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    <title><![CDATA[infoLibre - Animales de oro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/animales-de-oro/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Animales de oro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La población de lince ibérico supera los 2.000 ejemplares y se aleja del riesgo de extinción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medioambiente/poblacion-lince-iberico-supera-2-000-ejemplares-aleja-riesgo-extincion_1_1793587.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2aeb1363-fdc4-45fa-aa4b-4ea19183d4d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La población de lince ibérico supera los 2.000 ejemplares y se aleja del riesgo de extinción"></p><p>La<strong> población de lince ibérico</strong> en la <strong>Península </strong>superó en <strong>2023 </strong>los <strong>2.000 ejemplares</strong>, una cifra máxima desde que se realiza seguimiento pormenorizado, y que aleja a la especie del <strong>riesgo de extinción</strong>. Así se refleja en el informe elaborado por el grupo de trabajo del lince ibérico, que coordina el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y compuesto por representantes de las comunidades autónomas españolas y el Instituto de Conservación de la Naturaleza y los Bosques (ICNF) de Portugal, según ha recogido Europa Press.</p><p>El documento recoge que son <strong>2.021 los linces totales censados</strong>, distribuidos en España (1.730, que supone un 85,6%) y Portugal (291). Las comunidades autónomas españolas que albergan poblaciones estables de la especie son cuatro. <strong>Andalucía </strong>acogió 755 ejemplares, lo que supone el 43,6% de la población española, mientras que en <strong>Castilla-La Mancha</strong> se registraron 715 linces (41,3%). En <strong>Extremadura </strong>se censaron 253 ejemplares y en la <strong>Región de Murcia</strong> siete.</p><p>Del total censado, <strong>1.299 linces fueron adultos o subadultos</strong> que presentaron <strong>una distribución de sexos de 1,01 a favor de las hembras</strong> (602 machos y 611 hembras que pudieron ser sexadas). El número de hembras reproductoras o territoriales en 2023 ascendió a 406, que son 80 más que en 2022, y que se acercan paulatinamente a las 750 hembras reproductoras que se considera preliminarmente como uno de los objetivos demográficos a alcanzar para considerar que el lince se encuentra en un estado de conservación favorable.</p><p>El <strong>número de cachorros nacidos</strong> en 2023 también se incrementó hasta los <strong>722</strong>, con una tasa de fecundidad de 1,77 calculada como el número de cachorros nacidos entre el número de hembras territoriales.</p><p>La población de lince continúa expandiéndose, tanto numérica como territorialmente. Ya son <strong>14</strong> las <strong>áreas geográficas</strong> distintas donde la especie se reproduce y nuevas zonas de presencia estable en la Región de Murcia y en las provincias de <strong>Albacete, Badajoz, Toledo y Ciudad Real.</strong></p><p>La tendencia de la población es <strong>positiva </strong>y continua desde <strong>2015</strong>, lo que permite seguir siendo optimista por la reducción del riesgo de extinción del lince ibérico que supone. En un período de alrededor de<strong> 20 años</strong>, la población ha pasado de menos de 100 ejemplares contabilizados en 2022 a más de 2.000 en 2023.</p><p>Y en los últimos años el incremento es aún más destacable, puesto que en 2020 la población total era de 1.111 linces y tres años más tarde se han añadido casi <strong>900 individuos más a la población ibérica.</strong></p><p>Según ha explicado el Ministerio, la recuperación de la población del lince ibérico en España y Portugal constituye uno de los mejores ejemplos de <strong>actuaciones de conservación de especies amenazadas en el mundo</strong> y ha sido posible gracias a los <strong>esfuerzos </strong>coordinados realizados tanto por las <strong>administraciones pública</strong>s competentes como por <strong>entidades sectoriales interesadas</strong>,<strong> propietarios y gestores de fincas privadas y sociedad en general.</strong></p><p>La contribución financiera de las administraciones españolas y portuguesas y de la <strong>Unión Europea</strong>, a través del programa <strong>LIFE</strong>, permitió doblar la <strong>ejecución de los trabajos de seguimiento</strong> <strong>e investigación</strong> y para la mejora de las tasas de supervivencia, reproducción y mejora del hábitat.</p><p>El<strong> programa de conservación ex situ</strong>, en el que se enmarcan los trabajos de cría en cautividad y la reintroducción de ejemplares, también ha sido una pieza clave en la recuperación del lince. La <strong>cría en cautividad</strong> supone un esfuerzo económico para las administraciones que vienen sufragando este coste con medios propios, que son el ICNF de Portugal en el centro de cría de Silves, la Junta de Andalucía en el centro de La Olivilla (Jaén) y el Organismo Autónomo Parques Nacionales del MITECO en los centros de Zarza de Granadilla (Cáceres) y El Acebuche (Huelva).</p><p>Desde que en 2011 comenzaran las primeras liberaciones al medio natural de individuos nacidos en cautividad, hasta 2023 se han reintroducido <strong>372 ejemplares. </strong>A las áreas de reintroducción inicialmente seleccionadas para la liberación de linces, que fueron<strong> Vale do Guadiana en Portugal, Guarrizas y Guadalmellato en Andalucía, Montes de Toledo y Sierra Morena Oriental en Castilla-La Mancha, y Matachel en Extremadura</strong>, se han incorporado en los últimos nuevas zonas de reintroducción aprobadas por el grupo de trabajo del lince ibérico al constatarse el cumplimiento de los requisitos ecológicos y sociales para abordar la reintroducción.</p><p>Así, los núcleos de <strong>Sierra Arana en Andalucía, Valdecañas-Ibores y Ortiga en Extremadura, Tierras Altas de Lorca en la Región de Murcia y Campos de Hellín en Castilla-La Mancha</strong> ya cuentan con <strong>ejemplares liberados y asentados de lince ibérico</strong>. Otras zonas de conexión también acogen linces de manera estable, bien a través de liberaciones de ejemplares nacidos en cautividad como a través de asentamientos naturales de ejemplares silvestres, en las provincias de Sevilla, Toledo o en el Parque Nacional de Cabañeros.</p><p>Se espera que el número de áreas seleccionadas para realizar la reintroducción se incremente en los<strong> próximos meses y años</strong>, debido al interés de varias comunidades autónomas por evaluar la idoneidad de la recuperación del lince en sus territorios.