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    <title><![CDATA[infoLibre - Literatura]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/literatura/]]></link>
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    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las escritoras hispanoamericanas que han reescrito el mito de Eva]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/escritoras-hispanoamericanas-han-reescrito-mito-eva_1_2216535.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/72549750-737b-45b2-9d4b-9869c560e6aa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las escritoras hispanoamericanas que han reescrito el mito de Eva"></p><p>El mito bíblico de Adán y Eva, <strong>uno de los relatos más influyentes y fecundos de la cultura occidental</strong>, ha desempeñado durante siglos un papel decisivo en la configuración de la imagen de la mujer. De la figura de Eva procede la asociación de la mujer con el pecado, la seducción y la culpa. Frente a ello, numerosas escritoras contemporáneas, de distintas nacionalidades y generaciones, <a href="https://doi.org/10.18800/lexis.202302.013" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">han reescrito y reinterpretado el mito</span></a> con el propósito de exculpar a Eva y dignificar su figura.</p><p>A lo largo del siglo XX y de las primeras décadas del XXI, diversas escritoras hispanoamericanas le han dado voz, poniéndose en su piel para afirmar que su historia no es –<strong>o no es exactamente</strong>– como se ha contado. Más que rechazar el mito, estas autoras <a href="https://doi.org/10.5565/rev/mitologias.1069" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">lo revisitan y subvierten</span></a> para cuestionar los modelos femeninos heredados y reivindicar una imagen de la mujer más compleja, diversa y emancipada.</p><p>Una de las reinterpretaciones más llamativas aparece en <em>El mundo perdido</em> (1948), de la escritora mexicana <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Magdalena_Mondrag%C3%B3n" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Magdalena Mondragón</span></a>. <strong>En esta obra teatral, Eva no es ingenua ni perversa: es valiente, inteligente y amante de la vida.</strong></p><p>Frente a ella aparece un Adán autoritario y soberbio, pero también temeroso e incapaz de cuestionar las órdenes divinas. Mientras él teme el cambio y defiende la obediencia, <strong>Eva reivindica la experiencia humana, incluso con todo lo que implica: dolor, incertidumbre y mortalidad</strong>. Adán acaba destruyendo el fruto que Eva desea comer.</p><p>Sin embargo, tras dos mil años de felicidad inalterable en un paraíso donde todo permanece eternamente igual, termina admitiendo su hastío y descontento. El paraíso se revela entonces como un lugar incompatible con la condición humana. <strong>La obra invierte así la interpretación tradicional del Génesis</strong>. Comer el fruto prohibido ya no representa una caída moral, sino el comienzo de la verdadera vida humana. Al final, incluso Adán reconoce su error: no haberse atrevido a morder la manzana.</p><p>En <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/La_mujer_desnuda_(novela)" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>La mujer desnuda</em></span></a> (1950), de la uruguaya <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Armon%C3%ADa_Somers" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Armonía Somers</span></a><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">,</span> la reescritura del mito adopta una forma más simbólica y perturbadora. La protagonista, Rebeca Linke, rompe con la mujer que había sido hasta entonces el día de su 30 cumpleaños. <strong>Emancipada de los prejuicios y convencionalismos socioculturales</strong>, inicia desnuda y descalza un recorrido simbólico de liberación, conocimiento y búsqueda de su identidad.</p><p>Rebeca se reafirma como una nueva Eva: <strong>pura, inocente, libre y profundamente conectada con la naturaleza</strong>. Recupera el poder de nombrarse a sí misma y la propiedad de su cuerpo y de su sexualidad, desligándose de las ataduras que asocian a la mujer con el pecado original, la culpa y la subordinación. Se aleja así de la Eva de la interpretación dominante para regresar a una Eva ajena a la idea de pecado. La desnudez ya no es un símbolo de<strong> vergüenza y culpabilidad</strong>, ahora es una forma de libertad.</p><p>La novela muestra, además, cómo una sociedad profundamente represiva reacciona con miedo y violencia ante una mujer que cuestiona y<strong> transgrede sus principios socioculturales, sexuales y religiosos.</strong></p><p>La escritora mexicana <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Rosario_Castellanos" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Rosario Castellanos</span></a> <strong>recurrió al humor y a la ironía para desmontar los estereotipos femeninos</strong> en <a href="https://www.ub.edu/lletradedona/el-eterno-femenino_castellanos-rosario" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El eterno femenino</em></span></a> (1975).</p><p>En esta farsa teatral, Eva aparece como una mujer inteligente, sarcástica y rebelde que cuestiona tanto a Adán como a dios. <strong>El paraíso deja de ser un lugar ideal para transformarse en un espacio inmóvil</strong>, donde nada cambia, nada sucede y nada progresa. Por eso, cuando Eva decide comer el fruto prohibido, lo hace conscientemente.</p><p>Su gesto representa el inicio de la historia, del conocimiento y del progreso humano.<strong> La expulsión del paraíso ya no se interpreta como una tragedia</strong>, sino como una conquista: el comienzo de una existencia plenamente humana. La última frase de Eva resume perfectamente esta nueva interpretación del mito: “La historia acaba de comenzar”.</p><p>También la escritora nicaragüense <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Gioconda_Belli" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Gioconda Belli</span></a> reinterpreta el relato bíblico en <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-infinito-en-la-palma-de-la-mano/13257" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El infinito en la palma de la mano</em></span></a> (2008). <strong>Belli reconsidera el sentido de la transgresión y libera a Eva de la carga de culpa con la que la tradición patriarcal la ha identificado.</strong></p><p>En la novela, Eva –vitalista, inquieta, inquisitiva y valiente, frente a un Adán acomodaticio y temeroso– toma el fruto convencida de que está llamada a hacerlo. <strong>Una visión le ha revelado que ese gesto dará comienzo a la historia humana y permitirá la existencia de generaciones futuras</strong>. Cree actuar libremente y de acuerdo con la voluntad divina; sin embargo, tras la expulsión comprenderá que se trataba de un hecho inevitable, parte de un designio que la trasciende. Eva se convierte así en cocreadora de la especie.</p><p>El acto se resignifica entonces como en el comienzo de la experiencia plenamente humana: el amor, el deseo, el sufrimiento, la conciencia del tiempo y la mortalidad. <strong>La novela transforma el mito bíblico en una reflexión sobre el libre albedrío</strong>, la responsabilidad y el precio de convertirse verdaderamente en seres humanos.</p><p>La versión más radical quizá sea la de la mexicana <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Carmen_Boullosa" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Carmen Boullosa</span></a><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> en </span><a href="https://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=4220" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El libro de Eva</em></span></a> (2021). La novela parte de una idea provocadora: <strong>el relato bíblico que conocemos no sería más que una invención construida por Adán y perpetuada por los hombres.</strong></p><p>La Eva de Boullosa, tras años de sufrimiento y silencio,<strong> decide escribir por fin su propia versión de la historia para desmentir todo lo que se ha dicho sobre ella, menospreciándola e inculpándola</strong>. Ella no fue creada de la costilla de Adán ni introdujo el mal en el mundo al comer el fruto. Al contrario: la mordida fue lo que convirtió a Adán y Eva en seres verdaderamente humanos y lo que los condujo al verdadero paraíso, la Tierra.</p><p>El verdadero problema, sugiere la novela, fueron los relatos construidos por los hombres para justificar la subordinación femenina y legitimar la violencia contra las mujeres.<strong> Porque las palabras, afirma, “no solo nombran, hacen”. Eva comprende entonces que nunca debió callarse</strong>. Mientras ella guardaba silencio, otros construían y falseaban la historia de las mujeres.</p><p>Reescribir a Eva significa cuestionar la tradición cultural. Las nuevas Evas creadas por estas autoras ya no son figuras pasivas ni pecadoras. Son mujeres curiosas, libres y conscientes; <strong>mujeres que desean conocer, elegir y contar su propia versión de la historia.</strong></p><p>Estas obras muestran, además, que los mitos no son relatos inmutables ni poseen<strong> un significado único y definitivo</strong>. Su sentido cambia con el tiempo, las sociedades y las miradas que vuelven a narrarlos.</p><p>___________________________________</p><p><em><strong>Mónica Carbajosa Pérez</strong></em><strong> </strong>es docente e investigadora del área de Literatura contemporánea, Universidad Villanueva.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 04:00:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mónica Carbajosa Pérez (The Conversation)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las escritoras hispanoamericanas que han reescrito el mito de Eva]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Latinoamérica,Literatura latinoamericana]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[TintaLibre presenta ‘Amores Tormentosos’, su número especial para sobrevivir a las pasiones del verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/tintalibre-presenta-amores-tormentosos-numero-especial-sobrevivir-pasiones-verano_1_2218166.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6bcd23b0-6cee-48b4-8deb-c136360191a5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="TintaLibre presenta ‘Amores Tormentosos’, su número especial para sobrevivir a las pasiones del verano"></p><p>El verano suele ser sinónimo de lecturas ligeras, amores fugaces y tramas amables que se consumen frente al mar o la piscina. Sin embargo, la realidad de los vínculos afectivos rara vez cabe en ese molde idílico. Las relaciones se construyen, pero, sobre todo, desordenan. Con esta premisa, que huye de la superficialidad estival para adentrarse en <strong>las grietas de la pasión, los celos, la dependencia y la violencia</strong>, el número de verano de <em><strong>TintaLibre</strong></em><strong> </strong>se presenta bajo el título <em>Amores tormentosos</em>, toda una declaración de intenciones.</p><p>Para desgranar este mapa del amor, la revista ha reunido este miércoles a sus lectores en la Sala Azul del Espacio Ronda, en Madrid. El número, <strong>ilustrado por la artista Paula Bonet</strong>, autora también de la portada, cuenta con textos de 16 mujeres que escriben con absoluta libertad sobre el deseo, el desamor y la memoria.</p><p>Ante un público de medio centenar de asistentes, Jesús Maraña, ha arrancado la presentación lanzando una advertencia clara al auditorio: “Quien piensa que no ha tenido un amor tormentoso es que no ha vivido con las suficientes ganas”. El director editorial de <strong>infoLibre </strong>y codirector de <em>TintaLibre </em>ha destacado que se trata de un número “muy especial”, poniendo en valor la generosidad de las autoras, ya que “se han abierto a contar sus historias de amor”.</p><p>Ha sido Ramón Reboiras, jefe de redacción de <em>TintaLibre</em>, quien ha lanzado al aire la pregunta que ha vertebrado gran parte de la cita: “<strong>¿Es posible el amor sin tormenta?</strong>”. Esa reivindicación de la pasión incontrolable ha encontrado eco en el resto de la mesa. Marta Gesto, directora general de infoLibre, ha defendido que “existe el amor sin tormento”, aunque ha matizado: “No concibo el amor sin pasión.<strong> Enamorarse no se puede controlar, el deseo es como una emoción primaria, que sube y baja</strong>”, ha admitido. En esa misma línea, la escritora Lara Moreno ha abrazado la intensidad de los afectos al asegurar que “el deseo va mucho más allá del sexo” y que “la pasión a veces da tormento, y <strong>bienvenido sea ese tormento</strong>”. Para la autora, que el cuerpo y el alma atraviesen esas tempestades resulta “vital para la complicidad y la felicidad”. Como un guiño al verano, Andrea Genovart ha enlazado la idea recordando que “hay tormentas de verano increíbles que, una vez a resguardo o mojándote si quieres, te empapan en el momento más preciso”.</p><p>Sin embargo, el debate ha trazado <strong>una línea roja entre la intensidad emocional y la violencia machista</strong>. La dibujante Candela Sierra, autora del único cómic del número, ha compartido un aprendizaje personal: “Yo tuve un amor que me enseñó a poner límites muy importantes, al igual que el consentimiento”. Un término, el del consentimiento, que Gesto ha elevado a la categoría de hito histórico. “No hay un mayor logro del feminismo que poner el consentimiento en nuestras cabezas”, ya que para ella, “las relaciones tienen que ser un espacio seguro, como todo lo demás”.</p><p>Lara Moreno ha sido la encargada de desglosar la fina línea que a veces la sociedad confunde. “Una cosa es una historia de tormento y otra una historia de maltrato. <strong>No todas las historias tormentosas tienen que ser maltrato</strong>”, ha subrayado. La escritora ha explicado que tuvo la urgencia de narrar el abuso “con pelos y señales” en su novela <em>La ciudad</em> para que el público comprenda “cómo esta violencia está arraigada en nuestra sociedad, que no tiene una educación sexoafectiva correcta”.</p><p>Frente a las heridas de los vínculos tradicionales, la mesa también ha explorado cómo las dinámicas están cambiando. Candela Sierra ha apuntado que “el modelo de pareja en el que yo crecí ha cambiado”. Y en este proceso de deconstrucción, <strong>las redes de apoyo y el sentido del humor son las principales salidas de salvación</strong>. “Las amigas siempre las necesitamos porque ellas ven cosas que nosotras no vemos”, ha reivindicado Gesto, confesando que su método para sanar es bucear en el dolor: “Las mujeres estamos aprendiendo a meternos en el drama para analizarlo y curarlo, y luego mirarlo y reírnos”.</p><p>Esa risa sanadora y cómplice ha sido el terreno de Andrea Genovart, quien ha transformado la presentación del nuevo número de <em>TintaLibre </em>en “cualquier quedada con amigas”. Desde el humor y la caricaturización de ciertas masculinidades, a las que ha dedicado su relato, Genovart ha lanzado una lúcida reflexión: “<strong>Ahora muchas mujeres deciden no desde el deseo, sino desde lo que les conviene</strong>”. </p><p>Un debate complejo que, como ha señalado Jesús Maraña al inicio, nos invita a adentrarnos en las páginas de este número especial y a jugar con ese espacio misterioso y fascinante en el que las autoras se abren en canal y el lector debe descifrar “qué hay de cierto y qué hay de ficción”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jul 2026 19:30:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Gómez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[TintaLibre presenta ‘Amores Tormentosos’, su número especial para sobrevivir a las pasiones del verano]]></media:title>
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      <title><![CDATA['Amores tormentosos': TintaLibre presenta en Madrid su especial de verano sobre los matices del amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/amores-tormentosos-tintalibre-presenta-madrid-especial-verano-dedicado-claroscuros-amor_1_2217505.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/867abead-f994-45c7-b43c-75baed9788f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Amores tormentosos': TintaLibre presenta en Madrid su especial de verano sobre los matices del amor"></p><p>El nuevo número de<strong> </strong><em><strong>TintaLibre</strong></em> llega este verano con una propuesta que huye de la ligereza estival para adentrarse en el lado más complejo de los vínculos afectivos. Bajo el título <em>Amores tormentosos</em>, la revista reúne a 16 autoras que escriben con absoluta libertad sobre <strong>las relaciones que nos construyen y nos desordenan</strong>: pasiones, celos, dependencia, violencia, deseo, humor y memoria.</p><p>El especial, ilustrado por Paula Bonet —autora también de la portada—, recoge textos de <strong>algunas de las voces más destacadas de la literatura contemporánea</strong>. Entre ellas, Cristina Araújo Gámir, Sara Barquinero, Najat El Hachmi, Luna Miguel, Cristina Morales, Lara Moreno, Marina Perezagua, Llucia Ramis o Isabel Soler, junto a los cómics de Candela Sierra y Flavita Banana. Los relatos transitan desde el desamor y la ruptura hasta la ironía y la crítica, en un recorrido que invita a leer sin prejuicios y a dejarse sorprender.</p><p>La presentación del número tendrá lugar el <strong>miércoles 1 de julio</strong>, de <strong>19:00 a 20:00 horas</strong>, en el <strong>Espacio Ronda</strong> (Ronda de Segovia 50, Madrid), en su Sala Azul. La mesa estará moderada por Ramón Reboiras, jefe de redacción de <em>TintaLibre</em>, y contará con la participación de las escritoras Lara Moreno, Candela Sierra, Andrea Genovart y Marta Gesto.</p><p>El acceso es gratuito, aunque el aforo es limitado y requiere reserva previa. Si eres socia o socio de <strong>infoLibre</strong>, puedes inscribirte <a href="https://www.tickettailor.com/events/infolibre/2281069?utm_source=infoLibre&utm_campaign=62abfea7e0-email_20260629_RefEventoTintaLibreVerano_Socios&utm_medium=email&utm_term=0_-85b1a9190a-169865455" target="_blank">en este enlace</a>. ¡Y si no eres socio, <a href="https://usuarios.infolibre.es/hazte_socio/" target="_blank">pinchando aquí</a> puedes remediarlo!</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Jun 2026 17:29:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <title><![CDATA[Historias de comunistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/desde-la-casa-roja/historias-comunistas_129_2211595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d1f73c88-8188-40da-8712-b0cfed7189e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Historias de comunistas"></p><p>Quizá tenga un imán que no sé explicarme. Intento alejarme de ellas, pero me vuelven a los ojos. <strong>Quizá, también, tiene que ver algo una nostalgia equivocada por ese siglo XX ya extinto en que muchos nacimos.</strong> Un intento por entenderlo desde algún lugar de todos sus lugares posibles. Su violencia, su eco persistente, sus dictaduras, el sustrato del que partió hacia la Historia rompiéndola en dos.</p><p>Hace un mes, al bajar de un taxi en Coyoacán, Ciudad de México, nos dimos cuenta de que estábamos frente a la que había sido la casa de Trotski. Por qué no entrar. <strong>En esa casa de la calle Viena, de ventanas tapiadas por seguridad entonces, garitas de vigilancia en sus muros, con los agujeros en la pared por los disparos de un intento anterior, fue asesinado Liev Davidovich, Trotski, por el español Ramón Mercader, en agosto de 1940.</strong> Mercader se metió en su despacho y le clavó un piolet en el cráneo. Así terminaba la vida del dirigente político, escritor y filósofo ruso, figura clave de las revoluciones de 1905 y de octubre de 1917, lejos de la URSS, en México, donde vivía en el exilio gracias a la invitación que propiciaron Frida Kahlo y Diego Rivera, tras ser desterrado a Siberia primero, expatriado después, por oponerse a la dictadura de Stalin.</p><p><strong>Laura Ramos, escritora y periodista argentina, ha escrito un libro que se titula </strong><em><strong>Mi niñera de la KGB</strong></em><strong> (Lumen, 2026) y donde recuerda la vida de África de las Heras, una de las mejores agentes internacionales que tuvo la KGB.</strong> Lo presentamos hace unos días en Madrid. África, María Luisa, Yvonne, Maya, Patricia, la camarada Patria, había nacido en Ceuta en 1909 en una familia de militares y murió en la URSS en 1988, condecorada por los soviéticos y con rango de coronel. Había dedicado su vida a ser espía. Fue en Montevideo, en los años sesenta, cuando la escritora conoció a esta mujer, cuya tapadera era ser modista y niñera en Uruguay. Donde se casó con el escritor Felisberto Hernández, donde envenenó a su segundo marido, otro espía, y desde donde conseguía documentación para los agentes rusos. <strong>Y fue hace menos de diez años cuando Laura descubrió su verdadera identidad y emprendió la búsqueda de sus pasos por todo ese siglo pasado que ella ve, me dice, en blanco y negro.