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    <title><![CDATA[infoLibre - Vacaciones eternas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/vacaciones-eternas/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Vacaciones eternas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El templo del fondo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/templo-fondo_1_1173396.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ee452db0-fbde-4850-9c2e-53571f90ff6a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El templo del fondo"></p><p>En <strong>Okunoin</strong>, nos dijeron, no hay muertos, solo espíritus a la espera... El principal de todos, el del <strong>monje poeta Kukai</strong> (774-835), institutor de la comunidad religiosa del Monte Koya, que permanece en estado de meditación aguardando a Miroku, el Buda del futuro, que salvará a todos aquellos que reposan en las tumbas o cuyos cabellos o cenizas hayan sido colocados por seres queridos frente al Mausoleo consagrado al fundador.</p><p>De momento, acechan ese momento <strong>más de 200.000</strong>, que ese es el número de sepulturas que hay en este cementerio, el más grande del archipiélago japonés, uno de los lugares sagrados más venerados de las islas y un lugar habitual de peregrinaje para creyentes budistas shingon en particular (sobre todo, el día del Obon, cuando celebran el <strong>Rosoku Matsuri </strong>y los monjes encienden miles de velas a lo largo de los caminos), y para turistas en general.</p><p><strong>Budas con baberos</strong></p><p>La semana pasada estuvimos en el cementerio más pequeño y modesto de esta serie, el de Niembro, una península en la ría, a donde llegamos tras visitar uno monumental, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2019/08/04/dalla_que_estas_los_cielos_97247_1621.html" target="_blank">el de La Certosa de Bolonia</a>, en Italia; uno alegre, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2019/08/11/y_los_muertos_aqui_pasamos_muy_bien_97649_1621.html" target="_blank">el de Sapanta en Rumanía</a>; y uno cargado de historia, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2019/08/18/salvad_memoria_los_soldados_97650_1621.html" target="_blank">el estadounidense de Normandía</a>. Todos ellos, cementerios europeos. El último, sin embargo, está bien lejos, <strong>en Japón</strong>. Es monumental, tiene rincones alegres, está cargado de historia y se sitúa en un enclave magnífico. Los compendia a todos, y no se parece a ninguno.</p><p>  </p><p> Turista en el cementerio de Okunion. | INGENIO DE CONTENIDOS</p><p><strong>Monte Koya</strong>, al sur de Osaka. Kukai se estableció allí el año 819, eligió el lugar porque es una gran meseta situada a unos 800 metros sobre el nivel del mar y rodeada por ocho picos: su semejanza con una flor de loto debió resultarle irresistible, y a buen seguro pensó que los muchos árboles y la espesa niebla serían guardianes inmejorables de los misterios de la secta budista koyasan shingon, un linaje tántrico conocido por su <em>mikkyo</em>: las enseñanzas secretas monásticas son transmitidas oralmente respetando una cadena de conocimiento.</p><p>El primitivo monasterio ha crecido hasta convertirse en la ciudad de Koya, que no obstante su desarrollo conserva las esencias gracias a una universidad dedicada a los estudios religiosos, a un centenar largo de templos y a sus lugares sagrados: Kongobu-ji, Danjogaran, Konpon Daito, Sanno-do, Koyasan choishi-michi, Daimon, el mausoleo de la familia Tokugawa… y el cementerio que nos ocupa que, junto con otros destinos cercanos de peregrinaje sitos en la cordillera Kii, está <strong>amparado por la UNESCO</strong>.</p><p>Okunoin significa el templo en el o hacia el fondo. Es enorme, sus centenares de miles de tumbas se distribuyen a lo largo de los <strong>dos kilómetros</strong> que nos llevan desde la entrada principal (que no única) del camposanto hasta el mausoleo de Kukai, más conocido en Japón como Kobo Daishi. Comprando su parcela de enterramiento en ese lugar, monjes prominentes y señores feudales adquirieron billete para la salvación que supone estar en ese sitio, y pasados los años sigue habiendo personas y familias dispuestas a hacerlo.</p><p>Como todo en ese país, y a pesar del relajamiento de costumbres impuesto por los occidentales que se acercan atraídos por solemnidades y arcanos, la visita a Okunoin tiene sus ritos. Cuando cruzan el puente Ichi no Hashi, plenamente conscientes de que atraviesan la frontera que separa dos mundos, los fieles juntan las manos y bajan la cabeza en señal de respeto. La pleitesía se repetirá más adelante, no faltan puentes que simbolizan ese tránsito a lo más sagrado: el de <strong>Naka no Hashi </strong>o el<strong> Gobyo no Hashi</strong>, cuya pasarela de 36 tablas está grabada con las imágenes de dioses budistas.</p><p>El recorrido establecido presenta, no obstante, puntos de fuga propiciados por los gigantescos cedros que el visitante ajeno a los rituales explora con fruición. Y que le deparan momentos de sorpresa y confusión, como cuando se topa con estatuillas de budas sonrientes que parecen prepararse para un festín y se cubren con baberos rojos...</p><p>  </p><p> Personajes del cementerio de Okunion. | INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Una extrañeza que tiene su explicación: los pecheros son ofrendas que las madres hacen a los dioses buscando <strong>protección para sus hijos</strong> en el más acá, o suerte para ellos en el más allá.</p><p>El espacio más sagrado</p><p>Hemos mencionado antes el Gobyo no Hashi, puente de paso a la esfera más sagrada del cementerio. Un territorio en el que las actividades están muy restringidas: no se puede comer, es mejor no hacer fotografías. Cerca, vislumbramos la chozuela de madera que contiene la piedra Miroku, que pesa tanto como los pecados de quien la levanta. Y un poco más allá asoma el Torodo, un pabellón festoneado de miles de linternas luminosas donadas por los creyentes, algunas de las cuales, o eso se afirma, llevan encendidas <strong>más de novecientos años</strong>.</p><p>  </p><p> Linternas en el cementerio de Okunion. | INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>En el mismo templete hay también miles de estatuillas igualmente donadas, éstas en 1984 con motivo del 1.150 aniversario del momento en el que Kukai accedió al estado de meditación en el que aún sigue… De hecho, ya pisamos el umbral del espacio donde descansa y espera.