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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 148]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-148/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 148]]></description>
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      <title><![CDATA[Stonewall, medio siglo de revuelta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/stonewall-medio-siglo-revuelta_1_1172125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3e4bd6ad-056d-40e2-9d8a-fe5f77340bf0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Stonewall, medio siglo de revuelta"></p><p>En la madrugada del 27 al 28 de junio, en <strong>Christopher Street</strong>, la calle más antigua del West Village neoyorquino, alguien arrojó una piedra. Pudo ser una mujer trans, pudo ser un chico homosexual, pudo ser una <em>butch</em>, pudo ser una <em>drag queen</em>, pudo ser cualquier miembro del heterogéneo grupo de personas <em>queer</em> que se congregaba, a la una y veinte de la madrugada, en torno al bar Stonewall, el epicentro de la noche gay en esta entonces zona marginal de la ciudad. Quizás nunca se sepa quién, en medio de aquella redada, se agachó, encontró un guijarro y la arrojó con todas sus fuerzas<strong> contra el coche de la policía</strong>. En ese gesto —o quizás en otro: la mujer que se resistió a ser detenida, aquel que propuso volcar el vehículo— prendió algo. La revuelta. El acto fundacional sobre el que se construiría<strong> el movimiento LGTBI</strong> estadounidense, un movimiento que se contagió con rapidez al resto de Occidente. Hace medio siglo de esa mano, de esa piedra, de ese cristal roto. </p><p>Las marchas del Orgullo, celebradas en todo el mundo entre finales de junio y principios de julio, conmemoran aquella respuesta. Y lo cierto es que la comunidad LGTBI vio muy pronto el potencial de aquella noche. Un año después, se celebró en Chicago la <strong>primera manifestación conmemorativa</strong>, el 27 de junio. Las organizaciones de Nueva York consideraron que asistiría más gente si lo organizaban en domingo, así que<strong> esperaron al 28 de junio</strong>, convirtiendo esa fecha en la referencia del colectivo con lo que entonces se llamó Christopher Street Liberation Day —de hecho, en ciudades como Berlín o Zúrich, mantuvo el nombre de Christopher Street Day—. Pese a la dictadura franquista, la oleada<strong> llegaría también a España</strong>, que celebraría la primera marcha de este tipo, ya con la nomenclatura de Día Internacional del Orgullo Homosexual, el <strong>26 de junio de 1977</strong>, domingo. La organizaba el Front d'Alliberament Gai de Catalunya, cuyo líder, Armand de Fluvià, debía mantenerse aún en el anonimato. Acudieron, <a href="https://elpais.com/diario/1977/06/28/sociedad/236296811_850215.html" target="_blank">según las crónicas</a>, unas 5.000 personas. Ninguna agitaba una bandera arcoiris aún: este símbolo sería creado un año más tarde por el activista Gilbert Baker, en San Francisco. </p><p>La prensa neoyorquina cubrió la revuelta desde su inicio, aunque no pudiera prever aún su relevancia. <em>The New York Times</em> le dedicó, por ejemplo, <a href="https://timesmachine.nytimes.com/timesmachine/1969/06/29/89004281.html?action=click&contentCollection=Archives&module=LedeAsset&region=ArchiveBody&pgtype=article&pageNumber=33" target="_blank">menos de media columna</a> en la página 33 en su número del 29 de junio. "Cuatro agentes heridos en una redada en el Village", <a href="https://timesmachine.nytimes.com/timesmachine/1969/06/29/89004281.pdf" target="_blank">titulaba el diario</a>, que hablaba de que "cientos de jóvenes" se habían levantado contra la policía después de que esta llevara a cabo <strong>una redada en el Stonewall Inn</strong>, un bar "conocido por su clientela homosexual". Según el artículo, estos chicos "lanzaron ladrillos, botellas, basura, monedas y un parquímetro contra la policía". <strong>Trece de ellos fueron detenidos</strong>. Al día siguiente, los disturbios del Village volvían a figurar en el diario, pero esta vez en la página 22, de nuevo a media columna, que informaba de que la policía había vuelto a necesitar refuerzos después de que los agentes de la comisaría cercana fueran incapaces de "controlar una muchedumbre de <strong>unos 400 jóvenes</strong>, algunos de los cuales estaban arrojando botellas y encendiendo pequeñas hogueras". En la fachada del Stonewall habían aparecido grafitis: "Apoya el poder gay", "Legalizad los bares gais". </p><p>Otras coberturas periodísticas, a lo largo de los siguientes días, fueron deontológicamente peores. El 6 de julio, <em>The New York Daily News</em> publicaba un artículo sobre los disturbios sucedidos a lo largo de la última semana. <a href="http://www.pbs.org/wgbh/americanexperience/features/stonewall-queen-bees/" target="_blank">Su titular</a>: "Redada en el nido homo, las abejas reinas pican con rabia". El artículo, escrito con un tono despreciativo que se hizo habitual en la cobertura de la revuelta, se burlaba de las mujeres trans y llamaba "niñitas" a los clientes gais del Stonewall. Los periódicos de la época no dudaban en referirse a los participantes en la protesta como <strong>queers, faggots o queens</strong><em>queers</em><em>faggots</em><em>queens</em> —que podrían traducirse como <em>invertidos</em>, <em>maricones</em> y <em>reinonas</em>—. Y, en el caso de Stonewall, las noticias a menudo <strong>criminalizaban a los manifestantes</strong> y disculpaban las redadas policiales, muy frecuentes en el barrio.