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Nacido en los 50

Sacan al fascismo del armario

Publicada 30/03/2016 a las 06:00 Actualizada 29/03/2016 a las 19:04    
Estamos viviendo una época febril donde los cambios reales están sucediendo en otro lugar.

Votamos cada cuatro años a un ente dependiente de unas fuerzas inevitables, incuestionables, a las que nuestros representantes rinden pleitesía porque de su sumisión depende su continuidad, mostrando sin recato su estrategia de supervivencia.

Los medios de comunicación con los politólogos al frente hablan de lo que más o menos convienen a los partidos: qué pacto supondría su hundimiento, qué estrategia deberían seguir para conseguir un repunte en las intenciones de voto, y qué alianzas serían mejor recogidas por los votantes. Hablan poco o nada de lo que conviene a los ciudadanos desde sus diferentes líneas editoriales.

La supervivencia de los partidos es un tema que debería interesar exclusivamente a sus militantes que, dicho sea de paso, suelen estar de acuerdo con su dirección, o al menos nunca manifiestan otra cosa. En el caso del PSOE aprueban el pacto con Ciudadanos como creo que aprobarían el pacto con Podemos que viene a ser, dentro del margen que tenemos, lo contrario. Todo esto insistiendo en el respeto a los votantes a los que no creo que les dé lo mismo una cosa que otra. Claro que la pregunta que se le hizo a la militancia tenía tela, parece que contrataron a un vendedor de crecepelo de feria para redactarla: “El PSOE ha alcanzado y propuesto acuerdos con distintas fuerzas políticas para apoyar la investidura de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno. ¿Respaldas estos acuerdos para conformar un gobierno progresista y reformista?”. Falta decir: “Sea con quien sea”. No son tontos, no. Son otra cosa.

Para no preguntar: ¿Apruebas un pacto con Ciudadanos?, que es lo que hubiera preguntado yo, que de la política como profesión y proyecto de futuro en lo personal no tengo ni idea, y también porque mi padre es de la provincia de Teruel y allí hablan claro, acaban haciendo una consulta abstracta con final feliz, incluyendo primero esa abstracción de “alcanzado y propuesto”, para poder incluir a todos los partidos en lugar de a uno, con el que han llegado al acuerdo y que es la antítesis de su doctrina socialista, y cuya razón de ser es, precisamente, acabar con ella. Y el final feliz, “para formar un gobierno progresista y reformista”. Bueno, pues si es para eso, pues nada, votamos que sí y ya está. Quién no quiere un gobierno progresista y reformista, ¡oye!. ¿Aceptas pulpo como animal de compañía teniendo en cuenta que te va proporcionar la felicidad tanto en el terreno afectivo como en el erótico festivo? Qué distinta es la pregunta si se queda en la mitad.

Ha faltado rematar la faena: ¿A ti qué más te da si luego haremos lo que nos digan?

El pacto que conviene a los ciudadanos es el que frene a los dirigentes sumisos ante la estrategia de los poderosos que se están forrando a costa de sumir a los ciudadanos en la pobreza. Hasta hace dos días los contratos de trabajo se revisaban con el IPC, no para incrementar los salarios, sino para evitar su reducción progresiva. Ya estamos en el segundo caso. Como cuenta el profesor Vicenç Navarro, a partir de los años ochenta la economía subía mientras los salarios empezaron a bajar sin otra razón que la voracidad insaciable de la élite que ha generado una diferencia injustificable entre los que más tienen y los que menos.

Nuestro futuro se decide en despachos donde con total secretismo se elaboran planes que bajo nombres como “tratado de comercio”, que parecen ajenos a la política, labran nuestro futuro. Un futuro que ya viene marcado desde finales de los años ochenta por los que dieron en llamarse liberales, adjetivo que ellos mismos repudiaban y utilizaban como insulto y al que añadieron la coletilla “en economía”, para distinguirse de aquellos liberales a los que odiaban, que sí estaban orgullosos de serlo, y que querían ampliar el margen de libertad de los pueblos.

Siempre la trampa del lenguaje, todo empieza por cambiar el significado de las cosas.

Ahora han inventado el termino “fuerzas del cambio” para definir a las que no lo son. Escucho a Sánchez en la Cadena Ser repetir ese término decenas de veces en una entrevista, llegando a resultar incómodo al oído por reiterativo, para referirse a sí mismo y a su alianza con Ciudadanos, en un intento obvio de inculcar en el inconsciente colectivo que un cambio en las siglas significa un cambio en lo demás.

