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    <title><![CDATA[infoLibre - infoLibre]]></title>
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      <title><![CDATA[La monarquía de Queen en la dictadura: la auténtica reina de Inglaterra llenó de rock la Barcelona batallera de 1974]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/musica/primera-visita-queen-espana-autentica-reina-inglaterra-lleno-rock-barcelona-batallera-1974_1_2235239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1f1d5e97-a601-4049-b0f4-051d4155be11_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La monarquía de Queen en la dictadura: la auténtica reina de Inglaterra llenó de rock la Barcelona batallera de 1974"></p><p>Hace unos poquitos días veíamos a <strong>Brian May</strong>, con ese aspecto de septuagenario bonachón que gasta, frondosa melena blanca y rizada al viento, <a href="https://www.instagram.com/p/Db80nhGs21k/?hl=es" target="_blank" >alucinar con el eclipse</a> en el Observatorio Astrofísico de <strong>Javalambre</strong>. La inesperada visita a <strong>Teruel </strong>del <strong>guitarrista de Queen</strong>, a su vez <strong>doctor en Astrofísica</strong>, terminó convirtiéndose en todo un acontecimiento local y en motivo de orgullo para los numerosos fans españoles de la legendaria banda británica.</p><p>Con esta excusa, volvía así a sonar en informativos y programas de radio y televisión<strong> la música de Queen</strong>, que en realidad es una constante en nuestras vidas, pues atrona un día sí y otro también en (grandes y pequeños) <strong>eventos deportivos, anuncios publicitarios</strong>, incontables bandas tributo, orquestas verbeneras, emisoras de FM y coches aleatorios con algún temazo a todo volumen.</p><p>En todas partes, vaya, lo cual es un logro descomunal para un grupo que, aunque siga saliendo de gira de vez en cuando con May y el baterista <strong>Roger Taylor</strong> como miembros fundadores y <strong>Adam Lambert</strong> como cantante para cumplir aquello de que <em>The show must go on</em>, en esencia murió con <strong>Freddie Mercury</strong> en 1991 —y el disco póstumo <em>Made in heaven</em> de 1995 como colofón—. Pero es que, en sus canciones, <strong>Freddie vive</strong>, así que <strong>la lucha sigue</strong>.</p><p>Pero retrocedamos ahora hasta nada menos que el <strong>13 de diciembre de 1974</strong>. Franco no se muere lo suficientemente rápido, pero se muere, mientras el país se pone cada vez más ansioso. Ya está bien, cuarenta años de dictadura han sido interminables. El <strong>tardofranquismo </strong>es asfixiante, pero <strong>Barcelona</strong>, siempre en lucha y punta de lanza de la <strong>modernidad </strong>patria, bulle con los movimientos vecinales, la lucha obrera, las revistas culturales y las reivindicaciones sociales. Y los conciertos pioneros de brillantes estrellas internacionales son la guinda, como los de aquel mismo año de <strong>Frank Zappa</strong> o <strong>Duke Ellington</strong>, nada menos.</p><p>En ese contexto se produjo la <strong>primera visita a España de Queen</strong>, que eran todavía unos <strong>perfectos desconocidos</strong>, aunque estaban a unos meses de encontrar su propio lugar en la galaxia musical de la eternidad con <em><strong>Bohemian Rhapsody</strong></em>, himno entre los himnos publicado en el otoño de 1975. Pero, no, no eran precisamente famosos cuando llegaron a la Ciudad Condal en los últimos días del 74, dentro de la breve gira europea de presentación de su tercer disco, <em><strong>Sheer heart attack</strong></em>, lanzado solo unas semanas antes, y con el que obtuvieron, por fin, repercusión fuera de Reino Unido gracias a su primer gran éxito: <em><strong>Killer Queen</strong></em>.</p><p>Sin poder llegar a concretar con detalle, pues por aquel entonces la industria de la música en vivo en nuestro país era bastante <strong>prehistórica </strong>y <strong>anárquica</strong>, los cronistas de la época hablan de medio aforo en el <strong>Palacio Municipal de Deportes de Montjuïc</strong>. No se ponen de acuerdo, de hecho, y, sobre una <strong>capacidad total de 8.000 espectadores</strong>, cifran la concurrencia entre <strong>3.500 y 5.000</strong>, lo cual, en realidad, no es cosa menor. O, dicho de otra manera, es cosa mayor, pues todas esas personas pasaron por taquilla para dejarse las <strong>200 pesetas</strong> (1,20 euros) de la época que costaba la entrada para comprobar cuanto de veraz tenía el <strong>runrún que precedía a Freddie Mercury</strong> y los suyos en los mentideros (donde solo se cuentan verdades) especializados.</p><p>Muy especializados, de hecho, pues los medios de comunicación no hicieron gran publicidad del concierto, ni tampoco abundan las reseñas en la hemeroteca, principalmente porque la <strong>dictadura </strong>se encaminaba hacia su final, pero se resistía, y el rock de los <strong>melenudos </strong>que cantaban en inglés no era de su agrado, precisamente. Tampoco ayudó a la promoción el estatus de joven “<strong>promesa</strong>” que todavía tenía la banda, que ganaba adeptos noche tras noche, concierto tras concierto, picando piedra, subiendo el volumen y confiando en que el <strong>boca a oreja</strong> hiciera el resto. </p><p>La revista musical decana <a href="https://www.popular1.com/" target="_blank" >Popular 1</a> —<em><strong>“El Popu”</strong></em>— sí que mantuvo un encuentro con los músicos, tal y como recuerda recurrentemente su editora, <a href="https://www.instagram.com/berthamyebra/p/Cwzr-MCKHZR/" target="_blank" >Bertha M. Yebra</a>, cuyas <strong>fotos íntimas y exclusivas</strong> de aquel día se han hecho <strong>célebres</strong> entre los fans más acérrimos. “Conocí a la banda en 1974 porque en la revista dedicamos una de nuestras fotonovelas a Queen. Creo que fue la primera vez que visitaron España. <strong>Freddie era todo un universo</strong>; no se parecía a ningún otro artista anterior y no ha habido nadie como él desde entonces”, ha contado en diversas ocasiones en las redes sociales.</p><p>El <strong>repertorio </strong>de la velada estaba todavía <strong>muy lejos del que se fijaría como canónico de Queen</strong> con el paso de los discos. Eran los años del <strong>rock duro</strong>, prácticamente incipiente <strong>heavy metal</strong> en algunos pasajes del show, <strong>sin rastro del pop para las masas</strong> que quedaría grabado a fuego en la memoria colectiva de varias generaciones (y que se sigue transmitiendo de padres a hijos). Es por ello que el recital desbordó a los presentes por la <strong>agresividad musical</strong> y la <strong>sofisticación técnica</strong>, con un despliegue nunca antes visto en la España del tardofranquismo.</p><p>Entre las canciones interpretadas destacaron <em>Now I'm here, Father to son, In the lap of the gods, Killer Queen, Keep yourself alive, Seven seas of Rhye, Stone cold crazy</em> —versionada en vivo en incontables ocasiones por <strong>Metallica</strong>, para que los profanos se hagan una idea de por donde iban los decibelios— y <em>Liar</em>. En el bis, quizás motivado por la inconsistencia de un catálogo propio en ciernes en el que no estaba aún ninguno de los grandes clásicos de la mitología de Queen, un carrusel de versiones de <strong>Cy Coleman</strong> (<em>Big spender</em>), <strong>Elvis Presley</strong> (<em>Jailhouse rock</em>), <strong>Neil Sedaka</strong> (<em>Stupid Cupid</em>) y<strong> Gene Vincent </strong>(<em>Be-Bop-A-Lula</em>). La despedida con <em>God save the Queen</em> sonando por los altavoces es lo único que permanecería inalterable con el paso de los lustros en las actuaciones del grupo.</p><p>No puede decirse que este primer contacto de la banda con el público español fuera un éxito rotundo, pero, sin duda, supuso un <strong>firme primer paso </strong>que tendría continuidad cinco años después, cuando en <strong>1979</strong>, ya sí como astros inalcanzables, regresaran para dar dos conciertos en el Palacio de Deportes de <strong>Barcelona </strong>y otros dos en el Pabellón de la Ciudad Deportiva del Real <strong>Madrid </strong>en febrero de 1979. </p><p>Como si el cielo no tuviera límites, todavía más alto estaban cuando volvieron por tercera y última vez a nuestro país en <strong>1986</strong>, para actuar en la <strong>cima de su popularidad</strong> en Barcelona (1 de agosto, en el Mini Estadi, ante 34.000 espectadores), Madrid (3 de agosto, en el estadio del Rayo Vallecano, con 25.000 asistentes) y Marbella (5 de agosto, en el Estadio Municipal, para 26.000 fans). Tres citas históricas por diversos motivos —¡<strong>Queen en la avenida de la Albufera, en Vallecas, cuna del rock</strong>!—, que quedaron para la posteridad como las penúltimas con Freddie Mercury, pues el vocalista pisaría <strong>por última vez un escenario</strong> al frente de su banda el <strong>9 de agosto de 1986 en Knebworth Park</strong>, a las afueras de Londres, ante 120.000 personas que no sabían, que no podían saber, que era una <a href="https://mercadeopop.com/el-ultimo-concierto-de-freddie-mercury-con-queen/" target="_blank" >despedida definitiva</a>.</p><p>Aunque <strong>no volviera a actuar con Queen</strong> por motivos de salud, lo que sí continuó fue la relación de Freddie con la <strong>Ciudad Condal</strong>, refrendada con ese<strong> grandilocuente himno operístico</strong> junto a <strong>Montserrat Caballé</strong> con motivo de los <strong>Juegos Olímpicos del verano de 1992</strong>. Un <strong>apasionado grito de amor hacia Barcelona, </strong>publicado originalmente en 1987, pero que inundó el mundo de manera póstuma, meses después del fallecimiento del músico en noviembre de 1991. Una <strong>despedida grandilocuente a la altura de su leyenda</strong> porque, como decíamos antes: Freddie vive, la lucha sigue.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2026 04:01:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Aquellas primeras citas musicales,Conciertos,Música,Barcelona]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Mi padre, de la guerra, solo dice que vio mucho dolor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/padre-guerra-dice-vio-dolor_1_2234754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1e47d0cf-3681-4210-aba1-3a272d831b29_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi padre, de la guerra, solo dice que vio mucho dolor"></p><p>Mis antepasados, hasta mis abuelos que yo sepa, son de <strong>Salamanca</strong>.</p><p>Cuando estalla la Guerra Civil, <strong>mis padres</strong> no están casados. Él tiene 30 años y ella 24. Se casan en diciembre del 39.</p><p>Mis abuelos paternos han <strong>fallecido</strong>. Mi padre tiene una hermana monja y un hermano de 17 años, que viven juntos.</p><p>Mi padre trabaja de conductor en el Instituto de Sanidad, con lo cual lo destinan a trasladar heridos con una ambulancia desde el <strong>Alto de los Leonés</strong> (ahora, del León) hacia Salamanca.</p><p>A mi tío <strong>Manuel </strong>lo mandan al frente, allí, en Guadarrama, donde fallece.</p><p>Mi padre, de la guerra, solo dice que vio <strong>mucho dolor y que tenía la pena </strong>de no saber donde estaría el cuerpo de su hermano. Había hecho tantos viajes...</p><p>Mi madre era hija de <strong>guardia civil.</strong> Cuando estalla la guerra, viven en el cuartel de la plaza de Colón de Salamanca con mis abuelos. Son cuatro hermanas y dos hermanos.</p><p>Mi tío <strong>Pepe </strong>es dependiente de una librería y lo mandan a Sevilla. Regresa después de acabar la guerra.</p><p>Mi tío <strong>Nicolás </strong>tiene 20 años. Es guardia civil y está destinado en Reinosa. Los avisan de que en el Ayuntamiento se están peleando y les piden que vayan. Según van entrado, los van matando. Como no recibían noticias suyas, mi abuelo se fue a Reinosa, de donde regresó con la maleta y otros objetos personales de su hijo, que está enterrado en el cementerio de <strong>Reinosa</strong>.</p><p>De la guerra, mis padres y tíos solo hablaban de una <strong>lucha entre hermanos. No hablaban de política.</strong> </p><p>Todo esto lo sé porque <strong>me lo contó mi madre cuando ya era mayor</strong>, pues desde 1973 he vivido fuera de Salamanca y, cuando volvía a casa para pasar unos días, hablábamos.</p><p><strong>Elena Herrero Escudero.</strong></p><p>Vivo ahora en Valencia.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2026 04:01:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Elena Herrero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mi padre, de la guerra, solo dice que vio mucho dolor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lo que el 18 de julio se llevó: relatos íntimos]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Apariencias engañosas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/apariencias-enganosas_1_2235368.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59ee19f5-2007-427d-80c9-a3981066192c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apariencias engañosas"></p><p>La foto es todo un ejemplo de la civilidad vienesa: <strong>un </strong><em><strong>Offener Bücherschrank</strong></em><strong> emparedado entre dos </strong><em><strong>Stummer Verkäufer</strong></em>. Les traduzco, aunque sé que no haría falta porque el alemán es como el euskera: a poco que le pongas algo de atención, acabas pillándolo. <em>Offener Bücherschrank</em> —como ya habrán imaginado— significa literalmente "<strong>armario de libros abierto"</strong>, del que la gente puede retirar un ejemplar a cambio de dejar otro en la cabina; <em>Stummer Verkäufer</em> —como cualquiera puede adivinar— significa <strong>"vendedor silencioso" de periódicos</strong>: una bolsa de plástico impermeable colgando de una farola o de una señal de tráfico, de la que el comprador retira su ejemplar tras depositar el importe exacto en una pequeña caja a través de la ranura.</p><p>Una <strong>mirada acomplejada desde España</strong> podría llevarnos a pensar que si alguna cabecera adoptara aquí ese modelo de negocio, a los cinco minutos habrían desaparecido los periódicos, la caja y, si no está bien sujeta, la propia farola.</p><p>Al menos es lo que pensaba yo hasta que, por envidia de la <strong>urbanidad austriaca</strong>, me decidí a profundizar en el asunto a través de algunos estudios sociológicos que se han ocupado de esta peculiar manera de vender periódicos basada en <strong>la confianza y la honestidad del ciudadano</strong>.</p><p>Uno de ellos, llevado a cabo por investigadores de las universidades de Graz y Klagenfurt, se realizó en una zona de Viena predominantemente de <strong>clase media y alta</strong>, elegida porque, según la empresa distribuidora, tenía <strong>una moral de pago especialmente baja</strong>. La conclusión general fue que la mayoría de los compradores no pagaba el precio correcto: costando el periódico entre 1 y 2 euros, la media de lo que pagaban los compradores ascendía solo a 0,10 euros.</p><p>Quizás, y esto es aportación mía, esa conclusión explique de rebote la forma en que algunos del entorno donde se llevó a cabo el estudio hayan llegado a ser clase media y alta. <strong>No hay mejor ascensor social que beneficiarse del ahorro que proporciona la falta de ética</strong> o, directamente, el delito; ya sea pagar menos por el periódico, conseguir jugosas comisiones mediante el tráfico de influencias, defraudar a Hacienda o no dejar que la bolsa de la fruta se apoye del todo al pesarla en el súper. Si combinas adecuadamente tres de estas cuatro técnicas, estás preparado para ser ministro. O novio de presidenta de comunidad autónoma. Aunque, de hacerse pública la anomalía, no podemos augurar una larga estancia en el cargo. En ninguno de los dos.</p><p>Apoyo esta apreciación subjetiva —y un poco populista, todo sea dicho— de ascensos sociales rápidos pero moralmente reprobables, en las opiniones de los distribuidores de periódicos austriacos que, aunque no forman parte del estudio, afirman haber observado <strong>diferencias regionales en la moral de pago</strong>: esta es mayor en las zonas rurales y, curiosamente, en los barrios habitados por personas con ingresos más bajos. Pobreza y honradez, la mejor forma de gripar el ascensor social.</p><p><strong>Otro estudio</strong> sobre la venta de periódicos poniendo a prueba la confianza y honestidad de los ciudadanos fue llevado a cabo por investigadores de las universidades de Linz e Innsbruck. Coincide con el primero en que la mayoría de los clientes no paga: alrededor de dos tercios de quienes cogen el periódico no dejan ningún dinero. Sin pretender ofender a nadie, y solo en aras del rigor científico, creo que sería interesante conocer detalles sobre el histórico de españoles emigrados a Austria, así como de compatriotas que la visitan habitualmente.</p><p>Otros datos, procedentes de una encuesta de seguimiento, resultan tan curiosos como el hecho de que <strong>los hombres pagan menos que las mujeres</strong>; o que donar a organizaciones benéficas y hacer voluntariado se asocian con una mayor probabilidad de pago; o que quienes asisten regularmente a misa pagan menos. Aquí, los autores especulan sobre posibles explicaciones, como que quizás el motivo sea la carencia de monedas suficientes por haberlas donado previamente en la cuestación litúrgica. Personalmente, creo que la verdadera razón es que cobrarte dos euros por un periódico cuando<strong> la salvación eterna te ha salido por 50 céntimos</strong> es una barbaridad.</p><p>¿<strong>Por qué las empresas siguen utilizando este método </strong>de comercio en apariencia tan ruinoso? Por varias razones: permite al lector conseguir prensa los domingos y festivos cuando la mayoría de los lugares de venta están cerrados; sigue siendo rentable como estrategia de marketing el que la marca se haga presente en las calles; y, fundamentalmente, porque las bolsas se pueden alquilar como espacio publicitario, lo que ayuda a paliar las pérdidas.</p><p>¿Se imaginan que <strong>infoLibre</strong> se vendiese de esta forma? Dejando en manos de ustedes, los lectores, la posibilidad de pagar, no pagar, pagar menos o, no lo descartemos, pagar más por él. ¡Qué gran sorpresa sería esto último! Tal vez la única manera de que Jesús Maraña cumpla al fin su noble sueño: comprarse un Lamborghini.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 04:01:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Apariencias engañosas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,El ángulo muerto,Austria,Correos]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Cómo ‘Gente en sitios’ arruinó cualquier expectativa y descubrió una risa nueva]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/gente-sitios-arruino-expectativa-descubrio-risa-nueva_1_2235132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b1f787f5-29bb-43af-83d3-10c4fe456dec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo ‘Gente en sitios’ arruinó cualquier expectativa y descubrió una risa nueva"></p><p>Puede que Jordi Costa editara <em><strong>Una risa nueva</strong></em><strong> </strong>(Lengua de Trapo, 2018)<strong> </strong>demasiado pronto, aunque por eso mismo esta colección de ensayos alrededor de lo que entonces venía sucediendo en la<strong> comedia internacional</strong> se revela tan profético. El crítico español ya hablaba abiertamente de <strong>“posthumor” </strong>en 2010, y podía apoyarse en una tira cómica de <a href="https://www.infolibre.es/autores/dario-adanti/"  >Darío Adanti</a> incluida en ese mismo volumen para definirlo. En sus viñetas se afirmaba entonces que, si<strong> “el humor es la representación sintética del fracaso”</strong>, cualquier expresión de comedia debería emanar de esto mismo: <strong>del fracaso</strong>.</p><p>“El humor absurdo es el fracaso de la razón, el <em>slapstick</em> es el fracaso del hombre ante los elementos, el humor costumbrista es el fracaso de las convenciones sociales, y <strong>el posthumor es aquel que anula el supuesto de triunfo a la hora de sorprender con el fracaso</strong>”. Es decir, que el posthumor es el fracaso de los <strong>“propios mecanismos de la comedia”</strong>, sin que eso implique que la risa no esté entre sus prioridades. Sin risa no hay humor posible. No obstante, la risa que invoca el posthumor tiene<strong> otro timbre</strong>. Es nerviosa, incluso histérica, <strong>nace para cubrir un silencio abochornado</strong>.</p><p>Es un tipo de risa que se puede rastrear hasta finales de los 60, cuando Costa propone una genealogía estadounidense del posthumor a partir de <em><strong>Los productores,</strong></em><strong> </strong>de<strong> Mel Brooks</strong>. Recordemos, aquel film cuyos protagonistas ponían en pie un musical sobre <strong>Adolf Hitler</strong> con la idea de que fracasara y, a su vez, “fracasaban” en este empeño,<strong> pues el musical... era un éxito</strong>. Más tarde, un formato tan veterano como <em>Saturday Night Live</em> querría estimular <strong>la anarquía entre sus humoristas y </strong><em><strong>sketches, </strong></em>sin que fuera imperativo hacer partícipe al público en todo momento de la broma.</p><p>Justamente sería <em>Saturday Night Live</em> el puntal desde el que empieza a rastrearse algo parecido al posthumor en España, y de forma bastante intencionada. Los personajes del <em>show</em> de <strong>Lorne Michaels</strong> empezaron pronto a saltar al cine <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/television-videoclip-granujas-ritmo-le-quito-seriedad-le-quedaba-musical_1_2033874.html" target="_blank">con películas propias</a>, siendo <em>Movida en el Roxbury</em> una expansión de los <em>sketches</em> de <em>The Roxbury Guys</em> y, también, la gran inspiración de <em><strong>El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo</strong></em> (2004). El retrato de esos inquietantes fiesteros se tradujo en España como dos hombres inmaduros y pijísimos interpretados por<strong> Santiago Segura y Javier Gutiérrez</strong>, sumergidos en una delirante <em>road movie</em> para acudir a ver el supuesto regreso de <strong>Mecano </strong>a los escenarios. </p><p>Borjamari y Pocholo eran patéticos e insoportables, y la comedia que generaban se basaba en el estupor. Quizá por ello el film fue tan mal recibido, a la vez que aumentaba el aura de culto alrededor de <strong>Juan Cavestany</strong>, como codirector de la película junto al productor <strong>Enrique López Lavigne</strong>. En los 2000, el apellido de Cavestany era inseparable de <strong>Animalario</strong>, grupo de teatro donde hallábamos a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/alberto-san-juan-parece-abrumadora-mayoria-medios-activamente-negar-realidad_1_2232758.html"  >Alberto San Juan</a>, <strong>Willy Toledo</strong> o el citado Gutiérrez, que había llegado a ser <strong>de lo más radiactivo </strong>tras hacerse cargo del guion y la ejecución de la gala de los Goya de 2003. Es decir, <a href="https://www.eldiario.es/premios-goya/20-anos-goya-no-guerra-gala-historica-convirtio-pp-peor-enemigo-cine-espanol_1_9932424.html" target="_blank">los Goya del “No a la guerra”</a>, los que inauguraron la beligerancia de la derecha contra el cine español. </p><p>Diez años después —<strong>con el PP nuevamente en el poder</strong>— Cavestany estrenaría <em><strong>Gente en sitios</strong></em>. Entonces el país había cambiado por completo, y el posthumor parecía plenamente consolidado.