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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 54]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-54/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 54]]></description>
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      <title><![CDATA[El cuerpo habla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cuerpo-habla_1_1137441.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/345a8e63-23b3-4ee9-848a-1bbfbf1b10f2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cuerpo habla"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________</p><p>Todo un descubrimiento ha sido la lectura de <a href="http://www.megustaleer.com/libro/diario-de-un-cuerpo/ES0115867" target="_blank">Diario de un cuerpo</a> (Literatura Random House, 2012), un original y delicioso libro del escritor francés nacido en Marruecos <strong>Daniel Pennac</strong>. Y no sólo para mí, sino para la gran mayoría de miembros de <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/02/08/paraiso_otra_esquina_mario_vargas_llosa_44487_1821.html" target="_blank">nuestro club de lectura</a>, el de la biblioteca municipal Juan Ramón Jiménez de Sanlúcar la Mayor. Muchos lo empezaron por disciplina y lo terminaron por deleite.</p><p>Antes de comenzar creemos que vamos a tropezarnos con un diario al uso de la vida de alguien, los  pequeños capítulos están encabezados por fechas concretas y de entrada resulta algo tedioso bucear en la exhaustiva biografía de una persona cualquiera. Sin embargo no se trata de un diario íntimo, sino una crónica cotidiana del propio cuerpo, “nuestro compañero de viaje, nuestra máquina de ser”, la historia de un cuerpo contada por él mismo.</p><p>  </p><p>A los 12 años y debido a una triste y humillante anécdota el protagonista decide comenzar este diario diciéndose que nunca más volverá a tener miedo. Y es así cómo va relatando todo tipo de experiencias sensoriales y corporales que irán elaborando un retrato personal y a la vez universal puesto que todos nos relacionamos con nuestro entorno a través del cuerpo. “El miedo al vacío machaca mis huesos... a los golpes me paraliza, el miedo a tener miedo me angustia, la angustia me produce cólicos, la emoción me pone la carne de gallina, la nostalgia humedece mis ojos, la sorpresa me sobresalta, el pánico me hace mear... la vergüenza me encoge. Mi cuerpo reacciona ante todo...”.</p><p>Proveniente de una familia militar, Daniel Pennac (Casablanca, 1944) pasó su infancia en tierras africanas y del sudeste asiático y su juventud en <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Niza" target="_blank">Niza</a>, donde se graduó en letras y se decantó por la enseñanza. Inició su actividad literaria con libros para niños, adquirió gran popularidad gracias a una saga de novela negra y  también ha escrito ensayos. De estos es célebre el titulado <em>Como una novela. </em>En 2007 recibió el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Premio_Renaudot" target="_blank">Premio Renaudot</a> por su obra <em>Mal de escuela</em>.</p><p>Escrito con mucho humor y sin tapujos <em>Diario de un cuerpo (Journal d'un corps) </em>está poblado de imágenes cotidianas, curiosas y muy cercanas al lector. Su prosa es ligera y a la vez profunda, con un vocabulario amplio y  exquisito lleno de matices sensuales y sexuales. “Lo extraordinario, cuando me doy placer, es ese instante que llamo el trance del equilibrista: el segundo en que justo antes de gozar, no he gozado todavía. El esperma está ahí, dispuesto a brotar, pero lo retengo con todas mis fuerzas...”<em>.</em>En definitiva, la sustancia de esta <em>novela </em>abarca las sorpresas del cuerpo, no las del alma. Sin embargo, aunque nuestro organismo esté compuesto de huesos,  músculos,  órganos... nuestro ser interior se nutre de las relaciones que la materia física experimenta con el mundo y con los otros.</p><p>En nuestra tertulia mensual hemos compartido muchos momentos divertidos del libro, así como pasajes llenos de ternura,  rebeldía o dolor. Hay pocos hombres en nuestro grupo y todas estábamos expectantes ante sus opiniones sobre este diario masculino. Sin embargo resultó sorprendente constatar que a cada uno le había llegado de una forma distinta, menos personal,  al contrario que a la mayoría de lectoras.  Se comentó que Pennac había deseado pasar el testigo a una mujer, a la espera de que narrara el diario de un cuerpo femenino, aunque hasta el momento, que sepamos, ninguna escritora lo ha hecho.</p><p>Por último destacar también el estilo ingenioso que salpica  las páginas de este singular diario, incluso a veces emergiendo de la prosa más corporal: “Esas emanaciones del cuerpo que son la silueta, los andares, la voz, la sonrisa, la escritura, la gestualidad, la mímica, únicas  huellas dejadas en nuestra memoria por aquellos a quienes realmente hemos mirado”, o “El hombre nace en pleno hiperrealismo para distenderse poco a poco hasta terminar en un puntillismo muy aproximado antes de diseminarse en polvo de abstracción”<em> . </em>O la hermosa metáfora que dedica a su mujer: “Puntuación amorosa de Mona: confíeme esta coma para que la convierta en signo de exclamación”. </p><p><em>*Puedes encontrar el club de lectura de la biblioteca de Sanlúcar la Mayor en su página de Facebook. </em><a href="https://www.facebook.com/BibliotecaSanlucarLaMayor/" target="_blank">página de Facebook</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2017 10:43:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Chary Arbolí]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El cuerpo habla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura europea,Los diablos azules número 54]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Érase un café con dos poetas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/erase-cafe-poetas_1_1203087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/91391b6d-91ca-4696-931a-c43c64433c0e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Érase un café con dos poetas"></p><p>  </p><p>   Xavier Oquendo lee los versos de "Érase un café con dos poetas".</p><p><strong>Érase un café con dos poetas</strong></p><p>Dos poetas se encuentran.</p><p>Se buscan como si fueran parte de un juego antiguo.</p><p>Se hablan de lo que dejó por ellos la vida y sus matices.</p><p>Dos poetas se revisan</p><p>luego de su experiencia por el fuego</p><p>y su largo paseo por la luna.</p><p>Los dos se han roto un poco</p><p>todo el amor. Todo el sabor. Todo.</p><p>Los dos se han puesto parches,</p><p>se han quedado un poco salobres,</p><p>un poco suaves. Porque así es el tiempo,</p><p>el extremo opuesto del cómplice.</p><p>A los dos les da miedo el mar. Pero lo aman.</p><p>Y se dan miedo. Y se aman.</p><p>El uno y el otro saben que son poetas</p><p>y se alcanzan a decir,</p><p>mientras pasa, por sus poemas,</p><p>un ángel arrodillado.</p><p><em>*Xavier Oquendo es poeta y autor de </em><strong>Xavier Oquendo</strong>Lo que aire es<em> (El Suri Porfiado, 2014). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xavier Oquendo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura latinoamericana,Poesía,Los diablos azules número 54]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[África existe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/africa-existe_1_1137431.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5752c6e3-16f2-458f-b320-ed03005e49fc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="África existe"></p><p><em>Los responsables de la librería Cálamo de Zaragoza recomiendan algunos de los títulos que más les han interesado en los últimos meses.</em></p><p>_____________________</p><p>Sabemos poco del continente africano. Para la mayoría de nosotros África es unas cuantas líneas de nuestro pasado colonial, una “molestia” incesante en forma de pateras, alguna hambruna de vez en cuando que parece que casi llega a conmovernos y poco más, poquísimo más. No te culpes: para los planes educativos y los medios de comunicación África no existe.</p><p>Ayer, jueves 2 de marzo, pudimos  comprender el origen de nuestra estúpida ignorancia, gracias a la presentación que <strong>Roberto Ceamanos</strong> —acompañado por el gran <strong>Julián</strong> <strong>Casanova—</strong> hizo de su nuevo libro <a href="http://www.catarata.org/libro/mostrar/id/1166" target="_blank"><em>El reparto de África</em></a><em> (Catarata, Madrid, 2016).Nuestro admirado Luis Landero ha publicado nueva novela y viene a presentarla el próximo miércoles 8 de marzo. Haz una marca en tu agenda para una de las presentaciones más relevantes del año. El autor hablará con Irene Vallejo sobre La vida negociable (Tusquets, Barcelona, 2017).  Y toma nota de tres excelentes –y muy diferentes—libros que te recomendamos con pasión: Aunque caminen por el valle de la muerte (Literatura Ramdom House, Barcelona, 2017), de Álvaro Colomer, es una novela bélica sobre la participación española en la guerra de Irak, tan documentada como terrible; Los prisioneros del paraíso (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2017), nueva obra del musicólogo, director y orquesta Xavier Güell, narra la historia de los músicos judíos que fueron enviados al campo de concentración de Theresienstadt, de cómo la belleza intentó sobrevivir en medio de la más cruel infamia. Y para cambiar el tono, una bella y rara historia de amor que ha vuelto locos a los franceses, Esperando a Mister Bojangles (Salamandra, Madrid, 2017), de Olivier Bourdeaut.Toma nota también de esta propuesta. El 10 de marzo, a partir de las seis y media de la tarde, organizamos el taller Crea tu propio cuento en la Cálamo Infantil. Está dirigido a chavalas y chavales de 4 a 8 años. No dejes de apuntar a tus hijas, hijos, nietas y nietos. ¡Será divertido amén de instructivo! Inscripción: 5 euros.