</p><p>Aunque la homosexualidad se había descriminalizado en 1962, comportamientos como besarse, bailar o tratar de ligar podían considerarse <strong>"disorderly conduct"</strong><em>disorderly conduct</em>, algo así como "escándalo público". Por otra parte, la legislación de algunos Estados <a href="https://reason.com/2015/06/28/how-liquor-licenses-sparked-stonewall/" target="_blank">negaba la licencia para servir alcohol</a> a los locales que permitieran el escándalo público o que permitieran la entrada de "<strong>imitadores de mujeres</strong>" o "personas de mala reputación". El colectivo LGTBI, en la práctica, no podía comportarse libremente en los bares y discotecas. Conociendo esto,<strong> la mafia </strong>decidió sacar tajada y puso en pie una serie de locales considerados clubes privados, en los que supuestamente no se podía servir alcohol —por lo que debían, en teoría, librarse de los estrictos controles policiales— y que suponían un refugio para las personas <em>queer</em>. Pero de esta forma, el colectivo se vio atrapado en la persecución entre la mafia y la policía: cuando los sobornos no eran suficientemente altos o las bandas iban un poco más allá en sus actividades criminales, las redadas se hacían más frecuentes. Al entrar en los bares, y siguiendo la ley, los agentes detenían a cualquier persona que no tuviera <strong>al menos tres prendas</strong> que se correspondieran con su sexo. </p><p>Stonewall fue, en palabras de Eric Marcus, historiador que ha dedicado toda su carrera a documentar la memoria del movimiento LGTB en Estados Unidos, "<strong>un punto de inflexión</strong>". Pero esto no significa que no hubiera habido revueltas similares con anterioridad. En agosto de 1966, en la <strong>cafetería Compton's</strong> de San Francisco, un grupo de hombres gais y mujeres trans arrojaron botellas contra la policía cuando esta se aprestaba a hacer una de sus redadas, según cuenta Carlos J. Valdivia en <a href="http://www.editorialegales.com/libros/stonewall/9788417319700/" target="_blank">Stonewall. El primer orgullo fue una revuelta</a>, editado por Egales. En la noche de fin de año de 1967, un grupo de agentes de paisano se infiltró en la taberna <strong>The Black Cat </strong>de Los Ángeles y esperó a la medianoche para detener a quienes celebraron el año nuevo con un beso. Unas 200 personas se manifestaron frente al local durante toda la noche. Si esas respuestas organizadas tuvieron lugar, fue porque<strong> ya existían asociaciones </strong>como The Mattachine Society, fundada en 1950, o Daughters of Bilitis, grupo de mujeres lesbianas creado en 1955. </p><p>En 1969 la lucha era, desde luego, necesaria. Durante la caza de brujas anticomunista del <strong>macartismo</strong>, el Gobierno estadounidense desarrolló también una serie de leyes que buscaban perseguir a las personas homosexuales y alejarlas de la escena pública, una estrategia conocida como <em>Lavender </em><em>scare</em>, frente al <em>Red scare </em>que criminalizaba las ideas de izquierdas. En 1953, la<strong> Orden Ejecutiva 10450</strong> prohibió a los homosexuales trabajar para el Estado federal, algo que afectó a unos 5.000 empleados. Con esta estrategia, se consideraba a los comunistas y a la comunidad LGTB como<strong> elementos subversivos</strong> peligrosos para la seguridad de los Estados Unidos, una suerte de quintacolumnistas de la Guerra Fría. La película propagandística<a href="https://www.youtube.com/watch?v=om4kMTw-R6o" target="_blank"><em>Perversion for profit</em></a>, estrenada en 1965, da una idea de la concepción que la sociedad americana tenía de la homosexualidad. En ella, se escuchaba al periodista George Putnam decir cosas como: "Debemos <strong>salvar a nuestra nación de la decadencia</strong>, y alejar a nuestros hijos de los horrores de la perversión. (...) ¿Quiere que su hijo sea seducido por el mundo de los homosexuales? ¿O que su hija sea atraída hacia el lesbianismo?".</p><p>Pero la revuelta de Stonewall agitó con fuerza y eficacia la sociedad estadounidense. Eric Marcus cuenta en su <em>podcast </em><a href="https://makinggayhistory.com/" target="_blank">Making gay history</a> que, si antes de Stonewall había una 700 personas que militaban activamente por los derechos de las personas LGTBI, a finales de 1970 se podían contar unas 1.500 organizaciones en todo el país,<strong> 2.500 a finales de 1971</strong>. </p><p>Pese a los enormes esfuerzos realizados por los colectivos <em>queer </em>y la historiografía del movimiento, algunos detalles fundamentales de la revuelta de Stonewall han sido reivindicados solo en los últimos años. Es el caso de la presencia, en ese grupo fundacional, de mujeres trans racializadas <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2017/10/25/vida_muerte_marsha_johnson_71074_1026.html" target="_blank">como Marsha P. Johnson</a> y <strong>Sylvia Rivera</strong>, o la figura de <strong>Stormé DeLarverie</strong>, una mujer lesbiana afroamericana muy combativa que también estaba en la taberna y podría haber sido, de hecho, aquella mujer esposada que se resistía a entrar en el coche policial. En los años ochenta y noventa, mientras parte del movimiento se desplazaba hacia posiciones ligadas a lo institucional, otra parte recuperaba el espíritu de aquella protesta. En 1987, <a href="https://www.instagram.com/p/BNOHot3A6EC/?hl=es" target="_blank">una chapa distribuida</a> por el partido Freedom Socialist Party  rezaba: "Stonewall fue una revuelta... ¡ahora<strong> necesitamos una revolución</strong>!". </p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Jun 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Cultura,Los diablos azules número 148]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La T que falta en la literatura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/t-falta-literatura_1_1172090.