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    <title><![CDATA[infoLibre - Joaquín Ramón López Bravo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/joaquin-ramon-lopez-bravo/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Joaquín Ramón López Bravo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[Pegasus y nuestra independencia digital]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/foro-milicia-democracia/pegasus-independencia-digital_132_1236126.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a06df900-4aa1-4de9-9cc4-3dd4a718664e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pegasus y nuestra independencia digital"></p><p><em>Pegasos, lindos pegasos</em></p><p><em>caballitos de madera</em></p><p><em>Antonio Machado</em></p><p>Pegasus: caballo etéreo que, como el de Troya, es un regalo envenenado. Lleva en sus tripas el <strong>germen de la guerra y la destrucción</strong>. El <em>software</em> intrusivo israelí (perdón por la redundancia) lleva, en efecto, un germen de lucha en sí mismo. El nombre está muy bien elegido. Pegaso era hijo de la sangre de una Medusa violada por Poseidón que además fue convertida en un monstruo por Atenea. Antes de su violación era bella (o al menos así lo cuenta Ovidio) y sacerdotisa de la propia Atenea en cuyo templo el dios del mar consumó su violación. Y en vez de castigar al violador, la diosa (otra también de género femenino) castiga a la violada. El Olimpo no resistiría ni el primer análisis sobre machismo y Derechos Humanos. Los dioses nunca se han preocupado de esas minucias.</p><p> </p><p>Ninguna elección es inocua ni inocente. Pero la del nombre del <em>software</em> espía que ha llenado tantas páginas de periódicos y horas de radio y televisión, reviste, a poco que se lea sobre los griegos clásicos, muchas facetas que permiten analizar el fenómeno desde casi todos los puntos. Pero el que hoy me interesa es el de <strong>espía que vuela invisible en el éter y es fácilmente inoculable</strong> en ese dispositivo que hoy nos ata a la realidad más que nuestros propios ojos: el teléfono móvil. Facilidad evidente porque ha burlado todos los sistemas de prevención de la seguridad de los ciudadanos relevantes de esta España nuestra.</p><p> </p><p>Y a eso voy. Si es tan fácil instalar un programa espía en unos terminales que aparentemente cuentan con toda la seguridad del mundo (claro que puede haberlo instalado el mismo encargado de esa seguridad, pero eso es harina de otro costal)<strong> ¿qué no podrán hacer con dispositivos menos protegidos?</strong> Y ya no hablo sólo de nuestros propios móviles. Somos demasiado poca cosa para que alguien nos espíe uno a uno. Me trae esto a la cabeza aquella ufanía pueblerina de algunos próceres patrios sobre su importancia por haber recibido alguna atención perjudicial por “ser ricos” o “poderosos”. <strong>No eres nadie si no te han sacado fotos comprometidas o no te han espiado</strong>. Cosas de nuestra idiosincrasia.</p><p> </p><p>No. Nuestros móviles no son (demasiado) importantes para ser pirateados. Pero hoy en día casi todas las armas de guerra, e incluyo en ellas las incorpóreas, como la comunicación de bulos y la información torticera, utilizan, yo diría necesitan, un programa informático para funcionar. <strong>Programa informático pirateable</strong>. Y ya he advertido en artículos anteriores, por ejemplo <a href="https://www.infolibre.es/opinion/blogs/foro-milicia-democracia/gasto-militar-presupuestos-generales-foro-milicia-y-democracia-pge_129_1214281.html" target="_blank">aquí</a> cuando comenté los presupuestos destinados a Defensa y la escasa cuantía al I+D+i, y <a href="https://www.infolibre.es/opinion/seguridad-nacional-no-cuestion-militar_1_1211177.html" target="_blank">aquí</a>, donde afirmé que <strong>la “seguridad nacional” ya no es una cuestión que dependa sólo y mayoritariamente del armamento</strong>, de la importancia de invertir en sistemas de seguridad informática y no sólo en el campo del armamento o la logística militar, sino en la protección de todos los ciudadanos y del territorio nacional en el que, sin duda, se incluye el inalámbrico, digital, informático o como queramos llamarle.</p><p> </p><p>Constantemente sabemos de ataques cibernéticos orquestados contra elementos de la sociedad civil. Según la empresa especializada en redes y datos de carácter personal DATOS 101, en 2021 se produjeron <strong>un promedio de 40.000 ataques cibernéticos diarios,</strong> lo que supuso un incremento de un 125% sobre los producidos en 2020. Y algunos muy sonados, como el que sufrió el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), atacado por un programa malicioso conocido hace ya mucho tiempo y que sin embargo no se pudo parar, no se disponía de antídoto, de arma de protección. O los que sufrieron las empresas Glovo, Phone House o Media Markt. Incluso la propia Microsoft, gigante del mundo de la informática, sufrió ataques que perjudicaron algunos de sus servidores de correo. Otros ataques se dirigieron a privar a los usuarios de conexión con sus “nubes”. Sin contar con los “microataques” que afectan a ciudadanos individuales y les cuestan los ahorros de toda la vida, el bloqueo de sus terminales o una presión insoportable, acoso que no siempre es bien resuelto por la justicia, anclada aún en “el papel” en el siglo XIX en cuanto a lo tecnológico y sus consecuencias.</p><p> </p><p>En definitiva, la guerra hoy se sustancia no sólo con sus campos de batalla convencionales. Hay guerras económicas que pueden ser aún más destructivas, más devastadoras y tener unos efectos en la población civil incalculables. No veremos las escenas sangrientas que nos atragantan la comida en los telediarios mostrándonos la crudeza de la guerra de Ucrania. Afortunadamente para evitarnos malas digestiones <strong>el resto de las guerras en el mundo parecen no existir</strong>. Nos ahorran los sufrimientos de yemeníes, palestinos, sudaneses, etc., campos donde la violencia de las imágenes es insoportable, como podemos ver en las pocas que se difunden en las redes sociales. Pero sí veremos los efectos en nuestras cuentas corrientes, tan vulnerables a los ataques maliciosos, o en el bloqueo de nuestros terminales por publicidades insaciables, o en nuestras redes sociales acosadas por robots digitales y el “troleo” de nuestros mensajes por medio de miles de cuentas falsas de alma y funcionamiento digital.</p><p> </p><p>Así que hay preguntas inevitables: <strong>¿Debería intervenir el ejército en esta guerra contra todos, en este campo de batalla donde de momento sólo Pegasus ha mostrado la patita? </strong>¿Es o no una cuestión de seguridad nacional este incesante ataque contra centros de comunicación, centros de poder económico, centros de poder político y las ramificaciones que nos afectan a los ciudadanos? Sinceramente no tengo clara la respuesta, pero si hago caso al principio de entropía, y dado que todo puede ir a peor, es posible que cuando tratemos de hacer algo al respecto sea demasiado tarde. <strong>Los piratas informáticos van mucho más deprisa que las posibles defensas individuales</strong>, porque ellos tienen un conocimiento que el resto de los mortales no tenemos.</p><p> </p><p>Así que, habida cuenta de que no hay mejor defensa que un buen ataque y que prevenir es mejor que curar, sí que creo que <strong>una parte importante del presupuesto de defensa nacional debería destinarse a blindar en lo posible las redes de comunicación</strong>, ese mundo virtual que se va convirtiendo poco a poco en real. Si la defensa nacional debe tener por objetivo último proteger a los ciudadanos y el territorio nacional de los ataques de potencias extranjeras y cualesquiera otros que traten de provocar daño y pérdida de autonomía nacional, es absolutamente evidente que la defensa del “éter”, de ese mundo en el que todos nos movemos, debe ser una prioridad.</p><p> </p><p>Pero es que además esa defensa es imprescindible incluso en el caso de guerra convencional. Muchos de los equipamientos de las armas modernas (sistemas de detección, de fijación de objetivos y disparo, de coordinación de las fuerzas, de vuelo y navegación, etc.) dependen de la informática. Un pirateo adecuado y las armas terminarán disparando contra quienes las empuñan. Tal vez aún no sea del todo posible, pero no me cabe la más mínima duda de que viendo cómo los seres humanos somos capaces de crear herramientas para destruirnos de la forma más efectiva posible, ya hay mucha gente trabajando en ello. Y <strong>me tranquilizaría bastante que hubiera gente trabajando en neutralizar ese tipo de guerra</strong>, y esa gente sólo puede estar adscrita a la defensa nacional, en los ejércitos.</p><p> </p><p>La guerra, como cualquier tipo de opresión o dominación, tiene muchas caras. Algunas de ellas difícilmente detectables, porque se esconden tras “normalidades” que mientras no nos afectan no somos capaces de detectar. Incluso no parecen guerras. Es necesario estudiarlas todas y, en lugar de utilizar lo que se descubra para perseguirnos por nuestra forma de pensar o trazar “perfiles” (eso quiere decir fichas policiales en el lenguaje suave y plagado de eufemismos con que tratan de infantilizarnos) para “detectar enemigos internos” porque piensan de forma diferente, que se utilice para <strong>defendernos de las agresiones externas</strong> que pueden afectar a nuestras propias capacidades de tomar decisiones tanto en lo personal como en lo colectivo.</p><p> </p><p>A ver si resulta que montado en Pegasus aparece Belerofonte sembrando Quimeras en lugar de destruyéndolas, y detrás viene Crisaor fulminándonos a todos con su espada dorada. <strong>Lo malo de los mitos es que a veces se hacen realidad</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 May 2022 19:33:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Pegasus y nuestra independencia digital]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Espionaje]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La caída del velo de la Arcadia feliz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/foro-milicia-democracia/caida-velo-arcadia-feliz_132_1223998.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9b8077c6-b7e7-4a68-bcab-478dc73fbaa5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La caída del velo de la Arcadia feliz"></p><p>Éramos felices. <strong>Vivíamos en una Arcadia bucólica.</strong> Sabíamos de guerras en el mundo. Pero eran otra cosa. Pertenecían a los “bárbaros”, fueran árabes, africanos, indonesios … ninguno “de los nuestros”.</p><p>Claro. No sabíamos que aquí se estaba larvando desde 2014 el fin de esa Arcadia. Los medios “serios” de comunicación <strong>no informaban de los choques entre Ucrania y Rusia</strong>. De las detenciones de antifascistas en Moscú, contrarios al clima belicista que se instalaba en Rusia, o el asalto por fuerzas ucranianas aparentemente ultraderechistas a la Casa de los Sindicatos de Odessa donde se habían refugiado ucranianos prorrusos, un asunto sin investigar. La incendiaron. Pero no parecía haber paralelismos con el incendio del Reichstag en 1933. Al fin y al cabo, <strong>parecía que el nazismo estaba controlado en Europa</strong>, por lo que cuentan los medios “serios”.</p><p>Hay muchos más ejemplos de lo que estaba sucediendo en Ucrania. <strong>La pasividad occidental</strong> ante la invasión y anexión de Crimea (algunas medidas económicas que, como siempre, repercutieron en la vida del pueblo y ni rozó a los oligarcas) era un lenitivo. Si la respuesta es tan suave, es que lo que ocurre no es tan complicado, nos decíamos los pocos que prestábamos atención a esas noticias. Estábamos mirándonos el ombligo, lo único que los medios “serios” nos enseñaban.</p><p>Y entre tanto, en todo el mundo, en los<strong> 66 conflictos abiertos en 2021</strong> (11 más que en 2018), morían civiles y soldados que nada tenían contra los de enfrente pero ejecutaban las órdenes de sus mandatarios. Pero eso ocurría fuera de Europa. Bueno, salvo lo de Ucrania, pero allí no era grave. <strong>Cosas de rusos y ucranianos.</strong></p><p>Y entre tanto, la sociedad civil sufría en Birmania, en Siria, en el Yemen, en Somalia, en Sudán, en Camerún, en el Chad … y así hasta en el desierto de Tinduf nuestros excompatriotas saharauis. Y no cuento con el sufrimiento de la población civil en las dictaduras de todo signo o en las “democracias formales”.</p><p><strong>Pero eso ocurría lejos. Y no nos afectaba</strong>. Los bienes de consumo, deslocalizada su producción buscando “rentabilidad” en países con muy escaso respeto a los derechos de los trabajadores en particular y los derechos humanos en general, seguían llegando. Y más baratos.</p><p>No pasaba nada. Los conflictos en el mundo no nos afectaban como sociedad civil occidental y acomodada. Mirábamos con recelo los movimientos migratorios y pagábamos a “Estados tapón” (Turquía, Libia, Marruecos…) para que impidieran el flujo descontrolado de civiles huyendo de guerras. <strong>Al fin y al cabo, eran “sus” guerras</strong>. Allá se las arreglaran sin molestar.</p><p>El primer toque de atención no fue por una guerra, aunque utilizamos enseguida el lenguaje bélico:<strong> la lucha contra el coronavirus.</strong> Entendimos entonces que esa deslocalización de la producción total nos traía graves consecuencias. Ni elementos tan sencillos como mascarillas se fabricaban en Europa. <strong>Y de nuevo la repercusión en la sociedad civil.</strong> Se disparan los precios y pagan el alza las clases menos favorecidas. Se incrementa la pobreza.</p><p>Con todo, habíamos iniciado la senda de la recuperación postcovid. Incluso parecía que nos habíamos dado cuenta de que la dependencia absoluta (energética y productiva), no podía seguir y que <strong>había que mantener ciertos niveles de autoabastecimiento</strong> para paliar cualquier nueva debacle. Y todo se ha ido al traste por una guerra que, esta vez sí, se desarrolla muy cerca y, lo que es peor para nosotros, en el campo que nos abastecía de muchos alimentos y bastantes productos energéticos.</p><p>No es que seamos dependientes energéticamente. Ni que esa dependencia se extienda a la fabricación de productos de primera necesidad. Es que<strong> ni siquiera producimos los alimentos básicos</strong> (cereales, semillas, algunas frutas y verduras) que necesitamos. Habría que escribir mucho acerca de los fenómenos económicos que nos han llevado a esto, de cómo hemos renunciado a hacer casi todo para comprarlo más barato al agricultor o productor de terceros países que cobra una miseria.</p><p>No seré tan iluso como los espartaquistas alemanes de principio del siglo pasado llamando a la objeción de conciencia y de clase a los soldados de los ejércitos que están compuestos, en lo que se refiere a su carne de cañón, por individuos de las clases populares que nunca obtienen, ni para sí ni para los suyos, <strong>beneficios de una guerra.</strong></p><p>Pero creo que es el momento de destacar (si no estaba ya meridianamente claro) que lo militar está íntimamente imbricado con lo civil, que<strong> la sociedad civil es la que sufre las consecuencias </strong>de las acciones militares que casi nunca decide. Que mucha gente se pregunta si es bueno armar a civiles sin preparación y se corre el riesgo de que esas armas caigan en manos de los militares profesionales contrarios, agresores por las órdenes de su gobierno autocrático y que en el campo de batalla luchan por su subsistencia.</p><p>Y me pregunto (quizá de forma un tanto ilusa)<strong> si los militares fueran considerados y tratados en todo el mundo como ciudadanos de uniforme</strong>, ¿no harían lo posible y lo imposible por no secundar el embarque de sus dirigentes en guerras que sólo benefician a las clases pudientes del país cuyos uniformes visten? ¿No sería el momento en que empezáramos a pensar, aunque aún no pueda hacerse por la situación actual, en una forma de ejército diferente, compuesto por ciudadanos de uniforme con derechos plenos? ¿En una presión real para que desaparezcan las armas en general y si no al menos las de destrucción masiva en particular?</p><p>Y mientras eso ocurre,<strong> la sociedad civil sigue pagando el precio de las guerras.</strong> Mientras eso no acabe, no podremos presumir de humanidad. Porque nos diferenciamos muy poco de una banda de monos atacando a otra por el control de un territorio.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 Mar 2022 19:08:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra en el este de Europa,Crisis del coronavirus]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Europa y sus civiles ante el pulso imperialista en Ucrania]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/foro-milicia-democracia/europa-civiles-pulso-imperialista-ucrania_129_1218255.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/11540851-149d-4a4d-83b3-4ae88ed1a4ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa y sus civiles ante el pulso imperialista en Ucrania"></p><p><em>“La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian </em></p><p><em>se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian,</em></p><p><em>pero no se matan”</em></p><p>Erich Hartman</p><p>Me da una pereza enorme hablar de la “crisis ucraniana”. De un lado, porque creo que se trata, como muy bien dice Javier Valenzuela <a href="https://www.infolibre.es/opinion/columnas/cibermonfi/ucrania-wag-the-dog_129_1217852.html" target="_blank">aquí</a>, de una película vista muchas veces. Los dos matones del colegio amenazándose para ver quién se come el bocadillo del pobre mentecato que lo tiene. De otro, <strong>porque con esta cortina de humo se están tapando otras cosas</strong>, desde las fiestecitas de Boris, las cacerías de Vladimir hasta los problemas de Joe con sus correligionarios y con los montaraces bufalinos contrarios.</p><p>Incluso en España, con esta presencia “ucraniana” se consigue mantener la opacidad informativa. Y así no nos enteramos de que hemos perdido dos puestos en el ranking de Transparencia Internacional y <strong>hemos retrocedido en el Índice de Percepción de la Corrupción (ICP)</strong>, o se habla menos de cómo se ha descubierto la presunta corrupción de una concejala de Arroyomolinos (la oposición rescató de la basura tres bolsas de documentos) o se pasa página sobre la inmatriculación de bienes por la Iglesia que reconoce apenas mil “apropiaciones irregulares” de las más de 35.000.</p><p>Pero mi compromiso en esta columna es hablar de la sociedad civil y la milicia. Así que voy a ello usando el pretexto ucraniano, que a mí también me vale.