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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 44]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-44/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 44]]></description>
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      <title><![CDATA["La calle"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/calle_1_1203074.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/46b087bf-f4c2-43fc-a6b4-c5288a697a3a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""La calle""></p><p>   Karmelo C. Iribarren lee su poema "La calle".</p><p>  <strong>La calle</strong></p><p><em>Para Antonio Ventura</em></p><p>He recorrido esta ciudad</p><p>de punta a punta</p><p>casi todos los días</p><p>durante más de treinta años.</p><p>Abriéndome paso a codazos</p><p>en las vísperas de fiesta,</p><p>o a través de las madrugadas</p><p>fantasmagóricas</p><p>de los días laborables de invierno,</p><p>o solo y borracho y mojado</p><p>hasta los cuernos,</p><p>o en compañías que mejor ni recordar.</p><p>Estas calles no guardan secretos para mí.</p><p>Conozco sus plazas, sus antros,</p><p>sus mujeres, el brillo</p><p>de una navaja al doblar una esquina,</p><p>el calor de una mirada</p><p>desde el fondo de un bar.</p><p>Hubo un tiempo en que el cielo</p><p>se miraba en ellas.</p><p>Yo formé parte de aquello.</p><p>Eso ya nadie me lo puede arrebatar.</p><p><em>*Karmelo C. Iribarren es poeta. Sus último libros, el poemario </em><strong>Karmelo C. Iribarren</strong><a href="http://www.editorialrenacimiento.com/renacimiento/748-haciendo-planes.html" target="_blank">Haciendo planes</a><em> y una edición ampliada del diario aforístico </em><a href="http://www.editorialrenacimiento.com/a-la-minima-serie-mediana/526-diario-de-k.html" target="_blank">Diario de K.</a><em> (ambas en Renacimiento). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Karmelo C. Iribarren]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 44]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un encuentro con Javier Azpeitia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/encuentro-javier-azpeitia_1_1134367.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4673f50f-5a7f-4200-bf49-5e28df3ebd31_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un encuentro con Javier Azpeitia"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>_____________</p><p>El pasado mes de septiembre tuvimos la oportunidad de charlar con <strong>Javier Azpeitia</strong> sobre su última novela: <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-el-impresor-de-venecia/211944" target="_blank"><em>El impresor de Venecia</em></a><em> </em>(Planeta). Filólogo y profesor de escritura creativa en <a href="http://hotelkafka.com/%20/%20_blank" target="_blank">Hotel Kafka</a> y en los másteres de edición de la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Salamanca, Azpeitia ha sido editor para diversos sellos, subdirector de la desaparecida editorial independiente Lengua de Trapo y fundador de la también desaparecida 451 Ediciones. En 2015 comisarió la exposición <a href="http://www.lecturalab.org/story/La-Biblioteca-Nacional-recuerda-al-impresor-Aldo-Manuzio-con-una-exposicin_5694%20/%20_blank" target="_blank">500 años sin Aldo Manuzio: Mercaderes en el templo de la literatura</a>, en la Biblioteca Nacional de Madrid, editor en torno a la cual se desarrolla la novela.</p><p><em>El impresor de Venecia </em>nos traslada a finales del siglo XV, en el momento en que el primer editor con un proyecto propio que va más allá de la mera impresión y comercialización de libros, <strong>Aldo Manuzio</strong> (1489-1515), pone en marcha un proyecto con el que pretende rescatar de la destrucción y el olvido buena parte de las joyas de la literatura clásica griega y latina. La novela nos relata las peripecias de este personaje histórico apenas conocido más que por bibliófilos o quienes trabajan en torno al libro (bibliotecarios, filólogos y editores —algunos—), y lo hace no solo a través de su labor profesional sino también a través de sus relaciones personales, que van indisolublemente unidas. En ella, Azpeitia mezcla ficción y realidad, incorpora numerosas referencias a obras clásicas, pensadores y aspectos técnicos de la impresión, hace un uso magistral de la polifonía narrativa que caracteriza otras de sus novelas anteriores como <em>Ariadna en Naxos</em>, e incorpora, como en el resto de su obra, elementos temáticos y circunstancias que pese a la distancia temporal o la ficción se encuentran muy presentes en el aquí y ahora. En la trama destaca además la presencia de la acción y el suspense, la descripción de las costumbres de la época, el amor y las relaciones sexuales, sin dejar de lado, así, ningún aspecto de la vida.</p><p>Para acercarse a la figura de Manuzio, Azpeitia nos adelanta en el preámbulo el hecho fundamental que nos permite conocer al personaje: más allá de sus numerosas innovaciones en el terreno de la edición, las aportaciones de Aldo Manuzio se centran en el contenido de lo que publicó (donde destaca el encargo del <a href="http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000024346&page=1%20%20_blank" target="_blank"><em>Hypnerotomachia Poliphili</em></a> o <em>El sueño de Polífilo</em>) y, sobre todo, de lo que no llegó a publicar (<em>Sobre el amor</em>, de <strong>Epicuro</strong>). Y este hecho viene determinado por la censura impuesta por una institución tan poderosa como lo es la Iglesia, pero también por los intereses de la industria del libro representados por la figura de <strong>Andrea Torresani</strong>; enemigos que se oponen al proyecto que Manuzio comparte con su mujer <strong>Maria</strong>, que ante la imposibilidad de vencer esos obstáculos y tras la muerte del editor acaba creando un espacio que en cierto modo reproduce el Jardín de Epicuro en un lugar alejado de Venecia.</p><p>En el encuentro con el autor pudimos conocer el proceso de escritura de la obra que, tal como nos explicó, surgió de un relato sobre Aldo Manuzio que Azpeitia quiso escribir para la compilación <a href="http://www.casadellibro.com/libro-los-oficios-del-libro/9788483442005/2286202%20/%20_blank" target="_blank"><em>Los oficios del libro</em></a>. Cuando llevaba escritos 30 folios y dedicados seis meses a elaborar el relato, llegó a la conclusión de que de él debía surgir una novela. Avanzado el encuentro, nos alegró saber que de uno de los pasajes de la novela ha surgido un nuevo relato —en este caso dirigido al público infantil— que se publicará en la edición especial de una revista literaria para niños y niñas. Y es que la figura de Aldo Manuzio, más allá de las numerosas leyendas que han circulado en torno a él y sus aportaciones, ha dado para mucho en manos de Chavi Azpeitia.</p><p>La novela muestra una serie de paralelismos o conexiones con la época actual, entre los que destaca el cambio de paradigma del libro: mientras Manuzio nace con la imprenta, nuestras generaciones más jóvenes en Occidente han nacido con el libro en formato electrónico. Así, pese a que podemos encontrar diferencias de grado, ambos momentos históricos comparten con este cambio de paradigma buena parte del pensamiento, la evolución técnica, las condiciones de vida, la naturaleza piramidal de las empresas y otros problemas análogos. Cuando el libro manuscrito comienza a ser impreso surge el miedo de los moralistas, que ven en este cambio una pérdida en la profundidad de la comunicación; miedo que está presente también ahora cuando hablamos de la "lectura en F" a la que parece que nos empuja el acceso a los textos a través de las pantallas —ese leer ya no en diagonal sino apenas la primera frase de cada párrafo para hacernos una idea de la totalidad, ante la abrumadora cantidad de información que recibimos—, lectura que a menudo nos lleva a pensar en un ejercicio superficial donde no tiene cabida la fijación del texto. Sin embargo, tal como hizo notar Azpeitia durante la conversación, estos miedos no son tan solo del momento actual ni se remontan a comienzos del siglo XV, sino que ya estaban presentes en un <strong>Sócrates </strong>espantado ante la idea de que sus discípulos transcribieran el contenido de sus discursos y lecciones perdiendo de esa manera, a su juicio, la capacidad de conservar una facultad tan importante como la memoria. Y es que, pese a los argumentos de los detractores que surgen ante cada cambio de paradigma del libro y de la escritura, todo tiene sus pros y sus contras; pues, ¿habríamos llegado a conocer las ideas de Sócrates de no haber puesto en práctica sus alumnos semejante atrevimiento?</p><p>Sin embargo, encontramos una diferencia fundamental entre el comienzo del Renacimiento y nuestros tiempos: Azpeitia mantiene que, si bien antes el editor independiente luchaba contra la censura, ahora lucha contra el mercado; un mercado que viene determinado por el acceso al público y que influye considerablemente en la evolución de los lectores. Con la aparición de la imprenta, el libro pasó a ser concebido como un producto artificial y de consumo, hecho en serie y regido por modas o tendencias, al tiempo que la propia imprenta se convertía en una empresa —quizá la primera— montada con independencia de la Iglesia y los poderes fácticos imperantes. Y esto entronca con otras ideas que planteó el autor, como la afirmación de que con la imprenta nace el capitalismo y, no en balde, <strong>Marx </strong>hizo su tesis sobre Epicuro, a quien Manuzio tuvo la osadía de publicar. Es a finales de la Edad Media y comienzos del Renacimiento cuando surge y comienza a estar en auge la idea de la empresa como una "gran familia", idea presente en autores como <strong>Petrarca </strong>y a la que hoy en día se sigue recurriendo al atender al clima laboral. Idea que, con frecuencia, es utilizada para mantener el orden establecido.</p><p><em>El impresor de Venecia </em>es una obra de ficción, ficción histórica pero ficción al fin y al cabo. Chavi Azpeitia compartió con nosotros las dificultades con las que se encontró a la hora de dar forma a unos personajes de los que tenemos información fragmentada y que ha pasado por diversos filtros hasta llegar a nosotros; y nos explicó cómo el proceso de documentación, paralelo al de escritura, lo entiende no solo como un trabajo, sino como un proceso de aprendizaje donde cada una de sus novelas marcan una época de su vida y de su escritura. Nos habló de cómo la novela es fiel a la realidad pero la trama es inventada, y es esta trama en la que incorpora manuscritos perdidos y crímenes la que le llevó a seleccionar los personajes de Marietta y Maria, Pico della Mirandola y Constantino y darles una continuidad que resultara en la unidad de la obra. Incidió en un aspecto que resultó ser un importante conflicto para él como autor: la posibilidad de ser ateo en el ocaso de la Edad Media y los albores del Renacimiento. Finalmente decidió arriesgarse y hacer de su protagonista un ateo —no abiertamente reconocido pero sí insinuado— basándose en su publicación y posterior reedición del <a href="http://www.casadellibro.com/libro-de-rerum-natura-de-la-naturaleza/9788415689171/2052402%20/%20_blank" target="_blank"><em>De rerum natura</em></a> de <strong>Lucrecio </strong>y amparándose en el ensayo <a href="http://www.casadellibro.com/libro-el-giro-de-como-un-manuscrito-olvidado-constribuyo-a-crear-el-mu-ndo-moderno/9788498926811/2258334%20/%20_blank" target="_blank"><em>El giro</em></a>, de <strong>Stephen Greenblatt</strong>, que defiende que la recuperación de esta obra clásica fue una de las fuentes fundamentales del giro cultural del Renacimiento. Azpeitia aprovechó para recomendarnos la lectura de <a href="http://www.casadellibro.com/libro-vidas-de-filosofos-ilustres/9788428213653/895078%20/%20_blank" target="_blank"><em>Vidas de filósofos ilustres</em></a>, de <strong>Laercio</strong>, y en especial de su Libro X, que presenta a un Epicuro ateo —y por tanto molesto para casi todos— de cuya obra apenas queda rastro. Pero en el tándem de realidad y ficción que nos plantea <em>El impresor de Venecia</em>, su autor ha querido desmitificar en la novela numerosos inventos que se atribuyeron erróneamente a Manuzio como la tipografía romana, mientras ha hecho hincapié en su innovación fundamental: la del ahora conocido como "libro de bolsillo" concebido desde entonces como libro de rezo no religioso.