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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 49]]></title>
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      <title><![CDATA['La novia del lobo', de Aino Kallas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/novia-lobo-aino-kallas_1_1135714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d31f1fc5-6f3c-4eb0-b2b0-7dd38a5ff4f3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'La novia del lobo', de Aino Kallas"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>_________________________</p><p>En el encuentro que mantuvimos en octubre en torno a la novela corta o balada en prosa <a href="http://www.nordicalibros.com/la-novia-del-lobo" target="_blank">La novia del lobo</a>, de <strong>Aino Kallas</strong>, disfrutamos de una de las tertulias más interesantes y completas hasta la fecha, gracias a las intervenciones de la traductora <strong>Luisa Gutiérrez</strong> y el editor <strong>Diego Moreno</strong> y a las aportaciones de quienes participaron con entusiasmo en una conversación que no estuvo exenta de polémicas.</p><p>Pese a que durante décadas fue prácticamente olvidada, Aino Kallas es una de las escritoras más prestigiosas en lengua finlandesa. Recientemente se ha vuelto a reconocer su figura en el panorama literario nacional gracias a la asociación cultural Círculo de Aino Kallas, que anualmente celebra su nacimiento. Existe, además, una casa-museo dedicada a la autora en la isla de Kassari (Estonia), lugar en el que se sitúa <em>La novia del lobo</em>. Luisa nos explicó que en Finlandia se conoce y estudia su obra, pero su lectura resulta difícil por el lenguaje arcaico que Kallas emplea en sus narraciones, que contienen no solo palabras inventadas sino también estructuras gramaticales que se salen de la norma; elementos que dificultan también su traducción. Las innovaciones de Kallas son posibles gracias a que no existe el lastre de una literatura previa, aunque se ve influida por el romanticismo y el simbolismo imperantes a comienzos del siglo XIX y es muy probable que Kallas leyera a autores anglosajones durante el auge de la literatura fantástica. De <em>La novia del lobo</em> llamó la atención de nuestras lectoras la sencillez del texto, que refleja el carácter funcional que posee todo lo nórdico en general, así como la utilización de un lenguaje muy visual que ofrece valiosas descripciones.</p><p><em>La novia del lobo</em>, ambientada en la isla estonia de Hiiumma, narra la leyenda de la joven Aalo que responde a la llamada del <em>Diabolus sylvarum</em> y se interna en el bosque adoptando la forma de un lobo y desplazando su conciencia de mujer con el abandono de la forma humana. La historia se desarrolla en el siglo XVII, momento en el que la sociedad de Hiiumma estaba sometida a la fuerte carga religiosa, supersticiosa y de creencia ciega en lo sobrenatural que caracterizó a la Europa de la Edad Media, cuando cualquier acto de rebeldía contra el rol asignado a la mujer era sospechoso de brujería.</p><p>Los cuentos populares que conforman la historia cultural de cualquier país nos permiten conocer cómo era la sociedad de una determinada época y, a juzgar por su literatura, parece que Aino Kallas era de esta opinión. Finlandesa de nacimiento y estonia de adopción, dedicó buena parte de su obra a dar a conocer la historia y cultura del país que la acogió como forma de combatir la opresión bajo la que se encontraba el pueblo estonio ante el dominio ruso y alemán de principios del siglo XX —que venía alternado con el de Suecia desde el siglo XIII—, por cuya independencia abogó con su participación en el movimiento Joven Estonia (Noor-Esti). Otro de los temas recurrentes en su narrativa es el conocido como el Eros asesino, que se refiere a un amor ilícito que a menudo conduce a la muerte de los protagonistas y que da nombre a la trilogía que conforman las novelas <em>Barbara von Tisenhusen</em> (1923), <em>Reigin Pappi</em> ("El pastor de Reigi", 1926) y <em>La novia del lobo</em> (1928). En torno a estas temáticas y alternándolas con textos que enfatizan en lo mitológico, Kallas —que publicó su primera novela en 1987 bajo el seudónimo de Suomi— firmó una decena de libros de relatos, varias novelas y obras de teatro, poesías, ensayos, memorias y diarios, así como la biografía de la poeta estonia <strong>Lydia Koidula</strong>. Durante la tertulia, hablamos sobre las consecuencias de la alternancia de gobiernos en Finlandia, de la influencia del luteranismo y la Biblia —cuya lectura era obligatoria para obtener el certificado de alfabetización que permitía el matrimonio—, de la apenas conocida guerra civil que se produjo en Finlandia y que sirve de escenario a la novela <em>Espejismo 38</em> de <strong>Kjell Westö</strong>, y de cómo es la relación con Rusia cuya presencia poblacional en la actualidad prácticamente se limita a la región de Karelia.</p><p>A lo largo de la conversación, pudimos conocer algunas condiciones socioeconómicas significativas de Finlandia como las diferencias que existen entre el este y el oeste del país, el paro estacional en torno al 8-10%, la importancia de la industria del papel, el exitoso modelo de la educación pública primaria —que no varía con los sucesivos gobiernos, se adapta a las necesidades de los alumnos estableciendo horarios en función de sus itinerarios y se basa en la calidad y motivación de los maestros, muy respetados por su labor—, la conquista de los derechos de las mujeres muy anterior a los avances en esta materia en nuestro país —contraste que reflejaba <strong>Ángel Ganivet</strong> en sus <em>Cartas finlandesas. Hombres del norte—</em> y el elevado nivel cultural de sus habitantes, que se refleja en la importancia que otorgan al teatro —con numerosos festivales y un elevadísimo número de teatros en todas las poblaciones— y en el hecho de que las bibliotecas —y no los bares— constituyan centros cívicos donde se reúne la población y en los que se puede tomar en préstamo desde libros hasta, por ejemplo, esquíes. En cuanto a Estonia, país en el que se desarrolla la novela, una de nuestras lectoras nos habló del programa de <em>Madrileños por el mundo</em> dedicado a este país, una amena manera acercarnos a su cultura e historia.</p><p>Decía <strong>H.P. Lovecraft</strong> que "el miedo es nuestra emoción más profunda, y la que mejor se presta a la creación de ilusiones que desafíen la naturaleza", que "el horror, lo desconocido y lo extraño están siempre relacionados" y que el ambiente de los cuentos populares nórdicos resultaba más apasionado que el de los latinos. Es esta atmósfera creada por la autora en <em>La novia del lobo</em> la que hace que la historia se valga de los elementos que requiere, siguiendo a Lovecraft, el relato fantástico. El relato incluye, además, algunos elementos que encontramos en el <em>Kalevala—</em>obra capital de la literatura finlandesa—, en cuyos cantos épicos se relata la rebeldía de algunas de sus protagonistas, se presenta el bosque como lugar de retirada para expiar un crimen y se hace referencia a la transformación en un animal —en este caso un águila— para "combatir mejor". Y es que, en nuestra historia, Aalo parece tratar de combatir —abundando en el rol que la sociedad le impone— la parte civilizada de la naturaleza dual de la mente humana; o bien podemos entender la historia como una metáfora de la relación entre los dos sexos e interpretar la transformación de la protagonista como una "vía de escape". Por otro lado, parece que podemos encontrar alguna relación de diversa índole entre <em>La novia del lobo</em> y obras clásicas como el <em>Kalevala</em> y el <em>Kalevipoeg</em> -epopeya nacional estonia-, así como con la literatura contemporánea finlandesa en algunas de las obras de autoras como <strong>Henrika Ringbom </strong>y <strong>Kari Kovalainen</strong> y <em>El molinero aullador</em> de <strong>Arto Paasilina</strong>.</p><p>Luisa nos habló de la importante tradición oral que existe en Finlandia —oralidad que está muy presente en su literatura escrita—, así como de la dificultad de encontrar crítica literaria de los países nórdicos. Esto último es casi una quimera si hablamos de literatura finlandesa, ya que el finés es una lengua literaria relativamente joven y no hay un elevado número de autores que la empleen. Supimos que <em>Los siete hermanos</em>, obra fundacional de la literatura finlandesa, cuenta con una estructura muy similar a la de nuestro <em>Quijote</em>; así como que el estudio de autores extranjeros —entre ellos muchos españoles— ocupa buena parte de las programaciones educativas en materia literaria.</p><p>En cuanto a la novela, comentamos el contexto histórico en el que se desarrolla, que contiene numerosas referencias a personajes históricos, mitológicos y bíblicos. En ella, Kallas recupera el folclore estonio que cuenta con una amplia tradición de leyendas en torno a brujas y hombres y mujeres-lobo, aunque no se ciñe a ninguna de las que componen la tradición oral sino que crea una historia nueva que estructura a la manera de éstas y en la que incorpora tanto elementos con un mayor componente mágico —como los bosques y la sauna— como otros elementos que le otorgan verosimilitud: batidas, tribunales y sus resoluciones, personajes que existieron realmente en la zona, otros casos de hombres y mujeres que han sido “hechizados”, la costumbre popular de atormentar a la parturienta, etc. Con posterioridad a su publicación, la autora realizó una adaptación de la novela al teatro —cuyo final hubo de ser alterado por las dificultades técnicas que entrañaba su puesta en escena— y en 1950 el compositor finlandés <strong>Tauno Pylkkänen</strong> resultó premiado en Italia y obtuvo el reconocimiento internacional por realizar una adaptación a la ópera de la novela de Kallas, inicialmente concebida como narración radiofónica.</p><p>Como sugeríamos arriba, la historia que narra <em>La novia del lobo</em> puede dar lugar a diversas lecturas que generaron un intenso debate entre quienes participaron en la tertulia. Una de ellas se refiere a la predestinación o a la respuesta irracional a la llamada del <em>Diabolus sylvarum</em>, que viene precedida por una serie de marcas —mancha en la piel, color de pelo, etc.— y acompañada de una sensación de pertenencia a la jauría. La otra interpretación hace referencia a la decisión consciente de búsqueda de libertad e identidad o no abandono voluntario de este nuevo estado en la protagonista, en el que da rienda suelta a la exaltación de las pasiones y deseos lupinos y disfruta de la libertad a la que no puede acceder en su forma humana. En opinión de Diego Moreno, ambas lecturas son igualmente válidas e incluso pueden considerarse complementarias. Sin embargo, ante la idea sugerida por una lectora de que la interpretación de la novela como una defensa de la liberación de la mujer podría ser el resultado de un análisis posterior en el tiempo, el editor nos recordó los avances en materia de feminismo en Finlandia e Inglaterra en la época en que Kallas escribió <em>La novia del lobo</em> y afirmó que considera que es precisamente su reivindicación de los derechos de las mujeres (y la denuncia de una Iglesia dirigida por hombres) la que habría motivado la elección de esta historia.</p><p>La narración adopta en todo momento un discurso moralista con el que pretende condenar la osadía de la protagonista, quien en su búsqueda de identidad y a partir de la dualidad de su naturaleza y sus comportamientos se ha liberado en buena medida de las normas que la sociedad le imponía. El narrador se recrea en el trágico final, donde Aalo regresa al hogar con un aspecto miserable y en el que las ejecutoras principales del castigo son las mujeres de la aldea que atacan a Aalo por entender que su conducta atenta contra el cristianismo imperante. Así, tal como comentamos en nuestra charla, en la novela está presente el castigo al diferente y al pecado en respuesta a una serie de miedos ancestrales con los que todos podemos sentirnos identificados en alguna medida. Permanece vigente, también, la idea de la mujer como enemiga de las mujeres mediante la presión social que ejerce contra quienes intentan escapar del rol que la sociedad les ha impuesto.</p><p>Un tema fundamental en la literatura de Kallas en general y en <em>La novia del lobo</em> en particular es la maternidad, uno de los aspectos que han definido históricamente a las mujeres. Pese a que la protagonista, en coherencia con la transformación que experimenta, abandona temporalmente el hogar y a su hija, regresa en varias ocasiones para amamantar a la pequeña, concebir y dar a luz a un nuevo bebé, y no deja de mostrar su preocupación por el bienestar de la familia. Así, la maternidad fue vista por muchos de los participantes en la tertulia como un punto de inflexión en la obra, a partir del cual se expresan diferentes dualismos como la contraposición entre lo doméstico y el mundo salvaje, o el regreso de Aalo al hogar pese al machismo que representa Priidik, que puede deberse a que la presión social hiciera menguar la valentía de la protagonista.