</strong> Dicen que “nuestra María Luisa”, como ella la llama, participó en el asesinato de Trotski. Que formó parte del secretariado del ruso y trazó los planos de la casa para que Mercader culminara los planes de Stalin.</p><p>No sé ya por qué quería leer <em>El hombre que amaba a los perros</em>. A veces, da igual de qué vayan las novelas, su trama, importa cómo nos las cuentan, y <strong>este libro está escrito en estado de gracia absoluto, debe ser un clásico contemporáneo.</strong> Pero da la casualidad de que habla de ellos: de Mercader, de Trotski, de un periodista en La Habana, incluso aparece en sus páginas María Luisa, la niñera de Laura. Cuenta Padura que se le ocurrió esta novela visitando la casa de Coyoacán. <strong>No sé si se cerrará mi círculo </strong>con esta historia que se ha colado en los últimos días de mi primavera. Supongo que no, que seguirá llegando a mis manos sin planearlo, poniendo orden o verdad en unas biografías perdidas.</p><p>Llueve hoy en Beijing. Cae una lluvia floja que se suspende en el aire y cuesta respirar. Cae el agua sobre la estatua de Mao, sobre las avenidas infinitas y una niebla densa difumina el final de los edificios altos de la ciudad. Arrastro un <em>jet lag</em> en sentido inverso a mi experiencia y no sé cómo manejarlo. Solo quiero volver al hotel, encerrarme a <strong>terminar esa novela de Padura </strong>y emprender otra que me ayude a transitar por <strong>esta galaxia nueva para mí, la China del siglo XXI.</strong> Será el mejor de los tiempos, será el peor de los tiempos. No lo sabemos. <strong>Pero alguien nos lo contará.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 18:16:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Aroa Moreno Durán]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Historias de comunistas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[China,Rusia,Pekín,Exilio,Literatura,Dictadura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Coulrofobia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/coulrofobia_1_2209911.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f167a95c-eedf-419a-9e8f-eed3b15ac81f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Coulrofobia"></p><p><strong>A Carlos Ventura</strong></p><p>El pequeño repara en la feria abandonada al divisar el payaso boletero. Recibe la entrada y aborda. Mientras la montaña rusa desciende, un túnel con forma de fauces abiertas engulle al niño. El payaso autómata traga, se relame y prepara el siguiente pase. La taquilla se ilumina y el juego mecánico se reposiciona, aguardando.</p><p>Fuimos al estreno de la película La ciudad líquida. En la primera escena, los edificios se ablandaban como manteca y los semáforos se diluían. Luego, el actor principal, en una grabación detrás de cámaras, hizo un gesto de advertencia, al tiempo que el brazo se le doblaba y caía deshecho en el pavimento. Al terminar la función, la sala iluminada me dejó confirmar que los demás espectadores, incluyendo mi acompañante, se habían derretido en sus butacas.</p><p>Aurelia siempre llevaba puesto el relicario. Aunque aparecía con él en todas las fotografías y álbumes escolares, nadie conocía su contenido. Una vez intentamos quitárselo mientras dormía, pero, como si fuera parte de sí misma, se despertó para arrebatárnoslo. Más adelante, durante el viaje al lago, tratando de recuperar el objeto perdido, contrajo una infección respiratoria. Luego supimos que estaba muriendo de pulmonía y la acompañamos en sus últimos días. No lo abran hasta que yo no esté, dijo después de entregarnos la reliquia. Al desabrocharlo, descubrimos el ojo que nos muestra su vida en aquel mundo.</p><p><em><strong>*Norma Yurié Ordóñez</strong></em><em> (Guatemala) es diseñadora gráfica y autora de 'Espejismos de bolsillo' (Editorial Cultura, Guatemala, 2024); 'Artefactos mínimos' (Proyecto Editorial La Chifurnia, El Salvador, 2022); 'Don Simón' (Primer Premio Nacional de Literatura para Nuevos Escritores, Tipografía Nacional, 2013). Pertenece a la Red de Escritoras de Microficción (REM) y es coordinadora del proyecto de difusión de microrrelatos internacionales en formato audiovisual MicroAudioteca.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[f22f6c74-56d2-48c6-90e6-357a4b34697a]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2026 04:00:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Norma Yurié Ordóñez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Coulrofobia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué estoy haciendo aquí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/haciendo_129_2207959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué estoy haciendo aquí"></p><p>Escribir supone una responsabilidad en relación con la propia conciencia y con el diálogo que se merecen los lectores. Leo las memorias que acaba de publicar Benjamín Prado, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memorias-benjamin-prado-haciendo_1_2199546.html"  ><em>Qué estoy haciendo aquí</em></a> (Alfaguara, 2026) y <strong>me emociona recordar, volver a vivir algunos episodios compartidos</strong> a lo largo de una amistad que dura ya 45 años. Carcajadas, risas, sonrisas, lágrimas, llantos, aparecen y desaparecen en las escaleras que suben y bajan por la vida. Nos conocimos por azar en una cafetería de Granada. Benjamín dice que a sus mejores amigos los ha conocidos en los bares, lo cual <strong>habla mucho de nuestras costumbres, y la verdad es que esas han sido nuestras costumbres</strong>. Pero aquel día, en realidad, yo estaba hablando de trabajo con otro escritor en una cafetería de Granada y tomaba un café con leche a media mañana, no una copa a altas horas de la noche, esa noche en cuerpo y alma que tantas veces hemos compartido con Joaquín Sabina, Ángel González, Chus Visor o Almudena. Para decir la verdad, nuestra verdad verdadera, a veces las anécdotas deben acercarse a la ficción y representarnos en un sentido amplio de la existencia, sin someterse a un hecho concreto.</p><p>Más allá de los recuerdos, la lectura me interesa por los <strong>buenos procedimientos literarios con los que Benjamín cuida la elaboración de sus memorias</strong>. Los libros son lo contrario del miedo y de la soledad, escribió en un poema. Salir a escena supone un acto de valentía que necesita cuidados. Escribir recuerdos supone asumir la necesidad de conocerte y de saber quién eres, porque no bastan las respuestas fáciles o simplificadoras. Supone también escribir a cuatro manos, porque <strong>el yo se desdobla en sus sombras para que la conciencia vigile y controle las palabras</strong>. Supone pedir tiempo, huir de la prisa que nos rodea, comprender que la vida no es una mercancía de usar y tirar y que la cultura representa el valor de un pasado que camina hacia nosotros. <strong>Día a día necesitamos un esfuerzo para regresar al futuro, a la ilusión de un futuro</strong>. Escribir memorias, además, supone comprender lo que nos enseñó Gertrude Stein: “Ya no existe un aquí-aquí”. Pasan los años, desaparecen muchas personas, muchas situaciones que conformaban nuestro presente, y debemos asumir que nos envuelve el vacío y que, a falta de la palabra siempre, podemos aspirar a resistir, pero no a ser lo mismo que fuimos. Es algo que se agrava cuando una enfermedad nos amenaza. Sentimos la necesidad de salvar los recuerdos.</p><p>Benjamín va recordando cosas y comprendemos que la vida es un azar, una <strong>sucesión de sorpresas y posibilidades abiertas</strong>, así que necesitamos encontrar las claves que ordenen las curvas de la existencia, el argumento que nos ayude a encajarnos en el relato de nuestra memoria. Detrás del regreso al futuro que implica el amor por sus hijos, detrás de los sentidos del presente que definen sus poderosos sentimientos de amistad, <strong>la clave que ordena la memoria de Benjamín es la vocación literaria</strong>. Su labor como escritor y sus trabajos en periódicos, radios, revistas e instituciones, como un militante y protagonista cultural, le han llevado a establecer con mucha gente relaciones que pasaron de lo profesional a la amistad. Las escenas compartidas con García Márquez, Cela, Vargas Llosa, Ana María Matute, Paul Auster, Javier Marías, Patti Smilth, Felipe Benítez Reyes… cubren unas páginas cargadas de recuerdos notables.</p><p>Pero esos recuerdos cobran sentido en el niño que se aficionó a la literatura mientras su madre veía en la televisión las series basadas en novelas famosas o las obras de <em>Estudio 1</em>. Y se cargan de significación cuando <strong>dos profesores, en un colegio y un instituto, consiguen contagiarle el amor por los libros</strong>, todo lo que cabe en las palabras, el compromiso de la literatura con la vida, que es inseparable de un compromiso con cualquier debate que afecte a la sociedad. En las novelas protagonizadas por Juan Urbano, que envuelven sus tramas con acontecimientos históricos muy conocidos, Benjamín procura asumir las necesidades de la ficción sin caer en las falacias y en las falsificaciones de los hechos. Ese es también el reto que asume en sus propias memorias.</p><p>Como lector, como amigo, como compañero de naufragios y orillas, me pregunto con Benjamín ¿qué estoy haciendo aquí? Y <strong>me respondo a mí mismo que no lo sé del todo</strong>, porque eso nunca se sabe, pero que mi vida encuentra sus mejores significados en el amor por mis hijos, en la vocación literaria y en la suerte de contar con personas que me han acompañado siempre, a lo largo de los años difíciles, sin que mis propios errores hayan supuesto una barrera. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 17:25:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Qué estoy haciendo aquí]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pol Guasch: “'Reliquia’ ha situado en los medios el suicidio no como tema, sino como relato de vida”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/eventos/premios-jovenes-infolibre/premios-jovenes-infolibre/pol-guasch-reliquia-situado-medios-suicidio-no-tema-relato-vida_1_2207469.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/98afcd54-1c15-496a-b4d5-adfe228c2ae4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pol Guasch: “'Reliquia’ ha situado en los medios el suicidio no como tema, sino como relato de vida”"></p><p><strong>Pol Guasch</strong> (Tarragona, 1997) es autor de uno de los libros más impactantes y comentados de lo que llevamos de año. Hablamos de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/pol-guasch-escritor-suicidio-no-explicar-vida-suicida_1_2147015.html" target="_blank"><em>Reliquia</em></a><em> </em>(Anagrama, 2026), el relato del suicidio de su padre, pero mucho más que eso, pues es también la búsqueda para entender cómo se forjan los vínculos familiares, a qué condena el silencio, dónde se esconde la verdad de la intimidad. Un texto sobre la muerte y la ausencia que, sin embargo, conduce a los momentos más deslumbrantes de la amistad y el amor. </p><p>Su refinado y profundo uso de la escritura como herramienta para comprender ha convertido a Pol Guasch en una de las voces más destacadas de la literatura contemporánea en catalán y castellano, pues en esta novela el autor demuestra la capacidad de la literatura para abrir preguntas, desafiar certezas y ampliar los límites de la conversación pública. Por todo ello y por lo que está por venir, recibirá el <a href="https://www.infolibre.es/club-infolibre/eventos/premios-jovenes-infolibre/premios-jovenes-infolibre/" target="_blank">Premio Joven infoLibre 2026 a la Cultura</a> el próximo 18 de junio, en la gala que tendrá lugar en Barcelona.</p><p><strong>¿Quién es Pol Guasch?</strong></p><p>Me cuesta mucho presentarme, no sé por dónde empezar. Soy un chico de 28 años que nació en Tarragona, hace diez que vive en Barcelona y se dedica principalmente a escribir.</p><p><strong>Perdón por la broma, pero ¿no es acaso uno de los escritores del momento?</strong></p><p>Las cosas se hacen muy distintas desde dentro y desde fuera. Intento no pensarme mucho desde la recepción, sino hacerlo desde la cotidianidad de lo que hago. No me fijo especialmente en la percepción externa; procuro fijarme más en la posibilidad de escribir y de leer, y de dedicar el máximo tiempo posible a la escritura, que es algo que he podido ir haciendo en los últimos años, con muchos esfuerzos. Todo lo que hago está de algún modo relacionado con la escritura, lo cual no significa que esté todo el rato dedicándome a escribir mis libros, sino que la mayor parte de mi día a día lo paso escribiendo. De hecho, acabo de depositar mi tesis doctoral, aunque muchos días lo que escribo son emails. Cuando digo que la mayor parte de mi tiempo me dedico a la escritura, no lo digo solo en términos económicos. Hay profesiones en las que, a lo mejor, tienes más <em>feedback</em>, la impresión constante del público. Con la escritura, en cambio, raramente lo percibes. Sabes que te leen porque se reedita tu libro, porque vas a una presentación o a la Feria del Libro de Madrid y acude gente a pedirte firmas. Pero, en realidad, son muy pocos los momentos en los que uno se da cuenta de que su escritura está generando efectos en el mundo. La mayoría del tiempo no hay respuesta. Es una tarea muy silenciosa, como lanzar un grito a un valle y no escuchar eco.</p><p><strong>Por curiosidad, ¿de qué trata su tesis doctoral?</strong></p><p>He escrito una tesis doctoral en la que me pregunto por qué la sociología del amor ha acabado con la literatura dentro del espacio académico a la hora de pensar las relaciones amorosas. Lo que hago es preguntarme por qué la literatura ya no forma parte de los estudios del amor, cuando literatura y amor siempre han ido de la mano, desde Sartre, Platón, el <em>Poema de Gilgamesh</em> y tantos otros. En un contexto que sólo prima los datos, el análisis y la estadística, me interesa pensar por qué se ha producido una especie de desahucio de la dimensión más mistérica y sugerente de la literatura en esos estudios, particularmente los afectivos. Además, recupero la obra de tres autores del siglo XX que no han sido canonizados como autores del amor e intento indagar en sus poéticas, en sus escrituras, pues realmente están forjando una teoría amorosa que sería interesante recuperar y repensar: Clarice Lispector, Franz Kafka y Marina Tsvetáyeva. Los últimos cuatro años me he dedicado a leer y escribir sobre eso.</p><p><strong>infoLibre le premia, entre otros motivos, por "demostrar la capacidad de la cultura para abrir preguntas, desafiar certezas y ampliar los límites de la conversación pública", nada menos. ¿Qué le dice esto?</strong></p><p>Bueno, es que la literatura siempre ha sido eso. Es decir, para mí, escribir, y antes de escribir, leer, siempre ha sido un espacio de indagación, nunca de afirmación. De hecho, con la escritura nunca he ido a buscar respuestas, he ido a perderme, a desorientarme y a entregarme a algo desconocido, algo que es siempre diferente e inexacto. Eso lo empecé a hacer al leer, cuando todavía no escribía, y después lo descubrí también en la escritura, como ese espacio donde se podía ir un poco más allá. Y ese más allá no implicaba abstraerse. Siempre me habían dicho que escribir era una forma de despegarse del mundo, de entrar en otra dimensión, pero para mí escribir siempre ha sido una forma de aterrizar distinto. Y leer siempre ha sido una forma de encontrarme con lo que no soy, con la diferencia y la alteridad. Esas palabras de infoLibre me resuenan porque, para mí, tanto la lectura como la escritura, siempre han significado eso.</p><p><strong>En ese proceso de encontrarse con lo que uno no es, ¿qué ha aprendido de </strong><em><strong>Reliquia</strong></em><strong> desde su publicación en enero?</strong></p><p>Hay dos procesos que es importante diferenciar bien e insistir en que no tienen nada que ver: una es la escritura y otra la publicación. Cuando uno escribe o, al menos, cuando yo escribo, solo pienso en la escritura y en nada más. Me dejo perder, me entrego a ese texto y no pienso en las finalidades ulteriores ni en lo que puede generar, ya que eso sería traicionar a la escritura misma. Yo pienso solo en la escritura y en lo que está pasando en ese espacio que se abre, pero después llega la recepción y ocurren cosas que a uno se le escapan, porque no las había previsto ni calculado. Por eso, el libro puede decir ahora cosas que no podía decir cuando se publicó hace seis meses, ni hace cuatro, ni incluso hace un año, cuando lo estaba escribiendo.</p><p><strong>Eso es que el libro está vivo.</strong></p><p>Sí. Y tengo la sensación de que ha ocurrido algo interesante, que no pensaba cuando escribía ni cuando publiqué <em>Reliquia</em>, y es que la cuestión del suicidio ha ocupado titulares de entrevistas, de diarios, de medios de comunicación. Eso no ocurre nunca, porque socialmente solo se puede abordar el suicidio desde una noticia o desde un estudio académico. Tengo la sensación de que solo podemos hablar de este tema de una forma analítica, fría, con datos y sin historia. Y, al mismo tiempo, siento que <em>Reliquia </em>ha podido situar la cuestión del suicidio no como tema, sino como historia, como relato de vida, en diarios, en medios digitales, en titulares, en portadas, en contras. Para mí, eso es algo que no calculaba. La escritura de este libro no tenía esa intención para nada, pero es algo que con el paso del tiempo celebro y que, de algún modo, demuestra que estamos sedientos de relatos de vida.</p><p><strong>¿Relatos de vida?</strong></p><p>Hay muchas cuestiones en nuestra sociedad de las que hablamos mucho. En este caso sería la salud mental, sobre la que es casi imposible no encontrar una noticia cada día. Pero es que incluso se ha creado ese concepto de salud mental que nos permite hablar de cuestiones muy profundas de una manera muy fría, muy calculada, desposeída de historia y de verdad. Por eso, creo que, de algún modo, el libro ha permitido una conversación en la que lo importante no es la categoría de salud mental, sino abrir una historia de vida. Eso es lo que la gente necesita y quiere: armar relatos sobre qué ha pasado en sus familias, con sus amistades, con sus vidas. Si tuviera que hacer un balance de lo que ha hecho el libro en estos últimos meses, destacaría eso. Para mí ha sido una sorpresa que obviamente celebro.</p><p><strong>La literatura, sea ficción o no ficción, pone en el tablero temas como el suicidio y la salud mental, de los que no somos capaces de hablar con profundidad en otros ámbitos, como sin ir más lejos el periodismo, donde es tan importante el titular.</strong></p><p>Claro. Creo que el espacio o el discurso literario llega a lugares a los que no llega el discurso histórico, sociológico, científico o periodístico. Y es así por esa dimensión de apertura, de abrirse a lo desconocido y ponerse a escribir sin cálculo, sin saber exactamente lo que va a ocurrir con ese texto. Lo que ocurre con la literatura, ese espacio inexacto y no coincidente con la realidad, es que abre puertas. Y yo creo que escribo por eso; si no, no escribiría.</p><p><strong>¿Están las nuevas generaciones abriendo la conversación pública sobre estos temas? En los medios siguen sin publicarse noticias sobre el suicidio, es una norma no escrita. ¿Nos ayudaría a ser una sociedad más sana hablar más abiertamente de ello y leer más relatos de vida?</strong></p><p>Estoy de acuerdo con lo que dices, aunque soy muy reacio a los discursos sobre salud mental. Tengo la sensación de que esta categoría ha servido para fingir que hablamos de un malestar y se ha convertido como una suerte de lugar común, una categoría que ya no significa nada. Me parece que ha pasado algo parecido con palabras  como juventud o precariedad, palabras que se han vaciado de sentido, en gran parte por lo que han hecho los poderes económicos y políticos, pero también los medios. No sé si acuñar este concepto ha servido para crear una conversación de historias y de relatos, o si ha servido para hacer un <em>check </em>sobre una cuestión urgente. Es decir, no sé si es más una operación cosmética o una voluntad clara de tener una conversación sobre eso. Hay algo que me dice que esta categoría esconde más de lo que abre. Esto lo digo como respuesta rápida, porque se tendría que matizar muchísimo, pero no sé si normalizar la categoría de salud mental realmente ha ayudado a expresar y profundizar en la cuestión del malestar social y de las pocas ganas de vivir que tiene muchísima gente.