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0549193e-fd61-4ce0-a47c-9eae76705fe5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La T que falta en la literatura"></p><p>LGTB: a estas alturas, es más que probable que cualquier persona aproximadamente informada sepa que esas siglas designan a las personas lesbianas, gais, trans y bisexuales. Pero ese puñado de caracteres, que son la expresión pública de una alianza entre colectivos, no siempre contuvo las mismas letras. Basta con mirar a la historia de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales, la FELGTB, que comenzó siendo solo FEGL —gais antes que lesbianas, la orden se invirtió en el 2000—. Aunque las personas trans fueron protagonistas de la misma fundación de la lucha <em>queer</em> contemporánea, con la revuelta de Stonewall que conmemora cada año la marcha del Orgullo y que este viernes cumple medio siglo, tuvieron que esperar mucho, mucho tiempo para que su letra fuera sumada al conjunto. En el caso de la principal federación española, la T no se incluiría en el nombre hasta el año 2002. Entró antes en circulación el euro que la T en FELGTB. Por supuesto, la T es muda todavía en muchos ámbitos. Incluido, paradójicamente o no, el de las letras. </p><p><strong>Alana Portero, Valeria Vegas</strong> y <strong>Darío Gael Blanco</strong> son tres de los autores trans que reivindican su espacio en la literatura, a menudo desde ámbitos ajenos a las grandes editoriales y enfrentándose a la transfobia imperante. Valeria Vegas, con estudios como <a href="https://dosbigotes.es/libros/vestidas-de-azul/" target="_blank">Vestidas de azul</a> (Dos Bigotes, 2019), una investigación sobre el documental de <strong>Antonio Giménez-Rico</strong>, o <a href="https://www.libreriaberkana.com/libros/digo-ni-puta-ni-santa-las-memorias-de-la-veneno/9788460883562/" target="_blank">¡Digo! Ni puta ni santa</a>, la biografía de <strong>La Veneno</strong> en la que se basará la serie de Atresmedia sobre la artista. Alana Portero, con libros como el poemario <a href="http://harpolibros.com/home/la-habitacion-de-las-ahogadas.html" target="_blank">La habitación de las ahogadas</a> (Harpo Libros, 2017) y sus artículos en medios como <a href="https://www.elsaltodiario.com/autor/alana-portero" target="_blank">El Salto</a>. Darío Gael Blanco, participando en antologías como <a href="https://editorialamordemadre.com/catalogo/amor-de-madre/cuadernos-de-medusa-vol-ii/" target="_blank">Cuadernos de Medusa vol. II</a> (Amor de Madre, 2018) o en volúmenes de ensayo como <a href="https://antipersona.org/2019/06/21/vidas-trans/" target="_blank">Vidas trans</a> (Antipersona, 2019), donde coincide con Portero. Pese a su lucha, a la fuerza del movimiento trans y a la progresiva visibilidad lograda, su tarea es a menudo una labor solitaria. </p><p>  </p><p>Lo era, desde luego, cuando comenzaron a adentrarse en la lectura. No son capaces de recordar un solo personaje trans que les orientara en la infancia. "Mi despertar trans fue bastante temprano", cuenta Alana Portero, "aunque he transicionado muy tarde, y esa falta de referentes me creaba una sensación grande de extrañeza conmigo misma". Quien no tiene referentes, dice, no tiene espejos ni manera de nombrarse a sí misma: "No había palabras para expresar las cosas que yo sentía, y es muy difícil vivir una situación que no puedes explicar, para la que no hay conceptos, no hay ideas… Te encuentras en una especie de deriva que es bastante triste". Darío Gael Blanco se permite soñar un poco: "Me habría encantado disfrutar mientras crecía de la obra de<strong> Iria G. Parente </strong>y <strong>Selene Pascual </strong>donde aparecen personajes trans y no binarios con bastante frecuencia y, hasta donde yo he leído, tratados con auténtica exquisitez". Estos nuevos modelos de literatura juvenil llegaron, todavía con cuenta gotas, pero llegaron tarde para muchos. </p><p>La cosa cambaría ligeramente en la adolescencia. Tanto Blanco como Portero nombran <em>Orlando</em>, de <strong>Virginia Woolf</strong>, como libro fundacional. La novela, en la que Orlando pasa, mágicamente y de la noche al día, de hombre a mujer, fue una narración absolutamente rompedora en su tratamiento del género y la sexualidad, y ha sido un oasis para muchos lectores LGTB. "Era un cuento de hadas, un milagro", recuerda la escritora, "y se me quedó grabado hasta el día de hoy: a veces todavía tengo la esperanza de quedarme dormida y despertarme y que mi cuerpo haya cambiado, como el de Orlando". Darío Gael Blanco encontró, por su parte, un modelo en "el tipo de masculinidad que construye en la primera parte, y en la fluidez y alegría con la que trata el tema del género en el resto". </p><p>Hubo también, claro, lecturas menos felices. Valeria Vegas menciona <em>Yo no tengo la culpa de haber nacido tan sexy</em>, publicado por <strong>Eduardo Mendicutti</strong>, autor abiertamente homosexual, en 1997. La protagonista era una mujer trans, Rebecca de Windsor, que se adentra en la madurez. "No me pareció adecuado, o más bien realista", se lamenta la periodista y escritora: "A veces hay mucho peligro, tanto en el cine como en la literatura: cuando se quiere crear un personaje trans, se tiene que crear desde el conocimiento de causa". Alana Portero saca otra lectura menos luminosa que la de Woolf, de nuevo escrita por un hombre gay: <em>Otras voces, otros ámbitos</em>, el debut de <strong>Truman Capote</strong> allá por 1948. Allí aparecía el tío Randolph, "una figura un poco extraña, un travesti, en realidad", que vive en una casa hundida entre pantanos: "Es la imagen más representada de las mujeres trans: la decadencia, la depresión, el rechazo por parte de casi todo el mundo…".