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    <title><![CDATA[infoLibre - Retrato robot]]></title>
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      <title><![CDATA[Sofía y Letizia: Mañana en la batalla piensa en mí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/sofia-letizia-manana-batalla-piensa_1_1859642.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/60c15e41-eb08-4d89-a313-daa9a5036dc3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sofía y Letizia: Mañana en la batalla piensa en mí"></p><p>A la memoria de Manuel Fernández-Cuesta</p><p><em>Ninguno ha llegado aquí que no haya sido inmolado</em></p><p>Eurípides, <em>El Cíclope</em></p><p><strong>1</strong></p><p>Una de las actividades que más tiempo demandaban al general <strong>Franco </strong>era la <strong>pesca</strong>. Como prueba de tal afición, está el testimonio de su primo, el teniente general Francisco Franco Salgado-Araújo, secretario privado del dictador, quien llevaba un diario meticuloso de su actividad tanto pública como privada, ya que en sus páginas transcribía también parte de las conversaciones que mantenían en sus encuentros matinales. </p><p>En el mes de <strong>mayo de 1963</strong>, Franco se tomó un par de semanas para pescar salmón en el <strong>Narcea </strong>y, a su regreso a El Pardo, el día 25, el primo apunta en su diario el comentario que le hace sobre un acto tradicionalista en apoyo al Movimiento: “Al pretendiente Don Javier solo le aclama una pequeñísima parte del pueblo español, y apenas nadie le conoce”. Franco se refiere a <strong>Javier de Borbón-Parma</strong>, quien junto a su hijo <strong>Carlos Hugo</strong>, lideraban la opción <strong>carlista </strong>al trono de España. Más adelante, en el mismo reporte, registra el malestar del dictador por un incidente ocurrido el día anterior en el teatro María Guerrero de Madrid, donde se había presentado una actuación de los Coros y Danzas de la Sección Femenina de <strong>Falange</strong>. </p><p>Los <strong>príncipes, Juan Carlos y Sofía</strong>, asistentes al acto, al salir al vestíbulo se toparon con un grupo “javierista” que dio vivas al rey Javier. Dice Franco: “Los inspectores de escolta de los príncipes, pertenecientes a la Casa Militar mía, le indicaron la conveniencia de esperar en el <em>hall</em> a que salieran los perturbadores; S. A. el príncipe se negó y salieron, repitiéndose los gritos de vivas al rey Javier. Una vez dentro del coche, les rodearon repitiendo estos vivas, a lo que Don Juan Carlos contestó diciendo: ‘¡Viva!” Salgado-Araujo, entonces, apunta que le han informado que después del grito del príncipe, Sofía le dijo a su marido que hubiera debido contestar con un “¡<strong>viva Franco</strong>!” “El Generalísimo –escribe Salgado-Araujo en el diario– se ha sonreído ante esta información mía, que le ha agradado y que comenta diciendo: 'La princesa, como te había dicho, es sumamente inteligente'”.</p><p><strong>2</strong></p><p>Un año antes del episodio que narra Salgado-Araújo, durante<strong> la luna de miel de Juan Carlos y Sofía</strong>, navegando por el mar Egeo en el yate <em>Eros</em>, en una de las escalas antes de viajar a Roma, el príncipe se topó con una delegación del Consejo Privado de su <strong>padre, don Juan, </strong>para comunicarle que renunciara a la tutela de Franco y que fijara su residencia fuera de España. Pilar Urbano, en la biografía del rey, dice que la princesa Sofía estuvo presente en la reunión y que le expresó a su marido su conclusión del encuentro: “Políticamente, estás solo. Peor que solo: los tienes en contra”. Días después, ya en Roma, llegó desde Madrid una delegación que los acompañaría a la audiencia con el <strong>papa Juan XXIII</strong>. </p><p>Juan Carlos comentó a los integrantes de esa delegación la reunión que había mantenido con los emisarios de su padre en la que le exigieron que no visitara España. El <strong>duque de Frías</strong>, jefe de la Casa del Príncipe, les dijo: “Franco les espera en El Pardo”. Con la excusa de que Juan de Borbón se encontraba navegando y con la falta de certeza de los puertos en que amarraría, la princesa Sofía, según cuenta Urbano, resolvió la situación: “No lo consultes ni lo ocultes: dáselo hecho”. Así fue como, con el aval que obtuvieron de las reinas Victoria Eugenia y Federica de Grecia, la pareja voló a Madrid. Paul Preston cuenta que <a href="https://www.infolibre.es/cultura/teatro/els-joglars-shakespeare-moliere-hubieran-hecho-grandes-obras-vida-juan-carlos-i_1_1728477.html" target="_blank" >Juan Carlos</a> le confió entonces a su ayudante, el coronel Emilio García Conde: “Esto va a ser la <strong>ruptura con papá</strong>”. Lo cierto es que fue el comienzo de la participación activa de la entonces princesa Sofía en la estrategia política de su marido que culminaría con la <strong>coronación </strong>de Juan Carlos I. </p><p><strong>3</strong></p><p>En sus conversaciones con Pilar Urbano, la reina Sofía asegura que ni ella ni el resto de la familia estuvieron presentes en la grabación del mensaje del monarca, sino que lo vieron en televisión “como el resto de los españoles”. Sin embargo, la escritora Pilar Eyré, en su biografía de la reina, aporta otra fuente, las notas manuscritas de un amigo íntimo del rey Juan Carlos, Manuel Prado y Colón de Carvajal, que esa noche estuvo en la Casa Real junto a los reyes, y que escribe: “<strong>Mientras se grababa el discurso, la reina lo miraba sentada en un sillón</strong>”. Por su parte, Paul Preston afirma sin dudar: “La Reina y el príncipe Felipe estuvieron presentes en todo momento”.</p><p>En ese breve discurso, de un minuto y veintiséis segundos que da el rey aquella noche a los españoles, se concentra una narrativa que le sostiene como eje de la <strong>Transición</strong>, relato que se va degradando hasta un epílogo, otra pieza breve, en la que pide perdón a la misma audiencia.</p><p><strong>4</strong></p><p>Cuando en <strong>2003 el príncipe Felipe y la periodista Letizia Ortiz </strong>comparecen ante la prensa por vez primera para anunciar su <strong>relación</strong>, el príncipe, además de abundar en el compromiso de la pareja con España y la institución, antepone un hecho al que da la mayor importancia: el <strong>amor</strong>. A todos deja claro lo "enamorado" que está de Letizia. Es de esperar, al menos en la convención, que la primera razón del vínculo en una pareja sea el amor. Dando esto por descontado, lo usual es que en una escena como la mencionada el peso del discurso esté colocado en el significado institucional y no en el emocional. No fue así y se comienza a escribir de este modo un relato <strong>sentimental</strong>.</p><p>Letizia abandonó un plató para hospedarse en palacio en tiempos en los que las audiencias televisivas eran capitalizadas por el <em>reality show</em> y el que lideraba todas las mediciones era el <em>programa </em><em><strong>Sálvame</strong></em>, que seguía las aventuras y desventuras de una mujer que había sido abandonada por un torero, cambiando el cortijo donde vivía para instalarse en un plató.</p><p><strong>¿Qué conexión o contradicción puede haber entre estas dos situaciones? </strong></p><p>Estábamos entonces a un paso de ver como la <strong>Casa Real se convertiría, a su vez, en el plató de un </strong><em><strong>reality show</strong></em> con secuencias en cadena: el safari de <strong>Botsuana</strong>, la amante del rey, <strong>Corinna Larsen</strong>; el fraude a Hacienda, el caso Nóos, <strong>Iñaki Urdangarin en la cárcel,</strong> la <strong>abdicación </strong>de Juan Carlos y su posterior exilio en <strong>Abu Dabi</strong>. No cabe duda, aunque no se cuente con fuentes serias como las de Pilar Urbano o Paul Preston que nos hablan de los pasos de la reina Sofía, de que Letizia ha colaborado activamente en la modificación de esa grilla de programas desafortunados, recortando la plantilla de la Casa Real y planteando nuevas narrativas. No es poca cosa. Quizás una escritora hubiera hecho un mejor trabajo –escribir el <strong>relato </strong>del que carece la actual monarquía española–, pero ante los acontecimientos de palacio, de momento solo se trataba de ordenar las texturas de un <strong>folletín </strong>para convertirlas en respuestas. </p><p> ¿Qué más le podrían pedir a <strong>Letizia</strong>, una profesional que desde la emoción intentaba narrar la fortaleza del amor y en muy poco tiempo descubrió que, como en el famoso verso de <strong>Borges</strong>, a ella y a su marido les unía solo el <strong>espanto</strong>?</p><p><strong>5</strong></p><p>Teniendo en cuenta que el cuerpo social que los contenía cuando asumieron la corona se movía en el marco del <strong>15-M</strong>, y pensando que el perfil de Letizia Ortiz, la nueva princesa, estaba escrito en un margen -una <strong>mujer independiente, periodista, progresista y divorciada</strong>-,<strong> </strong>el paso adelante para construir la nueva narrativa también debía buscarse en los nuevos márgenes ya que el centro cedía, por ejemplo, en <strong>Podemos</strong>. Pero eso no era posible: no había llegado a palacio para desmontar la institución.</p><p>La situación reclamaba otro foco. Letizia Ortiz estaba encasillada como un <strong>personaje de Giuseppe Lampedusa</strong>. En <em><strong>El gatopardo</strong></em>, la genial y única novela del autor siciliano, el príncipe Salina, ante la inestabilidad generada por la revolución de <strong>Garibaldi</strong>, no ve con malos ojos que su sobrino Tancredi se case con la hija del alcalde, un plebeyo de poca cultura, pero de una inmensa fortuna obtenida del negocio inmobiliario. A pesar de su trasfondo existencialista, la novela es popular por su planteamiento político: modificar algo para que nada vaya a cambiar. Por otro lado, al final de cuentas, ya lo dijo antes <a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/manuel-vilas-libros-escritos-pobres-no-ricos-ricos-disfrazados-pobres_1_1834524.html" target="_blank" >Stendhal</a>: el deseo del noble no se proyecta dentro de la corte, sino que desciende a la plebe, al banquero, al empresario. ¿Cuál es la corte que recibe a <a href="https://www.infolibre.es/politica/juancarlismo_1_1234457.html" target="_blank">Juan Carlos en Sanxenxo</a><em>?