <strong>Eleanor Roosevelt</strong>—, la película dirigida por <strong>Leontine Sagan</strong> dibujaba la fuerza arrasadora del primer amor, pero esta vez de una adolescente hacia su maestra, así como el castigo social al que este amor se enfrentaba. El filme contó con una recepción dividida entre el rechazo de los sectores conservadores y el apoyo y la sorpresa de los progresistas, y disfrutó de un relativo éxito internacional hasta que fue finalmente prohibida por los nazis tras su llegada al poder. </p><p>Gran parte del equipo envuelto en la producción del filme se vio directamente afectado por el ascenso de <strong>Hitler</strong>. La propia Sagan era judía y abandonó Alemania poco después del estreno del filme. <strong>Walter Supper</strong>, parte del equipo técnico y también judío, se suicidó en 1943 antes de ser arrestado por los nazis. <strong>Herta Thiele</strong>, la actriz que daba vida a Manuela, se negó a colaborar con el régimen y se exilió a Suiza en 1937. También huyó, esta vez a Francia, <strong>Christa Winsloe</strong>, autora de la obra teatral en la que se basa el guion, dramaturga y escultora, afiliada al Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) y activa en los ambientes de disidencia homosexual crecidos en el Berlín de la República de Weimar. Tras el estreno de la película, aprovechó el impulso para publicar la historia en forma de novela. El título se tradujo entonces al español, aprovechando la apertura cultural de la II República, con dos ediciones en 1933 y 1934. Ahora, el sello Xordica recupera <a href="https://xordica.com/producto/muchachas-de-uniforme/" target="_blank">Muchachas de uniforme</a> en una nueva traducción de <strong>Virginia Maza</strong>, el penúltimo rescate de un testimonio histórico de resistencia. Reproducimos aquí un extracto de la novela. </p><p>_____</p><p>Elisabe </p><p>th von Bernburg era la hija de un militar de alto rango, igual que la señorita von Kesten e igual que prácticamente todas las profesoras del establecimiento. Tenía veintiocho años y, de esos veintiocho, había pasado cinco en el internado, desde que se anulara su compromiso con un joven teniente de los dragones. Por lo que se rumoreaba, había sido por la frialdad y el carácter reservado de la joven, que llevaron al teniente a romper con ella poco antes de la boda. Otros, sin embargo, decían saber que había sido ella, la señorita von Bernburg, la que le había dicho a su prometido que no podía casarse con él ni con ningún otro hombre. Según contaban, la excusa en cuestión había levantado una gran polvareda y había dado lugar a interpretaciones de lo más aventuradas. Esta versión se había extendido también entre las alumnas del Colegio Helene, aunque nadie sabía de dónde había salido. Se sospechaba que Ilse había traído la noticia después de pasar unas vacaciones en Berlín, que se lo había contado su padrastro, un joven con el que se había casado su madre después de divorciarse de su padre.</p><p>–Chicas –les dijo–, os tengo que contar una cosa de la Bernburgalesa, no os lo vais a creer. En lugar de casarse, ¡prefirió venir aquí! Al parecer, dijo que no quería tener hijos y, cuando su prometido intentó darle un beso, lo apartó de un empujón.</p><p>Oda y Mia intercambiaron miradas y se echaron a reír con cierta malicia. Manuela, sin embargo, montó en cólera.</p><p>–¡Ilse, no la llames «la Bernburgalesa»! Además, eso son cosas privadas, nadie sabe si son verdad.</p><p>–Bueno, imagínate, ¡era un teniente de los dragones! –dijo Ilse ofendida–. ¡Yo no haría algo así ni loca!</p><p>Todas se echaron a reír, salvo Marga, que les mandó callar porque había oído a la señorita von Kesten pasar sigilosamente por el pasillo. Manuela se quedó dándole vueltas.