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Nacido en los 50

Cuando la vida tiene precio urge otro modelo

Publicada 13/01/2015 a las 06:00 Actualizada 13/01/2015 a las 00:01    
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Los partidarios y promotores de eso que llaman colaboración público privada, también llamada PPP (Public Private Patnership), han tocado techo. Bajo esa lógica de cooperación que adquiere múltiples formas se esconde también la cesión por parte de la Administración de todo aquello que pueda enriquecer a las grandes empresas en detrimento del bolsillo de los ciudadanos.

Resulta obvio pensar que la iniciativa empresarial sólo “colaborará” con la Administración en aquellos proyectos en los que obtenga beneficio, claro, pero el rédito que obtiene la Administración en esos proyectos, puesto que de colaboración se trata, es más complicado de entender y, en cualquier caso, esa colaboración debería tener un límite, alguna línea roja.

Yo vengo de un mundo donde los grandes descubrimientos científicos pasaban a ser patrimonio de la humanidad al instante. Gracias a ello, muchos de los que defienden a ultranza desde la política y los medios de comunicación la falta absoluta de control por parte del Estado en los negocios irían con muletas a trabajar por no haber tenido acceso en su día a la vacuna de la polio, o no habrían sobrevivido a enfermedades como la viruela, actualmente erradicada, o a infecciones que hoy no suponen el menor riesgo gracias a los antibióticos. ¿Alguien se imagina el precio que podría haber alcanzado en el mercado negro la penicilina si su uso no se hubiera universalizado?

Recuerdo ahora la película El tercer hombre, luego convertida en novela, de Graham Greene, donde el malvado Harry Lime se dedicaba, precisamente, a eso, a hacer negocio con la precaria salud de los austriacos en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial vendiendo medicinas en el mercado negro. Se consideraba entonces el más execrable de los crímenes.

Ahora es un negocio legal. En la moral del siglo XXI es guay. Nadie duda del legítimo derecho en una sociedad llamada de libre mercado a obtener beneficios de una inversión, pero la falta de intervención del Estado en favor del interés general o, mejor dicho, la intervención del Estado para procurar el máximo beneficio a la industria farmacéutica, que en Estados Unidos quita y pone presidentes a través de eso que llaman lobbies, que no es otra cosa que la compra de voluntades desde el mundo del dinero, ha llegado a convertir en cotidiano, a legalizar de hecho, la especulación criminal, dicho en el sentido más literal del término: una especulación que mata. Que priva del recurso necesario para seguir viviendo al que padece una enfermedad crónica. Me refiero, como muchos habrán comprendido, a la hepatitis C. Llamo especulación criminal a lo que sucede porque el precio al que se vende el fármaco nada tiene que ver con la inversión realizada en la investigación para su descubrimiento, sino con la efectividad del mismo y la exclusividad de una marca a la hora de ponerla en el mercado que no deja elección posible. Si tienes dinero, te salvas. Si no, te mueres. Así de sencillo. Esa es la filosofía. Es la ley del libre mercado. Es el paradigma de los que pregonan que la intervención de Estado en la regulación del mercado es un atentado contra la libertad y una forma perversa de totalitarismo. Para los neoliberales es un dogma.

Según varios informes, ya se habría amortizado con creces el gasto en la investigación del fármaco. El alto coste del tratamiento, que se planteaba en 60.000 euros por enfermo, teniendo en cuenta que es una enfermedad que afecta a millones de personas –los cálculos en EEUU estiman en 3,2 millones los que la padecen sólo en aquel país– obliga a la búsqueda de una solución sin demora y sin que tengan que seguir muriendo de forma gratuita miles de seres humanos por la codicia de unos negociantes sin escrúpulos. De demagogia tachan cualquier propuesta los defensores del tráfico de vidas humanas que, dicho sea de paso, ignoran si padecen la enfermedad, ya que pueden pasar hasta veinte años sin que afloren los síntomas.

Hay que indemnizar al propietario de la patente por un precio razonable, ahora que todavía no se ha aprobado el Tratado de Libre Comercio, el famoso TTIP, donde contemplarían en ese pago el “lucro cesante”, es decir el negocio que hubieran hecho si no interviniera el Estado, y poner el fármaco a disposición de los médicos.

Hay que recordarles a los que se escandalizan cuando se plantean estas medidas que el laboratorio propietario de la patente del fármaco no fue el que la descubrió, sino que la compró a los que dieron con él, con la sana intención de forrarse a costa de la vida de los ciudadanos. Pues eso mismo es lo que tenían que haber hecho las Administraciones Públicas si miraran por el interés del personal en lugar de pasarse el día engrasando las puertas giratorias. Así de sencillo. Se enteran de cuánto han pagado por esa patente y se les da un dinero, vamos lo que se llama una expropiación, que es lo que hacen con las propiedades de los paisanos cuando se traza una carretera, una vía del tren o Eurovegas. Ahí no tienen problemas.

La gente está muriendo. Esta cuestión no es broma ni motivo de rifirrafe ideológico; pone en cuestión la esencia de la utilidad del Estado. Con la excusa de salvar la vida de los ciudadanos dilapidamos fortunas en medidas preventivas sintetizadas en la compra de armamento, medidas que se hacen más incomprensibles ahora que el software de nuestros arsenales se queda obsoleto enseguida.