</em></p><p>Sin embargo, la reina Letizia, a pesar de los <strong>malos augurios</strong>, como señala Martín Bianchi Tasso en <em>Letizia en Vetusta</em>, ahora “hay cierto consenso en que es uno de los <strong>activos </strong>más valiosos de la Corona”. Así como Podemos, acabó consolidando al PSOE en lugar de hacer un <em>sorpasso</em> por la izquierda, <strong>Letizia robusteció la monarquía</strong>. La diferencia es que la agrupación de Pablo Iglesias está bajo mínimos y Letizia, al contrario, está proyectando a su hija <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/leonor-heredara-reino-fantasmas-propio-rey-convertido-gran-amenaza-corona_1_1702578.html" target="_blank" >Leonor en un rol impensable hace años</a>: la joven reina ya no narra en los márgenes, está <strong>escribiendo el futuro de la Corona</strong>. </p><p><strong>6</strong></p><p>La<strong> reina Isabel</strong> es un paradigma para las monarquías europeas, sobre todo, a la hora de necesitar respiración asistida. Reinó <strong>siete décadas</strong> sorteando todo tipo de obstáculos, quizás el mayor cuando murió Diana Spencer. Y el único salto que dio al vacío fue en la apertura de los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres, cuando simuló lanzarse en paracaídas junto a <a href="https://www.youtube.com/watch?v=1AS-dCdYZbo&t=1s" target="_blank">James Bond sobre el Estadio de Stratford</a>. No dejó un solo folio sin escribir a lo largo de su prolongado reinado. Es más, no lo dejó de hacer incluso después de muerta.</p><p>Cuando su salud ya se deterioraba sin remedio, Isabel II decidió abandonar <strong>Buckingham </strong>e instalarse en el Castillo de <strong>Balmoral</strong>, su residencia estival y sitio predilecto. A partir de esta afinidad la Casa Real británica comunicó que se trataba de una elección íntima de Isabel. Sin embargo, se convirtió en el último gesto político de una figura que no dejó en ningún momento, incluso desde el más allá, de marcar con su impronta la agenda del reino. </p><p>No solo el deceso se produce allí, en Escocia, sino que el largo peregrinaje de sus restos cruzó ese país desde Balmoral a Edimburgo, en un lento <strong>cortejo por las carreteras escocesas</strong> durante casi siete horas, entrando en cada uno de los pueblos y dando un rodeo lo suficientemente pausado para que todos los habitantes pudieran dar su adiós a la soberana. Aquellas imágenes de la BBC recordaban a las que cada año se ven en la televisión del Tour de Francia, pero en lugar de los ciclistas atravesando verdes colinas, allí se veía rodar un cortejo fúnebre. No es procaz afirmar que se asistió a un acto de <strong>campaña electoral de la monarquía</strong> frente a un referéndum que luego el Tribunal Supremo británico declaró ilegal y prohibió realizar, pero en las elecciones generales de este año, el independentismo escocés tuvo una debacle histórica. Obviamente, hay circunstancias políticas que explican esta derrota, pero <strong>la reina, aún muerta, no dejó de hacer su trabajo</strong>. </p><p>Sin duda, <strong>Letizia también trabaja para dejar a su hija Leonor un legado narrativo</strong>, un gran relato con el que anhela que reine. Póstumo, claro está, como este último capítulo escrito por la reina Isabel. Al igual que <em>El gatopardo</em>, editado después de la muerte de su autor ya que Lampedusa murió sin ver su libro publicado, obra que sin duda la reina Letizia ha leído con suma atención. No cambió de profesión solo para representar una jerarquía; ejerce el cargo para <strong>convertir la información en respuestas</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Aug 2024 17:12:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Roig]]></author>
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      <title><![CDATA[Alvise Pérez: El club de la lucha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/alvise-perez-club-lucha_1_1856897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8f769c8b-a054-4e4d-912f-9b2c3f14741c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alvise Pérez: El club de la lucha"></p><p><em>No soy un loco</em></p><p>Alvise Pérez, </p><p><em>La Razón</em>, 21 de abril de 2021</p><p>En los primeros años noventa, cuando el <em><strong>felipismo</strong></em><strong> </strong>agonizaba, un señor mayor, con una reproducción del <em><strong>Guernica</strong></em><strong> </strong>en la mano, encaraba a los visitantes al Reina Sofía ofreciendo una interpretación peculiar del cuadro: “¿Le explico el <strong>Picasso</strong>? Nada que ver con Guernica. El socialismo no deja [sic]”. </p><p>En un artículo de <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>, la<strong> escritora Ana Basualdo</strong> cuenta que <strong>Saturnino Soria</strong>, un jubilado, intentaba explicar que el origen del cuadro se encontraba en otra obra, <em>Los horrores de la guerra, </em>de Rubens, teoría que había conocido a través del texto de un profesor murciano. Inquisidor, Saturnino, cuenta Basualdo, señalaba a la gente joven que entraba a ver la obra de Joseph Beuys: “Son cristianos nuevos, socialistas, taimados”. </p><p>En mi primer viaje a Madrid, a finales de los años ochenta, lo vi por primera vez en la puerta del <strong>Casón del Buen Retiro,</strong> donde aún estaba el <em>Guernica</em>. Allí había comenzado su cruzada, su cátedra iluminadora y fue, además, donde, siendo <strong>empleado </strong>del museo, tomó contacto con aquella curiosa interpretación que le cambió la vida hasta el final de sus días. Como vigilante de sala del Prado, asumió espontáneamente el rol de guía para explicar a todo visitante que se acercaba al <em>Guernica</em> su teoría. Cuando la situación se hizo insostenible, lo despidieron. Pero el oscurantismo no consiguió detener a Soria, quien primero se instaló en la puerta del Casón del Buen Retiro para trasladarse luego, siguiendo al cuadro hasta las escaleras del Reina Sofía donde el tiempo, lentamente, lo disolvió. </p><p>Las <strong>ocurrencias de Alvise Pérez en Ciudadanos</strong> también son singulares como las de Saturnino Soria, compartiendo incluso la misma <strong>aversión por los socialistas</strong>. Después de iniciarse en política en UPyD, el partido de Rosa Diez, en 2012 se trasladó a Leeds para olvidarse de esa experiencia y afiliarse a los <em>Liberal Democrats,</em> ostentando el hecho de ser el primer español que se convirtió en delegado del <em>Liberal Youth</em>. La organización juvenil tiene un medio digital, <em>libel</em>, donde Pérez publicó una <strong>autoentrevista </strong>en la que cuenta banalidades como llevar “sangría Don Simón y tortilla de patatas a cada reunión” y declarar que allí a un español le “basta ser demócrata y tener la certeza de que la democracia es un verbo que debe conjugarse [sic]. En base a esto, vemos qué organizaciones coinciden mejor con nuestras opiniones, y colaboramos. Algo que muchos españoles y otras minorías hacen ya por todo el país [Reino Unido]”. Como se puede leer, Pérez aún padecía la <strong>enfermedad infantil de los libertarios. </strong>Faltaba muy poco para dejar atrás la pubertad. </p><p>En 2017 <strong>Toni Cantó</strong> aún era diputado en el Congreso, pero ya estaba preparando su aterrizaje en Valencia donde pretendía disputar la Generalitat a Ximo Puig y Mónica Oltra. Cantó mantuvo un encuentro con Pérez y no dudó en convencerse de que tenía delante a la persona idónea para llevar la campaña y, por encima de todo, la creación de la narrativa digital que circularía por las redes. Un asesor de Ciudadanos, compañero de Pérez en el equipo de trabajo, lo recuerda así: “Alvise es un <strong>buen repartidor de dopamina política</strong>. Daba a los políticos de Ciudadanos lo que anhelaban. Sólo con ver que el tuit tenía interacciones o que el acto que convocaban tenía gente ya se sentían alcaldes o miembros del gobierno autonómico. Este <em>modus operandi</em> cortoplacista es ideal para los agitadores sociales. <strong>Alvise fue útil para hacer crecer la espuma de Ciudadanos</strong>, cuya dirección fue incapaz de pensar a largo plazo y fracasó a corto”. </p><p>Al poco tiempo de llegar a Valencia, subió un tuit en el que aseguraba que un grupo de manteros había provocado que un taxi atropellara a un niño de 7 años. Lo ilustraba con una foto en la que, efectivamente, se veía a un grupo de manteros con sus ofertas desplegadas en la acera, pero también a un grupo de gente caminando por la calzada. Pérez no se enteró de que era una vía peatonal; ya <strong>apuntaba maneras.</strong> Fue por entonces cuando en el equipo comenzaron a llamarle <strong>“el camarero de Leeds”</strong>.