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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 34]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-34/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 34]]></description>
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      <title><![CDATA[Tiempo para leer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tiempo-leer_1_1131629.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f56a0775-b8ea-414d-aa01-b1feec4b7c8d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tiempo para leer"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>En la primavera de 2010, coincidiendo con mi jubilación, desde el Centro de Mayores de Poniente Norte de Córdoba me llega la sugerencia de la directora de organizar un club de lectura para ofrecerlo como una actividad más a las personas asociadas, ya que acababa de ponerse en funcionamiento la Biblioteca, que llevaba varios años cerrada. Yo, que me he pasado mi vida profesional animando a leer a mi alumnado, y que sé lo placentero que es poder hablar de un libro del que se ha disfrutado con otras personas que también lo han leído, no dudé en aceptar. En contacto con el Centro Andaluz de las Letras a través de la Biblioteca Provincial de mi ciudad, y con la ayuda inestimable de <strong>Gloria Martínez</strong>, la responsable de los clubes de lectura, comenzamos nuestra andadura en septiembre de 2010. </p><p>En ese primer momento integramos el grupo lector 15 personas, todas jubiladas y la mayoría muy lectoras . Una parte de esas 15 personas ya nos conocíamos y habíamos tenido alguna relación de tipo profesional o de amistad, y había sólo 3 hombres. En el rodaje del primer año hubo algunos abandonos e incorporaciones, pero poco a poco se ha consolidado un grupo de debate/discusión en torno a los libros que vamos leyendo que nos ha enganchado al club y nadie quiere perderse las reuniones. Ahora somos 19, la gran mayoría mujeres. El nivel de participación no es homogéneo, pero las personas que al principio eran menos comunicativas se han ido integrando en los debates. </p><p>Durante los primeros años hemos leído libros del fondo para clubes de nuestra Biblioteca Provincial, lo que nos ha permitido acercarnos a lo más significativo de la literatura mundial a través de la magnífica selección de la que se compone ese fondo. Ahora elegimos nuestras lecturas de los fondos del Centro Andaluz de las Letras, y también a través de la Biblioteca. Dos veces al año participamos también del Club de Lecturas Redondas, en el que confluimos muchos de los clubes de Córdoba y su provincia para debatir sobre una obra o autor/a que es significativo en ese año. Desde mi punto de vista, lo más interesante de nuestras puestas en común, que duran siempre algo más de una hora, es que lo que opinamos tiene más que ver con la psicología de los personajes, su manera de situarse ante la realidad, el momento social en el que están, y todo aquello que el libro nos dice a cada persona, que con el análisis desde el punto de vista literario, y que no siempre coincide con lo que han visto las demás. Al terminar, nuestra visión del libro es siempre mucho más rica que la que traíamos al comenzar. </p><p>Y no es que descuidemos ese análisis de la estructura del libro. La persona que lo presenta al comienzo de la sesión se encarga de ello, e introduce con alguna sugerencia la discusión. Desde el año pasado, y por sugerencia de un miembro del club, cada mes se encarga una persona diferente de preparar la presentación, y nos va muy bien. El respeto a las opiniones diversas, la valoración de todas ellas partiendo de la idea clara de que cada libro es un libro diferente según la persona que lo lee y el momento personal en que se encuentra, y que todas esas miradas juntas nos dan una visión más completa de lo leído, ha hecho que el grupo se consolide, que se generen lazos de amistad que no existían, y que estemos a punto de comenzar nuestro séptimo año de andadura. </p><p><strong>Seda</strong><strong>Alessandro BariccoAnagramaBarcelona2013 </strong></p><p>El último libro leído en el Club de lectura Violeta ha sido <em>Seda</em>. Su autor, <strong>Alessandro Baricco</strong> (Turín, 1958), es filósofo y músico. Tras haber participado en un programa de televisión dedicado a la lírica (<em>L’amore é un dardo</em>) y en otro dedicado a la literatura (<em>Pickwick</em>), funda una escuela de técnicas de escritura a la que llamó Holden (como homenaje a <em>El guardián entre el centeno</em>). A partir de 1991, año en que sale a la luz <em>Tierras de cristal</em>, y hasta 2012, publica diez novelas, pero es <em>Seda </em>la que lo da a conocer a nivel mundial. Está ambientada en el siglo XIX y narra los viajes a Japón (que en ese momento estaba aislado de Occidente) de un comerciante francés, Hervé Joncour, en los que va comprar huevos de gusanos de seda para abastecer a la industria textil de Lavilledieu, donde vive. </p><p>En la novela hay un trasfondo surrealista, la búsqueda de los sueños de un personaje imposible narrado por una persona que lo presenta sin implicarse en él, con una mirada muda que ve y anota. Escrita con una gran sencillez estética, pero con una riqueza gramatical enorme, nos hace recordar los <em>haikus </em>japoneses, por esa estructura poética, breve y concisa, de algunos pasajes, y por esa evocación continua de la naturaleza del lugar dónde no se está, pero al que se añora volver. Es una historia que se cuenta para hablar de sentimientos, de libertad, de sensualidad, de erotismo (la carta escrita en japonés, la simbología de la huella de los labios sobre la taza, el roce de la seda, el renunciar al sentido de la vista para sentir más profundamente son algunos ejemplos), de los viajes a lugares ignotos donde el contraste de culturas nos subyuga, y a la vez nos hace añorar la nuestra, y que resulta muy inquietante para la persona que lo lee, pues remueve en ella lo más profundo de sus sentimientos. </p><p><em>Seda </em>requiere una segunda lectura más tranquila (la primera es difícil hacerla con sosiego) para saborear cada frase, cada personaje en toda su complejidad, y para dar paso a todo lo que nos va evocando de nuestra propia vida. Lo considero un libro muy recomendable. Este comentario surge de fundir en un único texto lo más significativo de todo lo que se dijo en nuestro debate sobre <em>Seda</em>, aunque la fusión pueda estar impregnada de subjetividad, lo que creo que es inevitable.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Elvira Pérez Yruela]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 34]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Apocalipsis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/apocalipsis_1_1131627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0b730289-80c8-4bad-bb46-46a2ecb68ad5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apocalipsis"></p><p><em>(Empieza José Manuel Fajardo)</em><strong> José Manuel Fajardo</strong></p><p>Apocalipsis Guzmán. Menudo nombre. Hay que tener algo en contra de una criatura para llamarla así, algo personal, digo yo. Pero si no está claro el porqué, al menos se sabe quién tuvo la culpa: su padre. Sobre los motivos sólo cabe especular. El padre de Apocalipsis odiaba al mundo entero, sin distinciones. En eso hay un acuerdo general. Quizá también a su propio hijo. No es que fuera un mal tipo, es que no tenía corazón. No sé si me explico: no había matado a nadie, tampoco era violento, en realidad no era nada y a lo mejor ahí estaba el problema. Ni alto ni bajo ni bueno ni malo ni tonto ni listo. Nada. Todo lo que sucedía en su vida parecía haber sido dictado en alguna oficina y a él le llegaba en forma de resolución. La gente le amaba o le detestaba sin que hubiera afecto ni afrenta por su parte. Perdía los trabajos sin ninguna razón y los conseguía de igual modo. Sin méritos ni faltas. De esa misma manera dejó embarazada a la madre de Apocalipsis. Sin querer y sin remedio. Fue un polvo rápido después de una noche de discoteca, y seis meses después le llegó el aviso de que ella estaba encinta y decidida a tener el niño. Otro día, una llamada telefónica le comunicó que acababa de ser padre y que su deber era reconocer a su hijo. Él iba a cumplir treinta y tres años y ya tenía la sensación de estar llegando al final de su vida. Dar su apellido a un hijo no era una mala manera de perpetuarse. Sin embargo, por una vez quiso tener la última palabra. De acuerdo, lo iba a reconocer, concedió, pero con la condición de que fuera él quien le pusiera nombre. ¿A quién se le iba ocurrir que elegiría el de Apocalipsis? Desde luego, a la madre no. Cuando se lo dijo, ella protestó que eso no era nombre de persona sino una canallada. ¿No se daba cuenta de que el niño iba a ser el hazmerreír de la escuela? Pero él no se dejó convencer. Va a producir más miedo que risa, respondió, a mi hijo se lo van a tomar en serio. Esa fue la única vez que acertó en su vida y por partida doble, pues la premonición de que el tiempo se le acababa resultó ser cierta: apenas tres meses más tarde moría fulminado por un cáncer de páncreas. Y Apocalipsis resultó ser temible.</p><p>A mí se me pueden reprochar muchas cosas, pero no que sea mentiroso. Lo que les cuento es tan cierto como que nací en Madrid y viví allí hasta que me dio por irme a Puerto Rico, a los veinticinco años de edad, tras la muerte de mi madre. Son ideas que la muerte le mete a uno en la cabeza. Me crié pues lejos de las palabras calientes de la isla, lejos del sonido de algodón de sus brisas y los atardeceres lánguidos a la sombra de los mangós, pero no me costó acostumbrarme a todo ello. Dejar Madrid por el Caribe no es el mayor sacrificio del mundo. Renté departamento en Condado, porque tenía plata. Ya sé que ese barrio es de mentira, una vidriera linda para encantar a los turistas. Mejor así, cuando se tiene un trabajo como el que yo elegí, abogado de causas perdidas, al llegar hay que sacar la cabeza de la mierda o uno termina por formar parte de aquellos a los que está tratando de ayudar a salir de ella.