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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 104]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-104/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 104]]></description>
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      <title><![CDATA[Caída y levantamiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/caida-levantamiento_1_1203145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c97f8cfd-005c-4b83-9582-1201c866819d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Caída y levantamiento"></p><p>  </p><p>   </p><p><strong>Caída y levantamiento</strong></p><p>I</p><p>cómo tiemblan los huesos al paso del aire</p><p>la mirada volcada en el vacío de las copas sin hojas</p><p>silba el vaivén adormecido de la corriente</p><p>y es animal y antiguo el roce de la rama en la mejilla</p><p>y furiosa la caricia de la corteza sobre las palmas</p><p>no toques —decía la madre—</p><p>no toques porque sangras</p><p>no toques —decía—</p><p>no toques porque matas</p><p>hasta aquí he venido marcando un camino de muerte</p><p>hasta aquí he traído el incendio por dentro de las manos</p><p>dibujando cada línea de resina sobre la boca</p><p>antes de observar el atento destello dorado</p><p>antes de que crujan y aúllen brazos hambrientos</p><p>hasta aquí he venido sin ojos arrastrada por el tacto</p><p>y aquí me desmorono como un muro</p><p>derrubio al borde de la sitiada lobera</p><p>bajo el peso de la nieve</p><p>II</p><p>desde la pila derruida de mi cuerpo</p><p>mudo en verticalidad</p><p>de cien dedos de savia divergente</p><p>se abraza el liquen al costado</p><p>como escabro vitalicio</p><p>símbolo de la salud del aire</p><p>crezco allí donde no llega</p><p>vuestro aliento corrompido</p><p>cada renacimiento forzoso</p><p>me revientan por dentro</p><p>los hijos de Perséfone</p><p>por el invierno despojada</p><p>me visto de silencio salvaje</p><p>e inmóvil</p><p>espero a encanecer</p><p>embosquecerme</p><p>acabar turba en tu cuenco</p><p>al fin prender</p><p>antes del deshielo</p><p>De <em>Raíz de ave </em>(2018)</p><p><em>*Eva Gallud (Madrid, 1973) es poeta. Acaba de publicar el libro </em><strong>Eva Gallud</strong><a href="http://yalodijocasimiroparker.com/es/catalogo/raiz-de-ave.html" target="_blank">Raíz de ave</a><em> (Ya lo dijo Casimiro  Parker, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Gallud]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 104]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Tras los pasos de Pessoa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pasos-pessoa_1_1157316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2792129d-931c-4576-95aa-3bec7a0ce0f8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tras los pasos de Pessoa"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.___________________________________</em></p><p>En la segunda experiencia viajera de nuestros clubes de lectura de la biblioteca pública Juan Ramón Jiménez (Sanlúcar la Mayor, Sevilla), no fue un libro lo que nos llevó a una ciudad. Esta vez la ciudad fue elegida y buscamos  lecturas relacionadas de algún modo u otro con ella. Nos apetecía saltar al país vecino y disfrutar de su capital de otra forma. Casi todas la conocíamos de haber ido con familia o amigos pero esta vez sería diferente, recorrer Lisboa como un grupo lector y desde la mirada de diversos autores con una gran vinculación a Portugal.</p><p>De una manera bastante aleatoria y personal, elegimos las siguientes lecturas:<em> Sostiene Pereira</em> (1994), del italiano <strong>Antonio Tabucchi</strong> (1943-2012), que se enamoró de la ciudad y fue profesor de Lengua y Literatura portuguesa. La novela está ambientada en la ciudad de Lisboa en 1938, en pleno régimen salazarista.</p><p>También elegimos una novela negra bastante interesante titulada <em>Sólo una muerte en Lisboa</em> (1999), del escritor inglés <strong>Robert Wilson</strong> (1957), que desde 1989 reside en Portugal. No podíamos olvidarnos de un poeta universal, <strong>Fernando Pessoa</strong> (1888-1935), natural de Lisboa y creador de numerosos heterónimos. Su <em>A</em><em>ntología poética: el poeta es un fingidor</em>, publicada en español en 1982, nos acercó al Pessoa extremadamente enigmático. En otra temporada también habíamos leído <em>El invierno en Lisboa</em> (1987), de <strong>Antonio Muñoz Molina</strong>, un homenaje al cine negro norteamericano a modo de intriga criminal. Con esta variedad  literaria  nuestras mentes se adentraron en la ciudad desde diversos frentes exprimiendo todo el jugo a los libros en nuestras tertulias, y completamente motivadas para el nuevo viaje.</p><p>En esta ocasión nos pusimos en manos de una agencia para organizar el viaje, ya que el idioma resultaba un hándicap para la búsqueda y reservas de alojamientos, visitas… Sin embargo, la ilusión, como <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/02/23/la_ruta_del_hereje_75719_1821.html" target="_blank">en el anterior viaje</a>, no nos faltó y volvimos a viajar en autobús disfrutando del paisaje y la compañía. Algunas repetíamos experiencia, otras venían por primera vez y todas nos sentíamos emocionadas e inquietas por liberarnos de nuestras rutinas al tiempo que compartíamos la necesidad de mirar con otros ojos una ciudad que ya conocíamos.</p><p>El hotel Amazonia estaba bien situado y era asequible. Compartimos habitaciones dobles excepto una individual para el único lector que viajó en esta ocasión con nosotras. Si uso el femenino es porque me parece más “acertado” ya que engloba a 20 mujeres y un hombre.</p><p>En un atardecer de un viernes de octubre de 2011 llegamos a la ciudad y después de dejar el equipaje en el hotel fuimos a cenar fuera y sobre todo a caminar por Lisboa, sin destino, un paseo nocturno por calles, plazas con fuentes, esculturas o estatuas de militares liberales y parques con árboles exóticos. Sentíamos el placer de volver a Lisboa con una libertad reconquistada mientras aspirábamos el agradable otoño de la cálida noche portuguesa.</p><p>La primera parada del sábado fue en la Praça do Comércio o Plaza de Comercio. En el extremo sur, impresiona ver a orillas del Tajo, los escalones de mármol que usaban las visitas ilustres para desembarcar en Lisboa. En una mañana casi primaveral , contemplamos los edificios, de color dorado,  mezclas de estilo neoclásico y barroco, con arcadas que rodean la plaza.  La revolución de los claveles o Revolução dos Cravos en portugués es el nombre dado al levantamiento militar del 25 de abril de 1974 que provocó la reinstauración de la democracia en Portugal derrocando la dictadura salazarista que gobernaba el país. Su nombre se debe a que una vendedora de claveles colocó estas flores en los cañones de los fusiles de los militares sublevados en esta plaza y nosotras evocamos ese momento con verdadera emoción. Nos vienen a la memoria también algunos pasajes de la novela <em>Sólo una muerte en Lisboa</em>, construida sobre dos líneas argumentales y dos hilos temporales distintos,  entre 1941 y 1990 donde su autor plasma de forma muy contundente las huellas imborrables que la dictadura portuguesa ha dejado en la mente de sus ciudadanos a lo largo de varias generaciones.</p><p>Además de visitar los lugares emblemáticos, que casi todas ya conocíamos, el itinerario de nuestro fin de semana siguió los pasos de algunos de los personajes de los libros leídos. Recorrimos con Pereira el Barrio de Alfama que es donde él vivía en la Lisboa de 1938, que tiene cierto parecido con la de hoy en día, con su ropa tendida en las ventanas y sus viejos tranvías. Muy entusiasmadas tomamos uno de los tranvías amarelos que lo recorren de arriba a abajo por sus estrechas y ondulantes callecitas descubriendo las estupendas vistas que nos ofrece del río Tajo. En el interior, algo apretadas, contemplamos el cartel  ¡Cuidado com os carteiristas!  demasiado tarde. A una de nuestras compañeras le habían robado la cartera de su mochila lo cual conllevó numerosas gestiones con la policía y la mañana casi perdida para ella y nuestro querido lector que accedió a acompañarla. Sin embargo el apoyo y la solidaridad que demostramos no pudieron empañar el entusiasmo del grupo.</p><p>Con calzado cómodo fuimos caminando por calles estrechas y subiendo numerosas escaleras recordando las palabras de Muñoz Molina: “Toda Lisboa es un dédalo de escalinatas que nunca acaban de llegar a los lugares más altos, siempre queda sobre quien asciende una cúpula o una torre o una hilera de casas amarillas que son inaccesibles” (<em>El invierno en </em><em>Lisbo</em>a).</p><p>La ciudad se nos presentaba familiar y hospitalaria. Admirábamos la calma y el temple de los ciudadanos en contraposición a la algarabía de las calles españolas. Apenas entendíamos el portugués, tan sólo algunas expresiones muy básicas pero nos deleitaba escuchar esa lengua melódica, cadenciosa y llena de poesía. Hay una frase atribuida a Cervantes que dice: “El portugués es el castellano sin huesos”.</p><p>Recorrimos la Avda. da Liberdade, seguimos hasta la Praça de Rossio, autentico corazón de la ciudad y llegamos  al Elevador de Santa Justa, que une la Baixa con la zona del Chiado en el Barrio Alto, reconstruido prácticamente en su totalidad tras el incendio de 1988 . Por supuesto allí hicimos una estupenda parada en el café A Brasileria, inaugurado en 1.905, donde además de reponer fuerzas nos hicimos fotos con la estatua de Pessoa, situada a la entrada. La vida de este poeta fue una constante divulgación de la lengua portuguesa, y en palabras de su heterónimo Bernardo Soares: “Minha pátria é a língua portuguesa” (“mi patria es la lengua portuguesa”).</p><p>Comenzamos la noche lisboeta cenando en la Cervejaria Trindade, previa reserva. El entorno ya es un lujo con sus paredes cubiertas de hermosos azulejos y su especialidad, el exquisito arroz con pato. Tomamos unas copas en Pavilhão Chinês Bar en el Bairro Alto, uno de los bares más eclécticos de la ciudad para una noche al mejor estilo barroco ya que está decorado con cientos de miles de objetos de diferentes colecciones.</p><p>Ya el domingo terminamos en el Barrio de Belém. Allí pudimos contemplar uno de los símbolos de la ciudad: el Ponte 25 de Abril que cruza el estuario del río Tajo.  Construido en 1960 y llamado Puente Salazar, en honor al dictador que ordenó su construcción, cambió su nombre por el día en que comenzó la Revolución de los Claveles y se restauró la democracia en Portugal.  Desde este lugar magnífico y privilegiado admiramos otro perfil de Lisboa  y respirando su brisa atlántica paseamos tranquilamente por la avenida de Brasilia contemplando la Torre de Belé, el Monumento dos Descubridores y finalmente el Monasterio dos Jerónimos donde nos revelaron que en 1988 y con motivo de la conmemoración de su nacimiento el cuerpo del poeta  Fernando Pessoa fue trasladado confirmando así el reconocimiento que no tuvo en vida.</p><p>A media tarde nos despedimos de la hermosa luz de Lisboa, de la delicadeza y bondad de sus gentes, de la dignidad en sus decadentes fachadas, de su diversidad cultural, de la variedad de sus barrios y de la nostálgica melodía que envuelve la cadencia de sus fados.</p><p>  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Chary Arbolí]]></author>