</p><p>Donde sí tuvo Azpeitia que recurrir en buena medida a la imaginación fue en la construcción de los personajes femeninos, pues si de forma general tenemos poca información sobre las características y formas de vida de quienes participaron en la vida cultural de la época, en el caso de las mujeres la falta de información es infinitamente mayor y apenas conservamos unos pocos datos -muy deficientes- exclusivamente de las mujeres de alta cuna. Así, Chavi se venga en esta novela de la Historia, por sus prejuicios, y nos presenta a unos personajes femeninos redondos y que ejercen un papel fundamental en la vida cotidiana personal y profesional de nuestro protagonista. A fin de cuentas, Manuzio —intelectual que había pasado su vida alejado de las imprentas— fue la cabeza visible de todo un equipo de trabajo en el que las mujeres realizaron importantes aportaciones tanto en los talleres como a cargo de la puesta en marcha de importantes imprentas, aunque en este último caso solo se les permitía hacerlo a través de sus maridos, como le sucedió a <a href="http://blog.oggi.it/claudio-castellacci/2012/03/14/allimprovviso-venezia-rinascimento-tipografia-e-commerci-quando-le-donne-stampavano-i-libri/%20/%20_blank" target="_blank">Paola da Messina</a>.</p><p>A lo largo del encuentro tuvimos la oportunidad de acercarnos a algunas de las principales obras clásicas conservadas relacionadas de alguna manera con el sello editorial de Manuzio: los <a href="http://www.casadellibro.com/libro-adagios-del-poder-y-de-la-guerra-y-teoria-del-adagio/9788420662558/1198053%20/%20_blank" target="_blank">Adagios de Erasmo de Rotterdam</a> como el primer libro de ensayos que incluye uno sobre el <em>festina lente</em>, el <a href="http://www.casadellibro.com/libro-hieroglyphica/9788476006689/396818%20/%20_blank" target="_blank"><em>Hierolgyphica</em></a> de <strong>Horapollo </strong>como un libro falso que presenta una serie de elucubraciones en torno a los jeroglíficos egipcios o el <a href="http://www.casadellibro.com/libro-sueno-de-polifilo/9788496834033/1199389%20/%20_blank" target="_blank"><em>Sueño de Polífilo</em></a> como libro erótico —escandaloso y que Acantilado nos presenta con la traducción directa de<strong> Pilar Pedraza—</strong> cuya publicación entrañaba serios peligros. Y hablamos también de la invención por parte de Azpeitia del comienzo del desaparecido <em>Sobre el amor </em>de Epicuro, en torno al cual gira la trama de la novela, un magnífico ejercicio literario que cierra el tercer capítulo de la novela y que aun siendo ficción refleja a personajes reales y las relaciones que mantenían entre ellos. <strong>Carlos García Gual</strong> ha dicho de esta falsa cita que el texto no puede estar escrito por Epicuro porque a él no le gustaba el sexo, pero sí por Leontion, una de sus protagonistas, a la que Azpeitia presenta como tirrena por el miedo que despertaban estas mujeres en los griegos.</p><p>Para terminar, Chavi nos habló de su experiencia como editor y de la publicación de obras como <a href="http://www.casadellibro.com/libro-libro-de-libros/9788496822252/1188187%20/%20_blank" target="_blank"><em>Libro de libros</em></a> en una colección de libros de relatos temáticos, y nos desveló la temática de su próxima novela, que girará en torno a la relación entre el dinero, la guerra y la esclavitud. Nos quedamos con ganas de verla publicada y poder leerla y, entretanto, el autor nos recomienda la lectura de <a href="http://www.casadellibro.com/libro-senales-de-humo-manual-de-literatura-para-canibales-1/9788490662847/2958354%20/%20_blank" target="_blank"><em>Señales de humo</em></a>, la primera parte del <a href="http://www.casadellibro.com/libro-manual-de-literatura-para-canibales/9788483066553/1072594%20/%20_blank" target="_blank"><em>Manual de literatura para caníbales</em></a>, de <strong>Rafael Reig</strong>, que tenemos previsto comentar con su autor en nuestro club de lectura la próxima primavera.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Abril Gómez de Enterría (Club Casa del Libro)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un encuentro con Javier Azpeitia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Los diablos azules número 44]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Agendas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/agendas_1_1134366.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/830a36f8-ea04-4e78-9544-f5a3b41ce475_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Agendas"></p><p>Sobre el escritorio está la nueva agenda. Sus tapas impecables son como el frente de una casa recién construida aún deshabitada. Las líneas en sus páginas sugieren caminos que no se sabe a dónde llevarán. Las fechas en el ángulo superior remiten a sucesos del pasado porque aún no tienen memoria propia: hibernan en espera de que la vida cronometrada se aloje en su blancura.</p><p>Tapas, líneas, fechas suscitan curiosidad, incertidumbres, temores, esperanzas.</p><p>En el cajón del escritorio se acumulan agendas de años anteriores. Tienen las cubiertas maltratadas y las abultan los papeles guardados entre las hojas llenas de números, nombres, direcciones, frases incomprensibles, tachaduras, iniciales, reflexiones, desahogos: “1º. de abril: En resumidas cuentas, no sé cómo resolverlo.” “Julio 12: Me dio pena confesar que nunca he sacado un pasaporte.” “Octubre 31: Valió la pena.” “Diciembre 11: Otra vez me tocó hacer la lista del intercambio de regalos. ¡Ni modo!”</p><p><em>*Cristina Pacheco es escritora y periodista. Su último libro, </em><strong>Cristina Pacheco</strong><a href="http://oceano.mx/obras/el-eterno-viajero-cristina-pacheco-15078.aspx" target="_blank">El eterno viajero</a><em> (Océano, México, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Cristina Pacheco]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Narrativa,Los diablos azules número 44]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Lecciones y aprendizajes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lecciones-aprendizajes_1_1134359.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e41f94f5-e8f6-41ca-8711-0ad5a435a18e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lecciones y aprendizajes"></p><p><em>Xavier Vidal, responsable de la Llibreria Nollegiu (Barcelona), recomienda algunas de las novedades que más le han interesado en los últimos meses._________________Lección de alemán / Lliçó d'alemanySiegfried LenzImpedimenta/Club EditorMadrid/Barcelona2016Esta novedad de 1968 recuperada por Impedimenta en castellano con traducción de Ernesto Calabuig y por Club Editor en catalán con traducción de Joan Ferrerons. Es MI recomendación expresa de Navidad. A un niño se le pide que escriba una redacción sobre la alegría del deber y se le castiga porque no esboza una sola línea. No porque no sepa, sino porque tiene mucho que contar. Una obra maestra. Tan poca vidaHanya YanagiharaLumenBarcelona2016Cumple todos mis prejuicios lectores. Más de 1.000 páginas, finalista en premios, superventas en Estados Unidos y en todas partes... Y sin embargo, la construcción de la historia, la reflexión sobre el perdón, la tribu como familia y unos personajes mágicos que muestran tanto amor que resultan imposibles pero envidiables te dejan exhausto.  El meridià de ParísLluís CalvoEdicions PoncianesBarcelona2016Junto con La España vacía, de Sergio del Molino (Turner), el mejor de los ensayos que he leído este 2016. Una lástima para aquellos que no puedan leer en catalán (a la vez que una llamada a algún editor con agallas para que lo traduzca). Lluís Calvo viaja siguiendo la estela del Meridiano de París reflexionando sobre historia, poder, arte, Europa, literatura y capitalismo en un recorrido que alimenta el alma y nos deja en el punto exacto para iniciar como lectores nuestra propia reflexión sobre estos tiempos acelerados que vivimos.  Carpas para la WehrmachtOta PavelSajalín EditoresBarcelona2015Para ser sinceros, la lectura de estos relatos cortos del autor checo explicando la historia de sus padres publicados en 2015 llegaron a mis manos después que María, mi compañera en la librería, estuviera seis meses exactos dándome la vara para que lo leyera. Lo hice en verano. La llamé para decirle que pasaba a ser uno de los libros que más recordaría y que releería de vez en cuando. Una joya de esas que pasa desapercibida entre tanta novedad.Y por último, y para variar, poesía. Lean y escuchen a Kate Tempest, una británica treintañera cantante de hip-hop pero con obra poética publicada también en español por obra y gracia de la traducción de Alberto Acerete y la edición de La Bella Varsovia. Búsquenla también en Youtube, especialmente en un recital-concierto emitido por la BBC en prime time (vamos, como las televisiones de aquí que emiten mucha poesía en esa hora).*Puedes encontrar la Llibreria Nollegiu en Carrer Pons i Subirà, 3, en Barcelona y en su página web. #dts iframe {display:none!important;}   #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}     </em></p><p><strong>_________________</strong></p><p><strong>Lección de alemán / Lliçó d'alemanySiegfried LenzImpedimenta/Club EditorMadrid/Barcelona2016</strong><em>Lección de alemán / Lliçó d'alemany</em></p><p><a href="http://impedimenta.es/libros.php/leccion-de-aleman" target="_blank">por Impedimenta</a><strong>Ernesto Calabuig</strong><a href="http://clubeditor.cat/es/node/600" target="_blank">por Club Editor</a><strong>Joan Ferrerons</strong></p><p><strong>Tan poca vidaHanya YanagiharaLumenBarcelona2016</strong><em>Tan poca vida</em></p><p><strong>El meridià de ParísLluís CalvoEdicions PoncianesBarcelona2016</strong><em>El meridià de París</em></p><p><em>La España vacía</em><strong>Sergio del Molino </strong><a href="https://edicionsponcianes.cat/cataleg/assaig/" target="_blank">de los ensayos</a><strong>Lluís Calvo</strong></p><p><strong>Carpas para la WehrmachtOta PavelSajalín EditoresBarcelona2015</strong><em>Carpas para la Wehrmacht</em></p><p><strong>María</strong></p><p><strong>Kate Tempest</strong><strong>Alberto Acerete</strong><a href="http://labellavarsovia.blogspot.com.es/2016/07/mantente-firme-kate-tempest.html" target="_blank">edición de La Bella Varsovia</a><a href="https://www.youtube.com/watch?v=3xu5HL1Xl64" target="_blank">también en Youtube</a><em> prime time</em></p><p><em>*Puedes encontrar la Llibreria Nollegiu en Carrer Pons i Subirà, 3, en Barcelona y en su página web. </em><strong>Llibreria Nollegiu</strong><a href="http://www.nollegiu.cat/" target="_blank">página web</a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xavier Vidal (Llibreria Nollegiu)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lecciones y aprendizajes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Los diablos azules número 44]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Que viene el lobo', de Itziar Mínguez Arnáiz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viene-lobo-itziar-minguez-arnaiz_1_1134357.