</p><p>  </p><p> Cenotafios en el cementerio de Okunion. | INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Pero no todo en este lugar sagrado es tan elevado. Mencionamos antes a los monjes y aristócratas que quisieron descansar aquí, y que aquí siguen haciendo tiempo hasta el advenimiento del Buda del futuro. Pero esta tierra sagrada no acoge sólo a religiosos y señores, en ella aguardan gentes de toda condición y dedicación, como se comprueba con un simple paseo entre los monumentos funerarios más recientes, algunos de ellos pagados (casi apetece escribir “patrocinados”) <strong>por las compañías</strong> (Nissan, por ejemplo) a las que los fallecidos consagraron sus desvelos, y que no lo dudaron cuando se trató de dejar constancia de esa relación laboral en los cenotafios.</p><p>Nos tenemos que ir. Dicen que, si de día impresiona, de noche conmueve y sobresalta; pero renunciamos a hacer la prueba, la visita diurna nos ha impactado lo suficiente. Sobre todo, esas infinitas representaciones del <a href="https://japonismo.com/blog/las-estatuas-jizo" target="_blank">Jizo Bosatsu</a>, guardián de los viajeros, de los niños y de la maternidad, siempre sonriente, a veces con las mejillas encendidas, como cuando los personajes de anime se sonrojan. Abandonamos la zona como si hubiéramos compartido una revelación esencial con Heidi.</p><p>  </p><p> Abuelo y nieto en el cementerio de Okunion. | INGENIO DE CONTENIDOS</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Orúe | Sara Gutiérrez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El templo del fondo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Turismo,Viajes,Vacaciones eternas]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El cementerio marino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/cementerio-marino_1_1173382.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/74949906-9b60-4653-a157-765ebcb9a36f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cementerio marino"></p><p>Hay al menos <strong>dos cementerios de Niembro</strong>: el que se alza sobre las aguas en marea alta y el más despejado de las mareas bajas.</p><p>Situado en la parte posterior de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, entre el pueblo que le da nombre y el de Barro (pertenecientes al <strong>concejo de Llanes</strong>), el camposanto se adentra en la ría que separa ambas localidades, <strong>la ensenada del Vau</strong>. Próxima a Cabu Prietu, la ensenada tiene algo más de 40 metros de anchura en la boca y se adentra unos 120 en el interior. Allí, junto a la iglesia, atracaban antaño barcos de vela en los que los campesinos mandaban nueces, limones o tocino hacia varios puertos franceses.</p><p>  </p><p> El cementerio de Niembro con marea alta. | INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>De esa actividad nada puede sospecharse si uno llega al lugar en plena bajamar: la estampa que luce cuando las aguas que le sirven de espejo tiene poco que ver con la que ofrece cuando surge de la tierra húmeda en la que, como iglesia y cementerio, han quedado varadas tantas barcas.</p><p>  </p><p> El cementerio de Niembro desde la ría. | INGENIO DE CONTENIDOS</p><p><strong>La historia de una emancipación</strong></p><p>De camino al cementerio, paramos en el <a href="https://www.laplayahostal.com" target="_blank">Hostal La Playa</a>. Lolina Sampedro Marcos, su dueña, nos habló del camposanto en el que están enterrados sus abuelos, sus padres y otros familiares. Y nos dio un libro, editado con motivo del 200 aniversario de la iglesia y firmado por quien en 1994 era su párroco, don José Antonio San Emeterio Escobedo. Ahí aprendimos que Nuestra Señora de los Dolores de Barro, Niembro y Balmori fue <strong>fruto de la voluntad de los vecinos</strong>, deseosos de independizarse de la parroquia de Celorio a la que hasta entonces pertenecían. Tras una ardua batalla, colocaron la primera piedra el 3 de junio de 1794.</p><p>Sin embargo, las estrecheces económicas de los feligreses que subvencionaban el proyecto retrasaron su puesta en marcha definitiva…</p><p>San Emeterio reproduce documentos originales en los que aprendemos que los impulsores del proyecto decidieron que el <strong>escaso terreno de la parte posterior</strong>, el que limita con la ría, acogiera un cementerio. Las actas indican que en “mil ochocientos y cuatro” se hizo el señalamiento de tramos de sepulturas: el “primero tramo” quedó reservado para eclesiásticos, “sin que se pueda enterrar ningún seglar”; el segundo tramo lo integraban 19 sepulturas por cada una de las cuales “se deben pagar a la fábrica 12 reales”; había un tercer tramo de pago, pero más económico; y luego uno para los pobres y un quinto “para los parbulos” que, como el cuarto, “tampoco debe pagar cosa alguna”.</p><p>El resultado es un cementerio de planta cuadrada, con pasillos de paso y un lateral hecho de panteones, que tan recientemente como en 1988 acogió una nueva sepultura, la del <a href="https://coperibadesella.com/15/02/2018/el-cementerio-de-niembro-acoge-el-primero-de-los-actos-de-homenaje-a-celso-amieva/" target="_blank">poeta Celso Amieva</a>, fallecido ese año en Moscú y que sigue siendo, Lolina lo confirma, <strong>el cementerio del pueblo</strong>, ajeno a modas y recomendaciones turísticas.</p><p>  </p><p> Panteones en el cementerio de Niembro. | INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Pero el proyecto no contaba con que la política y la historia tienen su propia agenda. La invasión napoleónica y los saqueos a los que la población local fue sometida empobrecieron la zona e indujeron las primeras emigraciones de una tierra siempre dispuesta a dejar partir a los suyos; años más tarde, la Guerra Civil produjo<strong> el incendio y casi destrucción del templo</strong>.</p><p>Y entonces los emigrantes, los expulsados, acudieron al rescate. Asturias está modelada por la aportación, en la distancia o en el regreso, de esos trasterrados que al volver construyeron casas que aun hoy se pueden identificar gracias a las palmeras que en sus fincas plantaron; y las fiestas de los pueblos siempre han mejorado cuando <strong>“los indianos”</strong> ponían de su peculio para pagar una orquesta o mejorar el programa de actos, buena prueba de ello es la celebración en Oviedo, el 19 de septiembre, del <a href="https://www.turismoasturias.es/descubre/fiestas-de-interes-turistico/dia-de-america-en-asturias" target="_blank">Día de América en Asturias</a>, que se celebró por vez primera en 1950, “donde tienen protagonismo tanto la cultura asturiana como la de aquellos países de América Latina a los que tradicionalmente han emigrado los asturianos”.</p><p>El caso es que, acabado el conflicto fratricida, en 1942, una comisión de <strong>residentes en México</strong>, hijos de los tres pueblos integrantes de la parroquia, fueron requeridos para costear la restauración y “respondieron entusiásticamente al llamado”.