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    <title><![CDATA[infoLibre - Eduardo Mendicutti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/eduardo-mendicutti/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Eduardo Mendicutti]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Verano y humo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/verano-humo_1_1357023.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/34dd1884-74a4-473d-a315-9076dec9418e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Verano y humo"></p><p><strong>Reía</strong> como nadie más reía. <strong>Escribía para todos. Cocinaba para todos</strong>. Celebraba con todos los éxitos suyos y de todos. El mundo de la autora era un lugar para la alegría.</p><p>El verano, ese año, fue miserable. Precedido por la ortopedia asfixiante del confinamiento –<strong>calles desiertas a todas horas, días embalsamados e inhóspitos, noches petrificadas, y la ausencia inamovible de Almudena</strong>–, ni siquiera el aire incorrupto de la primavera permitía barruntar que algo, en algún momento, tendría que cambiar. Parecía casi sacrílego albergar esa esperanza. Y, sin embargo, había noches indómitas en las que ella hizo lo que solía hacer.</p><p><strong>Eso hacía. Escribir sin parar,</strong> como a causa de un compromiso sagrado, y creo que, por el mismo tipo de compromiso, convocarnos a todos. Recibirnos a todos. Cocinar para todos. <strong>Celebrar sus éxitos y los de todo el mundo con todos.</strong> Y reír como nadie más sabía reír. Aquellas carcajadas tan suyas –rotundas, entusiastas, contagiosas, que eran capaces de transmitir inteligencia, desvelar veniales o no tan veniales hipocresías con salero, e incluso ennoblecer sarcasmos– parecían dotadas para desvelar y espabilar en plena madrugada todo el campo, toda la mar, la ciudad entera. Las escuchabas de pronto, en medio del humo repentino e insomne de la duermevela, y comprendías de repente que el mundo volvería a ser feliz. Porque oír reír a Almudena, aunque fuera en la memoria, era saber que en el mundo, a pesar de todo, seguiría habiendo lugar para la alegría. Pero los veranos se suceden con la inclemente regularidad del calendario y el humo, hasta el más lacerante, acaba por ablandarse y disolverse. Es también, claro, una sensación física. Los ojos dejaban poco a poco de escocer, la respiración se iba despejando y el ritmo del corazón iba regulándose, y todo eso, que no fue más que un atajo compasivo para la supervivencia, llegamos a tomarlo al principio como una traición. <strong>Había que encontrar algún modo de reavivar la pena, con toda su crudeza, y recuperar intacto el ímpetu admirable de su talento y su generosidad. Había que releer a Almudena.</strong></p><p><strong>Había que ser joven y vitalmente voraz con Lulú. </strong>Supimos que, en algún momento decisivo de nuestra vida alguien debería llamarnos Viernes, alguien, encendido por el privilegio de amarnos nos llamará Viernes, y que el dolor y la fortuna de la redención merecerán la cadencia salvadora de un tango, y que aprenderemos a conservar la alegría a pesar del desaliento momentáneo y el exilio pertinaz pero finalmente piadoso.</p><p>Los movimientos del aire serán en ocasiones sofocantes y, otras, nos reconfortarán, mientras nuestra historia personal se entrelazará con las de tantos hombres y mujeres de nombres cercanos y apodos certeros que aprendieron a resistir, a sobrevivir, y a planear, pese a todo, un porvenir digno y orgulloso. Todo eso está, hasta conmovernos, en las novelas de Almudena. Y se repetirá, como migas de pan esparcidas por los caminos y por la memoria para ayudarnos a no perdernos, en sus columnas, en sus relatos, en sus intervenciones en los medios y ante los espectadores convocados por su vozarrón y por su férrea credibilidad.</p><p><strong>Confiar a ciegas en alguien como Almudena es compartir su gratitud y su fe con quienes nos enseñaron a ser peleones y a disfrutar las sorpresas de la vida, pese a todo</strong>. Un butanero búlgaro, una muchacha delicada y atenta, un médico aparentemente sobrio pero íntimamente apasionado, una mujer segura de los poderes de su cuerpo y un hombre ejemplar pero inseguro de su capacidad de seducción, una iluminada vigorosa que confiaba en un tiempo más justo y equilibrado. Un niño que intuía que dejarse deslumbrar por un perseguido que parecía eterno era asegurarse el cielo de la posteridad.</p><p><strong>Hay que volver a leer a Almudena.</strong> Mejor si vuelve el verano, el calor es el tiempo propicio para mimar nuestras deudas y conciliarnos con nuestras cicatrices. Una cicatriz es siempre la huella de una batalla. <strong>Y en ocasiones nuestras derrotas permiten que nos sintamos vivos.</strong> Las pérdidas que nos afectan y nos hieren aunque pase el tiempo y se reproduzcan los incendios arduos y humeantes son la prueba que nos dice que ha habido algo que ha merecido la pena y merecerá siempre la pena recordar. Siempre. Porque nada merecerá nunca que se diluya el humo envolvente de su recuerdo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Nov 2022 18:35:34 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Verano y humo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Almudena Grandes,TintaLibre]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Eduardo Mendicutti: "La memoria, como el humor, es un instrumento para la resistencia"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/eduardo-mendicutti-memoria-humor-instrumento-resistencia_1_1184308.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/53634ac7-3d80-4bdc-88fa-ed1146cc6212_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eduardo Mendicutti: "La memoria, como el humor, es un instrumento para la resistencia""></p><p><em>Eduardo Mendicutti iba a presentar a la prensa su última novela, </em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-para-que-vuelvas-hoy/311087" target="_blank">Para que vuelvas hoy</a><em> (Tusquets), el 19 de marzo. Ya sabemos que no pudo ser. Como tantos otros, este libro se quedó encerrado en las librerías mientras los lectores se quedaban encerrados en sus casas. Y era, precisamente, la historia de una liberación: la de Fernando, que después de más de veinte años encarcelado por la dictadura se decide a pasar la noche con Isabel, una prostituta que será también su primer amor. A quien le suene, le suena con razón: está basada en lo que narraba en su autobiografía Marcos Ana, militante antifranquista, de su primera relación con una mujer. Pero esta vez es ella quien cuenta la historia. Para rescatar aquella noche, la memoria común que reside en ella, y también la novela que la pone en pie, Mendicutti conversa con la escritora Almudena Grandes.</em></p><p>_____</p><p><strong>Almudena Grandes. Tu última novela, Para que vuelvas hoy, podría parecer a simple vista una propuesta innovadora en una obra narrativa que se caracteriza por su cohesión y su coherencia. A mí no me lo parece. Creo que Isabel Peñalber es un personaje cien por cien Mendicutti, con la frágil fortaleza, la ternura callada y la concentrada intensidad que caracterizan a tus protagonistas masculinos. Pero como he tenido que responder muchas veces a la pregunta inversa, te preguntaré, aun sabiendo de antemano la respuesta… ¿Cómo te has sentido al encarnarte en la piel y la voz de una mujer?