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Luces Rojas

La crisis griega y el emperador desnudo

Publicada 22/06/2015 a las 06:00 Actualizada 22/06/2015 a las 09:09    
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El tratamiento que la mayoría de la prensa está dando al caso griego, para satisfacción de las “instituciones” antiguamente conocidas como Troika, y de la práctica totalidad de los gobiernos de Europa, se asemeja en algunos aspectos al cuento del emperador desnudo. En el cuento, todos los súbditos, pese a que veían perfectamente que el emperador no portaba ropa alguna, elogiaban con gran alharaca los ropajes del soberano. por miedo al ridículo, a algún tipo de represalia, o a ambos. En la Europa actual, tenemos una prensa que, pese a que es un hecho constatado que la austeridad no sólo ha sido ineficaz en Grecia, sino que ha sido claramente dañina (el FMI ha admitido que las políticas impuestas han fracasado en más de una ocasión), se empeña en mantener una serie de falsedades que, repetidas una y otra vez hasta la saciedad, terminan logrando un grado de confusión de la opinión pública muy importante.

Existe un consenso en cuanto a que el “rescate” griego fue en realidad un rescate a la banca acreedora del gobierno griego, fundamentalmente francesa y alemana. No en vano, como señalaba Josep Borrell recientemente en Alternativas Económicas, de los 227.000 millones de euros prestados al Tesoro griego hasta abril de este año, 194.000 salieron casi inmediatamente del país para abonar intereses o el principal de la deuda. Para devolver el mayor préstamo soberano de la historia, la troika decretó que Grecia debía recortar, recortar y recortar su gasto: el leitmotiv del programa era la “austeridad expansiva”: una idea según la cual los recortes de gasto público, de una dimensión sin precedentes y efectuados en medio de una depresión económica, no sólo no contraerían más la economía sino que –de un modo casi mágico- generarían crecimiento. Como ya había quedado sobradamente demostrado en las décadas de 1920 y 1930, no es así y el caso griego no ha sido una excepción: la contracción acumulada del PIB desde 2009 hasta ahora es del 22%, similar a la que han sufrido algunas economías tras perder una guerra.

Sin embargo, el tratamiento mediático que se está dando a la crisis griega en Europa está logrando que la ciudadanía europea no se cuestione la gran contradicción de que, pese a que la austeridad lleva 5 años fracasando, la única receta admisible para Grecia sea seguir con la austeridad. Otra jugada habitual es señalar como “tramposo” al gobierno de Tsipras (lo que es ciertamente curioso, dado que el principal punto de su programa electoral era renegociar la deuda y los rescates, con el objetivo explícito de terminar con la austeridad); también llama la atención que, en el contexto de un país que en su pasado reciente ha tenido gobiernos que han llegado a falsear la contabilidad nacional, el gobierno al que se señala como tramposo sea precisamente el de Syriza.

El tratamiento mediático habitual se concreta en afirmaciones de este estilo: “Los gobiernos griegos, bajo presión de la Troika, han reducido un poco el número de funcionarios, pero a continuación el gobierno de Syriza los ha recontratado, lo que demuestra que los griegos se niegan a hacer reformas”. La realidad, como puede comprobarse en este informe de la Comisión Europea, es que el gobierno griego ha pasado de tener 907.351 funcionarios en 2009 a tener 651.707. ¿En serio la opinión pública europea debe aceptar que despedir a uno de cada cuatro funcionarios ha sido una “pequeña reducción”? Respecto al supuesto cambio de rumbo desde la llegada de Syriza, el total de nuevas contrataciones está por debajo de las 15.000 personas: es decir, que se ha recontratado a menos del 6% de los despedidos.

Otro lugar común de la prensa, más frecuente aún en el norte de Europa, es afirmar (con eufemismos) que “el pueblo griego, además de vago, es blando, y no tiene la capacidad de asumir los necesarios recortes que se le prescriben”. Este tipo de afirmación, no exenta de tintes racistas, a la que nos hemos ido acostumbrando tras 5 años de crisis del euro, es de nuevo rotundamente falsa: Grecia ha pasado de tener un déficit fiscal del 15,6% del PIB en 2009 a un 2,5% en 2014 (y todo apunta a que este año el déficit va a ser aún menor). Una reducción del déficit de este calibre en un plazo tan corto, y más en un contexto de depresión económica con fuertes caídas del PIB año tras año, es un hito prácticamente sin precedente histórico. La única manera de reducir el déficit en una situación de ese tipo es recortando indiscriminadamente el gasto público, que es por supuesto lo que se ha hecho, con consecuencias ampliamente documentadas en su día, pero ya convenientemente olvidadas.