</p><p>Más de una noche, cuando la señorita von Bernburg ya había apagado la luz del dormitorio y empezaban los cuchicheos y a aparecer pequeñas linternas eléctricas por debajo de las almohadas, Manuela se quedaba pensativa, preguntándose qué estaría haciendo la señorita von Bernburg en su habitación. ¿Le gustaría estar aquí? ¿No echaría de menos alguna vez tener marido e hijos? Tener hijos le parecía bonito, pero lo de tener marido… Eso le costaba imaginárselo. Y lo de imaginar a la señorita von Bernburg con un marido le resultaba ya sencillamente imposible. Con miss Evans no tenía problema. Tenía novio en Inglaterra y decían que trabajaba para ahorrar algo de dinero antes de casarse. También era fácil imaginar a la señorita von Attems casada con algún terrateniente, encargándose de la cocina y de la bodega. Pero la señorita von Bernburg…</p><p>Al parecer, Elisabeth von Bernburg no tenía la menor idea de las fantasías infantiles y no infantiles, ni de las dudas que la rodeaban. Estaba ahí, en silencio, equitativa, estricta y bondadosa; acompañaba con su armonioso paso el día a día de las niñas; les daba clase, les mandaba cosas, las escuchaba y las aconsejaba… Pero siempre lo hacía manteniendo las distancias, cerrada en sí misma y sola. Solo una vez, por un instante, consiguió Manuela entrever algo de su alma. Fue un domingo por la noche y la señorita von Bernburg, como cada día, iba recorriendo el dormitorio para darles a las niñas su beso de buenas noches, respondiendo preguntas aquí y allá, o dando alguna instrucción.</p><p>También Manuela la abordó.</p><p>–Señorita von Bernburg –dijo tímidamente–. No sé qué me pasa, debo de tener algo… Creo que estoy enferma. –Y, poco a poco, le fue contando que se había sentido mal todo el día. Le dolía la tripa, tenía náuseas, dolor de cabeza y también había empezado a sangrar.</p><p>La señorita von Bernburg no sonrió.</p><p>Muy seria, se sentó al borde de la cama.</p><p>–No es ninguna enfermedad, Manuela –dijo con dulzura–. Solo quiere decir que has crecido mucho y que estás a punto de dejar de ser una niña. Si no fuera por esa sangre, no podrías tener hijos cuando seas mayor. Todas las mujeres sangran así cada cuatro semanas. Ya veo que tengo que ejercer un poco de madre contigo y decirte qué tienes que hacer cuando te pase.</p><p>–Gracias, señorita von Bernburg –dijo Manuela.</p><p>Se quedó inmóvil y pálida en la cama, escuchando más el sonido de la voz que le daba indicaciones que las palabras en sí. Cuando la señorita von Bernburg se disponía a levantarse, Manuela la detuvo.</p><p>–Señorita von Bernburg…</p><p>–¿Qué pasa, Manuela?</p><p>–Ha dicho que les pasa a todas las mujeres. Pero aun así hay mujeres que no tienen hijos nunca.</p><p>La señorita von Bernburg no la miró.</p><p>–Sí, hija, claro, las que no tienen marido.</p><p>–Señorita von Bernburg –soltó Manuela, buscando la mano de la mujer que se había inclinado hacia ella–. Yo… Tengo que preguntarle algo. Pienso en ello todas las noches… ¿Es feliz?</p><p>Elisabe</p><p>th von Bernburg alzó la cabeza y, sin el menor signo de sorpresa, como si fuera la pregunta más natural del mundo, miró a Manuela a los ojos.</p><p>–Sí, pequeña –le respondió–. Os tengo a vosotras.</p><p>Tal vez debería haber dicho: «Te tengo a ti», pero esa hija y nieta de militar, que no había aprendido otra cosa que a reprimir los sentimientos y a evitar cualquier arranque de emoción, esa muchacha educada en el temor a Dios por una madre puritana, esa joven que se había jurado a sí misma cumplir de forma justa e íntegra su deber hacia las niñas que le eran confiadas, jamás hubiera podido decir algo así. Ella solo podía pensar en «las niñas», no podía entregar su corazón a una sola de ellas. Y ahora, cuando al mirar a los ojos a esa niña le había sucedido justo eso, no se atrevió a pensar en otra cosa que en renuncia y en disciplina.</p><p>El cariño de esa niña, más puro que la simpatía y la adoración que tanto la conmovían de las demás muchachas, le ofrecía una felicidad inmerecida y que jamás había sentido. Manuela derramaba ese amor en todos sus gestos y en cada palabra. Pero no hubiera sido Elisabeth von Bernburg si no se hubiera castigado a sí misma por sentirse así de feliz por esa niña y por corresponder a ese amor con toda la fuerza de su corazón.</p><p>(...)