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      <title><![CDATA[Simulacros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/simulacros_1_1157314.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/457ae9f0-931d-4f8c-80a1-7146ea601dd1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Simulacros"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge un texto de la escritora mexicana Mónica Lavín.</em></p><p><em>___________________________________</em></p><p>  <strong>Simulacros</strong></p><p>“Para el abandono”</p><p>Colocarse una bolsa con hielo sobre el corazón (las que sirven para sándwiches dan el tamaño) una vez al mes.</p><p>Advertencia: Se corre el riesgo de propiciar el abandono, pero ni lo sentirá.</p><p>  “Para el despido laboral”</p><p>La próxima vez que lo contraten especifique, entre sus condiciones, que debe ser citado en la oficina de su jefe con cada cambio de estación. Él le anunciara su despido. Pasados los minutos de ira y humillación, el jefe debe aclararle (con una palmada en la espalda) que era un simulacro.</p><p>Advertencia: No apto para cardiacos.</p><p>  “Para la muerte de los seres queridos”</p><p>Doble una hoja a la mitad y una vez más a la mitad: recorte. En cada cuarto de papel anote el nombre de las personas más queridas y doble para que no se lea lo escrito. Repita en tantas hojas como sus querencias necesiten. Colóquelos en un bol, sombrero o pecera vacía y téngalo en alguna repisa o mesa que vea frecuentemente. Cada tanto retire uno de los papeles, lea el nombre del muerto. Dedíquele el día y los días por venir al duelo. Vuelva a colocar la papeleta en su sitio. Habrá quien muera muchas veces, pero cuando llega la hora de la verdad usted estará curtido en ausencias.</p><p><em>*Mónica Lavín (Ciudad de México, 1955) ha escrito cuentos, novelas y ensayos. Ha sido Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen por el libro de cuentos </em><strong>Mónica Lavín</strong>Ruby Tuesday no ha muerto<em>; Premio Narrativa de Colima por su novela </em>Café cortado<em>; Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska por </em>Yo, la peor<em>, sobre Sor Juana y su tiempo, y Premio Governor General que otorga Canadá. Sus relatos han sido traducidos a varios idiomas y aparecen en numerosas antologías.  Es columnista del diario </em>El Universal <em>y ha conducido programas de entrevistas a escritores tanto en la radio como en la televisión pública. Se formó como bióloga y desde el 2005 es profesora-investigadora en la Academia de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores. En España ha publicado en la editorial Menoscuarto un libro de cuentos, </em>Manual para enamorarse<em> (2012).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mónica Lavín]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura latinoamericana,Narrativa,Los diablos azules número 104]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[De Lisboa a la periferia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lisboa-periferia_1_1157310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da1b779b-1d04-490e-9c28-cf1e70fc505c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Lisboa a la periferia"></p><p>Desde Librería Muga, en Madrid, recomendamos una serie de libros, novelas y ensayos de reciente aparición estas semanas y cuyas lecturas nos han parecido extraordinarias.</p><p>  </p><p><a href="http://www.lahuertagrande.com/publicacion/donde-quiera-que-yo-este/" target="_blank">Donde quiera que yo esté</a> de <strong>Romana Petri</strong>, publicado por la editorial La Huerta Grande<strong> </strong>y traducido por <strong>Pilar Eusamio</strong>, es un evocador relato de tres mujeres y sus familias, amores, dolores y alegrías en la Lisboa del siglo XX. Una ciudad muy presente en todo la novela que transcurre durante décadas a través del relato de Margarida, su hija María do Ceu y su amiga Ofelia. Mujeres que resisten las embestidas de la vida, la soledad y la pobreza con una capacidad de resistencia y superación maravillosa, siempre con la defensa de la maternidad como pilar y potencia de la existencia, con la luz de Lisboa siempre presente como testigo de los acontecimientos, con su belleza melancólica, con su lenta cadencia y con ese azul especialmente luminoso de la ciudad “bonita pero complicada” que dice uno de los protagonistas masculinos de esta crónica de amores vencidos y desamores eternos, que con ternura y humor se te clava dentro como solo las grandes historias pueden hacer, a través de un lenguaje perfectamente ensamblado, con una sencillez descriptiva casi poética, con una prosa envolvente y hermosa. Un libro impresionante.</p><p>  </p><p><a href="http://malpasoed.com/es/libro/muertes-pequenas/" target="_blank">Muertes pequeñas</a> es la primera novela de <strong>Emma Flint</strong> publicada por Malpaso y traducida por <strong>Beatriz Galán</strong>, cuenta la historia de una joven madre coraje en el barrio de Queens durante el caluroso verano de 1965 cuando los hijos de Ruth Malone desaparecen misteriosamente. La policía y sus vecinos sospechan de la propia madre, una mujer magnética y desafiante, con una personalidad muy fuerte fuera de los cánones establecidos. Fascinado con ella, un joven periodista que cubre el caso empieza a comprender que no todas las apariencias son verdades y que el bien y el mal no son nada fáciles de desentrañar. Una novela de intriga con el aroma de los años 60  que es a la vez un retrato sociológico de una época, de un barrio mítico de Nueva York y de unos prejuicios anclados en la sociedad que saltarán por los aires ante un personaje femenino desasosegante y conmovedor que deja huella. Sin duda una autora con un brillante futuro por delante. Si te gustó <em>Canción dulce</em> de <strong>Leila Slimani</strong>, este libro también te dejara poso.</p><p>  </p><p><a href="http://www.salamandra.info/libro/pequeno-pais" target="_blank">Pequeño país</a> de <strong>Gaël Faye</strong> es la última maravilla publicada por Salamandra y traducida por <strong>José Manuel Fajardo</strong>, nos cuenta la historia de este escritor de Burundi afincado en Francia que narra la desgarradora y emocionante historia de Gaby, un niño de diez años que pasa las horas en la calle con sus amigos en Buyumbura haciendo gamberradas y viviendo la plenitud con la máxima intensidad. Sus padres, una ruandesa tutsi y un empresario francés se separan y ahí empieza el drama de un niño que ve como un golpe de Estado y una guerra civil acaban con su inocencia, Faye, compositor y rapero en la vida real, reconstruye el ambiente y sus vivencias de manera magistral y terrible, desde la felicidad de las horas buenas describiendo la belleza de un territorio lleno de olores y sabores que se sienten en sus exuberantes páginas, hasta la llegada del dolor y la tragedia, los días grises que los convirtieron en exiliados, refugiados y finalmente, inmigrantes. Un libro hermoso, intenso y a al vez  trágico que nos cuenta una historia tristemente común.</p><p>  </p><p><a href="http://malpasoed.com/es/libro/la-caida-del-hombre/" target="_blank">La caída del hombre</a> publicado por Malpaso<strong>, </strong>traducido por <strong>Aurora Echevarría, </strong>es este irreverente, lúcido y agudo ensayo de <strong>Grayson Perry</strong>, artista inglés que reflexiona con agudeza sobre la identidad masculina, y que consigue que te rías de las miserias del hombre a la vez que elabora un sólido y certero diagnóstico del sexo débil (el masculino, claro), al que disecciona en sus fobias desternillantes y patéticas a la vez que propone una nueva forma de masculinidad con la que los hombres podrían ser más felices y relacionarse mejor con el mundo, desde la honestidad y la ternura más caustica, incidiendo en los ademanes de violencia y  competitividad como ejes fracasados del concepto de hombre. Solo por la portada, ya tendría que ser de lectura obligatoria para todos, incluyendo a los aliados del feminismo que todavía no encuentran su camino.  Una maravilla de libro de un artista en todos los sentidos, travestido literal y figuradamente para que entendamos con humor y con reflexión qué cambios serían idóneos para ser mejores. Extraordinario.</p><p>  </p><p><a href="http://www.hojadelata.net/tienda/gb84/" target="_blank">GB84 </a>de <strong>David Peace</strong> publicado por Hoja de Lata y traducido por<strong> Ignacio Gómez Calvo </strong>se sitúa en la época de la brutal represión de las huelgas mineras durante 1984 y que sirvió como modelo de Estado para frenar los levantamientos obreros a partir de ese momento. La famosa mano de hierro de la <strong>Thatcher</strong>, llevada a su extremo más fanático en una confrontación social e ideológica de enorme trascendencia y que cuenta fantásticamente David Peace como una novela negra pero también como un impecable reportaje de investigación en tiempos convulsos. Un librazo que nos descubre los efectos perniciosos del liberalismo más extremo, incluso el que empleaba la violencia y el exterminio como herramientas disuasorias para entender por qué de aquellos polvos, estos lodos. Imprescindible.</p><p><a href="https://www.traficantes.net/libros/diccionario-de-las-periferias" target="_blank"><em>Diccionario de las periferias. Métodos y saberes autónomos desde los barrios</em></a><em>. </em>Del colectivo Carabancheleando, es el último libro publicado por la editorial Traficantes de Sueños en su colección Útiles. Empleando Carabanchel como modelo, este libro es un compendio de palabras clave sobre este barrio –y aplicable a cualquiera del extrarradio, Vallecas, Villaverde, Vicálvaro, San Blas, etc.— y su realidad en las últimas décadas. Un libro que es mucho más que un diccionario, es una herramienta de comprensión de lugares y espacios de la periferia, sin sujeciones, para pensar de manera heterogénea en los significados que estas palabras clave tuvieron y tienen para sus habitantes y su memoria personal y colectiva. Un trabajo minucioso y crítico pero abierto a interpretación en el que te sentirás acogido si alguna vez viviste acompañado, por ejemplo, de descampados, arrabales, mercadillos, deshaucios, ocupaciones, miedo, necesidad y libertad. Una herramienta para entender qué es y qué fue lo que vivimos en los barrios y sus periferias. Un gran trabajo.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Muga en la Avda. de Pablo Neruda, 89, de Madrid o en su blog.</em><strong>librería Muga</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/04/29/la_belleza_sistema_49055_1821.html" target="_blank">blog</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet (Librería Muga)]]></author>