</p><p><strong>¿De dónde vienen esas pocas ganas de vivir? ¿Es algo social o individual?</strong></p><p>Eso es lo que indago en el libro. Te podría decir que mi respuesta a esta pregunta es <em>Reliquia</em>. Supongo que es imposible separar una dimensión social de una pregunta vital, biográfica y existencial. El problema, seguramente, sería darte ahora una respuesta que solo señalara la dimensión social, o una respuesta que solo señalara la dimensión biográfica, personal y existencial. Es imposible responder esto y seguramente por eso escribí ese libro.</p><p><strong>¿Qué importancia tiene para Pol Guasch escribir en catalán?</strong></p><p>Para mí no es una cuestión de importancia, sino de obviedad. Cuando me plantean estas cuestiones, me pregunto: "¿Le preguntarían a una persona que escribe en castellano cómo de importante es para ella escribir en castellano?" Creo que es una pregunta que no le han hecho absolutamente a nadie. ¿Le preguntarían a una persona que escribe en inglés cómo de importante es para él o para ella escribir en inglés? Creo que también es una pregunta que no se le ha formulado a nadie. Socialmente, hay una percepción según la cual quienes escribimos en una lengua minorizada tenemos que dar las gracias o reivindicar el hecho de poder hacerlo. En cambio, muchísima gente está escribiendo en otras lenguas que son igual de valiosas, preciosas e importantes, pero ese cuestionamiento sobre su dimensión no se les plantea. </p><p><strong>¿En la propia pregunta está la minusvaloración involuntaria?</strong></p><p>Es algo que ocurre y que deberíamos empezar a cuestionarnos y, a la vez, te digo que es normal que me hagas esa pregunta porque también nos la hacemos las personas que escribimos en lenguas minorizadas. Maria Mercè Marçal, una de nuestras grandes poetas, decía que formar parte de una cultura minorizada y oprimida también tiene algo de privilegio, porque implica estar constantemente repensando no solo su futuro, sino también su legado. Uno está constantemente repensando el pasado y el futuro de esa lengua y de esa cultura, en tanto que esa lengua y esa cultura no son obvias o socialmente no están marcadas como culturas y lenguas obvias, naturales y hegemónicas. Eso también te obliga a cuestionarte constantemente qué estás haciendo y cómo lo estás haciendo. Y esta pregunta que me da el hecho de escribir en catalán, ha marcado totalmente mi escritura. Es decir, yo creo que no hubiera escrito lo que he escrito y no hubiera llegado a los sitios donde he llegado si hubiera escrito en una lengua que no es esta.</p><p><strong>Igual no tiene mucho que ver, pero los medios preguntamos mucho a los grupos de música de chicas, por ejemplo, cómo es ser un grupo de chicas, pero no se lo preguntamos a los grupos de chicos.</strong></p><p>Exacto, y sí que tiene muchísimo que ver. Lo que ocurre con la lengua es que estamos todos muy sensibilizados con cuestiones de racialización, de género, de sexualidad y, cada vez más, de clase. Pero, en cambio, no estamos nada socializados, y menos en este país, con cuestiones que tienen que ver con lengua y con cultura. Parece que la violencia lingüística y cultural no existen o es algo menor. En realidad, y eso lo dice Elena Yásnaya Aguilar, una lingüista que me fascina, los derechos lingüísticos son los primeros por los que deberíamos luchar y que deberíamos reivindicar, porque sin lengua no hay existencia, y sin lengua no podemos reclamar los otros derechos, ni podemos articular las otras luchas. La primera lucha que deberíamos tomar política y socialmente es la lingüística y la cultural, porque sin lengua no hay comunidad, y sin lengua no hay exigencias, no existe la posibilidad de articular las otras luchas. </p><p><strong>Para terminar, dijo antes que uno toma conciencia de cómo va el libro porque se reedita o porque la gente va a las firmas. ¿Son las firmas lugares en los que la literatura cobra vida al encontrarse el autor y el lector? ¿Qué ha aprendido de sus encuentros con los lectores de </strong><em><strong>Reliquia</strong></em><strong>?</strong></p><p>Sí, totalmente. Para mí, lo bonito de estos últimos meses es que las firmas, los clubes de lectura y las presentaciones han sido espacios de encuentro y de compartir muchas historias con los lectores. La gente me ha contado cómo el libro ha resonado en sus biografías y en sus historias personales, así que de estos meses me llevo muchas cosas y me siento cargado de historias. Han sido meses en los que he podido leer muy poco y no he escrito nada, pero, en cambio, tengo la sensación de haber leído muchos libros por lo que la gente ha compartido conmigo. Esto es muy valioso, ya que me tomo el proceso de publicación y recepción como un momento en el que el libro se sigue escribiendo. Cuando imprimes el libro, todavía no está terminado. A mí me gusta acabar de escribirlo con los lectores, porque es cuando lo que has escrito realmente se eleva y cobra un nuevo sentido. Ahora tengo la sensación que es imposible separar <em>Reliquia</em>, y la historia que se cuenta en ese libro, de todas las historias que me han contado los lectores en estos encuentros. De hecho, cuando pienso en <em>Reliquia</em>, hay veces en las que pienso más en estas historias que se han invocado en los últimos meses que en la historia que aparece en el propio libro.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jun 2026 17:52:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Pol Guasch: “'Reliquia’ ha situado en los medios el suicidio no como tema, sino como relato de vida”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Persépolis']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/persepolis_129_2205466.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8e2e132e-f2b4-4406-9bd0-fadd2af03cb5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Persépolis'"></p><p>Hoy hice un ejercicio de empatía.</p><p>Me rebauticé <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/muerte-satrapi-deja-shock-feria-libro-madrid-persepolis-deberia-lectura-obligatoria_1_2204029.html"  >Marjane Satrapi</a> y renací en Teherán en 1969, en una familia donde las conversaciones sobre política y justicia eran tan naturales como hablar del tiempo.</p><p>Desde niña <strong>me enseñaron a cuestionarlo todo</strong>, a no aceptar medias verdades y a evaluar los acontecimientos con ojos críticos. Mi infancia estuvo regada de arte y preguntas polémicas: ¿Por qué el sufrimiento de unos nutre el superávit de otros? ¿Inspirar normas espira anormalidad? ¿Lo arbitrario es legal?</p><p>Yo soy hija de este Irán-marioneta cuyos hilos penden de <strong>cuatro sucesos antagónicos</strong> que han arrojado nuestras vidas a un cuadrilátero del horror.</p><p>En 1951, Mohammad Mossadeq, primer ministro democrático, abrió la caja de Pandora al <strong>nacionalizar la industria petrolera</strong>, hasta entonces controlada por la compañía británica AIOC.</p><p>En 1953, un <strong>golpe de Estado, promovido por USA y el Reino Unido</strong>, instauró la monarquía del Sha: miles de disidentes ejecutados durante su reinado, decenas de miles de torturados, carta blanca al servicio secreto SAVAK, oligarquía, elitismo, vasallaje a occidente.</p><p>En 1979, la <strong>Revolución Islámica del Ayatolá Jomeini</strong> estableció su régimen religioso: decenas de miles de ejecuciones y torturados, teocracia, segregación patriarcal de la mujer, velo y normas de vestimenta, limpieza ideológica.</p><p>En 1980, USA, Reino Unido, Francia y Alemania intentaron <strong>recuperar el monopolio del petróleo</strong> apoyando la invasión de Irak en Irán. Sembraron un millón de cadáveres y ocho años de desolación.</p><p>Entre tanto, mis progenitores despertaron mi conciencia. Me educaron para pensar sin renunciar a la curiosidad, el asombro y la compasión. Aprendí la historia de Irán, con sus logros y errores. <strong>Mamé un axioma</strong>: la libertad y los derechos humanos son tesoros que se obtienen con sacrificio y valor.</p><p>Pero fuera de la égida parental, <strong>mi espíritu rebelde se ahogaba bajo la panoplia de las reglas</strong>. No consentí que mi estilo de vida lo guiara un pedazo de tela como las anteojeras de las caballerías de tiro. Ningún gobernante tenía potestad para controlar mi cuerpo y mi pensamiento. Mis amigas y yo nos inventábamos triquiñuelas clandestinas para preservar nuestras ideas en una sociedad que nos quería tapadas y calladas.</p><p>Mis ansias de conocimiento devoraban libros y hacían de mí una esponja de lo divino y lo humano. Me fue poseyendo el impulso de expresarme. Necesitaba compartir los sentimientos que me inspiraba el mundo. <strong>Comenzó mi pulso personal</strong>. Frente a censura y coacciones, literatura e ilustraciones.</p><p>A los catorce años me enviaron al liceo francés de Viena para impedir que cortasen las alas a mi formación. Dejar atrás familia, amistades y raíces fue duro. <strong>Añoraba Teherán, sus olores, sus sonidos, sus sabores, sus calles</strong>, y el aliento de mis allegados. Sufrí soledad. Ser libre no siempre resultó cómodo, requería reprogramar los automatismos conductuales. La búsqueda de mi lugar, en una encrucijada que conciliase evolución y autenticidad, era un laberinto.</p><p><strong>Europa me enchufó su electroshock cultural</strong>. Los iraníes suscitábamos prejuicio, paternalismo o fisgoneo inquisitivo. Tenía que explicarme, defenderme, justificarme. Empecé a sentirme orgullosa de mis orígenes. La distancia me ayudó a comprender la complejidad histórica de mi nación, sus contradicciones y la fuerza indómita de sus gentes.</p><p><strong>Construir mi identidad era una tarea diaria</strong>, a caballo entre dos mundos a veces incompatibles, y el regreso a Irán me exigía armonizar pasado y presente para no sentirme extraña en mi propia casa.</p><p>Con el tiempo decidí contar mi experiencia. La novela gráfica, combinando imágenes y palabras, era la mejor herramienta para transmitir sentimientos que no podía comunicar solo con texto.</p><p><strong>Nació </strong><em><strong>Persépolis</strong></em><strong>, síntesis de humor, crítica social y emociones desgarradas</strong>. Espejo de una generación que vivió la revolución, la guerra, la represión y el exilio. Retrato de una niña que creció entre bombas y reivindicaciones, una joven que quiso ser ella misma en un mundo polarizado e intransigente, y una mujer que destiló sus vivencias en arte y testimonio. Semblanza de toda una juventud aferrada a sus ideales, que no entregó al miedo su destino. Dibujos y relato al servicio de la resistencia de un pueblo frente a la opresión de los intereses económicos y fundamentalistas. Legado contra imposiciones. <strong>Narrativa escénica versus belicismo cruel.</strong></p><p><em>Persépolis</em> recoge el eco de la antigua capital persa, símbolo de una época floreciente. Aunque estuviera sometida al rey y su administración, y solo la elite disfrutara de la cultura, existía una riqueza creativa e intelectual impensable en nuestro Teherán regido por el oscurantismo y la represión.</p><p>Inmune a los vaivenes del poder, esa legendaria promesa de realización, impregnada en nuestra entraña, siempre regresa. Es un ágora inmortal, como los cuentos farsi de <em>Las mil y una noches</em>, donde <strong>hallan voz quienes luchan por hacerse escuchar</strong> en un tiempo empeñado en silenciarles.</p><p>Mi madurez de cincuenta y seis años, mis creaciones y mi refugio en el bello Marais de París no evitan que siga arrastrando el <strong>estigma de esquizofrénica dualidad existencial</strong>. Mientras mi obra recibe premios —del León en Bélgica, Princesa de Asturias, del jurado en el Festival de Cannes, nominación al Óscar—, mi amado Irán la prohíbe…</p><p>Ver mi tierra masacrada otra vez por <strong>el imperialismo extranjero</strong> clava un puñal en mi corazón, y prende en mis ojos un fuego de amargura que arde noche y día. Dos mil quinientos años atrás, Alejandro Magno borró del mapa Persépolis. Y ahora pretende emularlo el nuevo pelele de esa vieja aspiración usurpadora.</p><p>La bola de cristal de la actualidad refleja a los mismos conquistadores de antaño, <strong>vomitando la violencia de siempre</strong> y disfrazando su afán de lucro con discursos mendaces.</p><p>El pueblo paga la factura de esa delirante ambición. <strong>Terror, ruina, víctimas y duelo. </strong>Cada joven que sale a la calle, cada familia que pierde a un ser querido o el hogar, replica las tragedias que viví en mi infancia y adolescencia.</p><p>Invoco el <strong>lenguaje del alma frente a los regímenes dictatoriales</strong> y la hegemonía de las superpotencias. La libertad y la creatividad son las dos piernas de esa memoria activa que sobrevive a las tiranías y camina hacia el futuro incluso en la noche más negra.</p><p>¡<strong>Persépolis, levántate y anda</strong>!</p><p>____________</p><p><em><strong>Fernando Claudín di Fidio</strong></em><em> es escritor.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 04:01:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Claudín di Fidio]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Persépolis']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Animal político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/animal-politico_1_2203183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b5381542-dc8e-4cb8-bdba-ede13b19003d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Animal político"></p><p>Antes que todo, soy un animal político, me dije, parafraseando al filósofo griego Aristóteles. De pronto, apareció una turba de neonazis, y arremetieron contra mí, tachándome de comunista. Recibí golpes y patadas, que me dejaron inconsciente. Cuando me reponía de la agresión, asomó por la calle un grupo de comunistas, quienes también se fueron contra mí, tildándome de neonazi; andanadas de golpes y patadas me condujeron a la cama de un hospital. Ahora que, por fin, me dieron de alta, con el cráneo y un par costillas fracturadas, he decidido, realmente, convertirme en un animal político.</p><p>A ese hombre, decían sus detractores, el cigarrillo lo llevaría al cementerio, pues fumaba y fumaba hasta casi desfallecer. Sin embargo, lo que sus acusadores no habían previsto es que, a pesar de las operaciones que le extrajeron medio estómago, parte del duodeno y el esófago, él siguió fumando durante años, hasta que un día ascendió a los cielos, envuelto en una nube de humo, como si el mismo tabaco lo hubiera elevado.</p><p>Dicen que es una <em>femme fatale</em>, pues sus cinco maridos fallecieron repentinamente. No obstante, si desea convertirse en el sexto de esa singular lista, no lo dude: búsquela, y será feliz, aunque quizás por poco tiempo, al descubrir sus delicados y terribles encantos.</p><p><strong>*Mario Guevara Paredes</strong> (Cuzco, Perú, 1956) es escritor, guionista y gestor cultural. Ha dirigido <em>Sieteculebras. Revista andina de cultura</em> (1991–2024) y publicado, entre otros libros<em>, Cazador de gringas & otros cuentos </em>(1995), <em>Usted, nuestra amante italiana</em> (2010) y <em>Gringas sí, yankis no / cuentos escogidos</em> (2021). Su obra forma parte de distintas antologías del cuento peruano y latinoamericano. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 04:01:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mario Guevara Paredes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Animal político]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA['Maite': intimidad y conflictos famliares en la sociedad vasca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/maite-intimidad-conflictos-famliares-sociedad-vasca_1_2202555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1dd13b97-d6c2-4112-b4ab-8f5c7302ed84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Maite': intimidad y conflictos famliares en la sociedad vasca"></p><p><a href="https://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. <em>El libro durmiente</em> se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p><strong>Tusquets. 2026</strong></p><p>Un mes después del lanzamiento de esta obra, las opiniones sobre <em>Maite</em> están bastante divididas.</p><p>Por un lado, nos encontramos críticas muy positivas sobre su profundidad psicológica. Otras no son tan benévolas, ya que consideran que esta obra no está a la altura de lo que se espera del autor. Lo cierto es que superar a <em>Patria </em>es bastante complicado.</p><p>Hay que valorar la profundidad que tienen los personajes; Maite, una persona compleja; Elene, su hermana y la madre.</p><p>Es una mezcla entre lo íntimo, de los conflictos familiares y lo histórico de la sociedad vasca en el contexto de ETA, centrándolo en los días amargos que se vivieron con el asesinato del concejal de PP, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fernando-aramburu-chavales-no-idea-miguel-angel-blanco_1_2155803.html"  >Miguel Ángel Blanco</a>.</p><p>Es una lectura amena, en la que Fernando trata de unir lo emocional y profundo de la relación de las hermanas. Maite vive volcada en su trabajo, los cuidados de su madre y su matrimonio, relación que igual no es todo lo idílica que ella quiere que veamos. La hermana marchó de su ciudad hace bastantes años y recaló en Estados Unidos, perdiéndose muchos momentos buenos y malos de su familia. Pero su sentimiento vasco parece que lo tiene muy arraigado.</p><p>El trabajo le lleva a Londres y aprovecha para pasar unos días con su madre y su hermana, pero todo son misterios, su matrimonio, sus hijos, la relación con su familia allá. Paradójicamente, ni ella conoce a su cuñado, marido de Maite, ni Maite conoce al marido de su hermana, ni a sus sobrinos. La madre no ha escuchado nunca la voz de sus nietos, ni de su yerno americano.</p><p>La maestría del autor hace que el lector esté pendiente en todo momento de la narración, y cómo en ese breve espacio de tiempo que pasarán juntas, madre e hijas, se hace indispensable saber qué pasará y cuáles son los problemas que oculta Elene.</p><p>Maite como hermana preocupada trata de saber qué ocurre en la vida de la otra, no es normal que llegue a San Sebastián y se hospede en un hotel y no en casa de la madre. Que le pida dinero a la hermana, que quiera que le envíe una Ikurriña en el próximo paquete de Navidad... una serie de misterios que se descubrirán.</p><p>Como ya he referido al principio, no es la mejor obra del autor, pero siempre merece la pena leer lo que escribe.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 04:01:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Teresa Argilés]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Maite': intimidad y conflictos famliares en la sociedad vasca]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La mejor edad': la mirada al tiempo de Luis García Montero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mejor-edad-mirada-tiempo-luis-garcia-montero_1_2202435.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2a3a2856-8cc9-4524-b3ee-ad4b9867b17b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mejor edad: la mirada al tiempo de Luis García Montero"></p><p><strong>Tusquets. 2026.</strong></p><p><a href="https://www.infolibre.es/autores/luis-garcia-montero/"  >Luis García Montero</a> regresa a la narrativa con <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/luis-garcia-montero-maximo-interes-extrema-derecha-desacreditar-politica-democracia_1_2177512.html"  ><em>La mejor edad</em></a>, publicada por Tusquets, con el estilo que le caracteriza, hacer de la prosa un fulgor poético, donde se desliza el mundo personal de este poeta ya consagrado, profesor en la Universidad de Granada, ensayista, articulista en distintos medios —<strong>infoLibre</strong> entre ellos— y ahora director del Instituto Cervantes. García Montero ha marcado toda una época de la literatura, pero también de la cultura. Su vuelta a la novela es realmente interesante.