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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules 153]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-153/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules 153]]></description>
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      <title><![CDATA[Érase una vez en Biafra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/erase-vez-biafra_1_1174561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/49853167-722f-47c0-ac90-900119ce7158_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Érase una vez en Biafra"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>___________________________________</p><p>  <strong>Medio sol amarilloChimamanda Ngozi AdichieLiteratura Random HouseMadrid2014</strong><em>Medio sol amarillo</em></p><p>  </p><p>Cuando me recomendaron esta novela para su lectura en el club de lectura de la biblioteca de Sanlúcar la Mayor (Sevilla) lo primero que me atrajo fue su título: <a href="https://www.megustaleer.com/libros/medio-sol-amarillo-edicin-especial-limitada/MES-011165" target="_blank">Medio sol amarillo</a> (<em>Half of a Yellow Sun</em>, 2006). Se trataba del símbolo que aparecía en la bandera de Biafra, un territorio que evocaba a niños negros y hambrientos cuyas imágenes aparecieron en la televisión de los setenta. Este libro recrea un período de la historia contemporánea de África: la lucha de Biafra por conseguir una república independiente de Nigeria, que sólo duró tres años pero generó una guerra civil donde murieron miles de personas.</p><p><em>Medio sol amarillo</em> es también la segunda novela de <strong>Chimamanda Ngozi Adichie</strong> (1977), escritora feminista nigeriana. Inmersos en su excelente prosa podemos adentrarnos en la historia de esos tres años de Biafra, las consecuencias de la guerra para aquellos que la sufrieron y también para los que consiguieron sobrevivirla. A través de tres personajes con puntos de vista y estatus diferentes conocemos la trama: Ugwu, el chico de pueblo empleado en la casa de un profesor universitario de ideas revolucionarias; Olanna, la hermosa mujer del profesor, de familia rica y también profesora, y Richard, un británico que acude a Nigeria en busca de material para un libro y que se enamora de la hermana gemela de Olanna, mujer independiente que renuncia a comprometerse con nadie. En la década que suceden los hechos los protagonistas de esta historia se cuestionarán, defenderán y reafirmarán sus principios mientras intentan sobrevivir a la convulsa guerra.</p><p>Una gran novela que se estructura en cuatro partes intercaladas: dos referidas a principios de los sesenta y dos a finales de los sesenta. Chimamanda nos muestra la evolución de los personajes en su vida cotidiana desde el idealismo, la paz y felicidad de una vida tranquila al escepticismo, tristeza, hambruna, pérdida de dignidad y enfrentamientos familiares en periodo de guerra. Otros personajes son también relevantes en esta épica historia: Kainene, hermana de Olanna, sarcástica y enigmática en contraste con esta última, que es hermosa y triunfadora. Ambas son más fuertes que la mayoría de hombres que aparecen y son capaces de hacer frente a situaciones adversas rompiendo con el estereotipo de mujer africana sumisa y abnegada. También es importante Odenigbo, marido de Olanna, intelectual y profesor universitario cuyo comportamiento resulta a veces decepcionante.</p><p>Escrita con gran maestría pero también con un lenguaje sencillo y natural, la novela llega al lector con la empatía, lucidez e intensidad de una autora comprometida que analiza y cuestiona asuntos tan interesantes y peliagudos como el colonialismo o la responsabilidad moral de las potencias mundiales. Una temática amplia teniendo como telón de fondo la compleja historia de África: la desigual situación de las mujeres, los conflictos entre las diferentes etnias, lenguas y religiones, el aprovechamiento de las riquezas por parte de los europeos, el valor de la educación, el choque de culturas, la política tribal, la identidad… Son muy ilustrativas las palabras de Odenigbo: “La única identidad auténtica para los africanos es la tribu. Yo soy nigeriano porque los blancos delimitaron Nigeria y me incluyeron en ese país. Soy negro porque los blancos crearon ese concepto por contraposición al color de su piel”.</p><p>Aunque nació en Nigeria, Chimamanda Ngozi Adichie se trasladó a Estados Unidos a los 19 años para estudiar Comunicación y Ciencias Políticas en Filadelfia. Continuó sus estudios en la Universidad Estatal de Connecticut, en la que se graduó en 2001. Ha realizado estudios de escritura creativa en la Johns Hopkins, Baltimore, y un máster de estudios africanos en Yale. En sus obras Adichie nos habla de temas que le preocupan o interesan como el feminismo, la inmigración, el sexismo o la problemática racial. En 2003 publicó su primera novela, <em>La flor púrpura</em> (<em>Purple Hibiscus</em>), que recibió muy buenas críticas y por la que obtuvo el Commonwealth Writer's Prize for Best First Book en 2005. En 2009 publicó una colección de relatos breves, titulada <em>Algo alrededor de tu cuello</em> (<em>The Thing Around Your Neck</em>). En 2013, su novela <em>Americanah</em> mereció el Premio del Círculo de Críticos Nacional del Libro.