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Política ficción

Mario Martín Lucas Publicada 21/12/2015 a las 11:49 Actualizada 21/12/2015 a las 12:12    
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A seis días de las elecciones del 20-D, quien alardeaba de su previsibilidad, mostró su vulnerabilidad, acusando el golpe del oponente del que menos se lo esperaba. El manual de campaña del candidato demoscópico preveía que al recibir un ataque personal, debería haber sobrevolado la situación, para poner distancia sobre la descalificación y el foco sobre sus propios argumentos, pero no, fue más terrenal de lo que le gusta presumir y entró de lleno en el cuerpo a cuerpo sobre el barro.

Tampoco supo ganar la iniciativa… ¿alguien tenía alguna duda de que el flanco más débil del candidato popular era la corrupción?, sin embargo si Mariano Rajoy hubiera empezado su primera alocución mirando a la cara a todos los españoles, a través de las televisiones, y hubiera reconocido la especial incidencia de ese problema en su formación política y en su propia credibilidad, al menos hubiera mostrado una mínima asunción de responsabilidades, pero no, ello no sucedió.

Sin embargo, unas horas después de esa falta de empatía con la sociedad española, supo encajar el puñetazo que sufrió en su ciudad natal, Pontevedra, con frialdad y total racionalidad, más allá de que quien se lo propinó fuera miembro de una familia muy cercana a su entorno personal. La gestión de ese incidente, con seguridad, ha sido lo mejor realizado por el señor Rajoy y su partido en campaña electoral, tanto como para que en las horas previas a este 20-D, sobrevolase el efecto Berlusconi, rememorando los siete puntos de popularidad que recuperó Il Cavalieri tras ser víctima de una agresión, en 2009, en la plaza del Duomo de Milán.

Por más que sorprenda la facilidad con la que el agresor del candidato popular llegó hasta él, superando controles de seguridad y la presencia de escoltas, públicos y privados, nadie podría imaginar que lo ocurrido no fuera más que un incidente, sólo voluntad del menor de edad, cuya víctima anticipó, rápidamente, su decisión de no presentar ninguna denuncia sobre él.

Con frecuencia se desliza en nuestro razonamiento la sensación de dualidad irreal entre lo que se presenta ante nuestros ojos y lo que realmente ocurre, así asistimos a la retransmisión televisiva, en horario prime time, de la detención de Rodrigo Rato, para luego quedar en libertad sin medidas cautelares o preguntarnos qué pasó con Jordi Pujol tras declararse como un evasor un fiscal, ¿fué detenido?, ¿está imputado?, ¿se le juzgará?.

Hoy 20-D, mientras van deslizándose los resultados de estas elecciones generales parece abrirse un nuevo tiempo, un tiempo de política de pactos, de consenso y de menos política ficción, las mayorías absolutas son un caldo de cultivo para imponer realidades que no lo son, aspiramos, entre otras cosas, a que un detenido, más allá de la presunción de inocencia, sea sometido a las pertinentes medidas cautelares hasta que la investigación se sustancie en el oportuno juicio, la regeneración que precisa España, pasa por la ejemplaridad y no sólo por penas de telediario.




Mario Martín Lucas es socio de infoLibre




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