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 May 2024 10:20:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La población de lince ibérico supera los 2.000 ejemplares y se aleja del riesgo de extinción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Animales,España,Animales de oro]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Tensión en la plaza de Cibeles de Madrid entre animalistas y trabajadores de circos con animales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/tension-plaza-cibeles-madrid-animalistas-trabajadores-circos-animales_1_1167101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b32085df-2825-4701-afde-e88ff244a180_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tensión en la plaza de Cibeles de Madrid entre animalistas y trabajadores de circos con animales"></p><p>La manifestación de los trabajadores de circos con animales que ha partido de Plaza de Castilla, en Madrid, ha concluido con momentos de <strong>tensión entre estos manifestantes y animalistas</strong> que han acudido a la Plaza de Cibeles, punto de llegada, en protesta de esta reivindicación y a favor de la ordenanza que no autoriza estos circos. Informa Europa Press.</p><p>Así, a la plaza de Cibeles se ha acercado la delegada territorial en Madrid, Ana Belén Martín, para "dar <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/04/13/pacma_desvela_informe_las_terribles_condiciones_vida_las_elefantas_del_circo_gottani_81733_1012.html" target="_blank">la cara por los animales</a> a la manifestación que reclamaba la continuidad de la explotación animal en los circos". Ha sido entonces cuando se ha producido un momento de tensión. Martín ha sido tildada de "mentirosa" y varios trabajadores del circo le han asegurado que <strong>tratan a los animales como si fueran su propia familia</strong>, y le han espetado que ella "no sabe nada" de la vida circense.</p><p>"La movilización de los <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/04/10/estan_bien_pacma_obtiene_imagenes_como_encuentran_realmente_las_elefantas_del_circo_gottani_tras_accidente_trafico_81582_1012.html" target="_blank">explotadores de animales</a> en Madrid es una demostración del avance del movimiento en favor de los derechos de los animales que <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2015/08/20/unas_000_personas_piden_carmena_que_madrid_sea_una_ciudad_libre_circos_con_animales_36749_1012.html" target="_blank">va avanzando</a> en cada municipio de nuestro país", ha indicado ella por su parte. Además, ha asegurado que es necesaria una Ley General de Bienestar y Protección para los Animales que, a nivel estatal, "prohíba los circos con animales como ya ha sucedido en 15 países de toda Europa".</p><p>En el lado opuesto, los trabajadores de los circos con animales han pedido a la regidora, Manuela Carmena, que abandone el "radicalismo animalista" ya que, de no autorizar este tipo de circos, <strong>peligran en torno a 2.500 puestos de trabajo</strong>.</p><p><strong>PACMA pide una ley que prohíba los circos con animales </strong></p><p>El Partido Animalista ha reclamado este miércoles una ley general de bienestar y protección para los animales que prohíba los circos con animales en toda España. Tras la celebración la citada manifestación de los propietarios de circos con animales, la presidenta del PACMA, Silvia Barquero, ha pedido una ley estatal que prohíba los circos con animales y, al Ayuntamiento de Madrid, que amplíe las medidas. Asimismo, ha manifestado la necesidad de que la ordenanza que ha aprobado incluya a <strong>todos los animales</strong> y no solo a los salvajes.</p><p>Para el partido animalista la sociedad "sigue avanzando en la <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/09/15/pacma_sale_calle_ano_mas_para_pedir_fin_las_becerradas_86746_1012.html" target="_blank">consideración moral</a>" que otorga a los animales y cada vez hay <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/01/29/ecologistas_movilizan_para_impedir_que_ayuntamiento_vitoria_inicie_caza_jabalies_con_arcos_flechas_91275_1012.html" target="_blank">más ayuntamientos</a> que se suman a la corriente que reclama la prohibición de este tipo de circos.</p><p>Esta mañana, Barquero y la delegada territorial del PACMA en Madrid, Ana Belén Martín, han acudido a la manifestación de los empresarios circenses a "dar la cara por los animales" y asegura que estos "no han tenido el más mínimo reparo en increparlas" y esto ha "degenerado en un tenso debate a pie de calle".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Feb 2019 15:29:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <title><![CDATA[El cóndor de Perú]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/condor-peru_1_1161563.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c17cfbd5-fee7-4449-bcc0-f1fa153b0b94_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cóndor de Perú"></p><p>Lo saben hasta <a href="https://www.youtube.com/watch?v=hXSaYjcwqkA" target="_blank">Simon & Garfunkel</a>: <em>El cóndor pasa</em> es peruano. En concreto, una zarzuela de 1913, firmada por Julio Baudouin y Daniel Alomía Robles. Peruano y mundial: Wikipedia calcula que alrededor del mundo existen más de 300 versiones.</p><p>En 2004, la melodía fue declarada <a href="http://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/cultural/declaran-a-el-condor-pasa-patrimonio-cultural-de-peru-757089.html" target="_blank">Patrimonio Cultural de la Nación</a> y hay quien la considera el <strong>segundo himno nacional del Perú</strong>. Tanta pasión despierta que incluso ha originado <a href="https://rpp.pe/mundo/actualidad/bolivia-reconoce-que-el-condor-pasa-es-una-cancion-peruana-noticia-210605" target="_blank">conflictos diplomáticos</a>: en 2009 un congresista peruano acusó a Bolivia de haber robado la canción.</p><p>Quieras que no, cuando te despiertas en el <strong>Cañón del Colca</strong>, la canción te asalta, pegadiza, pegajosa. Peor aún, hay quien canta la letra del dúo estadounidense en la que, <em>by the way, </em>aparecen gorriones, caracoles, martillos, clavos, cisnes, bosques, calles, pies… ni un cóndor. Pero, todo se perdona: estamos al sur del Perú, y a punto de asistir a un espectáculo asombroso.</p><p><strong>Hogar de collaguas y cabanas</strong></p><p>El valle del Colca, con sus terrazas cultivadas (andenes, las llaman allí) y sus volcanes y nevados, está jalonado por algo más de una docena de pueblos coloniales que albergan muestras espléndidas de barroco mestizo.</p><p>  </p><p> El Valle del Colca, en la provincia peruana de Caylloma. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>En todos ellos el turismo ha dado nueva vida a comunidades que, hasta los años ochenta del siglo pasado, parecían condenadas. Fue entonces cuando empresarios locales apostaron por el turismo, un sector cuya importancia creciente en la economía peruana es innegable: aporta<strong> el 4% del PBI</strong> y genera más de un millón de puestos de trabajo (directos e indirectos). Así, el valle se convirtió en el tercer destino más visitado de Perú, en un proceso en el que los ayuntamientos y el Programa de Desarrollo Territorial Rural con Identidad Cultural han tenido su papel.