</p><p>El vínculo de la maternidad, muy importante para Kallas, es exaltado en diferentes momentos a lo largo de la obra y resulta objeto de las dudas y acusaciones que recaen sobre la protagonista. Así, llegados a un punto de la historia, no solo las mujeres de la aldea, sino también el propio Priidik, dudan de si la paternidad del niño que Aalo ha engendrado corresponde a su marido o al lobo que la separó del hogar. Al comentar esto, Luisa nos explicó que este planteamiento responde a una leyenda estonia según la cual los lobos cambiaban a los recién nacidos de las aldeas por bebés de hombres-lobo, generando la duda de que éstos pudieran formar parte de la comunidad sin ser identificados como tales.</p><p>Diego nos habló del interés de la editorial por facilitar el acceso a una literatura que <em>a priori </em>no nos resulta cercana, así como del intento de que en su catálogo estén representados todos los géneros literarios y países nórdicos; países en su mayoría muy pequeños y pobres pero que han dado lugar a obras literarias de gran calidad cuyo estilo narrativo, frente al del resto de Europa, se aproxima al estadounidense en cuanto a eficacia, sencillez y ausencia de barroquismo. Ambos comentaron la relación de complicidad que <a href="http://www.nordicalibros.com/" target="_blank">Nórdica </a>establece con los traductores, quienes forman parte del consejo editorial, y explicaron que siempre buscan traducciones de alta calidad. En lo que al finés se refiere, solo hay tres o cuatro traductores profesionales en España. Luisa, por su parte, nos contó que la publicación de <em>La novia del lobo</em> es el resultado de una propuesta compartida con la ilustradora <strong>Sara Morante</strong>, proyecto que supuso una tarea lenta pero placentera y un arduo trabajo de documentación para reflejar fielmente la Estonia de la época en cada detalle. En sus ilustraciones, Sara se dibujó a sí misma al dar forma a la protagonista y otorgó una gran importancia a la mirada, donde los ojos oscuros de Aalo representan un símbolo más de exotismo en los países nórdicos. En opinión del editor, la ilustración ofrece otra forma de acercarse al libro y hace del acto de leer algo que va más allá de la lectura.</p><p>Durante la tertulia, una de las participantes explicó que antes de viajar a un nuevo país trata de acercarse a él a través de la literatura y manifestó sus dificultades en lo que a Finlandia se refiere, pues no hay demasiadas obras traducidas. A lo largo de la conversación surgieron diferentes nombres de autoras finlandesas de prestigio como <strong>Minna Canth</strong>, cuya obra no ha sido traducida pero de quien Luisa nos explicó, ejemplificando la importancia del teatro en Finlandia, que siendo una gran defensora de los derechos de las mujeres provocó un cambio legislativo a partir de una única representación de una de sus piezas teatrales. Otras autoras que sí han sido traducidas son la poeta fino-sueca <strong>Edith Södergran</strong> y la novelista y dramaturga <strong>Sofi Oksanen</strong>. Diego nos señaló también que Nórdica acaba de publicar a la finlandesa Leena Krohn, autora de literatura fantástica, con su novela <a href="http://www.nordicalibros.com/tainaron" target="_blank">Tainaron</a>. Confiamos en que cada vez sea menor nuestra dificultad para acceder a la literatura finlandesa pues, a juzgar por lo que dio de sí nuestro encuentro, parece que tenemos en ella una mina aún por descubrir.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jan 2017 15:04:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Abril Gómez de Enterría (Club Casa del Libro)]]></author>
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      <title><![CDATA["Deshielo", de Trinidad Gan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/deshielo-trinidad-gan_1_1203080.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/45654f18-765f-432d-b0a8-4c0c8511c8d5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""Deshielo", de Trinidad Gan"></p><p>  </p><p><strong>Deshielo</strong></p><p>En el retrovisor,</p><p>la niebla sobre un bosque ya ardido,</p><p>apenas unos trazos de esas ramas</p><p>donde palpitan todavía</p><p>las miradas perdidas, el eco de sus voces.</p><p>Pero al frente se abre</p><p>Incierta otra ruta, su desafío</p><p>de horas por cumplir, otro almanaque</p><p>que empieza a deshelar su cuerpo</p><p>sobre la madera cansada</p><p>de esta noria que hoy es mi corazón.</p><p>Y otras luces licúan el glaciar</p><p>de los recuerdos tristes</p><p>y rompen con su fuego los cristales</p><p>en que el frio enjauló nuestra esperanza.</p><p>Todo vuelve a girar cuando amanece.</p><p>Seamos tú y yo, amigo,</p><p>de nuevo alegre noria en movimiento,</p><p>líquida compañía, vivo cauce</p><p>para la sed del tiempo por venir.</p><p><em>*Trinidad Gan es poeta. Su último libro es </em><strong>Trinidad Gan</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/es/home/103-36-papel-ceniza.html" target="_blank">Papel ceniza</a><em> (Valparaíso, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Trinidad Gan]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 49]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Entre el mundo y yo': Los que se creen blancos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mundo-creen-blancos_1_1135678.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/33451218-5d00-43c1-b125-794eb0fefabf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Entre el mundo y yo': Los que se creen blancos"></p><p><strong>Entre el mundo y yoTa-Nehisi CoatesTraducción de Javier CalvoSeix BarralBarcelona2016</strong><em>Entre el mundo y yo</em></p><p>La noche en que <a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2014/11/25/el_policia_que_mato_joven_negro_ferguson_libre_cargos_24388_1022.html" target="_blank">declararon libre de cargos </a>al policía que había matado a <strong>Michael Brown</strong>, el escritor y periodista<strong> Ta-Nehisi Coates</strong> y su hijo <strong>Samori </strong>estaban juntos en casa, delante de la televisión. Brown era joven, era afroamericano e iba desarmado. El agente, <strong>Darren Wilson</strong>, era blanco e iba armado. El primero estaba muerto, y el segundo, libre. Samori, un adolescente de 15 años, musitó "tengo que irme" y se encerró en su habitación. El padre le escuchó llorar. Su hijo acababa de comprender —o, más bien, él se hacía consciente de la comprensión de su hijo— que él, como joven y negro, podía correr la misma suerte que Brown, y que además sus asesinos quedarían impunes. Y lo vivía con el mismo dolor con el que Coates llevaba batallando toda su vida. Decidió escribir una nueva versión de "The fire next time", de <strong>James Baldwin</strong>, en la que el autor reflexiona sobre el papel de la raza en la historia de Estados Unidos bajo la forma de una carta a su sobrino de 14 años. medio siglo después, Coates le escribe a su hijo en <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-entre-el-mundo-y-yo/218686" target="_blank">Entre el mundo y yo</a> (Seix Barral), ganador del National Book Award de 2015. </p><p>Esa es la principal fuerza del ensayo, mitad autobiografía de un autor criado en los suburbios de Baltimore que es hoy redactor de <em>The Atlantic</em>, mitad aullido sobre la injusticia de la opresión. Coates se dirige a su hijo, y eso le permite no solo ser cálido e íntimo, sino también honesto y brutal, tan justo como puede ser un padre tratando de ofrecer a su hijo las preguntas adecuadas que formular al mundo y la compañía necesaria para responderlas. Ese efecto libera al autor, además, de un peso con el que carga cualquier colectivo oprimido en razón de su raza: la mirada del hombre blanco. Este no es un libro escrito para blancos. No se hace en él pedagogía del dolor del otro ni se emplea el tiempo en señalar unas desigualdades que los que las sufren conocen de sobra. Este es un espacio de comprensión y seguridad en el que se dan por sentadas ciertas heridas, ciertos alivios y ciertos orgullos compartidos por el hecho de saberse negros en un mundo dominado por los blancos. Los que no comprendemos —ni comprenderemos nunca del todo— esos caminos dolorosamente frecuentados durante siglos tenemos ahora la suerte de que nos dejen escuchar. Callar y escuchar. </p><p>Coates vive y escribe en Estados Unidos, donde el 13% de la población, 30 millones de personas, es afroamericana, y donde el 37% de los presos también lo son. Un país en el que un chico negro que deje abandone la secundaria tiene un 60% de posibilidades de acabar en la cárcel, como señala el propio autor. Él se crió en un barrio en el que todos estos miedos eran reales, en el que el miedo a recibir un disparo o a acabar entre rejas —el miedo a "perder el cuerpo" en palabras de Coates— era real. En los suburbios que ni siquiera conocía vivían personas que, simplemente, no tenían que temer por sus vidas ni tomar precauciones, evitar ciertas esquinas o alertarse ante ciertos tonos. De este lado, él tenía que encargarse de su cuerpo para que no se lo arrebataran. La literatura es un espacio de empatía que permite vivir dentro del cuerpo de los que no son como el lector. El relato de <em>Entre el mundo y yo</em> ejercita alimenta esa empatía tanto como la pone a prueba. </p><p>Detrás de eso, algo que solo entendería años más tarde: "La raza no es la madre del racismo, sino su hija. Y el proceso de designar al 'pueblo' nunca ha dependido de la genealogía ni de la fisiognomía, sino de la jerarquía". El problema no es tener la piel oscura. El problema son "los que se creen blancos", los que vieron en ese rasgo físico una categorización, y por lo tanto una jerarquía. El problema son "los Soñadores", los que creen vivir el sueño americano —pero podríamos llamarlo el sueño del Estado del Bienestar— sin querer ver que lo hacen sobre las espaldas de otros muchos.</p><p>(Paréntesis. España quizás no haya tenido una Guerra Civil motivada por la esclavitud, y quizás la raza no esté en el debate público ni entre las prioridades de la mayoría. Quizás no tenga un largo historial de jóvenes negros asesinados a tiros por la policía. Pero tiene un pasado colonial, unas pateras, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/politica/2015/10/15/archivada_causa_judicial_por_los_quince_inmigrantes_muertos_tarajal_39238_1012.html" target="_blank">un Tarajal</a> y unos agentes que hacen redadas ilegales basadas en el perfil racial.)</p><p>Ante esa injusticia evidente, cargada sobre generaciones de esclavos que pasaron a ser generaciones de trabajadores baratos y desechables, Coates no ofrece respuestas, sino su propia rabia, su propia desesperación, sus propias preguntas y la senda particular que él recorrió para tratar de resolverlas. Sus palabras llegan como golpes a este lado de los suburbios, de la placidez y la certeza de que nadie va a robarnos el cuerpo: "Una sociedad que protege a algunos por medio de paraguas de escuelas, préstamos para la vivienda respaldados por el gobierno y una riqueza ancestral, y, en cambio, a ti solamente te protege con el garrote de la justicia criminal, o bien ha fracasado  en su intento de hacer realidad sus buenas intenciones o bien ha conseguido poner en práctica algo mucho más siniestro".</p><p>Los lectores negros encontraran aquí un relato gemelo al suyo —la sensación de estar encarcelado en una sección del mundo mientras otros lo recorren a sus anchas pero también el descubrimiento de la propia estirpe, de una historia común— y unas preguntas como las que ellos se hacen. Cómo luchar, con el pacifismo de Luther King o con la respuesta de Malcolm X. Cómo vivir con la propia ira. Cómo preparar a los hijos para un mundo que les golpeará sin pensarlo dos veces. No es poco en un sector editorial apenas interesado en las vivencias de las minorías y en una industria cultural que no les enseña más que los roles a los que les quiere limitar. </p><p>Hay otro mensaje que no está destinado a los blancos, pero del que los blancos deberían tomar nota. Primero, en una cita del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn: “Preferiríamos decir que no existe esa gente [los malvados], que no hay nadie así. Para hacer el mal, un ser humano tiene que creer en primer lugar que lo que está haciendo es bueno, o bien que es un acto aceptable y conforme a la ley natural”. Luego, en los últimos consejos de Coates para Samori: “Te animo a que luches. (…) Pero no luches por los Soñadores. Ten esperanza para ellos. Reza por ellos, si te apetece. Pero no apliques tu lucha a su conversión. Los Soñadores tendrán que aprender a luchar ellos, a entender que el terreno de su Sueño, el escenario en que se han pintado a sí mismos de blanco, es el lecho de muerte de todos”.</p><p><em>*Clara Morales es periodista de </em><strong>Clara Morales</strong>infoLibre<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Racismo,Los diablos azules número 49]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Corazón de la serpiente': Pavesas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/corazon-serpiente-pavesas_1_1135666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ee8a9039-314e-4561-95e1-87338239677b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Corazón de la serpiente': Pavesas"></p><p><strong>Corazón de la serpienteManuel MoyaPre-TextosValencia2016</strong><em>Corazón de la serpiente</em></p><p>Autor de un extenso corpus que abarca todos los géneros, <strong>Manuel Moya</strong> (Fuenteheridos, 1960) ha publicado más de una decena de poemarios, reconocidos con importantes premios, cuatro novelas, colecciones de relatos y ha versionado al castellano las voces de <strong>Fernando Pessoa</strong> y sus heterónimos. Es pues, uno de los escritores más representativos de su generación y mantiene en su escritura un persistente afán indagatorio.