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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 110]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 110]]></description>
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      <title><![CDATA[Por aquí pasa un río]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pasa-rio_1_1203151.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/30371353-9493-4365-90fa-71acbfd10e14_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por aquí pasa un río"></p><p>  </p><p><strong>Por aquí pasa un río</strong></p><p>Por aquí pasa un río.</p><p>Por aquí tus pisadas</p><p>fueron embelleciendo las arenas,</p><p>aclarando las aguas,</p><p>puliendo los guijarros, perdonando</p><p>a las embelesadas</p><p>azucenas...</p><p><em>No vas tú por el río:es el río el que andadetrás de ti, buscando en tiel reflejo, mirándose en tu espalda.Si vas de prisa, el río se apresura.Si vas despacio, el agua se remansa.</em></p><p><em>*Ángel González (1925-2008) es un poeta vivo. Acaba de reeditarse </em><strong>Ángel González</strong>La palabra en el aire<em>, el disco que Pedro Guerra preparó junto a él. Durante esta semana, se está celebrando en Oviedo el congreso conmemorativo </em><strong> Pedro Guerra</strong>Materia de recuerdo y de nostalgia<em>, organizado por la cátedra Ángel González de la Universidad de Oviedo.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Gónzález | Pedro Guerra]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Por aquí pasa un río]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Música,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 110]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Yo, mi carne]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/carne_1_1158837.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c7367dbc-b831-4270-b000-67d5775bcf4c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yo, mi carne"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>___________________________________</p><p>En el encuentro que mantuvimos con <strong>Marta Sanz</strong> en la librería madrileña Enclave de Libros charlamos en torno a <em>Clavícula,</em> una narración ecléctica en la que se combinan muy diversos géneros y recursos a partir de los cuales la autora aborda aquello que le duele.</p><p>Marta Sanz (Madrid, 1967) es licenciada en Filología y doctora en Literatura Contemporánea con una tesis sobre la poesía de la Transición y el decenio previo y que dio lugar a la antología <em>Metalingüísticos y sentimentales</em>. Autora de numerosas novelas entre las que destacan <em>La lección de anatomía</em> y <em>Daniela Astor y la caja negra,</em> en 2016 obtuvo el Premio Herralde de Novela con <em>Farándula.</em> Ha publicado los poemarios <em>Perra mentirosa / Hardcore,</em> <em>Vintage </em>y <em>Cíngulo y estrella,</em> numerosos relatos en diversas antologías, el estudio literario <em>No tan incendiario</em> y el ensayo <em>Éramos mujeres jóvenes</em>. Colaboradora habitual en diversos medios con artículos culturales y reseñas, es una prescriptora literaria de prestigio.</p><p><em>Clavícula </em>comienza con un dolor y con la fractura que lo sigue y se hace visible a los ojos de todos. A partir de este texto autobiográfico, pudimos profundizar en algunos de los temas que también nos presentaba <strong>Natalia Carrero</strong> en <em>Yo misma, supongo</em>. Resulta curioso comprobar cómo desde estilos, géneros, protagonismos y voces narrativas muy diferentes Natalia y Marta comparten preocupaciones y dolores y, con ello, dan lugar a obras fragmentarias y nada convencionales que pueden situarse en los extremos de un continuo. Así, si Natalia nos presentaba una ficción con una alta carga introspectiva que podía ser confundida con la autoficción, Marta nos ofrece en <em>Clavícula</em> una autobiografía que pone el foco en el cuerpo para marcar el límite entre el dentro y el fuera y que puede ser leída como un texto de ficción escrito en primera persona. Ambas confiesan estar cansadas de hacer ficción de la propia vida y encuentran distintas soluciones para denunciar no solo el patriarcado que condiciona la situación de la mujer —escritora, pero no en exclusiva ya que puede referirse casi a cualquiera de nosotras— sino, sobre todo, su relación con un sistema económico que da lugar a unas condiciones materiales e históricas que oprimen de una forma particular a la mujer (aunque no solo).</p><p>  </p><p>Para Marta Sanz el cuerpo puede ser leído como un texto y juega un papel fundamental en la construcción de la identidad personal y la narración de la propia experiencia vital. Así lo evidencia toda su obra literaria y por eso no sorprende que Alberto García Teresa, en <em>A pesar del muro, la hiedra,</em> le dedique el poema que comienza diciendo: "Nos han presentado la perfecta separación de los cuerpos". En este caso, Marta nos presenta un cuerpo roto, coherente con la estructura que da a <em>Clavícula,</em> a través del cual intenta explicarse el origen de un dolor que responde a muchos otros, a la vez que reivindica el derecho a la queja. Nos habla de la relación entre escribir y padecer y lo hace en oposición a todo un sistema que pone en un altar la idea de la felicidad y nos anima continuamente a que nos mantengamos pasivos, sumisos e incluso agradecidos ante las circunstancias adversas que nos rodean.</p><p>La tertulia comenzó con un comentario de Marta acerca de la aliteración que suponía hablar de <em>Clavícula </em>en Enclave; aliteración a la que volvimos al cierre del encuentro, cuando nos habló de que "hay un aire de los tiempos" y se refirió a novelas como <em>La trabajadora</em> de <strong>Elvira Navarro y</strong> a la obra de <strong>Jeanette Winterson</strong>, quien construye un juego de palabras muy similar —de <em>clavícula</em> con <em>clave</em>— al que ella realiza en uno de los fragmentos de <em>Clavícula</em>. La conclusión de Marta, que podría resumir también la relación que se estableció entre las lectoras y ella, fue concisa: "Estamos pensando en lo mismo".</p><p>En opinión de nuestra interlocutora —que como refleja en <em>La lección de anatomía</em> se resiste a autodenominarse escritora y prefiere hablar de sí misma como constructora, en oposición a quienes se consideran creadores o productores—, los libros conectan de una manera muy directa con la experiencia personal. Así, mientras hay autores que entienden la ficción pura como una máscara, otros prefieren acogerse a la metáfora del espejo o, como es su caso, a la de la carne. Marta nos habló de la relación directa de su obra con la idea arriba mencionada de que el cuerpo es un texto y el texto es un cuerpo, y explicó que el empleo que hace de la fragmentariedad no la vincula con la superficialidad de la escritura posmoderna.Si bien en origen el posmodernismo llevó a la toma de conciencia de que los lenguajes y los objetos culturales tienen valor ideológico —análisis que suscribe—, también resultó en una crítica a todos los metalenguajes como visiones globales explicativas de la realidad y en un desprecio a la razón ilustrada que fomenta la visceralidad y coloca todos los discursos al mismo nivel —deriva que no puede obviarse y que la autora no comparte—. Como autora feminista y materialista, a Marta le interesa mucho la carne —el cuerpo está presente en toda su obra—, así como la relación entre la mujer y las instituciones: el sistema de salud, el matrimonio, etcétera.</p><p>Nos explicó que <em>Clavícula </em>es el resultado de las tensiones que le generó haber sido premiada con el Herralde, cuando se vio sometida a un escrutinio público y se convirtió en un foco de atención al que no estaba acostumbrada. Así, pasó a ser uno de sus personajes, el Daniel Vals de <em>Farándula,</em> y profundizó en cuestiones como hasta qué punto se puede o no hacer la crítica desde la centralidad del sistema o si es posible hacerla desde la posición de privilegio que te puede dar un determinado éxito. Le costó asumir que el éxito no tiene por qué ser un error y entretanto somatizó la situación de privilegio provocada por un sentimiento de culpa que suele estar muy presente en las mujeres de izquierdas. Nos confesó que este análisis lo realizó <em>a posteriori,</em> porque en el momento de la somatización se centró en intentar describir el miedo y la incertidumbre que se producen cuando experimentamos por primera vez, siendo adultos, un dolor que no hemos sentido nunca; miedo que desencadenó otros muchos: a la muerte, a la enfermedad, al propio dolor..., pero también un miedo social y político que se suma a la raíz física y metafísica del dolor.</p><p>Cuando comenzó a escribir los textos que dieron lugar a este libro, Marta utilizaba la escritura como herramienta terapéutica en un intento de poner orden en la desarticulación y el desconcierto que le generaba el dolor. Tardó muy poco en escribirlo, aproximadamente los seis meses que duró el proceso de somatización, y en un momento dado se produjo el salto literario, cuando se dio cuenta de que esos dolores podían ser compartidos con todas las víctimas del capitalismo avanzado y muy concretamente con las mujeres —por la heteropatriarcalidad del discurso médico y por la autoexigencia que nos imponemos, al hilo de lo cual se refirió a la historiadora <strong>Mary Beard</strong> que en <em>Mujeres y poder</em> defiende que lo que tenemos que reformular es el concepto de <em>poder</em>—, y fue consciente de que detrás del texto podría haber un lector con el que establecer un proceso de comunicación. A partir de entonces, sin apenas corregir los textos ya escritos, comenzó el proceso de composición de la obra literaria: estableció una estructura y un orden.</p><p>Marta nos explicó que el libro tuvo el efecto terapéutico "egoísta" que perseguía al principio, pero también el fraterno-comunitario gracias a la relación generosa que se ha establecido con los lectores, pues su escritura y publicación ha resultado a la vez una herramienta de conocimiento y de comunicación. Además, nos explicó que aunque se había sentido muy apoyada por su entorno más próximo durante el proceso, cree que sus amigos lo han entendido mejor con el libro ya publicado. <strong>Marisa R</strong>. nos contó cómo al principio se enfadaba con la narradora y se preguntaba "¿Por qué no sale de sí misma y lo comenta con otros, que es la solución?", aunque le reconciliaba la declaración de amor que también transmite el texto; ante esto Marta se alegró de la capacidad del libro de provocar malestar en forma de rabia o enfado, porque el propio libro parte también de esta premisa. Por su parte, <strong>Beatriz </strong>hizo una certera crítica a una sociedad que a menudo no nos permite sacar hacia fuera el malestar y Marta explicó que, además de ir hablándolo con amigos más adelante, afortunadamente el propio libro es una forma de contarlo.</p><p>Tras una intervención de <strong>Pino</strong>, Marta describió la relación entre fragilidad y salud en el sentido de que ella cuando escribió sanó, y subrayó la utilidad de la palabra escrita y la palabra literaria en un contexto social en el que ambas están desprestigiadas. Nos explicó que de la palabra literaria le interesa su capacidad para transmitir la verdad —aunque sea una verdad subjetiva—, la autenticidad frente a la verosimilitud. Entonces nos habló del discurso de un grupo de juristas catalanas que denuncian cómo los jueces a menudo desestiman los testimonios de mujeres maltratadas por considerar que "no son verosímiles", cuando lo que tienen que ser es verdaderos. Recuperando la idea de que estamos pensando en lo mismo, cabe mencionar el texto dramático de <strong>Nina Raine</strong> que se ha representado esta primavera en el CDN bajo el título <em>Consentimiento,</em> en una versión de <strong>Magüi Mira</strong>. Después volvimos a tratar la capacidad terapéutica de la escritura a través de la experiencia personal de las lectoras y Marta recomendó la lectura de <em>La conciencia de Zeno,</em> de<strong> Italo Svevo</strong>, donde el autor lleva la técnica de los diarios psiquiátricos a la novela y la utiliza como un recurso literario.