Desde la tramoya

Trillo y los patriotas de pacotilla

Una vez, siendo líder de la oposición, Zapatero llamó a Aznar "patriota de pacotilla", y el presidente se dio por muy ofendido. Ya se sabe que al PP en general se le llena la boca con palabras ampulosas y grandilocuentes sobre la unidad de España y su grandeza. Los ejércitos y la política de Defensa, deberían ser, en toda lógica, beneficiarios de ese supuesto ardor guerrero tan conservador. Digamos que lo previsible debería ser que el PP tratara mejor a los militares que la izquierda.

Federico Trillo nos ha recordado estos días cuán falsa es esa suposición. Hagamos memoria de algunas cosas que pasaron en la política de Defensa de Aznar entre 1996 y 2004.

El éxito más reconocido en el área (al menos a nivel popular) fue la supresión del servicio militar obligatorio. Pero conviene recordar que la mili no desapareció por la clarividencia del Gobierno del PP ni porque estuviera en su programa electoral, sino por exigencia de CiU para el pacto de legislatura. A los nacionalistas, como es natural, no les gustaba nada la mili, porque si había un instrumento de socialización, de inmersión cultural y de igualación de todos los españoles (al menos los varones), ése era el servicio militar. A CiU, al PNV y al resto de las fuerzas políticas nacionalistas no les agradaba que los jóvenes catalanes y vascos pasaran un año entre banderas españolas, mezclándose con jóvenes andaluces o castellanos en igualdad de condiciones. De manera que Aznar hizo de debilidad virtud y vendió como un éxito personal la desaparición de la mili, para regocijo de los jóvenes de la época, y para satisfacción de los nacionalistas.

La profesionalización del Ejército debería haberse acompañado de una dotación de recursos acorde, para pagar mejor a los militares y hacer su carrera atractiva. Se recordará que hubo problemas serios de reclutamiento porque los salarios eran bajísimos y los itinerarios profesionales muy penosos.

No es que el PP no comprometiera recursos en Defensa, no. De hecho hipotecó cantidades inmensas de dinero en los llamados Programas Especiales de Armamento, destinados, como su propio nombre indica, a comprar armas y equipos militares. Tuvo que llegar el PSOE, primero con Bono, luego con Alonso y más tarde con Chacón, para parar aquel dislate, con el que el Gobierno garantizaba la compra de material de Defensa con créditos para que las empresas pudieran fabricar y facturar a continuación. Aún hoy se están pagando. Por aquel entonces era director general de Armamento Julio Rodríguez, el que fuera JEMAD con Chacón y luego candidato de Podemos al Congreso. Detener ese gasto disparatado fue uno de los servicios más notables del general Rodríguez.

Mientras el patriotismo de pacotilla de Aznar –con Trillo como ejecutor– nos llevaba a Afganistán y a Irak, nuestros soldados eran transportados en aviones de la era soviética, como aquel Yakolev que mató a 62 militares. Aún hoy ni la Justicia ni la ciudadanía saben cuántos contratos se encadenaron para que los soldados dieran a parar en aquel cochambroso avión, a pesar de que ya había informes recomendando que no se les transportara en tales condiciones. Fue José Bono quien, con Zapatero en el Gobierno, abrió concurso –adjudicado a Air Europa– para el transporte plenamente seguro de los soldados. Fueron Bono, José Antonio Alonso y Carme Chacón quienes promovieron y aplicaron iniciativas como la Ley de Tropa y Marinería o la garantía de blindaje de los carros de combate contra las minas (los Lince y los RG-31).

¿Reconoció Rajoy el error del Yak llegando al Gobierno en 2011? Nunca lo hizo ni lo ha hecho ahora. De hecho, una de las primeras decisiones de su Gobierno fue indultar a los dos comandantes , a las órdenes del general Navarro, ya fallecido, participaron en la lamentable identificación de los cadáveres. Ni más ni menos.

El oprobio mayor no estuvo siquiera en el desprecio de Trillo por las condiciones de trabajo de los militares –siendo él mismo militar, que también se nos olvida–, ni en la sádica decisión de meterlos en aviones cuya inseguridad era conocida, sino en aquella ofensa brutal a las familias de las víctimas del accidente en Turquía, cuando se aceleró la repatriación de sus restos. En el ámbito militar se sabía que la mezcla de los restos mortales de los fallecidos no podría haberse producido sin la orden explícita de acelerar el proceso por parte del ministro mismo. Trillo –después de pasear por el monte de la tragedia bajo el paraguas que sostenía su edecán– ordenó que los restos se repatriaran en el menor plazo posible. Y cuando las familias cuestionaron el procedimiento, sospechando que lloraban ante féretros que no contenían los restos de sus seres queridos sino probablemente de otros, el ministro se encaró con ellas y las humilló. No hay un ministro de Defensa que haya dejado peor recuerdo en las Fuerzas Armadas españolas.

He ahí el patriotismo de pacotilla del PP. El patriotismo de boquilla. El de las banderas grandotas y las grandes palabras. El mismo patriotismo que premió al exministro con una embajada en Londres, y ahora se la retira disimulando, por la puerta de atrás, con esa cobardía característica de Rajoy y tan contraria al arquetipo militar.

  --------Fe de erratas: Este artículo ha sido editado para corregir las referencias a los militates condenados por las identificaciones falsas de los fallecidos y el número de víctimas del accidente.

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