</strong><em>Para que vuelvas hoy</em><em>cien por cien Mendicutti</em></p><p><strong>Eduardo Mendicutti</strong>. Ha sido una experiencia narrativa muy cómoda, muy natural, nada forzada. Una vez que decido contar una historia desde la voz en primera persona de un personaje determinado, hombre o mujer, lo primero que hago es construirle, a grandes rasgos, una biografía, y eso incluye naturalmente decidir la edad desde la que habla, y asumir su clase social, su infancia y su entorno familiar, su cultura, su sexualidad, su temperamento vital y, por descontado, sus recursos verbales, una manera de hablar coherente con todo eso. Creo que ahí, en la manera de hablar del personaje, está la clave de todo. Y eso sirve lo mismo para los diálogos convencionales con la participación de hombre y mujeres, de niños y adultos, de homosexuales y heterosexuales. Así que su voz, su lenguaje, me fueron llevando a la memoria, al corazón, a la piel de Isabel Peñalber. Y así ocurre siempre. Si en ese proceso de la escritura algo me chirría entre la manera de expresarse y lo que cuenta un personaje es que en algo importante me he equivocado. Tendré que revisar lo escrito y corregir o, lo que es peor, suprimir cosas que incluso podían resultarme brillantes, pero inadecuadas. Yo no llegué a ser Isabel hasta que estuve seguro de haber conseguido la armonía entre todos los elementos narrativos y expresivos en juego. Y a partir de ahí ya empiezan a funcionar las artimañas de la memoria y sus emociones, que ya son, por supuesto y en todo momento, la memoria y las emociones de Isabel.</p><p>Por lo demás, creo que tienes toda la razón: <em>Para que vuelvas hoy </em>es una novela muy mía. Isabel Peñalber tiene todas las características de casi todos los personajes principales que llevan la narración en mis novelas anteriores: esa mezcla de fuerza y fragilidad, de humor y dolor, de memoria herida y celebración de los recuerdos felices, de ganas de vivir y el empeño en sobrevivir. Y no importa que sean hombres homosexuales o, en este caso, una mujer heterosexual. No creo que ningún lector se sienta desconcertado o frustrado por la novedad o la diferencia.</p><p><strong>A.G. Para que vuelvas hoy es una novela de ficción inspirada en un hecho real o, más exactamente, una ficción completa elaborada alrededor de una sugerencia de la realidad. Para tus lectores, que sabemos cómo has sido capaz de inventarte de cabo a rabo tu propio pueblo, el coto de Doñana y hasta el mismísimo Guadalquivir, esto no es nada nuevo. Sin embargo, el Fernando que amó y fue amado por Isabel —sin que ninguno de los dos fueran reyes, ni mucho menos católicos— fue, además de una persona, todo un personaje público, un símbolo de la lucha antifranquista, un poeta prestigioso, un icono de la izquierda española. La experiencia de crear de nuevo a Marcos Ana, un Marcos juvenil, inseguro, tan distinto del que conocimos, ¿en qué se ha parecido y en qué se ha distinguido de la creación de otros personajes de ficción inspirados en tu propia biografía o en la de personas anónimas?</strong><em>Para que vuelvas hoy </em></p><p><strong>E.M</strong>. Ese Marcos Ana, ese Fernando, en realidad, no lo creo yo, lo crea Isabel Peñalber. Es el Fernando con el que ella estuvo aquella noche, el que ella recuerda, cuya vida anterior ella imagina o él le cuenta en apenas unas horas, el que una huella tan honda le dejó en el corazón a Isabel, ese Fernando que ella conoció y en el que creyó, sin adherencias externas, sin influencia de la devoción política y el afecto que despertaba en otros que sabíamos quién era, quién había sido Marcos Ana, el seudónimo literario de Fernando Macarro. A Marcos Ana yo, al menos, lo conocí ya muy mayor. Un hombre encantador y admirable. Cuanto tuve el impulso irresistible de contar de nuevo la historia del amor de aquella noche entre ambos, de la primera experiencia sexual de aquel hombre de 42 años con una muchacha que ejercía la prostitución, pero desde el punto de vista de la mujer de la que yo no sabía absolutamente nada, salvo el nombre, y lo que Marcos Ana había contado en apenas una página de sus memorias, comprendí que a aquella historia tan emocionante le faltaba el punto de vista de la muchacha, así que me la inventé a ella, me inventé su vida y su memoria, su amor invencible y también su resentimiento, su humor y su dolor, y me tuve que inventar al Fernando que ella conoció y, sobre todo, al que ella recordó, enamorada, toda su vida.</p><p>Ese tipo de personajes, con un pie en la realidad y otro en la ficción, han sido siempre mis favoritos. Esa mezcla provoca equívocos notables en algunos lectores que conocen mi vida o a los personajes que aparecen en mis libros. Pero ese terreno resbaladizo entre realidad y ficción es el que yo necesito casi siempre para contar una historia. Es tierra movediza, pero a mí me da seguridad y me estimula.</p><p><strong>A. G. La memoria es uno de los pilares de tu literatura. Las agridulces evocaciones infantiles, los imprecisos enamoramientos adolescentes, el descubrimiento del cuerpo propio y de los cuerpos de los otros, la conciencia de la homosexualidad como una fuente de gozo primero, una trinchera de combate después, marcan todos tus libros con una impronta de autenticidad testimonial que se convierte en una virtud literaria, pero también moral. Aquello a lo que nos referimos como memoria histórica no ha estado nunca ausente de tu obra, pero en esta novela adquiere una importancia capital. ¿Por qué?</strong></p><p><strong>E. M</strong>. La memoria es otra manera de inventar, pero la memoria, como el humor, es también un instrumento para la resistencia. Y siempre prefiero, para mi vida y para mis personajes, celebrar lo vivido, aunque sean experiencias tristes y dolorosas, que lamentar lo perdido. La que vamos llamando memoria histórica está compuesta tanto por recuerdos colectivos como por recuerdos individuales. Es un compromiso moral defender la memoria histórica colectiva, y es un compromiso emocional recuperar la memoria de los individuos integrada en cada momento histórico. Sobre todo, la memoria de los más desamparados, de los más marginados, de los más perseguidos, de los más olvidados. La memoria histórica es solidaria o no es. Para eso es imprescindible también la Literatura. Porque la Historia la escriben siempre los vencedores y los poderosos. Los escritores y las escritoras tenemos en nuestras manos, desde el testimonio o desde la ficción, completar la narración oficial de la Historia con las vidas y las experiencias de hombres y mujeres que no contaron nunca con el apoyo y el altavoz del poder.