</p><p>Aquellos comienzos fueron sólo un tímido prólogo del apogeo, que llegó con la pandemia en Madrid cuando se reveló como un <strong>productor de bulos sin par</strong>, con demostraciones memorables contra las vacunas, la agenda 2030, el 11-M o, recientemente, en la campaña de las europeas, denunciando un posible fraude electoral, relato falso que los otros dos partidos de la derecha difundieron en las autonómicas y municipales de 2023 pero que luego olvidaron ante los resultados del escrutinio. Da la impresión de que también se siente cómodo interpretando un<em> cover</em> de alguna pieza exitosa de sus compañeros de ruta. </p><p>Al contrario de aquello que proponía Pérez en Leeds a la revista <em>libel </em>cuando ponía énfasis en la democracia y en su ejercicio desde la óptica liberal, hoy asume un<strong> relato libertario, disruptor, extremo</strong>, en la línea narrativa de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/milei-presidente-guionista-imaginar-actor-apocaliptico-le-gusta-destruccion_1_1803909.html" target="_blank" >Javier Milei</a> o la ejecutiva de <a href="https://www.infolibre.es/internacional/bukele-toma-posesion-segundo-mandato-presidente-salvador_1_1806713.html" target="_blank" >Nayib Bukele</a>: “Si tenemos que meter a 40.000 tíos en prisión, los metemos, y si luego me tiene que venir la ONU a decir que estoy violando derechos fundamentales, me descojono. Digo, mira, pues te cojo a los 40.000 en fila y te los llevo, ¿a dónde queréis? ¿A qué país progre quieres que te los lleve? ¿A Francia? ¿A Alemania? Para vosotros los 40.000 criminales que no queremos en España”</p><p>Con estas propuestas pretende ahora llegar a la Moncloa. Toni Cantó, cuando comprendió que el fichaje era ingobernable, lo desplazó de la jefatura del gabinete a una posición menor. Pérez, al comprender el final del ciclo, se fue por su propio pie. Sabe que <strong>el camino es largo,</strong> tanto como lo fue para Saturnino Soria dejar contra su voluntad el Casón del Buen Retiro y nunca llegar a ser un guía del Reina Sofía. “¿Le explico el libertarismo? Nada que ver con la democracia. El socialismo no deja”.</p><p>2</p><p><em>Si hay un narcoterrorista, no quiero que se le persiga, </em></p><p><em>quiero que le pegues con un subfusil.</em></p><p>Alvise Pérez, </p><p><em>'El País'</em>, 12 de junio de 2024</p><p><strong>Javier Milei</strong> convirtió en eslogan popular el sintagma “no hay plata”. Lo mismo sucede, en términos de dislate, con el principal argumento que esgrimía Alvise Pérez en su campaña de las últimas elecciones europeas: <strong>pedir el voto para aforarse y evitar la cárcel.</strong> Consiguió tres escaños. “Es que tengo que votarle para que tenga inmunidad política y no puedan imputarle”, declaró una mujer mallorquina al diario <em>Última Hora </em>de Palma al salir de su mesa electoral. Parafraseando a Ian Fleming, Alvise ha hecho <strong>campaña pidiendo licencia para mentir.</strong> </p><p>Aquello que llama más la atención es la levedad de sus ideas y la ausencia total, no ya de un programa, sino de un <strong>dogma </strong>mínimo desde el cual proyectar sus propuestas. Se autodefine como “liberal-libertario” y a partir de <strong>expresiones extremas abraza la guerra cultural </strong>de líderes como Milei, referente del que pareciera adoptar el marco <strong>paleolibertario </strong>de Murray Rothbard, el economista estadunidense, seguidor de la Escuela Austríaca de economía de Mises y Hayek. Milei se siente cómodo allí no solo por asumir su dogma extremo en cuestiones económicas, sino por expresar un libertarismo que Pablo Stefanoni, en su libro <em>¿La rebeldía se volvió de derecha?, </em>define como un campo sumamente flexible en el que “se puede defender ‘libertariamente’ el consumo de drogas, el aborto y otras demandas progresistas, o se puede propiciar que el mercado infinito abarque incluso los ‘mercados incómodos’, como la <strong>venta de órganos </strong>o la privatización de la seguridad o incluso de la justicia”. Milei, por ejemplo, aboga abiertamente por un mercado libre de venta de órganos y bebés. Alvise Pérez plantea, de momento, la restricción de dinero digital y el <strong>regreso del efectivo, la abolición de la Agenda 2030;</strong> una reforma penal extrema, en principio orientada hacia la inmigración siguiendo la línea de <strong>Trump</strong>, y posiciones antifeministas y enfrentadas al movimiento LGTBI.</p><p>De todos modos, cuesta ver su propuesta general ya que carece de un programa que la articule y sus manifestaciones son expresiones sueltas propias, inconexas, <strong>de un </strong><em><strong>influencer</strong></em><strong> más que de un político</strong>. De hecho, su mayor fuerza radica en un canal de Telegram con casi 600.000 seguidores y 982.000 en su cuenta en Instagram. Alvise Pérez considera medios a estas redes sociales, efectivos, sin duda, como <strong>vectores de propaganda</strong>, pero no como herramientas informativas. La máscara de Anonymous que usa como logo de Se Acabó La Fiesta a pesar de cubrir el rostro de una ardilla, símbolo de su feligresía, más que un detalle naíf pareciera que ocultara una versión nativa del club de la lucha.<strong> Alvise no concilia, enfrenta; no propone, golpea. </strong></p><p>Pérez rechaza que se le llame <em>influencer</em> al igual que reniega de los partidos políticos, pero se trata de un <em>influence</em>r fuerte que ha conseguido movilizar voluntades en las redes hasta alcanzar 800.000 votos y tres escaños en la cámara europea. <strong>Pérez interactúa de manera dinámica con sus seguidores</strong> y mantiene el canal abierto para recibir denuncias de todo tipo sin fijar ningún margen de chequeo. He aquí una de las claves de la inmunidad que anhelaba como aforado, ya que uno de los roles que sí asume Pérez es la de litigador: tiene en su espalda un largo número de juicios que incluyen demandas de <strong>Manuela Carmena, Ana Pastor, José Luis Ábalos y Salvador Illa,</strong> entre otros. Quienes le acompañan en la lista de las europeas son ilustres desconocidos, dos supuestos empresarios que ni siquiera se han dignado a realizar una sola aparición pública. Todo llevaría a pensar que, al fin de cuentas, Alvise Pérez tiene como fin operar a la manera del sindicato <strong>Manos Limpias</strong>, con una cobertura judicial y un altavoz calificado provistos por la <strong>Unión Europea</strong>, la cual, vaya paradoja, es una de sus dianas. </p><p>Será esta la razón por la que no tiene programa: “Eso de publicar un libreto prometiendo el oro y el moro para que la gente lo lea, da igual. Lo que tienes que tener son iniciativas y medidas, no un <strong>programa electoral basura</strong> que luego no cumple nadie”, dijo en una entrevista de <em>El País</em> después de las elecciones. </p><p><strong>3</strong></p><p> <em>Pero, ¿usted quién es?</em></p><p>@EqInvestigación (X), </p><p><em>La Sexta</em>, 23 de octubre de 2020</p><p>Como es sabido, el verdadero nombre de Alvise Pérez es <strong>Luis</strong>. En muchos medios de referencia, cuando se publica una nota biográfica suya se subraya el hecho de que Alvise es la traducción de Luis al lombardo, nombre del personaje de una novela de<strong> Agostino Nifo,</strong> sitio del cual Pérez lo tomó por identificarse con él. Cuando se recurre a la obra de Nifo, en la página italiana de Wikipedia, encontramos que se trata de un filósofo y humanista que vivió entre los siglos XV y XVI, sirvió al papa León X y en español solo es posible acceder a un ensayo, <em>Sobre la belleza y el amor</em>. El resto de su obra, medio centenar de títulos, está publicada en su mayoría en latín y en un número reducido de lenguas modernas. No hay ninguna novela en el prolífico trabajo intelectual de Nifo, lo cual no es impedimento para que Pérez haya abordado cualquiera de esos textos y se haya topado con el nombre que adoptó. Por su parte, Rita Venturelli, la investigadora del CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales), en un trabajo que publicó sobre Nifo y su obra <em>De regnandi Peritia</em> (<em>Sobre la habilidad de gobernar</em>), dice que se trata de una reescritura “tranquilizadora” de <em><strong>El Príncipe </strong></em><strong>de Maquiavelo, </strong>sujeta a la ideología dominante transmitiendo “la utopía de los buenos sentimientos y de las costumbres aceptadas”. La Wikipedia italiana, más procaz –también menos rigurosa–, no habla de una versión de <em>El Príncipe,</em> sino de un simple plagio. </p><p>Quizás Pérez ignore todo este contexto de su nombre adoptivo. Tal vez, por el contrario, pueda ilustrarnos sobre el filósofo de la Campania. Después de todo, el florentino fue famoso por acomodar la visión aristotélica de Averroes al dogma de Roma y por ello, León X lo nombró conde palatino con derecho a usar su apellido, Medici. Todo un atractivo mundo para <strong>Pérez que no ha hecho más que empezar en “la habilidad de gobernar”.</strong></p><p><strong>4</strong></p><p><em>Yo no debería existir.