</p><p>Según nos confesaba la autora, la mayor alegría que le ha dado la publicación de <em>Clavícula</em> es la oportunidad de salir de los cenáculos literarios, pues ha podido participar en encuentros celebrados en hospitales o en la sede la Plataforma Seguimos Viviendo, una asociación de afectados por el síndrome tóxico del aceite de colza establecida en el barrio de Vallecas. Al hilo de esto, Pino compartió con las lectoras su experiencia trabajando en las Unidades del Síndrome Tóxico, agradeció a Marta que diera voz a los afectados y explicó que se trata de un tema obviado incluso en publicaciones específicas sobre la salud en Vallecas.</p><p>Marta se detuvo después en las particularidades del libro, una obra literaria aparentemente desestructurada y que recoge una miscelánea de géneros, registros y tonos; y explicó que en un texto literario el cómo se dicen las cosas es indisociable de lo que se está diciendo. Comentó que todo lo que se cuenta en el libro es verdad —una verdad tamizada por el filtro de la subjetividad, en ese momento muy vulnerable—, así como que en el momento de escribirlo solo se veía capaz de construir textos fragmentarios. Además, explicó que <em>Clavícula </em>es, como decía <strong>Edurne Portela</strong> en una reseña<em>,</em> una reivindicación del derecho a la queja desde la crítica a una sociedad en la que parece que todo tiene que ser "buen rollo" y donde quejarse está mal visto. Reivindicó la legitimidad de hacerse visible en una época «poco fotogénica» y tratar también de visibilizar a otras que nunca van a poder tomar la palabra. Explicó que sus autobiografías tienen que ver con lo común y no con lo individual, y subrayó la necesidad de la fraternidad, de sentirnos parte de un <em>nosotros,</em> que hace de esta obra un canto de amor a quienes la han comprendido y apoyado, así como un canto al sistema público de salud y una denuncia de su precarización —nos recomendó ver la película <em>The party,</em> de <strong>Sally Potter</strong>—, y confesó que pese a las circunstancias decidió no hacerse un seguro privado. Finalmente, describió el libro como una novela materialista en la que la protagonista no puede aferrarse a la espiritualidad, porque es atea, ni al sentido de perduración de la especie, pues no ha tenido descendencia.</p><p>Ante la pregunta de <strong>Inés </strong>sobre el impacto del libro y su comentario sobre la manera en que conectó con él a través de la fragilidad de la narradora y las experiencias compartidas, Marta respondió que en esta ocasión ha encontrado más empatía, sobre todo porque ha llegado a un mayor número de lectores como consecuencia del funcionamiento de la industria del libro. Sin embargo, citando a <strong>José María Guelbenzu</strong>, explicó que conoce su campo cultural y el espacio que ocupa el campo literario dentro de este, así como que es consciente de que la repercusión de ambos en la sociedad es cada vez menor.</p><p>Hablamos acerca de la decisión de la autora de no utilizar la ficción, pues entiende que esta no es obligatoria en un texto literario y que en los buenos textos la ficción es real en cierta medida porque construye la sentimentalidad y la manera de ver el mundo. Así, Marta defendió la idea de que la literatura no tiene por qué utilizar la imaginación desde un punto de vista temático y se refirió a <em>El paseo,</em> de <strong>Robert Walser</strong>, donde el lenguaje literario permite dibujar esas pequeñas cosas de la cotidianidad que nos pasan desapercibidas. En el caso de <em>Clavícula,</em> Marta ha decidido legitimarse como escritora no interponiendo una máscara entre ella y el lector, sino encontrando una forma de escribir que expresa aquello que quiere transmitir.</p><p>Además, afirmó que <em>Clavícula</em> no solo debe interesar a las mujeres y habló de la necesidad de que, frente a lo masculino entendido como lo universal, la condición humana se rellene con asuntos que tengan que ver también con estas. <strong>Emilia </strong>subrayó la ternura expresada por parte del entorno de la autora y coincidió en que el libro trata cuestiones universales, no solo propias de mujeres, pues el envejecimiento es un tema tabú y poco investigado también —y más, si cabe— en el caso de los hombres. Pino describió el libro como un abanico que abre y cierra y se mostró muy sorprendida por lo presente que está el debate entre la realidad y la ficción; mientras que María Luisa señaló el acierto de la autora de emplear la metáfora del Bósforo de Almasy, extraída de <em>El paciente inglés,</em> ante lo cual Marta nos contó que el primer lugar en el que oyó hablar del hueco supraesternal fue en <em>Sospecha, </em>de <strong>Hitchcock</strong>.</p><p>Al preguntarle sobre el límite entre lo psicológico y lo físico, Marta aseguró que según su experiencia se trata de facetas indisolubles, pues en su caso lo físico repercutía en los psicológico —y viceversa—, y a su vez todo tenía que ver con lo social. Por otro lado, nos explicó que a lo largo del proceso que dio origen al libro descubrió "la intrínseca intolerancia española a la psiquiatría y a los psicólogos", completamente opuesta a la relación que se establece con estos profesionales en otros países de Hispanoamérica como Argentina. Al preguntarle por su propia relación con ellos, explicó que nunca ha ido al psicólogo ni al psiquiatra, pero que sí ha podido conocer a Mariano, el psicólogo al que menciona en el libro. Ante la pregunta de <strong>Marisa T</strong>. sobre el doctor Bartoldi, personaje de su novela <em>Black, black, black,</em> Marta nos explicó que es un personaje ficticio que hace un guiño al editor Constantino Bértolo; y al mencionar la novela nos explicó cómo con la construcción de una de sus protagonistas, Luz Arranz, presentó a una mujer menopáusica cuyo proceso se ha acabado pareciendo misteriosamente al que ella misma ha experimentado. Por otro lado, la búsqueda que subyace a <em>Clavícula,</em> en la que Marta trata de encontrar el origen de su dolor, me recordó a un relato poco conocido de<strong> Emilia Pardo Bazán</strong> titulado "La cabeza a componer" incluido en el volumen <em>Poshumanas</em> de la <em>Antología de escritoras españolas de ciencia ficción</em> realizada por <strong>Lola Robles</strong> y <strong>Teresa López-Pellisa</strong>.</p><p>Pudimos comentar la relación entre <em>Clavícula</em> y otras obras de Marta. La relación con <em>Farándula</em> es total, porque en el momento de escribir <em>Clavícula </em>se sentía como Daniel Vals; en ambas, en un caso desde el exceso y en el otro de una forma mucho más austera, refleja una experiencia biográfica, se quita la máscara y nos habla de la precariedad de los trabajos culturales. En cuanto al ensayo <em>Éramos mujeres jóvenes,</em> que engancha también con <em>La lección de anatomía</em> y combina elementos autobiográficos con otros fragmentos más documentales y analíticos, estaba escribiéndolo cuando apareció el dolor, por lo que además de tener temas en común ambos libros conversan inevitablemente desde tonos muy diferentes.</p><p>Después nos habló sobre la relación entre <em>Clavícula </em>y otro tipo de textos autobiográficos: las novelas de duelo. Explicó que su obra es muy diferente porque en ella habla de vivos y aunque trata temas tristes a la vez está lleno de vitalismo, como sucede en <em>Sarinagara, </em>de <strong>Philippe Forest</strong>. Aprovechó para recomendarnos otras dos novelas de duelo: <em>Tiempo de vida,</em> de <strong>Marcos Giralt Torrente</strong>, y <em>Ordesa,</em> de<strong> Manuel Vilas</strong>; así como la novela sobre la memoria histórica <em>Maquis,</em> de<strong> Alfons Cervera</strong>.</p><p>Por último, hablamos de <em>Amor fou,</em> que estaba revisando cuando apareció el dolor. Escrita en 2004 y publicada en Miami en 2013, Marta nos explicó que se trata de una obra de muy difícil publicación en España porque "cuenta que el emperador está desnudo" y se dirige a un lector muy activo, crítico y literario; de manera que más allá de una posible censura ideológica podríamos hablar de la censura económica que subyace a esta. En ella pone el dedo "en todas las llagas de la democracia" y refleja situaciones que están ocurriendo en la actualidad, a la vez que impugna tanto el canon de la realidad como el de la literatura. Recientemente, Anagrama ha publicado el texto revisado por la autora, con prólogo de <strong>Isaac Rosa</strong>.</p><p>En este momento Marta Sanz no escribe más que artículos y colaboraciones para distintos medios, pues se está dedicando a viajar para promocionar la novela, participando en congresos, ferias, clubes de lectura y tertulias literarias, así como a impartir clases. Finaliza la tertulia con una constatación: le sigue doliendo la clavícula porque sus condiciones objetivas no han cambiado. Seguro que muchas nos sentimos identificadas con ese dolor.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Abril Gómez de Enterría]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Novela,Los diablos azules número 110]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Tradiciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tradiciones_1_1158832.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ccdd1f8b-c040-4bc3-934a-8d87a42fd646_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tradiciones"></p><p><em>Jesús García Sánchez, de la librería Visor de Madrid, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>_________________________ </p><p><strong>Ya la sombraFelipe Benítez ReyesVisorMadrid2018</strong><em>Ya la sombra</em></p><p>  </p><p>Tras <em>Las identidades</em> (2012), publicado en esta misma colección, al igual que <em>Libro de poemas</em> (y otros poemas), que recopila su obra escrita entre los años 1978 y 2008, <strong>Felipe Benítez Reyes</strong> ofrece este nuevo libro en el que despliega una gran variedad de registros tanto temáticos como estilísticos, aunque marcados por el ahondamiento en los enigmas de la cueva del tesoro sin tesoro que es el tiempo. Armonizando y modulando las tradiciones del simbolismo, del surrealismo y de la lírica cancioneril, los poemas de Benítez Reyes, desde una voluntad meditativa, indagan en la extrañeza del ser, en las trampas de la conciencia y en los espejismos de la memoria.</p><p>  <strong>Aquella orilla nuestraElvira SastreIlustraciones de EmbaAlfaguaraMadrid2018</strong><em>Aquella orilla nuestra</em></p><p>  </p><p>Un libro maravilloso en el que convergen la poesía de <strong>Elvira Sastre </strong>y las ilustraciones a línea de <strong>Emba</strong>. "Sentí las raíces apretando mis tobillos. Uno no deja de esperar porque se canse, uno deja de esperar porque cesa el ruido al otro lado y las raíces se secan".Elvira Sastre revela en este libro su mundo interior y sus experiencias más íntimas. El diálogo que se establece entre el texto y las ilustraciones de Emba logra una composición estética única, digna de coleccionistas.</p><p><strong>Los treinta apellidosBenjamín PradoAlfaguaraMadrid2018</strong><em>Los treinta apellidos</em></p><p>  </p><p>Juan Urbano, escritor e investigador ocasional, ha vivido una época como testigo protegido. En el momento en que debe volver a su vida, conoce al último eslabón de una familia que durante generaciones se ha dedicado a negocios relacionados con el comercio, la banca y el desarrollo del ferrocarril, y que le encarga que localice a la descendiente de una hija secreta de su tatarabuelo. Esta misión sumerge a Urbano en una trama que descubre cómo se crearon algunas de las fortunas familiares en España y qué esconden sus miembros para preservar su poder.</p><p><strong>Asimetría</strong></p><p><strong>Adam ZagajewskiAcantiladoBarcelona2017</strong></p><p>  </p><p>"En pocas ocasiones—afirmó <strong>Joseph Brodsky</strong>—ha hablado la musa de la poesía con tanta claridad como a través de<strong> Adam Zagajewski</strong>". Su singular lucidez, su soberbia economía de estilo, así como el mordaz sentido del humor, el sutil escepticismo y la profunda conciencia de la necesidad de observar el pasado y el presente para evitar las amenazas que entraña el futuro, le han merecido reconocimiento internacional y consagrado como un clásico contemporáneo. En esta nueva colección de poemas, la asimetría que caracteriza la experiencia humana—entre la felicidad y el dolor, la verdad y la mentira, la vida y la muerte, el amor y su ausencia—no impedirá al poeta hallar extraordinarios destellos de verdad y belleza en lo cotidiano, ni transformarlos, una vez más, en poesía.</p><p><em>*Puedes encontrar Visor Libros en la calle Isaac Peral, 18, de Madrid, en su página web o en las casetas 310 y 311 de la Feria del Libro de Madrid.