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Plaza Pública

Primarias en el PSOE: lo que está en juego

Manuel de la Rocha Rubí Publicada 19/05/2017 a las 06:00 Actualizada 18/05/2017 a las 21:53    
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Estamos en la recta final de las primarias elegir al nuevo Secretario/a General del Partido Socialista. Se trata sin duda de uno de los momentos más complejos y difíciles del PSOE, quizás desde el 28 Congreso celebrado en mayo 1979 cuando la dimisión de Felipe González, tanto por la forma cómo se ha llegado hasta aquí, forzando la dimisión de un Secretario General elegido ya en primarias, como también porque desde el 1 de octubre pasado el PSOE se encuentra falto de dirección y sobre todo de liderazgo social y político. Y además por la tensión y en momentos dureza del enfrentamiento entre los dos candidatos con más opciones de ganar, como se ha visto en el debate a tres celebrado en Ferraz.

Pero me interesa resaltar otro aspecto que no siempre está siendo explicitado la mesa, el estar en juego la orientación política del PSOE y con ella el futuro de la izquierda en nuestro país y las posibilidades de mayor o menor cambio en la orientación actual de la política.

No se me escapa desde luego que este problema es común al resto de fuerzas socialistas y socialdemócratas en Europa. Lo vemos en Francia, Italia, Alemania,  Gran Bretaña y en la mayoría de los países de la UE, salvo quizás Portugal, por la decisión del Partido Socialista Portugués de formar Gobierno con el apoyo de otras fuerzas de izquierda, y la aceptación, ahí sí, de estos otros partidos de que gobierne Antonio Costa. La posición adoptada por los socialistas europeos frente a la globalización financiera, que les ha impedido tener argumentos y propuestas propias frente a las políticas de austeridad de la derecha europea cuando estalló la crisis en 2008, les ha llevado a una caída generalizada en el voto desde el 30-35% a no rebasar el 20% de los apoyos, cuando no, como en Francia, a una debacle electoral entre cuyos causantes están aquellos dirigentes que dejaron de apoyar a su candidato para hacerlo por Macron, que ahora deja claro quién es, nombrando a un primer ministro de derechas.

Son muchos los que insisten en que hay que pasar del debate de personas al de ideas. Pero algunos no abandonan la descalificación personal, como ciertos medios de comunicación que han llamado a Pedro Sánchez “insensato sin escrúpulos” o que más recientemente le han identificado con el abismo. Y a la vez son también muchos los que intentan evitar que se debata sobre lo que ocurrió en lo que acertadamente J.Borrell ha llamado “los idus de octubre”, evocando la conspiración y traición de los amigos de César, las causas de fondo de la operación derribo del Secretario General, cuyo objetivo, además de echarle, era doble: posibilitar un Gobierno de Rajoy mediante la abstención del Grupo Socialista y evitar la celebración nuevas elecciones o un acuerdo con Podemos, o con Podemos y Ciudadanos, e incluso con una parte del nacionalismo siempre que no se hiciese ninguna concesión al independentismo o soberanismo.  Este acuerdo era muy difícil por la actitud de las cúpulas de Podemos y de Ciudadanos, pero suponía una opción apoyada por la mayoría de los afiliados y votantes socialistas según han confirmado reiteradamente todas las encuestas y estudios de opinión.

Las opciones que se presentan no se diferencian sólo por la actitud y trayectoria de los candidatos, sino que está en juego el sentido y alcance de las políticas futuras del PSOE, la idea que tenga de sí mismo como partido de cambio social para el primer tercio del siglo XXI, incluida su propia organización y democracia interna.

El PSOE es un partido plural y lo ha sido siempre. Un partido que quiere gobernar, que ha gobernado España y que quiere conseguir una mayoría para volver a dirigir el país, tiene que cubrir un espectro plural y a sectores diversos atendiendo a intereses que no responden a las mismas matrices ideológicas, con tal de que no sean contradictorios entre sí.

Siempre ha habido dos almas en el PSOE, una más socioliberal y otra más izquierdista, y una más federal y otra más jacobina, que han convivido, a veces con dificultades, pero con lealtad a sus dirigentes. Lo que importa es que no haya operaciones palaciegas y que se respete el voto democrático,  y  a la vez que se clarifiquen y no se  oculten las posiciones que cada uno/a representa en cada momento.

En mi opinión en estas primarias están en juego cuatro retos o cuestiones claves, sobre las que los candidato/as tienen posiciones y actitudes diferenciadas:

1. En primer lugar la democracia en el Partido – si el PSOE va a responder a un modelo democrático propio del siglo XXI, con participación directa de los militantes y, en algunos casos, de los simpatizantes, o volvemos hacia atrás. El sentido de la participación política en esta época es muy distinto al de hace 40 años. A la gente no le basta con votar cada cuatro años, los ciudadanos exigen participar y decidir.  Hemos visto cómo en Gran Bretaña, Francia e Italia los candidatos a dirigentes socialistas son elegidos en primarias abiertas a afiliados y simpatizantes. Pero aquí hay muchas voces que recelan porque los aparatos no las controlan, llegándose a afirmar por sesudos intelectuales si España puede quedar a merced de lo que decidan los militantes socialistas.

Pero democracia supone también autonomía frente a los poderes económicos y frente a los poderes mediáticos, algunos de éstos muy poderosos, en otro momento faros de la izquierda y del progresismo español pero que hoy, tras un giro muy radical, quieren imponer al PSOE su propia orientación de la política. E igualmente democracia significa autonomía frente a la tutela de grupos de exdirigentes y dirigentes territoriales, que con un cierto sentimiento de propiedad del partido se sienten en la obligación y el derecho  de controlar la marcha de sus políticas.  En definitiva, una democracia partidaria en la que la voz de los militantes sea determinante en las decisiones clave a través de primarias, sin trabas que las dificulten, y que compatibilice adecuadamente la democracia participativa con la representativa.