</p><p>Hay que decir que no es éste un fenómeno exclusivamente peruano, en muchos sitios se ha gestado un consenso según el cual las diferentes formas de turismo son una salida, quizá la única, para las familias indígenas. Una apuesta que no está exenta de riesgos: se apellide rural, étnico, ecologista o aborigen…, este turismo, como dijo Xerardo Pereiro en un trabajo titulado <a href="https://revistas.ucm.es/index.php/REAA/article/download/42308/40268" target="_blank">Los efectos del turismo en las culturas indígenas de América Latina</a>, es “una forma de nostalgia que ha servido en muchos casos para generar presencias turísticas, pero también para <strong>mercantilizar y volver más exótica</strong> la cultura indígena”.</p><p>  </p><p> Miembros del pueblo collagua en el valle del Colca. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>El valle es el hogar de <strong>los collaguas</strong>, cuya presencia está documentada desde épocas preincaicas. Es fama que dominan la escultura en piedra y el más delicado textil, y que durante el período colonial trabajaban como albañiles y <em>hayllis,</em> compositores.</p><p>Ellos primero, y los incas después, construyeron grandes depósitos de alimentos y granos llamados colcas, de los que se dice que el valle toma su nombre. Aunque también hemos leído que la denominación es un acrónimo de <strong>collaguas y cabanas</strong><em>collaguas</em><em>cabanas</em>, el otro pueblo de la zona.</p><p>Collaguas y cabanas cultivan mitos de orígenes distintos, y se diferencian en el idioma: aquellos tenían como lengua general el <strong>aymara</strong>, éstos utilizaban el <strong>quechua</strong>. También presentaban un aspecto físico diferente. Adeptos ambos de las deformaciones craneanas, los cronistas atestiguan que los collaguas “apretaban la cabeza a los niños tan reciamente, que se la ahusaban y adelgazaban alta y prolongada lo más que podían, para memoria que las cabezas debían tener la forma alta del volcán de donde salieron” mientras que los Cabanas achataban los cráneos quizá usando placas de madera.</p><p>La expresión cultural del encuentro entre esas dos etnias es la <a href="https://youtu.be/IKd_wJ0occw" target="_blank">Danza del wititi</a> (Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad). Wititi es el personaje principal, un hombre que <strong>se viste con dos faldas de mujer</strong>, una camisa, una montera y una honda. Parece ser que la razón por la que luce prendas femeninas es la que imaginan: vestirse como ellas era la única forma que los varones tenían de aproximarse a las mujeres para cortejarlas.</p><p>El cóndor</p><p>Adentrémonos en el cañón, labrado por la porfiada voluntad del río Colca: 100 kilómetros de extensión y, en algunos puntos, <strong>3.400 metros de altura</strong>. Según el <em>Guiness Book of Records </em>(1984), el cañón más profundo del mundo, un título honorífico refrendado en 1993 por <em>National Geographic</em>.</p><p>En ese cañón, entre Maca y Cabanaconde, se halla el <strong>mirador natural Cruz del Cóndor</strong>, un lugar privilegiado para avistar cóndores en vuelo.</p><p>  </p><p> Señalética del cóndor en el valle del Colca. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Hay que ir temprano, y con paciencia. Pero no es necesaria mucha: los guías turísticos tienen el <em>timing</em> perfectamente controlado. De pronto, un turista ve algo: “Ahí, ahí…”.</p><p>  </p><p> Turistas en el valle del Colca, en Perú. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Y todos los ojos, todas las cámaras, se dirigen al punto señalado, que crece y crece hasta convertirse en un ave magnífica.</p><p>  </p><p> El vuelo del cóndor en el valle del Colca. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>No vuela, no agita las alas, no parece peligroso. <strong>No caza</strong>, a diferencia del águila, no puede agarrar un animal con las patas y levantarlo en el aire. El inmenso cóndor andino se deja llevar por las corrientes térmicas ascendentes, y ayudado por ellas avizora la carroña que tanto ansía, que no le importa compartir y que puede trasladar en su enorme buche, donde caben <strong>hasta 4 kilos de comida</strong>.</p><p>El cóndor se queda</p><p>Volvamos al cóndor zarzuelero. En la obra se narran unos hechos que llenan de horror a la comunidad en la que transcurre la historia.</p><p>Sin embargo, el humor de los protagonistas cambia con la sorprendente aparición de un cóndor, el primero después de años. Porque el cóndor es sinónimo y presagio de libertad. “Todos somos cóndores”, gritan los mineros. Todos deberíamos serlo.</p><p>  </p><p> El cóndor sobrevuela el valle del Colca. / INGENIO DE CONTENIDOS</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Aug 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Orúe | Sara Gutiérrez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El cóndor de Perú]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ecologismo,Turismo,Viajes,Animales de oro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los renos de Noruega]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/renos-noruega_1_1161509.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4852243c-e4c7-481c-8482-1c43bd517880_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los renos de Noruega"></p><p>A la izquierda, un reno noruego (en realidad, dos, pero el segundo parece tímido) contemporáneo.</p><p>A la derecha, una representación de renos que <a href="https://whc.unesco.org/en/list/352" target="_blank">se conserva en Hjemmeluft</a>, Noruega, como parte de un extraordinario conjunto con 3.000 años de antigüedad que la UNESCO considera Patrimonio Artístico de la Humanidad.</p><p>  </p><p> Renos y pintura rupestre que los representa en Hjemmeluft, Noruega. / INGENIO DE CONTENIDOS/C.H. - VISITNORWAY.COM</p><p>Demostrar que estos cérvidos son <strong>vecinos del lejano norte</strong> desde hace mucho, mucho tiempo, es sencillo. Y la lógica (por no hablar de la pura evidencia misma) nos dice que constreñirlos a un solo país es tontería, puesto que además de verlos en Noruega los encontramos en Suecia, Groenlandia, Rusia, Canadá o Estados Unidos.</p><p>En algunos lugares permanecen en estado salvaje; sin embargo, en Laponia (Noruega, Rusia, Suecia y Finlandia) <strong>fueron domesticados</strong> por quienes, al hacerlo, unieron su destino al de estos animales.</p><p><strong>Una historia que aún se escribe</strong></p><p>Todavía hoy, los especialistas no se ponen de acuerdo: ¿cuándo empezaron <strong>los lapones o samis</strong> a domar renos? Aunque las investigaciones nos cambian las referencias casi cada día, y a pesar de que la fecha exacta no tiene relevancia alguna, hay dos citas clásicas que nos ayudan a situarnos.