Los laboristas británicos ya se sumaron al proyecto liberal reformista en eso que llamaron “tercera vía” y que supuso el exterminio del socialismo para entregar sus fuerzas a los poderosos de los que deberían defendernos. La culminación de tal felonía con descaro y recochineo fue la famosa foto de las Azores en la que un pletórico Blair posaba en la cima del poder junto a los otros dos genocidas de la extrema derecha moderna, el bufoncillo Aznar y el todopoderoso Bush, acompañados por el paje que acarreaba las capas de los señores, Barroso, que ni siquiera tenía categoría para ser contado como uno más, y a la foto se la llamó “del trío” a pesar de que eran cuatro.

Este paso al enemigo con todos los elementos fue aceptado de buen grado por parte de sus rivales. Blair ha sido el líder que más dinero ha ganado después de abandonar la política, en toda la historia de la democracia, a pesar de que hundió a su partido y el laborismo británico todavía no ha logrado levantar cabeza. Podría hablarse de su gestión como nefasta, para su partido y para su pueblo, pero se le recuerda como un reformista benefactor.

Aquellos señores que en las Azores se juntaron para dar una patada al avispero y acabar con el orden político internacional que se vivía hasta entonces y sumirnos en este estado de terror, hundiendo aquellos pueblos en la barbarie y la muerte, gracias a la calculada guerra de Irak, con la excusa de acabar con el terrorismo, ya tenían en marcha su Nuevo Orden Mundial.

No he escuchado ni una voz en estos días de machaque mediático exhaustivo, a raíz de los atentados de Bruselas, pidiendo explicaciones a los que generaron este estado de terror internacional. Lejos de ello les presentarán como profetas aunque eran muchos los enemigos de aquella guerra que vaticinaban cuál sería la reacción a su acción bélica. Ahora nos venden el terrorismo como inevitable en individuos y colectivos donde anida el mal porque son perversos en sí. Estaba cantado lo que iba a ocurrir y en su día se cantó hasta la saciedad.

Con estas acciones, de paso, se reivindica de nuevo la unidad de los demócratas frente al enemigo común y se atenúan las desastrosas consecuencias que acarrean sus reformas estructurales profundas que nos venden como, hay que insistir en ello, coyunturales, producto de una crisis, cuando son el resultado de un plan estratégico que ha venido para quedarse.

Estamos sumidos en el Nuevo Orden Mundial donde las “fuerzas del cambio” son esas que salen a la calle formadas por médicos, profesores, ciudadanos, que no comulgan con este estado de explotación progresivo y saqueo de lo público.

Este Nuevo Orden Mundial donde se prohíben concentraciones pacíficas para rendir homenaje a los muertos mientras las fuerzas de seguridad escoltan a los neonazis hasta el punto de la convocatoria. Ya partieron de un pueblo llamado Vilvoorde escoltados por la autoridad competente y durante todo el trayecto se dedicaron a provocar a la ciudadanía con sus gritos, consignas y amenazas.

Hablamos de una acción fascista auspiciada desde el poder democráticamente elegido para amedrentar a los ciudadanos. Hitler no contó con tanto apoyo en sus inicios.

Parece un batiburrillo de cosas, pero no lo es. Es lo mismo, son los mismos, los que pisotean a los refugiados a los que llaman inmigrantes en lugar de “víctimas del terrorismo”. Los que nos imponen los recortes. Los que nos sumen en la ruina. Los que se forran con toda esta barbarie. Los que sacan al fascismo del armario.

Estoy harto de escuchar el precio que ha pagado Merckel por su política con los refugiados dando a entender que sólo pisoteándolos o vendiéndolos a otros países un político tiene opciones de ser reelegido.

Son las “fuerzas del cambio” las que tienen que acabar con este estado de cosas. Con esta basura en la que han convertido el Sistema.

Pónganse a ello y dejen de luchar por salvar los muebles de la sede del partido.

La lucha hoy pasa por detener el fascismo que viene.

Ese es el pacto, Sánchez. Denúncielos. Dé la cara y luego grite: “¡Viva el Socialismo y la Libertad”.

Ya lo creo que se puede.


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