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      <title><![CDATA[Eternamente, la ciudad eterna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/eternamente-ciudad-eterna_1_1157309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f8506dd0-5492-4fc2-bae1-1a721d009ca5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eternamente, la ciudad eterna"></p><p><em>Este relato pertenece al libro </em>Por regiones fingidas<em>, editado en tirada limitada de 175 ejemplares firmados por el autor en Interrogante editorial. Publicaremos el cuento en cuatro entregas.</em><a href="http://interrogante-editorial.blogspot.com.es" target="_blank">Interrogante editorial</a></p><p>__________________</p><p>Pedro Villalba fue profesor de latín hasta su jubilación, que le llegó anticipada por sus problemas de vista, pues la diabetes fue robándosela hasta reducirle el mundo a un contorno nublado. Veía siluetas y borrones, máculas luminosas, indefinido lo definido y oscilante lo firme, de modo que el mundo se le deslizó poco a poco hacia los adentros, por necesidad de algún sitio en que asentarse, y se volvió meditabundo.</p><p>En su memoria repleta y ociosa resonaban sus autores de siempre, los que se sabía al dedillo: allí estaba <strong>Lucrecio</strong>, avisando de que en cualquier lugar del mundo, y al mismo tiempo, en una sincronía implacable de paradojas, triunfa y muere la vida; por allí andaba <strong>Tibulo</strong>, rogándole a la muerte que apartase de él sus manos codiciosas o haciéndose eco del martirio de Tántalo, el sediento ante las charcas; allí reverberaba <strong>Ovidio</strong>, con sus fábulas de mutantes; allí estaba <strong>Fedro</strong>, envidioso de la fama de <strong>Sócrates</strong>, a pesar de la mala muerte del ateniense; allí, en su memoria, estaba <strong>Lucano</strong>, despectivo ante la pervivencia colectiva de las glorias militares de <strong>Julio César</strong>; allí arañaba <strong>Marcial </strong>con sus estiletes de punta envenenada… Allí estaban todos, en fin, murmurándole en un idioma muerto. Y con aquello echaba atrás las horas consigo.</p><p>Su hijo Horacio, que vivía con él, lo sacaba alguna que otra tarde a pasear: la calle como un caleidoscopio, como la jungla de los fogonazos imprecisos. Y una voz de quién que lo saludaba. Y la intensificación de los olores. Y la alegría de reconocer algo, el perfil de algo: “¿Eso no es…?”. Y lo era o no lo era, pero su hijo le decía siempre que sí, menos por compasión que para no tener que enredarse en explicaciones.</p><p>Desde muchacho, el sueño principal de Pedro Villalba había sido el de viajar a Roma, pero, entre cosa y cosa, en sueño postergado fue quedándose, y como un sueño vano lo daba ya, sobre todo desde que murió su mujer, cuya ausencia no le aliviarían ni todos los poetas del mundo latino puestos en fila y recitando consuelos melancólicos sobre la fugacidad de las cosas y sobre la vanidad de fondo del vivir. Aunque él no alcanzara a distinguirlos, ella le hubiese descrito sobre la marcha los prodigios profusos de Roma y él, a falta de precisión en los ojos, los hubiera admirado con el soporte de su fantasía documentada, como un sonámbulo por su casa a oscuras. Pero el caso es que ahí seguía Roma, lejana y siempre en él, concreta y mítica, envuelta en la bruma de los lugares que existen más en la imaginación que en los mapas: una Roma ingrávida y artificial, reducida en la percepción del profesor Villalba a una escala de maqueta minuciosa: las ruinas y las fuentes, los palacios y los jardines, los museos y las basílicas, ya que cualquier ciudad imaginada cabe a fin de cuentas en una tarjeta postal o en el óvalo de un camafeo. “Pensar que voy a morirme sin ver Roma…”, y su hijo le replicaba que había cosas peores.</p><p><em>*Felipe Benítez Reyes es escritor. Sus últimos libros, </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong>Por regiones fingidas<em> (Interrogante editorial, 2017) y una reedición de </em>El novio del mundo<em> (Fundación José Manuel Lara, 2018) en conmemoración de su 20º aniversario.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Eternamente, la ciudad eterna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Felipe Benítez Reyes,Narrativa,Los diablos azules número 104]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un viaje en tren expreso por la poesía de otro tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viaje-tren-expreso-poesia-tiempo_1_1157300.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/108830ee-8d88-4fe3-9b48-8c20d86b987c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un viaje en tren expreso por la poesía de otro tiempo"></p><p><strong>Humor, amor y filosofía. Antología poéticaRamón de CampoamorSelección, edición y prólogo de José Luis García MartínRenacimientoSevilla2017</strong><em>Humor, amor y filosofía. Antología poética</em></p><p>Con la antología <em>Humor, amor y filosofía</em>, la editorial Renacimiento acerca al lector actual a la mejor poesía de <strong>Ramón de Campoamor</strong>, un autor<em> "</em>que huye del verbalismo y del hermetismo para hablarnos de los enigmas del vivir y del morir con el lenguaje de todos los días", como señala el autor de la edición, <strong>José Luis García Martín</strong>. </p><p>Cuesta creer que Ramón de Campoamor (1817-1901), uno de los poetas españoles más leídos y admirados del siglo XIX, que desnudó el lenguaje de su época "de todo el oropel viejo, de toda la fraseología falsa que lo ataba" —en palabras de<strong> Luis Cernuda</strong>—, no tenga nada que decirnos a los lectores de hoy. Al igual que resultan indudables sus avanzadas ideas sobre la poesía, plasmadas en su <em>Poética</em>, y la influencia que la naturalidad de su verso ha tenido en autores que no han dejado nunca de importarnos —<strong>Antonio Machado</strong>, por ejemplo—, parece imperar la idea de que la obra poética de Campoamor, por el contrario, solo ha de interesarnos desde un punto de vista filológico o histórico.</p><p>Con motivo del bicentenario del nacimiento del escritor de Navia, la editorial Renacimiento ha publicado la antología <em>Humor, amor y filosofía</em>, con la que José Luis García Martín nos ofrece "un punto de partida para adentrarse en una obra desigual y oceánica", como el propio antólogo señala en el pertinente prólogo. Para García Martín, Campoamor "representa —en sus luces y en sus sombras— una manera de entender la poesía tan vigente hoy, tras los fuegos de artificios de las vanguardias, como en tiempos de <strong>Manrique </strong>o <strong>Garcilaso</strong>, una poesía que huye del verbalismo y del hermetismo para hablarnos de los enigmas del vivir y del morir con el lenguaje de todos los días".              </p><p>El escritor, crítico literario y profesor de la Universidad de Oviedo, que también editó y prologó la <em>Poética</em> de Campoamor —Llibros del Pexe, Gijón, 1995; una reedición acaba de ver la luz en Renacimiento—, ha señalado la importancia de otras características de la poesía del autor de las <em>Doloras</em> para nuestro tiempo, además de la mencionada naturalidad de la expresión: la presencia de la anécdota para objetivar la idea en el poema y el gusto por el humor.<strong> Luis Alberto de Cuenca</strong> y <strong>Jon Juaristi</strong> son dos buenos ejemplos de poetas en los que perviven las tres cualidades.</p><p>              </p><p>Por otro lado, en el caso de<strong> Luis García Montero</strong>, la conexión con Campoamor estaría muy relacionada —amén de con el prosaísmo bien entendido— con el escepticismo que permite ver la poesía como "ajuste de cuentas con la realidad", por utilizar una expresión del propio poeta granadino. En más de una ocasión se ha referido García Montero a "El tren expreso" como uno de los poemas que su padre le leía cuando era niño, y una cita de dicha composición encabeza una de las secciones de su libro <em>Diario cómplice</em>: "Mi carta, que es feliz, pues va a buscaros, / cuenta os dará de la memoria mía".</p><p>A un poeta de otro tiempo ha de juzgársele por lo que mejor ha envejecido de sus escritos, tratando de salvar la distancia que nos separa de su época, y por eso conviene adentrarse sin prejuicios en <em>Humor, amor y filosofía, </em>un libro en el que se ofrece al lector una selecta muestra de treinta y cinco poemas de Campoamor. Las ediciones que lleva a cabo García Martín tienen siempre su sello, ya se trate de la recuperación de obras injustamente olvidadas, ya de poesía de nuestros días: un prólogo profesoral en el que el crítico hace énfasis en unas pocas ideas importantes, que contextualizan y desmontan tópicos, y una edición del texto en la que este respira, sin anotaciones innecesarias que supongan un obstáculo para el lector. Es decir: una selección y una presentación pensadas no para disecar la obra, sino para que esta pueda leerse lo más viva posible.</p><p>Como ejemplos de poemas cuya vigencia permanece, baste citar "El cielo de Leopardi" (..."Dame paz en la nada —repetía— / y mata con el cuerpo el alma mía, / esta amarga raíz del pensamiento..."), el soneto "Los egoístas" (el segundo cuarteto reza así: "De premio indigna tu virtud traidora, / ni dignas son tus faltas de castigo; / y no hallas en la tierra un solo amigo / a quien decir ¿qué tienes?, cuando llora"); "Memorias de un sacristán", que aborda con humor el nacimiento, el matrimonio y la muerte; los premachadianos "Cantares filosóficos y morales" (uno de ellos dice: "¡Infeliz el que en la tierra / las ilusiones perdió, / y está además, como yo, / con sus recuerdos en guerra!"); o las sentenciosas <em>Humoradas</em>: "¡Todo pasa, lo mismo que las rosas / los hombres, los imperios y las cosas!", "No es raro en una almohada ver dos frentes / que maduran dos planes diferentes", etcétera.