</p><p>Una lleva la firma del historiador romano <strong>Tácito</strong>, quien, en el año 98 dC, describió un pueblo en Thule que usaba ropa de piel, cazaba renos y se desplazaba con esquís.</p><p>La otra nos traslada hasta el siglo XIX, cuando el jefe noruego Ottar visitó la corte inglesa y habló a sus anfitriones sobre la vida de los samis, así como sus habilidades para manejar rebaños de renos. Los samis vivían en <em>siiddat</em>, esto es, en <strong>grupos de pastoreo</strong>. Los renos eran medio de transporte, moneda de cambio y alimento principal, puesto que proporcionaban leche y carne. Pero el sistema comunitario implicaba también un compromiso por el que los miembros accedían a los recursos que allí se manejaban y se obligaban a ayudar a sus vecinos en el manejo de los rebaños y las tareas de caza y pesca.</p><p>  </p><p> La población sami sigue dedicándose al pastoreo siguiendo sus técnicas tradicionales. INGENIO DE CONTENIDOS/C.H. - VISITNORWAY.COM</p><p>Esta organización se explica por un hecho relevante: tradicionalmente, los samis <strong>no han poseído tierras</strong>, y cuando el proceso de colonización les planteó problemas, ellos optaron por levantar el campamento y emprender camino rumbo el Norte.</p><p>También han tenido que luchar <strong>contra la asimilación</strong> propiciada por los Gobiernos; y defenderse frente a la industrialización. Al cabo, la que aquí se ha vivido es una historia no muy distinta a la escrita en otras regiones del planeta…</p><p>Una historia cuyo último capítulo habla de una <strong>línea férrea que unirá Rovaniemi con Kirkenes</strong><a href="http://www.europapress.es/internacional/noticia-finlandia-noruega-estudian-construccion-linea-ferroviaria-artico-20180309173748.html" target="_blank">Rovaniemi con Kirkenes</a>, atravesando seis distritos de pastoreo. Los líderes sami prevén y denuncian una catástrofe: los trenes afectarán muy negativamente una actividad que es sustento de su economía y su cultura.</p><p>Y respecto a eso nadie puede llamarse a engaño. Desde 2007, la ley que <a href="http://reindeerherding.org/herders/sami-norway/" target="_blank">regula el pastoreo</a> determina que solo aquellos que tienen derecho a una <strong>asignación de renos</strong> pueden realizar cría de renos en la zona sami de cría de renos. Y el derecho a una asignación de renos requiere que la persona sea sami y que ella, sus padres o abuelos tengan o hayan tenido el pastoreo de renos como ocupación principal. Más aún: la norma establece que la cría de renos ha de ser viable desde los puntos de vista económico, ecológico y cultural, y que siempre se basará en las prácticas tradicionales samis.</p><p>  </p><p> Los renos llenan los paisajes noruegos. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Absurdas fronteras</p><p>Venimos hablando de “renos noruegos” aunque, es obvio, a ellos la nacionalidad es cosa que les tiene sin cuidado. A sus dueños, no tanto.</p><p>Hubo un tiempo en el que nadie se preocupaba del color del pasaporte, los pastores recorrían con sus renos tierras que hoy se reparten Suecia y Noruega sin más guía que la necesidad, ni más límite que las propias fuerzas.</p><p>En 1751 ambos países, a la sazón pertenecientes a Dinamarca, aprobaron el <strong>Lapp Codicil </strong>que reconocía el derecho de los pastores samis a cruzar libremente las fronteras en busca de alimento con el que nutrir a sus rebaños. Fue el primero de una lista de tratados con los que los gobiernos han intentado ceñir con el corsé de una legislación estatal una actividad que es por completo ajena a las lindes, normas que están en vigor pero que no resuelven los conflictos a plena satisfacción de las partes.</p><p>Se calcula que cada primavera, unos <strong>50.000 renos</strong> (digamos) suecos pasan junto con sus pastores a Noruega en busca de alimento rico y fresco. Cuando, ya en otoño, emprenden el camino de regreso a (digamos) casa, lo hacen acompañados por unos 10.000 renos (digamos) noruegos que cruzan la frontera para pasar el invierno en Suecia. Y en primavera, vuelta a empezar…</p><p>Ni que decir tiene que el trasiego no deja de generar <strong>problemas administrativos</strong>. Tiene también una virtud: demostrar que, más allá de permisos y sellos, los renos (junto con los alces) son los dueños y señores de este territorio infinito.</p><p>  </p><p> Los renos pueblan también las carreteras noruegas. / INGENIO DE COMUNICACIÓN</p><p>Sea como fuere, lo que sí pudimos comprobar, en nuestro viaje hacia Cabo Norte, es que los renos noruegos y quizá suecos parecen campar a sus anchas, para regocijo (y algún susto) de turistas.</p><p>No ya en Noruega, en toda Laponia, cada vez son más las empresas de turismo que operan con animales, y el impacto económico y laboral de esos servicios.</p><p>Según el Consejo Regional de Laponia, la economía lapona genera una facturación anual aproximada de <strong>11.100 millones de euros</strong>. Unos 630 millones (en torno al 7 %) son fruto de la industria turística, y de ellos, 15,1 millones dependen de aproximadamente 5.400 animales semidomesticados y de los innumerables que, libres en la naturaleza, constituyen un extraordinario reclamo. El principal grupo está constituido por los huskies, y la segunda posición corresponde a los renos, que son mucho más productivos: la facturación por cada reno es de alrededor de 5.000 euros; la productividad de los huskies ronda los 2.400.</p><p>  </p><p> Los renos son un importante recurso para la economía sami. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Aug 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Orúe  Sara Gutiérrez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los renos de Noruega]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ecologismo,Noruega,Viajes,Animales de oro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El arrecife de México]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/arrecife-mexico_1_1161288.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/988b56c7-5ddf-4e96-a517-c76bc92c20fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El arrecife de México"></p><p>Empecemos recordando que <strong>el coral no es un pedrusco</strong>. Cosa distinta es que, por ignorancia, por culpa de joyeros y joyerías o por influjo nefasto de alguna poesía y determinadas canciones, nos sea difícil identificarlo con un bicho viviente.</p><p>“Es tan bonita mi chaparrita/ que cuando va al templo a rezar/ todos le llaman la virgencita,/ la de los labios de coral”, dicen los mariachis cuando atacan <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Mfjq2ea5FsE" target="_blank"><em>Las Alteñitas</em></a><em>. </em>Pues eso.</p><p>Emparentado con anémonas y medusas, el coral tiene una estructura formada por un esqueleto protector calcáreo que une los pólipos, los conecta, dando lugar a una colonia que funciona a todos los efectos como <strong>un único organismo</strong>, el arrecife.