</p><p>  </p><p>La cosa no ha mejorado tanto. La transfobia, dicen, se manifiesta en el mundo editorial de manera similar a como lo hace en el resto del mundo. Es decir, y en palabras de Portero: "Hay reacciones maravillosas y grandes hostilidades, y luego un mundo medio, como indeciso, que no lacera demasiado pero tampoco te acoge con los brazos abiertos". "Eso me decepcionó un poco", continúa la escritora, que ha trabajado casi toda su vida como librera, "porque creía que el mundo editorial —que es un pensamiento clasista, en realidad—, por estar asociado a la cultura, tendría que entender mejor las cosas, y no es cierto". Y eso afecta, claro, a la creación. No es solo que "pocas editoriales se plantean siquiera la posibilidad de publicar a une autore trans", critica Darío Gael Blanco, sino que "la mayoría de las pocas que lo hacen esperan y solicitan un tipo de texto muy limitado y concreto, más dirigido a satisfacer la mirada cis (y su bolsillo) que a otra cosa". Esto resulta, explica, en que se les impide producir sus propios "referentes de ficción" y "saberes". Y lo mismo se les hurta, claro, a los lectores. </p><p>Si este escritor y traductor señala que con frecuencia se pretende que las autoras y autores trans prioricen el ensayo y la pedagogía frente a la poesía y la narrativa, Valeria Vegas ha notado una serie de prejuicios por el mismo hecho de tratar la memoria trans: "Al haber escrito la biografía de La Veneno, al ser ella un icono pop, y al ser tan controvertida… Es verdad que eso me ha dado visibilidad, pero, cómo decirlo, a vista de alguien yo no he hecho la biografía de <strong>Severo Ochoa</strong>. Yo he hecho la de La Veneno". No es solo que se tratara de un personaje mediático, sino de "no entrar dentro de la escala: si no eres un personaje correcto, o si no actúas desde la visión que ellos quieren, estás fuera". <em>Vestidas de azul</em>, un estudio sobre la representación de las mujeres trans en el cine de la Transición, buscaba "resarcir" aquel prejuicio. "Después de algo considerado frívolo, pues haces un ensayo de 300 páginas que huye del concepto pop". Pero es una trampa: si escribe sobre la historia del colectivo, uno de sus muchos intereses, dice, se le "encasilla". "Me apetece hablar de más cosas, del papel de las chachas en el cine español, de la visión de la prostitución en el cine… Esto es un tipo de transfobia, porque se considera que solo puedes hablar de transexualidad: 'No vengas a hablarnos de algo que se salga de lo que esperamos de ti'. Yo quiero que se esperen de mí muchas cosas".</p><p>  </p><p>Quizás por todo esto, Darío Gael Blanco y Alana Portero hablen de una relación ambivalente con la literatura: por una parte, es un espacio seguro, de exploración de la propia identidad. Pero es también un ámbito espinoso. "Yo lo he pasado muy mal a veces escribiendo", dice la autora, "porque contaba las verdades que fuera no podía contar todavía, y era un poco frustrante". Pero Blanco habla también de la "angustia" generada por la idea de escribir, de no estar a la altura de las autoras y autores admirados, algo a lo que se sumó luego la transición hormonal: "Tuve que centrarme en mi propia supervivencia, y en aquel momento esta no pasaba por arriesgarme a sentirme aún peor por mi exceso de perfeccionismo y autoexigencia a la hora de escribir". Y la manera en que ese proceso descoloca ciertas cuestiones vitales. Y las necesidades económicas. Y la falta de referentes. Y luego, un poco de luz: "Ha sido únicamente en los últimos meses (pese a que mi condición de pluriempleado hasta hace nada no ayudara) cuando he sentido la suficiente confianza en mi propia voz como para retomar este sueño y concebirlo de una manera más sana y constructiva".</p><p>Las reivindicaciones trans interseccionan, en el ámbito literario, con otras reclamaciones. Tanto Alana Portero como Valeria Vegas han seguido de cerca, y participado, en <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2019/03/08/la_lucha_las_mujeres_del_libro_92669_1821.html" target="_blank">el movimiento que reivindica</a>, desde el pasado año con especial fuerza, el papel de las mujeres en el mundo editorial. "Es un acto de justicia, de restitución, y no hay más que ver lo que está molestando al mundo masculino literario", celebra la primera, especialmente activa en la lucha feminista. "Estoy muy orgullosa de este acto de reparación y de autovindicación".</p><p>Pero. Porque hay un pero, aunque insista, por si hubiera que despejar dudas, en que está "absolutamente a favor del movimiento". El pero es evidente, aunque, dice, "difícil de plantear": "Me pone muy triste que la ausencia de las mujeres trans sea total. No solo porque no hay una mención a ninguna escritora trans, jamás, sino porque no he visto ninguna reivindicación específica, y a las mujeres más visibles del mundo editorial que han encabezado este movimiento tampoco las he visto hacer una mínima reclamación". Coincide Vegas, que no se ha sentido incluida tampoco en los grupos de mujeres periodistas surgidos al calor del 8M: "He tenido pocas compañeras que me hayan invitado. Pocas. Las demás... Yo creo que hay algo todavía en sus cabezas que reacciona pensando que yo debo ser una intrusa". Y de nuevo, una luz: "Pero estoy segura de que esto cambiará". La pregunta es cuándo. "Un lustro", dice primero. Luego, una duda, una sombra: "¿Estoy siendo demasiado optimista?". </p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Jun 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Los diablos azules número 148]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Paraíso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/paraiso_1_1172087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/095eac18-a3ed-4100-ab49-a9faa39a3acb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Paraíso"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge un texto del escritor Juan Gracia Armendáriz.