</p><p>Mención aparte merece "El tren expreso", que, como indica Luis Alberto de Cuenca al presentarlo en su antología <em>Las cien mejores poesías de la lengua castellana</em>, "dice cosas, comunica, conmueve. Y eso es muy importante en poesía". Esta popular composición se desarrolla en tres cantos y pertenece, como es sabido, a los <em>Pequeños poemas</em>, cuyo nombre alude precisamente a su larga extensión —aunque hoy parezca contradictorio—, pues entonces las composiciones breves todavía se denominaban "poesías", y el término "poema" se reservaba para los más extensos, al modo de los poemas épicos o los dramáticos. A pesar de que algunos de sus versos resulten excesivos para nuestro gusto actual, "El tren expreso", lleno de descripciones precisas, lo que hace sobre todo es contar una historia, y contarla atreviéndose a asumir un riesgo.</p><p>Aunque Campoamor no se vaya a contar entre nuestros escritores de referencia, sin duda es digno de admiración por los nuevos cauces que su poesía y su <em>Poética</em> abrieron, y por ciertos poemas que, leídos sin prejuicios, han resistido el paso del tiempo y nos acompañan con esa mirada irónica, escéptica e inconfundible de uno de los nombres fundamentales de la poesía española del siglo XIX.</p><p>  <strong>La poesía</strong></p><p>Del mundo en las edades misteriosas</p><p>el que todo lo crea</p><p>dio el alma con la <em>música</em> a las cosas</p><p>y al espíritu cuerpo con la <em>idea</em>.</p><p>Conquistando después la Poesía</p><p>de las artes la palma,</p><p>se hizo, uniendo la <em>idea</em> y la <em>armonía</em>,</p><p>alma del cuerpo, y cuerpo de nuestra alma.</p><p>  <strong>Una cita en el cielo</strong></p><p>"En la noche del día de mi santo"</p><p>(a Londres me escribiste)</p><p>"mira la estrella que miramos tanto</p><p>la noche que partiste".</p><p>Pasó la noche de aquel día, y luego</p><p>me escribiste exaltada:</p><p>"Uní en la estrella a tu mirar de fuego</p><p>mi amorosa mirada."</p><p>Mas todo fue ilusión; la noche aquella,</p><p>con harta pena mía,</p><p>no pude ver nuestra querida estrella...</p><p>porque en Londres llovía.</p><p><em>*Pablo Núñez es poeta y director de la revista </em><strong>Pablo Núñez</strong>Anáfora<em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Núñez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Los diablos azules número 104]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El agujero negro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/agujero-negro_1_1157299.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/32a9c0b3-bd50-41f2-9abb-39fa3154469e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El agujero negro"></p><p><strong>Tener una vidaDaniel JándulaCandayaBarcelona2017</strong><em>Tener una vida</em></p><p>  </p><p>Es complicado sostener una novela, aunque sea corta, sobre una trama argumental mínima y que funcione. Me explico.</p><p>En <em>Tener una vida</em>, la novela recién publicada por <strong>Daniel Jándula</strong> (Málaga, 1980), pasan muy pocas cosas, la acción casi brilla por su ausencia. De forma resumida diremos que el argumento es el siguiente: el protagonista y narrador, del que desconocemos el nombre, pierde el avión que debía llevarlo al otro extremo del mundo, concretamente a la Patagonia chilena, y al mismo tiempo descubre en el salón de su casa un agujero que succiona todo lo que queda a su alcance; el avión desaparece en pleno vuelo sin dejar rastro ni supervivientes; además, por casa del narrador pasarán Lidia y Héctor, ella su exnovia y él un vecino científico que tratará de buscarle una explicación coherente a la problemática del agujero en la pared.</p><p>Con estos mimbres, Daniel Jándula podría haber montado una historia distópica, quizá un relato de ciencia ficción, probablemente un <em>thriller</em>, una trama de visitas fantasmales de sus compañeros de pasaje, por ejemplo, o un artefacto literario con todo esto mezclado, sin perder de vista, además, las complejidades de una relación sentimental en vías de extinción, si no es que ya está muerta del todo. Sin embargo, el malagueño sustenta su novela en un devenir continuo del pensamiento, entre el pasado y el presente, anclado, eso sí, en los pequeños, pero decisivos sucesos que están ocurriendo a su alrededor. En su papel de espectador, de <em>flâneur</em>, el protagonista-narrador va a emprender un viaje no a la Patagonia –ya lo sabemos—, sino alrededor de sí mismo deshojando la margarita de la vida, de su vida, justo cuando acaba de recuperarla involuntariamente, en un intento –me temo que frustrado— de aprehenderla, de apresarla. De modo que la novela se nos va a orientar por unos caminos que en un principio el lector puede no esperar, ya que vamos a transitar más bien por el lado de lo kafkiano-existencial.</p><p>En este sentido, el agujero en la pared va a convertirse en símbolo, en elemento también kafkiano que altera la normalidad, que se come esa normalidad, el gran succionador de lo conocido hacia una dimensión ignota. Hasta tal punto es potente este elemento en la novela que el personaje-narrador llega a identificarse con este fenómeno extraño: “Yo, como gran agujero, he ido tragándome cada aspecto de mi biografía a medida que la atraía con mi fuerza de gravedad. A partir de este gran colapso, la única opción es salir”. Y así precisamente se llama el último capítulo del libro, “Salir”, sobre el que no mencionaremos más allá de su título para evitar las quejas quizá iracundas del lector que se quiera acercar a <em>Tener una vida</em>.</p><p>Hasta llegar a esta conclusión, a este punto y casi final, hemos asistido como lectores a un periplo mental digresivo y profundo, a la introspección en voz alta del narrador anónimo. Como ya señalamos antes, las coordenadas temporales del pensamiento se mueven entre el pasado y el presente —¿qué más da el futuro cuando la vida se escapa, cuando se resiste a ser apresada?, ¿y, además, cómo se hace esto?—. En relación a lo que comentamos, la vida en pareja con Lidia se alza como protagonista de gran parte del relato, pero también una innumerable y variada gama de ideas que transitan por la infancia, por la familia –en el plano más íntimo y privado— o por cuestiones más generacionales, de entre las que, a mi modo de entender, tienen especial interés estas dos: “La dictadura que nuestros padres conocieron está en nuestra leche materna, en nuestra educación, en cada rincón de la ciudad y debajo de cada conversación”; “Me desconcierta la homogeneidad de mi generación: el hecho de que todos hayamos visto las mismas películas, leído los mismos libros, experimentado un mismo aburrimiento y huyamos en la misma dirección”. Pero cuál es esa dirección, cuál es esa salida. Quizá se necesite para descubrirlo un agujero cósmico en una pared de casa.</p><p>El grado de profundidad y de intensidad de prácticamente todo lo expuesto por Daniel Jándula en <em>Tener una vida</em> invita a una lectura reposada y reflexiva. Exprimir, paladear, degustar en todos sus matices esta novela va a requerir al lector una tranquilidad de la que quizá no disponga, pero que merece la pena buscar. Y una vez encontrada, dispóngase a disfrutar de la necesaria angustia que por momentos produce el relato.</p><p>Es complicado sostener una novela, aunque sea corta, sobre una trama argumental mínima y que funcione, pero Daniel Jándula lo consigue en <em>Tener una vida</em>.</p><p><em>*Juan Carlos Sierra es profesor de Literatura.</em><strong>Juan Carlos Sierra</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Sierra]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 104]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Pasos cortos y largos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pasos-cortos-largos_1_1157296.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/07579efa-c794-496a-ad21-7062a7bb7716_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pasos cortos y largos"></p><p><strong>EtapasManuel GonzálezRenacimientoSevilla2016</strong><em>Etapas</em></p><p>Una búsqueda en el recuerdo, en su memoria, un andar sin parar, un viaje que recorre en etapas, con paradas en donde su memoria hace incursiones sobre el yo, el otro y los otros. Un trayecto con pasos cortos y  largos. Con este título significativo, <em>Etapas</em>, nos llega este poemario de <strong>Manuel González</strong> (San Sebastián, 1971), reside en Valladolid desde 1987. Es además autor de <em>Eslabón roto</em> (2011), <em>Diario de una tristeza</em> (2014), <em>Interiores </em>(2015) y <em>Cicatrices en los tobillos</em> (2015), está también incluido en algunas antologías.</p><p>El libro comienza con un breve prólogo de <strong>Raquel Lanseros</strong>. Está estructurado en tres partes y nos hace partícipes de sus recuerdos de infancia, de juventud y de madurez. Cada parte comienza con una cita que nos da claves de los poemas que se incluyen.</p><p>La de la primera parte es de <strong>Karmelo C. Iribarren</strong> —su maestro, como nos apunta en la dedicatoria del libro—. Dice la cita: “De niño/ nadie se sentó en mi cama/ a leerme cuentos”. Son 13 poemas de sus inicios, del proceso de encontrar sus propias herramientas, sus descubrimientos: “En el principio cambió piedras/ y abordajes/ por bolígrafos de colores./ La infancia conjugó el verbo buscar/ y el mar trajo respuestas”; “Hay infancias con el cielo cubierto/ a las que no se asoma nadie./ (…)/ Pero algún día,/ la mía/ tendrá nombre de mujer”. Es un poemario confesional, de búsqueda. En esta sección, Manuel González se sincera con cierto tinte meláncolico. Desde el inicio ya aparecen en sus versos las mujeres que van a ocupar un lugar importante en su vida, hay admiración y complicidad con ellas, y así se va a reflejar hasta el final. Sus poemas transmiten lo cotidiano, los recuerdos que tenemos de pequeños, los miedos y las inseguridades. Son muy líricos, cercanos, sombríos y tiernos, sin nostalgia nos da cuenta de todo lo que su memoria le dicta: “Ponga el destino la infancia en su sitio”. Es su etapa en el colegio, del instituto, del primer amor, tiene esa parte de inocencia y de grises que envuelven los primeros pasos de nuestra existencia. Concluye así: “Se cerró el cuarto de la infancia/ para encontrarse frente a la primera nevada/ que no se olvida”.