*Puedes encontrar la librería Cálamo en la Plaza San Francisco, 4 y 5, de Zaragoza o en su página web. #dts iframe {display:none!important;}   #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}     </em><strong> </strong></p><p><strong>Luis Landero</strong><strong>Irene Vallejo</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-vida-negociable/243542" target="_blank">La vida negociable</a></p><p><a href="http://www.megustaleer.com/libro/aunque-caminen-por-el-valle-de-la-muerte/ES0148296" target="_blank"><em>Aunque caminen por el valle de la muerte</em></a><em> (Literatura Ramdom House, Barcelona, 2017), de Álvaro Colomer, es una novela bélica sobre la participación española en la guerra de Irak, tan documentada como terrible; Los prisioneros del paraíso (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2017), nueva obra del musicólogo, director y orquesta Xavier Güell, narra la historia de los músicos judíos que fueron enviados al campo de concentración de Theresienstadt, de cómo la belleza intentó sobrevivir en medio de la más cruel infamia. Y para cambiar el tono, una bella y rara historia de amor que ha vuelto locos a los franceses, Esperando a Mister Bojangles (Salamandra, Madrid, 2017), de Olivier Bourdeaut.Toma nota también de esta propuesta. El 10 de marzo, a partir de las seis y media de la tarde, organizamos el taller Crea tu propio cuento en la Cálamo Infantil. Está dirigido a chavalas y chavales de 4 a 8 años. No dejes de apuntar a tus hijas, hijos, nietas y nietos. ¡Será divertido amén de instructivo! Inscripción: 5 euros.*Puedes encontrar la librería Cálamo en la Plaza San Francisco, 4 y 5, de Zaragoza o en su página web. #dts iframe {display:none!important;}   #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}     </em><strong> </strong><strong>Álvaro Colomer</strong><em>Los prisioneros del paraíso</em><em> </em><strong>Xavier Güell</strong><a href="http://salamandra.info/libro/esperando-mister-bojangles" target="_blank">Esperando a Mister Bojangles</a><strong>Olivier Bourdeaut</strong></p><p><strong>de 4 a 8 años. </strong></p><p><em>*Puedes encontrar la librería Cálamo en la Plaza San Francisco, 4 y 5, de Zaragoza o en su página web. </em><a href="http://www.libreriacalamo.com" target="_blank">página web</a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Cálamo]]></author>
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      <title><![CDATA['Escalera de incendios': Salvar los muebles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/escalera-incendios-salvar-muebles_1_1137429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/885e54df-72c7-4ef5-bb7d-4b135aae1c0e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Escalera de incendios': Salvar los muebles"></p><p><strong>Escalera de incendiosF. David RuizEditorial AlhuliaGranada2016</strong><em>Escalera de incendios</em></p><p>  </p><p>El nuestro es un tiempo de sucesivas e impuestas mudanzas, pero detrás de cada habitación desalquilada o en venta, detrás de cada desahucio está muchas veces el edificio abandonado, recién incendiado de nuestra propia conciencia.</p><p>Un edificio que se construyó desde los cimientos de unas reglas impuestas por la educación familiar, que se ha ido armando sobre las débiles esperanzas de un futuro marcado por consignas (casi ya apagadas) que llamaban a la libertad, la igualdad entre todos y la justicia real en una sociedad hoy desmoronada, lastrada (ladrillo a ladrillo, planta tras planta) por la argamasa oscura de la repetición de errores, de la desmemoria histórica, de la doble y confusa moralidad occidental.</p><p>A este edificio llega un hombre que, jugando al principio, trata de descubrir una grieta en los muros para volver a habitarlo, huecos donde alguna luz trace (y eso en apenas 15 poemas) un plano de las habitaciones de su joven memoria. Un plano, para <strong>F. David Ruiz</strong> (Rute, 1987), siempre vinculado con la palabra como interrogante pero a la vez como semilla de cultura compartida: es de señalar su labor con talleres teatrales, en jornadas literarias (Montalbán) o encuentros interartísticos (Cádiz o Granada) y su residencia en Fundación <strong>Antonio Gala</strong> ( año 2013, becado para novela). Sus primeras publicaciones de poesía son la plaquette de 2012 <em>Canción indie para el Chico Ostra (As</em>ociación del Diente de Oro) y poemas recogidos, ya en 2015. En las antologías <em>Todo es poesía en Granada </em>(Esdrújula),<em> Pero yo vuelo. Antología de joven poesía en Granada (</em>Ediciones en Huida) o <em>El álbum del fingidor (del fotógrafo </em><strong>Joaquín Puga</strong> en Valparaíso ediciones). Colabora también en las revistas <em>Mala Sombra, Revista de Claroscuros</em> o <em>La Galla Ciencia</em>. Y, ahora, desde esos surcos y esa memoria, ha alzado su yo presente, en este libro, <a href="http://www.alhulia.es/web/?slug=product_info&products_id=658" target="_blank">Escalera de incendios</a> (de editorial Alhulía y que obtiene en 2016 el VII Premio Granajoven de poesía), con gran fuerza poética para atrapar lo vivido y donde también hace la apuesta necesaria para alcanzar aquello por vivir.</p><p>En la primera parte, titulada “La combustión es siempre espontánea”, vemos como el poeta recorre un camino de búsqueda mirando tras su hombro al niño que fue, a los propios cimientos (ahora desvelados, descarnados por el fuego de la palabra) y ello con una nostalgia persistente pero llena de lucidez, con una desesperanza que paradójicamente le a mirar hacia delante, como vemos en el poema “La resistencia del plástico” donde escribe :“durará años / esta herida nueva de la lupa vida”. Recuerda en estos poemas, reinterpretándolas, las palabras oídas en la infancia (así, en el primer y excelente poema del libro, nos dice: “Come, niño / que cuando aprendas que la palabra hombre / viene de hambre / habrás perdido la batalla”. Vuelve a transitar las paredes ya vacías de las relaciones familiares, diseccionándolas desde sus detalles más cotidianos con el láser preciso de unos versos afilados (“en los costados de esta mesa / reúne su desorden / la palabra familia y se roza los codos”, escribe, o “Volver/manchado de futuro/a la casa del padre/es parecido a un ejercicio/ de equilibrio”. La sección se cierra con el estupendo poema “Contradiciendo a <strong>Pessoa</strong>” en el que la apelación al deseo, a la corporalidad desnuda del otro-amado se resuelve en hallazgo de la corporalidad del propio poema y, desde ella, en llamada al otro-lector, a esa mirada cómplice ante la que confesar que la verdad vital y la verdad ficcional, que es en su centro toda poesía, siempre acaban encajando (“Que el poema, /esta prolongación de mi existencia, / ya no diferencia arte/y vida. (…) Ya que escribir, aceptar el infierno/es saber reconocerse”).</p><p>A este reconocimiento asistimos en los poemas de la segunda parte del libro, “El humo removido”, a la que el autor llega huyendo del frío recién descubierto, tras encender para calentarse la hoguera de un amor apasionado y subir por la escalinata quebrada de los versos hacia una balconada desde donde intuye que podrá entender su presente. Será pues un redescubrirse que comienza en el otro-amado, en una relación amorosa vivida y recordada como la inmersión en un río desbordante pero, a la vez, delimitador de una frontera quizá insalvable igual que el fuego: el poeta busca hallar una identidad , intuida casi en el cuerpo del amado, amanecida apenas en compañía pero, al enfrentarse a la luz viva de la realidad abierta por el lenguaje hacia lo exterior, se descubre con extrañeza ajeno, plantado ya sin palabra o puente preciso en el otro lado ( nos dice. “La felicidad es un río sin puentes/ y, en vela, / te espero ahora/de este lado”), siempre al borde de una despedida (escribe: “Y siempre me despido/mordiendo/aquello que no digo”). Desde estos apuntes amatorios, las etapas de este descubrimiento avanzan ahora hacia una inmisericorde y acerada contemplación de sí mismo, bien sea reflejándose fugaz y esquinadamente en el espejo de las propias mitologías ( es muestra el estupendo poema “Baby blue”, una autoelegía con pie en la serie televisiva Breaking Bad), bien haciendo una dura contabilidad de esa matemática social y política en la que, como tantos jóvenes, se ve forzosamente inscrito ( así, nos anota en el poema “Cadena evolutiva”: “Los hombres de mi generación/son multiplicaciones inexactas”) o bien sosteniendo  esa mirada hacia el interior de una consciencia creciente de sus limitaciones que vemos abrirse en el díptico “Dos días”, mirada que queda suspendida como en fotograma fijo en el poema “Ceniza”, donde ya finalmente se disipa todo humo.</p><p>La última parte es “Los escalones de la huida”, donde el poeta nos muestra los tres pasos finales de este viaje de fuga/retorno desde/hacia la casa del yo, ahora en escombros. Unos pasos que tienen la fuerza de tres aldabonazos a una puerta increíblemente ( y ello gracias al cuidado puesto en la palabra poética, en la sinceridad de su mirada interior y frente al mundo) aún alzada en el solar quemado cuyo plano fantasma nos hizo recorrer en el libro. Son tres poemas directos que nos convocan a atravesar esa puerta para acompañarlo en una huida hacia adelante, hacia las calles de algunos futuros posibles. En el primero de ellos está la constatación de una derrota (“Aquí no queda nada. Ni Ítaca es Ítaca: / <strong>Homero </strong>la inventó.”), pero también la primera sombra de unas huellas puestas sobre las aceras de otro mañana, de un futuro que volverá a estar, a pesar de la huida, cargado con el peso de la memoria y que por tanto quizá de nuevo será abismo y vértigo, como desgrana en los siguientes textos escritos, los que componen “Tríptico del vértigo”. Un camino abierto en el que, y lo sabe al abordarlo, sólo ha de ser posible, “Tenerse en pie, /como quien despide a Dios/desde un andén” y encontrar por compañía una oscuridad inexplorada cuyo vacío tendrá que llenar reescribiéndose sin cesar, como hace en un poema que es cascada continua de un mantra de resonancias cervantinas, (“No la has de ver en todos los días de tu vida”), texto que colocado en la parte final del poemario recoge el aliento de la interpretación que del mismo hiciera el querido profesor <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong> en su obra “El escritor que compró su propio libro”: son voces que desde la infancia avisan al autor de lo irreversible de su pérdida y de que el deseo  dirigido al amado es ahora deseo-símbolo hecho carne en la escritura, lo  que el poeta resuelve aquí aferrándose a la posible salvación que frente al vértigo nos puede dar el conocimiento. Y cierra el libro el poema “Escalera de incendios” que, con excelentes imágenes, pone ante nuestra mirada un poeta que ya no echa la vista atrás, que aprende a caminar su propia (nuestra propia ) geografía desolada.