</p><p>Es un proceso extraordinariamente lento: algunos de los arrecifes que hoy conocemos dieron sus primeros pasos hace <strong>más de 50 millones de años</strong>. El más grande del mundo es la Great Barrier Reef (Gran Barrera de Coral) australiana; y, en segunda posición, los expertos sitúan el Gran Arrecife Mexicano, el mayor del hemisferio occidental.</p><p><strong>México lindo y coralino</strong></p><p>  </p><p> Arrecife de coral. / SAM SOFFES (UNSPLASH)</p><p>En el Gran Arrecife y sus <strong>1.000 kilómetros de extensión</strong>, los expertos han contado más de 65 especies de corales pétreos o duros, 500 especies de peces, 350 tipos de moluscos… Sus intrincados pasadizos acogen especies protegidas como las tortugas verdes, bobas, laúd y carey; también ofrece refugio a caracolas reina, manatíes o tiburones ballena. Además, es generoso: asociados a él hallamos humedales, praderas de pastos marinos o bosques de manglar, que son la mejor protección para los ecosistemas costeros.</p><p>Pero, en aras de la escrupulosidad, hay que decir cuanto antes que, a pesar de que su segunda denominación es “Sistema Arrecifal Mexicano”, el Gran Arrecife <strong>no es solamente mexicano</strong> puesto que se extiende también por Belice, Guatemala y Honduras.</p><p>Y, puestos a puntualizar, debemos añadir que si bien ese es el Sistema Arrecifal Mexicano por antonomasia, el país tiene <strong>otras zonas con arrecifes imponentes</strong>: la costa del Pacífico (Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Nayarit, Colima, Jalisco, Michoacán, Guerrero y Oaxaca) y las costas de Veracruz y Campeche.</p><p>Precisemos, entonces, que hablamos del Gran Arrecife Maya (se extiende frente a las tierras que pertenecieron a ese imperio), al que hay quien prefiere llamar Arrecife Mesoamericano. Las nominaciones, a veces, no son lo especificas que debieran.</p><p>Bucear con mucho arte</p><p>Cuentan sus cronistas que el hoy conocido y reconocido Caribe Mexicano fue un gran desconocido hasta que una decisión política promovió la aparición de Cancún, casi un <em>pop-up</em> que inició su andadura en 1969 como “Centro Integralmente Planeado”, con el prosaico objetivo de empujar el crecimiento del PIB y equilibrar la balanza de pagos.</p><p>Desde allí, o desde cualesquiera de las ciudades, pueblos y resorts que hoy se asoman al mar (Tulum, Cozumel…), es posible desplazarse hasta las estribaciones del arrecife y bucear. Una experiencia tecnicolor cuyo impacto visual se puede mejorar.</p><p>  </p><p> Tulum, ciudad portuaria maya. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>De ahí que alguien tuviera la idea de sembrar el fondo marino con esculturas cuyo objetivo es demostrar que arte y medio ambiente pueden coexistir, que hay una manera primorosa de facilitar la creación de corales y crear arrecifes artificiales.</p><p>  </p><p> Obra de Jason deCaires Taylor en el museo submarino MUSA. / MUSA</p><p>Fueron el Doctor Jaime González Cano, a la sazón director del Parque Nacional Costa Occidental Isla Mujeres, Punta Cancún y Punta Nizuc, y Roberto Díaz Abraham, empresario y ceramista, los que pensaron que esa era una buena idea y contactaron con Jason deCaires Taylor, artista fundador del Museo Subacuático de Arte.</p><p>  </p><p> Obra de Jason deCaires Taylor en el museo submarino MUSA. / MUSA</p><p>Su deseo era mostrar piezas de arte valiosas en sí pero también porque contribuyen a la conservación del hábitat marino: la visita debía despertar la conciencia ambiental, generar un cambio, ofrecer el regalo de apreciar una belleza escondida.</p><p>  </p><p> Obra de Jason deCaires Taylor en el museo submarino MUSA. / MUSA</p><p>Ahora, el MUSA exhibe permanente más de 500 obras de varios autores en varias salas o galerías que suman más de 420 metros cuadrados de exposición. Lo mejor para verlas es bucear, si bien también es posible visitarlas a bordo de un barco con fondo de cristal.</p><p>La fragilidad del coral</p><p>Desde su inauguración en 2009, el MUSA ha sido la historia de un éxito, si bien los anales registran algún percance, como cuando la artista urbana Agata Oleksiak dañó la vida marina incrustada en la pieza titulada <em>Las bombas</em> al tejerle una especie de bufanda gigante: si Christo envuelve estatuas y edificios, debió pensar, por qué no puedo yo hacer ganchillo bajo el agua.</p><p>Más allá de este episodio anecdótico, y fuera ya del museo, el Gran Arrecife corre los mismos peligros que acechan a otros arrecifes tropicales: desaparecer, engullidos por el calentamiento global.</p><p>"El tiempo entre los eventos de blanqueamiento en cada ubicación<strong> ha disminuido cinco veces</strong> en las últimas tres o cuatro décadas, desde una vez cada 25 años en la década de los 80 a un promedio de una vez cada seis años desde 2010", apuntó el autor principal del estudio, Terry Hughes.</p><p>Una degradación acelerada que es dramática no sólo por la pérdida de biodiversidad que anuncia, sino porque estos ecosistemas icónicos son medio de subsistencia para millones de personas.</p><p>México, el octavo país más visitado del mundo, depende en gran medida del turismo, que aporta <strong>más del 8,7% del PIB</strong> del país. Los defensores del modelo, que también tiene detractores, señalan que el sector es el segundo empleador de mujeres (y al serlo, contribuye a la igualdad de género) y el primer empleador de jóvenes.</p><p>PD</p><p>Hay una canción en la que Bertín Osborne define a una mujer con estas palabras: "Y es como/ un arrecife de coral/ que me da miedo hasta tocar/ por si se va a romper…". </p><p>El tema, de calidad discutible, asocia como tantos el coral a la mujer amada. En la música y la literatura, la aparición de la palabra "coral" provoca sobredosis de azúcar. Y el azúcar es adictivo, así que… nos despedimos con Bécquer (y ya perdonarán la licencia poética):</p><p>  </p><p>   </p><p> Fauna del arrecife de coral. / VLAD TCHOMPALOV (UNSPLASH)</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Aug 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Orúe]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El arrecife de México]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ecologismo,México,Viajes,Animales de oro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los leones de Kenia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/leones-kenia_1_1161113.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0573672d-ed6b-4b3d-a27f-da582a0f337e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los leones de Kenia"></p><p>Sí, vamos a caer en la tentación.</p><p>  </p><p>Es el inicio de <a href="https://www.megustaleer.com/libros/memorias-de-frica/MES-065252" target="_blank">Memorias de África</a>, el libro de Isak Dinesen que el cine popularizó. Describe el paisaje que quienes peregrinan a Kenia buscan, olvidando que ese continente está también hecho de ciudades populosas, de montañas inhóspitas, de selvas impenetrables.