</p><p>La segunda parte contiene veinte poemas,  comienza con una cita de Raquel Lanseros: “Igual que quien sujeta una bandera/ los amantes se toman de las manos”. Son su primer poema titulado “Desastre” y el segundo, “Autorretrato”, poéticas en el tiempo. Manuel González con una poesía intimista, conversacional, desnuda su experiencia con versos muy vitales en esta etapa: “Era el tiempo de volvernos locos”, “demasiados nudos”, en donde no falta el ritmo del bolero y del tango. Su poesía sencilla nos toca y nos recomienda que hay que “seguir caminando en la vida/ vestido de andar por casa”; “Mi poesía aprendió  a respirar por su cuenta,/ Hace lo que le sale literalmente de las manos”. Con estos versos termina la segunda parte: “Buenas noches./ La vida sigue con tu permiso”.</p><p>La tercera parte comienza con esta cita de <strong>Luis García Montero</strong>: “Porque sé que los sueños se corrompen,/ he dejado los sueños”. Esta serie de 20 poemas, también, son muy breves situados en su ciudad natal de la que nos da muchos datos<strong>.</strong> Son trozos y trazos de vida que pega en un álbum de fotos. Son poemas muy breves, que como fotografías  recrea  y suceden en su tierra, San Sebastián, su bulevar, su parte antigua,  la cafetería  del hotel Londres, el Monte Igueldo, su bahía, su isla y el mar. Escribe con palabras de lluvia y brisa<strong>,</strong> en donde hay una realidad dominada por la incertidumbre, por la intimidad que todas las personas llevamos y eso hace que su poesía nos roce.</p><p>Es muy sugerente como nos va narrando el paso del tiempo y sus contratiempos con imágenes que tienen que ver con la climatología, la meteorología,  a través de éstas inclemencias de la naturaleza nos detalla  su estado interior : “rompía a llover” “invierno” “cielo cubierto”, “hierba húmeda”,  “frío”, “la primera nevada”, “lluvia”, “golpes de aire”, “después de cada tormenta”. Pero también “sale el sol”.</p><p>Son historias que comienzan con un niño de “once años”, “con pantalones cortos”, y ya con “vista cansada”, hasta llegar ya de adulto,  a sus orígenes, donde nació, y allí  nuevos recuerdos, espacios donde rememorar esos pasos, esos paseos, que tanto le reconfortan: “Dos libros,/ Café con leche./ Enfrente la bahía./ El único lugar/ que me reconcilia con el mundo”. Así en el penúltimo poema llamado, “Paseo” —porque esto es realmente este poemario, un largo paseo—, nos escribe: “Hay muchos sitios donde huir/ pero ninguno donde volver./ Menos mal que no me sueltas la mano”.Y a modo de coda, en el último, con el que abrocha <em>Etapas, </em>concluye: “Sobre la mesa duermen espacios en blanco./ La pluma reclama lluvias en tercera persona./ Se asoman palabras al mundo./ por encima de los años/ la madera conserva su olor a bosque./ Ahí aguarda el último poema. Ahí reposa el cuerpo del delito”.</p><p><em>*Carmen Canet es escritora y profesora de literatura. Su último libro, </em><strong>Carmen Canet</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/aforismos/232-malabarismos.html" target="_blank">Malabarismos </a><em>(Valparaíso, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Los diablos azules número 104]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un paseo por la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/paseo-vida_1_1157291.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e099f9b6-9c67-49f0-99af-1a8ce25aa6ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un paseo por la vida"></p><p><strong>Autorretrato sin míFernando AramburuTusquetsBarcelona2018</strong><em>Autorretrato sin mí</em></p><p>  </p><p>Al terminar de leer <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-autorretrato-sin-mi/265782" target="_blank">este autorretrato</a> —aunque sería más adecuado hablar de autorretratos, ya que a lo largo de sus páginas nos vamos encontrando con el autor en diferentes edades— de <strong>Fernando Aramburu</strong> (San Sebastián, 1959), recordé <em>Una forma de resistencia</em> de <strong>Luis García Montero</strong>, otra obra de prosa poética que me ha fascinado, y cuya frase inicial es: “Los banqueros cuentan sus beneficios, los políticos sus votos y los poetas sus cosas”. Así, Aramburu nos cuenta, en este nuevo libro, sus cosas.</p><p>Los 61 textos que componen este autorretrato fueron escritos en lo que <strong>Marc Augé</strong> llamó “no lugares”: aeropuertos, salas de espera, habitaciones de hoteles, etc., como el propio autor explicó en la presentación del libro en Madrid. Pero en estos “espacios del anonimato”, Aramburu nos va perfilando la identidad de un hombre llamado Fernando Aramburu Irigoyen, construida a través de recuerdos que, por su naturaleza, van apareciendo sin ningún orden, por eso podríamos intercambiar los capítulos y el resultado sería el mismo. Porque, a diferencia de una autobiografía o unas memorias, no busca la coherencia de la linealidad, por lo que van apareciendo personas, cosas, decisiones, momentos que han dado como resultado el yo actual del escritor donostiarra, pero siendo consciente, también, de los yoes que pudo ser, entrando en lo puramente ficcional.</p><p>El paisaje de todo el libro es la vida. En “Yo, mi cuerpo”, frente a la alternativa de paraísos –los paraísos siempre habitan en el mundo de las promesas—, ya sean religiosos, políticos o de otra índole, al autor le basta con la realidad y por un buen paseo por la vida. Pero este camino no está exento de dolor porque: “A veces mancha y duele la vida, y uno se retira en silencio a un rincón de su desgracia a esperar que la vida amaine y se enciendan de nuevo las horas azules del gozo. Y aun así, mira por dónde, me gusta la vida. Porque me tiene que gustar. Porque es lo único que hay y yo, a fuerza de vivir y compartir el aire con la gente, no sé qué otra cosa podría hacer sino sacarle gusto a la vida, a esta vida tanta veces malvada que te da un palazo por las buenas y se va”. Uno de esos palazos lo vivirá Aramburu en una tarde invernal de 1989 y, en 2018, nos lo regala en un texto, “Línea de destino”, que al terminar de leerlo, en mi caso con toda la piel erizada, solo nos podemos preguntar: ¿cómo en tan pocas palabras caben tanto dolor y tanto amor? La respuesta, quizás la encontremos en otro texto, que es su canto a la lengua en la que escribe: “Nos ayudabas a manifestar esa cosa íntima que no por dicha con llaneza pierde su tamaño: la ternura”. Es un dolor escrito desde la ternura.</p><p>Pero, de los yoes que van transitando por el libro, quizás el que más nos interese sea el que desde niño quiso ser escritor y como nos recuerda en “A propósito del olvido”, la actitud del niño construyendo castillos en la playa que una ola derribará, pero que no se desanima y construye otro más atrás y empieza todo de nuevo, es la que tiene como escritor: “Con idéntica tenacidad, con las mismas breves esperanzas, he sido después, hasta la fecha, un hombre entregado al arte laborioso (que es oficio y es pasión y es juego) de expresarme por escrito”. Y en este terreno uno de los textos más hermosos es su canto a “La lengua castellana”.</p><p>También es una identidad que se va construyendo entre el norte y el sur. Un norte natal, que por amor se convierte en sur –“La Guapa”—, y un sur literario. Basta con recordar que uno de los textos del libro está dedicado a Federico García Lorca, cuyo último párrafo es contundente: “Contagiado por <strong>Federico García Lorca</strong>, he contraído el fervor incurable por la poesía. Ya nunca será lo mismo” . Este transitar entre el norte y el sur, aunque como declara en “Paisaje con abedules”: “Mi ventana y mi vida dan al norte”, otra cosa es su literatura, me recuerda las palabras de <strong>Luis Cernuda</strong> en “Historial de un libro (La realidad y el deseo)”: “No conocía Inglaterra aunque fuera un país que desde  mi niñez me interesó, sin duda, por esa atracción de contrarios que tan necesaria es en la vida, ya que la tensión entre ellos resulta, al menos para mí, fructífera: mi sur nativo necesitaba del norte, para completarme”. Solo hay que sustituir Inglaterra por Alemania para concluir que esta atracción de contrarios también ha sido fructífera para Aramburu.</p><p>En el diálogo mantenido por Fernando Aramburu y <strong>Ulf Eriksson</strong>, el 2 de mayo de 2017 en la sede del Instituto Cervantes de Estocolmo, el escritor sueco observaba dos líneas en su narrativa. Por un lado, se encuentran aquellas novelas más lúdicas, donde transmite el amor a la literatura, a la cultura; y, por otro parte, aquellas que engloba en la literatura de testimonio, más comprometidas. Una de sus preguntas era cómo las relacionaba en su trabajo. A lo que el novelista donostiarra responde con una reflexión sobre su fuente creativa, que nace de un “matrimonio conflictivo” con la poesía, a la que dedicó “horas, ilusiones y esfuerzos”: “Me recuerdo de noche, fumando, a la luz del flexo, contando sílabas, buscando la musicalidad, buscando la hondura, la densidad de pensamiento… Una cosa que los filólogos no consiguen definir y los escritores para entendernos rápidamente llamamos autenticidad, es decir, que aquello que está o encontramos en el interior de nuestra persona, de alguna manera, se tiene que reflejar en los textos que nacen”. Después de leer este <em>Autorretrato sin mí</em>, tengo la certeza de que Aramburu ha llegado a una unión perfecta entre poesía y prosa y nos ha regalado –“recuerdo” también significa regalo— esa autenticidad de su interior.</p><p>La belleza del libro parte ya desde la portada, que es una buena imagen de lo que vamos a encontrar en el interior. Los anillos de un árbol nos hablan de su vida, así los recuerdos que están en las páginas de este libro son los anillos de un hombre llamado Fernando Aramburu y que hace realidad la frase de <strong>Vicente Huidobro</strong>: “Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol”.</p><p><em>*María Bueno es crítica literaria.</em><strong>María Bueno </strong></p><p>  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Bueno Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un paseo por la vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 104]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El arte de la no-novela]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/arte-no-novela_1_1157287.