</p><p>Otro tipo de llamada</p><p>Desde entonces, “el llamado” atrae a curiosos y turistas, interesados menos por la historia del lugar que por su estampa: este barco quieto bien merece una visita, hacer un alto en un camino que cada año hollan miles de viajeros.</p><p>  </p><p> Fotograma de la serie<em> La Señora</em>.</p><p>Y también enamora a las gentes de la televisión y el cine, siempre en busca de lo que los amantes de los tópicos definen como “un marco incomparable”: toda esta costa lo es, un escenario sin parangón, y se puede descubrir siguiendo el itinerario cultural <a href="https://www.llanesdecine.com" target="_blank">Llanes de cine</a>, elaborado por el ayuntamiento de esa localidad para poner en valor los muchos escenarios naturales del concejo que han servido de plató para <strong>largometrajes, cortos</strong> y anuncios televisivos; también, leemos en su web, para mostrar gratitud a directores y productores “que eligieron los paisajes llaniscos para hacer realidad sus sueños cinematográficos”.</p><p>Pues bien, este cementerio aparece en la serie televisiva <a href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-senora/senora-capitulo-1/1583859/" target="_blank">La Señora</a> y en películas como <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film231690.html" target="_blank">El abuelo</a>, de José Luis Garci, y <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film566071.html" target="_blank">Epílogo</a><em>, </em>de Gonzalo Suárez; no lejos, están los escenarios de <em>El orfanato, El detective y la muerte</em> o <em>El portero.</em></p><p>Anotemos, aunque sea a título de anécdota, que esta fama no siempre trae consecuencias fáciles de aceptar. Hace unos meses, <a href="https://www.elfunerariodigital.com/2018/12/22/los-vecinos-de-barro-quieren-eliminar-de-un-videoclip-promocional-lo-grabado-en-el-cementerio/amp/" target="_blank">los vecinos de Barro pidieron que se eliminaran unas imágenes grabadas en el cementerio por el cantante Rodrigo Cuevas</a> destinadas al proyecto “Asturias sonora”, una promoción turística pensada para la feria de turismo Fitur. El videoclip en cuestión, el que soliviantó a los paisanos, era una versión de un tema de Tino Casal, <em>Pánico en el Edén</em> y ría, en el que iglesia y cementerio lucen espléndidos.</p><p>También es cierto que la de cómicos y músicos no es la única intromisión: cuando el agua lo permite, el contorno del cementerio es surcado en <strong>embarcaciones diversas </strong>por deportistas y excursionistas.</p><p>  </p><p> Dos tablas navegan junto al cementerio de Niembro. | INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Más que un alto en el camino</p><p>El conjunto del que aquí nos ocupamos es pequeño, modesto, muy diferente de los otros cementerios visitados <a href="https://www.infolibre.es/tags/secciones/vacaciones_eternas.html" target="_blank">en esta serie</a>.</p><p>  </p><p> Un coche se dirige al cementerio de Niembro. | INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Muchos de quienes se acercan a contemplarlo lo hacen de camino hacia <strong>playas como la de la Ballota, o la Gulpiyuri</strong>: porque saben de su existencia o porque descubren el conjunto desde la carretera, detienen el coche y hacen un alto en esta “hermosa iglesia cristiana, sobre el cementerio marino”, por utilizar <a href="http://www.llanes.as/cla/hem/bu01.htm" target="_blank">palabras de Gustavo Bueno</a>, que tenía casa en Niembro, donde falleció dos días después de que muriera su esposa.</p><p>Bueno sospechaba que allí donde ahora se alzan iglesia y cementerio se habría erigido “<strong>un templo a Diana</strong>, por mínimo que fuese, un templo próximo al lago. ¿No es necesario sospechar que acaso sus cimientos yacen debajo de lo que hoy llamamos ‘capilla de las ánimas’? ¿No descansan enterrados, desde milenios, exvotos de gentes antepasadas que acudían agradecidos al santuario? Porque Diana Nemorensis —la Diana de Niembro— protegía a los animales de la montaña, para luego cazarlos, pero también concedía fruto a las mujeres estériles y las ayudaba en el parto”.</p><p>Desde la península del cementerio, Diana y quienes la siguieron no solo se dejan ver: también nos observan.</p><p>  </p><p> Vista del cementerio de Niembro. | INGENIO DE CONTENIDOS</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Aug 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Orúe]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Turismo,Viajes,Patrimonio histórico,Vacaciones eternas]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Salvad la memoria de los soldados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/salvad-memoria-soldados_1_1173370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/716e4372-c65f-45cb-9610-b492802b32f2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Salvad la memoria de los soldados"></p><p>Es una de las escenas de apertura más famosas de la historia del cine…</p><p>En la película de Steven Spielberg, James Francis Ryan, veterano de la Segunda Guerra Mundial, visita el <strong>Cementerio Estadounidense de Normandía</strong> en <strong>Colleville-sur-Mer</strong>. Ryan, acompañado por su familia, se acerca a la tumba de John H. Miller, el hombre que encabezó la misión lanzada para buscarlo… El presidente de Estados Unidos había decidido que tres hermanos muertos en combate durante la Segunda Guerra Mundial eran suficientes y quería salvar al cuarto.</p><p>Este camposanto se sitúa en una depresión que mira hacia la <strong>Playa de Omaha</strong>, uno de los escenarios (<a href="http://es.normandie-tourisme.fr/que-quieres-hacer/visitas/el-desembarco-y-la-batalla-de-normandia/playas-del-desembarco-5-5.html" target="_blank">los otros fueron, por sus nombres en clave, Sword Beach, Juno Beach, Gold Beach y Utah Beach</a>) del Desembarco de Normandía, cuyo 75 aniversario acabamos de conmemorar. No fue la primera opción, antes hubo un cementerio temporal (Saint Mère Eglise) que se habilitó en plena contienda, y hubo que esperar al término del conflicto para construir el que ahora visitamos. A este segundo emplazamiento llegaron los restos de la mitad de los aproximadamente <strong>20.000 soldados estadounidenses </strong>enterrados en el original; el resto, fueron repatriados para recibir sepultura en su tierra natal.