2. El segundo reto es el modelo de socialismo, el proyecto político para el país y para Europa. Un proyecto que sepa diferenciarse y hacer frente al modelo de ajuste que ha impuesto la derecha europea al servicio de las fuerzas financieras que dominan la globalización, que gire a la izquierda y haga suya la causa de los que hoy quedan al margen de la sociedad.  El socialismo del siglo XXI ha de compaginar amplias mayorías para gobernar, pero para ello no ha de buscar simplemente amoldarse, sino hacer frente al neoliberalismo imperante en Europa, volviendo a reforzar elementos clave del pacto keynesiano de la postguerra. Una UE que no sea simplemente un espacio de circulación libre de capitales, sino que homogenice y dirija las políticas fiscales e iguale las políticas sociales, y un Estado que en economía sea no sólo regulador, sino en muchos casos también actor.

3. La tercera cuestión en juego es el modelo territorial. Cuando uno de los problemas centrales de la política española es el de la cuestión catalana,  también dentro del PSOE se debaten opciones diferentes. Desde quien sigue manteniendo un modelo de España única propia del nacionalismo español, pasando por los que  se apuntan a un federalismo muy  descafeinado, frente a un modelo que tienda a un federalismo plurinacional, de España nación de naciones, que abra perspectivas más amplias de entendimiento con Cataluña y los catalanes.

4. Y por último está en juego la política de alianzas que siempre ha sido clave en los congresos del PSOE. La realidad política española es hoy muy plural, está más fragmentada, lo que obliga a buscar acuerdos entre distintas fuerzas políticas. El PSOE, hegemónico en la izquierda, debe buscar entendimientos con las demás fuerzas políticas y sociales de izquierda para desde ahí abrirse al centro. Y para esa tarea es esencial potenciar el papel de los sindicatos. Un programa de cambio y de reformas socialdemócratas no puede llevarse adelante con quienes se resisten a ese cambio, salvo la reforma de la constitución, que ésta sí debe hacerse con todas las fuerzas políticas, incluido el PP. Pero es evidente que otros sectores dentro del PSOE prefieren un entendimiento con el centro, o incluso con la derecha, sea bajo la forma de gran coalición o la abstención.

Estas son las cuatro claves que están en juego en el presente y en el futuro del PSOE. Los candidato/as no defienden posiciones iguales, sino que hay dos proyectos claramente diferenciados. La única salida es que decidan en voto secreto los afiliados socialistas.
___________

Manuel de la Rocha Rubí es abogado y exdiputado del PSOE.


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3 Comentarios
  • Ambón Ambón 19/05/17 13:27

    Yo veo la cosa bastante fácil, el tema sigue siendo la lucha de clases, cambian las clases sociales, ahora no podemos hablar de nobleza, burguesía y proletariado, ahora se habla de clases trabajadoras, clases medias y las élites, pero la lucha es la misma. En esta crisis hemos visto como las élites se enriquecían saqueando a las clases medias y trabajadoras, por tanto lo que dice la razón es que estas clases que han sufrido deben unirse para controlar a las élites. Pues bien el PSOE surge para defender a los proletarios, la clase trabajadora, con el tiempo va evolucionando para representar tambien a las clases medias, es el año 1982 cuando Felipe González consigue su mayoría absoluta y ya desde el poder el PSOE pasa a gestionar el país teniendo en cuenta principalmente las opiniones de las élites, es decir, traicionó sus origenes y sus razón de ser. En mayor o menor medida es lo que les ha pasado a todas las socialdemocracias, eso ha dejado un hueco, ha dejado a las clases trabajadoras sin representación salvo grupos minoritarios como IU, por eso el crecimiento rápido de Podemos y ha abandonado también a las clases medias conservadoras que piensan que si la solución tiene que venir con políticas de derechas, pues que las hagan las derechas. El resumen es que la suma de las clases medias y las clases trabajadoras es mucho mayor que las élites y ese debe ser el mensaje y convencer a estas clases que el mejor gobierno es aquel que tiene en cuentas sus aspiraciones y sus necesidades. A eso le podemos llamar como queramos, pero si le llamamos izquierda todo el mundo debería entender lo que se dice. Evidentemente hay muchos matices y diferencias de un extremo a otro de la izquierda, pero no debemos caer en esa pelea.

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  • viaje_itaca viaje_itaca 19/05/17 12:54

    No está mal, pero habría que señalar un par de cosas. La primera es que las ideas las tienen las personas, asi que no es posible cambiar ideas si no se tiene un dirigente que sea partidario de ellas. Pretender una política de alianza de izquierdas dirigida por FeliPPe Gonzalez es una estupidez supina. Y la otra es un cierto olvido de la cuestión nacionalista. Sí, el nacionalismo ha creado muchos problemas, pero del nacionalismo (o polismo, si queremos incluir la Grecia clásica) ha nacido la democracia: de la delimitación del demos donde puede darse un mínimo de solidaridad que es necesaria para ello, y que no es posible más allá, véanse a los alemanes votando para jodernos a los del sur haciendo caso a las más burdas campañas mediáticas. No volvamos a creer en el internacionalismo proletario, que ya se vió lo que pasó en la I Guerra Mundial. No fue casualidad. No se puede pasar del nacionalismo. Hay que saber gestionarlo adecuadamente.

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  • vianero vianero 19/05/17 08:14

    Muy completa y atinada su exposición y siendo de izquierda socialista no hace falta que enseñe su patita.!a las armas ciudadanos, que se nos viene encima la Panzerdivision de la gran coalición!

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