</p><p><em>Corazón de la serpiente </em>es una obra breve, que apenas contiene una veintena de composiciones. En ella persiste el tema nuclear de las últimas entregas del autor, el forjado de la identidad; lo que el poeta ha dado en llamar “estética del balbuceo”, una terminología que emana de la ausencia de certidumbres y de la lectura de claves en el entorno, como si cada elemento del paisaje fuese una cifra preciso, un diálogo ofrecido a los sentidos.</p><p>Manuel Moya convoca en su libro un paratexto desplegado, con referencias culturales básicas para entender el discurrir de su poesía. A las citas iniciales de <strong>Calvert Casey</strong> y<strong> Czceslaw Milosz</strong>, se añade el magisterio de <strong>Mario Luzi </strong>como inspirador del poema umbral, una composición apelativa en la que el sujeto verbal pone cerco a su incertidumbre, como si necesitase ubicar su itinerario personal en ese mapa desplegado que hace del horizonte existencial un espejismo; a esa composición pertenecen estos versos: “ A veces, al mirar al horizonte / soy consciente de que, por más que corra, / no lo alcanzaré, / porque el horizonte es también un espejismo, / como yo lo soy, / como lo es el arco para el animal que agoniza”.</p><p>En <em>Corazón de serpiente </em>el discurrir temporal refleja una inercia dura y seca en la que el sujeto se siente un superviviente. En ese estar frente al vacío suena el pensamiento como un tren de largo recorrido que repite itinerarios para nombrar la realidad. Otra vez el balbuceo, la mansedumbre de tantear la superficie de las cosas sin descubrir su esencia, como si el lugar del poema –el castillo kafkiano- tuviese la entrelaza constitución arquitectónica del laberinto: "Y mientras no logro poner en claro la razón de mi huida, / me pierdo, me voy perdiendo en una carretera que gira y gira / en torno a mí / y a ese castillo, como una horca que en cada curva me apretara / un poco más". </p><p>Una de las composiciones de altura es "Hear of the snake blues", un homenaje a <strong>B.B. King</strong>, el músico y compositor nacido en Itta Bena, Misisipi, en 1925 y fallecido  en Nevada en 2015. El poema recrea con un largo monólogo dramático las secuencias biográficas más conocidas del <em>bluesmen</em>: sus comienzos profesionales en Memphis y su genealogía familiar en la sufrida geografía sureña de esclavitud y algodonales, que tanto marcarían el intimismo de una música atemporal  y solidaria con el dolor. No es la única composición de homenaje, también se canta el recuerdo de <strong>Dylan Thomas</strong> en “El gran bosque” y hay otra versión celebratoria al poeta visionario <strong>W. B. Yeats</strong> a partir de uno de sus poemas esenciales, “Un aviador prevé su muerte”</p><p>Las composiciones evocativas tienen un fuerte componente visual. Como si dejaran sitio en sus versos a la mirada plástica de <strong>E. Hooper</strong>, uno  de cuyos personajes se hace destinatario de una larga misiva amorosa. La pintura figurativa de Hooper se hace crónica realista de la soledad y el ensimismamiento; los personajes personifican solitarias balizas en medio del paisaje, que retienen las miradas del observador, como mensajes de auxilio, como si hicieran llegar al otro la necesidad de tender puentes: “Ya, puedo pensar que todo esto no se llevará el dolor que sientes, / pero quizás le guste saber que ahora aquí, desde tan lejos,  el  sol se alza sobre el campo / y pasa un carromato camino del mercado y los perros ladran  a la luz y a las mimosas. / Es posible que quieras saber y es por eso que le escribo que aquí está amaneciendo, /  que no hay un solo lugar sobre la tierra donde no amanezca/ hoy, alguna vez, todos los días “. Otro fleco salido de la pintura de Hooper es “Ante mujer haciendo una pizza”, nueva reivindicación de esta estética de la desnudez; los personajes se definen a partir de sus gestos, como si la existencia diaria mantuviese su propia épica. Lo inadvertido, esas pavesas que dispersa el viento, proclama con nítido sentir que cada yo deja en el agua su estela transitoria, el trazo leve de una cortina que mueve el viento.</p><p>Somos para la muerte, ese largo viaje donde no hay regreso,  y así hay que asentir sin solemnidad lapidaria ni verbo dramático. De ahí, esa fuerte sensación de orfandad que sirve como núcleo argumental al poema “Hoy”, o en el contundente tramo final de “Sin hielo por favor” donde hallamos al sujeto verbal embarcado en la búsqueda del lugar propio, como una sombra terca a contratiempo.</p><p>El discurso poético de Manuel Moya indaga en el pensamiento. Se hace introspección a través de elementos personales y culturales que otorgan a su poesía un pulso nuevo. Los versos tantean frente a las cosas, desdeñan hermetismos para mostrar la inquietud desencantada de quien viaja siempre sobre una frágil geografía, a merced del tiempo.</p><p><em>*José Luis Morante es crítico literario y profesor de literatura.</em><strong>José Luis Morante</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Corazón de la serpiente': Pavesas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 49]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Ciudades', de Antonio Jiménez Millán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ciudades-antonio-jimenez-millan_1_1135657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5e0b976b-31da-487c-98f3-97817c96fd2f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Ciudades', de Antonio Jiménez Millán"></p><p><strong>Ciudades (Antología 1980-2015)Antonio Jiménez MillánPrólogo de Luis García MonteroRenacimientoSevilla2016</strong><em>Ciudades</em><em> (Antología 1980-2015</em></p><p>A pesar de su ausencia en un canon antológico a todas luces insuficiente a estas alturas, la poesía de <strong>Antonio Jiménez Millán</strong> es, para muchos, una de las más sólidas de la poesía española contemporánea. Así lo afirma también <strong>Luis García Montero</strong> en su prólogo, imprescindible, a esta selección de setenta poemas en la que el autor ha condensado lo más representativo de su obra de los últimos treinta y cinco años. Elegir <em>Ciudades</em> como título abre la base urbana de esta escritura a los itinerarios de una aventura que es a la vez individual y colectiva, que entreteje calles y sueños, memoria y resistencia, vitalismo y meditación, amor y tiempo, noches y libros, conspiraciones y desengaños de un individuo que encarna en sus poemas a toda una generación de la transición entre la dictadura y las esperanzas democráticas pronto maltratadas por un desarrollismo sin concesiones.</p><p>Con <em>Ciudades </em>el poeta ofrece ahora en una selección muy estricta algunos de los mejores frutos de una trayectoria cuya primera etapa la recogía la antología de 1987 <em>La mirada infiel (1975-1985)</em>, ampliada luego en 2000.Quedan fuera de <em>Ciudades</em> los libros de los años setenta y sólo se incluyen cuatro poemas de <em>Restos de niebla</em> (1981-1982) y seis de <em>Ventanas sobre el bosque</em> (1983-1985), Premio Rey Juan Carlos I, que sitúan al lector actual en el primer tiempo de la escritura de este poeta tan exigente como medido, “poeta tranquilo”, como <strong>Germán Yanke </strong>atinó a definirlo. Diez poemas en los que ya se perfila con claridad una poética de la lucidez y del recelo, del diálogo crítico con las propias tradiciones de una amplísima cultura vivida (<strong>Pasolini, Breton, Zambrano, Stendhal, Lorca, Alberti</strong>, etc.), nada “novísima”: son las “dudosas dádivas del tiempo” que la memoria mantiene a flote enredadas en los viejos amores y en los libros, en la estela borrosa de los sueños colectivos de libertad y los fracasos sucesivos de nuestra historia presente, en las revelaciones de la madrugada por calles de ciudades revividas entre la nostalgia y la espera: “A veces también surgen/ héroes de las derrotas,/ pero no los perdona el tiempo:/ recuérdalo ahora, en esta playa,/ donde suena a lo lejos el rumor del combate/ y yo vengo a decirte los restos de un naufragio” (“Faro de Trafalgar”).</p><p>Los poemas de <em>Casa invadida</em> (1989-1992) muestran la complejidad de un momento decisivo en la actividad poética de Antonio Jiménez Millán. Sobre el “mapa irregular” de los escenarios sucesivos (habitaciones prestadas, ruinas industriales, lugares de la noche y de la fiesta, carreteras y barrios evocados) se despliega un extrañamiento de la mirada que va estableciendo las condiciones y los tonos diversos de la distanciada meditación del poeta sobre el tiempo y la medida reflexión sobre la propia retórica, que se proyecta en ocasiones sobre la écfrasis para recuperar, casi siempre disolviéndose en vestigios de figuras y de espacios, las facetas distintas de la identidad y de la conciencia poética de la realidad y la memoria, que encuentran su más propia ilustración en poemas como “Fábrica abandonada” (<strong>Juan Vida</strong>), “Melancolía” (<strong>Edward Munch</strong>), “Ciudad de invierno” (<strong>David Hockney</strong>) o “Night Shadows” (<strong>Edward Hopper</strong>): “Interiores velados. Fotografías en las que alguien mira a través de un cristal que se empaña, contempla la calle donde un hombre va solo y con prisa por alcanzar su refugio (…). Ese hombre ha olvidado otros paisajes: al doblar la esquina mira hacia la ventana y se acuerda de una fotografía de interior, muy antigua, en el margen de una página que ya no acierta a desvelar”.</p><p><em>Inventario del desorden</em> (1994-2002), Premio Ciudad de Melilla, abre un tiempo nuevo en la poesía de Antonio Jiménez Millán. El poeta elabora su personal inventario de un biografía en medio de la historia común. A partir de la apariencia paradójica del título, la escritura se aplica a desentrañar los procesos y a establecer conclusiones provisionales, partiendo en primer lugar del propio origen. En ese proceso el libro se abre en “Dominio de la herrumbre” con la recuperación de la figura del padre en un diálogo desde la distancia ideológica que va formulando en tiempos sucesivos un lúcido juicio a la opresiva realidad española de la posguerra a la vez que elabora una modélica conclusión sobre lo contradictorio del propio sentir, todo aquello que se resiste a un balance cerrado y suficiente: “Porque la vida,/ como decía <strong>Melville</strong>,/ es algo más que la supervivencia,/ no he de mirar un tiempo de exterminio/ ni un gesto inútilmente autoritario,/ sino la luz que invade/ esas fotografías que no venció el olvido/ y nos traen, de pronto,/ un sentimiento ambiguo,/ un amor que no excluye la distancia,/ así, en la intimidad,/ que es el lugar de la contradicción”.</p><p>El inventario sobre el que actúan otros espacios del pasado y otras figuras fantasmagóricas de la memoria establece diversas formas de distanciamiento de los rituales del miedo y el absurdo que lastran la conciencia superponiendo capas de tiempo sobre un presente amenazado: “Pero antes de alcanzar su dimensión de símbolo, como el frío y la ceniza dispersa, puede el tiempo convertirse en escenario. Su arquitectura secreta nos envuelve y somos, entonces, figuras inmóviles o cambiantes, regidas por su ley. Y, sin poder llegar al otro lado del espejo, compartimos un teatro de sombras” (“Casa invadida”, V). El poeta compone un mosaico de referencias (<strong>Ginsberg, Orwell, Javier Egea, Baudelaire, Orson Welles</strong>, etc.) para fijar desde el diálogo con la literatura y las artes otras tantas constancias históricas inseparables de la experiencia íntima: el descrédito de ciertos ideales, las traiciones históricas, la decadencia y la trivialidad presentes de la vida colectiva. Historias de abdicaciones y fracasos que se equilibran precariamente, sin embargo, con otras certezas: la inocencia de unos ojos infantiles sin pasado, las renovadas experiencias amorosas (“El balneario”, “Fábula y despedida”) y la aceptación en última instancia de la vida en tránsito por el simulacro torpe de los días.</p><p>Cerrando <em>Inventario del desorden</em>, “Desde una biblioteca antigua”, tan emotivo como sombrío, evoca la figura de la madre, antigua bibliotecaria de la facultad de filosofía y letras de Granada, al reconocer su letra en las fichas de la biblioteca, esa “caligrafía del pasado/ que me habla desde el fondo de mí mismo”. La ternura desemboca, sin embargo, en la consideración última de la fugacidad que cierra el libro: “Por las aulas desiertas,/ por los viejos pasillos ya sin nadie,/ un aire de solemnidad vencida/ me recuerda/ cómo cambia el paisaje de los sueños/ y cómo va acercándose la muerte hacia nosotros”.