</em></p><p>________</p><p>  <strong>Paraíso</strong></p><p>Nadie recordaba porqué, pero nadie debía entrar allí, y ellos lo hicieron. El pueblo se quedó sin niños. Los vi cruzar la pradera, los más pequeños de la mano o en brazos de los mayores. Se alejaron sin prisa, con el paso que preludia un largo viaje, y desaparecieron en la espesura del bosque.</p><p>Sólo debía acercarme, detenerme en la linde invisible y permanecer agazapado: comían bayas de mirto, hongos, raíces… Las ortigas no parecían herirles. Un día los vi abrazos al árbol más grande. Era un roble hueco que había visto nacer el mundo. Al parecer, mis padres me bautizaron en su interior. Pasaron las noches y los niños, desnudos, bailaban. El deseo se impuso con naturalidad. En el pueblo decían que fornicaban con lascivia, que sus juegos eróticos acababan en orgías violentas donde la sangre era un signo de placer. Yo eso no lo vi, pero es cierto que a veces se asomaban y nos sacaban la lengua. Algunos se masturbaban. “¡Estamos en el paraíso!”, gritaban. Paraíso: no sé de dónde sacaron semejante palabra aquellos críos. Ante sus afrentas, en el pueblo alguien quiso organizar una batida. Ya no eran sus hijos, sólo bestias. Las mujeres habían dejado de lamentar el vacío que dejaron en las calles embarradas del poblado.</p><p>Yo no participé en la batida y me alegré cuando vi a los hombres regresar a las casas con barro hasta la cintura y la vista extraviada. Más de uno cojeaba. A medianoche, desde mi ventana podía ver luces correteando en la negrura acompañados de gritos que no parecían infantiles. Una noche me arrastré hasta su campamento, si es que así puede llamarse a lo que vi: dormían entre helechos secos, desnudos, inmunes al frío, cubiertos de barro. El mayor de todos afiló una piedra y en el roble que solían abrazar grabó un corazón. Cuando regresé a casa escuché gritos que me oprimieron el pecho. Ningún ser humano podía gritar de ese modo. A la mañana siguiente sólo una niña abandonó el bosque. Se acurrucó en mi puerta. Debía de tener quince años. Hasta que no la metí en la tina no supe si en verdad era una muchacha. Dormía en el suelo y comía con las manos. Me costó hacerle entender qué era una cama, una estufa, unas botas. Apenas habla, pero se entiende bien con mi perro. No sé si es feliz. Lo ignoro todo de ella y ella de mí, pero aquí seguimos, escondidos. Ella, a veces, mira hacia el bosque. Es una mirada que no sé descifrar. Luego, se acuesta a mi lado y lame mi cuerpo cansado. _____</p><p><strong>Juan Gracia Armendáriz</strong> (Pamplona, 1965) es autor de los libros de microrrelatos Noticias de la frontera<em> (1994) y </em>Cuentos del jíbaro<em> (2008), cuyas narraciones han sido recogidas en diversas antologías del género. Ha publicado diarios, novelas, relatos y colaboraciones en diversas revistas y periódicos. Su última obra es la novela corta </em><a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1872" target="_blank">Guía de extraviados</a><em> (Pre-Textos, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Jun 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Gracia Armendáriz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Paraíso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Narrativa,Los diablos azules número 148]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No sé si pasó así, pero lo cuento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/no-si-paso-cuento_1_1172085.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/865c4fe7-d938-4985-b1f7-71a3fd52d281_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No sé si pasó así, pero lo cuento"></p><p><strong>Homenaje póstumo y otros relatosLamar HerrinEdición de Eloy M. CebriánChamán EdicionesAlbacete2019</strong><em>Homenaje póstumo y otros relatos</em></p><p>  </p><p>En los seis cuentos largos de <strong>Lamar Herrin </strong>que <strong>Eloy Cebrián</strong> ha reunido bajo el título de <a href="https://chamanediciones.es/producto/homenaje-postumo-y-otros-relatos-lamar-herrin-traductor-eloy-m-cebrian/" target="_blank">Homenaje póstumo y otros relatos</a>, cualquiera diría que no está ocurriendo nada: un matrimonio mantiene una conversación, una hija va interrogando a su madre sobre algo que ocurrió en su infancia remota y anotando sus conclusiones, un hijo recuerda y ata cabos... En la más pura tradición estadounidense, el asunto de fondo, el verdadero tema del relato, no está en la superficie, sino que se mantiene latente. Lo conocemos como “la teoría del iceberg”, de <strong>Hemingway</strong>. Aunque los personajes en ningún momento lo mencionen, el lector presiente que algo pasa y permanece atento a lo que los personajes dicen, con la esperanza de que le desvelen la intriga.