</p><p>Fue por mi trabajo que conocí a Apocalipsis. No es que él viniera a pedirme que le sacara de la mierda, su vida le parecía cualquier cosa menos eso: a quien yo tenía que ayudar era a un amigo suyo, Sweetie Álvarez, otro con un nombrecito que parece un castigo. Siempre he pensado que en la isla son muy creativos. En su descargo hay que decir que en realidad se llamaba Robert, lo de <em>Sweetie </em>era un apodo que no se sabía quién le había puesto. Para unos, su madre, que siempre fue muy consentidora. Para otros, sus novias, que fueron muchas. Y para sus enemigos, los presos de la penitenciaría estatal de Oso Blanco, que hacían uso de sus encantos corporales por turnos. A mí no me consta ninguna de las tres hipótesis y habiéndole conocido puedo testimoniar que no era dulce ni agraciado y sus maneras conmigo siempre fueron del tipo brutal, incluida alguna agarrada de cuello y una tendencia a los puños que en una ocasión me dejó con el labio superior amoratado y una pésima opinión de mi posible cliente. Pero Apocalipsis decía que Álvarez era su <em>brother </em>del alma, y el cheque con el que respaldó esa amistad me convenció para hacerme cargo del caso.</p><p><em>(Sigue Santiago Gamboa)</em><strong>Santiago Gamboa</strong></p><p>Saber quién es uno realmente es cosa difícil, pero en el caso de Sweetie todos lo supimos siempre: era el niño de la banca, en el parque. En esa banca que hay en todo barrio de ciudad presuntuosa, en las islas del Caribe o en el continente. La historia oficial de nuestro barrio dice que el padre de Sweetie lo llevó a esa banca y le dijo, “espérame acá, hijo, voy a resolver un asunto y vuelvo”. El niño se sentó y lo vio alejarse hacia el fondo del parque. Como no se atrevía siquiera a levantarse no pudo ver a cuál de las casas entró, sobre la calle de abajo. ¿Qué tendrá que hacer ahí?, se preguntó el niño, balanceando los pies. Al lado suyo había una pequeña bolsa dejada por su padre y, curioso, el niño la abrió. Había un sándwich y una manzana. Cuando llegó el mediodía sintió un poco de hambre, así que sacó la manzana y se comió hasta la mitad pensando en dejar el resto para después, o para su padre. A eso de las cinco empezó a venir mucha gente de la calle de abajo y el niño se impacientó. Cada vez que veía a una figura a lo lejos se decía, ya viene, ya viene, pero nada, y pronto llegó la noche. Antes de la hora de la cena el parque se llenó de vecinos, de algarabía. Vio otros niños jugando pero no se atrevió a moverse de la banca. Temía que su padre volviera y no lo encontrara. Luego todo el mundo se fue a sus casas y el niño se quedó solo. Le dio un par de mordiscos al sándwich y siguió esperando, en medio de la noche. Llegó algo de brisa y sintió frío, así que subió las piernas a la banca y se estiró para dormir. Estaba seguro que en medio del sueño lo despertaría la mano de su padre y luego su voz, diciéndole, “ya hijo, ya volví, podemos irnos”. Pero abrió los ojos al día siguiente, muy temprano, y seguía estando solo. Al segundo día una vecina vino a preguntarle, “niño, ¿qué haces ahí?”, y él respondió, es que estoy esperando a mi padre, fue a resolver un asunto a la calle de abajo y ahora vuelve. La tercera noche la señora le dijo que viniera a dormir a su casa, pero él no quiso. “Es que si él vuelve y no me ve podemos perdernos, no va a saber dónde estoy”, dijo el niño. Al sexto día la mujer logró convencerlo y dejaron una nota en la banca escrita por él: “Papá, estoy en la casa del frente, la azul, ven pronto”.</p><p><em>(Continúa Cristina Fallarás)</em><strong>Cristina Fallarás</strong></p><p>Muchas cosas, pues claro, muchas cosas, a mí se me pueden reprochar muchas cosas, no se me duerma vikingo puto, ¿me oye?, carajo, no se me aborregue, muchas, pero no que yo sea mentiroso, no, ni eso ni esta tos seca que no engaña su cuna, ni se le ocurra, rubio puto de mierda, ni trate de abrir boca o juro que me borro, esta tos seca, ah, sí, la maldición, puta meseta, yo ya no ruego ni a mi santa madre, pero juro por ella que no miento ni me tapo la tos, ya ve, me pongo fiero, ¿qué mierda es el azar, qué puta mierda?, pues sí, ya ve que estoy bebido. ¿Por qué me sangra aquí? Sígame, échese un trago, rubio de la tierra jodida. ¿Por qué me sangra aquí? Sígame. Quien tuviera una hembra, rubio, ¿o no?, quien no tuviera tos. Pero estábamos, dele al trago, cuando Sweetie, Sweetie Álvarez, descubrió que el dios de todas las mesetas, sé de qué hablo, míster, que el dios pinta el azar de azul. De azul la casa azul. Permítame las letras que me quedan, azul como <em>brown </em>es la tos de mi meseta, puta mi madre, larga toda esta maldición por la que me pregunta. Antes de conocer, de penetrar, de, de, de, carajo pase un trago, de sudar y crecer junto a nuestro ya referido Apocalipsis, justo cuando llegó llevado de la banca, Álvarez preguntó “¿Por qué me sangra aquí?”. Yo hablé con la vecina aquella, perdóneme la curda, la viuda apocalíptica, la de la casa azul, fui yo quien alcanzó, el único, yo quien llegó a pedirle, permítame las letras, el azul de esta historia. ¿Por qué me sangra aquí?, dijo que dijo el crío al cruzar el umbral. Dijo que dijo, he dicho. Decir así las cosas viene, como esta tos, de la puta meseta. “Pero él no señalaba nada”, cabeceaba la vieja, “no indicaba ese aquí, el aquí que sangraba”. Le juro que no miento, ya le dije lo mío. “Tampoco había sangre en sitio alguno”. Y luego pasó el tiempo, todo el tiempo que tiene que pasar hasta que alguien te diga Sweetie. Pero quiso el azar, y aquí debe saber que yo no creo, sé que creer da tos igual que la meseta, quiso el azar, permítame aclarar que dios es justo lo contrario del azar, que Apocalipsis tuviera una hermana. Tan claro se lo digo, digo hermana, como digo que en el siguiente trago me derrumbo. </p><p><em>(Cerrará el cuento Almudena Grandes)</em><strong>Almudena Grandes</strong></p><p><em>*José Manuel Fajardo es escritor, periodista y traductor. Su último libro es </em><strong>José Manuel Fajardo</strong><a href="http://www.edhasa.es/libros/libro.php?id=22686&l=Mi+nombre+es+Jamaica&t=Novela+hist%C3%B3rica&a=Fajardo%2C+Jos%C3%A9+Manuel&e=Edhasa&c=Narrativas+hist" target="_blank">Mi nombre es Jamaica</a><em> (Edhasa, 2015). </em></p><p><em>*Santiago Gamboa es escritor. Su último libro publicado es una reedición conmemorativa de </em><strong>Santiago Gamboa</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/el-sindrome-de-ulises-mapa-de-las-lenguas/ES0144894" target="_blank">El síndrome de Ulises</a><em> (Literatura Random House, 2015). </em></p><p><em>*Cristina Fallarás es periodista y escritora. Su último libro, </em><strong>Cristina Fallarás</strong><a href="http://www.saltodepagina.com/libro/ultimos_dias_en_el_puesto_del_este-62/" target="_blank">Últimos días en el Puesto del Este</a> <em>(Salto de página, 2013). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Fajardo | Santiago Gamboa | Cristina Fallarás]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Si quieres, puedes quedarte aquí’, de Txani Rodríguez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/si-quieres-puedes-quedarte-txani-rodriguez_1_1131624.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e26df89c-ca6c-42f1-b1ba-b069cfbc77a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Si quieres, puedes quedarte aquí’, de Txani Rodríguez"></p><p><strong>Si quieres, puedes quedarte aquí</strong></p><p><strong>Txani RodríguezTres hermanasMadrid2016</strong></p><p>Con la tercera novela de<strong> Txani Rodríguez</strong> (Llodio, 1977), <em>Si quieres, puedes quedarte aquí</em>, que quedó finalista del XLVII Premio Internacional de Novela Corta Ciudad de Barbastro, <a href="http://www.treshermanasediciones.com/" target="_blank">la editorial Tres Hermanas</a> inaugura con buen pie su colección Tierras de la Nieve Roja. </p><p>La obra que nos ocupa cuenta una historia dura, pero necesaria; una historia de soledades que se encuentran en un lugar pretendidamente paradisíaco, un <em>locus amoenus </em>posmoderno donde, sin embargo, no dejan de sonar las particulares sirenas de emergencia de cada uno de sus visitantes y lugareños. En este forzado Edén nada es lo que parece: por debajo del pausado ritmo rural, del pacífico retiro en el campo, laten las contradicciones de los seres que lo habitan y, especialmente, una suerte de crueldad que campa a sus anchas entre los verdes prados donde pastan tranquilas –o no tanto— las ovejas. </p><p>El paisaje engañoso en el que se sitúa la novela contribuye decisivamente, como si se tratara de un personaje más, a proporcionarle coherencia a la narración. En principio, la historia parece sencilla y hasta lógica: una pareja decide poner algo de distancia para intentar salvar su relación y opta por separarse durante un tiempo –yo, Gonzalo, me quedo en nuestro piso de Bilbao y tú, Andrea, te vas una temporada al campo para valorar lo que podemos perder—. Sin embargo, como ya hemos apuntado, no todo es tan simple, porque huir nunca puede ser la solución, porque en la retirada inevitablemente se nos queda impregnado en la ropa el olor de la derrota e incrustada en la piel la metralla de las batallas que no hemos sabido ganar, porque el lugar elegido para retirarse no va a resolver todos los problemas, por muy bucólico que parezca, por mucho que invite a encontrarse a uno mismo –o precisamente por eso—. </p><p>Poco a poco, con un sentido muy acertado del