</p><p>F. David Ruiz nos ha ido acercando posibles respuestas a sus preguntas: ¿Cómo huir del fuego? ¿Cómo evitar que el humo ascienda hasta confundir nuestra mirada y tiznar también los objetos, las voces recuperadas del recuerdo, los trazos salvados de la quema del edificio en peligro y a pique de caer que es ahora el yo personal, el nosotros colectivo? Sólo nos queda como salida, aún tambaleante entre las ruinas pero lista para desplegarse con el hilo de la palabra y ofrecernos posibles verticales para la huida, esa “escalera de incendios” que nos propuso en el título y que, en estas páginas, no es sólo un artefacto para la fuga, sino también laberinto metálico donde se extienden esas calles de nuestro paisaje vital que el humo de lo pasado colocó a una distancia quizá inaccesible: la esperanza, la libertad, la solidaridad, el buen amor.</p><p>Los peldaños de este libro son poemas fuertes, duros pero brillantes como el metal de esa escalera. Sus goznes pivotan sobre las relaciones familiares, sobre las series de culto, sobre los huecos descubiertos en en la memoria y en la propia identidad de un joven poeta que, iniciando con estos poemas una escritura muy prometedora y coherente, nos recuerda también otra arquitectura posible para el futuro. Porque delante de él se eleva un dintel asumido al fin, el del vértigo; porque bajo sus recomenzadas huellas escucha crepitar las pasadas cenizas (prendidas aún, vueltas en los  poemas que ha escrito “una bruma de racimo”) y a sus espaldas siente el eco hermoso de esa escalada urgente desplegada por sus palabras: una fuga poética que le llevó a alejarse de la rutina de la desesperanza y a acercarse a todos nosotros, lectores que nos sospechamos otros tras haberlo leído y recordar palabras como éstas: “Y vine a escribir/ la huida/en una escalera de incendios./Después de esto/quien se aleja/ no eres tú.”</p><p><em>*Trinidad Gan es poeta. Su último libro, </em><strong>Trinidad Gan</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/es/home/103-36-papel-ceniza.html" target="_blank">Papel ceniza</a><em> (Valparaíso Ediciones, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Trinidad Gan]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Escalera de incendios': Salvar los muebles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 54]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Temblor': recoger, respirar, reanudar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/temblor-recoger-respirar-reanudar_1_1137426.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/dd334d91-9e60-4688-99dc-246dc1606959_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Temblor': recoger, respirar, reanudar"></p><p><strong>TemblorJavi López GomisRuleta RusaMadrid2017</strong><em>Temblor</em></p><p>Hace cuatro meses escribí unas palabras a propósito de <em>Cronología de los pájaros</em>, un poemario breve al que Javi había dado a luz durante su estancia en una ciudad próxima a Praga. Mi reflexión comenzaba así:</p><p>  </p><p>Ya entonces lo emparenté con <strong>Chantal Maillard</strong>, con su cadencia, su ritmo entrecortado que se articula desde el dolor, centro mismo de la herida. También busqué su rastro en los poemas de la última etapa de <strong>Alejandra Pizarnik</strong>, a partir de <em>Extracción de la piedra de locura</em>, cuando el descoyuntamiento del lenguaje es tal que solo nos queda mirar cara a cara al abismo. Ahora ha llegado este nuevo hijo llamado <a href="http://ruletarusaediciones.bigcartel.com/product/temblor-javi-lopez-gomis" target="_blank">Temblor</a>. Su belleza pasa por tres fases, como las que conforman la vida de un ser humano: “De recoger las ruinas —poemas con semillas en lo triste-”, “De respirar los cuerpos —poemas de cerco o cercanía—” y “De reanudar el mundo —poemas para seguir temblando—”. Recoger, respirar, reanudar: recordad esas palabras, porque están muy relacionadas con la poética del autor.</p><p>  </p><p>Desde el preludio se anuncia la raíz del temblor que sacudirá todas las composiciones que siguen. La primera parte es el estremecimiento. Los poemas hablan del cuerpo convulsionado (“esa casa de piel completamente a oscuras”; “el velcro de las manos”) que se deja oír y nos interpela. Javi recoge los pedazos de sí que ha ido dejando sobre la tierra y con ellos confecciona imágenes. “Un animal grita debajo de mi piel y no lo entiendo”, gime el yo poético, antes de dar paso al poema que es el temblor más perverso e inocente, "Capítulos del pozo", del que no puedo hablar porque no se puede explicar esa experiencia en el hospital sino desde el grito, que es exclusivo de quien lo pronuncia.</p><p>El segundo escalón de esta obra, "De respirar los cuerpos", está encabezado por una cita de <strong>Dulce Chacón</strong> que reza: “Allí donde termina la distancia es el origen”. Pues bien: en los poemas que siguen el yo sale en busca de sí mismo, como en ese bellísimo poema de la tradición española como es el "Cántico espiritual", y se haya en el espacio que delimita otro cuerpo. Hay un encuentro en la otredad que ratifica la existencia y da forma al poema. A menudo este intento culmina en el abrazo inevitable de la ausencia, que se dibuja en el símbolo del pájaro (pensemos en el albatros de <strong>Baudelaire</strong>), animal que vuela solo y a cierta distancia del mundo: “Pero el pájaro callado vuelve y habla con alas en la voz”, leemos, o también “La belleza es un pájaro que no puedo abrazar”.</p><p>En el poema "Breve diario de distancias", nos encontramos con el gorrión y el mirlo, dos caras –la alegría, la melancolía— de una misma criatura. “La jaula se ha vuelto pájaro y se ha fugado”, escribió Alejandra Pizarnik en sus últimos años de vida. El poeta nos habla de una fuga que no tiene lugar del todo, porque hay un hilo que lo ata inevitablemente a la vida: lo que palpita, los cuerpos. Así, el cuerpo deseado se menciona como el “único lugar posible” en el poema "Ciclo de lluvias", y en "Elogio de las manos" se entona una letanía dulce, una canción de cuna llena de ternura: de quien se amó solo queda el eco, la huella, un poso persistente.</p><p>Si bien es cierto que este poemario está teñido de un manto de tristeza y dolor, este no podría tener cabida sin su reverso: la dulzura, que a menudo se presenta bajo la imagen de la infancia y la inocencia ligada a ella. Ahí está una niña que mira a un tren desde la palabra escrita, o los niños que protagonizan el Tango de Praga. Uno de los poemas que a mi parecer da sentido a la obra en su conjunto es el titulado "Cuento para dormir distancias", en el que un hombre se encuentra a solas frente al mar. Este hombre, que podría ser cualquier hombre, es también el poeta enfrentándose al misterio, a la poesía, a la literatura misma. Creo que ese temblor que se repite una y otra vez en la obra no es sólo el de aquel que teme, sino más bien del que sabe que es necesario temblar para vivir auténticamente. Y seguir escribiendo, aun a pesar de todo y con todo: “Tiembla vida y en ese temblor del mar se ahoga intentando llegar al otro lado”.</p><p>La última parte, "De reanudar el mundo", retoma los poemas de versículos largos donde la palabra fluye hasta desbordar los márgenes. La escritura de Javi López Gomis a veces es así, desbordante, como un río cuyo caudal redobla su furia para penetrar en los ojos. El poeta se asoma aquí a los gozos y las sombras de la literatura: porque el pájaro es la palabra, y la palabra es el lugar escogido para quedarse. “Un escenario para gritar la herida”. La palabra es humo que se apresa en los labios. La palabra persiste, la palabra. Y en el epílogo de gran belleza que sirve de telón a la obra, el lector vuelve a tropezarse con el poeta, una vez recuperada su esencia, que había quedado en el fondo del pozo, o en la camilla dura de un hospital. “Pero ¿qué cosa curar? Y ¿por dónde empezar a curar?” se preguntaba Alejandra Pizarnik en uno de sus textos más duros, <em>Sala de psicopatología</em>.</p><p>“Esta manía de saberse ángel sin edad”, clamó la gran poeta argentina. Eso que llaman locura. Esto que yo llamo auténtica y verdadera poesía, y que doy las gracias, aquí y ahora, porque ella exista, en este preciso <em>Temblor</em>.</p><p><em>*Gema Palacios es poeta. Su último libro publicado es </em><strong>Gema Palacios</strong>Treinta y seis mujeres<em> (El sastre de Apollinaire, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gema Palacios]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Temblor': recoger, respirar, reanudar]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Luis Landero: "La gente tiene una capacidad asombrosa de absolverse a sí misma"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/luis-landero-gente-capacidad-asombrosa-absolverse-si_1_1137424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da3e9001-c28f-413b-acce-9625f4902eb2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luis Landero: "La gente tiene una capacidad asombrosa de absolverse a sí misma""></p><p><strong>Luis Landero</strong> (Alburquerque, Badajoz, 1948) parece haber nacido con un traje permanentemente impoluto. Su amabilidad y su corrección esconden ahora, sin embargo, al creador de un personaje turbio que toca la psicopatía. Hugo Bayo, el personaje de <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-vida-negociable/243542" target="_blank">La vida negociable</a>, su nueva novela, es un pícaro oscuro que asustaría con su frialdad al pobre Lazarillo. Después de <strong>El balcón en invierno</strong>, la obra autobiográfica que le ha tenido varios años trabajando con su experiencia y la de su familia, este nuevo libro quería ser una aventura, casi un juego. Él insiste en que se lo ha pasado pipa escribiendo, y lo parece. Paradójicamente, la novela le ha salido sombría, casi cruel. Landero se sorprende y se encoge de hombros, sonriendo como si jamás hubiera roto un plato. </p><p><strong>Pregunta. ¿De dónde sale este pícaro moderno?</strong></p><p><strong>Respuesta</strong>. Yo no quise hacer una novela de pícaros, aunque sí lo es, si se mira bien. Tenía una idea desde hacía años, un esbozo. Era una imagen, una escena muy breve, que me gustaba. Una madre lleva a un niño (que pensé que podía tener unos 10 años), en principio a una tienda, y lo deja con el dueño de la tienda y desaparece. Dónde irá. Era solamente eso, con la posibilidad de que tuviera un amante, que puede ser o no... Empecé a trabajar con esa imagen, y me dije: pongamos que tenga 14 o 15 años; quitamos la tienda de paños, le deja una portería, y que el portero tenga una hija… Entonces a esa edad el niño se ve en una encrucijada moral, y en poder de un secreto que puede hacerle poderoso. ¿Qué hace? ¿Aprovecha el secreto, no lo aprovecha? Ese es el motor de arranque. Con eso trabaja un narrador. Con imágenes e hijas de porteros.