</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 May 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Christa Winsloe]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Muchachas de uniforme']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Activismo LGTBI,Libros,Novela,Los diablos azules número 143]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un 'caso infernal' de Sherlock Holmes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/caso-infernal-sherlock-holmes_1_1170787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Los secretos de San Gervasio (Sherlock Holmes en Barcelona)Carlos PujolMenoscuartoPalencia2019</strong><em>Los secretos de San Gervasio (Sherlock Holmes en Barcelona)</em></p><p>  </p><p>Nos encontramos ante <a href="http://www.menoscuarto.es/libro/los-secretos-de-san-gervasio/" target="_blank">una reedición</a> de la novela que <strong>Carlos Pujol </strong>publicó en 1994, que en esta nueva salida cuenta con novedades, pues lleva un breve prólogo de <strong>Andrés Trapiello</strong>, un esclarecedor epílogo del autor sobre “La novela policiaca”, que data de 1973, y un llamativo subtítulo que no aparecía en la edición de Pamiela. Tampoco debe olvidarse que también en 1994 el autor publica los cinco cuentos que componían el libro objeto <em>Holmes, Watson y compañía (221B Baker Street)</em>, de circulación restringida, narraciones que en el 2007 pasarían a formar parte de <em>Fortunas y adversidades de Sherlock Holmes</em>, publicado por Menoscuarto, ahora ya incluyendo 16 cuentos.</p><p>Estamos, pues, ante un nuevo caso de Sherlock Holmes contado por Watson, su habitual cronista, aunque en esta ocasión se trate de una historia escrita por Carlos Pujol, lo que le permite al narrador de la novela referirse con displicencia y humor a <strong>Conan Doyle</strong> como “ese escocés aficionado al espiritismo y a los deportes”, un escritor cuya fama –que no fue poca— sería superada por la de su personaje.</p><p>El título, además de anunciarnos que en la narración vamos a toparnos con <em>secretos</em>, anticipa el <em>espacio</em> de la acción, que en esta ocasión no transcurre en Londres, sino en el continente, como diría Watson. Si esos <em>secretos</em> (mentiras, desapariciones, secuestros, asesinatos, fugas...) acaban desentrañándose es algo que ya se verá. Aunque estando el caso en manos de Holmes, partimos de la certeza de que se esclarecerán, si bien transformados en “absurdos secretos”. La novela se compone de diez capítulos, un “Final” y los curiosos “Dramatis personae” que suele incluir el autor en sus novelas, en la senda de <strong>Álvaro Cunqueiro</strong> y <strong>Juan Perucho</strong>. La acción, no podía ser de otra manera, arranca en la mítica casa de Baker Street, con el correspondiente recuerdo de Mrs. Hudson, y la visita de unos nuevos clientes que le encargan a Holmes que resuelva un caso. Se trata, en esta ocasión, de dos mujeres jóvenes de Barcelona, Angélica y Eulalia Vilumara, una morena y una rubia, quienes le piden al detective que investigue la desaparición de su padre, don Pelegrín, un acaudalado industrial del textil, pues un pariente pretende apoderarse de sus bienes.</p><p>Holmes acepta el caso, pues cree que un cambio de aires le vendrá bien, mientras que Watson se lo plantea como unas vacaciones. Al fin y a la postre, en palabras del detective, se trata de “un viaje en busca de la verdad”, pero que acabará convirtiéndose en un <em>desafío</em>, pues nada más empezar a cavilar, Holmes descubre varios engaños. Sin embargo, le llama más la atención lo que esconden las jóvenes, la “dislocación de los detalles argumentales” de la historia, que lo que ellas le han contado, aunque no tardaremos en saber la razón de esas inocentes mentiras.</p><p>No menos singular resulta que esta aventura transcurra fuera de Inglaterra, en 1884, en un pequeño barrio de unos 300 habitantes llamado San Gervasio, situado entonces en las afueras de Barcelona y plagado de personajes raros, y que es –por cierto— el barrio en el que vivió Pujol. Las diferencias entre Barcelona y Londres (el clima, los mosquitos, el ruido, las distintas religiones que profesan sus habitantes...) son motivo de contraste durante la narración. Varias de estas características y otros rasgos que señalaremos las comparte nuestra novela con “El secreto de la Quinta Ribot”, uno de sus cuentos. Por tanto, Holmes y Watson abandonan Londres, el macrocosmos habitual de sus investigaciones, para trabajar en el modesto microcosmos de un barrio periférico barcelonés.