</p><p>El viajero quiere también plantarse frente a uno de <em>The Big Five, </em>los <em>cinco grandes</em>: el león, el leopardo, el rinoceronte, el elefante y el búfalo cafre, para disparar… su cámara. Y sueña con hacerlo en soledad.</p><p>Embebido de ese espíritu, se sube al <em>jeep </em>que, en el colmo de la felicidad, conduce un masái…</p><p>  </p><p> Un trabajador masái conduce un <em>jeep</em>. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>E inicia el recorrido de la <a href="https://www.maasaimara.com/" target="_blank">reserva nacional Masái Mara</a>, en la frontera con Tanzania, una planicie atravesada por los ríos Mara y Talek. El conductor sabe lo que se hace, sigue a los animales, los acecha. De cuando en vez, llama por el <em>walkie </em>a un compañero al que avisa de que aquí o allá hay una manada de ñus o un elefante con su cría. En otras ocasiones, es él quien recibe la llamada. Se ayudan y, en su asiento del vehículo, el turista agradece la colaboración: nos ha costado mucho venir hasta aquí, he de aprovechar cada minuto y consumir baterías y tarjetas de memoria, disparar fotos como si fuera a tener tiempo de mirarlas todas.</p><p>Lo menos que se puede decir es que las expectativas se cumplen…</p><p>  </p><p> Leones fotografiados en la reserva nacional Masái Mara. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Mostramos leones, pero podrían ser cualesquiera otros animales, la reserva es rica en especies y experiencias. Mostramos leones porque, aunque hay especímenes más grandes, más coloridos, más espectaculares, ellos siguen siendo considerados los reyes.</p><p>Y no, no dejamos que la ocasional presencia de otros coches, de otros turistas igualmente pertrechados con cámaras y teleobjetivos incluso mucho mejores que los nuestros nos estropee el espectáculo. Ah, la naturaleza en estado (prácticamente) puro.</p><p>Pero que la ilusión no nos lleve a engaño. Los animales saben que estamos, peor aún, interferimos en sus tareas cotidianas.</p><p>  </p><p> Leones y ñus rodeados por turistas. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Al cabo, las leonas aguantan estoicamente el acoso de los <em>paparazzi</em>. El león y su hembra nos miran como perdonándonos la vida, conscientes de que de un salto podrían acabar con esos intrusos tan molestos. Y la leona inicia la caza del ñu rodeada de coches, los que se ven más los de este lado, cuyos ocupantes evitarán fotografiar a los de enfrente para alimentar en sus imágenes la fantasía del safari en soledad.</p><p><strong>Los vecinos de la región</strong></p><p>La zona en la que nos encontramos es suelo masái, y los alrededores están salpicados de aldeas, que allí llaman <em>enkangs</em>.</p><p>No es la única reserva abierta en lo que en algún momento fue su territorio: en él también están los parques nacionales Amboseli, Nairobi, Lago Nakuru, y Tsavo. Eso, en Kenia. En Tanzania están los parques de Manyara, Ngorongoro, Tarangire y Serengeti. Estamos en territorio mítico, un territorio que antes ocupaban y que ahora rodean, pues han sido <a href="https://www.theguardian.com/environment/2018/may/10/maasai-herders-driven-off-land-to-make-way-for-luxury-safaris-report-says" target="_blank">expulsados a las fronteras de estas reservas</a>.</p><p>Los masáis son <strong>una de las 42 tribus keniatas</strong>, responsables todas ellas de un patrimonio cultural enorme, riquísimo, quizá la más (no necesariamente mejor) conocida de todas (junto a los Samburu) por su estereotipada presencia en películas de safaris de antaño, y por su relación con los turistas de hogaño.</p><p>Allí presumen de que, a pesar de la mejora de la educación y de las influencias culturales occidentales, han defendido sus tradiciones y se mantienen <strong>apegados a su modo de vida tradicional</strong>, lo que los convierte en un símbolo universal de la cultura de Kenia.</p><p>De hecho, <strong>el pastoreo</strong> sigue siendo una actividad principal; seminómadas, cuando regresan a casa lo hacen a aldeas de apariencia precaria, pequeñas casas circulares hechas de barro, hierba, madera y estiércol de vaca, generalmente construidas por las mujeres.</p><p>Nada extraño, pues, en que muchos se hayan pasado con armas y bagajes <strong>al sector turístico</strong> donde, además de prestar servicios, recuperan sus tradiciones para solaz de los visitantes ocasionales. Ni en que hayan abierto sus frágiles aldehuelas que los turistas, siempre dispuestos a admirarse y felicitarse ante condiciones de vida que ellos no admitirían para sí jamás, visitan para ser obsequiados con bailes tradicionales y cantos tribales. Coros y danzas para ganarse la vida.</p><p>  </p><p> Miembros de la tribu masái en la reserva nacional Masái Mara, en Kenia. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Una fuente de ingresos principalísima</p><p>Según <a href="https://www.wttc.org/-/media/files/reports/economic-impact-research/countries-2018/kenya2018.pdf" target="_blank">cifras</a> del World Travel & Tourism Council (WTTC), en 2017 la contribución directa e indirecta al PIB fue<strong> cercana al 10%</strong> y empleó a 1,1 millones de personas, lo que supone el <strong>9% del empleo total</strong>. Y todas las previsiones anuncian que es una tendencia al alza (para 2018 se espera un aumento en el empleo del 3%).</p><p>De modo que, como ocurre con otros destinos turísticos en los que la vida parece haberse detenido para conservar y ofrecer al turista lo que el turista espera ver; a cambio, ofrece una posibilidad a estos animales que, de otro modo, seguirían siendo como siempre fueron <strong>piezas codiciadas </strong>de cazadores de los de verdad.</p><p>PD</p><p>“A mediodía el aire estaba vivo sobre la tierra ―escribe Dinesen―, como una llama; centelleaba, se ondulaba y brillaba como agua fluyendo, reflejaba y duplicaba todos los objetos, creando una gran Fata Morgana. Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: ‘Estoy donde debo estar’.”</p><p>Y nosotras pasamos cerca.</p><p>  </p><p> Una leona en la reserva nacional Masái Mara, en Kenia. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Aug 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Orúe]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los leones de Kenia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ecologismo,Turismo,Animales de oro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las ovejas de Islandia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/ovejas-islandia_1_1160945.