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La Grieta

Un 'big data' emocional

  • El estudio barcelonés Domestic Data Streamers trabaja para transformar los macrodatos en experiencias comprensibles para el ciudadano
  • Richard Saul Wurman, quien acuñó el término arquitectura de la información, decía que «solo somos capaces de entender aquello que tiene relación con lo que ya conocemos»

Leticia Ybarra (La Grieta) Publicada 12/04/2017 a las 06:00 Actualizada 19/04/2017 a las 15:05    
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'Food Waste'

'Food Waste'

Domestic Data Streamers
Más del 90 % de los datos que existen a día de hoy han sido creados durante los dos últimos años y el 99,9 % de estos han surgido en un entorno digital. Los datos moldean nuestra realidad y gracias a ellos podemos aprender más sobre nosotros mismos y lo que nos rodea. Infografistas y periodistas se han volcado en descifrar estas cantidades masivas, lo que conocemos como Big Data. Sin embargo, en este entorno digital, hasta los datos más dispares se representan simbólicamente de la misma manera, por lo que son incapaces de transmitir un mensaje comprensible.

Richard Saul Wurman, quien acuñó el término arquitectura de la información, decía que «solo somos capaces de entender aquello que tiene relación con lo que ya conocemos». La actual representación de datos no está teniendo en cuenta las relaciones de este tipo que existen entre las personas y el consumo de información. La realidad cada vez es más compleja y exige nuevos lenguajes que tengan en cuenta la distancia entre los datos en sí mismos y lo que puedan llegar a transmitir según el caso.

Para que las personas vuelvan a reconectar con lo que está pasando, para volver a dar valor y significado a los datos, surgen los Domestic Data Streamers (DDS). Desde 2013, este estudio barcelonés se dedica a transformar datos crudos en experiencias. Para articular estos nuevos lenguajes capaces de representar los datos de forma comprensible, los DDS recurren a disciplinas aparentemente tan alejadas de la estadística y los números como pueden ser el arte y el diseño. El siguiente paso ya no son las infografías sino las infoexperiencias.

Hablamos con Axel Gasulla, uno de sus miembros.

PREGUNTA: La historia de la visualización de datos es casi tan antigua como la de la escritura. A partir del XIX surgen gráficos y mapas (gráficos de barras, gráficos circulares, histogramas, diagramas de dispersión, gráficos de contornos etc). Los primeros pioneros de la visualización de la información trataban de seguir a Edward Tufte, quien decía: «Por encima de todo, mostrar los datos». Sin embargo, aún habiendo tenido lugar una revolución en el mundo de la información no parece que haya evolucionado mucho la forma de representarla. ¿Qué problemáticas acarrea esto?

RESPUESTA: No ha habido una evolución pero sí que empieza a haber una preocupación, cosa que antecede a una evolución. Todas estas herramientas que has mencionado se utilizaban para trazar información que estaba sobre todo en manos del poder, al que básicamente le preocupaba la economía y la demografía. A día de hoy se siguen utilizando las mismas pero para hablar de información totalmente distinta, es decir, para tratar temas relacionados con la vida humana como son las muertes, los nacimientos, las enfermedades, nuestro día a día o nuestras emociones. Por lo que sí que tiene que haber obligadamente una evolución, ya que no es justo que demos el mismo tratamiento a las temperaturas del fin de semana que a los muertos que hay en el mediterráneo por la crisis de refugiados. Estamos ante un problema muy grave de comunicación social que pone en evidencia la falta de herramientas para explicar a través de datos que las cosas tienen una importancia y una relevancia distinta.

Y como esta manera establecida de representar datos no obedece a un criterio humano con el que la gente esté de acuerdo, ya empieza a haber cambios y tenemos el deber social de llevarlos a cabo. Me sorprende que con todos los expertos y el trabajo que hay en el campo de la comunicación, les haya costado tanto darse cuenta de su función en esto. Estaban tan enfocados en la veracidad del mensaje que se ha olvidado el hecho de entender el impacto que genera.

No soy periodista, no tengo background en esto, pero creo que es algo que hay que entender desde otra esfera, desde un enfoque mucho más emocional. Hay que abrir nuevos campos de investigación en los que se analice la relación entre la forma en la que se emite el mensaje y cómo se recibe en cuanto a datos, porque ahora vamos cada vez más hacia esto, a explicar las cosas a través de datos. Además de que es la forma más democrática que hay de explicar algo. Para mí, una narración de datos espectacular es un partido de fútbol: al final te están dando un resultado que únicamente consta de dos números, pero todo lo que se mueve emocionalmente a través de estos dígitos es espectacular. ¿Por qué no intentamos hacer lo mismo con lo que de verdad afecta a la humanidad?
 
P: Nuestra cabeza no es capaz de generar diferencias entre cifras muy altas. Stalin decía que una muerte es una tragedia, un millón de muertes es tan solo una estadística. ¿Qué sucede cuando al mostrar datos adoptamos metáforas visuales en lugar de recurrir a las estrategias de presentación de texto y gráfico más tradicionales? ¿Cómo se relaciona esto con el concepto de distancia de percepción?

