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    <title><![CDATA[infoLibre - Literatura]]></title>
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      <title><![CDATA[La 'guerra podrida' de Hitler, según Chaves Nogales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/guerra-podrida-hitler-chaves-nogales_1_2196132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/726bd30b-e0c1-4730-9c2b-fef0deb561bc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La 'guerra podrida' de Hitler, según Chaves Nogales"></p><p><strong>El Paseo, Sevilla, 2025. Edición de Yolanda Morató.</strong></p><p>Sorprenden las disputas enconadas entre algunos estudiosos de la obra de <strong>Manuel Chaves Nogales</strong>, que han enmarañado tanto los libros y las ediciones de sus obras que es necesario convertirse en ¿experto? para desentrañar las conclusiones a las que han llegado. Algunos de estos estudiosos han puesto tanto empeño en menospreciar a quienes los han antecedido en la investigación como en contarnos sus descubrimientos. Creo que todas las aportaciones pueden resultar valiosas, cada una en su momento, y estos estudiosos chinches deberían mostrar más respeto por aquellos que los han precedido en su labor. <strong>María Isabel Cintas, Andrés Trapiello, Antonio Muñoz Molina, Felipe Benítez Reyes, Ignacio F. Garmendia, Yolanda Morató, Francisco Cánovas Sánchez, Andrés Amorós</strong> y, sobre todo, <strong>Abelardo Linares</strong>, entre otros, han hecho aportaciones importantes en momentos distintos y a diferentes niveles. Sin sus trabajos, Chaves Nogales no ocuparía hoy el lugar que ocupa en la historia del periodismo y de la literatura.     </p><p>La profesora y traductora<strong> Yolanda Morató</strong> recoge en este libro 211 artículos, si no he contado mal, que en algunos casos tuvieron distintas versiones, con leves variantes. Fueron escritos en París, donde Chaves Nogales había llegado a finales de 1936, huyendo de la Guerra Civil española. Se publicaron en diversos periódicos de Brasil, Cuba, Argentina y Canadá. Los escribía para dos agencias de prensa, Cooperation, del húngaro <strong>Emery Reves</strong>, y Havas, de cuyo <em>staff</em> formaba parte, que se encargaban de distribuir sus artículos. Eran agencias gubernamentales al servicio de la entente franco inglesa, que trabajaban para contrarrestar la propaganda alemana. Recuérdese, además, que la casa en la que habitaba con su familia en las afueras de París se la había proporcionado el gobierno francés.       </p><p>Los artículos, sin embargo, se distribuían en francés (lengua pivote, nos dice la editora, para que pudieran publicarse simultáneamente en distintos países), y eran traducidos a las lenguas en que iban a ser publicados: portugués, castellano e inglés. Los que aquí leemos han sido vertidos al castellano por la editora, a veces con resultados que me suscitan dudas (¿Reduplica Chaves Nogales, habla de “lectores y lectoras”?, p. 37; ¿se refirió a las “alubias con papas”, no debió de escribir más bien <em>con patatas</em>?, p. 49; la berlinesa Wilhelmstrasse es una calle, como su nombre indica, p. 251; y dudo que la locución verbal <em>poner en valor</em>, ¿por qué no <em>valorar</em>?, sea la traducción adecuada para algo escrito en 1940, p. 315; el uso de palabros como <em>protocolar</em>, p. 310; traducir “dueñas de casa”, por <em>amas de casa</em>, p. 316; como tampoco creo que existiera el concepto de <em>victimario</em> en la época, p. 319; y el título de la ópera de <strong>Mozart </strong>suele traducirse al castellano como <em>La flauta mágica</em>, no <em>encantada</em>, p. 381, por solo señalar unos pocos ejemplos). Ante la duplicidad de versiones, nos confiesa que se ha decantado por la más –digamos- completa, la de mayor calidad.</p><p>A pesar de lo que indica el título del libro, no se trata de un <em>diario</em> (la explicación de Yolanda Morató, al respecto, en el prólogo al segundo volumen, con los escritos sobre Londres, no resulta satisfactoria), sino de una recopilación de artículos, de crónicas, que es como debieron pensarse cuando se escribieron y como me parece que se leen hoy. </p><p>Para entender el sentido y valor de estos textos, no debe olvidarse que estaban condicionadas por la censura, que Chaves minimiza: “personalmente, aunque me ha dado algún que otro arañazo, no puedo quejarme” (p. 201), y por los intereses propagandísticos aliados, en favor de la libertad y la democracia, de las agencias de prensa para las que trabajaba, según ya he indicado. Así, el entusiasmo del autor con respecto a la actitud de los franceses ante la guerra, tanto de sus políticos como de los ciudadanos de a pie, resulta llamativo, forzado. Si comparamos estas impresiones con lo que escribe en <em>La agonía de Francia</em> (1941. Manejo la ed. de la Diputación de Sevilla, 2001, aunque hay tres más, posteriores, en otras casas editoriales), el libro lo compone tras llegar a Londres, nos percatamos de que su opinión parece más sincera, muy diferente, y que es en este libro de 1941 cuando nos proporciona su verdad sobre lo que ha visto y vivido en París. </p><p>Por tanto, las crónicas hay que leerlas prescindiendo del optimismo propagandístico que rezuman, pues su valor estriba, más que no en las opiniones políticas, algunas de ellas lúcidas, en lo que tienen de testimonio de la vida cotidiana en París, en los numerosos detalles que nos proporciona sobre la existencia de los parisinos: cómo celebran la Navidad, cómo se divierten y conviven (“la vida tradicional de París intenta renacer por todas partes”, p. 18), los deportes que practican, qué fue de la industria del lujo (pp. 39 y 40), de las revistas de humor (p. 31), cómo funcionan los transportes, en qué consiste la aportación de las francesas a la guerra, sin que falte la comparación con las inglesas (pp. 25, 26, 35, 83..), o qué suerte corren los animales (“la guerra es fatal para los perros”, nos dice, “sobre todo para los perros chicos”, p. 54). Nos cuenta también, valgan estos detalles de los variados intereses de estas crónicas, que los ingleses han adoptado como símbolo las <em>amapolas de Flandes</em>, mientras que los franceses tienen como insignia las <em>florecillas azules</em>. Y que el 1 de mayo, París se engalana de <em>muguet</em> (lírios del valle), símbolo de la buena suerte, del optimismo y la confianza (p. 323). A la celebración de esta fiesta en Bruselas, se refiere María Enciso en su <em>Europa fugitiva</em> (1941). En fin, se ocupa de innumerables detalles más en los que no podemos detenernos. No importa solo lo que cuenta, sino también los temas que escoge y el tratamiento que les da. Lo que pretende, nos dice, es mostrarles a los lectores la verdadera vida de París. Y eso sí creo que está logrado, aunque solo sea una parte de lo que allí sucedía. </p><p>Cualquier lector exigente se preguntará por qué el autor se prestó a edulcorar la realidad, si acaso tuvo alguna otra alternativa profesional, puesto que debía sobrevivir con su familia, tras abandonar una España en guerra en la que su vida corría peligro. Chaves Nogales nos proporciona algunos datos sobre cómo trabajaba, cuáles eran sus hábitos y contactos. Así, confiesa, desmitificando sus fuentes, que “para ser un periodista bien informado en París, basta dar los buenos días a la portera y tomar café en el mostrador del bar de la esquina”; a la vez que reconoce que, en ocasiones, se basaba en los “genuinos órganos de opinión” franceses (pp. 164, 247 y 338). </p><p>Durante sus años de estancia en París gobierna Francia<strong> Edouard Daladier</strong>, un político de centro izquierda, radical socialista, que, tras la invasión de Finlandia por la Unión Soviética, dimite el 21 de marzo de 1940; y al que sucede <strong>Paul Raynaud</strong>. De ambos se ocupa con más detenimiento en el libro de 1941. Chaves Nogales se muestra muy afrancesado: admirador de las decisiones del gobierno francés sobre la preparación ante la guerra, y de las conductas de los ciudadanos, la “disciplina de la masa” (p. 11), minusvalorando y menospreciando siempre a los alemanes, quienes —no lo olvidemos— derrotaron a los franceses, tomaron París y ocuparon la mitad de Francia. Se muestra optimista y confiado en el resultado de la guerra, de la derrota de alemanes e italianos. Es necesario tener en cuenta el contexto en que se escriben los artículos, el fin que pretenden al difundirse en América Latina y Canadá, pero sorprende que no recuerde la crueldad con que el gobierno francés trató a los exiliados republicanos españoles, quizá porque no era eso lo que entonces tocaba contar. </p><p>Chaves Nogales no fue un periodista y escritor <em>equidistante</em>, como se ha dicho, sino un ferviente defensor de la República española, de la democracia y la libertad, y un crítico feroz del nacionalsocialismo, del fascismo (representados por <strong>Hitler </strong>y <strong>Mussolini </strong>y del comunismo. El <em>cocodrilo</em>, al que se refiere en tres crónicas, es Hitler, la Alemania nacionalsocialista, como hoy serían <strong>Putin </strong>o <strong>Trump</strong>, (pp. 162, 288 y 326). A finales de 1939, comenta que “la eliminación de los comunistas que impedían la función parlamentaria normal es absoluta” (p. 73). Para muchos de los que todavía no se habían desengañado, definitivamente lo hacen tras el pacto de no agresión entre Alemania y Rusia, firmado en 1939.</p><p>En estos artículos, pues, Chaves Nogales denuncia las mentiras de los políticos alemanes, la intimidación constante y su obsesión por las armas secretas (pp. 92, 93), aunque las considere tan inoperantes como inexistentes. Se preocupa por las grandes masas de refugiados que llegan a la ciudad, él mismo era uno de ellos, quienes consideran París un territorio de libertad, aunque pronto dejará de serlo, y tendrán que buscarse una salida, siempre difícil, que los lleve a Inglaterra, Portugal o Estados Unidos. Compara, a menudo, las dos guerras mundiales, y recuerda, en varias ocasiones, la batalla de Verdún (1916), e incluso cita la novela de Remarque, <em>Sin novedad en el frente </em>(1929), cuyo título remeda en el primer artículo del libro.</p><p>La prosa de Chaves Nogales es la propia de una crónica, en el estilo habitual del periodista republicano que, en estos casos, utiliza breves artículos. Pero no faltan destellos de escritor en el cuidado de la estructura, de los comienzos y finales (véase el desenlace de “París festeja el aniversario de Verdún esperando el ataque nazi”, p. 212), en la descripción de las atmósferas, en los retratos de los personajes o en la importancia que le da a los objetos, a los detalles, o en las repeticiones retóricas, que, por fortuna, no prodiga (solo las observo en las pp. 56, 57, 170, 171, 337 y 364). Pero fíjense también en conceptos como <em>guerra total</em>, <em>guerra podrida</em> y <em>quinta columna</em> que utiliza en numerosas ocasiones. Se vale, además, de palabras francesas, alemanas, italianas e inglesas, voces que volvemos a encontrar en otros libros suyos.</p><p>En diversos momentos, se muestra interesado por las artes, por diversos artistas (los nombres de <strong>Josefina Baker</strong> y <strong>Mauricio Chevalier,</strong> castellanizados, se repiten, y no son los únicos), ya sean escritores, ya músicos, con alusiones a la ópera y al teatro, a diversos espectáculos como el circo (el Medrano), o la literatura, sobre la que puede leerse, doy un par de ejemplo, muy interesantes: “Actos en París en memoria del novelista Zola” y “El destino de la <em>pax</em> y el destino de una generación” (pp. 277, 278 y 331-333). Y se refiere a la movilización de los hombres de la cultura, convertidos en soldados (p. 12). Con ello, trata de mostrarnos una ciudad que intenta seguir viviendo con una cierta normalidad. </p><p>Pero cuando los alemanes se acercan a París, Chaves Nogales, con ayuda del gobierno, se traslada a Gales, partiendo de Burdeos, para acabar en Londres. Los trabajos escritos en la capital inglesa compondrán el segundo volumen del mal llamado <em>Diario</em>, de los tres que componen el conjunto, donde se ocupa de la bochornosa huida de la élite política a Inglaterra, que debió recordarle el traslado del gobierno republicano español a Valencia, en plena Guerra Civil. El último artículo del volumen que nos ocupa data del 13 de junio de 1940, un día antes de la entrada de los alemanes en París (el 9 de junio, comenta: “la ocupación de París por los alemanes es un imposible metafísico”, p. 380); mientras que el primero que escribe en Londres está fechado el 12 de octubre de 1940. Quizá, durante esos cuatro meses, debió de dedicarse a escribir <em>La agonía de Francia</em>. </p><p>El libro vale tanto por la impresión general que produce como por sus detalles sobre la vida cotidiana, las costumbres de los franceses, los sentimientos de los ciudadanos y las esperanzas de los políticos. Lo que llama la atención, como hemos advertido, es que su interés por España casi desaparece (las excepciones se encuentran en las pp. 85, 86 y 351), centrándose en la Segunda Guerra Mundial, aunque tanto el segundo volumen como en el libro de 1941 se ocupe de nuestro país en varios capítulos. </p><p>En un artículo titulado “Es increíble hasta donde llega, en su extravío moral, la propaganda nazi” (pp. 312 y 313), publicado el 25 de abril de 1940, se refiere hasta en cuatro ocasiones a <em>la guerra podrida</em> imaginada por Hitler y llevada a la práctica por <strong>Goebbels</strong>. Y vuelve a utilizar la expresión varias veces más (pp. 329, 337, 341, 346, 352 y 371). Esa insistencia me ha llevado a pensar que era un título adecuado para esta reseña.  </p><p>El prólogo de Yolanda Morató resulta útil, valioso por las notas y el resto de las informaciones que nos proporciona, pero echamos de menos que se hubiera aclarado mejor las condiciones en que se gestaron los textos, tal y como hace en su libro sobre<em> Los años perdidos (1940-1944) </em>(Renacimiento, 2023), así como los trasvases de las piezas de una lengua a otra. A pesar de todo, el prólogo y las notas resultan necesarios para entender el sentido y valor de estos artículos. </p><p>Sea como fuere, tras las nuevas aportaciones, los estudiosos y biógrafos tendrán que rehacer sus trabajos, porque los nuevos datos de que disponemos, y se anuncian más por salir, cambian la visión que teníamos del autor, de su obra; sobre todo, tras la salida de España en 1937. A pesar de todos los pesares, estos artículos lo confirman como el gran periodista que sabíamos que fue. Creo que el mayor elogio que puede hacérsele es que si alguien quisiera saber cómo era la vida cotidiana en París entre 1939 y 1944, las expectativas que tenían los franceses ante la guerra, hará bien en leer este conjunto de crónicas.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[La fosa abierta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fosa-abierta_1_2196123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/10ba96a5-4c24-4110-819a-7c416fd820c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fosa abierta"></p><p><strong>Anagrama. 2026.</strong></p><p>En <em>La fosa abierta</em>, Brigitte Vasallo nos muestra dos búsquedas: la de la memoria de una emigrante gallega en Francia y Barcelona, donde se cuenta la historia de madre e hija, una historia marcada por la violencia y la incomprensión, y a la vez el viaje hacia la reparación de una identidad de clase marcada por la diáspora.</p><p><em>Txarnega</em> (tal cual), <em>diáspora</em> —antes que migración—, <em>villanos, paganos, campesinado</em>, serán palabras que se cruzan en un libro que se nos muestra como un diario de indagación. Indagación no solo en la biografía personal, sino en las raíces del cambio del Antiguo Régimen al Régimen Capitalista y su impacto en las relaciones humanas, en la mutación de la sociedad rural en sociedad urbana y la consistencia de la sociedad de clases en que vivimos, a pesar de que las apariencias de luces de colores del capital nos induzcan a creer que habitamos la Edad de la Clase Media.</p><p>El viaje personal se inicia con un planteamiento, también, de clase. Brigitte intenta contactar con aquellos que fueron los señores de la madre —criada, <em>bonne</em>, en París— para entablar una relación que supere las diferencias de clase. ¿Quién es ese señor Charmat que nunca contesta los correos electrónicos, que debe de estar jugando al golf o criando viñedos? Es la representación de la clase social, el miembro de aquella burguesía francesa que empleó a tantas chicas españolas en París, en el XVI <em>arrondissement</em>, y las moldeó para el buen servicio. Brigitte rescata una joya bibliográfica de la humillación y el clasismo: un irónico manual de <strong>Solange Fasquelle</strong> para que las señoras francesas aprendieran a tratar a sus criadas.</p><p>El señor Charmat contestó un día al teléfono, pero no entendió el viaje que había iniciado Brigitte. No lo entendió porque le importaba bien poco. Al fin y al cabo, las criadas nunca formarán parte de la memoria familiar en un edificio del XVI <em>arrondissement</em>. Esa madre, ya casada, se asentó en Barcelona. Fueron gallegos en el Clot (yo fui andaluz en el Clot). Brigitte no tardó mucho en huir de un hogar violento que no comprendió sus opciones —es tan evocador para nuestra generación, y tan performativo, el odio de la madre hacia Gloria Fuertes y cómo apaga la televisión mientras se emite <em>Un globo, dos globos, tres globos</em>—. Brigitte tardará mucho tiempo en volver a Chandrexa de Queixa —Ourense, Galicia— el lugar del origen, donde se inició la diáspora, porque allí es donde, a través de entrevistas y confesiones familiares, vecinales, obtendrá el itinerario que conduce a la txarneguidad: la clase social campesina trasladada a las ciudades como mano de obra barata.</p><p>Ese retorno a Galicia localiza la memoria y abre el camino a la comprensión de la diáspora. Una pregunta recorre el libro: <em>¿Por qué éramos pobres?</em> Esa es la única marca, ser pobre, atravesada de respuestas varias sin sentencia, pues late de fondo la aceptación de que no pudo ser de otra manera: porque la tierra es mala, porque había mucha miseria, porque éramos ignorantes, porque nuestra familia siempre fue pobre, porque teníamos muchos hijos…</p><p>Brigitte Vasallo profundiza entonces en las raíces de esa diáspora de la clase campesina, y las sitúa en la imposición del sistema capitalista: el alumbramiento de la mano de obra, las fábricas, la abolición de la esclavitud y la aparición del proletariado. Pudo ser de otra manera, quizá, en el mantenimiento de unas sociedades campesinas de subsistencia, pero que no eran, de ningún modo, útiles a la burguesía ni al sistema de explotación laboral que se abría paso con un objetivo: desintegrarlas en pos del mercado de consumo.</p><p>Este libro, que es un diario escrito en varias lenguas —anoto: castellano, galego, catalá, italiano, dialectos itálicos…—, avanza en las razones e intenta la investigadora contrastarlas en sus trabajos de campo en Galicia, Italia —donde los <em>terroni</em> son los <em>charnegos</em>—, en los paralelismos entre los perros y los proletarios, en los retratos de los serios ministros españoles del XVIII, en los planes franquistas contra el campesinado. Persiste en la búsqueda de una explicación al milagro económico del siglo XX: la diáspora de campesinos explotados que aunaron manos y vidas, con los proletarios y campesinos que allí ya estaban, para levantar los emporios alemanes, catalanes o vascos. Fueron los campesinos y jornaleros provenientes del campo andaluz, gallego, murciano, turco, siciliano, la fuerza extractiva, trasplantada, mimbres de “la mutación antropológica” de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vigencia-atemporal-pasolini-viviendo-consecuencias-advirtio_1_2127624.html"  >Pasolini</a>. Procedentes de una tierra de expulsión hacia una tierra de explotación, señala la autora, pues de la diáspora surge irremediablemente la herida que no sana porque nadie atiende.