El turismo en España vuelve a la fiebre del récord

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Business as usual, dicen los anglosajones. España regresa a la espiral de los récords turísticos sin acometer cambios estucturales en el modelo. Tras el trauma de la pandemia, que provocó un cuestionamiento del turismo masivo, el país se encamina a superar el récord de llegadas en 2023 y la economía a aumentar su dependencia del turismo. La estrategia gubernamental para el trabajo a medio-largo plazo, recogida en el acuerdo de PSOE y Unidas Podemos, está pendiente de aprobación.

infoLibre recaba el análisis de cinco especialistas, que componen el siguiente diagnóstico: las inercias pre-covid regresan, con leves correcciones para lograr más gasto per cápita, un retoque que adapta el mercado a la mayor desigualdad global provocada por la pandemia y la inflación y que no altera las bases de un modelo que sigue provocando conflictos sociales, encareciendo la vivienda y demorando la acción contra el desafío climático.

"Inercias poderosísimas"

España cerró 2019 con 83,7 millones de turistas internacionales, último récord de una serie que parecía abocada a seguir al año siguiente. La evolución así lo indicaba. En 2008 habían sido 52,1 millones. En 2013, 60,6. ¿Dónde estaba el techo? ¿Por qué no 100 millones? De repente, llegó la pandemia.

No tardó en hacerse evidente que los países con mayor dependencia del turismo eran los que más sufrían el impacto. El PIB español cayó en 2020 un 10,8%, frente a un 6,4% en la UE. El covid-19 se convertía en una luz roja de alerta. No era la primera. Ya antes múltiples voces alertaban sobre la excesiva dependencia de un sector volátil, sensible a la inestabilidad global, con elevados costes sociales y ecológicos, asociado tanto a la precariedad laboral como al encarecimiento del precio de la vivienda. El debate sobre la "turismofobia" era previo al covid. Y también anterior a la crisis sanitaria era la advertencia de que el sector con toda certeza se verá afectado por el cambio climático.

Así que la pandemia parecía brindar la ocasión para el replanteamiento. "Volver cuanto antes a lo mismo no nos sirve", declaraba a infoLibre en abril de 2020 Josep Ivars, profesor de Geografía y Turismo de la Universidad Alicante. Unos meses después, en verano, el asesor turístico Javier Blanco, que acababa de publicar Antes de pulsar el botón de reinicio. Retos de la reconstrucción del turismo global tras la covid-19, dejaba tres frases en esta entrevista. Aunque se trata de uno de los profesionales más respetados del sector, no puede decirse que hayan recibido suficiente atención. Veamos.

1) “Debemos reducir la dependencia del turismo”. Si comparamos las cifras prepandemia con las del cierre de 2022, los activos han caído en la industria (del 12,8% al 12,6%), la agricultura (del 4,1% al 3,8%) y la construcción (del 6,1% al 6%) y han subido en los servicios (del 70,4% al 71,2%). El PIB turístico alcanzó en 2022 los 159.490 millones, un 1,4% más que en 2019, según datos del Banco de España procesados por la patronal Exceltur. Su aportación a la economía fue del 12,2% en 2022, sólo ya levemente por debajo del 12,6% de 2019. Y todo apunta a que la parte de la tarta para el turismo pronto superará a la previa a la pandemia. ¿Pasa factura a la economía tanta dependencia? Roy Cobby, profesor en el King’s College London y en la Universidad Carlos III, especializado en industria y economía digital, cree los datos datos de PIB per cápita de Eurostat muestran que sí. ¿Qué dicen los datos? Mientras entre 2018 y 2022 el PIB per cápita ha subido de 27.620 a 28.810 en la UE-27, en España ha bajado de 24.890 a 24.580. De los 31 países monitorizados, la curva 2018-2022 sólo baja en España e Islandia. Cobby atribuye el caso español a la fragilidad del tejido industrial y a la excesiva dependencia del turismo, cara y cruz de un modelo que "nos hace más sensibles a los cambios de ciclo económico".

2) “No es posible ni deseable volver a los 80 millones de turistas”. La tendencia apunta a que 2022 (71,6 millones de llegadas) podría el último año por debajo del listón de 2019 (83,7). El Gobierno prevé ya en 2023 un nuevo máximo. Un informe de Braintrust estima 85 millones. En la prensa salmón abundan pronósticos en la misma línea de patronales, hoteles, aerolíneas, touroperadores... La feria Fitur y el congreso B-Travel coinciden en la euforia.

3) “El discurso de los récords continuos ya no nos sirve de nada”. "Récord" y "boom" son palabras omnipresentes en la crónica turística. Los prolegómenos de la Semana Santa lo ilustran. "El turismo prevé una Semana Santa de récord" (El Periódico de Catalunya). "Los viajeros extranjeros impulsan el boom de las reservas hoteleras" (Europa Press). "El turismo se prepara para un bum en Semana Santa" (El País). No es un lenguaje sólo mediático. Es la retórica oficial. Los comunicados del Gobierno anticipan un "récord" de turistas en 2023. "Vamos a tener la mejor Semana Santa de toda la historia", proclama el consejero andaluz Ricardo Bernal.

