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Sala de visionado

A la caza de tiburones financieros

Publicada 24/11/2016 a las 06:00 Actualizada 29/11/2016 a las 19:49    
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Uno de los peculiares atractivos que tienen las series televisivas es la posibilidad de introducirnos en un mundo desconocido en el que, episodio tras episodio, vamos profundizando hasta llegar a tener la sensación de que dominamos sus claves. Las mejores series profesionales suelen dejar huella en sus seguidores, que desde que se enganchan a una de ellas pasan a ver ese mundo con otra mirada. Traemos hoy a nuestra Sala de Visionado una producción altamente recomendable que aborda un sector que ha protagonizado buena parte de las primeras páginas de los periódicos y los espacios informativos. Se trata del arcano mundo del dinero y de quienes lo manejan a su antojo para llegar al enriquecimiento rápido, evitando los siempre incompletos marcos legales. También es el mundo de quienes vigilan sus actividades, los persiguen y, algunas veces, consiguen atraparlos y enviarlos a prisión. Billions (en Movistar +) se centra en la historia de un agresivo especulador de fondos de riesgos y en el fiscal que investiga sus esquivos delitos financieros.



La serie es de las que con justicia pueden definirse como el clásico “duelo interpretativo”. Por un lado, el siempre inquietante Damian Lewis, protagonista de las primeras temporadas de Homeland, como el millonario con carisma y sin escrúpulos. Por otro, Paul Giamatti, que, como tantos actores, hace el salto a la televisión desde el cine, donde ha hecho docenas de personajes, quizá el más recordado el frustrado protagonista de Entre copas, que al final del filme bebía su mejor vino, solo y derrotado en un McDonalds. Completa el trío protagonista Maggie Siff, conocida por otras series, como Sons of Anarchy o Mad Men. Es la psicóloga a sueldo del financiero y, a la vez, la esposa del fiscal que le persigue.

Viendo la serie, no deja de impresionar que Billions tenga una importante base real. Está libremente inspirada en la figura actual Fiscal del Distrito Sur de Nueva York. Hasta la puesta en escena del decorado en el que se desenvuelve Paul Giamatti está basada en la oficina auténtica de Preet Bharara. Se trata de un afamado fiscal superestrella, nacido en la India, aunque fue ya educado y nacionalizado en Estados Unidos. Fue un brillante estudiante, lo que le llevó a ser elegido para leer el discurso de su promoción en la graduación del instituto. Desde sus primeros trabajos como abogado destacó en los diferentes bufetes por los que pasó, hasta que en 2009 encontró el puesto de su vida. Nominado por Barack Obama y respaldado unánimemente por el Senado, llegó a la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, que aún dirige. Parece solo un barrio, pero no en sus manos. Hay que tener en cuenta que una de las calles de este pequeño barrio se llama Wall Street.

Preet Bharara ha investigado más allá de las finanzas: la mafia, la corrupción política, el tráfico internacional de armas y drogas. Además, se ha enfrentado a grandes compañías como Toyota; a fraudes en la reclamación a Alemania de compensaciones por el Holocausto; ha perseguido el cibercrimen y ha acabado con poderosas bandas organizadas. Tirando de los hilos de los que él tira salen películas, libros y series para varias vidas.

Una de sus mayores especialidades es la persecución a bancos y empresas de Wall Street. Citibank ha sido imputada varias veces por su oficina. En 2012, el banco aceptó pagar 158 millones de dólares por llevar al gobierno a asumir préstamos de riesgo y dos años después asumió otra multa de 7.000 millones. Nada más aceptar su puesto, Bharara comenzó a investigar a JP Morgan Chase por su participación en el fraude de Bernie Madoff. El resultado fue una incautación de activos por valor de 1.700 millones. La mayor de la historia. Participó en la demanda al Bank of America y ganó el caso más importante contra un banco por su participación en la crisis financiera.

Para quien quiera conocer al personaje, hay disponible en Youtube abundante material reseñable. Aquí adjuntamos el enlace con su discurso de apertura de curso de la Facultad de Derecho en Berkeley.