</p><p>La densa indagación en presente sobre la relación entre la propia biografía y la vida colectiva se abre a otros motivos y a mayor amplitud de referencias en <em>Clandestinidad </em>(2004-2010), XIII Premio Generación del 27. La diversidad de tonos y ritmos canaliza en los poemas que aquí se rescatan el juego de distancias entre la sobriedad meditativa, la intensidad sentimental y las distancias del sarcasmo y la ironía (“Días tranquilos en el Albaicín”). El diálogo con la literatura, de <strong>Caballero Bonald </strong>a <strong>Herman Hesse</strong>, <strong>Henry Miller</strong>, <strong>Valery</strong>, <strong>Borges</strong>, <strong>Bataille</strong>, <strong>Pavese</strong>, <strong>Joan Margarit</strong>, etc., se fusiona con el de las otras artes (fotografía, cine, pintura, música) para componer un conjunto de gran riqueza de relaciones. La introspección recupera ahora el extrañamiento ante el espejo de la memoria (“Demian”) o superpone sobre las ideas del joven de 1976 las dudas del presente: “A veces se pregunta/ si de verdad deciden otros,/ si todo se limita a luchas callejeras sin sentido,/ reuniones clandestinas y discursos/ al margen de la realidad,/ si han ardido los sueños/ como las hojas secas que alguien quema/ junto a los muros de una casería,/ si es el miedo el que impone sus redes inasibles,/ al salir a esas plazas/ tomadas por sicarios de uniforme,/ si todo se convierte en pacto de silencio,/ un silencio de acuario” (“Pasado”).</p><p>La clandestinidad que da título a este libro pone en primer término otros de los poemas aquí recogidos, que vuelven sobre las distintas clandestinidades del pasado político, del erotismo y los amores (“Terral”, por ejemplo), de las adicciones (“El túnel”) y también, en “Furtivos” –uno de los poemas que aquí echo de menos entre otras estampas del presente–, de los nuevos clandestinos que arriban a las playas en la oscuridad de la noche empujados por la necesidad de sobrevivir: “Si consiguen llegar a las playas desiertas,/ serán supervivientes de otro oscuro engaño./ Sólo sombras furtivas, clandestinas”.</p><p>Todo el conjunto apunta, por lo demás, en pos de la lucidez poética, que es a la vez exigencia moral, a una supervivencia íntima, a la resistencia de una forma de compromiso y de una vitalidad sentimental que adquiere su valía sobre los claroscuros que componen el libro. Vitalidad y compromiso que se muestran, igualmente, en los poemas inéditos con cuyo balance algo irónico se cierra <em>Ciudades</em>: “Ahora todo está mucho más claro:/ en la vida y en la literatura/ hay que saber guardar distancias, no creerse los fuegos de artificio”.</p><p><em>*Francisco Díaz de Castro es poeta y profesor de literatura.</em><strong>Francisco Díaz de Castro</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Díaz de Castro]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Ciudades', de Antonio Jiménez Millán]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 49]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['El espíritu de la ciencia-ficción': Alegres y leprosos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/espiritu-ciencia-ficcion-alegres-leprosos_1_1135652.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d8f61396-88a0-46ee-ad38-65c61f1ad70e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'El espíritu de la ciencia-ficción': Alegres y leprosos"></p><p><strong>El espíritu de la ciencia-ficciónRoberto BolañoPrólogo de Christopher Domínguez-MichaelAlfaguaraMadrid2016</strong><em>El espíritu de la </em><em>ciencia-ficción</em></p><p>Los inéditos que dejó <strong>Bolaño </strong>no parecen agotarse nunca, el empeño de los responsables de sus derechos por darles lustre a viejos manuscritos parece crecer con el paso del tiempo. Desde que el escritor murió en el 2003 se han publicado ya diez obras que quedaron inéditas y quizás inacabadas, empezando por la ponderadísima <em>2666</em> (2004).</p><p>El caso es que el autor no consideró oportuno publicar <a href="http://www.megustaleer.com/libro/el-espiritu-de-la-ciencia-ficcion/ES0148529" target="_blank">El espíritu de la ciencia-ficción</a>, aunque tampoco destruyó el manuscrito cuando pudo hacerlo, y en cambio sí quemó sus obras de teatro. La narración está fechada en Blanes, en 1984, el pueblo de la provincia de Gerona donde el autor residía. En esa fecha, Bolaño había publicado en México un libro de poemas (<em>Reinventar el amor</em>, 1976) y una novela en colaboración con <strong>Antoni G. Porta</strong> (<em>Consejos a un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce</em>, 1984), habiendo obtenido además algunos premios en concursos de provincias. Se trataba, en suma, de un autor completamente desconocido.</p><p>Tuvieron que pasar doce años, que es cuando aparece en Seix Barral <em>La literatura nazi en América</em> (1996), para que una de sus obras llamara de veras la atención. El título resultaba llamativo, aunque no siempre se haya citado de forma correcta; aparecía en una editorial prestigiosa y la crítica fue muy favorable (<strong>Juan Antonio Masoliver Ródenas, Javier Goñi</strong> y <strong>Alfredo Taján</strong>, entre otros). Solo dos años después, cuando el autor contaba 45, le llegó la consagración definitiva, en España e Hispanoamérica, con <em>Los detectives salvajes</em>, novela con la que obtuvo el Premio Herralde y el Rómulo Gallegos.</p><p>Lo primero que llama la atención de <em>El espíritu de la ciencia-ficción</em> es el título, aunque al fin y a la postre no responda en esencia al contenido. Sin embargo, sabemos que Bolaño, como lector compulsivo que era ("escribir",  confiesa en una entrevista concedida en el 2001, "no es lo más importante; lo más importante es leer"), se mostró muy interesado por la narrativa de ciencia-ficción, sobre todo por la obra de <strong>Philip K. Dick</strong> y <strong>Ursula K. Le Guin</strong>, como puede apreciarse en la conversación que mantuvo con <strong>Rodrigo Fresán</strong>, publicada en la revista <em>Lateral</em>, o en un artículo recogido en <em>Entre paréntesis</em> (2004) titulado “Philip K. Dick”. Esta manera de titular sus novelas no le será ajena, ya que varios de sus libros posteriores utiliza una fórmula parecida, al poner énfasis sobre un género literario o sobre la propia ficción: <em>La literatura nazi en América</em>, <em>Nocturno de Chile</em> (2000) o <em>Una novelita lumpen </em>(2002).</p><p>El escritor chileno ha reconocido que sus libros están relacionados, pues se complementan y matizan (<em>Bolaño por sí mismo</em>, pág. 118). Y tampoco ésta es una excepción. ¿Se trata, acaso, de un antecedente de <em>Los detectives salvajes</em>, como señala el prólogo? Creo que sí. Otros críticos la han relacionado también con <em>Estrella distante (1996)</em>, <em>Amuleto</em> (1999) e incluso con sus poemas en prosa... El caso es que aquí aparecen diversos personajes que no cuesta relacionar con seres reales: desde el mismo autor, que se identifica de forma explícita con<strong> Jean Scharella</strong> (pág. 204), aunque quizá se reencarne en Remo Morán, en la que –por cierto— resulta ser la primera aparición de este personaje en la obra de Bolaño. Luego, en <em>La pista de hielo</em> (1993), comparte con Gaspar Heredia la condición de <em>alter ego</em> del autor. Pero, sigamos, pues José Arco parece inspirado en el poeta y compinche <strong>Mario Santiago</strong>, quien aquí conduce ya la Honda negra que encontramos en el poema “El burro” (<em>La Universidad Desconocida</em>, 2007, p. 383). En cambio, en otros momentos de la narración, Remo quizá se identifique con el poeta chileno <strong>Jaime Quezada</strong>, el cual vivió unos meses en la casa familiar de Bolaño en el D.F. También hace acto de presencia, con su propio nombre, la escritora uruguaya <strong>Alcira Soust Scaffo</strong>, que en <em>Los detectives salvajes</em> acabará encarnándose en Auxilio Lacouture, “la madre de la poesía mexicana”. Y nos encontramos igualmente con Laura, la Princesa Azteca, “la muchacha más hermosa que había visto en mi vida” (pág. 199), según Remo, su amante, que resurge en <em>Amuleto</em>, y que debe estar inspirada en <strong>Lisa</strong>, la novia del autor en el México de 1974. Por su parte, las hermanas Torrente, Teresa (amante de Jan) y Angélica, tienen todos los visos de ser las Font de <em>Los detectives salvajes. </em>Como ven, la novela resulta ser un semillero de personajes y situaciones que luego se perfilarán en los relatos posteriores de Bolaño, como es el caso también de Estrellita y su hijo pintor, cuya obra vendía en los cafés, anticipándose a Lilian Serpas, tal y como aparece en la novela de 1999; Isou y Altagör, padres del Letrismo y de la Metapoesía, respectivamente; la Universidad Desconocida (“una universidad que nadie conoce”, pág. 145); el Conasupo, trasunto del organismo Conaculta, o el mismísimo y real café La Habana, llamado café de Quito en <em>Los detectives salvajes</em>. Y desde luego no faltan los héroes “alegres y leprosos”, estudiantes bohemios que frecuentan más los talleres de escritura que las clases de la universidad<em>, </em>que juegan a vivir como poetas, a hacer de su existencia una obra de arte, aunque la mayoría de ellos no pasara de ser meros <em>poetastros</em>, quienes intentan sobrevivir como correctores editoriales y colocando algún que otro artículo en periódicos y revistas. Y, por último, para no competir con el listín de teléfonos, los juegos de guerra, a los que tan aficionado era el autor, tal y como cuenta en <em>Bolaño por sí mismo</em> (pág. 46), o lo representa <strong>Andrés Ibáñez</strong> en su excelente novela <em>Brilla, mar del Edén </em>(2014). No podían faltar los exiliados españoles republicanos, aquí representados por un tal Rodríguez, director del suplemento cultural del diario <em>La Nación, </em>que Remo tacha de “birria”, que no es otro que el poeta<strong> Juan Rejano</strong>, responsable de la <em>Revista Mexicana de Cultura</em>, suplemento del diario <em>El Nacional</em>. Recuérdese, además, a este respecto, que la ya citada Alcira Soust Scaffo realizó trabajos domésticos, por amor al arte, en casa de los poetas <strong>León Felipe</strong> y <strong>Pedro Garfias</strong>.</p><p>Mientras Jan ha dejado de estudiar y permanece leyendo y escribiendo en la azotea de su casa, Remo y Arco, ambos con 21 años, “el embajador de las ratas” (recuérdese <em>El policía de las ratas</em>, la pieza producida en el Teatre Lliure en el 2013) y “el rey de las ranas” (pág. 60), andan de acá para allá intentando averiguar por qué proliferan los talleres y las revistas literarias en el D.F., lo que los lleva a una de esas búsquedas delirantes en la que Bolaño embarca a sus personajes.</p><p>En los interesantes “Apuntes...” finales, que aparecen como apéndice de la novela, alguno de cuyos materiales se habían mostrado en la exposición y catálogo <em>Archivo Bolaño. 1977-2003</em> (2013), encontramos un índice primitivo. Allí, la novela se compone de tres partes semejantes, mientras que ahora la tercera solo está ocupada por el denominado “Manifiesto mexicano”, en el que se relatan las relaciones amorosas que Laura y Jan mantienen en los baños públicos, sobre todo en el Gimnasio Moctezuma, incluido algún trío. Las dos primeras partes, a su vez, se subdividen en otras tres: “entrevista (la guerra)”, en la cual un joven escritor responde con displicencia a las preguntas de una periodista, quizá la menos lograda del conjunto; “narración”, donde se cuenta las andanzas de los tres amigos; y las cartas. Entre esos apuntes aparece también una hoja en la que Bolaño escribe que en medio de dichas historias “Remo y Jean están con la guerrilla en algún país latinoamericano luchando contra el invasor yanqui // Esto es: ¿Textos de Jan? ¿Sueños de Jan? // <strong>Fidel Castro</strong>, padre de Jan, recibe a este en el aeropuerto de La Habana y se van”. Bueno, pues nada de ello hallamos en nuestra obra. Esa parte final de <em>El espíritu de la ciencia-ficción</em>, el “Manifiesto mexicano”, apareció como un texto independiente, con variantes, en <em>La Universidad Desconocida</em>, lo que nos induce a pensar que Bolaño había desistido de publicar esta novela, en beneficio de reutilizar alguno de los materiales que la componían.</p><p>En mi opinión, esta tercera parte es la más sugestiva, junto al relato de las andanzas de los tres amigos por el D.F. En sus mejores momentos, el tono se acerca al de <em>Los detectives salvajes</em>, e incluso genera aforismos, como el siguiente: "la luna en aquel barrio parecía una sábana puesta a secar en la ventolera del cielo" (p. 169). Destacaría, además, la historia del café chino de Emilio Wong (pág. 125-127). Las cartas de Jean van dirigidas a sus autores de ciencia-ficción favoritos, distinguiendo a Alice Sheldon/James Tiptree Jr., de quienes se habla en <em>Amuleto</em>, y Ursula Le Guin, a las que les envía dos misivas. Ante ellos, Jan se presenta como un cultivador en Latinoamérica del género, que cuenta con 17 años, confesándoles: “Tal vez me he vuelto loco de tanto leer novelas de ciencia-ficción” (pág. 138).</p><p>Se trata, como puede observarse por lo dicho, de una novela de formación en la que los personajes, como ocurre en la obra de <strong>Ricardo Piglia</strong>, quien también se desdobla en un <em>alter ego</em>, se dedican a investigar ciertos hechos. No falta la sátira de los talleres literarios, de la ideología política radical que aquellos jóvenes compartían, así como de las ínfulas y esperanzas vanas de unos jóvenes de escaso talento que colaboran en esas modestas publicaciones: “Artistas del fuego (...), artistas del detritus, desempleados y resentidos, pero no intelectuales”, según los define un personaje (pág. 164).