</em><strong>Visor Libros</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús García Sánchez (Visor)]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Poesía,Los diablos azules número 110]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El fantasma de Villa Medicis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fantasma-villa-medicis_1_1158829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/55530748-7610-4630-bd2d-9680be847f1d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fantasma de Villa Medicis"></p><p><em>Recogemos en cuatro entregas este relato de Juan José Téllez, escritor y periodista autor, entre otros, de </em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-paco-de-lucia-el-hijo-de-la-portuguesa/190548" target="_blank">Paco de Lucía</a><em> (Planeta, 2015). Aquí publicamos la primera.</em></p><p>_______________</p><p><strong>1. Las noches de la heroína</strong></p><p>Olor a dama de noche entre los setos del cuartel que brincaba rumbo al cine Fuentenueva: hasta las tantas del verano, viendo películas de piratas o de <strong>López Vázquez</strong> con <strong>Gracita Morales</strong>. Más allá, quedaba el caos. Al barrio de chabolas que bajaba la pendiente del secano le torcieron quizá irónicamente el Hotel Garrido. Hasta allí me encajaba yo para apandillarme con los de los pisos del sindicato y apedrearnos con los gitanos: “A las cinco en el llano del Calvario”, les retábamos. Y allí emprendíamos de pascuas a ramos nuestra guerra civil particular, con mañas de toda suerte, patadas, mecos, gargajos y puñetazos. De aquel entonces, conocí a Montoya, que cantaba bulería por lo bajini y calentaba que daba gusto el caballo para meternos un pico.</p><p>Estoy hablando de cuando palmaban los setenta. Ni se habían cargado a <strong>John Lennon</strong> todavía. A la carretera nacional le llamábamos El Secano, no me pregunten por qué. Y, en cierta forma y en algunos tramos, su asfalto gris que hervía en verano dividía dos Algeciras distintas; la de la gente de parné, o que aparentaba tenerlo, y la de los currantes, arracimados en barrios con casas de ladrillo visto sobre cañadas reales, como el de la Bajadilla donde yo vivía. De esa mitad del mundo, la de los desposeídos como decían algunos políticos con ganas de poseer, éramos Montoya y yo. Nos amigamos cuando aprendimos a dejar de darnos de hostias entre nosotros para darle los palos a los que tenían la manteca, la morterá, el fajo en el bolsillo y las entrañas de plasti.</p><p>Nos gastábamos el botín en el jaco. Un cinco por ciento de pureza, a ojo de buen cubero. El resto, matarratas o polvo de ladrillo. Yo siempre le había tenido jindama a las inyecciones pero me fascinaba el ceremonial con que el gitano preparaba la dosis: trincaba la cuchara, esperriaba el polvo por encima, lo mezclaba con agua y unas gotitas de limón y él decía que lo ponía al baño maría con su mechero bic de color naranja, que parece que lo estuviera viendo aún, tantos años después. Sobre aquella mezcla colocaba el filtro de un pitillo para quitarle la mierda antes de meterlo en la jeringa e hincárnoslo en un recoveco del patio Custodio, con cuidado de que no nos vieran algunos de los cuatro vecinos que quedaban allí.</p><p>También parábamos por Villa Medicis, el chalet abandonado que no quedaba muy lejos de la antigua Plaza de Toros, a la que habían demolido de la noche a la mañana para levantar un rascacielos que nunca llegó a construirse. Ahora el lugar donde se alzaba el coso donde tomó la alternativa <strong>Cara-Ancha</strong> y cantaba de vez en cuando <strong>Raphael</strong>, era un solar en donde alguna vez terminábamos entre los matojos cuando el mono nos empujaba a toda leche hacia las hipodérmicas como si en su punta metálica se abrieran las puertas del paraíso. El flipe era cantudo: te chutabas aquello y ya no eras tú, ni tu padre se había pirado con una golfa, ni la mama estaba coja de tanto limpiar escaleras ni había que hacer la mili por cojones ni nadie te negaba un curro de mierda con un salario de los de no salir de pobre nunca jamás. Vale que sintieras la boca seca y la piel como si te hubieras calentado demasiado con la estufa, pero flotabas en el aire y el sueño que sobrevenía era tierno, placentero, más como la caricia de una hermana que como la de una amante.</p><p>2. El calor del verano</p><p>A mi me alucinaba Villa Medicis, como un quiero y no puedo de palacio italiano, lleno de estatuas en cueros con las tetas perfectas y que no parecían tan hinchadas como las de las películas porno. La casa también era de cine, como si <strong>Clark Gable</strong> estuviera a punto de bajar por las escaleras y Escarlata O'Hara, como yo había visto en el Fuentenueva, estrujara un puñado de arena y gritase sobre un cielo rancio en <em>technicolor</em>: “A Dios pongo por testigo que no lograrán aplastarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, nunca volveré a pasar hambre, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!". Eso mismo hice yo, pero nunca me fié de que Dios fuera a prestar testimonio por mí.</p><p>Aquel lugar llevaba abandonado una pila de años. Los jaramagos y las enredaderas estaban convirtiendo en selva a los jardines mientras unas cuantas palmeras observaban desde su cima la ruina del caserío, la techumbre rota, la humedad devorando lentamente a las paredes desde donde entre desconchones emergían papeles pintados antiguos o agujeros que alguna vez, en mis alucinaciones, confundí con el espejo de Alicia y pretendí cruzar por alguno de ellos hacia el remoto país de las maravillas.</p><p>De aquel verano recuerdo el calor pegajoso, el poniente empapando las camisas y aplatanándonos todavía más que la droga. Nos sacamos unas perras Montoya y yo mangando monederos en el autobús del Rinconcillo, atestados de familias que buscaban la playa como una bombona de oxígeno. El calorro se ponía a cantar a capela por <strong>Camarón</strong>, por <strong>Porrina </strong>o por <strong>Bambino</strong>, en plena bulla –“corazón loco, que aún la nave del olvido no ha partido, te estoy queriendo tanto que te estoy acostumbrando mal”— y yo aprovechaba el señuelo para meter la mano en los bolsillos ajenos o en las cestas cargadas de cubos y palas de plástico, por donde emergía de tarde en tarde una cartera que llevaba nuestros nombres.</p><p>Por entonces, los aires acondicionados estaban en las tiendas finas, como Galerías Villanueva o Almacenes Mérida, de donde birlamos más de una vez bañadores o calcetines y Pepe Rebolo nos pilló y a pesar de que estaba entrado en carnes nos estuvo persiguiendo hasta el final de la calle Tarifa. El resto de la ciudad era un zumbido de ventiladores o de enormes pericones con que las abuelas se abanicaban todavía al relente, en graves mecedoras o en sillas de enea con las que buscar aire fresco en las noches de calma chicha.</p><p>Montoya y yo merodeábamos por los garitos de moda, aunque en más de uno nos echaran a cajas destempladas. El Zero Zero me refiero, el de Nono Serrano; o el Chaplin y el Galería; el London, no. Cuando Montoya se ponía melancólico dejaba el flamenco y comenzaba a canturrear boleros de <strong>Moncho</strong>. Y venga más naves del olvido y más “para que sepan todos, a quién tu perteneces/con sangre de mis venas/ te marcaré la frente”, que se había aprendido de memoria de tanto poner a toda leche un casette en cuya carátula se veía al gitano catalán con una pinta de haber disputado el campeonato mundial de los pesos wélter. Mi colega no cantaba cosas de payos y a mi me daba igual, porque ya que hablaba poco me consolaba tenerlo al lado, como un transistor, mientras yo iba a mi rollo, soñando que actuaba con <strong>Jimi Hendrix</strong>, sin saber que andaba metiéndome en un laberinto del que no iba a salir nunca, aunque años después la cárcel me alejara de la heroína y terminara, quién iba a decírmelo, dando clases de lengua en un colegio privado, qué cosas tiene la puta vida, qué cosas. Y qué de vueltas.</p><p>3. Gritos en la espesura</p><p>Una noche, de buenas a primeras, cuando íbamos a buscar cobijo en Villa Medicis nos encontramos allí con un mogollón de chaveas, un gentío en el que también asomaban algunos puretones que no hacían más que referir que había fantasmas en el chalet, que había pertenecido a un médico o que se yo que había matado a su mujer o alguien se había cargado a alguien o vaya usted a saber qué cosas. Ruidos raros, decían. Las litronas de Cruzcampo y los porros pasaban de una mano a otra, mientras los automovilistas intentaban driblar al personal como si pretendieran meter más goles que <strong>Kempes</strong>.</p><p>Entonces llegó la pasma: “Abran paso, abran paso”. Dos lecheras. Cuando empezaron a pedir la documentación, Montoya y yo nos dimos a la fuga por La Vinícola, no fueran a trincarnos con algo ajeno encima y tuviéramos que pasar la noche en la trena.</p><p>Al día siguiente, todo quisque hablaba de los ruidos raros, de unos gritos agudos, como si estuvieran despellejando allí dentro a una muchacha. Pero yo sabía de sobra que allí no había ninguna sábana flotante, que me había tirado demasiadas noches dentro, aunque fuera en mitad de un nirvana, como para no darme cuenta de que si hubiera monstruos o fantasmagorías, ya nos habrían devorado de sobra porque lo habrían tenido fácil con dos pringados como nosotros.</p><p>Pero la gente, acabados los cines y cerrados los bares, no tenía nada que hacer. Y hacía un calor de cojones. Y nos aburríamos de lo lindo en aquel pueblo al sur, a donde empezaban a llegar a mansalva los moros con coches enormes cargados de chatarra, familia y bicicletas, con la intención de cruzar hacia Ceuta o hacia Tánger. Anduve en trapicheos con algunos de ellos a los que estafé vendiéndoles como buenos unos pasajes con fechas ya vencida. Teníamos dinero caliente pero no había donde gastarlo, ni un <em>buga</em> a mano para hacerle un puente y largarnos a Marbella. Así que en los callejones procuramos costo y más polvo blanco, que nos quedamos boquerones de lo caro que estaba. Montoya y yo volvimos sobre nuestros pasos, hasta aquel paradero del maldito Secano que volvía a concentrar a una muchedumbre.</p><p>El señor alcalde llegó con el jefe de los maderos y otro de la policía local, vestido de uniforme de gala y con el pecho cargado de entorchados, con más medallas que el equipo olímpico de Estados Unidos. Como quiera que fuese no tuvieron cojones de cruzar más allá de la cancela verde y mohosa por la que yo solía trepar como un gamo. Allí no se escuchaba ni pío, quizá también porque la <em>basca</em> no dejaba de chamullar y los vecinos estaban todos en los balcones o en las ventanas abiertas entre un estrépito de televisores y emisoras de radio a toda leche.</p><p>Las autoridades competentes le estaban preguntando al <em>Tozmi</em>, que era un majara que andaba por las calles, si era verdad que él había escuchado algo y él asentía que si, que si, señor alcalde, que hay ahí sustos, señor comisario. Le despacharon con una palmada en la espalda y cerraron un círculo para deliberar. Miraron a la multitud y contemplaron a lo más granado de cada casa: unos cuantos yonquis y porretas, un puñado de parados y demasiados ociosos como para permitir aquel jolgorio en el que no faltaban rojos ni sindicalistas, aunque también abundaban pasotas que ya habían dejado de creer en la democracia antes de tenerla del todo.</p><p>—Hay que coger el toro por los cuernos—, le oí soltar al jefe de los grises, a los que ahora habían vestido de marrón.</p><p>Lo cierto es que tendrían que haber preparado la estrategia porque en un santiamén estaban allí los antidisturbios, armados con sus porras de reglamento, los cascos de astronautas y uno de aquellos escudos que le habíamos visto a los romanos en Ben Hur o en Espartaco. Como se lo barruntara Montoya, al que le habían dado más palos que una estera desde que era un pipiolo, acertamos a escondernos en el Garaje América, no muy lejos de allí, en tanto que los maderos empezaban a aporrear a diestro y siniestro como si aquello fuera una huelga de Acerinox.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan José Téllez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El fantasma de Villa Medicis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 110]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Recolectores de hierbas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/recolectores-hierbas_1_1158825.