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/52a8c4cc-fef7-428e-bae2-fc3659577dbd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Que viene el lobo', de Itziar Mínguez Arnáiz"></p><p><strong>Que viene el loboItziar Mínguez Arnáiz</strong><em>Que viene el lobo</em></p><p><strong>La Isla de SiltoláSevilla2016</strong></p><p>Para la mayoría, los cuarenta es un momento de la vida propicio a la reflexión existencial. Si además uno es poeta, se espera que refleje esta inquietud en un libro generacional, un poema que ajuste algunas cuentas —incluso consigo mismo— o un poemario definitivamente maduro. En cuanto al título, el juego de significados que contiene la palabra <em>cuarentena</em> es suficiente para muchos escritores. Así, y tirando de memoria a bote pronto, el magnífico poema de <strong>Luis García Montero</strong> que encabeza su libro de 2003 <em>La intimidad de la serpiente</em>, <a href="http://labellavarsovia.blogspot.com.es/2015/01/cuarentena-de-braulio-ortiz-poole.html" target="_blank">el último </a><a href="http://labellavarsovia.blogspot.com.es/2015/01/cuarentena-de-braulio-ortiz-poole.html" target="_blank">poemario </a>de <strong>Braulio Ortiz Poole </strong>publicado por La Bella Varsovia el año pasado, también enorme, y una variante con preposición –<a href="http://www.macleinyparker.com/catalogo_MPL013.html" target="_blank"><em>En cuarentena</em></a><em>—</em> de <strong>Siracusa Bravo Guerrero</strong> (Maclein y Parker, 2016). Sin embargo, <strong>Itziar Mínguez Arnáiz</strong> (Baracaldo, 1972) ha elegido para su cuarentena una advertencia,<em> Que viene el lobo</em><a href="http://www.libreriaalberti.com/libros/que-viene-el-lobo-i-premio-de-poesia-nicanor-parra/9788416682027/" target="_blank">Que viene el lobo</a>, un título diferente para acercar al lector a este umbral de la existencia que, con un poco de suerte, marca el ecuador de una vida, un momento propicio para sentarse a mirar el camino recorrido y el que queda por hacer.</p><p>El último poemario de la autora vasca, que mereció el I Premio de Poesía Nicanor Parra, contempla el estado de la vida a los cuarenta desde una pretendida indiferencia, anunciada en la cita de <em>Anna Karénina</em> que abre el libro. Si digo pretendida es porque entiendo que el mero hecho de llevar a término un proyecto poético como este ya demuestra la imposibilidad de dicha postura. No obstante, sí se aprecia un esfuerzo saludable por no caer en el patetismo, en los excesos de la elegía o en el pesimismo radical e irreductible. Más que de indiferencia, quizá habría que hablar de equilibrio, de sentido mesurado de la realidad, de desmitificación del pasado, del presente y del futuro. Se trata de una actitud coherente con la perspectiva desde la que se escribe, esos cuarenta años desde los que quizá resulte más fácil poner cada cosa en su sitio, desde donde se valora ajustadamente, al menos en el caso de Itziar Mínguez Arnáiz, la vida vivida y la que queda por vivir. Es como si la sombra del poema de <strong>Jaime Gil de Biedma</strong> "No volveré a ser joven", su toma de conciencia, su aterrizaje desde las ingenuidades juveniles –"Ley de la gravedad" (pág. 30)—, se alargara y se ampliara en los versos de <em>Que viene el lobo</em>.</p><p>Sin embargo, esa proyección va más allá del “envejecer, morir,/ son los únicos argumentos de la obra” con que cerraba Gil de Biedma su poema. Sí se encuentra esta conciencia de finitud desde el primer poema hasta el último, el que le da título al libro; es más, de alguna manera la constatación de la muerte, representada en la figura de la abuela que contaba cuentos en los que el lobo se comía a las caperucitas, a los cerditos y que finalmente acabará con la narradora, funciona como marco del libro, como gran descubrimiento de los cuarenta, como caída del caballo en el camino a Damasco. Mientras se es niño, a pesar de las advertencias que guardaban los cuentos, uno no acaba de creer del todo en los lobos; cuando se llega a los cuarenta, parece decirnos Itziar Mínguez, no solo sientes acechándote su aliento, sino que a veces compruebas demasiado cerca la crueldad de sus dentelladas.</p><p>No obstante, el poemario proyecta luz sobre el presente y el pasado; una luz clara, pero no deslumbrante, porque en la paleta de Itziar Mínguez predominan los claroscuros, los contrastes, como en la vida misma. Los momentos de dicha a partir de las menudencias cotidianas, probablemente aprendidos con la edad, como puede comprobarse, por ejemplo, en el poema "Resurrección" (pág. 37), se mezclan con los miedos, las inseguridades, los desengaños o el vacío propios de quien contempla serenamente y con cierta distancia, a veces irónica, la vida en la cuarentena. Todo este entramado temático se articula en <em>Que viene el lobo</em> a partir del diálogo entre el pasado y el presente, a través de la conversación entre la niñez y la edad adulta, entre las pasadas certidumbres y las perplejidades de un tiempo al que se le suponían más verdades y menos zozobra –"Tiza" (pág. 51), por ejemplo—. Porque crecer significa fundamentalmente cuestionar, dudar, pisar suelo movedizo.</p><p>Este movimiento pendular de contrarios que busca un equilibrio se aprecia, asimismo, en la estrategia de composición de muchos de los poemas del poemario que reseñamos —y de paso cohesiona a la perfección contenido y continente, fondo y forma—. Un análisis algo pormenorizado de muchas de las composiciones de <em>Que viene el lobo</em> constata una táctica binaria, un diálogo entre elementos contrapuestos que actúan conflictivamente para desembocar mayoritariamente en una conclusión sorprendente, inesperada, paradójica… Para explicar todo esto, Itziar Mínguez se sirve de lo que podríamos llamar una poética de descarga: poemas breves en su mayoría, directos, cortantes como hojas de afeitar, sin concesiones, sin florituras líricas —en el peor sentido de la expresión—, con finales cerrados, redondos y definitivos que dejan sin aliento al lector o sin alternativa, pero nunca indiferente. Una suerte de realismo seco, que no sucio. Unas maneras poéticas que recuerdan a <strong>Karmelo C. Iribarren</strong>, al que, por cierto, está dedicado el poema "Radiografía del miedo" (pág. 45).</p><p>Este linaje poético no desmerece, sin embargo, la labor de la autora, que imprime en sus versos una voz propia y reconocible. No se trata, pues, de un simple epígono, sino de una poeta que ha sabido trazar su camino hasta llegar a los cuarenta con un aviso a caminantes –cuarentones o no—, con un libro personal, generacional y maduro.</p><p><em>*Juan Carlos Sierra es profesor de Literatura. </em><strong>Juan Carlos Sierra</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Sierra]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Que viene el lobo', de Itziar Mínguez Arnáiz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 44]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Volar en círculos', de John Le Carré]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/volar-circulos-john-le-carre_1_1134354.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d308266e-e0e9-4b5d-9ed0-f05e9a2815dd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Volar en círculos', de John Le Carré"></p><p><strong>Volar en círculosJohn Le CarréPlanetaBarcelona2016</strong><em>Volar en círculos</em></p><p>Desengáñense, no van a encontrar en el último libro de <strong>John Le Carré</strong> escandalosos secretos de Estado que, se supone, guardaba celosamente para las codiciadas y obligadas memorias que un día habría de escribir en el invierno de la vida, cuando ya nada importa más allá de seguir vivo a la mañana siguiente. De ninguna manera, la discreción ante todo, el decoro, sí. Lo contrario habría sido traición, no al MI-6 ni a su Graciosa Majestad, sino a sí mismo, empeñado como está el novelista en reivindicarse más allá de la etiqueta nefasta que oscurece sus logros literarios: "<em>best-seller </em>internacional<em>"</em>. Con cierta guasa bonachona, el propio autor deja caer aquí y allá que su memoria es torpe, que va y viene, que se le impone la imaginación, que al fin y al cabo esto de <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-volar-en-circulos/213267" target="_blank">Volar en círculos</a>, no es sino una novela semiautobiográfica, no se lo tomen muy en serio... Sí, fue espía alguna vez, pero “informando de no sé muy bien qué a no sé muy bien quién”, con esto ya está dicho todo. Lo de los secretos escondidos forma parte de un asunto que, en sí mismo, no le interesa gran cosa al escritor: “Para el escritor de ficción los hechos son la materia prima, no su guía, sino su instrumento, y su labor consiste en arrancarles música”. O sea, tampoco sus novelas esconden expedientes equis cifrados en tramas imaginarias. Olvídense también de teorías conspiranoicas tipo el código no sé qué.</p><p>David John Moore Cornwell, hijo de un tarambana embaucador y despreocupado, ha vivido sus máscaras con elegancia marca Eton y sobrenombre de Le Carré. Espía de segunda en la Alemania de la posguerra, intelectual progresista y narrador conservador (de la trama, del ritmo de la novela clásica de aventuras, del relato con mensaje agridulce, del realismo documentado...) ha disfrutado de tanta fortuna como escritor comercial y proveedor de material para algunas estupendas películas (otras no tanto) y exitosas series de televisión, como ha sufrido el menosprecio del <em>stablishment</em> crítico. Tras la temprana cima que supuso su tercera novela, <em>El espía que surgió del frío</em> (1963), por la que se le consideró un digno continuador de la estela de <strong>Graham Greene</strong>, llegó el éxito, el dinero, la fama, las adaptaciones a las pantallas y las ediciones mundiales con la dichosa etiquetita de vendedor de camelos para leer sentado en un chiringuito de playa. Sin embargo, Le Carré, no sin altibajos y novelas de composición rutinaria, es por muchas razones un escritor admirable.