</em></p><p>Alvise Pérez, El Español, 23 de junio de 2024</p><p>La última película del director francés <strong>Robert Guédiguian</strong>, un realizador que al igual que Ken Loach, aborda temas sociales, es una suerte de comedia que gira en torno a una catástrofe ocurrida en <strong>Marsella </strong>hace pocos años, cuando<strong> se derrumbaron dos edificios en ruinas</strong> en el centro histórico, dejando muertos, un centenar de evacuados en situación de desamparo humanitario sin cobertura y un agujero como símbolo de esa situación. La trama cuenta la vida de esos personajes y la decisión de una trabajadora sanitaria, muy popular entre el vecindario, de presentarse a las elecciones municipales como cabeza de un bloque de izquierdas. Un personaje, viejo comunista, dice: “En Marsella todo el mundo es de izquierdas, no hay burgueses, ni racistas, solo hay buenas personas”. Esto es lo que lleva a dar un tono ligero de comedia a la historia en una ciudad signada por la guerra del narcotráfico y la corrupción inmobiliaria. </p><p>Hace unos años, Robert Guédiguian hizo otra película, ya clásica, <em>Presidente Mitterrand</em>, donde cuenta los últimos días del exmandatario en el Eliseo, basada en una biografía de Georges-Marc Benamou. Una de las reflexiones que Mitterrand le dice a Benamou, interpretados por Michel Bouquet y Jalill Lespert, respectivamente, es: “Soy el último político francés con un mínimo margen ante el<strong> poder financiero global; </strong>esto se acaba aquí”. Más allá de la vanidad de Mitterrand y los giros que dio en sus legislaturas, sabía lo que estaba diciendo. Todas las costuras de los viejos partidos franceses se han roto. </p><p>Marine Le Pen, Jordan Bardella, Eric Zemmour. Cada cita electoral en Francia va agregando un nuevo actor de la ultraderecha frente a una <strong>izquierda que se atomiza</strong> o <strong>concentra </strong>frente al abismo sin terminar de resolver ni la tensión política ni los problemas de fondo. No es distinta la situación en España, donde a las figuras extremas dentro del Partido Popular y a Vox se acaba de sumar el singular líder de Se Acabó La Fiesta. Por cierto, la película de Guédiguian que cuenta la última aventura de la izquierda en Marsella, aún en cartelera, se llama <em><strong>Que continúe la fiesta</strong></em>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Aug 2024 17:01:31 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Roig]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Alvise Pérez: El club de la lucha]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Taylor Swift soy yo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/taylor-swift_1_1855304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d0d6d45a-ef07-497a-b139-bdda30c9695b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Taylor Swift soy yo"></p><p><a href="https://www.infolibre.es/cultura/musica/taylor-swift-rosalia-robe-ayax-prok_1_1692416.html" target="_blank" >Taylor Swift</a> fue elegida por la revista <strong>'</strong><em><strong>Time' </strong></em><strong>personaje del año en 2023, </strong>siendo la primera artista de la <strong>música pop</strong> que ocupaba ese lugar. Ni <strong>Madonna </strong>ni <strong>Bob Dylan</strong>, ni otro músico. En casi un siglo de elegir anualmente a la persona más destacada cada año han llegado a celebrar al ordenador en 1982 como “máquina del año” o al usuario anónimo de internet en 2006, pero jamás a un artista. A esta altura en la que la revista ha quedado reducida a una referencia de la que solo da cuenta de su existencia el ecosistema de medios podríamos decir que es <strong>Taylor Swift quien elige a '</strong><em><strong>Time'</strong></em><strong> </strong>y no viceversa. <a href="https://www.infolibre.es/cultura/musica/taylor-swift-bate-records-sinatra-stevie-wonder-paul-simon-grammy-son-swifties_1_1707148.html" target="_blank" >Este es el tiempo de Taylor Swift</a>. Es su era.</p><p>La última era conocida en el ámbito de la música popular fue la de <em><strong>Acuario</strong></em>, lanzada en el musical <em><strong>Hair </strong></em>y hasta <strong>Raphael </strong>hizo una versión de ella en su día. <strong>Taylor Swift convierte en 'era' a cada uno de sus álbumes</strong> porque condensan un momento de su vida, tomando 'era' como un ciclo o una fase temporal reducida a unos pocos años. Y esa etapa se corresponde con el mismo ciclo vital de una audiencia global de millones de <em>swifties</em>.</p><p>Taylor Swift tiene 34 años y la <strong>primera era data de 2006</strong>, es decir, contaba con solo 17 años, aunque pisaba escenarios desde niña como una revelación del country. En aquel álbum canta <em><strong>Our song</strong></em>, uno de sus clásicos, que interpreta de manera acústica en la gira <a href="https://www.infolibre.es/cultura/musica/taylor-swift-bernabeu-perfecto-espectaculo-pop-chillidos-siglo-xxi_1_1804399.html" target="_blank" ><em>The Eras Tour</em></a><em>, </em>quizás para ayudar a que brote melancolía de un pasado que, cronológicamente, solo está detrás de una puerta que se cerró no hace tanto pero que, en el reloj emocional, suena a eso, a otra era: "Our song is the slamming screen door / Sneakin' out late, tapping on your window / When we're on the phone and you talk real slow / 'Cause it's late and your mama don't know" ("Nuestra canción son los portazos / Las salidas a escondidas, los golpes en tu ventana / Cuando estamos en el teléfono y hablas muy bajo / Porque es tarde y tu mamá no lo sabe").</p><p>“<strong>Mi comunidad de</strong><em><strong> </strong></em><strong>fans y yo crecemos juntos</strong>. A mí me pasa algo, hago un disco sobre ello, se publica y... a veces coincide con lo que les pasa a ellos. Es como si leyesen mi diario”, dice Taylor Swift en el documental <em>Miss Americana</em>.</p><p>Joe García tiene más de cincuenta años y lleva dos décadas en prisión por cometer un asesinato. Cuenta que en 2009, cuando lo condenaron a <strong>cadena perpetua</strong>, escuchó por primera vez alguna canción de Taylor Swift. “No le dije a nadie que pensaba que tenía talento”, escribe. Unos años después lo cambian de cárcel. “Tumbado en la litera de arriba, escuchaba los ronquidos de mi compañero de celda y esperaba a que volviera a sonar <em><strong>We Are Never Ever Getting Back Together</strong></em><em>.</em> Cuando lo hacía, pensaba en la mujer con la que había vivido siete años antes de la prisión. Recordaba los momentos agridulces en que mi novia me había visitado en la cárcel del condado. Nos mirábamos a través del cristal de seguridad reforzado con alambre. No me parecía justo hacerla esperar, y le dije que se merecía un compañero que pudiera estar con ella”. </p><p>Joe García <strong>comenzó a escribir en la cárcel</strong>, a publicar sus artículos en <em>Prison Journalist Proyect, </em>y colabora ahora con '<em>The</em> <em>Washington Post'</em> y con '<em>The New Yorker',</em> revista en la que publicó <em>Escuchar a Taylor Swift en la cárcel</em> en septiembre del año pasado, cuando aguardaba a que la Junta de Audiencias de Libertad Condicional de California le concediera la excarcelación. En ese momento, escribe: “<strong>Taylor Swift tiene actualmente los mismos años [33] que yo cuando me detuvieron</strong>. Me pregunto si su música habría resonado en mí cuando tenía su edad. Me pregunto, también, si habría reaccionado a las palabras "I'm the problem, it's me" ("el problema soy yo"). Los suyos deben de ser <strong>problemas de champán</strong> comparados con los míos, pero sigo viéndome reflejado en ellos”. </p><p>No hay otra artista que haya llevado tan lejos la <strong>autoficción </strong>en el espacio de la música popular y, aunque suene superficial, toca <strong>nudos emocionales</strong> que alcanzan a todos. <strong>Corín Tellado</strong> creaba ficción sorteando la censura a través de la elusión; Taylor Swift cuenta su vida a tumba abierta en un ejercicio de inclusión. Ningún otro artista ha conseguido compartir una narrativa con una audiencia global. Se diría que es el r<strong>elato de una generación</strong> que se mira en el espejo de Taylor y se encuentra a sí misma. Un público que se escapa por los bordes de ese nicho etario y que alcanza a personas como Joe García, quien la escucha desde la <strong>cárcel</strong>: “'I’ll stare directly at the sun, but never in the mirror' ('miraré fijamente al sol, pero nunca al espejo'), canta Swift, y pienso en los espejos de plástico de siete por cinco centímetros que hay dentro [en la cárcel]. Durante años, ahí fuera, me vi como el antihéroe de mi propia y deformada autonarrativa. ¿Quiero verme con claridad?”</p><p>Taylor es la primera cantante elegida por '<em>Time' </em>como persona del año en calidad de artista global, pero <strong>Swift escapa incluso a sus propias metas inalcanzables</strong>. Seis años antes estuvo en ese mismo podio, pero esa vez fue por atreverse a hacer pública otra página de su diario. </p><p>En 2017 la misma revista<em> 'Time'</em> reconoció al colectivo <em>Me too</em> y, bajo el título <a href="https://time.com/time-person-of-the-year-2017-silence-breakers/" target="_blank"><em>The silence breakers</em></a><em> </em>(<em>Las que han roto el silencio</em>), dio voz a un grupo de mujeres de diferentes etnias, clases sociales y ocupaciones que denunciaron el <strong>acoso sexual</strong> y pusieron en marcha el movimiento, razón por la cual fueron elegidas personajes del año. <strong>Taylor estaba allí</strong>. </p><p>Dos años antes, mientras posaba en un photocall, flanqueada por el locutor y DJ de radio <strong>David Mueller</strong> y la novia de este, Mueller cogió el <strong>culo </strong>por debajo de la falda a Taylor mientras los fotógrafos tomaban imágenes. Tardó casi dos años en <strong>denunciarlo </strong>y cuando lo hizo, Mueller la demandó por una cifra millonaria. Ella interpuso otra por un dólar, cifra que aún el locutor no ha abonado a pesar de perder las dos demandas. “Creo que el acto de desobediencia es simbólico en sí mismo”, dijo la cantante en la entrevista de '<em>Time'</em>. En <em>Miss Americana</em> se pregunta qué es lo que ocurre en aquellos casos en los que solo existe el testimonio de la persona que ha sufrido una <strong>violación </strong>y no, como en el suyo, en el que además de la fotografía está el testimonio de siete <strong>testigos</strong>. </p><p>Taylor Swift no ha hecho ninguna canción sobre este <strong>trauma </strong>salvo una mención en un concierto, un año después del juicio y un guiño, así lo leen sus fans, en el videoclip de <em>You need to calm down</em>, una canción contra la <strong>homofobia</strong>, en el que se ve un billete de un dólar en una bañera de diamantes en la que aparece el rostro de la cantante. De todos modos, la declaración de Swift en el <strong>tribunal </strong>dibujó un perfil claro de su personalidad. </p><p>Como la <strong>heroína de una película clásica de drama judicial,</strong> en el estrado enfrentó al abogado de Muller para