</p><p>En una novela tan culturalista como es esta no podía faltar la metaliteratura, las reflexiones sobre la realidad y la ficción, sobre la poesía y la novela. Una realidad, se comenta, que ya no es lo que era. El caso es que, a menudo, los hechos no resultan ser lo que parecían, ni tampoco las desapariciones –por ejemplo— son tales al fin y a la postre. Así, pronto sabremos que quien realmente lo contrata es Alejo Casavella, un industrial aficionado a la novelas policiacas, seguidor de <strong>Poe </strong>y de <strong>Wilkie Collins</strong>. A la manera cervantina, Watson y Holmes comentan la novela escrita por don Alejo, en la que ellos aparecen, titulada <em>Los secretos de San Gervasio</em>. Tampoco podían faltar las alusiones al inspector Lestrade, de Scotland Yard, quien tiene su equivalente nacional en Benavides, inspector de la policía española, con su ayudante Manobens, que Watson observa como una caricatura de sí mismo, compitiendo todos ellos en torpeza. Pero quizá la novedad mayor, a este respecto, sea la presencia de una mujer detective, Natividad López, quien acaba emparejándose con el novelista local, fundiéndose así –permítanme la licencia— realidad y ficción policiaca. Por último, la desaparición de doña Filomena, la viuda Barnils, cumple además la función de ser otra variante de los misterios del recinto cerrado y de la carta robada. Al final, sabremos que no fue raptada, sino que se trató de algo muy distinto que no es conveniente destripar.</p><p>Y sobre la lengua en la que se desenvuelven los personajes, en esta ocasión no suele ser el inglés, sino más bien el francés e incluso el español, pues ambos idiomas los entiende Holmes, ya que su madre era francesa y el castellano lo aprendió con los jesuitas. E incluso, cuando se acerca el desenlace, Watson confiesa que “a fuerza de oír hablar español lo entendíamos bastante bien, y hasta lo hablábamos más o menos” (p. 200). Tenemos la impresión de que se distingue entre <em>secretos</em> y <em>misterios</em>. Los poetas, dice don Celestino, “son los únicos que saben algo del misterio” (p. 176), pero para Holmes, “los misterios existen para dejar de serlos” (p. 186).</p><p>El diálogo tiene una importante presencia en la narración. Uno de sus componentes principales, junto a la reflexión, es el humor y el ingenio, pero se trata de un humor sutil, leve, un poco socarrón, de tipo –digamos— inglés, sin cargar nunca las tintas, como ocurre cuando don Celestino compara a Watson con <strong>Eckermann</strong>, y unas páginas después el narrador, en cumplida respuesta, lo considera el <strong>Tennyson </strong>español; o cuando el cura le dice al detective y a su ayudante que con la edad todos pareceremos chinos, como él.</p><p>Otras de las peculiaridades más llamativas del libro es que Holmes no consigue resolver el caso del asesinato de Modesto Turull, o como realmente se llame, que nunca llegaremos a saberlo, cuyo cadáver no aparece apuñalado en la espalda hasta la página 90. En cambio, con lo que se nos dice a lo largo de la novela podemos ir componiendo un retrato físico y psicológico del protagonista, en el que aparece más humano y melancólico, incluso dado a filosofar, con dudas metafísicas, pues como comenta Watson, su “taciturno y hermético amigo: se había hecho detective porque era para sí mismo un arcano que le atormentaba; salvar a la gente de algún indescifrable peligro le daba la sensación de combatir amenazas íntimas que no sabía cómo conjurar” (p. 64). Y como saben los lectores de los casos de Holmes, este le tenía prohibido a su cronista que comentara aspectos de su personalidad que lo humanizaran. Completa el retrato Watson, pues nos lo presenta “célibe y maniático, lúcido y pesimista, viviendo para su tarea de investigación, sin más aficiones ni pasiones que su trabajo, razonando inhumanamente, frío y certero, con un insufrible orgullo e invulnerable a cualquier tentación, acorazado contra cualquier debilidad”. Pero también como un hombre hipocondriaco, lleno de contrastes y de altibajos, desplegando una actividad frenética o cayendo en la apatía que lo empujaba a la droga. En suma, tal y como lo moldearon los jesuitas en Stonyhurts, en el Lacashire, pues el detective reconoce que ha acabado pareciéndose al hombre que ellos querían que llegara a ser.