</p><p>Lamar Herrin añade además en el prólogo que, como buen sureño, se siente deudor de la importancia que concedieron al paisaje autores como <strong>William Faulkner</strong> y <strong>Eudora Welty</strong>, entre otros. El entorno es algo más que el marco en el que transcurre la historia. De hecho, es el corazón mismo de la historia, es donde hurgan los personajes para reconstruir lo que pasó, que en casi todos los casos queda fuera del alcance de su consciencia. Solo quedan pistas subliminales, como el calor sofocante, o una brisa que de pronto se alza y se enreda, o una cuerda que pendía, o una garza que resurge del lago y echa a volar majestuosa convirtiéndose en un repentino símbolo. Uno de esos animales llamativos que <strong>Raymond Carver</strong> utilizó más de una vez para crear un anticlímax. Aunque Herrin es mucho más cauteloso. En sus relatos todo está integrado. Lo más extraordinario es que persista una tormenta o que las esquirlas de un cadáver se hayan resistido a transformarse en cenizas y pasen a convertirse en inquietantes <em>souvenirs</em>.</p><p>Como defendía Hemingway al proponer su teoría, el autor sabe muy bien cuál es el asunto que se cuece. Pero los personajes no. Y sin embargo intuyen que en su pasado, mezcladas en un paisaje concreto, flotan todavía las claves de lo que ahora son. E indagan, removiendo esos recuerdos. Los reconstruyen para analizarlos y no importa que la memoria los desfigure o los transforme si a cambio aclaran. Pero no hablan solos, necesitan un interlocutor que casi siempre es su cónyuge. De hecho, algunas veces, como en <em>Homenaje póstumo</em>, el protagonista siente tanto dolor que continuamente intenta renunciar a la pesquisa y es su propia mujer, intrigada, la que le ayuda y le guía en la investigación.</p><p>Porque hay algo de novela policiaca en cada uno de estos cuentos largos. Muy sutil. También con muerte, casi siempre, aunque la muerte no es lo principal. Lo que importa de aquellos hechos que ocurrieron, durante la infancia de uno de los cónyuges o en una juventud muy remota, es que siguen teniendo la fuerza suficiente como para hacer a sus protagonistas llorar o estremecer sin que sepan por qué o sin que quieran compartirlo. Pero nosotros, los lectores, asumimos que estamos acariciando el misterio gracias a la sabia manera con que Herrin estructura sus relatos, de tal manera que salva para nosotros, intacta, la atmósfera de lo que sienten los personajes y el vínculo con el lugar donde lo sienten: el cementerio de un pequeño pueblo de Oklahoma, una casa en Alabama, una interminable tormenta de nieve en Texas.</p><p>Al fin y al cabo, Lamar Herrin ha enseñado durante muchos años escritura creativa y literatura norteamericana contemporánea en la Universidad de Cornell, de la que ahora es profesor emérito. Ha desentrañado a los mejores. Nacido en Atlanta en 1940, este georgiano es autor de ocho novelas. <strong>Kirk Douglas</strong> protagonizó la versión televisiva de una de ellas, <em>The lies boy tell</em>, que más tarde fue traducida al español como <em>Las mentiras que cuentan los niños</em>. También se publicó en nuestro país en 2017 <em>La casa de los sordos</em>, en la misma editorial, Chamán, donde ahora aparecen estos relatos.</p><p>El escritor Eloy M. Cebrián ha cuidado la edición, en la que colaboran otros cuatro traductores, aparte de él mismo. Lo mejor que se puede decir es que la voz del narrador no sufre alteraciones significativas cuando cambia la mano que lo vierte a nuestro idioma. En cuanto a la manera en que contactaron y se conocieron Herrin y Cebrián, podría considerarse el séptimo relato del libro, tal y como lo describe el propio autor en el prólogo. La combinación entre el azar y las redes sociales es capaz de mover los destinos de las personas hasta el punto de crear una profunda amistad donde nadie lo hubiera creído posible. _________</p><p><strong>Arturo Tendero</strong> es periodista y poeta. Su último libro es <a href="https://laisladesiltola.es/catalogo/siltola-poesia/el-otro-ser/" target="_blank">El otro ser</a> <em> (Isla de Siltolá, 2018). Reseña cada semana un poemario en su blog </em></p><p><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido.</em></a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Jun 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[No sé si pasó así, pero lo cuento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 148]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién te crees que eres?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/crees_1_1172080.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b5c8fa4e-4f87-4f5e-8fd9-ea7a1dfd5904_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién te crees que eres?"></p><p><strong>¿Quién te crees que eres?Alice MunroTraducción de Eugenia Vázquez NacarinoLumenBarcelona2019</strong><em>¿Quién te crees que eres?</em></p><p>  </p><p>Ni más ni menos que <strong>Alice Munro</strong>, premio Nobel de Literatura. Su último libro publicado en la editorial Lumen lleva ese título. Una frase que hemos oído miles de veces a lo largo de nuestra vida, frase contundente donde las haya con las que han intentado cortarnos alas: ¿qué pretendes?, ¿qué te has creído? Con todas ellas casi siempre han censurado e intentado encarrilar nuestras aspiraciones: no, eso no lo puedes hacer tú, ¿quién te crees que eres? Cuando eres mayor ya no la oyes tanto, pero adivinas en las miradas de mucha gente que lo están pensando cuando creen (los demás) que estás sacando los pies del tiesto, que tú, precisamente tú, no deberías hacer esto o lo otro, que deberías dejárselo a alguien mejor. Es el título del último cuento que cierra el libro, aunque aún no defino si es un libro de cuentos o una novela desestructurada, fragmentada, porque son los mismos personajes los que lo recorren en diferentes momentos, con diferentes historias. Hablemos del libro. Es eso, un libro tan bueno como todos los de Alice Munro.