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Si no está roto, no lo arregles

Publicada 18/06/2014 a las 06:00 Actualizada 19/06/2014 a las 13:11    
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Lo recuerda el profesor de ciencia política José Ignacio Torreblanca en su último y recomendable ensayo, titulado "¿Quién gobierna en Europa? Reconstruir la democracia, recuperar la ciudadanía". Se trata de una conocida y pragmática expresión anglosajona: "If it ain't broken, don't fix it", es decir, "si no está roto, no lo arregles". Torreblanca la utiliza para explicar cómo durante las primeras décadas de integración europea nadie se preguntaba por la calidad democrática, puesto que todas las miradas estaban puestas en los beneficios económicos que esa integración aportaba a amplias capas de la ciudadanía. Hoy, seis años después de haber estallado la crisis, el mito europeo se difumina a los ojos de esa misma ciudadanía cuando comprueba que instituciones como el BCE o el Eurogrupo, no elegidas democráticamente, imponen decisiones a gobiernos sí elegidos que asumen recetas (prioritariamente beneficiosas para los poderes económicos y financieros) sin siquiera amagar con cualquier otra alternativa. Mientras todo iba aparentemente bien, apenas asomaban los avisos de que la arquitectura institucional del euro era defectuosa, sufría una especie de aluminosis. Ahora urge la recomposición del edificio, quizás desde los cimientos, antes de que se venga abajo.

Valdría perfectamente ese mismo dicho anglosajón para sugerir a la autoridad competente que no se esforzara en vender a los ciudadanos mensajes increíbles sobre la abdicación de Juan Carlos I en el príncipe Felipe, por mucho que los difundan y amplifiquen los numerosos palmeros mediáticos. "Si no está roto, no lo arregles". Empeñarse en contar, como este martes ha hecho Mariano Rajoy, que "estamos dando una magnífica imagen ante el mundo" por "la transparencia y la normalidad con que se está llevando a cabo la sucesión en la corona" es bastante absurdo. Por supuesto que sería mucho peor que anduviéramos a garrotazos como los que pintaba Goya, pero pretender que el resto del mundo observa el cambio como un "relevo generacional" concienzudamente preparado pese a contar con un monarca en muy buena forma y amado por su pueblo es un pelín exagerado. Si la institución no estaba rota, ninguna necesidad había de arreglarla.

Lo que se cuenta fuera

No hay más que repasar las principales cabeceras periodísticas internacionales para hacerse una idea de la actual Marca España en lo que se refiere a la abdicación. Desde Le Monde a Financial Times pasando por The New York Times o Der Spiegel han relacionado explícitamente el cambio con "la pérdida de credibilidad y popularidad" de la corona, "blanco de duras críticas, de una investigación penal y del ridículo público", y han repasado causas como "el desfalco de millones de euros" protagonizado por Iñaki Urdangarin, la implicación en el mismo de la infanta Cristina, el "escándalo de la caza de elefantes en Botsuana" o el origen de "una fortuna real estimada en 1.800 millones de euros", según el diario francés Le Monde.

Aquí había algo roto o muy deteriorado, y más valdría reconocerlo, o al menos no dar de comulgar con ruedas de molino. Este jueves se inaugura el reinado de Felipe VI con una promesa implícita de regeneración. Ya hemos insistido en que lo verdaderamente urgente es la 'reconstitución' democrática, más allá del legítimo debate monarquía/república que a menudo sirve para sacar a pasear los fantasmas del miedo al pasado en lugar de despejar las incertidumbres del futuro.

La gestión opaca y paternalista de la abdicación se ha llevado por delante también los restos del laureado consenso de la transición, logrado en buena parte por la fuerza del miedo al golpismo. Ni los problemas ni las circunstancias son comparables. Al margen de las verdades y mentiras, de las luces y las sombras de la transición, lo cierto es que España no afronta ahora el paso de una dictadura a una democracia, sino el reto de mejorar con urgencia la calidad, el funcionamiento y la representatividad de esta democracia, por sí misma y dentro de un marco europeo al que cabe exigir que ayude a resolver problemas en lugar de agravarlos.

