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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 74]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-74/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 74]]></description>
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      <title><![CDATA[Más que una novela rosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/novela-rosa_1_1143495.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2b2e1924-d46d-4dc9-b4a3-037f6b52825a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más que una novela rosa"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________</p><p>El libro durmiente comenzó su andadura como club de Lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa, en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir <em>clases magistrales</em> sobre las técnicas de escritura, han dado lugar a la creación de un foro literario, en donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p>  <strong>La casa que améTatiana de RosnayTraducción de Sofía Tros de IlarduyaSumaBarcelona2011</strong><em>La casa que amé</em></p><p>  </p><p>Los contextos son importantes para entender las historias. En este caso de manera especial, porque el momento en el que se inscribe <em>La casa que amé</em>, en torno a 1860,corresponde a una época real del París sometido a una brutal reforma urbanística. <strong>Napoleón III</strong> encomendó al barón <strong>Haussmann </strong>el proyecto de remodelación del centro de la ciudad que independientemente del acierto o no sus grandes objetivos –dar el salto a la modernidad que se extiende en otras urbes europeas– supuso la expropiación y derribo de numerosas viviendas que llevaban asentadas allí desde la Edad Media.</p><p>Una de ellas, la de la Rose, nuestra protagonista; la casa donde han nacido generaciones de los Bazelet, el apellido de su marido Armand, fallecido hace diez años. Cuando recibe la misiva de la Prefectura de París informándole del próximo derribo de su casa –junto a las de su calle para convertirla en la prolongación de un moderno bulevar– empieza a escribir a su esposo desaparecido, aunque ya no la pueda escuchar. Pero es que su pequeño mundo, se derrumba. Literalmente.</p><p>Es el único recurso que encuentra para liberarse de la frustración y la angustia. Es consciente de que no podrá luchar contra el poder establecido. El resto de vecinos preparan las maletas resignados para abandonar sus hogares. Aún así <em>anuncia</em> a su marido que pase lo que pase, nunca abandonará el hogar donde fueron felices. Tatiana de Rosnay convierte los lugares donde vivimos en el símbolo de nuestro paso por el mundo. Y es aquí donde hay que insistir en la época donde la mujer es considerada simplemente la acompañante del marido, salvo excepciones, como es el caso de Alexandrine, la florista de la calle que será para Rose uno de sus mayores apoyos.</p><p>Será a través de las cartas al esposo desaparecido como el lector conocerá no sólo a la protagonista y sus secretos, sino las rutinas de los vecinos y su barrio, junto al consiguiente caos que implica el anuncio hecho por la prefectura. No es sólo la pérdida de lo material.<strong> </strong><em>La casa que amé</em> es la resistencia a la imposición, la fidelidad a las personas y los principios, el adiós obligado a lo viejo, el debate sobre los avances cuando el fin justifica los medios…</p><p>Lo que a simple vista puede parecer una historia intimista, excesivamente romanticona y empalagosa, es en realidad una profunda reflexión sobre una época –aunque podría ser perfectamente aplicable a muchos aspectos de la sociedad de cualquier momento– que se acaba quieran o no sus inquilinos. Los sentimientos, las vidas particulares, los dramas personales quedan enterrados bajo los escombros de lo que supuestamente, debe desaparecer.</p><p>A su manera Rose es una mujer valiente<strong> </strong>aunque se apoye en la ceguera para anclarse en el pasado del que ya no tiene fuerzas para salir. Aún así, son bellos los pasajes utilizados por la autora para ejemplificar la emancipación de la que a duras penas podía hacer gala la mujer de aquellos tiempos. Me refiero a algo tan normal en nuestros días como la lectura. Con Madame Bovary, Rose descubre por un lado que existen otros mundo,s y de paso –no es poca cosa– la puerta a los placeres que ofrecen las letras. Es su particular manera de probar nuevas experiencias con algo tan pequeño como un libro. Me parece una preciosa metáfora que se suma al encanto que rodea a esta novela pese a su prosa sobria y recatada como mandan los cánones de las mentes de la época.</p><p>El final es predecible aunque incluya una sorpresa que ayuda a potenciar su fuerza. Aún así, con todos los tópicos<em> facilones</em> que se le pudieran reprochar, esta novela es un deleite como ya anuncia su bella portada. Sobria también como su narrativa, pero evocadora de una época que no conocimos y a la que sin embargo, nos podemos trasladar con facilidad gracias a las historias de <em>casas amadas</em>. Y gracias siempre, cómo no, a la literatura.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña Curiel]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 74]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Salvación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/salvacion_1_1203110.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>  </p><p>  </p><p><strong>Salvación </strong></p><p>Un volcán en mi cabeza.</p><p>Las espinas del Cristo Redentor</p><p>y un Vía Crucis de silencio.</p><p>Si lo efímero se pareciera al agua</p><p>nuestro amor sería el fuego,</p><p>lucecita brillante en manos del volcán,</p><p>porción de las favelas sobre las playas</p><p>de Leblon y Copacabana.</p><p>No tocar la fragilidad que hiere</p><p>(lo oscuro de tu pelo, el pulso tornasolado de la distancia),</p><p>perderse bajo la lava como un buen romano</p><p>a punto de ingerir huevos de codornices.</p><p>Pero hay que ayunar para sanear la mente,</p><p>y en esta vastedad de precipicios</p><p>no hay soga suficiente que sostenga</p><p>(el carnaval pasó, igual que la alegría,</p><p>días de atún y de abstinencia</p><p>con poca prevención para el ahogo).</p><p>Por eso, mientras ruge el volcán vuelvo a decirte:</p><p>si lo efímero se pareciera al agua</p><p>tu melena de fuego</p><p>tu flequillo de noche</p><p>serían suficientes para resucitar, para encontrarnos.</p><p><em>*Carlos J. Aldazábal es poeta. Su último libro, </em><strong>Carlos J. Aldazábal</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/298-109-camerata-carioca.html" target="_blank">Camerata carioca</a><em> (Valparaíso, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos J. Aldazábal]]></author>
      <media:title><![CDATA[Salvación]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura latinoamericana,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 74]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Seguro que quiere leer en vacaciones?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/seguro-quiere-leer-vacaciones_1_1143492.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5752c6e3-16f2-458f-b320-ed03005e49fc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Seguro que quiere leer en vacaciones?"></p><p><strong>Francisco Goyanes</strong>, responsable de la librería Cálamo de Zaragoza, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</p><p>_________________________</p><p>Siempre para estas fechas la misma cantinela: el verano es un momento propicio para la lectura. Desengáñate: si no leíste en los no propicios tampoco lo harás ahora. Leer es un ejercicio solitario que da placer —no siempre— pero exige atención y esfuerzo. Piensa bien lo que quieres hacer tus vacaciones, estás en tu derecho. Aunque mal vista, la pereza también es una opción de ocio. En todo caso por si eres lector o —vale— tienes ganas de intentarlo, allá van unas cuantas recomendaciones hechas con cariño por un aspirante a indolente.</p><p>  <strong>El enfermero de LeninValentín Roma</strong><em>El enfermero de Lenin</em></p><p><strong>PeriféricaCáceres2017</strong></p><p>Sorprendente, hermosa, contracorriente…el humor y la melancolía tiñen un relato sobre las relaciones padre-hijo, pero también sobre la lucha de clases nunca desaparecida.</p><p><strong>Alguien bajo los párpadosCristina Sánchez-Andrade</strong><em>Alguien bajo los párpados</em></p><p><strong>AnagramaBarcelona2017</strong></p><p>Thelma y Louise son gallegas y entradas en años. Tan hilarante como trágica. Lo pasarás de miedo.</p><p><strong>AntitauromaquiaManuel Vicent y El Roto  </strong><em>Antitauromaquia</em></p><p><strong>Random HouseBarcelona2017</strong></p><p>Para los autores “la corrida ha quedado sólo en un residuo de aquella España negra, zaragatera y triste en la que la crueldad de los animales no se distinguía de la violencia social y política”. Pues eso.</p><p>  <strong>La venganza de los siervos. Rusia 1917Julián Casanova</strong><em>La venganza de los siervos. Rusia 1917</em></p><p><strong>CríticaBarcelona2017 </strong></p><p>Se cumplen cien años de la revolución rusa, un acontecimiento histórico que sigue generando controversia y discusión. Casanova aporta seriedad, profunda investigación y afán pedagógico. Fantástico ensayo.</p><p><strong>No es media noche quien quiereAntónio Lobo AntunesTraducción de Antonio Sáez</strong><em>No es media noche quien quiere</em></p><p><strong>Ramdom HouseBarcelona2017</strong></p><p>Nadie escribe como <strong>Lobo Antunes</strong>, el mejor escritor portugués y europeo del presente. Vale, somos fans. ¿Cómo no serlo tras leer cualquiera de sus libros?</p><p><strong>En la turba. Laurent MauvignierTraducción de Juana Salabert</strong><em>En la turba</em></p><p><strong>Nocturna EdicionesMadrid2017</strong></p><p>A Rafael Chirbes le gustaba mucho Mauvignier: no nos extraña. Hay que leerlo.</p><p><strong>Morir en México. Terror de estado y mercados de la muerte en la guerra contra el narcoJohn Gibler</strong><em>Morir en México. Terror de estado y mercados de la muerte en la guerra contra el narco</em></p><p><strong>La Oveja RojaMadrid2017</strong></p><p>Léelo: podrás entender un poco lo que está pasando en el país hermano. México nos duele.</p><p>  <strong>Fuera de clase. Textos de Filosofía de guerrilla y Filosofía inacabadaMarina Garcés</strong><em>Fuera de clase. Textos de Filosofía de guerrilla </em><em> Filosofía inacabada</em></p><p><strong>Galaxia GutenbergBarcelona2017</strong></p><p>No son novedades, no han sido recién publicados —qué saturado está el mercado editorial— pero si son novedosos: Marina Garcés posee un pensamiento tan fino como brillante. Hay que leerla.</p><p><strong>La gran hambruna en la China de MaoFrank DikötterTraducción de Joan Josep Mussarra</strong><em>La gran hambruna en la China de Ma</em></p><p><strong>El AcantiladoBarcelona2017</strong></p><p>De 1958 a 1962 murieron en China 45 millones de personas por las decisiones políticas y económicas del gobierno de <strong>Mao Zedong</strong>. Se dice pronto…</p><p><strong>Creer y destruir. Los intelectuales en la máquina de guerra de las SSChristian IngraoTraducción de José Ramón Monreal</strong><em>Creer y destruir. Los intelectuales en la máquina de guerra de las SS</em></p><p><strong>El AcantiladoBarcelona2017</strong></p><p>El nazismo cimentó su criminal régimen en una amplia capa de jóvenes élites intelectuales.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Cálamo en la Plaza de San Francisco, 4, de Zaragoza, o en su página web. </em><strong>Librería Cálamo</strong><a href="http://www.calamo.com/" target="_blank">página web</a></p><p>  <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Goyanes (Librería Cálamo)]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Y el blog se hizo libro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/blog-hizo-libro_1_1143486.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8596d2c3-806d-48c3-9de1-28ca98c3d35c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Y el blog se hizo libro"></p><p><strong>Raíces y puntas Alejandro Luque </strong><em>Raíces y puntas </em></p><p><strong>Triskel EdicionesSevilla2017 </strong></p><p>  </p><p>Hace apenas una década se produjo un fenómeno curioso entre la gente de letras: no había escritor, más o menos conocido o aspirante a serlo, que no se hubiese arrojado a las procelosas aguas de la red con un proyecto que unos llamaban bitácora y otros simplemente blog. Los escritores blogueros habían apostado a vuela tecla por un medio efímero, algo espectral y paradójicamente insignificante –en los océanos de Internet los lectores potenciales se contarían por miles de millones, pero las visitas reales no llegaban en algunos casos a superar más de una veintena, incluida la familia más cercana y los amigos más íntimos—. En definitiva, otra vez escribiendo para la inmensa minoría, como <strong>Juan Ramón Jiménez</strong> en las páginas republicanas del diario <em>El Sol</em>. De modo que algunos volvieron la mirada al formato tradicional y convirtieron sus páginas virtuales en libro hecho y derecho –a primer golpe de memoria se me vienen los casos de, por ejemplo, <strong>Felipe Benítez Reyes, Antonio Rivero Taravillo</strong> o<strong> José Manuel Benítez Ariza—</strong>. E incluso se dio el caso no menos frecuente de abandonar en los rincones fantasmagóricos de la red el ímpetu creativo primero ya fuera por cansancio, por desinterés, por inutilidad o por expectativas frustradas –cada uno sabrá porqué empezó y porqué dimitió—.</p><p>Un camino parecido recorrió <strong>Alejandro Luque</strong> (Cádiz, 1974) con su bitácora <em>Raíces y puntas</em>, iniciada en pleno apogeo bloguero allá por el año 2007, clausurada en 2013 y publicada a la vuelta de los años en formato <em>gutenbergiano </em>por la sevillana Triskel Ediciones.