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1bd49c26-2800-4d25-bacb-425863e72726_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las ovejas de Islandia"></p><p><strong>Halldór Laxness</strong>, el único <a href="https://elpais.com/diario/1998/02/10/cultura/887065206_850215.html" target="_blank">premio Nobel de Literatura islandés</a>, publicó en dos volúmenes y dos años (1934-1935) su obra magna: <em>Sjálfstætt fólk </em>(<a href="http://www.turnerlibros.com/book/gente-independiente.html" target="_blank"><em>Gente independiente</em></a><em>,</em> editada por vez primera en España en 2004).</p><p>Enmarcada en la corriente del realismo social, emparentada por algunos con la más célebre <a href="https://elpais.com/cultura/2017/10/01/actualidad/1506851253_683608.html" target="_blank">Hambre, de Knut Hamsun</a> (también ganador del Nobel pero noruego), <em>Gente independiente</em> relata <strong>la vida de los granjeros pobres</strong> para los que sus animales lo son todo... más incluso que su propia familia.</p><p>Hemos dicho “los animales” cuando deberíamos haber puesto “las ovejas”. Porque, como escribió en el prólogo de la edición española Enrique Bernárdez, ellas son el eje central del libro, en el que se habla de “una economía pastoril donde <strong>nada hay más importante que las ovejas</strong>, donde se puede dejar morir a la mujer y a los hijos para intentar salvar una sola cordera (aunque el cristianismo está ahí, para servir de apoyo a la aberración), o donde es posible echar de casa a una hija y dedicar las horas a vigilar el ganado para protegerlo de cualquier peligro”.</p><p><strong>Cuando despertó, las ovejas seguían ahí...</strong></p><p>Si Laxness regresara, se sorprendería al comprobar hasta qué punto <strong>el país ha cambiado</strong> mientras las inmutables ovejas siguen siendo consustanciales al paisaje y al paisanaje islandeses.</p><p>El viajero se topa con ellas en cuanto sale de la ciudad. Su <strong>omnipresencia</strong> le obliga a conducir con cuidado, pero ellas no parecen temer ni al humano ni a su máquina de cuatro ruedas. Hay en su mirada (juramos que no exageramos) un punto de desafío: esta es mi tierra.</p><p>Y aunque es cierto que las reses tienen la mala costumbre de cruzar e incluso sentarse a descansar en el asfalto, no lo es menos que, siendo como son las dueñas del panorama, tienden a elegir áreas más propicias y seguras.</p><p>  </p><p> Señal de peligro y ovejas en Islandia. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Poco a poco, la obsesión del viajero por las ovejas se acentúa. Son centenares, miles, están por todas partes… Puede que, obnubilado, se ponga machadiano: La oveja que ves no es oveja porque tú la veas, es oveja porque te ve.</p><p>Sin soltar el volante, sacude la cabeza y al agitar los recuerdos, se acuerda de que en algún lugar ha leído que el país tiene <strong>el doble de ovejas que de habitantes</strong>. Claro, que también ha leído que le país tiene el triple de ovejas que de habitantes.</p><p>Sí, las proporciones bailan y todas son ciertas: depende del momento del año en el que se haga la afirmación. Sucede que<strong> los partos múltiples</strong> son muy comunes en las ovejas islandesas, así que, en tiempos de alumbramiento, el equilibrio se altera.</p><p>Pero el misterio solventado deja paso a otro aún más intrigante.</p><p>  </p><p> Grupos de ovejas en Islandia. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>¿Soy yo, o van siempre de tres en tres?</p><p>  </p><p> Ovejas en el campo islandés. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>La explicación que nos han dado es que en muchos casos se trata de unidades familiares:<strong> mamá oveja y dos ovejitas</strong>, aunque sean de distintos colores (predominan las blancas, pero también las hay marrones y negras) y el mismo tamaño (los animalitos crecen que se las pelan).</p><p>Para mantener caliente al país </p><p>La oveja islandesa tiene fama de ser <strong>resistente al frío y muy autónoma</strong>. Ni grande ni pequeña, de patas cortas, presenta la cara y las piernas libres de lana.</p><p>Aunque hubo un tiempo en el que se las permitía pastar todo el año a su libre albedrío, ahora hay restricciones y, si bien campan a sus anchas en primavera y verano, son obligadas a <strong>volver al redil en otoño</strong>. La recogida, que los pastores aún hacen a caballo y ayudados por perros, puede durar una semana, tiempo durante el cual los ganaderos pasan las noches en cabañas diseminadas por las tierras altas.</p><p>Nos dicen que el último día, la entrada en el redil de la última oveja es la señal de partida para una gran celebración.</p><p>Dan leche, claro, y sirven para carne, pero su seña de identidad más islandesa es <strong>la lana, con doble revestimiento</strong>: la capa externa, más larga, se llama <em>tog</em> y la interna, más fina, <em>þel</em>. En el esquilado de primavera, la lana que se obtiene es gruesa y suele usarse para hacer alfombras; de la esquila de otoño procede el apreciado <em>lopi</em>, que no es otra cosa que el fruto de la combinación de ambas capas, <em>tog</em> y <em>þel</em>. Y el <em>lopi</em>, exclusivo de este país, sirve para tejer el <em>lopapeysa</em>, el jersey islandés, famoso por el calorcito que da y porque repele el agua.</p><p>  </p><p> Productos fabricados con lana islandesa. / INGENIO DE CONTENIDOS / KIDKA</p><p>Prenda habitual para los isleños, el <em>lopapeysa</em> se ha convertido también en un <strong>reclamo para los turistas</strong>, que caen en la tentación de la compra aun siendo conscientes de que nunca sufrirán el frío suficiente como para utilizarlo. Por lo demás, es evidente que la lana tiene tirón entre los visitantes, que son llamados a curiosear en los escaparates con versiones varias del producto…</p><p>Y los islandeses han de estar agradecidos. Los libros cuentan que el mayor periodo de <strong>crecimiento e industrialización</strong> del país, durante la Primera Guerra Mundial, se debió a las ovejas y a su lana, muy apreciada en una Europa devastada por la contienda. Aunque, justo es reconocerlo, en la economía local las exportaciones de pescado siempre han tenido más peso…</p><p>La oveja es vida</p><p>En una escena de <em>Gente independiente, </em>alguien arranca unas hierbas. Mientras saborea su gusto, recuerda que ese humilde producto ha salvado vidas cuando el invierno ha sido largo, y el heno escaso.</p><p>  </p><p>Ovejas islandesas. / INGENIO DE CONTENIDOS</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Orúe]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las ovejas de Islandia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ecologismo,Turismo,Viajes,Animales de oro]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Los koalas de Australia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/koalas-australia_1_1160736.