</p><p>Vaya por delante que <strong>no me gustan ninguno de los actores de la película</strong> que señala Javier Valenzuela. Y como a él, tampoco me hacen gracia las veleidades imperialistas, procedan del muy capitalista americano, del no menos capitalista ruso ni del “socialismo real” del que Vladimir se declara indisimuladamente heredero. </p><p>Pero lo que menos gracia me hace de todo es que quien realmente sufre ante cualquier conflicto, armado o por armar, es <strong>la población civil</strong>. Ahora mismo estamos sufriendo en nuestras carnes las consecuencias de este conflicto. En el incremento brutal del precio de los carburantes, en especial el gas, tiene algo que ver esta especie de partida de Risk que se juega en tableros a los que no tenemos acceso, ni siquiera para conocerlos o saber de su existencia.</p><p>Sin embargo, siendo las consecuencias del conflicto sin armar muy importantes, serían mucho más serias <strong>si el conflicto llegara realmente a armarse</strong>. Y eso puede ocurrir en cuanto un descerebrado pegue un tiro (que a lo largo de la historia ha sido casi siempre patriótico, qué curioso) en medio del material inflamable de la testosterona de las recriminaciones mutuas que suelen ser, por parte de quienes mandan, más de cara a la galería que reales entre ellos. Viejos que se conocen y se odian forzando a morir a jóvenes que no se conocen. Y a sus familias y amistades.</p><p>El campo de batalla sería Europa y quien pagaría, una vez más, las consecuencias de un conflicto armado sería la población civil. Nos venden los “gurús” de la guerra que ahora se libra con “métodos científicos y quirúrgicos” como son los bombardeos “selectivos” o los drones de actuación militar. Pero a los “daños colaterales”, es decir, los muertos civiles en un ataque militar a una instalación (no siempre militar, en la guerra de Siria hemos visto cómo se bombardeaban “por error” escuelas, hospitales, campos de refugiados, edificios de viviendas, etc.) se unen ahora los que causan la última perversión: <strong>los “drones inteligentes”</strong>. </p><p>Son constantes los titulares sobre “errores” de estos “drones inteligentes”. Como en el recientemente caso reabierto del asesinato por dron de los niños Baker en las playas de Gaza: huían de otros bombardeos, <strong>pero el dron “inteligente” decidió que eran un objetivo</strong>. Israel dice que el error se debió a que los niños corrían por una zona de guerra. Una playa.</p><p>Dejar la guerra en manos de la Inteligencia Artificial es muy peligroso. Desde una visión puramente intelectiva,<strong> quienes sobramos en el mundo somos los seres humanos, </strong>una plaga que se extiende de forma incontrolada y acaba con los recursos naturales del planeta, así que deberíamos pensarlo dos veces, no vaya a ser que las máquinas actúen de forma inteligente y acaben con la humanidad.</p><p>Cuando colectivos importantes gritan "NO A LA GUERRA" no están haciendo un ejercicio de buenismo o de ignorancia. Es necesario plantarle cara a cualquiera que intente valerse de la fuerza para imponer sus argumentos y no tratar de calmarle. Y para eso hay que hacer cierta exhibición de fuerza. Pero fuerza firme y no agresiva ya que <strong>en teoría la OTAN es una alianza defensiva</strong>. Y no tener prisa en enviar armas al campo del posible conflicto, que las carga el diablo.</p><p>En el caso de los europeos es imprescindible que tomemos nuestro propio rumbo. La vocación atlantista tiene muchos (demasiados) huecos por los que se cuelan intereses que no son los europeos y se escapan <strong>la independencia social y política necesaria</strong>. Europa es el campo de batalla y sus civiles la moneda a pagar en caso de conflicto armado.</p><p>Crear un clima prebélico y contribuir a que crezca, como pasa en muchos de los <strong>medios de comunicación</strong>, es tan irresponsable como soltar gas en una habitación de fumadores. El riesgo de inflamación es demasiado alto. Y exponernos a él es suicida.</p><p>Lleguemos a acuerdos y no a descalificaciones constantes, a consensos y no a enfrentamientos. No dejemos margen al error humano o la acción imparable. No alimentemos el conflicto enviando tropas y armas a una frontera que separa en realidad intereses estratégicos imperialistas de los que estamos si no lejos, <strong>sí políticamente alejados</strong>, porque no podemos hacer valer nuestra voz. Y no hay que olvidar que cualquier conflicto sobre Ucrania se jugaría en Europa. Así que empecemos a buscar formas de convivir para evitar perder la vida. </p><p>____________________________</p><p><em><strong>Joaquín Ramón López Bravo</strong></em><em> es abogado y periodista</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Feb 2022 20:41:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Europa y sus civiles ante el pulso imperialista en Ucrania]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Europa,Ucrania,Rusia,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gasto militar en los Presupuestos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/foro-milicia-democracia/gasto-militar-presupuestos-generales-foro-milicia-y-democracia-pge_129_1214281.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cee15c3c-3d51-45c1-8a0e-58266faa7372_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gasto militar en los Presupuestos Generales del Estado"></p><p>Según supimos el pasado 24 de noviembre, la UE aplaude el proyecto de los Presupuestos del Gobierno para 2022, aunque les pone un “pero”: son “contractivos”, es decir<strong>, conservadores y un tanto restrictivos en cuanto al crecimiento</strong>. Abro un paréntesis para señalar que no se entiende por qué el principal partido de la oposición (Partido Popular) y los otros dos partidos de la derecha (Ciudadanos y Vox) afirman que son derrochadores y que llevan al país a la quiebra. Porque podrían haber acusado de timorato al Gobierno, apoyándose en lo que dice la UE, y no de manirroto como hacen ahora sin apoyo en hechos o declaraciones de organismos supranacionales. Claro que acusarle de timorato supondría pedir que llevaran a cabo <strong>más inversión pública</strong>, lo que va en contra del ideario neoliberal que proclaman. En fin, ellos sabrán.</p><p>Yo, en cambio, me permito decir que son timoratos y continuistas, especialmente, y por lo que afecta a este espacio que<strong> infoLibre </strong>nos cede al Foro Milicia y Democracia, en lo relativo al gasto militar, al menos por lo que sabemos hasta hoy y lo que será aprobado en el Congreso de los Diputados. Y lo digo porque, al igual que en años anteriores, el Gobierno nos “vende” que el gasto militar en España <strong>queda circunscrito al Ministerio de Defensa</strong>, cuando no es así. Quedan excluidos del presupuesto de ese Ministerio gastos relacionados con lo militar que, siguiendo simplemente el criterio de la OTAN, por ejemplo, deberían contabilizarse dentro de dicho gasto militar.</p><p>Por ejemplo, son “gasto militar”<strong> los fondos destinados a la Guardia Civil</strong>, que aunque están encuadrados en el Ministerio del Interior, al ser este cuerpo “en su organización y funcionamiento” un “instituto armado de naturaleza militar”, sus dineros deberían computarse como gasto militar, a menos que, con una valentía que aún no se ha demostrado, se cuestionara desde el Gobierno, con el correspondiente decreto-ley, <strong>ese carácter militar</strong>. No deja de ser chusco que la única fuerza de orden público que lleva en su nombre el adjetivo “civil” tenga carácter militar.</p><p>También lo son<strong> los gastos destinados a I+D+i</strong> (Investigación, Desarrollo e innovación) relativos a la Defensa, que sin embargo se contabilizan en los presupuestos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, así como el presupuesto destinado a financiar nuestra pertenencia a determinadas estructuras militares internacionales que se contabiliza en el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación.</p><p>Mientras que los militares no sean considerados<strong> “ciudadanos de uniforme”</strong>, como vengo reclamando desde esta tribuna hace ya mucho tiempo, los gastos relativos a sus pensiones (clases pasivas y pensiones de guerra) y las aportaciones a la mutua militar del Instituto Social de las Fuerzas Armadas (ISFAS), deberían ser considerados, así mismo, gastos militares.</p><p>Para acabar con este recuento, parcial y somero, seguro que voces más autorizadas que la mía llevan a cabo un estudio más profundo de todos estos aspectos, no se desglosan<strong> dos aspectos muy importantes </strong>para incluirlos dentro del gasto militar en España. El primero, la diferencia entre<strong> lo presupuestado y lo realmente gastado </strong>en 2021 (aunque aún falta más de un mes para acabar el año, se podría hacer la previsión adecuada) y el pago de la deuda generada por gastos militares y los intereses de la misma. Para hacernos una idea, en el mes de junio se aprobó destinar<strong> 3.000 millones de euros </strong>al Futuro Sistema Aéreo de Combate (FSAC) y la compra de tres aviones MRTT (Multi Role Tanker Transport, un avión de cisterna y de transporte multipropósito). No quedó claro si se trataba de un crédito extraordinario o un gasto ya planificado, pues en cuanto al FSAC, se trataba de la segunda fase del mismo.</p><p>Teniendo en cuenta todo lo anterior, el incremento real del presupuesto destinado a lo militar excede, seguro, de los 10.152 millones de euros del Ministerio de Defensa. Y para calcular <strong>el porcentaje real de subida </strong>(que se estima en un 8% aproximadamente) habría que tomar todos estos aspectos del año en curso para estimar ese porcentaje real.</p><p>Algo que sí debemos agradecer en estos presupuestos es<strong> la separación del presupuesto ordinario </strong>del Ministerio de Defensa (7.304 millones de euros), destinado a gastos de personal mayoritariamente, que crece poco más del 3%, del presupuesto destinado a la modernización de las Fuerzas Armadas (2.848 millones de euros), que sufre un incremento de más del 21%, del cual se destina casi una quinta parte (503 millones) a programas especiales de armamento. </p><p>Nótese que el personal merece menos subida que el armamento que maneja. </p><p>La partida de personal crecerá un 2,71% en 2022, lo que incluye<strong> el aumento salarial del 2% como cualquier funcionario</strong> y la consolidación de las mejoras aplicadas este año y el incremento de plantilla (según el Ministerio el porcentaje de reposición será del 120%). Incidentalmente tengo que señalar que estas circunstancias<strong> quedan muy lejos de lo solicitado </strong>por las asociaciones profesionales de militares, que reclaman la “dignificación” de sus retribuciones.</p><p>No puedo evitar que, ante esta constatación, me venga otra vez a la cabeza<strong> el poema de Bertolt Brecht</strong> <em>La demolición del barco Oskawa por su tripulación</em>.</p><p>Y se lo debemos agradecer porque incide en<strong> la misma miopía que lleva aquejando a nuestras Fuerzas Armadas </strong>desde hace ya varios años. En la situación mundial global, el armamento convencional pierde una parte sustancial de su importancia por su dependencia tecnológica, por el riesgo cierto que suponen los ataques cibernéticos. Y para comprender por qué digo esto, señalaré tan sólo que frente a ese 21% de incremento de inversión en armamento (modernización y programas especiales), el presupuesto destinado a I+D+i, que no todo estará destinado a la seguridad informática, ya que también se investiga en modernización de armas que exportamos con bastantes ingresos derivados de la misma,<strong> aumenta algo más del 9%</strong> (939 millones de Euros), y que no se adscribe al Ministerio de Defensa, por lo que no parece “militar”. </p><p>Como dije en<a href="https://www.infolibre.es/autores/joaquin-ramon-lopez-bravo/" target="_blank"> este artículo publicado en este mismo blog</a>, la Seguridad Nacional y la Defensa<strong> no puede basarse ya mayoritariamente en el armamento</strong>. Un “apagón” digital dejaría sin cobertura a la mayor parte del armamento más moderno, lo que supondría la paralización prácticamente inmediata de cualquier ejército. Y no digamos ya si un pirateo informático sobre los centros logísticos permitiera al enemigo controlarlos y por tanto manejar los ejércitos de un país. Y<strong> no es algo de ficción científica</strong>. Y ello sin contar con que las guerras que actualmente se libran son de componente económico, salvo las localizadas y mantenidas con el apoyo de las grandes potencias para probar su armamento más reciente.</p><p>En resumen, del análisis de los Presupuestos no parece deducirse que haya una voluntad del Gobierno para desmarcarse de la tradición de Ejecutivos anteriores (todos han seguido más o menos la misma senda) y plantear un estudio en profundidad <strong>del tipo de Defensa real que necesita España</strong>, de la situación de los militares y su “desmilitarización” cuando actúan como ciudadanos en su vida privada, así como las medidas reales de protección cuando deben abandonar las FAS a los 45 años, la desmilitarización de la Guardia Civil y que se convierta en una fuerza de orden público civil alejada de una naturaleza “militar” que coarta muchos de sus derechos como ciudadanos.</p><p>Y eso sin entrar en asuntos relacionados con nuestra industria armamentística y otras cuestiones espinosas como<strong> la venta de armas a dictaduras</strong> que demuestran un nulo respeto por los derechos humanos. Todo ello forma parte de una concepción de Defensa Nacional diferente que necesitaría un cambio de inversión real para afrontar esa nueva concepción.</p><p>Otra Defensa es necesaria. Una que mire al futuro de verdad que nos está mostrando con insistencia este presente altamente tecnificado e informatizado, <strong>invirtiendo más en defensa cibernética e inteligencia artificial</strong> enfocada a Defensa y menos al armamento convencional. Y que, además y por encima de todo, considere a los ciudadanos que la ejercen como ciudadanos de primera, con todos sus derechos intactos mientras que una situación de emergencia no haga “emerger” al militar para la Defensa del país.</p><p><em>Joaquín Ramón López Bravo es abogado y periodista</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Nov 2021 20:51:35 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El gasto militar en los Presupuestos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Presupuestos defensa,Presupuestos Generales Estado,Ministerio de Defensa,Fuerzas Armadas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De una preposición a una proposición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/preposicion-proposicion_1_1198882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d6d08dd7-6438-4c5f-ad93-a948ae31f833_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De una preposición a una proposición"></p><p>La imputación de María Dolores Cospedal García en la causa <em>Kitchen</em> ha traído a la luz pública que la exministra de Defensa preside, desde noviembre de 2020 y con efectos desde el 1 de junio de 2021, la Sección de Derecho Militar y Seguridad del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (ICAM). Sustituye en el cargo al dimitido capitán del ejército del aire y exdiputado cunero por Almería de Vox Carlos Hugo Fernández-Roca Suárez, que abandonó todos sus cargos públicos tras ser denunciado por una profesora de religión, aparentemente cercana ideológicamente a Vox, que aseguró haber sido forzada por el señor Fernández-Roca, que previamente la embriagó. Los hechos se están sustanciando ante la Audiencia Provincial de Madrid, que el pasado 14 de abril dictó auto de apertura de juicio al respecto. Según algunos autores, la señora Cospedal cambió su nombre a María Dolores <strong>de</strong> Cospedal. Nunca he entendido la manía de determinadas personas de colocarse la preposición "de" delante del apellido. Aunque <strong>esta preposición ante el primer apellido es toda una proposición: pertenecer a una estirpe de rancio abolengo o incluso una Casa Real, creando la pertenencia a un mundo propio para su propio apellido</strong>.</p><p>Parece que <strong>una maldición persigue a los dos recientes presidentes de la Sección del ICAM que estudia la única área del Derecho que cuenta con una jurisdicción especial en España</strong>. Esto es así por lo dispuesto en el apartado 5 del artículo 117 de la Constitución española, que tras señalar que "El principio de unidad jurisdiccional es la base de la organización y funcionamiento de los Tribunales", <strong>rompe ese principio de unidad jurisdiccional en la siguiente frase:</strong> "La ley regulará el ejercicio de la jurisdicción militar en el ámbito estrictamente castrense y en los supuestos de estado de sitio, de acuerdo con los principios de la Constitución".</p><p>Cabría preguntarse <strong>qué debemos entender por "ámbito estrictamente castrense".</strong> ¿Debe abarcar esta jurisdicción especial cualquier acto de cualquier militar en cualquier circunstancia? ¿O solamente debe abarcar delitos militares cometidos por militares en ámbito y contexto militares? El abanico es amplio, y la Ley Orgánica 4/1987, de 15 de julio, de Competencia y Organización de la Jurisdicción Militar, ha optado por la primera interpretación. Como dice <strong>el prestigioso jurista Mariano Casado:</strong> "<strong>La justicia militar no es</strong>, como algunos pretenden, <strong>cosa exclusiva de los militares o de los Ejércitos. Es un asunto de Estado, que afecta al conjunto de la ciudadanía</strong>", y termina apostillando que es necesaria una "reforma inaplazable y profunda de la única jurisdicción que no está homologada con las demás".</p><p>¿Qué dice a esto la Sección de Derecho Militar y de Seguridad del ICAM? Nada desde que en 2015, con motivo de la aprobación del nuevo Código Penal Militar (Ley Orgánica 14/2015, de 14 de octubre) el propio Casado, a la sazón primer presidente de la citada Sección, organizó unas jornadas para su análisis y estudio. Por cierto, la Sección de Derecho Penal organizó a su vez unas jornadas sobre el mismo asunto, demostrando que a veces los egos van más allá de las necesidades. Claro que <strong>tampoco ha dicho nada ni de la dimisión de Fernández-Roca ni ha emitido valoración alguna sobre la imputación de Cospedal</strong>. Este clamoroso silencio no es sino <strong>la constatación de una</strong> <strong>realidad: en determinados niveles del Derecho predomina un pensamiento conservador al que no le gusta hablar "de los suyos"</strong>. Eso sí, el 26 de mayo de este año, el mismo día que se conocía el informe del Tribunal Supremo, el ICAM se ha apresurado a publicar un podcast con <em>Las claves del indulto</em>.