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Plaza Pública

¿Segunda transición o cambio de rumbo en la democracia?

Julián Casanova Publicada 30/12/2015 a las 10:03 Actualizada 29/12/2015 a las 21:55    
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La transición desde la larga dictadura de Franco a la democracia fue compleja, sembrada de conflictos, de obstáculos previstos y de problemas inesperados, en un contexto de crisis económica y de incertidumbre política.

Muchas cosas pasaron en apenas siete años de historia. En un primer período, hasta las elecciones generales de 1977, las élites políticas procedentes del franquismo emprendieron una reforma legal de las instituciones de la dictadura, empujadas desde abajo por las fuerzas de la oposición democrática y por una amplia movilización social de muy diverso signo. Un segundo paso llevaría desde la formación de un Parlamento democrático, con el poder y la voluntad de elaborar una Constitución, hasta la aprobación del texto consensuado por los principales partidos políticos en el referéndum celebrado en diciembre de 1978.

Definido el marco jurídico, en los años siguientes se inició el desarrollo del Estado de derecho y la organización territorial autonómica en medio de graves problemas y amenazas como el golpismo, el terrorismo o la crisis del sistema de partidos. Cuando los socialistas llegaron al poder, después de su victoria arrolladora en las elecciones de octubre de 1982, se podía decir que la transición había concluido y que la democracia caminaba hacia su consolidación, algo que se consiguió con el desarrolló del modelo autonómico, la puesta en marcha del Estado del Bienestar y la integración de España en las instituciones europeas.

Con el paso del tiempo, sin embargo, algunas de las supuestas virtudes de esa democracia se convirtieron en vicios y el sistema entró en crisis profunda. Muchos ciudadanos comenzaron a percibir que el Parlamento no era un foro de discusión políticamente decisivo, sino el lugar donde los diputados de los diferentes partidos manifestaban sus posiciones tomadas con anterioridad en sus comités ejecutivos (y con disciplina inquebrantable, además).

En los últimos años, el Gobierno del Partido Popular, y la burocracia dirigida por él, ha impuesto sus proyectos y el Parlamento ha perdido todo su significado original de democracia representativa, de marco institucional de transmisión de la opinión pública. Bajo esas circunstancias, la opinión pública crítica queda degradada y el poder político tiende a adoptar formas antidemocráticas legitimadas por la idea de que los electores son los que le han otorgado ese poder. Lo que ocurre en realidad es que se abre un abismo entre los comités dirigentes de los partidos y el resto de la población.

La política democrática sufre un profundo desprestigio y la mayoría de los electores quedan relegados a un mero papel de consumidores apolíticos. ¿Problema universal? Sí, pero su dimensión en España es gigante.

Durante mucho tiempo la política en España estuvo hecha de corrupción y sobornos, familias y amigos. Abundó en la Restauración, en las décadas finales del siglo XIX y comienzos del XX, en ese complejo entramado que Joaquín Costa definió con el binomio “oligarquía y caciquismo", y se generalizó como práctica política durante la dictadura de Franco, cuando los vencedores en la Guerra Civil y los adictos al Generalísimo hicieron de España su particular cortijo.

El hecho de que la democracia actual, lejos de liquidar esa práctica, la haya agrandado, está teniendo efectos devastadores, porque aunque aparezcan paliados por la respuesta de una parte de la sociedad civil, hay millones de ciudadanos que siguen y seguirán votando a los corruptos, y una buena parte de los dirigentes políticos nada dice si los corruptos son de su partido, por mucho que se apresuren a denunciar los chanchullos de los oponentes.

Todo el escándalo en torno a Luis Bárcenas ha demostrado que los políticos, en este caso los del Partido Popular, no utilizan el poder para cuidar los intereses de la sociedad, sumida en una profunda crisis económica, sino para imponer sus intereses particulares. La ética se aleja definitivamente de la política, que se convierte en una pura forma de poder de determinados grupos sociales y ya no en un eje de cambio de la sociedad, como ocurrió en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Con todos esos comportamientos políticos, queda de manifiesto la fragilidad de la democracia y la inexistencia de responsabilidades políticas ante los ciudadanos. Se une de esa forma la responsabilidad política a la culpabilidad judicial, algo insólito en las modernas democracias. Muchos ciudadanos perciben, en consecuencia, que el poder político está orientado al beneficio de quienes lo ejercen como profesión y al servicio de los sectores económicos más poderosos y privilegiados.

Nos estamos alejando de forma acelerada de la democratización de la sociedad y se ha abierto, por el contrario, un proceso de consolidación de estructuras antidemocráticas del poder. Aquí hay una crisis económica profunda, de largo alcance, pero lo que también está en juego es la conservación y desarrollo de la democracia. Por eso extraña que tanta gente sitúe la alternativa política a ese deterioro en una gran coalición presidida por el PP, actor principal de esa quiebra del sistema, en vez de apostar por cambios y reformas profundos que mejoren la calidad de la democracia y refuercen la participación ciudadana.