</p><p>La objeción que puede hacérsele es que los distintos materiales que componen algunas de esas partes no acaban de casar, como si les faltara un último hervor. Y sabemos que para Bolaño la estructura lo era todo, “la estructura –comenta— es la música de la literatura”, pues se trata del primer problema que tiene que resolver el escritor (<em>Bolaño por sí mismo</em>, pág. 74 y 75). Me parece que los lectores que acudan por primera vez a la obra de Bolaño, aquí se perderán. En cambio, es un libro para quienes estén ya empapados de su literatura. Los más curiosos se preguntarán si esta novela aporta algo nuevo. Me temo que no, aunque añada algún que otro episodio a los que ya habíamos leído, y nos muestre cómo en una fecha temprana empezaba a utilizar su peculiar fraseo, junto con los motivos, personajes y situaciones habituales en sus narraciones posteriores.</p><p><em>*Fernando Valls es profesor de Literatura y crítico literario.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA['El espíritu de la ciencia-ficción': Alegres y leprosos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 49]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El camino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/camino_1_1135645.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1ed50728-b22f-4322-ad6d-81476f4e2e61_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El camino"></p><p><em>(Comienza Lara Moreno.)</em><strong>Lara Moreno</strong></p><p>Me levanté con la noticia de la muerte de <strong>Fidel Castro</strong>. Mi padre estaba sentado a la mesa de la cocina y me miró retador cuando entré; parecía que llevara un tiempo esperándome. ¿Te has enterado? Mi padre en camiseta de manga corta, las ventanas de la cocina abiertas, puro otoño húmedo, la carne cuarteada de sus brazos soportando el helor, ajena a él. De qué me tengo que enterar. El café estaba frío, era del día anterior, mis manos torpes, ateridas, incapaces de abrir la cafetera, de resolver aquello. Se ha muerto el viejo cabrón, me dijo. Giré la cabeza para verle la cara: la cara de mi padre burlona, con migas de pan tostado en la barbilla, la quijada sin afeitar, barba rala de dos días. Había satisfacción en sus ojos, casi ya de pez y tan turbios. Sus ínfimos momentos de felicidad. La muerte del viejo cabrón. La muerte de todos los viejos cabrones, hasta que luego ya no quede ninguno. Ya faltan menos, musité, estate tranquilo. No moví los labios. Rellené la cafetera de agua y busqué el bote del café. Me temblaban los dedos. Apenas había ya, ni siquiera para un caldo sucio. Quise dar un golpe en la encimera, uno fuerte que me hiciera daño y que le hiciera daño a él, que lo asustara. En vez de eso me giré para mirarlo de nuevo, abrí la boca y dije, esta vez muy alto, como si llorara: no hay más café. Mi padre, su camiseta blanca sin planchar, la carne fría caída de sus brazos. ¡No hay más café!, repetí. Entonces él, enfrentándome retador desde su puesto de vigilancia, desde su trinchera, me dijo: ¿te has enterado? Se ha muerto el viejo cabrón.</p><p>Después de aquello no volví a entrar en la cocina. Me duché durante quince minutos, quemándome la piel, frotando bien las ingles, las axilas, me vestí elegante, con ropa antigua, un poco de olor a alcanfor, crucé el pasillo, apenas una sombra al pasar por la puerta de la cocina, el viejo cabrón sentado a la mesa celebrando. Bajé a la calle y me alejé del edificio de nuestra casa, crucé la avenida y atravesé el barrio por su parte más oscura, más detenida. Al fondo de la callejuela, en la esquina, estaban los de siempre sentados a la puerta del locutorio. Dos en el suelo y otros dos en sillas de plástico vencidas. Fumaban en silencio pero se miraban de vez en cuando los unos a los otros como si se hablasen mentalmente, pequeños gestos de aprobación. El mayor, gordo y bigotudo, adelantó la barbilla para saludarme. Temprano hoy. Metí las manos en los bolsillos de la chaqueta y apreté los brazos contra mi cuerpo. Sí, vine pronto. El gordo me habló otra vez, ya sin mirarme, no hay nada todavía, no tengo nada. ¿Luego? Saqué las manos de los bolsillos, blancas, las extendí como si ofreciera algo. ¿Cuándo vuelvo? Y ahora fue uno de los más jóvenes el que se dignó hacerme caso, sus ojos rápidos clavados más allá de mis ojos. Negó con la cabeza, dos veces, seco y amenazante, y yo seguí camino, porque el día era largo, bien largo y repetido, aunque hubiera un viejo cabrón menos.</p><p><em>(Sigue Ana Clavel.)</em><strong>Ana Clavel</strong></p><p>El día era largo, pero de pronto dejó de ser repetido. En la banca solitaria del parque adonde me senté un momento antes de retomar el camino de siempre, alguien había olvidado un móvil de buena marca. Miré hacia todos lados sólo para verificar que estaba de suerte. Podía venderlo y sacarle alguna pasta. O podía quedármelo y mandar al diablo a los del locutorio para hacer mis propios negocios. Como fuera me acerqué a un centro comercial adonde había visto un establecimiento que ofrecía servicios de telefonía.</p><p>La fila de atención a clientes era numerosa. Pasaban los minutos, yo tenía tiempo de sobra, pero la gente comenzaba a dar señales de hartazgo. Un hombre a quien le habían regresado por segunda vez un equipo deficiente vociferó con demandarlos. Mientras la chica que lo atendía se alejaba a consultar el caso a un privado, observé aquella especie de ratonera donde nos encontrábamos como conejillos de laboratorio: la luz artificial blanquecina, la escasez de mobiliario, el aire enrarecido contribuían a la sensación de atrapamiento.</p><p>Delante de mí, dos jóvenes platicaban de la noticia del día. Uno de ellos, con espejuelos al estilo <strong>Lennon</strong>, dijo de pronto:</p><p>—Cuando despertó, no podía creerlo: Fidel ya no estaba ahí…</p><p>Su compañero aprobó en medio de una risotada:</p><p>—Como el cuento de <strong>Monterroso</strong>.</p><p>Yo no sabía quién era ese Monterroso o Monterrojo, pero sí que hablaban del mismo viejo cabrón. Estuve a punto de salirme sin que me atendieran. Entonces reparé en la pared lateral más próxima, cubierta en gran medida por un acrílico azul brillante. Era como un ventanal donde se reflejaba en una dimensión cerúlea el espacio del establecimiento todo, con sus varios mostradores y numerosas filas. Ahí estábamos unos y otros, duplicados en ese mundo en azul. Cuando encontré mi propia figura en la superficie plástica, tuve ganas de levantar la mano y saludarme pero no me animé a pasar por loca.</p><p>Comencé a escudriñar aquel mundo paralelo de sombras y fantasmas azulados. Ahí estaba el hombre al que le habían regresado por segunda vez un equipo que a las primeras de cambio, volvía a fallar. De un tono azul subido, aguardaba con enfado que regresara la muchacha del mostrador. También una mujer de traje sastre de muy buenas carnes azules a la que el policía de vigilancia no le quitaba el ojo.</p><p>Por fin regresó la chica de nuestro mostrador. Con desdén le comunicó al cliente que la empresa no se hacía responsable del aparato porque la póliza había vencido un día antes. En respuesta, el hombre del plano azul la tomó del cuello y comenzó a zarandearla. Pero en vez de gritar pidiendo ayuda, la muchacha parecía disfrutarlo y hasta gorjeaba en azul celeste. Confundida, busqué al policía que no le quitaba el ojo a la mujer de buenas carnes, pero ya no sólo la miraba sino que había pasado a la acción y tras acariciarle los senos, le ponía su propia gorra en la cabeza y ella se dejaba tomar fotos con la cámara de su móvil. Por su parte, los jóvenes que habían hablado del viejo cabrón se habían puesto a hacer cabriolas azules en plena sala de espera y varios les hacían corro y les llevaban la cuenta.</p><p>Esto sucedía en la parte más próxima a mi fila, pero más allá había otras extravagancias insólitas, besos entre desconocidos, manoseos, cuchicheos, bofetadas, golpes... Un pandemónium se desataba en aquel ventanal de acrílico azul mientras de este lado del camino la gente continuábamos en nuestros lugares de tedio y hartazgo con toda nuestra gama de colores reales.  Volví a buscar mi figura en aquel mundo tan azul, tan intenso. Me costó trabajo dar conmigo. No podría revelar lo que estaba haciendo.</p><p><em>(Continuará Sandra Lorenzano.)</em><strong>Sandra Lorenzano</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lara Moreno | Ana Clavel]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Literatura latinoamericana,Narrativa,Los diablos azules número 49]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La mirada de Bauman a la migración]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mirada-bauman-migracion_1_1135637.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/24e763f7-3f6d-4313-b5b3-c6b49d1f2d49_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mirada de Bauman a la migración"></p><p>Entrando el nuevo año, tan lleno de incertidumbres globales a las que <strong>Zygmunt Bauman</strong> hizo frente hasta el último momento, este pensador de origen polaco, de larga experiencia comunista, que transitó desde la ortodoxia a convicciones profundamente democráticas, nos ha dejado para siempre. Bauman fue profesor de sociología en distintas universidades (Israel, Estados Unidos, Canadá), y en la experiencia de su compromiso con los que sufren acuñó conceptos como el de “modernidad líquida”, para intentar comprender nuestra vertiginosa sociedad posindustrial. El libro aquí reseñado, <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-extranos-llamando-a-la-puerta/220255" target="_blank">Extraños llamando a la puerta</a> (Paidós), es su última publicación.</p><p>Las migraciones no son novedad, siempre han existido y constituyen un problema intemporal. Pero con la globalización han alcanzado características propias y unas dimensiones históricas. El “mundo moderno” comporta la producción de excedentes de personas “superfluas”, que se ven forzadas a migrar para buscar un mejor destino o para huir de la guerra. Son personas que llegan a Occidente y nos interpelan desde el desamparo, para despertar sentimientos cada vez más mediatizados y dirigidos políticamente. Se nos presentan como “extraños”, fuera incluso del alcance moral. Lo extraño, desde el miedo como telón de fondo, es aterradoramente impredecible… o lo que es peor, indiferente. La mera presencia de estas personas nos incomoda. No sabemos qué hacer ante estos “extraños entre nosotros”. Pero el miedo es una fuerza potente y siempre hay quienes la rentabilizan para agitar fantasmas y hacernos creer que “la afluencia de tales extraños tal vez haya destruido cosas que nos son muy preciadas, y que esos recién llegados tienen toda la intención de mutilar o erradicar nuestro estilo de vida”.</p><p>El desarrollo de las grandes urbes, con esta afluencia crea rincones atractivos para la <em>mixofilia</em>, la mezcla multicolor de culturas, costumbres y modos de vida. Pero también crea, entre los socialmente más desfavorecidos <em>mixofobia</em>, rechazo a esa diversidad y a lo que representa.</p><p>Ante la contradicción que produce la migración entre el aprovechamiento de mano de obra barata por los empresarios de una parte, y el malestar que se crea en una población depauperada, los gobernantes y candidatos deben optar entre satisfacer a sus amos, es decir, a los propietarios de capital, y aplacar a sus electores temerosos ante esa afluencia de migrantes.</p><p>Bauman, usando la fábula de las liebres y las ranas, nos muestra cómo descubrir otro fondo aún más negro y profundo es un alivio. Los excluidos en la práctica aún pueden sentirse aliviados al pertenecer a la comunidad. Son pobres, pero autóctonos. Sobre sí brilla una bandera a la que acogerse. Ese <em>precariado</em> emergente, aún puede sentirse <em>chez soi</em>. Se antepone aquí un sentimiento nacional frente a la exclusión total, práctica y legal, de los migrantes “sin papeles”. Seres “ilegales” que no disponen ni siquiera del estatuto de “nacionales”. Vagan de un lado para otro, excluidos, sin garantías, sin documentos y sin protección alguna. Son, como decía <strong>Brecht</strong> “heraldos de malas noticias”, signo de una significación indefinida y amenazante: la de las descomunales fuerzas globales que interfieren en nuestras vidas. Su presencia inquieta porque intuimos que nosotros podemos ser los próximos, y por eso nos aferramos a lo único que poseemos, nuestra identidad como españoles, franceses, o alemanes, o griegos.</p><p>Este miedo siembra el pasto que aprovechan políticos sin escrúpulos por ser esa población acogotada un nutrido caladero de votos de ultraderecha. Pero la migración no se exorciza. Seguirá de un modo u otro, y la exclusión nunca será solución. “La humanidad está en crisis –afirma Bauman— y no hay otra manera de salir de esa crisis que mediante la solidaridad entre los seres humanos”.</p><p>Al flujo tradicional de “emigrantes económicos” se añade el provocado por Estados en derrumbe o países sin Estado, escenario de interminables guerras tribales. Esta conjunción de migraciones se acrecienta y acelera por el aumento de la brecha salarial entre países ricos y países pobres. Y ni siquiera esta brecha disminuirá la migración, pues los mecanismos de retroalimentación son muy débiles.