increparlo: "No voy a permitir de ninguna manera que usted o su cliente me hagan sentir que esto es culpa mía. Me están culpando de los desafortunados acontecimientos de su vida que son producto de sus decisiones. No de las mías". Entre la <strong>audiencia femenina global</strong> y ella, hay otra consigna que fluye más allá de la autoficción de su obra, compartida por las partes, y que no está escrita en ninguna canción, pero habita el imaginario colectivo: “<strong>Yo sí te creo, hermana</strong>”. </p><p>Hay <strong>dos relatos de Taylor Swift</strong> que funcionan como satélites del axial que es el emocional y que habita el planeta <em>swiftie</em>. Uno es <strong>económico </strong>con alguna derivada <strong>moral </strong>y el otro <strong>político </strong>significado por cierto <strong>activismo</strong>. Vamos a dejar aparte algunas secuencias del <em>reality show</em> como el enfrentamiento con el rapero <strong>Kanye West</strong> y su exmujer <strong>Kim Kardashian</strong> (<em>socialité</em>: hibrido social que solo el declive del capitalismo puede producir), aunque Swift no solo metabolizó aquel despropósito, sino que lo convirtió en material creativo alimentando la autoficción. Nada se pierde. </p><p>El <strong>pliegue moral sobre las reglas del mercado</strong> aparece cuando su antigua compañía, Big Machine Records, le arrebata los derechos de parte de su discografía al venderlos al productor <strong>Scooter Braun</strong>. Taylor Swift aceptó las leyes del sistema, pero optó por una <strong>vía inédita en la industria musical</strong>. Volvió a reversionar uno a uno cada álbum, literalmente los <strong>clonó </strong>y los puso en circulación bajo el rótulo <em>Taylor’s Version</em> ,superando con creces las ventas de sus ediciones originales. Cuando <strong>John Lennon</strong> dijo que el cristianismo estaba en decadencia y los <strong>Beatles </strong>eran más famosos que Cristo, en varias ciudades de Estados Unidos se quemaron miles de sus discos. <strong>Ringo Starr</strong> lo valoró positivamente: “En unos años los exaltados volverán a comprar cada uno de los álbumes sacrificados”. Llevaba razón, pero ellos solo tuvieron que editar copias nuevas de los mismos discos.</p><p>Si bien la <strong>resiliencia </strong>forma parte del capital simbólico de Taylor Swift ante circunstancias muy adversas, no quita que la cuantía de beneficios que genera lleve a que se publiquen noticias suyas en las <strong>páginas salmón </strong>como una multinacional más. Se calcula que la actual gira <em>The Eras Tour</em> acabará inyectando unos <a href="https://www.infolibre.es/mediapart/taylor-swift-salvar-economia-mundial-mitos-ultima-fantasia-capitalismo_1_1736328.html" target="_blank" >5.000 millones de dólares a la economía de Estados Unidos</a> y, de momento,<em> 'Forbes'</em> la considera la <strong>quinta mujer</strong> más poderosa del mundo. </p><p>Detrás de la <strong>arquitectura financiera</strong> de la gran empresa musical que es Taylor Swift, aún hoy, está su padre, Scott, exvicepresidente de la banca de inversión <strong>Merril Lynch</strong>. La madre, Andrea Swift, fue directora de marketing de una agencia de publicidad y responsable de la imagen de Taylor en los primeros años de carrera. Si bien su talento es inabarcable y la entrega de Taylor total, ya que la comparación económica con los Beatles y sus logros es permanente, tampoco hay que olvidar que pasaron bastantes años hasta que los <em><strong>Fab four</strong></em><strong> </strong>se cruzaran con Brian Epstein y George Martin, después de abandonar los márgenes de <strong>Liverpool</strong>, rodar por Hamburgo y finalmente, encausar su capital creativo. Otra era.</p><p>La mancha mediática de Taylor Swift es totalizadora ya que, dejadas atrás las páginas de <strong>cultura </strong>y <strong>economía</strong>, también la encontramos en la sección <strong>política</strong>. Una de las secuencias de mayor tensión en <em>Miss Americana</em> es la discusión que mantiene con su equipo de trabajo –<em>the organization</em>, le llama ella– para hacer público su apoyo al <strong>candidato demócrata de Tennessee para el Senado </strong>en las elecciones de medio término de 2018. De más está decir que la prensa conservadora la atacó sin miramientos, pero <strong>Donald Trump</strong> fue cauto: “Ahora me gusta un 25% menos”. </p><p>Los asesores <strong>republicanos </strong>del candidato van con sumo cuidado y miden cada paso ante un movimiento de Taylor Swift en favor de los <strong>demócratas en las elecciones de noviembre</strong>. Tal y como están las cosas y con la eventual candidatura de<strong> Kamala Harris,</strong> prácticamente <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/taylor-swift-princesa-america-primera-presidenta-estados-unidos_1_1768248.html" target="_blank" >es un hecho la involucración de Swift</a>. Después del episodio de acoso del que fue víctima su visión cambió radicalmente: “No puedo apoyar a una candidatura [republicana] que vota contra la <strong>violencia de género, el acoso sexual, la homosexualidad</strong>; piensan hoy igual que en los años cincuenta”.</p><p>El single <em>Only the youg</em> lo escribió durante aquellas elecciones, pero lo publicó en 2020, año en el que ganó <strong>Joe Biden</strong>. Lo cuenta en <em>Miss Americana,</em> donde reflexiona sobre los resultados negativos de la elección, pero dice convencida que "en dos años se incorporarán tres o cuatro <strong>millones de personas ahora menores de 18 años en condición de votar</strong>". Ahí está la canción: "They aren't gonna help us / Too busy helping themselves / They aren't gonna change this / We gotta do it ourselves ("Ellos no nos van a ayudar / Están demasiado ocupados salvándose a sí mismos / Ellos no van cambiar esto / Tenemos que hacerlo nosotros"). A las <strong>barricadas</strong>.</p><p>El lingüista y analista político George Lakoff concibe dos marcos para separar las <strong>narrativas conservadoras de las progresistas</strong>. El espacio de la <strong>derecha </strong>es un campo en el que prima la propiedad, la disciplina y la jerarquía como consecuencia del mérito. La familia es una entidad vertical en la que el principio de autoridad ordena la convivencia. Cuando Lakoff esboza el marco <strong>progresista </strong>señala el principio del bien común, la diversidad, la dignidad humana y la libertad, desarrollado todo a partir de una estructura base que es la familia descrita como un núcleo horizontal en el que se experimentan inicialmente todos estos principios. </p><p>¿Cómo<strong> ubicar a Taylor Swift </strong>en este cuadro? La cantante se inicia en el country, una expresión musical que expresa un mundo tradicional y <strong>conservador </strong>pertenece a una familia de clase media alta con actividades vinculadas al mercado financiero y la publicidad, y su formación estuvo focalizada en un instituto privado de orientación <strong>cristiana</strong>. Poco encaja su perfil con el marco de la <strong>izquierda </strong>donde aparecen, empezando por la <strong>diversidad</strong>, todos los principios que se expresan en sus canciones y en sus posiciones públicas. </p><p> ¿No estamos ante una figura que expresa el <em>patchwork</em> en el que se han convertido los bloques políticos en los que conviven <strong>liberales</strong>, <strong>ecologistas </strong>y <strong>progresistas </strong>entre otras fuerzas? La presidenta de la Unión Europea, <strong>Ursula von der Leyen</strong> ha sido reelegida con votos provenientes de algunas de esas corrientes. <strong>Taylor Swift es producto de su tiempo y, la obra que crea, también.</strong></p><p>Flaubert narraba el penar de Madame Bovary, una lectora impenitente de folletines. En una carta a su amante Louise Colet, le dice: “Estoy seguro de que en este momento hay miles de <strong>Madame Bovary llorando</strong> en los patios de Francia”. El planeta<em> swiftie </em>escucha con fervor cada una de las entregas de una <strong>cantautora que narra su vida, que no es otra que la de cada uno de sus habitantes</strong>.  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Aug 2024 17:44:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Roig]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Francisco, el papa peronista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/francisco-papa-peronista_1_1846949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a5faf905-a7c4-4be8-8746-0867a3f20dbd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Francisco, el papa peronista"></p><p>En sus memorias <strong>Pepe Mujica no ahorra elogios </strong>para el papa Francisco. "Yo soy un ateo, pero me movilizó mucho", asegura en su primera visita oficial en 2013 poco después de que hubiera iniciado su papado. El expresidente uruguayo sorprende con algo inesperado para un líder del campo de la izquierda: "Encaja en mi manera de ser". En otra visita, ya como exmandatario, al despedirse y ante los periodistas que aguardaban el final de la reunión, no tiene pudor en recordarle: "No se olvide de <strong>bombardear la cabeza de los mandatarios </strong>del mundo". Francisco asiente con la cabeza la ejecución del ataque ideológico, suponemos, acordado a puerta cerrada. En estos momentos, Mujica, que ya cumplió 89 años, padece un cáncer de esófago y, recién terminada la etapa de la quimioterapia, aguarda la autorización de los médicos para ir a visitar a su amigo Francisco. Claro está que no se trata de una peregrinación a Roma impulsada por la fe sino por empatía; ya lo dijo al salir de aquel primer encuentro: "Fue como hablar con un <strong>amigo del barrio</strong>". Si le deja el oncólogo, irá a compartir unos mates con Francisco: "Será una colaboración en el campo de las ideas". </p><p><strong>Zygmunt Bauman</strong> no fue precisamente un pensador optimista. Era <strong>marxista </strong>pero no <strong>ingenuo</strong>. Repasando su obra se puede inferir que, a lo sumo, después de plantear un mundo líquido y de aportar el concepto<em> </em><em><strong>precariado </strong></em>para definir el estado del mundo del trabajo en estas últimas décadas, solo asumió, de manera gramsciana, un optimismo en la voluntad. Mientras Francisco comenzaba su pontificado, Bauman pronunciaba un discurso en Leipzig para conmemorar los 150 años de la carta abierta de Ferdinand Lassalle, que facilitó la fundación de la <strong>Asociación General de Trabajadores Alemanes</strong>, el prototipo de todas las entidades sindicales surgidas posteriormente en Europa y organizadas para responder al desafío de Lassalle. Ese día Bauman dijo que, así como la mayoría de los contemporáneos del filósofo y político creían que la industrialización duraría para siempre, muchos pensaban, antes de 2007, lo mismo sobre el <strong>consumismo</strong>. ¿Qué hacer? "No digo que debamos volver a empezar desde ese mismo punto", aventuró Bauman: "Solo quiero mostrar la similitud entre la situación actual y la situación en la que Ferdinand Lassalle combatía las opiniones predominantes en esos días". En otras palabras, remar al viento.