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Los diablos azules

‘Años diez’, revista de poesía

  • Ante lo que consideraban una ausencia de crítica capaz en el panorama literario, estos poetas decidieron fundar una publicación que asumiera esta labor
  • Años diez, que lanza su tercer número, nace para "superar las viejas dicotomías y las guerras escolares que caracterizaron a la poesía española en el pasado siglo"

Abraham Gragera | Juan Carlos Reche Publicada 01/07/2016 a las 06:00 Actualizada 06/07/2016 a las 17:12    
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Portada del número 3 de la revista de poesía Años diez.

Portada del número 3 de la revista de poesía Años diez.

Hace dos años, en la primavera de 2014, echó a andar Años Diez, revista de poesía, con el número 0 y bajo el sello de la editorial granadina Cuadernos del Vigía. Pero el proyecto nació como idea mucho antes. Tanto nosotros dos, sus directores, como muchos otros poetas de nuestra generación y más jóvenes, hemos conversado y reflexionado mucho sobre el estado de la poesía española en las primeras décadas del nuevo siglo. Ahí están las antologías, numerosas, variadas, e inevitablemente parciales, que han proliferado en los últimos años con objeto de orientar, dirigir o incluso fabricar al lector.

Nosotros crecimos como poetas siendo conscientes de la necesidad de superar las viejas dicotomías y las guerras escolares que caracterizaron a la poesía española en el pasado siglo; conscientes de la importancia de no confundir las voces, y las tradiciones, con la política de gestos pueblerinos; conscientes de que los sintagmas del tipo "estéticas dominantes", habían perdido en parte su significado tradicional, y habían adquirido, a la luz de la globalización impuesta por el capitalismo neoliberal, inquietantes matices darwinistas y mercantiles.

Años diez
Nos propusimos hacer una revista abierta, plural, que naciera no tanto de unas conclusiones cuanto del deseo de asumir, con valentía, la imposibilidad de llegar a ellas de un modo intelectualmente satisfactorio para nosotros; es decir, teniendo en cuenta que los nuevos tiempos nos desbordan, pero que esa no es una razón para inventarse una identidad, o adoptar identidades ajenas, con objeto de sentirnos protegidos o predominar. Nosotros concebimos Años diez igual que concebimos la poesía, como un ser vivo, zarandeado por los tiempos, pero con la memoria intacta.

De ahí que optáramos por el papel, por el formato impreso, porque también en las revistas de poesía existe una tradición en nuestro país, y nosotros, aunque productos de nuestra época, creemos en los magisterios y somos leales a lo que nos ha hecho mejores ciudadanos y mejores artistas.

Creíamos necesario que la revista contase con una distribución normalizada, que pudiera encargarse en las librerías, que pudiese formar parte de las cada vez más menguadas secciones dedicadas en ellas a la poesía, y adquirirse asimismo a través de Internet desde un dispositivo móvil. Por eso habilitamos la página web que la acompaña y que de momento sólo funciona como archivo de prensa y plataforma de venta. De momento, porque en un futuro próximo pondremos en marcha, sólo en la página web, no en la edición impresa, una sección llamada "Lecturas críticas de poesía actual", dedicada a la crítica, no simplemente a las reseñas, de libros, con criterios distintos a los de la urgencia comercial.

Nos preocupa el estado de la crítica de la poesía en nuestro país, o más bien la ausencia, hablando con propiedad, de una crítica capaz de tomarle el pulso a la arbitrariedad de nuestra época, donde la dictadura de la opinión, cuando no la simple indiferencia, parece haber suplantado a la necesidad de que los buenos poetas no se confundan con los que no lo son.

Por eso, en Años diez huimos deliberadamente tanto del formato florilegio, del cajón de sastre donde conviven, a la buena de dios, los poemas y las recensiones, como del prurito academicista, porque no entendemos la poesía como un nicho especializado más. Así, tratamos de que la información y la reflexión vayan de la mano para ofrecer al lector una panorámica fiable y estimulante del quehacer poético en la actualidad.

En Años diez le prestamos la atención que merece a la labor del traductor de poesía. Hasta la fecha, somos los únicos que contamos con una sección en la que prestigiosos traductores nos hablan de sus secretos de taller, de sus hallazgos, de la teoría y los problemas que conlleva traducir poesía. Y es grato comprobar cómo el sentido común vence a los tópicos, y textos como los de Patricia Gonzalo de Jesús, Mario Jurado, o Manuel J. Santayana colocan en su sitio las afirmaciones tajantes sobre la imposibilidad de que la poesía pueda traducirse. Si no hubiera existido, desde los orígenes mismos de la lengua, la traducción, ni la poesía como un puente entre mundos ni la cultura misma habrían tenido razón de ser.