</p><p>Para la elección de presidente de una sección, es necesario que "las personas interesadas en ejercer esta presidencia pueden enviar su candidatura al correo electrónico xxxxx con el Asunto "Candidatura presidencia", cumplimentando el formulario adjunto en este enlace y un breve esbozo del proyecto de desarrollo (ambos documentos en formato pdf)".. Sinceramente, <strong>no me imagino a la señora Cospedal</strong>, tras ver su actuación como ministra de Defensa y muchas de las resoluciones que adoptó, <strong>proponiéndose para un cargo tan menor para su currículum, sin dotación económica y teniendo que preparar un esbozo de lo que quiere para esa sección</strong>. No entiendo, por tanto, a qué puede obedecer el nombramiento. <strong>Y si efectivamente se ha propuesto ella por iniciativa propia y como simple colegiada del ICAM, reciba mis disculpas y mis felicitaciones</strong>.</p><p>Volviendo al asunto de la jurisdicción, he defendido con mucha frecuencia en esta y otras páginas <strong>la necesidad de limitar la jurisdicción militar</strong>, acotándola a su uso en tiempos de conflicto armado. La Constitución parece que se refiere estrictamente a este supuesto, ya que menciona "los supuestos de estado de sitio", es decir, los <strong>supuestos meramente extraordinarios, aunque el legislador haya preferido una interpretación diferente, en línea con lo que interpretan desde los sectores más ultraconservadores de la FAS del artículo 8 y la presunta misión de preservar las esencias patrias, naturalmente siempre como ellos las interpretan</strong>. La transición no logró, lamentablemente, acabar con la tradición del ejército español, tan decimonónica, de intervenir en política imponiendo su punto de vista. En la mayoría de los países de nuestro entorno, tal jurisdicción no existe o está muy limitada. Se ha avanzado hacia una progresiva inclusión del ciudadano militar dentro de la jurisdicción ordinaria, limitando la jurisdicción especial de lo militar a los momentos en que tiene que actuar como un profesional de (y en) defensa del país.</p><p>¿<strong>Tendría algo que decir la Sección de Derecho Militar y Seguridad sobre una posible limitación de esta jurisdicción especial</strong> (o el mantenimiento de la situación tal como está)? Seguramente sí, porque según señala la justificación de la existencia de la sección, se crea para "posibilitar la interrelación entre los abogados que se dedican al derecho que regula las relaciones profesionales y económicas de los miembros de las Fuerzas Armadas, de la Guardia Civil y de las Policías, desde una visión multidisciplinar". Y añade: "Pretende ser punto de relación con los diferentes actores públicos que actúan en este segmento del ordenamiento jurídico, a nivel jurisdiccional y administrativo. La participación en la configuración de las políticas que promuevan la cultura de defensa y de seguridad nacional como elementos para garantizar la seguridad, defensa y bienestar de la sociedad española desde el respeto a los derechos humanos es otro de los objetivos…".</p><p>Pero <strong>no se ha pronunciado al respecto de la consideración de "ciudadanos de uniforme" que tantos reclamamos para los militares en España</strong>. El Grupo Parlamentario Republicano (miembros de ERC) presentó en febrero de 2020 <a href="https://www.congreso.es/public_oficiales/L14/CONG/BOCG/B/BOCG-14-B-58-1.PDF" target="_blank">una proposición de Ley para debatir esta cuestión</a>, que lamentablemente fue rechazada. La misma planteaba la necesidad de dotar a nuestras fuerzas armadas de una ley acorde con lo que ocurre entre la mayoría de los países socios de la UE, que limite la acción de una justicia militar a momentos realmente militares, como un conflicto o una intervención en misión de paz, y en el resto los militares estén sometidos a la ley común y a tribunales ordinarios. <strong>Las jurisdicciones especiales son una incongruencia en un estado de Derecho, en el que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley, y deben estar limitadas a momentos o conductas auténticamente excepcionales.</strong></p><p><strong>Nada dijo la Sección del ICAM ante la propuesta</strong>. Ni un análisis, ni un comentario. Otra vez silencio, una costumbre que empieza a ser molesta. Y tal vez sea simplemente porque tanto en el mundo de los poderosos del Derecho como en las altas graduaciones militares, abundan mentalidades conservadoras pero no al estilo de los conservadores europeos, sino con esa forma especial que reviste en España, más próxima a finales del siglo XIX, <strong>anclas que con firmeza tratan de impedir cualquier avance social temiendo que les desborde un progreso que miran con desconfianza y desasosiego</strong>: Fuerzas Armadas y Colegios de Abogados necesitan una puesta al día que va más allá de un despertar tecnológico (que sin duda ya tienen) hacia un camino que les libere del lastre de un pasado mitificadamente glorioso para convertirse en actores que impulsen el progreso de la sociedad española.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Jun 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De una preposición a una proposición]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La nefasta influencia de la animalidad: territorialidad y violencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/nefasta-influencia-animalidad-territorialidad-violencia_1_1194603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e913c90-fcb5-4657-a22d-2fa026e205fa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La nefasta influencia de la animalidad: territorialidad y violencia"></p><p><strong>En el ser humano sigue mandado su parte animal</strong>. Los escasos 20.000 años de “civilización” no han conseguido que supere dos de sus más incrustadas características: la <strong>territorialidad </strong>y el <strong>uso de la fuerza</strong> para resolver conflictos. Estas dos características son las que dan sentido, casi unánimemente aceptado, a la existencia de ejércitos y fuerzas de orden público. ¿Tienen sentido en este momento ejército y fuerzas de orden público? Me temo que, en parte, sí. ¿Deberán desaparecer en el futuro de la humanidad? Evidentemente, si queremos una humanidad plena, sin relaciones de poder entre sus integrantes.</p><p>El concepto de “territorio” ente los animales está profundamente ligado a su existencia. El animal necesita un lugar en el que la naturaleza produzca lo preciso para alimentarse, sobrevivir y reproducirse. Todas las especies presentan el <strong>instinto de conservación</strong> y <strong>el de la propia especie</strong>. Por tanto, defiende ese territorio incluso con su vida, y con los medios que la naturaleza le ofrece. De hecho, la misma naturaleza se autorregula, pero ese <strong>equilibrio</strong> delicado ha sido <strong>trastocado</strong> <strong>por</strong> la existencia del <strong>ser humano</strong>.</p><p>La progresiva complejización de las sociedades humanas dio lugar a que las relaciones internas de cada comunidad y entre las diferentes comunidades se fueran haciendo cada vez más intrincadas. <strong>No habiendo superado el concepto de territorialidad ni el uso de la fuerza</strong> para mantener su espacio y tratar de agrandarlo a costa de los demás, se hizo imprescindible la <strong>creación de guerreros externos que protegieran</strong> una comunidad concreta y que trataran de obtener más recursos a costa de otras comunidades, y <strong>guerreros internos</strong> que evitaran que esos conflictos, que se producen en toda relación humana, provocaran un uso indiscriminado y particular de la fuerza que debilitaría a la comunidad. <strong>Habían nacido los ejércitos y las fuerzas del orden, depositarias de la fuerza de toda la comunidad</strong> para su defensa, su prosperidad y su fortaleza interna evitando o resolviendo conflictos internos.</p><p>El pasar de los siglos no ha cambiado nada en la base que justifica la necesidad de esos dos estamentos. No son productivos para la sociedad, pero reciben sus emolumentos por la cesión de la fuerza individual, cesión necesaria para defender a la sociedad de ataques externos y para separar ese ejercicio de la fuerza o la violencia de cada persona y depositarla en unos estamentos que deben ser neutrales y no favorecer o perjudicar a ninguno de los que aportan su trabajo productivo para mantenerles. Y <strong>su obligación de neutralidad viene dada porque la cesión de la fuerza o la violencia no es individualizada, sino colectiva. </strong>Tomar partido por una parte de la sociedad sería injusto.</p><p>Eso no quiere decir que los integrantes de esos estamentos no tengan sus preferencias sobre la forma en que debe organizarse la sociedad. Pero <strong>deben participar, en tanto que ciudadanos, en los foros cívicos de debate</strong> exponiendo sus puntos de vista. Y llegado el momento de actuar ejerciendo la fuerza que les ha sido delegada, deben despojarse de sus prejuicios e ideologías y tratar a todos los ciudadanos por igual. Por eso es tan <strong>escandaloso cuando renuncian</strong> a esa obligación de <strong>neutralidad</strong> y apoyan descaradamente una opción de organización social. <strong>Cuando su ideología puede más que su obligación de neutralidad</strong>, y actúan con fuerza contra unos y con suavidad contra otros, no sobre la base de la conducta de cada uno, sino sobre la base de sus propias convicciones. <strong>Usan los recursos de todos contra una parte</strong>.</p><p>Por eso <strong>es tan indignante saber que algunos militares</strong> de muy alta graduación que han ejercido el poder en la milicia hasta hace muy poco tiempo<strong>, con las armas</strong> que compra el ejército <strong>pagadas con los impuestos de todos, amenacen con fusilar a 26 millones </strong>de esos todos. O que con las dotaciones y opacidades que se entregan a los cuerpos de seguridad, <strong>se aproveche para buscar formas de encrespar a la ciudadanía</strong> (el conocido <strong>“síndrome de Sherwood</strong>” que ha circulado por las redes, obra de un alto mando de los mossos d’Esquadra, nada que no hubieran practicado ya los nazis o los miembros de ideologías totalitarias) para hacer patente la necesidad de su existencia por un comportamiento violento de una parte de manifestaciones pacíficas a través de infiltrados y de un uso desmedido de la violencia de la que son depositarios respondiendo a la violencia con violencia. Por cierto<strong>, no todo se justifica con los “infiltrados”</strong>. Como he dicho al principio de este artículo, <strong>nuestra animalidad nos hace reaccionar con violencia para resolver conflictos</strong>. Cada vez menos. Pero hay algunos más animales que otros así que su pulsión es más fuerte. Y su reacción, más violenta, sin necesidades de provocaciones externas.</p><p>Nos decimos civilizados, pero no hemos sido capaces de <strong>desterrar la violencia como forma de relación</strong> con quienes no tienen nuestro mismo pensamiento (y a veces incluso con los que teniéndolo se atreven a poner en duda alguna de las “verdades inconmovibles” que toda forma de pensamiento tiene) o ejercerla para “educar” (se ha avanzado mucho en este campo pero estamos aún a años luz de desterrarla) o para “amaestrar”, un campo en el que ni se plantea la desaparición de la violencia con otros animales que conviven con nosotros o a nuestro lado sin mezclarse con nosotros. <strong>Cuanto más lejano, más legítima e inevitable parece la violencia</strong>.</p><p>En cuanto a la <strong>territorialidad</strong>, es tan evidente que cuando se intenta acabar con la misma y crear espacios comunes para los naturales de determinados territorios, surgen siempre voces contra esa creación, como en el caso del espacio Schengen, al que se le culpa de todos los males cada vez que hay una ocasión, o la vergüenza de los “refugiados”, de los “migrantes”. Como diría Rafael Amor “solo soy un ser humano, no puedo ser extranjero”. Ciertamente <strong>los recursos de un territorio son limitados por lo que la ocupación de los mismos debe ser controlada</strong>.</p><p><strong>Nadie se aleja de su territorio</strong> familiar <strong>si no es por una razón</strong> concreta y <strong>poderosa</strong>. El <strong>rechazo de quien necesita ayuda es inhumano</strong>, más cercano a la mirada entre atónita y estúpida del rebaño que asiste inmóvil a la forma en que el depredador devora a uno de los suyos, que al de quien solidariamente presta su ayuda a quien está en un momento de necesidad. Eso sin contar con que es <strong>típico ser muy patriota</strong> (territorial) y <strong>defender los recursos propios</strong>, pero <strong>tratar de apropiarse de los</strong> recursos <strong>de otros</strong> territorios más débilmente defendidos, o aprovecharse de personas de otros territorios con menos capacidad para defender sus derechos. Los “patriotas” de esos territorios no tienen derechos ¡Es el mercado, amigo!</p><p>Por eso es tan <strong>importante que se impregne</strong> a los depositarios de la violencia social, especialmente <strong>militares y cuerpos de seguridad</strong> que tienen medios para ejercerla, con el <strong>concepto de ciudadanía</strong>. Con el concepto de <strong>pertenencia a un cuerpo social</strong>, en el que <strong>son meros administradores de las normas</strong> que rigen la convivencia <strong>y la aplicación por la fuerza de las mismas</strong> cuando no queda otro remedio. En el caso específico de los <strong>militares</strong>, de quienes me ocupo en estos artículos de opinión, es absolutamente imprescindible que sientan que son <strong>ciudadanos de uniforme</strong>. Y especialmente <strong>en nuestro país</strong>. Que se abran a los <strong>ejemplos</strong> de las fuerzas armadas <strong>de otros países</strong>, en los que los generales y los altos oficiales acuden a su trabajo en transporte público o con su propio vehículo, cuando no en bicicleta o a pie, en los que <strong>fuera de los momentos de peligro</strong> real para su territorio o las misiones de paz, que afortunadamente abundan desde mediados del siglo pasado, en los que naturalmente las reglas deben ser distintas para conservar la vida y la capacidad efectiva de defensa, <strong>deben</strong> <strong>ostentar los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro ciudadano</strong>. Deben convivir con sus paisanos, lejos de las “colonias militares”.</p><p><strong>El cuartel debe ser el centro de trabajo</strong> como lo es la oficina o la fábrica. Nadie vive en su oficina o en su fábrica. Y sus <strong>relaciones</strong> han de ser lo más “<strong>laboralizadas</strong>” posible, con una clara carrera militar, valoración transparente de méritos y ascensos según esa valoración, <strong>juzgados por los mismos jueces que juzgan a los ciudadanos corrientes y con las mismas normas</strong> y en su caso puniciones que el resto de los ciudadanos. <strong>Carece de sentido que la forma de castigo sea en demasiadas ocasiones la privación de libertad</strong>. Y con el mismo derecho a expresar sus opiniones, pero sin intentar llevar a término esas opiniones con un uso de una fuerza que no les pertenece porque les ha sido entregada por todos para que cuiden de todos. La <strong>concienciación en su etapa de formación debe estar dirigida hacia valores democráticos</strong>, de respeto por las opiniones incluyendo las de ellos mismos. <strong>La evolución de la sociedad española debe entrar en los cuarteles para que no se miren modelos pasados</strong>, sino hacia el futuro y que se avance hacia la <strong>creación de unas fuerzas armadas del futuro</strong>.</p><p>Si alguna vez la humanidad <strong>puede sacudirse el yugo de la animalidad</strong> de la defensa del territorio y la solución de conflictos por la violencia, no serán necesarios ni ejércitos ni fuerzas del orden. Pero estamos a muchos <strong>miles de años de esa realidad</strong>. Nâzim Hikmet, el maravilloso poeta turco del siglo pasado, acababa uno de sus poemas con un <strong>desiderátum que aún no se ha cumplido</strong>:</p><p><em>Cuando mi hijo tenga mi edad</em></p><p><em>ya no estaré en este mundo.</em></p><p><em>Pero ese mundo habrá de ser</em></p><p><em>como una cuna soberbia.</em></p><p><em>Una cuna que mecerá</em></p><p><em>en sus pañales de seda azul</em></p><p><em>a todos los niños</em></p><p><em>negros</em></p><p><em>amarillos</em></p><p><em>blancos.</em></p><p>Y permítaseme <strong>acabar este alegato contra la territorialidad y la violencia</strong> recordando esa canción que John Lennon compuso y que debería ser el himno de la humanidad que la guiara hacia su futuro para acabar de una vez por todas con la territorialidad y la violencia,<strong> Imagine</strong><em>Imagine</em>:</p><p><em>You may say I'm a dreamer (Podéis decir que soy un soñador)</em></p><p><em>But I'm not the only one (Pero no soy el único)</em></p><p><em>I hope some day you'll join us (Espero que algún día os unáis a nosotros)</em></p><p><em>And the world will be as one (Y el mundo será único).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La nefasta influencia de la animalidad: territorialidad y violencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ejército español,Fuerzas seguridad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Veintiséis millones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/veintiseis-millones_1_1190959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6613ad61-f4ba-41cd-a8db-57c1543b30a6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Veintiséis millones"></p><p>Yo había empezado otro comentario. Mi tarea en el Foro que infoLibre nos presta al <a href="https://www.miliciaydemocracia.org/" target="_blank">FMD</a> es hablar de sociedad civil y milicia. Y a ello me aplicaba, <strong>preguntándome por la situación en que se encuentran los cuarteles</strong> (tenía preparado un chascarrillo sobre la guerra confinada, el teletrabajo y la puntería) y cómo se está protegiendo a los militares que nos protegen, cuando de repente, ¡zas!, el lobo (<strong>como en el cuento de Caperucita, esta vez azul</strong>).</p><p>No es que no supiera nada. Cuando uno se mueve en determinados círculos, oye rumores. Sabe que muchos mandos (retirados o no) sienten nostalgia del tiempo en que <strong>citar tu empleo militar (de coronel para arriba</strong>, claro) te permitía pasar un radiocasete de gran formato desde Andorra sin pagar un duro en la aduana y sentir el placer de <strong>ver al guardia civil que te estaba tratando como una pequeña basura cuadrarse</strong> como una marioneta ante el acompañante de uno que sale del coche carnet en mano y la frase (LA FRASE por antonomasia): “<strong>usted no sabe con quién está hablando</strong>”.