</p><p>Personalmente, no hago más que reclamar, en algunas intervenciones públicas y, desde luego, en mis libros, que quienes pertenecemos al colectivo LGTB no olvidemos nunca de dónde venimos, cuál ha sido nuestra lucha y la lucha de quienes nos precedieron, el dolor y el coraje de tantos hombres, mujeres, niños, adolescentes, ancianos y ancianas. Por mucho que ahora estemos instalados en la dichosa aceptación, no hay que tratar de sepultar tiempos peores ni pensar que todo está conseguido, a nuestro alrededor y en todas partes.</p><p>Isabel Peñalber, la narradora de mi novela, fue una prostituta. Una mujer pobre en tiempos difíciles. Sobrevivió como pudo. Y ahora tiene memoria, tiene a veces mal genio cuando recuerda y sentido del humor, y tiene derecho a utilizar su memoria a su favor. En ese sentido, su memoria, como la de todos, es compasiva.</p><p>Indagando sobre Isabel, me di cuenta de que el propio Marcos Ana daba, en su libro o en entrevistas periodísticas, detalles diferentes sobre aquella noche y sobre aquella muchacha y sobre cómo se desarrollaron los hechos. A partir de esa comprobación, me sentí totalmente legitimado para que Isabel lo recordara todo a su manera. Y el resto de su propia vida. La memoria tiene esa extraordinaria virtud, se adapta siempre a quienes recuerdan incluso los mismos acontecimientos.</p><p><strong>A.G. Para que vuelvas hoy sucede en la España de ahora mismísimo. Su protagonista es una anciana que vive en su casa, una mujer que depende de una cuidadora, Sandi, y recibe a diario a una voluntaria, Marta, que le hace compañía y le da conversación. Marta es, de hecho, la destinataria aparente de los recuerdos de Isabel, la custodia de su esplendoroso recuerdo de una sola noche de amor. Durante el confinamiento de todos los españoles, que arrancó casi al mismo tiempo que la forzosamente frustrada promoción de tu novela, me he acordado mucho de la vida confinada de Isabel Peñalber. Creo que la desgarrada vitalidad de esta anciana, que adora a un nieto que la visita mucho menos de lo que le gustaría y rellena su soledad con palabras, es uno de los grandes aciertos del libro.</strong><em>Para que vuelvas hoy</em></p><p><strong>E.M.</strong> Su nieto es, por fin, un firme anclaje emocional en su vida, aparte del recuerdo de Fernando. Por eso protesta si él alguna semana no va a verla, siempre por motivos más que justificados. Pero ella quiere acaparar lo más posible ese cariño. Isabel quizás no lo parezca, pero es emocionalmente muy frágil.</p><p>Por otra parte, cuando empezó el confinamiento la novela estaba recién distribuida. Y así se quedó, confinada, encerrada. Sin promoción apenas. Todo hubo que cancelarlo. Como he dicho, la memoria puede ser un instrumento de resistencia. Pero, a diferencia de Isabel, la novela no ha tenido apenas quien la escuchase. Algunos lectores la compraron por internet. Lo que tú calificas como uno de los grandes aciertos del libro ha estado prácticamente desactivado durante todo este tiempo. La vitalidad desgarrada de Isabel no ha decaído durante todas estas semanas, claro, pero las palabras con las que debía llegar a los lectores esa vitalidad tan especial casi no han encontrado destinatarios. Ojalá esa memoria enamorada de Isabel, esas palabras que abarrotan de recuerdos felices, de momentos desdichados de una vida los sucesivos soliloquios de Isabel, sus charlas con Marta, tengan ahora, cuando todo se normalice más o menos, ojos lectores para compartirlos.</p><p><strong>A.G. Has escrito, sin duda, lo que se entiende como una novela de amor. No es la primera, pero a diferencia de otras, como por ejemplo Otra vida para vivirla contigo, Para que vuelvas hoy es casi un bolero, una exaltación radical del amor romántico. Una sola noche de amor, tan pura y verdadera que no puede pagarse con dinero, basta para darle sentido a una vida entera. La mujer que afirma esto una y otra vez es al mismo tiempo una puta feliz, que eligió dedicarse a la prostitución por su propia voluntad y la ha ejercido alegremente durante muchos años, sin sentirse humillada, explotada o despreciada. ¿Crees que esta combinación explosiva es posible en el mundo real?</strong><em>Otra vida para vivirla contigo</em><em>Para que vuelvas hoy</em><em> </em></p><p><strong>E.M.</strong> Siempre he creído y confiado en los amores breves, incluso fugaces. Con esto no quiero decir que me parezcan mejores que los amores largos y estables, pero tampoco peores. Hace poco, alguien me preguntó cuál de mis amores me habría gustado prolongar, si las condiciones hubieran sido más favorables, y dije que el primero: aquel amor quinceañero entre dos colegiales guapos, listos, peleones. Sé que con el tiempo habría sido un desastre, pero creo que un primer amor siempre lo idealizas. El último amor que tienes la oportunidad de vivir lo proteges todo lo que puedes. Por lo que cuenta Marcos Ana en sus memorias respecto a su extraordinaria noche de amor con Isabel, aquel fue, sin duda, un primer amor, pero también fue el primer y más importante amor para ella. ¿Tuvo algo que ver con eso el que ella fuera prostituta? Ella cuenta en la novela que intentó otros amores, incluso que disfrutó a partir de cierto momento de su vida de una relación apacible y protectora. Pero nada que ver con el recuerdo tenaz del primero. Creo que en eso Isabel no es diferente a nadie que se haya enamorado alguna vez.</p><p>Alguien me ha preguntado también qué hago yo contando la vida de una prostituta. Creo que en realidad quería preguntarme cuántas prostitutas he conocido en mi vida, La respuesta es: suficientes. Nada más llegar a Madrid, recalé en un hostal cercano a la calle Ballesta. Allí había bastantes prostitutas que trabajaban en bares de alterne de la zona. Entre ellas, una muchacha muy joven, preciosa, de Málaga. Creo que es la chica con la que más me he reído en mi vida. Siempre procuraba coincidir con ella a la hora de la comida, y los domingos ella libraba y nos íbamos juntos a la piscina El Lago, la de la avenida de Valladolid. Esa chica era un festival constante y me ha servido de modelo para Isabel. Después, he conocido y tratado a otras. Algunas parecían más contentas o más tristes, más parlanchinas o más taciturnas, más o menos defensoras y orgullosas de su oficio, más o menos reivindicativas. Y he conocido a las prostitutas del colectivo Hetaira, con las que he colaborado algunas veces, y que luchan por el reconocimiento de sus derechos laborales, incluido el derecho a ejercer su oficio con seguridad y dignidad. Por supuesto, nunca se me pasó por la cabeza echarle a ninguna un discurso redentorista: sus cuerpos eran suyos, y su decisión, y su dignidad. Sólo hay que ayudarlas sin pedirles a cambio que ejerzan oficios también miserables, y peor pagados.</p><p>Por supuesto, también ellas tienen derecho a dulcificar sus recuerdos para sobrevivir. Isabel Peñalver, en un momento de la novela, reconoce que lo hace. No todos los hombres con los que tuvo que ocuparse fueron ejemplares masculinos fantásticos. Y el dolor y las carencias –el hijo que la repudia por ser puta, la misma imposibilidad de enamorarse de nadie que no fuera Fernando– están ahí, no lo olvida. Yo soy gay y nunca he consentido que nadie me señale cómo debo comportarme con mi cuerpo. El mundo real es explosivo por naturaleza. Hay que protegerse contra él lo mejor que cada cual sepa.