</p><p>Si ya sabemos quién es el señor Charmat y lo que significa, ¿quiénes son esta gente que vino de fuera y ahora quiere reivindicar su propia historia? Esa es la pregunta que la identidad catalana no puede aceptar. La irresoluble relación entre comprensión de clase e identidad nacional atraviesa también el discurso nacionalista catalán, por muy a la izquierda que se ubique. Brigitte Vasallo impulsó un Festival de Cultura Txarnega en Barcelona, en 2019. Fuera de Cataluña, y quizá fuera de aquel momento del <em>Procés</em>, sea difícil entender que la búsqueda de una identidad de clase pudiese pisar tantos callos. Desde luego, un Festival de Cultura Txarnega debía ser mejor noticia que una Feria de Abril en Cataluña. Busco en las crónicas, reconozco nombres como <strong>Juana Dolores </strong>o <strong>Anna Pacheco</strong>. Leo cartas, columnas, que acusan a la búsqueda de la txarneguidad, un concepto quizá ya obsoleto y que solo puede obtener un reconocimiento de traza cultural en el amplio y absorbente sistema cultural catalán, de ser una quintacolumna españolista. No sé si fue españolista, pero sí fue fuerza de trabajo procedente del actual Estado español, por definición irremediable; pero fuimos la fuerza extraída que sigue buscando qué nos llevó de un lugar a otro, y eso no lo resuelve la asimilación y el prensado. Está claro que aquel festival no lo entendieron: la txarneguidad viene ahora, pero de otra latitud.</p><p>Txarnegos y txarnegas serán catalanes, indiscutiblemente, pero son catalanes con una bio-historia de diáspora y desarraigo. Quienes lo han sido, lo saben. Son casi-catalanes en el interior del país. Lo son cada vez más, apunta la autora, porque cuentan con una generación de más en su haber, porque son blancos y cristianos, porque no forman parte de los nuevos miembros de la diáspora —los africanos, los sudamericanos—, pero son también extranjeros en su retorno. Brigitte fue gallega en Barcelona y catalana en Chandreixa; fuimos andaluces en Cataluña y catalanes en Andalucía: lo sabemos, y en ambos territorios persiste el prejuicio. Serán pues marroquíes en la Garrotxa y catalanes en el Rif. Serán bolivianos en el Priorat y catalanes en el Altiplano. Senegaleses en Mataró y barceloneses en Dakar.</p><p>Brigitte Vasallo apunta que no somos, pues, ni chicha ni limoná, sino que estamos en el tránsito, en lo <em>queer</em>, en la no-identidad. Para alcanzar esa no-identidad hay que contemplar cómo el tiempo y el espacio han atravesado la clase social. El espacio queda desmentido en la abolición de los discursos burgueses (como el no-lugar de <em>Augé</em>); el espacio es el camino. El tiempo, debe habitar, como el olvido, en la memoria de una clase social extirpada que aún busca el suyo. El tiempo todo lo sepulta, pero queda la marca indeleble de la procedencia, de aquellos que hicimos el camino: el de ida y el de retorno, y buscamos aún saber quiénes fuimos y quiénes somos. Brigitte, sigue buscando y nos cuentas.</p><p><em><strong>* Alfonso Salazar </strong></em><em>es escritor.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Qué esperamos de la literatura? Novela policiaca y condición humana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/esperamos-literatura-novela-policiaca-condicion-humana_1_2196110.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/25cf868c-023c-4451-9d5b-ce3ec368642e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué esperamos de la literatura? Novela policiaca y condición humana"></p><p><strong>Lumen. 2026.</strong></p><p>En <em>Contra las cosas sin gracia</em> (1961) Iris Murdoch exigía a la novela dar cuenta de la opacidad de las personas convertidas en personajes, ir en literatura más allá de un concepto optimista de personalidad. En mis clases de literatura comparada, cuando analizo ciertos textos críticos que intentan una revisión del canon literario, observo que en ocasiones tal revisión implica un cierto “descontento” con los personajes por sus contradicciones. </p><p>Es un tema muy complejo que no puedo analizar aquí con detenimiento, pero a veces comento en clase: en el fondo, ¿qué esperamos de la literatura? ¿Que nos cuente la vida como es o como nos gustaría que fuera? ¿Que nos lleve a asomarnos a los abismos o nos niegue la difícil e incómoda conciencia, parecida a arena entre los dientes, de que personas bondadosas puedan tener sus miserias, prejuicios o sencillamente opiniones que nos escandalicen (algo, por otra parte, fácilmente comprobable en la vida)? ¿Que los personajes sean como somos o como quisiéramos ser? Me apresuro a decir que la literatura puede presentar también espléndidos personajes construidos como nos gustaría ser o incluso anticipar modelos de individualidad antes de que esos existan, pero siempre desde una clara conciencia de la complejidad humana.</p><p>La realidad tiene la mala costumbre de no responder siempre a nuestras ideas sobre ella. Y tal vez en ningún lugar quede más patente eso como en la gran novela policiaca. Llego por fin a hablar de <em>Asesinato en el Molino del Cura </em>(Lumen, 2026)<em> </em>de <strong>Arantza Portabales</strong>, pero las ideas que acabo de exponer están de algún modo conectadas con la impecable exploración de la condición humana que hay en este libro, protagonizado, como el anterior, <em>Asesinato en la Casa Rosa </em>(Lumen, 2025)<em>, </em>por la detective (ahora abogada) Iria Santaclara. </p><p>En una trama perfecta y sofisticada, medida al milímetro igual que un mecanismo de relojería (los escritores tenemos mucho que aprender de novelas policiacas excelentes como esta), encontramos personajes muy complejos precisamente porque Arantza Portabales deja espacio a la opacidad que reclamaba Murdoch, deja aflorar lo que no queremos ver, lo que nos desazona: las aguas turbias de los seres humanos. Las cosas no son lo que parecen, ni las personas-personajes son lo que parecen. </p><p>Hay una mujer infeliz que intenta conocer un pasado que se le ha ocultado, Alba, unas familiares con actitudes siniestras, las hermanas Freijomil, un primo envolvente, Mikel, una inspectora convertida en abogada (Iria Santaclara) que intenta ayudar a Alba, la simpática Sinda, el telón de fondo del pueblo gallego de Loeiro donde una calma tensa agita los peores presagios. Con mano firme y una prosa que se bebe más que se lee (no pude desprenderme de la novela hasta que la acabé), Arantza Portabales ha escrito una gran novela policiaca porque ha revelado en unos personajes redondos, inolvidables, desasosegantes, los pliegues, los recovecos y los abismos de la condición humana. </p><p><em><strong>* Ioana Gruia</strong></em><em> es escritora y profesora de Literatura.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué esperamos de la literatura? Novela policiaca y condición humana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Palabras a puñetazo limpio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/palabras-punetazo-limpio_1_2196101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2a803871-5d6a-4f56-9c63-52a8850b608d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Palabras a puñetazo limpio"></p><p><strong>Efe Eme. 2026. </strong></p><p>"David González no sólo era el mejor de nosotros, con diferencia, sino el mejor autor de los últimos tiempos en este país tan grosero con sus artistas".</p><p><strong>Montero Glez</strong></p><p>"Una tarde, en València. Hace muchos años. Un café donde se celebraba una reunión de poetas. Leían. Bebían. Yo era uno de los que sólo miraban y escuchaban. De repente uno de los lectores se subió a una mesa y casi a gritos nos metió en vena <em>Si me pagaran un millón de dólares por este poema</em>, del escritor argentino <strong>Raúl Núñez</strong>. Desde que lo vi subido a aquel altar prodigioso nunca dejé de leer a <strong>David González</strong>. Se parecían tanto él y Raúl, que ya había muerto hacía unos años, en la primavera de 1996. En su vida. En su escritura. En la dureza de sus historias. Ahora Efe Eme recupera toda la obra de Raúl y acaba de publicar la narrativa completa de David: <em>Huellas en el polvo</em>, con prólogo y epílogo de <strong>José Ángel Barrueco</strong> y <strong>Vicente Muñoz Álvarez</strong>. Por cierto, el poema de Raúl también lo grabó <strong>Loquillo</strong> en uno de sus discos". </p><p>Este párrafo lo escribí para <strong>infoLibre</strong> con motivo del último Día del Libro. Y cuando lo recupero para esta ocasión añado lo que dijo <strong>Víctor Guillot</strong> en un mensaje de esos que circulan por las redes y que me pierdo si algún amigo —como ahora— no me lo hace llegar por los conductos <em>normales</em>: "Era un gran poeta y un boxeador que golpeaba con las palabras cuando recitaba". Así, como a puñetazo limpio, lo recuerdo abriendo grietas en la sala aquella tarde valenciana ya en la lejanía, dejando bien claro que para él la poesía no era un sitio confortable sino un descosido en el techo que te deja sin remedio a la intemperie.</p><p><strong>Sin futuro, sin presente</strong></p><p>Leer ahora los relatos de David González es volver a transitar itinerarios que han sido borrados del mapa. No todos los itinerarios, claro: los suyos, que fueron los de toda su generación. Había nacido en el pueblo asturiano de San Andrés de los Tacones en 1964 y murió en Gijón en 2023. Nunca miró a la vida de reojo. Siempre la tuvo enfrente, casi diría yo que en su contra. Tampoco él se lo puso fácil a esa vida, a esos itinerarios que eran los de gente poco dispuesta a ningún conformismo. La poesía, por desgracia, es un territorio domado por ese conformismo. Si la poesía no tiene nada que ver con el mundo en que vives, no se merece ni compasión ni paciencia, escribía <strong>René Char</strong>. ¡Qué bien se aplicaba David esa afirmación tan contundente de uno de mis poetas favoritos, si no el que más! Nunca dejó de escribir, incluso en sus peores tiempos (que fueron demasiados). Dentro y fuera de la cárcel. En su habitación propia o en las que fue habitando a lo largo de su vida. No sé si he conocido y leído a alguien más respetado y querido por sus camaradas en la resistencia para que la literatura no fuera una mierda pinchada en el palo de la tranquilidad. Por eso las historias de <em>Huellas en el polvo</em> son combates hasta el KO frente a la escritura y lectura con efectos melatonina. Personajes que se saben no sin futuro sino sin presente, que sin embargo escarban en lo más profundo de lo humano y se descubren en esa lucha por lo imposible que es la vida demasiadas veces. Lo que escribía <strong>Robert Lowell</strong>: "¿Por qué continuamos esperando / que la vida sea fácil, / cuando sabemos que no lo va a ser nunca?"</p><p>El mundo de David González era de este mundo. Aunque una lectura de su obra literaria pueda aparentar lo contrario. Escribir es situarte a un lado de la frontera que separa la clase a la que perteneces. Porque de eso hablamos cuando hablamos de literatura o de lo que sea. ¿De qué lado estás, eh, de qué lado estás? Ahí la pregunta del millón de dólares, como el poema de Raúl Núñez que leyó David una tarde en València: ¿de qué lado estás cuando escribes, de qué lado cuando eliges leer lo que lees y no otra cosa diferente? La equidistancia es mala consejera para casi todo. Y en la literatura, ya ni te digo…</p><p><strong>Si la literatura no es incómoda…</strong></p><p>Pero hay algo fundamental en los relatos de <em>Huellas en el polvo</em>: esa humanidad, esa nobleza, que respiran sus protagonistas. La figura familiar del padre. De la madre. De los colegas. El corazón que ya ponía el autor en sus poemas. La realidad a la que entraba sin máscaras de ninguna clase: «Yo no soy un poeta de ficción», escribe en <em>La canción de la luciérnaga</em>. Y aunque lo fuera, es de los que sabe que la ficción no miente. De ahí que tampoco mientan los relatos de este libro tan violentamente hermoso. De ahí que tengamos que agradecer a la editorial Efe Eme la recuperación de la obra narrativa de un poeta inmenso: "Uno de los acontecimientos editoriales del año", dice <strong>Montero Glez</strong>, otro de los muchos que saben lo que dicen cuando hablan de David González.</p><p>La dureza de los relatos es incuestionable. También la literatura lo es, o debería serlo. Toque el palo musical que toque, la literatura es incómoda sí o sí. Si no, estamos hablando de otra cosa. El vecindario de <em>Huellas en el polvo</em> nunca lo ha tenido fácil. Apunta en el prólogo <strong>José Ángel Barrueco</strong>: "Pocos escritores tan dotados en España para la recreación de los ambientes del lumpen, la pobreza y la miseria, lo marginal y la clase trabajadora". Sabía muy bien David González de qué lado estaba cuando escribía, cuando vivía, que para él eran una misma cosa. Hay muchos relatos en este libro. Siempre hay elecciones a la hora de quedarte con unos cuantos en la cabeza. Posiblemente escogería uno entre todos los demás: <em>El camino de regreso a casa</em>. Pero hay donde elegir. Seguro que son muchas y variadas las preferencias en las dos partes de que consta el libro: textos inéditos y otros rescatados de revistas, fanzines y antologías que permanecían en el olvido o prácticamente desaparecidos.</p><p>Ya acabo. No con palabras mías. Con las que escribe <strong>Vicente Muñoz Álvarez </strong>en el epílogo: "Conservad este libro, pues, como oro en paño, queridos drugos, el corazón de nuestro mejor guerrero late, como un tambor de guerra, en él". A ver si nos vemos en <em>Huellas en el polvo</em>, ¿vale? A ver si nos vemos...</p><p><em><strong>*Alfons Cervera</strong></em><em> es escritor. Su último libro, recién publicado, es '</em><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/novela-convertida-talisman_1_2167912.html"  ><em>Singapur</em></a><em>', editado por Piel de Zapa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Palabras a puñetazo limpio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el algoritmo escribe mejor que tú: así se ha colado la IA en la industria literaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/algoritmo-escribe-mejor-colado-ia-industria-literaria_1_2193035.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e925bd7e-4059-4626-89b6-ba4153bde682_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la IA escribe mejor que tú: así se ha colado la IA en la industria literaria"></p><p>"¿Qué parte del trabajo que nos rodea, incluso el nuestro, está apoyado en ChatGPT?”, se preguntó <strong>Aimar Bretos</strong> en un capítulo de su el programa la <em>Cena de los idiotés </em>en la <strong>Cadena SER</strong>. Tras la pregunta, el escritor y periodista <strong>Manuel Jabois</strong> reconoció entre risas que, después de hacerle varías consultas a la inteligencia artificial para una de las escenas de su libro, esta le escribió un párrafo que le gustó tanto que, tras consultarlo con su editora, lo añadió al libro. “No vuelvo a preguntarle nada porque <strong>escribe mejor que yo</strong>”, comentó Jabois.</p><p>La IA está  permeando todos los estratos de la sociedad y su intromisión en el entorno laboral es cada vez mayor. Desde los empleos más rudimentarios a los más creativos. Según el último <a href="https://www.funcas.es/documentos_trabajo/inteligencia-artificial-y-mercado-de-trabajo-en-espana-exposicion-ocupacional-efectos-sobre-el-empleo-y-adopcion-empresarial/" target="_blank">informe de Funcas</a> sobre<em> Mercado de trabajo e inteligencia artificial</em>, en el primer trimestre de 2025, el <strong>21,1 % de las empresas con diez o más empleados</strong> ya utilizan al menos una tecnología de IA frente al 12,4 % registrado en 2023, en lo que consideran una <strong>“aceleración sin precedentes”</strong> en el despliegue de estos sistemas. </p><p>Que sistemas como <strong>ChatGPT</strong>, <strong>Gemini </strong>o <strong>Claude </strong>organicen, distribuyan o planifiquen tareas se ha convertido en algo habitual en muchas empresas o negocios de todo tipo y la industria literaria no iba a quedarse al margen. Existen desde softwares de IA que realizan labores editoriales hasta los que escriben novelas. El algoritmo está presente ya en todas las fases de creación. Todo queda impregnado por el algoritmo. </p><p>Puede que la IA tenga la solución a uno de los mayores miedos de todo aquel que se enfrenta a un proceso creativo: el miedo a la página en blanco.. Cada vez son más y de mayor precisión los softwares de escritura que son capaces de reescribir párrafos o construir novelas completas. Plataformas como <a href="https://sudowrite.com/" target="_blank">Sudowrite </a>y <a href="https://www.novelcrafter.com/" target="_blank">NovelCrafter </a>se promocionan como las nuevas herramientas “que necesitas para <strong>soñar, escribir y publicar tu historia</strong>” por módicos precios que van desde los<strong> 4 euros</strong> hasta los 40 euros al mes. </p><p>De hecho, la IA se compagina de manera directa con el <em><strong>boom </strong></em><strong>de la autopublicación</strong>, un fenómeno que lleva años al alza. En 2023, los títulos autopublicados superaron a los tradicionalmente publicados en una proporción de 4,6 a 1 (2,6 millones frente a 563.019) y ahora <a href="https://www.abc.es/cultura/libros/lector-escritor-publicar-libro-conseguir-titulo-nobleza-20260423042231-nt.html" target="_blank">ya conforman el 10% de todos los libros que se publican en España</a>. De hecho, plataformas como <strong>Amazon </strong>ya están restringiendo el número de libros que pueden ser autopublicados diariamente. La nueva norma dice que un usuario solo puede lanzar tres libros, aunque la compañía no ha aclarado dónde estaba el límite antes.  </p><p>Pero la IA no se queda simplemente en el proceso de escritura, va más allá e impregna todos los ámbitos del proceso editorial. <strong>Alighieria </strong>es un software editorial con IA para la corrección y contenido y que ya se ha implementado en algunas editoriales. Su creador, el periodista y escritor <strong>Antonio J. Rodríguez</strong>, quien fuera editor jefe en <em>PlayGround</em>, cuenta a <strong>infoLibre </strong>que su periplo con este nuevo software comenzó hace algo más de un año y que, desde un principio, fue visto con cierta reticencia dentro del mundo editorial. </p><p>“Nos encontramos varias resistencias, sobre todo con lo que respecta al <strong>reemplazo de trabajadores</strong> o al <strong>entrenamiento de modelos de lenguaje</strong>”, remarca el escritor ahora desarrollador. Pese a ello, el software ya <strong>colabora con más de 80 equipos editoriales</strong> en siete países distintos. “Hay una función que es particularmente utilizada que es la de <strong>corrección</strong>, que permite que antes de que los editores puedan mandar a imprenta el libro se aseguren de que no hay ningún error”, explica Rodríguez. </p><p>La filosofía central de Alighieria, según subraya J. Rodríguez, es que la inteligencia artificial es una<strong> tecnología de productividad</strong>, no de creatividad: “nuestro propósito es ser una herramienta al servicio de los profesionales de la edición,<strong> no reemplazarlos</strong>”. Aunque esto se antoja complicado. El software ofrece asistencia en tareas de corrección, traducción, creación de índices, realización de dossieres de prensa o de informes y análisis automatizados. </p><p>Uno de los sellos que trabaja con Alighieria es la <strong>Editorial Siglo XXI</strong>, aunque han establecido una serie de líneas rojas con respecto a su uso: “No podemos traducir con IA, no podemos hacer notas de prensa con IA, no podemos hacer sinopsis con IA, en general, <strong>no podemos utilizarla para generar contenido</strong>. Pero creo que sí que hay una oportunidad en usarla para procesar información”, cuenta el director editorial <strong>David Andrés</strong>. “El software se usa en un circuito cerrado propio” y su propósito, explica el editor, “es <strong>liberar el trabajo humano</strong>, especialmente en tareas administrativas, para que los editores puedan dedicarse a actividades más editoriales como <strong>leer manuscritos e interactuar con autores</strong>”. </p><p>Que los autores utilizan la IA para tareas de documentación, búsqueda de fuentes, ideas o tareas de corrección es ya una realidad reconocida por autores de gran calado como el mismo Jabois. Aunque de ahí a mandar escribir novelas a un software para después publicarlas en plataformas como Amazon, hay un gran paso. Pero, <strong>¿llegan textos escritos por IA a las editoriales?