ritmo narrativo, la autora va dosificando los elementos de su narración para introducir en el ánimo del lector una sensación pegajosa de inquietud, de desasosiego y de zozobra que le hacen olvidar las premisas de las que parecía partir. Las expectativas se hacen añicos de tal forma que Txani Rodríguez puede contar con la fidelidad del lector hasta el punto y final. </p><p>En este sentido, se puede afirmar que la construcción de los personajes ayuda de forma muy eficiente a la acción narrada, pues se trata de individuos complejos, nada previsibles, contradictorios, que irán desvelando su personalidad según avance la historia. De entre todos ellos, destacan por su importancia Andrea, eje sobre central de la trama, Otermin, dueño, arrendador y anfitrión del complejo de casas rurales donde se hospeda Andrea, y Rosalía, viuda oriunda del pueblo que se convertirá en discreta confidente de esta. </p><p>Por otra parte, además de las circunstancias particulares de cada uno de estos y de otros personajes, la novela desborda el ámbito individual para centrar su atención en problemáticas sociales actuales, aquellas que día a día tristemente inundan las portadas de periódicos y telediarios. A diferencia del tratamiento más o menos urgente que se hace de estas en la prensa, la novela de Txani Rodríguez nos ofrece, como le corresponde a la buena literatura, una perspectiva más cercana, más íntima, más real y, por tanto, más conmovedora que indaga hasta el tuétano en los resortes que  pone en juego la crueldad humana. </p><p>Para conseguir todo esto, la novelista vasca se sirve de un discurso seco y directo, de una prosa sencilla, pero contundente, que por momentos recuerda al estilo de otro autor de origen vasco, <strong>Pío Baroja</strong>, aunque en el caso de Txani Rodríguez algo menos puntiagudo. Por otra parte, la autora evita abusar de demasiados giros temporales en cuanto a la estructuración de una narración eminentemente lineal, clásica, ajustada al propósito de que los acontecimientos se desarrollen en un <em>crescendo </em>que desembocará en un final que no va a desmerecer el recorrido hecho hasta ese momento por el lector. En relación con la construcción narrativa elegida por Txani Rodríguez, hay que advertir un hallazgo importante como elemento estructurador de la historia por su carga simbólica. Me refiero a la alusión, en un alarde de <em>ringkomposition </em>o construcción anular, al paso canadiense con que se abre y se cierra la novela, sobre el que no me extenderé para dejar al lector la oportunidad de descubrir por sí solo su relevancia narrativa.</p><p>Con todos estos ingredientes Txani Rodríguez compone una novela muy trabajada, escrita con oficio y perfectamente resuelta que, si bien no fue capaz de alzarse con un premio literario, ha encontrado una segunda vida en el prometedor catálogo de Tres Hermanas. </p><p><em>*Juan Carlos Sierra es profesor de Literatura.</em><strong>Juan Carlos Sierra</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Sierra]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Si quieres, puedes quedarte aquí’, de Txani Rodríguez]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘Los nuestros’, de Juan Carlos Reche]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/juan-carlos-reche_1_1131623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/063b243f-345f-4468-929a-782d25ed8fa0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Los nuestros’, de Juan Carlos Reche"></p><p><strong>Los nuestros</strong></p><p><strong>Juan Carlos RechePre-TextosValencia2016</strong></p><p>A través de<a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/07/01/anos_diez_revista_poesia_51908_1821.html" target="_blank"> la revista Años diez</a>, pero no solo, <strong>Juan Carlos Reche</strong> trata desde hace unos años de propiciar la reflexión de nuestros contemporáneos acerca de la poesía, y muy especialmente del cometido y la responsabilidad del poeta y de la relación de este con lo colectivo. Así, una de las cosas que más me interesaba de Los nuestros era leer la poesía de Reche a la luz de sus opiniones. Los nuestros ilustra perfectamente lo que dice Reche, por ejemplo, en «El cometido del poeta» (<em>Granada</em>, Años diez, n.º 3, 2016), pero además emociona.</p><p>Reche escribe en ese ensayo: «Es justamente en la búsqueda de otras formas de lo colectivo […] donde se halla una de las principales líneas de fuga de la poesía actual» (pág. 17). También es una de las líneas que atraviesan <em>Los nuestros</em>, llena de personajes, de diálogos rotos, de espacios públicos, de nombres propios, pero sin protagonistas. El contraste entre el título del libro y la indeterminación de los poemas –que acaban con dos puntos, abren exclamaciones o preguntas que no se cierran, o contienen fragmentos de diálogos–, obliga al lector a preguntarse: ¿Quiénes son los nuestros? Y, por lo tanto, ¿quiénes somos nosotros?</p><p>Creo que el poema «–Imagínate tú», que de alguna manera interpreta la entrega de la histórica III Llave de Oro del Cante Flamenco a<strong> Antonio Mairena</strong>, da alguna pista al respecto.</p><p>En otro orden de cosas, Reche también escribe en «El cometido del poeta»: «A estas alturas […], el diálogo con las tradiciones (y sus visiones del mundo) ha de partir, cuando menos, del punto al que llegaron los autores de referencia, para refrendarse con originalidad en una obra nueva, que dé una vuelta de tuerca a dichos autores» (pág. 18-19). En esto, los poemas de <em>Los nuestros</em>, a mi juicio, enmiendan la plana a casi todos los autores que antes que Reche se han ocupado del habla andaluza, de la poesía popular, y del flamenco, desde <strong>Góngora </strong>hasta <strong>Antonio Machado</strong>, sin olvidar a <strong>Lorca </strong>y los miembros del grupo Cántico. El uso del habla en este libro conecta con otros recientes que también la han convertido en elemento esencial de una poética, y especialmente con <em>Folk </em>(Valencia, Pre-Textos, 2013) y <em>Una paz europea</em> (Valencia, Pre-Textos, 2016), de <strong>Fruela Fernández</strong>. Lo que separa a Reche y a Fernández de esos otros autores es que ellos son conscientes de los peligros de la recuperación, o por decirlo de otra manera, de que el orientalismo bien entendido empieza por uno mismo. Véase por ejemplo lo que Juan Carlos Reche escribe en «La placa de mármol»:</p><p><em>–Eso vendrá a sercomo lo que hacéis los poetas, ¿no?que robáis los chascarrillos de la gentey luego dicen que todo es del pueblo,y mezcláis la verdad con la mentiraque ya nada es de nadie…</em></p><p>Consciente, por lo tanto, del peligro inherente en plasmar el habla popular en un poema, Reche ofrece una poesía irrecuperable, en la que el habla cordobesa no es ilustración, no es adorno de una voz culta o impostada, sino la sustancia misma del poema:</p><p><em>–Si vieras cómo tengo el fuego yo…y la encimera. Y los nervios,y las fuerzas, que me iba a caeren lo barrido.</em></p><p>Reche pone sus poemas en boca de un sinfín de personajes (prefiero hablar aquí de «personajes» y no de «voces», término más preciso, pero que en la crítica de poesía tiene normalmente un significado algo diferente), que hablan de todo,  sea de <strong>E. Montale</strong> o de sus propios recuerdos. El habla de todos ellos, difícilmente comprensible fuera de Córdoba, marcada por la exageración y la sonoridad, resulta espontáneamente poética, y se ofrece en el contexto de una continuidad que lleva del habla a la poesía popular, a la poesía culta, y a las coplas flamencas. Uno lee este poema:</p><p><em>–La noche del accidentequé carita no tendrías,yo te secaba la frentepidiendo que fuera la mía.</em></p><p>Y, por estar engarzado en <em>Los nuestros</em>, lo que lee es también una letra flamenca y al mismo tiempo una continuación natural del habla de los personajes: no hay aquí interrupción, no hay una función poética diferente de la referencial. En «El cometido del poeta», de nuevo, Reche escribe que el poeta «Tendrá, en definitiva, que explotar su potencialidad civil y política en un sentido contemporáneo, donde la problemática del encaje del yo en el nosotros será piedra de toque» (pág. 16-17). <em>Los nuestros</em> toma partido en un debate sobre el papel del poeta, no explícita, pero sí claramente; expresa su responsabilidad civil y política, y presupone un pueblo falible y más real que el de muchos folcloristas, que lo quieren idealizado en su supuesta autenticidad de buen salvaje.</p><p>Al mismo tiempo, como decía, <em>Los nuestros</em> es emocionante. Me resulta difícil explicarlo, pero reconstituye vívidamente un mundo muerto de jardines, ocio, relaciones domésticas y canícula, nos trae las palabras de nuestros penates y nuestros fantasmas, que a veces somos nosotros mismos.</p><p><em>*Guillermo López Gallego es poeta. Su último libro, </em></p><p><strong>Guillermo López Gallego</strong><a href="http://www.pre-textos.com/prensa/?tag=guillermo-lopez-gallego" target="_blank">Afro </a><em>(Pre-Textos, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Guillermo López Gallego]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Los nuestros’, de Juan Carlos Reche]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 34]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Los Románov’, de Simon Sebag Montefiore]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/romanov-simon-sebag-montefiore_1_1131622.