</p><p>Este hombre se encontró con Francisco en Asís en 2016, un año antes de su muerte. Un asistente a la conversación contó que Bauman expuso con claridad su escepticismo sobre la situación y la evolución del mundo contemporáneo y al término del diálogo se despidió diciéndole que lo veía como una<strong> luz al final del túnel</strong>. Francisco se inquietó: "¿Quiere decir que estoy en un túnel?" El pensador polaco le serenó: "<strong>Usted es la luz</strong>".</p><p>Cuando <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/benjamin-prado-problema-no-quede-vivo-nazi-nazcan-nazis-nuevos_1_1791170.html" target="_blank" >Perón residía en una finca de Puerta de Hierro</a>, en su exilio en Madrid, se puede decir que tenía las puertas abiertas para muchos argentinos. Al viejo general le gustaba escuchar las diferentes voces que llegaban del lejano sur. Además de las cotidianas reuniones políticas, a la quinta <strong>17 de octubre</strong> solían entrar artistas, estudiantes, deportistas y todo aquel que, incluso movido por la curiosidad, conseguía a través de un contacto partidario un salvoconducto. Eso sí, era vox populi una advertencia que circulaba por aquel tiempo en Buenos Aires entre los más jóvenes: si te sientas a <strong>conversar un rato con Perón</strong>, te convence y acabas siendo peronista. </p><p>Es lugar común en Argentina que el <strong>carisma </strong>de Perón llegaba a lugares de la razón, pero sobre todo del corazón al que otros políticos no accedían. <strong>Jorge Valdano </strong>es reconocido por diferentes aptitudes que trascienden su profesión como deportista; una de ellas, su trabajo periodístico, deja entrever un perfil progresista. Cuenta la periodista Silvia Pisani en '<a href="https://www.lanacion.com.ar/sociedad/valdano-compro-la-casa-de-peron-en-madrid-nid49284/" target="_blank">La Nación</a>' que en los años en los que Valdano estaba vinculado al Real Madrid y tenía por delante algún partido decisivo pasaba por Puerta de Hierro y tocaba los muros de la quinta 17 de octubre. Aquella era su <strong>cábala</strong>. Muchos años después, compró la finca; pero eso ya fue otra cosa.</p><p><strong>¿Tiene el papa Francisco, la misma capacidad de Juan Perón a la hora de atraer las voluntades más dispares? </strong></p><p>Más allá de las afinidades ideológicas de Francisco con el peronismo, existe también una coincidencia, involuntaria, y es que su misión en Roma le ha convertido en un <strong>actor político de primer orden en Argentina</strong> al punto de no haber pisado el país desde el inicio de su pontificado para evitar un uso partidista de su presencia. Mientras tanto, en su despacho, al igual que en la quinta del general, el desfile de políticos argentinos es incesante. Desde <strong>Cristina Kirchner</strong>, que lo estigmatizó hasta el momento en el que lo eligieron Papa para ir a visitarlo varias veces, a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/milei-presidente-guionista-imaginar-actor-apocaliptico-le-gusta-destruccion_1_1803909.html" target="_blank" >Javier Milei</a> quien, fiel a su estilo, llegó a decir que Francisco "es el <strong>representante del maligno</strong>". No hay, de momento, al contrario de lo que ocurría con Perón, nadie que tema ser convertido al dogma. También es cierto que algo tan terrenal como la cuestión de las derechas y las izquierdas es mucho más plástico que la adhesión a una causa divina. </p><p>Jorge <strong>Bergoglio </strong>es hijo de inmigrantes italianos, habitante del popular barrio porteño de Flores e hincha incondicional de <strong>San Lorenzo de Almagro</strong>. En la exhaustiva biografía de Marcelo Larraquy, <em>Recen por él</em>, se consigna también alguna <strong>novia</strong>, una pasión viva por el <strong>tango </strong>y, ya adolescente, el primer destello del peronismo que lo deslumbra: lee en el instituto <em>La razón de mi vida,</em> de <strong>Eva Perón</strong>, y se coloca en la solapa de la chaqueta un escudo del <strong>Partido Justicialista</strong>. Obviamente, al ingresar al seminario y optar por la orden de los jesuitas, esta filiación pasa a un segundo plano, pero años después aflora y no de manera discreta. Perón y Evita no abandonan nunca a un fiel.</p><p>Bergoglio, que manejó con soltura y eficacia su vocación. consigue en 1973 alcanzar la conducción de la orden y queda a cargo de la <strong>Curia jesuita</strong>. Es el año en el que Perón regresa definitivamente y alcanzará la tercera presidencia. Tiempos muy convulsos en los que la hegemonía del peronismo se la disputaban las dos corrientes alentadas por el general en el exilio: el ala <strong>revolucionaria </strong>que representaba la juventud y los sectores de la <strong>derecha </strong>con todos los matices posibles. La Iglesia no era ajena a estos movimientos. La Teología de la Liberación que vibraba en todo el continente era encabezada en Argentina por el padre Carlos Mugica, vinculado a la izquierda peronista y a los <strong>Montoneros</strong>. Una segunda corriente, la Teología del Pueblo, también cercana al peronismo, rechazaba al liberalismo, pero no asumía la idea del "pueblo oprimido": no era <strong>clasista</strong>. Ahí estaba Bergoglio y allí se significaba Guardia de Hierro, una facción peronista.</p><p>Como se puede deducir, el peronismo es un sistema totalizador donde cualquier voluntad puede encontrar un destino, piense lo que se piense a priori. La <strong>plasticidad </strong>de Perón a la hora de <strong>convencer </strong>a un interlocutor se explica, en parte, por esta razón, que, parafraseando a Evita, era la de su vida. Guardia de Hierro fue una corriente del peronismo de los setenta, ideológicamente <strong>ortodoxa</strong>, que pretendía la equidistancia con los Montoneros y los residuos del<strong> nacionalismo católico</strong> provenientes de Tacuara, una facción ultra. Frente Rojo y Frente Negro en el argot de la organización. </p><p>En 1974, Bergoglio, en tanto provincial jesuita, recibe la orden de Roma de pasar la Universidad Católica de El Salvador a manos <strong>laicas </strong>y es entonces cuando convoca a los cuadros de Guardia de Hierro para cederles la dirección del centro de estudios. Es una jugada de alto voltaje que implica su <strong>significación </strong>política y un modo de prepararse para la navegación de la noche más larga que ya empezaba a caer.</p><p>A Bergoglio se le acusa de colaborar con los <strong>dictadores</strong>, en especial con el almirante <strong>Emilio Massera</strong>, responsable del centro clandestino instalado en la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada). Lo cierto, hasta donde se ha comprobado de manera fehaciente, es que lo que hizo el actual Papa fue gestionar la <strong>supervivencia de dos sacerdotes detenidos</strong> en la ESMA y que acabaron liberados. Se puede disentir con su mirada adscrita al peronismo conservador de entonces y eso es una opinión, pero su <strong>colaboracionismo </strong>no es verificable en los hechos. </p><p>No deja de ser curioso que Bergoglio haya dicho que, en uno de los peores momentos de esa etapa, el año 1979, se haya <strong>acostado en el diván de una psicoanalista</strong>. Se lo contó a el sociólogo francés Dominique Wolton, quien publicó un libro de conversaciones con Francisco, <em>El Papa Francisco: política y sociedad</em>. "Consulté a una <strong>psicoanalista judía</strong>. Durante seis meses fui a su casa una vez a la semana para aclarar algunas cosas. Ella era médico y psicoanalista y siempre se mantuvo en su lugar", le cuenta a Wolton. Inevitablemente, surge la imagen de <strong>Nanni Moretti </strong>en el rol del terapeuta que ingresa al <strong>Vaticano </strong>para atender al nuevo papa, interpretado por Michel Piccoli, el cual, recién elegido, quiere renunciar como hizo Benedicto XVI. En la película <em>Habemus Papam</em>, el pontífice fallido solo alcanza a decir al pueblo reunido en Roma: "En estos momentos, la <strong>Iglesia necesita un guía</strong> que tenga la fuerza necesaria para hacer grandes cambios y que busque el encuentro con todos". En la vida real, llegó Francisco.