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Nacido en los 50

Privatización de los derechos humanos

Publicada 14/06/2016 a las 06:00 Actualizada 14/06/2016 a las 09:21    
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La obsesión privatizadora del centro-derecha español que ve en lo público algo propio, pero no el sentido de un patrimonio colectivo, sino como algo a incautar a la carrera, que se lo quede el primero que llegue, ha alcanzado también a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Como es sabido esta declaración no es de obligado cumplimiento y se la saltan a la torera los diferentes estados que componen las Naciones Unidas sin que se arme un especial revuelo. La discreción o, deberíamos decir, la inhibición en materia de denuncia, parece la norma a seguir por los diferentes países que forman esa unión, salvo invasión o conflicto armado flagrante. No suelen intervenir en lo que dan en llamar “asuntos internos” en aras de una mejor convivencia diplomática. No se sacan los colores mutuamente mientras se violan esos derechos a lo largo y ancho del orbe, dado que las relaciones políticas vienen condicionadas por las comerciales y sólo los países pobres, que no tienen la capacidad de callar a los posibles denunciantes con los contratos correspondientes, son señalados con el dedo e incluidos en la categoría de “salvajes sin remedio”, abandonando a su población a los caprichos de las diferentes tiranías que operan en el Tercer Mundo. Tiranías que también son captadas a través de pactos de cooperación por países respetuosos con los derechos humanos ya que en muchas ocasiones poseen materias primas que resultan golosas, o mano de obra barata que puede suplir la engorrosa obstaculización que aportan los diferentes derechos que amparan a los trabajadores en los países “civilizados”, en un intrusismo que frena la expansión de la economía y el libre comercio.

Ya saben, señores, la ley de “libre mercado”, esa que afirma que el mercado se autorregula, pero que causa estragos que habría que considerar, como el hecho de que haya personas que trabajan largas jornadas y se encuentran por debajo del umbral de la pobreza. Y estas consecuencias no las sufren sólo allende nuestras fronteras, en pueblos remotos donde nuestro nacionalismo español nos atenúa la sensibilidad ante esa explotación, como cuando hay un accidente aéreo y lo primero que se destaca es si hay o no víctimas españolas, para que podamos respirar aliviados, sino que el abuso también se da a la vuelta de esquina, en nuestra adorada España, donde las cifras varían según los medios, pero son cientos de miles los trabajadores que reciben sueldos de miseria que les impide acceder a lo elemental.

Preguntado un alto cargo de la Administración por su opinión acerca de que haya personas que estén cobrando salarios de miseria, por debajo del mínimo, respondió sin vacilar que “menos es nada”, en un acto que le honra pues demuestra que tiene la cualificación suficiente para distinguir nada, de algo. Aunque no estoy seguro de que entendiera el sentido de la pregunta, o a lo mejor sí y nos hablaba con un metalenguaje cuya segunda lectura sería: “Mira imbécil, si me preocuparan una mierda los demás, no habría llegado hasta aquí”.

Los derechos humanos, como signo, como referencia, pauta para construir un mundo, están en manos de gente así. Como la palabra “libertad”, “liberal”, y otros símbolos que en su día tuvieron un sentido evidente, un único significado.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos pasa de ser un referente de paz, de libertad y reivindicación del respeto al ser humano, a un arma con la que atizar al rival. Pierde su universalidad y se convierte en Declaración Polarizada de Derechos Humanos, de obligado cumplimiento, exclusivamente, para el enemigo, al que la violación de tal declaración le supone la exclusión del mercado occidental donde se dirimen las cuestiones de interés y se dirige el mundo.

Hace unos días, la osadía de una joven holandesa que se atrevió a recurrir a la policía en Qatar para denunciar una posible violación, le pudo costar una larga condena de cárcel por adulterio ya que allí está prohibido el sexo fuera del matrimonio, aunque sea contra tu voluntad. Ha salido pitando del país aprovechando que la sentencia esta suspendida. En otros casos las lapidan. No pasa nada, son productores de petróleo, están forrados, y nuestros representantes no tienen el menor problema en encontrarse con ellos. Es ese Gobierno de Qatar el que ha patrocinado al Fútbol Club Barcelona, del mismo modo que los Emiratos Árabes patrocinan al Real Madrid, y ha estado en negociaciones para patrocinar la liga del fútbol.

