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Política

¿Crisis de Gobierno? Probable, todavía no y bajo llave en Moncloa

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su homólogo luso, Antonio Costa, este viernes en el partido amistoso entre España y Portugal en el Wanda Metropolitano.

En los partidos que conforman el Gobierno todo el mundo lo da por hecho. El presidente afrontará una remodelación de su Consejo de Ministros más pronto que tarde. Aunque nadie piensa que será inmediata. En realidad, se trata de un tema recurrente que se viene planteando desde hace meses. Primero, tras la salida de Salvador Illa en dirección a Cataluña. Aunque finalmente, aquel movimiento se redujo a la entrada en el Consejo de Ministros de Miquel Iceta y al traspaso de la cartera de Sanidad a Carolina Darias.

También hubo vientos de cambio tras la salida de Pablo Iglesias en dirección a Madrid, primero, y a su casa, después. Aquella fue una decisión personal del exvicepresidente y completamente ajena a Pedro Sánchez, que se enteró pocos minutos antes de que la noticia fuese publicada en prensa. Así que la marcha del exlíder de Podemos solo supuso la entrada en el Consejo de Ministros de Ione Belarra, la persona que el propio Iglesias designó. Ahora, en plena gestión administrativa, política y comunicativa de los indultos a los presos del procès, vuelven a soplar vientos de agua. “Alguna vez acertarán y habrá cambios de verdad”, bromea un alto cargo del Gobierno.

Un impulso a la legislatura

Hace solo unas semanas, la vicepresidenta tercera del Gobierno y líder de Unidas Podemos en la coalición aseguró que “la legislatura empieza ahora”. Se refería Yolanda Díaz al fin de la pandemia y a la reconstrucción económica que pretende liderar el Ejecutivo con los fondos europeos en la mano. Aunque puede que, incluso desde un punto de vista político, también estuviese en lo cierto.

La mayoría de los grandes retos de la legislatura quedaron paralizados por la gestión de la pandemia, que ha centrado casi la totalidad de la tarea de Gobierno. Es ahora, con el proceso de vacunación muy avanzado, cuando importantes desafíos políticos como la crisis institucional con Cataluña encuentran su hueco en la agenda. Con la oposición intentando movilizar a la calle contra la decisión de los indultos y tras el varapalo de la izquierda en las elecciones madrileñas, casi todas las personas consultadas que tienen peso en el Ejecutivo de Sánchez coinciden en que podría estar cerca el momento idóneo para darle un nuevo impulso a la legislatura.

Aún sin negociar

En realidad, casi nadie puede constatar tener información de primera mano. Pedro Sánchez no ha detallado o explicado sus intenciones a nadie y guarda sus planes a medio plazo bajo llave. “No me consta en absoluto”, dice una persona cercana al presidente. Otra fuente con acceso directo al jefe del Ejecutivo habla de “profecía autocumplida” de quienes vaticinan una crisis de Gobierno.

En Unidas Podemos “no extrañaría” una remodelación a medio plazo, pero varias fuentes de la parte morada de la coalición aseguran que, de existir, no ha sido “comunicada oficialmente” a la vicepresidenta Yolanda Díaz, con quien Sánchez mantiene una estrecha relación de trabajo y ha mantenido ya varias reuniones en privado, alguna incluso esta misma semana.

Si los cambios en el Ejecutivo afectasen al número de ministerios y, por tanto, al pacto de coalición, “debería producirse una negociación entre Sánchez y Díaz”, explican en Podemos, para acordar qué tipo de cambios se afrontan. Y esa negociación, según todas las fuentes consultadas, ni siquiera ha comenzado.

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Castells o Garzón

Si la reestructuración del Consejo de Ministros que Sánchez tiene en mente implicase la reducción del número de carteras moradas, lo que está claro es que hay ministras intocables. “Obviamente ni Irene Montero, ni Ione Belarra ni Yolanda Díaz van a salir del Ejecutivo”, explica una fuente de Podemos. Tanto la salida del ministro de Universidades, Manuel Castells, como la del de Consumo, Alberto Garzón, implicarían importantes reajustes internos en Unidas Podemos en busca de nuevos equilibrios. Hay que recordar que Castells representa a la confluencia catalana de los comunes y Garzón a Izquierda Unida. Un conflicto de intereses que se podría solventar si el líder de IU finalmente decidiese presentarse a las elecciones andaluzas.

También hay dudas sobre los tiempos que maneja el presidente para poner en práctica los cambios. Algunas voces explican que, si lo que Sánchez pretende es dar un nuevo impulso político a la legislatura, no parece que el momento más apropiado para ello sea justo antes del verano. Porque los frentes abiertos son múltiples: el plan de vacunación, aunque está alcanzando importantes hitos, sigue aún lejos de completarse; los expedientes de los indultos a los presos catalanes están aún sin redactar; las primarias socialistas de Andalucía (donde algunos no descartan una debacle) están por celebrarse. Y, sobre todo, que la inmensa mayoría de la población no tiene otra cosa en mente que no sea irse de vacaciones tras año y medio de pandemia. Un mapa político poco propicio para que el Gobierno pudiese rentabilizar los aires renovados de los nuevos rostros en el Consejo de Ministros.

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