<em> Todos deberíamos ser feministas</em> (<em>We Should All Be Feminist</em>) es su primer ensayo. Alterna su residencia entre Nigeria, donde imparte talleres de escritura creativa, y los Estados Unidos.</p><p>En nuestra tertulia llegamos al convencimiento de estar ante una extraordinaria novela de una joven escritora que tiene mucho que aportar a la literatura y a la historia de su país. <em>Medio sol amarillo</em> recrea una realidad en todo su esplendor, a través de personajes llenos de vida y profundidad con los que nos identificamos los lectores, como en las mejores novelas del siglo XIX. Evocativa, absorbente, llena de matices y con una gran hondura para reflejar los sentimientos.</p><p>En 2020 se cumplirá el 50 aniversario de la desaparición del efímero estado de Biafra y la lectura de esta novela puede ser un buen pretexto para conocer un poco mejor este gran continente tan cercano, diverso y desconocido que es África y para disfrutar de una gran muestra de literatura con mayúsculas. Como excelente complemento a la novela, los miembros del club visionamos en Internet  una charla de la escritora nigeriana titulada <a href="https://www.ted.com/talks/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story?language=es" target="_blank"><em>El peligro de la historia única</em></a><em>,</em> donde afirma que “la historia única crea estereotipos y el problema con los estereotipos no es que sean falsos sino que son incompletos. Hacen de una sola historia la única historia”. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Chary Arbolí]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules 153]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[En 500 palabras: 'Dublín', de Jorge Fondebrider]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/500-palabras-dublin-jorge-fondebrider_1_1174557.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/588a0e8e-2394-4e08-b228-008987d3ea00_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En 500 palabras: 'Dublín', de Jorge Fondebrider"></p><p><strong>DublínJorge FondebriderPre-TextosValencia2019</strong><em>Dublín</em></p><p>  </p><p>Hacia el final de este ensayo/guía sobre Dublín se pregunta el poeta y traductor <strong>Jorge Fondebrider</strong> (Buenos Aires, 1956) "si tiene un extranjero derecho a reclamar como suya a una ciudad en la que no vive"; lo que es una manera sutil de cuestionar el hábito un tanto abusivo por el que tantos escritores viajados se sienten autorizados a formular juicios temerarios y a menudo precipitados sobre lugares que sólo conocen a título de visitantes ocasionales.</p><p>Basta, sin embargo, la lectura de los capítulos que anteceden para que el lector se convenza de que Fondebrider no incurre en esa extralimitación. Su primera visita a Dublín, explica en el primero, venía precedida de "los libros que había leído, las músicas que había escuchado, las películas que había visto". Vino luego la confrontación de esa imagen recibida con lo realmente vivido a lo largo de sucesivos viajes y mediante el trato con algunos escritores irlandeses. Y queda en medio todo un horizonte de curiosidad al que asomarse, como hace Fondebrider, pertrechado de nuevas lecturas que, si bien no terminan de responder todas las preguntas que el viajero llega a hacerse, si encaminan las posibles respuestas.</p><p>Más allá de esta pretensión indagatoria, no oculta Fondebrider el marco profesional y literario de sus viajes y la oportuna mediación, en su percepción de Irlanda, de los escritores locales que tiene como intermediarios, desde el polifacético y ubicuo <strong>Theo Dorgan</strong>, por ejemplo, a la melancólica <strong>Moya Cannon</strong>. Pero, allá donde otros hubieran optado por autorretratarse en su papel de interlocutor privilegiado de esos nombres prestigiosos, Fondebrider da un oportuno paso atrás y prefiere presentarse como un viajero humilde que rinde el debido homenaje a las querencias habituales del turista ocasional –lo hace, por ejemplo, en su nada pretenciosa, y por ello útil, introducción a los pubs y restaurantes de Dublín– y anima a otros a seguir sus pasos por su propio mapa personalizado de la ciudad, del que previamente ha querido excluir ciertos asentados tópicos –por ejemplo, el que insiste en las diferencias sociales entre el norte y el sur de Dublín– y algún que otro malentendido, fruto de la habitual falta de perspectiva histórica y cultural del visitante, que el poeta argentino salva con una serie de breves pero bien documentados capítulos sobre tales aspectos; sin excluir, por supuesto, las cuestiones de gran calado, tales como la secular pobreza irlandesa, parcialmente soterrada bajo los esplendores que trajo consigo el breve y engañoso intervalo de expansión económica y financiera en que el país llegó a ser conocido como "el Tigre Celta"; o la desmesurada, y quizá hoy menguante, influencia que sobre la vida irlandesa en general tiene la iglesia católica.