Una anécdota que ha recorrido la red este fin de semana, la metedura de pata de Pablo Casado, diputado del Partido Popular que ha colgado un vídeo de unas protestas de Kinshasa, en el Congo, con el comentario: “No Podemos tolerarlo”, destacando la palabra Podemos, así como de pasada, afirmando que se las enviaba un amigo de Caracas, para mostrar los métodos represivos de Maduro, ilustra esta utilización de los derechos humanos como excusa para enredar.

Al enterarse del ridículo que había hecho, retiró el vídeo con un comentario que denota la gran preocupación por los derechos humanos que sienten estos furibundos defensores de la libertad polarizada, exigible sólo en puntos concretos del planeta. La mayoría de los comentarios reprueban la manipulación que se intenta hacer con esas imágenes que, a no ser porque fueron denunciadas por el periodista Antonio Maestre, que las ubicó en su espacio real, habrían pasado a la historia de la represión venezolana, y de la infamia que arrastra la formación Podemos, pero hay un hecho de fondo que me parece más grave.

Cuando el diputado defensor de los derechos humanos en Venezuela, que exige el referéndum reprobatorio del presidente de aquel país pero no incluye tal cosa en su programa electoral, se da cuenta de que el vídeo ya no sirve a sus propósitos, coloca otro tuit con un enlace de imágenes, esta vez de Venezuela, y el comentario: “El vídeo anterior desde @DLasAméricas es incorrecto. Pero estos no” y a continuación cuelga imágenes de la agresión que sufre un diputado de la oposición a manos de simpatizantes del gobierno.

Esa es la cuestión. Las imágenes de la República Democrática del Congo, que son mucho más graves, sin que esto debiera contar, y en cuyos disturbios murieron, por lo visto, cuatro personas, son retiradas cuando se comprueba que no sirven para el propósito que se perseguía. Tuvo la ocasión el señor Casado, puesto que afirma que censura ese tipo de hechos donde quiera que se produzcan, de dejar el vídeo de África como testimonio de protesta por la flagrante violación de los derechos humanos que se produce en eses país, pero, ¿para qué?, ¿qué tendrá que ver una matanza de negros con los derechos humanos? Sólo tienen sentido las violaciones de derechos humanos que sirvan para derrocar al Gobierno venezolano que es el que subvenciona a Podemos, del mismo modo que Moscú pagaba a los que luchaban contra la dictadura de Franco según rezaban, y con cantidades concretas, los informativos de aquel tiempo.

Mientras, en Honduras, país amiguete, cien abogados han sido asesinados en los últimos cinco años. Nada se sabe de sus asesinos.

Hace unos meses, Berta Cáceres, líder ambientalista e indigenista, fue asesinada en su propio domicilio a pesar de que la CIDH, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, había pedido al Gobierno de ese país que la protegiera ya que estaba cantado que la iban a matar. Había conseguido parar la construcción de una presa que inundaba un ecosistema sagrado para una población indígena. Antes que ella, otros doscientos defensores medioambientales habían sido asesinados en sólo dos años. En ese país se ha llegado a la cifra de trece asesinatos diarios. Los furibundos defensores de los derechos humanos no parecen interesados en estas cuestiones.

Hoy tenemos noticia de la matanza de Orlando. Terrible. Serán cientos los comentarios y declaraciones de condena y solidaridad de líderes políticos de cualquier ideología. Tal vez esta matanza sirva para esclarecer el asesinato hace diez días, también en Honduras, de René Martínez, líder del colectivo LGTB en aquel país y que pareció no importarle a nadie.

Algún día un vídeo de esta situación será correcto. De momento, la denuncia de estos crímenes no sirve para nada, la impunidad allí, como en otros países de América Latina, sigue y seguirá imponiéndose gracias al silencio cómplice de su vecino del norte y de los países europeos que niegan ese derecho a los ciudadanos americanos que sufren la tiranía de regímenes de su cuerda. De sátrapas que tienden la mano a los tratados comerciales que venden pueblos a cambio de impunidad.

Es lo que pasa cuando a la Declaración Universal de los Derechos Humanos se le aplica el rasero de la colaboración público privada. Se privatiza y pasa a ser patrimonio de los amos que la sacan, como a la virgen, cuando quieren que llueva, cuando quieren derrocar gobiernos, atacar a los rivales o, como veremos en breve, intentar deslegitimar el resultado de unas urnas.

Esta noche será el debate a cuatro. De algo estoy seguro: los defensores de los derechos humanos meterán a Venezuela en él. Honduras no tendrá sitio, allí no hay presos políticos, a los disidentes los matan como a perros.


10 Comentarios

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