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/41bb2af5-bd4a-4734-b1dd-2aeacde7add5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Recolectores de hierbas"></p><p><strong>Gótico cantábricoMartín López-VegaLa Bella VarsoviaMadrid2017</strong><em>Gótico cantábrico</em></p><p>¿Quién es ese hombre? Esta pregunta nos zarandea desde el inicio de <a href="http://labellavarsovia.blogspot.com.es/2017/11/gotico-cantabrico-martin-lopez-vega.html" target="_blank">Gótico cantábrico</a>, el último libro de <strong>Martín López-Vega</strong> (Poo de Llanes (Asturias), 1975) publicado por La Bella Varsovia. El poemario, cuyo título remite al famoso cuadro de <strong>Grant Wood</strong>, <em>American Gothic, </em><em>protagonizado por una</em> austera pareja de granjeros estadounidenses, que se transmutan en el libro en los bisabuelos del autor, bucea en la genealogía del poeta asturiano, adentrándose de manera introspectiva en un paisaje íntimo y sentimental, con el objetivo último de, partiendo de la memoria de sus ancestros, buscarse, cuestionarse el eterno quién soy, indagar en un yo fragmentado, que, a la manera <em>machadiana</em>, dialoga con su tiempo y que alcanza a hacernos partícipes de su reflexión sobre la conciencia del ser. “En lo único que me parezco a todos los que fui/ es en aquello que ninguno de nosotros ha entendido/todavía.”</p><p>La imbricación de lo íntimo con lo colectivo, la capacidad de llegar a lo universal partiendo de las particularidades del individuo es una de las características más sobresalientes de López-Vega, autor de varios libros de poemas resumidos en <em>Retrovisor. Poemas elegidos</em> (Papeles Mínimos, 2013), <em>La eterna cualquiercosa</em> (Pre-Textos, 2014),  <em>Extracción de la piedra de la cordura</em> (DVD, 2006) además de diversas antologías y libros de ensayo, entre los que destacamos el más reciente <em>Obreros de la luz. Los poetas de la duración y la elegía posmoderna</em> (Saltadera, 2017).</p><p>El universo rural, el eco de un tiempo “en el que la cocción / se medía en oraciones (los percebes, un padrenuestro)” recorren los versos del poemario y susurran en un presente convulso, en una Europa en la que <em>escupimos a Hegel,</em><strong>Hegel</strong> “que no se reconoce en los mapas, sino en los iguales aperos de los campesinos,/en sus mismas labores, en su olvido.”</p><p>El tono elegíaco de los poemas de <em>Gótico cantábrico</em> huye de los convencionalismos y apuesta por la necesidad de entender que uno es todos los lugares en que ha estado, y que lleva consigo <em>a todas las personas de su vida, </em>por la necesidad de negociar con ese yo, que va dejando marcas en el tiempo<em> “</em>para reconocernos cuando ya fuéramos otros<em>” </em>y que <em>“</em>entiende sólo el adolescente/ que llevamos encerrado dentro, le hacen daño/y no se atreve a contarnos nada<em>”.</em><strong> </strong>En esa búsqueda del yo, de nuestros múltiples yo, el olvido juega un papel importante y “También hay chernóbiles de la mente, /zonas que evacuamos hace tanto / que ya ni siquiera sabemos de su existencia” .</p><p>Además del universo familiar, la herencia de hombres, que se fueron haciendo hombres sin saber cómo ser y mujeres que temían estar <em>en corriente</em> y la infancia en la que uno crece sintiéndose distinto y solo, el amor y la amistad son algunos de los temas de los poemas que conforman este libro que rememora viajes, a otros lugares y  hacia el interior de uno mismo, y dialoga con los referentes que las diferentes tradiciones le ofrecen. También algunos de los poemas de <em>Gótico cantábrico,</em> como la “Égloga Novena de Miklós Radnóti”, reflexionan sobre la poesía y la defienden frente a la barbarie: “La poesía no sólo es sentido, la poesía no es sólo presencia en la ausencia y ausencia en la presencia, la poesía también es pan y agua”.</p><p>La poesía de Martín López-Vega, marcadamente narrativa, se deshace de las ataduras formales y nos plantea una pregunta tras otra. A través de una potente voz personal, la  solidez de su palabra poética, atenta al detalle, nos regala imágenes que nos permiten penetrar en la esencia de las cosas, y trascender la crudeza de la cotidianidad: “Pasamos la aspiradora por lo mismo / que escribimos poemas, por lo mismo que follamos: / para eliminar polvo, herrumbre, el fluido /de la podredumbre que es a la vez cuanto somos / y en lo que nos ahogamos”.</p><p>La intensidad de <em>Gótico cantábrico</em> nos recorre y nos invita a subir a “O comboio dos cépticos otimistas” y a saber que “somos quienes recolectamos hierbas/ que crecen en los pocos días felices, y las prensamos/ —sólo una vez que el día ha pasado—/ para guardarlas en bolsitas que infusionar después/ en los días corrientes, para que así sepan también/ a verano y a Roma, a pasiflora y salitre, a alegría y ocle”.</p><p><em>*Mònica Vidiella es profesora de Literatura.</em><strong>Mònica Vidiella</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella]]></author>
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      <title><![CDATA[El cuerpo y la música]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cuerpo-musica_1_1158824.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Teresa Gómez</strong></p><p><em><strong>La espalda de la violinista</strong></em></p><p><strong>Prólogo de Ángeles Mora</strong></p><p><strong>Fundación José Manuel LaraSevilla2018</strong></p><p>Dentro del excelente prólogo que <strong>Ángeles Mora</strong> ha escrito para este libro de poemas de <strong>Teresa Gómez </strong>(Puebla de don Fadrique, Granada, 1960), encontramos la explicación del título que nos ofrece la propia autora: en un concierto celebrado en el auditorio Manuel de Falla de Granada, Teresa Gómez observa a la violinista <strong>Viktoria Mullova </strong>y se fija en “la danza de pequeños músculos de su espalda que intervenían para hacer posible un resultado sonoro que aparentaba fluir sin esfuerzo alguno, sin técnicas ni recursos, llegando directo al corazón (…). Supe que había encontrado el título para mi libro, dado que trabajo mis poemas sin descanso en busca de simplicidad. Todo debe hacerse lo más simple posible, pero no más sencillo, dijo<strong> Albert Einstein</strong> y creo que también vale para la poesía”.</p><p>A pesar de que este sea, en sentido estricto, su primer libro, Teresa Gómez empezó a publicar poemas en los años ochenta, cuando surgió la propuesta de “La otra sentimentalidad”; de hecho, varios fueron recuperados en la antología que con ese mismo título editó <strong>Francisco Díaz de Castro</strong> en la misma colección Vandalia (2003). A propósito del libro inédito <em>Plaza de abastos</em>, <strong>Juan Carlos Rodríguez </strong>escribió en 1986 un texto recogido después en <em>Dichos y escritos (Sobre la otra sentimentalidad y otros textos fechados de poética)</em>. Decía allí: “Porque Teresa consigue en su poética una maravilla insólita, pero siempre necesaria en cualquier día, y mucho más en los nuestros: <em>crear una auténtica metafísica del cuerpo</em>. Con una tristeza indeleble: el cuerpo siempre se va, siempre se escurre entre las manos, y no sólo el cuerpo del otro, sino el propio”.</p><p>El cuerpo y la música constituyen dos ejes importantes en <em>La espalda de la violinista</em>. Teresa Gómez divide el libro siguiendo unas pautas musicales: un preludio y tres movimientos, “<em>Allegro con spirito</em>” (dividido, a su vez, cuatro apartados: “Palabras en la piel”, “Tu silencio”, “La noche” y “Si…”), “<em>Largo ma non tanto</em>” y “<em>Finale presto</em>”. Señala con acierto Ángeles Mora que desde las dos citas iniciales –de <strong>Ángela Figuera Aymerich</strong> y de <strong>Pessoa</strong>/ Alberto Caeiro- “estamos viendo lo que nos quiere contar y cantar este libro: la realidad que nos duele, que nos preocupa, que nos mancha”. Y se refiere también a la importancia del encuentro con el otro, que puede significar también el encuentro con uno mismo -o la constatación de la ausencia, como veremos.</p><p>Me llama la atención el valor de la expresión condicional en este libro, que nos adentra en el terreno de la hipótesis, ya desde el poema “Licor y chocolate” (“De haber sabido que vendrías…”) o el poema VI de “Palabras en la piel” (“Si estuvieras aquí, si vieras”), hasta el apartado “Si…”. Es una sensación de inseguridad (o mejor, de relatividad) que afecta al núcleo del libro. La soledad, el silencio, la ausencia buscan sus metáforas en las ciudades (semáforos, cines de verano, esquinas, avenidas: “…se fue poniendo rara la ciudad”), pero también en los paisajes de mar (“Pregunta en el puerto/ dónde está mi nombre,/ dónde mi destino.// Búscame en la arena,/ en aquellas peñas,/ en aquellas olas que trae el horizonte,/ muy cerca del cabo,/ cerca de tus redes”); la ausencia se identifica con una luna nueva –invisible, por tanto- al margen del camino.</p><p>Las palabras se instalan en la piel, se enfrentan a los silencios (de hielo o de fuego: el contraste funciona en muchas imágenes de este libro) o atisban un “gesto de luz” en el horizonte. Y las imágenes que fluyen con intensidad son el correlato del sentimiento: “Si no tuviera que fingirte más,/ si ya hubieras llegado para inventar la noche,/ si estuvieras aquí.// Hay caballos oscuros/ —si vieras—/ sobre los ojos verdes de los puentes/ donde los gatos buscan los peces desde el alba” (VI). Por momentos, se observan ciertas conexiones con los poemas de <em>Plaza de abastos</em>, especialmente “Subasta en mi ventana” (que fue también el título de una breve antología de Teresa Gómez publicada en 2000 por Cuadernos del Vigía), “Quizá”, “Un equipaje demasiado ajeno” o “El agua es gratis para los tristes”. “Palabras en la piel” se cierra con una evocación del poeta <strong>Javier Jurado</strong>: “Aquí tengo tu ausencia/ quemándome las plazas y los bares/ en los que nunca más te encontraré.// Aquí mi rabia,/ aquí mi corazón desconcertado y necio,/ atisbando palabras, o gestos, o silencios/ que pudiera entregarte ya tan tarde,/ tan desdichada y ferozmente tarde”.</p><p>En los apartados “Tu silencio” y “La noche” vuelve a ser protagonista la soledad, que “se cierra como un libro” y es evocada a veces con imágenes siniestras (“La noche es esa vieja que se acuesta conmigo”) o sensoriales (el tacto: “Tengo un tacto de arena doliéndome en las piernas,/ tu deseo./ Mi corazón se agolpa en esta playa”), hasta llegar al magnífico poema V de “La noche”, una perfecta síntesis de musicalidad y potencia imaginativa. Los escenarios marítimos –no podemos olvidar la referencia de <em>Troppo mare</em>, de <strong>Javier Egea—</strong> vuelven a aparecer en los poemas del apartado “Si…”, sobre todo en “Fuga” (“Tus dedos/ navegaron por mi pelo/ desatando mareas/ provocando naufragios/…/ La espuma y los sargazos asediaron la orilla/ trazando las señales de rutas imposibles/ en un mapa inundado”), mientras que en “Destino de nómada”, “Plata en el horizonte”, “La hiedra y la sombra” o “Cinco minutos nada menos” se constata nuevamente aquella dialéctica en torno al cuerpo que señalaba Juan Carlos Rodríguez; “Círculo cromático” recurre a la sinestesia simbolista/ modernista para asociar distintos colores a ideas, conceptos y sentimientos.</p><p>Cierran <em>La espalda de la violinista</em> los tres poemas en prosa de “<em>Largo ma non tanto</em>”, que abordan en un tono más narrativo el análisis de los sentimientos, y un “<em>Finale presto</em>” que condensa una poética: Teresa Gómez quiere encontrar palabras que iluminen la oscuridad, el miedo, el desaliento, que puedan “contar el mar” de otra manera, pero que no ignoren el dolor ni las tragedias cotidianas “en el mapa mojado del azar”. Un libro necesario <em>La espalda de la violinista</em>, y mucho más cuando su autora no se dio a conocer en el momento en que le correspondía por extrañas circunstancias del mundo editorial.</p><p><em>*Antonio Jiménez Millán es poeta y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Antonio Jiménez Millán</strong><a href="http://www.editorialrenacimiento.com/antologias/1742-ciudades.html" target="_blank">Ciudades (Antología 1980-2015)</a><em> (Renacimiento, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio Jiménez Millán]]></author>