</p><p>En los años noventa, con el arribo de <strong>Carlos Menem</strong> a la presidencia, sucesor de <strong>Raúl Alfonsín</strong> en cuyo Gobierno se juzgó a las juntas militares de la dictadura, Bergoglio da un giro copernicano a su modo de actuar como pastor. Ya sea por fe, necesidad o psicoanálisis, convertido en arzobispo de Buenos Aires en 1998 se transforma en un azote de Menem, incluso antes, desde su vicaría de Flores, el barrio natal, como obispo auxiliar según consigna Larraquy en su libro: "<strong>Mi pueblo es pobre y yo soy uno de ellos</strong>".</p><p>En esa línea y cada vez con mayor rebeldía continuó durante quince años hasta que Roma lo eligió Papa en 2013 y la manifestó simbólicamente antes de salir al balcón con el primer gesto. <strong>Rechazó el calzado rojo diseñado por Prada </strong>que lucían Wojtyla y Ratzinger para salir a saludar a la multitud con los viejos zapatos de goma que traía en los pies desde Buenos Aires. Esto el mundo no lo vio aquella noche del 13 de marzo, pero no pasó desapercibido que iba vestido de blanco y sin apenas ornamentos. <strong>El Papa del pueblo</strong>.</p><p>Esos fueron los primeros indicios de su gestión. Apenas un año después 'The Economist', sin ahorrar ironía pero fiel a la realidad expresa en un artículo de opinión que "la Iglesia Católica, ‘la <strong>multinacional más antigua del mundo</strong>’ estaba pasando por una crisis muy aguda, perdiendo una alta cuota de mercado en las economías emergentes, fundamentalmente en manos de los grupos pentecostales. Los escándalos y la incompetencia del banco del Vaticano estaban ahuyentando a los clientes y desmoralizando la fuerza de ventas". Doce meses después de su investidura, sigue la nota, "El <strong>85% de la audiencia en Latinoamérica aprueba su gestión</strong>, las visitas a los puntos de ventas están subiendo y las fuerzas de ventas hablan de ‘el <strong>efecto Francisco</strong>’". </p><p>La Harvard Business School también puso su atención sobre Francisco para estudiar la clave de su éxito y marca tres decisiones que asumió ni bien comenzó su gestión. <strong>Cambiar el foco del negocio</strong>: "hay que ayudar a los pobres"; irse a vivir a un <strong>piso de setenta metros </strong>cuadrados y tomar su nombre de un santo que <strong>defendía a los pobres y a los animales</strong>. Hay un dicho cristiano que recuerda que, si te ayudas, Dios te ayudará. Tal vez Francisco lo recordó al nombrar en el primer año de su pontificado un grupo de ocho cardenales para reformar el Vaticano (conocido como G-8) y contratar a las consultoras McKinsey y KPMG. Dios escribe derecho con reglones torcidos. Francisco lo intenta. </p><p>En el documental <em>Amén: Francisco responde</em> de <strong>Jordi Évole y Màrius Sánchez,</strong> un grupo de jóvenes de todas partes del mundo hablan a tumba abierta con el Papa sobre sus diferentes problemáticas. Una chica binaria dice haber sido señalada por la Iglesia. Francisco asiente: "L<strong>a gente con ideologías cerradas que forma parte de la Iglesia son infiltrados</strong>. Es una de las corrupciones de la Iglesia". Otra joven, católica practicante, desde una posición feminista reclama que la mujer pueda ejercer el ministerio dentro de la Iglesia. Francisco: "Detrás de tu afán de promoción estás mostrando una adhesión <strong>machista </strong>porque te acompleja que la mujer no pueda ser sacerdote". Entre estas dos respuestas se vislumbra el pensamiento vivo de Francisco y su sinuoso campo político. Más claro: aflora una suerte de <strong>sincretismo </strong>que busca la superación dialéctica del Frente Rojo y el Frente Negro en el argot de Guardia de Hierro, la facción peronista a la que perteneció. </p><p>Netflix produjo la película <em><strong>Los dos papas</strong></em>, del realizador Fernando Meirelles, en la que se ficciona una relación imaginaria entre Bergoglio y Ratzinger. Los pontífices son interpretados de manera notable por Jonathan Pryce y Anthony Hopkins. Cuanta Pryce en una entrevista que rodando la película en la <strong>Villa 31 de Buenos Aires</strong>, uno de los conglomerados de chabolas más grande de la ciudad, caracterizado como el cura Bergoglio, la gente lo señalaba y gritaba: "¡Perón, Perón!" No era un malentendido. Pryce tuvo el rol del general Perón en la película <em>Evita</em>, en la que la protagonista era interpretada por <strong>Madonna</strong>. Ese video promocional de diez minutos atrapa mejor la figura de Bergoglio que todos los intentos hechos hasta ahora.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Aug 2024 17:02:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Roig]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Francisco, el papa peronista]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Marine Le Pen: yo no soy esa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/marine-le-pen-no_1_1846789.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2c8fdb6d-164c-4fa5-b867-f86b33574bfd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Marine Le Pen: yo no soy esa"></p><p>La <strong>mansión </strong>de Jean-Marie Le Pen se encuentra en Saint-Cloud, al suroeste de <strong>París</strong>, sobre unas colinas desde las que se domina una panorámica de la ciudad en la que sobresale la torre <strong>Eiffel</strong>. Son las vistas que acaparan la atención en el despacho del anciano, en la primera planta de su palacete, pero no por ello deja de llamar la atención entre las maquetas de barcos, las pequeñas estatuas y los retratos, un gran calendario con la efigie de Vladímir <strong>Putin</strong>. Esta última es sin duda la única afinidad que Marine Le Pen comparte con su anciano padre.</p><p>De esa casa, en un barrio <strong>exclusivo</strong>, cerrado y de pocas fincas donde nació y vivió buena parte de su vida Marie Bonaparte, sobrina del emperador y psicoanalista que dio cobijo allí a Sigmund Freud en su viaje al exilio hacia Londres en 1938, Marine Le Pen huyó cuando el <strong>dóberman </strong>de su padre mató a dentelladas a su pequeña <strong>gata bengalí</strong>. El ensayista Michael Eltchaninoff, en su libro <em>Inside the mind of Marine Le Pen</em>, cuenta que cuando acudió a Saint-Cloud a entrevistarse con Jean-Marie Le Pen, el vigilante jurado que le abrió la puerta estaba acompañado por un dóberman. El visitante le preguntó si el perro tenía la costumbre de morder o comer gente; muy serio el hombre respondió: "Depende de la persona". </p><p>No pocos sustos le dio Jean-Marie a su hija Marine, quien además le reprocha a su padre haber recibido una <strong>pobre formación cultural</strong> como ella misma reconoce en sus memorias, limitada solo a una educación ética y moral y ninguna <strong>intelectual</strong>. Hay cierto desdén en la afirmación, pero también una distancia calculada con el progenitor. Una vez fue sorprendida al no saber de qué se le hablaba al mencionarle la <strong>Marcha sobre Roma</strong>. Tal vez no lo supiera o quizás no lo quería saber. La misma ambigüedad que la ha llevado a plantear que no es de derechas ni de izquierdas. </p><p>Hace cuarenta años, el 13 de febrero de 1984, Jean-Marie Le Pen era un político de ultraderecha apenas conocido en Francia y la plantilla del <strong>Frente Nacional</strong> cabía en un pequeño apartamento de la rue Bernoulli de <strong>París</strong>. La noche de aquel día, Le Pen fue invitado al programa político <em>L'Heure de vérité</em>, el de mayor audiencia entonces en la televisión francesa y se explayó, como es su costumbre, sin pelos en la lengua, sobre <strong>racismo </strong>y <strong>antisemitismo</strong>, recordó que mientras su nombre estaba inscrito en los monumentos de guerra, el de <strong>Georges Marchais</strong>, el entonces líder comunista francés, sólo figuraba en las nóminas de las fábricas de Messerschmitt en Alemania. Se refería al lugar de trabajo de Marchais, mecánico de oficio, antes de la caída de Francia. </p><p>Estas soflamas se habrían eclipsado para siempre entre los rayos catódicos, pero impactaron aquella noche porque Le Pen, en el transcurso de su intervención, protagonizó un gesto mediático de vanguardia, un recuerdo del futuro de <strong>Steve Bannon.</strong> Tomando por sorpresa al presentador, se puso de pie en el plató y <strong>pidió un minuto de silencio por los muertos en el Gulag</strong> y contra la dictadura comunista. Todos en el estudio quedaron atónitos. El resto de Francia, también. Ese día empezó la carrera real del Frente Nacional, que alcanzó su máximo logro en la primera vuelta de las presidenciales en 2002, alcanzando el segundo lugar por delante de los socialistas, antes de que Marine Le Pen tomara las riendas del partido para transformarlo en la actual Agrupación Nacional.  </p><p>Marine Le Pen perdió el debate presidencial de 2017 frente a Emmanuel <strong>Macron </strong>y volvió a sucumbir en 2022 en el mismo escenario y contra el mismo candidato, pero en este último enfrentamiento exhibió un salto narrativo. La conductora de Agrupación Nacional, como dijo la noche del último debate, ya no plantea implosionar explícitamente la Unión Europea sino reformarla para defender que los franceses puedan trabajar en Francia. Tampoco entra en el negacionismo climático limitándose a denunciar una "<strong>ecología punitiva</strong>" que ejerce, sostiene, una gran violencia sobre las clases medias y bajas, argumento que siguió calibrando hasta concebir una suerte de ecosistema intramuros: "<strong>ecología patriótica</strong>".</p><p>Marine Le Pen no deslumbra y su pasado como estudiante de Derecho con reputación de<em> </em><em><strong>clubber</strong></em><strong> </strong>y demorada en el GUD, un grupo de extrema derecha estudiantil francés, pesa a la hora de medirse con un cuadro brillante como Macron pero, no obstante, Le Pen <strong>no se detiene</strong>, su narrativa está en mutación constante y, lo más importante, lee el tejido social y las audiencias. Al terminar el debate, le señalaron que su perfil había sido mucho más amable que en encuentros anteriores. "<strong>Nos portamos mejor</strong>", respondió sin ahorrar ironía.