R: La diferencia entre pequeñas y grandes cifras creo que reside en algo tan sencillo como es la habituación. Nosotros no estamos acostumbrados a saber qué son millones y millones de euros, pero pregúntale a un broker y sabrá perfectamente la diferencia entre dos cifras muy altas. En cuanto a la cita de Stalin, no se refiere tanto a la percepción de la cifra sino a la capacidad que tiene uno de empatizar con esta. Para mí es muy fácil empatizar con la historia de una sola persona, pero me es imposible en el tiempo que yo puedo tardar en hablarte de tres millones de muertos que tú puedas dimensionar esto, que puedas dimensionar la historia que hay detrás de cada una de esas personas. No se genera un vínculo ya que no me puedo vincular con tres millones de personas de golpe. En cambio, si estos millones de personas están representados con algo que tiene que ver conmigo se puede generar una empatía. En uno de los pabellones del campo de concentración de Auschwitz guardan el pelo de los últimos miles de víctimas. Los nazis lo utilizaban para hacer uniformes militares y cuando llegaron los aliados lo dejaron como muestra de lo ocurrido. Al enfrentarte a esta realidad se te olvidan todos los libros de historia, todas las clases, todos los números, todo lo que sabías al respecto. Esto trasciende muchísimo más. Es una forma espectacular —aunque realmente trágica— de explicar una información, ya que se genera una conexión muy bestia porque hay algo allí que te está emitiendo un mensaje relacionado contigo. Entonces un millón ya no es un número que tienes que hacer esfuerzo por entender, esfuerzo que seguramente vas a evitar por el desgaste emocional que implica; nuestro cerebro inconscientemente nos dice «no vayas por ahí porque te vas a derrumbar». Ese es el reto: conseguir que las cifras generen una empatía, que tengan una carga simbólica, ya sea a través del arte, del diseño, de la infografía o de todos los elementos visuales y experienciales que puedan contribuir a ello.

P: Y eso es lo que salvaría la distancia de percepción.

R: La distancia de percepción nunca la vas a llevar a cero porque, a mi forma de entender, tendrías que hacer que la persona reviviese todas las historias. Pero sí que la reduces, ofreces herramientas para que esto sea así.

P: ¿Es el entorno digital el mejor para representar estos datos?

R: No, pueden estar ahí representados pero para comprenderlos seguro que no. Hay que bajar a lo emocional, y lo digital siempre ofrece una distancia. Yo puedo estar comiendo mientras veo en las noticias cómo están tirando una bomba en un colegio. Si no lo estuviese viendo a través de la pantalla te aseguro que se me pararía todo. Lo digital genera una distancia gigante, hasta el punto que nos permite esa frialdad.
 
P: Normalmente recibimos la información en forma de monólogo, sin que haya interacción por parte de las personas. En vuestro proyecto Sand Falls, que llevasteis a cabo en el marco de la exposición Big Bang Data en el CCCB, pusisteis unas cámaras de movimiento en una sala en la que había cinco obras. Estas captaban la cantidad de tiempo que un individuo pasaba observando cada pieza. Los visitantes no eran conscientes de ello hasta que llegaban al final de la exposición, donde estos datos se visualizaban en tiempo real representados por cinco relojes de arena. Entonces entendían que aquellos eran sus propios datos e, influenciados por esta nueva capa de información, volvían atrás para ver otra vez aquellas obras que la gente había visto durante más tiempo. Por lo tanto, esta visualización fue capaz de cambiar el comportamiento humano. ¿Cómo se relaciona esto con el concepto de infoexperiencia?

R: Cuando quieres cambiar el comportamiento de una persona hay un momento que se llama inconscientemente incompetente, que quiere decir que no tiene consciencia, que ese comportamiento no existe. Por ejemplo, una persona que va a sacarse el carné de conducir, antes de subirse a un coche verá a alguien conducir y pensará que no es tan difícil. Después, cuando se suba por primera vez en el coche tomará conciencia de todo lo que tiene que tener en cuenta y empezará a ver que es mucho más complejo. Ahí pasa a otra fase, a la de conscientemente incompetente. Después pasará a otra, a la de conscientemente competente, en la que pondrá todo su esfuerzo en poder conducir y moverse bien. En toda esta fase él va viviendo y experimentando una realidad de la que no era consciente, y al final pasará a ser inconscientemente competente, es decir, ya conducirá sin pensar mucho en lo que está haciendo e incluso podrá ir escuchando la radio o cantando una canción.