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/681fc05a-2d05-4931-ac16-53b499fd65e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Los Románov’, de Simon Sebag Montefiore"></p><p><strong>Los Románov (1613-1918)</strong></p><p><strong>Simon Sebag MontefioreCríticaBarcelona 2016</strong></p><p><strong>Simon Sebag Montefiore</strong> (Londres, 1965) sigue una larga y fructífera tradición de historiadores británicos que saben conjugar el rigor con la divulgación y la riqueza literaria con las técnicas del reportaje periodístico. De hecho, algunos de los más famosos hispanistas de Inglaterra, como <strong>Geoffrey Parker</strong> o <strong>Paul Preston </strong>por citar dos ejemplos famosos, han alcanzado un prestigio académico que no resulta incompatible, ni mucho menos, con la popularidad de sus libros. Así pues, investigar como un meticuloso académico y narrar como un ameno reportero parece ser la fórmula de éxito de los historiadores británicos. Sebag Montefiore, un especialista en la historia de Rusia formado en la Universidad de Cambridge, aplica sin lugar a dudas esta receta en sus ensayos que han sido premiados con reconocidos galardones como ocurrió con <em>La corte del zar rojo </em>(Crítica, 2004) o <em>Llamadme </em><strong>Stalin </strong><em>Stalin</em>(Crítica, 2007).</p><p><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-los-romanov/216174" target="_blank"><em>Los Románov</em></a><em> </em>representa un libro monumental que ya se ha convertido en una referencia sobre la dinastía que gobernó el Imperio ruso con mano de hierro durante tres siglos, entre 1613 y 1918, cuando los devastadores efectos de la Primera Guerra Mundial precipitaron la revolución bolchevique y el derrocamiento del zar <strong>Alejandro II</strong>. Cerca de un millar de páginas, producto de muchos años de investigación; un estilo muy ágil y didáctico; varios álbumes de ilustraciones y fotos; y una bibliografía y unas notas amplísimas al final del volumen;  definen el libro de Sebag Montefiore como una obra imprescindible para analizar el pasado y también para comprender el presente de una de las grandes potencias mundiales. La documentación manejada por el historiador de Cambridge llega a ser tan exhaustiva que el lector puede imaginar, casi contemplar, la vida de aquellos zares autocráticos y despóticos hasta en sus más mínimos detalles cotidianos. </p><p>Por las páginas de <em>Los Románov</em> desfilan desde la mítica <strong>Catalina la Grande </strong>hasta el intrigante <strong>Rasputín </strong>en una sucesión de personajes que van explicando la expansión del Imperio ruso al rebufo de una dinastía absolutista, rodeada de fastuosas cortes y apoyada en una oficialidad aristocrática al mando.  Al fondo, un campesinado oprimido y sojuzgado, un pueblo analfabeto y pobre, alienados por una Iglesia ortodoxa que va prestando a lo largo de tres siglos la coartada religiosa a los Románov. El autor se detiene con frecuencia en trazar los perfiles psicológicos tanto de los zares como de sus familias y allegados en un enfoque que, en ocasiones, deviene pesado y prolijo y que obliga al lector a consultar de modo constante los repartos de personajes que Simon Sebag Montefiore introduce al principio de cada capítulo. Así pues, las enfermedades, vicios, amoríos, desmanes y rarezas de la Corte rusa aparecen descritas con una minuciosidad a veces excesiva y poco relevante para los propósitos de una historia de fondo. De algún modo, significa un tributo a un público generalista que pueda interesarse por el libro.</p><p>Tal vez en esta faceta radique la debilidad de una obra en cualquier caso extraordinaria. Pero sin caer en una estrecha visión marxista de la historia, podría decirse que <em>Los Románov</em> recoge una infinidad de anécdotas individuales, de batallas concretas, de intrigas palaciegas, pero no refleja con suficiente nitidez ni profundidad la sociedad rusa de las distintas épocas, una sociedad que iba mucho más allá de la Corte y que se extendía desde Europa central hasta el océano Pacífico en sus periodos de mayor dominio. Así pues, las condiciones económicas y sociales del pueblo ruso, su cultura y cotidianidad, apenas quedan apuntadas en este ensayo histórico con trazo grueso o como un simple contrapunto de la política que se diseña desde los palacios imperiales. No obstante, da la impresión de que el autor ha elegido deliberadamente este enfoque de una historia más centrada en unos personajes individuales que, por muy decisivos que fueran, acaban respondiendo a los avatares colectivos y a la geopolítica de cada momento.</p><p>A pesar de ello, <em>Los Románov</em> se convierte en un libro necesario para cualquier lector español que desee adentrarse en la turbulenta y poco conocida historia de la Rusia de los últimos siglos. Por otra parte, este ensayo ofrece también las claves para entender la evolución posterior del país tanto en las décadas del comunismo de la Unión Soviética (1917-1991) como en la democracia autoritaria de la actualidad con un <strong>Vladímir Putin</strong> que aspira a emular sin ningún empacho a los antiguos zares. De hecho, un libro magnífico como la biografía novelada de <em><strong>Límonov </strong></em>(Anagrama) podría leerse como la continuación de esta antología de los Románov. Por si cabía alguna duda del determinante peso de la historia en un inmenso país como Rusia y de la pervivencia de sus regímenes autoritarios, opresores e imperialistas, Simon Sebag Montefiore cierra su libro con una cita de Vladímir Putin. “Los criminales más grandes de nuestra historia”, afirma el actual presidente ruso, “fueron esos peleles que tiraron el poder al suelo, <strong>Nicolás II</strong> y <strong>Mijaíl Gorbachov</strong>, que permitieron que quienes lo recogieran fueran una pandilla de histéricos y de locos”. Una visión muy peculiar de la historia de Rusia que explica toda una filosofía de uno de los políticos más poderosos del mundo.</p><p><em>*Miguel Ángel Villena es periodista de </em><strong>Miguel Ángel Villena</strong>infoLibre <em>y editor de </em>tintaLibre<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ángel Villena]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Los Románov’, de Simon Sebag Montefiore]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[‘Senior Service’, de Carlo Feltrinelli]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/senior-service-carlo-feltrinelli_1_1131620.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/60b9f9b6-0b95-4c84-a693-7ac5b7e051cd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Senior Service’, de Carlo Feltrinelli"></p><p><strong>Senior Service. Biografía de un editor</strong></p><p><strong>Carlo FeltrinelliAnagramaBarcelona2016</strong></p><p><strong>Giangiacomo Feltrinelli</strong>, el heredero de una de las mayores fortunas de Italia y el editor que revolucionó el mundo del libro en la Europa en la década de los cincuenta, murió el 14 de marzo de 1972 mientras colocaba un artefacto explosivo en una estrategia de sabotaje. Los Grupos de Acción Partisana habían planificado actos de boicot contra la derecha italiana y las interferencias del imperialismo americano. Feltrinelli trataba de hacer estallar un poste de alta tensión para provocar un apagón general. Todavía no se sabe con certeza si el editor murió por un fallo en sus preparativos o si fue una muerte provocada. Desde hacía meses lo habían sentenciado los neofascistas de Ordine Nuevo y era vigilado de cerca por la CIA como “el principal agente castrista en Europa”.</p><p>La biografía publicada por su hijo <strong>Carlo</strong>, presidente hoy del Grupo Feltrinelli, es el resultado brillante de una llamativa y dificilísima mezcla entre el conocimiento, la lucidez y las emociones. El personaje histórico del que se habla fue a la vez el hombre que le enseñó al autor del libro a “quitarle las escamas al pescado y a asar la carne, a caminar por la nieve y a conducir deprisa”. Conseguir un equilibrio entre la interpretación de la historia colectiva y el retrato de la figura paternal es un reto complejo que este libro resuelve gracias al tono narrativo elaborado en esta novela de una vida. Las cartas de cumpleaños se mezclan con los titulares de periódico.</p><p>La tarea a la hora de fijar el punto de vista queda ya iluminada en las primeras páginas del libro cuando el autor habla de su bisabuelo <strong>Giacomo</strong>, uno de los fundadores del imperio maderero que convertiría a los Feltrinelli en referencias centrales de la banca y la economía de Italia durante la época fascista. El descendiente no conoció al prohombre, pero estaba muy familiarizado con su cara. En el busto del bisabuelo colocó de niño un aro de baloncesto para jugar en el jardín de una de las casas familiares.</p><p>La sentimentalidad no lleva a cerrar los ojos ante los posibles defectos del padre, mil veces aireados por la prensa hostil y por algunos amigos con mirada crítica. Vanidad, irresponsabilidad, soberbia, egoísmo,  fanatismo, impaciencia,  incapacidad para dar su brazo a torcer, son algunos de los calificativos que surgen de manera frecuente para caracterizar el comportamiento de Giangiacomo. Quizá sea el padre, es decir, la vida dura de una mujer y un niño abandonados en nombre de la clandestinidad, la mayor  razón para que Carlo coloque en su propio equipaje intelectual frases como esta: “Es saludable para la inteligencia no  creer ciegamente en lo que se hace”. Pero no cerrar los ojos significa también no aceptar una caricatura fácil e intentar comprender las verdades de una vida.</p><p>Y la vida de Giangiacomo Feltrinelli es una de las más singulares de la Europa del siglo XX. Es también un ejemplo de los caminos que pueden abrirse por resentimiento ante las injusticias de la clase en la que uno ha nacido. Heredero de una fortuna incalculable, niño feliz de la élite, se convierte en partisano, militante antifascista y miembro del PCI. Su fortuna le permite algo más que soñar. Sostiene económicamente muchas actividades del Partido, funda la Biblioteca Feltrinelli centrada en el estudio del movimiento obrero, consigue uno de los mejores archivos del mundo sobre el tema, pone en marcha la Cooperativa del Libro Popular y después consolida la editorial Feltrinelli y una potente red de librerías. Decidió utilizar sus empresas para combatir desde el punto de vista cultural en favor del socialismo y en contra de las presiones reaccionarias, internas y externas, que sufrió la Italia de posguerra.