También damos cabida a muchas voces inéditas o poco difundidas en nuestra lengua, como las de J. H. Prynne, Miroslav Holub, Borís Jristov o Cesare Zavattini; y contamos con secciones dedicadas a poetas heterodoxos, como "Rara avis", donde podemos encontrar poemas de André Frénaud, Cecilia Meireles o Adélia Prado, entre otros.

Pero entre los contenidos de Años diez destacan las secciones dedicadas a recuperar poéticas influyentes, como la prestigiosa "Teoría del verso proyectivo", de Charles Olson, y testimonios sustanciosos, acompañados de poemas, de autores de la talla de Denise Levertov o Alice Oswald. Y los dosieres donde recuperamos textos inéditos de autores imprescindibles, como las cartas de Gerardo Diego que aparecieron en el número 0, o el amplio espacio dedicado a la figura de Carlos Martínez Rivas, el gran poeta nicaragüense, en el número 2, con poemas, textos teóricos, fotografías y un epistolario también inédito entre él y Carlos Edmundo de Ory.

Con todo, si de algo nos sentimos especialmente orgullosos, es de la sección "Poesía y sociedad", donde pedimos a los colaboradores que traten distintos aspectos comunes a la poesía y a la sociología. En ninguna sección se podrá comprobar tan claramente nuestra intención de ser plurales, abiertos y de generar debate, como en esta. Ahí han aparecido ensayos lúcidos y frescos como el de Ernesto Castro, en el número 1, sobre la poesía y el espíritu de nuestra época; textos que nos hablan de otro modo de sentir el tiempo y la tradición, como el de Enrique Andrés Ruiz en el número 2; incisivas y poderosas aproximaciones al feminismo y la poesía, como el largo poema-ensayo de Erika Martínez, en el número 2 también; y extensas entrevistas que, a nuestro juicio, abordan con una lucidez y una sabiduría extraordinarias los problemas derivados de la ausencia de crítica, como la que Francesco Diaco le hace a Valerio Magrelli en el número 0.

Nuestro número 3, que acaba de llegar a las librerías, es un monográfico titulado "El lugar del poeta. Poesía española para el siglo XXI", donde a través de ensayos sobre el referente, y la posición del poeta frente al significado que poseen para él hoy en día el emisor, el receptor, el contexto, el código y el mensaje, se muestran las preocupaciones y búsquedas de muchos autores y lectores.

Con este número 3 no pretendemos manifestarnos. Sólo queremos hacernos eco de algo que es, para cualquier lector avisado, más que evidente: el cambio de rumbo que se ha producido en los últimos años en la poesía con respecto a los presupuestos poéticos nacidos al amparo de la Transición y de los primeros años de la democracia. Pero también con respecto a la posmodernidad, un periodo donde el exceso de autoconciencia llevó a muchos poetas a contemplar excesivamente su ombligo y a tratar a la lengua con la avidez y el menosprecio de los compradores compulsivos en las rebajas.

Vivimos en un tiempo en que la misma condición humana parece a punto de caducar. Ser consciente de la unión indisoluble entre la poesía y dicha condición es, a nuestro juicio, lo primero que distingue a un poeta de quien no lo es. Y si en algo creemos, a juzgar por el resultado de este número 3 de Años diez, es en la necesidad de una rehumanización de los contenidos de la poesía, de un compromiso con la sociedad que incluya la memoria histórica y pueda dar cuenta de las inquietudes profundas del lector, tanto estéticas como políticas y antropológicas, sin acudir a poéticas que forman parte ya de nuestra tradición, sino asumiéndolas críticamente y con gratitud, pero sin olvidar que los tiempos se han acelerado mucho, y tanto la política como la sociedad de hoy son muy distintas a las del siglo pasado.

En Años diez no decretamos la muerte de nada ni adoptamos posiciones moralistas (en el peor sentido de la palabra) con respecto a otras ideas acerca de la poesía. No intentamos ser nosotros a costa de los otros. No nos gustan los clubes. No creemos en el belicismo. Sí en la polémica, pero fundamentada en el diálogo.

Nosotros aprendimos y seguimos aprendiendo mucho de las iniciativas poéticas ajenas y, nos sean más afines o menos, consideramos que la poesía, como arte y necesidad social, está muy por encima de nuestros deseos de notoriedad. Nos gusta pensar por tanto que, a despecho de las diferencias entre nuestra propuesta y otras propuestas no menos interesantes y comprometidas con la poesía, remamos en la misma dirección.

¿Cuál es el cometido del poeta hoy en día y, por añadidura, de Años diez? En primer lugar, éste: preocuparse de encontrar no cómo oyen los lectores hoy, sino de encontrar hoy cómo los lectores han oído, y oirán mientras existan, siempre.

*Abraham Gragera es traductor y poeta. Su último libro es El tiempo menos solo (Pre-Textos, 2012). Juan Carlos Reche es traductor y poeta. Su último libro es Carrera del fruto (Pre-Textos, 2006). 

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