</p><p>El miedo facilita la política de “seguritización”, la inclusión y reclasificación como problemas de seguridad de aspectos que antes no lo eran. Utilización y extensión del miedo, “como si el enemigo estuviera tras la puerta”. Después del atentado de París y la respuesta de recortes de libertades y control apelando a la seguridad, la popularidad de <strong>Hollande </strong>se dispara. “La sensación de seguridad existencial es un hecho”. “Esta sociedad que se enorgullece de boquilla (la de sus dirigentes políticos, al menos) de la desregulación progresiva de los mercados y de la 'flexibilización' del empleo, con lo que se propaga la fragilidad de las posiciones sociales y la inestabilidad de las identidades socialmente reconocidas, y crecen sin freno las filas del precariado (…), inseguridad real incorporada a la condición existencial de sectores cada vez más amplios de la población, es una ayuda para los políticos a la que estos no hacen ascos”.</p><p>La “securitización” desplaza los problemas reales de la gente hacia problemas de gobierno, en dos ámbitos fundamentalmente: “Entre los problema de la primera clase, están factores tan fundamentales para la condición humana como la disponibilidad de empleos de calidad, la fiabilidad y la estabilidad de la posición social, la protección eficaz contra la degradación social, y la inmunidad frente a la privación de la dignidad, es decir todos aquellos determinantes de la seguridad y del bienestar que los gobiernos, que antaño prometían pleno empleo y cobertura social integral y universal, son hoy incapaces de suscribir – y, menos aún, de procurar— como objetivos propios de su acción”.</p><p>“Entre los problemas del segundo tipo, la lucha contra terroristas que conspiran contra la integridad física y las pertenencias más preciadas de la gente corriente atrae enseguida el protagonismo, sobre todo, porque sirve también muy oportunamente  para alimentar y sostener durante mucho tiempo, tanto la legitimación del poder como la efectividad de sus esfuerzos por recaudar votos”. “Todos los terroristas son migrantes”, decía lacónicamente el primer ministro de Hungría, <strong>Viktor Orbán</strong>. Con esta frase aportaba la clave de la justificada lucha por la supervivencia del gobierno, que es la de la población. Con esta lógica de la mentira y el miedo ninguna medida tiene que justificarse. Para expresarlo sintéticamente Bauman recoge una cita del columnista <strong>Roger Cohen</strong>, del <em>New York Times</em>: “Las grandes mentiras producen grandes miedos que producen a su vez grandes ansias de grandes hombres fuertes”.</p><p>Quizá lo más grave de esta política de securitización, sea la “adiaforización” que produce de la cuestión de los migrantes. Dicho de otro modo, esas personas que se ven forzadas a marcharse de su tierra, al quedar reducidas a un problema de control en el mismo lote que el terrorismo, “pasan a estar fuera del alcance de la responsabilidad moral y, sobre todo, del espacio de la compasión y de aquello que nos impulsa a preocuparnos por otras personas”. Pero identificar el “problema de la inmigración” con el terrorismo sigue la misma lógica que ansía imponer “Al Qaeda, Daesh y sus futuras prolongaciones y seguidores”. Se busca inflamar los sentimientos antislámicos en toda Europa para suscitar el rechazo, y con ello ofrecer la idea de que la brecha entre los inmigrantes y sus anfitriones nunca se cerrará, de que hay un abismo entre la fe única y verdadera y nuestros modos de vida occidentales. Así se crea un caldo de cultivo apropiado para la captación de fieles para la “guerra santa hasta la extinción”. Igualmente se consigue el “cuanto peor (sean las condiciones de vida, y la situación de estos jóvenes musulmanes en las sociedades de acogida), mejor (para la causa terrorista)”. Además, se rentabiliza el “sacar partido de la dinámica del estigma… con la esperanza de que se nutra la materialización de los otros dos objetivos. Quienes posean esa 'marca de vergüenza o descrédito' serán siempre esencialmente diferentes a 'nosotros”.</p><p>Bauman hace un análisis combinando elementos del psicoanálisis y la psicología cognitiva para tratar de explicar el impacto que este estigma tiene sobre quienes lo padecen, y la repuesta social que encuentra dicha estigmatización. El impacto es doble: tormento de la humillación y vergüenza, y el insoportable autodesprecio (si aceptan el dictamen social). Por otra parte, y en sentido inverso, está la reapropiación de la autoestima robada, afianzándose en una posición de venganza contra esa injusta humillación, e invirtiendo los valores del conjunto de esa sociedad. Cabe una tercera posición: la del individuo “aislado por su alienación, protegido por creencias propias sobre su identidad, que siente que es un ser maduro y normal, y que, por el contrario, nosotros no somos del todo humanos”. Pero la normalidad no viene sola, el “estar convencido” de ello requiere de una afirmación grupal. Son estas afirmaciones ciertas y derivadas, no sólo de <strong>[Erving] Goffman</strong>, como reconoce Bauman, sino del viejo pensamiento freudiano. Así que quienes siguen esta tendencia “buscan febrilmente un grupo que cumpla esos criterios… Los reclutadores de pupilos para las escuelas y campos de entrenamiento para terroristas, frotándose las manos de alegría, aguardan a estos 'buscadores' con los brazos abiertos”.</p><p>Frente a esta situación, tal como afirmaba <strong>Pierre Baussand</strong>, y recoge Bauman, “En vez de hacerle la guerra al Daesh en Siria e Irak, las mayores armas que Occidente puede desplegar contra el terrorismo son la inversión, la inclusión y la integración sociales en nuestro propio territorio”.</p><p>Pero, desgraciadamente, el miedo cunde y es fácil propagarlo. La precarización del mercado laboral, la inestabilidad de las identidades sociales, la securitización de los problemas sociales y económicos, la focalización del problema terrorista, afecta a esa otrora amplia clase media, ahora temerosa, que anhela la “salida de acción” de un hombre o una mujer “fuertes”. <strong>Donald Trump </strong>ha ganado la confianza del electorado con ese “truco de prestidigitador”. El miedo además es otro. El paso de la “sociedad disciplinaria” a otra “sociedad de rendimiento” ha cambiado su sentido. “La dolencia básica de una sociedad de rendimiento no es un exceso de responsabilidades y deberes, sino del 'imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna” (<strong>Byung-Chul Han</strong>). De aquella sociedad disciplinaria “acostumbrada a sedimentar y expurgar criminales como el Joseph K. de <em>El proceso</em> de <strong>Kafka</strong>, y/o locos como los de la célebre tesis doctoral de <strong>Foucault</strong>” a nuestra “sociedad de rendimiento” que “se especializa en la fabricación y depuración de “depresivos y fracasados” al no dar la talla de lo que deben rendir para sobrevivir, son “simultáneamente víctimas y culpables de su fracaso y de la depresión que, al mismo tiempo, causa ese fracaso y se sigue de él. Es a su propia insuficiencia vergonzante, que los despoja de cualquier vestigio de autoestima, a lo que atribuyen su infortunio y su humillación”. El “miedo oficial” propio de la sociedad disciplinaria se transforma en angustia ante “la infinidad de opciones y tentaciones a las que pretendidamente tienen acceso (sin olvidar las exigencias sin límites dirigidas al individuo, al que se supone 'autónomo, potente, tenaz' y a quien se le insiste para que 'aspire a mejorar sin cesar'), por un lado, y la exigüidad de los recursos individualmente administrados, por el otro”.</p><p>Además, a este factor hay que añadir otro en la promoción de esa angustia, o como llama <strong>Bajtin</strong>, <em>miedo cósmico</em>: “La erosión de la soberanía territorial de las unidades políticas existentes, causada por el proceso en curso de globalización del poder (entendiendo poder como capacidad de conseguir que se hagan cosas), no se ve correspondida por una similar globalización de la política (es decir, de la capacidad para decidir qué cosas hay que hacer), lo que se traduce en una llamativa discordancia entre los objetivos de la acción y los medios para que sea efectiva. Así las cosas, los ciudadanos “han perdido toda esperanza de entrar en una conversación sensata con los poderes fácticos”.</p><p>Ya predecía <strong>Hobsbawm </strong>que los movimientos identitarios étnicos surgen “como reacciones de debilidad y temor, como tentativas de erección de barricadas con las que mantener a distancia las fuerzas del mundo moderno” y explicaba que “el nacionalismo y la etnicidad son un sustituto de los factores de integración en una sociedad que se desintegra”.</p><p>El miedo alimenta, pues, el recurso a los “hombres fuertes” basándose en la promesa de <em>actuar, </em>no en parlamentar para acordar.</p><p>Debemos librarnos de ese miedo que convoca a la acción más irracional e ir más allá de los esporádicos “carnavales de solidaridad”, que consagran la división del “nosotros” y el “ellos” y consuma una brecha que, en el mejor de los casos, trata de ser paliada con iniciativas que acaban siendo puestas “al servicio de la división y el antagonismo sociales y políticos”.</p><p>Bauman recoge la sugerencia de <strong>Michel Agier</strong>: “La política migratoria va dirigida a consolidar una división entre dos grandes categorías mundiales cada vez más cosificadas: por un lado, un mundo limpio, sano y visible; por el otro, un mundo de restos residuales, oscuros, enfermos e invisibles”. Esa realidad que se extiende como campo “rodeado de muros, alambradas y vallas electrificadas, o funciona como una prisión <em>de facto </em>porque está aislado por inmensas extensiones vacías de tierra o mar a su alrededor”.</p><p>Las perspectivas para estos años pueden oscilar entre perpetuar el abordaje de la migración como una suerte de guerra de guerrillas, o “la posibilidad de obtener un mayor apoyo a una gestión de las migraciones de personas enfocada desde la perspectiva de los derechos” (<strong>Don Flyn</strong>, Director de la red Migrants’ Rights Network). Por desgracia los acuerdos van en dirección contraria. Todos los países estaban de acuerdo en la labor de reforzar las fronteras europeas lejos de esas fronteras. Pero aquí acaba la unanimidad.</p><p><em>*Sergio Hinojosa es profesor de Filosofía.</em><strong>Sergio Hinojosa</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La mirada de Bauman a la migración]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Filosofía,Refugiados,Crisis de los refugiados,Los diablos azules número 49]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Ellas y ellos o Ellos y ellas', de Carmen de Burgos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/carmen-burgos_1_1135634.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a5bc3253-db4b-4c0e-8c1e-d5b32cd04a38_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Ellas y ellos o Ellos y ellas', de Carmen de Burgos"></p><p><em>Publicamos un fragmento de </em><a href="https://www.husoeditorial.es/nuestros-libros/ellas-y-ellos-o-ellos-y-ellas/" target="_blank">Ellas y ellos o Ellos y ellas</a><em>, un libro de novelas cortas de Carmen de Burgos, </em>Colombine<em>, editado por Huso. En el relato que da nombre al volumen aborda la homosexualidad en términos mucho más positivos que el pensamiento mayoritario de la época. </em></p><p>____________________________________ </p><p><strong>Ellas y ellos o Ellos y ellas</strong></p><p>I</p><p>El salón de fiestas del Magestic estaba espléndido aquella tarde. Casi todas las mesitas se hallaban ocupadas, se formaban animadas tertulias, el <em>thé dansant </em>servía de pretexto de la reunión. Era el único sitio donde se mezclaban, sin escándalo, algunas damas aristocráticas con pretenciosas burguesas de la clase media, que, a su vez, consentían la aproximación de una sociedad decadente de artistas y mujeres a la moda, en las que el éxito disculpa los atrevimientos.</p><p>Gracias a la libertad que consentía aquella reunión, que los asistentes consideraban la suma de la distinción, con sus ribetes de pecaminosa y atrevida, la animación crecía cada día más; los cambios de sitio, las presentaciones fáciles, el baile, el paseo, los grupos que se cambiaban y se renovaban rompían la etiqueta fría y severa de las reuniones habituales. Allí, cada cual se sentía dueño del salón, sin la responsabilidad del dueño y sin tener que ocuparse de hacer los honores a los demás. Se mezclaban con la escasa sociedad cosmopolita que se detiene en España y era como un soplo de extranjerismo, de modernidad; algo como la soltura que se adquiere al pasar la frontera y hallarse en un mundo más tolerante.</p><p>Sin embargo, las calles españolas estaban cerca. Las calles en las que se mataría el que pasa por el pecado de su limpieza o de su extravagancia; las calles mal empedradas, con casas de cara mal lavada; de tejados roñosos, semejantes a cabezas descuidadas.</p><p>Fuera había un ambiente rígido, hambriento, desesperado, ineducado, hostil, que acosaba al gran hotel y que parecía espesarse a su alrededor.