</p><p><em>La mejor edad</em> es un canto a la nostalgia, a lo que hemos sido y ya no somos, a las heridas del tiempo. Cuenta la historia de <strong>Manuel Benítez</strong>, que fue juzgado por el robo de un coche y por un atraco, en 1975. Su reencuentro con el juez <strong>Ramón María Zaldívar</strong> es una especie de catarsis que funciona como una caja de resonancias, ya que sirve para que Manuel lleve a cabo una radiografía del pasado. Su matrimonio con <strong>Paula</strong>, la abogada que le defendió es otro de los frentes del libro, porque Paula está enferma y Manuel asiste a su proceso de deterioro, lo que confronta la propia vida de <strong>Luis </strong>con la novela. El tema de la enfermedad —que Luis conoció cuando <strong>Almudena Grandes</strong>, la gran novelista, y su pareja, pasó por todo ello— define una realidad que la novela va desgranando.</p><p>Cito la mirada de Luis García Montero a Manuel:</p><p>“A Manuel, desde la época de la cárcel, desde su amistad con Felipe el extremeño, le gustaba aprender historias y palabras, y los jardines están llenos de sustantivos, adjetivos y verbos. El ojo del poeta es una flor naranja con una pupila negra que sube por el brezo y por las paredes de la casa”.</p><p>Manuel bebe mucho y Paula lo quiere abandonar, porque en cada página late el lenguaje poético del poeta granadino, que, incluso, al escribir la novela, desliza su mundo de imágenes, nos hace ver la belleza de un universo gris, que tiene fulgores, en los que destella la vida y sombras, en los que se adentra la muerte.</p><p>El amor por Paula será “una botella vacía”, dice Manuel, en boca del autor, que es todos los personajes, el narrador omnisciente de un mundo que se deshace, que se disuelve ante nuestros ojos. </p><p>Manuel, el superviviente, que habla con el juez en su reencuentro, cuida a Paula, y siente que es el alter ego de un hombre que no ha sido, un ser derrotado por el tiempo, que ha de confesarse y lo hace ante el silencio de Paula, enferma:</p><p>“Me tomo la última tónica, nos comemos las uvas y descansamos. Pero quiero que sepas, Paula, que mi único proyecto de futuro y de vida has sido tú. Que la palabra eutanasia me parece antipática, propia de un mundo lleno de residencias de ancianos y de pantalones juveniles rotos…”.</p><p>Y su amistad con <strong>Lola</strong>, bálsamo en tiempos de oscuridad. Todo camina, el juez que vuelve, Paula que va muriendo y la prosa que se extiende, con pocos diálogos, pero mucha reflexión, con el lenguaje que Luis García Montero moldea, lo convierte en el amanuense que descifra el código del tiempo. </p><p>Por ello, por esa idea de fondo de la evanescencia de la vida, de lo que realmente somos, seres fugaces en el curso del tiempo, Luis García Montero nos dice:</p><p>“Al final la vida es eso, una lista de nueve o diez cosas importantes. Todas te las debo a ti, menos la fotografía de mis padres, los dos tan felices, tan guapos y tan desconocedores de lo que iba a venir”.</p><p>Todos somos perdedores, porque vamos dejando en el camino seres queridos, ausentes para siempre, pero que viven en nosotros y nos acompañan en esta senda del vivir, llena de pesares y sin sabores. Parece que veo a Luis García Montero y a Almudena en el hospital, cuando ella iba dejando la vida y él era su mano, su boca, su cuerpo. Esa fusión da sentido a la novela, porque en lo confesional, en lo autobiográfico late esta historia.</p><p><em>La mejor edad</em> pasa y quedan solo briznas de lo que fuimos, por ello, el pasado vuelve en la forma del juez, el presente llega con la enfermedad terminal de Paula, la vida pesa, porque Manuel se refugia en un amor clandestino y en la bebida, pero nada sustituye el tacto de la mano de la amada, el recuerdo de unos padres felices, cuando era niño. Como nos dijo <strong>Manrique </strong>en las <em>Coplas</em>: “Porque a nuestro parecer / cualquier tiempo pasado fue mejor”.</p><p>Luis García Montero salda cuentas con el tiempo y sabe que en la escritura hay un exorcismo, pero también una forma de recomponer lo que ya está roto. La literatura devuelve lo mejor de nosotros y nos hace volver atrás, antes de la tormenta violenta de la vida.</p><p><em><strong>*Pedro García Cueto</strong></em><em> es escritor. Entre sus ensayos destacan 'La llama poética de Luis García Montero' y 'Fulgor y ceniza en la obra de Javier Lostalé'. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 04:01:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro García Cueto]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Testamento poético]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/testamento-poetico_1_2202412.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3726bcd7-eaaa-4328-af09-feaa0f23da2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Testamento poético"></p><p><strong>Editorial Renacimiento. 2025.</strong></p><p><a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/agatha-christie-disfrute-adolescente-juan-jose-tellez-arte-volvemos-pijos_1_1577793.html"  >Juan José Téllez</a> nos entrega <em>Los últimos pieles rojas</em>, un poemario reflexivo, de memoria, de compromiso social, de desaliento. Es una reflexión progresiva, que puede ser ascendente y descendente según se mire, sobre cómo desaparecen las utopías que marcaron a una generación, en todos los ámbitos: ideológico, social y sentimental. Ese ámbito político y vital que se vivió repleto de sueños y utopías, también de miedos, en aquella sociedad oscura, cubierta de niebla en los años 70 y que actualmente asistimos a su declive: (“A pesar de la bruma las ciudades cantaban/ y los besos se bebían a la luz de las pianolas./ Había una cortina de risas junto al balcón del suicidio, pues la infancia se fugaba por la puerta de emergencias./ Los jóvenes fumaban las hebras del aire nuevo/ por entre las tumbas al pie de los estanques.”, de ‘Et in Arcadia ego’, p.60). </p><p>Juan José Téllez (Algeciras, 1958), publica en 1979 su poemario <em>Crónicas Urbanas</em>, sus relatos, sus ensayos, sus textos poéticos, sus artículos en su amplia trayectoria periodística que conllevan compromiso ético y estético. Destacamos <em>Medina y otras memorias</em>, <em>Ciudad sumergida</em>, <em>Bambú</em>, <em>Daiquiri</em>, <em>Trasatlántico</em>, <em>Las causas perdidas</em>, <em>Las grandes superficies</em>, <em>Los amores sucios</em>, entre otros. Con <em>Los últimos pieles rojas</em>, acaba de alzarse con el Premio de Poesía de la Crítica Andaluza.</p><p>Con su identidad inequívoca y oficio, en este volumen nos habla de la pérdida de ideales de aquella generación que luchó y se jugó la vida por transformar una sociedad conservadora, fascista que el franquismo en los 40 años había creado.</p><p>Un poemario confesional y conversacional, de interrogantes, de preguntas y posibles respuestas. Tiene esa necesidad de búsqueda de interlocutor, de la que nos hablaba <strong>Carmen Martín Gaite</strong>, de un tú que se implique y sea cómplice de aquellas vivencias que tuvimos y mantuvimos los que soñamos con un mundo distinto, mejor, los que creímos en la revolución y en un futuro con mayor justicia social, libertad e igualdad: (“Cuando acudan los bancos a desahuciar tus recuerdos/ y no haya un solo amigo que salga gratis, / en la hora del apocalipsis y de las bolsas en quiebra/ cuando besemos con frialdad los telediarios/ y seamos el retrato robot del papel moneda,/ nos preguntaremos tal vez cómo empezó la barbarie/ y por qué prendimos fuego a las escuelas antiguas.”, de ‘El valor de los salvajes’, p.19). </p><p>El poeta y el hombre conviven paralelamente con toda la responsabilidad, toma de conciencia e implicación ante la sociedad que asistimos. Reflexiona serenamente y dolido sobre el compromiso que se debe tener con el tiempo que se vive y exponerlo ante su desmoronamiento. Como diría <strong>Jaime Gil de Biedma</strong>: “No es el mío este tiempo”. Aparece una voz desencantada por los acontecimientos actuales, y con la nostalgia de aquellos años de esfuerzo y lucha: ((“Ya acabó el tiempo de los prodigios./ No más panes y peces, adiós resurrección./ Hace mucho hubo gente que andaba sobre el mar, /creía que en los ríos habitaba la gracia/ y prefería las palmas entre sus dedos/ aquellos que buscaban la luz. Mirad como ahora llega la estación de los contables.”, de ‘El tiempo de los prodigios’, p. 16).</p><p>Téllez, con su compromiso, con su bagaje cultural y ético nos entrega una poesía medida ante lo desmedido de las circunstancias. Aparece su voz cómplice, que son las voces de tantas personas desalentadas, esto es, su yo poético coral, resistiendo después de tanto tiempo de esfuerzo, lucha, miedos y sueños, que nos recuerda con añoranza quiénes éramos: (“No soy de la Europa de los tercios de Flandes, de la banca suiza ni el tercer imperio,/ (…)/ Yo soy europeo del mayo francés/ de abril, de Portugal, de los claveles,/ de quienes no llegan a fin de mes/ pero dan la cara cada quince eme., de Europa (Canción), p. 26).</p><p>Sus poemas de denuncia se desarrollan en espacios privados y públicos y en un tiempo y lugar concretos que rinden cuentas ante la sociedad a través de la preocupación que le embarga. Nos transportan a <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ver-federico-zapatillas-familia-lorca-cartas_1_2174545.html"  ><strong>Lorca</strong></a><strong> </strong>de <em>Poeta en Nueva York</em>, a <strong>Sartre </strong>de <em>Qu´est-ce que la litterérature</em>, a <strong>Benedetti</strong>, de <em>Utopias</em>, a <strong>Gil de Biedma,</strong> de <em>De Senectute</em>, por sus poemas pasean <a href="https://www.infolibre.es/cultura/teatro/ismael-serrano-revive-antonio-machado-teatro-cantando-serrat-golpe-golpe-verso-verso_1_2194887.html"  ><strong>Antonio Machado</strong></a><strong>, Eliot, George Simenon, Goethe,</strong> entre otros. También pasean <strong>Mahler, Fellini, Rembrand, Chavela Vargas, José Alfredo Jiménez, Juan Rulfo, Jimi Hendrix</strong>… por ciudades diversas. Venecia, Roma, Granada, Praga, Cádiz, Barcelona, Amberes, Shanghai, Viena… </p><p>Poesía desnuda, valiente, a contracorriente, a favor de los desfavorecidos. Plantea el retroceso ideológico y cómo se camina vertiginosamente por el camino del materialismo y el capitalismo: (“el espejismo de ser democráticos y libres,”, de ‘Cápsula del tiempo’, p. 69). Pero no por ello faltan amor, ternura, caricias, música, viajes, sueños y esperanza, aparecen como eje identitario por estas historias.</p><p>Con este título significativo y simbólico, Téllez alude a esos “últimos pieles rojas”, los llamados rojos de una generación que creía en el progreso, en los cambios, en los que soñaban con un mundo mejor, que se resisten como aquellos pieles rojas a entrar en una reserva, sino que aspiran y buscan poder entrar en praderas libres. Sus versos van al corazón más que a la razón. Son poemas de carne y hueso que nos rozan, porque nada de lo humano le es ajeno.</p><p>Es un manual de resistencia creado con poemas que son una aventura compartida cargada de sentimientos y emociones que van y vienen por aquellos senderos de nuestra juventud soñadora en donde se abrazaban la dignidad junto al compromiso y que tristemente asistimos a su caída. Nos reconocemos. Pero <em>Los últimos pieles rojas</em> seguirán cantando, como decía <strong>Mario Benedetti</strong>: ”porque no queremos dejar que la canción se haga ceniza”, y “porque somos irremediables defensores  de la utopía”. Es un testamento poético en donde surgen otras luces, las de inventar nuevas utopías en donde el tiempo y la memoria se piensa y se siente, con horizontes, libres de juzgadores, con menos prejuicios y más juicios.</p><p> “No perdamos el mapa de la vida”, nos sugiere el poeta en este libro de memoria política y poética.</p><p><strong>*Carmen Canet </strong>es crítica literaria y aforista. Su último libro es <em>Telegramas </em>(Libros del Aire, 2025).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 04:01:20 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Testamento poético]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Las memorias de Benjamín Prado: 'Qué estoy haciendo aquí']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memorias-benjamin-prado-haciendo_1_2199546.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/930c2bbf-39ac-4a1e-a577-11cd7b40b853_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las memorias de Benjamín Prado: 'Qué estoy haciendo aquí'"></p><p>Alfaguara publica este jueves 28 de mayo<strong> </strong><em><strong>Qué estoy haciendo aquí</strong></em>, las memorias de <a href="https://www.infolibre.es/autores/benjamin-prado/"  >Benjamín Prado</a>, un cruce emocionado de recuerdos y reflexiones marcadas no solo por la rica trayectoria de su autor, sino también por las célebres figuras que se cuelan en sus páginas y el inconmensurable impacto de su huella. ¿Qué habría sido de su carrera si Prado nunca se hubiera encontrado con Alberti en aquel bar de Las Rozas? ¿Y qué habría sido de aquel chaval de diecisiete años si su profesor nunca le hubiera dicho que su deber era escribir poesía? Tal vez el efecto mariposa habría bastado para que ninguna de sus múltiples facetas llegara a desarrollarse.</p><p>Suena descabellado que su amistad con Rafael Alberti pudiera llevarlo a estrechar la mano del mayor de sus ídolos, Bob Dylan; pero las razones del destino son inexplicables. Si bien es cierto que gracias a este vínculo con el poeta pudo codearse con los grandes nombres de la cultura y la literatura hispánicas —entre ellos Octavio Paz, Mario Benedetti, Gabriel García Márquez, Ana María Matute o Mario Vargas Llosa—, Benjamín Prado ha conocido todos los niveles de la vida del escritor en todas sus formas: novelista, letrista, periodista, ensayista, poeta, dramaturgo...</p><p><strong>infoLibre </strong>adelanta a continuación un fragmento de estas memorias, coincidiendo con el día de su llegada a las librerías.</p><p>_____________________________________________________________________</p><p>Escribir unas memorias te permite recordar anécdotas simpáticas como esa y otras muchas que irán apareciendo por estas páginas, pero tiene un inevitable aroma a despedida y también un ángulo de tristeza: demasiadas amigas y amigos desaparecidos a los que echo muchísimo de menos, gente como Jaime Gil de Biedma, Javier Marías y Octavio Paz, con quienes disfruté y aprendí tanto; o a la que quise de todo corazón y jamás dejaba de visitar cuando iba —muy a menudo— a Barcelona o viajaban ellos a Madrid, como Juan Marsé y Joan Margarit; o íntimos a quienes intentaba cuidar y con los que hablaba prácticamente a diario, de esa manera en que lo hacen los amigos, no porque tengan nada concreto que decirse, sino para comprobar que todo va bien o contarse uno a otro los planes del día, como el propio Rafael Alberti o Ángel González, siempre dispuesto a disfrutar de una última copa que le hiciera exclamar, al levantarse: «¡Vaya por Dios, se me ha subido el alcohol a los pies!». Que ninguno de ellos esté ya aquí ha dejado vacía una gran parte del mundo para mí, y la otra mitad se ha vuelto melancólica. Sin embargo, le doy gracias a la vida por haberme otorgado el privilegio de conocerlos.</p><p>Porque fue así y de forma literal: un grupo de afortunados jóvenes poetas, como Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes y yo mismo, los conocimos muy al comienzo de nuestras carreras literarias y lo hicimos muy de cerca; llegamos a tener con algunos de ellos relaciones estrechas y sostenidas en el tiempo, en las que hubo mucho trato y no fue nada ceremonioso: esos maestros que antes nos parecían tan inalcanzables a los que empezamos a soñar con escribir a finales de los setenta y principios de los años ochenta del siglo xx resultó que eran personas accesibles, que compartían con los jóvenes historias, confidencias y a menudo mesa y mantel, sin dejar en absoluto de ejercer sobre sus discípulos un magisterio amable. No se olvide que cuando los poetas de mi generación empezamos a escribir seguía viva una parte muy importante de la del 27, la llamada Edad de Plata de nuestras letras —e imagínense aquí lo que significa esa medalla de subcampeones si los primeros, el Siglo de Oro, son Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Góngora, Calderón de la Barca...— y que después de haberlos estudiado en el colegio o el instituto, tener sus obras en un altar y considerarlos una especie de personajes mitológicos, uno podía ir a hacerles una visita a sus casas, tener su teléfono apuntado en la agenda, coleccionar sus libros dedicados, sentarse a comer junto a ellos en un restaurante. Era como salir a dar una vuelta después de estudiar Edipo rey y la Orestíada para tu examen de Griego y encontrarte en el bar de la esquina con Sófocles y Esquilo. En mi caso, tuve una relación casi familiar con el mencionado Rafael Alberti, pero también contactos de diferente magnitud con Jorge Guillén, Gerardo Diego, María Teresa León, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Ernestina de Champourcin, Dámaso Alonso, Rosa Chacel, José Bergamín o Francisco Ayala, con este último bastante extendida, puesto que vivió hasta los ciento tres años.</p><p>Por cierto, que el narrador de Muertes de perro, El boxeador y un ángel o Recuerdos y olvidos era un hombre irónico y de una sequedad a menudo desconcertante, quizá debido a la timidez, y dotado de un temperamento peculiar que atribuíamos a su condición de granadino. Le gustaba citarte en su domicilio a la caída de la tarde, para tomar un güisqui y lanzar algunas pullas contra sus colegas y tus amigos, por lo general malvadas y agudas a partes iguales. Hay que añadir, para completar el retrato, que a menudo tenía detalles de humor negro. Cuando estaba a punto de convertirse en una persona centenaria, le envolvía el aura ultraterrena de los supervivientes y se encontraba en la cumbre de su prestigio como intelectual, se habían convocado numerosos actos en su honor para celebrar semejante hazaña biológica. Uno de ellos contaría con la presencia de las máximas autoridades del Estado y el Gobierno, con los presidentes de la Real Academia Española y de casi todas las de Latinoamérica. El lunes de la semana en que iba a tener lugar ese acto solemne, que se celebraría cuatro días después, es decir, el viernes, Luis García Montero y yo estábamos almorzando con él cerca de su piso de la calle del Marqués de Cubas cuando, de pronto, Ayala exclamó: «¡Se me está ocurriendo una broma estupenda!». «¿Y cuál es, Paco?», le pregunté. «¡Morirme el jueves!».</p><p>Esas personas eran excepcionales pero fueron despareciendo igual que todas las demás, porque el reloj no se detiene para nadie, pero nos dieron una lección, tanto en lo personal como en lo profesional, que nos ha influido y encauzado a quienes estuvimos muy próximos a ellos en su última etapa, que además tenía en muchos casos la emoción del regreso, de los reencuentros: sus vidas habían sido mágicas, pero terribles, estaban marcadas en su conjunto por la tragedia de la Guerra Civil; las y los republicanos, por la derrota y por un exilio que duró hasta treinta y ocho años —o cuarenta y cinco, en el caso extremo de la filósofa María Zambrano—; y quienes apoyaron la sublevación militar, por las sospechas que levantaba su innegable connivencia con la dictadura: era muy difícil estar con Luis Rosales sin que asomase en algún momento a la conversación el fantasma de García Lorca, que en 1936 estaba refugiado en su casa cuando le fueron a detener para matarlo. Una vez le oí decir, mientras nos explicaba su lucha a brazo partido contra varios de sus compañeros de la RAE, sobre todo con Camilo José Cela, para que no se dejase a Alberti, como aquellos querían, sin el Premio Cervantes: «¡Bastante tengo yo con llevar a cuestas el cadáver de Federico como para que ahora me echen también a las espaldas el tuyo, Rafael!». Al escritor gaditano, supersticioso por naturaleza, la frase le hizo poca gracia.</p><p>Pero mientras, sobre todo Luis García Montero y yo, disfrutábamos de los maestros de la Generación del 27, también empezábamos a tener una relación sólida con los que integraban la del 50, a la que nos sentíamos estéticamente más próximos: Jaime Gil de Biedma era al que más admirábamos y Ángel González a quien más amábamos, porque, aparte de un poeta magnífico, era un ser adorable. Cuando fuimos jóvenes era de ellos dos de quienes más hablábamos los tres amigos que desde el principio hemos compartido este viaje con mayor complicidad y que a estas alturas de la historia seguimos siendo uña y carne, además de pasar juntos todos los veranos: me refiero de nuevo a Felipe Benítez Reyes, a Luis y a mí. En este tiempo han pasado muchas cosas, hemos perdido gran parte de lo que más queríamos, sufrido vaivenes sentimentales y visto enterrar a nuestros padres y madres, pero nos queda el consuelo de recordarlo juntos. No es poca cosa.