</p><p>Pero en la novela aparece también el Holmes típico, envuelto en el humo de su pipa de raíz de eglantina, juntando las manos en las espalda como tenía por costumbre cuando hacía una declaración importante, levantando el mentón y abriendo mucho los ojos, o soltándole sus habituales impertinencias al paciente Watson, cuyos desaciertos contrastan con la astucia del detective... Aquí Holmes anuncia que un día se retirará para dedicarse a la filosofía y a la apicultura..., pues se siente deshilachado..., sin viento en las velas...  Y en todo ello consiste la aportación de Carlos Pujol a la configuración del célebre personaje, al presentárnoslo como el mayor y el más e irresoluble de los enigmas. En uno de sus cuentos sobre Holmes, el titulado “La ficción”, el detective, en el papel de narrador, comenta: “El misterio que está dentro de uno mismo es el más difícil e intrincado, el más inasible, porque escapa a nuestra lógica, y yo sin lógica me sentía como desnudo”.</p><p>En suma, Carlos Pujol toma un célebre personaje literario, que demuestra conocer bien, lo saca de su hábitat natural y nos muestra otras facetas de su personalidad menos conocidas. Por ejemplo, en España se aficiona a la siesta, hasta el punto de que Watson empieza a pensar que consideraba el derecho a echarse la siesta más importante que el derecho al voto. También disfruta con el pan con tomate, “invento que Holmes calificó de caprichoso”; y a un “embuchado gris”, que debe de ser lo que hoy llamamos <em>butifarra</em>. Y todo ello, sin desvirtuar al personaje. Sin embargo, no parece que se trate de una parodia, sino de un –digamos— remedo que cuenta con la complicidad del lector, así como de un homenaje, tanto a los habituales motivos del género, sobre todo cuando los transgrede, como a su protagonista, quien en el desenlace considera su estancia en Barcelona como las largas vacaciones que no había tenido desde que salió del colegio de los jesuitas.</p><p>Al final, sabremos que el mayor secreto que guardaba el barrio estribaba en darse cuenta de que lo que solemos llamar casualidad también forma parte del orden del mundo... (p. 239), rompiendo los esquemas racionalistas, el método deductivo de Holmes. <em>Los secretos de San Gervasio </em>es una novela literaria, entre otras razones ya expuestas, por la entidad legendaria de los protagonistas, las referencias al mundo de la ficción y el tono sentencioso que suelen emplear los personajes. Al fin y a la postre, podría decirse que a Conan Doyle no le hubiera molestado firmar esta “verdadera historia” con Carlos Pujol.</p><p>_____</p><p>  <strong>Sentencias intertextuales</strong></p><p><em>Las hipótesis son como la levadura de la razón</em> (p. 29)</p><p><em>Si existiera el absurdo, el universo se haría pedazos ahora mismo</em> (p. 38)</p><p><em>El catolicismo es una religión ideal para el verano </em>(p. 41)</p><p><em>Uno no puede limitarse a ser quien es, también ha de procurar ser una buenamáscara</em></p><p> (p. 63)</p><p><em>No pueden imaginarse lo caro que es vivir en París cuando se tiene dinero paragastar</em></p><p> (p. 70)</p><p><em>Las mentiras en el fondo vienen a ser las máscaras de la verdad</em> (p. 87)</p><p><em>La poesía lírica no resuelve nada pero reconforta</em> (p. 132)</p><p><em>Las peores enfermedades son las imaginarias, porque no se curan nunca, y amenudo son mortales de necesidad </em></p><p>(p. 147)</p><p>  _____</p><p><em><strong>Fernando Valls</strong></em><em> es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario aficionado.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 May 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