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b1cb4c9f-7162-4b7c-a06f-065d634bc1a2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los koalas de Australia"></p><p>“<strong>No me gustan los koalas</strong>. Son unos bichos asquerosos, irascibles y estúpidos sin un solo hueso amistoso en todo su cuerpo. Sus hábitos sociales son vergonzosos: los machos siempre andan propinando palizas a sus semejantes y robándoles las hembras. Tienen mecanismos defensivos repugnantes. Su piel está infestada de piojos. Roncan. Su semejanza con juguetes adorables es una engañifa abyecta. No son dignos de elogio por ningún motivo.</p><p>Y además, una vez un koala intentó hacerme daño de una forma muy horrible”.</p><p>No parece que <strong>Kenneth Cook</strong> tenga simpatía alguna por esos animales que, efectivamente, no son osos. <a href="http://www.sajalineditores.com/?p=libro&l=26" target="_blank">El koala asesino</a>, se titula su libro de relatos, uno de los que, en los últimos años, ha conseguido hacer de Australia un país cercano.</p><p>Que mira que es difícil.</p><p>  </p><p> Señal de tráfico australiana. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p><strong>El emblema australiano </strong></p><p>Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que el koala es <strong>una suerte de insignia</strong>, símbolo de Australia por encima incluso del canguro, o de sus parientes pequeños, los ualabies o wallabies (que, no obstante, dan nombre a los integrantes de la selección de rugby).</p><p>Y las circunstancias del koala, seguidas con interés en medio mundo, no dejan de generar informaciones.</p><p>Un ejemplo. Hay zonas del país donde, desde 2001, los tienen en su lista oficial de <strong>animales dañinos regionales</strong>, en compañías tan dudosas como la de las termitas, las coronas de espinas (unas voraces estrellas de mar) o las cucaburras (cuyo reclamo, similar a la carcajada humana, da aún más miedo si tenemos en cuenta que son aves carnívoras).</p><p>  </p><p> Canguros en Australia. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Otro: en 2015, se denunció que en algunas zonas los koalas se habían convertido <a href="https://abcnews.go.com/Primetime/story?id=132271&page=1" target="_blank">en una plaga</a>.</p><p>Sin embargo, el pasado mes de mayo, el estado de New South Wales anunció la puesta en marcha de un plan para proteger a esta criatura icónica, ahora en peligro de extinción… Antes, el enemigo era el cazador; ahora, son <a href="https://www.livescience.com/62517-how-koalas-get-chlamydia.html" target="_blank">cazados por la chlamydia</a>, bacteria responsable de una enfermedad de transmisión sexual común en los humanos.</p><p>En busca del koala escondido</p><p>Lo cierto es que la población koala ya no es lo que era. Se cree que antes de que los europeos hicieran su aparición había en la isla continente <strong>unos 10 millones</strong>; ahora, pueden ser <strong>unos 43.000</strong>. Y no resulta fácil verlos.</p><p>Nosotras tras una serie de infructuosas búsquedas, los localizamos camino del faro de Cape Otway.</p><p>  </p><p> Hacia el faro de Cape Otway, en victoria, Australia. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>El camino es una senda <strong>jalonada de eucaliptos</strong>, árbol que les ofrece alojamiento y manutención. Hay que ir muy atentos porque será el movimiento del follaje el que nos ponga sobre la pista de la ansiada presencia. O quizá den la voz de alerta los turistas apostados al pie de los árboles.</p><p>  </p><p> Koala en un bosque de eucaliptos australiano. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Sea de una u otra forma, lo que en principio parecen sombras se revelan seres vivientes que, como vamos a descubrir, soportan con <em>koaliniana</em> paciencia el <strong>acoso de esos seres fotográficos</strong> que les observan, entre curiosos e impertinentes.</p><p>En general, los vemos (a los koalas, no a los turistas) durmiendo (pueden hacerlo <strong>hasta 20 horas al día</strong>, alojados en las horquetas de los árboles); con suerte, comiendo o moviéndose; con más suerte aún, el individuo detectado es una hembra con su cría. Nunca en grupo, porque son seres solitarios: en la comunidad koala la única relación intensa es, nos dicen, la madre-hijo.</p><p>  </p><p> Koala con su cría. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>Otros turistas, menos aventureros o con menos paciencia, prefieren no perder el tiempo buscando koalas entre en follaje y se aseguran el tiro visitando uno de los muchos <strong>parques zoológicos</strong> que hay en Australia, públicos y grandes algunos, otros pequeños y privados.</p><p>Estos últimos nos llaman la atención, porque son muy populares y <strong>parecen precarios</strong>, como si los lugareños con terreno de sobra hubieran decidido sacar partido de sus posesiones y de la curiosidad de los visitantes. La buena noticia es que muchos de esos zoos realizan una tarea educativa y ayudan a conservar animales en peligro de extinción: sólo allí se pueden ver uómbats, casuarios, ornitorrincos, equidnas (otro mamífero ovíparo, pero éste similar al erizo), demonios de Tasmania, dingos (una subespecie de lobo propia de la zona)… y sí, koalas, que al final se nos antojan los menos raros de los animales raros que habitan Australia.</p><p>  </p><p> Zoo de Featherdale. A la izquierda, de arriba abajo: koalas, uómbat, casuario; a la derecha: dingos, equidna y ualabis viendo cómo han quedado las fotos. / INGENIO DE CONTENIDOS</p><p>De todo lo dicho se deduce que ver animales es, en Australia, una actividad seductora. Y, añadimos, no sólo para los foráneos, los nativos también le dedican energías.</p><p>Todo lo cual se traduce en dinero. Centrándonos en el animal que nos ocupa: aun quietecito, sin hacer apenas ruido y entregado a la tarea de masticar hojas, el koala es la espina dorsal de un negocio muy lucrativo. Eso dice al menos la Australian Koala Foundation. Sus cálculos, contenidos en un estudio titulado <a href="https://www.savethekoala.com/our-work/koala-worth-32-billion-30000-jobs" target="_blank"><em>The economic value of the koala</em></a><em> </em>(2014)<em>, </em>indican que los animales dejan en las arcas públicas <strong>3.200 millones de dólares</strong> australianos, y crean unos <strong>30.000 puestos de trabajo</strong> en la industria del turismo. Sólo la Gran Barrera de Coral y la Sydney Opera House dan más dinero.</p><p>Otros datos interesantes. Según el informe Sustainable Tourism Cooperative Research Centre (2009),<strong> el 44% de los visitantes</strong> llegados a Australia querían ver koalas, más de los que manifestaban su deseo de ver canguros o cualquier otro animal, y sólo el 50% cumplía su sueño.</p><p>Entre quienes lo hicieron estamos nosotras. Los vimos. Y ellos también os vieron.</p><p>  </p><p> Un koala observa a los turistas desde su eucalipto. / INGENIO DE CONTENIDOS</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Orúe | Sara Gutiérrez]]></author>
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