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Entrevista

David Vidal: “El periodismo ha usado el lenguaje del poder para hablar del poder”

Publicada 09/05/2013 a las 20:02 Actualizada 11/06/2013 a las 22:37    
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David Vidal Castell, productor de 'Vida y muerte de un diario'

David Vidal Castell, productor de 'Vida y muerte de un diario'

SomAtents
David Vidal Castell es profesor de Periodismo Cultural en la Universidad Autónoma de Barcelona. Hace una semana, el colectivo de jóvenes periodistas SomAtens lanzó su último proyecto: 'Vida y muerte de un diario', un video en el que ciudadanos y periodistas analizan la decadencia del periodismo. Él, junto a Vanessa Roca, es su productor y guionista.

¿Qué valor añadido aporta 'Vida y muerte de un diario' que lo diferencie del resto de proyectos o iniciativas similares?

El vídeo plantea claramente la centralidad del periodismo en una sociedad democrática, y vincula de forma indiscutible la crisis de las democracias occidentales con la del periodismo. También llama la atención junto con los flyers que repartimos el viernes a las puertas de diversos medios de Barcelona sobre la precarización de la profesión. Porque sin periodistas no hay periodismo, hay otra cosa: comunicación corporativa, difusión de comunicados... pero no periodismo.

Carlos Zeller, uno de los expertos que intervienen, llega a considerar que el periodismo, como institución cultural e informativa de referencia en occidente, prácticamente ha desaparecido al colapsar su modelo de negocio, su industria y ceder su independencia ante los intereses económicos de los poderes financieros.

SomAtents, como grupo, da esta voz de alerta, aunque no compartimos que el periodismo haya desaparecido. Creemos más bien que la crisis industrial del periodismo está haciendo emerger otras formas de llevar a cabo esa función de vigilancia que, sin duda, debe llevar a cabo el periodismo.

¿Quizás debería escucharse más a los ciudadanos que a los expertos para intentar comprender la problemática del periodismo actual y así encontrar soluciones a la crisis en la que está inmerso el modelo de negocio? ¿Qué habéis aprendido de ellos tras la elaboración del reportaje?

Sin duda. Por ello, desde el principio, nos imaginamos un vídeo en el que ciudadanos relacionados con la prensa (pero no periodistas) hablaran de la relevancia que esta tiene. Estamos un poco hartos de maestros que nos alertan de la importancia de la educación, de jueces que hacen lo mismo con la justicia, de policías y bomberos, etc. Todos tienen más razón que unos santos, evidentemente, pero estamos cansados de que cada profesional subraye la importancia de su profesión.

El periodismo es central en un sistema democrático de una sociedad compleja y avanzada. Tom Rosenstiel y Paul Starr han dejado escrito que sin periodismo no hay democracia; y que dónde hay menos periodismo, hay más corrupción (tiene artículos académicos sobre esto). Así que nos apetecía oír hablar de ello a una mujer de la limpieza, a la quiosquera, a un camarero, a un furgonetero, a los abuelos de la calle... ¡Y caramba con sus reflexiones! Nos han sorprendido a todos. Creo que, sin pretenderlo, hemos creado un discurso complementario al de los expertos, que sí que suponíamos lo que nos dirían.


¿Cómo cambiar los hábitos de consumo informativo, es decir, de qué modo se puede convencer a la audiencia para que pague por la información cuando pueden acceder a ella gratuitamente?

La información tiene unos costos y un precio, no sólo económicamente, también en el aspecto de inversión de tiempo y esfuerzo. No es posible una información de calidad que nos capacite para la toma de decisiones políticas colectivas sólo a base de entretenimiento, que es el nuevo (aunque ya veterano) paradigma comunicativo: el infoentretenimiento.

Al final, lo que suceda con la prensa va a depender de la decisión que sea capaz de tomar la ciudadanía de forma colectiva. Si los ciudadanos deciden pagar por tener información de calidad y verificada, creíble y contrastada, que sea capaz de convertir la acumulación de mensajes informativos en conocimiento operativo, tendremos un periodismo operativo y funcional.

En este sentido, se están viendo movimientos interesantes en Catalunya. Por ejemplo, tenemos el caso del Anuario del Silencio, que edita anualmente Media.cat y que recoge 15 temas que han sido silenciados por los grandes medios a causa de sus implicaciones económicas o políticas. Este anuario se hace a partir de crowfunding y es muy exitoso: más de 400 patrones aportan cerca de 10.000 euros para que se escriban estos reportajes. El caso de la web Cafeambllet, que denunció la corrupción en la Sanidad pública catalana, es otro ejemplo. Necesitaban 10.000 euros por una multa y obtuvieron el doble en pocos días, con el excedente van a hacer un libro en el que aún se van a detener más en aquello por lo que iban a ser silenciados.

Hay otras iniciativas que parten de una gran conexión con una (relativamente) pequeña comunidad de usuarios suscritos. Como ha sucedido con las cooperativas organizadas por los compañeros despedidos de Público. En sólo un año, ha propiciado el nacimiento de proyectos como Mongolia, Alternativas Económicas, La Marea, eldiario.es o infoLibre. Están funcionando bien, algunos con beneficios mucho antes de lo pensado, y casi todos presentan el sistema de cooperativa. Muestran una conexión muy directa y cómplice con una audiencia de usuarios que pagan por su valioso trabajo.



¿En qué momento se dejó de creer en el periodismo como un servicio público esencial para el control y buen funcionamiento de las democracias? ¿Cómo influye esa desafección en los lectores de diarios?

El momento es el de la conversión de los grupos de comunicación en agentes del sistema financiero (del político ya lo eran e íbamos trampeando). Eso ha sido definitivo. Los lectores han identificado a los periodistas como un agente del sistema más, no como su servidor para vigilar los poderes del estado. El periodismo ha usado el lenguaje del poder para hablar del poder. Por eso ahora gente como Évole, que habla un lenguaje de la calle, comprensible y transparente, está recuperando la credibilidad del periodismo. Es uno de los nuestros. No es un periodista encorbatado que engola la voz y mueve la cola ante el político de turno.

¿Inventar el nuevo periodismo puede no significar otra cosa que retomar el viejo: que el reportero vuelva a pisar la calle de la que nunca debió salir?

El periodismo, al fin y al cabo, no es sólo contar historias. Walter Lippman escribió hace casi un siglo que es sobre todo filtrar, jerarquizar, señalar qué es relevante. Eso es lo que hemos perdido: hoy lo ofrecemos todo en bruto, en directo emocional. Talese decía que “las historias están allí dónde usted las encuentra”... ¡Hay que salir a buscarlas!

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