¿Cómo ve las cosas ahora Blanco, el autor de las tres advertencias de 2020? "Los hechos demuestran –reflexiona– que hay unas inercias poderosísimas de las que es muy difícil salir". Blanco muestra ambivalencia en el balance. No quiere caer en la indulgencia ni en el catastrofismo. Por cada una de cal, da una de arena. Un ejemplo: destaca el valor del compromiso adquirido por siete ciudades –Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Valladolid, Vitoria y Zaragoza– por la "neutralidad climática" en 2030, pero ve el propósito "incompatible" con la continuidad de las prácticas turísticas dominantes, marcadas por la atracción de demanda. "Madrid se está gastando 4 millones en promocionarse en China, Japón y Corea. ¿Cómo casa eso con el compromiso de 2030?", se pregunta Blanco, que recuerda que dos rutas españolas –Madrid-Nueva York y Madrid-México DF– están entre las 25 transatlánticas con más vuelos en 2023".

Una estrategia pendiente

A juicio de Blanco, se da una doble contradicción. En primer lugar, entre dos discursos políticos simultáneos: uno que predica la "sostenibilidad" sin suficiente contenido y otro centrado en los "récords"; la segunda contradicción entre ese discurso de la "sostenibilidad" y unas prácticas centradas en el cuanto más mejor. Eso sí, hay excepciones. "Siempre hay motivos para la esperanza, y hay en marcha experiencias interesantes, sobre todo en el ámbito local, en ciudades como Valencia, pero lo cierto es que todavía falta una apuesta clara por políticas con ambición social y ambiental", afirma.

Una oportunidad para esa apuesta es la Estrategia de Turismo Sostenible 2030, que el Ministerio de Turismo deberá aprobar esta legislatura para cumplir el acuerdo de gobierno. El texto parte con limitaciones, ya que no tendrá carácter vinculante en una actividad que es competencia autonómica. Blanco, que colabora en su elaboración, confía en que la estrategia vaya más allá de "objetivos genéricos de sostenibilidad" e introduzca "compromisos detallados de descarbonización". De momento, advierte, detecta "falta de concreción y de ambición", aunque recalca que el proceso sigue. El objetivo del ministerio es aprobar la estrategia, con estos ocho ejes, antes de que termine el mandato, explica un portavoz, que recalca que el documento debe ir "más allá de una legislatura" y dar un marco común a futuros gobiernos, comunidades y al sector.

El anterior Plan Nacional de Turismo perdió su vigencia el 1 de enero de 2016, con el PP. Desde entonces se han aprobado –enero de 2019, con el PSOE– unas "directrices" provisionales, a la espera de la estrategia. La demora contrasta con el diagnóstico de gravedad trazado por el Plan 2050 del Gobierno, que prevé "daños severos" al turismo por el cambio climático y defiende una "reducción drástica de sus externalidades negativas" que requiere "abordar con decisión y contundencia" su "transformación".

Un "blanqueamiento" del modelo: más lujo, más gasto

Pero no hay transformación a la vista, ni siquiera reforma, señala el investigador sobre turismo Agustín Cocola-Gant. "Por mucho que se dijera durante la pandemia", señala, "estaba claro que volveríamos al business as usual". "La razón es que el peso del turismo es tan elevado que su reestructuración llevaría décadas y provocaría una crisis muy fuerte. Así que hay que volver a crecer, a pesar de que la pandemia demostró que los países con más dependencia del turismo son más vulnerables", añade.

Los cambios que detecta en el sector son meros ajustes al nuevo contexto. Ahí inscribe dos fenómenos al alza. Por un lado, una potenciación del sector lujo. Por otro, en conexión con lo anterior, un alza de los precios y del gasto medio, que en 2022 fue de 1.217 euros, un 10,5% más que en 2019.

Ese mayor impacto por viajero es uno de los ingredientes de lo que Macià Blázquez, del Grupo de Investigación sobre Sostenibilidad y Territorio de la Universitat de Illes Balears, llama "blanqueamiento" del modelo, que incluye "medidas racionales como la eficiencia energética con fondos Next Generation" y un mayor esfuerzo por atraer turistas de mayor poder adquisitivo. "El escenario invita a lanzar la hipótesis del fin del turismo barato. A los problemas de seguridad [a nivel global] se suman las emergencias crónicas, la desigualdad, el encarecimiento de la energía... Ya no será tanta gente la que podrá viajar, los privilegiados serán menos y gastarán más", señala.