</p><p>Marine Le Pen no interroga a Macron sobre la franja ideológica por la que el presidente circula. Siendo economista e intelectual, incluso exbanquero, proveniente del <strong>socialismo </strong>más laxo. Macron no podría responder si es de derechas o de izquierdas ni las dos cosas a la vez, pero Le Pen no lo pregunta porque ella misma ha ido desdibujando el<strong> relato ultra heredado del padre</strong> para proponer una síntesis que no es superadora pero sí productora de votos. Sustituir el lema que utilizaba el viejo partido, "preferencia nacional" como arma retórica xenófoba, por "<strong>prioridad nacional</strong>", sintagma que pretende poner a los franceses primeros en la fila a la hora de atender los reclamos básicos, forma parte del <em>lifting</em> sobre el mismo rostro. Ya no se le oye hablar de "lucha contra la inmigración" sino de "tomar conciencia sobre la cuestión emigratoria", lo cual, como expresaba en una canción <strong>Silvio Rodríguez</strong>, no es lo mismo, pero es igual. </p><p>"<strong>Ni de derechas ni de izquierdas, franceses</strong>", deja caer cuando le mencionan la matriz ideológica de la que proviene y mantiene oculta a través de un trampantojo narrativo, razón por la cual avanza sin pudor en el campo cultural de la izquierda, pero no asumiendo la libertad del modo que lo hace Isabel Díaz Ayuso señalando una Casa del Pueblo como si fuera una <strong>checa</strong>, sino, por ejemplo, citando a Jean Jaures porque “desde la izquierda traicionó al FMI y a sus vecinos <em>chics”</em>o a la némesis de su padre, el <strong>general De Gaulle</strong>, en quien ve a su predecesor: “alguien capaz de volver a poner de pie a Francia”. Por citar, menciona en sus intervenciones a <strong>Hannah Arendt,</strong> con lo cual intenta neutralizar el perfil antisemita del antiguo Frente Nacional, a <strong>Jean Cocteau </strong>para nublar su pasado homófobo o a <strong>René Chair </strong>para diluir el recuerdo de Vichy. Está claro lo que declaró al salir del debate: “Nos portamos mejor”.</p><p><strong>Michael Eltchaninoff </strong>rescata en su libro un discurso que pronunció en 2011 en la ciudad de Metz: "Vosotros, hombres y mujeres de izquierdas, mirad lo que han hecho con vuestras esperanzas. Mirad en lo que se ha convertido la izquierda, que se suponía que nos iba a traer el progreso, a apoyar a los débiles, a defender a los que trabajan, a los que luchan, a traer un futuro mejor. Han abandonado todo eso, lo han enterrado. Hoy han sido <strong>corrompidos </strong>hasta la médula por el dinero y por el poder". Si un cliente de la <strong>Taberna Garibaldi </strong>de <strong>Pablo Iglesias</strong> en Lavapiés suelta esto acodado en la barra, nadie de quienes le escuchan le quitaría razón.</p><p>Hay más. Ese mismo año en un mitin en París: "<strong>Libertad </strong>es cualquier cosa menos <strong>ultraliberalismo</strong>. Ellos llaman libertad al zorro en el gallinero, la ley de la jungla, la ley del más fuerte contra el más débil". Más allá de que se den por aludidos Javier <strong>Milei </strong>o Díaz <strong>Ayuso</strong>, el objetivo retórico de Le Pen es acelerar el conflicto entre la <strong>gente </strong>y las <strong>elites</strong>. El antielitismo, en el imaginario de Marine Le Pen, debe unir a la gran mayoría de los franceses y en esa cruzada no hay parcelas ideológicas. He aquí otro modo de cultivar el campo semántico de "prioridad nacional". </p><p>Entre sus lecturas, Marine Le Pen dice haber leído <em>Las partículas elementales</em> de Michel <strong>Houellebecq</strong>. No es seguro que haya seguido interesada por este autor, pero si llegó a sus manos <em>Serotonina</em>, una obra que se publicó a principios de 2019 coincidiendo con el conflicto de los chalecos amarillos, habrá pensado en esas manifestaciones. Su protagonista, testigo de <strong>violentos conflictos rurales</strong>, ve un telediario que muestra escenas de estos y reflexiona: "...me acordé de que yo también, durante casi quince años, <em>siempre</em> había tenido razón en mis informes, que defendían el punto de vista de los agricultores locales, <em>siempre </em>había manejado cifras realistas y propuesto medidas de protección razonables, circuitos cortos económicamente viables. Pero yo solo era un agrónomo, un técnico, y a fin de cuentas <em>siempre</em> me habían dicho que no, las cosas<em> siempre</em> habían dado un vuelco en el último momento hacia el triunfo del librecambismo, hacia la carrera de la productividad, así que abrí otra botella de vino, la noche ya se había instalado en el paisaje<em>, </em>noche sin fin, ¿quién era yo para haber creído que podía <strong>cambiar algo en el movimiento del mundo</strong>?"</p><p>Fuera del campo de la ficción, en pequeñas poblaciones rurales, la escritora y periodista <strong>Florence Aubenas,</strong> para pulsar el ánimo de la gente ante las legislativas de julio de este año, publicó una serie de reportajes en 'Le Monde' en algunas pequeñas poblaciones. En Bourges, una ciudad de 60.000 habitantes en la zona central del Valle de Loira, Nicolas Malin, un joven informático en excedencia no retribuida, regresa disgustado de repartir folletos del Nuevo Frente Popular por el campo: "<strong>Me han escupido</strong>, y eso que soy de la zona", lamenta. En Bourges, el año pasado, se registraron un 30% más de precarios, incluidas parejas con dos sueldos: "La gente se acerca a nosotros para hablar de sí mismos más que de política, sólo quieren que los escuchemos", dice Nadia Nezlioui, de 56 años, teniente de alcalde socialista.</p><p>En 2018 Aubenas escribió una crónica, también para <em>Le Monde, </em>donde describía el día a día de la revuelta de los <strong>chalecos amarillos</strong> en el interior de Francia a lo largo de una semana en la que convivió con ellos. Los manifestantes estaban organizados en <strong>acampadas </strong>instaladas en las rotondas de las autovías que cruzan el interior del país, en los puntos donde están ubicados los supermercados y las gasolineras. Buena parte de los chalecos amarillos está en el paro y quienes conservan aún el trabajo lo tienen a varios kilómetros de su casa, de la escuela de los niños, de los servicios sociales y, por supuesto, de los centros de abastecimiento. "Hoy es <strong>día 8 y ya hemos gastado el sueldo</strong> que nos ingresaron el último día del mes anterior". Registra Aubenas que el precio  del combustible se puede leer en lo alto de las gasolineras y su variación es seguida por los manifestantes como en otro contexto el índice Dow Jones.</p><p>Marine Le Pen llega a esta gente y para <strong>ganar voluntades otrora progresistas </strong>ha cambiado la piel radical por una epidermis <strong>republicana</strong>. La operación que ha emprendido da la espalda a la corriente disruptiva: en lugar de echarse al monte retórico como Mateo Salvini, Boris Johnson, <strong>Donald Trump o Bolsonaro</strong>, tiene que ganar París y no le importa asistir a una misa republicana. Tampoco descubre nada nuevo.</p><p>El último socialismo francés protagonizó su propio ascenso al hoyo cuando <strong>François Hollande gano la presidencia para perderla </strong>y provocar la desaparición de su partido. Antes de aquel triunfo en el año 2012, se publicó un libro con una conversación entre Hollande y el filósofo Edgar Morin. Hollande exhibe en el diálogo su convencimiento del poder de la política y Morin deposita en el candidato, justamente, la posibilidad de llevar adelante un gran proyecto, una nueva política que <strong>reivindique el rol de Francia </strong>y su capacidad de intervenir en la historia. Casi nada. Solo un año después, en una entrevista que publicó <a href="https://www.infolibre.es/internacional/edgar-morin-falta-pensamiento-diga-adonde-dirigirse_1_1092794.html" target="_blank">infoLibre</a>, Morin ya se muestra escéptico. "No lo doy por perdido", dice. Sigue "esperando", pero no por eso deja de ser lapidario: "El presidente Hollande, que ha crecido en el seno del Partido Socialista, proviene de una formación que ha perdido su pensamiento, heredado de los grandes reformistas de principios del siglo".</p><p>En <strong>Le Bourg</strong>, un pueblo occitano que no llega a 300 habitantes, Florence Aubenas conversa con un joven de 32 años en el reportaje cuyo contexto son las legislativas de este año. No da su nombre, pero cuenta que tienen una pequeña granja con unos pocos socios y que son todos de <strong>izquierdas</strong>. Dice que se acercó al socialismo hace unos años y lamenta: “Empecé el quinquenio de François Hollande con un poco de esperanza y acabé gaseado en las <strong>manifestaciones </strong>contra las leyes laborales de [Miriam] El Khomri [exministra de Trabajo socialista]”. </p><p>¿En qué difiere la operación de Marine Le Pen desde la derecha radical al republicanismo con las gestiones de Hollande, Tony Blair o Gerhard Schröder parapetados en los valores <strong>socialdemócratas</strong>, pero implementando duras políticas <strong>neoliberales</strong>? Otra vez Silvio Rodríguez: no es lo mismo, pero es igual. Las cosas se cuentan solas. Si Marine Pen llega a heredar la mansión de su padre se deshará de los dóberman, sin duda, y puede que incluso del pequeño castillo. Pero hay algo que se llevará no muy lejos de allí, a su mansión rodeada de muros en<strong> La Celle-Saint-Cloud: el calendario con</strong> la efigie de Vladímir Putin.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jul 2024 16:42:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Roig]]></author>
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