</p><p>A Jaime Gil de Biedma lo había visto por primera vez en Granada, donde Luis y yo llegamos tras un interminable viaje por carretera con Rafael Alberti, al que acabábamos de dejar en el aeropuerto. Una hora más tarde, nos encontramos en una terraza de la ciudad, según habíamos convenido, con el autor de Moralidades y Poemas póstumos, acompañados también por los otros dos miembros de la llamada «otra sentimentalidad», Javier Egea y Álvaro Salvador. Yo me sentía realmente intimidado por su fama de hombre cortante a quien no había manera de acceder si le caías mal a primera vista: sin duda, las tres veces que más nervioso me he sentido en mi vida fueron cuando conocí en Sevilla a Bob Dylan, en Bilbao a mi ídolo de la infancia, el guardameta José Ángel Iribar, y en Granada a él.</p><p>Tan aficionado al güisqui como Ángel González, que llamaba a las seis de la tarde «la hora Hemingway», es decir, la de la primera copa, Jaime llegaba, si no recuerdo mal, de una cura de desintoxicación en alguna clínica del litoral mediterráneo, muy posiblemente en los alrededores de Málaga, y nada más tomar asiento pidió con cara de resignación que le trajesen una botella de Vichy Catalán. El camarero le informó de que no tenían; «¿Y qué agua mineral con gas sirven ustedes?», le preguntó. «Ninguna, señor, sólo la tenemos natural». «Bueno», dijo el maestro, haciendo el gesto de quien se doblega por fuerza mayor ante los imponderables de la existencia, «en ese caso, póngame un escocés doble, sin hielo y en vaso bajo. Nadie podrá negar que lo he intentado».</p><p>Una cosa llevó a la otra y llegamos a la mañana siguiente con todas las distancias sin guardar. A Javier Egea, pletórico porque Jaime, tras mucho insistirle, al final le había echado un par de piropos a su Paseo de los tristes, mencionando incluso ese poema que empieza con el verso «ahora llegas vestida de cobrador del agua» y acaba con «y se rompe el amor como un recibo viejo», se le metió en la cabeza que fuéramos en coche a una casa abandonada de Víznar desde cuyo jardín, según él, se veía mejor que desde ningún otro sitio el lugar donde fue asesinado Federico García Lorca y está su tumba desconocida. Al llegar a nuestro destino, mientras saltábamos la pequeña valla que salvaguardaba la propiedad, Jaime preguntó, escamado: «Pero ¿tú estás completamente seguro de que aquí no vive nadie?». «¡Hombre! ¿Y cómo no voy a estarlo, si vengo aquí cada dos por tres a fumarme un cigarrillo y a pensar?». Pero lo cierto es que no habíamos recorrido ni una cuarta parte del jardín cuando se oyó un grito imperioso que provenía de alguna de las ventanas del edificio: «¡Aurelio, suelta los perros, que han entrado ladrones!». Y, efectivamente, se escuchó de inmediato un ruido de cerrojos y los aullidos de una jauría que salía tras nosotros a cazarnos. Es muy difícil para mí leer Las personas del verbo sin acordarme de su venerable autor corriendo por aquella finca como alma que lleva el diablo, con su elegante traje de color crema, moviendo los brazos con una sincronía de mediofondista y regañando a Egea mientras se metía como una exhalación en el automóvil que nos había conducido hasta allí: "¡Querido, ya me disculparás, pero es que eres un auténtico botarate!".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 04:01:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Benjamín Prado]]></author>
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      <title><![CDATA[Selena Millares: Las siete vidas de Almoina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/selena-millares-siete-vidas-almoina_1_2199596.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da23af27-c332-461d-8786-1abec9d5d32d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Selena Millares: Las siete vidas de Almoina"></p><p><strong>Plaza & Janés, Barcelona, 2026</strong></p><p>Empezamos a conocer bien la historia de la literatura, de la cultura del exilio republicano español, sus obras, editoriales y revistas, pero aún sabemos poco, creo, de la historia menuda, de la vida familiar, de la existencia cotidiana, aunque ahora recuerdo el libro de <strong>Fernando Serrano Migallón</strong> (<em>El exilio español y su vida cotidiana en México</em>, Bonilla Artigas, 2021), que no debe de ser el único trabajo que se ocupe del asunto. Pensaba que apenas si se habían novelado las vidas de los exiliados, pero tras pedir ayuda a dos compañeros, grandes expertos en la materia, nos damos cuenta de que no faltan ejemplos, entre ellos: <em>Galíndez</em> (1990), de <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong>; <em>En voz continua</em> (1997), de <strong>Carlos Blanco Aguinaga</strong>, que trata de <strong>Emilio Prados</strong>; <span class="highlight" style="--color:white;"><em>El soldado de porcelana </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">(1997), de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Horacio Vázquez Rial</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, sobre </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Gustavo Durán</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">; </span><em>Max Aub</em> (2007), de <strong>Javier Quiñones</strong>; <span class="highlight" style="--color:white;"><em>El amor no es un verso libre</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2013), de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Susana Fortes</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que se ocupa de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pedro Salinas</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">; </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La única. María Casares</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2023), de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ana Plantagenet</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">; y</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> Un corazón extraviado</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2025), de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>María de Alva</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, sobre la vida de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pedro Garfías</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. A ellos habría que añadir </span>la <em>nonnata</em> <em>Luis Buñuel. Novela</em>, de <strong>Max Aub</strong>, de la que contamos con una versión de <a href="https://www.infolibre.es/autores/carmen-peire/"  >Carmen Peire</a>, y ahora <strong>Joan Oleza</strong> está preparando la que podría ser definitiva. <span class="highlight" style="--color:white;">Habrá más, pero esos títulos valen como una muestra suficiente y representativa. </span>Recuérdese, también, que las biografías noveladas estuvieron de moda durante los años veinte y treinta del pasado siglo y hoy parece renacer ese mismo empeño. A los anteriores ejemplos, habría que añadir novelas francesas, italianas y españolas de tema histórico, como las de <strong>Emmanuel Carrere</strong>, las novelas documentales de <strong>Antonio Scurati</strong>, sobre <strong>Mussolini</strong>, cinco tomos publicados en Italia entre 2018 y 2025, o la de <strong>Fernando Clemot</strong>, <em>Fiume</em>, sobre D´Annunzio.</p><p><strong>Selena Millares</strong> le da <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/selena-millares-revive-lucha-republicano-jose-almoina-hemos-borrado-memoria-exiliados_1_2191963.html"  >vida a un exiliado, José Almoina</a> (1903-1960), tratado injustamente en lo poco conocido que es. Pero no se ocupa solo de su actividad política, su militancia socialista y su pertenencia a la masonería, sino que nos proporciona, como en pocas ocasiones hemos leído, una visión de su vida familiar, del día a día (lo que comen, las canciones que cantan…), en el que discurren <strong>Pilar</strong>, su mujer (“la maestra de ojos color verde agua”, p. 37; a la que detienen y encierran con su hija <strong>Helena</strong>, en la cárcel de Zamora, p. 128), Hilaria, su suegra, y sus cinco hijos. Todos ellos desempeñan un cierto papel, y las dos mujeres complementan al protagonista. El caso es que <a href="https://www.infolibre.es/autores/selena-millares/"  >Selena Millares</a> nos proporciona una idea bastante verosímil de los riesgos de la militancia y de los sufrimientos que trajo consigo el exilio, pues no solo quedó expuesto Almoina, sino toda su familia. En cambio, dado el carácter y prestigio del personaje, no le faltó la camaradería, que siempre encontró en sus diferentes destinos, bien en España, donde se ganó la vida como empleado de Correos, bien en América, tanto en la República Dominicana como en México, donde trabajó, no sin riesgos, en algún caso, como profesor; fue preceptor del <strong>Ramfis</strong>, el primogénito de <strong>Trujillo</strong>, siempre con la empalagosa <strong>María</strong>, la mujer del dictador, al acecho.</p><p>Diría que esta narración, más que con las <strong>Manuel Rivas </strong>y <strong>Javier Cercas</strong>, como dice la faja publicitaria que lleva el libro, guarda relación con <em>Galíndez </em>(1990), de Vázquez Montalbán, y con <em>La fiesta del chivo </em>(2000), de <strong>Mario Vargas Llosa</strong>, pues las tres comparten el protagonismo de la dictadura de Trujillo en la República Dominicana, y del exilio republicano español, así como las arbitrariedades y violencias cometidas por una dictadura grotesca. Véase el feroz retrato que traza de Trujillo (p. 376). Y, en suma, la novela conecta con una tradición narrativa, a la que se acoge Almoina, al barajar el realismo crudo, expresionista, y la crueldad sin límites, que cuestiona a los dictadores. Si bien, su obsesión, a diferencia de la de otros exiliados, es con Trujillo, no con <strong>Franco</strong>. Tras perder una guerra, Almoina tiene que huir de un dictador para caer en las garras de otro, por lo que no le queda más remedio que irse a México, aunque poner tierra de por medio no lo libre de los sicarios de Trujillo. En medio de toda esa violencia, sin embargo, contrasta la escena bucólica, una historia intercalada, en la que habla un pastor (pp. 81-83).</p><p>De <strong>Jesús de Galíndez </strong>apenas sabíamos nada antes de que se publicara la novela de Vázquez Montalbán; Almoina no tuvo esa suerte; incluso a <strong>Vicente Llorens</strong>, siempre riguroso, le suscita dudas la persona. Así, la narración de Selena Millares, que no es una biografía, ni un estudio histórico, sino una novela, responde –sin que sea esa su pretensión— a algunas de la incógnitas que planteaba Llorens, quien trato a Galíndez y Almoina en la República Dominicana, y nos presenta a un personaje mucho más complejo que el que conocíamos hasta ahora. A la vista de lo dicho, podría haberse titulado <em>Almoina</em>, e incluso <em>Almoina. Novela</em>, en complicida —y respuesta— con los títulos de Vázquez Montalbán y Max Aub. </p><p>La novela se compone de 7 partes, divididas en capítulos, hasta un total de 51, excepto la primera y la última, mucho más breves, compuestas por un solo capítulo. Las 5 restantes tienen una extensión parecida, y siguen la cronología. Tanto las partes, que además nos sitúan en el tiempo, como los capítulos aparecen titulados, creo que con acierto. En un par de ellos apreciamos alusiones a <strong>Josep Roth</strong> (<em>La leyenda del santo bebedor</em>, p. 315) y al Evangelio de <em>Mateo</em> (5: 13-16): “vosotros sois la sal de la tierra”. Diría, además, que el capítulo 48 es clave, pues en sus páginas se le ajustan las cuentas –permítanme el coloquialismo— a Galíndez, crítica que se anticipa en el capítulo 24. Si el libro llevara un Índice, muy necesario en este caso, podríamos visualizar mucho mejor el conjunto de la novela, su estructura externa.</p><p>Las tres citas iniciales son muy significativas: la de <strong>Luis Pimentel</strong>, paisano de Almoina, ambos eran de Lugo, podría haber sido también el título de la novela: <em>Hombre que camina solo</em>, puro Giacometti; la de <strong>Borges </strong>nos habla de los héroes y de sus derrotas; y la de Almoina apela a la grandeza del silencio, que no tuvo más remedio que cultivar. </p><p>La pregunta que se habrá hecho la autora, y que los lectores atentos deberían plantearse, es cómo se utiliza lo autobiográfico, cómo se usa la documentación en un relato de ficción. El gran Carlos Pujol que cultivó con mucha fortuna este tipo de ficciones, solía comentar que uno debe documentarse a fondo, pero que al ponerse a escribir, debía olvidar todos los datos. En suma, se trata de cómo contar una vida real, manejando sucesos reales, pero teniendo como principio constructor el propio de la ficción. </p><p>Me parece que el empeño principal de la autora ha consistido en trascender lo biográfico, para incardinarlo en la restitución de la memoria, haciendo justicia a un personaje —como decíamos— mal conocido, incluso por los expertos en la cultura del exilio. No en vano, se trata de una novela con <em>trama de personaje</em>, por seguir la terminología de <strong>Norman Friedman</strong> (la historia de un seminarista que acabó siendo masón, y que como <strong>Negrín </strong>y Max Aub fue expulsado por su partido, el PSOE, en el que desempeñó cargos diplomáticos), aunque los avatares de su vida aparecen —digamos— enriquecidos por toda una serie de sujetos que le proporcionan a la historia ribetes de novela coral. A algunos los hemos señalado ya, pero habría que añadir sobre todo a <strong>Mirentxu</strong>, la amiga y comprensiva amante. Resulta admirable la entrega que demuestra, la fe en una causa política, a favor de la justicia y la libertad, hasta el punto de jugarse Almoina la vida. No en vano, lo expulsan del PSOE a la vez que a Negrín y Max Aub (p. 319 y 320).</p><p>Sea como fuere, Selena Millares construye bien el personaje del protagonista, sabe hacerlo hablar, darle voz, con un castellano a veces levemente galleguizado. Y en lo que respecta a los demás, se vale de registros distintos, ya sean los familiares, ya los coloquiales con los compañeros, Trujillo y señora, las amantes del protagonista, tanto Mirentxu, la amiga de siempre, como la ocasional <strong>Ronda</strong>, la estudiante.</p><p>De estructura circular, la novela se abre y cierra con el asesinato del protagonista, una muerte anunciada que se cumple al completarse las siete vidas que le pronostican y que inexorablemente él agota, y siendo muchas, resultaron ser pocas (pp. 15 y 512). Pero, además, se dirige en un soliloquio a la aparición del padre del protagonista, ya muerto, y la de <strong>Josito</strong>, el hijo que falleció temprano (pp. 13 y 529). Me ha recordado a <em>Hamlet</em>, en el primer caso, aunque se trate de un motivo que se repite en la historia literaria, desde la tradición clásica. Y ojo al comienzo y al final, al <em>in crescendo</em> del desenlace, que en esta ocasión, no consiste en saber si Almoina va a ser asesinado, ya lo sabemos desde el capítulo inicial, sino en el desenmascaramiento de Galíndez y la muerte inexorable de Almoina. </p><p>La compleja existencia del protagonista, arrastrando casi siempre a su familia, lo lleva a vivir en Lugo, A Coruña, Santiago, Benavente (Zamora), Alcaudete (Jaén), Santander, Bayona, Toulouse, París, Marsella, Ciudad Trujillo y México. Y eso por no hablar de los constantes cambios de casa en Ciudad Trujillo y en México. Destacaría también el gusto por el detalle, significativo, según ocurre en las novelas de <strong>Javier Marías</strong>, así como el tratamiento que le proporciona al humor (pp. 285, 297 y 402), a la sensualidad, incluso a la sexualidad (pp. 77 y 280), tan difícil de tratar en la narrativa, materia en la que tantos buenos escritores han fracasado.</p><p>Además, en una historia de estas características, las alusiones culturales resultan inevitables, e imprescindibles. Aunque, por fortuna, la autora no abusa de ellas. Así y todo, <strong>Homero </strong>y <strong>Cervantes </strong>asoman aquí y allá; los círculos del infierno de <strong>Dante </strong>y, sobre todo, el erasmismo tiene mucha presencia en la novela, y <strong>Goya</strong>, a quien el protagonista le dedica un libro. Pero, además, trae a colación al presidente Negrín y a escritores como <strong>Sender, Juan Bosch</strong> (político y escritor dominicano, gran teórico y escritor de cuentos) y <strong>Jaime Torres Bodet</strong> (véase su retrato, p. 354), a historiadores como <strong>Claudio Sánchez Albornoz</strong> o filólogos como <strong>Vicente Llorens</strong>. Y diría que hay un cierto homenaje a su tío abuelo <strong>Agustín Millares Carló </strong>(bibliógrafo, paleógrafo, latinista; autor, entre otras muchas obras, de una edición anotada del <em>Quijote</em>), aunque no cite su nombre completo. </p><p>También hay alusiones frecuentes a dos editoriales mexicanas con las que colaboró Almoina: Jus (editorial católica de centro derecha, donde Almoina publica su libro sobre<strong> Díaz Mirón</strong>, 1958, entre otros), y UTEHA (fundada por el exiliado español <strong>Julio Sanz Saiz</strong>), donde aparece, por ejemplo, <em>La era romántica: el romanticismo en la literatura europea</em> (1958), de <strong>Paul Van Thiegem</strong>, que traduce y anota Almoina; o a la editorial Costa-Amic, a la que encomia por su labor y critica por lo descuidado de sus ediciones. Y creo haber apreciado una cierta referencia a las <em>aventis</em> de<strong> Juan Marsé, </strong>en las historias que Almonia le cuenta a Josito (p. 181); a <em>La Regenta</em>, en la afición a las lecturas místicas, a <strong>Santa Teresa,</strong> de la mujer de Trujillo (p. 288); y la más obvia, si cabe, en la confrontación que establece entre Almonia y Trujillo, cuando <strong>Odiseo </strong>engaña a <strong>Polifemo </strong>(p. 344). </p><p>Pero lo que se cuenta, en suma, es cómo una determinada trayectoria vital, en su activismo social y  político, lo lleva al exilio. Siendo las concesiones que debe que hacer en Ciudad Trujillo producto de la necesidad de supervivencia, al tener que desdoblarse. Su mujer le pregunta en un par de ocasiones: “¿Quién eres, José?”, o “Ya no sé quién eres, José” (pp. 306 y 349). El caso es que su conducta suscita dudas, que resultan dolorosas no solo para él, sino también para su familia y amigos más cercanos. Y aunque los lectores sabemos quién era realmente Almoina (en catalán, <em>almoina </em>significa limosna) y el motivo de su comportamiento, quizás algunos lectores se pregunten al cabo: ¿por qué este hombre se adentra en un laberinto del que no podrá salir?</p><p>Acabemos. En un momento dado, Almoina le comenta a su mujer que “la vida es más fabulosa que las novelas” (p. 75), y así es, en efecto, en la historia que nos cuenta Selena Millares.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.  </em> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 04:01:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Selena Millares: Las siete vidas de Almoina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Eva Orúe, directora de la Feria del Libro de Madrid: "Hay mucha gente que lee mucho y es muy mala gente"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/eva-orue-feria-libro-puedes-gente-no-piensa-leer-autores-no-dan-razon_1_2199210.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81f136c5-51cb-4d85-b1aa-6699e2d7ae04_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eva Orúe, directora de la Feria del Libro de Madrid: "Hay mucha gente que lee mucho y es muy mala gente""></p><p><a href="https://www.infolibre.es/autores/eva-orue/" target="_blank">Eva Orúe</a> (Zaragoza, 1962) dirige la <a href="https://ferialibromadrid.com/" target="_blank">Feria del Libro de Madrid</a> desde el 1 de enero de 2022. Afronta, por tanto, su quinta edición a los mandos de uno de los eventos culturales más importantes del calendario nacional, que el pasado año facturó 10 millones de euros, recibió a 1,1 millones de visitantes y tiene ya todo listo para llenar de literatura el parque de El Retiro <strong>del viernes 29 de mayo al domingo 14 de junio</strong>, con el humor como tema central y quién sabe si con el papa León XIV como invitado inesperado. "Seguro que encontraría textos religiosos que le interesen, y también otros no estrictamente religiosos que le puedan interesar", asegura la directora en esta conversación con <strong>infoLibre </strong>en la que no faltan otros muchos asuntos.</p><p><strong>Esta es ya su quinta edición al frente de la Feria del Libro de Madrid. ¿Cuánto se parece a lo que imaginó un lustro atrás?