</p><p>No sé qué busca exactamente el lector de estos blogs ni qué mueve a un escritor consagrado o en ciernes a escribirlo: ¿chismes del mundillo literario o recetas mágicas sobre la creación para el lector y desahogos aproximadamente íntimos o afirmación de un modo literario de estar en el mundo en el caso del creador? Repito que no conozco la respuesta, porque no he transitado tantos como para atreverme a proponer y defender una tesis de trabajo. Lo que sí puedo afirmar es que en <a href="http://www.triskelediciones.es/raices-y-puntas.html" target="_blank">Raíces y puntas de Alejandro Luque</a> se ofrece una especie de mirada caleidoscópica sobre la realidad más cercana del autor, que al tratarse de un individuo que se gana la vida como redactor cultural de <em>El Correo de Andalucía </em>inevitablemente gira en primer lugar en torno a este mundo. En este sentido, llama poderosamente la atención la variedad de temáticas que se abarcan – música en general, pero especialmente flamenco, cine, cómic, artes plásticas, literatura por supuesto…—, pero sobre todo destaca el conocimiento profundo de cada uno de los asuntos que se tratan en este libro. En este detalle nada insignificante se puede apreciar una reivindicación de un tipo de periodismo tan poco usual como necesario, aquel que se hace desde la responsabilidad hurtada en los últimos tiempos por la urgencia de las cuentas corrientes de los grupos de comunicación.</p><p>No obstante, Alejandro Luque no solo se limita en su bitácora transmutada en libro analógico a hacer acopio de sus vivencias laboral-culturales. Si solamente fuera así, el interés de su obra radicaría en una suerte de exhibicionismo intelectual, razón suficiente para que seguramente el libro perdiera cualquier interés, salvo para colegas de profesión y/o para excéntricos culturetas —o culturetas excéntricos—. Como una suerte de moderno <strong>Terencio</strong>, a Alejandro Luque nada de lo humano le es ajeno y de ello da buena muestra en <em>Raíces y puntas</em>. Aquí nos damos cita con el lector voraz, con el viajero impenitente, con el exfumador empedernido, con el mitómano borgiano, con el admirador incondicional del maestro de periodistas <strong>José María Bernáldez</strong>, con el enamorado cubano-siciliano, con el crítico honesto y educado… Casi ninguno de los perfiles o recodos de la realidad escapa a la mirada atenta de Alejandro Luque, a sus análisis afinados y divergentemente acertados.</p><p>Sin embargo, <em>Raíces y puntas</em> es, por encima de todo lo dicho anteriormente, un canto a la amistad, unas veces festivo y celebratorio, otras nostálgico o necrológico. En el libro se puede rastrear, sin duelos al sol ni ajustes de cuentas, un recorrido emocional e íntimo por la camaradería y el cariño, obviando lo escabroso o lo sentimentalmente pornográfico, porque, como demuestra el pulso narrativo del escritor gaditano, es posible tratar estos asuntos sin deslizarse hacia lo cursi o lo melodramático. Y frente a estos peligros, Alejandro Luque propone además el antídoto del humor o, mejor dicho, del sentido del humor compartido por los cofrades de la hermandad de la amistad. Podríamos afirmar que junto al cariño no hay mejor pegamento fraternal que sintonizar en ingenio, agudeza e ironía.</p><p>Pero <em>Raíces y puntas </em>no solo es un libro interesante por la mirada que proporciona sobre tantos y tan variados temas, sino que además funda su ser en una prosa ágil, sin más efectos retóricos especiales que los estrictamente necesarios, una prosa que, con el oficio de tantos años en las redacciones, sabe ajustar lo narrado a lo imprescindible para no desbarrar, una prosa que resuelve cada una de las entradas con acierto y sin dejar cabos sueltos.</p><p>Afortunadamente a alguien se le ocurrió rescatar a tiempo el primitivo blog <em>Raíces y puntas</em> del anonimato de la red, de su fungibilidad y de su fragmentariedad, para presentarlo empaquetado en formato libro y proporcionarle así una nueva vida más completa y orgánica, aunque probablemente igual de anónima.</p><p><em>*Juan Carlos Sierra es profesor de Literatura.</em><strong>Juan Carlos Sierra</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Sierra]]></author>
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      <title><![CDATA[Arde Pompeya]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/arde-pompeya_1_1143483.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8781b30f-2f08-4a32-9b5e-c726f53a030f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Arde Pompeya"></p><p><strong>El bombero de PompeyaMiguel Ángel García ArgüezLibros de la HeridaSevilla2017</strong><em>El bombero de Pompeya</em></p><p>  </p><p>El humor es una mancha en nuestro expediente de seres animales; mientras más inmaculados, menos humanos. Así que démonos al humor y a la mancha. Pero se me ocurre pensar en el color del humor. Quién nos puede asegurar que aquel cadalso con pararrayos ideado por <strong>Lichtenberg</strong>, aquel invento menos cruel que una vulgar guillotina, tuviese un solo color, un color limpio y puro; que aquella sutil ironía no fuese, pongamos, un claro atisbo de humor negro. (Tal vez ayude en algo el hecho de que <strong>André Breton</strong> la incluyera en su célebre <em>Antología.</em>) Pero por qué esa negritud solo puede despertar en nosotros sentimientos negativos (oscuros, por supuesto) si todo el mundo sabe que el negro no es un color. Sí, claro, el humor del dolor, de la compasión, de la repulsa; pero por qué no del entusiasmo de un amarillo eléctrico, del gozo de matices rojizos, del descojone de blancura deslumbrante. Todo este luminoso descolor compone la contumaz mancha que encontramos, entre otras muchas cosas, en este libro. Esto y la agudeza como apasionante ajuste de cuentas entre nosotros los lectores y nuestro conocimiento del mundo, el real y el ficticio.</p><p>En 2002 se publicaba un volumen de cuentos titulado <em>El bombero de Pompeya, </em>del linense <strong>Miguel Ángel García Argüez</strong>, editado por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Cádiz. Aunque la tirada fue corta y la distribución escasa, el libro pasó a formar parte de esa extraña fantasmogoría que supone el libro de culto. Quince años más tarde, la editorial sevillana Libros de la Herida ha decidido facilitarnos la tarea de tenerlo entre las manos. Otra cosa más que agradecerle a la labor de esta editorial gestionada por los escritores <strong>David Eloy Rodríguez</strong> y <strong>José María Gómez Valero</strong>.</p><p>García Argüez es autor de dos novelas, <em>Los búhos</em> (2003) y <em>Carne de gato</em> (2010); del libro de relatos <em>Un paseo por las tripas del elefante</em> (2011); de los poemarios <em>Ecce Woman</em> (2001), <em>La Venus del Gran Poder</em> (2004), <em>Cambio de agujas</em> (2005), <em>Los días del maíz</em> (2010) y <em>Danza caníbal</em> (2012); así como de varios ensayos y obras de teatro. Además de todo esto, es compositor para diversas bandas de rock, impulsor del proyecto Arwez, que aúna poesía, videoarte y pop-rock, miembro del colectivo La Palabra Itinerante y reconocido letrista para el Carnaval de Cádiz. Es uno de estos autores que dominan el arte del coro. Tiene la facultad de conocer el sonido de cada voz y afinar en todas. Y como él y sus editores saben muy bien, “quien canta, su mal espanta”.</p><p>Este <em>Bombero de Pompeya</em> renacido de las llamas vuelve siendo otro, tal como explica el propio escritor en los “Breves apuntes del autor a esta edición”. Algunos relatos iniciales han caído y otros se han incorporado; los que permanecen han sido cuidadosamente remozados para que el conjunto siga manteniendo la combustión original. El resultado: quince historias en cuya ruptura del tejido temporal, en la mixtura del mito y de la historia, en el diálogo entre cultura y subcultura (tan ligado a la narrativa posmoderna de las últimas décadas del siglo XX) radica precisamente su intemporalidad. Todo sigue sonando aquí y ahora y allí y entonces.</p><p>Que los mitos están vivos es algo que nos recordaba <strong>Michel Tournier</strong>, a quien tengo muy presente en la lectura de <em>El bombero de Pompeya.</em> Los mitos también aquí regresan pervertidos en un delirio casi ucrónico del que todos, ellos y nosotros, salimos ilesos. Vean si no: un Aquiles adicto al caballo (por supuesto de Troya, que es el mejor, como todo el mundo sabe) y que oye la oracular letra de <em>Shaman's Blues</em> de <em>The Doors</em> mientras decide desdecir (o no) la historia; un Noé abatido por las adversidades, principalmente, el anuncio inminente de la llegada de un anticiclón en plena construcción del arca; un Batman con párkinson recluido en un geriátrico repleto de superhéroes vencidos por el tiempo, el mayor de los villanos; un desmitificado general <strong>Custer</strong>, a quien no le apetecía “morir con las botas puestas”; la magnífica historia de la humanidad en clave de amor, protagonizada por una pareja que transmigra por los milenios para terminar sabiendo tan solo que “la historia del mundo es una gran historia de amor. Una historia de amor sin final feliz, que es el único final para la Humanidad”. O, claro está, el bombero de Pompeya enamorado que abandona su puesto, (especie de <em>doppelgänger </em>del joven becario de otro mundo que investiga las ruinas de la mítica ciudad) porque “el amor no entiende de peligros” para nadie, en ningún lugar ni en ningún tiempo. En definitiva, un caleidoscopio desde donde nada es lo que parece, como los dioses juguetones mandan. Cruces de tiempos, planos paralelos, juegos narrativos y lingüísticos entretejidos para esa cosa que tiene cierta buena literatura: el disfrute, el gusto, el deleite, la divina incuria, el estarse. Hablo de literatura, es sencillo. Y estas letras complacen.</p><p>Salimos ilesos, decía, porque este delirio va desgranando un mundo peculiar donde lo imposible se vuelve hecho a partir de referencias literarias e históricas contrafactuales, sí; y lo hace con una mezcla de registros idiomáticos donde confluyen la lengua del barrio y el abigarrado tono épico en las mismas bocas, sí; y caemos en la risa, en la emoción, en el puñetazo en el estómago, sí. Pero, ojo, sin dejarnos rozar por el achatado sentimentalismo ni por el chiste, sino más bien por ese lúcido espacio de comunicación que es el choteo, esa tabla a la que sociedades abatidas suelen agarrarse para resistir, como señalara<strong> Jorge Mañach</strong> en el delicioso estudio que le dedicó a este mecanismo lingüístico de resistencia. Algo que García Argüez domina con la elegancia, la gracia y la sabiduría de quien (permítanme recordarles) camina todos los días las calles de Cádiz.</p><p>Y, para colmo, las visiones apocalíticas de la desolación del mundo en clave tragicómica, con visiones como la de un “mundo maltrecho, lacerado de penumbra, acribillado a balazos, retorcido de sombras, devorado en un costado, deshecho de hemorragias oscuras, aguantando en pie orgullosamente, adornado con estatuas sin brazos, sin piernas, con los rostros resquebrajados de horror caliente aún, lejanos prohombres muertos, imágenes heladas, caballos decapitados, ángeles sin alas, la geometría del frío, la rotunda arquitectura de la devastación, rememorando con tristeza y suciedad lejanos días de gloria, el Gran Arco Triunfal” (pág. 99).</p><p>Y es que entrar en <em>El bombero de Pompeya </em>es entrar en una biblioteca (elijan si en la de Alejandría, en la de Babel o en la del barrio). Porque hay libros dentro y porque el silencio no nos impide oír el rumor de lugares remotos. Compruébenlo, verán cómo pueden oír perfectamente ecualizados a Sonic Youth en el desierto bíblico de Mesopotamia. ¿Qué más os puedo decir? Lean y oigan.</p><p><em>*Rosario Pérez Cabaña es poeta y profesora de Literatura. Su último libro, </em><strong>Rosario Pérez Cabaña</strong><a href="https://www.edicionesenhuida.es/producto/quiron-y-los-otros-hombres/" target="_blank">Quirón y los otros hombres</a><em> (Ediciones en huida, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rosario Pérez Cabaña]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Arde Pompeya]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 74]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Las cartas de Max Aub]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cartas-max-aub_1_1143479.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bfe69bd4-db24-4028-be9b-661bc08bc8ff_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las cartas de Max Aub"></p><p><strong>TrampasMax AubEdición de Pedro Tejada TelloReino de CordeliaMadrid2017</strong><em>Trampas</em></p><p>  </p><p>En una magnífica edición, Reino de Cordelia <a href="http://www.reinodecordelia.es/libro.php?id=223" target="_blank">acaba de publicar un conjunto de aforismos</a> de <strong>Max Aub</strong> sobre el juego y las trampas, en edición de <strong>Pedro Tejada Tello</strong>, quien también se encargara, tiempo atrás, de bucear en los <em>Crímenes ejemplares </em>que permanecían inéditos<em>.</em></p><p>Max Aub era un gran jugador de cartas y también de la vida. Tanto, que murió de un infarto, un sábado por la tarde, preparado ya en su casa para una timba de póquer, como era habitual en él. Gloriosa manera de morir, de golpe, con la baraja en la mano y el tapete verde sobre la mesa. Como se afirma en la contraportada del libro, Max Aub siempre jugó: tanto en los campos de concentración como en México, país al que se exilió por obra y gracia del general <strong>Franco </strong>y acogido por obra y gracia de otro general llamado <strong>Cárdenas</strong>. En su primera fase del exilio mexicano iba todas las tardes a casa de <strong>Paulino Masip</strong> a jugar a las cartas y, a mediados de los años sesenta, varios amigos jugaban en el domicilio del escritor los sábados por la tarde. Fue en una de ellas, en el año 1972, cuando murió.</p><p>Como personaje prolífico que era, como alguien que todo lo pensaba y repensaba, que a todo sacaba punta y de todo hacía ejercicios lingüísticos, le dio vueltas –así lo recoge en alguna correspondencia con amigos— a realizar un volumen que llevaría el nombre de este libro, pero solo aparecieron <em>Algunas trampas </em>en 1968 y 1970, las primeras en la revista <em>Diálogos</em> de México, y las segundas en <em>El Urogallo</em>, en el número 3,  junio-julio, de 1970.</p><p>El resto son aforismos inéditos buceados en los archivos de la Fundación Max Aub, en sus diarios y en sus libros. La estructura del presente volumen obedece a este trabajo de investigación, apareciendo en primer lugar los ya publicados y después los inéditos. Como es de suponer en una persona como Max, el uso del aforismo le da no solo para hablar de lo que para él es la belleza del juego y de las trampas dentro de él, aunque la mayoría se refieren a esto, sino para el uso de la metáfora del juego y la vida, del juego y el tiempo, del juego y el miedo, del juego y la belleza… y así mostrarnos un abanico de posibilidades y pensamientos, como el aforismo que dice: "No hay trampa como el miedo".