</p><p>También hacia el final del libro formula Fondebrider su impresión de que el Dublín genuino, la verdadera Irlanda, deben más a sus músicos y poetas, y a sus gentes y tradiciones en general, que a estas sobrevenidas oleadas de riqueza pasajera. De no ser así, quizá, no hubiera merecido la pena escribir este libro. _____</p><p><strong>José Manuel Benítez Ariza</strong> es escritor. Sus últimos libros son <a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?manufacturers_id=404&products_id=1818" target="_blank">Arabesco</a><em> (poesía, Pre-Textos) y Trilogía de la Transición (novela, Dalya), ambos de 2018.</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/05/11/nota_previa_trilogia_transicion_82691_1821.html" target="_blank">Trilogía de la Transición</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Benítez Ariza]]></author>
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      <title><![CDATA[Sorbos de poesía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sorbos-poesia_1_1174554.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/20b2b801-6909-4473-a912-f42d914cf68b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sorbos de poesía"></p><p><strong>Vetas profundasFernando AramburuTusquetsBarcelona2019</strong><em>Vetas profundas</em></p><p>  </p><p>Después de habernos impresionado y deleitado con <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/12/30/una_gran_novela_59252_1821.html" target="_blank">ese retablo de la sociedad vasca</a> que se llama <em>Patria </em>(2016), <strong>Fernando Aramburu</strong> (San Sebastián, 1959) se ha concedido un respiro. Lo ha hecho cambiando de registro y de género. Como si fuera una asignatura pendiente, ha vuelto a la poesía. El año pasado publicó una selección de prosas poéticas, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/04/13/un_paseo_por_vida_81668_1821.html" target="_blank">Autorretrato sin mí</a>, y después ha entregado a la imprenta una colección de textos que antes había ido sacando mensualmente en el suplemento de cultura de <em>El Correo</em>. Utiliza en todos ellos el mismo esquema: proponer el poema de un autor, que nunca repite, y desarrollar un comentario sobre el mismo, en el que habla del poeta y las circunstancias en que escribió el texto elegido, glosa los sentimientos esbozados y los relaciona con su propia biografía.</p><p>Con estos pocos mimbres, que, así enumerados, a alguno pueden antojársele tan poco estimulantes como el comentario de texto de la EBAU, Aramburu consigue que exprimamos juntos cada poema hasta sacar de él jugo de vida. En primer lugar porque logra que nos detengamos y que profundicemos en su lectura hasta advertir que está hecho de los materiales de los que estamos hechos todos, de emociones, que tienen nombre y apellidos. Y no importa que podamos sentir desacuerdo con alguno de los textos elegidos, porque ese desacuerdo será solo inicial, hasta que el comentarista nos lleve de la mano y nos muestre las circunstancias que han determinado su elección.</p><p>En el camino, Aramburu va cimentando su tesis, que tampoco es novedosa (pero requiere actualización): el valor poético de un texto se decide tanto en la fase de composición como en la hora de su desciframiento. Es decir que el poeta y el lector tienen que salir los dos a buscarse para encontrarse en el poema: “La poesía no procede tan solo de lo que dice el poema. La manera como repercute en nosotros, los lectores, depende, sí, de lo que puso el poeta en el poema y de cómo lo puso; pero depende asimismo de nosotros, de nuestros conocimientos y preferencias, de nuestro carácter y nuestra capacidad para captar imágenes y ritmos, y depende también, con toda seguridad, de algunos factores más de los que acaso no seamos conscientes”.</p><p><em>Vetas profundas</em> es el libro de un lector de poesía que se ha echado al camino en busca de verdad poética y explica lo que ha ido encontrando. Consecuentemente su propia vida está también expuesta. Nos cuenta que se fogueó en <em>Kantil</em>, la revista donostiarra nacida en 1977, y que viajó a Madrid siendo casi adolescente con cartas de recomendación para visitar a tres autores consagrados. Ya estaba viva su pasión, su búsqueda. En el recorrido, más filólogo que escritor, maneja citas que le ayudan a explicarse, desde <strong>Octavio Paz</strong> a <strong>Carlos Bousoño </strong>pasando por <strong>Luis Cernuda</strong>, entre otros muchos. Pero la teoría solo es la muleta de la vida que subyace en preguntas como de dónde le viene a <strong>san Juan de la Cruz </strong>un erotismo tan carnal, por citar un ejemplo de los cuarenta que caben, ya que ese es el número de poemas comentados.