</p><p>En el recinto se vivía de otro aire, de un aire que parecía ser traído por los directores del hotel desde sitios lejanos, de espacios más libres. En las afueras era como si estuviese estacionada, esperando la salida de las gentes excéntricas que en él se reunían, una humanidad de mala calaña, deseosa de zurrarlas o de burlarse de ellas.</p><p>Los grandes sillones ocultaban a los hombres que desaparecían en el fondo de ellos, destacándose solo las piernas, como si fuesen dos extremidades del sillón. Así, en aquellos sillones, los hombres sentían una especie de ansia de transformarse definitivamente, de tener siempre la languidez de aquellos sillones. Poco a poco algunos se habían ido convirtiendo en "hombres poltronas", en cómodos y estúpidos sillones de piel humana.</p><p>La luz era excesiva, con tan gran profusión que parecía ser como una exagerada vigilancia para no dejar pasar ni una mancha, ni una disimulada grieta en un zapato, ni la vergüenza de un traje cursi o fané. Así se veía a algunas tímidas mujeres y algún arribista no muy lúcido, tomar un gesto semejante al de quien se oculta, encogiéndose, replegándose, yendo como a hacerse esa bolita negra y sin fisonomía en que se pliegan algunos insectos. A muchos se les veía pasar entre la concurrencia como presos a los que llevasen atados y avergonzados por allí en medio, con las manos trabadas fuertemente y los pies trabados también, dándoles un aspecto de galeotes, atrozmente cohibidos. A veces, sin embargo, se veía la cabeza gallarda de algún desastrado que no se avergonzaba de su falta de elegancia, que él mismo conocía, y que no obstante arrostraba todas las responsabilidades siendo el que más miraba a la marquesita de intachable tocado y de joyas deslumbradoras, la cual no se sabía si por sentir la voluptuosidad divina de ser deseada por un pobre con deseo de joyas, de alma y de carne, o por sentirse próxima a ser robada, era al que más miraba, al que más correspondía entre todos. Ante esos audaces desastrados los tímidos abrían desmesuradamente los ojos, se arrepentían de ser como eran, pero no podían ser de otro modo.</p><p>Había gentes divertidas y variadas que completaban todo un programa de circo. Estaba el que no quería pisar el paso de alfombra blanca porque temía mancharla; el empedernido que estaba durante toda la fiesta con el palillo entre los dientes y hasta cuando fumaba tenía en una comisura el palillo y en la otra el cigarro; estaba el rastacuero que enseñaba unos calcetines calados, tan calados que por entre ellos surgían los pelos como si el calcetín calado fuese la piel poblada y negra de un animal; el que enseñaba las orejas de las botas, de las que tiraban con burla todas las miradas, porque estaban tentando a esa broma las pobres grotescas orejas; la señorita disimulada que de vez en cuando se limpiaba los zapatos contra el revés de sus piernas, vestidas con finas medias; estaba la que saludaba al criado para pedirle cualquier cosa con un gesto de pavana; extranjeras rubias y morenas, que no se sabía de qué color eran, bajo la capa de pintura; esas mujeres de hotel, que parecen de raza distinta, con los labios pintados, los ojos pintados, las uñas miniadas; esas mujeres de gran sombrero o gorrita ceñida, siempre de moda exagerada, que son como la decoración o el mobiliario del hotel.</p><p>De vez en cuando, la llegada de una figura muy conocida causaba una sensación y una expectación general. Allí charlaban, reían y hacían gala de su ingenio las que tenían la costumbre de asistir con frecuencia, sin perder nunca el día de moda, con el atractivo de lucir un nuevo traje o un nuevo prendido para deslumbrar a las amigas. (...) <span id="ftn1"></span></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen de Burgos]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Ellas y ellos o Ellos y ellas', de Carmen de Burgos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 49]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Autobiografía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/autobiografia_1_1135628.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a32f49f4-04d1-4e1f-ad36-82d81656a63b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Autobiografía"></p><p><em>En 1909, Ramón Gómez de la Serna pide a Carmen de Burgos (1867-1932) que redacte una autobiografía para incluirla en la revista </em><strong>Ramón Gómez de la Serna</strong><strong>Carmen de Burgos </strong>Prometeo<em>. La escritora da cuenta por carta de su vida en términos poco habituales a principios de siglo. En 1927, escribiría en </em>La mujer moderna y sus derechos<em>: "Ser femenina, como quieren las ilusas, es estar sometida solo a imperativos sexuales, sin aspirar más que a ser nodriza y gobernante. Ser feminista es ser mujer respetada, consciente, con personalidad, con responsabilidad, con derechos, que no se oponen al amor, al hogar y a la maternidad". Esta "Autobiografía" está recogida en el libro </em><a href="https://www.husoeditorial.es/nuestros-libros/ellas-y-ellos-o-ellos-y-ellas/" target="_blank">Ellas y ellos o Ellos y ellas. Novelas cortas de Carmen de Burgos, 'Colombine'</a><em> (Huso). </em></p><p>_____________________</p><p>Sr. D. Ramón Gómez de la Serna</p><p>Querido Ramón: Me dice usted que desea vivamente mi autobiografía y autocrítica y añade usted "que sea sincera".</p><p>Pensé primero tomar una pose artística, algo campanuda, y pintarme como sabe hacerlo nuestro amigo <strong>Villaespesa</strong>, tal como mi fantasía quisiera ser hoy, y digo yo, porque me cansaría y anhelaría ser de otra manera distinta. Luego pensé hacer una confesión donde, a la manera del hermosísimo libro <em>Cabalgata de horas</em>, de <strong>Ramírez Angel</strong>, la ironía encubriera las sinceridades y lo imaginario se disfrazara de sentimental.</p><p>Para librarme de ambas tentaciones, me decido a dirigirle a usted esta carta. Así no sabré mentir. Tengo el vicio de la amistad; que no es de los que se suelen pagar menos caros.</p><p>Tanto he de contarle, que no sé por dónde empezar. Mi vida es compleja; varío de fases muchas veces; tantas que me parece haber vivido en muchas generaciones diferentes… y yo también he cambiado de ideas… de pensamientos… ¡Qué sé yo! Me río de la unidad del "yo", porque llevo dentro muchos yoes, hombres, mujeres, chiquillos… viejos… se pelearían si discutiesen con alguno… pero les dejo que venza el que más pueda, y que haga cada uno lo que le dé la gana… ¡todos son buenas personas! A veces imprudentes, demasiado confiados… Suelen obrar con ligereza y tener de qué arrepentirse… Entonces intervengo. Nada de esa debilidad que nos hace estar todo el tiempo de cara al pasado lamentándolo… nada de lágrimas… Consuelo como puedo al culpable y despierto a todos los demás para que lo aturdan con sus cantos… la, la, ra,… la, ra, la, la, la…</p><p>Muchas veces envidié las vidas sencillas que llevan trazado el camino, pero me duró poco. Hoy me gusta lo impensado, lo incierto; me atrae lo desconocido; el encanto del libro que no se ha leído y de la partitura que no se escuchó jamás. No comprendo la existencia de las personas que se levantan todos los días a la misma hora y comen el cocido en el mismo sitio. Si yo fuera rica, no tendría casa. Una maleta grande y viajar siempre. Deteniéndome en donde me agradase, huyendo de lo molesto… aspirando el aroma de las cosas sin analizarlas. Eso de hacerse un palacio con cementerio y todo para vivir y morir en un mismo sitio me parece que nos asemeja a los moluscos. ¡Pícaro progreso que trajo los ferrocarriles en lugar de las cómodas escobas sobre las que cruzaban el aire nuestras respetables abuelas!</p><p>He sufrido mucho… ya no me acuerdo… pero experimenté el placer del sufrimiento. No lo crea usted paradoja, tuve el placer de sentir la vida intensa, vibrar agitándome en ansias de muerte y de desesperación. Otras veces se me desbordó el pecho en amor, en placer, en esperanzas… algunas en anhelos de bien y de justicia. ¡Qué más da! Lo hermoso es sentir la vida. Por fortuna tengo una naturaleza fuerte y sana que se libró del peligro de excitar la morbosidad del dolor. Hoy (con ligeros interregnos) mi gesto favorito es el encogimiento de hombros. ¡Hay tan pocas cosas que valgan la pena de apasionarnos!</p><p>No soy ambiciosa ni me importa el juicio ajeno. La calumnia se estrella a mis pies lamiéndolos mansamente como el agua del mar a las rocas inquebrantables.</p><p>Detesto la hipocresía y como soy independiente, libre y no quiero que me amen por cualidades que no poseo, digo siempre todo lo que siento y se me antoja. Así los que me quieren, me quieren de veras. Los que me detractan por la espalda, se quitan el sombrero delante de mí. Jamás pensé en el medro personal a costa de mi libertad o de abjurar de mis convicciones.</p><p>¿Hechos de mi vida? Ninguno notable. Me crié en un lindo valle andaluz, oculto en las últimas estribaciones de la cordillera de Sierra Nevada a la orilla del mar frente a la costa africana. En esa tierra mora, en mi inolvidable Rodalquilar, se formó libremente mi espíritu y se desarrolló mi cuerpo. Nadie me habló de Dios ni de Leyes y yo me hice mis leyes y me pasé sin Dios.</p><p>Allí sentí la adoración al panteísmo, el ansia ruda de los afectos nobles, la repugnancia a la mentira y los convencionalismos.</p><p>Pasé la adolescencia como hija de la natura, soñando con un libro en la mano a la orilla del mar o cruzando a galope las montañas. Después fui a la ciudad, y yo que creía buena a la humanidad toda, vi sus pequeñeces, sus miserias… y sentí el dolor de los pesares ajenos, y lloré con los oprimidos y envidié los mundos donde no habitan los hombres.</p><p>Podría parodiar a los héroes de <strong>Homero</strong>, "reina en unas partes, mendiga en otras". Fui rica y carecí de todo. Vi alejarse a las gentes con la miseria y dejarme sola cuando tuve hambre; los que me convidaban cuando nada me hacía falta y los vi volver otra vez con la fortuna… y los recibí con un encogimiento de hombros.</p><p>Y así sufriendo y amando… entre lágrimas y goces se formó mi espíritu de hoy. Viajé… estudié… me adularon y me zahirieron…</p><p>Hoy solo creo en el arte y acepto el amor como bella mentira, una forma más perfecta de la amistad. ¿Otra de mis vidas? La de profesora… Esta sería tan insufrible como el matrimonio y el cocido si yo no la supiera adornarlo de azul. En todo caben ensueños. Pienso en las almas de mujer que con una frase puedo liberar del oscurantismo… pienso en los corazones en que despierto el amor al arte… y en abrir todos los años la puerta de las aulas a una multitud de jovencillas que mi severidad podría retener para que vayan a saltar al sol, sin molestarse en nuestras indigestas y vacías explicaciones. Cuando las veo delante de mí, reflexiono en que deben amar y ser amadas, en que hace sol y ellas están encerradas en el aula sombría; en que hay lindas canciones para labios de rosa y marchitan los suyos los problemas de álgebra. Y las amo y quisiera gritarles: "Huid de esta parodia de ciencia. Sed libres…", pero callo y les doy la libertad.</p><p>Mis penas como profesora son dos; la imbecilidad de gentes inferiores que dirigen a los que valemos más que ellos, y haber visto un día un sitio vacío en el banco que ocupaba una pobre alumna pálida… ¡La mató la primavera!</p><p>¿Mi vida de periodista? Es más curiosa; empecé por cajista de imprenta, en la que poseía mi padre político en Almería; después escribí con las tijeras para completar un periódico satírico. Mi primer artículo mereció los honores del triunfo y la reproducción fuera de la provincia, y mis paisanos debieron pensar que eran muy brutos y que necesitaban que les dijeran lo mucho que yo valía. ¡Claro, se lo creyeron! Y me empezaron a escribir artículos… La primera vez que me llamaron "escritora" volví la cabeza a ver si se lo decían a otra y me ofendí cuando me dijeron literata… casi me sigo ofendiendo.</p><p>He escrito muchos miles de artículos en toda la prensa del mundo; me los han traducido a todos los idiomas. Me pegaron y me elogiaron. Es decir, "se me discute".</p><p>¡Qué horror! No se pondrán nunca de acuerdo ni yo me inquietaré por el fallo. No tengo vanidad de escritora y si alguna de mis compañeras la padece le aconsejo que se haga periodista militante, vaya a las redacciones y verá cómo se nos dan los bombos. El lector puede tener la seguridad de que hemos puesto de necia y majadera, por lo menos, a la insigne que elogiamos.</p><p>¿Libros? Muchas traducciones, muchos prólogos, muchos arreglos… muchos… trabajo de hojarasca para ganar el sustento.</p><p>Hoy ya es otra cosa; empiezo mi labor. Permítame usted que guarde silencio acerca de todo lo que preparo. Baste decir solo que hasta que he recibido todas las lecciones de la vida y llevo tantos años de escritora no me he atrevido a escribir mi primera novela. Miro la novela con miedo. Es la diosa de la Literatura.</p><p>¿Tendencias? Yo soy "naturalista romántica" y variable, como mis yoes. Me gusta todo lo bello y la libertad de hacerlo sin afiliarse a escuelas.</p><p>Ya lo demuestro en los dos libros únicos que amo de todo los que he producido: <em>Por Europa</em>. <em>Descripción de un viaje a Francia e Italia</em>, escrito con toda sinceridad; sin pensar en el público y diciendo cuanto pensaba, y <em>Cuentos de Colombine</em>, en los que puse mucho de mi alma.</p><p>Unas veces muy romántica, otras no… ¿Por qué imponer ni leyes ni ficciones?