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b36f8b10-f831-4ca2-bed9-fa2b8b05cda4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El arte de la no-novela"></p><p>¿<a href="https://www.megustaleer.com/libro/una-novela-criminal-premio-alfaguara-de-novela-2018/ES0156972" target="_blank">Una novela criminal</a>, de <strong>Jorge Volpi</strong>, Premio Alfaguara 2018, es una novela? Esta es, entre sus muchas virtudes, una de la más inquietantes. Su autor no sólo cuenta una historia trepidante y real, sino que nos arroja esta pregunta desde la primera línea. Volpi se ha dado a la tarea —acaso como en ningún otro de sus libros— de difumar los géneros, de hacer que la novela se convierta en otra cosa. Si lo había esbozado en <em>A pesar del oscuro silencio</em> (1992), luego en <em>El temperamento melancólico</em> (1996) y <em>La tejedora de sombras</em> (2012), aquí lleva el intento a sus últimas consecuencias: nada será ficticio, todo será verdadero.</p><p>Tuve la suerte de leer una primera versión de <em>Una novela criminal</em> antes de que fuera publicada. De sus 800 páginas, Volpi la redujo a 500. Conforme la leía, me asaltaban problemas de verosimilitud. Yo se los hacía saber, y Jorge me respondía que eso exactamente había ocurrido en la realidad y que nada en su novela (ni los chismes de Estado o el perfume que usó alguna de las protagonistas) se lo había inventado; incluso los detalles más nimios estaban basados en los hechos, tal y como acontecieron.</p><p>No importa contar con detalle el intríngulis del libro, sólo decir que estamos ante la historia de un secuestro aparentemente perpetrado por <strong>Israel Vallarta</strong> y su novia francesa, <strong>Florence Cassez</strong>. El 9 de diciembre de 2005, un noticiero mexicano transmitió en vivo el rescate de tres víctimas a las afueras de la ciudad de México. Sí, un secuestro más, pero eso, de cierta forma, es casi lo de menos. Lo que importa es el montaje televisivo, la fabricación de los hechos, el entramado policiaco, la tortura, la corrupción política, las mentiras en las que se basa todo el sistema judicial mexicano, los cuales Volpi, obseso, desmantela con meticuloisidad. Está en juego, incluso, todo lo demás, todo lo que desencadena este episodio y termina con en el rompimiento de relaciones diplomáticas entre Francia y México en el 2010, pero, aun más importante, se halla el deseo —o necesidad— que Jorge tiene por escribir este libro más de diez años después de ocurridos los acontecimientos.</p><p>Todo eso es, pues, lo que este secuestro (o montaje de rescate) desencadena. En el caso de Volpi, catapulta su desembozado odio hacia el país que ama. Sí, porque sólo odiamos lo que amamos. Jorge desmenuza, despanzurra a México, lo que, ya de cierta forma, había hecho en su libro anterior, <em>Examen de mi padre</em> (2017). En este último, Volpi destaza en once partes su país y, a partir de cada órgano, vivisecciona un miembro o extremidad podrida del cuerpo (México). En <em>Una novela criminal</em> lleva su alegato a sus últimas consecuencias: dice la verdad, quiere contar ésta a cualquier precio, lo que, dicho sea de paso, no deja de ser una enorme paradoja tratándose del autor de <em>En busca de Klingsor</em>, libro cuyo axioma es el de que la Verdad nunca existe, sino que ésta se va a ver modificada según la perspectiva del espectador (<em>the eye of the beholder</em>).</p><p>En <em>Una novela criminal</em> acaece lo contrario: su autor nos plantea una historia, selecciona sus materiales (extraídos de entre más de 10.000 folios de expedientes judiciales a los que tuvo acceso), los desmenuza y luego los concatena con maestría. Pero, por encima de todo, los narra, les da forma de novela. ¿Basta, pues, tener forma de novela para que esta lo sea? E ¿importa que lo sea? Si, como <strong>Vargas Llosa</strong> ha escrito, “orden y sintaxis” es el arte de la novela, entonces Volpi ha escrito una. Pero si, como el mismo Vargas Llosa ha dicho en otra parte, el “elemento añadido” es indispensable para la creación de una obra de ficción, entonces la de Volpi no lo es. Ese mentado “elemento añadido” es lo que el escritor (cualquiera) suplementa a una historia “real”, lo cual no es otra cosa que la imaginación.</p><p>En la primera versión de <em>Una novela criminal</em> —titulada <em>Otra verdad que la nuestra</em>— no la había. Es más, su estética, su principio moral (su exigencia), era que no habría una pizca de imaginación, pues ella pervertiría “la verdad” de lo ocurrido. Así me lo hizo saber Jorge y así leí la primera versión de su libro. Volpi deshumanizó el texto ex profeso. Nada ni nadie contaba la historia. La historia se contaba sola y el narrador no tomaba partido, no profería una opinión. He aquí, sin embargo, uno de los principales problemas de esa primera versión, como digo. Por ejemplo, ¿quién entrevistaba a los muchos protagonistas que aparecen citados con sus nombres reales y apellidos? En la versión original, las entrevistas simplemente ocurrían. Esto no podía ser. Se lo dije así a Jorge. Alguien debía ser el entrevistador, y ¿quién más, si no él, ese demiurgo pretendidamente inexistente?</p><p>En la versión que hoy conocemos, Jorge humanizó la narración, se inmiscuyó en el texto (limitadamente). Por ejemplo, al arranque de la tercera parte titulada “Un asunto de Estado”, Volpi (o ese narrador testigo del mismo nombre) enumera una larga lista de lo que sabe y no sabe, siempre en primera persona. Dice, por ejemplo: “Sé que, el día anterior a que <strong>Valeria </strong>fuera secuestrada, Israel estaba en Guadalajara. Sé que, cuando Valeria fue secuestrada, el Volvo gris plata de Israel estaba en un taller mecánico…”, etc. Volpi elige a ratos ese tono acusatorio del <em>J’accuse </em>de <strong>Zola</strong>, o bien se permite imaginar lo que esas lagunas históricas y cronológicas no nos permiten saber. Dirá, por ejemplo: “Imagino al mando policiaco que tuvo la brillante idea de realizar este video…”. Es decir, ahora es él quien viaja, opina y hace las entrevistas en carne y hueso. Es él también quien no tiene otro remedio que “imaginar” cuando no conoce las respuestas. No podía ser de otra manera. Esta elección, aunque rompía su propia estética —la de no involucrarse ni unas sola vez, la de contar los hechos tal y como fueron sin una sola intromisión—, dotaba a la novela, no obstante, de una carnalidad y exuberancia que, en mi opinión, carecía en su primera (más larga) versión. En pocas palabras: Jorge hizo de un abigarrado legajo judicial, una extraordinaria obra de arte, una no-novela, uno de sus mejores libros.</p><p><em>*Eloy Urroz es poeta y profesor de literatura. Su último libro, </em><strong>Eloy Urroz</strong><a href="https://www.nocturnaediciones.com/libro/74/familia_interrumpida" target="_blank">La familia interrumpida</a><em> (Nocturna, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eloy Urroz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El arte de la no-novela]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Novela,Los diablos azules número 104]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La verdad está ahí afuera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/afuera_1_1157285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6d8d39a5-fc32-422a-9943-daf4d74a5895_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La verdad está ahí afuera"></p><p>La publicación de <a href="https://www.megustaleer.com/libro/una-novela-criminal-premio-alfaguara-de-novela-2018/ES0156972" target="_blank">Una novela criminal</a> (Alfaguara, 2018), de <strong>Jorge Volpi</strong> es una muestra más de la pujanza del periodismo narrativo y de la novela de no ficción en la literatura escrita en castellano. Géneros que se dan la mano para contarnos relatos con sobredosis de realidad. Ya no es el realismo, sino el documentalismo; ya no es la imitación de la realidad, sino la investigación sobre los hechos reales; ya no es el autor omnisciente, titán mimético, sino el escritor, periodista o no, que se borra cuanto puede como autor del relato, para que su escritura trasparente la vida tal como es. Habrá que seguir prestando atención a esta nueva siembra del periodismo en la novela literaria y de las formas de la literatura de ficción en la escritura de reportajes y crónicas.</p><p>En cuanto a <em>Una novela criminal</em>, hay que decir que es una magnífica muestra de lo fecundo de estas relaciones. En su novela, Volpi se encara con un problema que quizá resulte más fascinante que el caso propio caso relatado, el de la familia <strong>Vallarta</strong>, convertidos en la banda de secuestradores Los Zodiaco. Ese problema no es otro que saber qué pasó de verdad en todo aquel suceso judicial que impactó a la sociedad mexicana y francesa a principios de este siglo.</p><p>  </p><p><strong>Israel Vallarta Cisneros</strong> y su novia <strong>Florence Cassez</strong> fueron condenados como supuestos jefes de un peligroso clan familiar mafioso, que fue neutralizado por la policía mexicana en diciembre de 2005 en una operación espectacular retransmitida en presumido directo por la televisión mexicana. Enseguida el caso de Los Zodiaco se convirtió de caso estrictamente policial en un caso mediático que beneficiaría particularmente (además de a los medios en general, a la AFI, al  gobierno y al sistema judicial mexicanos, evidentemente) al periodista <strong>Carlos Loret</strong>, estrella del programa <em>Primero Noticias</em>, informativo matutino de Televisa, y al por entonces responsable de la AFI <strong>Genaro García Luna</strong>.</p><p>La mediatización de la detención de Israel Vallarta, Florence Cassez y, posteriormente, de otros miembros de la ya unánimemente denominada banda de secuestradores Los Zodiaco provocó un, digamos, “aceleramiento” de la resolución del caso, presentado como un triunfo espectacular para la AFI sobre uno de los problemas criminales más preocupantes de México, la industria criminal del secuestro económico. Sin embargo, el proceso no fue del todo claro en su desarrollo: declaraciones contradictorias de los secuestrados, confesiones que los detenidos aseguraron haber sido obtenidas bajo tortura, montajes mediáticos, como el de la propia detención que se presentó a las audiencias de <em>Primero Noticias</em> en directo, según decían, cuando en realidad se trataba de la reconstrucción, con la participación de un apabullante operativo policial, de una detención que se había producido horas antes de la emisión de Televisa y en condiciones y lugares muy distintos a los que aparecieron en televisión. A todo ello súmenle el conflicto diplomático entre México y Francia, provocado por el hecho de que Florence Cassez es ciudadana francesa y de que el ejecutivo del entonces presidente <strong>Sarkozy </strong>intentó por todos los medios trasladarla a Francia, pidiendo que se aplicara su extradición, en virtud de los Tratados de Estrasburgo.