</p><p>En la conclusión, que no forma parte de un epílogo al uso, sino que está diseminada en los distintos pasajes, y que es apasionada, como no podría ser de otro modo, Aramburu se moja: al poema no le valen medias tintas. Ni el que lo escribe ni el que lo lee pueden guardarse nada: “La experiencia poética no admite al espectador pasivo que se limita a descifrar un lenguaje y a darle o negarle el visto bueno, de acuerdo con sus preferencias y su gusto (…) La poesía obliga al lector a ejercer de poeta, comprometiendo a esta operación el núcleo central de su persona. De otro modo, lo poético no ocurre, no se da”.</p><p>Como vamos cambiando y no volveremos a ser los mismos, los poemas son como el río de <strong>Heráclito</strong>: no nos bañamos dos veces en el mismo poema. Lo ilustra Aramburu contando su experiencia de lector de <em>La perversión,</em> de <strong>Francisco Brines</strong>: “Juzgo oportuno contar que entonces lo leí desde la perspectiva vital de la juventud (…) Tuve la sensación de que Brines se dirigía en su poema a personas como yo”. Aramburu se refiere a sí mismo cuando era joven; ahora ha pasado el tiempo, ya es un adulto que frisará la edad que pudo tener Brines cuando escribió el poema: “Ahora tengo la sensación de estar hablando a otros desde la boca del poeta”. _________</p><p><strong>Arturo Tendero</strong> es periodista y poeta. Su último libro es <a href="https://laisladesiltola.es/catalogo/siltola-poesia/el-otro-ser/" target="_blank">El otro ser</a> <em> (Isla de Siltolá, 2018). Reseña cada semana un poemario en </em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank">El mundanal ruido.</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <title><![CDATA[El gato es pájaro o conversaciones con Nadie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gato-pajaro-conversaciones-nadie_1_1174546.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4b806237-e605-4630-b94a-b884634a3354_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gato es pájaro o conversaciones con Nadie"></p><p>Las entrevistas con escritores pueden llegar a ser una ayuda para acercarse a su obra y quizá conseguir comprenderla mejor. En el caso de <strong>José Ángel Valente</strong>, muchas de las conversaciones que se recogen en <a href="http://www.galaxiagutenberg.com/wp-content/uploads/2018/10/El-angel-de-la-creacion_web.pdf" target="_blank">El ángel de la creación. Diálogos y entrevistas</a> (Galaxia Gutenberg) aparecieron por primera vez en lugares asequibles, mientras que otras resultaban difíciles de localizar, por no recordar la comodidad que supone ahora disponer de todas ellas juntas en un volumen, aunque se trate, como no podía ser de otra manera, de una selección. Lo cierto es que, en sus respuestas, Valente no solo sintetiza muy bien su pensamiento poético sino que a veces tenemos la impresión de volver a oír directamente la voz del poeta.</p><p>Estas entrevistas se publicaron entre los años 1954, cuando el poeta contaba 25 años y acababa de obtener el premio Adonais, y el 2000, <a href="https://elpais.com/diario/2000/07/19/cultura/963957602_850215.html" target="_blank">fecha de su fallecimiento</a>, aunque la mayoría de ellas se correspondan con las dos últimas décadas de su vida y curiosamente no aparezca ninguna fechada entre 1955 y 1970. Como señala en su atinado prólogo <strong>Andrés Sánchez Robayna</strong>, las entrevistas que concede un escritor resultan imprescindibles para comprender mejor su obra, sus intenciones y su trayectoria. En esta ocasión, sin embargo, se le suman también, en una acertada decisión, declaraciones y varias respuestas a una serie de cuestionarios.</p><p>  </p><p>Valente tenía una personalidad compleja, llena de aristas, que no logró limar del todo. Su biografía aparece llena de recovecos que debieron de pesar en el desarrollo de su personalidad. Así, el papel de madre lo desempeñó su tía <strong>Lucila</strong>, actuando aquella como hermana mayor, mientras que el de padre, en calidad al menos de padre espiritual, lo desempeñara don <strong>Alberto Jiménez Fraud</strong>. Su mismo nombre fue cambiando con el paso del tiempo, de Pepe a Ángel, como lo llamaba <strong>María Zambrano</strong>, pues creía que esa era su auténtica condición, hasta llegar al definitivo José Ángel. Pero además le dedicó furiosos poemas a <strong>José Hierro</strong>,<strong> Gabriel Celaya</strong> y <strong>Alfonso Costafreda</strong>; y con motivo de la muerte de María Zambrano, también a ella le ajustó las cuentas. En fin, durante los últimos años de su vida estuvo obsesionado por poetas, entonces muy galardonados, que estaban lejos de su entidad como escritor. A pesar de ello, la imagen que se desprende de Valente en estas entrevistas dista mucho de la persona que me parece que fue en realidad. En el trato personal, en las distancias cortas, el poeta afincado en Almería ganaba mucho, pues con sus amigos solía ser cordial, divertido e inteligente, algo que no siempre ocurre en estas conversaciones en las que a veces engola la voz, mostrándose altanero y distante, poniéndoselo muy difícil a sus interlocutores, aunque unas veces estos pregunten con una pedantería que resulta a todas luces ridícula y otras, como si fueran funcionarios del catastro.