      <media:title><![CDATA[El cuerpo y la música]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Los diablos azules número 110]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un Rousseau privado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rousseau-privado_1_1158820.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f7104fa1-0ffc-4e64-86d9-8f62ac89a468_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un Rousseau privado"></p><p><strong>Escritos, 1884-1914Henri RousseauLa microMadrid2017</strong><em>Escritos, 1884-1914</em></p><p>  </p><p>La editorial La micro ha publicado un nuevo número de su imprescindible colección Escritos de artista con el que nos podemos aproximar, en este caso, a la figura del pintor francés <strong>Henri Rousseau</strong> (Laval, 1844-París, 1910).</p><p>La micro no solo cuida los aspectos textuales de su edición, también los materiales. De hecho, lo primero que descubrimos es un libro de pequeño formato (11,5 x 15,4 cm) con solapa troquelada. Siguiendo el valor estético del tamaño –<strong>Susan Stewart</strong> teorizó sobre la capacidad de la dimensión de los objetos para comunicar determinadas funciones sociales; así lo grande transmite aspectos que se asocian con lo exterior mientras que lo pequeño revela interioridad y se relaciona con el espacio privado (2003)–, el ejemplar nos dispone para la lectura de unos escritos intimistas que han sido traducidos por <strong>Guido Sender</strong>.</p><p>La primera parte de esta edición recoge distintas clases de documentos del yo. Se inicia con una nota autobiográfica redactada para el segundo volumen de <em>Portraits du prochain siècle</em> en la que el propio artista destaca algunas de sus obras. Se continúa con una entrevista que mantuvo con el crítico de arte <strong>Arsène Alexandre </strong>en 1910. Este diálogo recoge confesiones significativas para la trayectoria del pintor: "Me habría gustado –expresa Rousseau– entrar en un taller de la Escuela de Bellas Artes. Pero con cuarenta años había superado el límite de edad..." (p. 20). Además, las palabras de esta entrevista reflejan los procesos creativos del artista: "Yo siempre <em>veo</em> un cuadro antes de pintarlo [...] Solo que, mientras lo pinto, encuentro cosas que a mí mismo me sorprenden y me causan mucho placer" (p. 20). Las descripciones de Alexandre permiten, por su parte, conocer los intereses pictóricos de Rousseau –tenía, por ejemplo, reproducciones de <strong>Watteau </strong>o de la escuela boloñesa en su taller– e intentan apartarse de los lugares comunes que rodean a este personaje –se incide en que no debe ser llamado aduanero, pues era recaudador de aduanas (p. 18)–.</p><p>Así, estos documentos del yo ofrecen una perspectiva más humana que lucha contra la caricatura histórica y muestra una visión menos heroica del arte. En la correspondencia epistolar reunida en este libro nos acercamos a un Rousseau que intenta ganarse la vida y abrirse camino en el mundo del arte, promueve su obra, establece contactos y pide favores: en una carta dirigida en 1893 al Presidente de la República solicita su intercesión para obtener un puesto de profesor de dibujo y pintura en alguna institución pública; en otra redactada en 1898 que tiene como destinatario al alcalde de Laval le sugiere que compre su cuadro titulado <em>La gitana dormida</em>. Las misivas también evidencian las relaciones artísticas del pintor que escribe al crítico <strong>André Dupont</strong>, al creador<strong> Ardengo Soffici </strong>o al marchante <strong>Ambroise Vollard</strong>. <strong>Guillaume Apollinaire</strong>, a quien conoció en 1906 a través de <strong>Alfred Jarry</strong> y quien le encargó un retrato junto a la artista<strong> Marie Laurencin</strong>, tiene un peso muy representativo tanto en esta correspondencia como en la segunda parte de este volumen, donde se reúne una selección de crónicas artísticas publicadas en <em>Je dis tout</em>, <em>L'Intransigeant</em>, y <em>Les Soirées de Paris</em> de 1907 a 1914. Apollinaire escribió sobre Rousseau en diversas ocasiones con motivo de los acontecimientos culturales del momento en los que participó el pintor como el Salón de Otoño o el Salón de los Independientes. Fue Apollinaire quien encargó al crítico Maurice Raynal un texto para el número especial de <em>Les Soirées de Paris</em> dedicado a Rousseau. Este texto, que sirve de cierre al volumen, relata el conocido como "Banquete" Rousseau, homenaje ofrecido al artista en 1908 por diferentes personalidades del París de la época.</p><p>El pintor de Laval solía acompañar sus lienzos de leyendas o versos que escribía en tablillas y que, posteriormente, situaba debajo de los marcos. Según confesó en la entrevista mencionada más arriba, esta práctica se debía a que los "cuadros necesitan una explicación" (p. 17). En este sentido, es un acierto que en la edición de estos escritos se incluyan veintiséis reproducciones de las obras de Rousseau a las que se alude en el texto, estableciendo un diálogo entre palabra e imagen, ofreciendo a la lectora o al lector la posibilidad de leer las palabras y mirar las imágenes o, si se prefiere, de mirar las palabras y leer las imágenes.</p><p>Estos <em>Escritos, 1884-1914</em> nos descubren detalles de la intrahistoria artística que, a modo de puntos geográficos de un mapa, nos permiten conocer nuevos territorios con los que recorrer la trayectoria de un pintor fundamental, complejo e insólito como Henri Rousseau.</p><p><em>*Irene García Chacón es doctora en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid.</em><strong>Irene García Chacón </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Irene García Chacón]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un Rousseau privado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Artistas,Libros,Los diablos azules número 110]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida en los libros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vida-libros_1_1158817.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d3edb85d-7300-4a7e-845d-d7e911341147_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida en los libros"></p><p><strong>Breviario de escoliosNicolás Gómez DávilaPrólogo de José Miguel SerranoSelección de Gonzalo Muñoz y José Miguel SerranoAtalantaGerona2018</strong><em>Breviario de escolios</em></p><p>  </p><p>Si les digo que <strong>Gómez Dávila</strong> era un escritor católico y reaccionario, muy crítico con la democracia, nadie se tomará la molestia de leerlo. Pero al presentarlo así, tampoco les proporcionaría una descripción justa, pues era, además, un profundo conocedor de la historia, de la filosofía y de la literatura (“Las estéticas <em>modernistas</em> han sido un invento de escritores reaccionarios: <strong>Balzac</strong>, <strong>Baudelaire</strong>, <strong>Eliot</strong>”, p. 63), de las artes, en general, así como de los resortes del lenguaje y de la prosodia. Y sobre todo fue un hombre de pensamiento libre, complejo y sutil, desilusionado con el mundo moderno, con su vulgaridad, con el progreso (“Dudar del progreso es el único progreso”, p. 52) y los avances técnicos (“Otras épocas quizá fueron vulgares como la nuestra, pero ninguna tuvo la fabulosa caja de resonancia, el amplificador inexorable, de la industria moderna”, p. 49), sin afán apologético alguno y enemigo del patriotismo, que les invita a reflexionar, aunque a menudo no estés de acuerdo con sus reflexiones. Gómez Dávila fue un ser inclasificable, al que se ha tachado de <em>raro</em>, <em>solitario</em>, <em>aristocrático</em>, <em>elitista</em>, <em>secreto</em>..., y siendo todo ello cierto, no es al fin y a la postre toda la verdad, pues fue un hombre tolerante y modesto, en busca siempre de la lucidez.</p><p>El caso es que en estos últimos años su obra ha tenido una cierta repercusión entre nosotros, aunque debería haber cosechado mucha más porque se trata no solo de uno de los mejores aforistas del mundo hispánico sino también de la tradición occidental, hasta donde uno pueda conocerla. No en vano ha sido traducida y recibida con aceptación en las principales lenguas occidentales. Sus mayores valedores han sido los estudiosos alemanes:<strong> Martin Mosebach, Ernst Jünger </strong>o <strong>Botho Strauss</strong> (la primera traducción al alemán data de 1987 y apareció en Viena); el italiano <strong>Franco Volpi</strong> y, en el mundo hispánico, su amigo y contertulio <strong>Álvaro Mutis</strong> y, posteriormente, <strong>Fernando Savater</strong>. A los que hay que sumar ahora los responsables de esta nueva edición, pues Serrano, además, le ha dedicado una monografía (<em>Democracia y nihilismo. Vida y obra de Nicolás Gómez Dávila</em>, Eunsa, Pamplona, 2015), que siento no conocer.</p><p>Nació en 1913 en Bogotá, en una familia de comerciantes y financieros, de banqueros. Pasó su infancia y adolescencia en París, estudió en un colegio de benedictinos, y no volvió a Colombia hasta 1936, cuando ya tenía 23 años. Asimismo, no regresó a Europa hasta 1949, cuando la recorre junto a su mujer durante seis meses. Un año antes había formado parte de los fundadores de la Universidad de los Andes. Sea como fuere, nunca volvió a salir de Colombia, quizá por la decepción que este último periplo le produjo, al recorrer la Europa destruida por la Segunda Guerra Mundial.</p><p>Su existencia rutinaria (“Que rutinario sea hoy insulto comprueba nuestra ignorancia en el arte de vivir”, p. 48) transcurrió entre su casa bogotana en El Nogal –su casa de la vida, a la manera de Mario Praz— y la finca Canoas Gómez en Soacha, atendiendo a los negocios familiares y acudiendo al Jockey Club, pero sobre todo leyendo y escribiendo en su muy bien nutrida biblioteca de treinta mil volúmenes, hoy custodiados en la Biblioteca Pablo Arango de la capital colombiana, además de charlando con sus amigos: <strong>Álvaro Mutis, Ernesto Volkening</strong> (lo recuerdo como el autor de uno de los primeros ensayos que pude leer, a comienzos de los setenta, sobre García Márquez). Siempre al margen de la vida literaria de su ciudad. Se casó con <strong>Emilia Nieto</strong>, con quien tuvo tres hijos, los cuales se han ocupado de la difusión de sus obras.</p><p>Entre sus autores preferidos se encuentran los que él denomina “los derrotados”: como son<strong> Homero, Tucídides, Platón</strong> (“En todo reaccionario Platón resucita”, p. 62), <strong>San Agustín, Montaigne, Pascal</strong>, el <strong>cardenal de Retz, La Rochefoucault, Rousseau, Rivarol, De Maistre, Schopenhauer</strong>, pero también <strong>Quevedo, Gracián, Chateubriand, Nietzsche</strong> o <strong>Dostoyevsky</strong>. En cambio, en otro aforismo escribe: “<strong>Helvetius, Holbach, Sade, Bentham, Marx, Freud, Sartre </strong>–la pléyade de arcángeles sombríos, el canon clásico de mis imposibilidades absolutas” (pp. 14, 18, 19 y 61).</p><p>Se ha calculado que Gómez Dávila compuso unos diez mil aforismos publicados entre 1977 y 1992, con el título genérico de <em>Escolios a un texto implícito</em>, al que se ha añadido como subtítulos los de <em>Nuevos</em> y <em>Sucesivos</em>, aunque existan dos raras ediciones anteriores, de 1954 y 1959, tituladas <em>Notas</em>, la mexicana, y <em>Notas, 1</em>, la colombiana.</p><p>Respecto al título, no se trata de un breviario, y solo pueden considerarse <em>escolios</em>, anotaciones marginales a un texto, en su sentido metafórico. Pero cabría decir que estos provienen del incesante diálogo que mantuvo con la tradición filosófica y literaria occidental. Aunque también la vida tenga un papel esencial en su literatura: “El tránsito de un libro a otro se hace a través de la vida” (p. 50). No le gustaba el concepto de <em>aforismo</em>: “El lector no encontrará aforismos en estas páginas./ Mis breves frases son los toques cromáticos de una composición pointilliste” (p. 31). Le sorprenderá al lector que a veces denoste a los <em>bobos</em>, <em>tontos</em> e <em>imbéciles</em>..., pero si de algo no tenía miedo era del significado social de las palabras, de los calificativos.</p><p>Se trata de una muy esmerada edición, como son todas las de esta casa editorial, en tapa dura, que al prólogo clarificador suma un imprescindible índice onomástico y de materias. Conocí la obra de Gómez Dávila durante mis estancias en Berlín, en conversaciones con el profesor <strong>Sebastian Neumeister</strong>, con quien compartí despacho en la Freie Universität, y oyendo a Franco Volpi y Fernando Savater en el Instituto Cervantes de la capital alemana, cuando estos centros estaban vivos. Estoy hablando del año 2007. Allí mismo adquirí una edición colombiana de 1986, en dos volúmenes, que es la que había manejado hasta ahora. Pero quizá quien se le parezca más de entre nosotros sea el sabio <strong>Carlos Pujol</strong>.