</p><p><strong>P. Y, aunque no lo haya querido, le ha salido una novela picaresca de manual.</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, está en primera persona, el tipo comete bastantes fechorías, actúa para sobrevivir, carece de moral…</p><p><strong>P. Tiene mil vidas.</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, se va reinventando, hay una sucesión de aventuras… Pero el destino le va devolviendo a la peluquería, que es para lo que sirve, porque es un perfecto inútil aunque él piense que es un tipo con muchas cualidades. [Se ríe.] Y su única cualidad le acaba esclavizando. [Se ríe más alto.] Me lo he pasado muy bien escribiendo la novela.</p><p><strong>P. A los pícaros uno les perdona el mal que hacen porque ve que están saldando cuentas con el mundo. Pero, ¿en el caso de Hugo, realmente ha sido tan maltratado?</strong></p><p><strong>R</strong>. ¿Con él han sido injustos? Probablemente no. Se convierte en un justiciero… injustificado. Es victimista y piensa que tiene derecho a resarcirse, a dominar al prójimo y devolver un supuesto mal.</p><p><strong>P. El pícaro simpático que acaba derivando en casi un psicópata…</strong></p><p><strong>R</strong>. Cuando estaba escribiendo, no sabía qué pensar de él. Le lancé a la vida. A veces uno tira de la novela, y luego la novela tira de ti. Es un tipo que no es consciente de lo que hace, que es amoral, cambiante… Yo no sé lo que quiere, pero él tampoco. Y se disculpa a sí mismo. Negocia consigo mismo.</p><p><strong>P. Precisamente, usted cuenta que tardó en encontrar el título.</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2016/08/07/el_precalentamiento_literario_luis_landero_53311_1621.html" target="_blank">tardó en encontrar el título</a></p><p><strong>R</strong>. Sobre todo es que no me di cuenta de que lo tenía. Manejé 30 o 40: <em>Secretos de cristal</em>, <em>Retrato de un hombre inútil</em>, que no se lo puse porque tengo <em>Retrato de un hombre inmaduro</em>… La vida negociable se repite varias veces, pero no me gustaba, pensé que iba a encontrar uno mejor e incluso tuve noches de insomnio. Pasó el tiempo y no había manera. Hasta que me resigné… y luego me fue gustando. Ahora estoy cada vez más contento.</p><p><strong>P. Y luego resulta que la vida no es tan negociable, porque el destino le persigue.</strong></p><p><strong>R</strong>. Pero negociamos todo el rato: con Dios, con nosotros mismos, con los demás… Pagas al electricista con dinero negro y negocias contigo mismo: “Bueno, no es para tanto”. Pero luego negocias algo un poco más importante. Y así. Luego el tiempo pasa y la culpa se atenúa.</p><p><strong>P. Es una capacidad algo tenebrosa, la de conciliarse con uno mismo.</strong></p><p><strong>R</strong>. Porque es convivir con el mal. Hasta cierto punto, porque no sé cuál es el nivel de tolerancia a la culpa de cada uno. El mío, desde luego, es muy bajo, porque cualquier cosa me persigue. Pero a la vista de cómo están las cosas, la gente tiene una capacidad asombrosa de absolverse a sí misma. De decir: "Si no lo hago yo, lo hará otro; e incluso es mejor que lo haga yo, que lo haré más suavemente".</p><p><strong>P. Como decía antes, el niño, a partir de un momento, tiene ese momento de corrupción. ¿Cómo acercarse al origen del mal?</strong></p><p><strong>R</strong>. El niño se siente atraído por el mal y atraído por el poder que le da su secreto. A la vez, piensa que el mundo es malo, que su madre es mala, luego se enterará de que su padre es malo, de que la madre de Leo [la hija del portero] es mala, que el padre de Leo es malo… Él no piensa que él mismo deba ser malo, sino que tiene que hacer justicia. Un modo de hacer justicia es castigarles. Y se siente también fascinado por la cantidad de cosas que puede comprar con dinero. Que eso sí que es una tentación actual.</p><p><strong>P. De hecho, el dinero que sus padres le dan confirma su poder sobre ellos.</strong></p><p><strong>R</strong>. Es un reflejo de cómo los jóvenes llevan décadas expuestos a las tentaciones del consumo, y las tentaciones de ese demonio que es la publicidad, que está diciendo <em>cómprame, no serás feliz si no me compras</em>.</p><p><strong>P. Hugo tiene una caída hacia el mal a través del materialismo. ¿Nos habla eso de la sociedad en que se produce la caída?</strong></p><p><strong>R</strong>. Pasar, ha pasado siempre: siempre ha habido codicia, siempre ha habido ambición. Pero vivimos en una época en la que se ha desatado el capitalismo y el consumo, y donde el dinero lo es todo. Yo recuerdo, cuando era jovencito, mi madre me daba 15 pesetas los domingos. Con eso podías ir al cine y tomarte una caña, no más. Y tampoco aspirabas a más. Pero ahora todo el mundo tiene un diablo en la oreja.</p><p>Y luego es que nos atrae el mal. El mal gusta. Recuerdo, de niño, matar a un pájaro indefenso. Estaba el pobre en el suelo, se había caído, y con una piedra yo le estaba tirando… Yo era muy pequeño. Es de mis recuerdos más antiguos y no se me ha olvidado nunca. Fue una lección enorme. Aparece en <em>Juegos [de la edad tardía]</em>, fíjate. De alguna manera, eso está ahí: la crueldad es atractiva. Y esos son instintos que uno tiene que reprimir.</p><p><strong>P. Le ha sorprendido que la novela sea descrita como “amarga”.</strong></p><p><strong>R</strong>. Mucho. Al principio me fastidió, porque no quería que fuera así. Pero oye, el lector es soberano. Un periodista me dijo eso, que era amarga, otra que era cruel, que era pesimista… Digo “¿tanto?”. La novela es muy imaginativa, o eso pretendía. No pasa nada solemne y es, en cierto modo, de aventuras. Pensé que las pifias del protagonista tampoco eran especialmente… Aunque… Sí, la verdad es que es mala gente. [Se ríe a carcajadas]</p><p><strong>P. Tras El balcón en invierno, una novela autobiográfica, ¿sentía la necesidad de quitarse responsabilidad de encima?</strong><em>El balcón en invierno</em></p><p><strong>R</strong>. Sí, sentía la necesidad de huir de eso. Digo: “Voy a hacer algo muy contrario, algo donde no tenga que medirme”. Una novela en la que yo no aparezca para nada, una novela pura y dura, desatada. Sí hubo una voluntad de distanciarme. Pero eso pasa: el último libro siempre quieres asesinarlo.</p><p><em>*Clara Morales es periodista de </em><strong>Clara Morales</strong>infoLibre<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Luis Landero: "La gente tiene una capacidad asombrosa de absolverse a sí misma"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Los diablos azules número 54]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Los buenos amigos': huida hacia delante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/buenos-amigos-huida-delante_1_1137417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e7ad862a-fc75-40e4-9960-bee233d6a77b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Los buenos amigos': huida hacia delante"></p><p><strong>Los buenos amigosUse LahozDestinoBarcelona2016</strong><em>Los buenos amigos</em></p><p>En el título va recogido casi un lema vital, la amistad. Use Lahoz nos recuerda, en palabras de <strong>Rafael Chirbes</strong> (<a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/02/19/chirbes_cuento_invertido_madrastra_45064_1821.html" target="_blank"><em>Paris-Austerlitz</em></a>), que “hay que tener tanto cuidado en elegir con quién te juntas”, aunque no pensemos nunca en el cuidado que los demás deberían poner al arrimarse a nosotros, tan destartalados a veces.</p><p>Sixto Baladia quedó huérfano a los ocho años tras un terrible accidente familiar que marcará su vida. Su hermana Abril será criada por unos tíos y él tendrá que ir a un orfanato al que llevará tan sólo tres o cuatro mudas, cubiertos de alpaca y un colchón. Los cubiertos de alpaca tendrá que lavarlos todos los días.  Y todos los días tendrá que hacerse la cama.  En este hospicio regentado por monjas que también viven casi de la caridad en los oscuros años cincuenta, Sixto conoce a Juan y a Vicente con los que estrechará los lazos donde la amistad y la familia se anudan disipando fronteras que suavizan una realidad tremendamente difícil, demasiado dura para una infancia árida alimentada de sueños y de hambre. Del hospicio se llevará “un ardiente deseo de desquite que iba a instruir para siempre su genio” y la vaga idea de una huida hacia delante que impedirá sanar las grietas por donde las mezquindades del pasado se nos cuelan sin previo aviso.</p><p>Vicente Cástaras será su mejor amigo, su hermano. El compañero mayor que lo protege y lo ayuda, que lo instruye en la supervivencia del orfanato, un chaval que baila <em>swing </em>sin rubor y que cuida del pequeño Sixto hasta la salida de ambos a la vida real. Una vida que se construye cada uno de manera tan distinta y por tan diferente camino. Una vida que les permitirá encontrarse para situarse uno en frente del otro cuando ya las calles de Barcelona han cambiado los nombres de un régimen largo y tenebroso. Sombrío como los lugares reales o inventados en los que crecen Sixto y Vicente, Los Monegros, la playa de Las Negras, la Alpujarra, la sequía, el sitio de donde escapar o al que se decide no volver. Aquel sitio donde Benigno, el tío de Sixto se preguntaba si Dios no existe, donde se repetía a sí mismo que “no debe de haber Dios”…</p><p>En medio, una monja, la hermana Lucía, que también tiene un pasado y un futuro que transita aletargada al lado de Vicente. Tres nombres, Lucía, Vicente y Sixto, que se acunan en una infancia alejada del paraíso que debiera ser y que digieren el presente reconcomidos por un pasado que, o bien no olvidan o bien pretenden negar. Negar para seguir.</p><p>Porque en realidad y a pesar del título, estas magníficas páginas, esta historia trabada con música de cámara, “la noche empezó a descoserse en minúsculos pespuntes de luz”, con apuntes de poeta que erizan el vello de quien leyó aquellos versos, “uno no puede cansarse de mirar lo que no se cansa de esperar”, con frases que te aturden por sabidas y familiares: “Que en esta vida se puede ser cualquier cosa, incluso asesino a sueldo, cualquier cosa menos desagradecido.  