</p><p>La trayectoria de Cavestany entre <em>Borjamari y Pocholo</em> y <em>Gente en sitios</em> distó de seguir, por lo demás, una línea recta. El cineasta tardó en aclimatar una voz propia, lanzándose a dirigir en solitario con otro título de críticas demoledoras —<em><strong>Gente de mala calidad</strong></em><strong>, </strong>en <strong>2008</strong>— y solo atisbando una sofisticación completa a partir de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=xhYfWYNoBx8" target="_blank"><em>Dispongo de barcos</em></a>. Este pequeño largometraje de 2011 nacía de un corto previo, <em>El último golpe</em>, centrado en la planificación de un atraco que fracasaba desde las mismas conversaciones de los atracadores (incapaces de entenderse ni en las cuestiones más básicas) y, a la hora de saltar al cine, destacaba sobre todo por <strong>su factura</strong>. Totalmente barata y descuidada, <em><strong>Dispongo de barcos</strong></em><strong> parecía inseparable de Internet</strong>.</p><p>El posthumor en España tiene la particularidad de haber nacido anclado en la <strong>brecha digital </strong>y, en concreto, en las facilidades que le daba internet a los nuevos creadores. Dejando de lado el carácter pionero de <em>Borjamari y Pocholo</em>, hay que remitirse al impacto que tuvo que los fans de <em>L</em><em><strong>a hora chanante</strong></em> subieran los programas a YouTube —logrando mucha más visibilidad que cuando se emitía en Paramount Comedy—, y a la celeridad con la que en esta plataforma —a la vez que proyectos como <em>¡Qué vida más triste!, Malviviendo</em> o <strong>los vídeos de los Compadres</strong>— despuntaban discursos tan esquinados como los de <strong>Venga Monjas y Carlo Padial</strong>. Junto a la aparición de<strong> Miguel Noguera</strong> y la complicidad ocasional de <strong>Carlos Vermut</strong>, nos topábamos con una confluencia de talentos cuya comedia no hacía otra cosa que<strong> superponer nichos extraños</strong>.</p><p>Nichos que, o bien permitían la conversión de estos creadores en cineastas —Carlo Padial saltó al cine con <a href="https://www.youtube.com/watch?v=iLU5iKFzDCY" target="_blank"><em>Mi loco Erasmus</em></a><a href="https://www.youtube.com/watch?v=iLU5iKFzDCY" target="_blank"> en 2012</a>—, o por lo menos asentaban un clima afectivo donde las excentricidades de Cavestany (o el colectivo <a href="https://www.condeduquemadrid.es/actividades/canodromo-abandonado" target="_blank">Canódromo Abandonado</a>) tenían <strong>un hueco asegurado</strong>. No sorprende entonces que <em>Gente en sitios</em> sea, en líneas generales, <strong>una película de amiguetes</strong>. Luego de que <em>Dispongo de barcos</em> participara del<strong> desaliño internetero</strong> —incrementando el surrealismo para que, por esta vez, alguien pudiera pensar que a Cavestany le había dejado de interesar hacer reír— y de que <a href="https://www.youtube.com/watch?v=iO2Mw2EGKN4" target="_blank">el mediometraje de </a><a href="https://www.youtube.com/watch?v=iO2Mw2EGKN4" target="_blank"><em>El señor</em></a> (2012) asentara ciertas preocupaciones existenciales, el desarrollo de <em>Gente en sitios</em> se fundamentó en pedir <strong>favores a gente afín</strong>.</p><p>Puesto que Cavestany llevaba años en la industria, esto implicaba que la película estuviera atiborrada de estrellas del cine español, con apariciones de pocos minutos e incluso segundos en el marco de <strong>un caótico encadenado de </strong><em><strong>sketches</strong></em>. La idea era esa, “gente en sitios”, celebridades del audiovisual patrio (más <strong>Juan Carlos Monedero en pleno despegue de Podemos </strong>para reflexionar sobre ¿la mezquindad humana?) en situaciones rocambolescas con una capacidad indómita para significar y evocar. Por ejemplo, cierta escena con<strong> Raúl Arévalo y Luis Bermejo</strong>.</p><p>Arévalo asegura a un Bermejo desempleado que sabe quién le puede dar trabajo. Quedan al día siguiente para ir a las oficinas de esta persona, pero hay un problema: Arévalo solo le ha dicho eso porque se sentía mal ante el sufrimiento de su amigo. No existe tal empleador así que, una vez Bermejo se presenta en la quedada (con un peluquín horrendo que<strong> subraya el patetismo</strong>), no le queda otra que guiarle por un peregrinaje absurdo a lo largo de la ciudad, a la espera de que se le ocurra algo. Los minutos pasan, las calles se suceden, <strong>todo es incómodo y miserable</strong>. Por supuesto, a <em>Gente en sitios</em> se la leyó mucho en su día como <strong>metáfora de la crisis económica</strong>.</p><p>¿Y cómo negarlo? Siendo un director más de instinto que de discurso —como evidencian las últimas mutaciones de su cine, volcadas al <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/juan-cavestany-vuelve-redescubrir-madrid-matadero-espejo-ciudad-decrepito-convive-posibilidad-vanguardia_1_13259156.html" target="_blank">documental psicogeográfico de Madrid</a>—, Cavestany es sobre todo un observador que, a la hora de plantear <strong>el andamiaje fragmentario</strong> de <em>Gente en sitios,</em> se preocupó por que este estuviera bañado de <strong>un sentimiento unitario</strong>. La película tiene un personaje recurrente que ha de enseñar a otros cómo realizar acciones básicas <strong>(caminar, beber, dormir)</strong>, una vez percibe la confusión y parálisis que los envuelve. También, en otro <em>sketch</em>, vemos a <strong>Eva Llorach</strong> contemplar <strong>una bandera de España borrosa</strong>, por haberse dado justo antes un golpe en la cabeza.</p><p>Son estampas sugerentes que pretenden huir de la literalidad, como bien demuestra <strong>la clara influencia de David Lynch</strong> —en muchos aspectos <em>Gente en sitios</em> rebusca en las sensaciones y el aparato formal de <em>Inland Empire</em>, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/david-lynch-sonador-hizo-preguntaramos-sonaba_1_1930191.html" target="_blank">último largometraje del genio estadounidense</a>— y, sobre todo, de <strong>Kafka</strong>, cuyo relato <em>El puente</em> adapta directamente en otro pasaje. Y, aún así, hay que volver a ese <strong>sentimiento unitario</strong>. Hay que incidir en cómo <em>Gente en sitios</em>, tras unos primeros <em>sketches</em> absolutamente explosivos, va bajando revoluciones, y la omnipresencia del <strong>cielo agreste de Madrid </strong>otorga nuevas texturas <strong>al </strong><em><strong>shock</strong></em> en que parecen instalados todos los personajes de la película. </p><p>La desorientación que comparten debe emanar de un trauma asimismo compartido: todos estos personajes pensaron que existía <strong>una determinada manera de vivir</strong> —o, mejor dicho, de guiarse por la vida—, pero esta ha saltado por los aires, dejándoles sin brújula y obligándoles a hacer el ridículo continuamente. Las carcajadas que dispensa <em>Gente en sitios</em> se congelan a medida que <strong>esta estructura anímica se asienta</strong> y el espectador puede reconocerse en ella. Sin duda, se trata de <strong>un fracaso a gran escala</strong>, pero es un fracaso que también ha de apelarnos a nosotros como ciudadanos. </p><p>Así de orgánicamente, los presupuestos del posthumor se alían con <strong>esa Gran Recesión que ya llevaba más de un lustro abatiéndose sobre Occidente</strong> cuando se estrenó <em>Gente en sitios</em>, y así se ilumina una verdad de lo más sencilla: <strong>el posthumor es la comedia de la crisis</strong>, la comedia de la precariedad y el futuro cancelado (<strong>la certeza del fracaso</strong> de la que hablaba Adanti). Si asumimos que nunca hemos llegado a salir del bache y que estamos condenados a seguir encadenando crisis,  ¿cómo no asumir entonces que <strong>la buena salud que aún hoy conserva el posthumor</strong> viene de ahí?</p><p>Desde <em>Gente en sitios, </em>esta <strong>“risa nueva”</strong> ha continuado extendiéndose. Los Burnin’ Percebes de <em>Searching for Meritxell</em> y <em>La reina de los lagartos</em>. Julián Genisson, de Canódromo Abandonado, estrenando <em><strong>Inmotep</strong></em> en 2022. Chema García Ibarra con el antológico debut al largo de <em><strong>Espíritu sagrado</strong></em>. Y la suerte de <em>crossover</em> de buena parte de estos talentos <a href="https://www.infolibre.es/cultura/candidaturas-goya-mejor-direccion-novel-continuismo-industrial-busqueda-rumbo_1_2150044.html" target="_blank">que fue </a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/candidaturas-goya-mejor-direccion-novel-continuismo-industrial-busqueda-rumbo_1_2150044.html" target="_blank"><em>Balearic</em></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/candidaturas-goya-mejor-direccion-novel-continuismo-industrial-busqueda-rumbo_1_2150044.html" target="_blank"> este mismo año</a>, candidata al <strong>Goya a Mejor dirección novel </strong>para Ion de Sosa. La conclusión es inevitable: desde que Cavestany estrenó aquella película, <strong>seguimos atrapados en el mismo sitio</strong>. Con miedo, con <strong>risas temblorosas </strong>que desesperadamente se empeñan en contestarle al vacío.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 04:01:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cómo ‘Gente en sitios’ arruinó cualquier expectativa y descubrió una risa nueva]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La comedia española más allá de Torrente,Películas,Cine español,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Sembrar futuros': una guía de resistencia para la era del algoritmo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/sembrar-futuros-guia-resistencia-algoritmo_1_2232516.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3a2f3990-cf7d-42c1-8c26-25aa7a791e30_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Sembrar futuros': una guía de resistencia para la era del algoritmo"></p><p><em><strong>Sembrar futuros</strong></em> recorre las heridas del capitalismo digital desde las minas de coltán y los centros de datos que devoran agua y energía, hasta las estrategias de las grandes tecnológicas que capturan nuestra atención, condicionan nuestros cuerpos y se lucran con nuestra intimidad.</p><p>Frente a la industria de la vigilancia, la extracción y el control, <strong>Eurídice Cabañes</strong> identifica las grietas del sistema, aquellos espacios donde lo humano y lo artificial tejen nuevas conexiones entre la ternura y la justicia radical, y nos propone alternativas para recuperar la memoria, descolonizar el tiempo y poner la innovación al servicio de la vida, del cuidado y lo común. </p><p>Un ensayo urgente y una declaración de esperanza que llegará a las librerías el <strong>2 de septiembre</strong> de la mano de <a href="https://www.planetadelibros.com/editorial/editorial-ariel/2" target="_blank" >Ariel</a>, y del que <strong>infoLibre </strong>ofrece un adelanto a sus lectores. Porque el futuro no es lo que nos va a pasar, sino lo que todavía estamos a tiempo de sembrar. </p><p>______________________________________________________________________</p><p>En un mundo que parece colapsar, los discursos del miedo se convierten en herramientas poderosas para justificar la exclusión y la violencia hacia quienes ya han sido privados de sus derechos. Si cada vez una mayor parte de la población mundial va a quedar sin las garantías más básicas de protección, es conveniente poner el punto de mira en quienes ya carecen de ellas, y presentarlos como el problema de la sociedad y un peligro para el Estado del bienestar. De esta manera, se desvía la atención del verdadero problema. Por ejemplo, si el problema es el acceso a la vivienda, los discursos desde el poder fomentan el temor a los okupas. </p><p>De este modo no solo se desvía la atención de los fondos buitre y los grandes tenedores, o se inhabilita la acción colectiva que exigiría regulaciones y acción política, sino que, además, se impulsa la venta de alarmas y el gasto en seguridad. ¿El resultado? Una sociedad preocupada por la posibilidad de que sus conciudadanos le quiten la casa en la que vive, cuando es infinitamente más probable que lo haga el banco. Y así con todo: migrantes, desplazados climáticos, personas sin hogar, y muchos otros colectivos, son criminalizados, presentados como culpables por el simple hecho de existir en lugares donde su presencia incomoda. </p><p>En las últimas olas de frío, en los aeropuertos se ha empezado a exigir las tarjetas de embarque para entrar; según me explicó una de las trabajadoras cuando pregunté, para que "no se llene esto de vagabundos". Al mismo tiempo, policías y basureros han obligado a las personas sin hogar a entregar sus cartones; lo he visto con mis propios ojos. En la plaza del mercado de la Barceloneta, una triste nota pegada en el suelo por algún vecino avisaba de que allí mismo había muerto de frío una persona sin hogar esa misma semana. No se sabía su nombre, nadie reclamaría su cuerpo; murió sola, de frío. No es que el sistema esté fallando en atender a los más vulnerables; está participando activamente en su muerte: es necropolítica. </p><p>Desde el genocidio hasta la retirada del cartón que protege del frío a una persona sin hogar, la crueldad preventiva se convierte en norma. Las víctimas de un sistema injusto son sistemáticamente representadas como amenazas al orden social, mientras que quienes las despojan de sus derechos se legitiman como protectores de la estabilidad. Pero ¿a quién deberíamos temer realmente? Nuestra preocupación debería centrarse en las dinámicas estructurales y culturales que despojan de humanidad a estas personas, no en quienes intentan sobrevivir. Hemos interiorizado que las muertes de algunos no importan; que el sistema, como una maquinaria que devora cuerpos a su paso, debe continuar pese a las bajas. Las contabilizamos como daños colaterales y permitimos que sucedan como práctica habitual. La necropolítica justifica su muerte y su marginación, alentando discursos de escasez y sacrificio mientras engrosa los bolsillos de los grandes billonarios. </p><p>El temor no debería dirigirse hacia quienes luchan por existir en medio de la adversidad, sino hacia aquellos sistemas que los despojan de su dignidad y sus derechos, y hacia quienes diseñan y ejecutan esa crueldad legitimada. Desde esta perspectiva, revertir la mirada supone armarse de empatía y ternura, estar para el cuidado del otro. La empatía no es solo un principio ético, sino una herramienta política esencial para contrarrestar los discursos del miedo y generar narrativas donde la justicia y el cuidado desarmen las dinámicas de exclusión y opresión. Cuando la violencia se estructura como norma, la ternura se convierte en un acto radical. Porque si los derechos no se extienden a todos, no son derechos: son privilegios. Y un privilegio no se defiende colectivamente; se acumula de forma individual, se teme perderlo, se justifica excluyendo a quienes no lo tienen. Por eso, apostar por el cuidado mutuo no es un gesto de bondad ingenua, sino una forma de resistencia activa contra la lógica de la escasez y el miedo. Si nuestras vidas no importan para los sistemas que nos oprimen, debemos importarnos entre nosotros. Reivindicar los derechos de todos —empezando por los que menos tienen— no es solo un acto de justicia: es la condición indispensable para construir y habitar un mundo común. </p><p>En este contexto de colapso, marcado por la ausencia de futuro y desigualdades abismales, las tecnologías, lejos de ser herramientas neutrales, amplifican y moldean nuestra relación con el mundo, con el otro y con los sistemas complejos que habitamos. Estamos atrapadas en un monocultivo tecnológico que homogeneiza, invisibiliza los márgenes y aplana los conflictos. La tecnología no solo refleja, sino que intensifica dinámicas de exclusión racial, económica y social, convirtiendo las herramientas digitales en nuevos escenarios de opresión. </p><p>En las fronteras del mundo, la tecnología se ha convertido en un arma al servicio de la exclusión y la muerte. Sistemas de vigilancia, drones y herramientas de reconocimiento facial, que podrían utilizarse para salvar vidas en crisis humanitarias, se emplean para segarlas e impedir la entrada de quienes buscan refugio. En la frontera sur de Europa, el uso de drones y sensores térmicos para localizar pateras no tiene como objetivo rescatar personas, sino disuadir su paso y forzar devoluciones en caliente. Del mismo modo, en Estados Unidos, las inversiones en muros "inteligentes" y la militarización tecnológica del control migratorio refuerzan una narrativa de amenaza que deshumaniza a quienes huyen de conflictos y catástrofes climáticas, consolidando un régimen de necropolítica global. Estas herramientas no protegen, sino que perpetúan un sistema que convierte a los más vulnerables en cifras, en daños colaterales de una maquinaria que privilegia el control sobre la vida.</p><p>En todo esto no somos meros observadores. El propio sistema, más allá de convertirnos en posibles víctimas futuras, nos vuelve también cómplices al emplear, cada vez con más frecuencia, tecnologías civiles en el ámbito militar. Así, el genocidio contemporáneo no solo se lleva a cabo con armas convencionales; se sostiene y amplifica a través de herramientas que fueron diseñadas para otros fines, pero fácilmente adaptables a la violencia. Sistemas de reconocimiento facial, entrenados con imágenes que las propias personas suben a redes sociales, han sido utilizados para identificar y perseguir a minorías étnicas en lugares como Xinjiang, donde el pueblo uigur vive bajo constante vigilancia. En Gaza, drones inicialmente diseñados para monitoreo agrícola se utilizan para seleccionar objetivos en zonas densamente pobladas, convirtiendo la tecnología civil en un instrumento de exterminio</p><p>Nuestra complicidad no termina en el uso de estas herramientas. Participamos indirectamente al entrenar sistemas de inteligencia artificial mediante el uso diario de aplicaciones que recopilan nuestros datos, o al financiar, a través de inversiones y consumo, a empresas tecnológicas que colaboran con genocidas. Los mismos dispositivos con los que trabajamos, nos comunicamos e interactuamos provienen de la sangre del Congo. La maquinaria de vigilancia y represión es alimentada por plataformas que dominan nuestra vida cotidiana, consolidando un ecosistema tecnológico donde la muerte y la exclusión se normalizan como externalidades del progreso. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 04:01:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eurídice Cabañes]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Sembrar futuros': una guía de resistencia para la era del algoritmo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maleta de libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esther Palomera: "La ultraderecha tiene como objetivo el descrédito sistemático del periodismo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/esther-palomera-ultraderecha-objetivo-descredito-sistematico-periodismo_1_2235000.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7f6c2ae-dddd-426f-9a07-fb0cd07cf14f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esther Palomera: "La ultraderecha tiene como objetivo el descrédito sistemático del periodismo""></p><p><a href="https://x.com/estherpalomera?lang=es" target="_blank" >Esther Palomera</a> (Madrid, 1968) presentará a partir de septiembre, junto a<strong> Gonzalo Miró</strong>, el tramo de debate político de <em><strong>Malas Lenguas</strong></em> en las tardes de <strong>La 2 de RTVE</strong>. Un nuevo paso profesional que añadir a su extensa trayectoria periodística, que compaginará con el puesto de <strong>adjunta al director en </strong><em><strong>Eldiario.es</strong></em> que desarrolla desde hace siete años.</p><p>Habitual de espacios de análisis político en la Cadena SER, Telecinco —muy sonadas son sus refriegas con Ana Rosa— y la propia RTVE, la periodista lucha incansablemente contra los <strong>bulos </strong>lanzados desde la ultraderecha, aunque lamenta que, a pesar de todos los esfuerzos, “la <strong>desinformación circula siempre más rápido</strong> que el <strong>desmentido</strong>, que muchas veces llega a menos gente que la mentira original”. </p><p>A su juicio, advierte, “si eso se normaliza, el <strong>debate público</strong> deja de basarse en hechos contrastados, lo que hace casi imposible la <strong>normalidad democrática</strong>”. Esto lleva, asimismo, al “<strong>descrédito sistemático de la prensa</strong> como institución”, algo que, “sumado a un ruido informativo que agota la capacidad de <strong>discernir</strong>”, provoca que, a menudo, “la gente deje de confiar en cualquier fuente”.</p><p>Y todavía continúa: “La historia política ya ha demostrado que la<strong> ultraderecha </strong>global tiene como objetivo el <strong>descrédito </strong>sistemático del <strong>periodismo</strong>, al que considera un <strong>enemigo </strong>a batir. Ahí están los ejemplos de <strong>Trump, Bolsonaro, Orbán</strong> o <strong>Milei</strong>, en distintos grados, porque el periodismo que contrasta y verifica <strong>desenmascara </strong>sus propósitos. Deslegitimar a la prensa es una forma de eliminar un <strong>contrapeso </strong>a su poder”.</p><p>Es por eso que ve en el lema de <strong>infoLibre</strong>, <a href="https://www.infolibre.es/club-infolibre/somos-resistencia/?utm_source=infoLibre&utm_campaign=3d09860ee6-email_20260528_CartaJesusManifiesto_Socios&utm_medium=email&utm_term=0_-267ad31245-166274762" target="_blank" >Somos resistencia</a>, un “dique de contención contra la desinformación y los ataques a la democracia”, así como una “<strong>posición activa</strong> frente a quienes pretenden silenciar, <strong>distorsionar </strong>o banalizar la realidad”. Además, considera que un periódico tiene que ser “más una <strong>brújula </strong>que un espejo”, pues este último “devuelve lo que el lector ya cree”, mientras la primera “ayuda a orientarse, aunque el terreno sea incómodo”. </p><p>“Con frecuencia, también debería ser una <strong>conversación exigente: no dar todo resuelto</strong>, sino invitar al lector a pensar con más elementos de los que tenía”, apostilla, y agrega que ese es el camino para esa parte de la audiencia —ya sean lectores, oyentes o telespectadores— que “demanda no solo datos o declaraciones aisladas, sino la capacidad de <strong>entender </strong>lo que pasa y <strong>por qué pasa</strong>”. “Y, aunque la línea entre explicar y adoctrinar puede ser extremadamente delgada, hay que vigilar que esa defensa no se convierta en excusa para relajar el <strong>rigor</strong>”, puntualiza.</p><p>Es justo por esto último que un buen periodista, tal y como destaca, debe resistir ante la opacidad del poder, la velocidad del oficio, la simplificación de la realidad y <strong>sus propias certezas</strong>. Cuatro batallas “conectadas” de esta profesión, si bien apunta como “la más subestimada” a la última: “Es fácil señalar la <strong>opacidad del poder</strong> o la <strong>velocidad del oficio</strong> como enemigos externos, pero siempre es más incómodo reconocer que uno mismo puede llegar a una historia con la conclusión ya decidida y buscar solo lo que la confirma”.