</p><p>Acabo. En una reseña que <strong>Juan Malpartida</strong> le dedicó al citado ensayo de Serrano sobre nuestro autor, concluía que Gómez Dávila acabaría siendo con el tiempo un “maravilloso cadáver exquisito”. Al paso que vamos, bien sea por el auge del género en España y por la nueva reedición de sus obras, el pronóstico tiene el viso de no cumplirse. Claro que tampoco esto es una reseña, sino una invitación a la lectura.</p><p><em>*Fernando Valls es crítico literario y profesor de Literatura.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La vida en los libros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 110]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lectura tiene un plan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lectura-plan_1_1158813.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4cb8937b-dde3-436f-9591-60bd43e77c5b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lectura tiene un plan"></p><p>Abril y mayo son meses en los que florece el amor por la lectura. Días de libros y rosas, encuentros con lectores y ferias del libro en las ciudades. Su reflejo en los medios nos hace olvidar que más de un 40% de los jóvenes dicen no leer “porque no les gusta” y que los índices de lectura son muy bajos en los territorios y clases sociales que más los necesitarían.</p><p>“El tiempo de leer, como el tiempo de amar, dilata el tiempo de vivir”, escribió <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Daniel_Pennac" target="_blank">Daniel Pennac</a>, pero cada vez tenemos menos tiempo para leer. Los horarios del mundo de hoy se han reducido tanto para la lectura profunda (generalmente en papel) que –paradójicamente— leyendo más, se lee menos o peor.  Leemos en el móvil, <em>tablet </em>o en el ordenador mensajes a cien por hora, una lectura hiperactiva e intermitente, saltando sobre palabras o fragmentos escritos como si quemasen, sin saborearlos, sin que se queden en nuestra memoria profunda… Olvidándonos al final del día de esa “saturación digital”, a excepción apenas de algún <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Meme" target="_blank">“meme”</a> irónico rescatado entre segundos de nuestro tiempo de trabajo y ocio.</p><p>Parece que leer no estuviese socialmente de moda, frente al culto al cuerpo tan sobrevalorado; que la lectura y la cultura fuesen cuestión de tribus minoritarias o de culturetas con ego; o que es un hábito del pasado y en retroceso. ¡Qué cantidad de prejuicios para una causa tan noble como, sencillamente, defendible!</p><p>La evolución cultural de la humanidad fue posible, especialmente, gracias al lenguaje, y se aceleró exponencialmente cuando este supo construir narraciones y las pudo escribir, cuando las pudo multiplicar a través de los libros impresos y cuando convirtió el conocimiento en ciencia, en democracia y en derechos humanos.</p><p>“La lectura es una necesidad social de la que va a depender nuestra relación con el lenguaje, nuestra comunicación con los demás y la calidad de la democracia”, como ha escrito <strong>José Antonio Marina</strong>, en un hermoso manifiesto titulado <a href="http://leerdistingue.es/elogio-de-la-lectura/" target="_blank">“Elogio de la Lectura”</a>, por eso los dictadores la prohíben y los regímenes neoliberales no la favorecen como un elemento esencial del pensamiento crítico. Por el contrario, los países que tienen índices más altos de lectura están entre los que mejores resultados educativos ofrecen en las pruebas PISA, y entre los de mayor <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Dndice_de_desarrollo_humano" target="_blank">índice de desarrollo humano</a>, generalmente con un <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Coeficiente_de_Gini" target="_blank">coeficiente de Gini</a> de más igualdad entre sus habitantes.</p><p>Quienes creemos que sin lectura no hay cultura, y que esta es la bisagra perfecta para una mejor educación y una cultura de más calidad, proponemos planes locales para el fomento estratégico de la lectura, con resultados evaluables en unos pocos años. Nuestra propuesta, planteada como una movilización local desde la Universidad de Padres online, se basa en una experiencia local, el<a href="http://docplayer.es/3354764-Plan-integral-para-el-fomento-de-la-lectura-y-la-comprension-lectora-en-la-ciudad-de-alcala-de-guadaira-sevilla.html" target="_blank"> Plan Integral para el  Fomento de la Lectura y la Comprensión Lectora de Alcalá de Guadaíra</a> (Sevilla) —promovido por José Antonio Marina y su ayuntamiento en 2008. Pese a haber quedado interrumpida por la crisis económica en 2010, esta experiencia y su documento base se ha ido extendiendo por Internet, y ha despertado el interés de la revista <a href="http://www.revistaclij.com/tienda2/revista/clij-279-septiembre-octubre-2017-edicion-papel/" target="_blank">CLIJ</a>, que ha publicado una síntesis de ese plan en su número 279, y traspasó fronteras, al habérseme invitado a exponerla en el <a href="https://www.youtube.com/watch?v=bzahDM-cTV8" target="_blank">X Congreso de Promotores de Lectura  de Medellín (Colombia),</a> ciudad que ha hecho de la lectura y la educación dos acciones estratégicas clave para su desarrollo local.</p><p>Leer es un hábito individual, pero su efecto es profundamente social, porque es semilla y fruto de una sociedad mejor. Si los planes estatales o comunitarios son complejos, y apenas se quedan en campañas de marketing con poca incidencia, nuestra propuesta es hacer planes locales, pueblo a pueblo, barrio a barrio, ciudad a ciudad, como experiencias piloto. Por supuesto, no sería posible sin la complicidad de diferentes agentes unidos por un mismo proyecto. ¿Tan difícil sería coordinar la labor de ayuntamientos y asociaciones, de bibliotecarios y clubes de lectura, de maestros de primaria y profesores de literatura, de creadores y gestores culturales, de librerías y de educadores sociales, de colectivos pedagógicos y de AMPAS…  por contagiar el valor, el placer y los logros del hábito lector?</p><p>Quiero dejar constancia de mi pasión por la lectura porque he enseñado a leer a niños como maestro de escuela y ahora la promuevo entre las familias como tutor de padres en la <a href="https://universidaddepadres.es" target="_blank">Universidad UP</a> , ejerciendo al mismo tiempo de modesto editor y escritor. Como creativo he puesto en marcha una campaña de marketing social, <a href="http://leerdistingue.es" target="_blank">“Leer distingue”,</a> en la que lectores anónimos <a href="http://leerdistingue.es/category/cara/" target="_blank">“dan la cara por los libros”.</a> Fui el redactor y el coordinador del plan local de Alcalá de Guadaíra y creo, sinceramente, que esta experiencia podría replicarse en nuevos planes con una estructura parecida (6 líneas estratégicas, 30 programas posibles y 60 acciones), puesta en marcha por con un Consejo Local de Coordinación de unas diez o doce personas y con un apoyo social de un centenar de colaboradores, aunque en municipios más pequeños podría ajustarse a sus posibilidades. Pero, ¿por qué promover con urgencia la lectura como una necesidad social?</p><p>Porque es ahora, más que nunca, en la llamada <a href="http://universoup.es/1/explorandoelhorizonte/la-sociedad-del-aprendizaje/" target="_blank">sociedad del aprendizaje</a>, cuando necesitamos fomentar una ciudadanía lectora, educada y culta, curiosa, creativa e innovadora para generar un modelo productivo y social nuevo, más sostenible, dinámico y equitativo. Recuerden que hay una fórmula demostrable (aunque eso exigiría otro artículo) por la que podemos asegurar que la lectura desarrolla la imaginación, esta posibilita la creatividad y esta última puede generar innovación (creadores, emprendedores sociales e innovadores tecnológicos).</p><p>¿Qué nos impide –a todos los que amamos los libros– conocernos, tejer redes y asumir esta causa por la lectura, tan común como progresista, tan local como escalable?</p><p><strong>*Pedro Molino </strong>es educador de la Universidad de Padres online, promotor de lectura y editor.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Molino]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 110]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fascinante luz de la poesía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fascinante-luz-poesia_1_1158810.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><em>Recogemos el prólogo de Ángeles Mora a </em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-espalda-de-la-violinista/266015" target="_blank">La espalda de la violinista</a><em> (Fundación José Manuel Lara, 2018), poemario de Teresa Gómez.</em></p><p>______________</p><p><strong>IGenealogía de un sueño“La otra sentimentalidad”</strong></p><p>Antes de detenernos en <em>La espalda de la violinista</em>, el muy singular y magnífico libro al que dedico este prólogo, me parece muy interesante tratar de evocar aquí, brevemente, a la<strong> Teresa Gómez</strong> que comenzó por escribir su primer libro: <em>Plaza de abastos</em>, dentro de aquella propuesta poética que se llamó “La otra sentimentalidad”. </p><p>La conocí a principios de los años 80, en la Facultad de Filosofía y Letras, cuando ambas estudiábamos Filología Hispánica: hablábamos mucho de literatura, poesía, cine, música… y, junto con otros compañeros, tratábamos de comprender el pensamiento del profesor<strong> Juan Carlos Rodríguez</strong> a través del análisis de su libro <em>Teoría e historia de la producción ideológica</em> (Akal, 1974). En sus clases fuimos aprendiendo a leer los textos de otra manera, indagando en el inconsciente que los sostenía, los producía. También a no dar el yo por presupuesto, a pensar que somos producto de una determinada concepción histórica de las relaciones sociales, de una ideología que nos entra, desde que nacemos, por la misma piel: los sentimientos son históricos y por lo tanto se pueden cambiar, se puede ser y vivir de otra manera.</p><p>  </p><p>Eran tiempos de esperanza. En todo el país existía un aire de progresía que parecía fresco, aires de libertad, tras la dictadura. Eran los años de la Movida. Juan Carlos Rodríguez, desde el marxismo, decía que eso, aquella progresía sin sustancia, no nos llevaba a ningún sitio (y no se equivocó, por lo que estamos viendo y viviendo ahora). En ese momento nosotros teníamos otros sueños: por entonces en Granada se estaba fraguando La otra sentimentalidad, impulsada por <strong>Álvaro Salvador, Luis García Montero</strong> y <strong>Javier Egea</strong>, amigos y alumnos también de Juan Carlos Rodríguez. Era un intento de escribir una poesía materialista, donde poder analizar y poner al descubierto nuestras contradicciones. Se trataba de la necesidad de encontrar un lenguaje “otro” donde poder verdaderamente decir “yo soy”. Un intento de romper con ese inconsciente que nos domina, que aprendemos desde que tomamos la leche materna. Las mujeres lo intentamos desde nuestra particular condición, desde las circunstancias especiales de nuestro estar en el mundo. Nunca saldremos de la trampa ideológica en que vivimos si no rompemos las dicotomías que plantea la burguesía capitalista: privado/ público, razón/ sensibilidad. En ese sentido nosotras lo teníamos peor, porque siempre fuimos destinadas a lo privado y a la sensibilidad, frente a lo público y la razón, que eran del hombre. Pero el hecho es que si nos quedamos en el yo que nos construye el inconsciente de la familia, las relaciones sociales, etc., nunca –ni hombres ni mujeres— romperemos esta historia de explotación en la que vivimos.</p><p>Álvaro Salvador, Luis García Montero y Javier Egea, pues, fueron los que iniciaron aquella aventura, a la que Teresa Gómez y yo nos adherimos y, un poco más tarde,<strong> Inmaculada Mengíbar</strong>. También <strong>Antonio Jiménez Millán</strong>, desde Málaga, estaba en ello y poco a poco se fueron uniendo algunos más. Pero la aventura, en realidad, aunque nos dio mucha luz, nos hizo reflexionar y ahondar en nuestro mundo poético y en la interpretación de la sociedad en que vivimos y, particularmente a las mujeres nos dio fuerza para no sentirnos en un lugar subalterno, la aventura, digo, no duró mucho en los términos y la ambición que tuvo en un principio. No solo porque era difícil abrir ese nuevo camino, sino porque poco a poco La otra sentimentalidad se fue diluyendo en la llamada “Poesía de la experiencia” (que, por otra parte, también estaba en el fondo de nuestros procedimientos poéticos). Sin duda, en nuestro país, en aquellos tiempos, muchos poetas necesitaban una mirada nueva sobre el mundo, una escritura nueva, apartándose del culturalismo o el esencialismo, por eso fueron confluyendo como afluentes en ese río poético, en aquella propuesta atractiva que surgió en Granada, ensanchándola y arrastrándola de alguna manera.