Billions se centra en la parte de la oficina fiscal que aún sigue siendo el azote del tráfico de información privilegiada y otros crímenes financieros cometidos por los agresivos los fondos de inversión de riesgo. Bharara suele jactarse de utilizar métodos novedosos y contundentes. De hecho, hay un caso emblemático que ha servido de referencia para la primera temporada de la serie. En 2013 Bharara puso en marcha la caza de una de las firmas de inversión más importantes y exitosas de todo el país, SAC Capital Advisors LP y la de su fundador, Steven A. Cohen. Al final del proceso, en el caso real, llegaron a un acuerdo de 1.800 millones de dólares y la firma tuvo que cerrar. La mayor sanción de este tipo jamás alcanzada en Estados Unidos. En la serie se parte de un caso con claras coincidencias, aunque se reserva particulares vicisitudes en el desarrollo y en el desenlace.

Lo que también aparece es el antagonista del fiscal, el financiero Bobby Axelrod, supuesto trasunto de Steven Cohen que, en la actualidad, después de la multa, sigue siendo el 72º hombre más rico del mundo según Forbes, con una fortuna estimada de 13.000 millones de dólares. La condena de la causa abierta por Bharara le obligó a cerrar su firma y le prohibió invertir dinero de otros hasta 2018. Así que creó su propia empresa familiar en la que trabaja sólo con su enorme patrimonio.

Cohen es un neoyorkino que empezó a jugar al póker en el instituto y asegura que debe al juego de cartas su experiencia al tomar riesgos. Estudió economía en Pennsylvania y con 1.000 dólares de un amigo comenzó a operar en bolsa. En su primer día de trabajo en una empresa de Wall Street obtuvo un beneficio de 8.000 dólares. Cuando creó su propia firma se especializó en inversiones a corto, manteniendo sus valores por breves periodos de tiempo, táctica que ha cambiado ahora por inversiones a más largo plazo. El ático que vendió en Nueva York en 2013 tenía un precio de 98 millones de dólares, el apartamento más caro vendido en la ciudad, mientras Donald Trump no se desprenda del suyo. Todo en él es obsceno. Este verano ha derribado la mansión que compró en los Hamptons por 62 millones de dólares y que nunca había usado, para construir una nueva en su lugar. Cohen es un obseso de la privacidad, no habla casi nunca con la prensa, prohíbe hacerlo a sus empleados y se desplaza con estricta seguridad privada. Sin embargo, tanto él como su esposa Alexandra acudieron sorprendentemente a un popular programa de televisión, seguido por amas de casa, a airear sus privadísimos asuntos. Alexandra, se quejó ante la audiencia de que su marido seguía manteniendo excesivo contacto con su primera esposa dentro de un programa de testimonios dedicado ese día a esa cuestión. Los dos discutían ante el público dando sus enfrentadas versiones. Según parece, su primera mujer le había demandado por ocultarle dinero de una operación financiera y aun así siguieron viéndose y teniendo sexo cuando Cohen ya estaba relacionado con su segunda esposa.

Por continuar en la zona de cotilleos, llama la atención que Cohen conoció a Alexandra a través de una web de contactos en la que solo obtuvo 20 respuestas a su búsqueda de una relación destinada al matrimonio, quizá debido a su escaso atractivo personal y su enfermiza adicción al trabajo. Por suerte para él, una era la de las solicitantes era esta madre soltera, que siempre había querido casarse con un millonario, aunque sigue comprando en el supermercado más barato. Poco que ver, con el estilizado y cuidado personaje de Bobby Axelrod en Billions surgido bajo su lejana inspiración.

Cohen es uno de los mayores coleccionistas de arte contemporáneo. Picassos, Giacomettis, Jeff Koons, Jasper Jons o Damien Hirsts decoran sus oficinas. Y no obras cualquieras, las más caras, las más representativas. Dice disfrutar yendo a visitar los talleres de los artistas locales, pero ha sido criticado por invertir arte como cualquier otro producto financiero. De hecho, su compra de La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo, el famoso tiburón en un tanque de agua de Damien Hirst, (que luego tuvo que reemplazar porque se había deteriorado) fue calificado por el crítico de arte Rob Hughes como el símbolo de la obscenidad cultural del mercado internacional del arte.