Algo similar sucede con el mercado laboral: pese a que la desregulación impuesta por la troika ha llevado a que los salarios reales hayan caído un 25%, y bajando, desde su máximo en 2010, sigue existiendo un coro mediático e institucional que repite una y otra vez que Grecia se niega a aplicar reformas. En lo relativo a las pensiones, se afirma que no se ha reformado nada, lo que de nuevo es falso.


Negociando de mala fe

Ya en febrero de este año, Tsipras envió a Bruselas un equipo negociador con una propuesta de renegociación de la deuda coherente con su programa electoral, que incluía canjes de bonos y no se negaba a seguir con la mayoría de privatizaciones planteadas; no ha sido la única propuesta (por ejemplo, ver aquí). Sin embargo, parece que nunca es suficiente: aparentemente el conflicto se ha desencadenado por las líneas rojas que ha marcado el gobierno griego: las pensiones, la (enésima) reforma del mercado laboral y el tamaño de los superávits primarios. ¿Cómo es posible que, solamente por dar una pequeña vuelta de tuerca adicional a unas reformas que ya se han hecho con creces, las instituciones europeas y el FMI estén dispuestos a permitir una crisis que puede igualar en impacto, o incluso superar, a la que desató la quiebra de Lehman Brothers en 2008? La respuesta es que las instituciones no quieren negociar: los gobiernos europeos se niegan a hacer concesiones a Grecia que posteriormente tendrían que votarse en sus parlamentos nacionales, porque eso probablemente les generaría una importante oposición interna. El FMI parece que últimamente también se niega a dar su brazo a torcer, por razones bastante inexplicables ya que en 2010 abogaba por precisamente lo contrario: un default griego.

Llegados a este punto, parece que la estrategia de las instituciones consiste en convencer a la opinión pública de que están intentando negociar, pero que es el intransigente y tramposo (sic) gobierno griego el que se niega a hacer ninguna concesión. Es decir que las negociaciones en sí son una farsa, al menos desde el lado de las instituciones. El tiempo corre en contra de Atenas y, además, el BCE tiene la capacidad de destruir la banca griega mañana mismo si así lo estima conveniente, retirándole el acceso al programa de liquidez de emergencia (ELA).


¿Qué opciones tiene Atenas?

El gobierno griego podría ceder, pero no parece que eso vaya a suceder. También podría convocar un referéndum para consultar su estrategia a la ciudadanía, pero dado que actualmente ostenta un apoyo popular incluso mayor que el que le llevó al poder, esa opción está descartada. Hace unos días, el columnista del Financial Times Wolfgang Münchau estimaba que, si el gobierno griego aplica el nuevo programa que le propone la Troika, el PIB griego se contraerá en 4 años un 12,6% desde su nivel actual. La alternativa es una salida del euro plagada de incertidumbres, sobre todo en el corto plazo, pero que al menos no constituye un suicidio político garantizado.

Recordaba Münchau una cita de Churchill: “la embriaguez, a diferencia de la fealdad, es un estado que desaparece en unas horas”. El escenario de austeridad perpetua es feo, y lo seguirá siendo, mientras que con el segundo escenario, tras una resaca potencialmente dura, terminará llegando la sobriedad. Alemania y Francia se exponen a perder 160.000 millones de euros si Grecia impaga toda su deuda. Sin embargo, el tándem Berlín-Bruselas-Frankfurt parece dispuesto a romper todas sus promesas de irrevocabilidad del euro (con los enormes riesgos que ello conlleva), a cambio de quitarles unas migajas más a los pensionistas griegos. Si se quieren ponderar las frecuentes afirmaciones de que una salida del euro por parte de Grecia sería manejable, conviene recordar la confianza que mostraba el secretario del Tesoro de EEUU Henry Paulson, cuando en septiembre de 2008 afirmaba que iba a dejar quebrar a Lehman Brothers para dar “una lección” a los mercados.





Lucas Duplá es analista financiero. Licenciado en economía en la Universidad Complutense y máster en finanzas cuantitativas por la Escuela de Finanzas Aplicadas (AFI).


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