</p><p>La que me parece de mayor peso es precisamente la que más le ha afeado cierta crítica: escribe novelas de espías. No lo digo únicamente por el género en sí mismo, sino por su sentido social en una época en la que el espionaje es la norma, incluso sobre nuestras vidas privadas (<strong>Snowden </strong>o la pesadilla). Si la información es poder, el monstruo de las redes y la vida virtual de telépolis han llevado el fisgoneo a la categoría de norma. A Le Carré le pilla demasiado hecho como novelista esta nueva era triple w, pero no la esencia del espionaje: el ejercicio disimulado del control de una situación conflictiva o del descontrol inoculado en una situación estable. El mapa sobre el que se mueven sus historias es el que van dibujando los movimientos de la geopolítica internacional. Con relatos apasionantes, Le Carré nos ha ido ofreciendo algo más que tramas entretenidas: interpretaciones narrativas de las transformaciones que ha sufrido nuestro mundo globalizado tras la Segunda Guerra Mundial a partir de la investigación en estados de conflicto declarados o latentes (la Guerra Fría, su principal territorio de pesca de historias, los ecos de Vietnam, la descomposición de la Unión Soviética, la tragedia palestino-israelí, la corrupción política y económica, los manejos de las farmacéuticas... y siempre la doble moral).</p><p>En este libro, que es más bien una estupenda colección de relatos organizados alrededor de la omnipresencia un mismo narrador más o menos autobiográfico, según los casos, encontramos al escritor que quiere huir de los tópicos que persiguen su obra, desvelándonos, con indisimulado orgullo, la relación de sus ficciones con la realidad. Personas reales que le inspiraron sus personajes, situaciones reales sobre las que fabuló sus tramas, testimonios reales de la obligación autoimpuesta de documentarse <em>in situ</em> antes de comenzar a contar una historia, relatos reales de su amistad con periodistas a los que acompañó en diversas misiones informativas para conocer fisgoneando (el espía que siempre lleva dentro) el asunto que quería novelar... Todo un arsenal de interesantes pistas para el lector que quiera encontrar la huella de lo verdadero tras el velo de las ficciones, contada con sabiduría y buen pulso narrativo para entretener al lector, pero sin huir de (discretas, eso sí) opiniones políticas o (las menos) literarias.</p><p>En estos relatos de la memoria fragmentaria de Le Carré encontramos espías, diplomáticos, políticos, periodistas, directores de cine, actores y actrices, estadistas como <strong>Yasir Arafat</strong>, con el que se entrevista en su refugio libanés, muy  pocos escritores y el fantasma del padre del autor, el fascinante sinvergüenza <strong>Ronnie</strong>. Nada escandaloso, pero todo muy disfrutable. Al final lo que le queda al lector es la imagen de un novelista afortunado y complacido con su suerte, que a veces se queja, sin amargura, de haber sido algo menospreciado como escritor. Desde luego, ahí deja una obra en la que manipulando los recursos de la narrativa popular y con un perfecto dominio de la complejidad del subgénero de la novela de espías, explora con intención crítica algunas claves de la política internacional contemporánea.</p><p><em>Volar en círculos</em> no va a cambiar la historia de la literatura anglosajona, pero es una sabrosa colección de cuentos escritos con elegancia y sobriedad, que defienden una manera de hacer literatura de aventuras con una intención crítica (nunca maniquea ni beata) sobre el rostro en las sombras de la <em>realpolitik</em>. Algunas de sus novelas, las primeras, quedarán como intrahistoria de la pugna entre los soldados del disimulo durante la fría guerra caliente que libraron Estados Unidos por medio de sus satélites y la Unión Soviética por medio de los suyos, otras como fabulaciones de un novelista efectivo y efectista sobre materiales que vienen de la crónica, el reportaje, la entrevista o el periodismo de investigación. Lo que ocurre es que Le Carré, una vez llevada a cabo la labor de documentación, comienza con lo propio de su verdadero y único oficio, así lo dice en varias ocasiones en esta colección de narraciones autobiográficas o casi: vuela con la imaginación para construir ese <em>pudo ser</em> que define el arte del relato de ficción.</p><p>Además de crear un personaje memorable, George Smiley, le Carré es un escritor de historias que nunca dejan indiferente. Esta norma no se rompe en <em>Volar en círculos, </em>quizá su mejor libro desde hace bastantes años. Aparte de confirmar lo ya sabido, como, por ejemplo, que todos sus personajes protagonistas toman prestada un alma humana con nombres, apellidos y número de pasaporte, y que la de Smiley se la dio y su mentor y profesor de Oxford <strong>Vivian Green</strong>, <em>Volar en círculos </em>ofrece excelentes retratos de gente de vida intensa, arriesgada, a veces famosa, relatos de encuentros en situaciones delicadas, evocaciones socarronas de mandatarios políticos y personajes, alguno desdichado, de los fondos más o menos bajos del espionaje occidental y soviético. Pero, por encima de eso, es un libro que se sostiene por sus propias cualidades literarias más que por los presuntos escándalos, que un verdadero espía nunca revelará... salvo a otro verdadero espía.</p><p><em>Volar en círculos </em>aumenta así la leyenda urbana de lo que supuestamente sabe y calla David John Moore Cornwell, el hijo del pícaro, pero se muestra como la mejor defensa de las cualidades de John Le Carré como escritor “serio”, aquel que no es que languideciera dormido en los brazos de una cuenta bancaria después de la publicación de <em>El topo </em>(1974), sino que tomó con las suyas la senda de la tradición inglesa de novelas de aventuras, que, probablemente, habría que volver a leer desde una mirada crítica más desprejuiciada de lo que viene siendo común. Están muy bien escritas estas memorias desmemoriadas de un ex-espía que leía a <strong>Thomas Mann</strong> y <strong>Herman Hesse</strong> antes de dedicarse a copiarles el oficio y dan tanto gusto al lector como suelen darlo las historias con algo interesante que contar, sostenidas con estilo y maestría narrativa. No es poca cosa, me parece.</p><p><em>*Carlos Serrato es profesor de Literatura.</em><strong>Carlos Serrato</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Serrato]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura europea,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 44]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Cada noche, cada noche', de Lola López Mondéjar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/noche-noche-lola-lopez-mondejar_1_1134350.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1f7a21c0-4585-4b7d-8ad2-8dc89c65b063_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="'Cada noche, cada noche', de Lola López Mondéjar"></p><p><strong>Cada noche, cada nocheLola López Mondéjar </strong><em>Cada noche, cada noche</em></p><p><strong>SiruelaMadrid2016</strong></p><p>La propuesta de la última novela de <strong>Lola López Mondéjar</strong> no podía ser más singular y atractiva: la protagonista, Dolores Schiller, que en enero de 2009 tiene cincuenta y siete años y una enfermedad terminal, es hija nada más y nada menos que de Lolita, la inmortal heroína de <strong>Nabokov</strong>. Al cumplir veinte años, Dolores recibe de su padre los diarios de su madre, muerta al dar a luz. Poco tiempo después, al leer <em>Lolita</em>, empieza a sospechar que su madre y la célebre niña son la misma persona.</p><p><a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?opcion=colecciones&b_coleccion=18&id_libro=2967" target="_blank"><em>Cada noche, cada noche</em></a><em> </em>es a la vez una narración cautivadora, que maneja perfectamente el <em>tempo</em> de las alternancias cronológicas, como una reflexión compleja e inteligente sobre las interpretaciones en torno a <em>Lolita</em>. La autora rinde homenaje a la magnífica novela de Nabokov a la vez que cuestiona, desde la legítima indignación de Dolores Schiller hija, la fijación de Lolita como nínfula perversa en el imaginario erótico masculino. El apéndice con citas de Nabokov de una entrevista con <strong>Bernard Pivot</strong> en 1975 es muy ilustrador en este sentido: "Lolita no es una niña perversa. Es una pobre niña (…). Lolita, la nínfula, no existe fuera de la obsesión que destruye a Humbert, y este es un aspecto esencial de un libro singular que ha sido falseado por una popularidad artificiosa".</p><p>Las palabras del novelista se corroboran en <em>Cada noche, cada noche. </em>A través de sus diarios, descubrimos a una Lolita muy alejada de la imagen que se construye Humbert en su delirio: una niña inquieta, muy inteligente y observadora, capaz de analizar con sagacidad los comportamientos de sus padres. Una niña que adoraba a su padre y que a su muerte se queda huérfana no sólo de su cariño, también de abrazos (la madre, Charlotte, no la abraza). La última anotación del diario desvela a una niña aterrada por lo que acaba de pasarle con el marido de su madre.</p><p>El padre de Lolita y el padre de Dolores Schiller, el marido de Lolita, caricaturizado por Humbert, son hombres bondadosos, solitarios y desafortunados, en claro contraste con Humbert. Lolita es en efecto una pobre niña cuya infancia ha sido arrebatada y la novela de Nabokov no cuenta, como quería el prestigioso crítico <strong>Lionel Trilling</strong>, una historia de amor y ternura, sino la historia de una obsesión, un abuso y una serie de violaciones, cuya protagonista no es una mujer autónoma, ni siquiera una adolescente, sino simplemente una niña que llora, como el propio Humbert confiesa de pasada, cada noche.</p><p>No olvidemos que <em>Lolita </em>está narrada en primera persona por Humbert. A pesar de los numerosos detalles sobre su físico, sus actuaciones y su comportamiento, Dolorez Haze no tiene voz. La novela de Lola López Mondéjar, que dialoga tanto con Nabokov como con <strong>Cervantes </strong>(hay que llegar al final para saber por qué), hace visible a una niña inteligente y también el tema de la maternidad (que <strong>Laura Freixas</strong> tanto echaba de menos en la literatura). Las dos Dolores (que coinciden también en el nombre, porque Lolita de casada se llama también Schiller), son mujeres fuertes, inquietas, perspicaces y traumatizadas: la madre, por ser obligada a mantener una relación enloquecedora a los doce años; la hija, por descubrir y heredar el calvario de la madre, y también por la enfermedad que la condena a la muerte. Además, la hija, joven durante una época de plena explosión sexual, es incapaz de encontrar placer en el sexo, tal vez como reacción al exceso de sexualización temprana e indeseada de la madre. </p><p><em>Cada noche, cada noche</em>, no en vano escrita por una excelente psicoanalista, une un ritmo trepidante y unas reflexiones muy lúcidas y plantea preguntas a menudo incómodas: ¿Cómo es posible que una niña secuestrada de doce años se haya convertido en uno de los mitos eróticos más poderosos del imaginario contemporáneo? ¿Cómo se ha borrado su dolor? ¿Por qué las proyecciones que tenemos sobre la sexualidad son casi todas masculinas? ¿Por qué grandes nombres de la cultura (<strong>Barthes</strong>, <strong>Aragon</strong>, <strong>de Beauvoir</strong>, <strong>Deleuze</strong>...) mostraron en algún momento permisividad frente a las relaciones sexuales con menores? "Su denuncia incomodará a los hombres, ¿me oye? ¡A los hombres!", le espeta el propio Humbert Humbert a Dolores Schiller, cuando ésta va a visitarlo a Suiza y le comunica su intención de establecer otra verdad sobre su madre. "¿Me llamarán feminista trasnochada?, ¿vengativa?, ¿militante?", se interroga la mujer, en una novela que es literatura de altos vuelos y también feminista. "Piensen conmigo, ¿qué hubiera sido de la novela de haberla publicado una escritora de origen ruso de cincuenta y seis años?", es una de las preguntas irresistibles de <em>Cada noche, cada noche.