</p><p>En algunos de los aforismos suele dar vuelta a los refranes, como hizo también con los <em>Crímenes ejemplares</em>: usar el envés del pensamiento, darle a todo un giro, una vuelta de tuerca.</p><p>A lo largo del libro encontramos aforismos referidos a todo tipo de juegos. La mayoría hacen referencia a los juegos de naipes y, dentro de ellos, el póquer, aunque también habla del <em>bridge</em>, del mus, tute, canasta, del albur, etc. Incluso del juego de la siete y media haciendo alusión a que si Dios lo jugara, los humanos nos entenderíamos. El resto se refiere al dominó, a los toros, al ajedrez, al juego del escondite, a la ruleta, a los solitarios, a la lotería, al fútbol (como engaño, porque se trampea para meter gol). Incluso tiene uno dedicado a la aspirina como trampa. Genial. No deja títere con cabeza.</p><p>Cuando los aforismos se refieren a los juegos de naipes, vienen señalizados en el libro con dibujos relacionados con la baraja, y la separación entre uno y otro se hace usando los palos de la baraja francesa: corazones, picas, tréboles, diamantes. Cuando habla del dominó, la separación entre aforismos viene con fichas del mismo. Los de la lotería, con números del bombo; los taurinos con pequeños toros; las trampas para tramposos con el dedo índice señalando hacia arriba.</p><p>Es un libro hecho para jugar, para volver una y otra vez a él, releer cada aforismo y encontrar su profundidad, dejarse llevar por los dibujos, por la edición y también, cómo no, dejarnos llevar por el pensamiento. En ningún caso será una pérdida de tiempo, porque como muy bien dice: "No se juega nunca para perder el tiempo, sino para ganarlo"<em>.</em> Max no da puntada sin hilo.</p><p>A lo largo de todo el libro se entrevé el amor de Max por el juego, al que considera arte, lo mismo que al arte lo considera juego. Y siguiendo con el juego, la editorial Reino de Cordelia nos propone una doble portada, una de ellas, la ilustración de cubierta, está compuesta por los naipes eróticos sobre <strong>Casanova</strong>, de<strong> Paul Émile Bécat</strong>. La otra es un joker, sobre los que tiene también algún aforismo. Es obligatorio hacer mención, por tanto, al responsable del diseño y la maquetación: <strong>Jesús Egido</strong>.</p><p>Esta vena lúdico literaria está muy presente en toda la obra de Aub. No sólo en los <em>Crímenes ejemplares,</em> también, por ejemplo, en <em>El juego de cartas</em>, donde nos propone una novela epistolar –doble sentido carta/naipe—; o en la <em>Antología traducida</em>, por poner solo algunos ejemplos. Fueron los acontecimientos políticos que vivió, primero la dictadura de <strong>Primo de Rivera</strong> que le llevó a afiliarse al Partido Socialista, y después el compromiso con la República y la Guerra Civil, los que  marcaron la otra faceta de su obra literaria y de ella saldrían magníficas novelas, como <em>La calle de Valverde</em> (dictadura de Primo de Rivera) o las novelas de <em>El laberinto mágico,</em> también llamados <em>Los campos</em>, sobre la Guerra Civil.</p><p>Por cierto, ironías del destino, a Max Aub últimamente también le han  hecho varias “trampas”. Le hicieron  trampa al <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/03/17/el_descuelgue_max_aub_62619_1821.html" target="_blank">quitarle su nombre a una sala en Las Naves de Matadero</a>. Luego, en una gran exposición que le dedicó el Instituto Cervantes —vaya por delante mi agradecimiento a ella y al catálogo por su aspecto divulgativo— hicieron la pequeña “trampa” de quitar en la cronología toda referencia política; a él, personaje marcado por los sucesos que le tocó vivir, con una literatura de un antes y un después. Así, se recogía en la cronología su ingreso en el Partido Socialista, pero no se hacía referencia a la dictadura de Primo de Rivera. Tampoco se recogía la proclamación de la República ni se hacía mención expresa a la Guerra Civil, que determinó no solo su obra literaria, sino también su vida. Como parece ser que esta exposición va a ser itinerante,  se podrían subsanar estas pequeñas “trampas” para poder así entender mejor la obra y vida de nuestro querido Max Aub.</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro, </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="https://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">En el año de Electra</a><em> (Evohé, 2014). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las cartas de Max Aub]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 74]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Frente al mito de la libre elección]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/frente-mito-libre-eleccion_1_1143476.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9c136837-0617-4fd9-af7b-f3e148a33aa1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Frente al mito de la libre elección"></p><p><strong>Elementos para una teoría crítica del sistema prostitucionalDirección de Laura Nuño Gómez y Ana de Miguel ÁlvarezComaresGranada2017</strong><em>Elementos para una teoría crítica del sistema prostitucional</em></p><p>  </p><p>Es habitual que buena parte de los libros académicos sufran el <em>efecto vitrina</em> y pasen años sin que nadie recurra a sus sesudas reflexiones. Otros, sin embargo, escapan de ese destino y se convierten en verdaderos aliados, en auténticos manuales de defensa intelectual frente a discursos que esconden trampas en sus entrañas, como el mito de la libre elección, utilizado para justificar cualquier situación de desigualdad o de explotación de mujeres.</p><p><em>Elementos para una teoría crítica del sistema prostitucional</em>, monografía dirigida por la politóloga <strong>Laura Nuño Gómez</strong> y la filósofa <strong>Ana de Miguel Álvarez</strong>, pertenece al segundo grupo. En sus páginas se aborda la prostitución en un trabajo colectivo desarrollado en 22 capítulos en los que han participado 28 autoras y autores.</p><p>Su planteamiento resulta innovador desde el comienzo, desde el propio título que ya anuncia, al menos, tres cuestiones de interés. La primera, la pluralidad de sus planteamientos reflexivos; la segunda, el posicionamiento teórico desde el cual se aborda la prostitución y la tercera y quizá la más importante, el planteamiento de la prostitución como un sistema, es decir, como un conjunto estructurado y racionalmente entrelazado de actores e intereses que han institucionalizado e institucionalizan la subordinación de las mujeres y la permanente disponibilidad de las mismas para los varones.</p><p>El salto conceptual que va desde “la prostitución” al “sistema prostitucional” propuesto en esta obra, supone no solo reproblematizar la prostitución sacándola de los estrechos márgenes en los que tradicionalmente se había encasillado el fenómeno, como si éste fuese ahistórico y apolítico, sino también aleja el estudio de la prostitución del mencionado mito en el que ha estado inmersa en los últimos años. La monografía evita sucumbir al debate reduccionista en el que no caben factores determinantes como la situación económica, la actividad migratoria o el poder simbólico por poner solo tres ejemplos de ámbitos ineludibles que, sin embargo, el marco de la prostitución como una cuestión de elección personal niega. La reconceptualización de la prostitución en “sistema prostitucional” supone también, politizarla en el sentido amplio de la palabra puesto que es una politización consecuencia de la teoría y, como explicó la filósofa<strong> Celia Amorós,</strong> a quien las autoras hacen referencia en el libro, “conceptualizar es politizar” y “conceptualizar bien es politizar bien”.</p><p>En la monografía se afirma con contundencia que la prostitución es “una institución básica de las sociedades patriarcales” y considerándola como tal, acomete la tarea de desentrañar cada uno de los procesos significativos que la atraviesan. El recorrido parte del significado de la sexualidad, un aspecto que también ofrece innovación teórica al abordar las nuevas normativas sexuales y las implicaciones que éstas tienen actualmente en sociedades formalmente igualitarias. Continúa estudiando cómo lejos de desaparecer, en los últimos años se está viviendo un incremento del tráfico de mujeres y de la expansión de la denominada “industria del sexo” (femenino) —apellido que habitualmente se elude—, y se ofrece luz mediante fenómenos intrínsecamente relacionados, como las políticas migratorias, la reciente crisis económica mundial, la feminización de la pobreza y la transformación de las economías de mercado en sociedades de mercado.</p><p>La siguiente etapa en el recorrido propuesto por la monografía se centra en la denuncia de la ausencia de indicadores y datos actualizados y exactos sobre la prostitución, una realidad que evidencia en sí misma, cómo el sistema prostitucional se protege de miradas críticas y actúa con el desdén patriarcal hacia la violencia de género. El libro, sin embargo, elude la falta de datos oficiales y apunta con habilidad otra serie de indicadores relevantes y, nuevamente, poco habituales en el estudio de la prostitución como son el turismo sexual en el ámbito del estado español y el peso de la contabilización de la prostitución en el PIB tanto de la eurozona como de España. Datos ambos, tan elocuentes en su lectura económica como política.</p><p>Para completar el estudio, “Elementos para una teoría crítica del sistema prostitucional”, aún aporta dos áreas más, especialmente relevantes para dibujar todo un sistema prostitucional: el ámbito simbólico y el ético. Dos esferas íntimamente relacionadas si, como se destaca, se analiza el poder simbólico que supone para el patriarcado la construcción de un imaginario en el que no solo es posible sino también fácil, asequible, y legítimo socialmente, el acceso de cualquier varón a un contingente de mujeres dispuestas para satisfacer sus deseos de forma inmediata y permanente —24 horas, 365 días—. Un poder simbólico que ha conseguido que sociedades formalmente igualitarias legitimen al putero y reprueben a las mujeres prostituidas.</p><p>La monografía no elude ninguna de las derivas del sistema prostitucional como las consecuencias éticas que tiene la banalización de la prostitución y su existencia bajo el amplio paraguas del sistema que la cobija. Entre las más acuciantes, quizá su peso como modelo de referencia con el que cuentan las generaciones más jóvenes. Como conclusión, en sus páginas se subraya cómo el sistema prostitucional condiciona íntimamente el modelo de sociedad que habitamos más allá del sistema político o económico. Quizá sea este ámbito el de mayor relevancia de la monografía: evidenciar la relevancia del sistema prostitucional y, al mismo tiempo cómo este continúa ausente en los análisis teóricos, cómo continúa normalizado y oscurecido y, por tanto, poco combatido e incluso tratado con actitudes complacientes o benévolas por una buena parte de la población.</p><p><em>*Nuria Varela es periodista, escritora y directora de la editorial Hotel Papel. Su último libro, </em><strong>Nuria Varela</strong><a href="http://www.edicionesb.com/catalogo/libro/cansadas-_4352.html" target="_blank">Cansadas </a><em>(Ediciones B, 2017). </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Nuria Varela]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Literatura,Prostitución,Mujeres,Feminismo,Los diablos azules número 74]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Minotauro blues]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/minotauro-blues_1_1143472.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e4c3e7ab-88d4-4801-b877-f6739d7c1c32_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Minotauro blues"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. En esta nueva entrega recoge un texto del escritor Ángel Olgoso.</em><strong> Gemma Pellicer</strong><strong>Fernando Valls</strong></p><p>___________________________________</p><p>  <strong>Minotauro blues</strong></p><p>Refieren que los habitantes de esta parte del mundo son seres primitivos, de espíritu filisteo, carentes por completo de educación y cortesía, sin capacidad para ver más allá de sus ideas parásitas, para pensar en los otros o ponerse en su lugar, para imaginar, para hacer algo distinto de su vulgar rapiña diaria, algo mínimamente civilizado. Recordé esto a propósito de la noche en que al volver caminando de una cita, a la una de la madrugada, me vi asediado por una turbamulta vociferante que se acompañaba de explosiones y bocinazos de autos. Mientras me refugiaba aterrorizado en un zaguán pensé en revoluciones, en insurgentes e incitadores, en asaltos y saqueos, en barbaries desatadas. Creemos conocer el verdadero miedo hasta que nos topamos de pronto con algo cuyas consecuencias no podemos siquiera calibrar. Temí por mi vida. Sin el menor asomo de esperanza, me demoré en el escondite durante horas. La ensordecedora tromba humana, quizás enervada por el odio, la conmoción o la ignominia, ahogaba aún las calles, violando impunemente el silencio de la noche. Cuando más tarde, al borde del colapso, logré asomar sin peligro la cabeza y entrever al fondo unas banderas multicolores, creí entender que aquella buena gente celebraba la victoria deportiva de algún equipo local.</p><p><em>*Ángel Olgoso (Granada, 1961) ha publicado numerosos libros de cuentos y microrrelatos, entre los que destacan </em><strong>Ángel Olgoso</strong>La máquina de languidecer<em> (2009), </em>Los líquenes del sueño<em> (2010), una antología de sus mejores cuentos, </em>Las frutas de la luna <em>(2013) y </em>Breviario negro<em> (2015). Es, además, autor del poemario </em>Ukigumo <em>(2014) y ha coordinado junto a José María Merino </em><strong>José María Merino</strong>Nocturnario<em>. </em>101 imágenes y 101 escrituras<em> (2016). Es el fundador y rector del Institutum Pataphysicum Granatensis, y miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Olgoso]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 74]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hermanas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hermanas_1_1143471.