</p><p>  </p><p> Cementerio de Colleville-Sur-Mer, en la Normandía francesa. | Courtesy of ABMC</p><p>La página <a href="https://www.cheminsdememoire.gouv.fr/fr/le-cimetiere-americain-de-normandie" target="_blank">Chemins de memoire</a> (Caminos de memoria), del Ministerio de Defensa francés, da los detalles: como otros <a href="https://abmc.gov/cemeteries-memorials" target="_blank">cementerios estadounidenses en países extranjeros</a> este, que acoge a caídos en la Segunda Guerra Mundial, está gestionado por la <strong>Comisión Americana de Monumentos de Guerra</strong> (<a href="https://abmc.gov" target="_blank">ABMC, American Battle Monuments Commission</a>). Francia cedió a Estados Unidos la <strong>concesión a perpetuidad</strong> de territorio, libre de tasas e impuestos.</p><p>Es un espacio hermoso, tiene la playa a un paso. Cuando llegas a él, por un instante, te puedes abstraer del hecho de que lo que significa, de lo que es. Por un instante…</p><p>Pero casi de inmediato, las estelas de mármol blanco de Italia en forma de cruz latina o de estrella de David, que miran hacia América te devuelven a la realidad del lugar: en esas 70 hectáreas se alinean <strong>9.386 tumbas</strong>, entre ellas las de cuatro mujeres (tres afroamericanas pertenecientes a un <strong>batallón postal </strong>integrado en su totalidad por negras, y una cuarta, blanca, voluntaria de la Cruz Roja) y <strong>dos hijos del presidente Theodore Roosevelt</strong> (Quentin, piloto, fue derribado en julio de 1918; Theodore Jr. Murió de un ataque al corazón un mes después de llegar a Normandía el Día D).</p><p>  </p><p> Cementerio de Colleville-sur-Mer, Francia. | Moira Dillon (Unsplash)</p><p>El memorial del cementerio es una columnata en cuyo centro se eleva una estatua de bronce que simboliza a la juventud estadounidense. "<em>Mine eyes have seen the glory of the coming of the </em><em>Lord</em>", "Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor", leemos en el pedestal. Cerca, al este de la arcada, en el <strong>jardín de los desaparecidos</strong>, se homenajea a 1.557 soldados que murieron ahogados o no pudieron ser identificados.</p><p>  </p><p> Jardín de los desaparecidos en el cementerio de Colleville-sur-Mer, Francia. | Courtesy of ABMC</p><p>La visita a los cementerios militares estadounidenses genera una extraña sensación. Evocar los acontecimientos que propiciaron su aparición es inevitable, como lo es pensar en el miedo y el valor de los que allí yacen. A quienes esto escriben lo que más les impresiona es esa <strong>uniformidad de aires marciales</strong>, apenas rota por flores y visitas, un ejército blanco que se alza desde el sueño y evoca la disciplina de los batallones.</p><p>El tratamiento que debían recibir los restos de los caídos en combate, sobre todo cuando la muerte se producía en suelo extranjero, ha sido siempre un quebradero de cabeza. ¿<strong>Cómo honrar su memoria</strong>? Tras la Primera Guerra Mundial el debate se encendió sobre todo en Gran Bretaña y en Estados Unidos, donde se acusó a las autoridades de no tratar a los soldados con la dignidad y el respeto que su sacrificio (forzoso, hay que añadir) merecía.</p><p>En EEUU la polémica se quiso zanjar con la creación, en 1923, de la ABMC que inauguró siete cementerios en Francia y Bélgica, uno por cada área donde el ejército estadounidense había actuado. Sus responsables optaron por organizar los enterramientos <strong>sin distinción de rango, raza o credo</strong>, y se propusieron, además, evitar que los familiares de los fallecidos levantaran monumentos particulares o pusieran signos específicos, leyendas personalizadas, que establecieran diferencias entre los caídos en un mismo combate. Una decisión que no a todos satisface, algunos consideran que deshumaniza a los muertos, que quedan así relegados a la condición de carne de cañón casi anónima, productos de guerra salidos directamente de la línea de montaje.</p><p>  </p><p> Cementerio de Colleville-Sur-Mer en la Normandía francesa. | Courtesy of ABMC</p><p>La fórmula elegida, y seguimos hablado de la Primera Guerra Mundial (por lo tanto, de los cementerios de <a href="https://abmc.gov/cemeteries-memorials/europe/meuse-argonne-american-cemetery" target="_blank">Meuse-Argonne</a>, <a href="https://abmc.gov/cemeteries-memorials/europe/st-mihiel-american-cemetery" target="_blank">St. Mihiel</a> o <a href="https://abmc.gov/cemeteries-memorials/europe/chateau-thierry-monument" target="_blank">Chateau-Thierry</a>), fue erigir un <strong>monumento central</strong>, un espacio donde se recopilaran los nombres de los desaparecidos y una extensión de sepulturas amplia y marcial. Ese modelo, llevado a la práctica por el arquitecto <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Paul_Philippe_Cret" target="_blank">Paul Cret</a>, supuso la creación de un patrón menos monumental que otros posibles, pero cuya austera eficacia sigue emocionando. Hay algo que no se les puede negar: la apertura de estos camposantos propició la visualización de <strong>la magnitud del sacrificio</strong> realizado por hombres que cruzaron el Atlántico para encontrar la muerte.</p><p>  </p><p> Cementerio de Colleville-Sur-Mer. | Courtesy of ABMC</p><p>(Entre paréntesis. Cret murió en 1945, un año después del desembarco de Normandía. Y hay <a href="https://www.nytimes.com/2014/10/21/t-magazine/the-late-great-paul-cret.html" target="_blank">quien asegura </a>que si su trabajo, no solo en los camposantos, no ha merecido un mayor reconocimiento es porque ejerció gran influencia sobre Albert Speer, el arquitecto nazi.)</p><p>Han pasado los años, y el Cementerio de la Playa de Omaha sigue siendo un lugar de memoria muy especial. No es el único de la zona, hay más americanos y los hay también <strong>británicos, incluso alemanes</strong>, pero Colleville-sur-Mer tiene la virtud de condensar la tragedia.</p><p>Hasta allí siguen acercándose llegar familiares de los fallecidos, estudiosos de los episodios bélicos que dieron sangrienta fama a estas tierras, visitantes curiosos o agradecidos. La gratitud es un sentimiento duradero: una asociación francesa, <a href="https://www.lesfleursdelamemoire.com/" target="_blank">Les fleurs de la mémoire</a> (Las flores de la memoria), se ocupa de que, en ausencia de parientes, los soldados no dejen de recibir <strong>ofrendas de reconocimiento</strong>. El 98 % de las tumbas están apadrinadas por hombres y mujeres a los que se pide que por lo menos una vez al mes lleven flores a los caídos, y que las depositen en el suelo, no encima o pegadas a la estela.