</p><p>La verdad del personaje, dibujada en la frontera que hay entre la seguridad de un niño rico sin miedo y las convicciones de un luchador, se dibuja en dos momentos decisivos: la publicación de <em>El doctor Zhivago </em>en 1957 y su acercamiento a los Grupos de Acción Partisana al inicio de la década de los setenta. La novela de <strong>Boris Pasternak</strong> llegó a manos de Feltrinelli coincidiendo con la invasión soviética de Hungría y con las discusiones del PCI para buscar una vía italiana hacia el socialismo. Cuando la novela es prohibida en la Unión Soviética, Giangiacomo publica la primera edición en Italia soportando las presiones despiadadas y estafadoras del Kremlin y la enemistad del aparato comunista italiano. No deja de sentirse comunista a la hora de tomar partido por la libertad de un escritor.</p><p>El otro episodio pertenece ya a la década siguiente, cuando los EEUU se alarman ante las debilidades de <strong>Aldo Moro</strong> y la posibilidad de que el PCI llegue al poder. Desatan una política de tensión y atentados para provocar una reacción derechista. Feltrinelli pasa a la clandestinidad al ser involucrado falsamente con las bombas de la Piazza Fontana de Milán en diciembre de 1969. En la deriva mafiosa de la democracia italiana, esta situación coincide con una pérdida de fe en la vía italiana al socialismo y con la evidencia de los límites de la democracia parlamentaria en manos de los poderes económicos. El editor buscado por la policía teorizó su estado de ánimo en el opúsculo <em>Contra el imperialismo y la coalición de derechas </em>(1970).</p><p>No es justo ni conviene analizar la figura de Giangiacomo Feltrinelli pasando por alto la renuncia que hizo en nombre de sus ideas a un mundo de privilegios. Su vanidad podía haberse encauzado por otro caminos más agradables. Creo que el hijo Carlo encuentra una buena perspectiva para juzgar y comprender al  padre en una anécdota que ocurrió algunos años después de su muerte. Un guardia urbano detuvo a Carlo para ponerle una multa de tráfico. Al ver el apellido, lo reconoció y le dijo que él había formado parte de aparato policial que vigiló el entierro de Feltrinelli. “Me contó –escribe— que aquel día estaba de servicio allí, en el Monumental, y que recordaba haber visto desfilar el cortejo de las banderas rojas con las flores de Oberhof y Villadeati. Él también alzó el puño y sus superiores se lo hicieron pagar. El comunismo, uno de los grandes temas del siglo pasado, no es sólo <strong>Ceaucescu </strong>derribado por la muchedumbre en la plaza de cemento”.</p><p><em>*Luis García Montero es poeta y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García Lorca</a><em> (Taurus).   </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Senior Service’, de Carlo Feltrinelli]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Editoriales de libros,Ensayo,Libros,Literatura,Los diablos azules número 34]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hojas de otoño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hojas-otono_1_1131612.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/192ca2dd-27d8-415c-aef0-9763d092560c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hojas de otoño"></p><p><em>Los responsables de la Librería Alberti (Madrid) recomiendan algunos de las novedades que más les han llamado la atención.</em></p><p>Otoño es tiempo de leer. Las mesas de la librería se llenan de los libros más apetitosos, los editores dejan para este último trimestre del año lo mejor de la programación. Aquí va alguna sugerencia, pero lo mejor es entrar en una librería  y buscar ese libro que nos está esperando. Siempre aparece…</p><p><strong>Me llamo Lucy Barton</strong></p><p><strong>Elizabeth Strout DuomoBarcelona2016</strong></p><p>Breve pero intensísima novela de la ganadora del Premio Pulitzer <strong>Elizabeth Strout</strong> (2009, por <em>Oliver Kitteridge</em>). Una madre y una hija conversan en la habitación de un hospital, la voz narradora de Lucy salta al pasado recordando a su familia, amigos y vivencias clave de esta mujer de un pequeño pueblo de Illinois. Una historia llena de vacíos, en donde lo que se omite es casi más importante de lo que se cuenta. </p><p><strong>El amor del revés</strong></p><p><strong>Luisgé MartínAnagramaBarcelona2016</strong></p><p>Un torrente de buena literatura, y de vida, nada más y nada menos.  Honesto, sin tapujos, a pecho descubierto, <strong>Luisgé </strong>hace un ajuste de cuentas con su propia vida y cómo esta ha venido determinada por su homosexualidad. Sí, es una crítica descarnada a su propio pasado, pero también a una educación y  una sociedad que vivió amordazada por la dictadura y la moral católica.</p><p><strong>Patria</strong></p><p><strong>Fernando AramburuTusquets Barcelona2016</strong></p><p>Esta es la historia de dos familias a las que la tragedia de la violencia arrasa por completo. <strong>Aramburu </strong>cierra el círculo en <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-patria/217001" target="_blank">esta novela</a> del conflicto que ha sacudido a Euskadi en las últimas décadas. No se encontrará, el que lea estas páginas, ninguna pretensión moralizante pero sí una narración  hermosa y descarnada. Una <em>novela río</em> imprescindible para todo aquél que quiera acercarse sin prejuicios a la historia  reciente de este país. <strong>El ardorRoberto CalassoAnagramaBarcelona2016</strong></p><p><em>El ardor</em></p><p>Con la maestría que le es propia, <strong>Calasso </strong>despliega su profundo conocimiento de la India védica. Con gran sencillez y hondura va recorriendo los hitos de una cultura tan vasta y desconocida para el gran público. La riqueza de la civilización india se articula en torno a la sofisticación de una producción intelectual que ha llegado hasta nosotros bajo la forma textual  del <em>Veda </em>(el saber).  </p><p><strong>El universo en tu manoChristophe GalfardBlackie BooksBarcelona2016</strong></p><p><em>El universo en tu mano</em></p><p>Con un estilo divulgativo pero no por ello falto de rigor científico este joven físico, discípulo de<strong> Stephen Hawking</strong>, acerca al gran público tanto las cuestiones más elementales como los últimos avances en el campo de la física. <a href="http://www.blackiebooks.org/catalogo/el-universo-en-tu-mano/150" target="_blank">Un libro deslumbrante </a>y muy entretenido para conocer los entresijos del universo. </p><p><strong>Jane, el zorro & yo</strong></p><p><strong>Isabelle Aksenault y Fanny BrittSalamandra GraphicBarcelona2016</strong></p><p>Una historia universal, elemental: adolescente insegura y con problemas en la escuela, "soy un poco gorda", "no tengo amigos"... Pero descubre en la lectura del clásico de <strong>Charlotte Brontë,</strong> <em>Jane Eyre</em>, una evasión a la que agarrarse en los momentos difíciles.  La ansiedad ante una excursión inminente y la aparición de un enigmático zorro cambiarán la actitud de la joven. <a href="http://salamandra.info/libro/jane-zorro-yo" target="_blank">Un cómic de gran sensibilidad</a> y delicadeza que va a encantar a todos los lectores.</p><p><strong>Tres días y una vida Pierre LemaitreSalamandraBarcelona2016</strong></p><p><em>Tres días y una vida</em></p><p>Nos encanta <strong>Pierre Lemaitre</strong>, qué le vamos a hacer. <em>Nos vemos allá arriba</em> (Salamandra), <em>Vestido de novia </em>(Alfaguara), <em>Alex </em>(Alfaguara), son algunas de las novelas recientemente traducidas a nuestro idioma y todas ellas son de alto voltaje. En <a href="http://salamandra.info/libro/tres-dias-y-una-vida" target="_blank"><em>Tres días y una vida</em></a><em>,</em> un pequeño pueblo del interior de Francia se despierta en estado de <em>shock</em>, la ira ha arrastrado al protagonistas hasta verse involucrado en un horrible asesinato que le va a costar el desmoronamiento de  su vida familiar y la de la comunidad que le rodea.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Alberti en la calle Tutor, 57, de Madrid o en</em></p><p><strong>Librería Alberti</strong><a href="https://www.libreriaalberti.com/" target="_blank"> su página web</a><em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Alberti]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Hojas de otoño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libreros,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 34]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Flametti’, de Hugo Ball]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/flametti-hugo-ball_1_1131609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fa2d3adf-fa5c-4221-96af-180ea1217833_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Flametti’, de Hugo Ball"></p><p>A <strong>Hugo Ball</strong> (1886-1927) le debemos la fundación del Cabaret Voltaire, hecho legendario que supuso el inicio del movimiento dadá en Zúrich, ese movimiento artístico surgido en las entrañas de la Primera Guerra Mundial que supuso el inicio de las revoluciones artísticas, el comienzo de los movimientos de vanguardia que vinieron detrás, desde el ultraísmo al surrealismo, pasando por el expresionismo y el resto de <em>ismos </em>que cubrieron la primera mitad artística del siglo XX, así como la reacción a los acontecimientos vividos, tanto de los avances tecnológicos como las dos guerras mundiales. Pero el inicio en Zúrich, la <em>alma mater</em> (¿podríamos decir <em>alma pater</em>?), fue el Cabaret Voltaire, un auténtico espectáculo de variedades vanguardista en el que se combinaba números tradicionales de la farándula con exposiciones de cuadros, encuentros literarios o recitales poéticos.