</p><p>Desde luego, no estoy hablando del tráfico organizado de mujeres para dedicarlas a la prostitución. Contra eso es contra lo que hay que luchar. Y no parece fácil. Como casi siempre, es más sencillo pelear contra el sector más débil y más desorganizado de la prostitución y contra sus clientes menos poderosos.</p><p><strong>A.G. Esta novela es demasiado buena como para merecer que le haya caído encima una pandemia. No voy a preguntarte por la angustia que habrás sentido al comprobar que el confinamiento la condenaba a la clandestinidad, porque imagino a la perfección cómo te habrás sentido. Pero, ahora que han vuelto a abrir las librerías… ¿Cómo es tu relación con ella?</strong></p><p><strong>E.M. </strong>Ahora va mejorando adecuadamente. Durante el confinamiento la relación era rara. Sentía que le estaba fallando. Con otras novelas anteriores he hecho todo lo que me han pedido para promocionarla, y los resultados de la promoción habrán sido mejores o peores. Ahora no podían pedirme casi nada. Otros autores en las mismas circunstancias se las han apañado para promocionar sus obras en las redes sociales. Yo no tengo Twitter ni Instagram ni Facebook. Hay amigos que han intentado ayudarme, han intentado ayudar a la novela, lo estáis intentando, y bien que lo agradezco. También desde la editorial. Pero yo tengo la sensación muy incómoda de no haber sabido hacer nada por <em>Para que vuelvas hoy</em><em>. </em>Ojalá sepa ayudarle a partir de ahora todo lo que pueda.</p><p>A fin de cuentas, la novela está ahí, en las librerías ya abiertas. La novela está viva, intacta, la pandemia no la ha estropeado. No voy a ser modesto, porque sería otra manera de perjudicarla. Sé que tiene virtudes para atrapar a buenos lectores desde que la hojeen en una librería. La novela no se limita a contar, desde la memoria de una mujer singular, la "esplendorosa noche de amor" con un hombre singular. La huella de esplendor de aquella noche permanece, contra viento y marea, en la memoria y el corazón de Isabel, a lo largo de los años.Pero la novela se esponja, recorre toda la vida de Isabel Peñalber al hilo de la España de su tiempo, al hilo de la España que tanto ha cambiado. Las librerías abiertas le darán muchas oportunidades. Las librerías deberían ser intocables.</p><p>_____</p><p><strong>Almudena Grandes</strong> es escritora. Su último libro es <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-madre-de-frankenstein/309772" target="_blank">La madre de Frankenstein</a><em> (Tusquets, 2020). </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Eduardo Mendicutti: "La memoria, como el humor, es un instrumento para la resistencia"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Almudena Grandes,Escritores,Los diablos azules número 193]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Mochilas perdidas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mochilas-perdidas_1_1160623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fb808d0d-a18b-480e-9f7c-181dce51bc65_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mochilas perdidas"></p><p><em>Cerramos el relato del escritor Eduardo Mendicutti, que publicamos en dos entregas.</em></p><p>____________________</p><p>Cuando Javi miró a sus padres, sentados con su hermano Migue en un banco de la alameda, bajo un castaño que daba un sombra ancha y compacta, su padre Antonio le estaba ofreciendo un cigarrillo a un hombre que se parecía mucho a Denis, un amigo de la familia. Lo primero que Javi pensó fue:</p><p>“Mi padre Antonio siempre le está prometiendo a mi padre Martín que hoy sin falta deja de fumar”.</p><p>Javi y Migue tienen dos padres, no un padre y una madre, y Javi lo dice, la mar de orgulloso, cada dos por tres.</p><p>El hombre que se parecía tanto a Denis sonrió y dijo que sí con la cabeza, y juntó las manos de tal manera que Javi entendió enseguida que le estaba dando las gracias a sus padres, no solo por el cigarrillo. Después, Javi pensó que su padre Martín, poniéndose muy serio, le reñiría a su padre Antonio por no tener la fuerza de voluntad para dejar de una vez esa costumbre tan fea y tan malísima para la salud, y por andar encima ofreciendo por ahí veneno para los pulmones. Pero esta vez su padre Martín no rechistó y su padre Antonio siguió fumando tan campante con aquel hombre que tanto se parecía a Denis.</p><p>Aquel hombre estaba sentado en la otra punta del banco sería, según calculó Javi, más o menos de la edad de su padre Antonio –que es cinco años más joven que su padre Martín–, iba vestido con un niki gris que le venía un poco grande, un pantalón marrón que le venía un poco pequeño, porque enseñaba los tobillos, y sonreía mucho, pero con una sonrisa que parecía la más triste del mundo. Migue, que todavía no tiene ni un año, empezó de pronto a jugar con él y entonces Javi se dio cuenta de que, en realidad, el hombre no se parecía tanto a Denis, solo en que los dos eran negros, de una edad parecida, y sonreían del mismo modo cuando estaban contentos.</p><p>Denis es de un país de África que se llama Kenia, y sus padres y él se conocen porque los tres trabajan en un sitio en el que ayudan a gente de otros países y lo están pasando mal. Denis está casado con Laura, que es española y medio pelirroja, y tienen una niña de la edad de Migue que se llama Alma y es de color café con leche y, como dice todo el mundo, es una preciosidad. Javi le dice a todo el que lo quiera oír que, cuando Alma sea un poco mayor, le gustaría ser su novio, al fin y al cabo él solo es cinco años mayor que ella, los mismo años que se llevan su padre Antonio y su padre Martín. A veces, quedan todos a tomar algo en alguna parte o para ir a la playa a pasar el día y se lo pasan muy bien. Javi, mientras miraba de lejos al nuevo amigo de sus padres y lo bien que se lo estaba pasando jugando con Migue, pensó que a lo mejor, a partir de ahora, aquel hombre que tanto se parecía a Denis, sobre todo en la manera de sonreír, se venía con ellos a tomar algo, o a la playa, de vez en cuando.</p><p>Javi se había ido a jugar a un arriate en el que crecían árboles, no muy lejos de donde estaban sus padres y Migue, pero ya no jugaba, ahora solo miraba a sus padres y a Migue y al nuevo amigo de sus padres. Entonces oyó que su padre Martín le llamaba:</p><p>“¡Ven, Javi!”.</p><p>Javi salió corriendo y se olvidó de la mochila. No se dio cuenta de que la dejaba en el arriate, y sus padres tampoco la echaron de menos cuando él se acercó le presentaron a su nuevo amigo.</p><p>“Mira, Javi, este amigo se llama Yulian y es de un país que se llama Uganda”, le dijo su padre Antonio.</p><p>Y su padre Martín le dijo:</p><p>“Dale un beso. Va a empezar a venir con nosotros a tomar algo y a la playa”.</p><p>Yulian se inclinó para que Javi pudiera darle un beso, mientras su padre Antonio le explicaba a Yulian que Javi era su hijo “el californiano”.</p><p>“Así que tú naciste en California”, le dijo Yulian, en un español un poco raro, a fin de cuentas había nacido en Uganda.