Lo que hicimos en el CCCB fue explicar a la gente cúal había sido su comportamiento, llevándoles a una fase de cambio comportamental, de conducta. Esto es muy interesante, porque a través de reflejarle al visitante cómo se está comportando puedes hacer que empiece a reflexionar sobre su propio comportamiento, sino no existiría esa reflexión. Por lo tanto, también lo considero una infoexperiencia, ya que una persona ha empezado a vivir su propio comportamiento a través de su información y la de los demás. ¿Qué impacto tiene esto una vez se acaba el experimento? No lo sé porque no lo podemos medir, pero creo que ya te hace abordar la siguiente exposición de una forma distinta, pues has tomado conciencia de que tu comportamiento decide cómo es la exposición. Creo que esto va a tener una trascendencia importante en muchos campos, el hecho de que alguien sea consciente de su propio comportamiento a través de una infoexperiencia.



P: ¿Qué tiene que ver Domestic Data Streamers con las prácticas de participación ciudadana?

R: El primer proyecto que llevamos a cabo buscaba generar un diálogo en un espacio público. Es decir, no queríamos ofrecer un discurso sino que fueran las personas que se acercaban a la instalación las que lo dirigieran. Nosotros únicamente poníamos en la plaza las herramientas necesarias para que se estableciera el discurso. Es cierto que aún no hemos tenido la suerte de hacer intervenciones de gran alcance en el ámbito público que involucren a millones de personas, pero creemos que esta forma de pensar y afrontar problemas puede aportar soluciones sociales, por lo que hay una parte muy importante de Domestic Data Streamers que busca alcanzar esto.

Una de las cosas, por ejemplo, que nosotros tenemos mucho en la cabeza es en relación al consumo de agua: llevamos bastante tiempo explorando la forma de conseguir que la gente sea consciente de cómo se está consumiendo y de sus hábitos al respecto. Ahora vamos a empezar un proyecto con la Agencia Catalana del Agua en el que queremos hacer una primera exploración de esto.

P: El déficit de datos es uno de los peores enemigos en la lucha contra la pobreza. ¿Podéis hablarnos de Making visible the invisible, vuestro proyecto junto a Unicef?

R: Unicef nos propuso el reto de hacer ver la importancia que tiene comprender la realidad de un país a través de los datos — siempre hablando de la infancia— porque si podemos dibujar una realidad con datos podemos saber si hay un problema. Una vez que identificas el problema ya puedes centrarte en las soluciones, pero si no tienes esos datos es como si el problema no existiese. UNICEF nos pidió una forma nueva de transmitir la importancia de esto a los líderes de estado y es en lo que nos hemos centrado. Podríamos haber hecho un reporte súper guay o mil eventos, pero al final pusimos todas nuestras fuerzas en que todo el mundo que pasara por la instalación sintiera que tenía un compromiso con el que trabajar durante un tiempo, para que entendiera que eso iba a solucionar un problema.
 
P: Habéis dado conferencias en Berkeley y en oficinas de Google o Dropbox. Vuestro equipo está compuesto por un grupo muy heterogéneo de personas. ¿Creéis que ahí está la clave de vuestro impacto? ¿En la capacidad de poner en común arte, diseño y tecnología?

R: Para nosotros el fin es el pensamiento de las personas, su comportamiento, igual que lo es para una agencia de comunicación, para un diseñador o para cualquier disciplina que al final diseña un mensaje o diseña un comportamiento. Siempre buscamos que la información que nosotros trabajamos parta de un problema relativamente complejo.

Para abordar esto, la mejor forma que hemos encontrado es trabajar todo aquello que al ser humano le interesa. Al ser humano le interesa el arte porque tiene un mensaje críptico y hay un deseo de comprenderlo; a la vez le interesa lo estético, que va muy vinculado al arte; le interesa una solución, que es lo que tiene relación con el diseño; y, sobretodo, en muchos casos tiene una fascinación tecnológica. Todas estas características las encontramos en muchas disciplinas: en nuestro equipo hay desde un ingeniero civil, una ingeniera mecánica a gente que viene del mundo diseño, del ámbito social, de la antropología o de la psicología. Dentro del diseño intentamos trabajar con cualquier fuente de conocimiento, con cualquier experto que nos ayude a encontrar una solución. Si hiciese falta trabajar con búhos pues trabajaríamos con búhos si es lo que necesitamos para solucionar el problema. En mi caso, viniendo de la psicología, he experimentado un cambio personal brutal al trabajar y comprender cómo solucionan los problemas los diseñadores, cómo se abordan desde el campo artístico o desde los métodos de la ingeniería. Creo que ahora soy mejor psicólogo que antes. Con cuantas disciplinas más vamos a trabajar no lo sé, ya lo veremos.

P: ¿Algún consejo para lidiar en nuestro día a día con el exceso de información?

R: En mi caso no he conseguido lidiar bien con él, soy víctima. Supongo que el orden. No lo dice la personas más ordenada del mundo pero sí que veo que las personas organizadas tienen más capacidad de analizar la información, incluso el exceso de información en un entorno más complejo. Los grupos y las categorías nos permiten simplificar las cosas, hay que permitir pasar a un reduccionismo de la información, pero es un reto personal.

Te recomendamos esta conferencia en inglés de Pau García (Domestic Data Streamers) en el  I Am Internet Weekend.

 

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Leticia Ybarra es cofundadora y editora de Letras en La Grieta.

 
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