</p><p><strong>Uno</strong>, en su infinita ingenuidad, <strong>creía que eso ya no pasaba</strong>. Desde 1974 la vida ha corrido mucho. Bien para los de siempre, comsí-comsá para los demás, cuando no directamente mal para muchos desde 2008 para acá. Y de pronto <strong>sabe uno de una carta dirigida al Rey</strong>, ese preparado que no responde a los ciudadanos que exhiben su pasado militar para estar “<em>a Su lado y podrá contar con nuestro apoyo y lealtad</em>”, tras expresar su desazón “<em>como consecuencia del estado de deterioro en que estimamos ha entrado nuestra Nación, con la finalidad de expresarle nuestros desvelos y dejar muestra escrita de nuestra lealtad a la Patria, así como a su Persona tal y como juramos ante la Bandera de España en un lejano año 1964.</em>”</p><p>Uno se preguntó en ocasión de aquello, “<em>a la patria</em>”?, ¿<strong>a qué patria</strong>? Y ¿por qué al rey, cuyos actos como irresponsable, ya que carece de responsabilidad según se hartan de decirnos desde la misma posición, tienen que ser refrendados por ese “<em>Poder Ejecutivo de un gobierno social-comunista</em>”? Qué lío, ¿no? Y aún me lía más <strong>cuando aseguran que en 1964 juraron ante la Bandera (sic) de España</strong> (les parece que no hay más bandera que la de España porque la mayúscula inicial sólo debe usarse en “… <em>los nombres propios y también los comunes que, en un contexto dado o en virtud de determinados fenómenos (como, por ejemplo, la antonomasia), funcionan con valor de tales, es decir, cuando designan seres o realidades únicas y su función principal es la identificativa</em><strong>nombres propios</strong><strong>los comunes que</strong><strong>, la antonomasia</strong><strong>designan seres o realidades únicas</strong>.” <strong>Ni Alemania ni Francia tienen bandera. O su bandera no es Bandera</strong>. ¡Qué uso extraño de un patriota que lo será también para la lengua española y/o castellana!</p><p>Pero <strong>el lío es monumental cuando aseguran que juraron lealtad “a su Persona</strong><em>a su Persona</em>”. No ya porque uno considera más exacto decir “a vuestra persona” (por aquello de “vos el rey”) ni por la mayúscula de persona (la única en el mundo) sino por <strong>jurar lealtad a una persona que en 1964 aún no había nacido</strong>. No a la institución, no. A la Persona mayúscula. Otro glorioso logro del ejército como lo entienden estos chateadores firmantes de la carta: capaces de <strong>jurar lealtad</strong> no al <em>nasciturus</em> (que ni siquiera era <em>-urus</em>) sino a <strong>quien aún le faltaban 4 años para nacer</strong>. Como diría Trillo, “¡manda huevos!”.</p><p>Pero como uno es ingenuo, pensó que aquello era solo <strong>la obra de unos cuantos ancianos nostálgicos</strong> preocupados por su pensión y añorantes de pasados <strong>buenos tiempos en los que tan pronto se abandonaba un Sáhara como se invadía un Perejil.</strong></p><p>La cosa empezó a tornarse un poco más fea cuando otro ramillete de esos escogidos enviaba <strong>una carta a Europa</strong>. A falta de un Carlos V al que rendirle pleitesía o un rey con mando en plaza, se dirigían (qué remedio) al presidente del Parlamento Europeo (en su afán por apuntar a lo más alto podrían haberse dirigido al presidente de la Comisión). Y en ella volvían a lo mismo. <strong>España se rompe</strong>. En un juego de paja en el ojo ajeno y no viga en el propio, veían como <strong>herederos </strong>de etarras a un partido que ha jurado la Constitución y adaptado sus declaraciones a las mismas, <strong>y no ven</strong> <strong>como franquista a un partido que ni siquiera votó unánimemente a favor de la Constitución</strong>, (ocho a favor, cinco en contra y tres abstenciones) <strong>pero que ellos mismos se han colgado la etiqueta de “constitucionalistas”</strong>. <strong>Manda, no huevos, sino la gallina Papanatas enterita.</strong><em>Papanatas</em></p><p>La cosa ya es bastante más seria cuando nos enteramos todos por la prensa (la seria, no la de siempre esa que rinde pleitesía al poderoso como los <strong>ciudadanos que alardean de su pasado militar</strong> en las comunicaciones que dirigen a diestro y más diestro, que a siniestro ni se les ocurre) que en <strong>un chat dicen lindezas como</strong>:</p><p>"Me he levantado esta mañana totalmente convencido. No quiero que estos sinvergüenzas pierdan las elecciones. No. <strong>Quiero que se mueran todos y toda su estirpe.</strong> Eso es lo que quiero. ¿Es mucho pedir?". José Molina, capitán retirado (haciendo gala de su uso de la puntuación en español. Luego decimos que cómo escriben los jóvenes en los chats. Igual es que los chat-os nublan la vista y el entendimiento).</p><p>"Qué pena… <strong>no estar en activo para desviar un vuelo caliente de las Bárdenas a la casa sede de estos hijos de puta</strong>.” González Espinar, coronel retirado.</p><p>"Yo lo he leído [un libro de Pío Moa, <em>Mitos de la Guerra Civil</em>], como buen facha, y si es verdad lo que dice (para mí sí lo es) <strong>no queda más remedio que empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta"</strong>. Francisco Beca, general de división.</p><p><strong>A más estrellas, más burradas</strong>.</p><p>Y claro, uno se pregunta: <strong>¿E</strong><strong>n manos de quién ha estado la defensa de mi país</strong>, de esta España que le dolía a Unamuno y que muchos la quieren uniforme y marcial? ¿<strong>Defenderían mi territorio</strong> (y por tanto mi persona y mi vida) <strong>en el supuesto de una invasión </strong>de un ejército como el fascista de Benito o el nazionalsocialista de Adolf? ¿O más bien<strong> pondrían una diana en las casas de quienes ellos no consideran que son “los suyos”</strong> como jalearon el fusilamiento de tantos republicanos en España o propiciaron el exilio y la muerte de quienes, como Dionisio Ridruejo, evolucionaron hacia otra parte, que por supuesto no era el “socialcomunismo”?</p><p>Porque no nos engañemos, <strong>muy valientes</strong>, como se dice, <strong>no han sido</strong>. <strong>Presumen del Cid pero están más cerca de Vellido Dolfos</strong>, porque según han visto la posibilidad de que los jueces (esos que dicen que no son independientes pero están gobernados por una cúpula nombrada por uno de los partidos que les gustan) les pueden meter mano, <strong>se han apresurado a tomar el portillo de la muralla y a escurrir el bulto</strong>:</p><p>“<strong>No sé si me lo ha podido quitar alguien</strong> o si me ha desaparecido en algún momento porque yo el móvil no lo llevo encima”. Francisco Beca.</p><p>Este chat es privado. Lo dicho podía obedecer a "<strong>un momento de cabreo o de cachondeo</strong> porque yo no deseo la muerte de nadie”. José Molina.</p><p>“<strong>No me acuerdo de cuándo es este chat</strong> ni de a qué se refieren los mensajes". González Espinar.</p><p>“Tampoco es mi manera de expresarme", pero en todo caso "no significa nada más que <strong>una forma coloquial de hablar</strong>". "La capacidad de poder es muy poca porque tenemos ya setenta y muchos años. Aparte de hacer estos comentarios poca influencia tenemos”. Ángel Díaz Rivera.</p><p>O sea que <strong>si un grupo se reúne para decir que hay que matar a 26 millones</strong> o que se desea que todos los que apoyan unas determinadas políticas “<em>se mueran todos y toda su estirpe</em>”, <strong>es porque estaban en “momentos de cabreo o de cachondeo”</strong>. Nunca he estado de cachondeo hablando de matar a nadie. Y si en un momento de cabreo he deseado una muerte (no recuerdo, pero los momentos de cabreo, en eso estoy con D. Ángel, uno puede decir una barbaridad) no lo he hecho con la premeditación que supone escribirlo. <em><strong>Verba volant, scripta manet</strong></em>.</p><p>Todo el mundo tiene derecho a expresarse libremente, incluso a calumniar, mentir o señalar asesinatos, ejecuciones sumarísimas o bombardeos asesinos. Pero <strong>todo derecho conlleva una responsabilidad y</strong> <strong>una obligación</strong>. <strong>Escribir</strong> (que no decir<strong>) lo que se quiere</strong> implica que, <strong>si</strong> eso <strong>es constitutivo de delito de odio</strong>, <strong>hay que tener la gallardía de mantenerlo</strong>. “Sí, dije eso. Lo creo”, porque a lo que trasciende de las noticias, el chat es largo, se extiende durante mucho tiempo, provoca la carta y, en fin, manifiesta claramente lo que piensan los participantes en el mismo. Aunque tal gallardía conlleve una pena. <strong>Pero es más fácil aplicarlas que sufrirlas.</strong></p><p>Por cierto, quien no crea que eso es odio en su más puro estado, dirigido contra un colectivo (caray, de 26 millones), que cambie los interlocutores, les ponga un rostro socialcomunista (a su elección) y ponga en su boca las mismas palabras a ver si sigue opinando igual.</p><p>Y esto me lleva otra vez a pensar en la <strong>urgente necesidad de reformar la Constitución</strong>, de <strong>modificar las relaciones de las Fuerzas Armadas con la sociedad</strong>, y que unos tipos entorchados no ensucien la labor ingente de los soldados de a pie, de la clase de tropa de la UME apagando incendios y desinfectando calles sin apenas protección. <strong>Que los jefes y oficiales entiendan que son parte de la sociedad, no una casta aparte,</strong> y que como tal habrá cosas que les guste o no pero <strong>el recurso a la fuerza, a las armas, no puede ni siquiera esbozarse</strong>. <strong>Ni siquiera pensarse.</strong> Que no pueden decir que defienden y quieren a la Patria cuando pretenden borrar de ella a la mitad de los ciudadanos<strong>. Eso no es patria sino patio. Patio de prisión</strong> donde quien se mueva no sale en la foto … vivo.</p><p><strong>Urge una forma diferente de ver la sociedad desde y hacia la Fuerzas Armadas</strong>. Y urge porque <strong>los nostálgicos</strong> <strong>de otro ejército</strong> en otro momento histórico lastrado por una dictadura <strong>no pueden tener cabida en la defensa de un país donde conviven 47 millones de personas diferentes que sienten, piensan y se expresan a su manera</strong>, y no puede pesar sobre ellos la amenaza de unos uniformados que hacen sonar los sables cuando ya ni siquiera los tienen, para amenazar con la ejecución de quienes piensan diferente. Esa es la democracia en la que creen, pero no es la democracia que necesitan y se merecen las Españas. Y hay veintiséis millones de razones (o tal vez cuarenta y siete) que lo avalan.</p><p><em>Joaquín Ramón López Bravo es abogado y periodista</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Veintiséis millones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Víctimas del franquismo,Franquismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El (ab)uso de los militares sin graduación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ab-militares-graduacion_1_1187899.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El Gobierno español ha anunciado que “dispone” de “<strong>hasta 2.000” rastreadores formados entre el personal del ejército</strong>, es de suponer que de <strong>tropa y marinería</strong> –no me veo yo a oficiales atendiendo teléfonos– que pone a disposición de las Comunidades Autónomas. <strong>Varias</strong> de ellas <strong>se han apuntado</strong> (Madrid, por ejemplo) <strong>a recibir este “maná gratuito”</strong>. Habiendo incumplido las promesas de contratación de personal sanitario, de refuerzo de la atención primaria y de contratación de rastreadores experimentados, salvo la mascarada de pagar a la sanidad privada por personal del que tampoco dispone esa sanidad, este personal “gratuito” les viene fenomenal para <strong>no invertir ni un solo euro</strong> de los 16.000 millones que el Estado ha puesto a su disposición en la lucha contra la COVID 19. <strong>Si no se gastan el dinero en esto, ¿en qué lo gastarán?</strong> ¿En contratar laboratorios privados que por fuera llevan las muestras a la sanidad pública sobresaturada para que se encarguen de los análisis que esos laboratorios no son capaces de completar?</p><p>Pero me desvío de la cuestión. Los 2.000 rastreadores militares, según asegura la subsecretaria de Defensa, Doña María Amparo Valcarce, en la web del <a href="https://www.defensa.gob.es/gabinete/notasPrensa/2020/08/DGC-200827-briefing-medios-rastreadores-covid.html" target="_blank">Ministerio de Defensa</a>, están “a disposición de las Comunidades Autónomas”. Sin embargo, <strong>uno mira en los whatsapp de militares</strong> y se encuentra con que <strong>aún se están pidiendo voluntarios </strong>en los cuarteles, <strong>con la amenaza de “elección directa”</strong> por el famoso método “te-ha-tocado” con que se hacen las cosas en el ejército español, <strong>si no se cubre el cupo</strong> de los 2.000 con voluntarios.</p><p>Dice la señora Valcarce que <strong>hay que poner “en valor la amplia experiencia acumulada</strong> por las Fuerzas Armadas durante la operación ‘Balmis’ contra la Covid-19 y… cualificación técnica, capacidad de despliegue y amplísima experiencia en emergencias.” Hasta donde sé, <strong>no se dedicaron a rastrear contagios</strong>. Ni siquiera <strong>a tratar con enfermos directamente</strong>. Asegura además que “… el Ministerio de Defensa creó un Sistema de Rastreo para la detección precoz y vigilancia epidemiológica, así como capacitación a personal militar como rastreadores … de la transmisión de la Covid-19…” para lo cual “… se puso en marcha un <strong>curso de rastreadores online</strong><em>online</em>, tomando como referencia el del Centro Internacional John Hopkins …”. <strong>¿Cómo es ese curso?</strong></p><p>Aparte del catetismo castizo del que hacen gala <strong>algunas “mentes pensantes” de este país</strong>, que presumen de <strong>patriotas</strong> pero <strong>babean ante nombres</strong> extranjeros, preferiblemente <strong>ingleses</strong> y referidos a <strong>instituciones estadounidenses</strong>, es conveniente saber <strong>que el </strong>curso se imparte en línea<strong> (virtual) </strong>con una<strong> duración de 6 horas </strong>(aproximadamente) compuesto por <strong>seis módulos</strong>: “Datos básicos sobre la COVID-19” con 7 videos (Total 51 minutos), 3 lecturas, 7 cuestionarios, “Datos básicos para el rastreo de contactos en relación con la COVID-19” con 5 videos (Total 35 minutos), 1 lectura, 5 cuestionarios, “Pasos para investigar casos y rastrear los contactos de la persona” con 3 videos (Total 45 minutos), 1 lectura, 2 cuestionarios, “Deontología en el rastreo de contactos y herramientas tecnológicas” con6 videos (Total 42 minutos)”, “Habilidades para una comunicación efectiva” con 11 videos (Total 78 minutos)] y “Evaluación final” con 2 lecturas y un examen de 1h 20 m.. Y <strong>con poco más de 4 horas de formación en vídeo, 5 lecturas, 14 cuestionarios y 1 hora y 20 de examen, se adquiere la “capacitación” a que hace referencia la subsecretaria</strong>. Hasta un curso de mecanografía requiere algo más de tiempo.</p><p>Y <strong>¿a quién se capacita?</strong> No a personas con formación sanitaria previa, ni a personas preparadas para una interlocución en el siempre complejo campo de la salud y la sanidad y los datos de carácter personal. Y las reservas que genera en cada uno de nosotros dar esos datos. Tampoco a personas que tengan experiencia en trato telefónico con clientes (pacientes). Se escoge a quienes se presenten <strong>voluntarios</strong> de entre los <strong>militares</strong> <strong>o,</strong> a falta de cupo suficiente, a <strong>“voluntarios forzosos”</strong>.</p><p>¿Quiénes son estos <strong>militares</strong>? Son <strong>personas que apenas llegan a los 1.000 euros de salario</strong> mensual (algo más si, como los miembros de la UME, tienen algún complemento de 200 o 300 euros más), que <strong>en el 85% de los casos son contratados</strong> que, tras encadenar compromisos<strong> temporales hasta los 6 años de servicio</strong>, pueden conseguir un <strong>contrato de “larga duración”</strong> que llega ¡<strong>hasta que cumplan los 45 años</strong>! Alcanzada esa edad, no pueden seguir en el ejército, y se ven <strong>cesados</strong> con un pequeño subsidio<strong> que apenas llega para pagar media hipoteca o un alquiler normal.</strong></p><p><strong>La renovación de</strong> cada uno de los compromisos<strong> intermedios no es automática</strong>. Depende de la calificación que una junta de evaluación lleva a cabo. No voy a entrar en si se renuevan o no según la dotación presupuestaria. Pero es claro que si su conducta no es intachable en todos los sentidos (según la opinión subjetiva de sus calificadores) <strong>las posibilidades de ser renovado descienden bastante</strong>. Así que los rastreadores <strong>“voluntarios forzosos” no dirán que no</strong>. Les va el empleo en ello si están en el periodo de contratos temporales de dos o tres años.</p><p>Este es el cuadro. <strong>Trabajadores con un sueldo escaso, sin derechos sindicales, sin derechos ciudadanos</strong> (o con éstos muy limitados), <strong>sin formación previa y</strong> muchos de ellos <strong>obligados a llevar a cabo el trabajo</strong>. Y pese a ello, <strong>se juegan la vida</strong> apagando incendios, rescatando personas y bienes en catástrofes o desinfectando residencias de ancianos y calles durante la pandemia. <strong>Y ahora los colocan frente a un trabajo de cualificación especial</strong>. Un trabajo para el que <strong>una conocida empresa de sanidad privada convocó plazas</strong> urgentemente para dar cumplimiento al contrato firmado con una administración pública, y <strong>reunió apenas a 200 aspirantes</strong>.</p><p><strong>La utilización que de los miembros de la clase de tropa</strong> se hace en España <strong>es</strong> <strong>sencillamente</strong> <strong>inmoral</strong>. No por lo que se les pide, sino <strong>por cómo se les recompensa</strong>. <strong>Cualquier falta</strong> que en la sociedad civil se castiga con una pequeña multa o incluso ni siquiera se castiga, en el ejército y en tiempos de paz como los actuales, <strong>se castiga con pena de privación de libertad</strong>. Sus asociaciones tienen <strong>limitado el acceso a derechos básicos</strong>, ellos mismos carecen de la posibilidad de declararse en huelga (insisto, en tiempos de paz como los actuales) o de presentar reclamaciones ante tribunales ordinarios especialmente laborales. Los <strong>contratos</strong> que suscriben son <strong>de dudosa legalidad</strong> y encaje en el derecho laboral.</p><p>Eso sí, <strong>a los 45 años</strong> a la calle para que se apañen como <strong>un ciudadano más</strong>. Y por toda experiencia, haber conducido un tanque, o haber disparado morteros, o haber limpiado cubiertas de barcos. <strong>Los gobiernos de España han incumplido sistemáticamente el compromiso de formar a la tropa</strong> con cursos equivalentes y con el mismo valor académico que los impartidos al resto de ciudadanos. La mayoría de los cursos que se imparten en los cuarteles carecen de validez en la vida civil.</p><p><strong>La clase de tropa es un chollo.</strong> <strong>Barata, sin derechos laborales, obligada a cumplir órdenes</strong> por aberrantes que sean, <strong>y “todocamino”</strong>: igual sirven para un incendio en el bosque que para rastrear contagiados de covid-19. Han faltado mascarillas en los cuarteles. Han faltado las distancias de seguridad. Y no se ha sabido. Un oscuro velo tapa la realidad del soldado que sólo se descorre tras colocar brillantes correajes o un distintivo “<em>Operación Balmis</em>” a algunos de ellos para que salgan bien en la fotografía. <strong>Ya es hora de que se revise el papel real de la clase de tropa</strong>, que se les considere ciudadanos de uniforme, que en tiempos de paz no se les trate como si todo ocurriera en tiempo de guerra, <strong>que se les pague dignamente</strong> y que no se les obligue a cumplir con tareas para las que ni están preparados ni son debidamente remunerados. En definitiva, <strong>que se les trate como ciudadanos de valor y con una tarea especial. Ciudadanos de uniforme</strong>.</p><p>Y que <strong>se acabe con esta utilización de la clase de tropa como trabajadores “comodín”</strong>. Porque el día menos pensado los veremos <strong>conduciendo trenes, guardando el orden público, atendiendo a enfermos</strong> o cualquier otro campo social en el que la impericia, la avaricia o la mala fe de la clase política haya abierto <strong>un boquete descomunal, como ha ocurrido con la sanidad pública, desmantelada por años de recortes</strong>.</p><p><strong>Los militares no son policías, ni enfermeros, ni maquinistas</strong>. <strong>Pueden (y deben) ayudar en momentos de crisis</strong>. Pero pasada la crisis, habrá que <strong>aplicar los caudales públicos a remediar las causas que la provocaron</strong>. Y a <strong>premiar a los soldados</strong> con emolumentos extraordinarios paralelos a la labor que vienen desarrollando. <strong>Y a rehabilitar el maltrecho edificio de un Estado de bienestar </strong>donde parece que sólo están bien algunas personas a las que el bienestar general les trae al pairo.</p><p><em>Joaquín Ramón López Bravo es abogado y periodista.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Sep 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