</p><p>Javi se puso a explicarle a Yulian, con todo lujo de detalles ,que él había nacido porque su padre Antonio y su padre Martín se quieren tanto que habían ido hasta casi el fin del mundo para que él pudiera nacer con ayuda de una muchacha estupenda y preciosa que quiso hacerles un regalo del cielo que era él, y que el regalo tenía ya seis años, y que Migue, en cambio, era cordobés y los tres lo habían adoptado cuando era un bebé. Yulian sonrió como si le encantara la historia, pero Javi, que ya se daba cuenta de muchas cosas, comprendió que, además de gustarle la historia un montón, estaba emocionado. Le brillaban los ojos tanto como a su padre Martín cuando Migue llegó a casa y los tres se pusieron a mirarlo como si acabaran de traerlo los Reyes Magos. A su padre Antonio a lo mejor también le brillaban los ojos, pero, como lleva gafas, a Javi siempre le cuesta un poco más notarle esas cosas.</p><p>De pronto su padre Antonio preguntó, un poco nervioso:</p><p>“Javi, ¿dónde está tu mochila?”.</p><p>La mochila no estaba allí, en el banco, ni en el arriate, y eso que Javi señaló el arriate lleno de tréboles, convencido de que allí tenía que seguir. Se armó un poco de lío. A su padre Antonio se le escapó preguntarle, con muy malas maneras, que si era tonto, que no estaban las cosas como para ir dejándose la mochila en cualquier parte, pero enseguida se arrepintió, le pidió perdón y le dio un beso. Su padre Martín le revolvió el pelo para consolarle, porque a Javi le entró una pena grandísima por haber perdido su mochila, y luego Martín le dijo a su marido Antonio que alguien se la había llevado, seguro, pero que si iban los dos por la alameda, a toda pastilla, cada uno por un lado, a lo mejor encontraban al ratero todavía con la mochila encima.</p><p>“¿Te importa quedarte un momento cuidando a los niños?, le preguntó su padre Martin a Yulian. A Yulian le brillaron los ojos como a Martín cuando miraba a Migue recién llegado a casa.</p><p>Martín y Antonio echaron a correr en busca del ladrón y Yulian cogió a Migue en brazos y le pidió a Javi que se sentara a su lado y que intentara sonreír. Para dar ejemplo. Yulián, sonrió y parecía que estaba contento de verdad. Luego, Yulian le preguntó:</p><p>“Javi, ¿qué tenías en la mochila?”.</p><p>Javi tuvo que tragar saliva para no echarse a llorar, y después le contó a Yulian, con muchas dificultades, que en la mochila llevaba un montón de cosas que le gustaban mucho: su estuche de lápices de colores, una linterna que le había traído Papa Noel el año pasado y con la que se podía ver hasta de noche hasta casi un kilómetro de distancia, una manzana que sus padres le ponían siempre en la mochila por si le entraba el hambre en algún momento, unas cuantas caracolas de las que iba recogiendo en la playa porque las coleccionaba, un Ferrari rojo en miniatura que funcionaba con cuerda y con el que ya había recorrido casi la alameda entera… No pudo seguir porque ahora sí que de verdad estuvo a punto de echarse a llorar y, además, porque no se acordaba de otras cosas que seguro que llevaba en su mochila.</p><p>Yulian le revolvió el pelo y Javi comprendió que también él quería consolarle. Levantó la cabeza y miró a Yulian para darle las gracias y entonces cayó en la cuenta de una cosa:</p><p>“Yulian”, le preguntó, “¿tú no tienes mochila?”.</p><p>Yulian movió la cabeza para decir que no, que no tenía mochila, pero luego, muy bajito y muy despacito empezó a hablar. Dijo:</p><p>“Bueno, yo tenía una mochila. Me la robó gente mala, en mi país. Yo vivía con Samuel, mi querido Samuel, como tu padre Martín vive con tu padre Antonio, pero sin un Javi como tú ni un Migue como Migue, qué más quisiéramos, y sin que lo supiera nadie. Pero lo supieron y fueron a la casa donde vivíamos Samuel y yo y eran muchos y nos ataron y se pusieron a apalearnos, como si quisieran matarnos, que era lo que querían, y a mi querido Samuel lo mataron, y a mí no me mataron de milagro, pero me metieron medio muerto en una cárcel y querían dejarme allí para el resto de mi vida, pero gente buena de fuera de mi país me ayudó a escapar, aunque yo no quería escapar porque no quería dejar allí el alma de mi querido Samuel, el cuerpo de mi querido Samuel, la voz y el olor de mi querido Samuel, pero al final me convencieron y dejé que me ayudaran a escapar, y me trajeron aquí y aquí me han refugiado, ¿tú sabes lo que es refugiar, Javi?, ¿sabes lo que es refugiarse?, pero allí se quedó mi mochila, me la robaron, con el cuerpo y el alma de Samuel dentro, y con todos los colores del sitio donde yo vivía, con todas las estrellas que había en el cielo de mi país y que me dejaban ver hasta mucho más de un kilómetro de distancia, con todas la frutas y todos los animales de mi aldea, con todas las caracolas del mar que llega hasta mi país, con el sonido y el olor de todas esas caracolas y de otras que ya nunca podré coleccionar, y que con todos los carros y los coches y los autobuses y los trenes en los que yo soñaba montarme para ir de punta a punta de mi país, de punta a punta del mundo, y mis padres, y mis hermanos y mis hermanas, y mis amigos, y mi vida entera, todo eso llevaba yo, Javi, en la mochila que me robaron…”.</p><p>Javi le escuchó sin pestañear. Javi no lo comprendía del todo, pero sabía, porque su padre Martín siempre le decía que hay cosas que siempre se saben aunque al principio no se entiendan, que todo lo que llevaba Yulian en la mochila que le robaron era mucho más importante que todo lo que él llevaba en la mochila que le habían robado unos rateros. Por eso cuando su padre Martín y su padre Antonio volvieron sin la mochila, porque no encontraron al ladrón, Javi les dijo:</p><p>“A Yulian también le robaron la mochila una vez”.</p><p>A Martín y a Antonio no hizo falta explicarles más, seguro que porque habían mirado a Yulian y lo entendieron todo. Eso adivinó Javi porque a su padre Martín le brillaron los ojos y seguro que a su padre Antonio también, pero eso Javi también lo tuvo que adivinar por culpa de las gafas que usa su padre Antonio.</p><p><em>*Eduardo Mendicutti es escritor. Su último libro es Malandar (Tusquets, 2018).</em><strong>Eduardo Mendicutti</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-malandar/265779" target="_blank">Malandar</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mochilas perdidas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Los diablos azules número 117]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Mochilas perdidas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mochilas-perdidas_1_1160380.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fb808d0d-a18b-480e-9f7c-181dce51bc65_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mochilas perdidas"></p><p><em>Recogemos un relato del escritor Eduardo Mendicutti, que publicamos en dos entregas. </em></p><p>____________________</p><p>Cuando Javi miró a sus padres, sentados con su hermano Migue en un banco de la alameda, bajo un castaño que daba un sombra ancha y compacta, su padre Antonio le estaba ofreciendo un cigarrillo a un hombre que se parecía mucho a Denis, un amigo de la familia. Lo primero que Javi pensó fue:</p><p>“Mi padre Antonio siempre le está prometiendo a mi padre Martín que hoy sin falta deja de fumar”.