</p><p>Valente, además de un extraordinario poeta, fue un ensayista notable que había asumido la tradición clásica y contemporánea, la propia y la que en principio podría considerarse ajena, tanto la occidental como la oriental. No en vano, pasó buena parte de su vida en Inglaterra (Oxford), Suiza (Ginebra) y Francia (París), sobre todo, tras salir de España en 1954; podía leer distintas lenguas, e incluso mostró un gran interés por la traducción que cultivó y asumió como parte de su propia obra, como en este libro queda constancia. También asoman aquí sus meses de estancia en Cuba, tanto su relación con los escritores de la isla, como la perplejidad que le producen ciertas conductas de sus anfitriones <em>revolucionarios</em>.</p><p>Según confiesa, Valente se formó solo, leyendo, y muy pronto se alejó de su propia generación o grupo, marbetes en los que nunca creyó (en un momento dado cuestiona “el truquito de la fotografía”), pues creía que el escritor nace cuando el grupo fenece, iniciando así una trayectoria en solitario que lo llevó a alimentarse y vincularse a poetas y narradores de muy diferentes tradiciones, desde los místicos (<strong>Santa Teresa, San Juan de la Cruz</strong>, la cima de la creación poética española, o <strong>Miguel de Molinos</strong>): “lo que a mí me interesa –nos dice— es la forma que la estructura y el modelo místicos te ofrecen para penetrar en el mundo interior” (p. 170), hasta esa tradición que va de <strong>Garcilaso </strong>a <strong>Aldana</strong>, sin olvidar a los románticos alemanes, con <strong>Novalis </strong>a la cabeza, e ingleses, como <strong>Keats</strong>, cuya célebre carta cita una y otra vez.</p><p>Se sintió cercano, además, a las obras de <strong>Hölderlin</strong>, <strong>Mallarmé</strong>, <strong>Rosalía de Castro</strong>, <strong>César Vallejo</strong>, <strong>Pablo Neruda</strong>, <strong>Borges</strong>, quien –según él— forzó los límites de lo imaginario, <strong>Lezama Lima</strong>, <strong>Edmund Jabès</strong>, el peruano <strong>Emilio Adolfo Westphalen</strong>,<strong> Juan Gelman</strong>... En sus comienzos, <strong>Quevedo </strong>y no <strong>Góngora</strong>, fue la referencia más importante, aunque no por ello dejó de apreciar al poeta cordobés. Y por lo que se refiere a los contemporáneos españoles, se decantaba por los poetas pensadores como <strong>Unamuno</strong>, <strong>Antonio Machado</strong> (consideraba <em>Juan de Mairena</em> su libro fundamental) o <strong>Luis Cernuda</strong>, si bien tenía a<strong> Juan Ramón Jiménez</strong> por el poeta central de la tradición española, a <strong>Valle-Inclán </strong>como “el más brillante escritor de toda nuestra modernidad”, y apreció más a <strong>Lorca </strong>en la madurez que en sus inicios como lector. En su formación y desarrollo como escritor, confiesa que fueron fundamentales dos exiliados republicanos: Alberto Jiménez Fraud y María Zambrano; en opinión de Valente, dos figuras “deslumbrantes”. Se trata, por tanto, de distintas tradiciones culturales y poéticas que, en un momento u otro de su evolución como escritor, resuenan en su obra.</p><p>De este libro no solo se desprenden los capítulos más importantes de su biografía, ya sea familiar o profesional, sino también sus principales ideas literarias con respecto a las relaciones entre lo poético y lo religioso, su inicial interés por el cuento y la novela, o bien por el exilio (que, a pesar del valor de sus reflexiones, me parece que a veces confunde con la emigración), la crítica literaria, sobre la que tiene una opinión muy negativa, el papel y valor de las antologías (cuestiona, sobre todo, las de <strong>Castellet</strong> y <strong>García Hortelano</strong>), sin olvidarse de la poesía del realismo social, la idea del fragmento como género, el valor del silencio en la lírica, para él la clave o raíz del poema, pues se trata de un silencio activo, que habla, un componente más del poema, el sentido de la ironía, e incluso a qué llamamos <em>inspiración</em>; además de cómo se enseña la poesía, cómo se gesta el poema, qué es el <em>punto cero</em>, y cómo se lee o en qué consiste la importancia del primer verso. Así, comenta que un