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/73daedea-7bc7-4093-9332-7671c7d80856_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hermanas"></p><p><em>(Comienza Beatriz Rodríguez.)</em><strong>Beatriz Rodríguez</strong></p><p>La hermana Matilde se arrodilla ante el altar. Su hermana Esperanza la observa detrás de los barrotes de Santo Domingo, en Soria. Viene de ver la tumba de la mujer del poeta. Viene de leer los poemas del río y los álamos. Ante los barrotes ella también se arrodilla. Matilde Silva, que era pequeña y regordeta, algo mística, algo bruja, solía refugiarse para leer durante horas en el frío mármol de las iglesias. Ahora es vieja y huesuda y todos sus conocimientos se han reducido a una sonrisa hueca.</p><p>Bajo las sombras de Santo Domingo se congelan los recuerdos de una vida que ya no existe. Detrás de los barrotes, hermanas, mayores y jóvenes, gordas y flacas, feas y muy pocas guapas se esconden del mundo. Lo crean todo, lo creen todo. Inventan, sueñan, lamentan. Rodillas cansadas de adorar ficciones, caderas cansadas de esconder deseos. Mujeres derrotadas que crean hogares sin ventanas. Barrotes en el tiempo. Venid conmigo, recuerdos de las sombras, y arrodillaos.</p><p>Piensa entonces su hermana Esperanza en el rosario que le robaron al padre Ignacio una tarde de agosto que las dos entraron en la Iglesia del Carmen. El calor de la siesta disuadía cualquier intento de juego en la calle y era más peligroso quebrantar el sueño de padre que ser descubiertas jugando a la rayuela en la casa de dios.</p><p>¿Cuántas decepciones puede soportar la necesidad de amor? Le pregunta la beata Matilde a su hermana recién divorciada, pero Esperanza solo quiere hablar del rosario. Colgaba de uno de los reposabrazos que tenía la gran silla de cuero que había en la sacristía. Un trono inestable, la pata izquierda trasera era más corta que las demás, sobre el que se sentaba el padre Ignacio a esperar a su monaguillo.</p><p>No siempre era el mismo, cada año los cambiaba para no enamorarse de ellos, le diría Esperanza a su hermana, y esta, santiguada y mirada perdida hacia los cielos, porque en los pucheros nunca había encontrado a dios, le contestaría es que el padre Ignacio estaba enfermo.</p><p>Pero la rayuela en la iglesia era imposible, ya las habían castigado varias veces por pintar con tiza el suelo de la iglesia, hecho con grandes cuadrados de mármol blancos y negros, como el ajedrez del abuelo, así que saltaban como si fueran figuritas de ese mismo ajedrez: el peón hacia adelante, el caballo en diagonal, la torre corre que te corre por el pasillo central, directo hasta el altar, el rey la espera en la esquina de la izquierda, donde Nuestra Señora de las Angustias congela su llanto eterno. Jaque mate, dice la torre, y Matilde corre hacia su hermana Esperanza y la tira al suelo, y el silencioso juego se convierte en risas hasta que calla, calla te digo, y las dos escuchan un leve jadeo.</p><p>¿Gimen los ángeles cuando están enfadados?, piensa Esperanza y mira a su hermana mayor. Las dos tumbadas todavía en el suelo, con las faldas levantadas, enseñándole las bragas a dios.</p><p>En la iglesia de Santo Domingo, cuarenta años más tarde, la pregunta vuelve a retumbar en los oídos de la Hermana Matilde: ¿Gimen los ángeles cuándo están enfadados?, dice en voz alta su hermana menor mientras saca el rosario del bolso. La mano temblorosa atraviesa los barrotes prohibidos y las cuentas quedan suspendidas sobre la muñeca, columpiándose al ritmo de su memoria, como se columpiaban aquel día en el trono del padre Ignacio.</p><p>Suenan las campanas en Soria llamando a las hermanas al rezo, es un sonido alegre. Hoy no ha muerto nadie, piensa Matilde, solo tendremos que rogar por nuestro silencio.</p><p><em>(Sigue Alfons Cervera.)</em><strong>Alfons Cervera</strong></p><p>Los jadeos. La vuelta atrás en la memoria que va quedando a ras de tanto olvido. Aquellas otras visitas al pueblo de la infancia, lejos en la distancia de los rosarios y las rayuelas en el suelo frío de la iglesia del Carmen. Los mismos susurros en el pozo oscuro de la sacristía, la negrura del pasillo detrás del altar mayor donde se colgaban las vestimentas de los monaguillos, como si fueran telas ahorcadas sin cuerpo dentro, el humo dulce del incienso que Matilde aspiraba con los ojos cerrados y lo dejaba caer como un chicle de arena en la boca medio cerrada de Esperanza. El miedo a que llegara demasiado pronto el fin del mundo. La miraba Esperanza, la pequeña Esperanza, y le preguntaba eso: por qué la mano del Niño Jesús está cada día más inclinada y la bola del mundo a punto de resbalar hasta el suelo. El cura —otro distinto, no el padre Ignacio, el de la silla coja y los niños invisibles que lo enfermaban en el recuerdo huesudo de Matilde— lo decía desde el púlpito en la misa del domingo: todo desaparecerá cuando la bola choque contra el suelo. Y las dos, hermanas y juntas en los juegos secretos de risas y rayuelas, de bragas altivas a los ojos del Altísimo, imaginaban el ruidoso estallido de santos y reliquias: la casa solariega de la Andenia, el fantasma que aparecía por las tres eras juntas todas las noches del verano, los gritos que se escuchaban en el cuartel de la guardia civil cuando ya hacía tanto tiempo que allí sólo quedaban unas insignificantes ruinas llenas de ratas, envases de plástico y huesos negros de paloma.</p><p>Después, el regreso a Soria. Lo que iba quedando de los juegos silenciosamente abruptos del verano. El humo del incienso dando vueltas y más vueltas por la boca. Como un chicle de arena que no desaparece nunca.</p><p>El tiempo no se doma. Resulta cada vez más insurrecto. Menos dispuesto a la inmolación gratuita a manos de un recuerdo complaciente. No había entonces nada complaciente, acaso sólo esa ficción que nos convertía en dueñas de una inocencia cruel y violenta, en personajes con el destino fijado desde el origen de los tiempos. Eso piensa Esperanza tantos años después. El rosario dando vueltas y más vueltas en su mano. La muñeca rota por la rozadura de las cuentas redondas, como los huesos, hechos polvo ya, de las palomas muertas en el cuartel de los veranos.</p><p>La verja de hierro. El silencio a una parte y otra de la verja. Tampoco se ha muerto el silencio. Lo que hablan —cada una desde su lado, las dos juntas en la misma memoria insatisfecha, como todas las memorias— pertenece a aquella vieja historia que habla miedosamente de bolas de fuego y jadeos que parecían llegados de ultratumba. El miedo, siempre. El susurro de unas manos deslizándose sobre las telas —ahora con cuerpo dentro— que cuelgan ahorcadas en las perchas del estrecho pasadizo que arrancaba de la sacristía. Aquel mismo susurro llegado, no sabían Matilde ni Esperanza de qué altar secreto perdido en una infancia que, como el chicle de arena que nunca se derrite, anda dando vueltas y vueltas por un rezo que se despliega —cuarenta años más tarde y con la misma, intensa, insobornable fiereza de entones— a un lado y otro de la reja.</p><p>No se enfadan los ángeles. Y menos aún gimen cuando están alegres en las profundidades del pozo. Pero lo que no saben esos ángeles —o sí, cuando escuchamos los gritos desde lejos tantos años después de aquellos días— es que el horror nos llega muchas veces con las señales dulces del incienso rodando por la boca. Y que aquel gozo de bragas altivas y desobedientes rayuelas va a ser otro cuando Esperanza salga a la calle y se queden, en las traviesas antiguas de la iglesia de Santo Domingo, aquellos versos que nunca les enseñaron en la escuela cuando los tiempos oscuros:</p><p>De toda la memoria, sólo vale</p><p>el don preclaro de evocar los sueños.</p><p>En la calle sopla un aire frío. Mira Esperanza lo que queda del día. A saber, piensa. Seguro que lo de siempre. Siempre lo que queda del día es lo de siempre. Y se levanta el cuello del abrigo. El mismo abrigo de todos los inviernos, dice. A nadie. Porque Matilde se queda en la parte de atrás de lo que piensa, de lo que dice. De lo que poco a poco empieza a ser más olvido que tiempo recobrado. La vida que le espera. O la otra. A saber la vida que le espera. Las manos. Ahora se da cuenta. Las huellas de la reja en la piel reseca de las manos. Las cuentas del rosario. La risa de los ángeles caídos. La vida fuera de la infancia. El nombre de Gustavo que surge de repente. Los ángeles tienen nombres distintos cuando los recordamos. Un día entró en sus juegos. Salía del pozo oscuro de la sacristía. Por qué ahora le viene a la memoria. Precisamente ahora, cuando ya empezaba a ser nada en su vida, incluso en sus recuerdos.</p><p>Ya no está, Gustavo ya no está con nosotras. No se lo ha dicho a Matilde, pero no ha hecho falta. Las dos saben que no hace falta. No le ha dicho nos acabamos de separar y no sé dónde habrá ido desde que dejó la casa.</p><p>Siempre han sabido —la hermana mayor y la pequeña— que abandonar aquella infancia no iba a ser fácil para nadie. Y aún menos, salir del pozo. Eso aún menos. El abrigo se le ha quedado corto, piensa. Y estira los bordes por abajo. A ver si así.</p><p><em>(Continúa Lola López Mondéjar.)</em><strong>Lola López Mondéjar</strong></p><p>¿Cuántas decepciones puede soportar el amor? Esperanza vuelve a la pregunta de Matilde mientras camina arrostrando el porvenir, como si el frío le infundiese unas energías nuevas. ¿Qué quatum de diferencias tolera el afecto?, insiste con la misma decisión con la que pisa. Imagina la firmeza de sus pasos como una quilla, la quilla del barco pirata en el que, de niña, le gustaba pensar que navegaría como Sandokán por los mares del Sur, hendiendo las olas. Nunca entendió el encierro de su hermana, su pequeño cuerpo encendido no presagiaba esa voluntaria y definitiva abstinencia. ¿Pensaba, tal vez, que sería ella la elegida?</p><p>Su autobús salía a las cuatro, tenía tiempo para tomar un café en la estación.</p><p>—Ha entrado el invierno —comentó la camarera, una joven de pelo azul entrada en carnes.</p><p>—Eso parece.</p><p>Esperanza leyó los mensajes de su móvil. De Gustavo ni una palabra. Lo devolvió al bolso y bebió despacio. En el fondo, lo que más le dolía de su divorcio era que hubiese sido él quien llevase la iniciativa. Se pasó en el porcentaje de diferencias tolerables; calculó mal y se le adelantó. Pero ya no más, con 50 años bien cumplidos iba siendo hora de tomar las riendas de su vida, dominada hasta entonces por la misma culpa que había encerrado a Matilde en la clausura.</p><p>Sacrilegio. Ofensa a Dios, concupiscencia, pecado.</p><p>No existen los ángeles. Protegido bajo su sotana de monaguillo y excitado, Gustavo, espiaba a las niñas desde el interior del confesionario. Gustavo, que un día se atrevió. La penitencia de Esperanza fue su matrimonio con un joven a quien no amaba, una penitencia cruel. La de Matilde, sus esponsales con Dios.</p><p>Pagó el café y dejó una generosa propina. Ahora era libre. Había saldado sus cuentas, y el placer transgresor, que encendiera las mejillas de los tres en sus clandestinos encuentros, apenas era un recuerdo vago que ya no le avergonzaba. Fueron dos o tres años, prefería no recordar. Las mismas chiquillas que osaron, buscaron después con su sacrificio la redención.</p><p>Se detuvo delante del panel informativo instalado en lo alto de la sala. Su autobús salía del andén número 12. En el 12, y a la misma hora, se anunciaba otro que partía hacia el sur.</p><p>El sur. Promesas de un viento todavía cálido, protector, que la envolvería en una tímida experiencia de comunión con la naturaleza. Durante su viaje de novios visitaron las islas. En septiembre la temperatura era perfecta, un óptimo climático que recordaría el resto de su vida. Como recordaría el silencio de la habitación del hotel, y las manos exploradoras de Gustavo. ¿Por qué no?, se dijo. Dejaría que fuese el azar quien aprobara su decisión.</p><p>—Aquí tiene.</p><p>La empleada le tendió el billete; el azar había apostado por ella.</p><p>Fuera de la ventanilla, aburridos y lisos, se extendían los campos de Castilla. La austeridad de un paisaje que, pensó, conformaba a su semejanza las conciencias. Detrás de su asiento una mujer joven daba de comer a su bebé. El olor del mejunje color mostaza le molestaba, y se felicitó por no haber tenido hijos. ¿Fue Gustavo o fue ella quien atribuyó su infertilidad a un castigo divino?</p><p>No tenían hijos y eso, ahora, le convenía. Soy libre, se repitió. Aunque no estaba segura de saber qué haría en adelante con su libertad.</p><p>El sol lucía más luminoso a medida que el autobús se acercaba a la costa. En la parada de descanso ya le sobraba el abrigo.</p><p>Compraría lo indispensable y se quedaría cerca del mar por tiempo indefinido. Cuando estas cosas sucedían en el cine, la pragmática Esperanza se preguntaba siempre cómo se las apañarían  los que escapaban para sobrevivir. Pero ahora la protagonista era ella. Ahora tendría que inventar. Trabajaré, pensó. Qué disparate. Pensó también. Y de nuevo, ¿por qué, disparate? Y sonrió.</p><p>Era noche cerrada cuando llegó a su destino. No conocía a nadie en la ciudad. Caminó sin equipaje por la alameda, que se le antojó la calle más transitada, en busca de un hotel barato. Tenía que hacer cuentas. Ser cuidadosa con sus gastos. Pensó en el maldito rosario del padre Ignacio, en las cuentas de alabastro cuyo roce retumbaba en el eco de la iglesia; y sonrió de nuevo. Hacía tiempo que no sonreía tanto. Las cuentas. Se le escapó una carcajada que no pasó desapercibida a los jóvenes que  se cruzaron con ella.</p><p>—¿Saben dónde puedo encontrar cerca de aquí un hotel?</p><p><em>(Cerrará Jesús Ortega.)</em><strong> Jesús Ortega</strong></p><p><em>*Beatriz Rodríguez es escritora. Su último libro, </em><strong>Beatriz Rodríguez</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-cuando-eramos-angeles/206166" target="_blank">Cuando éramos ángeles</a><em> (Seix Barral, 2016).</em></p><p><em>*Alfons Cervera es escritor. Su último libro, </em><strong>Alfons Cervera</strong><a href="http://sintarima.com/evento/yo-no-voy-a-olvidar-porque-otros-quieran-de-alfons-cervera/" target="_blank">Yo no voy a olvidar porque otros quieran</a><em> (Montesinos, 2017).