</p><p>Traducido del inglés por <strong>Eugenia Vázquez Nacarino</strong>, son relatos de 1977 y 1978, pero ven ahora la luz por primera vez en castellano. ¿Relatos? Sí, pueden serlo, porque cada uno de ellos funciona autónomamente, se puede leer fuera del contexto de los demás y tiene pleno sentido. Cada uno abre un episodio de vida y lo cierra, pero son los mismos personajes los que lo recorren de principio a fin. Podría ser un relato muy largo, de más de 300 páginas. O leerse como una novela, con distintos momentos en la vida de estos personajes. Yo me inclino más por varios relatos o cuentos interrelacionados, un libro <em>de </em>cuentos, no <em>con </em>cuentos, más que nada porque ella, la autora, Alice Munro, se considera sobre todo cuentista y dice tener sólo una novela. Este libro está en la línea de otro anterior, <a href="https://www.megustaleer.com/libros/la-vida-de-las-mujeres/MES-025108" target="_blank"><em>La vida de las mujeres</em></a><em>,</em> y guarda cierto paralelismo con él, de una lectura adictiva, pasada ya la primera etapa de cuentos en los que el tiempo de narración y el de ficción a veces te podía marear, o cuentos mucho más crípticos que estos, que son de una claridad meridiana. Bueno, es mi opinión.</p><p>En todo caso, es de una agudeza impresionante al analizar la naturaleza humana, al evitar el maniqueísmo, al no realizar juicios morales, al plasmarnos la vida con su crudeza, su alegría, sus momentos buenos y malos. Un universo encerrado en unas pocas páginas. Cada vez. Para empezar, y para situarnos a los personajes, inicia el libro con un cuento (o capítulo del libro, como prefieran ustedes), titulado "Palizas soberanas"<em>. </em>Y en este caso va de eso, de una paliza soberana que recibe la protagonista del libro, Rose, en su infancia. Y allí está Flo, la madrastra, Brian, su hermanastro, y su padre, el que da la soberana paliza. El universo familiar. Y alrededor de él, los personajes del pueblo, los que pasan por la tienda, las cafeterías y, como telón de fondo, por supuesto, su país y la dureza de un clima y una época.  Después viene "Privilegio",<em> </em>Rose en la escuela, el maltrato de compañeras de clase y una frase descomunal, sello de la casa Munro:</p><p>  </p><p><em> </em></p><p>Nada de victimismo. Muy en la línea, de ese refrán nuestro: Lo que no mata te hace más fuerte.</p><p>En "Medio pomelo"<em>, </em>Rose va al instituto a estudiar bachillerato. Viene la juventud. Mayor autonomía, el cambio de la gente, ampliar el círculo de amigos, relegar el familiar. Y también algo muy típico de esa edad:</p><p>  </p><p>Y viene el descubrimiento de la lectura, de los chicos, de los primeros enamoramientos.</p><p>En "La mendiga", Rose ya está en la universidad y Patrick se enamora de ella, un chico rico enamorado de una estudiante pobre, becaria. Su vida va evolucionando, podemos ver a Rose (o cualquier otro nombre, incluso cercano), pasando por las vicisitudes: la separación, el divorcio, asumir su propia vida y trabajar, renunciar a la hija y recuperarla, visitar a Flo en la residencia…</p><p>En este libro no hay que parar de leer, como en otros libros de cuentos, de uno a otro. Hay tal continuidad que es como un universo novelístico en el que entras y te dejas llevar. Unos me han gustado más que otros, como siempre, y si tuviera que destacar algunos, escogería el primero, "Palizas soberanas", que ya he mencionado, y sobre todo "Cisnes silvestres"<em>, </em>un cuento (o episodio en la vida de Rose) sobre una iniciación sexual, un abuso o, como decíamos antes, alguien que te mete mano en el tren, esa sensación de irrealidad, primero de será o no será cierto lo que me está sucediendo, para después cerciorar, sentir rechazo y no decir nada, dejar hacer, pasividad y algo más, como ella misma describe:</p><p>  </p><p>Y ahí estaba la protagonista: Rose procuró contener la respiración. No se lo podía creer. Víctima y cómplice, sintiendo cómo la mano había subido por su pierna hasta… No les voy a contar más para que corran ustedes a leer el resto. Merece la pena. Alice Munro siempre merece la pena. _________</p><p><strong>Carmen Peire </strong>es escritora. Su último libro es <a href="http://www.menoscuarto.es/libro/cuestion-de-tiempo/" target="_blank">Cuestión de tiempo</a><em> (Menoscuarto, 2017).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Jun 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién te crees que eres?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 148]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Vidas trans']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vidas-trans_1_1172075.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/211ca23c-17dd-48a0-9386-6872b60c8169_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="'Vidas trans'"></p><p><a href="https://antipersona.org/2019/06/21/vidas-trans/https://antipersona.org/2019/06/21/vidas-trans/" target="_blank">Vidas trans</a>, recién editado por el sello <strong>Antipersona</strong>, se inicia con un recuerdo del 28 de junio de 1969, en el bar <em>Stonewall Inn</em> del Greenwich Village, la revuelta que prendió la mecha de la lucha LGTBI, la noche que hoy recuerdan las marchas del Orgullo en todo el mundo. Las autoras y autores de este libro colectivo, <strong>Alana Portero, Arnau Macías, Darío Gael Blanco, Cassandra Vera</strong> y <strong>Atenea Bioque</strong>, se presentan así como descendientes de <strong>Marsha P. Johnson</strong> y <strong>Sylvia Rivera</strong>, mujeres trans que estaban aquella noche en el Stonewall, y fundadoras por tanto del movimiento.</p><p>En los cinco capítulos que conforman el libro, parten de su experiencia personal, de su estudio y de su formación para contar la experiencia de las personas trans en ámbitos como el del trabajo (Portero), el sistema educativo (Macías), las redes y los medios (Vera), la familia y la pareja (Blanco) y el sistema médico (Bioque). infoLibre publica un fragmento del ensayo de<strong> Alana Portero</strong>, en el que la escritora denuncia la discriminación laboral que sufren las trabajadoras y trabajadores trans.