</p><p>Y  precisamente la novela <a href="https://www.goodreads.com/book/show/18273497-flametti-o-el-dandismo-de-los-pobres" target="_blank"><em>Flametti o el dandismo de los pobres</em></a><em> </em>es la precursora de todo ello, la que escribe Hugo Ball “como una glosa al dadaísmo” sobre su experiencia directa en una compañía de variedades, la del cabaré Flamingo, transformado en la novela en Flametti. En esa compañía, Hugo Ball toca el piano, su compañera de entonces canta y van acompañando a una <em>troupe </em>compuesta de músicos, contorsionistas, escupefuegos, funambulistas o tragasables, recorriendo diferentes ciudades por sueldos ínfimos como forma de salir de la miseria. Es ahí, entre el dandismo de los pobres, donde Hugo Ball  enfoca el auténtico dadaísmo, distinguiendo también entre el dandi y el aventurero. Así, en sus diarios, Hugo Ball apunta: “El aventurero siempre es un diletante… El curioso, el dandi, es otra cosa… las aventuras del dandi corren por cuenta de su tiempo. También se podría decir que el aventurero se apoya en una ideología del azar; el dandi, en una del destino… El dandi debe aspirar incesantemente a ser sublime. Ser un gran hombre y un santo por sí mismo: lo único importante. Querer ser el mayor de los hombres cada día”.</p><p>Hugo Ball hace una crónica de las andanzas de esta compañía en Suiza, donde se había refugiado  desde su país natal, Alemania,  y nos muestra los ecos de una guerra que no quiere, ni él ni ningún dadaísta, ni tampoco estos artistas que luchan por sobrevivir y que nos acercan a unos personajes arquetípicos, pero no  estereotipados. Esa es la diferencia literaria cuando uno escribe de lo que conoce, de lo que ha vivido realmente,  algo  que le da un valor añadido a esta novela, porque sus personajes son reales, rezuman vida, miseria y pequeños logros. Así, Hugo Ball,  personaje polifacético que estudió Filosofía, Literatura y Derecho en Múnich, que fue poeta (creador de los poemas fonéticos), dramaturgo, actor y pianista, ensayista y novelista, nos acerca de viva voz al ambiente previo al nacimiento de Dadá en una ciudad, Zúrich, centro de los refugiados que huían de la guerra.</p><p>El protagonista de la novela es el director de la compañía, Flametti, un mujeriego perseguido por la justicia por bigamia, que entra en negociaciones con un turco para dedicarse al tráfico de drogas como forma de salir de la ruina; que se gasta lo que gana en el juego, pero que  cumple y paga a sus empleados, e incluso les da de comer aunque sea él mismo quien vaya a pescar los peces que luego se sirven en la comida; o que monta un espectáculo de indios siendo él el jefe Resplandor del Fuego, todo con tal de ganar con su espectáculo a los artistas circenses, mucho mejor acogidos por el público. Alcanza con ese <em>show </em>su máximo apogeo y cuando intenta derivar a algo más serio, de mayor enjundia, fracasa estrepitosamente.</p><p>Y, por supuesto, como no podía ser menos, aparece en esta obra, precursora como hemos dicho del Cabaret Voltaire, su particular homenaje a Dadá:</p><p><em>“Entró la señorita Frieda, 'la olla cojeante', ajada en rabiosa seda, pateando con caderas dislocadas. La seguía la señorita Dada en un traje de sastre </em>à la<em> uniforme gris de campaña. La mandíbula le caía, larga, como un triángulo seboso. Con las manos, despacio y muy elegantemente, se apoyaba en las mesas al pasar. El traje de sastre gris de campaña hizo furor. Todos los ojos se centraron en ella.”</em></p><p>El resto de los personajes que desfilan por la compañía son arquetipos, con sus miserias y envidias, con sus ansias de grandeza y de salir del anonimato, todo ello con una gran dosis de ironía,  hasta el punto de poner a dos miembros de la compañía los nombres de <strong>Max </strong>y <strong>Engel</strong>. Por utilizar las propias palabras de Ball: “Necesito un poco de ironía para soportar la vida, y más aún para aguantar mi época”.</p><p>En el libro se encuentra también, a modo de apéndice, una serie de cartas, artículos y pequeños manifiestos sobre lo que fue aquel momento histórico. Así, se puede encontrar una carta dirigida a <strong>August Hoffmann</strong>, en el que Hugo Ball hace referencia a esa etapa vivida con la compañía: “He escrito una novelita cuyo concepto terminé ayer… El argumento lo da un barrio de apaches. El héroe lo representa un director de variedades… No hay dentro ni una sola frase que no haya vivido yo personalmente. Debes de saber que durante seis meses he dormido y comido con esa gente ya que era pianista con ellos… He pasado tiempos penosos, peores de lo que nadie puede imaginarse, pero he aprendido mucho sobre la sociedad burguesa”.</p><p>Se recoge también una referencia de <strong>Richard Hülsenbeck</strong>, 1927, en referencia al Cabaret Voltaire: “Hoy día es difícil poder transmitir la atmósfera que regía el Zúrich de 1916. Zúrich era entonces una pequeña metrópoli mundial, mientras que hoy ha vuelto a transformarse en una ciudad mediana de provincias. Era el centro de reunión de toda la gente a la que la guerra había llevado a  huir de sus patrias y pasar la frontera. Un foco de energías críticas, un vértice de temperamentos revolucionarios. Quien llegaba a Zúrich se había salvado del océano de sangre, aunque fuese por poco tiempo aquí había un ambiente de vacaciones-alejadas-de-la-muerte, un desenfado que se mezclaba con la melancolía… Dadá nació en el barrio de Unterstrass, en el Cabaret Voltaire fundado por Hugo Ball y <strong>Emmy Henning</strong><strong>s.</strong> En la fundación del dadaísmo participaron, además de Ball y yo, <strong>Hans Arp</strong>, <strong>Tristan Tzara</strong> y <strong>Marcel Janco</strong>. Hugo Ball, el mayor en edad era para nosotros que estábamos todos en los inicios de la veintena, una especie de padre espiritual. Emmy Hennings era el alma del cabaré, sus cuplés nos salvaron de morir de hambre”.</p><p>Solo por acercarse a ese ambiente previo a la fundación del Cabaret Voltaire merece la pena leer Flametti o el dandismo de los pobres. Al finalizarla  aumenta el deseo de que se vuelva a producir una nueva revolución artística e intelectual que trastoque  los valores actuales ante los difíciles tiempos que vivimos.</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro es </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">En el año de Electra</a><em> (Evohé, 2014). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Flametti’, de Hugo Ball]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura europea,Los diablos azules número 34]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Durmiendo con mi enemiga de clase]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/durmiendo-enemiga-clase_1_1131584.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/746d7e1a-3816-4d49-bc1f-5645f07e5948_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Durmiendo con mi enemiga de clase"></p><p>No fue el peor crimen que cometió la dictadura de <strong>Augusto Pinochet</strong>, pero la crueldad con la que se ideó le ha otorgado suficientes méritos para entrar en el podio de los más macabros. Hacia finales de la dictadura, los militares comenzaron a entretenerse con libros de geografía, buscando en el alargado mapa de Chile los lugares más lejanos e inhóspitos para desterrar allí a los revoltosos y agitadores (estudiantes, sindicalistas o militantes de baja intensidad). Aquello se conoció como<a href="http://www.cambio21.cl/cambio21/site/artic/20140510/pags/20140510111340.html" target="_blank"> la relegación</a>. “La dictadura hizo crímenes tan atroces que este era menor”, explica <strong>Marcela Serrano</strong>, “la condena es muy poco conocida, pero es bien monstruosa: te tiran en un lugar determinado, donde normalmente no hay nada y tú tienes que hacerte cargo de ti mismo, no puedes trabajar legalmente, tienes que buscar de comer y dónde dormir, desenvolverte sin ningún medio. Había chiquillos que no tenían familia con posibilidades para llevarles víveres, ya que podían visitarlos, y lo que sufrieron todos, al final, fue un serio problema económico para mantenerse según pasaba el tiempo”.</p><p><strong>Miguel Flores</strong>, protagonista de la décima novela de Serrano, <a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-novena/ES0144912" target="_blank"><em>La Novena </em></a>(Alfaguara), es un estudiante universitario de Sociología que es arrestado en una manifestación y condenado a malvivir en una aislada zona agrícola, cercana a la capital, pero prácticamente inaccesible. Los <em>pacos </em>(así se llama coloquialmente a la policía chilena)le sueltan en medio del campo con lo puesto, algo de calderilla y le aconsejan resguardarse en una choza destartalada. La única condición es que vaya a firmar cada día a su garita, situada a varios kilómetros. Entre la angustia y la desconfianza de sus nuevos vecinos, Miguel encuentra a <strong>Amelia</strong>, una terrateniente viuda y culta que pronto empatiza con la situación del relegado y le invita a acompañarla en La Novena, su hacienda. “El punto de partida de la historia es una experiencia real de mi madre. Ella era una mujer de clase alta y cierta edad, que vivía en un campo muy lindo al que llegó un relegado. Él la miró como diciendo: 'Esta es mi enemiga de clase', pero ella lo acogió”, concede Serrano, una de las autoras de mayor éxito en América Latina, que ha pedido hacer esta entrevista en la terraza de un bar, para aprovechar así el buen clima del largo verano madrileño.