</strong></p><p>Creo que hemos cambiado más de lo que pensé que podríamos cambiar. Y al hablar de cambiar me refiero a estructuras y al modo de trabajar. Por ejemplo, quien visite la feria este año verá que las casetas, siendo iguales, cambian. Los rótulos son distintos, mantenemos el código de colores, pero lo presentamos de otra manera que espero que guste a expositores y visitantes. De hecho, este año completamos el cambio total de las estructuras, ninguna de las que hay en 2026 es como era en 2022, en mi primera edición. Siguen siendo casetas, pabellones, <em>stands</em>, pero todos son distintos de como eran. Eso, por la parte que se ve. Por la parte interna también hemos cambiado de forma de trabajar de manera sustancial, no solamente entre el equipo, sino también en nuestra relación con los expositores. </p><p><strong>A ver si no la vamos a reconocer…</strong></p><p>No, no, eso no. Por lo demás, la feria es lo que era: un sitio donde los expositores van a vender libros, a entablar relación directa con el público, donde los autores se ofrecen para conversar, tanto en las firmas como en las actividades que organizamos para cada edición. Este año todo está pensado en torno al humor y espero que nos sirva para bajar un poquito los decibelios.</p><p><strong>Antes de hablar del humor, no sé si la feria se ha convertido ya en un festival, un lugar de conversación pública en el que los encuentros han ganado peso.</strong></p><p>En realidad, siempre tuvo algo de festival porque ya había muchas actividades. Lo que ocurre es que en los últimos años tenemos más escenarios y, por lo tanto, muchas más posibilidades. Y es verdad también que la feria se celebra en el parque, un lugar al que vienen lectores, compradores, curiosos y visitantes que simplemente quieren darse un garbeo. Ante eso, nuestra obligación es recibir a todos con alegría, como diría el clásico, pero, sobre todo, ofrecer posibilidades y oportunidades a los que quieren profundizar en algunos de los temas a tratar, que van más allá del asunto central de cada año.</p><p><strong>Cuantitativamente, ¿qué ofrece la feria esta primavera?</strong></p><p>Tenemos 366 casetas, de las cuales 118 son librerías y la inmensa mayoría del resto son editoriales. Expositores hay más, porque tenemos algunos en el centro que no están numerados, con lo que pasamos de 400. Todavía no sabemos cuántas editoriales va a haber exactamente, porque sabemos cuántas tienen caseta, o comparten caseta o espacio común, pero luego vienen muchas representadas por sus respectivos gremios regionales. También hay distribuidores que traen hasta 200 sellos a la feria. Por lo tanto, calculo que estaremos alrededor de los números del año pasado, en torno a 950 o 1.000, editoriales, insisto, no todas en caseta.</p><p><strong>Ahora sí, hablemos del humor como tema central.</strong></p><p>El humor es el tema central de lo que organizamos nosotros, que no es el total de la feria. En nuestra programación hemos intentado aproximarnos al humor desde diferentes puntos de vista, también como género literario, ya que casi nunca ha sido bien tratado en este país, a pesar que es el de <em>El Quijote</em>, que es un libro muy divertido. Nos fijamos en el humor como denuncia, como manera de aproximarnos a realidades y desnudarlas, que es una capacidad que en ocasiones la literatura más seria o más campanuda no tiene. También nos interesan mucho los acentos y las traducciones, es decir, cómo se traduce el humor, cómo hacer que un autor polaco nos haga reír también en español, o cómo entender el humor que se genera en otros sitios en un mundo en el que los lectores y los autores iberoamericanos estamos en permanente contacto. Porque hablamos el mismo idioma, pero no siempre nos reímos por las mismas cosas.</p><p><strong>¿Qué autores relacionados con el humor pasarán por la feria?</strong></p><p>Desde Maitena, <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/piedra-blanda-rodrigo-cortes-tomas-hijo-fabula-grafica-enteramente-tallada_1_1994886.html"  >Rodrigo Cortés</a> y <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/edu-galan-comprender-estados-unidos-traves-comedia-trump-mejor-vendedor-crecepelo-kamala-harris_1_1892220.html"  >Edu Galán</a>, que están en la charla inaugural, hasta Kevin Johansen y Liniers, que nos acompañarán en alguna actividad. Vienen Jonathan Coe, David Safier... Por supuesto, un montón de autores españoles, tenemos una buena representación de cómicos: Eva Hache, Pantomima Full, Joaquín Reyes... Muchos de los que nos han hecho reír son autores de libros, en ocasiones incluso de novelas, y no queremos perdernos sus actuaciones o sus intervenciones en mesas para discurrir sobre lo divino, lo humano y lo humorístico.</p><p><strong>¿Cómo casa el humor con la llamada 'alta literatura'?</strong></p><p>La idea es que toda literatura tiene humor. Si solo tiene humor es otra cosa, pero si no tiene humor es un sermón. No recuerdo quién lo dijo, pero yo estaría bastante de acuerdo. Y, en cualquier caso, se trata básicamente de que entendamos, como entiende y valora la mayor parte de la gente, que aquí hay una tradición humorística muy relevante, con autores espléndidos. Pienso, qué sé yo, en Eduardo Mendoza o Elvira Lindo, que han hecho humor y más humor, y eso no ha impedido que sus obras sean tan valoradas. En muchas ocasiones, el humor bien empleado es un arma de destrucción masiva. De destrucción de prejuicios, de incompetencias y de otras muchas cosas. </p><p><strong>En una reciente visita a Madrid, Salman Rushdie dijo que “</strong><a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/27-segundos-mortales-salman-rushdie-suelo-escuchaba-voz-decia-no-mueras_1_1795545.html" target="_blank"><strong>el humor es una respuesta contra el fanatismo</strong></a><strong>”. </strong></p><p>Y él, además, es un ejemplo de lo que estamos hablando, porque en la distancia corta es un tipo muy divertido, aunque a lo mejor sus libros no lo son tanto. Pero él lo es y hace del humor una manera de resistir en circunstancias tan difíciles como han sido las suyas. </p><p><strong>¿El objetivo es convertir el parque de El Retiro en el refugio de la risa contra todo lo que vemos en el mundo?</strong></p><p>Sí, nos gusta reivindicar la feria, las ferias, como un espacio de disenso donde puedes estar con gente que no piensa como tú y leer autores que no te dan la razón. Insistimos mucho en esta idea porque creemos firmemente en ella, pero además este año esperamos encontrar una manera divertida de hacerlo. No buscamos la carcajada, buscamos también la reflexión, por supuesto, pero, ¿por qué no? Riámonos en el Retiro, no me parece un mal sitio para echar unas risas. </p><p><strong>¿Cómo de placentero, de privilegio incluso, ve ese momento en el que uno está leyendo y de repente se empieza a reír solo?</strong></p><p>Y que alguien que ande cerca te pregunte '¿de qué te ríes?' [Risas] No diría que eso me pasa porque soy parca en carcajadas <em>ostentorias</em>, que hubiera dicho Jesús Gil, pero una sonrisa, sin duda. Eso sí pasa muchísimas veces, cuando estás leyendo y una situación, una descripción o una palabra usada en el sitio donde tiene que ir, te hace sonreír porque estás metida en la historia y es graciosa. Y eso no le quita un ápice de seriedad al libro, no le quita ni un ápice de potencia a la bomba destructora de prejuicios que es, en ocasiones, la literatura. </p><p><strong>¿Cuántas firmas habrá este año?</strong></p><p>El año pasado fueron 4.500 autores y 7.000 sesiones de firmas, aproximadamente, que es una barbaridad. Este año no sabemos muy bien a qué nos enfrentamos porque, así como la programación sí que la tenemos en algunos casos controlada y coordinada desde la dirección, en el caso de las firmas no es así. Las firmas las van subiendo los expositores y, salvo algunas excepciones, prácticamente no nos enteramos hasta que las vemos publicadas. Pero viene a firmar Siri Hustvedt, Benjamín Labatut, Robin Sharma... gente que no está en la programación y, sin embargo, está en la feria. Y aparte, además, los grandes de siempre, los habituales que, tengan novedad o no, quieren venir y estar aquí un rato en El Retiro. Un rato o muchos ratos, porque hay gente que se queda, se pega aquí en la feria, prácticamente. </p><p><strong>¿Cuántos visitantes tuvo la feria el año pasado?</strong></p><p>El estudio que hicimos con Telefónica Tech nos daba ochocientos y pico mil visitantes únicos, mayores de 18 años. Nosotros calculamos que, como mínimo, otros 300.000 más entre niños y adolescentes, así que serían 1,1 millones, aproximadamente. Una buena cifra. </p><p><strong>¿Estamos cómodos con esa cifra en torno al millón de visitantes?</strong></p><p>Yo diría que no es lo más importante, pero no negaré que tiene su importancia. Sobre todo, creo que no tenemos que obsesionarnos con aumentar el número de visitas, porque se trata de que venga gente, mucha, cuanta más mejor, dentro de las capacidades que tiene el parque y que nosotros tenemos para atenderlos a todos bien. Sería loco para la feria y para el parque que hubiera cinco millones de personas aquí. Luego depende mucho de otros factores, por ejemplo el año pasado nos cerraron dos tardes el parque, y eso se tiene que notar en el número final de visitantes. Así que conviene no perder de vista la cifra, ya que nos da la pista sobre el interés que la propuesta suscita en quienes nos visitan, pero tampoco hay que obsesionarse con ella ni con la idea de “cada año más”. Pues a lo mejor no. A lo mejor cada año los que tienen que estar.</p><p><strong>Más allá de si afectará o no la visita del papa a esas cifras, ¿y si se pasa León XIV por la feria, qué?</strong></p><p>[Risas] Pues oye, está la Biblioteca de Autores Cristianos y la Librería de las Paulinas, que tienen casetas, así que seguro que encontraría textos religiosos que le interesen, y textos no estrictamente religiosos que también le puedan interesar. Su visita nos va a afectar, sin duda. El día 7 hay una misa en Cibeles y se espera que congregue en torno a un millón de fieles, por lo que, quieras que no, supondrá añadir dificultades para la gente que viene desde según qué puntos de la ciudad. Lo que yo pido a la gente es que se organice para no dejar de venir por eso, es decir, que si no pueden venir el día 7, vengan otro. Y a los que, a pesar de todo, quieran visitarnos el 7, porque tenemos una programación fenomenal para ese día, les diría quizás que salgan un rato antes de casa y, sobre todo, que se informen bien. Nosotros transmitiremos cuando tengamos toda la información correspondiente a líneas de Metro, autobuses, puertas cerradas y lo que nos puedan decir.</p><p><strong>Antes ha comentado que la feria tuvo que cerrar el año pasado un par de tardes por la climatología. ¿Mira mucho la directora de la Feria del Libro al cielo?</strong></p><p>Sí, miramos todo el rato [risas]. Lo que pasa es que no acabamos de entenderlo bien, porque los parámetros que indican la necesidad de cerrar la feria o de cerrar el parque son muy difíciles de apreciar a ojo desnudo, ya que tiene que ver con una combinación de mucho calor, rachas de viento y humedad del suelo. Nosotros estamos en el parque, que tiene un protocolo meteorológico y, por lo tanto, nos toca respetarlo. Todos querríamos estar aquí todos los días a todas horas, pero sabemos que nos toca respetarlo y lo respetamos.</p><p><strong>Ha mencionado antes a los visitantes que solo quieren darse un garbeo por la feria. ¿Qué les decimos a los que después de darse esa vuelta se van sin nada?</strong></p><p>Pues que si es lector, que se anime a comprar. Si no es lector, que se anime a leer. Y que, en cualquier caso, se anime a participar en las actividades. Dicho esto, si solo viene a pasear, también será bien recibido.</p><p><strong>En este lustro al frente de la feria, ¿ha evolucionado a mejor la relación de los madrileños con su feria? ¿Somos conscientes de lo que tenemos?</strong></p><p>Tampoco vamos a forzarlos a venir, cada uno es libre de elegir sus momentos y sus lugares de distracción o de lectura. Yo lo que diría es que, cuando me incorporé a la feria, lo primero que me llamó la atención es que cuando decía que era la directora había un montón de gente, madrileños que han nacido aquí o que llevan aquí mucho tiempo, que te decían "ahí me llevaba mi padre, ahí me llevaba mi abuela, ahí me llevaba al colegio". Esta relación sentimental con la feria existe entre quienes llevan tiempo en la ciudad, y se está creando, y ahí es donde nosotros tenemos una responsabilidad con los que llevan menos tiempo. Una de las tareas que nos hemos impuesto es atraer a la feria a aquellas colectividades que, por la razón que sea, habitualmente no estaban, pero que van entrando. Eso es importante para nosotros porque, al fin y al cabo, esta es la Feria del Libro de la ciudad de Madrid. Luego sí, vienen librerías de toda la comunidad y editoriales de toda España, pero lo relevante es que tiene que ser una feria a la altura y al servicio de la ciudad que la acoge. Y, para eso, tenemos que encontrar la manera de atraer a ciudadanos de orígenes e intereses distintos. Esa es la misión que tenemos que cumplir y en eso estamos.</p><p><strong>¿La familia que lee unida permanece unida? Porque ahora podemos estar todos juntos en un mismo lugar, pero cada cual con su teléfono.</strong></p><p>Lo del móvil es una cosa curiosa, porque tú ves a la gente con el móvil en la mano, pero no sabes lo que están haciendo. Los hay que están perdiendo el tiempo, los hay que están metiendo porquería en redes, pero también hay gente que va en el Metro leyendo el periódico o libros, ya sea en el móvil o en dispositivos electrónicos. Esta es una opinión personal, pero conozco gente que lee y sus hijos no leen nada, y al revés, por lo que creo que es un conjunto de factores que no son fácilmente cuantificables. Pero, lo que sí creo firmemente es que la lectura te ayuda a concentrarte, a construir un pensamiento complejo, a defenderte en un mundo cada vez más difícil. Quien crea que sin entender las subordinadas puede firmar un contrato para adquirir una casa está en un error. Y creo que, en ocasiones, tendemos a la simplicidad y que la literatura te enseña, te educa, te habitúa a la complejidad. Eso no quiere decir que sean libros que no podamos entender, quiero decir que los libros deberían ser exigentes para el lector. También podemos leer cosas divertidas y cosas que no tienen mayor trascendencia, pero creo sinceramente que la lectura, el hecho de leer, nos mejora. ¿Como personas? No, porque hay mucha gente que lee mucho y es muy mala gente, pero sí que nos mejora a nosotros y a nuestras capacidades para afrontar el mundo difícil y complejo en el que vivimos. </p><p><strong>¿Qué siente la directora de la Feria del Libro de Madrid cuando cierra una librería?</strong></p><p>Este año vamos a echar en falta varias librerías que han tenido que cerrar: Tipos Infames y La Cafebrería de Madrid; en Alcobendas, el Movimiento del Caracol... Las librerías son seres vivos y por supuesto que se abren y se cierran, lo que me parece más preocupante y más inaceptable es que sea por razones que tienen que ver con un modelo de ciudad que, en ocasiones, no hace caso a los que estamos aquí. Y cuando digo esto, vale para librerías, panaderías, verdulerías y todo tipo de negocios. A veces da la impresión de que los ciudadanos que abren un negocio pequeño, porque no es muy grande, no porque sea menor o poco importante, no cuentan con ninguna complicidad. Creo que eso es algo que debe preocupar, por supuesto, a los libreros, pero, desde luego, también a los vecinos de la ciudad. Que no nos quiten la ciudad, que es nuestra, y que nosotros sigamos identificándonos en sus calles y con sus comercios, y con la gente que hace posible la vida cotidiana. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 04:01:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <title><![CDATA[Amador Fernández-Savater: “El neoliberalismo es una colonización de la atención, pensar implica liberación”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/libros/amador-fernandez-savater-neoliberalismo-colonizacion-atencion-pensar-implica-liberacion_1_2195636.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/461d6d9b-baff-4004-9580-0c3afcdd65ce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Amador Fernández-Savater: “El neoliberalismo es una colonización de la atención, pensar implica liberación”"></p><p>Vivimos acelerados y atrapados en una tempestad de automatismos que nos mantienen funcionando 24/7 y que, al mismo tiempo, bloquean nuestra capacidad de pensar y, con ella, de responder al malestar de esta época. Un tren en marcha en dirección al final de la vía a no ser que tiremos del freno de emergencia. Eso es lo que propone, entre otras muchas cuestiones, Amador Fernández-Savater (Madrid, 1974) en <em>La batalla del pensamiento</em> (NED Ediciones, 2026): detenernos antes de la catástrofe.</p><p><strong>¿Qué es</strong><em><strong> La batalla del pensamiento</strong></em><strong>?</strong></p><p>Pensar hoy tiene algo de dificultad, de conflicto, de riesgo, por eso le asocio la palabra batalla. También significa que pensar juntos, inventar los modos de pensar juntos, es lo único que puede crear una bifurcación en los caminos desastrosos que lleva la humanidad. </p><p><strong>¿Por eso también pensar es conspirar?</strong></p><p>Conspirar significa respirar juntos. Me gusta esa metáfora de vincular el pensamiento a una respiración, con lo pulmonar, frente a una situación que nos asfixia. Y lo hace porque, en principio, no habría más que funcionar, sin nada que pensar, pues es a lo que invita el mundo de muy diversas maneras: a funcionar en el periodismo haciendo muchos artículos sobre cualquier cosa a gran velocidad, a funcionar en la escuela dando programas y contenidos uno detrás de otro, o a funcionar en la política utilizando argumentarios de bueno-malo para luchar contra el otro. Hoy hay un mandato de funcionar en las empresas que están en la gestión, en el rendimiento, en la productividad, por lo que pensar, de alguna manera, es interrumpir ese mandato y abrir un espacio para respirar con otros. No hay simplemente que funcionar, también respiramos y podemos decir algo, pensar algo, crear algo, tomarnos el tiempo. </p><p><strong>El tiempo que creemos que no tenemos, porque tenemos que, efectivamente, funcionar. </strong></p><p>Los imperativos que hoy mandan, aunque en cada lugar se aterricen de manera distinta, son de rendimiento, productividad y competitividad, algo que también tiene que ver con la aceleración de la vida. Por eso, para mí el pensamiento es hacernos preguntas por lo que nos pasa juntos en la escuela, en torno a la salud, en los barrios en los que vivimos, en nuestra relación con el mundo, con la tierra, con la naturaleza. El pensamiento es una pregunta por el sentido de las cosas, que introduce una interrupción en esa máquina acelerada. Porque al preguntarse uno qué está haciendo en la vida, los sentidos ya no están dados y el imperativo de que todo es rendir, producir, competir o triunfar queda interrumpido, por lo que ahí se abre el tiempo. Para mí, no se trata tanto de ralentizar como de interrumpir, que es una operación más conflictiva. No se trata solo de bajar el ritmo, sino de lograr hacer una grieta en los mecanismos que están forzando el mundo a una aceleración catastrófica. </p><p><strong>Por eso la necesidad que plantea de tirar del freno de emergencia.</strong></p><p>Exacto. Esa es una imagen muy famosa de Walter Benjamin, que fue el primero que pensó que la revolución tenía que ser un momento de detención radical y no, como se había pensado en el siglo XIX, la locomotora de la historia, que era la idea un poco productivista de la revolución. La idea es que pensar es tirar del freno de emergencia, porque de repente, en lugar de obedecer los mandatos de más velocidad, más rendimiento, más productividad y más competencia, se trata de preguntarnos juntos cuál es el sentido de esto. ¿Qué significa vivir juntos, cuáles son nuestros valores, cómo organizar la vida en común según esos valores? En cada espacio de la vida, un barrio, una escuela, el periodismo, pensar es hacer esa pregunta por el sentido que tiene vivir, porque vivir no tiene sentido de antemano, sino que se va creando.</p><p><strong>¿Pensar nos lleva a abandonar el individualismo imperante y pensar en colectivo?