poema no se lee de manera discursiva; antes bien, se convive con él, se interioriza; que el poema no existe si no se oye, y que antes de la palabra, debe oírse el silencio; que “la creación poética se desencadena cuando en las sombras se va formando un ritmo, casi musical, que repite el compás de la vida, el compás del corazón” (p. 224); y, por último, que “el poema empieza como una asociación musical de sonidos” (p. 258). Para Valente, el poema es justo una asociación de ritmos interiores que él aprendió en <strong>Wordsworth </strong>y <strong>Coleridge</strong>. Así, considera que el lector ideal de su poesía “es todo aquel que vuelva a ver en el poema la propuesta infinitamente abierta de un enigma, con lo que el círculo se cierra y volvemos a sus preguntas iniciales” (p. 365). Echo de menos, en cambio, su interés por el flamenco del que dejó varios testimonios.</p><p>En suma, Valente escribió casi siempre a contracorriente, pero sobre todo –como a él le gustaba decir— a contracorriente de sí mismo, y le parecía grave la carencia en España de un pensamiento poético, una de cuyas excepciones bien podría ser María Zambrano. Por ello, procuró tender puentes, en la medida de lo posible, entre la poesía y el pensamiento. En un texto inédito, fechado en 1980, recogido aquí, llamaba la atención sobre cómo nuestra civilización ha perdido la experiencia del silencio, decantándose por la locuacidad, por el despilfarro de la palabra.</p><p>El interés de Valente se extiende también a la pintura, la música y la fotografía. Pues el poema es para él como un cuadro ante el que te detienes o no, dependiendo de que consiga captar tu atención. Por ello no me extraña su devoción por <strong>Walter Benjamin</strong> y <strong>Paul Klee</strong>: “Muchos de mis principios estéticos provienen de la pintura de Klee” (p. 355). Así, considera que la materia de todas las artes es la misma, aquello que podría denominarse la materia oscura, lo misterioso e inexplicable.</p><p>En estas conversaciones se aprecia también que era muy dado a las frases lapidarias, lo que no siempre resulta fácil sostener. Como ocurre cuando en 1989 afirma que el aforismo no ha tenido una manifestación próxima entre nosotros; o cuando comenta que a la altura de 1969 el arte de <strong>Chillida </strong>y <strong>Tàpies </strong>estaban más adelantados que la literatura española. Pero uno se pregunta: ¿adelantados con respecto a qué? Si corremos la fecha solo unos pocos años, hasta 1975, y nos centramos en la novela, género del que me consta que no era lector asiduo, quizá no habría podido afirmar lo mismo. O, por último, cuando sostiene que <strong>Galdós </strong>nunca escribió una novela como <em>La Regenta</em>, olvidándose nada menos que de <em>Fortuna y Jacinta</em>.</p><p>Las fotos se me antojan muy valiosas, porque para los que no sean especialistas en su obra, creo que resultarán nuevas, pues algunas de ellas son inéditas y la mayoría, poco conocidas. Pero un libro de estas características hubiera necesitado, sin embargo, un índice de nombres, títulos de obras y conceptos que facilitaran su consulta; al mismo tiempo que deberían haberse evitado algunas reiteraciones.</p><p>Pocos escritores han reflexionado con tanta lucidez sobre la literatura y sobre las artes en general como José Ángel Valente. Él quiso seguir el vuelo de los más grandes, compartir una ambición semejante, al nadar a contracorriente. Quizá por ello una divisa que le hiciera justicia podría ser: “Busco, sobre todo, lo que no sé que busco”. <em>_____Fernando Valls es profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario.</em></p><p><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El gato es pájaro o conversaciones con Nadie]]></media:title>
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      <title><![CDATA['El diccionario del diablo': Un castigo y un flagelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/diccionario-diablo-castigo-flagelo_1_1174533.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ab3c66c7-3317-44c1-abf7-afc05d072df1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'El diccionario del diablo': Un castigo y un flagelo"></p><p><strong>Ambrose Bierce</strong>, el periodista y escritor satírico estadounidense, resulta imprescindible para la buena salud mental y literaria de una actualidad tan desconcertante como ambigua, sobre todo porque su concepto de sátira estuvo siempre presente en sus columnas y en sus artículos periodísticos, como se muestra en su obra literaria, sobre todo en uno de sus libros más celebrados, <a href="http://www.sextopiso.es/esp/item/442/el-diccionario-del-diablo" target="_blank">El diccionario del diablo</a>, ejemplo que explicaría cómo la sátira tiene un punto de castigo, de auténtico flagelo, y no necesita tirar de lo siniestro, o lo macabro para impresionar al espíritu del curioso lector. En las