</strong> “Esta es una preocupación creciente en el sector”, asegura <strong>Pilar Reyes</strong>, directora editorial de sellos como <strong>Alfaguara, Taurus, Debate o Lumen</strong>. Para la directora editorial, los editores deben actuar como los garantes de la originalidad de los textos y actuar como “filtro” pese a la facilidad en cuanto a la generación de contenido que ofrece la IA.</p><p>Reyes reconoce a <strong>infoLibre</strong> que existen unas normas claras dentro del sector con respecto a la IA: “La obra publicada debe ser creación propia del autor; <strong>el uso de IA debe ser transparente</strong>; los contenidos deben verificarse; y deben respetarse los derechos de terceros”. Para Reyes, no se trata de rechazar cualquier herramienta, “sino de<strong> impedir que sustituya la autoría</strong>, el oficio y la responsabilidad creativa”, subraya. </p><p>Desde la <strong>Editorial Siglo XXI</strong>, se afirma, que aún no han implementado ninguna herramienta detectora de IA para los manuscritos de sus autores, aunque no descartan utilizarla en un futuro o en algún caso especial. Aunque Reyes admite que estos detectores <strong>“no siempre son fiables”</strong> y que “lo importante es mantener una conversación transparente con autores y agentes sobre el proceso creativo”.</p><p>La IA se desarrolla a una velocidad de vértigo y se ha convertido en un fenómeno imparable. Con ello, se presentan distintos retos y problemáticas en el mundo literario. Uno de los más grandes, tiene que ver con los derechos de autor. La inteligencia artificial se alimenta de obras, en muchos casos vulnerando la propiedad intelectual para entrenar a sus modelos algorítmicos. De hecho, <strong>Sam Altman</strong>, CEO de <a href="https://openai.com/es-419/" target="_blank">Open AI</a> (ChatGPT), llegó a reconocer ante la Cámara de los Lores de Reino Unido que <strong>“sería imposible entrenar los modelos actuales de IA sin material con derechos de autor”</strong>. </p><p>Para el Gremio de Editores esto se ha vuelto una <strong>“nueva forma de piratería”</strong> contra la que hay que luchar. El presidente de la <strong>Federación de Gremios de Editores de España</strong> (FGEE), <strong>Manuel González</strong>, pone el foco en la ausencia de un marco regulatorio que asegure estos derechos: “Es demasiado sencillo vulnerar esos derechos mediante un mal uso de la IA, sobre todo si carecemos de esas reglas, de ese marco regulatorio, que proteja la propiedad intelectual”, reconoce. Gonzalez subraya que “<strong>la innovación solo será legítima y sostenible si respeta la autoría</strong>, la trazabilidad de los contenidos y la posibilidad real de los titulares de derechos de decidir sobre el uso de sus obras”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 04:01:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Prieto]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cuando el algoritmo escribe mejor que tú: así se ha colado la IA en la industria literaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Cultura,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Meteorología 1.0]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/meteorologia-1-0_1_2192470.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/29339eeb-717b-404a-a4d5-1cb4ff7fb56d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Meteorología 1.0"></p><p><strong>A Piero de Vicari</strong></p><p>La percepción que tenemos mi esposa y yo de la temperatura difiere. Me explico: me levanto en las madrugadas empapado de sudor, mientras que ella está cubierta de frazadas. ¿Hace frío o calor? Hasta hacía un año, eso era tema de discusión, pero, desde que trajimos al perro, las cosas han cambiado. Al menos, para mí. Si el perro duerme en la cama, hace frío; si duerme en el piso, calor. El cien por ciento de veces, coincido con el perro.</p><p>Historia distinta era con el gato. Mi esposa cree que lo mandé a castrar y dar en adopción porque se iba de la casa todas las noches y no regresaba, sino hasta que cantara el gallo. La verdad es que lo hice porque el muy desconsiderado era un inútil como termómetro. </p><p>Siguiendo el ejemplo de Kate Cunningham, la mujer que se casó con un árbol en el Reino Unido, aquel hombre, decepcionado de sus experiencias amorosas previas, decidió casarse con una palmera. Lo insólito del hecho, por ser la primera vez que ocurría en nuestro país, provocó titulares burlescos en los diarios e incluso un concurso en un canal de streaming para conseguirle una novia humana al susodicho.</p><p>Llegado el momento, se ofició la ceremonia. Hubo dudas acerca de cómo comprobar la aceptación del compromiso por parte de la palmera, por lo que se tuvo que asumir que el agitar provocado en sus hojas por el viento era una prueba inequívoca de su consentimiento.</p><p>Cuando, dos años después, la singular boda era ya casi un asunto olvidado, apareció la noticia de que el hombre había solicitado el divorcio por adulterio: ella iba a dar dátiles; él era estéril. </p><p>Para mostrar que un acto circense tiene un grado de dificultad alto, los malabaristas, por ejemplo, suelen aparentar que fallan el primer intento. Por eso, mientras cae el trapecista, no es de extrañar que gran parte del público grite horrorizado temiendo lo peor. En contraposición, los magos simulan que un truco no obtiene el resultado previsto causando la risa de los espectadores.</p><p>Caso contrario es este circo, donde el administrador es un perfeccionista que ha tenido la genial idea de contratar a un hipnotizador para que duerma al público al inicio del espectáculo y que las posibles fallas o errores no sean percibidos ni objeto de crítica. A cambio, como un plus del acto, el hipnotizador les hace creer a través del sueño al que son inducidos que están presenciando una función insuperable.</p><p><em><strong>*Jorge Quispe Correa Angulo</strong></em><em> (Lima, 1972) ha publicado libros de relatos (Trazos primarios, 2001), de microrrelatos (Pasajeros de lo efímero, 2019; Jardín de levedades, 2022; y Zumo del tiempo, 2024), una novela corta (Hablábamos de fútbol hasta que llegaron ustedes, 2021), un libro de poemas (Visitando a la abuela Estela, 2023) y un volumen de cuentos de ficción especulativa (Soñábamos con naves a propulsión, 2023). </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 May 2026 04:00:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Quispe Correa]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Meteorología 1.0]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las señoras Hemingway]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/senoras-hemingway_1_2192492.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/978d3504-f367-49e6-919b-790f3cd55bb6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las señoras Hemingway"></p><p><a href="https://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. <em>El libro durmiente</em> se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p><strong>Lumen. 2025</strong></p><p>Raras veces se conoce y se les da la justa relevancia a las personas que formaron parte de la vida de una persona reconocida. Aquellas a quienes se acostumbra a otorgar el rol de figurantes, porque el foco suele descansar en quien logra, destaca, deslumbra, quien está sobre el pedestal, visible. Por eso, cuando la luz se desliza hacia abajo e ilumina a una parte de quienes también sostuvieron ese podio, es imposible no aceptar esa premisa de Jean Paul Sartre que decía algo así como que la identidad propia se construye en relación con los demás. Con quienes aportan los matices, revelan otros ángulos de visión, manifiestan otras perspectivas y suman piezas a ese rompecabezas que nunca se completa, mientras, a la vez, intentan armar el propio, que tantas veces desconcierta cuando de pronto se da la vuelta y toca volver a empezar, aceptando además el desafío de descifrar la variación. Y esto es precisamente lo que propone Naomi Wood en <em>Las señoras Hemingway</em>: cederles el rol protagónico a las mujeres que acompañaron al escritor en algunos tramos de su recorrido vital.</p><p>La novela está dividida en cuatro partes que siguen un orden cronológico; cada una de ellas dedicada a una de las compañeras del autor de <em>Adiós a las armas</em>. Hadley, la pianista y madre de su primer hijo, será recordada por haber perdido un manuscrito en la Gare de Lyon; Paula, periodista, por ser la segunda esposa y la madre de dos sus hijos; Martha, la escritora y corresponsal de guerra, por ser la tercera, y Mary, también periodista, por acompañarlo hasta el día de su fallecimiento. Pero Naomi Wood no se conforma con ficcionar y compartir los datos más conocidos. A través de un narrador en tercera persona, decide darles voz para que expresen, para que cuenten. El relato de cuatro mujeres, diferentes entre sí, que compartieron un amor que las cautivó, una pasión que las arrebató primero y que se fue desgranando bajo ese tapiz que suelen imponer el no querer ver y el aceptar, hasta desembocar en el dolor que suscita la inevitabilidad del adiós.</p><p>Sin embargo, ninguna parte se puede desconectar de la otra. No solo porque Ernest fue neurálgico en sus vidas, sino, además, porque el número tres se convirtió en una constante en la existencia del escritor, que no debía de llevarse bien con la soledad ni tampoco con la rutina. Así que cada una de las esposas tuvo que compartir cartelera con la siguiente, con la anterior, como eslabones de una misma cadena. Las dos caras de una moneda: en un lado, la algarabía del enamoramiento correspondido y blanqueado; en el otro, la estocada de sentirse traicionada, reemplazada, el dolor del quiebre y la pérdida. Una pérdida que no sorprende por más que el intento de solapar las dos siluetas para convertirlas en una sola, inseparable, indisoluble, haya sido extenuante. Las protagonistas se saben encandiladas por la luz de una vela que, irremediablemente, se consumirá, aunque se afanen en conquistar la durabilidad, lo inasible. Porque intuyen, olfatean, aunque traten de convencerse de lo contrario. Pero, claro, la intuición e incluso el conocimiento no siempre atienden a razones con la misma celeridad.</p><p>Y la escritora británica lo expresa sin aspavientos. Con un estilo narrativo sobrio, pero que cala y emociona, abre la puerta del patio trasero, donde los Hemingway cuelgan la ropa. Recurre a datos biográficos y a correspondencias personales para escenificar y se vale de la imaginación para explorar el mundo interior de unas mujeres en una etapa crucial de sus matrimonios: el declive y la ruptura. Una conjugación que, al mismo tiempo, ofrece un retrato más íntimo de ese hombre que fue un gran escritor.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 May 2026 04:00:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Tati Jurado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las señoras Hemingway]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Engendrar un lenguaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/engendrar-lenguaje_1_2192477.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ce27a371-3699-4a50-863c-f2208309756b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Engendrar un lenguaje"></p><p><strong>La Bella Varsovia. Barcelona. 2026</strong></p><p>No cabe duda de que la experiencia de paternidad se ha convertido en un motivo recurrente para los poetas del siglo XXI. Si hasta hace poco contábamos con una nutrida batería de testimonios de la maternidad <em>en femenino</em> —con la sonada excepción de <em>Palabras para Julia</em>, de <strong>José Agustín Goytisolo</strong>, con el que se foguearon sucesivas generaciones de cantautores—, la mirada masculina parecía más esquiva a la hora de afrontar esa parcela de la intimidad doméstica. No obstante, algunos de los lanzamientos más destacados del pasado año (como <em>El gran amor</em>, de <strong>Andrés García Cerdán</strong>, y <em>La domesticación</em>, de <strong>Abraham Gragera</strong>) bregaban con las labores derivadas de la crianza a través una actitud que mezclaba el deslumbramiento metafísico con el desconcierto ante una rutina refractaria a cualquier norma. </p><p>Tras experimentar con distintos formatos textuales, desde el rabioso eslogan publicitario a la <em>koiné</em> de las (ya no tan) flamantes tecnologías, David Refoyo entregó en <em>El fondo del cubo </em>(2020) un libro en el que ya predominaba un registro más reflexivo y vivencial, pero que no había perdido por el camino su mordiente expresivo. Esas características reaparecen en <em>Las ganas de comer Oreo</em>, cuyo título remite, al igual que el poema homónimo, a lo que comúnmente conocemos como <em>antojo</em>. No obstante, en esa misma composición se sella la alianza entre los vínculos afectivos y el lenguaje: «Luego te pusimos nombre: / te engendramos». </p><p>A partir de este momento, Refoyo desempolvará metáforas singulares —la crianza como una feria a la intemperie, la paternidad como castillo de arena, la cuna como casa— que nos hablan de la ternura y de los temores ante la llegada de una nueva vida dispuesta a poner bocabajo viejos horarios y costumbres ancestrales. Aunque el poemario se divide formalmente en dos partes («La vida corta» y «Los días largos»), más un prólogo sin título, se aprecia una continuidad temática en ambas secciones. De hecho, la crónica del crecimiento de la niña se corresponde con una progresiva introspección autobiográfica en la figura del padre, que nos hace partícipes de dudas privadas y miedos universales. Esa doble focalización implica que el sujeto-autor se erija en el protagonista de algunos pasajes, mientras que en otros se resigne felizmente a ejercer de personaje secundario. Esta perspectiva, que muestra los matices de un aprendizaje recíproco, se refleja en la versatilidad estilística de un libro en el que coexisten piezas de extensión variable, poemas en prosa cercanos al desarrollo silogístico, brevísimas anotaciones aforísticas («No puedes bañarte dos veces / en el mismo fonema») y estampas cargadas de intensidad lírica («La hija, el libro, el árbol. / Pensar en la sequía / y la devastación»).</p><p>El descubrimiento cosmovisionario de su “paternidad responsable” le permite a Refoyo contrastar las viñetas que se conjugan en presente con la evocación fragmentaria de secuencias pretéritas que ilustran diferentes modelos familiares y dispares criterios pedagógicos: “Un grito. Una zapatilla voladora. / El olor azul del guiso porque siempre la olla”. Junto con esa dislocación temporal, el autor acude con frecuencia a los clichés de la mitología (el hilo de Ariadna, el cuerpo mutante de Tiresias, la condena de Sísifo o la travesía de Ulises) como correlato histórico-cultural de una vivencia acaso menos épica, pero no de menor impacto emotivo. Al lado de dichos referentes, hallamos diversos apuntes que conectan con la sociedad <em>infoxicada</em> en la que vive inmerso el adulto: “y guardo tres likes en el saquito de nada / que llevo en el bolsillo donde guardo también / unas manos temblorosas y ansia / y un amor”; “no corrí a Twitter a compartir tu hazaña”. En este sentido, la colisión entre expectativas y realidad se plasma en uno de los textos más juguetones del volumen, donde el designio teórico de una enseñanza inclusiva se ve saboteado por la evidencia empírica: “Vestías de rosa porque te gustaba / el rosa. El rosa que tanto había odiado. / El color de las niñas, el de los pijos. // Y ahora yo también visto el rosa / y juego con muñecas con vida propia”. Con un tono menos jovial, la víspera de la noche de Reyes, con su aleación de misterio e incertidumbre, pone de manifiesto que “la magia y la mentira / no vienen del mismo sitio”.</p><p>Pero un padre, salvo que se demuestre lo contrario, también es un ciudadano del mundo. Por eso, la segunda mitad del libro se abre en ocasiones hacia preocupaciones colectivas, como las guerras y las crisis migratorias (“Hace años que no encendemos la tele / como si así las bombas callaran / y el Mediterráneo fuese puente, / pero es tumba”), o las consecuencias de una pandemia a la que se alude eufemísticamente (“Lo llamamos vacaciones porque cuarentena / suena a sanatorio, a lepra, a siglo XX”). Más allá de la corteza anecdótica de estos versos, <em>Las ganas de comer Oreo </em>se revela como una lectura capaz de aunar una conmovedora levedad y una hondura insospechada. He aquí, en suma, a un autor en plena posesión de sus facultades estéticas que no vacila en rematar su periplo vital y su peripecia verbal reescribiendo al mismísimo <strong>Claudio Rodríguez</strong>: “Siempre el amor se funda en el lenguaje”.</p><p><em><strong>* Luis Bagué Quílez </strong></em><em>es escritor y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 May 2026 04:00:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis Bagué Quílez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Engendrar un lenguaje]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Unai Sordo novela “el desamparo, el desarraigo, la vulnerabilidad y la venganza de la clase trabajadora”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/libros/unai-sordo-debuta-novelista-forma-contar-manera-cosas-he-vivido-actividad-sindical_1_2189606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f6a46e7e-94bf-464a-a1d5-9ff5913c7cef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Unai Sordo novela “el desamparo, el desarraigo, la vulnerabilidad y la venganza de la clase trabajadora”"></p><p>El secretario general de CCOO,<a href="https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/salarios-vivienda-servicios-publicos-agenda-urgente-mayo_129_2184293.html" target="_blank"> Unai Sordo</a>, lleva un paso más allá la afición literaria que ya materializó en los relatos <em>Cortos de oficio</em> (Catarata, 2023, algunos <a href="https://www.infolibre.es/temas/cuentos-de-oficio/" target="_blank">publicados en </a><a href="https://www.infolibre.es/temas/cuentos-de-oficio/" target="_blank"><strong>infoLibre</strong></a>) y se estrena como novelista en<strong> </strong><em><strong>Al norte</strong></em> (Hoja de lata, 2026), una historia de ficción anclada en la realidad sobre el lado más humano del mundo del trabajo, la precariedad y la salud laboral. En el libro, retrata la emigración interior española en los años del desarrollismo y las migraciones actuales a tierras donde las grandes corporaciones imponen su ley. </p><p><strong>¿De dónde viene el impulso para publicar su primera novela?