</p><p><em>Una novela criminal</em>, aunque emplea recursos del periodismo o de la investigación forense, aunque trata con hechos reales sin intentar desvirtuarlos, no da una respuesta definitiva. A Volpi aquí le interesa la búsqueda de la verdad, aunque quizá esta sea ya imposible de hallar entre el caos de contradicciones, montajes, remontajes y manipulaciones de todo tipo que nos va desgranando con calma y precisión. Su novela es un testimonio objetivo de esa búsqueda, a la par que una denuncia de cómo la espectacularización de la realidad acaba creando su simulacro y haciéndolo pasar por La Verdad, así con mayúsculas solemnes. El escritor mexicano se sumerge en la maraña del proceso judicial, reproduce declaraciones, revela las inconsistencias de la información mediática o las, para qué llamarlas de otro modo, descaradas mentiras, y su verdad final no es otra que la melancólica certeza de que no sabemos cuál fue en realidad “lo real” en todo este caos loco de la banda de Los Zodiaco.</p><p>La historia que cuenta <em>Una novela criminal</em> se basta a sí misma para sostenerse como un apasionante relato policial, pero con los suficientes chorrones de corrupción, como para ser considerado también un ejemplo igualmente apasionante de literatura testimonial. Hay más, sin embargo. La construcción del relato sobre el caos de sucesos, personajes y actuaciones policiales, aplicando técnicas novelescas (el montaje de los hechos por relaciones causa-efecto para desarrollar la historia, el perspectivismo narrativo, el encajonamiento del reato en una estructura que permite generar sentidos, varios, para la interpretación del lector) y periodísticas (reproducción de declaraciones, entrevistas, objetivismo en el discurso narrativo, manejo de fuentes fidedignas, denuncia de las inconsistencias del relato policial y mediático) es la gran apuesta de Volpi en esta novela de no ficción, que permite así múltiples lecturas: la del testimonio, la crítica social y política, la reflexión teórica sobre el estatuto de la ficción verosímil en tiempos de la posverdad, la novela policial con cierto vuelo experimental o el reportaje literario (quizá una nueva forma de la rica hibridación entre literatura y periodismo). Un caso serio, esta <em>Novela criminal</em>.</p><p><em>*Carlos Serrato es poeta y crítico literario. Su último libro, </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/06/23/fulgor_fiebre_sonambulo_espesura_66774_1821.html" target="_blank">Fulgor y fiebre seguido de La fiera poesía</a><em> (Amargord, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Serrato]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La verdad está ahí afuera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Novela,Cultura,Los diablos azules número 104]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jorge Volpi: "La literatura es una forma de acercarse a la realidad"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/jorge-volpi-literatura-forma-acercarse-realidad_1_1157281.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e18b3eca-027e-4e93-84a0-0979857636db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jorge Volpi: "La literatura es una forma de acercarse a la realidad""></p><p>El escritor mexicano <strong>Jorge Volpi</strong> acaba de publicar en España <a href="https://www.megustaleer.com/libro/una-novela-criminal-premio-alfaguara-de-novela-2018/ES0156972" target="_blank">Una novela criminal</a> (Alfaguara, 2018), minuciosa reconstrucción de un caso que saltó a las primeras planas de México en 2005, cuando la hoy desaparecida AFI (Agencia Federal de Investigación) detuvo a <strong>Israel Vallarta Cisneros</strong> y a <strong>Florence Cassez</strong> como supuestos jefes de una banda de secuestradores, conocidos como Los Zodiaco. El proceso estuvo plagado de irregularidades y aún, tras casi trece años en prisión, continúa encarcelado Israel Vallarta sin una sentencia definitiva. Su pareja, Florence Cassez, ciudadana francesa, fue liberada en 2013 por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que estimó su recurso basado precisamente en las irregularidades del proceso. La idea de un montaje policial articula la novela de no ficción de Volpi, que intenta desenrollar una compleja madeja de verdades, medias verdades, mentiras y manipulaciones tanto policiales como mediáticas, que probablemente nos impidan saber qué ocurrió en realidad. Pudimos charlar de todo ello con Jorge Volpi a su paso por Sevilla hace unas semanas.</p><p><strong>Pregunta. La novela me parece un empeño realmente admirable, sobre todo para los tiempos que corren, lo que tiene que ver con los planteamientos que algunos jóvenes escritores mexicanos de los 90 expresaron en aquel célebre manifiesto de La literatura del crack, en defensa de una escritura novelesca más compleja y densa, que no difícil. ¿Cómo cree que debe ser leída su novela en estos momentos?</strong><em>crack</em></p><p><strong>Respuesta</strong>. Es curioso, porque es la primera vez que escribo una novela basada en hechos tan actuales, por lo tanto está un poco a medio camino entre el periodismo y la literatura. Para mí también es una gran pregunta cómo se va a leer. Sé muy bien cómo se va a leer en México, cómo se va a leer, probablemente, en Francia, es decir allá donde el caso fue muy conocido y muy polémico va a haber, creo yo, reacciones encontradas, pues sigue siendo un caso que apasiona tanto en México, como en Francia. Ahora, en el resto de los países supongo que, por un lado, habrá quien la pueda leer solo como una novela policiaca, desprendiéndose por completo del contexto, como una novela policiaca llena de un mundo de corrupción alrededor, cierto, pero finalmente una novela policiaca; pero habrá también quien pueda leerla como una novela de denuncia, aunque la realidad le quede un poco ajena. Por eso, creo que usted me dirá mejor cómo se va a leer en un lugar como España.</p><p><strong>P. Yo pienso que aquí se leerá como de denuncia, evidentemente; nos preocupan mucho los asuntos donde la corrupción lo mancha todo. Por la forma que ha elegido, además, pienso que en cualquier parte se entenderá su interés por escribir literatura testimonial, un poco alejada del programa del realismo social y muy centrada en proponer un esfuerzo por comprender algo que últimamente parece cada vez más difícil de saber, que es, ni más ni menos la verdad. Me gustaría que comentara algo sobre ello.</strong></p><p><strong>R</strong>. Al final, es curioso, porque, aunque sea un tipo de libro que yo nunca había ensayado, cuando ya lo había terminado, de pronto me di cuenta de que el tema central es el mismo de <em>En busca de Klingsor</em>, la novela que escribí hace veinte años, que trata precisamente de la búsqueda de la verdad, planteando una discusión sobre si la verdad es posible, si la verdad va a quedar siempre oculta por las maniobras de alguien o si, finalmente, la verdad es inasible. Y yo creo que eso es en el fondo lo que ocurre en este caso, un caso en el que los que deberían preocuparse por buscar la verdad, que normalmente son la policía, los ministerios públicos, los jueces y los medios de comunicación, en realidad hacen lo contrario: lo imposible porque la verdad no se pueda conocer.</p><p><strong>P. Ahí creo que yo que es donde entra lo más interesante de su apuesta, a mi juicio: se enfrenta al tema a través de una investigación aparentemente periodística e incluso en algún momento comenta en la novela que, por sus conocimientos del Derecho, podría ser considerada hasta una investigación de carácter forense, y, sin embargo, sobre los materiales obtenidos en esta investigación manda la literatura, que emplea en su novela como una forma de construcción de lo plausible, como si intentaras burlar a través de la construcción narrativa literaria ese ocultamiento de la verdad, aunque sin recurrir a la ficción… ¿Busca con ello provocar un “desvelamiento” de la verdad?</strong></p><p><strong>R</strong>. Exactamente, yo creo que tú lo has dicho mejor de lo que yo lo había dicho hasta ahora. Exactamente, creo que esa era la pretensión, que la forma revelase la verdad, y aquí con forma quiero decir varias cosas: la selección de materiales, todo lo que se deja a un lado, la manera de ir construyendo el ritmo de la narración y la alternancia de distintas técnicas narrativas que, al mismo tiempo, pretendo que no se vean, para que se lea como si la realidad fuera esta. Lo cierto es que esta no es la realidad, esta es una construcción literaria que se parece a la realidad. La realidad era ese caos de quince mil páginas de expediente, de testimonios contradictorios, de entrevistas, de fragmentos. Lo literario está en la forma.</p><p><strong>P. Y eso enlaza con otra cuestión que me resultó sorprendente: cuando se caracteriza la literatura moderna, la de los grandes renovadores del siglo XX, se habla de relatos estallados, donde la narratividad se encuentra a duras penas, pues se halla oculta por la intención de negar la cadena de causalidades que organizan una historia. Sin embargo, aquí, en Una novela criminal, es al revés: el relato estallado es la realidad y el texto narrativo intenta, como usted comentaba antes, dar un orden plausible. Eso me lleva a preguntarle sobre el poder de la verosimilitud frente al de la pura verdad.</strong><em>Una novela criminal</em></p><p><strong>R</strong>. Claro, y eso es lo que es estrictamente literario, la verosimilitud, o sea la apariencia de verdad que tiene este relato, que no deja de ser una construcción. Yo creo que también suponemos todos que es que esa construcción normalmente la hacen los jueces; los jueces crean un relato al que le damos pretensión de verdad. Pero frente al caso que cuento en esta novela, donde los jueces y la policía y todos demostraron lo contrario, la literatura asume esa percepción de que “esta” es la verdad, aunque en el fondo también sea solo “una verdad”.</p><p><strong>P. Hay otro concepto que me preocupa mucho. Su novela me ha impresionado tanto, porque trata temas, aparte de lo criminal, de la denuncia de la injusticia, como el de la espectacularización de la realidad. Usted tuvo que luchar contra un espectáculo que ensombrecía la verdad que buscaba o, al menos, los hechos que permitirían llegar a conocer lo que realmente pasó.