</p><p>En esta línea, recalca que el periodismo tiene una “<strong>responsabilidad notable, aunque no exclusiva</strong>”, cuando una sociedad empieza a confundir opinión con hechos, ruido con relevancia y cinismo con inteligencia. Según aclara, el periodismo “no creó esa <strong>confusión </strong>por sí solo, pero sí puede alimentarla cuando <strong>prioriza el impacto sobre la precisión</strong>, o cuando deja de marcar con claridad la diferencia entre información y opinión”, por lo que su “responsabilidad específica es sostener esa distinción incluso cuando resulta menos rentable en <em><strong>clics</strong></em>”.</p><p>En este ecosistema de urgencia y lucha por captar la atención de la audiencia a toda costa, incluso con titulares engañosos o directamente bulos, considera Palomera “un acto de<strong> responsabilidad profesional</strong>” tomarse un tiempo mínimo y detenerse a pensar en lo que se va a contar. “La velocidad multiplica errores, y un error corregido tarde ya hizo su <strong>daño</strong>: circuló, fue creído, fue compartido”, subraya, para luego apostillar: “<strong>Detenerse no es lentitud</strong>, es la diferencia entre informar y solo reaccionar”.</p><p>En esa batalla constante por la atención de la ciudadanía, el periodismo se deja por el camino multitud de historias que contar y que no encajan en la fugacidad de la <strong>última hora</strong>, donde pareciera que cabe ya prácticamente cualquier asunto con tal de destacarlo en rojo. Así, se quedan sin contar, en su opinión, “los <strong>procesos lentos sin un momento noticiable</strong>: el deterioro de los servicios públicos, la erosión institucional gradual, las consecuencias a largo plazo de decisiones económicas o climáticas. “<strong>No hay un titular explosivo un día concreto</strong>, así que compiten en desventaja frente a lo <strong>urgente</strong>, aunque a menudo sean más relevantes para la vida de la gente”, destaca.</p><p>Así las cosas, sin periodismo honesto, riguroso y crítico que contraste, analice y verifique, acabaríamos habitando un mundo donde el poder —político, económico, judicial— “<strong>no rinda cuentas</strong>”. Porque, tal y como recalca, la “<strong>corrupción</strong>” y el “<strong>abuso de poder</strong>” no desaparecen por sí solos, sino que, en muchos casos, “han salido a la luz y han sido perseguidos, precisamente, por <strong>investigaciones periodísticas</strong>”. “Ante los retrocesos democráticos, el periodismo debe jugar un <strong>papel de memoria y vigilancia</strong>”, afirma, antes de concretar: “Debe documentar los retrocesos cuando ocurren y recordar los precedentes históricos para que no se presenten como algo inevitable”. </p><p>Estas reflexiones llevan a la periodista a advertir que los reporteros preguntan mucho “por la intención declarada de una medida, pero poco por su <strong>consecuencia distribuida en el tiempo</strong> y entre distintos grupos sociales”. Por eso, para Palomera, un periódico es resistencia cuando “<strong>persevera en hacer la pregunta incómoda</strong>, publica la historia que a nadie le conviene que se publique y defiende por encima de todo el derecho a una información veraz”.</p><p>Es precisamente en este último punto, el de la información veraz, donde aparece la <strong>inteligencia artificial,</strong> que puede, a su juicio, “facilitar la <strong>creación masiva de desinformación </strong>a una escala y velocidad que dificulte la verificación”. En el lado positivo, concede que puede ser una “herramienta útil” para que el propio periodismo analice “grandes volúmenes de documentos o acelere tareas mecánicas para dedicar más tiempo a la investigación”. </p><p>“El peligro no está tanto en la tecnología en sí como en<strong> quién la controla</strong>, con qué transparencia se usa y si los medios logran capacidad para <strong>verificar contenido generado por IA</strong> al mismo ritmo al que este se produce”, termina, relacionando esta amenaza con el cruce de caminos en el que se encuentra el oficio periodístico en este agosto de 2026: “La <strong>encrucijada </strong>está entre sostener modelos de negocio viables sin depender de plataformas que controlan la distribución y la atención, y mantener al mismo tiempo la independencia y el rigor. Es la tensión entre sobrevivir económicamente y no sacrificar por el camino aquello que justifica que sobreviva”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 17:25:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Esther Palomera: "La ultraderecha tiene como objetivo el descrédito sistemático del periodismo"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Resistencia,Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Benidorm a La Barrosa, LUCYCALYS encuentra en sus raíces las señas de identidad de su primer disco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/musica/benidorm-barrosa-lucycalys-encuentra-raices-senas-identidad-primer-disco_1_2235139.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/421213f1-6588-4706-ae9d-421de8b5cb34_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Benidorm a La Barrosa, LUCYCALYS encuentra en sus raíces las señas de identidad de su primer disco"></p><p><strong>LUCYCALYS </strong>acaba de presentar <em><strong>Del amor y del mar</strong></em>, un EP con el que la artista gaditana da un nuevo paso en una carrera que apenas supera los dos años. Después de <strong>ganar el Benidorm Fest</strong> y actuar en escenarios de España y México, <strong>Lucía Sánchez Manzorro</strong> (Chiclana, 2006) reúne en este primer trabajo seis canciones en las que el mar, <strong>Andalucía </strong>y la libertad se convierten en el hilo conductor que busca transportar al oyente a su universo más personal. </p><p>La cantante explica a <strong>infoLibre</strong> que el objetivo de su EP de debut era construir un viaje sonoro capaz de trasladar al público a espacios abiertos y conectarlo con la sensación de libertad. "Quería que quien escuchara estas canciones sintiera el aire libre, el volver a casa o el reencontrarse con uno mismo", señala. Ese concepto recorre todo el álbum y está presente en temas como <em><strong>Marina, sal marina</strong></em>, cuyo videoclip ha sido dirigido por Miguel Cintas, o <em><strong>La Barrosa</strong></em>, una canción que habla del regreso a los lugares que nos hacen sentir seguros.</p><p>Ese vínculo con Cádiz atraviesa todo el proyecto. No en vano, Lucycalys, natural de Chiclana de la Frontera, reconoce que el <strong>mar </strong>y su <strong>tierra </strong>forman parte de su identidad tanto personal como artística. "La <strong>playa de La Barrosa</strong> es mi sitio seguro y quería compartirlo con la gente. Creo que todos necesitamos un lugar donde<strong> sentirnos en paz</strong>", afirma, y no sorprende, pues, para ella, que mostrar <strong>Andalucía </strong>en sus canciones también supone reivindicar una forma de entender la vida basada en la calma, el presente y la libertad.</p><p>En lo musical, el EP combina <strong>flamenco</strong>, sonidos tradicionales <strong>andaluces</strong>, <strong>pop </strong>y <strong>electrónica</strong>, una mezcla que la artista todavía prefiere no etiquetar. "Definirnos ahora mismo sería limitarnos", asegura. Aunque admite que continúa buscando la identidad definitiva del proyecto, considera que todas las canciones comparten una misma atmósfera que inevitablemente remite al <strong>mar </strong>y al <strong>sur</strong>. En ese proceso creativo ha sido fundamental el trabajo junto al productor <strong>Tony Grox</strong>, con quien lleva colaborando desde antes de su participación conjunta en el Benidorm Fest: "Trabajar con él es como recibir una clase nueva cada día. Siempre aprendo algo diferente".</p><p>El disco también cuenta con colaboraciones de <strong>Cris Lora</strong>, <strong>Pula Prieto</strong> y <strong>D3llano</strong>, músicos que aportan matices distintos sin romper la coherencia del proyecto. A este respecto, LUCYCALYS explica que ninguna de esas canciones nació respondiendo a una estrategia concreta, sino de manera completamente espontánea: "No buscamos un sonido determinado ni pensamos en una colaboración específica. Simplemente <strong>nos juntamos</strong> en el estudio y las canciones fueron saliendo solas".</p><p>Detrás de ese sonido también hay <strong>años de formación</strong>. La artista recuerda que fue el <strong>coro del Conservatorio</strong> el que le permitió perder el miedo escénico y descubrir que el escenario podía convertirse en su lugar más seguro. Más recientemente, comenzó a estudiar <strong>teatro musical</strong>, una educación que espera retomar porque considera que un artista nunca deja de aprender. "Hay que seguir trabajando siempre la <strong>voz</strong>, la <strong>interpretación </strong>o la puesta en <strong>escena</strong>", destaca.</p><p>Aunque, <em><strong>Del amor y del mar</strong></em> representa el inicio de una nueva etapa, la cantante reconoce que todo lo vivido durante el último año ha influido directamente, como es natural, en el resultado del EP. Porque <strong>ganar el Benidorm Fest </strong>con <em><strong>T amaré</strong></em> supuso un punto de inflexión tanto a nivel profesional como creativo: "Antes componía sola en mi habitación y podía tardar un mes en terminar una canción. Ahora he aprendido a crear en equipo y a desenvolverme mucho mejor dentro de un <strong>estudio</strong>".</p><p>Ese aprendizaje también le ha servido para afrontar nuevas experiencias, como su actuación en la <strong>Plaza de Cibeles</strong> durante la <strong>celebración del Mundial</strong>. Aunque el concierto estuvo acompañado de numerosas críticas en redes sociales hacia los artistas participantes, <strong>LUCYCALYS </strong>prefiere quedarse con el lado positivo, pues para ella “fue una oportunidad enorme”. “Hay críticas constructivas que ayudan a mejorar y otras que, simplemente, hay que aprender a dejar pasar", apostilla.</p><p>Ahora que <em><strong>Del amor y del mar</strong></em> ya está publicado, la artista mira hacia delante. Confiesa que le gustaría presentar el EP en una sala de Madrid y comenzar cuanto antes una nueva etapa creativa. De hecho, ya trabaja en las primeras ideas de lo que espera que sea su <strong>primer disco de larga duración:</strong> "Tengo muchas ganas de volver al estudio y hacer más música. Este EP es solo el principio de todo lo que quiero contar".</p><p>Por último, confiesa que si pudiera enviar un mensaje a la Lucía que empezó este camino hace apenas dos años, sería uno muy sencillo: "<strong>Que confíe y que haga las cosas de corazón</strong>". Un consejo que resume también el espíritu de su EP, un trabajo que convierte sus raíces, el mar y la libertad, en la carta de presentación más completa de una artista que todavía está construyendo su identidad, pero que ya tiene muy claro desde dónde quiere hacerlo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 04:01:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Carrasco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De Benidorm a La Barrosa, LUCYCALYS encuentra en sus raíces las señas de identidad de su primer disco]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Entrevistas musicales,Cantantes,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Andrés Guerrero González, maestro fusilado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/andres-guerrero-gonzalez-maestro-fusilado_1_2234743.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/26a013df-a22c-46f8-a42c-e100117ba097_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Andrés Guerrero González, maestro fusilado"></p><p>Soy nieta de <strong>Andrés Guerrero González</strong>, que fue <strong>maestro </strong>de <strong>Hervededo</strong>, un pueblecito del municipio de <strong>Camponaraya </strong>en la provincia de <strong>León</strong>. En 1925, con la colaboración del entonces alcalde pedáneo y la mano de obra de los vecinos, mi abuelo fundó la escuela de mi pueblo y fue su primer maestro titular como funcionario.</p><p>Tuvo <strong>ocho hijos. </strong>Mi padre, el cuarto, me contó que estaba a favor de la <strong>Segunda República</strong> porque había mejorado mucho la educación en las escuelas y la vida de los maestros. Cuando estalló el <a href="https://www.infolibre.es/temas/verano-del-36" target="_blank" >golpe de Estado de 1936</a>, la zona cayó muy pronto en manos del ejército <strong>franquista</strong>, que avanzó desde Galicia. Muchos <strong>falangistas </strong>y otros <strong>conversos al nuevo régimen </strong>(quizá oportunistas) empezaron enseguida a cometer persecuciones y actos de <strong>barbarie</strong>.</p><p>Mi abuelo y su familia vivían en la <strong>escuela</strong>, un edificio de dos plantas cuya segunda planta estaba destinada a la vivienda del maestro. Una noche, un grupo de falangistas rompió a <strong>pedradas </strong>los cristales de la escuela y destrozó la puerta principal, que daba acceso tanto a la escuela como a la vivienda, profiriendo insultos y <strong>amenazas </strong>contra el maestro. Cuando mi abuelo fue a comunicar al alcalde los destrozos, su respuesta fue: <strong>“Abandona la escuela porque, si no lo haces, irán a por ti”</strong>.</p><p>Mi abuelo instaló a su familia en unas <strong>cuadras </strong>que tenía en una finca de su propiedad y se <strong>escondió</strong>. Primero se refugió con familiares en otro pueblo, pero, para no comprometerlos, acabó escondiéndose en un <strong>monte </strong>cercano. <strong>Mi padre, que tenía 11 años, le llevaba comida</strong> a su escondite. En invierno se ocultaba en el <strong>desván </strong>de su casa. A sus hijas pequeñas, de dos y cuatro años, solo las veía cuando dormían para evitar que pudieran hablar de su escondite en la calle.</p><p>En el verano de 1938 planeó <strong>exiliarse </strong>a Francia, pero no llegó a consumarlo. La madrugada del 25 de julio, la Guardia Civil se presentó en su casa para detenerlo. Un guardia, con el fusil en alto, se dirigió a mi padre y le dijo: <strong>“Si te doy con esto, verás cómo me dices dónde está tu padre”</strong>. Al oír esto, mi abuelo salió y respondió: <strong>“Estoy aquí, deje en paz al chico”</strong>. Le permitieron vestirse y se lo llevaron. Al despedirse, mi abuelo dijo a su familia: <strong>“Tengo la conciencia muy tranquila, que hagan conmigo lo que quieran”</strong>. Su esposa fue al cuartel de la Guardia Civil a obtener noticias, pero le dijeron que allí no estaba.</p><p>Al cabo de una semana, en una feria de ganado, unos vecinos del pueblo de <strong>Rodanillo </strong>(municipio de <strong>Bembibre</strong>) contaron que en la carretera de su pueblo habían <strong>fusilado </strong>a un hombre que llevaba un traje con una etiqueta del sastre de Camponaraya. Enseguida supusieron que se trataba de <strong>mi abuelo</strong>. Mi abuela y su hija mayor se pusieron en camino para recoger su cuerpo. Los vecinos de Rodanillo lo habían recogido y enterrado en su cementerio. Aunque ellas querían cerciorarse de su <strong>identidad, </strong>las convencieron de no desenterrarlo para evitar más sufrimiento y más problemas. Bastó un detalle crucial: en uno de sus bolsillos había una manzana y dos pastillas de chocolate que su hija Fe le había dado al despedirse.</p><p><strong>Mi familia pasó hambre</strong> y sobrevivió gracias a la ayuda de familiares y vecinos. Mi padre empezó a trabajar con 13 años; era el mayor de los varones <strong>huérfanos</strong>. Su hermano Luis y su cuñado Francisco, también con hijos, habían sido movilizados por el ejército franquista y estaban en el frente de la guerra.</p><p>Finalizada la guerra, las persecuciones continuaron. Su hijo Luis fue detenido sin motivo y <strong>torturado </strong>durante dos años en la cárcel de <strong>Ponferrada</strong>,<strong> </strong>mientras intentaban sacarle información sobre activistas que seguían huidos por los montes asturleoneses. Toda la familia vivió décadas con el <strong>terror </strong>a que esos hechos se repitieran. </p><p>En 1968, cuando yo me disponía a entrar en la universidad, mi padre me dijo una frase que nunca olvidaré: <strong>“Nunca te metas en nada. Si alguien descubre quién eres, no conseguirás aprobar los estudios”</strong>. Lo decía por los movimientos estudiantiles de la época. Yo también tuve miedo y permanecí callada mucho tiempo. Hoy me preocupa que ese miedo vuelva a vencer.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 04:01:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Rosario Guerrero Campelo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Andrés Guerrero González, maestro fusilado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lo que el 18 de julio se llevó: relatos íntimos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[RATA: "Rechazamos la idea de que para triunfar tienes que irte a Madrid porque es allí donde pasan las cosas”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/musica/rata-rechazamos-idea-triunfar-tienes-irte-madrid-pasan-cosas_1_2235236.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/58356c07-9957-4693-adb6-3f844bcc4145_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="RATA: "Rechazamos la idea de que para triunfar tienes que irte a Madrid porque es allí donde pasan las cosas”"></p><p><strong>Félix Esteban</strong> (bajo y voz) y <strong>Daniel Sabater</strong> (batería) son <a href="https://www.instagram.com/rrrrrrrrrrrrrrrrata/?hl=es" target="_blank" >RATA</a>, el ruidoso último secreto a voces del rock español. Desde Murcia para el resto del mundo, el dúo, que no llega a los dos años de vida, disfruta de un verano de lo más ajetreado presentando en sociedad su primer disco, <em>No me quiero morir nunca</em> (Sony Music, 2026), antes de una gira en otoño por las principales salas del país para cerrar este año triunfal por todo lo alto. </p><p>Pero volvamos al principio. RATA nació casi como una broma entre dos amigos. Félix pasó de acompañar a otros artistas con el bajo a colocarse al frente del escenario, mientras Dani dejó temporalmente el protagonismo de su carrera en solitario para sentarse detrás de la batería. Con esa formación poco habitual, el dúo murciano ha construido un sonido que reivindica las imperfecciones y una identidad marcada por la ironía. En su primer álbum hablan de sus familias, sus amistades y sus miedos, manteniendo el espíritu con el que comenzó todo: juntarse para hacer música y pasarlo bien.</p><p><strong>PREGUNTA: Antes de formar RATA ya erais amigos y habíais trabajado juntos. ¿Cómo nació el grupo?</strong></p><p><strong>FÉLIX:</strong> Dani y yo somos muy amigos y pasamos mucho tiempo juntos. A veces, no teníamos nada que hacer y nos poníamos a tocar la guitarra o a hacer reguetón, simplemente por hacer música. Un día, medio de coña, decidimos hacer un tema que nos gustara un poco más en serio. Hicimos varias canciones muy diferentes hasta que salió <em>Tus mierdas</em>. Cuando la terminamos pensamos: “Hostia, esto está guapo”. Ahí empezamos a trabajar de verdad.</p><p><strong>DANI:</strong> La broma era: “¿Te imaginas lo raro que sería montar un grupo y que tú tocaras esto y yo aquello?” Fue un poco así, de coña, y aquí seguimos.</p><p><strong>P: En RATA también habéis intercambiado vuestros papeles habituales. ¿Cómo habéis vivido ese cambio?</strong></p><p><strong>D:</strong> Fue fácil porque el proyecto empezó con la ilusión de hacer algo diferente. Yo no sabía tocar la batería y, precisamente, me divertía imaginarme montando un grupo y poniéndome a tocarla. He descubierto que prefiero estar detrás que delante, mil por mil. También tenía un lado un poco loco, como un demonio dentro, que antes no sacaba y que con RATA ha podido salir.</p><p><strong>F:</strong> Yo he descubierto justo lo contrario. Estar delante mola un montón. Cuando tocas el bajo para otros artistas no sientes que el foco esté sobre ti. Aquí es diferente.</p><p><strong>P: El grupo está sostenido principalmente por un bajo y una batería. ¿Cómo condiciona eso vuestra música?</strong></p><p><strong>RATA (responden ambos a la vez, como uno solo):</strong> Nos obliga a ser más creativos. Para no necesitar un guitarrista en el escenario hemos buscado soluciones con las que conseguimos sonidos bastante divertidos. Al principio, nos hacía mucha gracia ser solamente nosotros dos y nunca se ha negociado cambiarlo. Hay gente que nos dice que metamos guitarristas, pero nos gusta más así. Hemos aprendido un montón de cosas técnicas y creativas para conseguir que funcione.</p><p><strong>P: También defendéis mantener algunas imperfecciones en las grabaciones. ¿Cómo decidís cuáles se quedan?</strong></p><p><strong>F:</strong> Cuando un error es muy notable o hay un desafine muy fuerte, se corrige; pero si aporta algo y tiene sentido dentro de la canción, se queda. Si en un estribillo estamos cantando jodidos, sale un grito y aparece un pequeño gallo, que se quede. Otra cosa es que haya un error que te saque completamente del tema.</p><p><strong>D:</strong> Hay fallos que escuchas y piensas: “Uf, esto mola”. Parece que la canción casi se va a caer, pero no se cae. Puede ser un desafine o que algo entre un poco tarde. Creo que eso le aporta vida.</p><p><strong>P: </strong><em><strong>No me quiero morir nunca</strong></em><strong> reúne diez canciones con sonidos muy diferentes. ¿Qué las une?</strong></p><p><strong>F:</strong> No había algo muy planificado musicalmente. Sí sabíamos que queríamos hablar de la nostalgia y de lo que sentimos hacia nuestras familias, nuestros amigos, la vida y nosotros mismos. Luego salió, de una forma u otra.</p><p><strong>D:</strong> Estábamos en un momento concreto de nuestras vidas, nos gustaban unos géneros y teníamos unas referencias determinadas. Me alegro de que no hubiera un plan, porque quizá no habría salido así. El disco es una foto de cómo estábamos y de lo que somos.</p><p><strong>P: Varias canciones acumulan cientos de miles de reproducciones. ¿Qué os ha sorprendido más de la acogida?</strong></p><p><strong>F:</strong> Lo estoy viviendo como un sueño. No tanto por las reproducciones, que me dan un poco más igual, sino por verlo reflejado en los conciertos. El grupo está hecho para tocar en directo.</p><p><strong>D:</strong> Nos sorprende la cantidad de gente que aparece, incluso en lugares alejados de casa. A veces pensamos que, por la hora o el sitio, no va a venir demasiada gente pero, de repente, encontramos a personas con camisetas de RATA cantando los temas. Hay canciones como <em>Hacer el amor</em> que no esperas que todo el mundo se sepa. Cuando vemos a la gente cantarlas, nos miramos pensando: “¿Pero qué coño es esto?”. Todavía nos sorprende mucho.</p><p><strong>P: ¿Qué canción elegiríais para presentarle RATA a alguien que nunca os ha escuchado?</strong></p><p><strong>RATA:</strong> Probablemente, <em>Yo de mayor quiero ser yo</em>. Es el cierre del álbum y creemos que resume muy bien el disco. En cuanto la hicimos, sentimos que era “el tema”. Pensamos: “Esta canción la vamos a tocar toda la vida como último tema”. Después, ha conectado con muchísima gente, así que sería raro no elegirla.</p><p><strong>P: En muchas canciones os mencionáis a vosotros mismos y al propio grupo. ¿De dónde surge esa autorreferencia?</strong></p><p><strong>F:</strong> Es un poco la definición del grupo. Somos así y hablamos de nosotros. Tampoco somos muy filósofos, no sabemos hablar de demasiadas cosas más allá de nosotros mismos y de lo que nos pasa. Además, nos parece divertido. Alguna vez he dicho que me gustaría escribir como Leiva, pero no tengo ni la capacidad, ni el conocimiento, ni el talento.</p><p><strong>D:</strong> Ni la estética, ni la voz.