Que no se te olvide”. Esta novela, al fin y al cabo, es un implacable repaso a nuestro pasado colectivo y también una espada en alto, una conciencia clara del pasado personal de cada uno, ese que viene a veces y echamos, que relegamos, que ahuyentamos y expulsamos en una conjura incierta que llamamos presente o futuro. Un espejo amargo, roto en alguna esquina por el resentimiento, que regresa para aturdirnos cuando menos lo necesitamos.</p><p>Use Lahoz ha escrito un relato soberbio. Enoja la idea de cerrar el libro cuando las penosas obligaciones te exigen su tiempo. Sixto, Vicente, Lucía y Barcelona. La ciudad como travesía en la que se reencontrarán los personajes, la ciudad que llevó promesas de prosperidad. La ciudad que será la única que custodie tantos secretos, tanto dolor que “puede trastocar la brújula” e indicar el norte más espantoso. <em>Los buenos amigos</em> es, de veras, una novela extraordinaria.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de Literatura. </em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Los buenos amigos': huida hacia delante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 54]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Pequeños incidentes': lo extraordinario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pequenos-incidentes-extraordinario_1_1137408.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/13c908bb-57d8-4eae-953c-657eeb36b311_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Pequeños incidentes': lo extraordinario"></p><p><strong>Pequeños incidentes (Antología poética)Karmelo C. IribarrenPrólogo de Luis García MonteroVisorMadrid2016</strong><em>Pequeños incidentes (Antología poética)</em></p><p>  </p><p>Leí recientemente la poesía completa de <strong>Karmelo C. Iribarren</strong>, <a href="http://www.editorialrenacimiento.com/calle-del-aire/1253-seguro-que-esta-historia-te-suena.html" target="_blank"><em>Seguro que esta historia te suena</em></a><em> </em>(Renacimiento, 2015); ahora, esta antología publicada por Visor, <a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/peque-os-incidentes-antologia-poetica.html" target="_blank">Pequeños incidentes</a>, me confirma la solidez de una de las propuestas más originales en el panorama de la poesía española contemporánea. En el prólogo, <strong>Luis García Montero</strong> señala con su habitual lucidez algunos rasgos diferenciales de su poética: la desmitificación de la solemnidad, el recurso a la ironía, los efectos de naturalidad que se sustentan en escenas de la vida cotidiana, la capacidad de observación. Es el de Karmelo C. Iribarren un “lirismo de frontera” que se aproxima a un mundo de perdedores y a partir de ahí declara su escepticismo. Sin embargo, como escribe Luis, “el escepticismo acaba convirtiéndose en paraguas, en una calculada defensa para resistir, casi en un motivo para la esperanza (…). Uno puede pensar que hay otros modos de sentir, pero en <em>estos </em>poemas sólo es posible <em>este </em>modo, y por eso resulta tan convincente, tan verdadero”.</p><p>Al inicio de su poesía completa, Karmelo C. Iribarren ponía una cita de <strong>Raymond Chandler</strong>: “La frase con alambre de púas, la frase laboriosamente rara, la afectación intelectual del estilo, son todos trucos divertidos, pero inútiles”. Es una buena declaración de principios. El espacio en el que se mueve su poesía queda bien claro en los títulos de su primer libro, <em>La condición urbana </em>(1995), y de su primera antología, <em>La ciudad </em>(2002, con varias reediciones). Sus poemas heredan una larga tradición contemporánea de paseantes y observadores que va desde el <em>flâneur </em>del siglo XIX y los itinerarios surrealistas, que buscaban en las ciudades todo aquello que la rutina había vuelto invisible, hasta los relatos y poemas de Raymond Carver. La mirada incisiva de Iribarren no intenta descubrir misterios ni prodigios; recordando a <strong>Philip Larkin</strong> –otro de los referentes—, el poeta no se dedica a “cazar dragones”, y el propio autor apunta en su <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/12/07/libreria_lagun_58503_1821.html" target="_blank">Diario de K.</a>: “Gran parte de lo que soy se lo debo a dos o tres bares y a cuatro o cinco libros”.</p><p>Encontramos en su poesía una síntesis muy inteligente de pasión y distancia, de frialdad y cercanía. El componente irónico es capaz de subvertir los lugares comunes y las frases hechas para darles un sentido inesperado, pero también ofrece distintos puntos de vista sobre una misma situación: la de los clientes de un bar, la de quienes esperan un autobús o viajan en él (“Línea 24, Bulevar”: “…en apenas segundos,/ doblará la esquina/ el maldito autobús…// El mismo/ cuyo retraso desespera/ a esa mujer de ahí…”). Otro aspecto de la ironía son los guiños literarios a los maestros reconocidos, ya sea en títulos de poemas o en versos: principalmente a <strong>Jaime Gil de Biedma</strong> (“¡Ay!, el tiempo, ya todo se comprende”, “Que la vida iba en serio”, “… o solo y borracho y mojado/ hasta los cuernos”, “De la vida me acuerdo, pero dónde está”), pero también a <strong>Ángel González</strong>, en el poema “Lo que hay” (“Sin esperanza, pero con/ veinte euros,/ me encamino hacia el próximo bar”), incluso a <strong>Caballero Bonald </strong>(“No somos más/ que el tiempo que nos queda/ caminando hacia el olvido/ que seremos…”). También aparecen otros autores, desde <strong>César Vallejo</strong> hasta <strong>Charles Bukowski</strong>. Todos esos referentes sostienen un modo de decir que rechaza el adorno: “Nada para recrear la vista./ Algo sólo para sentir” (“El arte y yo”).</p><p>No se entiende, pues, la poesía al margen de la vida: “Todo puede suceder/ en un poema:/ lo cotidiano, sí,/ pero también lo deslumbrante,/ e incluso/ ambas cosas/ a la vez/ —como en este, ahora/ que empiezas a desnudarte…”. Pero se impone la evidencia de lo cotidiano, los días grises, los tipos solitarios en cualquier bar, las conversaciones anodinas, la soledad del paseante; a partir de ahí, la voz que habla en los poemas asume el equívoco de las palabras y la caducidad de cualquier entusiasmo, buen punto de partida para una actitud vital que se dispone a aprovechar el presente, como nos dice el poema “Fórmula”: Hay que estar preparado para lo peor/ y disfrutar de lo bueno. Esa es/ la fórmula (…)/ Y vivir como si el tiempo/ nos debiese algo, como si fuera nuestro,/ exigiéndole al contado lo que nos pertenece”. Si el paso del tiempo deriva en la repetición de situaciones y lugares (“Sólo es el tiempo”, “Los días normales”, “La vida sigue”), un gran poema como “Intuición del frío” proyecta hacia el futuro las sensaciones inquietantes del pasado.</p><p>Los poemas de Karmelo C. Iribarren incluyen una amplia galería de personajes marginales. Vagabundos, mendigos, prostitutas, borrachos que recuerdan al autor periodos difíciles de su propia vida y forman parte de esa “ciudad sumergida”, esa “otra ciudad” seductora y falsa. Del libro <em>Ola de frío </em>(2007) proceden varias alusiones a este mundo de perdedores, “figuras tristes con cierta mítica”, gente que desaparece un día sin que nadie se dé cuenta: “Pasará a ser lo que siempre/ ha sido: nada, menos/ que el recuerdo de una sombra”.</p><p>Por último, las relaciones amorosas y el erotismo ocupan un lugar muy importante en su obra poética, con una gran variedad de matices. Las mujeres –se dice en el libro <em>Serie B </em>(1998)— “son como el alumbrado de la vida”, y la memoria sentimental del protagonista evoca los amores imposibles de la adolescencia, las miradas que se cruzan en un bar o en un ascensor (“Seguro que esta historia te suena”, “Benidorm, hotel”), la rutina que destruye a las parejas (“La tragedia”), las antiguas amantes despectivas que han ido a peor con el tiempo (“A veces, cuando me las cruzo”, “Planes”), los principios gloriosos y los finales patéticos (“Tragicómico”), las despedidas (“Segundos de eternidad”), la soledad (“…La soledad es eso,/ ahora lo sé:/ lo que hay/ antes y después de tu nombre”). Lo difícil no es enamorarse, “es salir entero/ de una historia de amor”. Tal vez por eso se recuerdan esos instantes fugaces que permanecen con el paso de los años y conservan el mismo brillo, la intensidad de entonces: “Hoy lo retomo donde entonces/ lo dejé: tu cuerpo recortándose/ en la penumbra del dintel,/ en tu rostro una ineludible propuesta”.</p><p>No creo que haga falta extenderse más. En el <em>Diario de K.</em>, Karmelo C. Iribarren es muy explícito: “Mis poemas se explican tan bien solos que cualquier comentario sería superfluo. Todos derivan de cosas que he visto, pensado o hecho, y dudo que entre sus temas haya nada extraordinario', dice <strong>Philip Larkin</strong>, y yo suscribo”. Es la suya una poesía muy directa, que sabe utilizar bien el artificio de naturalidad. Una poesía que seguramente interesará poco a los teóricos del <em>lenguaje </em>y a las antologías de un supuesto <em>canon académico</em>. Pero sí a los lectores, y yo me cuento entre ellos. <em>        </em></p><p><em>*Antonio Jiménez Millán es poeta y profesor de literatura. Su último libro, </em><strong>Antonio Jiménez Millán</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/01/27/ciudades_antonio_jimenez_millan_60303_1821.html" target="_blank">Ciudades (Antología 1980-2015)</a><em> (Renacimiento, 2016). </em></p><p><em>    </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Jiménez Millán]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Pequeños incidentes': lo extraordinario]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 54]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Dietario del sur': luminosa palabra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dietario-sur-luminosa-palabra_1_1137395.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4a20d5b0-4740-41e8-b239-e8784bb8941a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Dietario del sur': luminosa palabra"></p><p>Al sur del corazón de la Tierra hay un río que carece de nombre pero cuyas aguas arrastran la confidencia de todos los muertos, las voces de todos los antepasados que vagan por los sueños pendientes de ser soñados y cruzan los puentes de palabras de la eternidad. Allí, a ese río, se acerca a beber silencio el dios que le reza a los hombres, el profeta y el loco, el enamorado celeste que descifra con la música de las palabras el gran enigma de la muerte.