</strong></p><p>Viene de mis primeros relatos, que se quedaron cortos, ya que eran historias que tenían más recorrido. Hice el esfuerzo de tratar de entrelazarlos para buscar una historia donde se mezclaran varios hilos, con secuencias también de novela negra. Lo más difícil fue darles continuidad, añadir muchas cosas nuevas y acabar de ligarlos de alguna manera para buscar un final con cierta sorpresa. Fue un ejercicio de prácticamente dos años y este es el resultado.</p><p><strong>El resultado es </strong><em><strong>Al norte.</strong></em><strong> ¿Cómo presentamos la novela a los lectores?</strong></p><p>Es una secuencia de historias paralelas que se mezclan con saltos en el tiempo, a lo largo de diversas décadas. Todas tienen, de alguna manera, un trasfondo laboral, aunque no es una novela sindical ni nada por el estilo, sino de ficción, que se basa mucho, eso sí, en recuerdos y en vivencias, y mezcla referencias a cómo era el mundo antes, cómo eran las relaciones laborales y cómo es todo eso ahora en este mundo un poco distópico del algoritmo, de la organización de la vida a través de parámetros que parece que no dependen ya de la voluntad humana, aunque en la novela se va viendo que al final la voluntad humana siempre está subyacente. También hay historias de migración y de explotación laboral, que, insisto, tienen mucho que ver también con la memoria de uno mismo, de cosas que nunca he contado y ahora las cuento, aunque sean ficcionadas, todo ello con personajes que no son reales, pero que se anclan en recuerdos.</p><p><strong>¿Los capítulos cortos son una herencia de aquellos relatos iniciales?</strong></p><p>Es que es una novela que tiene muchos saltos en el tiempo y pretende construirse un poco como las pinturas impresionistas, sobre un montón de capítulos. Cada uno de ellos tiene su propia sustantividad, pues intenta generar un mosaico caleidoscópico de realidades laborales, sociales y también de sentimientos muy humanos, como la venganza.</p><p><strong>Sin que sea una novela sindical como tal, ¿qué aporta hablar desde la ficción de estos temas de los que tanto habla usted pegado a la realidad más dura del día a día?</strong></p><p>Es una perspectiva distinta. Por ejemplo, aparecen referencias a la salud laboral, a la salud que se pierde en el centro de trabajo. Esto es algo que sindicalmente, en efecto, abordamos con datos, con reivindicaciones, pero yo tengo una experiencia muy concreta también de conocerlo desde el plano humano porque, en su día, cuando estuve en Euskadi, hicimos una serie de grabaciones a personas que habían sufrido daños por el amianto y otras enfermedades profesionales, y que son historias que no se han contado lo suficiente a pesar de su profundidad personal y dramatismo. La ficción te permite, precisamente, aproximarte desde esa visión mucho más emocional y emotiva, más vinculada a esas sensaciones de desamparo, vulnerabilidad, desarraigo y, finalmente, venganza que ha tenido la clase trabajadora. </p><p><strong>Permite incidir en los mismos problemas de un modo distinto.</strong></p><p>La ficción es también una forma de intervenir en la disputa cultural. Es decir, no todo tienen que ser informes o reflexiones sesudas en clave de ensayo, sino que la ficción es muy importante a la hora de pugnar por los sentidos comunes. Esto, por ejemplo, lo entendió muy bien la industria audiovisual norteamericana, pero yo creo que ha habido un déficit, fuera del realismo social, en la utilización de la ficción para construir relatos e historias que hablen de los problemas laborales y económicos de la gente, pero desde un código distinto al que usamos normalmente en la actividad pública. </p><p><strong>Aquí habla de los afectados por el amianto, que en el periodismo, por lo general, se quedan en frías estadísticas, pero en la novela relata cómo enferma una mujer por tener que lavar la ropa de su marido después de que cerrara la lavandería de la empresa para recortar gastos. Es la historia humana detrás de los números.</strong></p><p>Sí, y además esa historia es real. Evidentemente, la mujer es ficción, pero la historia responde a una realidad en una empresa de construcción de vagones que había en el Goierri, en Guipúzcoa, donde una mujer fallece por haber entrado en contacto con el amianto de su marido, sin haber trabajado nunca en una fábrica, simplemente por el lavado del buzo. A mí me parece que, además de contarlo, de hacer documentales, es importante que esto se pueda trasladar en distintas formas, en este caso literarias, como podrían ser también de cine o televisión, y eso es lo que intento con toda la modestia del mundo. Es una forma de contar de otra manera las cosas que he vivido por mi actividad sindical.</p><p><strong>¿Incluso a verlas de otra manera y aprender a través del proceso de escritura?</strong></p><p>Y también contar cosas que se han dejado de contar. Había cosas que no estaban en los relatos, que he ido incorporando y que tienen que ver directa o indirectamente con mi propia vida. De repente, según iba escribiendo, me han ido saliendo cosas que, incluso a nivel personal, no se las había contado prácticamente a nadie, pero que, al darles esa pátina de ficción, las he hecho emerger. Siguiendo con esto, creo que hubo una época de absoluta precariedad vital en los 70 y los 80, incluso de pobreza severa, que casi ha desaparecido del imaginario colectivo por una autoprotección de la generación de nuestros padres, por lo que la ficción es un muy buen espacio para sacar estas realidades que están un poco opacadas u olvidadas. Como aquello de que la gente se daba comida en los portales cuando alguien perdía el empleo, estas cosas se han dejado de contar, y ahora hay gente que dice que en los 80 se vivía muy bien y había mucha seguridad en España. La ficción es una forma muy importante de recuperar esas realidades, aunque sea buscando personajes o relatos ficticios, pero muy anclados en realidades vividas. </p><p><strong>¿De ahí también que abunden las descripciones detalladas de paisajes naturales e industriales? ¿Para que la ficción se ancle más en la realidad?</strong></p><p>Casi todo son ubicaciones más o menos conocidas y bastante reales. Yo no soy escritor, así que me costaría hacer una novela de ficción ubicada en un manglar del Caribe (risas), porque no lo he conocido y no creo que tenga esa capacidad de describir espacios imaginados o solo vistos por referencias. Por eso, me refiero mucho a escenarios que más o menos he vivido, algunos con nombres reales y otros ficticios. La Castilla rural que aparece en la novela no es el pueblo de mi familia, que se llama de otra manera, pero sí lo es de alguna forma porque me estoy refiriendo a cosas que he vivido. Por otro lado, casi todos los paisajes del norte son reales, se pueden cotejar, están ahí con los acantilados, los búnkeres, las playas... Describir los entornos también es una forma casi de hacer un homenaje a tu ecosistema, a donde has vivido y te has criado.</p><p><strong>También ha vivido muchas huelgas y asambleas, y en la novela hay un pasaje en el que ficciona precisamente eso, que es otra manera de meter al lector en un meollo en el que una gran mayoría no suele estar. </strong></p><p>O las asesorías que se hacen en el sindicato (risas). Al final, cuando puse estas cosas, que son, lógicamente, inventadas, pensaba que es lo único que puedo aportar yo desde mi experiencia profesional. Es decir, se trata de ficcionar también elementos que, en general, son muy desconocidos, ya que la gente no sabe muy bien cómo funciona un sindicato, cómo se defiende a un trabajador cuando surge un problema real, o qué pasa en una asamblea donde se intenta dibujar todo el proceso de descentralización productiva que hubo en España y en Europa en los años 90. Pero, en vez de hacerlo soltando una chapa, se hace mediante una vivencia ficticia que podría ser perfectamente real. Creo que eso es lo que yo podía aportar.</p><p><strong>Se describe incluso un local de CCOO en una visita para pedir información.</strong></p><p>Sí, está ese momento. El sindicalista es real, tiene nombre y apellidos, pero él todavía no lo sabe (risas).</p><p><strong>Parte de la novela discurre también en el presente, en los Países Bajos, donde miles de personas acuden en busca de trabajo desde multitud de países y soportan condiciones de explotación total. Parece un mundo distópico, pero no lo es.</strong></p><p>Esa es la parte aparentemente más distópica, pero, efectivamente, es la más real de la novela. Está basada en un informe sociológico que hizo Grupo de Investigación Arosa, que va a hacer un libro con los resultados, y es bastante fidedigno. También hay cosas inventadas, pero hay partes que son traslación literal del informe, porque esto pasa así. De hecho, hice una publicación sobre la novela en Instagram el otro día y me ha escrito un chico que me dice que está deseando leerla porque ha trabajado allí, concretamente en el polígono que aparece. Lo cierto es que ha habido mucha migración española, sobre todo en la anterior crisis, que se fue a trabajar a unos polígonos logísticos con enormes infraestructuras, donde el trabajo organizado a través de algoritmos era el pan nuestro de cada día. Y no ya el trabajo, sino incluso cómo vive y dónde se aloja esa gente, todo con un control absolutamente exacerbado por parte de los algoritmos, que se daba hace ya casi una década, por lo que esta distopía ya se ha visto muy superada por la realidad.</p><p><strong>Las relaciones laborales del siglo XXI frente a las del XX.</strong></p><p>Es algo totalmente vigente, eso es. Ahí busco una contraposición entre las nuevas y las viejas formas de trabajo y explotación, por ejemplo, de los padres de los protagonistas que aparecen en ese <em>flashback </em>permanente. Aparecen contrapuestas las formas de trabajo actuales y pasadas desde esa visión de ficción.</p><p><strong>Unas formas de trabajo antaño basadas en relaciones personales y ahora dirigidas por algoritmos con nombres humanos, Isabel en este caso, al que ya conocimos en un relato corto </strong><a href="https://www.infolibre.es/veranolibre/isabel_1_1295821.html" target="_blank"><strong>publicado en infoLibre en 2022</strong></a><strong>.</strong></p><p>De hecho, la idea parte de que aquel relato se quedó corto, así que luego hice otros dos y los uní. Cuando salió en <strong>infoLibre </strong>aquella historia mucha gente me dijo que era súper potente y que se quedaba corta. Lo que pasa allí es así, y luego hay partes inventadas todavía más distópicas porque se inventa una especie de realidad laboral absolutamente posmoderna en los Países Bajos, que es distópica, de momento. Porque estamos hablando de cosas de hace seis, siete u ocho años, cuando el desarrollo de la inteligencia artificial no era el que es ahora, por lo que aporto cosas nuevas como el efecto de la inteligencia artificial generativa, estableciendo un juego entre lo que aparentemente no tiene ninguna intervención humana, pero al final, a lo mejor, sí la tiene. Ese es uno de los juegos de misterio que aparece en la novela. </p><p><strong>Hay varios pasajes en los que se argumenta la importancia de que los trabajadores estén sindicados para defender sus derechos laborales. Es una idea que late en la novela.</strong></p><p>Quería hacer una especie de pedagogía muy sutil. Es decir, no quería que la novela fuera un tocho, ni un panfleto, ni mucho menos, pero sí dar a entender que la estrategia desorganizada de los protagonistas tiene mucho que ver con lo que luego se desencadena. Y, sí, claro, se barre un poco para casa, no nos vamos a engañar (risas), la novela no es neutral en ese terreno, no es un panfleto, pero tampoco es apolítica.</p><p><strong>En el retrato de Euskadi no falta ETA.</strong></p><p>De hecho, cuando hice los relatos, no había ninguna referencia a ETA y al terrorismo, algo que a mí mismo me llamó la atención. No me salió. En la novela sí consideré que había que introducir algunos elementos, desde lo que era la <em>kale borroka</em> hasta el impuesto revolucionario y la presión a pequeños empresarios. Tenía que aparecer de alguna manera porque también ha sido parte del ecosistema en el que yo he vivido hasta 2011.</p><p><strong>¿Qué sensación le gustaría dejar en el lector al terminar la novela?</strong></p><p>Me gustaría que el lector pensara que está bien resuelta, porque son muchas historias cruzadas, y que sintiera que muchas de esas historias le tocan en algo de alguna manera porque, tomadas individualmente, ya dicen algo, pero ligadas todas, da una perspectiva total de las 300 páginas. También me gustaría que le haya merecido la pena recuperar algunas de las historias con las que se puede sentir identificada mucha gente que ha nacido en cualquier barrio obrero, dentro o fuera de Euskadi, porque también hay mucho de generacional.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 04:00:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Unai Sordo novela “el desamparo, el desarraigo, la vulnerabilidad y la venganza de la clase trabajadora”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,CCOO,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cristina Fernández Cubas obtiene el Premio Albert Camus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/cristina-fernandez-cubas-obtiene-premio-albert-camus_1_2188109.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9ebcb642-115e-4708-97c7-2d74c2e906e1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cristina Fernández Cubas obtiene el Premio Albert Camus"></p><p>Cada dos años se concede en Sant Lluís, <strong>Menorca</strong>, el <strong>premio Mediterráneo Albert Camus</strong>, dotado con <strong>8.000 euros</strong>, para homenajear a autores y artistas que comparten el espíritu de lo que representa el escritor francés. Con anterioridad lo habían obtenido la artista plástica libanesa, aunque de origen palestino, <a href="https://www.trobadescamus.com/2022/wp-content/uploads/2018/05/CA18_Ficha-ganadora_Mona_cas-2.pdf" target="_blank"><strong>Mona Hatoum</strong></a>, en el 2018; el sociólogo francés <a href="https://www.trobadescamus.com/premiado/edgar-morin/" target="_blank"><strong>Edgar Morin</strong></a><strong> </strong>(su último libro, publicado en España por Taurus, es <em>Lecciones de Historia. ¿Podemos aprender de nuestro pasado?</em>); el escritor galo, pero afincado en Barcelona, <a href="https://www.trobadescamus.com/premiado/mathias-enard/" target="_blank"><strong>Mathias Énard</strong></a>, y el artista multidisciplinar chileno <a href="https://www.trobadescamus.com/premiado/alfredo-jaar/" target="_blank"><strong>Alfredo Jaar</strong></a>, en el 2024. Me agrada que, si exceptuamos a Morin, el jurado se haya salido de lo obvio.  </p><p>El reconocimiento se entrega en el marco de unos encuentros que nacieron de una iniciativa del exministro <strong>Miguel Ángel Moratinos</strong>. El acta del jurado considera a <strong>Cristina Fernández Cubas</strong> “heredera del espíritu de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/ensenanzas-camus-periodista-comprender-mundo-llamas_1_1193337.html"  >Albert Camus</a>, con el que comparte la convicción de que solo desde la lucidez, incluso cuando duele, es posible ensanchar el espacio de lo humano”.  </p><p>Camus es uno de esos pocos escritores que seguimos sintiendo como nuestro contemporáneo, a pesar de que murió hace ya 65 años, en un desgraciado accidente de automóvil. Nacido en la Argelia francesa, tenía ascendencia española, menorquina. Su abuela nació en Sant Lluís. Obras como <em>El extranjero</em> (1942), <em>La peste</em> (1947) o <em>El hombre rebelde</em> (1951), se siguen leyendo y apreciando, por no recordar que en 1957 obtuvo el Premio <strong>Nobel </strong>de <strong>Literatura</strong>, o sus relaciones sentimentales con <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/susana-fortes-ahonda-865-cartas-albert-camus-maria-casares-grandes-historias-amor-siglo-xx_1_1955280.html"  >María Casares</a>, actriz española afincada en Francia. </p><p><strong>Cristina Fernández Cubas</strong> ha ganado premios tan prestigiosos como el de las Letras Españolas, el Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica. Ha cultivado, sobre todo, el cuento (<em>Todos los cuentos</em>, 2009; <em>La habitación de Nona</em>, 2015; <em>Lo que no se ve</em>, 2025), la novela corta (<em>El columpio</em>, 1995), la novela (<em>La puerta entreabierta</em>, 2013), el teatro (<em>Hermanas de sangre</em>, 1998) o las memorias (<em>Cosas que ya no existen</em>, 2001). La revista <em>Ínsula</em> le ha dedicado recientemente un número monográfico.  </p><p>¿Qué une a Cristina Fernández Cubas con Albert Camus? Aunque en épocas diferentes, creo que ambos han sabido plasmar en su obra, cada uno a su manera, las <strong>desazones propias de su tiempo</strong>, bien por medio de un realismo crítico o alegórico, bien a través de la estética de lo fantástico. Comparten, además, el diálogo con la <strong>tradición</strong>, la <strong>ambición literaria</strong>, la <strong>independencia de criterio</strong>, el deseo de ensanchar el espacio de lo humano, y la fe en una obra que se ha ido gestando al margen de modas y tendencias. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 10:21:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cristina Fernández Cubas obtiene el Premio Albert Camus]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La llama de su ausencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/llama-ausencia_1_2188923.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/47af781c-372a-453e-a4e8-f6daeae45641_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La llama de su ausencia"></p><p>No pasa nadie y en el fondo es lo mejor. Que nadie me moleste, es lo único que quiero en este banco del final del camino. ¿Y el mechero? Ni en el bolso ni en la falda. Si ayer lo tiré... No funcionaba la piedra.</p><p>Que el mechero era naranja, eso bien lo recuerdo. De un naranja amanecer. Y, aunque no me agrade hablar a los desconocidos, me sentí a gusto esparciendo humo a su lado. ¿Se ha fijado usted en las nubes? Lo cierto es que yo solo me fijaba en él, con cierto descaro, tal vez, y anotaba el color de sus ojos, de sus arrugas, de los dedos que acercaban a sus labios una calada tras otra. Nunca antes había sentido que alguien me fumara... Si aparece ahora sé que su humo será el mío. Han tenido que transcurrir quince años, doce, quizás, para que haya olvidado el mechero y lo necesite otra vez. No, no soy la misma, pero sigo fumando, y las arrugas de sus ojos negros fueron un guiño desafortunado. La sonrisa de sus labios delgados, mi primer síntoma de lujuria.</p><p>Y dentro de veinte años, quizás, Por favor, deme un cigarro, creo haberle visto en este bosque alguna vez, recuerdo que usted fumaba, señor, pero sus dedos ahora inmóviles y ningún mechero en su mano. Ningún signo de reconocimiento. Y entonces miraré a las nubes. No era el amanecer lo que me llamó la atención, sino el humo de sus ojos, el único motivo por el que hoy ni siquiera vendrá a darme fuego.</p><p>No Nunca sonreíste al contemplar los gorriones y, sin embargo, si pudieses verlos otra vez, una única vez. Entiende que es bien poco lo que te pido. Si pudieras... Una última ocasión para cambiarnos los ojos, como los niños, y entonces tu temblor, tan infantil, acurrucada ante los gorriones menudos y el tiritar por los recién arrancados del nido fuese ahora mi propio temblor. Ya nunca tuyo.