</p><p><strong>F:</strong> Seguramente tampoco sea más guapo [risas].</p><p><strong>D:</strong> Tiene muchas cosas de las que reírse, pobre.</p><p><strong>F:</strong> Nos reímos porque nos queremos.</p><p><strong>P: ¿Cómo nació </strong><em><strong>Tipos duros</strong></em><strong>, una de las canciones más emocionales del álbum?</strong></p><p><strong>RATA:</strong> Nosotros somos así, lloramos y no tenemos miedo a hacerlo. Nuestro círculo es muy sano y tampoco tenemos problemas para hablar de esas cosas. Si estamos mal o echamos de menos a alguien, se dice y punto. La canción no empezó con la intención de hablar de eso, estábamos en el estudio y decidimos hacer un tema sobre las cosas que nos hacían felices, así que empezamos a apuntarlas en el móvil. Cuando llegamos al estribillo surgió otra reflexión: todas esas cosas me hacen feliz, pero ¿me da miedo que se acaben? ¿En qué me convierte eso? La canción fue avanzando hacia ahí mientras la hacíamos.</p><p><strong>F:</strong> Es mi tema favorito. Es el que más me hace sentir.</p><p><strong>P: En redes os promocionáis compartiendo comentarios negativos e irónicos sobre vosotros. ¿Cómo comenzó esa dinámica?</strong></p><p><strong>RATA:</strong> Un día, uno de nuestros colegas dejó un comentario de broma riéndose de nosotros y Dani decidió compartirlo porque le hizo mucha gracia. A partir de ahí, la gente empezó a escribir cosas parecidas y nosotros las <em>resubíamos</em>. Se sumaron al juego y ahora ya no hay quien los pare. A veces, incluso nos escribe gente preocupada porque piensa que los comentarios son de verdad, pero es bonito porque se entiende que vienen desde la ironía. Es una forma de demostrar que están contigo y de hablar con nosotros.</p><p><strong>P: Murcia y Madrid aparecen con frecuencia en vuestras canciones y en vuestra comunicación. ¿Qué relación mantenéis con ambas ciudades?</strong></p><p><strong>RATA:</strong> Rechazamos la idea de que para triunfar tienes que irte a Madrid. También ese ritmo de vida y el mensaje de que tienes que estar allí porque es donde pasan las cosas. Claro que pasan cosas, pero a nosotros no nos interesan demasiado. Hacemos música cómodos en nuestra casa, cerca de la gente que queremos y en un lugar en el que nos gusta vivir. Hemos vivido en Madrid por dedicarnos a la música y nos hemos dado cuenta de que lo importante es lo que escribas, toques y cantes. No necesitamos hacerlo allí. Nos gusta que, siendo dos murcianos, podamos salir desde casa y viajar adonde tengamos que hacerlo.</p><p><strong>P: El disco se llama </strong><em><strong>No me quiero morir nunca</strong></em><strong>. ¿Qué tendría que estar pasando dentro de diez años para que siguierais diciendo esa frase?</strong></p><p><strong>F:</strong> Lo que me hace más feliz y me mantiene más vivo es la gente que tengo al lado. Me da igual cómo me vaya personalmente. Si tengo a mi pareja, a mis amigos y a mi familia bien, ya está. Es lo único que quiero.</p><p><strong>D:</strong> Los dos sentimos que este grupo y lo que nos está pasando es muy especial. Hacemos canciones, tocamos en muchos sitios y es lo que más nos gusta del mundo, pero RATA también es una excusa para seguir haciendo cosas juntos como los amigos que somos. Nuestro equipo de trabajo está formado por nuestros mejores amigos y mi familia. Cuando cogemos un vuelo o nos vamos a un concierto, parece que nos vamos de excursión. Félix y yo lo hemos hablado mucho: si dentro de diez años seguimos como estamos ahora, sin que cambie nada, para mí ya sería más que suficiente. Sería una victoria. Si pasa algo más grande, sería la hostia.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Aug 2026 04:00:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Hugo Calvo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[RATA: "Rechazamos la idea de que para triunfar tienes que irte a Madrid porque es allí donde pasan las cosas”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Entrevistas musicales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El motín’, rocosa y sencilla película de acción donde Jason Statham vuelve a hacer lo que mejor sabe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/motin-rocosa-sencilla-pelicula-accion-jason-statham-vuelve-mejor_1_2235225.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eae76e30-6720-42db-8ae3-51566990e003_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El motín’, rocosa y sencilla película de acción donde Jason Statham vuelve a hacer lo que mejor sabe"></p><p>Que <strong>el cine popular ya no es lo que era</strong> resulta una afirmación poco sorprendente, cautelosa incluso, que hoy día nadie discutiría con excesiva convicción. Por eso parece tranquilizador que siga habiendo cosas que nunca cambian, o que han cambiado lo justo. <strong>El cine de acción de bajo presupuesto</strong>, por ejemplo. Esas películas protagonizadas por tipos duros, escasamente distintas entre sí por la necesidad de ajustarse a las particularidades de cada estrella, que antes solían recalar en los videoclubs y ahora, con suerte, se irán acumulando tras su discreto paso por cines en el catálogo de Prime Video. Quizá sea más difícil seguirles la pista, pero <strong>en esencia todo sigue igual</strong>. </p><p>Todo, en fin, sigue modulando <strong>una mini industria propia</strong>, con sus nombres comunes delante de la pantalla (<strong>Jason Statham, Scott Adkins, Gerard Butler, Frank Grillo</strong>) y detrás, nutriendo toda una constelación de artesanos: directores como <strong>Ric Roman Waugh o Joe Carnahan</strong>, y adiciones tímidas —por las ínfulas artísticas que tuvieron que ir dejando poco a poco de lado— estilo <strong>David Ayer y Jean-François Richet</strong>. Tiene gracia, a su vez, que estos últimos hayan trabajado con Jason Statham últimamente. Pues ambos, desde un pasado marcado por la violencia —Ayer en el ejército, Richet en los <em>banlieues</em> de París—, empezaron a hacer películas con una pulsión autoral, cine social rabioso labrado por recuerdos personales… <strong>cuya violencia terminó siendo banalizada</strong>. </p><p>Ayer y Richet se decantaron por el camino que les acercaba a Statham, eligieron <strong>el cine de acción cochambroso</strong>. Y bien por ellos. Richet en particular es<strong> un director hábil</strong>, con un llamativo interés por acotar el espacio que por ejemplo le llevó a firmar <strong>un claustrofóbico </strong><em><strong>remake</strong></em><strong> de </strong><em><strong>Asalto a la comisaría del distrito 13</strong></em>, de John Carpenter, en su salto a Hollywood. De esto han pasado 20 años y la firma de Richet ha perdido mucho <em>glamour</em> por el camino, si bien tuvo una suerte de repunte en 2023 al cruzarse con Gerard Butler. El actor protagonizó a sus órdenes <a href="https://www.youtube.com/watch?v=7AGyfcwVssE" target="_blank"><em><strong>El piloto</strong></em></a>, que se distanció de otros tantos productos suyos porque tuvo algo parecido a <strong>buenas críticas</strong> y una recaudación más holgada de la cuenta, lo suficiente como para que se anunciara <strong>una secuela y todo</strong>.</p><p>Esta secuela hoy por hoy está cancelada pero ha consolidado el prestigio suficiente para que <em><strong>El motín</strong></em>, tres años después, presuma de venir firmada por <strong>“el director de </strong><em><strong>El piloto</strong></em><strong>”</strong>. Además de la presencia estelar de Jason Statham, claro. Se entiende que <em>El motín</em> no solo dispone entonces de la garantía de Statham —en sí misma muy valiosa, pues no hay mejor <em>actioner</em> a día de hoy en Occidente, o <strong>al menos un </strong><em><strong>actioner</strong></em><strong> que dé tanto gusto ver hacer lo mismo continuamente</strong>, que Statham— sino de un director que sabe manejar la cámara, y dentro de sus escasos medios pulirá una mínima sofisticación. Sobre todo si, como en <em>El piloto</em> y <em>Asalto al distrito 13</em>, regresa a<strong> una única localización</strong> que estreche el cerco en torno a sus aguerridos personajes.</p><p><em>El motín</em> vendría a ser por tanto <strong>una calculada derivación de </strong><em><strong>El piloto</strong></em>—comparte asimismo guionista, J.P. Davis, y vuelve a distribuir Lionsgate—, capaz de acoger sin embargo algún significado extra por haber cambiado<strong> a Butler por Statham</strong>, y nutrirse en este sentido del momento tan curioso que vive ahora mismo la carrera de este último. Statham no se halla en su crepúsculo porque seguramente se aburriría en él —<strong>su rostro esculpido en piedra es inmune al deterioro emocional</strong>—, pero sí ha alcanzado algo parecido a<strong> la autoconsciencia</strong>. La certeza de haber hallado una parcela específica en el cine contemporáneo donde quedarse y acomodarse. Por eso ya tiene su propia productora para controlar cada proyecto, y esta productora se llama<strong> “Punch Palace”</strong>.</p><p><strong>Sí, “Palacio de los Puñetazos”</strong>. Por eso sus últimas películas serían asimismo capaces de diluir la personalidad del director de turno, en función a<strong> las derivaciones narrativas</strong> que mejor encajan con su presencia en pantalla. Statham siempre ha interpretado a profesionales de la violencia con<strong> un férreo código de honor</strong>, tal es su identidad y apenas se ha tambaleado en todo este tiempo. Lo que ha ocurrido, a la postre, es que este código viene últimamente concretándose en <strong>una ciega lealtad hacia sus empleadores</strong> —convertidos en algo parecido a su familia—, de tal forma que si tienen problemas Statham hará todo lo que sea necesario para solucionarlo, y si sufren alguna injusticia o mueren hará todo lo que sea necesario<strong> para vengarlo</strong>. En una escena especialmente divertida de <em>El motín</em>, Statham se limita a aseverar que su único objetivo es<strong> “venganza”</strong>. No hace falta más. </p><p>En este caso la “venganza” pasa efectivamente porque han matado a la única persona que creyó en él cuando<strong> Cole Reed</strong> (nuevo nombre furibundo a añadir a la lista de hilarantes nombres furibundos de los hombres-Statham) tuvo problemas con la justicia, y esto le lleva a toparse con una trama de <strong>tráfico de personas</strong> en medio del océano. El lore propio de Richet impele entonces a que la mayor parte de la trama suceda en <strong>una única localización</strong>: un barco donde Statham tiene que sobrevivir con la única ayuda de<strong> Annabelle Wallis (</strong><em><strong>Maligno</strong></em><strong>)</strong>, y <em>El motín</em> se perfila entonces como un fructífero diálogo de<strong> las inquietudes respectivas de director y estrella de acción</strong>. </p><p>Un diálogo más equilibrado, por ejemplo, que el que Statham se venía trayendo con Ayer —<strong>vulgarizando la firma del director de </strong><em><strong>Escuadrón suicida</strong></em> al tiempo que legitimaba la suya propia—, y que como ocurría en <em>El piloto</em> halla su mayor baza <strong>en la sencillez</strong>. La promoción no ha podido resistirse a emular la jugada de hace unos años con <a href="https://www.google.com/search?sca_esv=48859e6e254d7cae&sxsrf=APpeQntyFsP3ye20amqmL68XbAbQJ2_qUQ:1785228624948&udm=2&fbs=ABfTbFUDadgeu2mn4mYJ8iEZ1GUDd8ABuXxNzQEi57SWOuuPdRxYc1FnvMrXxViP5DgoOrxO8fAe-FxvQXPA29Xr9AZP2lgdqBR3akwuzDzm-jbwcJyFlircPjT9vt8dlRIvfK6QwL2OLaXqIKXAJlBTGFUV3OQ3QZID0fHU3SnYGTov28vbAr8P6JyvkGM8l3gj4fdKqw_VApuGLzWn0ftcOYFz-SRBUA&q=skyscraper+dwayne+johnson+poster&sa=X&ved=2ahUKEwjsvKDw_vSVAxVl1AIHHbNIN64QtKgLegQIFBAB&biw=1163&bih=501&dpr=1.65#sv=CAMSURoyKhBlLUs1ME1CMzVSOXRTdUhNMg5LNTBNQjM1Ujl0U3VITToOMy13WkkwbFE2RnBteE0gBCoXCgFzEhBlLUs1ME1CMzVSOXRTdUhNGAEwARgHIPmbwIQMSggQARgBIAEoAQ" target="_blank"><em>El rascacielos</em></a> —muy reivindicable película protagonizada por Dwayne Johnson— y ha aprovechado para homenajear en <a href="https://www.google.com/search?q=mutiny+jason+statham+poster&sca_esv=48859e6e254d7cae&udm=2&biw=1163&bih=501&sxsrf=APpeQnvEuKO0DG-NVqosXvjZ7JXsFrDR4w%3A1785228626860&ei=Um1oaraHNIW8i-gPvdK8mAI&ved=0ahUKEwi2-JXx_vSVAxUF3gIHHT0pDyMQ4dUDCBE&uact=5&oq=mutiny+jason+statham+poster&gs_lp=Egtnd3Mtd2l6LWltZyIbbXV0aW55IGphc29uIHN0YXRoYW0gcG9zdGVyMgQQABgeMgYQABgIGB4yBhAAGAgYHkioE1AAWMURcAB4AJABAJgBiQGgAYUNqgEEMTcuM7gBA8gBAPgBAZgCDqAChwnCAggQABgHGB4YE8ICChAAGAcYHhgTGArCAgYQABgHGB7CAggQABgIGAcYHpgDAJIHBDEzLjGgB9xJsgcEMTMuMbgHhwnCBwUwLjYuOMgHM4AIAQ&sclient=gws-wiz-img#sv=CAMSURoyKhBlLUd2R1VHVDlycEZjVTFNMg5HdkdVR1Q5cnBGY1UxTToON3NDQ2h0WTc3ak5WVE0gBCoXCgFzEhBlLUd2R1VHVDlycEZjVTFNGAEwARgHINHa7E9KCBABGAEgASgB" target="_blank">el póster de </a><a href="https://www.google.com/search?q=mutiny+jason+statham+poster&sca_esv=48859e6e254d7cae&udm=2&biw=1163&bih=501&sxsrf=APpeQnvEuKO0DG-NVqosXvjZ7JXsFrDR4w%3A1785228626860&ei=Um1oaraHNIW8i-gPvdK8mAI&ved=0ahUKEwi2-JXx_vSVAxUF3gIHHT0pDyMQ4dUDCBE&uact=5&oq=mutiny+jason+statham+poster&gs_lp=Egtnd3Mtd2l6LWltZyIbbXV0aW55IGphc29uIHN0YXRoYW0gcG9zdGVyMgQQABgeMgYQABgIGB4yBhAAGAgYHkioE1AAWMURcAB4AJABAJgBiQGgAYUNqgEEMTcuM7gBA8gBAPgBAZgCDqAChwnCAggQABgHGB4YE8ICChAAGAcYHhgTGArCAgYQABgHGB7CAggQABgIGAcYHpgDAJIHBDEzLjGgB9xJsgcEMTMuMbgHhwnCBwUwLjYuOMgHM4AIAQ&sclient=gws-wiz-img#sv=CAMSURoyKhBlLUd2R1VHVDlycEZjVTFNMg5HdkdVR1Q5cnBGY1UxTToON3NDQ2h0WTc3ak5WVE0gBCoXCgFzEhBlLUd2R1VHVDlycEZjVTFNGAEwARgHINHa7E9KCBABGAEgASgB" target="_blank"><em>El motín</em></a> a <em>La jungla de cristal</em>, aun cuando la humildad de sus postulados se queda muy atrás del <strong>ejercicio de virtuosismo de John McTiernan</strong>. Richet no es un presumido, la película nunca quiere aparentar más de lo que es, y ahí confluyen<strong> tanto sus virtudes como sus defectos</strong>.</p><p>La buena noticia es que <em>El motín</em><strong> no es un producto tan desaliñado como </strong><em><strong>El piloto</strong></em> —cuya fotografía horrenda y su racismo caricaturesco contribuían bien poco a que calaran las inquietudes estéticas de Richet—, y que lidiamos con una realización de lo más solvente. No ya porque el tratamiento del espacio destaque en exceso —la visualización del barco es más bien sosa, y nunca transmite más encierro o peligro que el que Statham pudiera sentir en un núcleo urbano cualquiera—, como por <strong>la contundencia de las peleas</strong>. Son encontronazos breves, de montaje muy preciso, planificados con <strong>la misma sombría eficacia</strong> con la que la estrella de acción se abre paso por la trama. En algún que otro momento se atisba <strong>una suerte de </strong><em><strong>summum</strong></em><strong> para el Universo Statham</strong>, la alianza definitiva con el director que mejor partido puede sacarle a su personalidad. </p><p>El enfrentamiento final con el capitán del barco —un Roland Møller deliciosamente ridículo— da buena cuenta de lo que hablamos, combinando sangre y puñetazos exquisitamente ejecutados para realzar la imagen de Statham como <strong>prodigioso cuerpo-máquina</strong>. Ciñéndonos por completo al ámbito de los guantazos, <em>El motín </em>discurre por ligas superiores a las recientes colaboraciones de Statham con Ayer. Al mismo tiempo, y sin alejarnos de la dupla <em><strong>Beekeeper-A Working Man</strong></em> <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/jason-statham-working-man-tontisimo-divertimento-mayor-gloria-carisma_1_1968022.html" target="_blank">que ensambló Ayer</a>, <em>El motín </em>adolece de problemas graves.</p><p>Fundamentalmente, porque la eficacia con la que Statham reparte y Richet lo filma se reduce casi con exclusividad a los momentos en que Statham reparte, como <strong>gozosos islotes en medio de un mar en calma</strong>. Hay un obvio desinterés por desarrollar todo lo que rodea a los encuentros violentos, materializado en<strong> diálogos penosos incluso para el tipo de producción que tratamos</strong>, y facilitando que las razones sumamente esquemáticas por las que Cole Reed ha llegado a este barco muevan al tedio cada vez que estas no desembocan en zurrarle a alguien.</p><p>Richet, en resumidas cuentas, <strong>es incapaz de orquestar un clima de suspense para </strong><em><strong>El motín</strong></em><strong> </strong>—de ahí que sea todavía más inoportuna la cita de <em>La jungla de cristal</em>—, y nunca logra que la electricidad de las escaramuzas de Statham se quede con él cuando ha de hacer otras cosas estilo coordinarse con Wallis, asegurar a las víctimas de la trata de personas que todo saldrá bien, o <strong>simplemente deambular por el barco</strong>. A Cole Reed le envuelve la rutina sorprendentemente rápido para ser una película tan sintética, y sin duda parte del tenue aburrimiento resultante se debe a algo que <em>Beekeeper</em> y <em>A Working Man</em> sí se esforzaron en cuidar: <strong>el sentido del humor</strong>.</p><p>Se entiende que no es el estilo de Richet y que él, a su modo, se toma demasiado en serio su trabajo como para querer aflojar la intensidad de la violencia, pero del mismo modo que habría venido bien <strong>un poco de ligereza</strong> para digerir la trasnochada propuesta de <em>El piloto</em>, también se le podría haber sacado un poco más de partido a la vis cómica de Statham en <em>El motín</em>. </p><p>La sensación final de la película es que desde luego cabe alegrarse de que la estrella haya encontrado su sitio —alejándose firmemente de los <em>blockbusters</em> tras <strong>las tristísimas películas de </strong><em><strong>Megalodón</strong></em>—, pero que este sitio todavía no ha alcanzado del todo su potencial. Curiosamente y pese a las carencias de <em>El motín</em>, Richet sigue pareciendo <strong>el aliado idóneo</strong> para que esto ocurra, así que esperemos que sus caminos vuelvan a cruzarse pronto. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Aug 2026 04:00:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Corona]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘El motín’, rocosa y sencilla película de acción donde Jason Statham vuelve a hacer lo que mejor sabe]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Películas,Cine,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vida inteligente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/vida-inteligente_1_2235189.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4bcc8436-df01-48b5-b5e4-e4cc7f98a579_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vida inteligente"></p><p>Dejé de creer definitivamente en el género humano en <strong>Ortigueira</strong>, justamente en el lugar que muestra la foto. Esa <strong>indicación </strong>que advierte del peligro de caer al <strong>mar </strong>a medio metro del mar no invita a una visión optimista de la <strong>humanidad</strong>. </p><p>Porque lo terrible de esa señal no es aquello de lo que previene, sino lo que representa. Hay en ella <strong>dos advertencias</strong>: la primera, explícita en el dibujo, debe preocuparnos, pero es la segunda la que lleva a un espíritu sensible como el mío a caer en el pesimismo. Una dice a quien ya debería saberlo: “<strong>Cuidado, si sigues avanzando, vas a caer al mar</strong>”. La otra, empotrada en esa absurda necesidad de resaltar lo obvio, nos avisa de que lo que está a punto de precipitarse a un mar de necedad es la inteligencia del ser humano.</p><p>Y lo peor de esa señal es que <strong>si está ahí es por algo</strong>. Muy posiblemente, antes de que se decidiera instalarla, algún <strong>conductor </strong>cayó al agua en ese mismo punto o en algún sitio cercano. No es muy aventurado imaginar la <strong>conversación con las autoridades</strong> después del suceso:</p><p>—¿No vio usted que terminaba el asfalto?</p><p>—Sí, pero como no había ninguna señal de peligro...</p><p>Afortunadamente, las estadísticas de vehículos que han caído al mar son <strong>insignificantes</strong>, pero las muestras de <strong>estupidez humana</strong> florecen en cualquier sitio al que uno dirija la vista o hacia el que ponga el oído. </p><p>La cuestión es tan importante que merece abordarla sin rodeos: <strong>¿somos cada vez más tontos?</strong> Me atrevería a afirmar que no, que el porcentaje debe de ser similar al de cualquier otra época, lo que ocurre es que <strong>ahora a los tontos se les oye tanto</strong>... En la Edad Media, pongamos por caso, no era fácil para un tonto conseguir un altavoz con el que gritar al mundo sus tonterías. Hoy, las <strong>redes sociales</strong> ponen a disposición de cada tonto una ventana desde la que dirigirse al universo. La incansable persistencia de los tontos en compartir su naturaleza hace el resto, porque si hay un lujo que un tonto no puede permitirse es el de pasar desapercibido. </p><p>Pero no culpemos solo a las redes. Los medios de comunicación, con su desorbitada abundancia de <strong>tertulias </strong>y columnas de opinión en las que los tontos se la dan —nos la damos— de listos, hacen el resto. Ese constante escrutinio al que someten la actualidad <strong>opinólogos </strong>y tertulianos ha generado una nueva variante del hombre del Renacimiento: <strong>el tonto renacentista, idiota en múltiples disciplinas</strong>. Vivimos en medio de una total desinhibición de la ignorancia, un desacomplejado <strong>estriptís </strong>de la simpleza que aconsejaría incluir en las encuestas un nuevo apartado: “no sabe, sí contesta”. </p><p>La mejor prueba de que existe <strong>vida inteligente fuera de la Tierra</strong> es que no se relaciona con nosotros.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Aug 2026 04:00:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Vida inteligente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[90 años después, no se acabó la fiesta... de Blas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/90-anos-despues-no-acabo-fiesta-blas_1_2235092.