</p><p>Miguel cede ante el ofrecimiento y ambos pasan las tardes comiendo, hablando de literatura o de la intensa vida de Amelia, aunque sin perder de vista la condición de terrateniente de su anfitriona. “En general, los dueños de fundos en Chile son muy derechistas. Hubo una gran reforma agraria y la derecha chilena no lo perdona”, explica la autora de <em>Antigua vida mía</em> justificando la actitud de su personaje. </p><p><strong>Los hombres no saben escribir sobre mujeres</strong></p><p>Cuando se planteó <em>La Novena</em>, Serrano (Santiago de Chile, 1951) investigó sobre el tema de relegación y descubrió que a las mujeres nunca les aplicaban esta condena. Así, tuvo que cambiar el punto de vista femenino que siempre había dominado su producción literaria y situar en primer plano, por primera vez, a un personaje masculino. “Me entretuvo mucho hacerlo, ¿sabes? Me parecía muy cercano y no me costó meterme en él”, reconoce satisfecha.</p><p>¿Se enfrentan igual las mujeres escritoras a los personajes masculinos que los escritores a los femeninos? “Nosotras lo hacemos mejor, definitivamente”, responde entre risas Serrano, “nacimos respirando el mundo masculino, lo conocemos, lo hemos leído y somos las que criamos a los hombres. Como dice una amiga mía: yo me tomo el antidepresivo, a pesar de que es mi marido el que está deprimido. Estamos buscando el aparato psíquico de los hombres. Además, ¡cómo no vamos a conocer a los hombres si somos víctimas de su poder! Cuando es al revés, cuando ellos escriben sobre personajes femeninos, hay una nota que no pueden dar o la dan mal, incluso los grandes autores como <strong>Carlos Fuentes</strong> o <strong>Javier Marías</strong>. Toman la voz de una mujer y uno sabe, siempre, que es un hombre en el que está hablando. Al final, es falta de conocimiento, es tan simple como eso”. </p><p>En los inicios de su carrera, su manifiesta postura feminista le valió el desprecio de cierta crítica de su país natal. “Se ha establecido como sistema que es gratis sacarle la mierda a las escritoras mujeres. Es gratis. Empezaron a hacerlo con <strong>Isabel [Allende]</strong>, después siguieron conmigo”, denunció su hartazgo <a href="http://www.cooperativa.cl/marcela-serrano-en-chile-es-gratis-sacarle-la-mierda-a-las-escritoras/prontus_nots/2011-10-04/144219.html" target="_blank">en una entrevista</a>. Con los años, la visceralidad de las críticas ha amainado, pero la autora de <em>Nosotras que nos queremos tanto </em>tiene claro que su origen fue el arrollador éxito comercial de ambas. “El mundo literario es una mafia, muy misógina, además. El hecho de que aparecieran voces que fueran tan leídas les mató. Decidieron que nosotras éramos <em>light </em>y producto del <em>marketing</em>. Ahora, ya no se atreven porque nuestra carrera ha sido sostenida en el tiempo, aunque hay hombres chilenos que no leen a ninguna mujer y lo confiesan”. </p><p>Marcados por Pinochet</p><p>Cuando en 1973 Pinochet arrasó con el gobierno de <strong>Salvador Allende</strong>, Serrano tenía 22 años y estaba en el último año de la universidad. Partió al exilio y permaneció en Roma durante cuatro años, en los que, cuenta, no hizo nada laboralmente de provecho, pues la incertidumbre y el miedo inundaron todas las facetas de su vida. Dice que a su generación el golpe de Estado les ha dejado una huella indeleble, y que por eso, de una manera u otra, la dictadura está presente en toda su obra literaria. “Imagínate que matan a todos tus amigos y empiezan a cambiar todas las leyes que conocías, en todos los sentidos, desde las psicológicas a las materiales. Yo me he preguntado en muchas ocasiones quién habría sido sin el golpe, qué me habría pasado, a qué me habría dedicado… Todo habría sido distinto”. </p><p>En el caso de<em> La Novena</em>, la dictadura no sólo es el trasfondo, sino que funciona como detonador y determina la manera de relacionarse de los personajes. “Pinochet es un veneno, le dijo Amelia, y lo peor son sus Chicago Boys, el experimento que hacen con la economía en Chile es el más peligroso, durará más que la dictadura misma, acuérdate de mis palabras”. “Los que entendían de economía sabían lo que estaba pasando”, explica la escritora sobre este fragmento del libro, “yo no alcancé a entender el daño, pero piensa que llegó <strong>Milton Friedman</strong> con sus<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Chicago_Boys" target="_blank"> Chicago Boys </a>a este experimento maravilloso que no tenían límites. No había Parlamento ni nada que les detuviera, así que hicieron lo que quisieron. Poder practicar en un país el sistema llevado al extremo fue el placer máximo del neoliberalismo. Y ese sistema no se cambió cuando llegó la democracia, se mantuvo contenido un tiempo, pero ya explotó y ha habido gigantescos movimientos que han expresado su malestar por el neoliberalismo, aunque ha sido muy tarde. Jamás pensé que íbamos a convertirnos en un país con un capitalismo tan salvaje”.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Dictadura,Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Chile,Los diablos azules número 34]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un río nos atraviesa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rio-atraviesa_1_1131578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c9deaf64-cec6-4c6b-9fae-f5d85b33caed_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un río nos atraviesa"></p><p>En la literatura argentina el protagonismo del desierto, desde <em>La cautiva</em> de <strong>Esteban Echeverría</strong>,  ha sido reconocido y ampliamente estudiado, pero así como la pampa y las diversas geografías terrestres constituyen nuestro territorio,  un río es el que en principio nos dio nombre. <strong>Luis de Miranda</strong> fue el primero en procurarle representación literaria en su <em>Romance elegíaco</em>: “En las paredes del poniente / Es el Río de la Plata/ Conquista la más ingrata…”.  Por su parte, <strong>Martín del Barco Centenera</strong> asocia lo “argentino”  al río en su poema de 1602,  “La Argentina o La conquista del Río de la Plata”, donde se propone “descubrir el ser tan olvidado / del argentino reino”. A través del tiempo, y depende quien lo mire (o se bañe en él) sobra decirlo, el Río de la Plata, como todo río después de <strong>Heráclito</strong>, no es nunca el mismo río. Y si <strong>Leopoldo Lugones </strong>perdió la oportunidad de convertirse, como señala <strong>Nora Acaro</strong>, en el  en el gran cronista moderno del río Paraná,  las aguas no lo notaron tal vez concentradas en el impacto que produjeron en <strong>Horacio Quiroga</strong>. </p><p>De aquel río extrañado de <strong>Miranda </strong>y <strong>Centenera</strong>, al río entrañado de nuestro inmenso <strong>Jual L. Ortiz</strong> hay una distancia de siglos. Una distancia que va de sentirlo ajeno a sentirlo propio:  “De pronto sentí el río en mí, / corría en mí /con sus orillas trémulas de señas, / con sus hondos reflejos apenas estrellados. / Corría el río en mí con sus ramajes. / Era yo un río en el anochecer, / y suspiraban en mí los árboles, / y el sendero y las hierbas se apagaban en mí. / Me atravesaba un río, me atravesaba un río!”. </p><p>En singular tarea de rescate, <strong>Ricardo Piglia </strong>se refirió a la reedición de <em>Río de las Congojas</em>,  de <strong>Libertad Demitrópulos,</strong> como a una de las “obras maestras que construyen imaginariamente la conquista española del Río de la Plata”, “quizá la más pasional y la más lírica”. En esta apretada panorámica de la literatura argentina en relación al río, es insoslayable recordar a <strong>Enrique Wernicke</strong>,  y al escritor que, en La Ribera deja atrás la ciudad, se recluye en la costa. Por su parte, <strong>Haroldo Conti</strong> también supo enamorarse del río, tuvo su casa en el Delta del Paraná reflejada en <em>Sudeste</em>: “No se puede decir que el río cambie de una manera en invierno y de otra manera en verano. Cambia. Eso es todo”.</p><p>Y, de pronto,  en los años oscuros de la dictadura,  el río fue testigo de los <em>vuelos de la muerte</em>. La democracia,  "en homenaje a los detenidos-desaparecidos y asesinados” por el terrorismo de Estado hizo construir frente al Río de La Plata el Parque de la Memoria. Nadie que pase por ahí puede permanecer indiferente, el río color leonado, entre otras esculturas y obras alegóricas,  sostiene la escultura que representa a <strong>Pablo Míguez</strong>, un joven desaparecido a los 14 años.</p><p>En pleno siglo XXI, el río vuelve a ser protagonista de la literatura argentina en las novelas <em>El río</em> de <strong>Débora Mundani</strong>,  (Premio Literario Casa de las Américas, Cuba, en la categoría Novela) y <em>El Rey del Agua</em> de <strong>Claudia Aboaf</strong>.  Las autoras, en comunicación con infoLibre,  se refieren a sus libros, a tres preguntas idénticas, la literatura de cada una de ellas les da personal respuesta.</p><p><em><strong>El río,</strong></em><strong> de Debora Mundani</strong></p><p><strong>PREGUNTA. ¿Qué le llevó a contar una historia en la que el río es protagonista? </strong></p><p><strong>RESPUESTA</strong>. El río es memoria, dice Haroldo Conti. Sobre esa superficie cambiante se construye, en pleno movimiento, la identidad de todos aquellos que de una u otra manera son atravesados por sus aguas. Los protagonistas de esta novela son Helena, Juan y Horacio. Al morir su madre, el hijo decide cumplir su último deseo. Con ese propósito, Horacio parte del Delta, único lugar en el mundo que este hombre conoce, y remonta el Paraná para enterrar a Helena en Trinidad, su pueblo natal. El hijo carga el cajón donde yace su madre muerta y, con la amenaza del sudeste, se mete en el río. ¿Hacia dónde nos llevan los muertos?  