páginas del <em>Diccionario</em>, que ahora reedita Sexto Piso, el humor parece más jovial y el ingenio se hace valer por sí mismo. Bierce se propuso escribir esta singular obra cuando estaba en la plenitud de su éxito, y continuó escribiéndola a pesar de las situaciones adversas por las que pasó en su vida, aunque el final de sus días queda envuelto en el más absoluto de los misterios: un día de noviembre de 1913 cruzó la frontera de El Paso; buscaba nuevas aventuras y las encontró en la Revolución Mexicana, pero se dio de bruces con la muerte poco después, y tal vez murió asesinado por alguno de los bandos en litigio: el federal o el revolucionario, cerca de Sierra Mojada, en cuyo cementerio se inscribió una lápida conmemorativa, sin que nadie haya llenado el vacío de sus últimos meses, o de sus escasos segundos frente a un pelotón de fusilamiento.</p><p>  </p><p>La leyenda sobre Bierce arroja la suficiente luz sobre un autor cuyo carácter ha merecido multitud de epítetos: ácido, amargo, cáustico, realista, sádico, lúcido, pesimista, satírico, misántropo, pero quizá, sea cínico el calificativo más acertado. En su <em>Diccionario del diablo</em> (1911), define el arquetipo de hombre, "miserable cuya vista defectuosa le hace ver las cosas como son y no como debieran"; en realidad, una burla total y despiadada del género humano, de sus instituciones, de sus presupuestos lógicos, de sus ideas más conspicuas y un repaso a la más diabólica lexicografía contra las ideas que jamás nadie haya podido pensar. Sin embargo, en su libro más conocido, <em>Cuentos de soldados y civiles</em> (1891), esbozó un erial moderno de pobreza y de guerra en el que el futuro aparece excluido. De estos relatos destacan aquellos donde el horror metafísico encuentra un sustento de veracidad cotidiana. Estos cuentos pretenden expresar ese horror como la experiencia esencial de la guerra; existe en ellos un componente irreal y fantástico casi espectral en el sentido del más allá que se agudizará en posteriores obras. Vida, horror y muerte serán las premisas de unas historias de soldados entre los que podemos encontrar buenos ejemplos del mejor arte narrativo de todos los tiempos. Con una estructura perfecta, muestran una multiplicidad de sucesos cuyo tema común, la guerra, se solapa con el de la muerte y así encontramos relatos en los que un soldado da muerte a su propio padre, un capitán ordenar disparar un cañón situado frente a su casa, un prisionero mantiene una conversación filosófica con su ejecutor, o un misterioso jinete surca el cielo. Los cuentos de civiles, por otro lado, comparten ese componente irreal y fantástico que caracteriza a toda la colección, pero el dramatismo en estos es menos eficiente, aunque conservan la maestría de la acción. La condensación dramática, en general, completa perfectamente el volumen y servirá de base para posteriores entregas; también, sus relatos están impregnados de humor, aunque un humor tan negro que no resulta fácil percibirlo, como señala su traductor <strong>Emili Olcina</strong>, pero cuya omnipresencia es necesaria para la coherencia de la narración. Al mismo tiempo, <em>Cuentos de soldados y civiles</em> señala esa doble realidad, tan diversa, de una posterior nación unitaria, aunque en los relatos de soldados la guerra está en curso, y también está, en los de civiles, la conquista del Oeste. Bierce nunca enfocará la historia como si se tratara de un aspecto titánico, sino que la examina a través de conflictos personales y será, entonces, cuando el lector contemple la debilidad humana magnificada en los escenarios grandiosos de la Guerra Civil y del Gran Oeste.</p><p><strong>Humor negro</strong></p><p><em>El diccionario del diablo</em>, escrito durante el último tramo del siglo XIX, pone el dedo en la llaga de una sociedad que se empeña en aparentar lo que no es. Utilizando los giros propios de un lenguaje balanceándose en la cornisa de lo políticamente correcto, Bierce banaliza el sentido común, desacraliza las imposturas de las instituciones y estrella al hombre en el muro de sus inseguridades y simulaciones. Con una apreciación imaginativa directa, sin elusiones, con las garras del mayor cinismo, cada definición es una obra maestra de un ingenio creador único. ¿De quiénes habla Bierce? De la burguesía, de los afectados, de la gran ensalada en la que se convierten los hombres a partir de un pretendido lugar en la pirámide de la sociedad. Como en un laboratorio donde todo se trasluce, el autor recorre los temas y tópicos que fueron ejes de su obra literaria, la economía, la guerra, el matrimonio, la muerte, el hombre, la mujer, son pasados por un filtro que a muchos deben haber incomodado. El conjunto es un libro para tenerlo a mano y hojearlo siempre. Incluso puede ser muy bueno acudir a él después de leer algunos de sus mejores cuentos para cerrar el día de una manera