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6c3cb3ea-05c3-459b-ae5b-2d89abd307dd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="90 años después, no se acabó la fiesta... de Blas"></p><p>A <a href="https://www.infolibre.es/temas/90-anos-sin-blas-infante/"  >90 años del asesinato por el fascismo de Blas Infante</a>, hay motivos para estar de <strong>fiesta</strong>. La comparsa “El Patriota" fue una de las revelaciones del <strong>Carnaval de Cádiz 2026</strong>. <strong>15 Blas Infantes </strong>dedicaron todo un repertorio al padre de la patria andaluza. Un habitual en los festivales de música alternativa, <strong>Califato ¾</strong>, lleva años concluyendo sus conciertos con una versión <em>break beat andaluz</em> del himno que Infante estrenó en la Alameda de Hércules pocos días antes de ser detenido y fusilado por orden de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/columna-minera-riotinto_1_2117449.html"  >Queipo de Llano</a>. </p><p>La cantante <em>mainstream </em><strong>Lola Índigo</strong> puso a bailar a toda la <strong>fachosfera </strong>cuando, junto a 35.000 fans, en el Estadio de la Cartuja de Sevilla, cantó la versión cañera del Himno de Andalucía, que sustituye a España por “<strong>los pueblos y la Humanidad</strong>”. Más recientemente, un programa de televisión llamado <em>El Perro Andaluz</em> es líder de audiencias en Televisión Española con el <strong>Manu Sánchez</strong> más ladrador y mordedor que conocíamos. Da igual dónde mires, el andalucismo de izquierdas está de moda en un momento de <strong>repliegue reaccionario de cojones</strong>. </p><p>Las elecciones andaluzas fueron la traslación institucional de esta tendencia. Una fuerza prácticamente desconocida como <strong>Adelante Andalucía</strong>, nítidamente <strong>soberanista </strong>y <strong>anticapitalista</strong>, cuadriplicó sus resultados sin tocarle ni un pelo ni escaño al matrimonio mal avenido de Izquierda Unida y Podemos, pero <em>sorpassándolo </em>ampliamente, que también hay que decirlo después de todos los golpes recibidos. Y el dato más interesante: Adelante Andalucía fue <strong>segunda fuerza entre la juventud andaluza</strong>, casi empatada con el PP y con casi un 28% del voto juvenil. Y toda España, de izquierda y derecha, dibujando estereotipos sobre la juventud andaluza como quintaesencia del fachapobre. <em><strong>Po toma</strong></em>. Si no hay motivos para bailar este año en el <strong>kilómetro 4 de la carretera de Carmona</strong>, que venga Blas y lo vea. </p><p>La vida es muy corta para no saber celebrar las victorias. <strong>La izquierda triste no tiene futuro</strong>. “Dientes, dientes que es lo les jode”. Sobre todo a los <strong>fachas</strong>. <strong>Jajajajaja</strong>. A <strong>Abascal </strong>le tiembla la barba de califa cuando habla de Infante y lo ha hecho muchas veces. “Santón del islamismo”, “zumbado que quiso que Andalucía fuese un país islámico”, “<strong>tarado</strong>”, representante de una autonomía que es un “engendro”, un “invento”... Jajajaja. Más quisiera. <strong>Blas Infante les emberrenchina</strong> hasta la <strong>pataleta </strong>porque representa todo lo contrario de lo que la extrema derecha quiere implantar en el alma del pueblo andaluz, como medio para reconquistar a la inversa. </p><p>Quieren <strong>imponernos </strong>una especie de alienación en la que la propia conquista, subordinación y sometimiento colonial sean vistos como la gran liberación. Nos quieren en una especie de <strong>alzhéimer </strong>inducido en el que no nos reconozcamos a nosotras mismas, en el que olvidemos que aquí ocurrió el primer Renacimiento europeo y que <strong>Al-Ándalus</strong> fue capital cultural y científica de Europa. Invierten muchos esfuerzos en intentar que olvidemos todo eso porque les destroza la curva de crecimiento. </p><p>Se empeñan en tratar de implantarnos la idea de que Andalucía, tras la<strong> conquista castellana</strong>, se convirtió en un inmenso solar sin alma. Quieren que olvidemos, pero seguimos imprimiendo lo que <strong>Antonio Manuel Rodríguez</strong> llamó<em> La Huella Morisca</em> (Almuzara, 2010), una <em>Arqueología de lo Jondo</em> (Almuzara, 2018) que sigue habitando nuestras vidas. Y es que ellos aprietan el culo y sacan el pecho dentro de sus trajes de dos tallas menos hablando de los <strong>Reyes Católicos</strong>, mientras nosotras seguimos aliñando las aceitunas, endulzando los pestiños, pariendo flamenco, <strong>seseando</strong>, <strong>ceceando </strong>y heheando con cada vez más orgullo (orgûyo, en EPA), presumiendo de la <strong>Alhambra</strong>, la <strong>Mezquita</strong>, la <strong>Giralda</strong>, los alcázares y las alcazabas, ganando la partida a sus <strong>estereotipos de mierda</strong> con la poesía de <strong>Wallada </strong>o el recuerdo de haber sido la cuna de la cirugía moderna, mientras ellos en el norte se lavaban menos que un <em>deo </em>malo. Y quieren que se nos olvide. ¡<strong>No les queda na</strong>! </p><p>Y a nosotras también nos queda, que ellos quieren que “<strong>se acabe la fiesta</strong>”, pero nosotras queremos <strong>que la fiesta no pare</strong>. La “<strong>Fiesta de Blas</strong>”, como la llama Manu. <strong>Que siga la fiesta de Blas</strong>. Que, como ya hacen los gallegos, los vascos y los catalanes, consigamos condicionar las políticas del Estado español porque nos hace más falta que a nadie y porque, además, como en el <strong>feminismo</strong>, las reivindicaciones del andalucismo son buenas para el conjunto de la<strong> clase obrera</strong>. </p><p>Y es que lo que es bueno para la <strong>Andalucía </strong>subalterna es bueno para el currante de <strong>Móstoles</strong>. De <em>verdá </em>de la buena. Y, por favor, izquierda española, dejad de intentar <strong>aguarnos la fiesta</strong>, que si no gobierna la extrema derecha todavía en Moncloa es gracias al crecimiento de las <strong>izquierdas periféricas</strong> que reivindican su autonomía de <strong>Ferraz </strong>y de <strong>Madriz</strong>, como dice mi Pilar González, porque el problema nunca fue el pueblo de Madrid sino el aparato de Madriz. En Andalucía, conseguimos ocho escaños sin restarle ninguno a IU-Podemos, <strong>ampliando </strong>el espacio de la izquierda y no <strong>dividiéndolo</strong>. Dejad de darnos la <strong>turra </strong>con la “unidad de la izquierda frente a la extrema derecha”, que lleváis años sin que os salgan las cuentas. </p><p>Y eso, ese <strong>andalucismo identitario</strong> vinculado a valores progresistas, libertarios, de mestizaje y clase obrera, es la mejor manera en Andalucía para parar a la extrema derecha, para <strong>vacunarnos </strong>contra la <strong>epidemia reaccionaria, liberticida, racista y oligárquica</strong> de la extrema derecha identitaria española. Y, justo eso, <strong>se lo debemos a Infante</strong>: el hecho de que andalucismo y derecha sean un oxímoron, para entendernos, una patraña imposible que se inventó <strong>Moreno Bonilla</strong> para sobreponerse a las encuestas. </p><p>La lucha contra el <strong>extractivismo</strong>, con su nueva versión en forma de <strong>turistificación</strong>, <strong>latifundismo </strong>y <strong>centralismo, </strong>sigue siendo las banderas que hay que levantar después de 90 años en una España en la que Madrid, que solo produce poder, acumula casi el doble del PIB de Andalucía. Y es que hasta el Puerto de Algeciras cotiza en la Madrid de <strong>Ayuso</strong>, que dijo que los madrileños nos pagan la sanidad. Y es que no, en 90 años no ha nacido quien nos haga <strong>olvidarnos de nuestra propia agenda</strong>, y eso hay que celebrarlo por todo lo alto y a pesar de todo. </p><p>Al nuevo andalucismo no lo <strong>achantan </strong>ni quienes miran con sus gafas <strong>supremacistas </strong>cualquier expresión cultural de nuestro pueblo y siguen tratando de acomplejarnos por fanáticos y <strong>analfabetos</strong>, poco homologables en su España progre, biempensante y burguesa. Ni <em><strong>mijita</strong></em>. Un pueblo orgulloso de sí mismo exige <strong>respeto </strong>porque tiene <strong>autoestima</strong>. Andalucía es <em><strong>body positive</strong></em>, nos gustan nuestras curvas, nuestras canas, nuestras arrugas y nuestras cicatrices, porque somos un pueblo viejo con un <strong>acento sabio</strong>, que no se acompleja cuando habla de la <strong>Generación del 27</strong>, pero tampoco cuando habla de la <strong>romería del Rocío</strong>. Ya está bien de tener que estar bonitas siempre para los demás. Anda, mujer. </p><p>Dijo Blas Infante: “<strong>mi nacionalismo, antes que andaluz, es humano</strong>”. Andalucía, gracias a Blas, lleva la Humanidad en el escudo y en el himno, sabe que las invasiones normalmente vienen del norte en forma de <strong>fondos de inversión</strong> que nos privan de la tierra, de la salud, de la energía y de la vivienda, y sabe que andaluz es todo el que vive en Andalucía, se llame Manuel, Mohammed o Aicha. Andalucía recuerda también lo duro que fue, y sigue siendo, <strong>emigrar</strong>. Lo duro que es soportar los mismos <strong>estereotipos </strong>de <strong>delincuentes </strong>y <strong>vagos </strong>que teníamos que soportar por toda Europa. </p><p>Y es que, frente a las mentiras de la extrema derecha, los <strong>emigrantes españoles</strong> —la mayoría andaluces— no eran mejor vistos que los <strong>marroquíes </strong>o <strong>senegaleses </strong>de hoy. En <strong>Suiza </strong>llegó a haber un <strong>referéndum</strong>, qué democrática Suiza, qué buena gente, para expulsar a todos los españoles —la mayoría andaluces— porque eran “un peligro para las mujeres suizas y abusaban de los servicios públicos suizos”. Y no salió por los pelos. </p><p>Por eso, <strong>la fiesta de Blas sirve gazpacho, cuscús, berza gitana, patacón pisao y arroz con coco</strong>, y se pone chilaba para reivindicar las cinco fuentes de nuestra cultura si le da la gana, que vestirse de <strong>moro </strong>siempre ha sido un buen recurso en carnaval y “<strong>ole</strong>” sigue siendo “<strong>Alá</strong>”, aunque eso tenga a los fachas con las patas colgando. Por todo eso, y a pesar de las <strong>infames circunstancias en las que Blas Infante fue fusilado hace 90 años</strong> por los mismos que le disparan todavía hoy, porque <strong>no han conseguido rematarlo</strong>, yo creo que, en la fosa común en la que se encuentre, seguro que <strong>hoy está bailando.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Aug 2026 17:59:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Teresa Rodríguez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[90 años después, no se acabó la fiesta... de Blas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[90 años sin Blas Infante]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[‘Mi brillante carrera’, energética adaptación de un clásico australiano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/continuara/brillante-carrera-energetica-adaptacion-clasico-australiano_1_2235252.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fad5cd10-9bef-4cf6-bd48-6df3da915f38_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Mi brillante carrera’, energética adaptación de un clásico australiano"></p><p><em><strong>Mi brillante carrera</strong></em> es un texto literario escrito por <strong>Miles Franklin </strong>en 1901, al final de su adolescencia. Se convirtió en un éxito tan grande que lastró el resto de su trayectoria como escritora, además de crearle problemas con conocidos que se vieron reflejados en sus páginas.</p><p>En la novela había engendrado una heroína díscola, con enorme fuerza interior, habitante de una zona rural de Nueva Gales del Sur (Australia), que se negaba a casarse por considerarlo incompatible con su futuro como escritora. </p><p>El libro se ha convertido en uno de esos textos que forman parte de la educación de todos los escolares del país y acaba de ser adaptado como una <strong>serie de seis episodios que puede disfrutarse en Netflix</strong>.</p><p>El personaje central, <strong>Sybilla Melvyn</strong>, pisa todos los charcos, cuestiona todas las reglas y es incapaz de estar peinada. Su creatividad estimula a quienes la conocen y es fuente constante de alegría y problemas.</p><p>Sus padres tienen una granja diezmada por la sequía y atraviesan problemas financieros. Envían a su primogénita, Sybilla, a casa de su acomodada abuela en busca de un matrimonio económicamente favorable. </p><p>En 2020, la ejecutiva Chloe Rickard propuso a la guionista Liz Doran la adaptación del libro y esta aceptó sin dudar un momento. Netflix también dio el visto bueno al proyecto a la primera y puso a su servicio el presupuesto que necesita un drama de época con muchos espacios naturales.</p><p>Comenzó entonces un trabajo de guion que se eternizó. Liz Doran ha contado que llegó a hacer en torno a cien versiones del episodio piloto. Una locura. El libro ofrece muchas posibilidades porque no tiene una narrativa convencional. Doran explica que es más bien una corriente de pensamientos y conciencia, en un sentido mucho más moderno de lo que era habitual en su época.</p><p>La furia contenida de Sybilla en el texto se convierte en una energía mucho más positiva en la serie. La edad de la protagonista pasa de los 16 o 17 años del original a los 19 o 20 de esta versión, como reflejo de lo que hoy admitimos como una presión sofocante, pero tolerable, hacia el matrimonio en una joven.</p><p>Uno de los aspectos que ha llevado a las guionistas dar vueltas y vueltas al texto ha sido la participación de personajes aborígenes. El libro original está escrito con la mentalidad colonialista de la época y esta adaptación no se planteó ni por un momento ignorar a quienes hoy se denomina personas de las Primeras Naciones.</p><p>Han contado tanto con guionistas de origen indígena como con asesores especializados en la época y el lugar en que transcurren los hechos. n una entrevista con <a href="https://multiverseofcolor.com/2026/08/my-brilliant-career-creator-liz-doran-interview/" target="_blank">Lady Genevia</a>, Liz Doran explica que descubrieron muchos desplazamientos forzados y mucho trauma entre estos habitantes.</p><p>En las primeras versiones de estos episodios acababan encontrándose con que habían escrito dos series incompatibles, la comedia Sybilla en busca de su lugar en el mundo y el drama de los personajes de origen indígena. Terminaron desechando ese material y finalmente encontraron la forma de integrar las historias.</p><p>El paraguas común de la serie radica en la tensión entre el amor y la carrera profesional. En esa idea incidiría la trama que retrata a todos los personajes principales, fuera cual fuera su origen étnico. Su objetivo ha sido crear una obra amable para todos los públicos australianos.</p><p>También descubrieron que muchos pobladores descendientes de las comunidades indígenas trabajaban en las fincas como pastores o con los caballos, y de todas estas reflexiones nació uno de los personajes más atractivos de la serie, la aspirante a capataz Nell Kirby, interpretada por Sherry-Lee Watson.</p><p>Del mismo modo, Doran decidió introducir la homosexualidad, ignorada por la autora en el libro, y a miembros de la comunidad de origen chino, un numeroso colectivo por aquel entonces.</p><p>Estas decisiones, unidas a una banda sonora llena de versiones de temas pop, sitúan esta adaptación entre aquellas que se liberan de la literalidad del texto y se centran en lo contemporáneo de su esencia. </p><p>Siempre tiene un mérito especial acometer una tarea que ya cuenta con los puristas entre sus detractores incluso antes de ser vista. Pero nada mejor para respetar la rebeldía del original que no ser cobarde al acercarse a él.</p><p>El resultado es una serie fresca, sorprendente y audaz. No solo la protagonista es un personaje vivo y valiente. Todos los demás son también interesantes, nada previsibles y con comportamientos que llegamos a entender.</p><p>La serie sí ha sido fiel a sus localizaciones y se ha rodado en Nueva Gales del Sur con un reparto estupendo sincronizado en un tono vitalista y energético. Lo encabeza una <strong>Philippa Northeast</strong> que borda la comedia y le acompañan, entre otros, <strong>Chris Chung</strong>, el insolente informático de<em> Slow horses</em>.</p><p>La jefa de guionistas, Doran, pretende que su apuesta resuene como una invitación a tomar la decisión más valiente, la más honesta. “No te limites a aceptar lo que el mundo ha dispuesto para ti. Sé valiente, sé audaz”, concluye.</p><p>Es paradójico que las ficciones de época, que vienen del pasado, glorifiquen a las mujeres rupturistas y que las distopías, como <em>El cuento de la criada,</em> sean advertencias sobre lo frágiles que pueden llegar a ser las conquistas feministas.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Aug 2026 04:01:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Piedad Sancristóval]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Mi brillante carrera’, energética adaptación de un clásico australiano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[De series,Series televisión,Netflix]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Guillermo Fesser: “¿Cómo me voy a fiar de una IA a la que Elon Musk ha dicho cómo tiene que pensar?”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/guillermo-fesser-fiar-ia-le-dicho-elon-musk-pensar_1_2234986.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/863a5f76-2f97-42c3-b3a9-ad3633998a83_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Guillermo Fesser: “¿Cómo me voy a fiar de una IA a la que Elon Musk ha dicho cómo tiene que pensar?”"></p><p><a href="https://www.instagram.com/fesserguillermo/?hl=es" target="_blank" >Guillermo Fesser </a>(Madrid, 1960) publicará en octubre <a href="https://www.todostuslibros.com/libros/a-55-millas-por-hora_979-13-88337-00-0" target="_blank" ><em>A 55 millas por hora</em></a><em> </em>(Contraluz, 2026), un nuevo libro sobre la poco conocida historia de los <strong>hispanos en Estados Unidos</strong>, país donde reside y desde el que nos explica en el programa de televisión <em><strong>El Intermedio</strong></em> de laSexta su realidad política a pie de calle, con un estilo pedagógico, analítico y ameno. “<strong>Trump </strong>está intentando <strong>borrar </strong>del todo esa historia de los hispanos, ya que a los <strong>supremacistas blancos</strong> que gobiernan no les interesa que se sepa que ha habido, hay y habrá gente con la piel más oscura que ellos que han contribuido de forma decisiva a la prosperidad de la nación”, remarca a <strong>infoLibre</strong>. “Para empezar: sin España y sin los hispanos de América, Washington jamás hubiera conseguido la independencia”, apostilla.</p><p>Con su proverbial <strong>perspicacia</strong>, el periodista anticipa lo que cree que pasará cuando llegue el momento de promocionar este nuevo título en la prensa, sometida en estos tiempos veloces a una <strong>fugacidad </strong>en la que apenas tienen espacio las entrevistas en profundidad: “Me llamarán, o al menos eso espero, de algunos medios para promocionarlo. Habrá una pregunta sobre el libro, un guiño a <strong>Gomaespuma </strong>—su añorado dúo con <a href="https://www.infolibre.es/cultura/juan-luis-cano-medios-derechas-claro-han-asociado-unico-derrocar-gobierno_1_2232099.html"  >Juan Luis Cano</a>—, un comentario sobre Trump y a publicidad. No hay sitio para contar nada con cierta extensión, porque se da por hecho que la audiencia no tiene <strong>paciencia </strong>para ello. ¿Quién lo decide? Porque luego tienes podcasts de historia, como <em><strong>Memorias de un tambor</strong></em><em>,</em> con cientos de miles de seguidores”.</p><p>Esta es solo una de las muchas <strong>preocupaciones </strong>que tiene Fesser acerca de un <strong>oficio periodístico</strong> que, a su juicio, tiene la misión de “<strong>informar </strong>a la gente de lo que hacen sus dirigentes para que tengan posibilidad de <strong>juzgar </strong>sus acciones y, en consecuencia, apoyarles o negarles el voto”. “Es una labor de <strong>vigilancia</strong>, no de <strong>oposición</strong>”, recalca, antes de continuar: “Como decía el gran reportero polaco <a href="https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/si-kapuscinski-levantara-cabeza_129_1561927.html"  ><span class="highlight" style="--color:white;">Ryszard Kapuściński</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">, el trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz para que la gente vea cómo corren a ocultarse”, argumenta.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Y prosigue: “</span>Lamentablemente, hoy el objetivo principal ya no es el de proporcionar a los ciudadanos información veraz, certificada y oportuna para que puedan tomar decisiones libres y conscientes en una sociedad democrática, sino el de <strong>hacer la mayor caja posible</strong> para repartirla entre los accionistas. En esta disyuntiva, la tentación más habitual viene siendo la de dorarle la píldora al poder económico (muchas veces simplemente mirando para otro lado cuando las informaciones no les favorecen), ya que es la forma más cómoda de acceder a favores (subvenciones, anuncios, contactos, contratos, primicias) que les van a hacer aumentar su cuenta de resultados”.</p><p>“Cada vez quedan menos medios que intentan ser independientes, porque competir en estas aguas tan revueltas se hace cada vez más cuesta arriba”, lamenta. Es por ello que, denuncia, hoy “se salta de la información a la propaganda con una frivolidad que ya a casi nadie sorprende”, algo de lo que culpa a la “cultura de la inmediatez”, que nos lleva a querer conocerlo todo antes que los demás, para así pasar a toda prisa al siguiente tema, sin detenernos a pensar más que apenas un instante. “La <strong>propaganda </strong>cabe en un <strong>titular </strong>—<em>"Make America Great Again"</em>—, mientras que la <strong>información </strong>necesita al menos de un par de <strong>párrafos</strong>”, ejemplifica.</p><p>Para Fesser, de hecho, “<strong>el mejor periodista no es el que cuenta la historia primero, sino el que mejor la cuenta”</strong>. Por ello cree que, antes de contar la noticia, resulta “imprescindible” detenerse a pensar en “cómo conectar los datos que uno ha conseguido <strong>contrastar </strong>para poner el relato en <strong>contexto</strong>”. “Nunca debemos dar por hecho que la gente está al corriente de lo que ocurre. El contexto en que se produce es tan importante como la propia noticia”, afirma, y señala que, desde su punto de vista, un diario “no debe ser un foro de debate, sino un lugar de referencia en el que buscar información fiable, con la que luego puedan debatir los ciudadanos sobre lo que ellos consideren oportuno”. </p><p>En este sentido, apunta que <strong>el “abuso de las tertulias</strong> está <strong>perjudicando </strong>seriamente a la profesión”, pues los periodistas no deberían debatir ni opinar sobre las noticias, sino limitarse a “proporcionarlas para que opinen los demás”, puesto que, desde su punto de vista, “las <strong>noticias fiables</strong> son las <strong>herramientas </strong>para comprender e interpretar lo que sucede y, por tanto, ayudar a la defensa de la <strong>democracia</strong>”. Por eso, asegura que un periodista debe luchar “contra sus propias <strong>certezas</strong>”, ya que “lo más difícil de esta profesión es separarse emocionalmente de las noticias”.</p><p>Pone también su interés en los <strong>retos digitales</strong> de la profesión, alertando de que “la <strong>fascinación por la tecnología</strong> ha hecho en el periodismo el mismo daño que hicieron en su momento en el cine el abuso de los efectos digitales: <strong>descuidar el relato</strong>”. Cegados por estos avances, los profesionales de la información han podido perder un tanto el foco, pero apunta Fesser cierto cambio de tendencia, ya que, “hasta ahora, solo habíamos visto la <strong>cara luminosa</strong> de esta <strong>luna digital,</strong> pero empezamos a reconocer su <strong>lado oculto y oscuro</strong>”. </p><p>“Se suponía que la <strong>IA era un beneficio para todos</strong>, pero cada vez se ve más claro que, más allá de ser una herramienta tremendamente útil para desempeñar muchas tareas, supone un <strong>negocio de proporciones descomunales para unos pocos</strong>”, advierte, con todo lo que eso implica de ampliación de las desigualdades y desaparición de la clase media: “Más que nunca, necesitamos profesionales bien formados y comprometidos con respetar los <strong>principios éticos del periodismo</strong>. El hecho de que todo el mundo pueda informar no significa que todo el mundo sepa hacerlo. El hecho de saber escribir no te convierte en periodista, del mismo modo que el hecho de cortar bien un <strong>jamón </strong>no te convierte en <strong>cirujano</strong>”, plantea con humor.