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Jetas del siglo XXI

Publicada 18/05/2016 a las 19:29 Actualizada 18/05/2016 a las 23:00    
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Sostiene Juan Rosell, presidente de los empresarios españoles, que el empleo "fijo y seguro es un concepto del siglo XIX". Puede pasar la cosa por uno de esos excesos verbales tan habituales entre jefes de la patronal, un club en el que al parecer se triunfa a base de ofender a los trabajadores y con alguna frecuencia se acaba en la cárcel por otro tipo de excesos. Se escucha en tertulias y corrillos supuestamente informados que "Rosell se ha pasado en las formas", cuando lo cierto es que el jefe de la CEOE simplemente ha expresado en palabras uno de los ejes de las políticas económicas y laborales que se vienen imponiendo en España y en Europa. No es un error de formas sino un pensamiento de fondo. Aquí lo único "fijo y seguro", de una modernidad infinita, es el poder ocupado y ejercido por un establishment en el que grandes empresarios y banqueros, altos ejecutivos, políticos entregados de hoz y coz a las recetas neoliberales y ciertos intermediarios muy bien remunerados protegen con uñas, dientes, BOE y discursos del miedo una mutualidad de intereses particulares.

Si no fuera por ese blindaje compartido no se entenderían algunos de los disparates que se hacen y dicen en plena precampaña electoral, tomando de nuevo por memos a los votantes, al menos a esos votantes que procuran informarse y pensar antes de decidir, en lugar de "fichar por los míos" pase lo que pase y digan lo que digan.

   - Anuncia Rajoy en el Financial Times que va a rebajar los impuestos si es reelegido. "Porque yo lo valgo", podría añadir. Según Eurostat, el órgano estadístico oficial de la Comisión Europea, la presión fiscal en España está ocho puntos por debajo de la media de la eurozona (el 38,2% frente al 46,6%). Nuestro gran problema, se pongan como se pongan los mil y un voceros del discurso único, es de ingresos más que de gasto. De hecho, Eurostat también informa de que el gasto público español es del 43,6% del PIB frente a la media en la eurozona, que alcanza el 48,6%. Ni está ni se espera la gran reforma fiscal eternamente pendiente, la que reduzca un fraude que sí que dobla la media europea y la que evite que sean las rentas del trabajo las que soporten la mayor carga fiscal a gran distancia de las rentas empresariales o financieras. (Basta recordar lo que pagaron en 2014 por impuesto de sociedades la mitad de las compañías del Ibex-35: CERO euros, gracias a la ingeniería fiscal y a los equilibrios contables que permite la globalización). Rajoy y sus asesores consideran que prometiendo rebajas de impuestos y gritando "¡que vienen los comunistas!", el PP podrá seguir en el Gobierno (ya se verá con qué pactos).

   - El anuncio de Rajoy (como la evacuación verbal de Rosell) se conoce precisamente en vísperas de que Bruselas exija a España nuevos ajustes por más de 8.000 millones entre este año y el próximo para que se rebaje el déficit público al 3,7% del PIB en 2016 y al 2,5% en 2017. El sacrosanto objetivo de déficit, pese a la devaluación salarial y a los durísimos recortes ejecutados, no se ha conseguido en ninguno de los ejercicios de la última legislatura, como tampoco lo logró el Gobierno anterior con la aplicación desde mayo de 2010 de las recetas de la llamada "austeridad expansiva". Este mismo miércoles, por cierto, hemos sabido que la deuda pública que Zapatero había dejado en el 68% del PIB supera ya el 100%. Escucharemos hasta el 26J por boca de Rajoy, de Guindos, de Montoro... el cántico del crecimiento económico, pero no habrá forma de que expliquen a costa de qué y de quiénes.

   - El gran logro de Rajoy ha sido conseguir que la Comisión Europea aplace hasta primeros de julio (una vez celebradas las elecciones) la imposición de una multa a España por no cumplir el déficit que puede ascender hasta los 2.000 millones de euros. El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker (ese hombre que inventó el paraíso fiscal luxemburgués en el vientre de la UE) ha convencido a quienes reclamaban la inmediatez de las sanciones con el argumento de no interferir en el proceso electoral. Claro, es mucho mejor dejar al siguiente gobierno la herencia de los recortes y las multas por lo bien que funciona la "austeridad expansiva". De paso, si vuelve a ganar el PP, la Comisión Europea ya sabe por experiencia que no habrá problemas para aplicar concienzudamente los recortes que hagan falta. ¿Que Rajoy promete a la vez rebajas de impuestos? En campaña todo vale. Y si no siempre se puede recurrir a la tan famosa como discutida 'curva de Laffer' (la que sostiene que se puede subir la recaudación rebajando impuestos). Ni Laffer ni Merkel ni Rajoy han tenido en cuenta la curva del hartazgo ciudadano cuando tres millones de españoles han caído de la clase media a la baja durante la crisis, según los cálculos de un reciente estudio de la (¿bolivariana?) Fundación BBVA.

   - Como bien sabe Juan Rosell (y como explica el citado estudio), el desempleo y la precariedad laboral son la causa de la enorme brecha de desigualdad que ha ensanchado la gestión de la crisis. El 39% de la población española se ubica en la clase baja, con el menor nivel de ingresos, al borde o en la pobreza (depende de los criterios que se utilicen para medir la miseria). Esa realidad sí que nos devuelve al siglo XIX, a descripciones que merecerían un Charles Dickens adaptado a ese "proceso de transformación digital" que tanto parece preocupar a Rosell. (Podría aprovechar el AVE o el Puente Aéreo para leer Los besos en el pan, de Almudena Grandes, y hacerse una idea de lo que significa en la vida de la gente estrellarse de bruces contra la "austeridad expansiva" y la precariedad laboral).

No, no se trata de un exceso verbal. Lo que manifiesta Rosell representa algo que define muy bien el politólogo y diputado mexicano Agustín Basave en un interesante ensayo que acaba de presentar en Madrid, titulado La cuarta socialdemocracia: "Un sistema económico que privilegia la especulación y los movimientos del capital y detesta el control político, uno que realmente privatiza las ganancias y socializa las pérdidas (too big to fail) y que en aras de un mercado laboral libérrimo ha logrado eliminar gran parte de las reglas que resguardaban al trabajo". Denuncia Basave que "hoy se asume tácitamente que la gran contribución empresarial a la sociedad es generar empleos [poco importa qué tipo de empleos], y que de alguna manera eso justifica que pague menores o incluso nulos impuestos". 

En España ni siquiera hemos tenido la suerte de que surjan movimientos como el de los 'Millonarios patrióticos' de EEUU que hace unos meses acudieron al Congreso para pedir que les subiesen los impuestos, convencidos de que es injusto que su carga fiscal sea mucho menor que la de los trabajadores y preocupados ante la galopante desigualdad y sus consecuencias. Como apuntaba Joaquín Estefanía, se trata de "un grupo de ultrarricos que quiere salvar al capitalismo de sus propios excesos". Tal fenómeno en España es inimaginable. Por aquí abundan más bien los jetas. Los había en el siglo XIX, los hubo en el XX y los hay en el XXI. Los avances en derechos sociales o laborales siempre les han provocado urticaria, así que ahora están dispuestos a aprovechar al máximo la mercadocracia rampante para vender sus "conceptos" al consumidor-elector. 

EL AUTOR Correo Electrónico


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