Casi todo en la vida de este millonario acaba siendo bizarro, puesto que el soberbio Picasso que compró, Le Rêve, se hizo también mundialmente famoso. Cohen acababa de adquirir la pintura por 139 millones de dólares al magnate de los casinos de Las Vegas Sthephen Wynn y éste mismo le dio un golpe involuntario al cuadro esa noche causándole una rotura. La venta no se cerró. Wynn reparó el cuadro y varios años después acabó vendiéndoselo a Cohen, con un nuevo precio, 155 millones de dólares, en su momento la venta más cara en el mundo del arte de EEUU.

Aquí puedes pinchar un enlace con una de sus declaraciones que le llevó a su procesamiento, cuando no supo defenderse en el interrogatorio sobre la práctica del insider trading dentro de su compañía.



Tres son los creadores de esta serie de Showtime, que se inspira colateralmente en este caso: Brian Koppelman, Andrew Ross Sorkin y David Levien, judíos como el propio Cohen. Koppelman y Levien llevan una larga trayectoria juntos como guionistas con un lema: “Nada de videojuegos en el trabajo”. En equipo escribieron Rounders, película ambientada en el juego del póker y participaron en varias más como El ilusionista, Ocean´s Thirteen o The Girlfriend Experience. Para este film estudiaron el mundo del sexo y han incorporado en Billions sus conocimientos sobre el sadomaso.

Curiosamente, Koppelman, siendo adolescente ayudó a Eddie Murphy a cerrar su primer contrato discográfico y aun siendo estudiante en la universidad descubrió a Tracy Chapman y produjo su primer álbum. Su mítico álbum, el que pasó a la historia como uno de los mejores discos de los 80. Pero eso es otra historia.

Levien escribe novelas además de los guiones que firma con Koppelman y ambos son firmes defensores de la meditación trascendental. En este proyecto, la pareja de colaboradores ha buscado la ayuda de un experto en economía financiera, que ha denunciado los recovecos legales que usan los grandes fondos de inversión. Sorkin, que no está emparentado con el autor de El ala oeste, ha sido periodista financiero de The New York Times antes y durante todo el crack de Lehman Brothers y ha sido analista sobre asuntos financieros en multitud de programas de la televisión americana. Sorkin es autor del libro Demasiado grande para caer: la historia oculta de cómo Wall Street y Washington lucharon para salvar el sistema financiero, y a ellos mismos. El libro fue un superventas y se adaptó como película para la HBO, entre otros actores con Paul Giamatti.



El guión lo escribió uno de los guionistas de Breaking Bad, y curiosamente por esta relación, Sorkin apareció citado en el penúltimo episodio de la serie como el periodista que denuncia a los antiguos socios de Walter White por hipócritas, por hacer donaciones para ocultar su evasión fiscal.

Sorkin fue quien tuvo el momento eureka en este concepto. Viendo Ley y orden pensó que las series de abogados siempre funcionan y ese podía ser el vehículo para contar la aventura al límite de la ley de los fondos de inversión. Sorkin conocía a Bharara por su trabajo periodístico y se lo presentó a Koppelman y Levien en 2014. Bharara no solo les explicó la dinámica superficial de trabajo de la fiscalía, sino que les quiso transmitir las motivaciones éticas de quienes trabajan allí. Bharara también se vio con Paul Giamatti.

Para Sorkin, la autenticidad es importante, y por eso se cuida de no simplificar demasiado el lenguaje en el que se habla en estas oficinas. A menudo también los creadores se han visto atrapados en discusiones eternas sobre como vestiría su inversor gurú protagonista en una conferencia, con corbata, con la camisa más o menos abrochada, con camiseta y blazer de marca… aunque en ese sentido hay que reconocer que su tiburón de las finanzas siempre es más atractivo que su alter ego en la vida real.


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