</p><p>Javi y Migue tienen dos padres, no un padre y una madre, y Javi lo dice, la mar de orgulloso, cada dos por tres.</p><p>El hombre que se parecía tanto a Denis sonrió y dijo que sí con la cabeza, y juntó las manos de tal manera que Javi entendió enseguida que le estaba dando las gracias a sus padres, no solo por el cigarrillo. Después, Javi pensó que su padre Martín, poniéndose muy serio, le reñiría a su padre Antonio por no tener la fuerza de voluntad para dejar de una vez esa costumbre tan fea y tan malísima para la salud, y por andar encima ofreciendo por ahí veneno para los pulmones. Pero esta vez su padre Martín no rechistó y su padre Antonio siguió fumando tan campante con aquel hombre que tanto se parecía a Denis.</p><p>Aquel hombre estaba sentado en la otra punta del banco sería, según calculó Javi, más o menos de la edad de su padre Antonio –que es cinco años más joven que su padre Martín–, iba vestido con un niki gris que le venía un poco grande, un pantalón marrón que le venía un poco pequeño, porque enseñaba los tobillos, y sonreía mucho, pero con una sonrisa que parecía la más triste del mundo. Migue, que todavía no tiene ni un año, empezó de pronto a jugar con él y entonces Javi se dio cuenta de que, en realidad, el hombre no se parecía tanto a Denis, solo en que los dos eran negros, de una edad parecida, y sonreían del mismo modo cuando estaban contentos.</p><p>Denis es de un país de África que se llama Kenia, y sus padres y él se conocen porque los tres trabajan en un sitio en el que ayudan a gente de otros países y lo están pasando mal. Denis está casado con Laura, que es española y medio pelirroja, y tienen una niña de la edad de Migue que se llama Alma y es de color café con leche y, como dice todo el mundo, es una preciosidad. Javi le dice a todo el que lo quiera oír que, cuando Alma sea un poco mayor, le gustaría ser su novio, al fin y al cabo él solo es cinco años mayor que ella, los mismo años que se llevan su padre Antonio y su padre Martín. A veces, quedan todos a tomar algo en alguna parte o para ir a la playa a pasar el día y se lo pasan muy bien. Javi, mientras miraba de lejos al nuevo amigo de sus padres y lo bien que se lo estaba pasando jugando con Migue, pensó que a lo mejor, a partir de ahora, aquel hombre que tanto se parecía a Denis, sobre todo en la manera de sonreír, se venía con ellos a tomar algo, o a la playa, de vez en cuando.</p><p>Javi se había ido a jugar a un arriate en el que crecían árboles, no muy lejos de donde estaban sus padres y Migue, pero ya no jugaba, ahora solo miraba a sus padres y a Migue y al nuevo amigo de sus padres. Entonces oyó que su padre Martín le llamaba:</p><p>“¡Ven, Javi!”.</p><p>Javi salió corriendo y se olvidó de la mochila. No se dio cuenta de que la dejaba en el arriate, y sus padres tampoco la echaron de menos cuando él se acercó le presentaron a su nuevo amigo.</p><p>“Mira, Javi, este amigo se llama Yulian y es de un país que se llama Uganda”, le dijo su padre Antonio.</p><p>Y su padre Martín le dijo:</p><p>“Dale un beso. Va a empezar a venir con nosotros a tomar algo y a la playa”.</p><p>Yulian se inclinó para que Javi pudiera darle un beso, mientras su padre Antonio le explicaba a Yulian que Javi era su hijo “el californiano”.</p><p>“Así que tú naciste en California”, le dijo Yulian, en un español un poco raro, a fin de cuentas había nacido en Uganda.</p><p>Javi se puso a explicarle a Yulian, con todo lujo de detalles ,que él había nacido porque su padre Antonio y su padre Martín se quieren tanto que habían ido hasta casi el fin del mundo para que él pudiera nacer con ayuda de una muchacha estupenda y preciosa que quiso hacerles un regalo del cielo que era él, y que el regalo tenía ya seis años, y que Migue, en cambio, era cordobés y los tres lo habían adoptado cuando era un bebé. Yulian sonrió como si le encantara la historia, pero Javi, que ya se daba cuenta de muchas cosas, comprendió que, además de gustarle la historia un montón, estaba emocionado. Le brillaban los ojos tanto como a su padre Martín cuando Migue llegó a casa y los tres se pusieron a mirarlo como si acabaran de traerlo los Reyes Magos. A su padre Antonio a lo mejor también le brillaban los ojos, pero, como lleva gafas, a Javi siempre le cuesta un poco más notarle esas cosas.</p><p>De pronto su padre Antonio preguntó, un poco nervioso:</p><p>“Javi, ¿dónde está tu mochila?”.</p><p><em>*Eduardo Mendicutti es escritor. Su último libro es </em><strong>Eduardo Mendicutti </strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-malandar/265779" target="_blank">Malandar</a><em> (Tusquets, 2018). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Los diablos azules número 116]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El camino del perdón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/camino-perdon_1_1159059.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9ac8d798-87df-43ad-8c4b-467f7d71ec85_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El camino del perdón"></p><p>Hay que ser un narrador extraordinario para construir un personaje inolvidable como la protagonista de <a href="https://www.megustaleer.com/libros/madre-que-ests-en-los-cielos/MCL-003639" target="_blank">Madre que estás en los cielos</a>, Julia Bertolini. Y <strong>Pablo Simonetti</strong> lo consigue mediante un instrumento narrativo difícil y lleno de riesgos: la voz de Julia volcada en una evocación escrita por ella misma al hilo del oleaje de la memoria.</p><p>  </p><p>Así, recupera sus recuerdos de hija y nieta de una familia italiana que emigró a Chile bajo las amenazas de la Segunda Guerra Mundial y prosperó en su nuevo país entre convulsiones políticas y desafíos vitales y sociales; de esposa de un hombre gobernado por sus encorsetados conceptos sobre la familia, las masculinidad y la paternidad; de madre de cuatro hijos, ya adultos, y tan diferentes entre sí, a los que ha intentado proteger en todo momento, con sus aciertos y sus errores, muchas veces descaminada a pesar –o a causa– de la seguridad que le da la firmeza de su amor maternal, pero siempre atenta a sus obligaciones guiadas por ese amor. Alentada por una dura, valerosa y lúcida decisión que ha tomado a pesar de las indicaciones de sus médicos y de la desolada incomprensión de sus hijos, emprende ese recorrido por los recuerdos de lo vivido, por todo lo que le hirió, la hizo feliz, la desconcertó, la reconfortó y le permitió ir descubriendo en sí misma y en los demás todos los pliegues y repliegues del difícil oficio de vivir. Y todo, como ella reconoce, para pedir perdón y para merecerlo.