</p><p>Hay que tener fe para vivir cerca de esa intemperie, hay que tener una ciega confianza en el ser humano para implicarse en la desesperación, en el desafío violento de la realidad, en la vida de los otros como en la propia existencia de uno mismo.</p><p>  </p><p>Eso hace la poesía, implicarse en la revuelta salvaje de la delicadeza humana con el lenguaje menos humillante de todas las categorías del saber, la intuición de la palabra poética con que nuestro admirado <strong>Rodrigo Galarza</strong>, este ciudadano literalmente irrepetible que, a veces, como toda poética de la veracidad, toma trenes equivocados para llegar a sí mismo. Mal destino en poesía sería el de aquel que va seguro en el vagón de su certeza. La poesía es una aliada natural de la equivocación, del error ante la preceptiva, de la desobediencia ante el canon. Y Rodrigo, desobedece, Rodrigo altera la previsión de la costumbre para hacerse vidente, un huésped del insomnio creativo, un dialogante crítico con lo invisible del invisible, esa voz de lo oculto con la que establece plática todo discurso que aspire a poema, es decir a ser milagro del lenguaje y fundación crítica de la conciencia.</p><p>En este libro, <a href="http://ruletarusaediciones.bigcartel.com/product/dietario-del-sur-rodrigo-galarza" target="_blank"><em>Dietario del sur</em></a>(Ruleta Rusa), la memoria se convierte en el pulso cerebral del universo, un territorio con gauchos y caballos de arcilla, un lugar donde la desolada tribu del corazón funda un espacio sagrado para el fulgor, para su celebración amorosa y sus ansias de vuelo, la pasión del pájaro, la voluntad de una escritura que desafía los principios gravitatorios para hacerse primordial recuerdo de las cosmogonías aéreas, o sea de las semejanzas que tienen algunos poetas con los pájaros y otros escribidores más realistas y pragmáticos con los ornitólogos.</p><p>No hace falta decir a qué categoría pertenece el que así canta y así y aquí mismo en este libro eleva la densificación de su estrella, esa luminosa palabra que es el puro centro de la existencia perceptiva del lenguaje, el poema como núcleo del significado en el círculo perfecto.</p><p>Rodrigo, el paradigma de su bondad y el desafío generoso de su inteligencia creativa, este hombre, peregrino y redentor entre todos los mendigos del mundo, para decirlo en la semejanza de sus propias palabras, ha conocido el enigma de la Esfinge, el misterio de la edad y del dolor, la herencia del frío y del fuego. Hay en su poesía, lo que equivale a decir lo que en él mismo vive, una persistente duración en la resistencia, un litigio de lo hermoso con la hermosura, de lo igual con lo mismo, como una hoja de hierba ante otra hoja de hierba, un bisbiseo de astros en el pasto de la noche. Existe en él lo mismo que habita en su poesía, los recuerdos de la fundación de lo natal, <em>vos Francisco Madariaga: emponchado en cuero de jaguar…</em>, alabanza del tiempo en que la felicidad construía la voluntad de un destino y las palabras eran alegres como un mediodía silvestre.</p><p><em>*Juan Carlos Mestre es poeta. Su último libro, </em><strong>Juan Carlos Mestre</strong><a href="http://calambureditorial.blogspot.com.es/2016/09/resena-la-tumba-de-keats-de-juan-carlos.html" target="_blank">La tumba de </a><a href="http://calambureditorial.blogspot.com.es/2016/09/resena-la-tumba-de-keats-de-juan-carlos.html" target="_blank">Keats</a><a href="http://calambureditorial.blogspot.com.es/2016/09/resena-la-tumba-de-keats-de-juan-carlos.html" target="_blank"><em> </em></a><em>(Calambur, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Mestre]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Dietario del sur': luminosa palabra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 54]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Memoria de la noche]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/memoria-noche_1_1137390.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/98478b36-5693-419a-ab5f-3889b0494fcf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Memoria de la noche"></p><p><em>(Comienza Luis Landero.)</em><strong>Luis Landero</strong></p><p>Ante todo, señor comisario, déjeme decirle que yo también soy un hombre de orden. ¿Que cuál es mi profesión? Soy indigente, señor, que es el oficio más viejo del mundo. Que me perdonen las putas, pero nosotros fuimos antes que ellas. Soy indigente, carezco de trabajo, de techo, de dinero, vivo de la caridad, pero vivo bien y no me quejo. Yo no soy como otros del oficio que siempre están echando pestes de la sociedad y blasfemando contra los políticos, contra los ricos, contra Dios, contra todo. Yo no, yo soy una persona educada y limpia, un hombre de orden, voy todos los domingos a una casa de baños y todas las semanas me pongo ropa limpia. Yo, señor comisario, soy una persona honrada, y me gusta esta vida que llevo.</p><p>¿Que qué hice ayer? Ayer fui a comer a Martínez Campos, donde las Hermanitas de la Caridad. Nos dieron dos croquetas de aperitivo, y luego sopa de fideos con tropezones y dos huevos duros con tomate. De postre, fruta y café. También nos dieron un vaso de vino, y pan a discreción. Allí estuvimos casi hasta las cinco, alternando y escuchando a un coro de voluntarios que vino a cantarnos villancicos de Navidad. Y sí, allí estaba el pobre Lucas, comiendo con un apetito de lobo, quién iba a decir que habrían de matarlo esa misma noche. ¿Y después? Pues después unos cuantos, entre ellos el pobre Lucas, tiramos hacia Argüelles, a la sede de un voluntariado donde reparten ropa y comida, y de paso te reconoce un médico, y si necesitas medicinas, te las dan allí mismo. A mí me dieron una camiseta térmica y dos pares de calcetines gordos de lana. También dos latas, una de caballa y otra de callos, dos molletes de pan, un cartón de leche y un paquete de galletas de coco. Una voluntaria me obsequió además con una cajetilla de Ducados y me regaló su mechero. Para que luego hablen mal de la sociedad.</p><p>¿Que por dónde suelo moverme yo? Verá, señor, a mí no me gusta ir de aquí para allá con un carrito de supermercado o una carretilla, como hacen algunos, el pobre Lucas entre ellos, que andaba siempre con dos maletas a cuestas, a mí me gusta andar libre y ligero, por eso uso esta mochila, con eso me vale, yo no tengo alma de propietario y no soy como esos que se pasan el día a la rebusca en cubos de basura, papeleras y contenedores, y que suelen tener un sitio fijo donde montan el campamento, todo lleno de bultos y de montones de cachivaches, y no se cansan nunca de juntar más y más, a lo mejor así se imaginan que son ricos, los muy gilipollas, con perdón sea dicho. Algunos incluso, al verse con tantos bienes, se hacen sedentarios, y enseguida empiezan a soñar con tener una chabola, y criar gallinas, y sentarse a ver la televisión, sin caer en la cuenta de que en este oficio, si quieres establecerte de verdad, tienes que meterte en el trapicheo de la droga, si no, mejor seguir de nómada, que es lo que yo hago, como un hombre de orden que soy. Yo, con mi mochila, me muevo por toda la ciudad, y conozco a mucha gente, y a muchos del gremio, aunque apenas me trato con ellos, en parte porque soy más bien solitario, y en parte porque a mí la verdad es que mis colegas no acaban de gustarme, siempre tan sucios, tan vociferantes, tan borrachos, tan cínicos. Además, somos muchos, demasiados, y hay demasiada competencia desleal, deberían ustedes hacer una ley para separar el trigo de la paja y regular y dignificar este oficio, que  como ya dije antes es el más antiguo del mundo, con perdón de las putas.</p><p>¿Que qué hicimos luego? Pues verá, señor comisario. Unos, que iban a asar carne en unos desmontes por donde el cementerio de la Almudena, me invitaron a ir con ellos, y luego a dormir en uno de esos bloques que con la crisis se ha quedado a medio construir. Otros decían de ir a dormir a un albergue y cenar allí mismo de bocadillo. Entonces el pobre Lucas, que tiene un entrante muy bueno y muy abrigado en un banco que hay al final de la calle Abascal, preguntó si alguien quería compartirlo con él, para así entre los dos defenderse mejor de esos niñatos que andan al deporte de cazar indigentes. Y la verdad, no sé si alguien se fue o no con él. Yo desde luego no, ni lo tomé en consideración, ya le he dicho que yo soy de por sí solitario y no me gusta hacer parte con nadie de mi soledad y mi buena fortuna.</p><p>¿Que dónde me fui a pasar la noche?</p><p><em>(Sigue Fernando Aramburu.)</em><strong>Fernando Aramburu</strong></p><p>Pues sí, señor, soy hija de Lucas Estévez y créame que, si no es porque me ha hecho usted venir, no me habría enterado de que está muerto o de que lo han matado. Ni mi madre, que no anda fina de salud, ni yo queremos que nos salpique una gota de este feo asunto. Si necesita usted sospechosos, haga el favor de buscarlos por otros vecindarios. Y no es que me alegre de lo que ha ocurrido. Ni me alegro ni siento pena, y esto usted lo entendería si supiese lo que sufrimos mi madre y yo por culpa de ese hombre cuando aún no era un indigente y vivía con nosotras. En caso de que haya que identificar el cadáver no cuente conmigo. Aún menos con mi madre. No está la mujer para semejantes trotes. Y obligarnos no nos puede usted obligar por muy comisario que sea.</p><p>Sí le puedo contar que va para dos años que no teníamos relación con Lucas Estévez. Al principio lo veíamos bastante. No había otro remedio puesto que él merodeaba a diario por los bares del barrio hasta que me imagino que se le acabó el dinero y mi madre y yo decidimos mudarnos a La Elipa sin decir nada a nadie para que luego no se lo contaran a él. Y de este modo lo perdimos de vista. No estamos ni siquiera en el listín de teléfonos y la verdad es que sí, que nos lo sacamos de encima y él ya no podía tocarnos el timbre por la noche como después que lo echáramos de casa con ayuda de unos parientes, que a lo mejor nos rompía el sueño a las dos o las tres de la madrugada. No le abríamos, pues eso faltaba, pero así y todo mi madre pasó una temporada fatal, de donde yo creo que le viene el problema de nervios que aún la hace sufrir.