</em></p><p>La relación con la verdad es otro de los grandes hilos de este ambicioso libro, que no carece en varios momentos de humor: por ejemplo, al analizar la perplejidad que provoca la ausencia de deseo sexual, la protagonista constata que "nadie interroga otras ausencias; la curiosidad intelectual, por ejemplo, está en auténtico peligro de extinción sin que se levante una ola de protestas en contra". Exploradora de la mente, como <strong>Siri Hustvedt</strong>, Lola López Mondéjar hace que Dolores Schiller, estudiosa de literatura, reflexione sobre los grandes temas de la vida y la literatura: el problema del mal, el cuerpo asediado por la enfermedad y la muerte, la importancia del cuidado y los afectos, la ficción y la reacción humana frente a la verdad. Si la piel contiene y delata nuestra vulnerabilidad, "nuestro cerebro prefiere el sentido a la verdad". Éste es el poder fabuloso e imprescindible de la ficción, pero también la "peligrosa plasticidad" a la que en la vida real son sometidos los hechos.</p><p>"No hay trastienda en los hechos, los hechos son transparentes", leemos en la novela. Es una de las grandes verdades que atraviesan el libro y que puede extrapolarse a muchos ámbitos (basta con pensar en las adhesiones ideológicas). No es que nos engañemos, que no tengamos acceso a la verdad, que no sepamos lo que ocurre, que haya obstáculos serios de interpretación, que entre nosotros y los hechos se interponga una especie de velo que dificulte la comprensión. La inteligencia y la razón son capaces de modelar a su antojo la imagen que queremos tener de la verdad y en consecuencia nuestras posiciones y nuestros actos. Así llegamos a justificar lo injustificable. Si unos hechos indefendibles son transparentes, ¿qué mecanismos activamos para negarlos o al menos presentarlos en una luz favorable? <em>Cada noche, cada noche</em> plantea esta y otras preguntas, en una excelente historia que es también una profunda reflexión sobre la mente humana, la sexualidad, el poder de la ficción y el delicado equilibrio entre inteligencia, cultura, razón y ética.</p><p><em>*Ioana Gruia es escritora y profesora de Literatura Comparada.</em><strong>Ioana Gruia</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Cada noche, cada noche', de Lola López Mondéjar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 44]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['La topología de la violencia', de Byung-Chul Han]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/topologia-violencia-byung-chul-han_1_1134345.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1cee37e2-b3d2-45aa-b504-4d10ec78ef6c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'La topología de la violencia', de Byung-Chul Han"></p><p><strong>La topología de la violenciaByung-Chul HanHerder Barcelona2016</strong><em>La topología de la violencia</em></p><p>El libro que nos ocupa se caracteriza por la peculiaridad de haber sido escrito por un coreano en lengua alemana, pero poseer un distintivo aire francés en su contenido y modo de exposición. Es cierto que puede parecer forzado en estos tiempos cualificar un libro como escrito siguiendo un <em>modus</em> nacional, pero esta aseveración la justifican no solo su estilo o forma de argumentación, sino los autores con los que entabla diálogo en el libro.</p><p>Hasta hace no mucho, el mundo filosófico anglosajón mostró casi exclusivamente características muy propias, modeladas en la ciencia y el positivismo lógico, que lo separaron de lo que se dio en llamar filosofía continental. Por décadas, los filósofos entrenados en la filosofía anglosajona harían ascos de cualquier producto proveniente del Continente, especialmente de los franceses, en cierto modo. El conocido filósofo <strong>A. J. Ayer</strong> llegó a decir, al ser preguntado sobre la obra de <strong>Heidegger,</strong> “<em>Preposterous”</em> (absurdo, ridículo), indicando su absoluto desdén por tal tipo de filosofía, viniera de donde viniera. De igual manera, buena parte de la filosofía continental no tuvo en cuenta a la filosofía de otras corrientes a la hora de ejercer su oficio, lo que originó una relativa disparidad en los estilos filosóficos de las naciones, incluida Alemania, la cual tenía su propia y sesuda tradición.</p><p>De un tiempo a esta parte las cosas han cambiado, sin embargo, y he aquí que un filósofo nacido en otro continente, cuya formación inicial la hizo en metalurgia, ha producido una serie de libros de mucho éxito en la comunidad filosófica internacional. La globalización tendrá que ver algo con este fenómeno, pero a ello no es ajeno el estado en que se encuentra la filosofía y el mundo intelectual en general, sin una clara visión sobre el rol del intelectual en el mundo digitalizado del momento.</p><p><strong>Byung-Chul Han</strong> prosigue en este libro su análisis de la sociedad contemporánea, después de libros como <em>La sociedad del cansancio </em>o <em>La sociedad de la transparencia</em>, centrándose en este caso en la violencia, que, según sus tesis, es omnipresente en la sociedad tardomoderna, aunque no se perciba como tal. En el pasado, de acuerdo a Han, la violencia social era externa, flagrante, basada en la relación del sujeto subordinado con el soberano, en la que la vida o la muerte se deciden unilateralmente, desde la instancia de autoridad. A este tipo de sociedad la llama "de la decapitación", pues la voluntad es ajena al sujeto, y el poder se ejerce con carácter absoluto. Más tarde, la sociedad evolucionaría hacia una sociedad disciplinaria, en la que las relaciones estructurales perpetúan un estado de dominación del poseedor del capital sobre las masas trabajadoras. En su terminología llama a esta sociedad una "de la deformación", por su capacidad de formar a su antojo las necesidades de la explotación capitalista y la identidad de los sujetos involucrados. En nuestros tiempos, la violencia se ejerce desde dentro, pues cada ciudadano la ejerce sobre sí mismo, y se genera el fenómeno de la autoexplotación, en el cual el ser humano ejerce su libertad para encarcelarse a sí mismo en un individualismo que satisface las demandas del capital y la globalización. Han caracteriza a esta sociedad como la sociedad "del rendimiento", que produce fenómenos psíquicos como la depresión, o el <em>burnout </em>y el déficit de atención por hiperactividad.</p><p>Mientras que en las sociedades que nos anteceden la violencia operaba por negatividad, esto es, incitando una reacción inmunológica, de defensa, pues las líneas de confrontación eran claras, hoy día el problema sería un exceso de positividad, que ofusca toda negatividad y desplaza la violencia al interior de uno mismo, a pesar de las apariencias de prosperidad y libertad que prevalecen. Con estas ideas, Han entabla un diálogo con algunos pensadores que le han servido de contraparte o de inspiración, como <strong>Schmitt</strong> o <strong>Ehrenberg</strong> o <strong>Foucault</strong>, el cual es una obvia referencia en su armazón conceptual, por su análisis de la violencia estructural y de la presencia del poder en las relaciones de la sociedad disciplinaria.</p><p>Pero Foucault no tuvo tiempo de asistir a la emergencia de una sociedad en la que las relaciones de poder se difuminan y se interiorizan, en las que la ideología y las líneas de confrontación han desaparecido, y en la que la transparencia elimina toda subjetividad negativa o crítica con el sistema que uno ha interiorizado. De la misma manera, Han critica a <strong>Negri</strong>, por ejemplo, por mantener un marco conceptual marxista de análisis, ya que las clases han desaparecido y solo existe un sistema único, que exige de uno la participación en el sistema global del capitalismo, que, a pesar de invadir nuestra intimidad, se presenta como un sistema de positividad y libertad absolutas, en el que las identidades son fluidas y moldeables, a diferencia de la sociedad disciplinaria, donde las identidades eran fijas.</p><p>A la sociedad moderna la llama Han, como dijimos, sociedad del rendimiento, pues el valor de la realidad y de los individuos se establece sobre la base de su producción económica y de su contribución al crecimiento del sistema, lo que ocurre con la anuencia de los que participan, embriagados por la positividad presente de consumo infinito, comunicación global, despliegue constante de la intimidad, sin lugar al misterio o al secreto, dado que el sistema nos necesita con ilusión de libertad y con disposición para el consumo, a fin de funcionar a cabalidad. Para lograr este estado de cosas, la sociedad requiere de nosotros la autoexplotación, en la que víctima y verdugo son lo mismo, esto es, ejercer una violencia íntima que nos lleva al cansancio, al infarto social y a la depresión, la enfermedad por excelencia de esta sociedad de violencia microfísica.</p><p>El problema con este tipo de interpretaciones omnicomprensivas, que pretenden dar cuenta de un gran rango de fenómenos, es que acaban de perder de vista la realidad empírica más elemental, como en aquella anécdota en que le preguntan a <strong>Hegel</strong> sobre la ausencia de concomitancia entre sus ideas y la realidad y responde: “Tanto peor para la realidad”. Han pretende explicar, por ejemplo, la presencia masiva de enfermedades como la depresión o el déficit de atención por hiperactividad por el exceso de positividad. En sus palabras: “La violencia microfísica, al contrario, des-interioriza al sujeto <em>dispersándolo</em> (...) con un exceso de positividad. Las enfermedades psíquicas, como el trastorno por déficit de atención por hiperactividad, serían consecuencia de esta <em>dispersión</em> destructiva… La dispersión carece de la negatividad del otro. Remite a un exceso de lo <em>mismo</em>”. Me pregunto a cuántos padres de niños con esta enfermedad les satisfaría una explicación de este tipo. Incluso podrían sentirse culpables de haberle dado al niño demasiada positividad, dado que han sido hasta entonces los principales agentes de influencia social en su crecimiento. Si Han se refiriera expresamente, cosa que hace solo tangencialmente en el caso del psicoanálisis, a la influencia de la sociedad en la categorización de ciertas enfermedades, el análisis podría ser más ajustado a los hechos. Pero atribuir esta enfermedad al influjo de una sociedad del rendimiento excede los límites de lo razonable.