</p><p>A partir de entonces los y las poetas que nos habíamos enrolado en el barco de La otra sentimentalidad aparecimos, como por encanto, en la tripulación del gran trasatlántico que llevaba el nombre de “Poesía de la experiencia”. Pero en  realidad, creo que cada uno de los poetas que formamos parte de aquél núcleo granadino, siguió luego –como no podía ser de otro modo— su propio camino, según le dictó su conciencia del mundo y de la poesía.</p><p>Juan Carlos Rodríguez dedicó un importante prólogo, que precedía al libro <em>Dichos y escritos (Sobre la otra sentimentalidad y otros textos fechados de poética) (</em>Hiperión, 1999), a explicar aquella coyuntura histórica: lo que duró La otra sentimentalidad y cómo se fusionó con la “Poesía de la experiencia”. O en qué punto del camino se encontraron y cuáles eran sus coincidencias y diferencias. Quien quiera conocer a fondo las circunstancias de aquel “encuentro” puede acudir a este texto esclarecedor de quien ha sido considerado, de algún modo, “padre de la criatura”: "Partir de la subjetividad (a la vez que se la ponía en duda) fue, de hecho, la clave de la otra sentimentalidad y de gran parte del experiencialismo, al menos en sus orígenes: lo que vino después ya es otra historia, se dice en este prólogo". </p><p><strong>II</strong></p><p><em>Plaza de abastos</em></p><p><em>Plaza de abastos</em>, el primer libro, como digo, de Teresa Gómez, era un libro muy atractivo, muy potente, que entraba sin duda en las propuestas de La otra sentimentalidad, pero que, incomprensiblemente, no se publicó en su momento y permanece aún inédito. Esto hoy puede resultar hasta simbólico. Habla de la poca trascendencia que en realidad tenía todavía por entonces el papel de las mujeres, secundario, incluso dentro de un proyecto de poesía materialista que pretendía superar las contradicciones burguesas. Quisimos ser compañeras de viaje y desde luego lo fuimos. Fuimos un grupo de amigos y amigas que queríamos escribir y <em>luchar </em>juntos. Pero como suele suceder (hoy las cosas empiezan a cambiar) las mujeres lo tuvimos más difícil. Teresa Gómez quizá no puso demasiado empeño en publicar o quizá intervinieron ciertas miserias de la vida cultural que se lo impidieron.</p><p>Recuerdo a aquella Teresa como un ser que vivía siempre en las nubes, aunque tuviera los pies bien puestos en la tierra… o al revés: que vivía en la tierra aunque tuviera los pies bien puestos en las nubes. Nunca he conocido a nadie que encarne tan bien a un <em>cronopio</em> de los que nos dibujó <strong>Cortázar</strong>. Por eso no es de extrañar que con ella ocurrieran cosas raras, como adquirir renombre por un libro que no se ha publicado y no porque no mereciera publicarse. Pero el hecho es que aquel libro alcanzó tanta expectación en la ciudad, que fue presentado en el Centro Artístico de Granada, y de la presentación, en 1986, se encargó Juan Carlos Rodríguez (es cierto que, previamente, en ese mismo año, Teresa había ganado el Premio de Poesía Joven, que convocó la revista <em>Olvidos de Granada</em>, por una serie de poemas, pertenecientes a su libro, publicados en dicha revista). La presentación fue un éxito de público y una noche de amistad. Más tarde se incluyó, como artículo, en <em>Dichos y escritos (Sobre la otra sentimentalidad y otros textos fechados de poética)</em>, antes citado. Incluso el ya mítico programa radiofónico que llevaba el poeta <strong>Juan de Loxa</strong> (recientemente fallecido) y titulado <em>Poesía 70</em> le dedicó una preciosa emisión. Nadie podía suponer entonces que el libro iba a permanecer inédito. Aunque una buena selección de sus poemas fueron recogidos más tarde en <em>La otra sentimentalidad: estudio y antología</em> (edición de <strong>Francisco J. Díaz de Castro</strong>, Fundación José Manuel Lara, 2003), sobre los que llamó la atención, por cierto, el crítico <strong>Miguel García Posada</strong> en la reseña que en su momento hizo de esta antología. Sin embargo, <em>Plaza de abastos </em>es un libro que hasta ahora ha circulado de mano en mano, como se divulgaban los manuscritos en el Siglo de Oro.</p><p>Por aquel entonces, mediados de los años 80, vivía Teresa en una casa de las que dan al Paseo de los Tristes, de esas que parecen colgadas sobre el río (por cierto, <em>Paseo de los tristes</em> fue el título de uno de los libros mejores y más conocidos de Javier Egea, un libro mítico hoy por hoy). Precisamente, de aquella época en que Teresa escribía <em>Plaza de abastos</em> es el poema "Subasta en mi ventana", que dio título a una pequeña antología de su libro publicada en <em>Cuadernos del Vigía </em>(Granada, 2000). Lo debió escribir delante de una ventana de aquella casa, asomada al río Darro. Comienza diciendo:</p><p>Creo que la poesía de Teresa nos deja "en la boca la herida de la tarde". Quizá porque es una poesía atravesada por esas tres heridas de que hablaba Miguel Hernández: la de la vida, la del amor, la de la muerte.</p><p><strong>IIILa espalda de la violinista</strong></p><p><em>La espalda de la violinista</em></p><p>Qué fascinante título. La autora nos ha dejado dicho algo muy importante, nos ha explicado su origen, de dónde viene este título:</p><p>Lleva razón la autora: qué difícil resulta buscar la simplicidad en poesía, trabajar el poema para que resulte fluido, transparente, lúcido, insinuante, que diga incluso en sus silencios (como la música, por otra parte). Lo que no significa que no nos muestre al mismo tiempo la complejidad que arrastra. Los múltiples sentidos que nos ofrece. Desde las dos citas iniciales, estamos viendo lo que nos quiere contar y cantar este libro: la realidad que nos duele, que nos preocupa, que nos mancha. En el umbral del libro nos da las claves que lo iluminan: “Pero aquel que comprende,/ desconoce el sosiego” (<strong>Ángela Figuera Aymerich</strong>) y “Toda la realidad me mira como un girasol con/ su rostro en medio” (<strong>Alberto Caeiro</strong>).</p><p>Es Teresa Gómez muy amante de la música y también, cómo no, de la música del poema. Eso la ha caracterizado siempre. Pero, además, este libro, ya desde el título, <em>La espalda de la violinista</em>, nos sitúa en el ámbito especial de un concierto donde se conjugan música y palabra. Música y palabra que caminan al paso conjunto de una singular Sinfonía compuesta por un <em>Preludio</em> y tres <em>Movimientos</em> por los que discurre el río, más rápido o pausado, de sus poemas. Esto, inevitablemente, nos hará recordar el modo de proceder poético del desgraciadamente desaparecido (y citado un poco más arriba) Javier Egea, uno de sus grandes amigos y maestros.</p><p>Comienza, pues, el libro con un <em>Preludio </em>que alberga un largo y emblemático poema titulado “Licor y chocolate”, dedicado “A Isabel”, que lleva la tan conocida como trágica y maravillosa cita de <strong>Cesare Pavese</strong>: “Verrà la morte e avrà tuoi occhi”. Es un magnífico poema que nos habla del dolor. Un largo lamento de violín, con todos los músculos de la violinista/poeta en movimiento. El violín levanta en sus notas el dolor de la vida y el dolor de la muerte. El dolor de la amistad que no puede detener el tiempo, que no puede dejar de llegar tarde. El dolor de tener que vivir con la muerte en medio, de no habernos tomado a tiempo ese licor y chocolate que es la felicidad de encontrarnos, la felicidad de compartir la vida antes de que la muerte nos enseñe sus ojos, que son los nuestros, los de la pérdida, los que no pueden detener “minutos/ y segundos/ en la cuchilla azul/ de la luna creciente”. Cuántas cosas en nuestra vida se nos escapan, cuando podría ser tan sencillo (¿podría ser tan sencillo?) de haberlo sabido, llegar antes, darle un portazo a la soledad y a la muerte. Este Preludio/elegía se nos pierde “por la escarpada línea quebradiza/ de un destino de cerros y de islas”. Ese parece ser nuestro destino.</p><p>“Allegro con spirito”, el segundo movimiento de esta peculiar sinfonía, reúne la parte central, el núcleo del libro, y está compuesto por tres largos poemas y una última parte que acoge una serie de poemas más breves. Los tres mayores (“Palabras en la piel”, “Tu silencio” y “La noche”) están divididos cada uno en varias partes. Son poemas que buscan crear un lugar de encuentro con el otro, que significa también, sin duda, el encuentro con uno mismo. La última parte de este movimiento se titula “Sí”, y la componen, como ha quedado dicho, una serie de poemas más breves y concentrados, con una intensidad controlada, que se plasma al final en un verso que suele ser contundente, redondo, recogiendo el sentido total.</p><p>“Palabras en la piel”, dividido a su vez en nueve partes, es un poema imprescindible, luminoso como un faro que se expande sobre el libro. Ya lo dijo <strong>Paul Valéry</strong>: "Lo más profundo que hay en el hombre es la piel". Y, desde entonces, no cesa de repetirse. Pero Teresa Gómez no nos habla sólo desde la piel. Sencillamente pone sobre la piel del amado, sobre la piel del poema, palabras significativas, fuertes, que construyan amor, que pronuncien mañana, palabras “para cruzar el puente inexpugnable de la vida”. Ya desde el comienzo: “Palabras silencio para descansar/ palabras barco que navegan mis sueños” […]/ Entrégame palabras […] Acércame tu boca a la esperanza”. O así comienza la sexta parte de este poema: “Apostada en la luna/ de un espejo sin nadie/ desde la soledad donde te escribo…”. La última y novena parte está dedicada al desaparecido poeta J<strong>avier Jurado</strong> (“Aquí tengo tu ausencia/ quemándome las plazas y los bares”).</p><p>En este libro reposado, porque va, paso a paso, ahondando en la realidad, que no es real hasta que la vamos creando con nuestro caminar, con nuestras palabras y nuestras decisiones. Esta realidad que no nos precede sino que la construimos al mismo tiempo que ella nos construye a nosotros. En este libro reposado, decía, cada poema se toma su tiempo (su “tempo”, deberíamos llamarlo quizá, más musicalmente). Otro poema muy significativo y revelador es “Tu silencio”, en cuatro partes (“Y  no están tus palabras/ acercándome redes”). Poemas en los que se mezclan nuestras contradicciones, nuestro dolor y nuestra esperanza. Pero muy personales, muy de esta autora y su voz peculiar.</p><p>Porque a pesar de utilizar en su poesía la lengua común, de todos los días, el poema se condensa, se concentra en imágenes vivas y sorprendentes, pues lo que más llama la atención en la poesía de Teresa Gómez es la originalidad de sus metáforas e imágenes, sujetas siempre al hilo y la intención profunda del discurso, que va cobrando así toda la fuerza de la mejor poesía. Un poema puede resbalar, puede apenas rozar esa tierra de nadie detrás de la que nos parapetamos para verlo pasar sin que nos dañe... pero también puede inundarnos, sorprendernos y arrastrarnos con él hasta hacernos sentir diferentes.</p><p>Los poemas más breves de la parte titulada “Si…” son hermosos y poderosos poemas, como el que la inicia (“Si tu lengua en mis pechos desatara/ una corriente oscura de deseo”), “Plata en el horizonte”, “Pero no te he querido”, “Cinco minutos nada menos”, por señalar algunos. Todos, como digo, mantienen intensidad y altura, pero no puedo dejar de destacar el titulado “Círculo cromático”: genial poema (“Quizá cuando dijiste azul/ quisiste decir tiempo,/y por eso me apremian/ tu destino y tu urgencia”) que podría en principio parecer un juego, pero que es una maravilla, que pone en relación un abanico de colores simbólicos en torno a los diferentes estadios o momentos enraizados en nuestra vida (palabras como “tiempo”, “frío”, “guerra”, “miedo”, “fin”), relación que nos va llevando poco a poco a algo así como una desolación total, ese desamparo que acaba hasta con la última esperanza (o la última soberbia) que nos expulsa del Paraíso: “O dijiste amarillo/ queriendo decir Dios,// y por eso me niegas”.