</p><p>Y, con la debida seriedad, continúa: “¿Cómo me voy a <strong>fiar de una inteligencia artificial</strong> a la que ha dicho <a href="https://www.infolibre.es/temas/elon-musk/"  >Elon Musk</a> cómo tiene que pensar? Un tipo que promociona las <strong>cuentas de odio</strong> en X —antes Twitter—, que somete a sus empleados a jornadas extenuantes, que está en contra de las <strong>subvenciones </strong>excepto cuando se trata de los miles de millones de dólares que reciben sus empresas, que concibe a la mujer como un instrumento exclusivamente para procrear, o que piensa que en <strong>Sudáfrica </strong>las víctimas prioritarias del <strong>racismo </strong>son los blancos”.</p><p>En este ecosistema digital de bulos, desinformación, inteligencia artificial y redes sociales monitorizadas por <strong>milmillonarios</strong>, el periodismo debe, para Fesser, “recordar lo que costó conseguir<strong> cada avance democrático que se pierde</strong> o está en peligro<strong> </strong>de perderse, así como la cantidad de vidas que han <strong>mejorado </strong>gracias a ellos”. “No basta con recordar que las <strong>dictaduras </strong>son <strong>malas</strong>, hay que exponer constantemente con ejemplos y testimonios por qué la <strong>democracia </strong>es <strong>buena</strong>”, propone, al tiempo que recuerda que el periodismo tiene la responsabilidad, a su vez, de diferenciar el ruido de la información relevante para la ciudadanía.</p><p>“De la misma forma que hay <strong>políticos que mienten hasta la saciedad</strong>, es importante que un diario recuerde hasta la saciedad que están mintiendo”, sugiere, como medida de defensa democrática en un momento en el que “los políticos se han habituado a que les basta con <strong>descalificar lo que hace el partido de la oposición</strong> para <strong>aprobar </strong>el examen”. “La falacia consiste en que ‘<strong>si el otro es malo, yo soy automáticamente bueno</strong>’, algo que los periodistas no podemos dar por válido, sino que debemos obligar a quienes ostentan el poder a que expliquen las soluciones concretas que ellos proponen para mejorar la vida de los ciudadanos”, remarca, antes de mencionar el “<strong>programa, programa, programa”</strong> de <a href="https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/julio-anguita-memoria-corazon_1_1183168.html"  >Julio Anguita</a> y poner sobre la mesa los interrogantes que requieren respuestas claras: “¿Cómo va usted a mejorar el país? ¿Cómo va esa medida concreta a mejorar nuestras vidas?”</p><p>Claro que, siguiendo con esa pérfida normalización de la mentira, recuerda que “<strong>a nuestros hijos e hijas les hemos enseñado que mentir sin que te pillen es de listos</strong>”. Por eso, según destaca, “<strong>justificar la mentira como método necesario para la supervivencia</strong> ha causado ya un daño tan <strong>grave </strong>que necesitaremos un par de generaciones para corregirlo”, algo en lo que el periodismo puede tener una importante incidencia si sale de su actual <strong>encrucijada </strong>por el lado correcto de la historia entre estas dos posibilidades: “Obsesionarse con ganar a la competencia o concentrarse en ser el mejor medio en informar a sus lectores”. </p><p>“El segundo camino es más largo y reporta a corto plazo menos beneficios económicos, pero construye algo mucho más sólido a futuro. Las grandes obras, las que permanecen (<strong>El Escorial, la catedral de León</strong>) no se construyen en unos meses. Estoy seguro de que la <strong>prensa que no se obsesione con los titulares más coloristas</strong>, como en la fábula de la liebre y la tortuga, <strong>llegará antes a la meta</strong>. Una meta en la que cada vez se concentra más gente desesperada en busca de un asidero del que poder <strong>fiarse</strong>. Mientras tanto, no olvidemos que informar de forma <strong>decente</strong>, encender la luz para ver correr a las cucarachas, supone un enorme <strong>alivio </strong>para mucha gente a la que, con nuestras noticias fiables, les probamos que no están solos, que no están locos, que la <strong>humanidad resiste</strong>”, argumenta.</p><p>Para desarrollar ese buen periodismo, eso sí, los reporteros tienen que superar la forma más peligrosa de censura que les acecha a día de hoy: la autocensura. “Muchas veces, <strong>la prensa deja de contar historias por evitar meterse en líos</strong>. En Estados Unidos, donde resido, lo estamos viendo. Cuanto más <strong>presiona Trump a los medios</strong>, menos noticias que puedan molestarle se publican”, señala, antes de lanzar un aviso:<strong> “</strong>Al eliminar la confianza en el periodismo a base de tildar de <em><strong>fake news </strong></em>a los medios que cuentan la versión de los hechos que a uno le incomoda, vivimos en una sociedad en la que, en lugar de sentarnos a debatir para aportar soluciones a sus profundos problemas, <strong>estamos a punto de llegar a las manos</strong>. Es la estrategia de quienes quieren privilegios para ellos solos y enfrentan a la<strong> gente de abajo</strong> para que no se den cuenta de que les están robando los de arriba”.</p><p>Eso es, precisamente, lo que hace la <strong>extrema derecha internacional</strong>, encabezada por Trump y “manejada por un puñado de gente que no quiere renunciar a unos <strong>privilegios arrastrados durante siglos</strong> por su clan o su familia, y que resultan escandalosos con la mentalidad del siglo XXI”. Para Fesser, “como su causa resulta indefendible, y, por tanto, <em>invotable </em>en las urnas”, la tienen que “disfrazar” con mentiras: “Se visten de <strong>salvadores de la patria</strong>, cuando en realidad el bienestar de sus compatriotas <strong>les importa tres narices,</strong> y echan la culpa de las injusticias que causa su <strong>codicia </strong>a la gente que tiene menos capacidad de defenderse, como <strong>emigrantes sin papeles, mujeres </strong>o <strong>personas sin techo</strong>”.</p><p>A los periodistas que tratan de contar estos hechos, en Estados Unidos, “se les acusa desde la administración de antipatriotas o de estar propagando falsedades”. “Eso, <strong>cuando no nos mandan a casa al FBI con el fin de intimidarnos</strong>”, revela Fesser, plenamente consciente de que es una estrategia que “trata de evitar” que cuenten la verdad, porque ésta “no beneficia a su causa”. Un intento de mordaza no demasiado velada, dentro de una sociedad en la que, justamente por este tipo de actitudes, “estamos<strong> perdiendo la capacidad de hablar con alguien que piense diferente</strong> y, sobre todo, estamos perdiendo el <strong>sentido del humor</strong>”. </p><p>Así lo ve el comunicador, que concluye compartiendo un análisis social bien certero: “En lugar de sorprendernos, <strong>lo diferente nos enfada</strong>. En lugar de atraernos, lo novedoso nos amarga. Por eso, creo que la prensa debe jugar el papel de sacar a la gente de su <strong>burbuja </strong>de confort y ofrecerles historias de gentes que, en principio, <strong>no son de su cuerda</strong>, pero hacen cosas interesantes. Tenemos que volver a recuperar la capacidad de <strong>sorprendernos</strong>, <strong>respetarnos, entendernos</strong> y <strong>sonreír</strong>. Pero la sonrisa solo se esboza cuando uno está distendido, y uno solo se relaja cuando está en confianza. Por eso, <strong>la prensa tiene que recuperar la confianza que hemos perdido</strong>”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Aug 2026 04:01:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Guillermo Fesser: “¿Cómo me voy a fiar de una IA a la que Elon Musk ha dicho cómo tiene que pensar?”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Resistencia,Medios comunicación,Periodismo]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Los ecos de la Guerra Civil contados por mi madre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/ecos-guerra-civil-contados-madre_1_2234719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d59ff3ef-c74d-4297-bd46-2d65c9ad2a7f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los ecos de la Guerra Civil contados por mi madre"></p><p>Mi madre, <strong>Antia Cal</strong>, hija de unos emigrantes gallegos originarios de <strong>Muras </strong>—una pequeña villa de la montaña lucense—, nació en <strong>La Habana en 1923. </strong>En su <strong>biografía</strong>, titulada <em>Ese camino que hicimos juntos,</em> publicada en gallego, relata así sus recuerdos de la Guerra Civil siendo una niña ya de regreso en España:</p><p>Sé que mi abuelo estaba arreglando el pote de las coles, limpiando las malas hierbas, cuando supimos las <strong>primeras noticias de la Guerra Civil</strong>. Por la carretera pasaron varias camionetas con mineros de <strong>Viveiro</strong>. Iban gritando, dando voces a favor de la <strong>República</strong>. Algo pasaba. También recibíamos noticias a través de la radio. Se hablaba en los lugares, en las casas... El abuelo volvió rápidamente al Mesón, la casa familiar, para ver si los mineros habían parado. Pero siguieron adelante. De allí al poco tiempo empezamos a saber más cosas; tengo <strong>recuerdos revueltos</strong>, confusos porque ya entonces andaba yo por los <strong>13 años</strong>. Hablé de doña Rogelia, la <strong>maestra</strong>. Al <strong>maestro</strong>, que se llamaba don Antonio, <strong>lo mataron</strong>. Tenía seis hijos. Había retirado el <strong>crucifijo </strong>de la escuela. A uno de los dos hijos lo acogió mi tío Tomás. La gente de <strong>derechas </strong>se puso muy <strong>brava</strong>.</p><p>Un día apareció por casa <strong>Julia Cerdeiras</strong>, Julita, muy amiga de la familia, íntimos del Mesón. Ya teníamos relación con ellos en <strong>Cuba</strong>. Era la hermana del <strong>alcalde de Viveiro</strong>, dentista de profesión. "Voy a Burgos... voy a Burgos", la oímos decir. Quería hablar con <strong>Franco</strong>;<strong> </strong>querían matar a su hermano porque se había mantenido fiel a la República y porque era <strong>galleguista</strong>. Fue la primera vez en mi vida que oí decir esa palabra, galleguista, siendo yo una niña. Quedó en mi cerebro como un clavo. Galleguista. Años después, cuando yo ya andaba con <strong>Antón Beiras</strong>, nos encontramos por las calles de <strong>Santiago </strong>con <strong>José Mosquera Pérez o Vello dos Contos</strong>. Era un hombre muy cariñoso, muy abierto y muy simpático. Nos abordó con aquel talante cariñoso que tenía y me espetó con una sonrisa cómplice: “Muy bien mocita, escogiste muy bien, que los galleguistas somos buena gente”.</p><p>Antón nunca me hablaba de política, al menos aquellos días, y recuerdo que cuando oí la palabra me <strong>estremecí </strong>por dentro. Era lo que decían del pobre Cerdeiras, que por más que intentó Julita yendo y viniendo, ¡<strong>no lo salvó</strong>!</p><p>Más tarde, comprobaría que Mosquera Pérez alguna razón tenía y, poco a poco, fui eligiendo mis <strong>partidarios </strong>según mi voluntad. Pero entonces temblaba como una vara verde. Antón tiró de mí, seguramente molesto por la indiscreción de su amigo, que en realidad era compañero de su hermano <strong>Manuel Beiras</strong>, militante del Partido Galeguista, y trabajaban los dos en un almacén de paquetería en la plaza de San Agustín, propiedad de Ángel Estévez, el padre de Gerardo Estévez, que más tarde sería alcalde de Santiago ya en la <strong>democracia</strong>. Mosquera Pérez fue una de las primeras figuras de la radio en lengua gallega cuando la República, y uno de los principales animadores de la recuperación de la casa de <strong>Rosalía </strong>en <strong>Padrón</strong>.</p><p>A la casa del Mesón llegaban las noticias de la <strong>guerra</strong>, pero nosotros éramos muy niños aún como para comprender su verdadera dimensión. Me pasó algo parecido a lo que me sucedía a veces en <strong>La Habana</strong>, cuando había problemas de orden público en la calle, durante la <strong>dictadura </strong>de <strong>Machado</strong>. Mi padre me mandaba rápido para casa y yo me sentía segura porque su simple presencia nos daba seguridad. </p><p>En Muras, la referencia era el abuelo. La gente lo respetaba mucho, y él siempre procuró mantener sus principios y su línea de conducta abierta y humana. En realidad, eran los dos: mi <strong>abuelo </strong>y mi <strong>abuela</strong>. Tanto uno como la otra daban aquel de respeto que nadie se atrevía a romper. Nunca los oí <strong>discutir de política</strong>, aunque como dije antes, en la familia las mujeres se decantaron por una manera de pensar y los hombres por otra: las mujeres más conservadoras y los hombres con la República. Pero la <strong>tragedia </strong>nos hacía sufrir a todos. Del alcalde Cerdeiras, del maestro de Muras, don Antonio o de los presos de la Abelaira se habló siempre en casa con mucho respeto.</p><p>De vez en cuando, llamaban a la puerta de mi tío Carlos, que era <strong>médico</strong>, para que atendiese a alguna persona de noche. Eran los <strong>huidos</strong>, y luego los <strong>maquis</strong>. La <strong>policía</strong>, los <strong>falangistas </strong>y la <strong>Guardia Civil</strong> sospechaban de esas atenciones, pero mi tío respondía diciendo que él era médico y que un médico atiende siempre una demanda de auxilio, por lo que, si querían impedir que fuese, que le pusiesen una vigilancia en la puerta para que no pudiese salir o para evitar que viniesen en su búsqueda.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Aug 2026 04:01:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Hixinio Beiras Cal]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los ecos de la Guerra Civil contados por mi madre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lo que el 18 de julio se llevó: relatos íntimos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mago Juan Tamariz fallece a los 83 años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/mago-juan-tamariz-fallece-83-anos_1_2235265.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f935c9a8-547f-4b6f-a043-1460ce8b9c37_16-9-discover-aspect-ratio_default_1022454.jpg" width="2912" height="1638" alt="El mago Juan Tamariz fallece a los 83 años"></p><p>El mago<strong> Juan Tamariz </strong>(Madrid, 1942) ha fallecido por causas naturales a los 83 años de edad <strong>en el Hospital Clínico San Carlos de </strong><a href="https://www.infolibre.es/temas/madrid/" target="_blank" ><strong>Madrid </strong></a><strong>esta pasada madrugada</strong>, ha informado este martes su familia en redes sociales.</p><p>"Estuvo acompañado hasta el último momento por sus hijos y Juan se despidió de este mundo sin sufrir y, <strong>como fue siempre su seña de identidad, sonriendo y en paz</strong>", asegura una publicación en Instagram del portavoz de la familia.</p><p>También su hija<strong> Ana Tamariz</strong>, directora de la <strong>Gran Escuela de Magia en Madrid</strong>, se ha despedido <strong>"con inmensa tristeza"</strong> <strong>de su padre</strong>, cuyo nombre completo era Juan Manuel Tamariz-Martel Negrón, a quien ha definido como "una persona increíble, muy querida y admirada por todos", ha asegurado en una publicación en Instagram.<strong> "Agradecidísima por todo el amor que me dio y por todo el amor a la Magia que nos regaló"</strong>, declara.</p><p>En su mensaje, Ana Tamariz ha añadido que su recuerdo y "su inconmensurable obra estarán siempre con nosotros", y da las gracias a todos los magos, amigos y familiares que le han acompañado a lo largo de toda su vida "¡hasta el último día!".</p><p>También muestra su agradecimiento a la residencia Ballesol, a los hospitales Clínico y Cruz Roja "y a los chicos de las ambulancias, todos con un corazón enorme".</p><p>Nacido el 18 de octubre de 1942 —su familia paterna era de Écija (<a href="https://www.infolibre.es/temas/sevilla/" target="_blank" >Sevilla</a>)—, Juan Tamariz es el mago por excelencia para toda una generación, pues se hizo muy popular con sus actuaciones en Televisión Española, especialmente en programas como <strong>'Tatatachán</strong><em>'</em> y '<strong>Un, dos, tres</strong><em><strong>'</strong></em>, donde encarnó al personaje de <strong>Don Estrecho</strong>.</p><p>Con gran capacidad de comunicación y carisma, creó un nuevo perfil de mago <strong>con su chistera, gafas y pelo largo, vistiendo vaqueros y muy alejado del patrón tradicional de ilusionista</strong>. Terminaba sus números con el gesto de tocar un violín, cuyo sonido imitaba ("nananianananana..."), acompañado del público, con el que permanentemente interactuaba para dar emoción a sus trucos de cartas y otros elementos novedosos, como sus clásicos conejitos de gomaespuma roja.</p><p>Entre sus espectáculos, '<strong>Magia Potagia</strong>' se convirtió en un referente de su repertorio por mezclar humor, misterio e improvisación. Además de actuar, ha sido autor de libros de magia como '<strong>Magia en el bar</strong>' y '<strong>La vía mágica</strong>'.</p><p>Recibió numerosos reconocimientos, como<strong> Mago del Año</strong> en <a href="https://www.infolibre.es/temas/estados-unidos/" target="_blank" >Estados Unidos</a> en 1993 o la <strong>Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes</strong>.</p><p>Estudió cuatro años de Ciencias Físicas, además de dirección de cine, y realizó algunos cortos. Su consagración internacional llegó en 1973, cuando <strong>fue campeón del mundo de cartomagia en el Congreso Mundial de París</strong>. Estaba considerado uno de los mejores magos del mundo y es un referente para las siguientes generaciones.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Aug 2026 18:41:46 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El mago Juan Tamariz fallece a los 83 años]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Madrid,Sevilla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lorca encadenado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/lorca-encadenado_1_2227993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1adb343b-a12c-45ce-87c9-b14994d4e082_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lorca encadenado"></p><p>Una de mis ancestras, modo <strong>abuela</strong>, decía que para holgarse, allá en la corte, “hazme merced que en la venta primera trueques tus gracias por cantidad de moneda”. Y no hablar muy alto, <strong>hijo</strong>, ni ser el primero, ni llamar la atención, ni hacerte enemigos. Difícil tarea y, si se complica: “Echa por puertas”. Como veréis, esa abuela se parecía a algún <strong>poeta referencial.</strong> También se le escapaba en aquella época: “<strong>Lo importante es que no nos maten</strong>”. Porque se mataba, aquellas abuelas lo vieron. Sí, se mataba.  </p><p>Mal podía servir todo eso a un muchacho que quería ser <strong>actor </strong>después de querer ser <strong>fraile</strong>. Hoy, que ya no soy ni <strong>artista </strong>ni fraile, digo que no concibo la vocación sin compromiso. Sé que se puede, toooodo se puede, pero no lo concibo. Compromiso con la vida y su muerte ("dura compañera”), con el amor, con los otros, con lo bello. Y verso a verso: “<strong>Toda ciencia trascendiendo</strong>”.</p><p>Federico García Lorca: ¡qué <strong>orgullo </strong>para mi gente y para mi tierra! ¡Y para la <strong>humanidad </strong>entera! Pero nada es gratis. Lorca tampoco fue muy querido, quizás por hablar más de la cuenta. Él mismo se avisó con <em><strong>El Amargo</strong></em> antes de entrar en Granada, puesto ya el pie en el estribo: "Ay, ayayay, yo le pregunté a la <strong>muerte</strong>".</p><p>Lo que sé de Federico es que su prédica no quedaba en palabras vacías, versos más o menos bien construidos, bellas imágenes que pasaban por las cosas de soslayo. <strong>Lorca hizo miel de sus palabras</strong>. Es decir, que no amó porque se aburría, y escribió por generosidad con todo y con todos. Amó porque “<strong>le brillaba la hermosura</strong>”.  </p><p>“El teatro es una escuela de <strong>llanto </strong>y de <strong>risa </strong>—dice Federico—, y una tribuna libre, donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas y equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento". (¡Qué buena asamblea!). El texto es pródigo en exaltación del arte y vinculado a expresar, Federico nos anima a canjear lo insustancial por lo esencial. Diferencia el valor de la vocación y el compromiso artístico de esos otros aspectos espurios de “las <strong>pezuñas</strong>” y “monedas en el <strong>fango</strong>”. Sin esa fineza, ¡cómo libar en este corral sin luz! ¡Cómo llegar a sus prodigiosas imágenes! Comprometido con los marineros "recién <strong>degollados</strong>", con los caballeros anhelantes de amor y enigmas, adelas hacia la libertad negada, <strong>novias de sangre </strong>pletóricas de contradicciones, sombras y cielos y árboles y aguas, ríos y ríos y marineros en la desembocadura.  </p><p>La <strong>verdad </strong>es siempre una <strong>revolución </strong>por hacer; cuando se termina un verso viene otro y, al acabar el poema, surge un amanecer nuevo y se vuelve a empezar. El poeta no puede callar. “Y ¿por quién?, por Ecuba. Y ¿quién es Ecuba para él o él para ella que así llora sus infortunios?", decía <strong>Hamlet</strong>. El poeta tiene el dolor de todos, “sabe que los senderos son <strong>imposibles</strong>, por eso, de noche, va por ellos en calma”.  </p><p>Federico fue asesinado por los “<strong>caínes sempiternos</strong>”, por hablar, por su libertad y la de todos. Lo mataron en un lugar de las mil aguas, cerca de un arroyo en que se oía un rumor de silencio, en una noche de <strong>negra España,</strong> con la luna también negra y de miel helada... Y nos dejó, entre los juncos, sus versos sueltos. Lo pagó con su vida: ¡oh esponja mía gris! ¡Oh cuello mío recién <strong>degollado</strong>! ¡Oh brisa mía de límites que no son míos! </p><p>“Por eso <strong>te mataron</strong>, porque eras verdor en nuestra tierra árida y azul en nuestro oscuro aire” (Luis Cernuda).</p><p><strong>Lo importante es que no nos maten</strong>, sí; pero ¿es vida una vida sin vida... sin libertad?</p><p><em><strong>*Carmelo Gómez</strong></em><em> es actor y ha interpretado a Federico en la obra 'A vueltas con Lorca'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Aug 2026 08:32:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmelo Gómez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lorca encadenado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Un verano lorquiano,Federico García Lorca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un calvario de monte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/calvario-monte_1_2235181.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c9e077d5-f3fc-4321-b987-244fd01211e8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un calvario de monte"></p><p>Cuenta la leyenda que el <strong>arcángel San Miguel</strong> se le apareció en el <strong>año 708 al obispo de Avranches</strong> y le pidió que construyera un templo en <strong>Mont-Saint-Michel</strong>. ¿Por qué San Miguel, de los más de seiscientos mil kilómetros cuadrados de extensión que tiene Francia, eligió precisamente un <strong>islote inhóspito</strong> donde construir es complicadísimo? Lo ignoramos. Forma parte, junto al <a href="https://www.infolibre.es/politica/fiscalia-remite-cuatro-denuncias-juzgado-compra-atico-ayuso_1_2234990.html"  >ático de Ayuso</a>, de ese tipo de misterios de la <strong>promoción inmobiliaria</strong> que escapan a nuestra comprensión. Aunque, por otra parte, que lo de Ayuso tenga su origen en una aparición es lo único que lograría explicarlo.