</p><p>Lo mismo puede decirse de su atribución de la depresión a un exceso de positividad. No sé qué tan alambicada tiene que ser la definición del concepto de positividad como para que se le pueda decir a un depresivo clínico que lo que le ha asaltado es nada más que un exceso de positividad. Soy consciente de que su noción de positividad –que Han nunca define o se toma el trabajo de elucidar— implica la idea de un <em>positum </em>excesivo de datos y de posibilidades en la sociedad tardomoderna, que eliminan la subjetividad y la dispersan en una red global de conectividad y de transparencia, pero si alguien pretende llevar el análisis al terreno de la <em>empiria</em>, no estaría mal tomar en cuenta los datos de la ciencia natural, que incluyen la disponibilidad genética para adquirir o desarrollar enfermedades psíquicas, los resultados de la neurofisiología y la dinámica de las catecolaminas, cosas que Han jamás hace. Si bien su entramado conceptual es coherente dentro de su premisas, como lo era el del desdeñoso Hegel, omite referirse a los resultados de las ciencias naturales o sociales que se ocupan de estos asuntos usando el método científico.</p><p>Por último, el análisis de este libro se aplica con cierta coherencia a la sociedad de quienes vivimos en un mundo más aligerado de problemas vitales esenciales, pero me temo que en el resto del mundo perviven suficiente negatividad y reacciones inmunológicas (como las llama Han, adepto a las metáforas biológicas), como para que su disolución de las fronteras de confrontación no se aplique en lo más mínimo. No sé qué pudiera decirle de útil el filósofo Han, en su confortable torre de marfil, a quien labora en condiciones inhumanas por un sueldo miserable, no pocas veces con peligro de su vida: tal el caso de las fábricas de ropa en Bangladesh, que colapsan o se queman por la codicia de corporaciones que harían cualquier cosa con tal de reducir precios; tal el caso de campesinos que son apaleados por la policía en mi propia tierra, Perú, porque quieren defender sus fuentes de agua de la ambición inmoral de las mineras transnacionales; tal el caso de los que acaban en la calle porque no han podido pagar sus hipotecas tras el comportamiento irresponsable de bancos sin escrúpulos. Decir que las líneas de confrontación han desaparecido en tales casos y de que uno es su propio verdugo, es si no ridículo, al menos irresponsable.</p><p>A fin de cuentas, Han está hablando de menos del veinte por ciento de la población mundial, e incluso en ese caso, con olímpica indiferencia de los datos y de la investigación empírica. Construir un bello artificio conceptual, después de todo, no es lo mismo que explicar la realidad, aunque a veces lo parezca. Con todo, el análisis toca ciertos puntos que ameritan consideración, pero que tienen que ser circunscritos a su esfera de posible aplicación. Más allá de ella, son, es verdad, <em>preposterous</em>.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor. Su último libro es </em><strong>Frans van den Broek</strong><a href="https://www.amazon.es/Otro-Precio-Frans-Broek-Ch%C3%A1vez/dp/940214871X" target="_blank">Otro precio</a><em> (Brave New Books, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA['La topología de la violencia', de Byung-Chul Han]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El campo y la ciudad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/campo-ciudad_1_1134336.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f8d841ff-fde0-4b72-b6b9-8b4bc2a64d9d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El campo y la ciudad"></p><p>En <em>El campo y la ciudad</em> <strong>Raymond Williams</strong> valora especialmente el plano de la experiencia y se ocupa de mostrar cómo la literatura articula estos dos espacios, siempre relacionados, intrínsecos el uno al otro. El binomio campo y ciudad no solo halló expresión, en la literatura argentina, en la fórmula de <strong>Sarmiento</strong>, “civilización y barbarie”, sino que podría considerarse el hilo conductor a través del cual acceder a sus orígenes y múltiples proyecciones hasta la actualidad. De hecho, mientras que <strong>Echeverría </strong>opuso el “desierto” a la civilización, para Sarmiento, el campo fue el lugar de la “barbarie”, un <em>locus</em> salvaje e inhóspito que debía civilizarse.</p><p>Pocos, a fines del siglo XIX, advertían que esas características podían resultar beneficiosas. Desde su exilio europeo, ante “la intervención de Inglaterra y Francia en la República Argentina” (1845), <strong>San Martín</strong> muestra perspicacia y conocimiento del <em>terreno</em> en una carta que fue publicada en periódicos ingleses y franceses en la que daba cuenta de que lo incivilizado podría significar un inesperado capital para derrotar a los agresores en caso de producirse una invasión. En pocas palabras, San Martín explicaba: “El primer alimento, por no decir el único, es la carne, y es sabido con qué facilidad pueden retirarse todos los ganados en pocos días a muchas leguas de distancia, igualmente que todos los caballos y medios de transporte… En una palabra, formar un desierto dilatado imposible de ser atravesado por una fuerza europea, la que correría tanto más peligro cuanto mayor sea el número”. Con claridad de estratega, San Martín sostenía que con siete mil u ocho mil hombres de caballería se podría detener a “un ejército europeo de veinte mil hombres”. En el campo argentino solo había ganado, era sencillo trasladarlo y dejar desabastecido al invasor.</p><p>Muchísimo ha cambiado el territorio desde entonces.  Con la modernización del siglo XX, la urbanización de las ciudades, el auge del capitalismo, el dominio de la técnica, la sensación del hombre de la ciudad de perderse en la masa, el <em>campo </em>resurgió como tópico literario en tanto apelaba a una edad dorada, a una visión idealizada de<em> lo argentino</em> por medio de la cual las elites culturales y políticas  implementaron un modelo identificatorio. Así, el campo paso  a ser símbolo de lo nacional y adscribir a lo nacional una manera de distinguirse de las masas de inmigrantes europeos pobres que comenzaban a poblar la patria, especialmente las ciudades.</p><p>El siglo XXI, hipercomunicado y conectado, en el que se avizora que en el 2050 cerca del 75% de la población mundial vivirá en la ciudades, ofrece nuevas perspectivas literarias del binomio campo y ciudad. Desde Buenos Aires, una megaciudad que hace mucho dejó atrás a la “gran aldea” (así la definió <strong>Lucio Vicente López</strong> en su novela de 1882), presento a los lectores de infoLibre dos nuevos libros que aproximan renovadas estructuras <em>del sentir</em> el campo y la ciudad. En principio, <em>Tres hermanos</em>, de <strong>Esther Cross</strong>, y sus relatos ambientados en el campo argentino. Luego, <em>Usted está aquí. Crónicas de ciudades</em>, en el que varios escritores comparten sus experiencias viajeras por grandes ciudades de Latinoamérica y de Europa “para que no se diga que leer no es, en el fondo, el viaje más intenso y más profundo”.</p><p><strong>Tres hermanos, de Esther Cross (Tusquets Argentina, Buenos Aires, 2016)</strong><em>Tres hermanos,</em></p><p>“Tres hermanos andan solos por el campo. Descubren secretos y aprenden a callarse”, se dice en la contratapa de este libro de relatos conectados entre sí en el que la narradora, siempre la misma, magnifica, con la alquimia de la memoria, sus recuerdos del campo de los años sesenta donde pasaba el verano con sus padres y sus dos hermanos varones. Tres chicos de la ciudad de Buenos Aires se encuentran de pronto sueltos en el campo. Tanto dispuestos a la aventura como expuestos al aburrimiento, para ellos todo resulta novedoso o inquietante. En “Antes de llegar” es la hermana la que atisba el secreto de los puesteros, consigue ver a Abigail, su misteriosa hija, y comparte esa visión con sus hermanos. En estos relatos, los tres hermanos establecen cartografías guiados por sus padres, por algunos adultos y por otros chicos, suerte de “vaqueanos” que, como sucede en  “Los que volvieron”, introducen a los citadinos en una realidad de azares inesperados. Así, de una salida a caballo puede resultar la vuelta de tuerca que desdibuja extrañas simetrías entre los chicos del campo y de la ciudad, chicos que ya no volverán a jugar juntos cuando se quiebra “un hechizo” al tiempo que algo más fuerte los une para siempre.</p><p>A través de estos relatos de un tiempo perdido, <strong>Esther Cross</strong> trae a sus páginas “Fantasmas del Futuro”, la historia de un abuelo que pierde momentáneamente las coordenadas tiempo y espacio en una época en la que “no existían las tomografías computadas”. Cuestión que la narradora advierte como al pasar al mientras desliza: “Aunque hubiesen existido y el cerebro de mi abuelo, visto en rebanadas, tampoco hubiera registrado nada anormal”. ¿Se puede volver a ser el mismo después de esa experiencia? ¿No modifica cada nueva experiencia nuestra maleable subjetividad? La lectura de estos relatos abona el enigma. Pero no se trata solo de las nuevas experiencias vividas en la mítica llanura pampeana, sino también de las fantasías desencadenadas por los chistes del casero, o por las historias de los “mensuales” y los “crotos”, trabajadores del campo que cuentan historias como las “del lobizón y el caballo loco que esquiva rayos”.</p><p>Lejos de idealizar un bucólico <em>locus amoenus </em>pampeano, estas historias entretejen la vida cotidiana de los habitantes del campo con una realidad inquietante: la amenaza de un fugitivo, el ocultamiento de un perro que pudo haber transmitido la rabia a uno de los chicos, el padre que mata a su propio perro. “Había que decirse que eran solo animales para que no arruinaran, además del sueño y los oídos, la conciencia”. </p><p>El campo es descubierto por niños voyeristas, niños sonámbulos, niños cazadores, niños que viajan solos, niños que abandonan la niñez, niños atónitos ante la mirada suicida de unos ojos “que brillaban con la fuerza de la vida”. Niños que advierten que se trata de una geografía con reglas propias en la que la naturaleza se impone, un lugar en el que todavía es posible toparse con versiones contemporáneas de algún <em>gaucho malo</em>, pendenciero o socarrón. Se trata de un campo, el de los años sesenta, habitado y encarnado  en que los “Indios” apenas han dejado algún que otro rastro arqueológico, un campo todavía poblado por personas y animales y que, se deja entrever, ya no es el mismo: “Hace poco, tuvimos que volver. Los campos de la zona ya empezaban a vaciarse. Vimos kilómetros sin gente ni animales, solamente verde y agua, máquinas y árboles”.</p><p><em>Usted está aquí. Crónicas de ciudades</em>, con prólogo de Fabián Casas (Edulp, La Plata, 2016)</p><p>En el prólogo a estas crónicas,<strong> Fabián Casas </strong>se refiere “lo difícil que es separar la vida de una persona de la ciudad en la que vivió”. Cuando esa persona es un escritor, se da una conexión particular. A los autores reunidos en este libro puede inspirarlos la cita de <strong>Walter Benjamin</strong>: “Importa poco no saber orientarse en una ciudad. En cambio perderse en ella como quien se pierde en un bosque, requiere aprendizaje”. De lo que se trata, en estas crónicas, es de no sucumbir a la retórica de las guías turísticas o a la de los <em>tours</em>. Pensados como “relatos, ensayos y asedios a las ciudades”, estos textos evocan experiencias personales. La vocación de perderse o de encontrarse a sí mismo en las ciudades, o la de convertirse en una suerte de detective parece ser lo que alienta a aquellos que (en palabras de Casas) ven en “la ciudad el <em>identikit </em>de un desconocido, alguien que buscamos pero que no podemos observar completamente porque, como en los buenos relatos, siempre está en fuga”.