      <media:title><![CDATA[El (ab)uso de los militares sin graduación]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El olvido de las Fuerzas Armadas en el acuerdo de Gobierno PSOE-UP]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/olvido-fuerzas-armadas-acuerdo-gobierno-psoe-up_1_1181364.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2a90a05a-3be1-4a0a-834a-9fcab41bd8c5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El olvido de las Fuerzas Armadas en el acuerdo de Gobierno PSOE-UP"></p><p>Empezaré por el principio: <strong>me desagrada</strong> enormemente <strong>la forma en que los gobiernos</strong> (especialmente los socialistas) de los cuarenta años de democracia <strong>han tratado a las Fuerzas Armadas </strong>(FAS). Si sigo las enseñanzas de Paul Preston, no cabe duda de que entre el ejército y las “fuerzas vivas” (caciques, grandes propietarios, élite política, corona e iglesia, es decir, la cúpula del poder de nuestra sociedad) hay una unión de, al menos, cien años. El hispanista, con bastante mala uva, señala que habiendo perdido todas las guerras externas durante trescientos años, el ejército ha hecho todo lo posible por no perder las internas, las guerras (in)civiles contra su propia población y los pocos de ellos que se han puesto de parte de la misma. Las Fuerzas Armadas fueron utilizadas por el poder para la represión de los movimientos sociales de finales del siglo XIX y principios del XX. Es verdad que esos movimientos sociales, de tinte anarquista y de “propaganda por los hechos”, revestían en muchas ocasiones un carácter terrorista muy difícil de atajar por una policía mal preparada y peor pertrechada. No quiero perderme en digresiones pero es importante señalarlo para entender por qué casi la mitad del siglo XX, sumando la dictadura de Primo de Rivera, la “dictablanda” de Berenguer y la ominosa dictadura franquista, sobre España ha ejercido el poder cierta semblanza del ejército en su cara menos amable: la <strong>disciplina mal entendida y el castigo sobredimensionado</strong>. Tal vez por eso nuestra <strong>conciencia ciudadana</strong> es tan <strong>frágil</strong> y tendemos, como hijos de nuestros padres, <strong>a aplicar la fuerza cuando no es posible convencer con la razón</strong> propia, que casi nunca es razón absoluta.</p><p>Digo todo lo anterior porque <strong>busco una explicación</strong> razonable <strong>a los rescoldos franquistas</strong> (valdría también decir autoritarios) <strong>que</strong> de vez en cuando <strong>se iluminan en muchos cuarteles y entre sus mandos</strong>, al soplar cualquier aire, llámese una (impostada) declaración de independencia, una inhumación y salida de un panteón tétrico del dictador Franco, o cualquier otro acontecimiento de mayor o menor entidad, pero de índole política y/o social que en nada afecta a lo militar. Pero esa <strong>visión uniforme y uniformada de España</strong> (que no de unidad española, pese a lo que aseguran sus defensores,) de una parte nada desdeñable del ejército, <strong>debería haber muerto con el dictador</strong>, y la Transición debería haber ejercido de enterradora. Lejos de ello, fue la ópera bufa del 23 F (el calificativo no es mío sino de <em>The New York Times</em>) la que calmó algunas aguas con el infalible sistema del palo y la zanahoria. Pero, como no podía ser de otra manera, aquello no cambió la idiosincrasia de unas FAS que veían cómo se escapaba su poder, aunque, a diferencia de otros países, sus largos cuarenta años de dictadura no les pasaron factura alguna.</p><p><strong>Esos comportamientos oscurecen una labor excelente de las FAS</strong> en tierras en conflicto donde mueren compatriotas fuera de nuestra tierra intentando mantener la paz o en labores de protección civil dentro de nuestras fronteras. La UME está en estos momentos desplegada en las calles de España desinfectando zonas comunes con unos recursos que serían de risa si no fuera porque se enfrentan con ellos a una pandemia feroz que ha causado un puñado de miles de muertos en el mundo. Y por supuesto otro puñado de militares demócratas que desde los pertenecientes a la UMD a los que integran ahora colectivos que luchan por reescribir el papel de las FAS en la sociedad que vivimos. ¿Es razonable ese deseo de cambio? Todo depende.</p><p><strong>La visión más moderna</strong> “en los países de nuestro entorno” (como les gusta decir a nuestros prebostes cuando ese entono les da la razón, y acogiéndose al “España es diferente” tan querido para ellos cuando no lo hace) son <strong>Fuerzas Armadas totalmente integradas en la sociedad</strong>. No como lo están ahora (como ha afirmado el presidente Pedro Sánchez en una de sus varias alocuciones con motivo o a resultas de la crisis pandémica) simplemente prestando servicios, sino integradas de verdad en la sociedad. Auténticos <strong>ciudadanos de uniforme</strong> que, <strong>salvo en casos como estos </strong>en los que su actuación debe estar reglada por conceptos de índole militar, tendrán <strong>exactamente los mismos derechos y deberes que un ciudadano civil</strong>. En estos momentos de crisis, en los que a los ciudadanos se nos priva de determinados derechos, es más que razonable que a los ciudadanos de uniforme se les suspendan aquellos derechos que entorpecerían su labor coordinada.</p><p>¿<strong>Qué han hecho los Gobiernos</strong> sobre esto? <strong>Nada</strong>. Y no me refiero a las leyes que han promulgado normas de modernización sencillamente imprescindibles. Me refiero a la <strong>creación de una auténtica conciencia</strong> entre las FAS en particular y en toda la sociedad en general que permitiera, como en Suecia, que los generales fueran al trabajo en metro, o que los hechos delictivos en los cuarteles sean investigados por la policía civil y no por la militar, como ocurre en Estados Unidos (espejo en que se miran quienes más pujan por una segregación constante de los militares) y que los castigos se ajusten a la labor punitiva de las leyes civiles sin que cualquier pequeña falta, que en la sociedad civil apenas supondría una multa, suponga una pena de privación de libertad en lo militar y en tiempos ordinarios, por más benévola y corta que esta sea. Lógicamente hablando en tiempos de paz y sin crisis. Pero aún en tiempos de crisis la ponderación debería ser la guía de la punición para evitar castigos abusivos, como en cualquier esquema penal de cualquier país democrático del mundo.</p><p>Quienes vimos con esperanza (no exenta de recelo) los <strong>tanteos entre el PSOE y UP</strong> para conformar una mayoría de gobierno (después de un batacazo que penalizó su desencuentro y soberbia) pensamos que por fin <strong>un gobierno afrontaría</strong> este necesario <strong>camino hacia la integración</strong> soñada, hacia –permítaseme el juego de palabras– <strong>la “desmilitarización” de las FAS para convertirlas en fuerzas sociales con atribuciones especiales</strong>. Nuestra decepción fue enorme. Aunque en las primeras tres líneas del documento se afirma que <strong>el acuerdo entre el PSOE y UP</strong> tiene como fin “…<em>conformar un Gobierno progresista de coalición que sitúe a España como referente de la protección de los derechos sociales en Europa</em>”, <strong>grita</strong>, a lo largo del mismo, una y otra vez <strong>el silencio sobre las FAS</strong>. <strong>Palabras como FAS, Fuerzas Armadas o Ejército no aparecen ni una sola vez</strong> en el texto. ¿Los militares no pueden aspirar a derechos sociales equiparables a los europeos? ¿Tan menor es la relevancia de lo militar en la sociedad? Y si es así, ¿por qué mantener una especie de gueto con normas más rígidas, convivencias cerradas, uniformes obligatorios, etc.? O es que ¿aún se siente el aliento del miedo a lo castrense en la nuca de los políticos?</p><p><strong>Hace años que la estatua de Franco debería haber desaparecido de las academias militares</strong>. <strong>Y los retratos de los golpistas</strong>. Quienes empuñan las armas contra la bandera que juraron defender y el pueblo de donde salen, <strong>no merecen el nombre de militares</strong>: <strong>carecen de honor y de sentimiento de pertenencia</strong> al pueblo del que proceden, y no sólo de la parte que les concede prebendas. Aunque hasta donde sé la etimología de <em>miles /militis </em>no está contrastada, prefiero la interpretación que hace proceder la palabra de <em>milia</em> y así ser “el que va con mil” a la del etrusco <em>mille</em> que era el matón o guardaespaldas del tirano.</p><p>Somos muchos los que interpelamos al gobierno pidiéndole (casi siempre exigiéndole) intervenciones y normas progresistas en tal o cual materia. Pero casi todas ellas, en mejor o peor forma, han recibido atención por parte de gobiernos sedicentes progresistas (ni se me ocurre esperar nada de gobiernos conservadores máxime con la desgajada de su alma y alargada sombra de VOX a sus espaldas). En estos cuarenta años de democracia, <strong>no hemos avanzado ni un milímetro hacia la consideración de “ciudadano de uniforme”</strong> o mejor <strong>“ciudadano que puede vestir el uniforme”</strong> <strong>que rige en</strong> la mayor parte del <strong>mundo occidental</strong> y desde luego en los países cuyo modelo social nos inspira.</p><p><strong>Otorguemos a nuestros militares los derechos cívicos</strong> (y por supuesto las obligaciones, ni un solo derecho sin el contrapeso de su obligación) de los que disfruta cualquier ciudadano. Hagámosles parte de verdad del <em>corpus</em> social. Acojámosles como se merecen y como sin duda se sienten porque <strong>sólo quien se siente parte de una sociedad arriesga su vida por sus conciudadanos ante el fuego, ante la inundación, ante la catástrofe, ante la pandemia</strong>. Sólo quien así se siente establece las fronteras de nuestra defensa en países a miles de kilómetros, con lenguas impronunciables y enemigos tras cada recodo. <strong>Hagámoslo por justicia y</strong> si eso no nos sirve, <strong>por solidaridad devolviéndoles la que ellos nos prestan</strong>. Tengamos unas FAS modernas para la necesaria modernización de España. Como dijo hace más de cien años <strong>Joaquín Costa</strong>: “<strong>Escuela, despensa y siete llaves para el sepulcro del Cid</strong>”. Modifiquemos los planes de estudio en las academias militares tecnificándolos y sancionando a quienes aprueben los golpes de estado. Establezcamos <strong>retribuciones dignas sin abandonarles a los 45 años</strong> y olvidemos las ansias militaristas de quienes vean en un golpe de estado militar la forma de actuar cuando un gobierno no les guste o trate de acabar con los privilegios de los privilegiados.</p><p>Y de paso <strong>empecemos a pensar en cómo acabar con el artículo 8 de la Constitución</strong> en la necesaria reforma constitucional que la misma Constitución pide a gritos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El olvido de las Fuerzas Armadas en el acuerdo de Gobierno PSOE-UP]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fuerzas Armadas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El papel de los militares en nuestra sociedad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/papel-militares-sociedad_1_1176336.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La exhumación de los restos de Francisco Franco, que se ha celebrado (pocas veces mejor dicho) el día en que escribo este comentario, con todo lo que la ha rodeado, vuelve a traer a la cabeza una cuestión presente en nuestra historia desde hace más de doscientos años. ¿Por qué ese empeño de algunos militares en<strong> intervenir en cuestiones que son meramente civiles</strong>? ¿Por qué han intervenido con tanta presencia y frecuencia en los asuntos puramente civiles y políticos en la historia de nuestro país? ¿Y <strong>por qué una parte</strong> importante <strong>de la sociedad ve con normalidad</strong>, incluso diría que con agrado, <strong>la intervención militar</strong> en asuntos meramente civiles y políticos?</p><p>Ese empeño no es una tentación lejana. Recientemente <strong>un grupo de militares de alta graduación</strong> retirados y alguno en la reserva <strong>hacían público un escrito reivindicando</strong>, al menos aparentemente, <strong>la figura “militar” del dictador</strong>. Menos importantes en su significación pero igualmente indicativos de esa voluntad intervencionista son los diferentes mensajes que han circulado por las redes sociales redactados por individuos que dicen ser militares instando a una intervención del Ejército en el conflicto de Cataluña. Incluso como<strong> </strong>reacción al<strong> Tsunami Democràtic</strong> presuntamente nacido en las filas más aguerridas y violentas del independentismo catalán, circulaban mensajes de <strong>un autoproclamado Tsunami Español</strong>, integrado, según sus palabras y algunas informaciones periodísticas, <strong>por militares</strong>, dando un <strong>ultimátum al Gobierno</strong> (con día y hora) para que interviniera con energía (debe leerse con fuerzas militares) en Cataluña o si no, pasado el plazo, intervendrían ellos. <strong>Inaceptable en cualquier democracia</strong> desarrollada del mundo. Incluso una parte de la sociedad civil insta a que “se lleven los tanques a Cataluña”, asumiendo que el ejército se encuentra legitimado para este tipo de actuaciones. Hemos visto <em>memes</em> de todo tipo con trenes que portaban tanques o material militar “con destino a Cataluña”.</p><p>El Ejército está preparado para luchar contra otro Ejército. <strong>Dedicar al Ejército</strong>, que carece de la necesaria preparación, a la represión de disturbios de <strong>orden público</strong> sólo puede <strong>acarrear más problemas que soluciones</strong>. Sin contar con que cualquier <strong>“ocupación” militar</strong> reviste la forma de <strong>dictadura</strong>, como desgraciadamente sabemos en España.</p><p>Podríamos achacar esa visión “normalizada” de la intervención del ejército en cuestiones civiles a los prácticamente <strong>cincuenta años </strong>que, con el breve paréntesis de los nueve de la República, vieron <strong>en el siglo XX</strong> las tierras de España. Se dice pronto. La mitad del siglo España se ha <strong>regido por dictaduras</strong>. Y lo cierto es que al menos los doscientos últimos años <strong>de historia de nuestro país están salpicados de intervenciones militares </strong>y pronunciamientos. Desde que los cien mil hijos de San Luis restauraron en el trono a Fernando VII, han sido numerosos los pronunciamientos militares. Incluso muchos de los primeros ministros en los reinados del propio Fernando VII o de Isabel II, cuya subida al trono y mantenimiento en el mismo se dirimió en cruentas guerras civiles, fueron militares.</p><p>También es cierto que <strong>en los últimos cuarenta años de democracia</strong> ha faltado voluntad didáctica que <strong>separara a la sociedad de las actitudes militaristas</strong>. Cierto que la Constitución, que se aprobó como un paquete que contenía muchas cuestiones poco deseables que no fueron objeto de votación independiente, no ha ayudado mucho a que se produjera un cambio de mentalidad. La elección de reforma en lugar de ruptura ha dejado en muchos elementos de la sociedad cierto regusto de continuismo del que, salvo las últimas barbaridades de Vox que asegura que Franco fue el impulsor de la democracia en España, ha flotado en las relaciones políticas en España durante todo este tiempo.</p><p>El malhadado <strong>artículo 8</strong>, sito en un lugar preferente como es el título preliminar de la Constitución que recoge las afirmaciones y declaraciones sobre las que se levanta el edificio del resto, <strong>señala que las Fuerzas Armadas</strong> “…tienen como misión … <strong>defender su integridad territorial (la de España) y el ordenamiento constitucional</strong>”. De poco o casi nada sirve a los efectos de la didáctica de la desaparición de las estructuras militares del ordenamiento y el pensamiento de la sociedad civil y de la ejemplarización de dicha desaparición, que en <strong>el artículo 97 se atribuya al Gobierno la dirección de</strong> <em>“… </em><strong>la Administración</strong> civil y <strong>militar y la defensa del Estado</strong>”. El <strong>mando supremo de las fuerzas armadas</strong> (en virtud del artículo 62.h) está en manos <strong>del rey</strong>. Y hay que recurrir a un alambicado procedimiento sobre el necesario refrendo de sus actos por parte del Gobierno para concluir que se trata de un mando simbólico. Habría sido infinitamente mejor que se expresara de esa forma sin ambages y que el mando supremo militar hubiera recaído en el Gobierno, como el mando sobre el resto de la Administración. Por más que hay partidos que parecen tener muchas más tentaciones militaristas que la mayoría de los propios militares.