      <media:title><![CDATA[Un 'caso infernal' de Sherlock Holmes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 143]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[En 500 palabras: 'La miseria de Madrid']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/500-palabras-miseria-madrid_1_1170783.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d789b7de-6da8-45f3-a89b-02613832a1f0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En 500 palabras: 'La miseria de Madrid'"></p><p><strong>La miseria de MadridEnrique Gómez Carrillo,Edición de José Luis García Martín.ImprontaGijón2019</strong><em>La miseria de Madrid</em></p><p>Tres tomos necesitó <strong>Enrique Gómez Carrillo</strong> (Guatemala, 1873 - París,1927) para cubrir apenas dos tercios de las memorias que precipitadamente tituló <em>Treinta años de mi vida</em> y que terminan con el relato de su llegada a Madrid a los 19 años. A ella dedica la tercera y última entrega, <a href="https://improntaeditorial.wordpress.com/2019/02/27/la-miseria-de-madrid-de-enrique-gomez-carrillo/" target="_blank">La miseria de Madrid</a> (1921), que se publica ahora en edición exenta —ya Renacimiento había publicado la obra completa en 2011– con prólogo de <strong>José Luis García Martín</strong>; quien no sólo abunda en la idea, ya expresada en su introducción a la edición anterior, de que la veracidad y exactitud de estas memorias han de ser puestas en duda, sino que la amplía a la consideración de que esta entrega en concreto ha de entenderse como un temprano ejemplo de lo que hoy llamamos “autoficción”: una novela autobiográfica sólo en líneas muy generales ajustada a hechos reales.</p><p>Gómez Carrillo, que fue básicamente un periodista de éxito, no era un gran estilista ni parecía empeñado, como sus coetáneos “modernistas”, en defender un proyecto literario diferenciado y original. Los méritos que cabe atribuir a <em>La miseria de Madrid</em> son otros. Al afrontar el relato de su llegada a España desde París, en compañía de una querida francesa y con el declarado propósito de triunfar literariamente en la capital española, Gómez Carrillo dirige a su nuevo entorno una mirada decididamente acerada y crítica. Nada más llegar a Madrid, el imberbe escritor es estafado y queda al borde de la más negra miseria. Desde esa posición desairada, Gómez Carrillo describe con notable perspicacia el aspecto humano del mundillo literario madrileño y peninsular, en cuya cúspide se sitúan personajes como el novelista y crítico <strong>Clarín</strong>, que fue condescendiente y amable con el joven escritor, y el entonces celebérrimo<strong> Juan Valera</strong>, aquí presentado como ambivalente patrón del compañero de miserias del guatemalteco, el memorable <strong>Renjifo</strong>, un latinista homosexual que ocasionalmente consigue algún dinero gracias a las encomiendas que le hace el encumbrado novelista.</p><p>En Renjifo encuentra Gómez Carrillo al personaje que necesita para que su visión del Madrid de 1892 no se centre en sus propios pasos de escritor predestinado al éxito. Por el contrario, la novela histórica a cuatro manos que planea con Renjifo, en la estela del <em>Salambó</em> de <strong>Flaubert</strong>, ofrece al guatemalteco la ocasión de sugerir cómo su propia obra podría haber entrado en vía muerta. Que, mientras tanto, quede fascinado por el delicado muchacho del que anda enamorado su amigo, y que plantee abiertamente esta inconfesada pulsión homosexual, disfrazada de atracción hacia una figura andrógina, es toda una novedad en la literatura española de su tiempo.</p><p>¿Qué parte de verdad autobiográfica hay en todo ello? Seguramente importa poco, más allá del hecho, incontrovertible, de que el cronista no estaba solamente aprovechando la ocasión de sacar partido a sus memorias de hombre famoso, sino también explorando con notable audacia las posibilidades narrativas de determinadas experiencias. Así puede leerse hoy este relato: como un atractivo experimento en torno a cómo la verdad también se inventa.</p><p>_____</p><p><strong>José Manuel Benítez Ariza</strong> es escritor. Sus últimos libros son <a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?manufacturers_id=404&products_id=1818" target="_blank">Arabesco</a><em> (poesía, Pre-Textos) y </em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/05/11/nota_previa_trilogia_transicion_82691_1821.html" target="_blank">Trilogía de la Transición</a><em> (novela, Dalya), ambos de 2018.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 May 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Benítez Ariza]]></author>
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