</p><p>Y así como, desde la conquista de América, los relatos y crónicas de viajes europeos sirvieron para dar información acerca de un “otro” desconocido, los relatos y crónicas de viajes de los americanos que viajaron por el mundo, la más de las veces, encontraron en Europa modelos y contramodelos civilizatorios. Estas nuevas crónicas pueden leerse como síntomas de nuestro siglo, se desprenden de los antiguos relatos de viajes en cuanto a que el viajero contemporáneo, como dice <strong>Juan Villoro</strong>, escritor mexicano que escribe sobre Berlín, debe buscar modos “sutiles de ser modificado por su errancia”. Villoro sigue esas modificaciones en sí mismo y en la ciudad a la que viajó, desde 1981, en sucesivas oportunidades.</p><p>Los cronistas  de <em><strong>Usted está aquí</strong></em> se refieren a ciudades en las que nacieron, como <strong>Rafael Gumucio,</strong> escritor chileno autor de “La Luz de Santiago”, que se pregunta: “¿Cómo contar la nostalgia de lo que no nos echa de menos?”. O, como<strong> Alan Pauls</strong> en “El futuro anterior”, encuentran extraños paralelismos autobiográficos con ciudades que apenas conocen: “Estuve tres días en Brasilia, pero podría decir (sin alardear) que nací allí, que allí viví, vivo y quizás viviré de un modo singular…”. Por su parte, <strong>Leila Guerriero</strong>, escritora argentina, retoma en “Diario de Alcalá” su experiencia en la residencia universitaria de Alcalá de Henares con una mirada de latinoamericana y sorprendida: “Siempre me impresiona cómo, en Europa, se vive con naturalidad en ciudades que son monumento histórico”. <strong>Sergio Chejfec</strong>, escritor argentino, asume en “Canal Gowanus” (Nueva York)  la urgencia del viajero al que le “cuesta salir de algunos lugares sin un botín, aunque sea mínimo y de valor simbólico”. <strong>Giovanna Rivero</strong>, escritora boliviana que nació en Santa Cruz de la Sierra, asegura en “La paz, un resplandor” que “nadie vive en La Paz impunemente”. Luego <strong>Matías Capelli</strong>, escritor argentino que vivió en Ámsterdam, recuerda episodios y azares de su estancia allí en “Bendida perniciosa”. En “Las islas”, <strong>Jorge Carrión</strong>, escritor español, retoma sus recuerdos de la argentina ciudad de Rosario, enhebra personajes, lecturas, y duelos mediante frases que  dan forma a “heridas que pese a haber sido limitadas, formalizadas, traducidas, nunca acaban de cicatrizar”.<strong> Ercole Lissardi</strong>, escritor uruguayo, se ocupa de su ciudad natal, Montevideo: “Tendré que vivir con el odio, pero también con el amor, que siento por Montevideo” (ciudad que extrañó “hasta la angustia” durante su exilio). También se refiere a su ciudad natal <strong>Fabrizio Mejía Madrid</strong> en su crónica sobre Méxido D.F, “El último caminante”: “Esa es quizás la utopía de esta ciudad. Cuando parece ablandarse creemos que es porque ya la conocemos. En la siguiente mordida comprobamos nuestro error”. El escritor argentino <strong>Juan José Becerra</strong> indaga, en su crónica sobre Asunción, “Ciudad en el país de barro”, en “la actualidad móvil e ilegible de la ciudad, por la que se escurría sin ninguna precisión la historia del Paraguay”.  Otra suerte de desvío se da en el habla de los paraguayas, al punto que le parece que, en el interior de las frases, “el español es un vestuario mientras que el guaraní es un cuerpo”. En su crónica “Un desierto en la ciudad”, el escritor argentino <strong>Martín Kohan</strong> se refiere a Comodoro Rivadavia, a la que se llega “bajando, bajando, bajando”, una ciudad de la Patagonia en la que, dice, “muchas veces da la impresión de que la lucha está transcurriendo todavía: que no se ha saldado, que no se ha resuelto. Las ciudades parecen estar librando aún su pulseada contra el desierto.”. Cierra el volumen <strong>Daniel Krupa</strong>, escritor argentino oriundo de Berisso, provincia de Buenos Aires, con “Imperfecta luz otoñal”, una crónica en la que advierte: “Es tan rica la ciudad de La Plata en posibles escenarios que no resulta menester trasladarse varios kilómetros para ir en busca de otros rincones para ejercitar las elucubraciones de una psiquis afiebrada”.</p><p>A fin de cuentas, se trate de la ciudad o del campo, del centro o de la periferia, lo que nos anima como lectores es descubrir la visión de esos <em>locus</em> que con luz propia, personal, revelan y se ocultan a través del imaginario de los escritores.</p><p><em>*Irene Chikiar Bauer, argentina, es escritora. Su último libro es </em><strong>Irene Chikiar Bauer</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/virginia-woolf/AR18696" target="_blank">Virginia Woolf. La vida por escrito</a><em> (Taurus, 2015).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Irene Chikiar Bauer]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El campo y la ciudad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Argentina,Los diablos azules número 44]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Un otoño de cuento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/otono-cuento_1_1134319.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/23603ded-6154-474d-99df-4dd31b77ca72_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un otoño de cuento"></p><p>A lo mejor el que le dieran el Premio Nacional de Narrativa <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/11/16/cristina_fernandez_cubas_gana_premio_nacional_narrativa_por_habitacion_nona_57664_1026.html" target="_blank">a la cuentista Cristina Fernández Cubas</a> (<em>La habitación de Nona</em>) ha tenido algo que ver, o a lo mejor no, pero el caso es que este otoño ha venido plagado de libros de cuentos, casi todos en editoriales independientes que apuestan por un género considerado menor en nuestro país y que todavía no goza del favor de un público mayoritario, como sí ocurre en todo el continente americano.</p><p>Aquí el  cuentista lee al cuentista. Es un género que se alimenta así, con tiradas más bien pequeñas pero que en muchos casos  juega con una experimentación literaria que sigue abriendo puertas y universos sorprendentes.</p><p>He seguido las publicaciones sobre todo por las redes, que es donde centran la publicidad estas editoriales, ante la dificultad de conseguir grandes espacios en la prensa o en las librerías. Y, aunque no he podido leer todo lo que ha ido saliendo, sí me gustaría mencionar los que más me han llamado la atención.</p><p>En la Editorial Lumen salió el libro de <strong>Berta Vias Mahou</strong><em>, La mirada de los Mahuad,</em><a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-mirada-de-los-mahuad/ES0148334" target="_blank">La mirada de los Mahuad</a> que leí después de su novela <em>Yo soy el otro</em> y no me ha decepcionado. Cuentos sobre la infancia, las miradas que se fijan entonces, los amores perdidos, cuentos oníricos con personajes entrelazados.</p><p>Uno de los libros de cuentos que más expectativas ha creado ha sido el de  <strong>Hipólito G. Navarro,</strong> titulado <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/la-vuelta-al-dia/" target="_blank">La vuelta al día</a>, que supone su vuelta al cuento tras muchos años sin publicar. Uno de los cuentistas con más gracia y con una voz más personal en el panorama nacional. Y escucharlo a él siempre es una delicia. Su libro, altamente recomendable, está dividido en cinco partes y una especie de prólogo titulado "Doce años en barbecho". Se adivina por qué. Ha aparecido en la editorial Páginas de Espuma, la misma que ha publicado los <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/cuentos-completos-iv-anton-chejov/" target="_blank">cuentos completos</a> de <strong>Chéjov,</strong> en edición de <strong>Paul Viejo</strong>. También en esta editorial ha salido el primer libro de cuentos de <strong>Valeria Correa Fiz</strong>, <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/la-condicion-animal/" target="_blank"><em>La condición animal</em></a><em>.</em></p><p>Y si hablamos de primeros libros de cuentos, tengo que mencionar <a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-acustica-de-los-iglus-caballo-de-troya-2016-5/ES0147460" target="_blank">La acústica de los iglús</a>, de <strong>Almudena Sánchez</strong>, en Caballo de Troya <em>y La máquina enfurecida</em><a href="http://talenturalibros.blogspot.com.es/2014/11/la-maquina-enfurecida.html" target="_blank">La máquina enfurecida</a>, de <strong>Eduardo Cano</strong>, en la editorial Talentura, que dirige el también escritor <strong>Mariano Zurdo</strong>.  En esta misma editorial, otro cuentista que llevaba cierto tiempo sin publicar, <strong>Miguel Ángel Zapata</strong>, ha sacado su libro de relatos y microrrelatos <a href="http://talenturalibros.blogspot.com.es/2014/11/voces-para-un-timpano-muerto.html" target="_blank"><em>Voces para un tímpano muerto</em></a><em>. </em>Y hablando de muertos y de microrrelatos, el más reciente es el de <strong>Ginés Cutillas,</strong> titulado <a href="http://cuadernosdelvigia.com/vosotros-los-muertos-gines-s-cutillas/" target="_blank">Vosotros los muertos</a>, en la editorial Cuadernos del vigía.</p><p>Pero hay más. La editorial Menoscuarto ha publicado en este otoño tres libros impecables: <a href="http://www.menoscuarto.es/libro/el-crujido-de-la-seda/" target="_blank">El crujido de la seda</a> de <strong>Lilian Elphick</strong>, en edición de <strong>Gemma Pellicer</strong>; <a href="http://www.menoscuarto.es/libro/yo-tambien-soy-sherezade/" target="_blank">Yo también soy Sherezade</a> de <strong>José de la Colina </strong>[lee <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/12/02/dos_relatos_jose_la_colina_58304_1821.html" target="_blank">aquí </a>dos de sus microrrelatos], en edición de <strong>Fernando Valls</strong>, y el libro de cuentos de <strong>Fernando Clemot,</strong> <a href="http://www.menoscuarto.es/libro/la-lengua-de-los-ahogados/" target="_blank"><em>La lengua de los ahogados</em></a><em>, </em>uno de los que más me han impactado y me han hecho disfrutar en este otoño. Lo recomiendo encarecidamente, por su temática, porque tiene cuentos francamente buenos y una estructura como libro que sorprende y anima a seguir experimentando.</p><p>Una cosecha otoñal interesante, en donde a lo mejor me olvido de alguno. Es difícil enterarse de todas las novedades. Las redes son muy inmediatas y si estás unos días sin acudir a ellas, te pierdes libros que luego es difícil volver a encontrar. Si es así, pido mis disculpas por anticipado.</p><p>Puesto que en las Navidades es cuando más libros se venden, mi consejo es que se acerquen a las librerías que trabajan con editoriales independientes, hay ya bastantes, y que busquen libros de cuentos para regalar. En este país tenemos mucho cuento, del bueno, y puede ser degustado en el metro, en la consulta del médico, en las estaciones de trenes, aeropuertos, en las salas de estar o en la cama.</p><p>Todo buen cuento es un universo concentrado, una historia que da vueltas en la cabeza, un recurso que sorprende. No se puede pedir más.