</em></p><p><em>*Lola López Mondéjar es escritora. Su último libro, </em><strong>Lola López Mondéjar</strong><a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?opcion=colecciones&b_coleccion=18&id_libro=2967" target="_blank">Cada noche, cada noche</a><em> (Siruela, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Rodríguez | Alfons Cervera | Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 74]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un trono a la intemperie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/trono-intemperie_1_1143468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eabe6007-6c8c-4e97-9c22-d8b20f8bde4f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un trono a la intemperie"></p><p>Eso es la poseía: un trono a la intemperie, un poder sin dogmas, un país propio de verdad, una pluma de pájaro con olor a tierra o a panadería. Lo escribió <strong>Ramón López Velarde</strong> en <em>La suave patria </em>(1921), el poema que dedicó al México vivido de sus ciudades, sus estaciones de tren, sus balcones de palmas bendecidas, sus costumbres y sus muchachas o su mujerío: un trono a la intemperie.</p><p>Los veranos otorgan el buen tiempo necesario para dejar que la biblioteca se convierta en un lugar de paseo. Hay tanto que leer durante las prisas del año, tanta exigencia de novedades y de libros reclamados por las horas laborables, que uno no puede perderse en los recuerdos. Los amigos de <strong>Alfonso Reyes </strong>decían con humor que el sabio mexicano se había casado con una mujer muy alta para que llegase a las últimas baldas de las estanterías. Los lectores nos casamos con los veranos para dejarnos ir por la memoria y por sus rincones imprevistos.</p><p>  </p><p>Me encuentro al azar con el <em>Cuadrivio </em>(1965) de <strong>Octavio Paz</strong>, un conjunto de ensayos sobre <strong>Fernando Pessoa, Rubén Darío, Luis Cernuda</strong> y Ramón López Velarde que alimentó las búsquedas de mi adolescencia poética. Las páginas dedicadas a López Velarde acabaron convirtiéndose un libro, <em>El camino de la pasión</em>, al que yo he vuelto en varias ocasiones para seguir dando respuesta a una estrofa que me asaltó hace más de 40 años, gracias a un amigo del que he olvidado el nombre, en el primer curso de Universidad. Es una famosísima estrofa del poema “Tenías un rebozo de seda”. La evocación modernista y nostálgica de un amor se ve sorprendida por un paréntesis de ironía lleno de experiencia y verdad: “(En abono de mi sinceridad, / séame permitido un alegato: / entonces era yo un seminarista / sin <strong>Baudelaire</strong>, sin rima y sin olfato)”.</p><p>El poeta y abogado que un día estudio como seminarista por voluntad familiar evocaba el pasado desde una situación concreta, desde un yo particular, por lo que invitaba al lector a ser consciente de su conciencia. Así volvía a otra situación. Baudelaire, según <strong>Sartre</strong>, fundó la poesía moderna porque escribía no sólo para mirar, sino para verse mirar. Esa lección de lucidez la trajeron a nuestra lengua el <em>sí, pero</em> <em>no </em>de <strong>Gustavo Adolfo Bécquer</strong> (volverán las oscuras golondrinas, pero no volverán) y la ironía melancólica de Ramón López Velarde que mezclaba por necesidad y magisterio la rima poética con el lenguaje cotidiano o la música exacta con el prosaísmo, igual que se mezclan el alma y el cuerpo o la religiosidad y un erotismo punzante.</p><p>López Velarde fue un buen lector de Rubén Darío y, sobre todo, de <strong>Amado Nervo</strong>. Pero el modernismo de Nervo se transformó en bolero (“Si tú me dices ven lo dejo todo”, “El día que me quieras tendrá más luz que junio”) y el de López Velarde en ironía, una forma de reconocimiento del lugar desde el que se habla y escribe, un quiebro que ya se anunciaba en su primer libro, <em>La sangre devota </em>(1916) y que se impuso con plenitud en <em>Zozobra </em>(1919).  Este irremediable poeta podía aspirar a retirarse a su pueblo, para morir en paz como un devoto. Pero en la serenidad de su devoción futura no estaba solo. Seguro que también iban a estar allí una prima con la aguja en alto y hasta “el húmedo corpiño / de Genoveva, puesto / a secar”.  Y cuando se despedía de “La última odalisca”, llegaba a reconocer que la carne pesa, pero con la intención de admitir luego, como testamento ante la Tierra, que en realidad era “humilde como un pelele / a cuya mecánica duele / ser solamente un hospital”.</p><p><strong>Xavier Villaurrutia</strong>, otro gran poeta mexicano, advirtió que por las venas de López Velarde corrían a la vez la sangre devota y la sangre erótica.  Igual que Bécquer, López Velarde comprendió de manera inevitable la unidad del alma y el cuerpo al enfermar de sífilis. Una mujer le envenenó el alma; otra mujer, el cuerpo. Así fue hasta la muerte, que según López Velarde era un sueño de guantes negros, muy parecido al amor: “El enigma de amor se veló entonces / en la prudencia de tus guantes negros”.</p><p>Según Octavio Paz, López Velarde no tenía ideas, sino creencias. Quizá sea lógico en alguien que vivió el vértigo del desarrollo, las grandes urbes y las revoluciones con la suavidad de una ciudad de provincias. Está bien así. Las creencias son ideas hechas alma y carne, o vida e historia. Uno llega a sentir que es necesario vivir como se piensa, definirse al actuar y al pensar en la vida. El López Velarde con creencias religiosas fue una lectura decisiva para el joven aspirante a poeta que era yo al final de los años setenta, devoto de la poesía y de la lucha contra la dictadura del general <strong>Franco </strong>que había protagonizado el Partido Comunista de España. Eran dos herencias llamadas a entenderse en mi identidad.</p><p>No creo que la manera liberal que tuvo López Velarde de vivir el catolicismo fuese un ejemplo para que yo viviese mi comunismo con una decidida conciencia antiestalinista. Eso lo aprendí en otros libros y en otras experiencias. Pero en un momento en el que la poesía social invitaba a diluir el yo en una verdad colectiva, sedimentaron mi carácter los poetas que a través de la ironía eran capaces de reconocer las distancias abiertas entre las ideas y la realidad. O entre las ideas abstractas de la realidad y una realidad concreta con mi nombre y apellidos. La ilusión colectiva debía desembocar en una experiencia particular del propio yo.</p><p>La experiencia poética es ámbito de lucidez cuando nos ayuda a tomar conciencia de la inevitable separación que hay entre <em>yo</em> y <em>el nosotros</em>. La ironía es eso, la brecha del yo en el nosotros y del nosotros en el yo. Ahí estaba la rima libre de López Velarde. Otros fueron maestros en el verso libre. Su magisterio indagó en la rima libre, que utilizaba para abrirle las costuras al modernismo y acercarse a una vanguardia más cercana en él a la experiencia humana que al experimentalismo.</p><p>A lo largo de los años he vuelto a la poesía de López Velarde gracias a mi complicidad de lector con algunos amigos mexicanos. No es raro, porque López Velarde es uno de los poetas más admirados en la literatura de su país. Volví a él de la mano de los <em>Cuadernos de notas </em>(1996) de <strong>Tomás Segovia</strong>, de <em>La lumbre inmóvil </em>(2003) de <strong>José Emilio Pacheco</strong> y de <em>El tigre encendido </em>de <strong>Marco Antonio Campos</strong>.</p><p>Y vuelvo ahora, en este verano que me permite perderme como un lector vagabundo por mis libros. Pero el azar tiene su lógica. Bajo el sol duro del mundo que vivimos y sufrimos, no es mala compañía un poeta que, al cantar a su patria, una patria suave, prometía lo siguiente: “Te dará, frente al hambre y al obús / un higo San Felipe de Jesús”. Yo también prefiero el higo al hambre y al obús, lo ofrezca quien lo ofrezca. Y prefiero un nacionalismo que no piense en la valentía, las marchas militares y los himnos, sino en las históricas pequeñeces de una casa infantil, y en las muchachas que salen a la calle con la ropa que acaban de estrenar, y en un palacio presidencial con la estatura de un niño. También prefiero las religiones que asumen los misterios de la carne y la conciencia extrema de alguien que puede llegar a escribir: “Vale más la vida estéril que prolongar la corrupción más allá de nosotros”.</p><p>La mirada irónica es un modo de marcar la distancia del autor y del lector ante el poema. El poder sin autoridad de la poesía, su trono a la intemperie, nos salva de todo dogma mientras nos condena a la dignidad. Y nos ayuda a dudar de nosotros mismo hasta el punto de no renunciar nunca a la propia conciencia. Incluso cuando se tiene algo en lo que creer, el nosotros no prescinde del yo. Y ese yo es el único fiable para el nosotros.</p><p><em>*Luis García Montero es escritor y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García Lorca</a><em> (Taurus, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <title><![CDATA[Jonathan Harker: verdad y crédito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/jonathan-harker-credito_1_1143463.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0a1ce82c-4214-43a4-a901-48fabbd1a0bb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jonathan Harker: verdad y crédito"></p><p><em>La novela de Bram Stoker es una obra inabarcable. Ahora que se cumplen 120 años de su aparición, desde Los diablos azules hemos decidido celebrarlo con un dossier especial dedicado a esa fascinante narración titulada </em><strong>Bram Stoker</strong>Drácula<em>.Alejandro Lillo, especialista en la novela, comenta un conjunto de anécdotas y misterios que aún persiguen a la creación de Bram Stoker. David Montesinos nos ofrece, desde el pensamiento filosófico, una perspicaz lectura de </em></p><p><strong>Alejandro Lillo</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/07/21/7_apuntes_sobre_dracula_que_quiza_gustaria_saber_67781_1821.html" target="_blank">un conjunto de anécdotas y misterios</a><strong>David Montesinos</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/07/21/dracula_superhombre_67787_1821.html" target="_blank">una perspicaz lectura</a>Drácula <em>y Nietzsche. Antonio Ballesteros, experto en literatura fantástica victoriana, reflexiona sobre lo femenino en </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/07/21/la_representacion_femenino_dracula_67792_1821.html" target="_blank">reflexiona sobre lo femenino</a>Drácula <em>y su poder transformador. Por último, Justo Serna, especialista en historia cultural, centra su atención en Jonathan Harker y en su concepción de la verdad. Cuatro enfoques diferentes para una historia que significó un antes y un después en nuestra concepción del terror, pero que también ha transformado nuestra noción de la muerte y el deseo. Apenas una muestra de la riqueza de una obra que podemos considerar ya un clásico de la literatura universal.</em><strong>Justo Serna</strong></p><p>______________________</p><p>  <em>We want no proofs. We ask none to believe us!</em></p><p>Según el Diccionario de la Real Academia Española, una novela es una “obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de certidumbres”.</p><p>Esa acepción es la que asocia novela a ficción, al género literario que hace de la invención su registro. Pero hay otro sentido que el mismo diccionario recoge y que es antitético. Nos referimos a aquel que identifica novela con conjunto de “hechos interesantes de la vida real que parecen ficción”. En ambos casos, lo común es el interés que los lances despiertan: en un caso son invención, dominio propio de la ficción; y en otro son reales, pero parecen imaginados de tan sorprendentes como son.</p><p><em>Drácula </em>(1897), de Bram Stoker es novela en el primer sentido. Lo es externamente, lo es para nosotros sus destinatarios. Aunque los lectores sabemos que todo es inventado, suspendemos nuestro descreimiento y aceptamos que nos provoque placer estético con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes e imaginados, de caracteres, de pasiones y de certidumbres. Pero, al margen de los destinatarios, al margen de la invención, de la fantasía que allí se narra, <em>Drácula </em>también podemos tomarla como una novela en el segundo sentido del diccionario: como un repertorio de hechos significativos de la vida real que de tan extraños o angustiosos parecen ficción.</p><p>Las cosas que en <em>Drácula </em>se cuentan internamente crean un mundo propio que bien podría ser o haber existido: el mundo posible de la ficción novelesca, una realidad particular construida de modo coherente, con su cronología, su geografía, sus personajes, su narrador. ¿Por qué no nos tomamos Drácula como si fuera un documento histórico, como si esa obra fuera un texto superviviente de un mundo real y cuyos hechos sorprendentes son narrados como si de un testimonio se tratara? Me explicaré. Me explicaré como historiador.</p><p>Imaginemos que una guerra y el simple paso del tiempo hubieran destruido cualquier resto del contexto y del mundo exterior en el que se alumbró esa ficción. Imaginemos que un hipotético lector accediera a dicho relato. Más que interrogarse si es verdad, si es traslado de un referente ajeno que él no puede rehacer, que ignora; más que interrogarse si está determinado por la historia que circundaba y que él ya no podrá vivir, se preguntará por el tipo de mundo que hay en esa novela.</p><p>Tomará, pues, ese relato como descripción de un mundo que es interno, un mundo que está contenido por las palabras de esa narración, con informaciones prolijas, en algún caso, y con escasez de noticias, en otros. No le pidan a ese lector que conciba la novela como producto dependiente de un exterior que le daría forma y que le otorgaría sentido. Ese lector, por ejemplo un hipotético historiador que sólo contara con <em>Drácula </em>como único documento (<em>unus testis</em>), rechazaría esa solución, porque sabe que si es eso, un documento, nos enseña (<em>docere</em>) y, por tanto, es algo que está por algo, algo que pregona una ausencia, algo cuya única materialidad es la presencia de un texto que milagrosamente ha subsistido a la destrucción que ocasiona el tiempo.