</p><p>Pero el camino del perdón está lleno de obstáculos que es preciso no slo descubrir, sino comprender para afrontarlos con la entereza precisa. Julia Bertolini es una mujer de una admirable y conmovedora honradez emocional, libre de la menor debilidad autocompasiva, consciente de sus equivocaciones y también, desde luego, de sus actos y gestos de generosidad y entrega. Sabe no enmascarase frente a lo que es y lo que ha sido. Es hija de su tiempo y de su educación, incluso de sus prejuicios, pero también de su capacidad de aprendizaje cultural y sentimental. Pablo Simonetti consigue construirla para el lector de afuera adentro o, si se prefiere, desde el relato mecido por el vaivén de la memoria a los cimientos del carácter y el corazón del personaje. Para ello, en determinados momentos de la narración familiar, sobre el todo de los más alejados, hace que Julia prefiera rehuir, por ejemplo, el testimonio literal y fechado de las cartas que su hermano Joaquín lleva mandándole regularmente durante cuarenta años desde Arizona, o en las de su hijo Andrés, el homosexual que se sabe repudiado, y opta por que se apoye solo en el contenido evocado en ellas para perfilar los acontecimientos familiares y personales que salen al paso en este recate de los haberes y las deudas vitales. Con recursos como este, y en otros como el uso muy sabio de la arquitectura temporal, Pablo Simonetti logra una agilidad y una fluidez y una hondura ejemplar.</p><p>En la vida de todo hombre y toda mujer hay secretos, en la historia de toda familia hay episodios oscurecidos por el afán de mantener el sosiego, la bonanza y la respetabilidad. Desentrañarlos y dignificarlos es una hazaña que Julia Bertolini no habría conseguido cumplir sin el talento narrativo y estilístico de Pablo Simonetti.</p><p><em>*Eduardo Mendicutti es escritor. Su última novela es </em><strong>Eduardo Mendicutti</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-malandar/265779" target="_blank">Malandar</a><em> (Tusquets, 2018). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jun 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El camino del perdón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 111]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Mendicutti presenta este sábado su última novela en un homenaje rodeado de amigos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/mendicutti-presenta-sabado-ultima-novela-homenaje-rodeado-amigos_1_1157612.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/53634ac7-3d80-4bdc-88fa-ed1146cc6212_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mendicutti presenta este sábado su última novela en un homenaje rodeado de amigos"></p><p>Este sábado 21 de abril, <a href="http://www.lalibreriadejavier.com/?p=39762" target="_blank">La librería de Javier</a>, de Alcalá de Henares (Madrid) convoca un homenaje al escritor <strong>Eduardo Mendicutti</strong> con motivo de sus 70 años recién cumplidos y los 45 que ha dedicado a la literatura. Además, el autor presenta su última novela, <em><strong>Malandar</strong></em> (Tusquets) acompañado de sus compañeros y amigos Almudena Grandes, Luis García Montero, Pablo Simonetti y Benjamín Prado.</p><p><em>Malandar</em> toma el nombre de unas dunas del coto de Doñana, en Cádiz. Unas dunas que "se tiñen de fuego justo antes de que caiga la noche", dice Simonetti en su <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/04/06/resena_malandar_81388_1821.html" target="_blank">reseña</a> de la obra. Pero "Malandar es un lugar emocional", <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/04/06/autoentrevista_eduardo_mendicutti_81382_1821.html" target="_blank">defiende el propio Mendicutti</a>. En esta "historia de amor a tres durante más de cincuenta años", como el propio autor la define, su narrador, Miguel Durán, vuelve al tiempo de la infancia, de la juventud y primera madurez, pero sin melancolía: <strong>"Celebra lo vivido, no lamenta lo perdido"</strong>. "Así sale uno de la lectura de<em> Malandar"</em>, añade Simonetti:"Hemos perdido la infancia, qué duda cabe, pero a cambio <strong>hemos ganado la vida</strong>". </p><p>En esta novela, insiste en la<strong> disidencia sexual</strong> que reivindica una existencia feliz a pesar de desarrollarse en una <strong>sociedad homófoba</strong>. Aunque es un elemento constante a lo largo de toda su obra, el escritor gaditano no cree estar haciendo literatura de nicho o menos accesible a la mayoría de lectores. "¿Que lo que escribo es gay? Pues sí, qué pasa. ¿Que es localista? Pues sí. Y qué. ¿Que tiene humor? Pues tiene humor. La ruptura de las limitaciones corre de tu parte. Si lees bien", <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/04/02/eduardo_mendicutti_malandar_81143_1026.html" target="_blank">asegura</a>.</p><p>  </p><p>El acto tendrá lugar a<strong> las 19.00 horas en el Corral de Comedias</strong> de Alcalá (Plaza de Cervantes, 15), la entrada es libre y gratuita hasta completar el aforo de la sala.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Apr 2018 18:23:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mendicutti presenta este sábado su última novela en un homenaje rodeado de amigos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eduardo Mendicutti por Eduardo Mendicutti]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/eduardo-mendicutti-eduardo-mendicutti_1_1157006.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6972285a-b7ae-4410-bb9e-865042d4eab0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eduardo Mendicutti por Eduardo Mendicutti"></p><p><em>Desde La Algaida, el pueblo que Eduardo Mendicutti inventa para contar su infancia, el autor se interroga a sí mismo sobre </em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-malandar/265779" target="_blank">Malandar</a> <em>(Tusquets), su última novela. En ella, visita los paisajes de la adolescencia en una historia de amor a tres bandas y de segundas oportunidades. Continuamos así con nuestra serie de autoentrevistas de escritores que iniciamos con Alfons Cervera. </em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/03/16/alfons_cervera_por_alfons_cervera_80685_1821.html" target="_blank">con Alfons Cervera</a></p><p>_________________</p><p><strong>Pregunta. ¿Te puso melancólico escribir en Malandar sobre el paso del tiempo?</strong><em>Malandar</em></p><p><strong>Respuesta</strong>. Decidí que eso, en esta novela, no iba a ocurrir. <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/04/02/eduardo_mendicutti_malandar_81143_1026.html" target="_blank">En Malandar se recuerda el tiempo de la infancia</a>, el de la adolescencia, el de la juventud, el de la primera madurez… Pero Miguel Durán, el narrador, respeta siempre y –cuando corresponde– celebra lo vivido, no lamenta lo perdido. Creo que ese es el mejor antídoto contra la melancolía, un estado de ánimo peligroso porque engancha y acaba llevando a la pesadumbre y el desánimo. En <em>Malandar </em>no hay ni un gramo de melancolía.</p><p><strong>P. ¿Es una historia de amistad a tres, o una historia de amor a tres durante más de cincuenta años?</strong></p><p><strong>R</strong>. Las dos cosas. Es una historia de amistad que encubre, que protege una historia de amor. En realidad, una historia de amor a tres, una historia de amor a dos, otra historia de amor a dos… Miguel es un gay sin ningún problema por serlo; Toni, un gay, o quizás un bisexual, que tiene un grave problema por serlo y que le desemboca a una doble vida. Y Elena es una chica lista. Sabe lo que ocurre, se siente bien con lo que ocurre. Y sabe cómo tiene que comportarse, durante el tiempo que sea necesario, para que el tiempo vivido siga vivo, no se marchite del todo.