</strong></p><p>La idea es pensar juntos. El libro propone cómo recuperar esa posibilidad, algo que no es nada fácil, porque para pensar hay que crear antes las condiciones para poder hacerlo. Por eso, no hay pensamiento si los espacios colectivos están desmantelados y los tiempos están acelerados, si no hay posibilidad de encuentro con el otro. Pensar juntos, en primer lugar, es inventar las condiciones materiales para poder pensar juntos. Además, pensar juntos no es lo opuesto ni va en detrimento del pensamiento de cada cual; es decir, se trata de pensar juntos los diferentes, porque cada uno también piensa. Es, digamos, una especie de música que se hace entre lo personal y lo común, no pensar juntos contra el individuo, ni solamente el individuo que piensa solo contra lo común. Es un baile entre lo propio de cada cual, que se pone en relación con el vínculo con los demás puesto que vivimos juntos.</p><p><strong>¿Qué es la filosofía pirata?</strong></p><p>Es una práctica de la filosofía que se quiere no especializada, al alcance de cualquiera, que no pasa necesariamente por los grandes textos de la filosofía. Es decir, que muchos filósofos, desde Sócrates a Gramsci, han afirmado que todos somos filósofos en tanto que nos preguntamos por el sentido de la vida, que no te viene dado por la sociedad. Filosofar al modo pirata es, digamos, autorizarse a pensar por uno mismo. No solo se piensa en las facultades de filosofía, no solo piensan los que han leído 17.000 libros, no solo piensan los que tienen un acceso a un lenguaje especializado; cada cual puede pensar con los amigos, con los cercanos, a partir de los materiales de la propia vida. Es una relación con la filosofía, pero desde lo que nos importa vitalmente. Frente a la filosofía académica, es un saber puesto al servicio de la vida, pirateado desde otro lado, que se hace sin contemplaciones, sin jerarquías. </p><p><strong>¿Se piensa en la escuela? Está también precarizada, automatizada, acelerada, como la vida misma.</strong></p><p>La escuela sería uno de esos lugares donde el pensamiento está en juego: aprender a pensar y también pensar lo que es la escuela. En un mundo donde la inteligencia artificial es cada vez más potente, ¿qué sentido tiene la escuela como expendedora de contenidos? Si intentas competir con las máquinas expendedoras de contenidos, pues vas a perder siempre. ¿Cuál es el sentido de la escuela hoy? Si el pensamiento logra encarnarse, hacerse algo común, si se presencializa, se materializa, si tiene un cuerpo, ahí sí que la escuela aporta algo que el modo dominante de inteligencia artificial no podría alcanzar.</p><p><strong>¿Leer es una potencia subversiva?</strong></p><p>Leer no es necesariamente leer libros, lo intento tomar más en general, como una manera de estar en el mundo, de hacer un esfuerzo de escuchar y crear sentido. Un libro es una herramienta que nos solicita como sujetos, porque tienes que leerlo tú y tienes que juntar una palabra con la otra e inventar sentido, completarlo a veces con la imaginación o la experiencia. Es una actividad que obliga a un esfuerzo, que no todo es así en el mundo de hoy, en el que tenemos relación con dispositivos en los que está todo hecho, tú eres un objeto y no hay un espacio donde moverse, mientras que en el libro tienes que completar lo que se te propone y verificar con la razón si te convence o no. Leer nos hace sujetos distintos a lo que este mundo hace de nosotros, que es consumidores, tertulianos, espectadores u opinadores. Pensar es una actividad subversiva en tanto que hace de nosotros sujetos, individuales o comunitarios, mientras todas las fuerzas de este mundo hacen de nosotros objetos manipulables: los políticos con sus propagandas, los mercados con sus seducciones, las tecnologías con sus automatismos, los saberes dominantes con su autoridad. Por eso, pensar es ser protagonistas de nuestra propia vida entramados con los demás.</p><p><strong>¿Pensar nos libera de la rueda del neoliberalismo?</strong></p><p>El neoliberalismo es una colonización de la atención, y pensar implica, en primer lugar, una liberación de esa atención, es decir, es construirse un paisaje propio en el mundo de cuáles son tus referencias, coordenadas y criterios. Mientras que hoy todos somos objetos de ese mercado de la atención generado por miles de dispositivos tecnológicos, empresariales y mercantiles que quieren colonizar la atención, pensar suspende esos automatismos y nos hace sujetos capaces de poner atención en otras cosas o en algo que todavía no ha sido creado. Podría haber muchos modos de enfocarlo, pero en tanto que es una liberación, una batalla, una suspensión de la colonización de la atención, podríamos decir que pensar es conflictivo con la dinámica del neoliberalismo. </p><p><strong>Sin todos estos dispositivos tecnológicos, antes teníamos más espacio para la imaginación. </strong></p><p>Hay muchísimas máquinas produciendo por todas partes 'respuestas tapón', en las pantallas, en lo político, en lo tecnológico, en lo cultural, y por eso la sensación de asfixia. La lectura, el pensamiento y la imaginación son liberaciones de la atención, son formas de hacer un lugar 'no lleno' donde poder imaginar, pensar o atender a otras cosas frente a esa multitud de 'respuestas tapón' de qué es ser feliz, qué es el amor, qué es una vida buena... y el mercado dice todo el rato 'compra la mía'. La batalla del pensamiento es suspender, interrumpir, hacer paréntesis en todas esas 'respuestas tapón', y en ese espacio que se despeja, poder pensar, decir, sentir y crear algo por nosotros mismos. Eso tiene un punto de revolucionario a todos los niveles, desde el personal hasta lo político.</p><p><strong>¿Qué le gustaría que pensara el lector de este libro?</strong></p><p>Es un libro que puede acompañarte porque no se cierra. Me gustaría que este libro suscite una respuesta del lector que no sea simplemente acatar lo escrito, sino inventar algo a partir de eso. Espero que este libro, de alguna manera, haga sentir que en la batalla del pensamiento se juega nuestra existencia colectiva, porque si no se tira del freno de emergencia el tren va hacia el muro. Eso es literalmente así hoy, con todas las amenazas catastróficas que están ya ahí. Porque una vida sin pensamiento es una vida que repite lo que otros han pensado: cómo hay que ser feliz, cómo tiene que ser tu cuerpo, cómo tienen que ser tus relaciones, cómo tienes una vida plena, qué significa estar vivos, qué significa el amor. Pensar tiene que ver no solamente con saber más o menos cosas, sino con la plenitud de la vida que se lleva. Si se piensa, esa vida puede ser creadora de nuevos sentidos; si no se piensa, esa vida será repetidora de los ya impuestos y, en tanto que repetidora, siempre triste, porque estás viviendo la vida que otros pensaron, decidieron y diseñaron, y a ti nunca te va a encajar el traje que otros hicieron. Por eso, ya Platón dice en el mito de la caverna que no pensar nos condena no solamente a ser ignorantes, sino también a una vida mala, tonta, repetitiva, a una vida en la que nuestro cuerpo y nuestra mente están repitiendo cosas que otros pensaron y dijeron. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 May 2026 17:25:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Amador Fernández-Savater: “El neoliberalismo es una colonización de la atención, pensar implica liberación”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La 'guerra podrida' de Hitler, según Chaves Nogales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/guerra-podrida-hitler-chaves-nogales_1_2196132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/726bd30b-e0c1-4730-9c2b-fef0deb561bc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La 'guerra podrida' de Hitler, según Chaves Nogales"></p><p><strong>El Paseo, Sevilla, 2025. Edición de Yolanda Morató.</strong></p><p>Sorprenden las disputas enconadas entre algunos estudiosos de la obra de <strong>Manuel Chaves Nogales</strong>, que han enmarañado tanto los libros y las ediciones de sus obras que es necesario convertirse en ¿experto? para desentrañar las conclusiones a las que han llegado. Algunos de estos estudiosos han puesto tanto empeño en menospreciar a quienes los han antecedido en la investigación como en contarnos sus descubrimientos. Creo que todas las aportaciones pueden resultar valiosas, cada una en su momento, y estos estudiosos chinches deberían mostrar más respeto por aquellos que los han precedido en su labor. <strong>María Isabel Cintas, Andrés Trapiello, Antonio Muñoz Molina, Felipe Benítez Reyes, Ignacio F. Garmendia, Yolanda Morató, Francisco Cánovas Sánchez, Andrés Amorós</strong> y, sobre todo, <strong>Abelardo Linares</strong>, entre otros, han hecho aportaciones importantes en momentos distintos y a diferentes niveles. Sin sus trabajos, Chaves Nogales no ocuparía hoy el lugar que ocupa en la historia del periodismo y de la literatura.     </p><p>La profesora y traductora<strong> Yolanda Morató</strong> recoge en este libro 211 artículos, si no he contado mal, que en algunos casos tuvieron distintas versiones, con leves variantes. Fueron escritos en París, donde Chaves Nogales había llegado a finales de 1936, huyendo de la Guerra Civil española. Se publicaron en diversos periódicos de Brasil, Cuba, Argentina y Canadá. Los escribía para dos agencias de prensa, Cooperation, del húngaro <strong>Emery Reves</strong>, y Havas, de cuyo <em>staff</em> formaba parte, que se encargaban de distribuir sus artículos. Eran agencias gubernamentales al servicio de la entente franco inglesa, que trabajaban para contrarrestar la propaganda alemana. Recuérdese, además, que la casa en la que habitaba con su familia en las afueras de París se la había proporcionado el gobierno francés.       </p><p>Los artículos, sin embargo, se distribuían en francés (lengua pivote, nos dice la editora, para que pudieran publicarse simultáneamente en distintos países), y eran traducidos a las lenguas en que iban a ser publicados: portugués, castellano e inglés. Los que aquí leemos han sido vertidos al castellano por la editora, a veces con resultados que me suscitan dudas (¿Reduplica Chaves Nogales, habla de “lectores y lectoras”?, p. 37; ¿se refirió a las “alubias con papas”, no debió de escribir más bien <em>con patatas</em>?, p. 49; la berlinesa Wilhelmstrasse es una calle, como su nombre indica, p. 251; y dudo que la locución verbal <em>poner en valor</em>, ¿por qué no <em>valorar</em>?, sea la traducción adecuada para algo escrito en 1940, p. 315; el uso de palabros como <em>protocolar</em>, p. 310; traducir “dueñas de casa”, por <em>amas de casa</em>, p. 316; como tampoco creo que existiera el concepto de <em>victimario</em> en la época, p. 319; y el título de la ópera de <strong>Mozart </strong>suele traducirse al castellano como <em>La flauta mágica</em>, no <em>encantada</em>, p. 381, por solo señalar unos pocos ejemplos). Ante la duplicidad de versiones, nos confiesa que se ha decantado por la más –digamos- completa, la de mayor calidad.</p><p>A pesar de lo que indica el título del libro, no se trata de un <em>diario</em> (la explicación de Yolanda Morató, al respecto, en el prólogo al segundo volumen, con los escritos sobre Londres, no resulta satisfactoria), sino de una recopilación de artículos, de crónicas, que es como debieron pensarse cuando se escribieron y como me parece que se leen hoy. </p><p>Para entender el sentido y valor de estos textos, no debe olvidarse que estaban condicionadas por la censura, que Chaves minimiza: “personalmente, aunque me ha dado algún que otro arañazo, no puedo quejarme” (p. 201), y por los intereses propagandísticos aliados, en favor de la libertad y la democracia, de las agencias de prensa para las que trabajaba, según ya he indicado. Así, el entusiasmo del autor con respecto a la actitud de los franceses ante la guerra, tanto de sus políticos como de los ciudadanos de a pie, resulta llamativo, forzado. Si comparamos estas impresiones con lo que escribe en <em>La agonía de Francia</em> (1941. Manejo la ed. de la Diputación de Sevilla, 2001, aunque hay tres más, posteriores, en otras casas editoriales), el libro lo compone tras llegar a Londres, nos percatamos de que su opinión parece más sincera, muy diferente, y que es en este libro de 1941 cuando nos proporciona su verdad sobre lo que ha visto y vivido en París. </p><p>Por tanto, las crónicas hay que leerlas prescindiendo del optimismo propagandístico que rezuman, pues su valor estriba, más que no en las opiniones políticas, algunas de ellas lúcidas, en lo que tienen de testimonio de la vida cotidiana en París, en los numerosos detalles que nos proporciona sobre la existencia de los parisinos: cómo celebran la Navidad, cómo se divierten y conviven (“la vida tradicional de París intenta renacer por todas partes”, p. 18), los deportes que practican, qué fue de la industria del lujo (pp. 39 y 40), de las revistas de humor (p. 31), cómo funcionan los transportes, en qué consiste la aportación de las francesas a la guerra, sin que falte la comparación con las inglesas (pp. 25, 26, 35, 83..), o qué suerte corren los animales (“la guerra es fatal para los perros”, nos dice, “sobre todo para los perros chicos”, p. 54). Nos cuenta también, valgan estos detalles de los variados intereses de estas crónicas, que los ingleses han adoptado como símbolo las <em>amapolas de Flandes</em>, mientras que los franceses tienen como insignia las <em>florecillas azules</em>. Y que el 1 de mayo, París se engalana de <em>muguet</em> (lírios del valle), símbolo de la buena suerte, del optimismo y la confianza (p. 323). A la celebración de esta fiesta en Bruselas, se refiere María Enciso en su <em>Europa fugitiva</em> (1941). En fin, se ocupa de innumerables detalles más en los que no podemos detenernos. No importa solo lo que cuenta, sino también los temas que escoge y el tratamiento que les da. Lo que pretende, nos dice, es mostrarles a los lectores la verdadera vida de París. Y eso sí creo que está logrado, aunque solo sea una parte de lo que allí sucedía. </p><p>Cualquier lector exigente se preguntará por qué el autor se prestó a edulcorar la realidad, si acaso tuvo alguna otra alternativa profesional, puesto que debía sobrevivir con su familia, tras abandonar una España en guerra en la que su vida corría peligro. Chaves Nogales nos proporciona algunos datos sobre cómo trabajaba, cuáles eran sus hábitos y contactos. Así, confiesa, desmitificando sus fuentes, que “para ser un periodista bien informado en París, basta dar los buenos días a la portera y tomar café en el mostrador del bar de la esquina”; a la vez que reconoce que, en ocasiones, se basaba en los “genuinos órganos de opinión” franceses (pp. 164, 247 y 338). </p><p>Durante sus años de estancia en París gobierna Francia<strong> Edouard Daladier</strong>, un político de centro izquierda, radical socialista, que, tras la invasión de Finlandia por la Unión Soviética, dimite el 21 de marzo de 1940; y al que sucede <strong>Paul Raynaud</strong>. De ambos se ocupa con más detenimiento en el libro de 1941. Chaves Nogales se muestra muy afrancesado: admirador de las decisiones del gobierno francés sobre la preparación ante la guerra, y de las conductas de los ciudadanos, la “disciplina de la masa” (p. 11), minusvalorando y menospreciando siempre a los alemanes, quienes —no lo olvidemos— derrotaron a los franceses, tomaron París y ocuparon la mitad de Francia. Se muestra optimista y confiado en el resultado de la guerra, de la derrota de alemanes e italianos. Es necesario tener en cuenta el contexto en que se escriben los artículos, el fin que pretenden al difundirse en América Latina y Canadá, pero sorprende que no recuerde la crueldad con que el gobierno francés trató a los exiliados republicanos españoles, quizá porque no era eso lo que entonces tocaba contar. </p><p>Chaves Nogales no fue un periodista y escritor <em>equidistante</em>, como se ha dicho, sino un ferviente defensor de la República española, de la democracia y la libertad, y un crítico feroz del nacionalsocialismo, del fascismo (representados por <strong>Hitler </strong>y <strong>Mussolini </strong>y del comunismo. El <em>cocodrilo</em>, al que se refiere en tres crónicas, es Hitler, la Alemania nacionalsocialista, como hoy serían <strong>Putin </strong>o <strong>Trump</strong>, (pp. 162, 288 y 326). A finales de 1939, comenta que “la eliminación de los comunistas que impedían la función parlamentaria normal es absoluta” (p. 73). Para muchos de los que todavía no se habían desengañado, definitivamente lo hacen tras el pacto de no agresión entre Alemania y Rusia, firmado en 1939.</p><p>En estos artículos, pues, Chaves Nogales denuncia las mentiras de los políticos alemanes, la intimidación constante y su obsesión por las armas secretas (pp. 92, 93), aunque las considere tan inoperantes como inexistentes. Se preocupa por las grandes masas de refugiados que llegan a la ciudad, él mismo era uno de ellos, quienes consideran París un territorio de libertad, aunque pronto dejará de serlo, y tendrán que buscarse una salida, siempre difícil, que los lleve a Inglaterra, Portugal o Estados Unidos. Compara, a menudo, las dos guerras mundiales, y recuerda, en varias ocasiones, la batalla de Verdún (1916), e incluso cita la novela de Remarque, <em>Sin novedad en el frente </em>(1929), cuyo título remeda en el primer artículo del libro.</p><p>La prosa de Chaves Nogales es la propia de una crónica, en el estilo habitual del periodista republicano que, en estos casos, utiliza breves artículos. Pero no faltan destellos de escritor en el cuidado de la estructura, de los comienzos y finales (véase el desenlace de “París festeja el aniversario de Verdún esperando el ataque nazi”, p. 212), en la descripción de las atmósferas, en los retratos de los personajes o en la importancia que le da a los objetos, a los detalles, o en las repeticiones retóricas, que, por fortuna, no prodiga (solo las observo en las pp. 56, 57, 170, 171, 337 y 364). Pero fíjense también en conceptos como <em>guerra total</em>, <em>guerra podrida</em> y <em>quinta columna</em> que utiliza en numerosas ocasiones. Se vale, además, de palabras francesas, alemanas, italianas e inglesas, voces que volvemos a encontrar en otros libros suyos.</p><p>En diversos momentos, se muestra interesado por las artes, por diversos artistas (los nombres de <strong>Josefina Baker</strong> y <strong>Mauricio Chevalier,</strong> castellanizados, se repiten, y no son los únicos), ya sean escritores, ya músicos, con alusiones a la ópera y al teatro, a diversos espectáculos como el circo (el Medrano), o la literatura, sobre la que puede leerse, doy un par de ejemplo, muy interesantes: “Actos en París en memoria del novelista Zola” y “El destino de la <em>pax</em> y el destino de una generación” (pp. 277, 278 y 331-333). Y se refiere a la movilización de los hombres de la cultura, convertidos en soldados (p. 12). Con ello, trata de mostrarnos una ciudad que intenta seguir viviendo con una cierta normalidad. </p><p>Pero cuando los alemanes se acercan a París, Chaves Nogales, con ayuda del gobierno, se traslada a Gales, partiendo de Burdeos, para acabar en Londres. Los trabajos escritos en la capital inglesa compondrán el segundo volumen del mal llamado <em>Diario</em>, de los tres que componen el conjunto, donde se ocupa de la bochornosa huida de la élite política a Inglaterra, que debió recordarle el traslado del gobierno republicano español a Valencia, en plena Guerra Civil. El último artículo del volumen que nos ocupa data del 13 de junio de 1940, un día antes de la entrada de los alemanes en París (el 9 de junio, comenta: “la ocupación de París por los alemanes es un imposible metafísico”, p. 380); mientras que el primero que escribe en Londres está fechado el 12 de octubre de 1940. Quizá, durante esos cuatro meses, debió de dedicarse a escribir <em>La agonía de Francia</em>. </p><p>El libro vale tanto por la impresión general que produce como por sus detalles sobre la vida cotidiana, las costumbres de los franceses, los sentimientos de los ciudadanos y las esperanzas de los políticos. Lo que llama la atención, como hemos advertido, es que su interés por España casi desaparece (las excepciones se encuentran en las pp. 85, 86 y 351), centrándose en la Segunda Guerra Mundial, aunque tanto el segundo volumen como en el libro de 1941 se ocupe de nuestro país en varios capítulos. </p><p>En un artículo titulado “Es increíble hasta donde llega, en su extravío moral, la propaganda nazi” (pp. 312 y 313), publicado el 25 de abril de 1940, se refiere hasta en cuatro ocasiones a <em>la guerra podrida</em> imaginada por Hitler y llevada a la práctica por <strong>Goebbels</strong>. Y vuelve a utilizar la expresión varias veces más (pp. 329, 337, 341, 346, 352 y 371). Esa insistencia me ha llevado a pensar que era un título adecuado para esta reseña.  </p><p>El prólogo de Yolanda Morató resulta útil, valioso por las notas y el resto de las informaciones que nos proporciona, pero echamos de menos que se hubiera aclarado mejor las condiciones en que se gestaron los textos, tal y como hace en su libro sobre<em> Los años perdidos (1940-1944) </em>(Renacimiento, 2023), así como los trasvases de las piezas de una lengua a otra. A pesar de todo, el prólogo y las notas resultan necesarios para entender el sentido y valor de estos artículos. </p><p>Sea como fuere, tras las nuevas aportaciones, los estudiosos y biógrafos tendrán que rehacer sus trabajos, porque los nuevos datos de que disponemos, y se anuncian más por salir, cambian la visión que teníamos del autor, de su obra; sobre todo, tras la salida de España en 1937. A pesar de todos los pesares, estos artículos lo confirman como el gran periodista que sabíamos que fue. Creo que el mayor elogio que puede hacérsele es que si alguien quisiera saber cómo era la vida cotidiana en París entre 1939 y 1944, las expectativas que tenían los franceses ante la guerra, hará bien en leer este conjunto de crónicas.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La 'guerra podrida' de Hitler, según Chaves Nogales]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fosa abierta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fosa-abierta_1_2196123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/10ba96a5-4c24-4110-819a-7c416fd820c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fosa abierta"></p><p><strong>Anagrama. 2026.</strong></p><p>En <em>La fosa abierta</em>, Brigitte Vasallo nos muestra dos búsquedas: la de la memoria de una emigrante gallega en Francia y Barcelona, donde se cuenta la historia de madre e hija, una historia marcada por la violencia y la incomprensión, y a la vez el viaje hacia la reparación de una identidad de clase marcada por la diáspora.</p><p><em>Txarnega</em> (tal cual), <em>diáspora</em> —antes que migración—, <em>villanos, paganos, campesinado</em>, serán palabras que se cruzan en un libro que se nos muestra como un diario de indagación. Indagación no solo en la biografía personal, sino en las raíces del cambio del Antiguo Régimen al Régimen Capitalista y su impacto en las relaciones humanas, en la mutación de la sociedad rural en sociedad urbana y la consistencia de la sociedad de clases en que vivimos, a pesar de que las apariencias de luces de colores del capital nos induzcan a creer que habitamos la Edad de la Clase Media.</p><p>El viaje personal se inicia con un planteamiento, también, de clase. Brigitte intenta contactar con aquellos que fueron los señores de la madre —criada, <em>bonne</em>, en París— para entablar una relación que supere las diferencias de clase. ¿Quién es ese señor Charmat que nunca contesta los correos electrónicos, que debe de estar jugando al golf o criando viñedos? Es la representación de la clase social, el miembro de aquella burguesía francesa que empleó a tantas chicas españolas en París, en el XVI <em>arrondissement</em>, y las moldeó para el buen servicio. Brigitte rescata una joya bibliográfica de la humillación y el clasismo: un irónico manual de <strong>Solange Fasquelle</strong> para que las señoras francesas aprendieran a tratar a sus criadas.</p><p>El señor Charmat contestó un día al teléfono, pero no entendió el viaje que había iniciado Brigitte. No lo entendió porque le importaba bien poco. Al fin y al cabo, las criadas nunca formarán parte de la memoria familiar en un edificio del XVI <em>arrondissement</em>. Esa madre, ya casada, se asentó en Barcelona. Fueron gallegos en el Clot (yo fui andaluz en el Clot). Brigitte no tardó mucho en huir de un hogar violento que no comprendió sus opciones —es tan evocador para nuestra generación, y tan performativo, el odio de la madre hacia Gloria Fuertes y cómo apaga la televisión mientras se emite <em>Un globo, dos globos, tres globos</em>—. Brigitte tardará mucho tiempo en volver a Chandrexa de Queixa —Ourense, Galicia— el lugar del origen, donde se inició la diáspora, porque allí es donde, a través de entrevistas y confesiones familiares, vecinales, obtendrá el itinerario que conduce a la txarneguidad: la clase social campesina trasladada a las ciudades como mano de obra barata.</p><p>Ese retorno a Galicia localiza la memoria y abre el camino a la comprensión de la diáspora. Una pregunta recorre el libro: <em>¿Por qué éramos pobres?</em> Esa es la única marca, ser pobre, atravesada de respuestas varias sin sentencia, pues late de fondo la aceptación de que no pudo ser de otra manera: porque la tierra es mala, porque había mucha miseria, porque éramos ignorantes, porque nuestra familia siempre fue pobre, porque teníamos muchos hijos…</p><p>Brigitte Vasallo profundiza entonces en las raíces de esa diáspora de la clase campesina, y las sitúa en la imposición del sistema capitalista: el alumbramiento de la mano de obra, las fábricas, la abolición de la esclavitud y la aparición del proletariado. Pudo ser de otra manera, quizá, en el mantenimiento de unas sociedades campesinas de subsistencia, pero que no eran, de ningún modo, útiles a la burguesía ni al sistema de explotación laboral que se abría paso con un objetivo: desintegrarlas en pos del mercado de consumo.</p><p>Este libro, que es un diario escrito en varias lenguas —anoto: castellano, galego, catalá, italiano, dialectos itálicos…—, avanza en las razones e intenta la investigadora contrastarlas en sus trabajos de campo en Galicia, Italia —donde los <em>terroni</em> son los <em>charnegos</em>—, en los paralelismos entre los perros y los proletarios, en los retratos de los serios ministros españoles del XVIII, en los planes franquistas contra el campesinado. Persiste en la búsqueda de una explicación al milagro económico del siglo XX: la diáspora de campesinos explotados que aunaron manos y vidas, con los proletarios y campesinos que allí ya estaban, para levantar los emporios alemanes, catalanes o vascos. Fueron los campesinos y jornaleros provenientes del campo andaluz, gallego, murciano, turco, siciliano, la fuerza extractiva, trasplantada, mimbres de “la mutación antropológica” de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vigencia-atemporal-pasolini-viviendo-consecuencias-advirtio_1_2127624.html"  >Pasolini</a>. Procedentes de una tierra de expulsión hacia una tierra de explotación, señala la autora, pues de la diáspora surge irremediablemente la herida que no sana porque nadie atiende.</p><p>Si ya sabemos quién es el señor Charmat y lo que significa, ¿quiénes son esta gente que vino de fuera y ahora quiere reivindicar su propia historia? Esa es la pregunta que la identidad catalana no puede aceptar. La irresoluble relación entre comprensión de clase e identidad nacional atraviesa también el discurso nacionalista catalán, por muy a la izquierda que se ubique. Brigitte Vasallo impulsó un Festival de Cultura Txarnega en Barcelona, en 2019. Fuera de Cataluña, y quizá fuera de aquel momento del <em>Procés</em>, sea difícil entender que la búsqueda de una identidad de clase pudiese pisar tantos callos. Desde luego, un Festival de Cultura Txarnega debía ser mejor noticia que una Feria de Abril en Cataluña. Busco en las crónicas, reconozco nombres como <strong>Juana Dolores </strong>o <strong>Anna Pacheco</strong>. Leo cartas, columnas, que acusan a la búsqueda de la txarneguidad, un concepto quizá ya obsoleto y que solo puede obtener un reconocimiento de traza cultural en el amplio y absorbente sistema cultural catalán, de ser una quintacolumna españolista. No sé si fue españolista, pero sí fue fuerza de trabajo procedente del actual Estado español, por definición irremediable; pero fuimos la fuerza extraída que sigue buscando qué nos llevó de un lugar a otro, y eso no lo resuelve la asimilación y el prensado. Está claro que aquel festival no lo entendieron: la txarneguidad viene ahora, pero de otra latitud.</p><p>Txarnegos y txarnegas serán catalanes, indiscutiblemente, pero son catalanes con una bio-historia de diáspora y desarraigo. Quienes lo han sido, lo saben. Son casi-catalanes en el interior del país. Lo son cada vez más, apunta la autora, porque cuentan con una generación de más en su haber, porque son blancos y cristianos, porque no forman parte de los nuevos miembros de la diáspora —los africanos, los sudamericanos—, pero son también extranjeros en su retorno. Brigitte fue gallega en Barcelona y catalana en Chandreixa; fuimos andaluces en Cataluña y catalanes en Andalucía: lo sabemos, y en ambos territorios persiste el prejuicio. Serán pues marroquíes en la Garrotxa y catalanes en el Rif. Serán bolivianos en el Priorat y catalanes en el Altiplano. Senegaleses en Mataró y barceloneses en Dakar.</p><p>Brigitte Vasallo apunta que no somos, pues, ni chicha ni limoná, sino que estamos en el tránsito, en lo <em>queer</em>, en la no-identidad. Para alcanzar esa no-identidad hay que contemplar cómo el tiempo y el espacio han atravesado la clase social. El espacio queda desmentido en la abolición de los discursos burgueses (como el no-lugar de <em>Augé</em>); el espacio es el camino. El tiempo, debe habitar, como el olvido, en la memoria de una clase social extirpada que aún busca el suyo. El tiempo todo lo sepulta, pero queda la marca indeleble de la procedencia, de aquellos que hicimos el camino: el de ida y el de retorno, y buscamos aún saber quiénes fuimos y quiénes somos. Brigitte, sigue buscando y nos cuentas.</p><p><em><strong>* Alfonso Salazar </strong></em><em>es escritor.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La fosa abierta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Qué esperamos de la literatura? Novela policiaca y condición humana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/esperamos-literatura-novela-policiaca-condicion-humana_1_2196110.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/25cf868c-023c-4451-9d5b-ce3ec368642e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué esperamos de la literatura? Novela policiaca y condición humana"></p><p><strong>Lumen. 2026.</strong></p><p>En <em>Contra las cosas sin gracia</em> (1961) Iris Murdoch exigía a la novela dar cuenta de la opacidad de las personas convertidas en personajes, ir en literatura más allá de un concepto optimista de personalidad. En mis clases de literatura comparada, cuando analizo ciertos textos críticos que intentan una revisión del canon literario, observo que en ocasiones tal revisión implica un cierto “descontento” con los personajes por sus contradicciones. </p><p>Es un tema muy complejo que no puedo analizar aquí con detenimiento, pero a veces comento en clase: en el fondo, ¿qué esperamos de la literatura? ¿Que nos cuente la vida como es o como nos gustaría que fuera? ¿Que nos lleve a asomarnos a los abismos o nos niegue la difícil e incómoda conciencia, parecida a arena entre los dientes, de que personas bondadosas puedan tener sus miserias, prejuicios o sencillamente opiniones que nos escandalicen (algo, por otra parte, fácilmente comprobable en la vida)? ¿Que los personajes sean como somos o como quisiéramos ser? Me apresuro a decir que la literatura puede presentar también espléndidos personajes construidos como nos gustaría ser o incluso anticipar modelos de individualidad antes de que esos existan, pero siempre desde una clara conciencia de la complejidad humana.</p><p>La realidad tiene la mala costumbre de no responder siempre a nuestras ideas sobre ella. Y tal vez en ningún lugar quede más patente eso como en la gran novela policiaca. Llego por fin a hablar de <em>Asesinato en el Molino del Cura </em>(Lumen, 2026)<em> </em>de <strong>Arantza Portabales</strong>, pero las ideas que acabo de exponer están de algún modo conectadas con la impecable exploración de la condición humana que hay en este libro, protagonizado, como el anterior, <em>Asesinato en la Casa Rosa </em>(Lumen, 2025)<em>, </em>por la detective (ahora abogada) Iria Santaclara. </p><p>En una trama perfecta y sofisticada, medida al milímetro igual que un mecanismo de relojería (los escritores tenemos mucho que aprender de novelas policiacas excelentes como esta), encontramos personajes muy complejos precisamente porque Arantza Portabales deja espacio a la opacidad que reclamaba Murdoch, deja aflorar lo que no queremos ver, lo que nos desazona: las aguas turbias de los seres humanos. Las cosas no son lo que parecen, ni las personas-personajes son lo que parecen. </p><p>Hay una mujer infeliz que intenta conocer un pasado que se le ha ocultado, Alba, unas familiares con actitudes siniestras, las hermanas Freijomil, un primo envolvente, Mikel, una inspectora convertida en abogada (Iria Santaclara) que intenta ayudar a Alba, la simpática Sinda, el telón de fondo del pueblo gallego de Loeiro donde una calma tensa agita los peores presagios. Con mano firme y una prosa que se bebe más que se lee (no pude desprenderme de la novela hasta que la acabé), Arantza Portabales ha escrito una gran novela policiaca porque ha revelado en unos personajes redondos, inolvidables, desasosegantes, los pliegues, los recovecos y los abismos de la condición humana. </p><p><em><strong>* Ioana Gruia</strong></em><em> es escritora y profesora de Literatura.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[8365ae81-cc04-4083-93b4-cf614a584e30]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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      <title><![CDATA[Palabras a puñetazo limpio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/palabras-punetazo-limpio_1_2196101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2a803871-5d6a-4f56-9c63-52a8850b608d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Palabras a puñetazo limpio"></p><p><strong>Efe Eme. 2026. </strong></p><p>"David González no sólo era el mejor de nosotros, con diferencia, sino el mejor autor de los últimos tiempos en este país tan grosero con sus artistas".</p><p><strong>Montero Glez</strong></p><p>"Una tarde, en València. Hace muchos años. Un café donde se celebraba una reunión de poetas. Leían. Bebían. Yo era uno de los que sólo miraban y escuchaban. De repente uno de los lectores se subió a una mesa y casi a gritos nos metió en vena <em>Si me pagaran un millón de dólares por este poema</em>, del escritor argentino <strong>Raúl Núñez</strong>. Desde que lo vi subido a aquel altar prodigioso nunca dejé de leer a <strong>David González</strong>. Se parecían tanto él y Raúl, que ya había muerto hacía unos años, en la primavera de 1996. En su vida. En su escritura. En la dureza de sus historias. Ahora Efe Eme recupera toda la obra de Raúl y acaba de publicar la narrativa completa de David: <em>Huellas en el polvo</em>, con prólogo y epílogo de <strong>José Ángel Barrueco</strong> y <strong>Vicente Muñoz Álvarez</strong>. Por cierto, el poema de Raúl también lo grabó <strong>Loquillo</strong> en uno de sus discos". </p><p>Este párrafo lo escribí para <strong>infoLibre</strong> con motivo del último Día del Libro. Y cuando lo recupero para esta ocasión añado lo que dijo <strong>Víctor Guillot</strong> en un mensaje de esos que circulan por las redes y que me pierdo si algún amigo —como ahora— no me lo hace llegar por los conductos <em>normales</em>: "Era un gran poeta y un boxeador que golpeaba con las palabras cuando recitaba". Así, como a puñetazo limpio, lo recuerdo abriendo grietas en la sala aquella tarde valenciana ya en la lejanía, dejando bien claro que para él la poesía no era un sitio confortable sino un descosido en el techo que te deja sin remedio a la intemperie.</p><p><strong>Sin futuro, sin presente</strong></p><p>Leer ahora los relatos de David González es volver a transitar itinerarios que han sido borrados del mapa. No todos los itinerarios, claro: los suyos, que fueron los de toda su generación. Había nacido en el pueblo asturiano de San Andrés de los Tacones en 1964 y murió en Gijón en 2023. Nunca miró a la vida de reojo. Siempre la tuvo enfrente, casi diría yo que en su contra. Tampoco él se lo puso fácil a esa vida, a esos itinerarios que eran los de gente poco dispuesta a ningún conformismo. La poesía, por desgracia, es un territorio domado por ese conformismo. Si la poesía no tiene nada que ver con el mundo en que vives, no se merece ni compasión ni paciencia, escribía <strong>René Char</strong>. ¡Qué bien se aplicaba David esa afirmación tan contundente de uno de mis poetas favoritos, si no el que más! Nunca dejó de escribir, incluso en sus peores tiempos (que fueron demasiados). Dentro y fuera de la cárcel. En su habitación propia o en las que fue habitando a lo largo de su vida. No sé si he conocido y leído a alguien más respetado y querido por sus camaradas en la resistencia para que la literatura no fuera una mierda pinchada en el palo de la tranquilidad. Por eso las historias de <em>Huellas en el polvo</em> son combates hasta el KO frente a la escritura y lectura con efectos melatonina. Personajes que se saben no sin futuro sino sin presente, que sin embargo escarban en lo más profundo de lo humano y se descubren en esa lucha por lo imposible que es la vida demasiadas veces. Lo que escribía <strong>Robert Lowell</strong>: "¿Por qué continuamos esperando / que la vida sea fácil, / cuando sabemos que no lo va a ser nunca?"</p><p>El mundo de David González era de este mundo. Aunque una lectura de su obra literaria pueda aparentar lo contrario. Escribir es situarte a un lado de la frontera que separa la clase a la que perteneces. Porque de eso hablamos cuando hablamos de literatura o de lo que sea. ¿De qué lado estás, eh, de qué lado estás? Ahí la pregunta del millón de dólares, como el poema de Raúl Núñez que leyó David una tarde en València: ¿de qué lado estás cuando escribes, de qué lado cuando eliges leer lo que lees y no otra cosa diferente? La equidistancia es mala consejera para casi todo. Y en la literatura, ya ni te digo…</p><p><strong>Si la literatura no es incómoda…</strong></p><p>Pero hay algo fundamental en los relatos de <em>Huellas en el polvo</em>: esa humanidad, esa nobleza, que respiran sus protagonistas. La figura familiar del padre. De la madre. De los colegas. El corazón que ya ponía el autor en sus poemas. La realidad a la que entraba sin máscaras de ninguna clase: «Yo no soy un poeta de ficción», escribe en <em>La canción de la luciérnaga</em>. Y aunque lo fuera, es de los que sabe que la ficción no miente. De ahí que tampoco mientan los relatos de este libro tan violentamente hermoso. De ahí que tengamos que agradecer a la editorial Efe Eme la recuperación de la obra narrativa de un poeta inmenso: "Uno de los acontecimientos editoriales del año", dice <strong>Montero Glez</strong>, otro de los muchos que saben lo que dicen cuando hablan de David González.</p><p>La dureza de los relatos es incuestionable. También la literatura lo es, o debería serlo. Toque el palo musical que toque, la literatura es incómoda sí o sí. Si no, estamos hablando de otra cosa. El vecindario de <em>Huellas en el polvo</em> nunca lo ha tenido fácil. Apunta en el prólogo <strong>José Ángel Barrueco</strong>: "Pocos escritores tan dotados en España para la recreación de los ambientes del lumpen, la pobreza y la miseria, lo marginal y la clase trabajadora". Sabía muy bien David González de qué lado estaba cuando escribía, cuando vivía, que para él eran una misma cosa. Hay muchos relatos en este libro. Siempre hay elecciones a la hora de quedarte con unos cuantos en la cabeza. Posiblemente escogería uno entre todos los demás: <em>El camino de regreso a casa</em>. Pero hay donde elegir. Seguro que son muchas y variadas las preferencias en las dos partes de que consta el libro: textos inéditos y otros rescatados de revistas, fanzines y antologías que permanecían en el olvido o prácticamente desaparecidos.</p><p>Ya acabo. No con palabras mías. Con las que escribe <strong>Vicente Muñoz Álvarez </strong>en el epílogo: "Conservad este libro, pues, como oro en paño, queridos drugos, el corazón de nuestro mejor guerrero late, como un tambor de guerra, en él". A ver si nos vemos en <em>Huellas en el polvo</em>, ¿vale? A ver si nos vemos...</p><p><em><strong>*Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último libro, recién publicado, es '</em><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/novela-convertida-talisman_1_2167912.html"  ><em>Singapur</em></a><em>', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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