</p><p>Esta pequeña <strong>isla normanda</strong> del estuario del río <strong>Couesnon</strong>, cuya población local no llega a los ochenta habitantes, es visitada cada año por una media de <strong>tres millones de personas</strong>. Es posible que el día que estuve yo coincidiera con todas ellas.</p><p>Mont-Saint-Michel congrega en su interior la <strong>maldición </strong>con la que el éxito <strong>turístico </strong>riega aquellos lugares bendecidos por su excepcional belleza. En este caso, además, amplificadas las secuelas del castigo por tratarse de una población diminuta formada por <strong>una sola calle</strong> — Grande Rue— de la que parten estrechos pasillos y escaleras que suben hasta la muralla o la propia <strong>abadía</strong>. Un entorno que confirma una vez más esa verdad que conoce cualquier persona aficionada a viajar: todo lo bonito está <strong>cuesta arriba</strong>.</p><p>Acostumbrado a resistir los asedios ingleses en el siglo XV, Mont-Saint-Michel no ha sido capaz en el XXI de contener la <strong>invasión turística</strong> de quienes, con el espíritu notarial que anida en todo viajero, acudimos a constatar que de verdad el lugar es tan <strong>impresionante </strong>como muestran las fotos.</p><p>Lo es. Pero, curiosamente, lo que más impresiona de Mont-Saint-Michel no es el paisaje ni la <strong>belleza agreste</strong> de la abadía. Quizás porque a medida que te aproximas andando por el estrecho puente que une el islote al continente, la formidable visión de las <strong>marismas </strong>que lo rodean y la figura del convento aferrado a la roca van amortiguando esa impresión. Lo que no hay forma de amortiguar es el estruendo que generan —generamos— los miles de <strong>turistas </strong>con los que te encuentras nada más cruzar la muralla de acceso para disponerte a subir al monasterio. </p><p>La ascensión se hace <strong>amena </strong>porque, a pesar de lo que cansa, reserva al visitante alguna <strong>sorpresa</strong>. Como el precio de la botella de agua. En la Grande Rue vi a padres ofreciendo a sus pequeños en adopción a parejas con recursos suficientes para mantenerlos <strong>hidratados</strong>.</p><p>Culminada la pendiente —que no la subida, porque la abadía está construida en tres niveles—, uno sucumbe al <strong>portento </strong>de esa arquitectura suspendida entre los riscos. Desde la <strong>reciedumbre </strong>de la Sala de los Caballeros a la delicadeza de su claustro gótico, o las vistas que ofrece su terraza oeste. Allí te convences de que el esfuerzo y la inversión en Evian han merecido la pena. Básicamente, porque ya todo está <strong>cuesta abajo</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Aug 2026 04:01:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un calvario de monte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ciencia-ficción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/ciencia-ficcion_1_2234923.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/083e93af-793e-41b1-ac62-bc1eb678a154_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ciencia-ficción"></p><p>El pasado 1 de julio, algunas (y probablemente algunos) nos llevamos una <strong>sorpresa</strong>, primero, y una <strong>alegría </strong>después, al conocer <a href="https://dramatico.inaem.gob.es/programacion/" target="_blank">la nueva programación del Centro Dramático Nacional</a>: por primera vez en su historia, en la temporada 2026/2027 se podrán ver más trabajos escritos y dirigidos por <strong>mujeres, </strong>tanto en sus salas grandes como en las pequeñas.</p><p>En las temporadas anteriores, el número de creadores y creadoras programadas había sido bastante similar, pero con una <strong>distinción</strong>: las mujeres mostraban sus trabajos mayoritariamente en las <strong>salas pequeñas</strong> de la institución.</p><p>Y esto, además de <strong>simbólico</strong>, es muy importante por varias razones que están relacionadas con la manera de medir las cosas que tenemos dentro de este <strong>capitalismo atroz</strong>: el dinero. </p><p>La <strong>diferencia presupuestaria</strong> de las salas pequeñas con las salas grandes es <strong>monumental</strong>, y, por tanto, las posibilidades creativas y de equipo (sí, a nosotras también nos gusta trabajar con dinero) son <em>diferentes</em> si te programan en una de las salas pequeñas. </p><p>Los patios de butacas tienen un <strong>aforo </strong>casi cinco veces superior en las salas grandes, así que el público que puede acceder a los espectáculos que se programan en las salas pequeñas es menor. Y, por tanto, los <strong>derechos de autora</strong>, también.</p><p>Y en las cuestiones relacionadas con la <strong>publicidad</strong>, el <strong>marketing </strong>y la <strong>comunicación </strong>también hay una <strong>brecha</strong>, aunque no podemos saber cuál es la diferencia porcentual exacta. En el Portal de <strong>Transparencia </strong>no aparece desglosado individualmente el gasto que se dedica a los espectáculos de gran formato frente a <em>los</em> <em>pequeños</em>. </p><p>Pero, como decía, por <strong>primera vez</strong> van a ser más las mujeres que presenten sus obras en las salas grandes del <strong>Teatro María Guerrero</strong> y del <strong>Teatro Valle-Inclán</strong>.</p><p>Es <strong>increíble </strong>que sea 2026 y que todavía estemos así en los espacios públicos (la historia sí que es otra en las imprescindibles, resistentes y queridas salas <strong>alternativas</strong>).</p><p>Celebro que por fin el centro de creación y exhibición cuyo presupuesto procede de los <strong>impuestos </strong>que pagamos todos y todas haya <em>roto la </em><em><strong>norma</strong></em>. Y que lo haya hecho, además, abriéndose a la <strong>periferia</strong>, diría, más que nunca. </p><p>Pero queda tanto, <strong>queda tanto por hacer</strong>. </p><p>Solo hay que echar un vistazo a las <strong>programaciones públicas</strong> de los teatros de todo el Estado. Hay un <strong>exceso de hombres </strong>por todas partes; por supuesto, también, en sus direcciones artísticas.</p><p>¿Cómo es posible que ocurra esto en uno de los países más <strong>avanzados </strong>del mundo en políticas de <strong>igualdad</strong>?</p><p><em>Porque </em><em><strong>no hay mujeres</strong></em><em> (a la altura), </em>dirán.</p><p>Hace ya casi 20 años que impartí clases de teatro en la <strong>Universidad Carlos III</strong> de Madrid. Y, por entonces, en los talleres de teatro (por los que pasaron hombres y, sobre todo, mujeres que hoy son profesionales de las artes escénicas de reconocido prestigio) ya había más <strong>alumnas </strong>que alumnos en el aula. Ocurría y ocurre igual en las <strong>escuelas de arte dramático</strong> (las públicas y las privadas), másteres de <strong>gestión cultural</strong>, módulos y escuelas de tecnologías del espectáculo... Sin embargo, miramos a nuestro alrededor y sigue siendo todo, perdónenme la expresión, <em>un </em><em><strong>campo de nabos</strong></em><em>. </em></p><p>Lo que vemos desde fuera es que los hombres siguen manteniendo <strong>privilegios</strong>, como si la cuarta ola feminista no hubiera servido, en las cuestiones de poder, para nada más que transformar algunas políticas, puramente <strong>estéticas</strong>. </p><p>Cuando entramos dentro del teatro, vemos que<strong> continúan los privilegios</strong> también. </p><p>Hay <strong>brechas enormes</strong> y de todo tipo, desde el sueldo a los uniformes, pasando por las <strong>jerarquías </strong>de poder, en, por ejemplo, los equipos técnicos. </p><p>Sastrería, maquillaje, peluquería y regiduría siguen siendo <strong>profesiones feminizadas</strong>; mientras que iluminación, sonido o audiovisuales siguen estando masculinizadas. </p><p>Así ha sido históricamente y la <strong>transformación </strong>es lenta.</p><p>Para romper la <strong>discriminación salarial de género</strong> (porque desde siempre se ha considerado que las profesiones que realizaban las mujeres tenían menor valor en las artes escénicas y en la vida en general), las mujeres han tenido que poner el <strong>cuerpo </strong>y sumar a las horas de trabajo la <strong>lucha sindical</strong>. </p><p><strong>La ley de Igualdad Retributiva</strong> se aprobó en 2020 y entró en vigor el 14 de abril de 2021, pero, a día de hoy, más de cinco años después, todavía no se han <strong>equiparado </strong>las retribuciones complementarias de las trabajadoras de las secciones feminizadas, que cobran <strong>entre 63 y 110 euros menos</strong> que sus compañeros de las secciones masculinizadas. </p><p>Si esto ocurre en los <strong>teatros públicos</strong> dependientes del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, ¿qué estará pasando, por ejemplo, en los privados? ¿Cuánto vamos a tener que esperar para que la <strong>igualdad sea real</strong>?</p><p>Estamos <strong>agotadas</strong>. De pelear, de reclamar, de estudiar más para que cuando se nos cuestiona vayan por delante el rigor y los conocimientos.</p><p>Estamos <strong>exhaustas </strong>por poner el cuerpo, la cartera y la cabeza.</p><p>Miro a mi alrededor, hablo con mis amigas, con muchas <strong>compañeras</strong>. </p><p>Y solo veo <em><strong>yeguas exhaustas</strong></em><em>. </em></p><p>Celebro la igualdad en las programaciones (las pocas veces que las hay) y también cuando entro a trabajar en un teatro y me encuentro con equipos <strong>mixtos</strong>.</p><p>En 2026, esto debería de ser ya <strong>ciencia-ficción</strong>, pero es el pan nuestro de cada día. </p><p>Y, de verdad, estamos <strong>hartas</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Aug 2026 04:01:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ciencia-ficción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[En el alambre,Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del sonido al silencio: Manuel de Falla ante el golpe de Estado y la violencia en 1936]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/sonido-silencio-manuel-falla-golpe-violencia-1936_1_2229858.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9013cc27-5060-4854-ae34-3b9b8c1e441b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del sonido al silencio: Manuel de Falla ante el golpe de Estado y la violencia en 1936"></p><p>"En ninguna parte del mundo <strong>suena el paisaje</strong> como en <strong>Granada</strong>", escribió <strong>Manuel de Falla</strong>. El compositor gaditano había llegado a la ciudad en 1920, cuando ya era reconocido internacionalmente. Escogió la ciudad de la <strong>Alhambra </strong>como su lugar de residencia y alquiló un pequeño carmen en el barrio de la <strong>Antequeruela </strong>alta, cerca del conjunto monumental nazarí y con vistas al barrio del <strong>Realejo</strong>. </p><p>En Granada encontró un lugar desde el que crear su <strong>música </strong>y, como muestra su ingente correspondencia, estar en contacto con el mundo. También influyó en la vida <strong>cultural </strong>de la ciudad, convirtiéndose en un motor renovador y en un verdadero <strong>maestro </strong>para algunos jóvenes de la misma. La mejor prueba de ello fue la organización en 1922, junto con <a href="https://www.infolibre.es/temas/un-verano-lorquiano/"  >Federico García Lorca</a> y otros, del <strong>Concurso del Cante Jondo</strong>. Más allá del resultado de este evento, este es símbolo de algo que marcó tanto su música como la poesía de Lorca: la valoración de lo <strong>popular </strong>como fuente de cultura, de inspiración y de modernidad.</p><p>La llegada de la <strong>Segunda República </strong>debió esperanzar a Falla, aunque sabemos que muy pronto receló de ella. En mayo de 1931 se produjeron las primeras quemas de <strong>conventos </strong>e <strong>iglesias</strong>, algo imposible de tolerar para un católico convencido como él. Esta actitud se confirmó de nuevo en la primavera de 1936, cuando en España y en la propia Granada se produjeron otra vez actos <strong>anticlericales </strong>tras el triunfo del <strong>Frente Popular</strong> en las elecciones generales de ese año. Si en 1931 Falla había escrito una carta, alarmado por la situación, al presidente de la República <strong>Alcalá-Zamora</strong>, en 1936 le dirigió otra al segundo presidente republicano, <strong>Manuel Azaña</strong>. </p><p>Cuando se produjo el <strong>golpe de Estado</strong> de<strong> julio de 1936</strong>, el distanciamiento de Falla del proyecto republicano era evidente. En Granada la <strong>sublevación </strong>se produjo el 20 de ese mismo mes. Todo parece indicar que el compositor no abandonó su casa en los primeros días, salvo posiblemente para acudir a misa. Pero entonces se desató la <strong>violencia</strong>: la sublevación triunfó, los militares golpistas se hicieron con el poder y todas las <strong>garantías constitucionales</strong> quedaron suspendidas. Los principales líderes de los partidos y sindicatos republicanos fueron detenidos y comenzaron los <strong>fusilamientos</strong>. El sonido de los <strong>disparos </strong>en el <strong>cementerio </strong>inundó la ciudad: definitivamente, el paisaje de Granada había cambiado su sonido.</p><p>La <strong>muerte </strong>se apoderó de Granada, alcanzando a algunos <strong>amigos </strong>de Falla, como al propio Federico García Lorca. Aunque la amistad con el poeta se había enfriado, el pasado común, el amor por la cultura y la humanidad superaron cualquier barrera. Don Manuel fue personalmente al gobierno civil a hablar con el <strong>comandante Valdés</strong>, gobernador militar y factótum de la violencia desplegada entonces. Era demasiado tarde y, según diversos testigos, el militar <strong>africanista </strong>y <strong>falangista </strong>despachó con cierto desdén al músico informándole de que Lorca ya no existía. Después, visitó a la familia García Lorca, que se había refugiado en la casa de su hija Concha, cuyo marido y entonces alcalde de Granada también había sido detenido. Pasó unas horas junto a ellos sin atreverse a confesarles la <strong>verdad</strong>.</p><p>La historia del <strong>sangriento verano de 1936</strong> no acabó ahí para Manuel de Falla. Siempre llevó consigo el <strong>remordimiento </strong>de no haber podido hacer más por el <strong>poeta</strong>. Pero no permaneció inmóvil. Su correspondencia a partir de finales de agosto de 1936 desvela que, una y otra vez, escribió cartas para avalar a <strong>republicanos </strong>y librarlos de la <strong>muerte</strong>. Escribió al capitán <strong>Nestares</strong>, uno de los golpistas más destacados y responsable de lo que sucedía en el barranco de <strong>Víznar</strong>, pidiéndole que intercediese por <strong>Hermenegildo Lanz</strong>, el viejo amigo y pintor que había diseñado para él los títeres y la escenografía de <em>El retablo de Maese Pedro</em>, estrenado con éxito en <strong>París </strong>en 1923. </p><p>Llegó a dirigir correspondencia a su paisano <strong>José María Pemán</strong>, escritor monárquico, católico y ultranacionalista, pidiéndole que mediase ante las autoridades militares para que fuesen <strong>clementes</strong>: él mismo había sido testigo de "la aplicación frecuente de la pena capital a personas cuyos delitos acusan, al menos en apariencia, notable desproporción". Frenar la <strong>violencia</strong>, escribía, era "de obligación estricta para los <strong>cristianos</strong>".</p><p>Sus iniciativas no surtieron demasiado efecto, porque la guerra continuó y también la violencia con ella. En ese trance, el "<strong>Nuevo Estado</strong>" trató una y otra vez de utilizarlo para legitimar la "<strong>Causa Nacional</strong>": invitaciones a actos de reposición de <strong>crucifijos</strong>, a conmemoraciones de acontecimientos históricos, a comidas con visitantes de renombre o, incluso, a componer un <strong>nuevo himno nacional</strong> para recordar a los "caídos por dios y por España". Falla siempre contestó con la misma excusa: su débil estado de salud le impedía aceptar ninguna invitación o trabajar en cualquier proyecto.</p><p>Falla dejó para siempre Granada en el otoño de 1939. Pasó sus últimos días en <strong>Argentina</strong>, sin regresar nunca a la España de la dictadura, pese a los intentos de ésta por que así fuese y por utilizar su <strong>figura </strong>para <strong>legitimarse</strong>. Tuvo que morir para hacerlo: sus restos fueron <strong>repatriados en 1947</strong> y fueron enterrados en la <strong>catedral de Cádiz</strong>. El sonido había dejado paso al silencio.</p><p><em><strong>*Miguel Ángel del Arco Blanco</strong></em><em> es Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Aug 2026 04:01:26 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ángel del Arco Blanco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Del sonido al silencio: Manuel de Falla ante el golpe de Estado y la violencia en 1936]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Verano del 36]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sí, la literatura rompe prejuicios y nos permite habitar otros cuerpos que desafían los cánones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/si-literatura-rompe-prejuicios-permite-habitar-cuerpos-alejan-norma_1_2235184.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/966bc959-e6e3-4c27-a2b0-dd18ad8f3fba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sí, la literatura rompe prejuicios y nos permite habitar otros cuerpos que desafían los cánones"></p><p>Con la llegada del verano, la <a href="https://www.infolibre.es/cultura/" target="_blank">literatura</a> ocupa un lugar más central en muchas vidas: novelas románticas, autobiográficas o thrillers llenan las maletas y se abren una vez colocadas la tumbona y la sombrilla en la playa. El reposo y la atención que exigen los libros encuentran su espacio en las <strong>tardes libres de trabajo</strong> o le roban tiempo a la siesta.</p><p>Pero la literatura, a menudo reducida al entretenimiento, tiene un potencial mucho mayor: es capaz de<strong> acercarnos a vidas y experiencias que no son las nuestras</strong>, así como de hacernos imaginar otros cuerpos y comprender cómo se siente el mundo desde ellos. Inés García,<strong> </strong>una de las filósofas al frente del proyecto y podcast <a href="https://punzadas.com/punzadas-sonoras/" target="_blank"><em>Punzadas Sonoras</em></a>, explica cómo “muchas veces se entiende como ocio o como un entretenimiento, pero puede ser una <strong>herramienta a través de la que vivir y experimentar varias realidades”.</strong></p><p>Esa capacidad de la literatura para acercarnos a otras experiencias será precisamente una de las cuestiones que atravesará el <a href="https://festivaldelasideas.es/" target="_blank">Festival de las Ideas</a>, que se celebrará entre el 17 y el 20 de septiembre, a través de distintas conversaciones e intervenciones como la de <em>Punzadas Sonoras</em> y de autores como Édouard Louis y Zadie Smith. </p><p>Además de hacernos sentir que estamos en otras épocas o lugares, la literatura nos permite <em>habitar</em> cuerpos que no son el nuestro. “La literatura ofrece muchísimas visiones distintas o contrapuestas acerca del cuerpo (...) A través de los personajes,<strong> la literatura nos permite sentir el cuerpo de otros</strong>, pero de una manera muy cercana”,<strong> </strong>comenta García. </p><p>Las novelas son capaces de “sacarnos de nuestra propia experiencia”, asegura la filósofa, pues nuestras intuiciones o <strong>vivencias </strong>son limitadas, pero a través de los libros podemos explorar todo aquello que no hemos vivido. La novela permite <strong>salir </strong>del propio punto de vista, ayudando a sentir como propia la realidad de personas distintas o lejanas. Esto es especialmente pertinente cuando hablamos de cuerpos, ya que la experiencia corporal es algo personal y casi intransferible, pero<strong> la literatura y la novela nos acercan a leer el cuerpo de otros, a experimentarlos y sentirlos.</strong> Para Valerio Rocco, director del Círculo de Bellas Artes —sede del <a href="https://www.infolibre.es/temas/festival-de-las-ideas/" target="_blank">Festival de las Ideas</a>—, esto es clave, pues “cuando se habla de cuestiones como el cuerpo, la literatura en todas sus expresiones nos remite de una manera inmediata. Las novelas, la poesía o el teatro son capaces de <strong>situarnos </strong>en el lugar y las vivencias de los personajes”. </p><p>Laura Barrachina, periodista que moderará la conversación <a href="https://festivaldelasideas.es/eventos/la-piel-de-los-relatos-narrar-la-herida-social/" target="_blank"><em>La piel de los relatos: narrar la herida social</em></a><em>, a</em>punta que “la literatura construye también nuestra mirada sobre el mundo". "A través de ella se puede comprender el pasado y el presente, <strong>entender cómo ha evolucionado nuestra relación con el cuerpo, con el deseo, con la enfermedad</strong> y, por supuesto, la literatura también puede transformarla. Mediante novelas, cuentos o poesías, podemos imaginar otros cuerpos, romper con la norma, proponer otras relaciones, ser más <strong>libres </strong>con respecto al cuerpo y hasta pensar en superar la biología”, plantea.</p><p>Esta capacidad de transportarnos puede ser especialmente positiva para las relaciones entre comunidades o sociedades. Como cita García, la filósofa Martha Nussbaum ve en <strong>las letras una herramienta vital que fomenta la empatía, la justicia social y el pensamiento crítico</strong>. “En la literatura hay algo muy potente que te permite empatizar, entender o conocer situaciones que quizás tú no has vivido”, añade.</p><p>La literatura, ya sea construida a partir de hechos reales o de la ficción, también puede funcionar como un espacio para hacer visibles experiencias que durante mucho tiempo quedaron fuera del relato. Para Valerio Rocco, parte de su potencial está precisamente en su <strong>capacidad para reflejar “heridas personales o sociales” y mostrar realidades de colectivos que han sido silenciados.</strong></p><p>El canon literario, como ocurre con <a href="https://www.infolibre.es/cultura/arte-cuenta-cuerpos-han-gustado-cuerpos-bellos-no_1_2234835.html" target="_blank">otros cánones culturales</a>, no ha sido ajeno a las relaciones de poder: durante mucho tiempo, determinadas experiencias —por razón de género, clase, origen o sexualidad— apenas han tenido su espacio propio en los relatos. En la creación contemporánea, <strong>algunos autores han convertido esa experiencia de estar en los márgenes en literatura.</strong> </p><p>Es el caso de <strong>Édouard Louis</strong> y <strong>Zadie Smith, </strong>que participarán en el Festival de las Ideas y que para Barrachina son referencia en este ámbito: “Aunque es obvio que todo escritor trabaja desde su propia piel, no todos la exponen igual y creo que ambos han escrito desde un lugar al que parecía llegar antes su cuerpo que cualquier otro factor. Podríamos decir que empezaron a escribir desde una <strong>periferia </strong>que parecía destinada a no ser escuchada. Y estos han sido y son temas de sus libros: el racismo, la homofobia, la clase social. Todos ellos factores que tienen que ver con el cuerpo”. Ambos explorarán cómo la escritura puede visibilizar aquello que las estructuras sociales intentan ocultar o silenciar y, especialmente, cómo <strong>la clase, el origen, la identidad o la pertenencia se experimentan también corporalmente. </strong></p><p>En un contexto en el que, según García, <strong>“cada vez es más difícil abrir los ojos hacia lo diferente”, los libros que acerquen otras realidades ocupan un papel especial.