</p><p>Desde que mi madre y yo nos instalamos en una vivienda de La Elipa sólo he visto a Lucas Estévez dos veces y las dos por casualidad, una yendo yo a mi trabajo y otra cuando volvía del trabajo a casa. En los dos casos, nada más verlo, me aparté. Porque yo por ese hombre, aunque fuera mi padre, no he sentido nunca una pizca de cariño. Y, fíjese, no tanto por el asco que me daba verlo llegar a casa borracho, con un olor insoportable y el pantalón meado, como por el mal vino que tenía, que lo ve usted y puede pensar: joder, qué cara de bueno tiene este pobre señor. Pues no. Tenía la mano ligera. Muy ligera. Piense que si no se respetaba a sí mismo, ¿cómo nos iba a respetar a las demás? Mi madre, por no romper la familia, lo habría aguantado hasta el martirio. Se lo aseguro. No exagero. Pero en cuanto empezó a ponernos la mano encima, dije: hasta aquí, mamá. Vamos a llamar al tío Sergio y a mis primos para que nos ayuden. Y ella: que no, hija, que a lo mejor encuentra trabajo y se calma. ¿Calmarse? Todavía me acuerdo de cuando llevé a mi madre en un taxi a urgencias, que si llegamos una hora más tarde, nos dijo el médico, pierde un ojo.</p><p>Y sí, la última vez que vi a Lucas Estévez fue el viernes pasado por la tarde, pero ya le digo que no hablé con él. Estaba muy cambiado, casi como cheposo. Tardé tanto en reconocerlo que por poco no me da tiempo de cambiar de acera antes de toparme con él. Esto fue en la calle Abascal, hacia las cinco o cinco y media de la tarde, y él iba con dos maletas, donde supongo que lleva sus pertenencias si es que sigue viviendo en la calle, que ni lo sé ni me importa. La barba le llegaba a medio pecho, toda blanca y descuidada, y él tenía una pinta de mendigo y de hombre sucio que me dio vergüenza, de donde se deduce que en esos momentos aún lo sentí como padre. No era un hombre bueno, señor comisario. Era faltón y violento. Y si lo han matado, será por algún lío en el que se haya metido. Ni me alegro ni me apeno. Esto es todo lo que puedo contarle. ¿Le importa que me marche? Es que aún tengo algunos asuntos pendientes.</p><p><em>(Continúa Óscar Esquivias.)</em><strong>Óscar Esquivias</strong></p><p>No sé si comió con más avidez que otros días, no me fijé, la verdad; yo sólo le digo que las croquetas se las guardó en el abrigo, así que tanta hambre no tendría, digo yo. Lo sé bien porque yo misma le vi esconderlas cuando llegó a su mesa: las retiró de la bandeja y, sin envolverlas en una servilleta ni nada, las dejó caer en el bolsillo. No se crea que es algo que me extraña: muchos lo hacen, sobre todo con el pan, que luego reparten con los gorriones o las palomas. Yo no me enfado por estas cosas (cuando empecé sí, pero ya no), me refiero a que no les reprocho que se lleven de extranjis comida fuera, pero sí que sean desaseados, y por eso reñí a Lucas, debo reconocerlo. Bueno, reñir, reñir, no es la palabra. Le reproché su falta de higiene, no otra cosa. Allí, en el comedor, no sólo les damos de comer, sino que nos preocupamos por su dignidad como personas, por que no se abandonen, usted me entiende.</p><p>No, no, en público no. Las faltas privadas deben reprenderse privadamente, eso nos aconsejaba nuestro fundador, san <strong>Vicente de Paúl</strong>. Fue después de los villancicos, cuando salía. Le llamé aparte y le dije: "Lucas, tunante, he visto lo que has hecho y no me gusta nada". Y entonces, señor comisario, me miró a los ojos (Lucas nunca te miraba a la cara) y le brotaron unos lagrimones, en silencio. Entonces le pedí perdón y le pregunté si le pasaba algo, porque nunca le había visto así. "¿Qué sabe usted?", me dijo asustado, y se puso a temblar, y yo no entendía nada. Estos hombres nos conocen muy bien y ninguno nos tiene miedo, así que le señalé la mancha del abrigo y le respondí: "Llevas ahí dos croquetas de bacalao, ¿qué más tendría que saber?", y entonces él se repuso, se sorbió los mocos, sonrió y dijo: "Son para los gatitos, sor, no se enfade".</p><p>Sí, ellos nos suelen tratar de usted y nosotras a ellos de tú. No sé por qué lo hacemos así, pero es lo natural, la verdad es que nunca había reparado en ello. A las voluntarias más jóvenes quizá las tutean, pero a mí no, y tampoco dicen mi nombre, siempre "sor", será por la edad. Bueno, y a escondidas sé que me llaman <em>La Coronela</em>; a mí ahora me hace gracia el mote (antes, no) y a veces, cuando entro en el comedor, imito el son de una corneta militar y luego digo: "¡Firmes!", y alguno responde: "¡A sus órdenes!". Pero no Lucas, él jamás participaba en las bromas y, desde luego, siempre me trataba de usted y con respeto.</p><p>No, no era especialmente educado. Tampoco maleducado. Era más bien hosco, desconfiado, a veces irritable, como casi todos los que vienen por aquí. Nos agradecen mucho lo que les damos, pero a la vez siempre están descontentos y esperan un poco más.</p><p>Pues sobre todo dinero, claro. Pero también un vaso extra de vino, o comida para llevar a la calle, o un billete de autobús para no sé dónde, o una tarjeta telefónica, o un rato de charla, y rara vez les damos lo que piden, ni siquiera conversación, porque allí siempre hay mil cosas que hacer y alguno es verdaderamente absorbente y obsesivo. No era el caso de Lucas. No recuerdo que nunca nos exigiera nada. Venía, comía, pasaba al servicio y se iba. Usaba las palabras justas y sólo si estaba muy contento, lo que era raro, nos contaba algo de su vida, pero nunca nada demasiado íntimo.</p><p>Desde hace cuatro meses, más o menos. Antes creo que anduvo por el distrito de Tetuán y que acudía al comedor de la Orden de Malta, y antes de eso, no sé. No puedo decirle mucho más, él no era muy comunicativo y aquí, allí, no interrogamos a nadie, sólo hacemos el bien.</p><p>Oh, no se ofenda, no lo he dicho con desprecio. Usted interroga maravillosamente, hace preguntas muy inteligentes y, por supuesto, pienso que la policía es una institución benefactora. Discúlpeme usted si ha entendido otra cosa, señor comisario.</p><p>Pues sí, me parece recordar que Lucas decía que tenía familia, creo que una mujer, una hija y un gato, que era al que más echaba de menos. El animalito se llamaba Evaristo, como mi padre, por eso me acuerdo del nombre. Pero quizá lo de su familia sea mentira, incluso lo del gato Evaristo. La gente que vive en la calle es muy fantasiosa. No mienten por maldad, sino por costumbre, a veces por enfermedad mental, o estimulados por el alcohol. Es un poco como tratar con niños. Unos niños que nos duran poco, son raros los que aguantan mucho tiempo esa vida. Él decía que llevaba dos años así, a la intemperie, dando tumbos, así que era de los veteranos. Bueno, qué le voy a contar, usted sabe mejor que yo cómo es ese mundo, señor comisario.</p><p>En una de las maletas llevaba la trompeta, claro. Lucas tocaba por las calles, sobre todo a las puertas de las iglesias y de los bingos. Iba de la iglesia de Santa Teresa a la de Nuestra Señora de los Ángeles, y luego a la de San Cristóbal. Presumía de haber sido solista en la Orquesta Nacional, en los tiempos de Frühbeck de Burgos, pero seguramente eso también se lo inventaba. Yo un día lo oí en la calle por casualidad y tocaba <em>Suspiros de España</em> bastante mal, la verdad. Pero algo de música debía de haber estudiado porque cuando le reprochaba el descuido de sus barbazas, él me respondía que las llevaba como <strong>Brahms</strong>.</p><p>No, no, este sí existe. Es un compositor. Barbudo, sí. Del siglo XIX.</p><p>Be de Barcelona, erre de Roma, a de Ávila, hache de horchata, eme de Málaga, ese de Sevilla.</p><p>Los nombres de los bingos no los recuerdo, creo que frecuentaba uno cerca de Cuatro Caminos. Sé que a veces las clientas le pedían que cuidara sus perros mientras jugaban unas partidas y que él se quedaba a la puerta, agarrando las correas de los chuchos. Luego, cuando salían, si habían recibido algún premio, le daban grandes propinas.</p><p>En la otra maleta no tengo ni idea de qué podía llevar. Ya le he dicho que nosotras no preguntamos nada.</p><p>A usted. Buenos días.</p><p><em>(Cerrará Marta Sanz)</em><strong> Marta Sanz</strong></p><p><em>*Luis Landero es escritor. Su último libro, </em><strong>Luis Landero</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-vida-negociable/243542" target="_blank">La vida negociable</a><em> (Tusquets, 2017).</em></p><p><em>*Fernando Aramburu es escritor. Su último libro, </em><strong>Fernando Aramburu</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-patria/217001" target="_blank">Patria</a><em> (Tusquets, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis Landero / Fernando Aramburu / Óscar Esquivias]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Memoria de la noche]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 54]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Landero, microrrelatista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/landero-microrrelatista_1_1137376.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9aec8ab5-2049-4ae0-b193-8b093f40f53d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Landero, microrrelatista"></p><p>Hasta donde yo sé, <strong>Luis Landero</strong>, como tal, nunca publicó un microrrelato. Pero desdoblándose en Faroni, personaje de sus <em>Juegos de la edad tardía</em>, tiene en su haber unos pocos, entre ellos el memorable, si bien atípico, "Breve antología de la literatura universal", recogidos en la recopilación <em>Quince líneas. Relatos hiperbreves</em> (Tusquets, 1996).</p><p>El que ahora ofrecemos a los lectores no fue gestado como tal, sino que forma parte de su última novela, <em>La vida negociable</em>. Por tanto, se trata de un tipo de texto que los filólogos consideran <em>intertextual</em>. Sin embargo, no se trata de un procedimiento insólito, pues lo han cultivado de forma reiterada algunos antólogos del género, como el argentino <strong>Raúl Brasca</strong> o el colombiano <strong>Guillermo Bustamante Zamudio</strong>, y se ha utilizado también en no pocas ocasiones con la poesía, el cuento o el aforismo, géneros mucho más asentados en la historia literaria que el microrrelato. El título, por tanto, es nuestro, por lo que figura entre corchetes. Se trata, en suma, de una narración que, sin haber sido concebida por el autor como un microrrelato, al desgajarlo del conjunto de la novela, permite ser leída con placer como tal. | <strong>Fernando Valls</strong></p><p>  <em><strong>[Historia sentimental]</strong></em></p><p><em>Yo en el amor le pedí a los Reyes Magos un scalextric, un coche teledirigido, una bicicleta, y qué sé yo qué más, y fíjate lo que me echaron al final, un par de calcetines, dos castañas pilongas y una bolsita de caramelos de café con leche. Esa es toda mi historia sentimental.