</p><p>____</p><p>(...)</p><p><strong>Los datos</strong></p><p>En España, entre el 80 y el 85% de las personas trans están desempleadas. De ese porcentaje la mayoría femenina es abrumadora. Este dato no está relacionado con la formación o la cualificación: es sistémico y se da en todas las áreas y sectores excepto en el de la prostitución, único espacio en el que la realidad trans convive en igualdad de condiciones con el resto del gremio, para bien y para mal.</p><p>No tenemos derecho ni a la vergüenza de la brecha salarial.</p><p>  </p><p>No existen protocolos asentados que favorezcan la inclusión de personas trans en el mundo laboral más allá de gestos vacíos y campañas de concienciación que nadie recuerda. No existe una cobertura sindical adecuada y específica a los problemas con los que las personas trans nos encontramos en el mundo laboral, una realidad muy diferente a la de otras trabajadoras.</p><p>El 44% de los españoles cree que ser trans es un obstáculo para encontrar trabajo, diez puntos más que la media europea. Una narrativa que se retroalimenta y que solo puede detenerse desde la intervención directa. Suele ocurrir que la posibilidad de contratación siempre está sujeta a una larguísima explicación de cuestiones relativas al género, la expresión del mismo y una serie de preguntas que van más allá de lo razonable en un proceso de selección. Si a las mujeres cis les preguntan sobre sus intenciones maternales, algo de todo punto abominable, a nosotras suelen preguntarnos sin reparo sobre nuestro historial quirúrgico, intenciones al respecto y otras lindezas fisiológicas. La desinformación sobre la realidad trans se traduce en otredad, la otredad en objetificación y la objetificación en deshumanización.</p><p>La pobreza inherente a la condición trans es uno de los factores que determina que la esperanza de vida de las mujeres trans en España sea de cincuenta años, casi treinta menos que la media entre hombres y mujeres cis.</p><p>La desatención institucional de los y las menores trans en la etapa escolar favorece el abandono temprano de los estudios y la posibilidad de obtener una cualificación mínima.</p><p>La extrapolación de estos pocos datos a la realidad trans racializada es directamente inasumible para una conciencia que se tenga por justa. Un <em>apartheid</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>en toda regla.</p><p>Los resultados</p><p>La combinación de los datos expuestos desemboca en la formación de perfiles muy poco aptos para la inclusión en el mundo laboral. El pánico al rechazo, tan extendido, también es un factor de inacción. La primera traba que nos encontramos deviene de toda nuestra experiencia previa desde la infancia, marcada por la violencia, la burla, el desdén, la indiferencia o una armarización táctica que nos otorga ciertos privilegios durante un tiempo a costa de perder la salud mental para siempre.</p><p>La experiencia trans todavía está dominada por el miedo, por la poca adaptación a un mundo que nos es hostil y por tanto crea respuestas hostiles cuando fricciona con nuestras vidas. Gestos tan sencillos como adecuación de uniformes, vestuarios y baños, la normalidad burocrática sin reacciones desmedidas cuando el nombre oficial de una trabajadora no corresponde con lo que se espera y la superación de la barrera cultural que supone una apariencia no estrictamente normativa suponen un alivio inmediato para trabajadoras y empleadores que no cuesta nada y que, si no salva vidas, como mínimo las mejora sustancialmente.</p><p>(...)</p><p>Más allá de exponer datos y experiencias, exigir atención institucional urgente y una legislación útil para solucionar una injusticia palmaria como esta desatención, solo queda apelar a los empleadores con firmeza: contratad a personas trans, dejad los melindres propios de colonos temerosos y comportaos acorde a los derechos humanos.</p><p>Las personas trans padecemos la dejadez del sistema desde la sanidad, pasando por lo laboral y llegando hasta lo legal. Nuestras demandas, lejos de ser ese catálogo de fantasías y sentires que un sistema entero ha hecho creer al mundo, son puramente materiales. Nuestro reclamo como sujetos políticos que quieren sumar pasa por el pan, el techo y el trabajo, así de sencillo. Nos sentimos detrito porque somos tratadas como tal, porque cada vez que una de nosotras encuentra un trabajo lo celebramos como la llegada de un cometa.</p><p>La tarea de lucha que tenemos por delante es enorme, la responsabilidad del Estado va acumulándose de forma dramática y además de justicia va a ser necesaria mucha reparación, algo que no podemos olvidar ni dejar de exigir. Mientras damos la batalla os animo a salir a la calle e intentarlo. Acudir a entrevistas de trabajo. Enviar currículos. Conquistar la normalidad a fuerza de insistencia. Dejarnos ver por las que no pueden y ofrecerles nuestra mano. En definitiva, seguir tejiendo nuestra red de apoyo, ayuda y sororidad. Juntas va a ser difícil que nos sigan ignorando. Nos vemos ahí fuera, valientes.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Jun 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alana Portero]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Vidas trans']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Activismo LGTBI,Ensayo,Libros,Los diablos azules número 148]]></media:keywords>
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