</p><p>Y quizá está en <strong>la consideración del papel que el Ejército debe jugar en una sociedad moderna</strong>. ¿Se trata de un <strong>elemento al margen, ajeno y colateral del Estado</strong> (a veces incluso por encima del propio Estado a decir de algunos) <strong>o</strong> por el contrario es <strong>una parte más de la Administración</strong> con unas consideraciones especiales en casos concretos como los que se producen en una guerra o en situaciones similares? Somos muchos los que propugnamos que el militar es un ciudadano de uniforme, con los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro, con la salvedad de que lo específico de su trabajo hace que en las situaciones legalmente previstas esos derechos se vean suspendidos en lo que entren en conflicto (y sólo en eso) con la necesaria disciplina militar para cumplir con la obligación de defender al país de invasiones o ataques de otras fuerzas militares.</p><p><strong>Así debería haberse recogido en la Constitución</strong>, <strong>o</strong> al menos haberse <strong>fijado en la legislación</strong> dictada en <strong>estos últimos cuarenta años</strong> al respecto. Las encuestas realizadas con motivo de la exhumación de Franco son muy esclarecedoras<strong>.</strong> La gente joven no conoce la historia o simplemente no le interesa, (lo que me causa una profunda tristeza, pero eso es otro debate) y <strong>entre los mayores nacidos antes de los años 50</strong> hay <strong>un 8%</strong> que <strong>piensa que Franco lo hizo todo bien, y un 44% que opina que hizo cosas buenas</strong>. Cierto que las encuestas son imprecisas. <strong>Nadie es completamente malo</strong> para todo el mundo. Nadie hace todo mal y fuera de toda lógica para todas las personas. <strong>El balance objetivo entre lo bueno y lo malo es lo importante</strong>. Y siempre que se cuente con una información rigurosa, lo que desde luego falta en los estudios de la España franquista en los que abundan aquellos que mienten descaradamente o disfrazan la verdad <strong>otorgándole al dictador logros muy anteriores a su mandato</strong>.</p><p>Urge por tanto <strong>una revisión del papel de los militares en nuestra sociedad</strong>, otorgándoles los mismos derechos que a cualquier otro ciudadano e <strong>imponiéndole las mismas obligaciones y deberes</strong>. Es imprescindible que <strong>de la Constitución se eliminen las referencias</strong> que parecen poner <strong>al margen de la misma a las FAS otorgándoles un papel arbitral del que deben carecer</strong>, sometiéndolas, como <strong>parte de la Administración del Estado</strong>, al poder político y enseñando en las academias militares que el servicio a la patria no supone el servicio a esa España etérea que parece estar vacía de españoles con la que sueñan muchos políticos y los nostálgicos del franquismo. <strong>España no es sino la unión de todos sus ciudadanos</strong>, de toda procedencia, raza e ideología. Una nación es más fuerte cuanto más se la creen sus habitantes. Todos sus habitantes. Y ese creer en tu país no se impone por la fuerza. Ni por la disciplina militar.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 Oct 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
      <media:title><![CDATA[El papel de los militares en nuestra sociedad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Democracia, grupo, individuo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/democracia-grupo-individuo_1_1169318.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Permítanme que hoy no hable de Milicia y que abra un poco más el objetivo hacia Democracia, ya que ambos términos conforman y configuran la asociación en que milito. La reflexión que me permito compartir es <strong>sobre la sociabilidad.</strong> Es incuestionable que el ser humano es un ser social. La pertenencia al grupo nos condiciona. Determinados comportamientos se ven modificados por la necesidad de la pertenencia al grupo o la aprobación dentro del mismo. Incluso de una forma sutil seguimos aún sintiendo el peso de una jerarquía interna que se refleja en la mayoría de las construcciones sociales humanas, en algunas de forma muy evidente (por ejemplo el Ejército) y en otras más sutiles (por ejemplo en las relaciones laborales o asociativas).</p><p>Pero, ¿cómo nos acercamos al grupo los seres humanos individualmente? Creo que hay dos vías de entender el grupo. Una con mayúsculas EL GRUPO, en la cual ese Grupo está dotado en sí mismo de unas características propias e inmutables (o casi) que no pueden ser discutidas por quienes pertenecen al mismo. La fijación de esas características se parece mucho al famoso (y cruel)<strong> experimento de los monos, los plátanos y el chorro de agua helada</strong>. Viene de un pasado lejano e inalcanzable, debidamente maquillado y engrandecido.</p><p>Este Grupo determina el comportamiento de sus integrantes. Los principios del Grupo son inmutables o se mueven a <strong>una lentísima velocidad.</strong> Así los integrantes del Grupo sólo tienen dos opciones: o comportarse como mandan los cánones del Grupo o abandonarlo.</p><p>Esta última opción no siempre es sencilla, ya que los integrantes del mismo están ligados por lazos que en muchas ocasiones son muy difíciles de obviar o de romper (nacionalidad, sometimiento a una disciplina, vínculos legales, etc.). Para la mayoría de sus integrantes presenta muchas ventajas. No necesitan analizar, todo les viene analizado por el Grupo o, mejor dicho, por quienes dominan el Grupo. El sentimiento de pertenencia está resuelto. No hay dudas o apenas las hay y se resuelven mediante la invocación de los principios fundamentales. Además este tipo de Grupos son “lo mejor”. No se come como en España. La gente de mi pueblo son los más hábiles. <strong>Mi familia es un modelo.</strong> Mi partido político no tiene casos de corrupción, y quien lo afirma se lo inventa. Mi ejército es el más valiente, lleno de gestas heroicas. Mi equipo de fútbol es el mejor y si no lo es objetivamente es porque los árbitros y la federación han montado un complot para que no lo seamos. Mi dios es el mejor, el más justo, el más clemente.</p><p>En este tipo de Grupo no cabe la disidencia ni un pensamiento alternativo. Es así porque así ha sido siempre. Quienes componen este Grupo no se sienten simples números, sino aliados con los demás miembros del Grupo porque ese Grupo es el no va más. El pensamiento general de este Grupo, sus valores, son conservadores, porque es conservar las “esencias” lo que le hace distinto y superior. Los dirigentes de este Grupo fomentan este tipo de pensamiento, sin ofrecer muchas veces un ideario claro. Bastan unos cuantos mensajes de refuerzo emocional dirigido a provocar sentimientos, para concitar la unión del Grupo. Es el “<strong>a por ellos</strong>” porque los demás grupos tratan de cambiar lo que es perfecto o casi perfecto en el mío. España como objetivo, aunque no se sepa cómo tiene que ser España si no es por la negación del resto de nacionalidades. Cataluña es el fin sin que se sepa muy bien cómo ha de ser esa Cataluña, más allá de lo opuesto a los tiranos que nos gobiernan desde Madrid. Mi iglesia es la mejor aunque la pederastia concite todos los “pecados” que condena (sexo, abuso de posición dominante, homosexualidad, minusvaloración de la mujer), porque esos “son unos pocos”. <strong>Miles pero pocos.</strong></p><p><strong>El reconocimiento de cada individuo</strong></p><p>La otra concepción de un Grupo parte del reconocimiento de cada individuo, y se define por la suma de las ideas de cada individuo. Normalmente coincidirán en ciertos valores, en ciertas esperanzas. No dejarán de ser un Grupo, y tendrán unos dirigentes, pero su cohesión no viene de compartir los valores del Grupo, sino valores personales. Por decirlo de una forma gráfica, se construye de abajo hacia arriba. Eso genera a menudo tensiones. Es un Grupo mucho más abierto, menos coherente. El vínculo de los individuos con el Grupo es personal construido por sus integrantes, no es una adhesión. <strong>Eso con mucha frecuencia provoca rupturas. </strong>A veces por nimiedades o por cuestiones que no son de fondo. Sus integrantes frecuentemente no sienten su Grupo como “el mejor” sino como aquél que les presenta más rasgos afines o incluso como el menos malo.</p><p>Suelen ser Grupos menos conservadores, porque están en dialéctica constante, dispuestos a modificar los valores en función de lo que piense la mayoría de sus integrantes. Con ello el sentimiento de pertenencia es mucho más flojo y flexible. Estos Grupos se abandonan con más facilidad, a veces con demasiada. Por ello el sentimiento de pertenencia está menos fijado en sus integrantes. Es difícil establecer <strong>una tipología concreta </strong>de estos Grupos porque su propia dinámica y flexibilidad les hace pasar de un lugar a otro con cierta frecuencia. Aunque lo que sí tienen claro los integrantes de este tipo de Grupo es a qué otros Grupos no quieren pertenecer, lo que hace que en el fondo subyazga un rechazo que ayuda a su cohesión.</p><p>La ortodoxia del primer Grupo da seguridad y por ello es bueno para personas sin demasiadas aspiraciones, que buscan el orden y la estabilidad y les importan menos sus convicciones personales o asumen las grupales como propias. Eso les hace difícil entender los mecanismos de los grupos “rivales” que para ellos son, realmente, enemigos. Atacar a su Grupo es hacer que<strong> se tambaleen las firmezas</strong> que el Grupo les ofrece y por ello luchan denodadamente para que nada cambie o si cambia que sea muy poco a poco. La heterodoxia del segundo Grupo lleva sus integrantes a cuestionarse todo o casi todo, así que carecen de la firmeza necesaria para establecer unas bases “duraderas”, pero tampoco las quieren porque sentirían que les constriñen. Curiosamente cuando algunos de sus cánones se coinvierten en inmutables, van cambiando <strong>su forma de entender la vida</strong>, y pueden llegar a ser conservadores, a convertirse en un Grupo del primer tipo, aunque pierdan en el camino a muchos de sus integrantes.</p><p>El problema es cuando dos de los Grupos del primer tipo colisionan. Porque carecen de la necesaria<strong> flexibilidad y empatía </strong>para resolver problemas. Cada cesión la viven como una renuncia insoportable, por lo que no renuncian a nada. La historia de la humanidad que conocemos está ligada a conflictos entre ese tipo de Grupos, o al intento de dominación de uno de ellos sobre todo el mundo. Tienen una vocación de universal sometimiento. El Grupo lo es todo, y ciega a sus integrantes. Está en el origen de todo porque, siendo el mejor, no ven la necesidad de que el Grupo renuncie a nada, y las renuncias personales de sus integrantes se ven como una victoria del Grupo. Estos Grupos ciegos a sus integrantes acaban dominando la vida social en tiempos históricos de crisis porque ofrecen un refugio seguro y cómodo. Idealizan su pasado. Personifican las gestas antiguas e<strong> incluso las falsifican</strong>. Sus integrantes llegan a creerlas porque no utilizan la capacidad crítica del ser humano. Esa capacidad disminuye mucho cuando los niveles de bienestar desaparecen o se ven fuertemente disminuidos.</p><p>Estamos viviendo uno de esos momentos. Y no sólo en España. Esos Grupos monolíticos son exofóbicos, <strong>odian cuanto les rodea</strong> por temor a que contaminen sus principios inmarcesibles. De ahí nace su xenofobia, su desprecio por las culturas, entendidas como formas de vida, diferentes a la propia. Si suelen ser muy reacios a los cambios, en estos momentos la reacción al cambio es fortísima. Y si se produce algún cambio es para reforzar el núcleo de sus creencias, un cambio hacia adentro, hacia lo más profundo de la propia creencia. Y aunque el movimiento no es exclusivo de España, conviene no olvidarlo en las próximas elecciones. Que no nos hablen de grandes fines, sino de qué costará alcanzarlos. De qué le costará a cada miembro del Grupo.</p><p>El problema es que esa es una labor que nunca hará el Grupo ni, por supuesto, sus dirigentes. Esa es una labor para el otro tipo de Grupos, que deben influir socialmente para destapar el truco, la falsedad bajo los discursos grandilocuentes. Pero estos se ven también contaminados por ese “viajar hacia adentro”, y en lugar de construir puentes para que las personas los transiten, crean grupúsculos destinados a ser<strong> el faro de los ideales</strong>. Así que en lugar de hablarle a cada persona, le hablan sólo a “su gente”. La escasa educación humana y social no ayuda. La base mental de los Grupos (en los de ambos tipos) siguen siendo bases primitivas enraizadas en lo más profundo de nuestro subconsciente. Hemos sido tribus y países que luchaban entre sí por el progreso propio hasta hace cincuenta años (aún se lucha pero de forma más larvada, menos virulenta), no pensaban en que la cooperación podía hacer más fácil avanzar.<strong> La cooperación es un “invento” reciente.</strong></p><p>Si en las próximas elecciones triunfa uno de esos Grupos exófobos, o una unión de ellos (que lógicamente se unirán por la parte más cerrada) puede que algunos miembros del otro tipo de grupos se pregunten cómo ha sido posible. Muchos culparán a los integrantes de otros grupos abiertos. Buscarán culpables. Y se acusarán mutuamente. Y entre tanto los Grupos exófobos y autoritarios<strong> seguirán ganando adeptos</strong>. Porque pensar y decidir cuesta mucho trabajo. Y enseñar a hacerlo es una tarea casi inalcanzable. Sobre todo si no se coopera y se fía todo a la pureza de las ideas.</p><p>Quizá estemos aún a tiempo. O necesitemos una regresión para despertarnos. En el país de los tres millones de parados, del pago a nuestra costa del rescate a los bancos, de la sociedad “de mercado” que se mueve por dinero, de pensiones indignas por abajo y por arriba, del desprecio a la mujer y el asesinato a que lleva (¿para cuándo una asociación de víctimas del machismo asesino, igual que las hay del terrorismo?), de los cargos públicos que no nos representan y se llevan el dinero de nuestros impuestos a espuertas, de las condiciones inhumanas para el trabajo de los jóvenes, o encontramos pronto<strong> un discurso que nos lleve hacia una sociedad más reflexiva</strong> con personas conscientes de sí mismas que sepan que el Grupo es la unión de sus individuos y no ese lugar donde la gente hace lo que otros le dicen o le ordenan, o perderemos otras cuatro décadas discutiendo si son galgos o podencos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Apr 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
      <media:title><![CDATA[Democracia, grupo, individuo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La solidaridad activa como política de defensa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/solidaridad-activa-politica-defensa_1_1158555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La reciente <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/05/07/libertad_sin_cargos_para_los_tres_bomberos_ong_proem_aid_82559_1012.html" target="_blank">declaración de inocencia de los bomberos españoles</a> miembros de Proem-Aid en Grecia a los que incomprensiblemente se acusaba de un delito de tráfico de personas (en grado de tentativa, menos mal) y la liberación del barco de <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/04/16/la_justicia_italiana_libera_barco_ong_pro_activa_open_arms_inmovilizado_por_presunto_trafico_migrantes_81777_1012.html" target="_blank">Proactiva Open Arms, “Astral”</a> retenido en el puerto italiano de Pozzallo, en Sicilia, por la acusación gravísima que pesa aún sobre ellos de ser una organización criminal que fomenta la inmigración ilegal (lo ilegal y criminal es entregar a esos migrantes a una autoridades libias más interesadas en conseguir dinero por la venta de esos migrantes como esclavos para financiar sus armas), me han hecho reflexionar sobre las<strong> amenazas externas que pueden afectar a nuestra sociedad</strong>. Y más en concreto preguntarme si no le cabrían a las Fuerzas Armadas algún tipo de misión en esta defensa de nuestras fronteras, ante la (en palabras del tremendismo ultraderechista y xenófobo) avalancha que invade nuestros países y amenaza con cambiar nuestros modos culturales.</p><p>No entraré en las misiones que nuestra Constitución encarga a las Fuerzas Armadas. Ya lo hizo en <a href="https://www.infolibre.es/noticias/foro_milicia_democracia/2016/06/01/el_ejercito_guardian_del_ordenamiento_constitucional_50597_1861.html" target="_blank">un magnífico artículo</a> José Antonio Martín Pallín. Prefiero hablar de la política de defensa nacional que se regula en la Ley Orgánica 5/2005, de 17 de noviembre. Creo que es más atinente a <strong>cómo debemos enfocar las posibles amenazas contra nuestro país</strong>. En el artículo 2 (Finalidad de la política de defensa) se establecen como finalidades “la protección del conjunto de la sociedad española, de su Constitución, de los valores superiores, principios e instituciones que en ésta se consagran, del Estado social y democrático de derecho, del pleno ejercicio de los derechos y libertades, y de la garantía, independencia e integridad territorial de España (…). Asimismo, tiene por objetivo contribuir a la preservación de la paz y seguridad internacionales, en el marco de los compromisos contraídos por el Reino de España”.</p><p>Siempre me ha llamado la atención, como civil lego en estas materias, este <strong>mirar hacia dentro de España por parte del Ejército español</strong>. Me explico. Parece que una de las finalidades básicas de un ejército debería ser proteger el país de una agresión o amenaza del exterior. Pero esta función no aparece explícitamente ni en la definición constitucional de sus misiones (garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional) ni, como podemos comprobar, entre las finalidades contenidas en la Ley Orgánica de Defensa. Sí aparece, en ambos casos, la posibilidad de “disciplinar a los españoles” mediante la defensa de la “integridad territorial”. Aunque ciertamente bajo este concepto (junto con el de independencia y/o soberanía) podría entenderse comprendida la finalidad de defensa frente agresiones del exterior. Pero un poco forzadamente.