Nadie duda de que la recuperación económica y la unidad de España sean temas fundamentales, pero el cambio tiene que ir acompañado de una renovación cultural y educativa –difícil de conseguir con quienes estimulan la ignorancia–, de nuevas ideas sobre el mundo del trabajo y de una lucha por la democratización de las instituciones. Un movimiento político que reaccione frente a los excesos del poder, que persiga el establecimiento de un Estado laico, que recupere el compromiso de mantener los servicios sociales y la distribución de forma más equitativa de la riqueza.

La transición es historia y, al margen de lecturas interesadas, apologéticas o críticas de aquel período, la controversia política y el debate público deberían girar sobre la actual democracia. La fórmula parece sencilla: hacer política sin oligarcas ni corruptos, recuperar el interés por la gestión de los recursos comunes y por los asuntos públicos. Pero eso requiere también una nueva cultura cívica y participativa. Es decir, algo más que reformar la ley electoral, la Constitución o emprender una supuesta segunda transición reparadora.
____________________

Julián Casanova
es catedrático de la Universidad
de Zaragoza y autor, junto con Carlos Gil Andrés, de
Historia de España en el siglo XX (Ariel).
EL AUTOR


10 Comentarios
  • 13 Bacante 02/01/16 11:34

    cepeda dijo..
    Señor Cepeda, a mí me sorprende que usted no comprenda que todo es política,  incluída la formación ética de los ciudadanos y ciudadanas. A más a más, los políticos, por su visibilidad, son, sin remedio, un ejemplo y un referente. Cuando nos roban a manos llenas, la secuencia más lógica es la trampa,  el con o sin IVA, yo también sacó mis cuartos a Londres y a Andorra, me llevo los bolis y los folios del despacho del Ayuntamiento, salgo a desayunar y alguien me ficha porque me urgen unas compras y todos los etc incalificables del choriceo patrio. Habla usted incluso de drogas, no me haga reír. ¿Qué hemos sabido del chino pillado in fraganti con los  negocios a escala internacional  y sus notables cómplices? Las drogas que, al parecer , se echaba al coleto la panda BLACK, por no dar un nombre preciso. El negosi es el negosi, putas, armas y farlopa, que pregunten a un ministro que yo me sé. ¡¡Venga ya!!

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  • 12 LANZAROTE 01/01/16 12:03

    Como se le "escapó" a Rajoy durante la pasada campaña electoral, su partido lleva más de 40 años sirviendo a España".

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  • 11 terrícola 31/12/15 11:42

    Urge el establecer esa cultura cívica y participativa. Pero cómo comenzamos ? Posiblemente, y sin prisa pero sin pausa cambiando y afinando la Constitución vigente, la Ley Electoral, muchas Instituciones, y fundamental, modernizando el Poder Judicial. Sin  Justicia rápida y efectiva no es posible el desarrollo social ni el económico hoy día.

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  • 10 viaje_itaca 31/12/15 10:11

    Chapeau! ¿En qué cabeza cabe lo de tener democracia con el PP al frente? En los del IBEX 35, pero es que esos quieren democracia orgánica. Cuando estaba vigente, ellos se encontraban de maravilla.

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  • 9 asereje 30/12/15 20:32

    Totalmente de acuerdo con el eminente Catedrático J. Casanova, y con sus atinados pensamientos. Pienso, como el bien dice, que sin "renovación cultural y educativa –difícil de conseguir con quienes estimulan la ignorancia-" va a ser imposible lograr una sociedad profundamente democrática, con instituciones fuertes y con una sociedad ética y que reacciones ante los excesos del poder.

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  • 8 Bacante 30/12/15 20:20

    Un lujo de articulista. Gracias, y saludos. 

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  • 7 Demetrio Vert 30/12/15 19:53