</p><p>Y ahora yo, lastimado por sus aleteos primerizos, por su quietud entre las tablas del banco, sobre la línea del horizonte sus miradas perdidas, sus garras ceñidas en la madera. Y, al fin, tu risa haciendo equilibrios en las ramas de los árboles, balanceándose entre hojas verdes, ocres, tu risa, una pluma, cayendo en el peciolo de mi boca, hasta el momento en que mi mano, anidada en la cavidad de la tuya, me hiciera trinar en ti. El gorjeo de tu garganta, una mentira. <em>No les pasará nada, no nos pasará nada. </em>Y tu abrazo de alas infinitas me acogería de nuevo, por última vez, mientras los pájaros nos contemplan durante un susurro. Un susurro en que, sin saber cómo, por qué, tus alas se quiebran. Y quedarme así, toda la vida, sediento como tantos, con la lengua orientada hacia un cielo por el que los gorriones se esfuman. Una constelación de aves sobre mi cabeza. Y otra vez mi temblor revoloteando sobre las astillas. En la noche eterna del jardín.</p><p><em><strong>*Silvia Fernández Díaz </strong></em><em>nació en Madrid en 1967. Estudió la diplomatura de Profesorado de E.G.B. y cursó el máster de narrativa de la Escuela de Escritores. Ha publicado dos libros de relatos: Solo con hielo (2014), finalista del XII Premio Setenil, y La mirada de los pájaros (2017), ambos en Talentura. Tiene inéditos tres libros de relatos, dos novelas, un libro de prosa poética y dos libros de aforismos. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 May 2026 04:00:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Silvia Fernández Díaz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La llama de su ausencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Escritores,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más allá del nombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nombre_1_2188212.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a1452914-0271-4dce-a6b7-e5c07526986e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué es poesía"></p><p><strong>Sílex Ediciones. Premio Estado Crítico de Ensayo. Madrid, 2025</strong></p><p>Manuel Rico (Madrid, 1952), licenciado en Ciencias de la Información, poeta, narrador, ensayista y crítico, publica el breve ensayo <em>Qué es la poesía </em>en la colección <em>Qué es</em>, una iniciativa de Sílex ediciones, definida por un claro propósito didáctico. En un presente de antologías y balances, marcado por las redes sociales y con un insólito despliegue de publicaciones poéticas, parece la hora justa de que aflore la capacidad meditativa del lenguaje y siembre consideraciones esenciales en torno a las razones del poema.</p><p>El poeta y crítico emprende la tarea con una sólida experiencia personal como autor. Su trayecto es un árbol de múltiples raíces. Personifica una fértil madurez creadora y así se confirma en la introducción, <em>Prólogo a una aventura</em>. Se trata de recuperar vivencias y regresar a los primeros encuentros con la lectura, punto de partida para afrontar el intimidante género de la poesía “una disciplina literaria que conmueve, emociona, y de modo tal vez inexplicable, nos ata de por vida a un universo minoritario y perturbador que en algunas ocasiones y por motivos muy simples, por ejemplo, gracias a la música de algún cantautor, se abre a públicos mayoritarios”. </p><p>El gusto personal comienza a formarse muy temprano, con las lecturas adolescentes y el muestrario decisivo que conforman las selecciones poéticas publicadas por Círculo de Lectores. El aprendizaje se va forjando poco a poco, en la naciente biblioteca personal y en las recomendaciones regladas del bachillerato. Dejarán en la memoria nombres inolvidables como <strong>Fray Luis de León, Gustavo Adolfo Bécquer</strong> o <strong>Gerardo Diego</strong>. Todavía ese asombro madrugador mantiene exigencias humildes y el acto de escribir se vislumbra como un quehacer lejano e inalcanzable. Pero la primera cosecha de textos propios, nunca citada en la bibliografía del autor, reclama sitio, aunque permanece en silencio, callada y periférica entre la incontinente eclosión culturalista de los novísimos. La antología de <strong>Castellet </strong>marca el rumbo de los años setenta, donde la voz figurativa y realista ocupa un nítido papel secundario.</p><p>Será en la década de los 80 cuando Manuel Rico comience a publicar indagaciones teóricas en torno a la poesía y cuando se supere el monolitismo de la generación del lenguaje, en una etapa lírica marcada por el pluralismo y la diversidad. Sin embargo, el entorno familiar todavía permanece ajeno al hecho de escribir. Con criterio rasante y mayoritario, se considera la poesía como una actividad inútil, solo propicia al intimismo sentimental y pseudoburgués. En suma, una actividad creativa nada recomendable, ajena a la vertiente práctica vital. Pero el destino marca su azar y la vocación se ilumina con la grávida transparencia de <em>Poemas escogidos </em>de <strong>Juan Ramón Jiménez</strong>. De su poso lector nace la necesidad de escribir, la emoción imprecisa de lo que no tiene nombre, el vuelo del poema.</p><p>Manuel Rico recuerda algunas definiciones sobre poesía que han marcado la historia literaria. Entre ellas, las de <strong>Gustavo Adolfo Bécquer, Javier Egea, </strong><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hoy-sigue-incomoda-rabiosamente-moderna-amores-prohibidos-gloria-fuertes_1_1881167.html"  ><strong>Gloria Fuertes</strong></a><strong>, Antonio Machado</strong> o <strong>José Hierro</strong>. Son citas que convierten la esencia del poema en “una honda palpitación del espíritu”, en un proceso que, pese al empeño clarificador, nunca termina de perfilar su semántica conceptual. Como afirma, con lúcida palabra, el ensayista: “En la poesía, lo intangible, la perduración, la eternidad”. Es también tiempo significante, indagación en las grietas oscuras de la realidad y palabra en el discurrir, que alumbra y resplandece. Son pautas definitorias que muestran las cristalizaciones semánticas de la pregunta “Qué es la poesía”, respondida, siempre de manera tangencial, por autores de todas las épocas. El misterio perdura y eterniza la cuestión.</p><p>Otra reflexión de hondura, “¿Para qué sirve la poesía?”, impulsa una indagación de largo recorrido. En un momento social vinculado al pragmatismo y las exigencias materiales del mercado, la poesía queda fuera de la rentabilidad convencional, por más que conforme la genética más luminosa de nuestra condición humana. Responder a la cuestión ha merecido una apelación vigorosa entre los practicantes de la poesía social. La lírica es un instrumento verbal, capaz de poner luz en la verdad y en la belleza, que muestra los contraluces de la realidad y fortalece el compromiso y la conciencia social. Sin argumentos que subrayen su estar entre los valores del presente y las coordenadas que impulsan una era globalizada, queda la hermosa definición que Manuel Rico pone en boca de <strong>Anne Sexton</strong>: ”Mis admiradores creen que me he curado, pero no, solo me he hecho poeta”.</p><p>Queda una cuestión más a debatir: la convivencia entre lectura y escritura de poesía. Esa ruptura de tópicos como los que atribuyen a la poesía un carácter hermético, que aleja del mero acto de leer, y que exige lectores formados y con una sensibilidad especial, capaz de adivinar el sentido último del poema. Manuel Rico recurre a su experiencia personal y articula algunos consejos para la lectura de poesía, pero no hay un método único, ni los habitantes del libro conforman un conjunto único de hábitos similares. Cada sujeto tiene sus particulares parámetros de profundidad y desarrollo. De igual modo, escribir poesía encarna un proceso subjetivo y personal, ajeno a cualquier norma impuesta. Como afirmara <strong>José Hierro</strong>: “La poesía se escribe como ella quiere”. De ahí que sean hábitos creativos la imitación, el desborde sentimental, los estados anímicos o el aprendizaje en talleres reglados. Pero esas actitudes son meras plataformas de aprendizaje, pasos de la vocación literaria y la conciencia artística que llevan a descubrir la esencia del poema, su naturaleza interior, el formato preciso y la contenida exactitud rítmica. </p><p>Establecida siempre la poesía como género minoritario y de circulación restringida, no parece extraño que el escritor se pregunte cómo superar las dificultades que evitan la llegada a una mayoría social. La falta de atención mediática, las ediciones restringidas y los mínimos circuitos convierten al itinerario del poema en “un país cerrado”. Son contadas las excepciones de largo recorrido. Manuel Rico recuerda a este respecto el quehacer ejemplar de los cantautores y su protagonismo en la difusión de algunos poetas del canon y su patrimonio poético. También recuerda el llamativo vacío de radio y televisión en torno a la poesía y la trivialización neopopulista generada por usuarios de redes digitales sin formación solvente. Sin embargo, el entorno digital también ha facilitado el encuentro de ámbitos literarios alejados y el nacimiento de abundantes proyectos, que han hecho posible un mejor conocimiento de la pluralidad de registros expresivos.</p><p>Aunque se mantienen las preguntas, <em>Qué es la poesía </em>es un ensayo ameno y necesario. Una cercana meditación desde dentro, de una presencia solvente, con larga experiencia como poeta, lector y crítico, que sabe que la poesía es misterio, revelación y memoria, raíz indescifrable de la felicidad.</p><p><em><strong>*José Luis Morante </strong></em><em>es escritor y crítico literario. Su último libro es </em><a href="https://lagaruapoesia.com/producto/viajeros-sedentarios/" target="_blank"><em>Viajeros sedentarios</em></a><em> (La Garúa, 2025).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 May 2026 04:00:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Más allá del nombre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que aprendí de tus árboles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/aprendi-arboles_1_2188171.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5c8ce470-9ced-480f-aa94-b7ee8a9d1904_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que aprendí de tus árboles"></p><p><strong>Editorial Renacimiento / Espuela de Plata. Sevilla. 2026</strong></p><p>La poesía, cuando es honesta, no necesita disfrazarse de nada. No necesita el artefacto ni la oscuridad prestada. Le basta con mirar bien las cosas, nombrarlas con precisión y confiar en que el lector reconozca en esa mirada algo que también le pertenece. Esta convicción de que la poesía es un espacio de complicidad entre quienes comparten una misma experiencia es lo que sostiene <em>El magisterio de los árboles</em>, tercer poemario en solitario de <strong>Javier Gilabert</strong>, ganador del XXXI Certamen de Letras Hispánicas Rafael de Cózar de la Universidad de Sevilla, y publicado este año 2026 por la Editorial Renacimiento (Espuela de Plata).</p><p>El libro se abre con una dedicatoria que ya es una declaración poética: <em>A mis amigos</em>. No al padre, cuya muerte recorre el libro de principio a fin. A los amigos. Hay en esa elección una ética implícita que atraviesa cada página: la vida. Cuando el duelo la sacude, no se sostiene en abstracciones sino en presencias concretas, en quienes cuidan sin pregonarlo. Varios poemas llevan además la firma “con” alguien —<strong>Xavier Rodríguez Ruera, Tomás Hernández Molina, Álvaro García</strong> o <strong>Marcos Díez</strong>—, como un recordatorio de que los poemas nacen en conversación con otros poetas, en la huella que han ido dejando en el autor.</p><p>El volumen se divide en dos partes. La primera, <em>El primer árbol</em>, se adentra en el duelo con la contención y la exactitud que distinguen a un poeta maduro de quien aún confunde el sentimiento con el sentimentalismo. Hay aquí algo que se reconoce en escritores anglosajones como <strong>Philip Larkin</strong> o <strong>Seamus Heaney</strong>: la capacidad de decirlo todo a través de un objeto, de concentrar el peso de una pérdida en algo tangible, en algo tan sencillo como una cazadora rescatada del armario. <em>Cogí una cazadora de su armario, / la que llevaba puesta en esa foto. / Delante del espejo / sólo vi la tristeza de mi madre, / el resto de su vida, / la vasta soledad de lo que permanece</em>. Una prenda. Un espejo. Y en ese reflejo, el duelo entero de una familia. No es poca cosa para tan pocos versos. El poema <em>No me olvides</em> —dedicado al padre— lleva esa honestidad hasta su consecuencia más dura: <em>No logro recrear en mi memoria / ninguna imagen cierta de tu aspecto. / Si acaso, una intuición, apenas un esbozo / del hombre, de la voz, de la mirada</em>. El recuerdo se borra. La cara del padre empieza a disolverse en la bruma, y el poeta no finge que no es así. La elegía clásica suele construir monumentos a los muertos, pero Gilabert prefiere decir la verdad que reside en los vivos: que el tiempo nos roba también la imagen de quienes amamos, y que eso duele de una manera para la que no tenemos nombre.</p><p>La segunda parte, <em>El magisterio de los árboles</em>, desplaza el foco del duelo hacia el cuidado. Gilabert cultiva bonsáis —experiencia real que la escritura convierte en metáfora exacta—, y en esa práctica encuentra la imagen más precisa de lo que el libro quiere decir. <strong>Heaney </strong>escribió sobre el trabajo de su padre con la azada y lo convirtió en una reflexión sobre la herencia y la transmisión. Gilabert hace lo mismo con la tijera de podar: <em>la forma original de cada árbol / tan sólo el árbol puede definirla. / Entonces corresponde al jardinero / buscarla con paciencia, traducir el lenguaje / que solamente puede ser oído / a golpe de silencio y de tijera</em>. La buena educación, como la buena poesía, no impone una forma desde fuera, sino que escucha la forma que ya está dentro y le permite aflorar con franqueza. </p><p>Hay en el libro un poema en el que merece la pena detenerme: <em>Dignidad</em>. Dedicado a los contertulianos “del tonel” (un heterodoxo grupo de amigos que se reúnen en torno a un barril para disfrutar de las conversaciones que el vino propicia), habla de los árboles que se marchitan y de la negativa del poeta a darlos por muertos antes de tiempo. <em>Los he visto secarse en apariencia / y al cabo de los meses, rebrotar. / Es lo más parecido a los milagros</em>. Este poema tiene un antecedente silencioso en <em>Olivo</em>, de la primera sección, donde un árbol encontrado en la basura, desahuciado y casi muerto, es rescatado con paciencia hasta que <em>pequeñísimos brotes / dieron paso a la vida</em>. El olivo y el enebro de <em>Dignidad</em> son la misma historia contada dos veces: la historia de quien no abandona lo que los demás han abandonado, de quien rasca con paciencia la corteza para comprobar si aún late la savia. No es difícil ver en ese gesto una ética que va mucho más allá de la jardinería.</p><p><strong>Ted Hughes</strong> convirtió los animales y las plantas en espejos donde la vida y la muerte se miran sin parpadear. Gilabert trabaja en esa misma veta cuando escribe <em>Estelas</em>: <em>Al volar, cada pájaro / va dejando una estela / que atrae levemente al que le sigue. / Es como abrir caminos en el aire. / Los padres, sin saberlo, / tratamos de imitar / esa costumbre</em>. Sin saberlo. Ahí está la clave del libro entero: la transmisión inconsciente, el rastro que se deja sin proponérselo, la sombra que se da sin saber que se da. El padre que fue un árbol sin conocer que lo era.</p><p>El libro cierra con <em>La ceniza que seremos</em>, bajo un epígrafe de Valente: <em>El árbol que ahora somos / no es más que la ceniza que seremos</em>. Es un final sin consuelo fácil. La aceptación que propone Gilabert no es resignación sino comprensión. Somos árboles en crecimiento, y lo que importa no es lo que queda de nosotros sino lo que entregamos mientras estuvimos.</p><p>La poesía española necesita voces así: formales sin ser academicistas, cercanas sin ser condescendientes, capaces de hablar de la muerte con la misma naturalidad con que se habla de un olivo rescatado de la basura. Javier Gilabert lleva años construyendo esa voz en silencio, sin aspavientos, a golpe de cariño y de tijera. Este libro es el resultado más logrado de ese trabajo.</p><p><em><strong>*Fernando Jaén</strong></em><em> es médico y poeta. Su último libro publicado es 'La palabra del ciervo' (Sonámbulos Ediciones, 2022). </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 May 2026 04:00:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Jaén]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lo que aprendí de tus árboles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Coser el pensamiento con hilo de intemperie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/coser-pensamiento-hilo-intemperie_1_2188156.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/50f702c0-9f25-498f-a30c-0634e539bc0a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Coser el pensamiento con hilo de intemperie"></p><p><strong>Kalathos Ediciones. 2026</strong></p><p>Conozco a <strong>Noni Benegas</strong> desde hace muchos años, las dos formamos parte de <a href="https://genialogias.org/" target="_blank" ><em>Genialogías. Asociación Feminista de Mujeres poetas</em></a><em>.</em> Tengo para mí la idea de que las dos vibramos con ese timbre que nos lleva a buscar fórmulas de conocer y avanzar en la historia de las mujeres poetas que fueron, son y serán feministas. Y, en esta línea se sitúa el magnífico libro <em>Ellas tienen la palabra</em>, 2017, donde se recogen dos décadas de poesía española, que incluía a 41 autoras nacidas a partir de 1950. Vio la luz justo en un momento crucial, cuando el canon de la poesía comenzó a tambalearse. Se convirtió enseguida en un referente, dado que Noni exploró las razones por las cuales las poetas eran excluidas del canon. Pero no es de este libro, ni de la fructífera vida poética de su autora de lo que quiero habla en este artículo, sino de ella misma y de su último libro: <strong>Como de otra orilla. </strong><em><strong>Antología Poética</strong></em> (Kalathos Ediciones, 2026), con selección y comentarios de su editora, <strong>Verónica Jaffé</strong>. En la contraportada, ésta afirma lo siguiente: "Se ha dicho que no existen grandes poetas, ni quizás perfectos poemarios, pero sí grandes poemas y versos casi, casi perfectos: No debería dejarse / al arbitrio de lo fugaz / la frágil sustancia del poema // decidido / entre un borde peligroso / y su rescate. Noni escribe versos así, consciente de lo que fue, lo que es, lo que debería ser un poema y sus peligros- Quizás justo por eso sean vitales, auténticos, apasionados, valientes, una pasión y valentía muy poco frecuentes que admiro". </p><p>El dibujo de la portada es —según la propia Noni me ha confesado— un dibujo que nace de un pulso que hace con los ojos cerrados, sobre papel con carboncillo y sanguina. Dentro del libro se pueden encontrar más dibujos que son poemas visuales. </p><p>Leer a Noni Benegas no es entrar en un poema: es quedarse sin refugio.</p><p>Su escritura no acaricia, no acompaña, no ofrece consuelo. Hace algo más difícil: se queda en el lugar donde la palabra todavía duele porque no ha sido domesticada. Y desde ahí levanta una poesía que no se permite mentirse.</p><p>Hay autoras que cuentan. Benegas no. Benegas interroga. Cada verso suyo parece preguntarse si tiene derecho a existir. Y en esa duda —que no es debilidad, sino rigor— el poema se tensa, se afina, se vuelve casi transparente. Como una tela bien cortada, donde no sobra ni un hilo, pero tampoco falta.</p><p>Su poesía no está hecha de imágenes brillantes, sino de pensamiento en carne viva, que respira, se equivoca, retrocede y vuelve a intentar decir. En su obra hay algo muy poco frecuente: una ética del lenguaje. No todo vale. No todo puede decirse de cualquier manera. No todo debe decirse.