Impactos: vecinos, precios, precariedad

De momento, señala Blázquez, sólo estamos viendo el despegue de este fenómeno. No obstante, el prometedor futuro del sector "lujo", "alta gama" o "alto impacto" actúa ya como catalizador destacado de inversiones de fondos internacionales en el sector hotelero español. En 2022 la cifra de inversión total superó 3.300 millones, un 36% más que en 2019, según datos de la compañía de capital inmobiliario CBRE. Las categorías a la que más inversión llegó fueron 4 estrellas (46%) y 5 estrellas y "gran lujo" (33%). Ciudades como Madrid y Sevilla viven una eclosión de proyectos de lujo. Frente al low cost de "borrachera" o "despedida de soltero", el lujo aparece como un modelo más noble.

Carla Izcara, investigadora especializada en turismo del Centro Albasud, señala cómo esta aparente evolución del modelo "en realidad se basa en los mismos parámetros". "Hay un regreso a lo mismo, si cabe con más agresividad por el ansia de recuperar lo perdido. En un contexto de policrisis –social, energética, climática, de falta de agua– es irreal seguir como si nada", añade. Izcara cree que, pese al empeño en "llevar una venda en los ojos", hay manifestaciones inocultables de insostenibilidad del modelo turístico al menos en tres ámbitos: saturación vecinal, precariedad laboral y encarecimiento de la vivienda.

En cuanto a los conflictos vecinales, he aquí algunos titulares en las dos principales capitales, aunque las situaciones se reproducen en múltiples ciudades de toda España.

– Madrid. "La pesadilla de los pisos turísticos para los vecinos: 'Es un chanchullo'” (Qué!, septiembre de 2022). "La métrica veneciana: en el centro de Madrid ya hay más pisos turísticos que niños" (El Confidencial, febrero de 2023).

– Barcelona. "La Barcelona invadida por las terrazas: 'En el comedor de mi casa es imposible mantener una conversación'" (El País, noviembre 2022). "La presencia policial no detiene las fiestas ilegales de turistas en un mirador de Barcelona: 'Los vecinos estamos hartos'" (Eldiario.es, marzo de 2023).

Es fácil encontrar conflictos similares en cualquier ciudad. Uno de los focos de tensión más frecuentes son las viviendas turísticas. Mientras Exceltur reclama al Gobierno que regule su “eclosión descontrolada”, son las comunidades y ayuntamientos las que están empezando a intentar poner límites a su expansión, que contribuye al incremento del precio de la vivienda.

La cara oscura del boom turístico

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A ello se suma la precariedad laboral, parcela que han estudiado juntos Carla Izcara y Ernest Cañada, autores de una investigación apoyada por el Ayuntamiento de Barcelona que concluye que la poderosa reactivación del sector no se extiende a las condiciones laborales de camareros, limpiadoras, azafatas y recepcionistas. El informe destapa tretas para evitar el cumplimiento de la reforma laboral, por ejemplo la prohibición de los contratos por obras y servicios. ¿Cómo? Una azafata entrevistada explica que su empresa repercute a sus clientes el precio de multas que saben que tendrán que pagar por incumplimiento de los requisitos que impone la reforma laboral.

Pero, ¿entonces la reforma laboral no ha mejorado la situación? Los datos muestran una reducción de más de 20 puntos de la temporalidad, hasta quedarse en un 8,8% por la adopción generalizada del contrato fijo discontinuo. Javier Blanco, en paralelo al reconocimiento de este avance y de otros como la nueva legislación autonómica balear para proteger a las camareras de piso, cita un estudio de CCOO que cifra en 70.000 los profesionales huidos del sector desde que empezó la pandemia, dato indicativo de la precariedad e inestabilidad de la actividad. Ahí también queda por hacer, señala.

Izcara (Albasud) observa que ni los datos económicos, ni la crisis climática, ni la sequía, ni los impactos vecinales, urbanísticos y laborales detienen la presión del sector por profundizar en el mismo modelo. "Foment del Treball [la patronal catalana] sigue insistiendo en ampliar el aeropuerto de El Prat", pone como ejemplo. En paralelo, no obstante, cree que "socialmente" sí hay "una mayor conciencia". Y no sólo conciencia, añade Blanco, que también cree que medidas como las introducidas en Baleares para proteger la salud de las camareras de piso contribuyen a su vez a "ampliar la perspectiva y el lenguaje con el que se habla sobre el turismo". Dicho de otro modo: una cama no es sólo el lugar de descanso del turista, sino también el espacio de trabajo de una keli.

Business as usual, dicen los anglosajones. España regresa a la espiral de los récords turísticos sin acometer cambios estucturales en el modelo. Tras el trauma de la pandemia, que provocó un cuestionamiento del turismo masivo, el país se encamina a superar el récord de llegadas en 2023 y la economía a aumentar su dependencia del turismo. La estrategia gubernamental para el trabajo a medio-largo plazo, recogida en el acuerdo de PSOE y Unidas Podemos, está pendiente de aprobación.

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