</p><p><strong>Parecería más razonable que se explicitara claramente esa misión defensiva frente a agresiones externas</strong>. De ese modo encajaría magníficamente la función contendida en la segunda frase del artículo 2 de la Ley orgánica “<em>…</em>Preservación de la paz y seguridad internacionales<em>…</em>”. Si hay paz y seguridad internacional no habrá conflictos que puedan atravesar nuestras fronteras. Aunque la realidad mundial es otra. El mundo es un avispero de conflictos. El ser humano, no contento con acabar con el planeta, quiere acabar así mismo con sus semejantes. Para ello inventa nuevas herramientas de destrucción (masiva o individualizada) de los demás seres humanos. Y como esas herramientas hay que probarlas, crea conflictos (o los aviva, que no le hacen falta al ser humano muchas creaciones para odiar al vecino) donde utilizar las armas.</p><p>El resultado de esos conflictos no es sólo la muerte de miles de personas. Es el <strong>desplazamiento de millones de seres humanos</strong>, que unen esta huída de la guerra a otra huída no menos cruenta: la de la violencia como forma de vida. Así, muchos migrantes huyen del hambre, de la violencia de género, de la violencia tribal… Al fin y al cabo, como decía Viglietti, “Tanta distancia y caminos/ tan diferentes banderas/ y la pobreza es la misma/ los mismos hombres esperan”. Y en esas condiciones, ¿hacia dónde huir? Lógicamente hacia donde no haya guerra, el hambre no sea generalizada, la violencia de género esté perseguida, al menos nominalmente, no haya violencia por pertenecer a una u otra raza… En definitiva, el mundo occidental.</p><p>Y llegan entonces los más interesados en que esas personas no lleguen hasta nosotros, los xenófobos, y <strong>realizan un auténtico efecto llamada</strong>. Con mentiras y falseamiento de datos aseguran que a los extranjeros que atraviesan nuestras fronteras tiene todo gratis, hay trabajo y viviendas para ellos, sanidad pública gratuita que sólo aprovechan los migrantes… El mensaje, que es de consumo interno, va lanzado a las clases más desfavorecidas de la población para obtener, a través del miedo de la pérdida “de lo nuestro”, algún rédito, algún voto más. Pero no comprenden que en el mundo actual esos mensajes traspasan las fronteras, llaman a quienes sufren y tratan de llegar a nuestro supuesto paraíso. Y chocan con la realidad.</p><p><strong>Los países “civilizados” del primer mundo se “defienden” de esta “invasión” de muy diferentes formas</strong>. Unos construyen monstruosos muros. Sí, los mismos que hace treinta años clamaban contra el muro de Berlín por considerarlo inhumano ahora construyen muros kilométricos contra la pobreza. Otros pagan a los países limítrofes (Turquía, Libia, Marruecos) para que sean ellos el muro, el colchón. Si para eso hay que cerrar los ojos a la política dictatorial de un líder enfebrecido, se cierran. Y si no hay que tener ojos para la venta de los migrantes como esclavos, ceguera social. Y si hay que firmar acuerdos preferentes de importación de materias primas, se firman. Todo para que el colchón no se desinfle.</p><p><strong>Es una obviedad: en el primer mundo no cabemos todos los habitantes de la tierra</strong>. Es más, el sistema de vida del primer mundo consiste en explotar las riquezas de los países pobres, comprarlas a precios de materias primas y revendérselas a precio de materias manufacturadas, tecnológicas, “modernas”. En ese intercambio es donde obtenemos la plusvalía necesaria para mantener nuestro “paraíso”. Así que las migraciones son un auténtico problema de seguridad. Como no cabemos todos en el barco, sobrecargarlo hará que se hunda. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo afrontar el problema de seguridad? Desde luego no mediante muros o mediante territorios “aislantes”. Todo el mundo está de acuerdo en que <strong>sólo una actuación decidida en los países de origen puede frenar este problema cada vez más acuciante</strong>. Pero los poderes fácticos de cada país no parecen dispuestos a ello. De un lado porque hacer que en los países de origen haya unas condiciones de vida razonables podría hacer que el tocomocho “materia prima a cambio de materia manufacturada” perdiera mucha parte de su atractivo económico.</p><p><strong>Esto se ha intentado “deslocalizando”</strong>, es decir, llevando la fabricación con todos sus problemas (vertidos, desechos, condiciones infrahumanas de trabajo, trabajo infantil, etc.) a países de ese mundo seleccionados por su especial docilidad. Pero hay muchos rebeldes que siguen pretendiendo huir de ese sistema que no garantiza una vida digna. Ahora parece que China, con determinadas inversiones en África, puede encontrar una forma diferente de ayudar al desarrollo. Porque no dudemos de que las ayudas al desarrollo de los países occidentales son escasas, mal repartidas y en todo punto insuficientes e ineficientes.</p><p>Pero, además, como se necesitan campos de prueba para las nuevas armas y, de paso, dar salida al <em>stock </em>de las existentes, se han incendiado muchas partes del globo con guerras brutales en las que se demuestra que las convenciones internacionales valen justo lo que la gran potencia de turno (o las grandes potencias orquestadas) valga. Esto ha generado otro problema para la seguridad de nuestros “paraísos”:<strong> el terrorismo</strong>, básicamente de raíz fundamentalista islámica. Y otra vez los xenófobos dan pistas a los terroristas para que lleven a cabo sus actos. Demuestran que las policías son poco eficientes, cómo usar las redes sociales para captar adeptos, en fin, les escriben el libro que acompaña a ese Corán retorcido que ellos leen.</p><p>Con todo esto, <strong>no cabe una política de defensa más que puramente preventiva</strong>. Así, se debería acabar con todos los conflictos para permitir el regreso de las poblaciones a sus lugares de origen. Al mismo tiempo se deberían buscar los medios de industrialización a través de auténticas políticas de desarrollo sostenible de los países de origen. Repartir un poco para evitar que, a base de acumular, la sociedad adquiera un síndrome de Diógenes perverso que nos ahogue en nuestras propias posesiones. Y un plan educativo interno en cada país con dos objetivos: que no veamos a otro ser humano como un extranjero y que seamos capaces de exigir y lograr en nuestros países una mayor distribución de la riqueza para evitar situaciones de desigualdad que son las que realmente provocan un problema de seguridad.</p><p>Las Fuerzas Armadas serían entonces las garantes no sólo de la unidad territorial o la soberanía o la independencia, sino de <strong>una solidaridad activa</strong> que muestran siempre que se les requiere, acudiendo a catástrofes, misiones de paz o ayudas ante accidentes. Eso sería velar por la paz y seguridad internacionales.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
      <media:title><![CDATA[La solidaridad activa como política de defensa]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mujer y Fuerzas Armadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/mujer-fuerzas-armadas_1_1155906.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El 8 de marzo, el día en que todo el mundo se vuelca en mostrar, bajo el pomposo nombre de <em>Día de la Mujer</em>, como si los demás días no lo fueran, la discriminación que sufre la mujer por razón de su sexo, es un momento tan bueno como cualquier otro para <strong>analizar el papel que la mujer tiene en nuestras Fuerzas Armadas</strong>.</p><p>El camino legislativo de la incorporación de la mujer a las FAS ha sido largo y tortuoso. Tuvieron que pasar <strong>diez años desde la aprobación de la Constitución</strong> para que en <strong>1988 </strong>se regulara la <strong>incorporación parcial de la mujer a las FAS</strong>. Su presencia sólo se permitía en los cuerpos y escalas "técnicos" de cada ejército, los que más tarde se unificarían como Cuerpos Comunes, pero no en las Armas del Ejército de Tierra ni en los Cuerpos Generales o de Especialistas de la Armada o el Ejército del Aire. El siguiente paso se daría en <strong>1992</strong>, fecha en que se permitió el <strong>acceso de la mujer a todos los destinos</strong> salvo los de tipo táctico u operativo en la Legión, operaciones especiales, paracaidistas y cazadores paracaidistas.</p><p><strong>No sería hasta el año 2000 cuando se obtiene la plena integración</strong> “en un plano de igualdad con los sistemas de incorporación de los hombres”. Sólo una cosa ha sido positiva en este <strong>larguísimo proceso de 22 años </strong>desde la aprobación de la Constitución que nos hacía a todos iguales ante la ley: <strong>nunca se crearon cuerpos especiales “femeninos”.</strong> La incorporación, si bien paulatina, ha sido a los cuerpos y escalas del Ejército sin atender al género de los aspirantes.</p><p>La incorporación de la mujer al Ejército español en pie de igualdad coincidió en el año 2000 con la <strong>resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas</strong>, que trataba de la figura de la mujer en los conflictos y le asignaba <strong>un papel activo, y no meramente de víctima</strong>, propiciando su presencia en la toma de decisiones en los procesos de paz, en los cuerpos militares y de todo tipo de intervinientes en el conflicto, bien es cierto que todo ello en el marco de una protección especial de la mujer que sin duda necesita en los conflictos armados.</p><p>Pero <strong>esa igualdad “activa” en España es ficticia</strong> y además ha sufrido <strong>un espectacular frenazo en los últimos años</strong>. Las perspectivas más halagüeñas preveían la posibilidad de que una mujer alcanzara el empleo de general de brigada en 2015. Tres años más tarde, <strong>el empleo más alto alcanzado por una mujer es el de coronel</strong> en octubre de 2015 (la coronel Dª Patricia Ortega García, de cuyo ascenso se hicieron eco numerosos medios de comunicación), la<strong> </strong>única mujer entre los 1.060 coroneles previstos para 2017<strong> </strong>en el Real Decreto 283/2017 en el que se fijan las plantillas reglamentarias de oficiales para el periodo 2017-2021.</p><p>Según el informe de diciembre de 2017 del Observatorio Militar para la Igualdad (OMI), <strong>entre los oficiales las mujeres son un 8,6%,</strong> mientras que <strong>entre la tropa y marinería el porcentaje es del 16,6%.</strong> Más sangrante aún es <strong>el porcentaje entre los suboficiales: un 4,9%</strong>. Es más, si bien <strong>el porcentaje total de mujeres en el Ejército es del 12,7%</strong> en 2017, es <strong>en los Cuerpos Comunes</strong> (Sanidad, Jurídico e Intervención) en los que se alcanza una mayor proporción de mujeres, <strong>un 25,8%.</strong> Podría ser lógico ya que las mujeres tuvieron vedado el acceso a todos los cuerpos y empleos del Ejército hasta el año 2000, pero eso no deja de poner de manifiesto el papel escasamente relevante de la mujer en puestos operativos y tácticos. <strong>Los tres ejércitos mantienen un porcentaje muy similar de mujeres</strong> (11,8% en Tierra, 12,9% en la Armada y 13,8% en el Aire), <strong>muy lejos de los porcentajes en los Cuerpos Comunes</strong>. Se da la circunstancia de que entre los funcionarios civiles adscritos son mayoría las mujeres (57,8%), aunque entre el personal laboral siguen siendo una minoría (36,6%).</p><p>Si atendemos a los empleos temporales o permanentes en tropa y marinería, el asunto es aún más desconsolador. <strong>En el Ejército de Tierra sólo un 10,1% de los permanentes son mujeres. En la Armada bajan a un 6,6% y en el Aire están en un modesto 7,6%.</strong></p><p>Siendo preocupante esta situación, no lo es menos el hecho que desde 2006 se aprecia un estancamiento en la incorporación de la mujer al Ejército. <strong>En los 11 últimos años, apenas ha crecido su presencia en un 0,7%.</strong> No deja de ser curioso que coincida el frenazo en la incorporación de la mujer a las FAS con la crisis brutal que ha azotado nuestro país y se ha llevado por delante negocios y empleos en la vida civil.</p><p><strong>Esta situación se produce también en la OTAN</strong>. Nuestro país tiene unas mejores tasas de incorporación de la mujer al Ejército, ya que en la OTAN el porcentaje medio de mujeres en los ejércitos de los países integrantes de la Alianza es del 10,9%, pero se aprecia el mismo estancamiento y el mismo crecimiento casi vegetativo desde 2006, del 10,2% al 10,9%, un 0,7%.</p><p>En la comparativa con los países de la OTAN nuestra posición es así mismo mejor que muchos de los grandes países. <strong>Tan sólo EEUU (15,9%), Grecia (15,4%) y Francia (15%) de entre los países de nuestro entorno están mejor que nosotros</strong>. Alemania se nos acerca (11,3%) pero dejamos a gran distancia a Portugal (10,7%) Noruega (10,7%), Reino Unido (10,1%) y así hasta Italia (4,3%). Pobre consuelo, aunque consuelo al fin.</p><p>Estos datos sin duda ponen de manifiesto que <strong>el empleo militar sigue siendo, en todo el mundo, cosa de hombres</strong>. De hecho se festejan destinos como el de la capitán Rosa María García-Malea, que tras diez años como piloto de combate<strong> </strong>del Ejército del Aire español ha pasado a formar parte de la Patrulla Águila, la más selecta de nuestras patrullas aéreas, compuesta por el jefe de la patrulla y siete pilotos titulares, más los de reserva.</p><p><strong>Sólo dos mujeres (tenientes coroneles) tienen mando operativo</strong>, aunque según el citado informe del OMI hay 133 tenientes coroneles y 2 capitanes de fragata femeninos de los 3.206 puestos para estos empleos que se prevén en el citado RD 283/2017. De nuevo un porcentaje desalentador.</p><p>A todos estos datos debemos añadir la situación de la mujer en las FAS como <strong>objeto de acoso sexual y por razón de sexo</strong>. En un reciente <a href="http://euromil.org/situation-of-spanish-military-woman-regarding-sexual-and-workplace-harassment/#http://euromil.org/situation-of-spanish-military-woman-regarding-sexual-and-workplace-harassment/" target="_blank">artículo </a>que AUME publica en la web de EUROMIL se hace un repaso a la situación de la mujer en las FAS con respecto al tratamiento del acoso, y señala que el reciente <em>Protocolo frente al acoso sexual y por razón de sexo </em>con ser un paso adelante indudable, presenta aún muchas carencias.</p><p>Y eso sin contar con que las relaciones de dominación son mucho más sencillas en ambientes donde rige la disciplina. <strong>Muchas mujeres aguantan acoso sin denunciarlo</strong> por cuanto supone de duro pasar por el proceso (basta recordar el tristemente famoso caso <a href="https://www.infolibre.es/noticias/opinion/blogs/foro_milicia_democracia/2018/02/06/la_verdadera_dimension_del_acoso_las_fuerzas_armadas_caso_antequera_74917_1861.html#https://www.infolibre.es/noticias/opinion/blogs/foro_milicia_democracia/2018/02" target="_blank">Antequera</a> comentado el 6 de febrero de este año en este mismo blog por Mariano Casado) y por las consecuencias que puede tener para su carrera, con el ejemplo de la comandante Zaida Cantera también muy conocido.</p><p>Las FAS de nuestro país (y en todos los países del mundo si atendemos a los datos facilitados por la OTAN) son un ejemplo de que no todo se reduce a tener el mismo sueldo ante las mismas tareas. Hay otras cuestiones muy importantes, ente ellas que a las personas se les juzgue por sus capacidades y no por el color de su piel, por su sexo o por su orientación sexual. Lamentablemente <strong>falta muchísimo trecho para que alcancemos una auténtica igualdad</strong> de oportunidades y de derechos plenas entre mujeres y hombres en las FAS, como en todos los órdenes de la sociedad. <strong>Y es labor de todos, mujeres y hombres, luchar por alcanzarla.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
      <media:title><![CDATA[Mujer y Fuerzas Armadas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pascua Militar, ¿qué Pascua?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/pascua-militar-pascua_1_1149562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La reciente Pascua Militar vuelve a poner sobre la mesa la<strong> necesaria renovación de algunas celebraciones de las Fuerzas Armadas</strong>. Entiéndase que no estoy contra las celebraciones. Creo que son un momento ideal para reunir a compañeros y personas que comparten objetivos comunes y que homenajean a los suyos. Cualquier celebración debe seguir ciertos ritos y eso es justamente lo que llama la atención de la celebración de la Pascua Militar y lo que, consecuentemente, propongo cambiar.</p><p>La palabra Pascua tiene un significado netamente religioso. Deriva del momento en que los judíos abandonan la tierra de Egipto por intercesión de Yavé según cuenta la biblia. De ahí, y por la incorporación que hace el cristianismo, la Biblia judía como el antiguo testamento de la cristiana, <strong>las grandes fiestas del cristianismo son conocidas como Pascuas</strong>. La palabra empezó aplicándose solamente a la celebración de la resurrección de Jesucristo, dado que se celebra la última cena durante la celebración de la Pascua judía. Hoy en día se aplica a cualquier fiesta mayor del rito cristiano.</p><p>El primer contrasentido es, en un Estado aconfesional como el nuestro, mantener la denominación Pascua, cuya última etimología (la hebrea) confiere al término el significado de “pasar”, posiblemente porque el ángel exterminador pasaba de largo de las viviendas en cuyo dintel aparecía la sangre del cordero pascual sacrificado por orden de Jehová. Y justamente eso es <strong>lo único que no debe ocurrir en la Pascua Militar: Pasar</strong>.</p><p>Lo cierto es que esta celebración <strong>debería abrirse más, mucho más a la sociedad civil</strong>. Quienes postulamos la existencia de unas Fuerzas Armadas imbricadas en el tejido social, no como un estamento al margen, sino como unos funcionarios que deben cumplir un deber de extraordinaria importancia como es la defensa de nuestro país, por otra parte cada vez más subsumido en organizaciones supranacionales, echamos de menos una mayor participación de esa sociedad civil en la celebración. Incluso algunos preferiríamos que cambiara su nombre, eliminando el concepto <em>Pascua</em>. De ese modo se alejaría la imagen de unas Fuerzas Armadas demasiado cerca a una confesión religiosa para un Estado aconfesional.</p><p>La Pascua Militar es un <strong>momento idóneo para pedir, una vez más, la modernización de las Fuerzas Armadas</strong>. No sólo en su equipamiento y en el material militar, sino en la realidad intrínseca de las mismas. Debería cundir <strong>el ejemplo de Carlos III</strong>, que redactó unas Ordenanzas Militares que han mantenido su vigencia más de dos siglos y de las que se oye hablar con un orgullo y una pizca de nostalgia a ciertos jefes militares lo que no casa bien con los tiempos actuales y la necesidad de un ejército del sigo XXI en sus funciones y funcionamiento interno.</p><p>Los poderes públicos, que tanto presumen de la cercanía con los países de nuestro entorno, harían bien en copiar <strong>modelos de leyes que tratan a los militares como ciudadanos normales</strong>, imponiéndoles, en tiempos de paz y fuera de misiones pacificadoras, el mismo régimen disciplinario, retributivo y laboral que a cualquier otro funcionario del Estado. Carece de sentido que faltas administrativas se castiguen, en tiempo de paz, con penas privativas de libertad, por poner sólo un ejemplo.