</p><p>Y ahí aparece el silencio. No como pausa, sino como materia. Como ese espacio que en costura separa dos piezas antes de unirlas. Benegas trabaja ahí, en ese borde. Lo que dice importa tanto como lo que decide callar. Y el lector —si entra— no sale indemne: tiene que completar, sostener, hacerse cargo.</p><p>Hay una raíz de pensamiento —<strong>Valente</strong>, sí; <strong>Gamoneda</strong>, también— pero lo suyo no es herencia: es una forma de estar en el mundo. Una forma incómoda, porque no acepta atajos. Porque no embellece lo que no lo es. Porque no convierte el poema en un lugar amable, sino en un lugar verdadero.</p><p>En tiempos de ruido, su poesía no grita. Resiste, como resisten ciertas telas: sin romperse, pero sin ceder. Y tal vez por eso permanece. Porque no busca gustar. Busca otra cosa: sostener una mirada limpia cuando todo alrededor invita a cerrarla.</p><p>Leer a Noni Benegas es aceptar un pacto: el de no apartar los ojos. Este libro no reúne: desplaza. <em>Como de otra orilla</em> no es una antología en el sentido habitual. No ordena una trayectoria: la interroga desde fuera. Como si la poesía de Noni necesitara ser mirada desde otra posición para revelar lo que siempre estuvo ahí, pero no terminábamos de ver.</p><p>Aquí los poemas no regresan: cambian de lugar.</p><p>La selección de Verónica Jaffé no actúa como un archivo, sino como una forma de lectura que introduce una leve torsión. Y esa torsión —casi imperceptible— altera el sentido. Lo que parecía pensamiento se abre hacia el juego. Lo que leíamos como rigor muestra su otra cara: una inteligencia que no solo indaga, sino que desplaza, que ironiza sin ruido, que pone en duda incluso su propio decir.</p><p>Hay en estos textos una conciencia muy nítida: la de que el lenguaje no es un instrumento fiable. Y, sin embargo, es lo único que tenemos. De ahí la tensión. De ahí también la precisión extrema, esa manera de decir solo lo imprescindible… y de dejar que el resto ocurra en el silencio.</p><p>Porque si algo sostiene este libro es eso: lo no dicho como forma de conocimiento.</p><p>Benegas escribe desde la intemperie, sí. Pero aquí esa intemperie no es solo un lugar: es una distancia. Una forma de mirar. Como si cada poema estuviera ligeramente fuera de sí mismo, observándose. <em>Como de otra orilla</em> no nombra un paisaje. Nombra una posición.</p><p>Y el lector, si quiere entrar, tendrá que aceptar ese desplazamiento. Tendrá que moverse. Perder un poco el equilibrio. Porque solo desde ahí —desde ese borde inestable— el poema empieza a decir.</p><p>Y cuando lo hace, ya no es el mismo. Tampoco nosotras. Invito a comprobar lo que afirmo leyendo este libro.</p><p><span class="highlight" style="--color:white;"><em>*</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"><em><strong>Nieves Álvarez</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> es profesora, escritora, poeta, investigadora y artista plástica. Pero, sobre todo, ávida lectora.</em></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 May 2026 04:00:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Nieves Álvarez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Coser el pensamiento con hilo de intemperie]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miguel Lorente: "Muchos se han hecho más fachas a través de las redes sociales, nadie más progresista"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/miguel-lorente-han-hecho-conservadores-machistas-fachas-traves-redes-sociales_1_2188391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/060e39aa-5ded-44a7-bf8e-14db69aef549_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miguel Lorente: "Muchos se han hecho más fachas a través de las redes sociales, nadie más progresista""></p><p>Nos pasamos los días hablando de los efectos <strong>nocivos </strong>de las <strong>redes sociales</strong>, de la necesidad de proteger a los más pequeños del <em>scroll </em>infinito y determinados contenidos nocivos, de <a href="https://www.infolibre.es/continuara/trump-tecnofeudalismo-hablar-peter-thiel_1_2150703.html" target="_blank">tecnofeudalismo</a> y esos multimillonarios que se alían con la <strong>ultraderecha </strong>con la firme intención de dominar el mundo. Pero una vez que hemos identificado y señalado todos esos problemas, igual es momento de mirar en otra dirección y cambiar el <strong>enfoque </strong>como única medida de <strong>legítima defensa</strong>.</p><p>Porque puede que la figura nuclear de este nuevo ecosistema de convivencia no sea el <em><strong>influencer </strong></em>que busca influir sobre otros en el ámbito que sea, sino el <strong>influenciable </strong>que se deja pensando que no lo hace. Esta es la premisa que desarrolla <a href="https://www.infolibre.es/autores/miguel-lorente-acosta/" target="_blank">Miguel Lorente</a> (Serón, Almería, 1962) en<em> Influenciables. Las redes y la nueva obediencia</em> (<a href="https://www.comares.com/" target="_blank">Comares</a>, 2026), un libro en el que propone una mirada diferente hacia esta sociedad mediatizada por la agenda marcada por unos pocos.</p><p>Así las cosas, para el médico, profesor universitario y columnista de <strong>infoLibre</strong>, el influenciable es una persona <strong>sin sentido crítico</strong>, que no es consciente de su situación porque su conciencia es sustituida por una <strong>'fe-tendencia' </strong>desde la que define la realidad a partir de <strong>tres referencias</strong>: la sintonía con el contenido de las diferentes propuestas que le llegan, el número de personas que actúan en el mismo sentido, y la autoridad de la persona que propone.</p><p>Todo ello, bajo una falsa idea de <strong>libertad </strong>al presentar su decisión como una opción entre otras muchas, sin ser consciente de que solo elige entre lo que le ofrecen. "El problema no está en los <em>influencers </em>o en los algoritmos, sino en quien recibe, acepta y asume la información o los mensajes con naturalidad, <strong>sin un cuestionamiento</strong>, con sensación de <strong>espontaneidad </strong>y control cuando en realidad no es así, ya que no tienen esa capacidad como ellos creen y, sobre todo, no tienen la posibilidad de filtrar, de posicionarse, de cuestionar lo que están recibiendo", argumenta Lorente a <strong>infoLibre</strong>.</p><p>Esto nos lleva a lo que el autor califica como <strong>'fe-tendencia</strong>', un concepto según el cual la manera de enfrentarse a la información está basada en tres elementos, comenzando con "la <strong>sintonía </strong>con lo que yo a priori pienso". Desde esa premisa, aumenta la "receptividad para <strong>reafirmar </strong>mi posición en un mundo en el que me creo muy bien informado porque tengo acceso a través de las redes a miles de espacios", cuando en realidad son "los mismos, pero con diferente formato" porque son los algoritmos los que te van moviendo hacia mensajes con los que te identificas como receptor.</p><p>El segundo elemento es <strong>cuánta gente</strong> está interaccionando y "se identifica con lo que tú también te sientes identificado en un espacio al que te sientes vinculado", de manera que "cuando empiezan los <em>likes</em>, los comentarios o los retuits, tú mismo te sientes obligado a poner un <em>like </em>para que otros vean que estás dentro de ese proceso". "El tercer elemento es la <strong>autoridad </strong>de ese <em>influencer</em>, o de esa fuente si es un medio de comunicación, que lanza ese mensaje concreto", apostilla, e insiste en la idea de que "al final<strong> no hay juicio crítico</strong>", sino simplemente una "deriva porque crees que esa es la manera de posicionarse ante esa realidad, ya que es donde recibes esa <strong>aceptación </strong>o reconocimiento".</p><p>"La 'fe-tendencia' es el elemento que utiliza el influenciable, que ya es la persona que está dentro de esos elementos sin la noción de que se encuentra en esa <strong>falta de criterio</strong>", prosigue Lorente, quien, llegados a este punto, alerta de que estamos ante una "<strong>nueva obediencia</strong> porque no hay órdenes, ni sensación de <strong>mandato</strong>, simplemente cosas que se lanzan al aire y te hacen creer que eliges entre multitud de posibilidades, influencias, plataformas, aplicaciones o medios, pero todo está relacionado con lo que tú <strong>previamente creías</strong>".</p><p>Las redes sociales son el ejemplo paradigmático de todo esto, y justo por eso avisa del error de centrar las medidas de control en los <strong>menores</strong>, ya que en ellas interactúan también millones de adultos: "Ya nadie se mueve con un <strong>periódico de papel</strong>, leyendo artículos de <strong>opinión </strong>con calma, sino que consumimos todo de manera <strong>inmediata </strong>a través de distintos dispositivos. Hace nada había gente que no tocaba el móvil para interactuar y ahora se pasan el día enganchados a <strong>TikTok</strong>. Y yo lo he notado en gente que se ha puesto <strong>beligerante</strong>, porque antes no tenía mucho interés en la política del día a día y ahora están cuestionándolo todo".</p><p>Un <strong>modelo conservador</strong> que se ve amenazado por los avances <strong>progresistas</strong>, y que, para fomentar esa nueva obediencia, necesita "<strong>retroalimentación</strong> y nuevo contenido" constantes, apelando al <strong>miedo </strong>y a ese <strong>odio </strong>que ha sido tan "necesario para el ser humano desde el punto de vista evolutivo" como resorte para proteger a su grupo respecto a otros "que te querían quitar el alimento". "El odio está preparado fundamentalmente para defender lo propio, al grupo, lo <strong>cultural</strong>, lo que nos define", plantea.</p><p>Y continúa: "El <strong>odio funciona</strong> porque lo que se odia son precisamente aquellos elementos que se presentan como <strong>críticos</strong>, <strong>amenazantes </strong>o incluso <strong>agresores </strong>hacia el modelo de convivencia que tenemos. Además, el <strong>odiador </strong>necesita al <strong>odioso</strong>, y hay ahí una predisposición para que tú odies a las <strong>mujeres</strong>, los <strong>extranjeros</strong>, los <strong>homosexuales</strong>, es decir, a grupos que culturalmente ya han sido presentados como elementos que alteran el orden que nos hemos dado como cultura, que rompen con lo que es ser hombre, que rompen con la <strong>familia</strong>, que rompen con nuestra <strong>identidad</strong>. Por eso, la<strong> derecha mundial</strong> comparte  tres objetivos comunes en su discurso de odio,  aunque luego meta circunstancias propias: los extranjeros, las mujeres y la diversidad".</p><p>Destaca Lorente, asimismo, que gracias a la conjunción de estos sentimientos de odio con las redes sociales se ha conseguido que mucha gente pase de la "<strong>pasividad</strong>" a la “<strong>acción</strong>". "Se ha conseguido que esa persona que antes <strong>odiaba </strong>a las mujeres o a los extranjeros en la <strong>soledad </strong>de su casa ahora los odie de manera <strong>compartida</strong>, siendo además reconocido por ello", advierte, para acto seguido lanzar una certeza práctica que más o menos todos hemos podido apreciar en nuestro entorno: "No he visto a nadie que se haya hecho más <strong>progresista </strong>a través de las redes sociales. Nadie. Pero más conservadores, más machistas y más <strong>fachas</strong>, muchos. No uno o dos, no: muchísimos".</p><p>Ante esta situación, echa en falta Lorente un<strong> sistema educativo </strong>que "genere la capacidad de tener una <strong>conciencia crítica</strong>", porque este sistema en el que actualmente nos movemos no necesita nada para perpetuarse salvo que "no haya algo que <strong>cuestione</strong>" los valores, las ideas y las creencias que nos definen como sociedad. El objetivo es, en su opinión, "resituar la normalidad sobre los valores <strong>tradicionales </strong>bajo unas nuevas circunstancias, un argumento muy <strong>simplista</strong>", pues se basa en decir "si somos lo que hemos sido, tenemos que ser lo que somos". "La <strong>educación </strong>es esencial y no lo estamos haciendo", avisa.</p><p>Es por todo lo anterior que la respuesta no está, aunque haga falta de alguna manera, en una <strong>regulación </strong>que limite el uso de las redes sociales, sino en "cambiar un poco la manera de enfrentarse al <strong>uso de la tecnología</strong> y, sobre todo, situarse en una posición en la que la relación se base en la toma de <strong>conciencia de la realidad</strong>, en tener conocimiento para poder deducir, inducir, reflexionar y asociar, es decir, todo lo que supone ser una <strong>persona formada con capacidades</strong> para poder responder".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 May 2026 04:00:38 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Miguel Lorente: "Muchos se han hecho más fachas a través de las redes sociales, nadie más progresista"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Redes sociales]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Fue Margarita Beese una falangista queer? Andrea Momoitio rescata una vida borrada por el franquismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/libros/margarita-beese-falangista-queer-andrea-momoitio-rescata-vida-borrada-franquismo_1_2184346.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/98b5ff16-8244-47c9-b374-3c265cc9e1df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Fue Margarita Beese una falangista queer? Andrea Momoitio rescata una vida borrada por el franquismo"></p><p>Margarita Beese Rodríguez fue una activista política y feminista conservadora que se introdujo en círculos falangistas hasta convertirse en colaboradora cercana de Pilar Primo de Rivera. Lo que hace singular su historia es que, nada más acabar la Guerra Civil, fue juzgada y encarcelada en Tenerife por falsear su partida de nacimiento bajo el nombre de Juan Carlos. Lo que parece un simple caso administrativo esconde una identidad compleja y puso en marcha un juicio en el que los médicos que testificaron en su favor hablaron de “anomalías médicas” que apuntaban, en unos casos, a la “intersexualidad” de Margarita y, en otros, a su “homosexualidad”, en una confusión de términos común en la época. Un caso olvidado que fascinó a la periodista <strong>Andrea Momoitio</strong> (Ortuella, 1989), autora de <em>Farsante. Una historia queer en la Falange</em> (<a href="https://www.librosdelko.com/" target="_blank">Libros del K.O.</a>, 2026). ¿Acaso fue Margarita una falangista queer? Lo hablamos con la autora.</p><p><strong>¿Qué es </strong><em><strong>Farsante</strong></em><strong>?</strong></p><p>Es una crónica periodística en la que he intentado descubrir por qué una persona vinculada a la Sección Femenina de Falange trató de inscribirse en el Registro Civil de Santa Cruz de Tenerife con el nombre de Juan Carlos.</p><p><strong>¿Y sabemos por qué lo hizo?</strong></p><p>Esa es la gran pregunta, pero sigue siendo un misterio. Conocí esta historia gracias a una investigadora canaria, Yanira Hermida, que intentó averiguar por qué. Ella no lo consiguió, compartió muy generosamente conmigo todo lo que había conseguido sobre el caso y yo seguí, así que estoy deseando que aparezca una tercera persona que descubra exactamente por qué. Yo tengo la sensación de que queda Margarita para rato, ya que yo no sabía dónde seguir buscando respuestas, por lo que tuve que ponerle punto y final con muchos interrogantes.</p><p><strong>Ha hablado incluso con familiares que no tenían ni idea de esta historia…</strong></p><p>Sí, quedan sobrinos de Margarita del segundo matrimonio de su abuelo. Sabían que tenía una  tía que había estado presa, pero creían que por haber falsificado unas firmas, ni siquiera sabían muy bien por qué. Y, desde luego, no tenían ni idea de la trayectoria intelectual y política que tuvo. Era una auténtica desconocida. Sí que sabían que era un personaje complicado dentro del ámbito familiar, que había quien prefería no hablar de su historia, pero poco más. Ha sido también muy bonito ir descubriendo con ellos, viendo cómo se sorprendían cada vez que les contaba algo, como que dirigió una revista llamada <em>Héroes </em>en Madrid. Sus caras de asombro son inolvidables para mí.</p><p><strong>¿Qué es lo que le atrae de Margarita? O Juan Carlos…</strong></p><p>Que había una estrategia de resistencia que era importante rescatar. A partir de conocer su historia me quedo con la duda de si habrá habido más personas que hayan utilizado esta misma herramienta para poder vivir de otra manera durante aquellos años. Puede ser que sí, no lo vamos a saber tampoco fácilmente, pero me llamaba la atención sobre todo eso, la estrategia de resistencia que había utilizado. Tengo claro que fue una estrategia y que fue para resistir, lo que no sé es ante qué. </p><p><strong>¿Qué quiere decir exactamente con resistir? </strong></p><p>Tengo claro que necesitó poder vivir de otra manera, echó mano de la imaginación y se le ocurrió esto. Me fascina que alguien tenga la valentía de atreverse a enfrentarse a lo que ya tenía que saber, que era un riesgo muy grande, sobre todo porque lo intenta ni más ni menos que en Santa Cruz de Tenerife, que es una ciudad pequeña. Lo sigue siendo, pero entonces todavía más, y además una ciudad en la que tanto ella como su padre eran personas muy conocidas. Las posibilidades de que esto saliera bien parecen a priori muy pocas y, sin embargo, por alguna razón necesitó hacerlo y se atrevió. Eso me enganchó mucho, he intentado saber por qué y sigo con la búsqueda y con toda la curiosidad.</p><p><strong>Es muy llamativo que hiciera esto una persona metida en la Falange, en la Sección Femenina, con todo lo que eso implica.</strong></p><p>Y luego, cuando vas siguiendo la pista de su producción intelectual, tanto en la prensa de Santa Cruz de Tenerife como en la revista que dirigía en Madrid, ves que lejos de promover que la gente pudiera expresar su identidad de género con cierta libertad, estaba muy obsesionada con la feminidad, y en muchos de sus textos habla de lo importante que es que las mujeres sean femeninas. Es verdad que también en algún momento parece que asoma la patita y habla de que a ella no le gusta ser una flor delicada, que prefiere ser un árbol, sí que tiene en algún momento alguna declaración que te hace pensar que había algo en ella que quería vivir de otra forma. Por un lado, promovía una manera de ser mujer muy concreta, pero ella para nada siguió con esos preceptos, ya que no se casó, no tuvo hijos, no se dedicó al cuidado de su familia, sino todo lo contrario, pues tuvo una vida bastante independiente y autónoma. Esto también es algo muy habitual en las principales dirigentes de la Sección Femenina, porque lejos de cumplir con este mandato de feminidad que imponían al resto, ellas vivieron de una manera bastante libre.</p><p><strong>Ella habla de un 'feminismo conservador'. ¿Investigar en su vida es un modo de indagar en el feminismo de hace un siglo?</strong></p><p>Sí, y ha sido increíble decir 'madre mía, también entonces las feministas estaban divididas' (risas). Consuela saber que la división no es algo solo actual y comprobar que hubo muchas tensiones entre feministas más progresistas y otras más conservadoras como Margarita. La religión y el papel que podía tener la religión fue importante en esa tensión, pero no solo por eso. Por ejemplo, Margarita estaba en contra del sufragio. Sí que apostaba por que las mujeres pudieran formarse para tener conversaciones más interesantes con sus maridos y educar mejor a sus hijos, pero no creía para nada que estuvieran capacitadas para participar en la vida política, aunque ella participó de una manera muy activa. Parece que las mujeres falangistas se sentían un poco por encima de la categoría de género, ya que, por un lado, estaban las mujeres y, por otro, estaban ellas, que creían de alguna manera que tenían o podían tener características o habilidades distintas al resto. Porque ellas, desde luego, para nada cumplieron con sus propios mandatos.