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Los libros

'Los buenos amigos': huida hacia delante

  • Esta novela es un implacable repaso a nuestro pasado colectivo y también una espada en alto, una conciencia clara del pasado personal de cada uno
  • Sixto conoce a Juan y a Vicente con los que estrechará los lazos donde la amistad y la familia se anudan disipando fronteras

Sonia Asensio Publicada 03/03/2017 a las 06:00 Actualizada 02/03/2017 a las 20:04    
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Los buenos amigos
Use Lahoz

Destino
Barcelona

2016

En el título va recogido casi un lema vital, la amistad. Use Lahoz nos recuerda, en palabras de Rafael Chirbes (Paris-Austerlitz), que “hay que tener tanto cuidado en elegir con quién te juntas”, aunque no pensemos nunca en el cuidado que los demás deberían poner al arrimarse a nosotros, tan destartalados a veces.


Sixto Baladia quedó huérfano a los ocho años tras un terrible accidente familiar que marcará su vida. Su hermana Abril será criada por unos tíos y él tendrá que ir a un orfanato al que llevará tan sólo tres o cuatro mudas, cubiertos de alpaca y un colchón. Los cubiertos de alpaca tendrá que lavarlos todos los días.  Y todos los días tendrá que hacerse la cama.  En este hospicio regentado por monjas que también viven casi de la caridad en los oscuros años cincuenta, Sixto conoce a Juan y a Vicente con los que estrechará los lazos donde la amistad y la familia se anudan disipando fronteras que suavizan una realidad tremendamente difícil, demasiado dura para una infancia árida alimentada de sueños y de hambre. Del hospicio se llevará “un ardiente deseo de desquite que iba a instruir para siempre su genio” y la vaga idea de una huida hacia delante que impedirá sanar las grietas por donde las mezquindades del pasado se nos cuelan sin previo aviso.

Vicente Cástaras será su mejor amigo, su hermano. El compañero mayor que lo protege y lo ayuda, que lo instruye en la supervivencia del orfanato, un chaval que baila swing sin rubor y que cuida del pequeño Sixto hasta la salida de ambos a la vida real. Una vida que se construye cada uno de manera tan distinta y por tan diferente camino. Una vida que les permitirá encontrarse para situarse uno en frente del otro cuando ya las calles de Barcelona han cambiado los nombres de un régimen largo y tenebroso. Sombrío como los lugares reales o inventados en los que crecen Sixto y Vicente, Los Monegros, la playa de Las Negras, la Alpujarra, la sequía, el sitio de donde escapar o al que se decide no volver. Aquel sitio donde Benigno, el tío de Sixto se preguntaba si Dios no existe, donde se repetía a sí mismo que “no debe de haber Dios”…

En medio, una monja, la hermana Lucía, que también tiene un pasado y un futuro que transita aletargada al lado de Vicente. Tres nombres, Lucía, Vicente y Sixto, que se acunan en una infancia alejada del paraíso que debiera ser y que digieren el presente reconcomidos por un pasado que, o bien no olvidan o bien pretenden negar. Negar para seguir.

Porque en realidad y a pesar del título, estas magníficas páginas, esta historia trabada con música de cámara, “la noche empezó a descoserse en minúsculos pespuntes de luz”, con apuntes de poeta que erizan el vello de quien leyó aquellos versos, “uno no puede cansarse de mirar lo que no se cansa de esperar”, con frases que te aturden por sabidas y familiares: “Que en esta vida se puede ser cualquier cosa, incluso asesino a sueldo, cualquier cosa menos desagradecido.  Que no se te olvide”. Esta novela, al fin y al cabo, es un implacable repaso a nuestro pasado colectivo y también una espada en alto, una conciencia clara del pasado personal de cada uno, ese que viene a veces y echamos, que relegamos, que ahuyentamos y expulsamos en una conjura incierta que llamamos presente o futuro. Un espejo amargo, roto en alguna esquina por el resentimiento, que regresa para aturdirnos cuando menos lo necesitamos.

Use Lahoz ha escrito un relato soberbio. Enoja la idea de cerrar el libro cuando las penosas obligaciones te exigen su tiempo. Sixto, Vicente, Lucía y Barcelona. La ciudad como travesía en la que se reencontrarán los personajes, la ciudad que llevó promesas de prosperidad. La ciudad que será la única que custodie tantos secretos, tanto dolor que “puede trastocar la brújula” e indicar el norte más espantoso. Los buenos amigos es, de veras, una novela extraordinaria.

*Sonia Asensio es profesora de Literatura. 

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