</p><p>Tampoco puedo dejar de mencionar “El sueño de la luciérnaga (Poética)”, poema que cierra el libro. Hasta este momento Teresa Gómez no nos ha querido hablar de su “Poética”: “Todo lo que es oscuro/ lo dejas ante mí con la exigencia/de que ponga palabras”. Como decía antes, la poética de Teresa Gómez tiene un claro objetivo: su poesía no pretende más, pero tampoco menos, que “poner palabras” que arrojen luz en la oscuridad de nuestra vida, buscar a través de la palabra el sentido de la vida, la nuestra,  la realidad que nos duele, que nos preocupa, que nos mancha. Porque el tiempo es un perro que lame nuestros recuerdos. “Porque invento la lluvia/ para ti”.</p><p>Es lo que ocurre con esta poesía que nos lleva a su terreno: el de los sentimientos, la emoción, pero siempre en busca del conocimiento, de la razón. Pues solo desde ese lugar  podremos cambiar, luchar por un mundo mejor. La poesía de Teresa Gómez nos hace reflexionar y al mismo tiempo  despeñarnos con ella, con sus versos que saben despertarnos, que saben iluminarnos como las luciérnagas que brillan en la noche. Reflexionar con el amor en medio, con el cuerpo en medio o su ausencia, para preguntarnos por nuestra vida, por la vida. O para dudar de nosotros mismos o dejarnos desarmados: “mi soledad se cierra como un libro”.</p><p>No quiero terminar este prólogo sin hablar del título que acoge a estos poemas: <em>La espalda de la violinista</em>, de la capacidad de evocación e interpretaciones que puede sugerirnos (aparte de que, como ya he dicho, tenemos el privilegio de conocer por qué Teresa Gómez lo eligió). Pero ya sabemos que la literatura, y la poesía en particular, no tiene un sentido unívoco, que las imágenes poéticas nos llevan a distintos lugares de significación y esa riqueza es uno de sus mayores valores y lo que le abre a cada lector las puertas de su propio mundo. Creo que este título admite otra interpretación que no me voy a privar de hacer. Sí, creo que este bellísimo y tan sugerente título nos puede traer a la mente otras imágenes. Al menos a mí me ha resultado inevitable recordar su relación con la famosísima fotografía de <strong>Man Ray</strong>: <em>El violín de Ingres</em> (1924), que hace a su vez referencia a la afición del pintor francés <strong>Ingres </strong>por tocar el violín. La foto representa a una mujer de espaldas que gracias a sus curvas evoca a un violín. Una mujer además a la que se le ha pintado con tinta china en la espalda dos oídos en forma de “f”. Al igual que esta fotografía surrealista nos puede hablar de sensualidad, de sexualidad, de yuxtaposición de personalidades… este título nos deja expectantes. Desde luego, de entrada nos sumerge en la ambigüedad y en la belleza que vamos a disfrutar sin duda cuando abramos el libro, cuando leamos, por ejemplo, “Licor y chocolate”, el “Preludio”, el preámbulo de todo lo demás…</p><p>Y, volviendo a recordar a Cortázar, como hicimos antes, imaginemos que sorprendiera a Sherlock Holmes tocando el violín y le preguntara en nuestro nombre: Señor, “¿encontraría a La Maga?”, que es —como saben— el comienzo de <em>Rayuela</em>.  Sherlock, imperturbable, se hubiera vuelto hacia nosotros y habría musitado con el violín en la mano: la Maga está ahí.</p><p>La Maga está ahí, aquí, en este libro lleno de senderos que se bifurcan.</p><p><em>*Ángeles Mora es poeta, Premio Nacional de Poesía por </em><strong>Ángeles Mora</strong><a href="https://www.google.es/search?q=Ficciones+para+una+autobiograf%C3%ADa&rlz=1C1PRFE_enES644ES645&oq=ficcio&aqs=chrome.2.0l2j69i59j69i57j0l2.2111j0j9&sourceid=chrome&ie=UTF-8" target="_blank">Ficciones para una autobiografía</a><em> (Bartleby, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángeles Mora]]></author>
      <media:title><![CDATA[La fascinante luz de la poesía]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 110]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Teresa Gómez por Teresa Gómez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/teresa-gomez-teresa-gomez_1_1158804.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e462d951-af1d-4bfe-a80e-3f37667c882a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Teresa Gómez por Teresa Gómez"></p><p><em>Una cosa es escribir, y otra cosa es publicar. La poeta Teresa Gómez (Granada, 1960) lo sabe bien. Pese a haber participado en antologías, revistas y plaquettes, acaba de publicar </em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-espalda-de-la-violinista/266015" target="_blank">La espalda de la violinista</a><em> (Fundación José Manuel Lara), su primer libro. En esta autoentrevista se pregunta sobre sus motivaciones para acercarse a la poesía, su lejanía con el mundo literario y el papel del compromiso en sus versos.</em><em>Continuamos así con esta serie, en la que han participado autores como Eduardo Mendicutti y Andrés Neuman.</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/04/06/autoentrevista_eduardo_mendicutti_81382_1821.html" target="_blank">Eduardo Mendicutti</a><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/04/20/andres_neuman_por_andres_neuman_81914_1821.html" target="_blank">Andrés Neuman</a></p><p>_________________</p><p><strong>Pregunta. ¿Hasta qué punto podemos encontrarnos con Teresa Gómez en La espalda de la violinista?</strong><em>La espalda de la violinista</em></p><p><strong>Respuesta</strong>. A quien siga los indicadores que se encuentran en el mapa de mi territorio poético, sin duda le conducirán, con frecuencia, a mi territorio personal. En mis versos es fácil rastrear a mis maestros y zambullirse en mis contradicciones, mis anhelos, mi angustia... Y diría incluso que pueden encontrarse las claves de cómo afronto todo ello, desde qué posiciones emocionales o sociales y hasta qué punto tengo o no éxito.</p><p>Claro que este libro se ha ido gestando a lo largo de 15 años —soy una escritora lentísima y trabajo mucho mis textos, disfruto haciéndolo— y por tanto creo que en <em>La espalda de la violinista</em> te encontrarás con muchas Teresa Gómez, no solo con esta que contesta a sus propias preguntas en este momento, feliz de protagonizar esta original y curiosa entrevista para <em>Los diablos azules</em>.</p><p><strong>P. ¿Cómo es tu relación con los lectores? ¿Qué esperas de ellos?</strong></p><p><strong>R</strong>. Sinceramente no pienso en ellos. En ese sentido, diría que soy bastante egocéntrica. Es mi mirada la que me proporciona los recursos con los que construyo mis poemas. Eso no quiere decir, por supuesto, que solo me mire a mí misma. Todo lo contrario. Mis poemas están poblados de historias que no me pertenecen, de amantes que no han sido míos, de horrores que no he padecido y de amores que no he vivido. Escucho y miro con atención la vida a mi alrededor, y todo ello cuando adquiere la distancia necesaria, acaba convertido en material poético que nutre mi proceso creativo.</p><p>En el momento que entrego el poema es cuando los lectores cobran importancia y sueño con que al abrir mi libro encuentren algún verso en el que puedan reconocerse. Sueño con la posibilidad de poner palabras al dolor de otros, a la esperanza de otros, al miedo de otros... Supongo que a eso es a lo que llamamos un poeta universal, a quien es capaz de decirnos aquello que hubiéramos querido decir nosotros y no supimos, pero cuando lo encontramos escrito por alguien, nos emociona y nos decimos: ¡esto es, exactamente, lo que siento!</p><p><strong>P. A menudo has repetido que te define el compromiso. ¿De qué manera se manifiesta en tus poemas? </strong></p><p><strong>R</strong>. En gran medida la poesía es para mí un ejercicio de reflexión con la finalidad de poner un poco de orden en mi propio mundo, de buscar respuestas, de explorar la realidad a través de las emociones, de poner al descubierto mis contradicciones, y todo ello desde la ternura. Un intento de orientarme en el caos, huyendo despavoridamente del sentimiento de culpabilidad judeocristiana, que nos asalta en cuanto bajamos la guardia. Creo que podría decir que trato de establecer una ruta que me permita transitar con cierta seguridad de la emoción al conocimiento, ida y vuelta.           </p><p>Ese es mi compromiso. Tengo la esperanza de que la duda permanente a la que someto el lenguaje con el que me comunico y que aplico incluso a mis propios sentimientos —ya lo dijo <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong>, los sentimientos son históricos y por tanto se pueden cambiar— me permita la construcción de mi propia identidad, como ser humano, como mujer y como mujer poeta. La poesía me ofrece las claves para ahondar en lo humano y así cada uno de mis versos pretende ser por una parte el instrumento de construcción de una identidad propia y por otra, el instrumento de réplica frente a una identidad impuesta y no aceptada. En definitiva, un intento de construir mi propio "yo soy".</p><p>Creo que desde el compromiso de honestidad con lo más cercano, tu propia forma de situarte en el mundo y relacionarte con él, se puede impulsar un cambio social y en ese sentido, se puede contribuir a la construcción de un mundo mejor. Frente a la desmedida manipulación ideológica y mediática, siento que este intento de reformulación, de reconstrucción, es una forma de resistencia. No es necesario que nuestros versos o nuestras actitudes sean explícitamente políticas para ser fuertemente comprometidas. Por otra parte, en una sociedad donde la prisa, el ruido tecnológico, la inmediatez, el dogmatismo... son valores tan preciados, un poema puede suponer una pausa, un instante para reflexionar, para sentir. Tanto para quien lo escribe como para quien lo recibe. Y en este sentido, frente al pensamiento único, puede representar un fogonazo de espíritu crítico.</p><p><strong>P. Escribes desde hace mucho tiempo, has participado en antologías, revistas, jornadas, recitales y has publicado plaquettes, pero dado que tu primer libro Plaza de Abastos aún sigue inédito, La espalda de la violinista sería tu primera experiencia en la edición de un libro propiamente dicho. ¿Cómo estás viviendo la experiencia? ¿Qué te está aportando?</strong><em>plaquettes</em><em>Plaza de Abastos</em><em>, La espalda de la violinista</em></p><p><strong>R</strong>. No recuerdo mi vida sin poesía. Cuando era pequeña, en mi casa no había libros, pero me recuerdo esperando el día en que venía un quinquillero por las casas del campo, donde yo vivía, porque traía hojas sueltas con "romances" que yo leía una y otra vez hasta la siguiente visita. Y también desde muy jovencita me recuerdo inventando historias y poniendo en verso mis emociones, pero es verdad que no he dedicado tiempo a hacer esas gestiones que hay que hacer para publicar, no basta con escribir. En ese sentido, por una parte, siempre he sido vaga y con poca resistencia a la frustración, no tengo habilidades ni vocación para adentrarme en ese mundo de los premios y las publicaciones. Y por otra, siempre he sentido la necesidad de escribir e incluso la necesidad de compartir mis poemas por distintos medios, pero nunca había sentido la necesidad de publicar.</p><p>Sin embargo, ahora estoy realmente muy contenta de que <em>La espalda de la violinista</em> se haya publicado en Vandalia. El libro como objeto es precioso a lo cual contribuye, además del cuidado exquisito de edición, la ilustración que Lola Sánchez ha hecho para la portada. Y el prólogo con el que abre Ángeles Mora es tan exhaustivo y clarificador que da valor al libro por sí solo. Por otra parte, las experiencias que estoy viviendo a consecuencia de su publicación hasta ahora —toco madera— son todas emocionantes: reseñas generosas y entrañables, invitaciones a actividades inspiradoras... Ha sido maravilloso, por ejemplo, encontrarme con amigos convocados por las presentaciones que de <em>La espalda de la violinista</em> se han hecho en distintos lugares. Y algunas otras anécdotas como el regalo en el día de la poesía de uno de mis poemas reformulado por niños de 7 años, o encontrar a una persona desconocida comprando mi libro, o recibir un mensaje para darme las gracias porque mis versos habían representado alivio en un momento de dolor...</p><p>Estoy viviendo tantas emociones positivas que me temo que esta experiencia podría estar despertando en mí esa necesidad de publicar que hasta ahora no existía.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Teresa Gómez]]></author>
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