</p><p><strong>La historia de Margarita nos sirve también para recordar cómo se trataba la identidad sexual hace cien años, algo no se puede tratar con las categorías que tenemos hoy…</strong></p><p>Totalmente. Margarita lleva muy lejos su proceso judicial, no se conforma con las sentencias que le imponen en la isla y lleva su caso al Tribunal Supremo. Llega todo lo lejos que puede en su defensa, también porque tenía recursos para hacerlo. Muy poco antes se habían publicado ya<em> Los estados intersexuales de la especie humana</em> (1929) y, de hecho, la defensa que lleva ella parecía estar al tanto, por eso dicen que es verdad que sus características sexuales primarias son de genitalidad femenina, pero que sin embargo había algo en su carácter, en su forma de ser, que la hacía sentir de alguna manera que era más fácil para ella vivir como un hombre. Empiezan a indagar un poco en esta distinción entre sexo, género, las categorías y lo complejas que somos las personas.</p><p><strong>¿Podemos considerar a Margarita una persona trans o era una mujer que, con la ambición que tenía, vio que esta era la manera de acceder a los privilegios de ser hombre?</strong></p><p>No lo vamos a poder saber nunca. Por lo que sabemos, podríamos creer que estamos ante una persona intersex. ¿Por qué no? Hay muchísimas personas intersex, aunque es una realidad súper desconocida. El otro día leí un titular, no me acuerdo de quién, pero decía que hay más personas intersexuales que pelirrojas. Es decir, hay mucha gente intersex en nuestro entorno, pero no lo sabemos, porque hay quien incluso no sabe de sí misma que podría serlo. Como va cambiando de versiones en el proceso judicial, tampoco te puedes creer mucho nada, pero en algún momento sí que dicen que estamos ante una persona intersexual, que podríamos estar ante una persona con una identidad trans, ante un hombre trans, sin duda alguna también. Y podríamos estar ante una mujer cis lesbiana que, a través de esta estrategia, quiso poder vivir de otra manera, a lo mejor con otra mujer. De este tipo de historias conocemos la de Elisa y Marcela, que en 1901 se casaron por la iglesia, diciendo una de ellas que era un hombre, por lo que parece que ha sido también una estrategia que han utilizado las lesbianas en algún momento, y pudo ser esto lo que también quiso Margarita.</p><p><strong>Pero su orientación sexual, que le gustaran las mujeres, tampoco nos dice nada concreto de su identidad de género.</strong></p><p>Claro, y es verdad que se tiende a confundir. Porque parece, por ejemplo, que si estamos hablando de una mujer trans, no puede ser lesbiana. Hay mucha confusión con esto. Por supuesto, podríamos estar hablando de un hombre trans heterosexual, de una mujer cis lesbiana... No lo sabemos, es probable que ni siquiera lo supiera ella en su momento, ya que es difícil pensarte en esos términos si no existen esas categorías. Lo que para mí está claro es que, de alguna manera, tanto su orientación como probablemente su identidad, desbordaban lo que se permitía en ese momento, por lo que había cierta incomodidad en ella. No sabemos por dónde desbordaba todo aquello, pero seguro que lo hacía.</p><p><strong>Llegados a este punto, ¿es un poco excesivo decir que Margarita fue una falangista queer?</strong></p><p>Esa es una provocación, porque no lo puedo afirmar. Es un gancho para atraer a la historia, que incluso podría ser interpretado como un error que también puedo asumir. </p><p><strong>¿Margarita o Juan Carlos? Al principio uno piensa que nos van a hablar de él, pero la historia se centra en ella.</strong></p><p>Tuve muchas dudas, y tomé esta decisión porque me preocupaba que pudiera interpretarse como que no estaba respetando su identidad de género, ya que, en realidad, a lo largo de toda su vida y también después del proceso judicial, ella firma sus cartas como Margarita. También es cierto que las cartas que tengo son las que manda su familia, con lo cual me surge la duda, porque quizás no se atrevía a firmar de otra manera. </p><p><strong>¿Se cebaron con ella administrativamente por esa posible identidad trans o que fuera lesbiana? De hecho, entra en la cárcel por falsificar tres firmas.</strong></p><p>Probablemente. Ella intentó en todo momento argumentar eso, pero es verdad que rápidamente la dicen desde el Tribunal de Santa Cruz de Tenerife que no solo ha intentado falsificar su partida de nacimiento, cosa que ya sería grave por lo que significa falsificar un documento público, sino que ha mentido en la categoría de sexo, que no es una categoría cualquiera. No es lo mismo mentir en tu día de nacimiento que mentir en una categoría a la que van asociadas obligaciones y derechos muy distintos. Lo que pretendía, de alguna manera, era ponerse por encima del resto con este cambio, y eso es lo que no le perdonaron. Ni un solo día de prisión le perdonaron, a pesar de haber sido una persona tan relevante, de los contactos que tenía en la isla, tanto ella como su padre. No hubo piedad y nadie intercedió en esto.</p><p><strong>No solo eso, sino que se ha borrado totalmente el rastro de su relación con la Falange.</strong></p><p>Es una pasada. El libro se titula <em>Farsante </em>porque fui descubriendo cómo a lo largo de su vida fue mintiendo en muchos ámbitos. También hubo un tiempo durante la investigación en que llegué a dudar de su vinculación con la Falange y con la Sección Femenina, porque no aparecía su nombre en ningún documento. Pero apareció una carta de Pilar Primo de Rivera en la que pedía que la liberaran de empleo y sueldo durante un mes para colaborar con ellos y hablaba de ella como su camarada. Con eso ya tenía algo más, aparte de sus propias declaraciones y de alusiones en prensa a su vinculación con la Falange. También fueron apareciendo luego algunos documentos donde la vinculaban, pero ha sido imposible encontrar nada más.</p><p><strong>¿Qué nos sigue diciendo la historia de Margarita en 2026?</strong></p><p>También he pensado mucho en esto, porque me he encontrado con gente cercana a mí que en algún momento me ha dicho que no veía mucho interés, o que se sorprendía de que haya dedicado tanto tiempo a hacer este trabajo. Hay quien lo ha visto incluso como un homenaje, algo que no pretendía, ni muchísimo menos. Pero, volviendo al inicio, me parecía que era importante contar que en 1939 hubo quien puso toda su imaginación al servicio de poder vivir de otra manera. Me parecía potente rescatar eso.</p><p><strong>Desde esa perspectiva, ¿es un ejercicio de memoria queer?</strong></p><p>Sí, eso es lo que pretendo. También que sepamos que la disidencia sexual y de género se ha dado en muchos ámbitos, también en la extrema derecha. Además, yo creo que debió sufrir mucho.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2026 17:56:45 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Escritores,Falange Española y de las JONS]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El deseo de convivir y la barbarie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/deseo-convivir-barbarie_129_2186169.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El deseo de convivir y la barbarie"></p><p>A través de situaciones históricas y contextos diferentes todo se repite. Hay un momento en el que los acuerdos se quiebran, la violencia se convierte en un recurso inmediato y los mapas se rompen o se queman. Lo vimos en el siglo XIX con las guerras napoleónicas, en el siglo XX con la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y lo vemos ahora cuando <strong>se desmantela la justicia internacional y las élites del poder bombardean el mundo y generan nuevos genocidios</strong>. Las explicaciones son, desde luego, necesarias. Hay razones económicas, religiosas, nacionalistas, identitarias… Pero si todo se repite, no es sólo porque nos acompañe la violencia a lo largo del tiempo, sino porque detrás de las guerras y las armas, detrás de las causas y los intereses, encontramos siempre una misma razón: <strong>la barbarie estalla cuando el ser humano pierde su responsabilidad de convivir</strong> y busca argumentos para ejercer la violencia. Un asunto de cultura. La defensa universal de los derechos humanos sirve para defender el respeto que merece cualquier persona, pero también para recordarnos que, detrás de cualquier situación, la violencia surge cuando los seres humanos se pierden a sí mismos el respeto, olvidan la necesidad de convivir en paz y corren en busca de las armas y de justificaciones dispuestas a mancharse de sangre.</p><p>Coincido en la Feria del Libro de Buenos Aires con el escritor, ensayista y diplomático <strong>José María Ridao</strong>. Acaba de publicar en Losada, una editorial que llena el presente de recuerdos históricos, una nueva edición de su libro <em>Durero soñando</em>, en el que une, como ocurre a lo largo de toda su vocación intelectual, el ensayo y la creación literaria. </p><p>En la madrugada del 8 de junio de 1525, el pintor Alberto Durero se despertó envuelto por una sobrecogedora pesadilla. Para responder a sus propios sentimientos, <strong>pintó una acuarela titulada </strong><em><strong>Visión de pesadilla</strong></em>, en la que el cielo se descompone en grandes cascadas y golpea una tierra de árboles y casas minúsculas. Artesano minucioso de las imágenes, el pintor deja de ser un artesano perfecto para desplazarse a la creatividad artística que imagina y convive con las imperfecciones temibles del futuro humano. En Nuremberg, después de conocer la situación de la Dieta ante la Reforma y Lutero, sintió un horizonte que sería <strong>marcado por las guerras, las ejecuciones y la barbarie</strong>.</p><p>El libro de José María Ridao une un ensayo, <em>Las indias en el origen de la Reforma</em>, y una obra de teatro relacionada con sus interrogaciones: <em>Durero soñando</em>. Pensar la historia nos lleva a interpretar los relatos que intentan legitimar el poder político sobre los territorios con discursos que heredan mandatos religiosos para convertirlos en mandatos nacionalistas. <strong>Borrar la responsabilidad del ser humano es fácil</strong> cuando se justifica la historia como una voluntad divina o como un mandato nacional. Palabras como Imperio, Nación, Derecho, Dios, Deber, se abren en el cielo para explicar las pesadillas necesarias y los horrores cometidos. Pero si el ser humano se niega a ser sustituido por una voluntad superior, la propia conciencia tiene que convivir con su verdad y responsabilizarse de sus decisiones.</p><p>El teatro sale a escena para ponernos la verdad delante de los ojos con sus representaciones de carne y hueso. Seres humanos en el escenario. La responsabilidad de convivir en paz es un asunto que no puede dejarse en manos de los dioses o los discursos identitarios. <strong>Conviene recordarlo, porque la historia se repite</strong>, y volvemos a vivir una pesadilla que descompone los cielos. Pero no basta con analizar causas políticas o económicas. La responsabilidad es de cada uno de nosotros. Somos nosotros los que apoyamos o denunciamos el momento en el que los seres humanos borran el deseo de convivencia en nombre de un mandato que justifica la barbarie. Las situaciones históricas están ahí, pero no cancelan la responsabilidad de quien dispara un arma. </p><p><strong>José María Ridao estudió la personalidad de Manuel Azaña</strong>, un político y escritor que intentó comprender lo que había pasado en España con una obra de teatro: <em>La velada de Benicarló</em>. Como Azaña, Ridao nos propone a sus lectores un drama y tres palabras: <em>Paz, Piedad, Perdón</em>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 17:25:04 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El deseo de convivir y la barbarie]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Música popular]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/musica-popular_1_2185439.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/671143d5-9f3b-48ef-b8b3-1580012724e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_1021891.jpg" width="643" height="362" alt="Música popular"></p><p><strong>Liliputienses. 2026</strong></p><p>El nuevo libro del poeta <strong>Juan Bello Sánchez</strong> (1986), Premio de Poesía Joven RNE en 2014, se titula <em><strong>Música Popular </strong></em>y ha sido publicado por la editorial cacereña Liliputienses. Es un libro pequeño, cabe en la palma de una mano no muy grande, pero sus poemas rebosan significados y no acaban nunca de cerrarse. Y es que lo que consigue el escritor gallego con pinceladas como esta:</p><p><em>«</em><em><strong>Una sensación de asombro</strong></em></p><p><em> Una mujer riega las plantas de su terraza </em></p><p><em> con una pequeña regadera de plástico. </em></p><p><em> Las plantas sienten algo, </em></p><p><em> sin entender. Después</em></p><p><em> se pierden en el aire»</em></p><p>es llevar al lector a una realidad que no está acostumbrado a habitar, desarticula su mundo porque Bello Sánchez no habla de un mundo ordenado y asumible, abre la puerta a pequeñas situaciones despegadas del mundo lógico. Imagino, querido lector, que estarás pensando: «vale, otro libro de haikus, con ese rollo filosófico oriental», pero no es eso. O no es eso solo, al menos. <em>Música popular </em>no se cierra a ningún horizonte.</p><p>Alrededor de 60 poemas, diminutos, de unos 5 o 6 versos, Juan juega con las coordenadas esenciales de nuestro mundo, como puede ser el <strong>tiempo</strong>:</p><p><em>«</em><em><strong>Perro Negro</strong></em></p><p><em> El hombre lanza una pelota de goma</em></p><p><em> con todas sus fuerzas. </em></p><p><em> Lo que el perro trae de vuelta, </em></p><p><em> en la boca, </em></p><p><em> es el pasado»</em></p><p>o los <strong>sentidos</strong>:</p><p>«<strong>Deseo de realidad</strong></p><p> Lo real se construye a partir del tacto. </p><p> Mirar es engañar a la mano»</p><p>Entre otras, para desajustarnos el mundo y hacernos reflexionar sobre él. </p><p>Esta propuesta de Liliputienses y Juan Bello, a través del ingenio, la incertidumbre, sostener la lógica sobre el papel, crea un mundo único a través del desajuste de las leyes que rigen en cada poema y con ello se puede entender cierta complicidad con el lector, porque siento que el autor y el lector comparten este pequeño puente cómplice y único que se crea y se destruye en cada texto. </p><p>Me parece muy valiente que el poeta haya decidido apostar por esta belleza incómoda, a paso cambiado, como hicieron antes que él <strong>Octavio Paz</strong> y <strong>William Carlos Williams</strong>, por ejemplo. ¿Y por qué se titula <em>Música popular</em> este libro? Pues yo siento que tiene más de música que de popular, una música que une los pedazos de una realidad oculta y que muchas veces se nos escapa. Pero también es popular porque cualquiera está atravesado por las diagonales que tensan el libro, nadie escapa a sus ejes y por lo tanto todos somos partícipes del juego de cambiar las reglas. </p><p>Me despido de esta breve reseña con este y que sirve como resumen de lo que ha significado para mí la lectura de <em>Música Popular</em>:</p><p><strong>Todo está roto</strong></p><p><em>La verdad es un jarrón.</em></p><p><em> Un jarrón puede caer al suelo</em></p><p><em> y romperse.</em></p><p><em> Si junto los pedazos </em></p><p><em> obtengo otra cosa. </em></p><p><em> La memoria es asimétrica. </em></p><p><em>*</em><em><strong>Jorge García Torrego</strong></em><em> es periodista, bibliotecario y escritor. Cuenta con seis libros publicados y desde 2012 publica reseñas literarias en diversos medios.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Apr 2026 04:01:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge García Torrego]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Música popular]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Escritores,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cielo y las ruinas. Guerra, fascismo y revolución (de 1914 a la guerra de España)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cielo-ruinas-guerra-fascismo-revolucion-1914-guerra-espana_1_2184665.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d5f7c893-9324-4473-a120-e98173a2e326_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cielo y las ruinas. Guerra, fascismo y revolución (de 1914 a la guerra de España)"></p><p>Entre 1914 y 1936, Europa experimentó una guerra de consecuencias devastadoras, una oleada revolucionaria y un fenómeno novedoso, el fascismo, que idealizaba la guerra y vino para ajustarle las cuentas a la revolución. De 1936 a 1939 la península ibérica atrajo y produjo a escala (y a su modo) estos conflictos globales. En España, entonces, se condensó una época. Este libro es una historia de Europa que acaba en España. </p><p>La trama se hilvana con personas de carne y hueso, hombres y mujeres protagonistas de aquellos acontecimientos europeos que luego llegaron a la guerra de España como asesores militares, diplomáticos, brigadistas, intelectuales o periodistas: vidas que atravesaron la historia y vidas atravesadas por la historia. Esta obra compone el gran friso de un pasado, de cielo y ruinas, que ayuda a pensar nuestro tiempo.</p><p><a href="https://www.akal.com/libro/el-cielo-y-las-ruinas_54989/" target="_blank" ><em>El cielo y las ruinas. Guerra, fascismo y revolución en Europa (de 1914 a la guerra de España)</em></a><em> </em>es un recorrido por la convulsa historia de Europa a través de personas excepcionales que llegaron a la guerra de España. Un título que acaba de llegar a las librerías  de la mano de <a href="https://www.akal.com/" target="_blank" ><strong>Akal</strong></a><strong> </strong>y del que, por su interés, reproducimos en exclusiva a continuación un fragmento escogido por el propio autor, <strong>Juan Andrade</strong>, para nuestros lectores.</p><p>__________________________________________________________________</p><p><strong>Extracto de la Introducción. </strong></p><p><strong>INTRODUCCIÓN </strong></p><p><strong>Cielo y ruinas </strong></p><p>En 1914 arrancó la Gran Guerra, un cataclismo de proporciones hasta entonces desconocidas. El camino a la contienda pudo sortearse, pero luego no se encontró terapia a sus secuelas. En 1917 estalló en la Rusia de los zares una revolución social que prometía un horizonte de igualdad y emancipación. Tras una guerra civil devastadora, aquella revolución se acabó haciendo Estado. Como toda revolución, tuvo causas endógenas y singulares, pero fue también la manifestación de un fenómeno global. De 1918 a 1921, una oleada revolucionaria se extendió por Europa, anegando países derrotados en la Gran Guerra. Fue aplastada, contenida o drenada, según los lugares. No llegó a tumbar la arquitectura de aquellos Estados, pero se filtró a sus instituciones y amenazó con volver. Su reflujo abrió espacio a un nuevo movimiento político, el fascismo, que idealizaba la guerra y prometía acabar con la revolución social para siempre. Se propuso, además, acabar con los derechos y libertades fundamentales; a sus ojos, una oportunidad para la corrupción y una vía expedita a la revuelta. En un contexto de crisis el fascismo prometió su propia revolución: el renacimiento de la nación por medio de la fuerza. </p><p>Sin embargo, tanto en Italia en 1922 como en Alemania en 1933, llegó al poder por medio de pactos con las derechas tradicionales. En España, en el verano de 1936, una parte del ejército se sublevó contra el régimen constitucional de la República con el respaldo de las derechas viejas y nuevas. Desencadenaron una revolución y provocaron una guerra que ganaron gracias al apoyo de <strong>Hitler </strong>y <strong>Mussolini</strong>, mientras construían un régimen que se fascistizaba sobre la marcha. En la guerra de España intervino también la URSS, el Estado surgido de la revolución de 1917, y a España llegaron miles de voluntarios “a luchar contra el fascismo”. Muchos habían combatido en la Guerra del 14, habían protagonizado las revoluciones de postguerra y se habían exiliado de países fascistas. Como tantas veces se ha dicho, la Guerra de España reprodujo a escala un conflicto global y fue, a la vez, su principal escenario. En España, entonces, se concentró el mundo. Como se ha señalado con menos frecuencia, a España llegaron las experiencias de los últimos 25 años. En España, entonces, se condesó una época.