</p><p>Las novelas están hechas con materiales externos, cierto, pero en cuanto esos materiales se emplean en el interior ya no son los que fueron y la imaginación y su nuevo uso los alejan del mundo del que procedían, fueran o no ficciones. Las novelas son edificaciones de mundos, de espacios, de geografías, de caracteres, de situaciones, a los que un narrador otorga sentido y valores y a los que acceden lectores diversos con saberes distintos, con enciclopedias variadas.</p><p>Lo que aquel historiador pide ahora es que tomemos <em>Drácula </em>como un documento de un mundo allí internamente constituido, un mundo que puede o suele tener personajes con nombres equivalentes a los reales y que, cuando tienen fuerza, llegan a sobreponerse a sus homónimos, desplazándolos. La Inglaterra ideada por Bram Stoker para su relato de vampiros no es la Inglaterra del Ochocientos que averiguan y que pueden documentar los historiadores, pero las imágenes de aquella primera Inglaterra llegan a solaparse con los datos que se extraen de las fuentes históricas, de modo que bien podríamos mostrar su equivalencia y su verosimilitud.</p><p>La historia está narrada a partir de una sucesión de diarios de distintos testigos y protagonistas. Ese recurso tiene la ventaja que permite contar en primera persona con diferentes puntos de vista y en tiempo real, por la noche, por ejemplo, cuando se hace recuento de lo sucedido: lo que queda del día. Con ello, lo sucedido y lo narrado son prácticamente simultáneos: los personajes no saben ni nadie sabe al escribir cuál será el desenlace de esta historia, si todo acabará bien o mal. Pero hay más.</p><p>Si de lo que se trataba era de relatar hechos sorprendentes o interesantes de la vida que parecen ficción –por emplear la segunda acepción que el diccionario da de la novela—, entonces el peligro principal que amenaza al narrador es que lo tilden de embustero. En efecto, estamos ante una novela que trata cosas que se dicen verdaderas pero que parecen inverosímiles. Dentro de la novela y de acuerdo con los materiales narrativos organizados por su primer protagonista, Jonathan Harker, los hechos son verdaderos aunque se admiten increíbles.</p><p>Fuera de la novela y de acuerdo con la realidad en la que estamos los destinatarios, los hechos son falsos pero los toleramos por verosímiles. Para lograr esa verosimilitud y para no hacer depender de un solo punto de vista un relato tan sorprendente, la historia aparece contada por numerosos testigos, gracias a los diarios de quienes protagonizaron o vieron los avatares. Jonathan Harker es, en efecto, quien organiza los materiales que sirven de narración a esta historia; es, pues, quien dispone los diarios en un orden sucesivo que da continuidad a los hechos. Pero la mayor parte de esos diarios y los otros documentos son copias, como sabremos al final, dado que los originales perecieron en un incendio. Por tanto, esa doble circunstancia narrativa nos obliga a una mínima reflexión.</p><p>Además de cartas, telegramas, recortes de prensa o informes médicos, los diarios son el grueso documental de la obra: diarios de distintos personajes y dispuestos preferentemente en sucesión. De ese modo, la acción avanza de acuerdo con perspectivas que se yuxtaponen. No son diarios íntimos, no revelan las interioridades de los testigos. Son, por el contrario, dietarios que registran los hechos que pasan con relación al descubrimiento y caza del vampiro. Están concebidos para ser leídos o, incluso, se escriben por indicación de uno u otro, como si fueran tarea de documentalista.</p><p>Son, pues, documentos propiamente, un modo de dejar testimonio ordenado de unos hechos que por ser tan inverosímiles muchos los creerán inventados. Quienes los puedan creer ficticios no somos nosotros, lectores empíricos de la novela; quienes de verdad los pueden considerar fantasiosos son los narratarios potenciales, los contemporáneos de ese mundo en el que habita Harker. Me refiero no a los ingleses que vivieron en el siglo XIX histórico, sino a los británicos que viven dentro de la novela, aquellos que frecuentaban las calles del Londres interno de <em>Drácula</em>, los posibles narratarios.</p><p>Pero hay un problema. Aunque el esfuerzo narrativo de Jonathan sea loable al disponer en orden esos diarios, su labor erudita es francamente dudosa. Sabemos que la mayor parte de esos textos yuxtapuestos, que son el soporte de la trama, sólo son copia que ha subsistido milagrosamente del incendio que destruyó los documentos.</p><p>Entonces cabe hacerse una pregunta decisiva. En todo relato, el destinatario establece un pacto fiduciario con el autor empírico, que se toma a sí mismo o a otro narrador para contar los hechos. Ese convenio implícito requiere del escritor la adopción de una serie de convenciones de género que son como las cláusulas de ese acuerdo, unas convenciones que permiten reconocer lo que se está leyendo y el sentido o la verdad que cabe dispensarles.</p><p>Fijémonos en lo que ocurre con <em>Drácula</em>: todo, absolutamente todo lo que se relata y que parece expresarse desde numerosos puntos de vista o testigos, acaba dependiendo de Harker. ¿Podemos confiar en este antiguo pasante de procurador? Leamos lo que dice Harker al final de la novela, en la nota que se añade después de haber transcurrido siete años desde los últimos acontecimientos relatados:</p><p>  </p><p>¿De verdad podemos dar crédito a este abogado, Jonathan Harker, que acudió a Transilvania y que creyó ver cosas y más cosas, cosas tan descabelladas como muertos vivientes, como lascivas vampiresas, como chupadores que tomaban sangre para darse fluido nutricio? Hay que ser muy crédulo para confiar en alguien cuyas únicas pruebas de todos estos hechos sorprendentes son su palabra y unos documentos que son copia, reproducción. ¿Acaso no será todo esto una fantasía neurótica, una alucinación?</p><p>Los seres humanos no vemos la realidad; vemos lo que nuestro marco referencial nos permite ver. Los seres humanos somos socializados en el seno de una sociedad y de familia. De ambas recibimos los recursos con los que contemplar el mundo, para así fijar significado y orden. Nuestro marco referencial es múltiple: son préstamos de la sociedad que nos alberga, lecciones formales y restos diurnos, evidencias de sentido común, tradiciones, recursos religiosos, elementos que tomamos de familiares, de amigos, de vecinos, pero también de contemporáneos distantes cuyos ecos absorbemos sin saber; o de antepasados cuyas voces y consejas aún resuenan en nuestro interior.</p><p>Contemplemos, pues, desde dentro esta historia: los diarios nos relatan hechos de los que se predica su verdad; están, además, narrados y ordenados de tal forma, de acuerdo con una trama sucesiva, que se les da completa verosimilitud. Sin embargo, analizada desde dentro y sabedores de que todo depende de Jonathan Harker, la narración se vuelve finalmente dudosa, pero no por error de Bram Stoker, sino por la deliberada ambigüedad con que reviste ese relato portentoso.</p><p>¿Quién certifica o autoriza la verdad de lo relatado? Los lectores de Harker deben aceptar que todo lo dicho es cierto. Deben admitir que no se han manipulado documentos. Deben reconocer que esos documentos ya no son los originales. Deben resignarse a una verdad finalmente increíble: que lo que Jonathan vio es lo que todos podríamos haber visto.</p><p><em>Isn't it?</em></p><p><em>*Justo Serna es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Valencia y se ha especializado en Historia Cultural.</em><strong>Justo Serna</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Justo Serna]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Jonathan Harker: verdad y crédito]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura europea,Los diablos azules número 74]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La representación de lo femenino en 'Drácula']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/representacion-femenino-dracula_1_1143458.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6da8c25d-fd60-4312-9ea5-4c165ad3f0fc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La representación de lo femenino en 'Drácula'"></p><p><em>La novela de Bram Stoker es una obra inabarcable. Ahora que se cumplen 120 años de su aparición, desde Los diablos azules hemos decidido celebrarlo con un dossier especial dedicado a esa fascinante narración titulada </em><strong>Bram Stoker</strong>Drácula</p><p><strong>Alejandro Lillo</strong>, especialista en la novela, comenta <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/07/21/7_apuntes_sobre_dracula_que_quiza_gustaria_saber_67781_1821.html" target="_blank">un conjunto de anécdotas y misterios</a> que aún persiguen a la creación de Bram Stoker. <strong>David Montesinos</strong> nos ofrece, desde el pensamiento filosófico, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/07/21/dracula_superhombre_67787_1821.html" target="_blank">una perspicaz lectura</a> de Drácula <em>y Nietzsche. Antonio Ballesteros, experto en literatura fantástica victoriana, reflexiona aquí sobre lo femenino en Drácula y su poder transformador. Por último, Justo Serna, especialista en historia cultural, centra su atención en Jonathan Harker y en su concepción de la verdad. Cuatro enfoques diferentes para una historia que significó un antes y un después en nuestra concepción del terror, pero que también ha transformado nuestra noción de la muerte y el deseo. Apenas una muestra de la riqueza de una obra que podemos considerar ya un clásico de la literatura universal.</em><strong>Nietzsche</strong><strong>Antonio Ballesteros</strong><strong>Justo Serna</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/07/21/jonathan_harker_verdad_credito_67797_1821.html" target="_blank">centra su atención en Jonathan Harker</a></p><p>______________________</p><p>Bram Stoker vertió en <em>Drácula</em> las principales obsesiones y ansiedades del tardovictorianismo finisecular en el que su magna obra se gestó. Entre ellas se encuentran retratadas fehacientemente las concernientes a lo femenino, aspecto fundamental de la novela, ese brillante punto de inflexión en lo que respecta al mito universal del vampiro. En una trama inserta en un marco de omnímoda claustrofobia patriarcal, este elemento socavador constituye uno de los factores más perturbadores y reveladores de la obra. Si Stoker, paladín y defensor en el ámbito personal de la moral victoriana (controvertida a todas luces), y cuyas actitudes sexuales han quedado, pese a las biografías que sobre él se han escrito —algunas de ellas muy bien documentadas—, envueltas en la bruma del misterio, fue plenamente consciente de ello o no, es una cuestión debatible y difícil de discernir en términos concluyentes.</p><p>Lo cierto es que lo femenino aparece representado desde el comienzo de un argumento fragmentado en diferentes documentos que tratan, inútilmente, de atrapar al vampiro mediante la tecnología avanzada de la voz y la escritura de aquella época. El fascinante y envolvente <em>Diario </em>de Jonathan Harker, de resonancias casi épicas en su amalgama de elementos góticos y folclóricos, constituye ese primer intento fracasado de reconstruir con precisión el encuentro con lo numinoso, con lo inefable, con la absoluta alteridad que encarna el vampiro.</p><p>En la atmósfera de pesadilla de ese preámbulo, en el que se pone de manifiesto lo que <strong>Freud </strong>dio en denominar <em>das Unheimliche</em> (traducido en español como “la inquietante extrañeza”), el despreocupado pasante de abogado, turista occidental/accidental, durmiente en las estancias prohibidas del castillo del Conde, es asaltado por las tres vampiras voluptuosas que le hechizan y le hacen precipitarse en los abismos del deseo, anhelando “que le besen con sus labios rojos”. La escena es interrumpida bruscamente por la irrupción del Conde, que trae alimento para sus tres ¿“novias”?, ¿“hermanas”?: un bebé que le ha arrebatado a una infeliz campesina, luego devorada por los lobos que Drácula envía contra ella cuando acude desesperada a los muros de la fortaleza para reclamar a su hijo robado, en una escena que nos hace recordar los terrores infantiles vinculados al hombre del saco y otros personajes análogos.</p><p>El terror solo puede ser tal cuando es ambiguo, cuando deja resquicios por los que pueda elucubrar libre y pavorosamente la imaginación. La escena descrita queda sumida en el mayor de los enigmas, resquicio por el que se introducen las posibles “precuelas” de la obra stokeriana: las vampiras acusan al Conde de “no haber amado nunca”, a lo que éste responde señalando que, como ellas bien saben, “amó una vez, en otros tiempos”. De ahí han extraído el cine y otras revisiones literarias y artísticas del mito vampírico fantasías amorosas de corte romántico que poco o nada tienen que ver con la espectral polisemia de la novela del autor dublinés, que nada aclara en lo que respecta a éste y otros puntos.</p><p>Lo que sí señala categóricamente el Conde al aparecer en escena, refiriéndose a Harker, es que “este hombre me pertenece”. Extraña afirmación que alcanza una dimensión semántica más que comprometida desde la perspectiva sexual de finales del siglo XIX en la Inglaterra imperial inconscientemente atemorizada (como pone de manifiesto de manera inequívoca la literatura de la época) por la colonización a la inversa, por la posible invasión de lo desconocido, por la incertidumbre que acecha y amenaza desde los confines de un imperio en el que “no se pone el sol”, pero que esconde toda la oscuridad de lo ignoto, de lo otro: de lo racial, social y sexualmente diferente.</p><p>Pese a lo turbador del ataque de las vampiras, el espíritu puritano de Harker le hace describir el episodio de manera minuciosa, pese a pensar que su prometida, Mina, puede sentirse dolida al leerlo. Mina, por otra parte, se nos muestra como un personaje abnegado, extraordinariamente eficaz en su labor secretarial a las órdenes de Van Helsing, arquetipo del perfecto burgués (opuesto, por consiguiente, a la decadente aristocracia feudal epitomizada por Drácula), médico y alienista al mismo tiempo, simbiosis nada inusual en el periodo victoriano, en el que, frente a la tecnología cientificista derivada de la Revolución Industrial, proliferan los fantasmas y otros seres sobrenaturales de variado jaez, propiciando una auténtica edad de oro de la literatura gótica y fantástica. El sueño de la razón, como reivindicaba <strong>Goya </strong>en su célebre grabado, produce monstruos.