    Eduardo Mendoza pone en boca de uno de sus personajes en La Isla Inaudita: "De esta forma los mercaderes (se refiere a los venecianos) se erigieron aquí en clase dominante. Era inevitable que las cosas ocurrieran de este modo. La clase que tiene a su cargo el orden práctico de la comunidad acaba imponiendo también el orden moral. En otros lugares sucedió con los soldados y aquí, como le digo, con los comerciantes. Lo malo fue que, una vez encumbrados, dieron en pensar que un sistema que a ellos les había dado buenos resultados no era sólo un buen sistema, sino el único sistema posible. De esta forma pasaron a pensar que lo que les convenía y agradaba era por fuerza aquello que tenía que ser. Como es lógico, esta actitud concitó el odio y el resentimiento del resto de la población." Mas claro agua. La calse dominante impone sutílmente su sistema de valores. La actual ha convertido en sagradas palabras como "propiedad", "negocio", "competividad", "con lo mío hago lo que quiero (incluso a los hijos se les considera 'propiedades')" "el Estado me roba con sus impuestos", etc. Y ha tergiversado dándoles un significado malévolo, cuando no demoníaco otras como "clase obrera", "sindicato", partido político", "radical", "comunista", "socialistta", "bien común", etc. Me pregunto comose podrá lograr esa nueva cultura cívica y participativa (imprescindible) sin que otra clase, que crea en dichos valores, detente el poder. El señor Casnova esun historiador de reconocido prestigio y sus análisis suelen ser de lo más certeros y basados en argumentos irrebatibles. Conence, claro está; ¿cómo no podría convencer? Mas, lo que yo me pregunto es, ¿qué es primero, el huevo o la gallina? Mientras esta clase que solo cree en el beneficio especulativo detente el poder ¿es posible la regeneración de valores éticos en la sociedad? ¿Se puede lograr este cambio a base de predicamentos cual sacerdotes en púlpitos? En mi opinión solo es posible este cambio cultural cuando el sistema que nos demos sea justo y equitativo. Solo entonces los ciudadanos apelarán a la ética como valor supremo del orden que rija la comunidad.

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  • 6 mrosa 30/12/15 15:10

    Completamente de acuerdo.

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  • 5 cepeda 30/12/15 12:21

    Una cosa me sorprende y es que a la hora de hablar de los problemas de España, nos centremos exclusivamente en los problemas políticos... como si no hubiera vida y problemas fuera de allí. Es la propia sociedad española la que tiene graves problemas y serias disfunciones de las que, curiosamente, nadie habla. Creo que tenemos un problema muy serio con el tráfico y el CONSUMO DE DROGAS. Parece que lideramos el ranking de los países desarrollados... Parece que según la guardia civil, de cada tres controles que hacen en carretera... uno da positivo... y nadie dice ni pío... Parece que tenemos un problema serio de economía sumergida... que explica el que con 5 millones de parados "oficiales" no se produzcan estallidos sociales violentos... Parece que tenemos un problema muy grave de abandono y fracaso escolar, con gente que dejó pronto los estudios para irse a ganar "pasta gansa" a la burbuja y que una vez pinchada, y desaparecidas las empresas que los empleaban "bajo cuerda y libre de impuestos y de cotizaciones" ahora, sin trabajo y sin formación, tiran de padres y de abuelos para salir adelante.... En fin, que detrás de tanta crítica (justa) a los políticos.... veo un abandono total del análisis de la España real... Seguimos con las dos Españas... una es la que aparece en los medios de manipulación, la de los vendeburras, los "salvadores de la sociedad"... y la otra es la que vemos en Comando Actualidad.... la verdadera España, la que muestra de verdad como vive el españolito de a pie cada día... la gente que produce y que hace que nuestro país vaya adelante... Esa gente, la que hace que España funcione y tenga un estado de bienestar que, aun con problemas, es la envidia de muchos, es la que realmente merece la pena, la que menos se queja... y la que más curra y aporta.

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  • 4 cepeda 30/12/15 12:10

    Resumiendo... ni el PSOE primero, ni el PP después, ni CIU, ni el PNV... tuvieron nunca VISIÓN DE ESTADO, solo de RÉGIMEN. Unos y otros se preocuparon por tomar al asalto las instituciones del ESTADO para enchufar a sus aparatchiks, crear administraciones paralelas para saltarse los controles y las alarmas de la propia administración... y enchufaron a los suyos en todas las instituciones para conseguir que trabajaran en su favor... Así tenemos jueces, fiscales, profesores universitarios...etc progresistas... si los han enchufados los unos o "conservadores-profesionales" si los han enchufado los otros... Les paga el pueblo español PERO no están al servicio del ESTADO y de los ciudadanos sino del partido que les permitió "hacer carrera" al cual le son FIELES Y LEALES. Toca reformar el estado DEMOCRÁTICO de derecho español para REFORZAR LA INDEPENDENCIA JUDICIAL (al tiempo que se refuerza la preparación y el control de "calidad" sobre el trabajo de los jueces y sobre la eficacia del sistema judicial impidiendo que los sumarios se eternicen... y las condenas, en materia de corrupción, lleguen con cuenta gotas... Además toca reformar la constitución para reforzar el PODER DEL ESTADO ante los chantajes de aquellos que quieren saltarse la constitución y las leyes para que aquí sea normal lo que sería en Francia, Alemania o en cualquier país que opte a una unión europea reforzada.... Igual que necesitamos reformar nuestro sistema educativo... y para ello es muy importante aprender de los que lo hacen mejor que nosotros... a la hora de reformar el sistema político e institucional... simplemente hay que aprender de aquellos de nuestros socios que lo están haciendo mejor que nosotros... Es decir aprender de alemanes y daneses, por ejemplo, pero no de griegos y portugueses... Vamos digo yo.

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