</p><p>En este 2019 hemos conmemorado, queda escrito, los <a href="http://es.normandie-tourisme.fr/agenda/aniversario-del-desembarco-847-5.html" target="_blank">75 años del Desembarco</a>, ocurrido el 6 de junio de 1944. La próxima gran cita es en 2044, el centenario. En esa fecha aún lejana, a diferencia de lo ocurrido hace algunas semanas, <strong>ningún superviviente podrá dar testimonio</strong> de lo vivido. Pero, será entonces cuando se abra la <strong>cápsula del tiempo</strong> que se conserva a la derecha de la entrada del cementerio, en su interior se guardan artículos de prensa de la época y una carta que Eisenhower dirigió a las generaciones futuras, que serán ya generaciones presentes. La tarea de la memoria es interminable.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Aug 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Orúe | Sara Gutiérrez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Salvad la memoria de los soldados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Turismo,Viajes,Vacaciones eternas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Y los muertos aquí lo pasamos muy bien]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/muertos-pasamos_1_1173365.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/478c69a0-e144-42c9-a512-0ccd1f586e1e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Y los muertos aquí lo pasamos muy bien"></p><p>No podemos afirmar que los enterrados en Sapanta (Rumanía) sean más felices que los que recibieron sepultura en otros lares, pero sí que el cementerio, conocido como <strong>Cimitirul Vesel (Cementerio Alegre)</strong><em>Cimitirul Vesel</em>, es muy juguetón, muy colorido… muy Mecano.</p><p>  </p><p>Y, por todo ello, visitar Sapanta es muy conveniente para este ramillete de <em>necrotextos</em> estivales.</p><p>Cierto, no siempre fue alegre. Hubo un tiempo en el que esta huerta del señor fue, como tantas otras, un espacio <strong>anodino y triste</strong>, erizado de cruces de madera de roble color madera de roble. Hasta que, en 1935, un artista local, de nombre <strong>Stan Ioan Patras</strong>, empezó a experimentar con las lápidas.</p><p>Patras nació en 1908 en una Sapanta que no era rumana, sino austro-húngara. Su leyenda cuenta que empezó a esculpir y a escribir versos a la edad de 14 años. Un chaval con una misión. También, un incomprendido porque en el pueblo, así nos lo dijeron, no todos compartían su entusiasmo. ¿Colores, en una tumba? ¿El dibujo de un muerto en la clase, la tienda, la oficina o el taller <strong>en el que trabajaba en vida</strong>? ¿La viñeta del momento de su fallecimiento, a veces en circunstancias trágicas?</p><p>¿Cómo aceptar que una niña de tres años sea recordada justo cuando el coche que le segó la vida impactó contra su pequeño cuerpo?</p><p>  </p><p>Y esos versos, con faltas y erratas, que glosan la vida del extinto, no siempre con palabras generosas… ¿Por qué habría de admitir la familia de un bebedor que la posteridad lo recuerde una como el borrachín que fue?</p><p>  </p><p>Pero nada ni nadie hizo desistir al animoso Patras quien, haciendo un<strong> uso generoso de los colores</strong> (todo pigmentos naturales: verde vida, amarillo fertilidad, rojo pasión, negro muerte, azul esperanza… azul Sapanta, lo llaman ahora), alterando levemente la forma canónica de las lápidas (las adelgazó), fue iluminando una tras otra las tumbas del cementerio.</p><p>  </p><p> Retratos del Cementerio de Sapanta, Rumanía. | INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Bendita tozudez: el tiempo le dio la razón, las suspicacias iniciales cedieron, <strong>llegaron los encargos</strong>, y las críticas se tornaron definitivamente elogios cuando los vecinos advirtieron que, lejos de horrorizar a las gentes, el camposanto polícromo se convertía en un reclamo turístico. El cementerio daba vida a la localidad.</p><p>Y hay que tener ganas de verlo, porque si bien no está lejos de la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Iglesias_de_madera_de_Maramure%C8%99" target="_blank">ruta de las iglesias de madera de la región de Maramures</a>, exige acercarse hasta casi tocar la frontera de Ucrania, a un lugar en el que lo único visitable es el <em>Cimitirul Vesel</em> y la <strong>casa del artista</strong>, convertida (es de bien nacidos ser agradecidos) en memorial. Dice su publicidad que allí “verás la vida, y la muerte, a través de los ojos de un hombre que esculpía y grababa lápidas coloridas y extrañas para personas que no conocía”: es la apoteosis del “estilo Patras”.</p><p>  </p><p> Turistas en el Cementerio de Sapanta, Rumanía. | INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>El desempeño de este artista ha merecido todo tipo de comentarios y algún análisis, hay quien cree que se enmarca en la <strong>tradición cultural dacia</strong>, que al parecer considera que el momento de la muerte rezuma alegría, en la esperanza de una vida mejor. Tal vez, nosotras no estamos en condiciones de juzgarlo. En cualquier caso, todo el recinto resulta en una exaltación de la simplicidad de la vida rural, del buen hacer de las buenas gentes.</p><p>  </p><p> Iglesia y tumbas del Cementerio de Sapanta, Rumanía. | INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Patras murió en 1977, pero había sembrado una semilla: fue <strong>su discípulo, Pop Domitru,</strong> quien tomó el relevo. En los años transcurridos desde su desaparición, su figura ha crecido en paralelo con la fama de su trabajo. Incluso ha servido de inspiración a otros artistas: sus mordaces epitafios, por ejemplo, inspiraron al compositor irlandés Shaun Davey.</p><p>Como no podía ser de otro modo, el escultor poeta fue enterrado en el cementerio al que dio esplendor. Cuando estaban a punto de cerrar las puertas del cementerio, divertidas y sobrecogidas a partes iguales, leímos (como los anteriores, con la ayuda de un traductor <em>online</em>… sabrán perdonarnos la tosquedad de la traducción) lo que <strong>su lápida se dice</strong>: “Desde que pequeño me llamaron Stan Ioan Patras, escuchadme buena gente, que lo que digo no son mentiras: cuantos días he vivido no le he deseado mal a nadie, hice tanto bien como pude a quien me lo pidiera. Ah, mi pobre mundo, qué <strong>difícil es vivir en él</strong>”.</p><p>  </p><p> Tumba del creador del Cementerio de Sapanta, Rumanía. | INGENIO DE CONTENIDOS</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Aug 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Orúe]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Y los muertos aquí lo pasamos muy bien]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Turismo,Viajes,Vacaciones eternas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dalla, que estás en los cielos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/dalla-cielos_1_1172914.