</em></p><p><em>*Fernando Valls es profesor y crítico literario. Luis Landero es escritor. Su última novela, </em><strong>Fernando Valls </strong><strong>Luis Landero</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-vida-negociable/243542" target="_blank">La vida negociable</a><em> (Tusquets, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls / Luis Landero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Landero, microrrelatista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 54]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['La vida negociable': Vivir en los géneros literarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vida-negociable-vivir-generos-literarios_1_1137362.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/49744869-9563-494e-baf7-6842621d0e7c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'La vida negociable': Vivir en los géneros literarios"></p><p>Mientras esperamos el monográfico que la <a href="http://www.ieturolenses.org/revista_turia/" target="_blank">revista Turia</a> le dedica en su próximo número a <strong>Luis Landero</strong>, acaba de aparecer su nueva novela, titulada <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-vida-negociable/243542" target="_blank">La vida negociable</a>. En ella, un personaje llamado Hugo Bayo, a punto de ser padre, durante una noche en la que no le viene el sueño, se pone a recordar su vida para intentar entender algo de lo que le ha sucedido, quién es realmente. El caso es que, tras muchos avatares, no siempre gratos, decide comprar una finca en el campo y dedicarse a cultivarla, pero al no conseguir adquirirla acaba quedándose con el traspaso de una peluquería, iniciando una vez más una nueva vida... Así, Hugo se imagina que se dirige a los clientes de la barbería, los pelucandos, para contarles "con orden y rigor" sus "andanzas", empezando por la tarde en que su madre le confió un secreto, "manantial de donde brotó inexorable el río de mi vida" (pág. 327). Con ello, el arranque del relato enlaza como el final, dirigiéndose a sus supuestos interlocutores: "Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles" (pág. 11). De forma semejante, la narracción se presenta como un relato oral, conminando a sus posibles oyentes, y de paso a los lectores de la novela, a que presten atención y se pongan cómodos, pues es la única manera de seguir y entender la historia que va a contarles.</p><p>  </p><p>Landero le <a href="http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/landero-la-vida-negociable-novela-5850683" target="_blank">ha confesado</a> a la periodista <strong>Elena Hevia</strong> que el origen de esta novela está en la figura de su protagonista, y más en concreto, en una imagen que le rondaba por la cabeza, en la que una madre deja a su hijo en un comercio, al cuidado de alguien, mientras ella desaparece durante unas horas, quizá para encontrarse con su amante, confiándole al chico su secreto. A partir de aquí, el relato se abre a numerosas posibilidades, pues, la existencia de Hugo dependerá del uso que haga de la confidencia que le ha hecho su madre.</p><p>La historia está contada en primera persona por el protagonista, aunque en ocasiones le ceda la voz a otros personajes, y en diversos momentos se imponga el diálogo. Hugo rememora su vida, se trata de una atípica novela de aprendizaje, en los términos propios de la picaresca, aunque más bien represente –en esencia— a un pícaro impostor. El relato se compone de dos partes semejantes, con 13  capítulos cada una. La trama aparece articulada por tres secretos, los dos que le trasmiten a Hugo sus padres, y el que le confiesa Leo, su novia; pero también por la relación que el narrador mantiene, de forma intermitente, con cuatro mujeres de distintas edades y condición, cada una de ellas con personalidad propia: su madre, Leo, Olivia y la coronela. Excepto Olivia, una niña bien, de la que no acaba de entenderse por qué se interesa por semejante botarate, y que consigue que nuestro hombre se pierda en disparatadas fantasías, los otros tres personajes femeninos resultan muy atractivos y logrados, cada uno a su manera. La madre, a pesar de sus largas ausencias, y Leo y la coronela, por sus singulares intervenciones. Leo, hija de una vidente y de un antiguo campeón de lucha libre, actúa como una especie de Sancho Panza, en una novela que posee ribetes cervantinos; mientras que el hilarante episodio de la coronela se desarrolla como una comedia bufa italiana, de <strong>Eduardo de Filippo</strong>. Esta importante presencia femenina es necesaria destacarla porque Landero suele basar sus historias, sobre todo, en los personajes masculinos.</p><p>El poder que le otorga a Hugo el conocimiento de los secretos será el punto de partida de su envilecimiento. El caso es que el protagonista se proyecta a través de sus sueños, tanto en los que conciernen a sus aspiraciones vitales, como aquellos que se refieren a los oficios que espera desempeñar, o los que acabará ejerciendo. No en vano podría afirmarse que esta es la novela de los oficios. Así, Hugo trabaja como peluquero y comerciante, cerrajero, pero en un momento u otro sueña con ser maestro, arquitecto, gran escritor, médico, saxofonista, granjero, ladrón, detective... La peculiar existencia del personaje, en sus diversas etapas, de la niñez a comienzos de los años noventa, a la edad adulta, ya en el nuevo siglo, adquirirá los tintes propios de la comedia y de la tragedia, pasando por todas las hibridaciones posibles, bien sea el esperpento, el folletín, la novela sentimental, bien el relato de intriga, como si la vida fuera un potaje de géneros literarios.</p><p>Pero, además de su propia historia, el narrador cuenta la de sus padres, de tal forma que podemos intuir, en gran parte, la negociación que mantienen entre ellos. Sea como fuere, casi todos los personajes buscan el amor, pero a lo más que llegan es a satisfacer circunstancialmente sus deseos. El caso más evidente, al respecto, es el de Hugo, incapaz de darse a los otros, aunque necesitado de amor y admiración, según veremos con más detenimiento. Y puesto que la historia que se cuenta es tragicómica (la foto de <strong>Scianna</strong> que aparece en la cubierta se nutre también de esos ingredientes), el humor desempeña un papel importante, pues oxigena la trama con el adobo de la ironía y la parodia, que nos distancian de los hechos –digamos— más sublimes. Podría afirmarse, por ello, que la primera fuente de humor es el <em>afán</em> desmesurado del protagonista. En la novela encontramos, además, momentos <em>grandes</em>, como la digresión sobre las peluquerías, la perorata del coronel, o la relación de Hugo con la fogosa señora del militar. Sin que falten algunos de los motivos propios de su narrativa: el citado afán o el uso peculiar del adjetivo <em>grande</em>, lo mágico y prodigioso, la enfermedad del amor, la ilusión de estar iniciando una nueva vida, la obsesión por el destino e incluso un par de alusiones –aunque sean de pasad—- a los motivos propios de <strong>Kafka</strong>. Y, además, en diversas ocasiones, el narrador se siente, o ve a los demás protagonistas, como personajes de la historia del cine o de la literatura, sus referentes habituales.</p><p>Para Hugo, que la vida sea negociable, que uno pueda justificar sus tropelías y quedarse tranquilo, un signo de nuestros malos tiempos (Landero le <a href="http://www.huffingtonpost.es/2017/02/10/entrevista-luis-landero_n_14675196.html" target="_blank">ha confesado</a> al periodista <strong>Guillermo Rodríguez </strong>que nuestra sociedad está enferma de banalidad, de trivialidad y entretenimiento barato...), es quizá la válvula de escape que le permite seguir vivo... De hecho, según confiesa también el autor en esa misma entrevista, la novela podría haberse titulado <em>La vida justificable</em>. Lo importante, sin embargo, es que tras notables narraciones como <em>Retrato de un hombre inmaduro</em> (2010), <em>Absolución</em> (2012), y la obra desencantada con la ficción que es <a href="http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2014/09/27/el_balcon_invierno_21970_1023.html" target="_blank">El balcón en invierno</a> (2014), la prosa de Luis Landero ha ido ganando en sobriedad y precisión, buscando en la exactitud, en la palabra justa, la esencialidad del lenguaje, empeño que aparece intensificado.</p><p>Y a pesar de ello, <em>La vida negociable</em> quizá sea su novela más pesimista, la más amarga, aunque no la menos lúcida, en la que un clásico antihéroe con escasos atributos, haciéndose la víctima, nos relata su vida intentando justificar su falta de moral para poder reconcilarse consigo mismo y vivir con una cierta paz, una vez que –tras haber aspirado a todo— acepta que solo puede ganarse la vida con el único oficio que conoce y para el que está dotado, acompañado por la mujer con la que mejor se aviene, que lo conoce al dedillo, la única que a su manera lo ha querido, a pesar de ser Hugo como es.</p><p>Luis Landero se plantea aquí un tema latente, al menos desde los años de la Transición: qué aspiramos ser y en qué nos hemos acabado convirtiendo. Pero, en el fondo, la tragedia de Hugo estriba en que no es capaz de amar a sus allegados (ni a sus padres, ni a Leo, ni al militar que lo ampara, ni tampoco a su desvalido amigo Marco, a quien acaba comparando –en una imagen feliz— con una araña mojada), pues su concepción del cariño resulta banal. Además, sus expectativas vitales carecen de realismo, pues prefiere ignorar quién es realmente y a qué puede aspirar. Por ello, un día se siente un paria y otro se ve como un rey (pág. 106).</p><p>Al final de la narración, cuando esta se centra en una búsqueda, la del supuesto amante de su madre, primero, y luego la de sus padres, ninguno de sus numerosos sueños se cumplen, y solo el puro azar lo lleva al oficio que siempre debió seguir, y tras muchos reveses y sufrimientos, acaba compartiendo sus días con la mujer que lo hará padre, mientras fracasa en todo lo demás. Así, aunque el final se presente abierto, el futuro no parece ofrecerle grandes esperanzas al fantasioso Hugo, pues como en una ocasión le comenta su padre (pág. 156), quien fundamenta en sueños su existencia es como quien quiere coger las sombras y perseguir el viento...</p><p><em>*Fernando Valls es profesor y crítico literario.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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