</p><p><strong>P. ¿No te sorprende a ti mismo el que por primera vez en una novela tuya una chica, una mujer, tenga un papel importante en la historia de amor que cuentas?</strong></p><p><strong>R</strong>. No. Hace tiempo que esa idea me ronda por la cabeza. Me tentaba contar el importante papel que muchas mujeres han desempeñado en la vida de muchos hombres gais. Y, de paso, era una manera de agradecer también la lucha de las mujeres por alcanzar la igualdad y exigir sus derechos. Porque esa lucha de las mujeres ha sido siempre estímulo y guía para la lucha del colectivo LGTBI.</p><p><strong>P. ¿Esta vez no te preguntan que tiene esta historia de autobiográfico?</strong></p><p><strong>R</strong>. Todo el rato. Y yo contesto lo consabido. Pero no conviene hacer caso nunca a lo que responda un escritor cuando se le pregunta sobre el carácter autobiográfico de lo que escribe. Siempre dirá muchas mentiras. Empezando por las que se dice a sí mismo llegado el caso. Lo autobiográfico, con el paso del tiempo, se vuelve escurridizo. Pero eso también hay que celebrarlo. El tiempo nunca puede ser tu enemigo, siempre tiene que ser tu amigo, tu aliado. El tiempo feliz, y también el tiempo doloroso. El hecho de vivir siempre debe ser radiante en la memoria.</p><p><strong>P. ¿Qué es Malandar?</strong></p><p><strong>R</strong>. Es un lugar geográfico, la punta de Malandar, en “la otra banda”, la playa del coto de Doñana que mira a Sanlúcar de Barrameda. Pero, en la novela, Malandar es un lugar emocional. Como La Algaida, en esta novela, es una ciudad emocional, la ciudad de la infancia y la adolescencia. Yo viví mi infancia y mi adolescencia en dos ciudades, Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María, y La Algaida, aquí, es una mezcla de ambas. Y, llevando la celebérrima frase de <strong>Flaubert </strong>sobre Madame Bovary hasta un extremo francamente exagerado, o quizás no, “Malandar soy yo”.</p><p><em>*Eduardo Mendicutti acaba de publicar </em><strong>Eduardo Mendicutti</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-malandar/265779" target="_blank">Malandar</a><em> (Tusquets, 2018). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Eduardo Mendicutti por Eduardo Mendicutti]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Los diablos azules número 103]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Orgullo Gay, Orgullo de todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/orgullo-gay-orgullo_1_1128581.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/96600e89-447d-4f52-ad51-e93900d4eafb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Orgullo Gay, Orgullo de todos"></p><p>En vísperas de la semana del Orgullo Gay de este año, la selección española de fútbol se pegó un batacazo monumental y decisivo, así que, pese al glorioso historial de la selección durante sus penúltimas competiciones, merecedor de fervorosa gratitud, en este momento cuesta un poquito de trabajo estar orgullosos de La Roja. También en esas vísperas del Orgullo, los rojos de toda la vida y algunos movedizos rojos de nuevo cuño no lograron el 20D lo que nos prometieron, de modo que también fervorosa gratitud al rojerío entusiasta y peleón, pero no es fácil, en estos días más bien depresivos, llevar el pecho henchido de orgullo postelectoral. Así pues, visto lo visto, el único orgullo unánime y habitable que nos sigue quedando ahora mismo es el Orgullo Gay.</p><p>Orgullo Gay a diestra y siniestra, arriba y abajo, dentro y fuera, por delante y por detrás. Orgullo Gay de todos y para todos. Porque el Orgullo Gay ha ido quemando etapas desde <a href="http://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2015/08/21/la_redada_policial_que_desemboco_orgullo_gay_36750_1621.html" target="_blank">las revueltas de Stonewall</a> la noche del 28 de junio de 1969 hasta los últimos días de junio y primero de julio de este año. Siempre reivindicativo, primero tuvo que ser un Orgullo desafiante contra la persecución, la marginación y la discriminación; después, un Orgullo contra la tolerancia, porque se tolera lo que no se acaba de aceptar; luego, un Orgullo por las conquistas legales para la igualdad de derechos, y ahora, un Orgullo para celebrar sin cautelas de ningún tipo —ideológicas, sociales, familiares, laborales, culturales, literarias, artísticas, estéticas— todo el camino tan luchado y para resistir en una lucha que aún no ha terminado, que no podemos dar por terminada. Ahora, en el Orgullo Gay tenemos que coincidir todos, no sólo el colectivo LGTBI, también el colectivo heterosexual.</p><p>Hace unas semanas, la ciudad de Orlando padeció una masacre en una discoteca gay. Ante una atrocidad homófoba de ese calibre, ante un crimen de odio de esas dimensiones, siempre es previsible un clamor de indignación y solidaridad. Pero en un país como España, en una ciudad como Madrid, es constante todavía el goteo de agresiones homófobas que no siempre reciben el repudio político y social que es imprescindible y urgente. Frente a esta situación, es más necesaria que nunca la explosión de de visibilidad, de alegría, de insumisión, de diversión, de desparrame que es siempre la manifestación y el desfile del Orgullo Gay. Porque toda esa exhibición despampanante —tampoco me importa llamarla exhibicionismo— es también, en su conjunto, un acto político. Porque no solo es política la tenacidad reivindicativa, también lo es la insumisión frente a la “respetabilidad” impuesta y frente al discurso castrador de la moderación,  la ruptura de todos los códigos de lo políticamente correcto, la defensa del placer indócil que no le hace daño a nadie, la invitación a todos a incorporarse a la fiesta. Porque todo el camino hacia la celebración que los miembros del colectivo LGTBI hemos recorrido ya, y el que aún nos queda por recorrer, no podemos recorrerlo solos. Tenemos que contar también no sólo con el respeto, sino con el entusiasmo de los heterosexuales que saben que una sociedad no puede estar orgullosa de sí misma si no lo está también de la igualdad legal y real de sus gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales.</p><p>Este año, el Orgullo de Madrid estuvo dedicado a celebrar especialmente la bisexualidad. Alguien dijo alguna vez que todos somos bisexuales. A estas alturas de mi vida, me apunto con entusiasmo a la teoría. Más que nada, por lo que aún pueda caer. A lo mejor, coincidiendo con todas las celebraciones que irán llegando, año tras año, del  Orgullo Gay, del Orgullo de todos. </p><p><em>*Eduardo Mendicutti es escritor. Su último libro publicado es </em><strong>Eduardo Mendicutti</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/03/04/los_travestis_que_hicieron_podemos_45833_1821.html" target="_blank">Furias divinas</a><em> (Tusquets, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Homosexualidad,Literatura,Literatura española,Orgullo LGTBI,Los diablos azules número 25]]></media:keywords>
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