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Qué ven mis ojos

Hasta aquí habéis llegado

Publicada 26/01/2016 a las 06:00 Actualizada 26/01/2016 a las 09:49    
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“Todo lo irreversible se pierde una mitad” .


Una imagen no vale más que mil palabras, pero tampoco las necesita, porque es capaz de decirlo casi todo sin pronunciar ninguna. Estos días ha aparecido en un muro de Londres, a dos pasos de la embajada de Francia, una pintada del artista callejero Banksy, que desde hace mucho tiempo es a la vez famoso y desconocido, en la que se puede ver a Cosette, uno de los personajes emblemáticos de la novela Los miserables, surgiendo del gas lacrimógeno de un bote de humo, igual que un genio de una lámpara mágica. Euphrasie Fauchelevent, que así es como se llama en realidad la heroína de la obra de Victor Hugo, es una de las representaciones más poderosas de la explotación que se conocen. Al cumplir los tres años, su madre soltera, incapaz de alimentarla y darle una vida digna, la deja en manos de unos bodegueros que la tratan como a un animal y le hacen trabajar de sol a sol en su cantina. La historia tiene el final feliz que a menudo le falta a la realidad, que a este lado de los libros no es lo que sucede sino lo que unos cuantos quieren que pase. Cuando el punto final lo ponía Dickens, ganaban los buenos; cuando lo ponen los neoliberales, ganan los usureros.

Vivimos en un mundo en que los buitres hacen de palomas mensajeras y por todas partes suena el discurso del miedo. Sólo hay que ver cómo ahora que en España han llegado al Congreso diputados que creen que cambiar significa hacer algo nuevo y no lo mismo de otra forma, los de siempre se lanzan a defender lo suyo por tierra, mar y aire. El presidente del BBVA, que gana cerca de 16.000 euros al día y ha despedido a más de mil quinientos trabajadores sólo de Cataluña Caixa, que es la parte del botín que su banco se ha llevado de la crisis, nos advierte que en nuestro país empieza a paralizarse la inversión a causa de la incertidumbre política. La UE alerta a España del riesgo inminente que amenaza su economía a causa de la inestabilidad, y ya sabemos que para ellos el equilibrio consiste en quedarse parados y apostar por lo malo conocido. Saben que eso no funciona y que nueve veces de cada diez lo que se rehace con los restos de lo que se derrumbó vuelve a caerse; pero es que su negocio es justamente ése, dejar que las ruinas de nuestras casas formen un muro que los defienda y que no podamos saltar. El FMI, con su directora gerente imputada por corrupción, igual que sus dos predecesores en el cargo, nos exige más recortes y aboga por el copago en sanidad y educación y por subir el IVA. Si hay algo que jamás se sacie es la sed de los vampiros.

Para completar el ataque de puertas hacia dentro, el jefe de Ciudadanos, al que cada vez le queda más grande el disfraz de Adolfo Suárez, repite una y otra vez que hay que hacer lo que sea para que Podemos no pueda, aunque eso suponga mantener en el poder a un partido imputado en su conjunto por obstrucción a la Justicia, acusado de destruir a martillazos los ordenadores de su tesorero para ocultar pruebas, y que lleva pintadas en sus siglas las tramas Gürtel, Brugal y Púnica, la operación Pokémon, los casos Bankia y Nóos, los sobresueldos, las tarjetas black, los sobres llenos de dinero negro, a Blesa, Fabra, Rato, Mato, Matas y compañía... ¿Se puede regenerar la degeneración?

Kung Fu derribaba a sus enemigos lanzándoles una moneda a la sien, a cámara lenta y desde lejos, y esa gente hace lo mismo, porque ha descubierto que las monedas son armas y que sólo hay que quitárselas al enemigo para que se rinda. El enemigo era el ciudadano medio, aquel que representaba al Estado del bienestar y a quien han asesinado a sangre fría, tal y como podemos ver en el libro La muerte de la clase liberal, de Chris Herges, recién publicado por la editorial Capitán Swing. Tal vez tenga razón en que las víctimas del “Estado empresarial”, como él lo llama, hemos contribuido a nuestra propia destrucción por confiar en el poder a ciegas, por ser incapaces de ver que sus líderes no eran directores de orquesta sino encantadores de serpientes y, lo peor de todo, por abandonar nuestros ideales de igualdad y justicia para entregaros al egoísmo, que es lo que hace invulnerables a los fuertes e impulsa a los demás a dividirse para que los venzan.


Mural de Banksy frente a la Embajada francesa en Londres. 

En su grafiti de Londres, Banksy denuncia el uso de botes de humo contra los refugiados en Calais y otros actos violentos de la policía contra los inmigrantes. Al este lado de los Pirineos, después de semanas de discusiones en las que más pateras se hundían y más niños se ahogaban en las playas, se ha acogido a diecinueve personas en seis meses. Ahí han puesto la línea roja los mismos que dilapidaron millones de dinero público en obras que nunca llegaban a realizarse y que sólo sirvieron para que a unos los desahuciaran y otros se comprasen palacetes, para que el destino de muchos fuera una oficina del INEM y el de algunos, una caja fuerte de Suiza. Por suerte, los españoles hemos recuperado la memoria y me apuesto algo a que también nos vamos a acordar de todo lo que está pasando ahora, no olvidaremos quiénes le venderían su alma al diablo con tal de no perder su inmunidad y quiénes son los barones del PSOE que piden a gritos una alianza con el PP y Rajoy, con todo lo que eso significa. Quizás no saben lo que dicen y tal vez sí. Es muy posible que ellos creyeran en serio que su autoridad era irreversible y por eso no entienden qué es lo que ha pasado en las últimas elecciones, cómo es posible que los votos de los ciudadanos le hayan dado la vuelta a la situación. El día que abran los ojos, se darán cuenta de que es muy fácil: la otra cara sí que existía, va a ser su cruz y si tratan de avanzar con ella a la espalda no irán demasiado lejos. Hasta aquí habéis llegado.
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