El río calmo como superficie que mece ese viaje imposible. El río en la tormenta como una suerte de destierro. El río como una salida para aquellos hombres acorralados en medio de la selva, allí donde la violencia estalla en los cuerpos. La deriva de estas aguas como la posibilidad de volver a tejer hilos que parecían haberse cortado.</p><p>Hablar del Paraná es también hablar de nosotros. La historia íntima de Horacio y su madre tiene, como trasfondo, un capítulo de la historia de nuestro país que dialoga con la historia de un continente.</p><p><strong>P. ¿Podría pensarse a los personajes de su novela en otra geografía? </strong></p><p><strong>R</strong>. El río nació de dos imágenes que surgieron casi en simultáneo: un hombre cargando el ataúd donde yace su madre en una lancha y unos cuerpos flotando en el río. Las dos imágenes tenían el mismo peso. Ese viaje que emprende Horacio hacia Trinidad remontando el Paraná con el propósito de enterrar a su madre en su pueblo natal me permitió entrelazarlas. El verdadero protagonista de este libro, quien le da nombre a la novela, es el río. Y si bien el Paraná no es el único por el que han bajado cuerpos flotando ni mucho menos donde alguien haya llorado o despedido a un ser amado, Helena, Horacio y Juan son en relación a estas aguas. Pienso en <em>Pedro Páramo</em>, de <strong>Rulfo</strong>, y no puedo imaginarla en otra geografía, no hay otra posibilidad para ese camino que emprende ese joven, sin embargo, tuve el deseo, atrevido deseo de mi parte, de recuperar algo del clima de esa novela: que Horacio pudiera mirar el pueblo a través de los ojos de su madre.</p><p>Creo que en la relación entre literatura y geografía pasa algo similar a las personas y los nombres, seguramente podríamos llamarnos de otro modo pero no seríamos nosotros. </p><p><strong>P. Jorge Luis Borges sostuvo que somos “el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana. Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro, que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto. También el texto es el cambiante río de Heráclito”. ¿Cómo te imaginas una lectura de tu libro, por ejemplo, en España?</strong></p><p><strong>R</strong>. Los libros que he vivido fueron escritos y recrean lugares a los que no viajé. Los conozco, están en mí por la experiencia de lectura. Leer es detener el tiempo y el espacio. Es la magia de poder salirse de sí mismo por un rato, entrar en una nueva temporalidad. No sé cómo imaginará un lector español el delta del Paraná, algunos se verán tentados de <em>guglearlo</em>, otros se dejarán llevar por las palabras guiados por su imaginación pero sin dudas, con o sin imagen donde anclar, evocará alguno de sus ríos, los vividos o los soñados, y remontará el Paraná con Horacio, peleará contra la creciente, hará todo lo posible por llegar a Trinidad porque <em>El río</em> es una novela sobre la espera, los encuentros y desencuentros y suerte la de aquel que no se haya visto atravesado por alguna de estas contingencias de la vida. </p><p><em>El Rey del Agua,</em> de Claudia Aboaf</p><p><strong>PREGUNTA. ¿Qué le llevó a contar una historia en la que el río es protagonista? </strong></p><p><strong>RESPUESTA</strong>. Vivo en Tigre. En el Delta de Tigre los trescientos cincuenta ríos y arroyos de agua ambarina tienen sus propias mareas que no siguen a la luna y cada tanto, ahogan las islas formadas por depósitos aluviales; acarreos de sedimentos que se fijan entre los juncales. Estas islas, sus bordes, no son tierra ni río. El Delta de Tigre está a sólo 30 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Aquí escribo con los ojos en el río. El río resultó un imán para atraer pensamientos líquidos, en oposición a ideas <em>tierrafirmistas </em>de un mundo material y cotidiano. Una literatura sin límites donde se disuelve lo sólido, mezcla visiones y fantasía. Las aguas bajan desnudando el barro o suben inundándolo todo. Cada día no se sabe qué esperar, y la incertidumbre cambia el texto, lo desvía. La invención provoca la deriva del relato y el registro amplificado permite ver los pliegues de la bruma en la mañana. Podría decirse un <em>territorio emocional</em>,<em>  </em>como define <strong>Almudena Grandes</strong> a la literatura. <em>El Rey del Agua</em> es una novela escrita con este  registro que han señalado como poético. Adentrarse en este territorio líquido fue escribir sin andamiaje para las palabras. Sin estructura para el lenguaje, aunque <em>El Rey</em> siga las reglas argumentales de una novela de anticipación. </p><p><strong>P. ¿Podría pensarse a los personajes de tu novela en otra geografía? </strong></p><p><strong>R</strong>. El río es el gran protagonista, el dios con quién el resto de los personajes mortales dialogan.  <em>El Rey del Agua</em> intentar dominarlo en  un futuro cercano donde Tigre se convierte en potencia porque flota en el nuevo oro líquido que todos necesitan comprar: “Nadie puede vender agua. El municipio distribuyó bombas, purificadores y un medidor que marca cuando no hay más cuota en cada casa. A veces se escuchan tiros de los isleños, cazando drones de vigilancia. Caen al río o quedan enganchados en las ramas de los sauces, pero al rato hay otro patrullando para impedir el libre uso del agua”. </p><p>Andrea y Juana, dos hermanas distanciadas por su historia van a navegar por distintas aguas. Y esa fraternidad rota las enfrenta ahora con el hallazgo de trazas genéticas del padre de las dos en el río. También  a la posibilidad de ser parte del negocio del rey, quien retoma los sueños del <em>loco </em>Sarmiento: la exportación de bienes del Delta, en este caso de agua dulce a Europa donde comienza a escasear. </p><p>“Andrea deja la revista en su lugar, luego de admirar en la contratapa unas magníficas botas de hule tornasolado. Se venden en todos los talles. Botas de hule para los países donde todavía queda agua, y aquí hay en cantidad. España ya es un desierto, sólo se usan sandalias”.  Andrea también experimenta el amor por el río: “Andrea prefiere la costa ribereña, y está dispuesta a nuevas expediciones a los confines de este Territorio Líquido. Y si hay muchas clases de amor, hoy los siente todos. Aun los inútiles, como la tristeza, o el amor por el río. Fácil enamorarse del río, porque nunca es la misma agua. En cambio uno es siempre la misma historia”. </p><p>En este mundo distópico, Juana trabaja en el continente. Navega, pero en Internet,  y  comienza a develar secretos a medida que se sumerge en la web profunda. Bucea en niveles de una topografía submarina;  tan opacos como el río. En estos dos territorios, uno natural y el otro un artificio, las dos hermanas encuentran comercio ilegal, muertos y belleza. Juana es tentada en la web profunda como Andrea con la propuesta del Rey del Agua luego de la localización de las trazas del padre. Navegan en la incertidumbre de sus identidades. </p><p><strong>P. Jorge Luis Borges sostuvo que somos “el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana. Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro, que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto. También el texto es el cambiante río de Heráclito”. ¿Cómo te imaginas una lectura de tu libro, por ejemplo, en España?</strong></p><p><strong>R</strong>. Escribir es un acto de comunicación que se completa con el lector. La maleabilidad del texto se confirmará en manos del extranjero: el lector que se adentre en un territorio desconocido. En este caso territorio líquido, entre fronteras creadas por el autor. Un territorio que hará propio, o no, al terminar de leer el libro. </p><p><em>*Irene Chikiar Bauer es escritora. Su último libro, </em><strong>Irene Chikiar Bauer</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/virginia-woolf/ES0139619" target="_blank">Virginia Woolf. La vida por escrito</a><em> (Taurus, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Irene Chikiar Bauer]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un río nos atraviesa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Los diablos azules número 34]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Los nuestros’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/los-nuestros_1_1131603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c315ced7-a6e5-414e-9cc2-fdbcc62c95aa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Los nuestros’"></p><p>El poeta Jesús Munárriz recita "Los nuestros".</p><p><strong>Los nuestros</strong></p><p>En aquel tiempo en que soñar futuros</p><p>nos compensaba de un presente terco,</p><p>imaginábamos que alguna vez</p><p>un día</p><p>“los nuestros” llegarían al poder.</p><p>Hoy el presente es terco</p><p>de otro modo</p><p>y soñar sigue siendo un lujo para pobres</p><p>sin futuro, pero algo,</p><p>al menos algo en limpio hemos sacado</p><p>de estos años cambiantes:</p><p>que sean quienes sean</p><p>los que vayan pasando,</p><p>si están en el poder, nunca serán</p><p>los nuestros.</p><p><em>[Lee la reseña de </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/05/06/materia_del_asombro_jesus_munarriz_49335_1821.html" target="_blank">Materia del asombro</a><em>, de Jesús Munárriz]</em></p><p><em>*Jesús Munárriz es poeta, traductor y director de la editorial Hiperión. Su último libro, </em></p><p><strong>Jesús Munárriz</strong><a href="http://www.hiperion.com/index.php/libreria/poesia-hiperion/materia-del-asombro-detail" target="_blank">Materia del asombro</a><em> (Hiperión, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Oct 2016 15:57:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús Munárriz]]></author>
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