absoluta. <em>The Devil’s Dictionary</em> es una recopilación de 998 definiciones expresadas en fórmulas asesinas, corrosivas y sin piedad para el género humano. Escrito de 1881 a 1906, inicialmente fue publicado en fragmentos en diversos periódicos durante más de veinte años, y al finalizarlo su autor se recopiló una versión completa en 1911. </p><p>  </p><p>La editorial Sexto Piso reúne una amplia selección de aquellas definiciones de más vigencia para un curioso y atento lector actual. Traducido, de forma magistral, por <strong>Vicente Campos </strong>y acompañado por las viñetas del ilustrador <strong>Alberto Montt</strong>, esta despiadada colección de definiciones sobresale por su ingenio cáustico que tanto ayer como hoy mira hacia la política, las finanzas, la religión, la literatura o el arte, actitudes y hechos que son manejados, sobre todo, por la estupidez humana, la intolerancia de los poderosos y la falsedad de una sociedad que bien puede medirse en las actitudes y acciones de este presente que solamente podremos soportar gracias al poder desacralizador de la risa.</p><p>La literatura de Bierce debe mucho a la de otro maestro del relato de misterio, <strong>Edgar Allan Poe</strong>, para quien la realidad se encontraba siempre más allá, fuera de lugar o por debajo de las formas estabilizadas, bien de la sociedad, bien del espíritu. Sus obras, en general, están repletas de dramas y de fuerzas psíquicas impersonales y en su escritura, indiscutiblemente, se percibe el dominio de estas fuerzas que consiguen llegar hasta la misma psique humana. En sus cuentos el futuro siempre está excluido, la atrocidad de algunos momentos no deja indiferente a un lector que valora algunas de las pesadillas vividas por los protagonistas del narrador norteamericano.</p><p>El personaje</p><p>Ambrose Gwinett Pierce nació en Meigs Country, Ohio, en 1842, y fue el décimo de un total de trece vástagos de una modesta familia calvinista que educó a sus hijos en la escuela rural del lugar y en la modesta biblioteca del padre. Las precariedades familiares llevaron, muy pronto, al joven Bierce a abandonar su casa a los quince años para instalarse en la cercana Warsaw, inicialmente como aprendiz de impresor, aunque muy pronto aprovechó para alistarse voluntario en el 9º Regimiento de Infantería de Indiana, del ejército de la Unión, apenas comenzada la contienda civil. El año 1866 marcaría el inicio de un cambio de rumbo en la sociedad norteamericana y en la propia vida de Bierce: empezaría a ejercer su definitiva profesión de periodista y durante más de treinta años se entregaría a esta actividad publicando en los principales periódicos de la costa californiana, el <em>Argonaut</em>, <em>News Letter</em>, <em>Overland Montly</em> y el <em>San Francisco Examiner</em>. Alternó su dedicación a la prensa con su creación literaria, viajó a Europa, vivió en Londres, y volvió a San Francisco con una amplia experiencia y con algunas de las obras que posteriormente le harían famoso, <em>Cuentos de soldados y civiles</em> (1891), <em>¿Pueden existir tales cosas? </em>(1893), <em>Fábulas fantásticas</em> (1899), <em>El diccionario del diablo</em> (1911), o los doce volúmenes de sus <em>Obras Completas</em> (1909-1912).</p><p>Tenía 71 años cuando el autor escribió: "Soy tan viejo que me avergüenza vivir todavía", una resonante frase encontrada en una de las últimas cartas que se conservan de sus días en el México convulso. Premeditación que le llevaría a dejarse matar: ser un gringo viejo, y un provocador en medio de una revolución, suma final de uno más de los ingredientes de sus numerosos actos sublimes. La literatura, por otra parte, está poblada de hermosos suicidios porque, al fin y al cabo, si el asesinato puede ser considerado como una de las bellas artes, con mayor motivo ha de serlo el suicidio, que no es ni más ni menos que un asesinato perpetrado en la propia persona. Un día de 1913 cruzó la frontera con una importante cantidad de dinero y un salvoconducto que le permitiera recorrer el territorio constitucionalista. En Chihuahua escribió dos cartas: una fechada en la Nochebuena de 1913 y otra, dos días más tarde, el 26 de diciembre. Poco más se sabe de él. En el cementerio del pueblo mexicano de Sierra Mojada, existe una tumba donde, según la tradición local, está enterrado un "gringo" que, a principios de 1914, intentaba unirse a las fuerzas de Pancho Villa: fue fusilado contra la pared del cementerio, por tropas fieles a Victoriano Huerta. Los lugareños cuentan que el "gringo", encarado a su pelotón de fusilamiento, se echó a reír, y siguió riendo incluso después de haberle derribado la primera descarga de su propia ejecución. _____</p><p><strong>Pedro M. Domene</strong> es escritor.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro M. Domene]]></author>
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