</p><p>¿En el teatro? Hice un ensayito y me aplaudieron… y escribí un libro de versos que tiene pasión y alma y quizás volveré a ocuparme de algo de esto porque yo nada aseguro… pero mi propósito es cultivar la novela, arte superior y apuesto por el dramático.</p><p>Prefiero que me lea un imbécil a ver interpretar mis creaciones. Los cómicos son todos seres inferiores…</p><p>Me gusta rodearme de la gente joven y tengo a orgullo el afecto que toda la juventud sana me demuestra. Siento con ustedes entusiasmos y energías y no me importan las críticas de mala ley.</p><p>¡Los hados me libren de los genios consagrados y de los viejos dómines!</p><p>Y esto ya se acaba. ¿Por qué seguir? En mi vida familiar e íntima usted me conoce. No se adivina que soy escritora, ¿verdad? Sé amar a mi hija, una preciosa gitanilla que es la mejor de mis obras, y ser alegre con los míos, atender a las labores propias del sexo y entretenerme fácilmente en nimiedades que no entienden los genios. Aparte de que me gustan los cintajos y los trapos y no me suena mal algún piropo, aunque no sea literario.</p><p>Para complemento del retrato que me obliga usted a hacer: mis caprichos. Un día me pongo el mantón, y escandalizo a mi portera, para ir a enterarme de cómo son las casas donde duermen los golfos o cómo viven los gitanos del barrio de las Cambroneras.</p><p>Otro día tomo un palco en el Real y escandalizo a mis amigos que no saben de dónde saco el lujo (podían ver que son las cuatro de la mañana y aún arde mi lámpara de trabajo). Ya tomo el tren para ver la miseria de una ciudad minera, para curar heridos como ahora en Melilla, o para aceptar una paella en la Albufera Valenciana, la tierra española que más amo, o escapar a París a comprarme un abrigo.</p><p>Si quiere usted hacer el resumen de todo esto, hágalo. Yo no veo más que una amalgama de todas las cosas que forman la vida de una mujer que poco a poco fue desligándose de preocupaciones y avanza tranquila por el camino entre melancolías y sonrisas, sin llegar al llanto ni a la carcajada; siempre de cara al sol y sin escuchar los perros que ladran a su paso, ni siquiera a los que menean halagadores su cola.</p><p>Suya afectísima, compañera y admiradora,</p><p>Colombine.</p><p>P.D. Así creo que soy; esta noche tal vez seré de otra manera. ¡Es tan difícil conocerse a sí mismo! Si soy de otra manera perdóneme el engaño porque yo misma lo padezco.</p><p>(Otro sí. Envíeme las pruebas por si para entonces he cambiado de modo de pensar.) ________________</p><p>  <span id="ftn1"></span>1. De Burgos, Carmen. "Autobiografía". <em>Prometeo. Revista social y literaria</em>, Núm. X, agosto, 1909, pp. 40-46.</p><p>2. Dicho del lenguaje o del estilo: Hinchado y retumbante.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen de Burgos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Autobiografía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Periodismo,Los diablos azules número 49]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El turno de Carmen de Burgos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/turno-carmen-burgos_1_1134757.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/debe7cee-dfcb-4fed-8925-e88cb65f953b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El turno de Carmen de Burgos"></p><p>Tal fue el grado de activismo y popularidad de <a href="http://www.yorokobu.es/carmen-de-burgos/" target="_blank">Carmen de Burgos</a> (Rodalquilar, Almería 1867-Madrid, 1932) que muchos aseguraron haberla escuchado lanzar vivas a la República mientras la escritora agonizaba. <strong>“Muero contenta porque muero republicana”</strong>, parece que masculló a modo de epitafio esta mujer conocida popularmente como <strong>Colombine</strong> y que fue pionera en muchísimas facetas: la primera mujer con una columna fija en un periódico de tirada nacional, la primera corresponsal de guerra, la primera escritora que pudo ganarse la vida con su pluma. Cultivó prácticamente todos los géneros: la poesía, la novela, el cuento, la biografía, la crónica de viajes, tradujo y firmó ensayos. Fue sufragista y, tras una pésima experiencia conyugal, luchó por la aprobación del divorcio (reconocido, finalmente, en la <a href="http://www.congreso.es/docu/constituciones/1931/1931_cd.pdf" target="_blank">Constitución de 1931</a>). Pero a ella y a su obra -como a muchas otros, y en especial otras, intelectuales de la época-, la losa de la dictadura franquista le cayó encima, haciendo que su leyenda se disolviese en el olvido.</p><p>No obstante, en los últimos meses <strong>han coincidido en las librerías varias publicaciones</strong> que recuperan la obra y la memoria de Carmen de Burgos. Por un lado, la editorial Huso acaba de publicar<a href="https://www.husoeditorial.es/nuestros-libros/debes-conocerlas/" target="_blank"> Debes conocerlas</a>, escrito por Marifé Santiago y Mercedes Gómez, y en el que se recogen pequeños (y muy documentados) perfiles biográficos de las que fueron conocidas como las modernas de Madrid. <strong>María Lejárraga</strong>, <strong>Maruja Mallo</strong>, <strong>María Teresa León</strong>, <strong>María Zambrano</strong>, <strong>Clara Campoamor </strong>o la propia Carmen de Burgos son algunas de las intelectuales que se incluyen en esta genealogía. En este mismo sello ha aparecido también <a href="https://www.husoeditorial.es/nuestros-libros/ellas-y-ellos-o-ellos-y-ellas/" target="_blank">Ellas y Ellos o Ellos y Ellas. Novelas cortas de Carmen de Burgos</a>, una reedición de algunos de los cuentos más destacados de Colombine, escritos entre las décadas de los años diez y veinte del siglo pasado. En este volumen destacan novelas como <a href="http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/consulta/registro.cmd?id=1039005" target="_blank">El artículo 438</a>, en la que fabula sobre este apartado del código civil que condenaba a la mujer por adulterio, pero no así el varón. La denuncia de la injusticia, la desigualdad y la indefensión de la mujer en asuntos legales fue una de las señas de identidad de Carmen de Burgos.</p><p>Por otro lado, la editorial Renacimiento, que cuenta con un <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/02/19/la_derrota_mas_amarga_literatura_del_exilio_45109_1821.html" target="_blank">amplio catálogo </a>de autores coetáneos a esta escritora, ha reeditado por primera vez <strong>La malcasada</strong>, una de las obras más autobiográfica de las que firmó la escritora andaluza. La protagonista de esta novela, Dolores, es una mujer recién casada que pronto comienza a experimentar el ninguneo y <strong>los abusos de su marido, incluido el sexual</strong>. Ésta y muchos de los relatos incluidos en <em>Ellas y Ellos</em> componen un lienzo perspicaz y crítico sobre la vida de las mujeres de esa época; sobre su obsesión, patológica en muchos casos, por casarse; y su conformismo frente a la institución del matrimonio, que para ella significó una cárcel.</p><p><strong>Un prostíbulo llamado Colombine</strong></p><p>“Carmen de Burgos era una mujer muy conocida, escribía mucho en todos los periódicos y revistas, las mujeres la leían, tenía su público y se trataba realmente de una mujer importante. Además, tenía un salón literario en su casa del que habla Rafael Cansinos-Assens en<em> La novela de un literato</em><a href="http://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=1045794&id_col=100521" target="_blank">La novela de un literato</a>, integrado por tres o cuatro poetas de tercera fila y por<strong> Ramón Gómez de la Serna</strong>, su amante, que era gran apoyo para ella debido a su complicada vida personal”, explica Anna Caballé, profesora de Literatura en la Universidad de Barcelona y experta en estudios biográficos. <strong>“Pero en lo referente al reconocimiento literario por parte de sus colegas, era inexistente”</strong>.</p><p>Jugó en contra su azarosa vida sentimental, que fue censurada y criticada por muchos de sus colegas. Colombine dejó a su marido, mantuvo una relación de muchos años con Gómez de la Serna, mucho más joven que ella, y hasta Cansinos-Assens llegó a insinuar en esa misma novela un hipotético <em>affaire </em>con Vicente Blasco Ibáñez. “No tenía buena fama”, constata Caballé, “en aquel momento la situación para una mujer que empezaba a escribir era tan delicada que o era muy puritana, se encerraba en su casa y no daba motivo a nada, o era una mujer muy libre, como era su caso”. El <strong>descrédito por su vida personal</strong> se mantuvo durante décadas, reforzado por el franquismo que intentó borrar con mano de hierro la historia de todas estas pioneras en la liberación femenina. “Para que te hagas una idea, cuando una estudiante mía empezó hace años una biografía sobre Carmen de Burgos y se fue a Almería a investigar, Colombine era un prostíbulo. Era toda la referencia que había sobre ella”, relata Caballé esta significativa anécdota. En cuanto al escaso reconocimiento de su calidad literaria, tampoco le favoreció el hecho de tener que ganarse la vida con la pluma, con trabajos por encargo, cuentos que se pagaban por entrega, artículos sobre recetas de cocina o temas similares. Toda esa prolífica producción pudo quitarle el tiempo que necesitaba una obra de mayor enjundia.</p><p>Reconstruir el canon</p><p>En los últimos años han aparecido numerosos trabajos sobre aquellas intelectuales de principios del siglo XX. Es el caso del proyecto transmedia de <a href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-sin-sombrero/3318136/" target="_blank">Las Sinsombrero</a>; la reedición de<a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/02/10/rosa_chacel_una_gran_escritora_busca_lectores_44613_1026.html" target="_blank"> La sinrazón</a> (Comba), de Rosa Chacel; la novela inédita <em>Sendero Oculto</em> (Renacimiento) en la que <strong>Elena Fortún</strong> relata su duro exilio en Argentina; o la reedición de <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2016/04/11/actualidad/1460387558_759139.html" target="_blank">Celia en la revolución</a>, un pasaje olvidado sobre las andanzas del popular personaje de Fortún durante la Guerra Civil. También a mediados del pasado año la editorial Hoja de Lata presentaba <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/06/02/la_oda_las_obreras_luisa_carnes_50553_1026.html" target="_blank"><em>Tea Rooms</em></a>, la segunda novela que firmó <strong>Luisa Carnés</strong>, publicada en 1934 con el subtítulo <em>Mujeres obreras</em> y la etiqueta de "novela-reportaje".</p><p>Sobre Carmen de Burgos también han ido saliendo títulos a cuentagotas. A finales de los 2000 el Instituto de Estudios Almerienses reeditó <em><strong>Puñal de claveles</strong></em> (1931), una breve novela sobre <a href="http://elpais.com/diario/1987/07/10/cultura/552866412_850215.html" target="_blank">los mismos sucesos de Níjar</a> que inspiraron a Lorca para escribir <em>Bodas de sangre</em>. En esa misma época aparecían dos biografías: la primera, de Blanca Bravo Cela, <em>Carmen de Burgos. Contra el silencio</em> (Espasa, 2003); y una segunda en 2005 firmada por Concepción Núñez Rey, profesora de Literatura de la Universidad Complutense. Asimismo, en 2012 Los libros de la Catarata reeditaba<strong> Mis viajes por Europa</strong><em>Mis viajes por Europa</em>, la aventura de Colombine durante el verano de 1914 recorriendo desde Suiza a la zona más septentrional de Noruega.</p><p>Caballé subraya que este proceso de recuperación no es un fenómeno nuevo: “Viene de atrás, quizás lo que ocurre es que en los últimos años se haya prodigado más”. La reescritura del canon comenzó en la Transición, con artículos en revistas como <em>Vindicación feminista</em>, ensayos como <em>La hora violeta</em>, de <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/09/26/montserrat_roig_memoria_literatura_catalan_55234_1026.html" target="_blank">Monterrat Roig</a>, o los firmados por Carmen Martín Gaite. Además del trabajo fundamental de investigación que comenzaron a hacer feministas como <a href="http://elpais.com/diario/1997/05/31/cultura/865029605_850215.html" target="_blank">Shirley Mangini </a>o Susan Kirkpatrick en las universidades estadounidenses (antes, incluso, que en las españolas). “Todo esto surge por una cuestión de necesidad. Si hablamos de las escritoras españolas, necesitamos saber de dónde vienen, de manera que ha habido que reconstruir una fotografía que no estaba en ninguna parte y colocarla en la historiografía literaria”. A pesar de las sucesivas olas de recuperación, el mayor inconveniente, señala Caballé, es el legado personal de estas mujeres, perdido en muchos de los casos. “<strong>¡Lo que daríamos ahora por leer las cartas de Carmen de Burgos!</strong>”, se lamenta. Mientras tanto, uno de los mejores acercamientos a la intimidad de Colombine lo podemos encontrar <em>en La malcasada</em>, donde conviven su mundo de ficción con la angustia de las frustraciones y anhelos que determinaron su vida personal y profesional.</p><p><em> *Saila Marcos es periodista de </em><strong>Saila Marcos </strong>infoLibre <em>y </em>tintaLibre<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"><em> </em></a><em> </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
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