</strong> “Por ejemplo, los <a href="https://www.infolibre.es/temas/migracion/" target="_blank">cuerpos migrantes</a> últimamente se han planteado como peligrosos, dañinos o salvajes, pero desde la literatura se plantean discursos y testimonios diferentes, y quiero pensar que puede llevarnos a una transformación real”. </p><p>Frente a <strong>discursos políticos</strong> —que a menudo buscan convencer a su público— o <strong>ensayos filosóficos</strong> —que ofrecen reflexiones más abstractas o teóricas—, la literatura posee para García una capacidad que va más allá del entretenimiento: puede <strong>generar un impacto emocional y vivencial sin grandes exposiciones o argumentos.</strong> Coincide Barrachina, para quien la literatura o las metáforas también “tienen algo físico” y son capaces de, a través de las palabras, crear imágenes que “nos llegan a un lugar hondo y profundo desde el que empatizamos mejor”. </p><p>Sin embargo, no por ello la literatura escapa por completo de la filosofía o de la política. “Siempre se puede encontrar lo político en la literatura”, defiende García. De hecho, desde la antigüedad, la filosofía se ha nutrido de la literatura, que es para Rocco el <strong>“punto de contacto más directo con la experiencia humana”.</strong> <strong>“La literatura nos da ese primer hueco o esa primera distancia entre la realidad y el ideal sobre la que la filosofía puede reflexionar”</strong>, añade. </p><p>El director del Círculo de Bellas Artes lo tiene claro: “La literatura lo muestra y luego la filosofía reflexiona y conceptualiza”. Así, recuerda que desde <strong>Aristóteles </strong>hasta <strong>Hegel </strong>o <strong>Heidegger</strong>, los filósofos han recurrido constantemente a tragedias, novelas y poemas como punto de partida sobre el que pensar. Es por lo que Rocco asegura que<strong> “la literatura o la poesía superan a cualquier tratado filosófico</strong> a la hora de describir las heridas o ese carácter <strong>vulnerable </strong>de nuestras existencias”.</p><p>La literatura puede así <strong>acercarse </strong>a cuestiones que después serán conceptualizadas por la filosofía —o abordadas desde la política—, pero que antes necesitan tomar forma en una experiencia concreta. Un ensayo puede explicar la <strong>desigualdad </strong>o la vulnerabilidad, mientras que una novela puede mostrar cómo esas condiciones <strong>atraviesan </strong>la vida de un personaje y marcan su cuerpo. </p><p>Rocco encuentra, precisamente, un “componente político brutal” en la literatura, que puede verse en autores como <strong>Dostoievski</strong>, <strong>Tolstói</strong>, <strong>Goethe </strong>o <strong>Thomas Mann</strong>. No porque sus obras tengan que ofrecer necesariamente un discurso político explícito, sino porque, a través de sus personajes y de las situaciones que narran, permiten acercarse a <strong>conflictos sociales</strong>, formas de poder y distintas maneras de experimentar la realidad de los cuerpos.</p><p>El propósito del <a href="https://festivaldelasideas.es/" target="_blank">Festival de las Ideas</a>, donde se enmarcará esta y <a href="https://www.infolibre.es/temas/festival-de-las-ideas/" target="_blank">muchas otras reflexiones</a>, es tanto<strong> “reivindicar los cuerpos como tema”, </strong>como “reivindicar la experiencia física de reunir a las personas en la plazas y en las calles para <strong>recuperar esa dimensión física y corporal de la comunidad y del debate”.</strong> Una reivindicación que cobra especial importancia para Rocco en un momento en el que “hemos perdido la conexión con lo corporal, con lo físico; vivimos en un mundo cada vez más virtual, más desplazado”, en el que delegamos “en aparatos electrónicos muchísimas funciones que antes hacían nuestros cuerpos”. Esta desconexión convive, paradójicamente, con una “hiperobsesión por el cuerpo, sobre todo por parte de los jóvenes”. <strong>“Por un lado hemos abandonado lo físico, sobre todo como forma de relación, pero por otro hay una hiperobsesión por el cuerpo”</strong>, advierte.</p><p>Por su parte, García también destaca lo necesario que es hablar del cuerpo desde los textos y la reflexión. Frente a la inmediatez de la era digital y la saturación de plataformas como Instagram —que se ha convertido en un “lugar terrorífico” donde se imponen estándares corporales constantes—, se vuelve <strong>fundamental “defender el texto escrito frente a la imagen”. </strong>Aunque lo visual posee una gran fuerza emocional, las palabras, pese a que “requieran más atención o más tiempo”, resultan <strong>indispensables para criticar, explicar o proponer alternativas.</strong></p><p>En el marco de su participación en el Festival de las Ideas, donde presentará el formato de análisis en directo denominado <a href="https://festivaldelasideas.es/eventos/punzadas-sonoras/" target="_blank">Glosas</a>, García defiende la necesidad de <strong>reivindicar la lectura como un espacio para detenerse frente a la prisa de las redes sociales, </strong>donde la interacción con los libros suele reducirse a un consumo rápido de “un libro, otro libro, otro libro”. Para ella, este ejercicio de pausa que llevarán a cabo en el festival permite “adentrarnos en profundidad en los textos”.</p><p>Por último, Rocco coincide en reivindicar el cuerpo como objeto de <strong>debate </strong>y <strong>reflexión</strong>, pero sin perder de vista la “necesidad de que el cuerpo se exponga artísticamente bailando, representándose, mostrándose...” —como también ocurrirá en el festival de la mano de actuaciones como <a href="https://festivaldelasideas.es/eventos/la-jacara-de-los-cuerpos-imposibles/" target="_blank"><em>La jácara de los cuerpos imposibles</em></a><em>,</em> de la compañía Alberto Velasco—. En este sentido, recuperar el cuerpo no pasa únicamente por convertirlo en objeto de debate, sino también por volver a experimentar aquello que las pantallas y la velocidad de la vida cotidiana tienden a desplazar. Leer exige <strong>detenerse</strong>, prestar atención e imaginar otras experiencias; pero también reunirse, escuchar y compartir un espacio físico. Es precisamente esa dimensión la que el Festival de las Ideas busca reivindicar: no solo pensar sobre los cuerpos, sino volver a ponerlos en el centro de la <strong>experiencia cultural y colectiva</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Aug 2026 17:25:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Anabel Cuevas Vega]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Sí, la literatura rompe prejuicios y nos permite habitar otros cuerpos que desafían los cánones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Festival de las ideas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inés Hernand: “Vivimos en un mundo de consecuencias sesgadas: Pablo Hasél en la cárcel pero no Vito Quiles”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/ines-hernand-vivimos-mundo-consecuencias-sesgadas-pablo-hassel-carcel-no-vito-quiles_1_2234966.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/835405ff-4d65-446f-9d28-16115e145393_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Inés Hernand: “Vivimos en un mundo de consecuencias sesgadas: Pablo Hasél en la cárcel pero no Vito Quiles”"></p><p>Tiene <a href="https://www.instagram.com/ineshernand/?hl=es" target="_blank" >Inés Hernand</a> (Madrid, 1992) un empeño muy concreto este verano: <strong>demostrar que reorganizar una casa puede convertirse también en el primer paso para transformar la vida </strong>de quienes la habitan. Esa es la premisa de <em><strong>Ordena tu vida</strong></em>, el programa con el que la presentadora y abogada se cuela en nuestros hogares a través de La 1 de TVE cada jueves por la noche para hacernos una pregunta trascendental: ¿de verdad necesitamos todo lo que acumulamos?</p><p>Un interrogante que, en estos tiempos tan <strong>líquidos</strong>, se puede extrapolar a multitud de ámbitos de nuestras rutinas cotidianas. Porque acumulamos, entre otras muchas cosas, <strong>fotos </strong>que nunca volvemos a ver, <strong>conversaciones intrascendentes</strong> por WhatsApp, titulares de <strong>prensa </strong>tremendistas, comentarios fuera de lugar en las redes sociales… <strong>Amontonamos estímulos</strong>, en definitiva, en este mundo gobernado por el <strong>ruido </strong>superficial y con una alarmante <strong>merma </strong>del pensamiento crítico.</p><p>Es por ello que, además de animarnos a frenarnos para observar nuestras pertenencias y deshacernos de las que nos son inútiles, la comunicadora apuesta también por parar a observar todo lo que nos rodea más allá de las paredes de nuestra vivienda y hacer un ejercicio mínimo de <strong>introspección</strong>. “El valor que tiene detenerse a pensar parece casi un privilegio para todos aquellos que pueden estudiar algo en profundidad, contrastar, conversar”, apunta a <strong>infoLibre</strong>.</p><p>Hernand se refiere a cualquier ciudadano particular en general, y a los que se dedican al <strong>periodismo </strong>en particular, un oficio donde ve “muy difícil” esa labor de análisis por estar “muy <strong>precarizado</strong>”. “En general, la gente no está bien y ya vive muy hastiada de sus vidas, como para luego complicarlas más con ideas profundas. Ahí es donde la <strong>simplificación </strong>y el ataque a los <strong>instintos </strong>más personales es lo que parece que resulta más de <strong>acción directa</strong>”, apunta, tratando de dar explicación a esa fugacidad endémica que subyuga y resta valor al papel social y democrático de los medios.</p><p>“Estamos en un momento en el que, como decía <strong>Iñaki Gabilondo</strong>, cuando hay una inundación, lo primero que escasea es el <strong>agua potable</strong>. Hay que ser agua potable, y la única forma de serlo es a través de la <strong>comprensión </strong>y del espíritu crítico”, continúa, para después señalar que “en este <strong>capitalismo tardío</strong>, hablar de democracia ha caído en desuso al estar en manos de <strong>oligarcas tecnológicos</strong>”. “Y, aunque haya grietas para el periodismo independiente, lamentablemente estamos sujetos a un debate público en manos de empresas privadas”, añade, antes de apostillar que al lema de <strong>infoLibre</strong>, <a href="https://www.infolibre.es/club-infolibre/somos-resistencia/"  >Somos resistencia</a>, le pondría además una coletilla: “E <strong>insistencia</strong>”.</p><p>A su juicio, a pesar de la tendencia actual obsesionada por el <em>click</em>, “<strong>no hay camino corto en el oficio del periodismo</strong>”. “Pasa un poco igual que con las <strong>dietas milagro</strong>, es decir, <strong>30 segundos </strong>no te van a dar ningún tipo de información en profundidad en relación a ningún tema”, asegura, reconociendo que “permitirse la pausa” no es algo que hoy esté “demasiado instalado” en la profesión: “Esto es bastante negativo y uno de los <strong>fallos estructurales y endémicos</strong> que estamos atravesando ahora mismo en el ámbito de la comunicación, donde, entre tantas voces y tanto ruido, hay tantas mentiras que se distribuyen. Con esa premisa, es más difícil hacer competitivo un <strong>periodismo de calidad”.</strong></p><p>Por el camino, atrapado en esta dinámica de velocidad,  superficialidad y <strong>desinformación</strong>, el periodismo se deja incontables cosas interesantes que explicar, pues “las lógicas de la<strong> última hora </strong>impiden, precisamente, que imaginemos, soñemos y construyamos futuro a través de <strong>historias inspiradoras</strong>”. “Hay muchísima gente poniendo mucha energía en hacer del futuro y del mundo un <strong>lugar habitable a medio plazo</strong>, pues eso queda completamente opacado por la inmediatez”, lamenta, mientras avisa, además, de que las “corrientes <strong>utópicas </strong>o <strong>filosóficas" </strong>que tienen que ver con los sistemas que habitamos van a tener que materializarse con bastante rapidez, porque los <strong>colapsos </strong>ya están ocurriendo a nivel climático y económico: “Pero parece que hay que esperar a que todo haga <em><strong>crack</strong></em>”.</p><p>Para tratar de evitar este colapso, apuesta Hernand por el “<em><strong>follow the money</strong></em>” (seguir el dinero). “Es decir, hay que preguntar ¿de dónde vienen todas las conexiones?, ¿por qué se toman ciertas decisiones?, ¿cuáles son los <em>lobbies </em>que financian las cosas que impactan de forma directa en nuestra vida?”, plantea. “Hay que seguir preguntando ¿por qué, por qué, por qué? <strong>¿Por qué está usted pactando con Quirón?</strong> ¿Por qué se está privatizando? ¿Por qué tienen esta insistencia en la familia o en criminalizar a la persona migrante? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Hay que insistir mucho en esto”, remarca.</p><p>En este contexto, reconoce que “nos hemos acostumbrado a que no haya consecuencias” por mentir descaradamente, aunque puntualiza: “No es solo que <strong>mentir salga gratis</strong> porque, claro, a ver qué es verdad y qué no según a quien le preguntes, pero sí que nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo, y yo no soy nada <strong>punitivista</strong>, en el que las consecuencias se ven completamente sesgadas; o sea, <strong>está Pablo Hásel en la cárcel, pero no está Vito Quiles</strong>”, denuncia, para acto seguido agregar: “Hay todo el rato como una especie de <strong>ausencia de amparo</strong>, con lo cual la gente dice: ‘Si esto es lo que me ocurre si hago esto o lo otro, pues ya está, tiro millas”.</p><p>Por último, Hernand admite que la forma más peligrosa de censura en nuestro tiempo es la “<strong>autocensura</strong>” que llevamos todos en los teléfonos móviles, con los que han logrado instalar en nosotros una “<strong>autovigilancia</strong>” basada en el “miedo al <strong>ridículo </strong>y al<strong> juicio ajeno</strong>”. Es aquí donde aparece para aportar un poco de cordura y equilibrio, de nuevo, el buen periodismo, sin el que habitaríamos un mundo “más <strong>manipulable</strong>”, donde habría “unas <strong>hostilidades</strong>, <strong>violencias </strong>y <strong>desigualdades </strong>mucho mayores”.</p><p>“Yo estoy aquí porque soy <strong>hija de la educación pública</strong>. Mi situación cambiaría si no tuviese acceso, gratuito y público o también de pago según el caso, a una información veraz y de calidad que me permita tener espíritu crítico”, añade, antes de rematar: “El periodismo tiene mucha responsabilidad, pero estamos ante algo estructural, un <strong>Leviatán </strong>mucho más grande que nosotros, que está también en la educación en las aulas. La <strong>falta de tiempo que tienen los padres para educar</strong> a sus hijos en esa ciudadanía crítica es un <strong>fallo estructural tochísimo</strong>”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Aug 2026 04:01:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Inés Hernand: “Vivimos en un mundo de consecuencias sesgadas: Pablo Hasél en la cárcel pero no Vito Quiles”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Resistencia,Televisión,RTVE]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Nadie merece nada': por qué la izquierda necesita la meritocracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/nadie-merece-izquierda-necesita-meritocracia_1_2234859.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4ce7dcde-7837-401c-ba08-91bf3ab50fc5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Nadie merece nada': por qué la izquierda necesita la meritocracia"></p><p>La izquierda reniega de la meritocracia porque la ve como una coartada de los privilegios. Pero ¿y si esto fuera un error intelectual y estratégico? ¿Y si estuviera entregando a la derecha una de sus propias ideas más poderosas? </p><p><strong>Jahel Queralt </strong>sostiene que la izquierda no debe abandonar la meritocracia, sino rescatarla de sus versiones más simplistas. Para ello, propone desactivar la moral del éxito, cuestionar la identificación entre meritocracia y capitalismo, y reconocer que el azar tiene un peso en nuestras vidas mayor del que queremos creer.</p><p>Entre el ensayo y la autobiografía, <strong>infoLibre </strong>publica un adelanto exclusivo de <em>Nadie merece nada, </em>que llega a las librerías el <strong>16 de septiembre</strong> de la mano de <a href="https://www.anagrama-ed.es/" target="_blank" >Anagrama</a> y ofrece una defensa original de la meritocracia. Una que obliga a limitar las desigualdades, no a pesar del mérito, sino en su nombre.</p><p>________________________________________________________________</p><p>Cuando funciona, la meritocracia trae desclasa­miento, y el desclasamiento trae a veces algún tras­torno. Quienes se alejan mucho de sus orígenes hu­mildes pueden acabar renegando de ellos, como Julien Sorel, el héroe de <em>Rojo y negro</em>, que, al empe­zar a codearse con la alta sociedad, se esfuerza por ocultar que viene de pobre. </p><p>Esta especie de repudio de clase tiende a amplificar un sentimiento de ver­güenza muy anterior, tan anterior como el momento en el que uno adquiere conciencia del lugar del esca­lafón en el que vino al mundo. El instante en el que Pip, el huérfano de <em>Grandes esperanzas</em>, se da cuenta por vez primera de que sus manos son toscas y sus botas demasiado gruesas. En los peores casos, el re­pudio de clase se acaba traduciendo en desdén hacia quienes no pasan de los primeros escalafones. Sorel desprecia a los pobres, incluidos su padre y sus her­manos, porque los ve como inútiles que se empeñan en perpetuar su miseria. </p><p>Para otros, venir de pobre supone un orgullo igual de desnortado. Una especie de superioridad moral respecto a quienes vienen de rico fundada en la creencia de que la riqueza trabajada es más legíti­ma que la heredada. El rico nace o se hace. Pero los que <em>se hacen </em>insisten en que ellos tienen todo el mé­rito y los que <em>nacen </em>no tienen ninguno. Incluso tra­tan de convencernos de que haberse hecho ricos les da un derecho sobre el fruto de su trabajo muy supe­rior al que tienen quienes nacen ricos sobre aquello que tan generosamente les fue dado. Y, por ende, que la mano impositiva del Estado debe alcanzar antes al rentista que al esforzado hombre de negocios. Por­que nobleza obliga, pero destreza, no tanto.</p><p>Los desclasados también padecen una sensación de no pertenencia: de no conocer los códigos, de no haber leído lo que tocaba leer (o haberlo leído tarde), de haber viajado poco, de no saber exactamente dónde van los cubiertos, de haberse colado en una fiesta; de llevar unos zapatos que los delatan, como los de Pip. Un nuevo rico es siempre un rico de se­gunda. La sociología contemporánea ha descrito con precisión este fenómeno, pero cualquiera que haya vivido un salto de clase reconoce ese vértigo sin ne­cesidad de aparatos conceptuales. Porque, aparte del dinero, se heredan otras cosas. </p><p>Dice <a href="https://www.infolibre.es/cultura/mirada-intimidad-juan-marse-desleido-desencuadernado-descatalogado_1_1194822.html"  >Juan Marsé</a> que los ricos heredan la «sonrisa perenne» y los po­bres «dientes roídos, frentes aplastadas y piernas torcidas». Cada vez es menos así. Pero los ricos si­guen heredando seguridad en sí mismos, <em>savoir fai­re </em>y otros intangibles útiles. Lo percibo cada año en mis alumnos. Y lo ven los encargados de las entre­vistas para ser admitidos en Oxbridge —Oxford y Cambridge, para entendernos—, en las que la pro­nunciación de los candidatos se convierte en un GPS muy fiable en el mapa de las clases sociales. </p><p>No siento ni orgullo ni vergüenza de mis oríge­nes. Los míos, como los de cualquiera, son acciden­tes biográficos, nada más. Pero sí que he tenido más de una vez la sensación de haberme colado en una fiesta con los zapatos equivocados. Como la primera vez que fui a Oxford a conocer a uno de mis mento­res, Gerald A. Cohen —Jerry para todo el mundo—, una figura prominente del marxismo analítico. Era primavera de 2007: yo estaba empezando mi tesis doctoral y él en el último tramo de su trayectoria académica. Recorriendo los pasillos laberínticos de All Souls, el más elitista de los <em>colleges </em>oxonienses, viendo todos esos retratos, grabados y tumbas ilus­tres, mientras ensayaba qué le diría, excitada y te­merosa, me sentía realmente como una hormiga a punto de ser aplastada por el peso del conocimien­to, la tradición y el privilegio. Hasta que Jerry me abrió la puerta y con un gesto excéntrico, casi pue­ril, me pidió que, antes de hablar de mis cosas, le ayudase a traducir «¡Ay, Carmela!» y otras cancio­nes del bando republicano que sonaban en un ra­diocasete en aquel despacho oscuro que había sido de Isaiah Berlin. </p><p>Me sentí tan cómoda que bajé la guardia y cuan­do luego fuimos a comer con el resto de los <em>fellows</em>, en medio de una explicación desordenada sobre po­líticas universitarias, terminé diciendo: «You do this in Spain and you are totally FUCKED». No me di cuen­ta de las miradas cruzadas, las cejas levantadas y los carraspeos de los comensales. Nada. Solo fui cons­ciente de mi atropellado debut más tarde. Fue cuan­do, sin querer, derramé el café sobre una de esas al­fombras centenarias que adornan el lugar, y Jerry, viendo que no sabía dónde meterme, se acercó son­riendo y me susurró: «Tranquila, no es lo peor que has hecho hoy». Silencio. «Nunca había oído a nadie decir la <em>F-word </em>en esa mesa». Silencio. La <em>F-word</em>. El riesgo de aprender inglés con <em>The Wire. </em>Seguí sin sa­ber dónde meterme durante un buen rato, hasta que él me invitó a volver en otoño para asistir a sus semi­narios, y nos despedimos con un abrazo.</p><p>Algún tiempo después, en un evento académico, se me acerca alguien por detrás y me pregunta: «¿Eres la chica que dijo “fucked” en el comedor de All Souls?». «Sí, soy yo, una perra de siete leches des­clasada, aquí me tienes», quise decir. Pero en esa ocasión mi inglés precario me protegió y mi respues­ta se quedó en un: «Yes, I am».</p><p>Escribo este libro pensando en todas las perras de siete leches por desclasar, en las niñas, y los ni­ños, que han heredado el <em>non-savoir-faire</em>, en los que alguna vez se han avergonzado del oficio de sus padres, en los que aprenden inglés con las series de Netflix porque no hay academia, en los que empie­zan a darse cuenta de que tampoco hay colchón. Chicas, chicos: fuera del crimen, la lotería o el bra­guetazo, solo podréis prosperar si conseguimos dise­ñar nuestras instituciones para asegurar que vuestro punto de partida no determine el de llegada. Si cum­plimos la promesa meritocrática y os permitimos jugar vuestras mejores cartas. </p><p>Porque con la merito­cracia, tan denostada estos días, pasa lo mismo que con la democracia: es el único juego posible. El pro­blema es que hay demasiada gente haciendo tram­pas. Tanta que hemos llegado a convencernos de que no vale la pena seguir jugando, mientras ellos se adueñan de la partida.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Aug 2026 04:01:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jahel Queralt]]></author>
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