</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro es </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">En el año de Electra</a><em> (Evohé, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <title><![CDATA[Compañeros de hoy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/companeros-hoy_1_1134316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6747f19a-3a6f-44cb-9b44-f6badb95b05d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Compañeros de hoy"></p><p>En uno de los versos más celebrados de la Generación de los 70, <strong>Pere Gimferrer</strong> compara el amor y sus símbolos con la mecánica del mar. Me pregunto si la poesía no tiene también un engranaje hasta cierto punto parecido. Ola tras ola, jóvenes autores van llegando a nuestra orilla de arena blanca, de libro abierto. De hecho, este 2016 se ha presentado en sociedad una promoción nueva. Otra más. Primero con la antología <em>Re-generación</em>, al cuidado de <strong>José Luis Morante</strong> (y ya <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/07/08/generacion_antologia_poesia_espanola_52260_1821.html" target="_blank">reseñada por Carmen Canet</a> en este mismo suplemento), y ahora con la publicación de <a href="http://www.editorialrenacimiento.com/calle-del-aire/1079-nacer-en-otro-tiempo.html" target="_blank"><em>Nacer en otro tiempo</em></a>(Renacimiento), con prólogo de <strong>Álvaro Valverde</strong>, pero cuya selección y, por tanto, autoría se debe a <strong>Miguel Floriano</strong> y <strong>Antonio Rivero Machina</strong>.</p><p>Ambos volúmenes reúnen a una veintena de poetas nacidos a partir de 1980. Frente a la propuesta de un lector experto en estos avatares (Morante se ha ocupado de la obra de <strong>Joan Margarit</strong>, <strong>Eloy Sánchez Rosillo</strong>, <strong>Luis García Montero</strong>...), llama la atención que, en la segunda, los antólogos compartan la edad de los autores antologados. Rivero Machina nace en 1987. Floriano, en 1992, el mismo año que la aragonesa <a href="http://www.infolibre.es/tags/autores/gema_palacios.html" target="_blank">Gema Palacios</a>, cuarta poeta más joven de <em>Nacer en otro tiempo</em>. Quizá esa juventud y lógica inexperiencia puedan parecer una desventaja. Pero, en cambio, les añade valor, porque nos permite acercarnos a una promoción nueva desde la visión de dos de sus compañeros de viaje (pues, tal y como se señala en la línea final del prólogo, ambos son también poetas).</p><p>En el mencionado texto introductorio, Valverde se confiesa lector habitual de antologías: “Me han ayudado a desbrozar el bosque, a encontrar los senderos que conducen a alguna parte, a tal o cual lugar, a este o a aquel árbol”. Coincido plenamente. Las antologías siguen teniendo ese valor orientativo. Nos ayudan a asentar nombres, ofrecen nuevas lecturas o, en el caso de <em>Nacer en otro tiempo</em>, permiten descubrir no sólo a un poeta sino a una nueva generación (por decirlo con un término al que la crítica actual ya le ha visto las costuras). Autores con una trayectoria que merece ser tenida en cuenta, como <strong>Javier Vela</strong>, <strong>Ben Clark</strong>, <strong>Laura Casielles</strong>,<strong> Unai Velasco</strong> o <strong>Berta García Faet</strong>; junto a otros que con apenas uno o dos libros publicados merecen ya estar en cualquier futuro recuento de poesía: <strong>Constantino Molina</strong>, <strong>Gonzalo Gragera</strong>, <strong>Xaime Martínez... </strong>O el más joven de todos,<strong> Óscar Díaz </strong>(1997).</p><p>La verdad es que me hubiese gustado analizar a cada uno de ellos, incluso poner el acento sobre algunos nombres propios. Pero si <em>Nacer en otro tiempo</em> confirma que hay relevo para la primera promoción poética del siglo XXI, lo cierto es que no permite ir más allá, porque sólo incluye dos o tres poemas de cada antologado. Sin duda insuficiente. Mucho más si tenemos en cuenta el número de buenos libros que estos autores han publicado en los últimos años: <em>Cerrar los ojos para verte</em> (2011), <em>La educación física</em> (2012), <em>Ahora solo bebo té</em> (2013), <em>Todas las fiestas de mañana</em> (2014), <em>Wendy</em> (2015), <em>Las dimensiones del teatro</em> (2015), <em>Fidelidad de una sombra</em> (2015)...</p><p>Y eso que ni siquiera están <em>nel mezzo del camin</em>. Por supuesto, deben acabar de definir su voz. Pulirse. Tengo la sensación de que alguno de ellos se deja seducir en exceso por las luces LED de la contemporaneidad. Es lo mismo que le sucedió a los futuristas: nombrar la modernidad y sus ingredientes no convierte ningún poema en moderno. No creo que haya nada más caduco que lo actual. En el XIX, Bécquer escribe: “Dices que tienes corazón, y sólo / lo dices porque sientes sus latidos; / eso no es corazón..., es una máquina / que al compás que se mueve hace ruido”. El autor sevillano escribe “máquina” y la compara con el frío corazón de la amada. Aunque no lo parezca, esto es mucho más moderno que aludir a Facebook, los <em>smartphone</em> o las series televisivas. ¿Cuántas notas a pie de página necesitarán algunos de estos poemas dentro de un siglo?</p><p>Dicho lo cual, que es poco menos que una anécdota, conviene recalcar que <em>Nacer en otro tiempo</em> es una antología repleta de poemas sobresalientes, como “Había también otra forma junto a él...”, “Canción”, “El silencio”, “La espera” o “Quedó el intento”. Por más que, repito, tres poemas sepan a poco. Una sensación de carencia que se habría amortiguado de acompañar los textos con una propuesta estética (en forma de cuestionario, de poética...), tal y como viene siendo habitual en las antologías últimas. Literarias y no literarias. Ahí está <a href="http://tienda.lafabrica.com/es/-fotografia-y-arte/3561-comprar-libro-contemporaneos-treinta-fotografos-de-hoy.html" target="_blank"><em>Contemporáneos/Contemporaries</em></a>(La Fábrica): una selección de treinta fotógrafos nacidos a partir de 1958 o, lo que es lo mismo, a partir de <strong>Alfonso Zubiaga</strong>.</p><p>La edición corre a cargo <strong>Rubén García</strong>. Y en ella se incluyen más de doscientas imágenes de artistas principalmente de España, pero también de América y Europa (como <strong>Robert Harding Pittman</strong>,<strong> Andrejs Kovalovs</strong>,<strong> Veronika Marquez</strong> o <strong>Fernanda Ramos</strong>). Una voluntad de antología global (y bilingüe) muy acorde con los tiempos que vivimos. Y que sin duda merece ser destacada e imitada. ¿Para cuándo una antología de poetas contemporáneos de todo el mundo? Una selección en la que <strong>Sharold Olds</strong> y <strong>Anne Carson</strong> compartan papel con <strong>Zagajewski</strong>, <strong>Alice Oswald</strong> o algunos de los grandes poetas en lengua española de la actualidad. A la manera de <em>Against Forgetting</em>, de <strong>Carolyn Forché</strong>, pero sin que los poemas tengan que versar sobre un tema común (en aquel caso los conflictos bélicos). Por supuesto, el riesgo y la exigencia serían mucho mayores para el antólogo. Triple salto mortal sin red. Si bien, todas las selecciones y clasificaciones tienen mucho de personal. Pongamos un ejemplo: el lector que soy no entiende que en ninguna de las dos antologías de poesía joven aquí referenciadas no se incluya a <strong>Juan Marqués</strong>, <strong>Álex Chico</strong>, <strong>Sofía Castañón</strong> o <strong>Alejandro Simón Partal</strong>. Y lo mismo sucede con la selección de Rubén García, en la que echo en falta a los fotógrafos <strong>Luis Díez Baylón</strong>, <strong>Gervasio Sánchez</strong>, <strong>Luis Vioque</strong>, <strong>Laura Torrado</strong>...</p><p>Como ya se ha comentado antes, <em>Contemporáneos/Contemporaries</em> aporta un breve texto acompañando las imágenes de cada fotógrafo, permitiéndonos así profundizar en su obra. <strong>Oliver Haupt</strong> reflexiona sobre lo transitorio: “¿Cómo se puede disfrutar de la belleza de las criaturas y de la belleza de un movimiento al ser consciente de que este desaparecerá en el siguiente instante para esfumarse en la nada? ¿O es ser finito lo que da sentido a la vida?”. <strong>Ely Sánchez</strong>, por su parte, entiende la fotografía como un espacio “de reflexión, de revelación, de encuentro privado, de desintoxicación, de universos abiertos, de alas desplegadas, de tentación al vértigo, de desafío frente a la nada. Y el todo en paz. Fugazmente. Porque más allá del decirse está el interpretarse”. Ahora que todos llevamos una cámara en el móvil y la capacidad de hacer pública o viral dicha captura, se agradece comprobar que detrás de estas imágenes hay también un discurso.</p><p><strong>Alejandra Carles-Tolrá </strong>es el fotógrafo más joven de entre los seleccionados en <em>Contemporáneos/Contemporaries</em>. Nació en 1988, el mismo año que <strong>María Eugenia Motilla</strong>. La primera escribe: “En mis fotografías pongo el enfoque en las dualidades. (...) La violencia y la elegancia, la fragilidad y la fuerza, lo masculino y lo femenino”. Y uno presiente que esta afirmación podría acompañar los poemas de la joven escritora madrileña. Sin duda resulta un ejercicio muy interesante contrastar las conexiones y concomitancias entre los poetas de <em>Nacer en otro tiempo</em> y las fotógrafos más jóvenes de entre los seleccionados por Rubén García, nacidos todos ellos en los ochenta: <strong>Álvaro Calvo</strong>, <strong>Carlos Folgoso</strong>, <strong>Pedro Galisteo</strong>, <strong>Vittorio Mortarotti</strong>, <strong>Juan Rodríguez</strong>, <strong>Gabri Solera</strong>...</p><p>Así, la reflexión sobre el retrato fotográfico que propone <strong>Cristina Calvo</strong> frente a los “antirretratos” de <strong>Víctor Peña Dacosta</strong>. El poema “Sarajevo” de <strong>Paula Bozalongo</strong>, leído al hilo del trabajo de <strong>Manel Quiros</strong> sobre la pobreza en Burkina Faso. La realidad brumosa de <strong>Diambra Mariani</strong> (en la línea de <strong>Todd Hido</strong>) y el claroscuro metafórico de <strong>Ruth Llana</strong>. O qué decir cuando el artista tiene la inusual virtud de encontrar la belleza en el daño, como hacen <strong>Sergio C. Fanjul</strong> en su delicado poema “El mal de Alzheimer” y <strong>Rubén Plasencia</strong> en su particular ensayo sobre la ceguera. Y luego está la “Palabra / de celebración” de <strong>Luis Llorente,</strong> que podría ilustrarse con la imagen de <strong>Rafael Ayuso</strong> que sirve de portada para <em>Contemporáneos/Contemporaries</em>: sin duda una de las antologías de fotógrafos más interesantes de las publicadas en este país. “Cada periodo cultural produce un arte que le es propio y que no puede repetirse”, escribió <strong>Kandinsky</strong>. Sobre la mesa, veintiocho poetas jóvenes y treinta fotógrafos. El futuro, la constancia, el talento y por supuesto el azar tiran ahora los dados.</p><p>  </p><p> <strong>*Josep M. Rodríguez</strong> es poeta. Su último libro publicado es la antología <a href="http://www.pre-textos.com/prensa/?p=1678" target="_blank"><strong>Ecosistema</strong></a><strong> </strong><em>(Pre-Textos, 2015).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Josep M. Rodríguez]]></author>
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