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0846fc8b-fecb-4a21-9169-4c77b0c3fd90_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dalla, que estás en los cielos"></p><p><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Lucio_Dalla" target="_blank">Lucio Dalla</a> está enterrado aquí, coincidimos en su tumba con una pareja que le presentaba sus respetos: hay quien, italianos sobre todo, no necesita ninguna razón más para visitar <a href="https://www.storiaememoriadibologna.it/certosa" target="_blank">La Certosa</a>. El cantautor boloñés murió en 2012, tres días antes de cumplir 69 años, sus restos reposan en la “zona noble” de un cementerio enteramente aristocrático, en una tumba singular: la preside <strong>una silueta de aires charlotianos </strong><em>charlotianos</em>y tamaño natural, tomada de la que aparecía como sombra en la carátula del álbum <em>DallAmericaCaruso. </em>Es como si el artista, Antonello Paladino, hubiera querido regalar a los admiradores un último encuentro cara a cara con su ídolo.</p><p>  </p><p> Columnata del Cementerio de La Certosa en Bolonia, Italia. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p><em>Certosa </em>significa <em>cartuja</em>, y en Italia hay tantas como ciudades: la de Pavia, la de Florencia… La de Parma, por supuesto, <a href="https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-cartuja-parma-mas-bella-novela-mundo-201805240040_noticia.html" target="_blank">la más literaria gracias a Stendhal</a>: de <em>La Cartuja de Parma, </em>Italo Calvino dijo que era “la más bella novela del mundo”; y a Balzac le pareció una creación que “expresa la perfección” y la madurez de un escritor.</p><p>Pero estamos en Bolonia. La historia de la cartuja local comienza bajo la advocación de San Girolamo de Casaa a mediados del siglo XIV. Clausurada por Napoleón en 1797, fue definitivamente reabierta en 1801, cuando se estableció allí un cementerio que pronto demostraría su vocación de monumentalidad. Tanta, que se convirtió en un <strong>foco de atracción irresistible</strong> para aquellos jóvenes aristócratas ingleses que completaban su educación con un viaje iniciático por Europa: el <a href="https://www.lavanguardia.com/historiayvida/el-gran-tour-viajes-educativos-en-el-siglo-xviii_11607_102.html" target="_blank">Grand Tour</a>, experiencia concebida para forjar el carácter de los cachorros de un cierto nivel social y económico y ampliar sus conocimientos, de duración fluctuante y recorrido variable pero que siempre pasaba por Italia. Eso explica que <strong>Lord Byron o Charles Dickens</strong> conocieran y dieran testimonio de la belleza de este camposanto. En cierto modo, todos los que visitamos Italia seguimos sus pasos.</p><p>  </p><p> Estatuas del Cementerio de La Certosa en Bolonia, Italia. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Desde entonces, La Certosa ha seguido creciendo en excelencia y complejidad conforme el núcleo primero iba siendo completado y ampliado, al ritmo de las necesidades de Bolonia y las ganas de <strong>lucimiento de sus familias</strong> residentes; también gracias al talento de los artistas que recibieron el encargo de construir logias, pórticos y salas, de diseñar pasajes umbrosos y espacios abiertos, de pintar y esculpir homenajes y recuerdos.</p><p>El resultado es pasmoso: el cementerio ha adquirido el aspecto de una ciudad. E insistimos en el calificativo, monumental, porque es el único que viene a la boca cuando se trata de definir esta <strong>necrópolis colosal </strong>con un incalculable valor artístico.</p><p>  </p><p> Plano de La Certosa.</p><p>El visitante, tanto el que decide seguir el recorrido recomendado por las guías como el que opta por dejarse llevar, descubre un camposanto que se rige por una<strong> implacable lógica interna</strong>. Nosotras nos propusimos seguir las indicaciones, y fuimos felizmente incapaces de atenernos a ellas, tantas son las cosas que atrapan la atención del viajero y le desvían de la ruta preestablecida. Quizá nos perdimos algo… pero el asombro que nos guiaba compensa esas omisiones.</p><p>De entrada, y en eso no desafina respecto a la ciudad que lo acoge, el cementerio de Bolonia puede recorrerse casi entero sin <strong>abandonar los pórticos</strong> (los de la ciudad son los más largos del mundo, unos 40 kilómetros de aceras porticadas), lo cual le confiere un encanto peculiar. Sus claustros y campos numerados marcan el tiempo histórico como un calendario. Así, el Claustro III es un escenario neoclásico cuyos monumentos fúnebres están hermoseados con pinturas al fresco o con témperas sobre pared.</p><p>  </p><p> Ángel del Cementerio de La Certosa en Bolonia, Italia. / INGENIO DE COMUNICACIÓN</p><p>Pero también hay espacio para ciclos artísticos e históricos radicalmente distintos y mucho más próximos. La Certosa acoge un osario de los caídos en la Primera Guerra Mundial, con restos de casi<strong> 3.000 soldados italianos</strong>, así como de cientos de soldados austrohúngaros que murieron en campos de prisioneros del área de Bolonia.</p><p>La Segunda Guerra Mundial también <strong>modificó la planta del cementerio</strong>, obligado a dar sepultura a partisanos, víctimas de los campos de concentración, boloñeses que resistieron la invasión alemana… El siglo XX, lo veremos cuando visitemos Normandía, ha sido dramáticamente generoso con los camposantos.</p><p>Con todo, si algo recordamos de La Certosa son esos <strong>rincones descuidados</strong> donde la luz caprichosa jugaba al claroscuro con flores, figuras y mausoleos; o esos otros en los que alguien se afanaba para mejorar el aspecto de la tumba de un prócer, o de la de un artista, porque para los que allí duermen el paso del tiempo ha dejado de ser una prioridad, pero, para los vivos, es un agente de destrucción al que conviene combatir. </p><p> Flores en el Cementerio de La Certosa en Bolonia, Italia. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Ni que decir tiene, es parte de su encanto, que en La Certosa están enterradas <strong>personalidades relevantes</strong> de la historia italiana: estadistas, pintores, escritores, compositores, empresarios (de nombres con mucha potencia, Maserati o Lamborghini). Pero, el nombre que busca el visitante español es el del <em>castrato </em>(<em>capón</em>, se dice en castellano, pero quién se atreve a usarlo. Bueno, sí, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/04/07/un_personaje_fascinante_desconocido_llamado_farinelli_63538_1821.html" target="_blank">Jesús Ruiz Mantilla</a>) Carlo Broschi, <em><strong>Farinelli</strong></em>.</p><p>  </p><p> Monumento a los caídos en el Cementerio de La Certosa en Bolonia, Italia. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>De él se cuenta que su castración fue inevitable, que los doctores se vieron forzados a intervenir después de que sufriera un accidente montando a caballo. Quizá sea cierto… tal vez no. Sea como fuere, por necesidades médicas o por razones menos confesables, Carlo fue amputado y esa carencia le abrió el camino de <strong>la gloria musical</strong>.</p><p>Como es sabido, Farinelli vivió en España: durante un tiempo se dijo que su voz aliviaba la depresión melancólica que atormentaba a Felipe V, <a href="https://www.codalario.com/farinelli/noticias/ni-farinelli-fue-el-sanador-de-un-melancolico-felipe-v-ni-carlos-iii-lo-expulso-de-espana-un-musicologo-desmonta-dos-de-los-grandes-mitos-de-la-historiografia-musical-espanola_7312_3_22334_0_1_in.html" target="_blank">aunque esa leyenda ha sido desmentida por algunos especialistas</a>. Falleció en Bolonia en septiembre de 1782: “Carolo Broschio Farinello”, leemos en la lápida. Pero el suyo no ha sido un descanso plácido: en 2006, <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3222842/" target="_blank">los arqueólogos exhumaron sus restos para intentar desentrañar los secretos de su prodigiosa voz</a> y concluir que, en efecto, todo fue consecuencia de los cambios hormonales provocados por la castración.</p><p>  </p><p> Tumba que contiene los restos de Farinelli y Maria Carlotta Pisani. Los huesos de Farinelli se acumulan a los pies de los de su bisnieta (en el círculo). / JOURNAL OF ANATOMY</p><p>Abandonamos esta zona, tenemos que visitar el <strong>cementerio hebreo</strong> que está aquí mismo, pero tiene un acceso distinto. Y luego volver a la ciudad viva, que está muy cerca.</p><p>Acogiéndose al magisterio de <a href="https://fr.wikipedia.org/wiki/Jean-Didier_Urbain" target="_blank">Jean-Didier Urbain</a>, Gian Marco Vidor, historiador y <a href="https://www.academia.edu/3515357/Biografia_di_un_cimitero_italiano._La_Certosa_di_Bologna._Bologna_Il_Mulino_2012._Biography_of_an_Italian_cemetery_of_the_nineteenth_century_" target="_blank">biógrafo de La Certosa</a>, <a href="https://www.storiaememoriadibologna.it/files/vecchio_archivio/certosa/s/simbologia%20ottocentesca.pdf" target="_blank">escribe</a> que los cementerios son una especie de <strong>enorme biblioteca</strong>, donde se pueden consultar las biografías de miles de personas, sus árboles genealógicos, buscar información sobre la historia económica, política y cultural de la ciudad, de la nación… “Los volúmenes más antiguos de esta biblioteca metafórica, producidos en gran parte por la burguesía del siglo XIX, son de gran cuerpo y ricos en información, mientras que los más recientes, el resultado de una sociedad que ha hecho de la muerte natural un tabú, se reducen a hojas individuales en las que a menudo solo se encuentra un apellido.”</p><p>En encuadernación de lujo o en edición de bolsillo. Tremenda biblioteca.</p><p>  </p><p> Detalles del Cementerio de La Certosa en Bolonia, Italia. / INGENIO DE CONTENIDOS</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Aug 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Orúe | Sara Gutiérrez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Dalla, que estás en los cielos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Vacaciones eternas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El patrimonio pendiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/patrimonio-pendiente_1_1172908.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ba21a3c2-d216-4d66-b63f-8158469261a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El patrimonio pendiente"></p><p>Algunos lo llaman <strong>necroturismo</strong>, un término que no es del agrado de <a href="https://investigacioncontemporanea.com/miembros/francisco-javier-rodriguez-barberan/" target="_blank">Francisco Javier Rodríguez Barberán</a>. Este historiador del arte y profesor titular de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla es quizá el mayor experto de nuestro país en arquitectura funeraria. “No me gustaría que los cementerios se convirtieran en un destino turístico <em>de moda,</em> para gente que busca <em>experiencias singulares</em>, antes de que se haga una seria reflexión sobre <strong>su valor patrimonial</strong>”.</p><p>Sucede que, cada vez más, en las<strong> rutas turísticas</strong> incluimos visitas a estas “ciudades de los muertos”, que eso y no otra cosa significa la palabra <em>necrópolis</em>, cautivados a veces por la fama de quienes en ellas reposan, atraídos otras por la monumentalidad, atrapados también por el colorido o la morbosidad de los ritos que allí se perpetúan.</p><p>Y así, vamos a París y no dejamos de hacernos un selfi en el <strong>Père Lachaise</strong> a los pies de la tumba de Jim Morrison, una posibilidad entre tantas de celebridades (Wilde, Delacroix, Modigliani…) que pudieron ser sepultadas allí porque, como dijo Napoleón, “todos los ciudadanos tienen derecho a ser enterrados independientemente de su raza o su religión”.</p><p>  </p><p> Cementerio de Novodévichi en Moscú, Rusia. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>O viajamos hasta Moscú e incluimos en nuestra ruta una parada en <strong>Novodévichi</strong>, donde reposan los restos del poeta Vladimir Mayakovski y los del presidente Boris Yeltsin, junto a los de otros <strong>héroes y heroínas de la Unión Soviética</strong> <strong>y Rusia</strong>, en ocasiones bajo monumentos que les representan trabajando o evocan su profesión.</p><p><strong>Una riqueza dormida</strong></p><p>Mencionábamos más arriba el término <em>necrópolis</em>, si bien el utilizado ahora es el más aséptico y amable <em>cementerio</em>, palabra cuyo origen encontramos en el griego bizantino <em>κοιμητήριον, koimētḗrion</em>: propiamente, <em><strong>dormitorio</strong></em>. El lugar del sueño eterno.</p><p>“Mi interés por los cementerios viene de mucho tiempo atrás, de mediados de los ochenta para ser más preciso, y realmente me atrajo su singularidad y la escasez, por no hablar de ausencia, de estudios sobre los mismos”, explica Rodríguez Barberán. Visto con perspectiva, sigue siendo aún un patrimonio pendiente, un <strong>patrimonio periférico</strong>, que no ha encontrado reconocimiento social, un interés serio por parte de administraciones y agentes de la cultura. “Me atrae la singularidad de los cementerios, cuyo valor no depende de su tamaño o de la riqueza artística, sino de <strong>muchos otros valores</strong> que tienen que ver con la historia, la arquitectura y las artes, la antropología, la naturaleza, etc”.