</p><p>La modernización debería así mismo llegar hasta las instalaciones militares. Circulan con demasiada frecuencia fotografías y comentarios por las redes sociales mostrando el <strong>pésimo estado</strong> en que se encuentran muchas de ellas, o la calidad de las comidas que se reparten. El anuncio reciente de un plan alimenticio para los integrantes de la Legión debería extenderse a todos los cuerpos y armas pero no sólo para evitar obesidades, sino para dignificar la alimentación general, para que no vuelvan a aparecer las citadas fotografías y comentarios. Y sobre todo <strong>que a quienes denuncian incorrecciones de ese tipo no se les sancione</strong>, como es habitual.</p><p>Sería también conveniente que se reconociera de una vez por todas a las <strong>asociaciones que agrupan sensibilidades diferentes</strong> dentro de las Fuerzas Armadas, y que esas asociaciones fueran invitadas a la celebración anual, llámese Pascua o llámese como se llame, para que se apreciara la <strong>necesaria democratización</strong> dentro de las Fuerzas Armadas. Y <strong>una mayor transparencia</strong> a la hora de otorgar ascensos y en general en la carrera militar, como en cualquier carrera de cualquier servidor público funcionario de este país.</p><p>He huido voluntariamente de comentar esta última Pascua Militar. Pero no me resisto a señalar dos cuestiones y hacer una reflexión. La primera, muy seria a mi juicio. Que la ministra del ramo hable de un “nuevo ciclo presupuestario de <strong>15 años para modernizar las Fuerzas Armadas</strong>” me parece un escándalo. Hay problemas urgentes que sólo los recortes y una muy mal entendida disciplina están afectando a la calidad de vida de nuestras tropas. Es urgente que se resuelven los problemas detectados y que las investigaciones tanto de incidentes como de accidentes que afectan a las Fuerzas Armadas sean lo más transparentes posible, siempre respetando el necesario secreto de cuestiones que puedan afectar a la seguridad nacional. Que pese a lo manido del argumento, no son todas, ni tantas como señala el gobierno.</p><p>La segunda es una pregunta. ¿Qué ocurrió el 2016 para que, emulando a Mariano Rajoy, que nos felicitó el 2016 en su discurso de fin de año, el rey haya hablado del “año pasado 2016” hablando del tercer centenario del nacimiento de Carlos III? <strong>¿No quieren que pase el tiempo? </strong>Por cierto, los redactores de los discursos reales deberían ser cuidadosos con las expresiones porque en una primera escucha del discurso, Felipe VI cuando habla del “tercer centenario” parece referirse al de la Pascua Militar y no al nacimiento del rey que fue considerado “el mejor alcalde de Madrid”. <strong>Celebremos, pero con todos los ciudadanos</strong> o al menos con una representación nutrida de la sociedad civil y las asociaciones militares.</p><p>En cuanto a la reflexión, en el inicio de su discurso, el rey habló de “desear lo mejor para el próximo año”, pero ni él ni Cospedal hicieron grandes referencias a ese futuro que se desarrollará para las Fuerzas Armadas en los próximos doce meses. <strong>Referencias al pasado, la tradición y cierto olor a naftalina.</strong> Y la ministra retrotrayendo todo a los Reyes Católicos, y dejando claro que entonces España era aún algo larvario al reconocer que Isabel creaba las guardias viejas de Castilla y Fernando modernizaba sus ejércitos aragoneses. Nulas referencias al futuro que pasa por una auténtica modernización en profundidad que haga de nuestras Fuerzas Armadas un elemento más dentro de la modernización y democratización de España. Que falta les hace.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
      <media:title><![CDATA[Pascua Militar, ¿qué Pascua?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Defensa,Ejército español,Felipe VI,Fuerzas Armadas,Ministerio de Defensa,María Dolores de Cospedal,Navidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las Fuerzas Armadas y la reforma de la Constitución]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/fuerzas-armadas-reforma-constitucion_1_1146774.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La <strong>reforma de la Constitución</strong> es una de las salidas apuntadas al conflicto catalán. Para algunos sectores nuestra Ley Fundamental se ha convertido en un texto inmutable, aunque de cara a según qué reformas, porque ya se han reformado los artículos 13.2 y 135. Sin contar con las Leyes Orgánicas (LO) que han cambiado, <em>de facto</em>, algunos preceptos constitucionales como la LO 12/1980 que permitió la aprobación del Estatuto de Autonomía de Andalucía.</p><p>Si se optara por la reforma, lo que parece inevitable, hará falta<strong> redefinir muchas cuestiones importantes</strong>, y entre ellas las Fuerzas Armadas (FAS). La Constitución de 1.978 se construyó bajo la “vigilancia” de los poderes fácticos, poco propensos a perder poder, con el ejército como auténtico protagonista. Nuestra tradición de golpes de estado y pronunciamientos, unida al poder que el ejército “garantizó” (detentó) durante los 40 años de dictadura, llevó a la redacción de preceptos ambiguos en la Constitución en todo lo referente a las FAS. Prueba de ello es que algunos espadones nostálgicos interpretan que el artículo 8.1 acogería “constitucionalmente” una intervención militar al margen del poder civil en caso de secesión. No hay que olvidar que este es un artículo heredero directo, casi hasta en su redacción, del 37 de la LO 1/1967.</p><p>Una reforma constitucional o una nueva Constitución deberían corregir el papel que las FAS tienen que desempeñar en un estado moderno. Habría que empezar por la posición sistemática de las FAS en la Constitución. Carece de sentido su regulación actual en el título preliminar. Dado que forman parte de la Administración del Estado lo razonable es que se integren en el mismo Título que el resto de las Administraciones Públicas lo que facilitaría la equiparación de nuestras FAS con la de los países de nuestro entorno. En esta línea, debería eliminarse cualquier referencia a una posible “duplicidad” de Administraciones, como por ejemplo la eliminación de los Tribunales de Honor (art. 26) exclusivamente de la “administración civil” o el 97 que indica que el Gobierno dirige “la Administración civil y militar” cuando es una sola Administración.</p><p>La Constitución resultante debería dejar mucho más clara la sujeción de las FAS al poder civil. Eliminar o aclarar menciones como “…<em><strong>tienen como misión </strong></em><em>garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional</em><strong>defender su integridad territorial</strong>.” La misión del ejército será, en cada caso, la que le encargue el poder civil, y podrá estar constituida por esas y otras funciones, por ejemplo, representar a España en misiones humanitarias. Habrá, además, que vincular esta sujeción al poder civil con la participación del Estado en organizaciones supranacionales de carácter militar con mando conjunto.</p><p>Tampoco tiene sentido mantener el artículo 62 apartado h) que confiere al Rey el mando supremo de las FAS. Este era un precepto imprescindible para poder aquietar a un ejército que venía de una situación de preeminencia. Se vio en el golpe de estado del 23F. <strong>No estamos en esa situación</strong>. Y que el ejército pueda ser mandado por alguien que es irresponsable penal y civilmente como es el rey, por más que lo haga como “persona interpuesta” como se deduce del artículo 64, da un poco de miedo. Habrá que establecer de forma mucho más clara que el rey ocupa la cúspide en la cadena de mando, pero siempre de forma representativa como el resto de sus funciones.</p><p>Tampoco tiene sentido la privación de derechos constitucionales a que se somete al personal de las FAS en la actual redacción, especialmente de los artículos 28 y 29 y posiblemente el 70.1.e. En relación con este último la inelegibilidad de los miembros de las FAS como representantes políticos podría matizarse estableciendo ciertas cautelas para el caso de que resultaren elegidos. Naturalmente en la Constitución se recogería que en los <strong>estados de alarma, excepción y sitio y en caso de guerra</strong>, los derechos ciudadanos de los militares quedarían aún más restringidos que los del resto y pasarían a regirse por la siempre más rígida jurisdicción militar que sólo debería tener vigencia en los mencionados casos excepcionales, aplicándose a este personal, el resto del tiempo, la jurisdicción ordinaria.</p><p>En muchos países de nuestro entorno los militares pueden participar en partidos políticos y sindicatos, son considerados funcionarios de carácter especial, con unas jornadas y unos derechos y obligaciones laborales en momentos de paz como los que disfrutamos el resto de los ciudadanos. Carece de sentido privarles por ejemplo del derecho de libre expresión, aunque se debe modular mediante una LO para <strong>evitar la divulgación de secretos o planes militares</strong>. Y más aún los castigos que se les imponen, absolutamente desproporcionados y desmedidos, como es el caso de que un comentario en redes sociales pueda acarrear sanción de privación de libertad o la no renovación de un contrato. Si tales sanciones se prohíben para los trabajadores de la Administración civil del Estado en aplicación del artículo 25.3 de la Constitución, deben prohibirse para los de toda la Administración en la que se encuadran las FAS.</p><p>Hay alguna cuestión adicional, como recoger en la Constitución<strong> la derogación de la pena de muerte en caso de guerra</strong>, actualmente suspendida, o eliminar la prohibición de realizar reformas constitucionales en tiempo de guerra. Aunque no parezca aconsejable hacerlo, podría ser necesario.</p><p>En resumen, en el supuesto de que se lleve a cabo una (necesaria) reforma constitucional, esta debe afectar a un sector de nuestros conciudadanos que han venido siendo tratados como una “cuestión paralela”, lo que carece de sentido. La indiscutible modernización de las FAS debe acompañarse de un marco legal adecuado, limitando la inclusión en un régimen jurídico especial a los casos de excepcionalidad que afectaren al resto de los ciudadanos. Sobre la base del “régimen constitucional especial” que rige actualmente, quienes deben defendernos de las agresiones exteriores han sido tratados como “ciudadanos de segunda”, privados de numerosos derechos que a los demás nos parecen consustanciales al ser humano. Es hora de que<strong> cese esa excepcionalidad</strong> y que los militares sean reconocidos como funcionarios de la Administración del Estado, con especialidades como lo son los médicos, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad o cualquier otro cuerpo profesional que presta sus servicios a la sociedad en condiciones especiales ante circunstancias especiales. Siguiendo a Montesquieu, son pueblo y <strong>están animados del mismo pueblo.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
      <media:title><![CDATA[Las Fuerzas Armadas y la reforma de la Constitución]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Constitución española,Fuerzas Armadas,Reforma constitucional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sí tinc por]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/si-tinc_1_1144837.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Resuena aún en muchas calles de España el grito “<strong>No tengo miedo”</strong>, en su versión en català “No tinc por”. Y me recorre<strong> un escalofrío por la espina dorsal </strong>cada vez que lo oigo. Me parece irresponsable. <strong>Lo importante no es no tener miedo, sino combatirlo</strong> y procurar que sea un “miedo productivo”, que sirva para estar prevenido ante posibles ataques. Y sobre todo, que el miedo no nos cambie, no nos haga mudar nuestra forma de vida y nuestra forma de pensar.</p><p>Ha<strong>y ataques menos evidentes que los perpetrados por los islamistas,</strong> pero que producen similar miedo si se analizan con detenimiento. Muchos de estos ataques no son considerados terroristas por la generalidad de la población. Y sin embargo son más peligrosos que la amenaza de unos iluminados religiosos que, siendo sanguinarios, sólo han llevado a cabo durante 2016 el 3% de sus atentados en Europa. Y eso aunque los incrementan porque este incremento se siente fundamentalmente en países de próximo oriente y norte de África. Si aceptamos la definición que de terrorismo se lee en el DRAE, causan más pavor que cualquier banda terrorista. Y ello desde <strong>una triple perspectiva y unos flecos personales.</strong></p><p>La perspectiva planetaria, es decir, lo que debería aterrorizar al planeta entero, es fácil de identificar. Son las <strong>bravatas de un individuo racista y xenófobo</strong>, que desobedece a los tribunales y que ha adquirido su poder jugando con un sistema electoral decimonónico que favorece la abstención (hasta algo más del 45% de la población en edad de votar) forzando a los ciudadanos en casi todos los estados a “registrarse” para poder votar. La votación popular queda muy matizada a causa de un sistema de representación indirecta: no importa ganar en votos, sino obtener más compromisarios, y los de cada estado se los “apunta” el que ha ganado en el mismo aunque sea por un voto. Donald Trump es un peligro porque tiene en sus manos el mando de una maquinaria militar con un potencial de destrucción inédito en la historia de la humanidad. Cada vez que manda un “mensajito” a los “malos” de turno, sean coreanos del norte, iraníes, iraquíes o miembros del ISIS, contengo la respiración. Por si le da por desatar “<strong>fuego y furia como el mundo nunca vio</strong>”. O si se produce un error informático como el Incidente del equinoccio de otoño de 1983. Con Putin y sus chavales al otro lado. Entre los que es casi seguro que no haya un Stanislav Petrov<strong>. Esto sí que da terror.</strong></p><p>Otra perspectiva global es la que hace referencia al comercio de armas. Según se aprecia en una infografía publicada por <a href="http://viva.org.co" target="_blank">viva.org.co </a>basada en datos de Amnistía Internacional, el mundo se gasta 1,76 billones de dólares al año en defensa. Hay 650 millones de armas circulando por el mundo y cada año se fabrican ocho millones más y 16.000 millones de balas. Amnistía Internacional informa que el 70% de las ventas de armas está en manos de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. Es aterrador que los que, conforme a la carta fundacional de la ONU, tienen la responsabilidad primordial de<strong> mantener la paz y la seguridad internacionales, </strong>sean quienes más armas fabrican. Esas son las armas que, a través de las monarquías del golfo, van a parar a las zonas de conflicto mantenidas por Arabia Saudí (que ha subido sus importaciones en un 275 % en el último año), Qatar y Emiratos Árabes Unidos y por intereses económicos de las grandes potencias.</p><p>No consuela que España ocupe<strong> el séptimo lugar en este ránking mortal</strong> y que exporte sólo el 3% de las armas del mundo, según el informe citado de Amnistía internacional. En 2016 se autorizaron (en aplicación de la Ley 53/2007 sobre el control del comercio exterior de material de defensa y de doble uso) exportaciones de armas por un importe total de 5.550 millones de euros, y se realizaron exportaciones por un valor total de 4.051 millones de euros. Alguna de esas armas ha podido ser utilizada por un terrorista en España, ya que Arabia Saudí es nuestro tercer cliente.</p><p>La tercera perspectiva parte desde un punto de vista más español: es el incremento imparable del <strong>odio xenófobo e islamista en nuestro país</strong>. Hemos asistido a un incremento brutal de expresiones de odio. El recuento de este tipo de expresiones ha pasado de 49 en 2014 a 573 en 2016, (un 1.069,39% más), según recoge el informe anual elaborado por la Plataforma Ciudadana Contra la Islamofobia. Estos últimos días y a causa de los atentados, se han incrementado aún más. Las noticias en los medios han sido constantes. En Palencia dos mujeres sufrieron el ataque de “<strong>incontrolados”</strong>, una en presencia de su hija menor (<em>20 minutos</em>). En Valencia, la víctima fue un menor de catorce años por un energúmeno al grito de "<a href="http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2017/08/21/agreden-nino-marroqui-port-sagunt/1606557.html" target="_blank">fuera de aquí, vete a tu país, moro de mierda</a>". En Fitero (Navarra) tres menores que asistían a una concentración de repulsa contra los atentados de Barcelona fueron agredidos por dos salvajes (<em>Abc</em>), aunque la juez <a href="http://www.noticiasdenavarra.com/2017/08/23/sociedad/navarra/la-juez-deja-en-libertad-a-los-dos-detenidos-por-apalear-e-insultar-a-tres-menores-marroquies-en-fitero" target="_blank">no consideró que hubiera islamofobia pese al informe de la Guardia Civil</a>. Y las innumerables pintadas en mezquitas de diferentes localidades (Montblanc, San Martín de la Vega, Fuenlabrada, Granada, Sevilla…) o la frase que corean los tristemente célebres miembros del autodenominado Hogar Social “moro que reza, machete a la cabeza”.</p><p><strong>Hay que temer los ataques terroristas. </strong>Pero no estaría de más analizar por qué ocurren, por qué los perpetran personas que frecuentemente han nacido entre nosotros. Por qué y cómo calan los mensajes de odio de los imanes salafistas en esos jóvenes, cómo es posible que lleguen a despreciar de ese modo la propia vida. Siempre me impresionó que, pese a que la iglesia condenaba el suicidio, alababa la autoinmolación de Sansón (muera Sansón y todos los filisteos) según se relata en el libro de los jueces de la biblia. Cada vez que un extremista islámico hace explotar su cuerpo en medio de una multitud de inocentes, <strong>no puedo por menos que recordar ese pasaje.</strong></p><p>A todos estos miedos uno los míos, los más diarios, desde el miedo a sufrir un accidente hasta el miedo a perder el trabajo. Pero les hago frente a todos. Como dijo Nelson Mandela, “No es valiente el que no tiene miedo, sino <strong>el que sabe conquistarlo</strong>.” Así que tengo miedo y lo enfrento sin bajar la cabeza ni los brazos, para pensar y luchar por lo que pienso. Pacíficamente.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Ramón López Bravo]]></author>
      <media:title><![CDATA[Sí tinc por]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Atentados terroristas,Doble atentado yihadista en Cataluña]]></media:keywords>
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