</p><p>Este libro es una historia de Europa que acaba en España. Atraviesa varios escenarios continentales: las trincheras de la Primera Guerra Mundial en Francia; las calles de Petrogrado y las estepas rusas donde se enfrentaron rojos y blancos; las barricadas de la revolución en Berlín, Múnich o Budapest; las fábricas ocupadas de Turín y los barrios en huelga de Londres; el paredón, la cárcel y el exilio a los que fueron condenados aquellos revolucionarios; los despachos de la Komintern en Moscú donde gestionaron su derrota; la marcha de <strong>Mussolini </strong>sobre Roma; los desfiles nazis en Nuremberg. Y esta historia se ubica en varios lugares de España que a la postre se solaparon con aquellos escenarios: el paso del Estrecho, la Ciudad Universitaria de Madrid, las colectividades en Barcelona, las sedes de los partidos del Frente Popular en Valencia, las visitas al despacho de Franco en Salamanca, los teatros donde los intelectuales lazaron sus arengas, la base de las Brigadas Internacionales en Albacete, la cárcel de Sevilla, una carretera perdida de Huesca, una cala en Ibiza, tantos pueblos y ciudades bombardeados. </p><p>Este libro es una historia de agentes colectivos y nombres propios, una historia de vidas atravesadas por la historia y de personas que atravesaron la historia. Las personas que hemos seleccionado van apareciendo en todos esos escenarios europeos hasta llegar a España […]</p><p><strong>Gran Guerra </strong></p><p>La Gran Guerra no fue la explosión inevitable de una atmósfera ciertamente inflamada, ni la detonación del polvorín de Europa por efecto de una chispa puntual. Hubo una cadena de decisiones que los gobernantes trenzaron con su ideología y sus cálculos de oportunidad, con los automatismos de los protocolos de asistencia mutua y con reacciones improvisadas a las decisiones de sus adversarios. Atisbaron en algún momento el cataclismo que se les podía venir encima, pero pensaron que podían conjurarlo o no se lo creyeron del todo. Tenían elementos de juicio para deducir racionalmente la dimensión de la catástrofe, pero esa dimensión sobrepasaba la capacidad asimilativa que suele proporcionar la experiencia pasada, y se confiaron a ella. Para llevar a sus países a la guerra tuvieron que seducir a los desconfiados y reprimir a los disidentes, anticipar la guerra dentro de sus países con propaganda y fuego. El asesinato en París del socialista <strong>Jean Jaurés </strong>puede leerse como el pistoletazo de salida. Su asesino, <strong>Raoul Villain</strong>, aparecerá y reaparecerá en esta historia […]</p><p><strong>Revolución   </strong></p><p>De 1917 a 1921, con coletazos importantes hasta 1923, una oleada revolucionaria cubrió buena parte de Europa. La influencia de lo acontecido en Rusia sobre estos procesos resultó notable, pero la revolución no fue un fogonazo que vino de oriente, sino una sustancia presente en toda Europa, sobre la cual los hechos de octubre en Petrogrado, o las interpretaciones que de ellos se hicieron en cada lugar, funcionaron, en todo caso, como levadura o reactivo. La revolución fue el gran fenómeno global de la Europa de posguerra, atravesó fronteras nacionales y produjo experiencias homólogas. Entre los distintos escenarios hubo contagio y sobre todo simultaneidad, emulación y sincronía. Un fenómeno común fue la autoorganización de obreros y soldados en Consejos, instituciones autónomas que combinaban la democracia directa con la representativa en distintas esferas de la vida social. Sin embargo, estos procesos revolucionarios acabaron revelando el peso de la historia en cada lugar, difiriendo en su derrota: la República de Weimar en Alemania, la dictadura reaccionaria de <strong>Horthy </strong>en Hungría o la Italia fascista de <strong>Mussolini</strong>. En España la impugnación social al régimen de la Restauración se clausuró con la dictadura de <strong>Miguel Primo de Rivera</strong> […] </p><p><strong>Fascismo</strong></p><p>El fascismo surgió como nostalgia de guerra cuando la guerra había acabado; como deseo de revertir sus resultados; como sublimación de la guerra en la política; como recreación a escala de sus ideales, procedimientos y estética. La guerra atravesó al fascismo como inercia, simulacro y horizonte. Tuvo su origen en la guerra y encontró en la guerra su destino. El fascismo conectó con los estados de ánimo de un tiempo de crisis, del miedo al odio, de la necesidad de protección a la de redención. Ofrecía seguridad frente a los mismos temores que azuzaba, y descargaba la frustración general sobre varios estereotipos: el especulador, el degenerado, el bolchevique, el judío. </p><p>El fascismo demostró una extraordinaria capacidad comunicativa. Combinó la violencia con la seducción. Nació entre las trincheras y las rotativas. Se lanzó a un activismo propagandístico frenético, amplificado por medios de comunicación propios y privados, que lo naturalizaron. Luego, donde llegó al poder, puso el aparato del Estado al servicio de la propaganda. El fascismo inventó emblemas, cánticos y gestos, y se apropió de algunos de la izquierda para disputarle sus bases. Puso en marcha rituales cohesivos de iniciación, homenaje a los mártires y culto al líder. En la conocida expresión de <strong>Walter Benjamin</strong>, el fascismo produjo una “estetización de la política”, mucho más que una escenografía atractiva. Los mítines y desfiles ofrecían una experiencia virtualmente integradora que prefiguraba un horizonte de grandeza; generaban en sus participantes sensación de comunión y elevación. Era una forma de restañar a nivel simbólico la desigualdad material del capitalismo y de proporcionar una vivencia sublime en un tiempo de crisis. Tenían, además, un efecto performativo capaz de crear la realidad escenificada: los desfiles paramilitares por las calles de Nuremberg enlazaron con la movilización militar hacia los frentes de la Segunda Guerra Mundial […]</p><p><strong>España </strong></p><p><strong>Hitler </strong>quería atenazar a Francia y disuadirla de cualquier aproximación a la URSS, pero de cara a impulsar un programa de dominación en Europa conforme a parámetros ideológicos, que necesitaría de regímenes afines y colaboracionistas. <strong>Goebbels </strong>justificó su apoyo a Franco con la baza ideológica de la lucha contra el comunismo internacional, que, insistía, acababa de poner una pica en España. El comunismo funcionó en el discurso nazi como un espantajo, respondía a una paranoia y expresaba una sinécdoque. <strong>Hitler </strong>agitó el miedo al comunismo para acercarse al mundo conservador británico; se sugestionó con el fantasma del comunismo que tanto invocaba; y nombró con el término comunismo un peligro real y más amplio del que éste formaba parte: la existencia de coaliciones antifascistas que pudiera cundir de ejemplo en otros lugares y traducirse a escala internacional en alguna forma de avenimiento de la URSS con otros países. Intervino por razones añadidas: probar sobre el terreno el armamento y las técnicas que emplearía en la guerra de Europa y obtener beneficios por la ayuda militar concedida a crédito a cambio de explotaciones mineras y relaciones comerciales preferentes. España fue un laboratorio y una inversión. </p><p>El apoyo militar de la URRS resultó crucial para que la República pudiera resistir. La intervención militar de Italia y Alemania fue determinante para la victoria de Franco.<strong> </strong>Si se compara la ayuda recibida, la desventaja resulta patente. En resumen, el armamento italioalemán llegó antes, lo hizo con más facilidad y regularidad, se mantuvo hasta el último momento y, aunque la calidad fue similar, fue superior en cantidad. La desventaja aumentó porque el ejército de Franco, unido y formado por militares profesionales, supo sacarle mayor rendimiento. La España de Franco funcionó al contrario que la fragmentaria y caótica rusia de los ejércitos blancos.  </p><p>En las Brigadas Internacionales había mujeres como nuestras protagonistas <strong>Lise London</strong> y <strong>Teresa Noce</strong>. Representaban dos perfiles de mujeres del movimiento comunista. Lise era una trabajadora de su aparato administrativo: gestionaba, traducía, organizaba. Estaba a entera disposición de la causa y decidió venir a España embarazada. <strong>Teresa Noce</strong> era una mujer de poder, una dirigente comunista. En España editó el periódico de los brigadistas italianos, trasladó directrices, apaciguó conflictos, reprendió disidencias e insufló ánimo. Como veremos, en las Brigadas internacionales se cruzaron las vidas de varios protagonistas de este libro, algunas vidas extraordinarias que se resisten a la pose descreída o la asepsia fingida de ciertas narrativas académicas.</p><p>La Guerra de España produjo debates ricos acerca de la función de la palabra en la guerra. En un extremo, estaba la esperanza en la palabra como arma en sí misma de transformación. En el otro, la conciencia de que al fascismo no se le derrotaría con manifiestos y poemas, sino con aviones y tanques. Entre medias un sinfín de mediaciones y sublimaciones: la escritura como arenga o como mira telescópica del fusil. <strong>Bertolt Brecht </strong>escribió <em>Los fusiles de la Madre Carrar,</em> una obra de teatro sobre la guerra de España para demostrar que no había otra opción que empuñar las armas, pero no llegó a poner un pie en España<strong>. Ludwig Renn</strong> dejó la literatura para combatir en España, pero pidió a los intelectuales que hicieran lo que mejor sabían hacer, escribir. La guerra generó una ansiedad extrema en los intelectuales revolucionarios. En los que escribieron provocó sensación de impotencia y miedo a salirse del texto, una forma de “malestar en la cultura”. En los que combatieron, dejó un anhelo por la palabra en ese mundo de violencia que despreciaban, un malestar en la guerra. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Apr 2026 04:01:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Andrade]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Escritores]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[En la costa este de Esther García Llovet]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/costa-esther-garcia-llovet_1_2184480.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a9396f95-82e5-440d-b826-0492d201a08a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En la costa este de Eshter García Llovet"></p><p><strong>Anagrama, Barcelona, 2025.</strong></p><p>Esta peculiar novela, si es que a estas alturas de la historia del género alguna interesante no lo es, ocupa 157 páginas, y se compone de 40 capítulos, todos breves y algunos muy breves. Así, por ejemplo, el capítulo 14 solo se compone de 6 líneas (p. 54), y el 22 ocupa media página (p. 80). Está narrada en tercera persona, por un narrador omnisciente que mantiene una distancia irónica con los hechos, pero al que le gusta valerse de lo sentencioso (“El amor es lo único que se cuenta mal”, p. 76).</p><p>Lo que se cuenta, en definitiva, es la relación que entablan cuatro personajes: el Primo, por un lado; las gemelas <strong>Navarro</strong> y <strong>Romana Romano</strong>, por otro. La trama, la acción y el mínimo diálogo, diría que tienen menos importancia que el espacio y la configuración de los personajes. La acción transcurre durante la temporada baja en un resort de lujo, llamado Zen Gardens, situado en Villajoyosa, con sus apartamentos, su piscina, un falso jardín salvaje y numerosos operarios marroquíes, rumanos y dominicanos, sin voz ni presencia. Cerca se encuentra una misteriosa villa privada, compuesta por bungalós, Villa Serra se llama, situada en “el corazón del corazón de la selva”, aunque nadie parece saber dónde está, hasta que en un momento dado los personajes acceden a ella y asisten al rodaje de un anuncio, con sus guapos modelos, ella y él. La disparatada historia que se cuenta en el anuncio funciona en el conjunto como un relato intercalado.</p><p>Los personajes transitan por polígonos industriales, museos vacíos, restaurantes de comida basura y otros no lugares, frecuentes en el desconcertante mundo actual. El caso es que se trata de una novela coral, aunque sea el <strong>Primo </strong>el protagonista, quien en realidad se llama <strong>Alex</strong>, chico para todo en el hotel. En cuanto a los personajes, apenas nada sabemos de su pasado y resultan tan peculiares que se mueven por otra lógica, como los que suelen aparecer en las novelas de la autora. </p><p>Con el <strong>Primo</strong>, conviven, por llamarlo de alguna manera, las gemelas <strong>Gran </strong>y <strong>Petit</strong>, las hermanas Navarro, esta última con problemas de peso; niñas bien, aunque de poca monta (su origen familiar se cuenta al final), sablistas y gorronas. Pero, además, con menos protagonismo, desfilan <strong>Romana Romano</strong>, italiana que habla español con acento andaluz; <strong>Oliver</strong>, el barman, un artista tallando el hielo; el viejo <strong>Mónico Molinari</strong>, comedor de aceitunas, que no de <em>olivas</em>, como él las llama, a la catalana; <strong>Cicely</strong>, <strong>Paquete</strong>, el repartidor del vídeo y, finalmente, Ripley, la azafata. Todos ellos, singulares en sí mismos y en el peculiar conjunto humano del que ocasionalmente forman parte.</p><p>En esta historia ocurre de todo, digamos y, en esencia, nada sucede, aunque de pronto un ciervo muy joven bebe agua en la piscina, “esa es la magia de la noche” (p. 65), nos dice el narrador, aparece un oso salido de quién sabe dónde o, en varias ocasiones, un caballo blanco, del que comenta el narrador: “Es un poco unicornio, el caballo este” (p. 132). El caso es que los personajes van y vienen: se meten en el cuerpo todo lo que les apetece, juegan a las cartas, al mus (suele ganar el <strong>Primo</strong>), a la <em>Play</em> o al minigolf, toman el sol, pretenden lucirse en bikini (puede ser “amarillo fosforescente”), se aburren, viajan a lugares cercanos y van de compras... El Primo, entre dimes y diretes, y cierta timidez, desea a <strong>Petit</strong>, sin demasiada fortuna, aunque ella le da falsas esperanzas. Quizá por ello, la autora, en una entrevista, ha definido su novela como “de pasiones inconclusas”, y diría también que ocasionales, pues Petit mantiene relaciones con el barman. El Primo, además, sufre el chantaje del viejo <strong>Mónico</strong>, lo que descubriremos cuando esté muy avanzada la acción. El caso es que, tras la huida del paraíso que se supone que es un resort de lujo, en el desenlace de la narración, las tres mujeres continúan sus andanzas en el aire, pero eso dejo que lo descubran ustedes por su cuenta.  </p><p>Están latentes las diferencias sociales; adquieren protagonismo las marcas de moda, el gusto hortera, el brilli brilli, signo de los tiempos; y el léxico inglés (¡sin que falte el empalagoso <em>Enjoy</em>!), que la catetería nacional y los complejos vienen asumiendo. A todo ello se suman las alusiones tanto a la alta cultura, como a la cultura popular, ya sea en el caso del cine, la literatura (el viejo lee las <em>Meditaciones</em>, de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/estoicismo-marco-aurelio-vuelto-liberarnos-hoy-seamos-esclavos_1_1664725.html"  >Marco Aurelio</a>), ya de la música (el Primo silba la primera de las <em>Variaciones Goldberg</em>), la pintura (el narrador alude a los bodegones de <strong>Sánchez Cotán</strong>) o la arquitectura, entre hortera y brutalista.  </p><p>Con esta novela, la autora cierra la llamada <em>Trilogía de los países del Este</em>, de la que también forman parte dos novelas anteriores, <em>Spanish Beauty</em> (2022) y <em>Los guapos</em> (2024). El título general me recuerda a los <em>Cuentos del lejano oeste </em>(2003), de <strong>Luciano G. Egido</strong>. Si el oeste era la Salamanca cercana a Portugal, el este bien puede ser el levante español. Por lo que respecta al resto, poco tienen que ver los microrrelatos y cuentos de Egido con las novelas de nuestra autora.  </p><p>Una de las virtudes de las narraciones de <strong>Esther García Llovet </strong>es que no se parecen a ningunas otras. Empezando por la utilización que hace del humor, de la ironía. Véase, al respecto, los comentarios que el narrador le dedica a la belleza. Así, comenta que la belleza estriba en poder decidir; véase las irónicas líneas que siguen sobre lo que te da la belleza, pero también lo que señala sobre los guapos y feos, o a lo que llama “el alpiste de la Generación Z” (pp. 118 y 124). </p><p>He dejado para el final una pregunta que me ha rondado durante toda la lectura de la novela: ¿quiénes son <em>las jefas </em>del título? Es probable que todos los personajes femeninos, pero diría que, sobre todo, las gemelas, <strong>Romana </strong>y la azafata <strong>Ripley</strong>, quien parece concederles el último capricho. Pero tengamos en cuenta que los títulos de la autora no son referenciales y, más que aclarar, añaden siempre cierta dosis de misterio al conjunto.  </p><p>Esther García Llovet es una escritora que tiene un mundo propio, diría que auténtico, si la palabra no estuviera tan manoseada, un estilo y un fraseo diferente. Le gusta jugar con el lenguaje (el narrador nos dice que <em>cuando el viejo se aburre, mata moscas con el rabo</em>), con el que nos muestra unas conductas extravagantes, aunque no por ello resulten menos reales, visto lo visto en el mundo actual. En fin, no hay más que salir a la calle y observar la realidad, los tipos humanos, su puesta en escena, para darse cuenta de en qué se ha detenido la mirada de la autora, pues ha querido contar historias que otros narradores no han sabido ver, ni son capaces de imaginarse como también hace ella.   </p><p>Mientras Esther García Llovet intenta rodar una película, o consigue que le encarguen un guion (¿por qué no para la serie <em>The White Lotus</em>, que algo tiene que ver con la novela que nos ocupa?), y que se ruede (“con los guiones sí se gana dinero”, le gusta repetir), el plan B —valga el topicazo por una vez— consiste en escribir y publicar singulares novelas. A la vista del panorama general, de los libros que encumbran los medios, con el dicharachero <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/david-ucles-creo-arte-crear-esperanza-necesaria-tiempos-oscuros_1_2140594.html"  >David Uclés</a> a la cabeza, bienvenidas sean novelas como esta, en que ni la trama ni los personajes ni los escenarios son los habituales.</p><p><em><strong>*Fernando Valls</strong></em><em> es catedrático de Literatura Española y crítico literario.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Apr 2026 04:01:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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