</p><p>  </p><p> Cementerio de Sayalonga en Málaga, España. / MALAGA.ES</p><p>Pequeñas grandes joyas como el <strong>Cementerio Redondo de Sayalonga</strong>, en Málaga, el único con base octogonal de toda España, donde el visitante inquieto encontrará triángulos, pirámides truncadas y escalinatas de tres peldaños, símbolos todos ellos de su condición masónica, revelada por el historiador local Valentín Fernández.</p><p>Porque los cementerios son tan variados como lo son las culturas en las que se asientan. “Hoy nos sentimos con total naturalidad ante las tumbas del pasado –Antigüedad, Edades Media y Moderna– pero nos cuesta trabajo acercarnos respetuosamente a los espacios de la muerte que han marcado <strong>el mundo contemporáneo</strong>”, dice el experto.</p><p>  </p><p> Cementerio Divanyolu en Estambul, Turquía. / INGENIO DE COMUNICACIÓN</p><p>En ocasiones, la naturalidad es tanta que, como sucede en el cementerio <strong>Divanyolu</strong>, de Estambul, las lápidas acaban integradas en establecimiento donde los clientes disfrutan con toda la calma de ­tés y cachimbas.</p><p>Al cabo, los cementerios, como el resto de las construcciones humanas, son testimonio de quienes los crearon, y ofrecen una extraordinaria diversidad. Dentro de un continente, nación o región podemos encontrar “formas muy variadas para definir los cementerios: no es lo mismo una necrópolis de una gran ciudad que <strong>un pequeño cementerio rural</strong>, un cementerio en un territorio con un clima húmedo que en la sequedad de un desierto…”. Rodríguez Barberán subraya que <strong>las variantes son enormes</strong>; además, se ha producido una evolución histórica desde finales del siglo XVIII, fecha en que comienzan a edificarse los cementerios como los conocemos ahora, hasta nuestros días.</p><p>Inevitablemente, esos escenarios magníficos tenían que atraer la atención de quienes, viajeros o turistas, serpentean el mundo en busca de conocimiento, o de experiencias. La oferta es amplia, el curioso encuentra información sobre los actos que en ellos se celebran proporcionada por <a href="https://www.revistafuneraria.com/cementerios-0" target="_blank">revistas especializadas</a>, puede <a href="https://cemeteriesroute.eu/about-cemeteries-route.aspx" target="_blank">planificar rutas</a> que le permitirán admirar “el arte, la historia, la arquitectura, la naturaleza y el patrimonio en un entorno pacífico y verdadero” o entrar en páginas web que agrupan, explican y contextualizan los “cementerios significativos” (en <a href="http://www.significantcemeteries.org/" target="_blank">este caso</a>, de Europa).</p><p>Y esta es nuestra propuesta para este verano. <strong>Recorrer cementerios significativos</strong>. La nuestra es una selección caprichosa, muy personal. Iremos a Bolonia, para visitar<strong> La Certosa</strong> (y rendir tributo a Farinelli y a Lucio Dalla); el Cementerio <strong>Alegre de Sapanta</strong>, en Rumanía (y deleitarnos ante la propuesta y el ingenio de su creador, Stan Ioan Patras); el <strong>Cementerio Americano</strong> de Normandía (en este año, del 75 aniversario del desembarco) y al <strong>Cementerio de Niembro</strong>, en Asturias (que es, además, un espectacular escenario cinematográfico). Para terminar, haremos un salto hasta Japón y visitaremos el <strong>Cementerio de Okunoin</strong> (donde tradición y modernidad se funden en un espacio intemporal).</p><p>Les pedimos que nos acompañen porque los destinos merecen la pena, y porque los cementerios, que parecen la <strong>representación máxima de la permanencia</strong>, están saliendo de nuestras vidas. Explica Rodríguez Barberán que desde finales del siglo XVIII comenzó a definirse lo que los historiadores de la muerte han denominado “exilio de los muertos”. “Primero salieron de las ciudades por razones de progreso higiénico-sanitario para ubicarse extramuros, pero poco a poco, y de modo muy especial en las sociedades desarrolladas, <strong>la cercanía de la muerte se hizo incómoda</strong>. La visita periódica a los cementerios solo pervive en pequeñas comunidades donde la tradición y el recuerdo a los mayores tiene gran peso. Lo normal es que, a medida que una sociedad se va <em>modernizando</em> se quiere que la muerte vaya quedando más y más lejos”.</p><p>  </p><p> Cementerio urbano en Estados Unidos. / JAHSIE AULT (UNSPLASH)</p><p>El nuestro es uno de los países donde aún se mantiene la celebración del primero de noviembre, si bien “con menos impacto que en el pasado, y desde luego nada tiene que ver, por ejemplo, con el culto a los muertos que ha pervivido, por ejemplo, en muchas <strong>naciones de Iberoamérica</strong>”. Por otro lado, el fenómeno de la cremación ha ganado mucho terreno. Por a o por b, debido al poco interés que los cementerios suscitan, “en general, cuando se actúa en ellos suele hacerse de modo rutinario, como si se hiciera en un conjunto sin personalidad, cuando se trata de <strong>inmensos depósitos de memoria</strong>. También esto conecta con otro tema: son poquísimo los cementerios que cuentan con una protección patrimonial sólida, con planes directores que garanticen su conservación como patrimonio y su actividad continuada”, denuncia el experto.</p><p>Llegados a este punto, le preguntamos en qué medida convertirlos en un reclamo turístico ayuda a preservarlos. Nos corrige: “Yo no los veo como un <em>reclamo</em>, sino como un <strong>gran activo patrimonial</strong>”. En su opinión, lo primero es convertirlos en un patrimonio como el industrial o el patrimonio moderno, por citar los más recientemente reconocidos, “y una vez que la sociedad haya asumido esto llegará el momento de analizar hasta qué punto son compatibles los cementerios con el turismo tal cual hoy lo conocemos”. No le gustaría, por tanto, que ocurriera como en las ciudades históricas, amenazadas “por un turismo que crece a veces sin tener en cuenta un criterio básico, la <strong>sostenibilidad</strong>”.</p><p>Sea como fuere, más allá del turismo, los cementerios pueden ser utilizados “<strong>desde el respeto</strong>, ya que este concepto que vuelve a aparecer me parece fundamental cuando se habla de este tema” como recurso para la educación, ya que en ellos “es posible leer la historia de la ciudad y sus habitantes, las transformaciones de la sociedad, la evolución de la arquitectura y las artes, etc.”.</p><p>Ése es el espíritu que nos anima. ¿Nos acompañan?</p><p>  </p><p> Cementerio de San Andrés Cholula, México. / FREDERIK TROVATTEN (UNSPLASH)</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jul 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Orúe | Sara Gutiérrez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El patrimonio pendiente]]></media:title>
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