</p><p>Mina es tan “ideal” que recibe de Van Helsing la mayor alabanza patriarcal, describiéndola como “un corazón de mujer y un cerebro de hombre”, abundando en la habitual y perniciosa dicotomía sexista. Frente a la, en principio, dócil y servicial Mina, madre y esposa simbólica de todos los perseguidores de Drácula, Stoker contrapone al personaje de Lucy Westenra, que se atreve a confesar en una carta a su amiga y confidente que es una lástima que una mujer no se pueda casar con los tres hombres —Arthur, Seward y Quincey— que la pretenden, fantasía más que peligrosa en tiempos complicados para la libertad sexual de la mujer.</p><p>Así, la bella y “frívola” Lucy, aquejada de sonambulismo, antecesora de las “New Women” de finales de siglo, precursoras de las feministas de hoy, se convierte en víctima propiciatoria del vampiro, al que, no lo olvidemos, es necesario invitar para traspasar los umbrales reales y simbólicos.</p><p>De este modo, en una escena de brutalidad extrema que, desde una perspectiva metafórica, se ha comparado con una violación en grupo, Lucy, bebedora de la sangre de niños en la metrópolis londinense (en lo que se vincula con las tres vampiras del castillo de Drácula: la vampira es la antimadre, la mujer “antinatural” por antonomasia en el texto de Stoker), es penetrada por la estaca que, Arthur, su prometido, le clava en el pecho en el día en el que deberían haber tenido lugar sus esponsales. Si Arthur, Lord <em>God</em>-alming, ya porta de por sí un nombre de reminiscencias patriarcales en el imaginario británico, conectándose con el mítico monarca de la Tabla Redonda, en ese instante será comparado con Thor, el dios de la mitología escandinava, insertando la estaca con su poderoso martillo en el pecho de la que fuera su amada, de lo que son testigos Van Helsing y sus acólitos.</p><p>Tras este episodio cruento, en el devenir del funeral de Lucy, el conspicuo científico sufrirá un ataque de histeria, trastorno que, a finales del siglo XIX, merced a las investigaciones del terapeuta francés <strong>Charcot </strong>—precursor del psicoanálisis e instructor de Freud citado explícitamente en el texto de Stoker—, se interpretaba como factor consustancial a la locura femenina. Los límites de lo sexual en <em>Drácula</em> son siempre ambiguos, quedando los personajes femeninos “empoderados” por la acción del vampiro y los masculinos “feminizados” por su incapacidad de enfrentarse a su proteico y elusivo oponente.</p><p>En todo caso, la sorpresa fundamental de la novela de Stoker es la inesperada vampirización de la “perfecta” Mina, sorprendida en el dormitorio conyugal, en el que Harker yace en estado hipnótico, bebiendo sumisa la sangre del pecho de Drácula, en un acto de diabólica eucaristía. El <em>shock </em>es tan descomunal que será narrado en dos ocasiones de forma distinta por el doctor Seward, quien, la segunda vez, destaca cómo el Conde acaricia el pelo de Mina, quien, cuando huye el vampiro, se confiesa impura, quedando impresa en su frente la quemadura que le produce la Sagrada Forma con la que Van Helsing la marca.</p><p>Para ser madre del niño comunal que nace tiempo después de que Drácula haya sido aparentemente destruido, Mina habrá de transformarse mediante la hipnosis en el vehículo mediante el cual cazar al vampiro, vinculado con su víctima a través de la mente, tras haber mantenido con ella relaciones ilícitas en un bautismo de sangre que remite de manera simbólica al acto sexual. Drácula es siempre catalizador del deseo femenino, pero, por mucho que ataque a las mujeres en primera instancia, no son éstas la meta última de su anhelo de proliferación. El temor de Van Helsing y sus aliados alcanza, al menos, una cuádruple proyección, ya que la pandemia que el vampiro pretende instaurar en el corazón del imperio es de índole racial (Drácula es descrito con características casi animales y con rasgos judíos), colonial (oriente frente a occidente), socio-político (la aristocracia feudal frente a la burguesía)… y sexual, tomando a la mujer como señuelo para lograr dominar a los hombres. En este sentido, las desasosegantes palabras de Drácula no dejan lugar a la duda: “Las mujeres que amáis serán mías y, a través de ellas, vosotros seréis míos también”, una amenaza que, al igual que la frase “este hombre me pertenece” del comienzo de la novela, adquiere, según la crítica actual, tintes homoeróticos.</p><p>Al final de la narración, Drácula, el vampiro ancestral, es derrotado por Van Helsing, ese otro patriarca semejante al que Freud describe en <em>Tótem y tabú</em>, dueño y señor del “orden establecido”. El hijo de Mina y Harker lleva el nombre de todos los que lucharon contra el vampiro, ese <em>nom de père</em> lacaniano que proscribe lo femenino, restringiéndolo y subyugándolo al orden patriarcal. Posteriores rescrituras y versiones de <em>Drácula</em> subvertirían esta fantasía de control victoriana. Pero esa es otra historia…</p><p><em>*Antonio Ballesteros González es experto en literatura victoriana y profesor en la UNED. </em><strong>Antonio Ballesteros González</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Ballesteros González]]></author>
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      <title><![CDATA[Drácula y el superhombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dracula-superhombre_1_1143454.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3e3bf056-b797-473d-94f6-8820abbc0f8c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Drácula y el superhombre"></p><p><em>La novela de Bram Stoker es una obra inabarcable. Ahora que se cumplen 120 años de su aparición, desde Los diablos azules hemos decidido celebrarlo con un </em><strong>Bram Stoker</strong>dossier<em> especial dedicado a esa fascinante narración titulada </em>Drácula.</p><p><strong>Alejandro Lillo</strong>, especialista en la novela, comenta <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/07/21/7_apuntes_sobre_dracula_que_quiza_gustaria_saber_67781_1821.html" target="_blank">un conjunto de anécdotas y misterios</a> que aún persiguen a la creación de Bram Stoker. <strong>David Montesinos</strong> nos ofrece aquí, desde el pensamiento filosófico, una perspicaz lectura de Drácula<em> y Nietzsche. Antonio Ballesteros, experto en literatura fantástica victoriana, reflexiona sobre lo femenino en </em><strong>Nietzsche</strong><strong>Antonio Ballesteros</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/07/21/la_representacion_femenino_dracula_67792_1821.html" target="_blank">reflexiona sobre lo femenino</a>Drácula<em> y su poder transformador. Por último, Justo Serna, especialista en historia cultural, centra su atención en Jonathan Harker y en su concepción de la verdad. Cuatro enfoques diferentes para una historia que significó un antes y un después en nuestra concepción del terror, pero que también ha transformado nuestra noción de la muerte y el deseo. Apenas una muestra de la riqueza de una obra que podemos considerar ya un clásico de la literatura universal.</em><strong>Justo Serna</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/07/21/jonathan_harker_verdad_credito_67797_1821.html" target="_blank">centra su atención en Jonathan Harker</a></p><p>______________________</p><p>Algunos estudiosos han querido ver en el Conde Drácula un trasunto del superhombre de Nietzsche. Quizá sea eso, o quizá solo su parodia. La obra más célebre de Bram Stoker es para las multitudes una novela gótica en la que un tipo macabro que hiede a cripta clava sus colmillos en los cuellos de lánguidas damiselas victorianas. Demasiadas vulgarizaciones cinematográficas, demasiado perfil de terror de masas para acercarse a la resplandeciente aurora del anticristo nietzschano. Acaso la pregunta no es si el Conde se parece al superhombre, sino qué hay en el incuestionable poder seductor del vampiro que amenaza con infectar la hipócrita moral burguesa. Ese efecto, con las pertinentes matizaciones, sí puede asociarse al efecto perturbador que sobre los valores de Occidente desencadena la transgresión reclamada por el autor del <em>Zaratustra</em>.</p><p>Un joven abogado inglés entra una noche “libremente” en un castillo de Transilvania... ¿Qué presentimos en la fascinación que sobre Jonathan Harker –y sobre todos nosotros— proyecta el submundo de Drácula en el cual está a punto de internarse? Es objetivo de este escrito averiguar si la respuesta a esa pregunta enlaza con los síntomas de la crisis de civilización que Nietzsche analiza con encarnizada precisión en los mismos años en que Stoker concebía su célebre relato.</p><p>Plenamente instalada en los centros de poder económico y político, a finales del siglo XIX la alta burguesía europea hacía patente su hegemonía cultural a través de lo que hoy conocemos como Era Victoriana. La gélida razón tecnocientífica que dominaba el modo productivo resultante de las revoluciones industriales se contrapesaba con el estrecho corsé moral del puritanismo. El resultado es un entramado social basado en el ahorro, la disciplina y la represión de los impulsos, empezando por los eróticos.</p><p>No hay duda de que las teorías de <strong>Karl Marx </strong>y otros pensadores del movimiento obrero habían cuestionado la legitimidad del orden burgués, cuyos fundamentos ideológicos habían sido minuciosamente desenmascarados por el autor de <em>El capital. </em>Pero Nietzsche fue más allá. Desde el estilo relampagueante de sus aforismos cuestionó el subsuelo de valores desde el que se construyó durante milenios una civilización que, en aquel entonces, se sentía triunfante y creía poder imponer al mundo sus principios, como si fueran la encarnación misma del bien moral y la razón.</p><p>Lo que desde <em>El nacimiento de la tragedia </em>plantea Nietzsche es la necesidad de rescatar elementos esenciales de la vida que la llamada sociedad científica ha decidido dejar atrás, creyendo ingenuamente poder eliminarlos para siempre. En los orígenes más remotos de ese movimiento histórico, que fusiona el culto al racionalismo con el ideal ascético, Nietzsche se encuentra con <strong>Sócrates</strong>. Culpa al ateniense de haber extendido la ilusión de que el pensamiento es capaz de llegar hasta las fibras más profundas del ser. Esa chifladura teorética abre el camino para nuestra civilización metafísica, cuyo gesto fundacional sería el desgarramiento entre el mundo verdadero y el mundo aparente, entre el espíritu y la materia, entre el alma y el cuerpo. Platón asume ese principio supremo para construir sobre su base el mapa de la razón más influyente de la historia.</p><p><strong>René Descartes</strong> recogería esa herencia llamada por Nietzsche “platonismo” para blindar en los albores de la modernidad los derechos de conquista del alma sobre el cuerpo. Nada, ni siquiera la vigilancia de los inquisidores, parece angustiar tanto como el riesgo de la locura al autor de las <em>Meditaciones metafísicas</em>. El miedo a perder la razón es asociado en todas sus obras al mal moral, es decir, al riesgo de una descomposición de valores cuya metáfora sería la figura del Genio Maligno. Descartes imagina un mundo dominado por un demonio que, lejos del amor de un reino de Dios, nos sostendría sobre la tierra con el único fin de mantenernos en la confusión permanente y reírse de nosotros. La victoria del <em>cogito,</em> ese yo pienso supuestamente indubitable, abre paso a una nueva mirada sobre el mundo empeñada en arrancarnos de las tinieblas del Medioevo.</p><p>¿Qué nos induce, cuando el principio racionalista cartesiano ya se ha impuesto a través de la revolución científica, la Ilustración o la industrialización, a repensar lo que Occidente se dejó en el camino? ¿Por qué recuperar la hipótesis del genio maligno en los albores del siglo XX? Algunos sólo sabrán contestar recordándonos que Nietzsche estaba loco y que la fama del personaje de Stoker responde al hastío de lectores ávidos de monstruos y otras criaturas terroríficas como entretenimiento. Aquí no nos conformamos con tales simplezas. Quizá convenga recordar que sólo catorce años después de la muerte de Nietzsche y dos de la de Stoker estalló la mayor tragedia bélica de la historia, a la que sucedería, dos décadas después, otra aún peor. ¿No será que tras las supuestas certezas intelectuales y morales de la burguesía estos autores –y los monstruos que imaginan— detectan la profunda barbarie que anida en las vísceras de la civilización misma?</p><p>Lanzaré otra pregunta: ¿qué habría dicho Nietzsche del personaje de Van Helsing? Del líder de los cazavampiros sabemos que es un experto intérprete de signos, es decir, un hermeneuta. Su condición de metafísico le convierte en la síntesis ideal para la época: ciencia y religión. La victoria que él y su grupo de desinfección se apuntan sobre Drácula al final de la novela se presenta al lector como el triunfo final del conocimiento y la integridad moral sobre las últimas tenebrosidades del mundo aristocrático.</p><p>Nietzsche nos amenaza con terribles ansiedades si no tenemos el coraje de revisar la legitimidad de ese triunfo. Frente al ascetismo de Van Helsing, Nietzsche proclama el sentimiento trágico, que asume la vida en la máxima extensión de la palabra, con todo lo que contiene, incluyendo lo que consideramos horrible y empezando por lo irremediable de la muerte. Más profundo que la misma ciencia, el autor de Zaratustra encuentra el sentimiento de “lo dionisiaco”, ese juego interminable de construcción y destrucción de la vida cuyo primer profeta sería el viejo Heráclito.</p><p>En Stoker esa problemática se sustancia en el conflicto entre el poder civilizador del conocimiento y el egoísmo de los impulsos. No importa si el novelista quiere que deseemos el triunfo del bien sobre el mal, lo fascinante de su relato es la forma en que el vampiro hipnotiza a los personajes, alentando en ellos esa confusión que Descartes asociaba a la demencia y a las arteras maniobras del Genio Maligno. Así, el bien deja de sentirse invulnerable a la contaminación del mal, el deseo de lo incívico envenena la gris comodidad de lo socialmente aceptable, lo masculino deja de ser tranquilamente dominante mientras lo femenino revela su inquietante poder de emancipación... El Conde llega a Europa para hacer que se estremezcan los pilares del alma ascético-racional. ¿Es macabro el Conde? Sin duda, pero antes que macabro es voluptuoso... y acaso esa tentación que nos inclina hacia el deseo de poseer, de hacer daño o de desobedecer ya habitaba el corazón de Harker en el momento en que se abrió la puerta del castillo.