Sólo la lucha del colectivo de afectados por esa enfermedad, que ha desenmascarado la injusticia social, moral, política y religiosa que supone esta verdadera masacre llevada a cabo con la colaboración de nuestros gobernantes, nos ha hecho tomar conciencia de hasta dónde están dispuestos a llegar. Si se hubieran muerto en silencio, sin hacer ruido, como pretende el actual ministro de Sanidad cuando afirma que las acciones de este colectivo son perjudiciales para la negociación, no se hubiera evidenciado en manos de quién estamos y de qué lado están.

Este no es un caso aislado. Es sólo un ejemplo que nos ayuda a comprender el empeño de estos señores neoliberales por exterminar la investigación científica tal y como siempre la habíamos concebido, como un empeño colectivo al servicio de la Humanidad.

Son muchas las investigaciones llevadas a cabo con un gran esfuerzo de dinero público que cuando están tocando a su fin son vendidas a la empresa privada para que exploten los resultados.

Ellos han tocado techo en su desprecio por la vida de los ciudadanos. Nosotros fondo.

No queda otra, a pesar de la apocalíptica imagen del terror y las amenazas de los organismos internacionales “neutrales”, tecnócratas y apolíticos que dirigen nuestras vidas, que tomar impulso y salir a la superficie.


10 Comentarios
  • 32 Recuerdo 17/01/15 21:15

    hola saludos despues de mas de 30 año que te iva a ver actuar cuando pasaba por MADRID .Solo decirte que sigas asi en este momento ,tan dificil para tanta gente tu vision nos ayuda mucho .Ah despues de la guerra en este pais se traficaba con la penicilina los antepasados de estos que nos gobiernan .

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  • 31 menchugijon 16/01/15 11:31

    Eres estupendo y ellos nos quitan libertad,justicia educaciòny ahora directamente nos matan.Son unos hipócritas h.p.

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  • 30 Justo 15/01/15 13:29

    Hasta ahora estamos asistiendo a la estrategia de quedarse con toda la riqueza, me refiero a los ricos,.. de forma que en el reparto unos pocos se quedan con casi todo.. Pero existían algunas pinceladas en las que podríamos tener alguna oportunidad de buen reparto.... Algún destello de igualdad de oportunidades, oportunidad de vivir. Pero los ricos no les gusta esto, Por qué ellos y nosotros vamos a tener las mismas oportunidades de curar la enfermedad..? Si ellos, los ricos, son los dueños de los laboratorios... de las farmacias.. de TODO..Los ricos dan un paso más... Cada uno que se cure según sus posibilidades... 

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  • 29 salamankita@gmail.com 15/01/15 10:04

    Enhorabuena campeón.Tus artículos son de diez,pero los veintiocho "opinadores" de tu acertado artículo,merecen mi consideración y admiración,por su templanza y saber,a los cuales felicito.Gracias.

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  • 28 poletegi35 15/01/15 08:26

    Como siempre el wayo dando en el clavo. Seria un placer leerle si no fuera porque siempre nos da una patada d realidad en toda la boca.....bueno, aun y todo... Un gran placer leerle.

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  • 27 AmErICaNo 14/01/15 21:27

    Ahora sale un sabelotodo del PP diciendo que ampliar el uso de las medicinas, que salvarían la vida de decenas de miles de personas, sería como darse un tiro en el pie. Señoría aquí tiene mi pie, sólo porque se vaya y evitemos a los enfermos que van a morir que tengan que oír expresiones incalificables. Es evitable soportar a este zaragatero y mastuerzo personaje. Lo dicho aquí tiene mi píe. EXPROPIACIÖN de la PATENTE YA. DIMISIÓN del BRAVUCON. 

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  • 26 phentium 14/01/15 21:13

    De entrada una ensoñacion: ¿Cuanto dinero en subvenciones a base de fondos publicos han recibido esos laboratorios a lo largo y ancho de su andadura?. Solo es un dato que me gustaria conocer. Quizas estamos pagando dos veces por lo mismo: una cuando se les dieron esos fondos y otra ahora con el medicamento que han descubierto gracias a los mismos fondos. Es como si despues de financiar una casa tuvieramos que volver a pagarla a tocateja para poder entrar a vivir en ella......curioso planteamiento. Lo de que las farmaceuticas quitan y ponen presidentes en USA muy adecuado. Quiero hacer especial incapie en ese punto ya que aqui son las constructoras las que cumplen ese cometido. Pero eso no seria posible sin la complicidad desinteresada e inducida del votante. En epoca de elecciones nos dejamos llevar demasiado por las emociones y miramos demasiado hacia donde nos dice el que mas grita. Seria buena practica mirar a todos sitios excepto a ese como con los juegos de magia.

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  • 25 Casirojo 14/01/15 20:06

    Enhorabuena por su articulo.

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  • 24 Lucía Oliveira 14/01/15 19:10

    Aquí los más perjudiciales para la salud son los ministros de sanidad que pone el PP.

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  • 23 Fabrat1920 14/01/15 18:46

    Desearía creer que es cierta la frase "... han tocado techo en su desprecio por la vida de los ciudadanos." Estos impresentables de cerebro engominado han dado tantas muestras de su 'deshumanización" (Yak-42, Metro de Valencia, ébola) que pienso si no tendremos que asistir a una "última representación" de la "política de sentido común" que llevamos sufriendo desde el 20-N. Mientras tanto, intentaremos sacar a pasear el buen humor, así que te ruego, Wyoming, que profundicéis en el tándem Floriano/Casado. En este caso, nunca las comparaciones fueron tan odiosas pero supongo que ni Faemino ni Cansado se molestarán.

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