La tentación de 'las tres R'

Puede que a algunos se les haya hecho largo y a otros demasiado corto, pero el domingo pasado, 15 de junio, se cumplieron 37 años de las primeras elecciones democráticas después de 36 años de dictadura. Es significativo que, casi cuatro décadas después, sigamos asistiendo a una generalizada y empalagosa adulación de la monarquía, y haya que buscar en las cabeceras extranjeras, en el territorio digital o en alguna gaceta humorística el análisis más crudo y sincero de la crisis institucional, de ese 'roto' que necesitaba un 'arreglo'. 

Una vez que pasen los emotivos discursos de este jueves, las recepciones multitudinarias, los desfiles, la agitación de banderas y los ágapes de palacio, quizás los apodados en la villa y corte como las tres R (el Rey, Rajoy y Rubalcaba) se queden muy satisfechos con el "deber cumplido" y con "la imagen de España ante el mundo". Algunos de sus asesores confiaban además en que el Mundial de fútbol mitigaría (sobre todo si España hubiera cumplido las expectativas) cualquier otra sombra de incertidumbre y relajaría el ambiente hasta después del verano. Difícil. No ya por la derrota fulminante en el Mundial, sino porque ni el paro ni la cuestión catalana ni otros 'rotos' pendientes desaparecerán.

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(Actualizado jueves a las 13,15 horas).



10 Comentarios
  • 21 icaria 22/06/14 09:06

    Felipe VI "El Preparado". Debido a su cultura y preparación adquiridas gracias a nuestra contribución. Debiera ir pensando en poner a plebiscito su cargo. Las encuestas están a su favor. ¡Aprobechelas!. Los republicanos aceptaremos el voto del pueblo.

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  • 20 Arlequino 21/06/14 02:12

    Evidente que el creciente desprestigio de la corona,aceleró el proceso de abdicacón,y forzó un aforamiento que delata las reales chapuzas. LLama tambien la atencion las abdicaciones en el resto de las monarquias europeas,a excepción de Inglaterra,¡S habran puesto de acuerdo?.

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  • 19 MASEGOSO 20/06/14 19:24

    Como siempre bien definidas, separadas y comentadas las cuestiones. Darle sinceramente las gracias por este periodismo bien hecho y sin ataduras.

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  • 18 Teresa M M 20/06/14 18:02

    En 2015 habrá elecciones municipales y generales. Para mí esa es la forma democrática de mostrar lo que queremos los ciudadanos.

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  • 17 Antonio 20/06/14 16:55

    Un rey del siglo XXI es el que es de su pueblo y eso quiere decir que denuncia públicamente y no consiente el atropello que están sufriendo sus hijos (pueblo). EL REY DEL PUEBLO HOY ES PABLO IGLESIAS.

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  • 16 urrraca 19/06/14 21:43

    "El príncipe está muy preparado" lo dice su padre y, como dice el artículo, todos los palmeros mediáticos y no lo dudo, pero nuestros hijos ¿no están preparados? yo también quiero jubilarme y dejar mi puesto a mi hijo que está "muy preparado".

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  • 15 Maria garcia 19/06/14 19:15

    Ha habido una diferencia de asignaciones entre infantas e infante. Como seria el horizonte de estas mujeres si el reparto hubiera sido otro...Y lo que mas interesa, admitiendo esa discriminación positiva por sexo a su favor, como puede aplicar otra vara de medir hacia el futuro.

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  • 14 luissot 19/06/14 11:05

    rita dijo..
    Me sumo a esas risas, es lo unico que podemos hacer ante tanto lameculos, espero que a Rubalcaba le den el papel que merece, el de bufon. Ahora esta haciendo oposiciones o meritando para entrar en el bissnes-club, cuando deje la politica (ojala sea muy pronto ) siempre habra algun aburrido pero bien pagado cargo en cualquier empresa publica o privada acorde a los favores prestados. Como dijo Peret : es preferible reir que llorar....

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  • 13 BASTE 19/06/14 08:20

    Como siempre claro i conciso,¡da gusto leerte Jesús!.

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  • 12 LosCristos 18/06/14 19:42

    Jesús una realidad contada de forma acertada. El príncipe debe ser valiente y para ser Rey lo tiene que elegir su Pueblo. ¿A qué no tiene el valor de enfrentarse al pueblo en unas elecciones? ¿Qué miedo le tiene al pueblo o también quiere estar en contra de él? Esto nos haría fuertes y coherentes.

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