</p><p>El superhombre de Nietzsche no se presenta como un simple enemigo de los valores establecidos; su antagonismo es más profundo, pues asume el desafío de crear otros nuevos. Esto supone revolver todos los criterios sobre el bien y el mal, que el cristianismo ha basado secretamente en el sentimiento de venganza de los esclavos contra lo que Nietzsche llama la “vida superior”. Ese culto a los valores aristocráticos que la sociedad burguesa ha enterrado podría muy bien encarnarse en la figura del Conde. De formas corteses y seductoras, dueño de un pasado glorioso, el noble ya sólo puede aspirar a ser un muerto viviente que vaga entre nosotros a la espera de un resurgir que sólo se produce en las pesadillas. Su transgresión consiste en inclinarnos hacia el placer, en enfrentar los derechos del cuerpo frente a la doctrina de la inmortalidad del alma que la tradición metafísica ha validado en sus distintas tradiciones durante milenios, desde Platón y la teología medieval hasta Descartes y sus herederos racionalistas e ilustrados.</p><p>He aquí la terrible verdad a la que nos abocan los anunciadores de la deriva monstruosa que podía estar tomando la confianza ciega en la Razón y su poder para conquistar ética y tecnológicamente el mundo: el corazón humano contiene todas las contradicciones, empezando por el conflicto eterno entre Dios y el diablo. El mal, o lo que la civilización ha condenado en nosotros para convertirnos en eunucos, en obedientes criaturas destinadas a no perturbar el orden social, anida dentro de cada uno de nosotros. Y se proyecta de forma tanto más amenazante en la medida en que creamos poder erradicarlo. No hay estaca que pueda aniquilar para siempre al egoísta impulsivo e inmoral que llevamos dentro. El relato no concluye con la victoria de Van Helsing.</p><p><em>*David Pablo Montesinos es Doctor en Filosofía.</em><strong>David Pablo Montesinos</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Pablo Montesinos]]></author>
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      <title><![CDATA[Siete apuntes sobre 'Drácula' que quizá te gustaría saber]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/siete-apuntes-dracula-gustaria_1_1143448.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1f13ab04-51f8-4343-9107-a030f81ff67d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Siete apuntes sobre 'Drácula' que quizá te gustaría saber"></p><p><em>La novela de Bram Stoker es una obra inabarcable. Ahora que se cumplen 120 años de su aparición, desde Los diablos azules hemos decidido celebrarlo con un dossier especial dedicado a esa fascinante narración titulada </em><strong>Bram Stoker</strong>Drácula</p><p><strong>Alejandro Lillo</strong>, especialista en la novela, comenta aquí un conjunto de anécdotas y misterios que aún persiguen a la creación de Bram Stoker. <strong>David Montesinos</strong> nos ofrece, desde el pensamiento filosófico, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/07/21/dracula_superhombre_67787_1821.html" target="_blank">una perspicaz lectura</a> de Drácula <em>y Nietzsche. Antonio Ballesteros, experto en literatura fantástica victoriana, reflexiona sobre lo femenino en </em><strong>Nietzsche</strong><strong>Antonio Ballesteros</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/07/21/la_representacion_femenino_dracula_67792_1821.html" target="_blank">reflexiona sobre lo femenino</a>Drácula <em>y su poder transformador. Por último, Justo Serna, especialista en historia cultural, centra su atención en Jonathan Harker y en su concepción de la verdad. Cuatro enfoques diferentes para una historia que significó un antes y un después en nuestra concepción del terror, pero que también ha transformado nuestra noción de la muerte y el deseo. Apenas una muestra de la riqueza de una obra que podemos considerar ya un clásico de la literatura universal.</em><strong>Justo Serna,</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/07/21/jonathan_harker_verdad_credito_67797_1821.html" target="_blank">centra su atención en Jonathan Harker</a></p><p><em>______________________Drácula</em></p><p> es una novela escrita por Bram Stoker aparecida a finales del siglo XIX, hace ahora 120 años. Su publicación ha marcado un hito en la literatura de terror. Tanto es así que ha contribuido de manera importante a que la figura del vampiro se haya convertido en uno de los mitos más sugerentes de la modernidad. Poco importa no haber leído la novela: todos sabemos con lo que va a encontrarse <strong>Jonathan Harker</strong> en ese lejano castillo de los Cárpatos. Sin embargo, aunque conozcamos a grandes rasgos la trama de la narración, hay aspectos que quizá no son tratados habitualmente cuando se habla de <em>Drácula</em> y su historia. He aquí una pequeña muestra –tan solo siete apuntes–, de algunas curiosidades y ciertos malentendidos generados por una novela convertida ya en un clásico de la literatura contemporánea. Y que, pese al tiempo transcurrido, conserva todo su magnetismo.</p><p><strong>1. ¿Cuándo se publica la novela? </strong></p><p>Con esta sencilla cuestión asistimos al primero de los misterios. Aunque parezca sorprendente, desconocemos la fecha exacta de la publicación de <em>Drácula</em>. Su primera edición, encuadernada en tela de color amarillo-mostaza y con letras rojas, debió salir a la venta entre finales de mayo y principios de junio de 1897. Muchos estudiosos consideran el día 26 de mayo como la fecha más probable. Sin embargo, las fuentes que pueden aclarar ese extremo (correspondencia privada y libros de memorias), ofrecen informaciones contradictorias. Lo que sí se sabe es que el contrato firmado entre Stoker y la editorial Archibald Constable and Co. tiene fecha del 20 de mayo de 1897. También que la tirada fue de 3.000 ejemplares, una cantidad no muy elevada para la época. Aunque existen otras versiones de la obra, en 1901 se publicó una edición de bolsillo. El contenido de la narración original se redujo aproximadamente en unas 25.000 palabras. La cubierta también varió: la composición amarilla y roja dejó paso a una ilustración de Drácula descendiendo por los muros de su castillo. Dicha imagen se convirtió en una de las portadas más famosas de la novela.</p><p>2. ¿El personaje de Drácula se inspira en Vlad el Empalador? </p><p>Gracias a las notas que Bram Stoker tomó durante el proceso de elaboración de su trabajo, sabemos que el nombre que inicialmente había pensado para su vampiro era el de <em>Count Wampyr</em>. También sabemos, siguiendo lo analizado por <strong>Elizabeth Miller</strong>, que la primera vez que Stoker lee el nombre de Drácula es en un libro que toma prestado de la biblioteca pública de Whitby durante el verano de 1890. El ensayo, escrito por <strong>William Wilkinson</strong> en 1820, se titulaba <em>Consideraciones sobre los principados de Valaquia y Moldavia</em>. En dicho volumen solo se habla de un individuo llamado Drácula. Nunca surge el nombre de <strong>Vlad </strong>o de <strong>Vlad Tepes</strong>, y en él tampoco se asocia a Drácula con el castigo del empalamiento. De hecho, la narración de Stoker no incluye ninguna referencia al empalamiento, una de las características más memorables y llamativas de Vlad Tepes. ¿Por qué el novelista no aludió a esa cruel técnica de ejecución que tan bien hubiera casado con la trama de <em>Drácula</em>? Pues simplemente porque no conocía la historia de Vlad el Empalador. Stoker tan solo encontró un libro interesante en una biblioteca municipal y tomó de allí lo que había, sin importarle mucho los errores que pudiera contener. Él, al fin y al cabo, buscaba ideas para escribir una novela, no un tratado histórico. No existe ningún documento que demuestre que Bram Stoker conocía la existencia de Vlad Tepes en el momento de escribir su novela. La creación de Drácula, por tanto, no pudo inspirarse en el príncipe valaco.</p><p>3. ¿Fue <em>Drácula </em>un éxito inmediato? </p><p>En el momento de su aparición, la novela de Bram Stoker tuvo una recepción discreta. Las reseñas de la época hablaban de fallos en el arte narrativo, de caracteres estáticos y de unos diálogos que se prolongaban en demasía. Aunque en ningún momento dejó de editarse, la novela sobrevivía sin pena ni gloria. Su auténtico éxito llegó en 1924, varios años después de la muerte de Stoker. Ese año el dramaturgo <strong>Hamilton Dean</strong> apostó por trasladar la novela a las tablas. Aunque la trama simplificaba bastante el texto original y obviaba las partes más espectaculares de la historia, su éxito en Inglaterra fue apabullante. En 1927 la representación se trasladó a Nueva York, causando gran impacto entre el público norteamericano. El intérprete encargado de dar vida a Drácula fue <strong>Bela Lugosi</strong>, por entonces un actor desconocido. La obra estuvo varios años más de gira por los EE. UU. antes de ser adaptada, en 1931, a la gran pantalla, logrando de nuevo un impresionante éxito. Aquello fue lo que impulsó el éxito de la novela. Hacia finales de la década de 1920 se vendían unos 20.000 ejemplares al año. Había nacido un mito.</p><p>4. ¿A cuántos idiomas se ha traducido? </p><p>La primera traducción de <em>Drácula</em>, recientemente descubierta por la bibliófila <strong>Simone Berni</strong>, es la edición húngara, aparecida en 1898. Tras ella viene la islandesa (1901), la rusa (1902), la alemana (1908), la checa (1919), la francesa (1920) y la eslovaca (1922). Habrá que esperar hasta 1933 para que aparezca la versión gaélica-irlandesa de la novela (recuérdese que Bram Stoker nace en una localidad muy próxima a Dublín). Al castellano se traduce dos años después, en 1935. Ediciones Hymsa la publica en Barcelona dentro de la colección La novela aventura, concretamente en sus números 90 y 91. <em>Drácula</em>, poco a poco, ha ido colonizando todos los rincones del planeta. Se ha traducido también al chino, al danés, al estonio, al finés, al flamenco, al griego, al hebreo, al indonesio, al japonés, al coreano, al lituano, al malasio, al noruego, al polaco, al portugués, al rumano, al sueco y al ucraniano.</p><p>5. ¿Cuál fue la primera adaptación de <em>Drácula </em>a la gran pantalla? </p><p>Si bien la primera versión oficial de la narración es la efectuada en 1931 por Universal Pictures, existen dos películas anteriores basadas, de alguna manera, en la obra de Stoker. La primera es un filme húngaro de 1921, hoy desaparecido, titulado <em>La muerte de Drácula</em>. Dirigido por <strong>Karoly Lathjay</strong>, parece que el argumento no tenía mucho que ver con la trama ideada por el novelista, aunque sí con el nombre de su personaje principal. Poco tiempo después, en 1922, un joven alemán llamado <strong>F. W. Murnau</strong>, realizó otra adaptación de la novela al cine. Sin embargo, al negarse a pagar los derechos de autor fue denunciado por <strong>Florence Balcombe</strong>, la viuda del escritor, y condenado por la justicia a destruir todas las copias. Afortunadamente, algunas de ellas se conservaron, llegando hasta nuestros días. <em>Nosferatu</em> es considerada en la actualidad una obra clave del cine expresionista. Y su vampiro sigue siendo uno de los más aterradores de los producidos por el séptimo arte.</p><p>6. Carlos Villarías y Lupita Tovar</p><p>Mientras Universal Pictures rodaba <em>Drácula</em> con <strong>Tod Browning </strong>como director y Bela Lugosi interpretando el papel principal, algo sucedía por las noches. Empleando el mismo decorado y siguiendo el mismo guion, <strong>George Melford</strong> filmaba una versión de <em>Drácula </em>en castellano. La explicación de este fenómeno es sencilla: con el cine mudo la cuestión del visionado en países extranjeros era un asunto que no generaba demasiados problemas técnicos. Sin embargo, la aparición del cine sonoro en 1927 complicó las cosas. Hacia 1931 el doblaje aún no era una solución práctica, así que algunos empresarios comenzaron a producir al mismo tiempo versiones en idiomas extranjeros de algunas películas sonoras. Eso es lo que sucedió con <em>Drácula</em>. <strong>Carlos Villarías</strong>, actor teatral español de 38 años nacido en Córdoba, fue el encargado de interpretar al malvado Conde. <strong>Lupita Tovar</strong>, jovencísima actriz mexicana de 21 años, hizo de Eva, la hermosa y delicada víctima del vampiro. El resultado final de la película, pese a lo infernal del horario y los numerosos impedimentos técnicos, fue en muchos aspectos superior a la versión norteamericana. Tod Bowning, apático y desinteresado, socavó el potencial de una historia que supo aprovechar mucho mejor George Melford.</p><p><strong>7. La crítica literaria especializada. </strong></p><p>Tradicionalmente, <em>Drácula </em>ha sido considerada una obra menor, mero producto de la cultura popular y del consumo de masas. Sin embargo, a partir de la década de 1970, debido al interés del psicoanálisis y a la publicación en 1972 de un ensayo titulado <em>In search of Dracula</em>, la curiosidad académica por la novela comenzó a incrementarse. Durante los años ochenta, noventa y dos mil, la fascinación del mundo académico por la novela no hizo sino aumentar, persistiendo su interés hasta nuestros días. Durante estos años se han escrito miles de artículos sobre la ideación de Stoker. Las lecturas de <em>Drácula</em> son prácticamente infinitas. Todas las disciplinas conocidas se han ocupado de ella: desde la biología a la historia, desde el derecho a la medicina, pasando por la antropología, la ciencia política, la psicología la sociología, la crítica literaria, la religión, etc., etc. En muchos casos, como no podría ser de otro modo, el resultado ha sido monstruoso.</p><p><em>*Alejandro Lillo es historiador y especialista en el personaje de Bram Stoker. </em><strong>Alejandro Lillo</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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