</strong></p><p><strong>R</strong>. Y que los sigue ensombreciendo. El relato empieza, en el fondo, no como empieza la novela, hay un episodio oculto antes del espectáculo mediático, el primer secuestro de esa chica, <strong>Valeria Cheja</strong>, pero una vez que empieza el espectáculo mediático todo queda mediatizado y esa era la pretensión de la policía y de los medios, también en esa complicidad. A partir de ahí, todo fue ya espectáculo. Sí, había que luchar contra las percepciones del espectáculo que, además, es muy poderoso. La convicción, que sigue siendo hoy casi absoluta en México, de que los dos protagonistas de la novela, Israel Vallarta y Florence Cassez, son culpables deriva de ese haber convertido la justicia en espectáculo. Los medios los condenaron desde el primer día y cambiar esa percepción ha sido casi imposible, incluso con la sentencia de la Corte que dejó en libertad a Florence.</p><p><strong>P. Eso me lleva a otro asunto, la espectacularización de la justicia ya es grave, evidentemente, pero se decía tradicionalmente que el periodismo era el garante del juego limpio en democracia. ¿Qué ocurre si los medios olvidan eso y solo luchan por la audiencia, por conseguir el impacto mediático a costa de lo que sea?</strong></p><p><strong>R</strong>. Ocurre exactamente esto que se cuenta en la novela. Este es el quizá el caso más extremo, al menos el más extremo que yo conozco; lo que vemos todo el tiempo, en todas partes, en todos los casos es cómo los medios convierten en espectáculo cualquier asunto vinculado con la justicia. Lo que ha ocurrido estas semanas aquí con el niño <strong>Gabriel</strong>, ¿no?, había que convertir eso en un espectáculo, pero aquí, en el caso que se relata en la novela, eso está llevado al extremo no solamente de convertir un hecho en espectáculo, sino que el hecho es en sí mismo una producción del espectáculo. Eso en los medios es clave, la cobertura mediática del caso de <em>Una novela criminal</em> con ser un caso extremo de lo que vemos cada día, es sin duda testimonio de que ese extremo está ahí presente, en esta época en la que no sabemos qué es real y qué no.</p><p><strong>P. Hay, además, en su novela otro tema interesantísimo que tiene que ver con la disolución del estado y su sustitución por una serie de poderes en la sombra, pueden ser el poder financiero, el poder mafioso o el interés diplomático, como aparece en tu novela en un momento determinado. Claro, si el centro del poder ya está cada vez menos en el estado, ¿qué hace, entonces, un aparato del estado como el de la justicia?</strong></p><p><strong>R</strong>. Bueno, aquí te lo diría de vuelta, o sea, en un país como México, que no es —eso también lo he dicho mucho— en términos absolutos un estado fallido en todos los sentidos, hay instituciones que funcionan, hay una vida normal en muchos sentidos, pero la pregunta es ¿qué pasa con un estado en donde no funciona la justicia, en ningún sentido? O sea, sí es una pregunta muy inquietante para mí, digamos, como mexicano. Este caso es el reflejo de lo que pasa normalmente en el sistema de justicia mexicano. Entonces, ¿hasta dónde uno puede decir que vive en un Estado de derecho, si el principal reflejo del Estado de derecho, que es su sistema de justicia penal, no funciona?</p><p><strong>P. Bueno, aquí empieza a preocuparnos también. Ya le pregunto como latinoamericano, que ha vivido en Europa un tiempo, que conoce bien los dos mundos. Desde aquí se tiene la percepción de que América Latina es una especie de espacio de ensayo de “políticas”, fundamentalmente económicas, pero también como en este caso de debilitamiento del Estado, que luego se van aplicando en otros lugares. ¿Está de acuerdo con esta visión?</strong></p><p><strong>R</strong>. Así lo ha sido en ciertos sentidos. Las políticas neoliberales que luego han ido aplicando en todas partes comenzaron aplicándose en Chile, como campo de experimentación. Las políticas sobre las drogas empiezan aplicándose en América Latina. Sí, sí es una especie de laboratorio.</p><p><strong>P. Y también un laboratorio artístico, desde hace mucho tiempo. La literatura latinoamericana es uno de los motores de transformación de la literatura contemporánea, el periodismo narrativo, por ejemplo, tiene hoy sus grandes maestros y maestras en Latinoamérica. En su caso, ¿el enfoque de Una novela criminal en la investigación, por momentos, periodística, y en un caso tan mediático como el de la banda de Los Zodiaco, tiene que ver con un acercamiento a esta corriente de la escritura latinoamericana o simplemente con la fascinación por la historia?</strong><em>Una novela criminal </em></p><p><strong>R</strong>. Es una fascinación por el objeto, pero la fascinación también por este tipo de narración. Yo, a la inversa de muchos, no tengo ninguna formación periodística. Yo llego al periodismo, al tipo de periodismo que tiene este libro indudablemente, desde la literatura y también me gusta recordar que de este género —si es que existe—, la novela sin ficción, la novela documental, en realidad el primer ejemplo documentado es latinoamericano. No fue <em>A sangre fría</em>, antes de <em>A sangre fría</em> está claramente <em>Operación masacre</em>, de <strong>Rodolfo Walsh</strong>, escritor argentino, después desaparecido por la dictadura militar, que ya tenía todos los elementos de esto que, luego, en Estados Unidos dará lugar a la novela sin ficción, a la <em>non fiction novel</em>, pero también al nuevo periodismo, que, a su vez, va a tener una influencia grande en América Latina para todo nuestro periodismo narrativo, que tiene, ciertamente, cotas muy altas. Así, que sí, me interesan los dos lados, el lado que viene de lo literario, que va hasta <em>A sangre fría</em> y a <em>La canción del Verdugo</em> y de ahí a toda esa tradición que luego llega, por ejemplo, en España, a <strong>Cercas</strong>, o en Francia, a <strong>Carrère</strong>… y el del periodismo narrativo, que también está ahí.</p><p><strong>P. Una novela criminal tiene, en efecto, un tono muy periodístico, muy distanciado (salvo momentos concretos), como decía usted, para presentar la realidad “como si fuera así”, pero, ¿qué siente un escritor acostumbrado a la ficción, acostumbrado a imaginar personajes, a estar dentro de la cabeza de entes de ficción que salen de la del propio autor… qué siente cuando por fin se entrevista con Israel?</strong><em> Una novela criminal </em></p><p><strong>R</strong>. Esta es la primera vez que hago algo así. Yo no estaba acostumbrado a hacer entrevistas, incluso en mis novelas históricas de antes había el mismo tipo de investigación, pero yo no podía andar entrevistando a nadie, porque se habían muerto todos… Entonces el que de pronto ahora los personajes sean personas no deja de ser muy extraño para un novelista que viene de la ficción, para un periodista probablemente no, porque entrevista personas todos los días, pero en mi caso es algo que no había sido nunca parte de mi trabajo. Para mí, muchas de las entrevistas fueron impactantes, desde luego las de Israel son muy impactantes, porque fueron en la cárcel, hay que hacer primero todo un procedimiento para que te aprueben entrar a la cárcel y luego tienes que pasar ocho controles, que te llevan cuarenta y cinco minutos, para luego estar cuarenta minutos en un locutorio con un vidrio de seguridad, que no te permite tener casi ningún contacto, y esperando el arbitrio del custodio que te saca cuando se le ocurre. Por supuesto que eso, la forma de la entrevista, ya de por sí es difícil, y, luego, tratar de establecer un mínimo contacto con Israel, pues también fue muy complicado. Lo que me ayudaba a mí, digamos, era sentir que para ese momento yo ya lo conocía más o, por lo menos, la historia en la que estaba envuelto, porque con quien más he estado en contacto ha sido con su hermana, que yo creo que es una de las heroínas de este caso. Ella sí se volcó por defender a Israel, a sus hermanos, a sus sobrinos y, entonces, mi empatía, más que con Israel, que era difícil por el tipo de entrevista que pude hacer con él, estaba con Guadalupe, su hermana, y, por lo tanto, de ahí un poco daba la vuelta hacia la visión que yo podía tener de mi protagonista.</p><p><strong>P. O sea, que hubo una inmersión, en realidad, ¿no?</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí.</p><p><strong>P. Muchas veces se comenta cómo la inmersión en periodismo puede tener un doble efecto: cómo, por un lado, te hace sentir como partícipe de la historia y puedes entender los hechos con una intensidad que no puede contarse si escribes desde fuera, pero, por otro, también puede condicionar tu interpretación de esos mismos hechos. En ese sentido, Una novela criminal se construye sobre un planteamiento al que los teóricos de la cultura contemporánea denominan el conflicto de las interpretaciones; parece que ahora, en el estado actual de la cultura, solo hay conflicto de interpretaciones, no certezas. ¿También en México está presente ese debate?</strong><em>Una novela criminal </em></p><p><strong>R</strong>. También en México, todo el tiempo, como si fuese inevitable pensar que la verdad ya no existe, que solo existen las versiones, y eso te ampara para un cierto relativismo, pero al mismo tiempo te indigna que, en el fondo, haya tantas mentiras tan obvias que pasan por verdades.</p><p><strong>P. ¿Tiene sentido la literatura como una forma de escapar de eso?</strong></p><p><strong>R</strong>. Es una forma de escapar, pero también es una forma de acercarse finalmente a la realidad, porque la interpreta desde otro lado.</p><p><strong>P. ¿Y ese lado, cuál es?</strong></p><p><strong>R</strong>. Es el lado de la imaginación, también.</p><p><strong>P. ¿La imaginación como forma de resistencia ante la dominación, ante la tergiversación, ante la manipulación?</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, también. Es decir, cuando en el libro me atrevo en muchos momentos a tratar de llenar una laguna imaginando, eso es ficción, porque evidentemente esos son los momentos en que mi novela no se basa en los hechos, pero el relato ficticio en este caso no es gratuito, intenta acercarse a los hechos justamente porque las fuentes no te lo permiten.</p><p><strong>P. Luego entonces, ¿aún queda esperanza de conocer la verdad?</strong></p><p><strong>R</strong>. Bueno, espero que sí, hay que tener un mínimo de optimismo.</p><p><em>*Carlos Serrato es escritor. Su último libro, Fulgor y fiebre seguido de </em><strong>Carlos Serrato</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/06/23/fulgor_fiebre_sonambulo_espesura_66774_1821.html" target="_blank">La fiera poesía</a><em> (Amargord, 2017). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Serrato]]></author>
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