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Día contra la Violencia de Género

Un 25N contra todas las formas de violencia machista

  • Expertas en feminismo detallan, en el Día Internacional contra la Violencia de Género, los tipos de sexismo cotidiano que sufren las mujeres
  • Apuestan por la educación y la concienciación social para trabajar en una regulación que luche contra la violencia estructural

Publicada 25/11/2016 a las 06:00 Actualizada 25/11/2016 a las 11:30    
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Un cartel contra la violencia de género frente a un escaparate en Málaga.

Un cartel contra la violencia de género cuelga frente a un escaparate en Málaga.

Efe
Este viernes las voces feministas de todo el mundo vuelven a gritar, un año más, contra la violencia machista. Lo hacen en el marco de las movilizaciones convocadas en el Día Internacional contra la Violencia de Género, jornada en la que la ciudadanía exige un cambio en las políticas y un compromiso social que termine con todas las formas de violencia patriarcal. 

Expertas en cuestiones de género consultadas por infoLibre debaten y repasan las diversas manifestaciones que adopta el machismo en el día a día de las mujeres.

Violencia estructural o formas de sexismo

La doctora en Filosofía y experta en estudios de género, Carmen González, entiende que "hay muchas formas de violencia hacia las que no tenemos ni siquiera una gran sensibilidad, precisamente porque son muy cotidianas y están muy interiorizadas". A juicio de González, actualmente persisten en la sociedad una serie de problemas que no son identificadas como violencia, pero que "se pueden considerar también formas de sexismo y en consecuencia formas de violentar la vida de las mujeres". 

González, sin embargo, introduce un debate conceptual sobre la violencia machista: "Se experimenta a veces una sensación de cierta fatiga respecto al uso de la violencia", expone. "Lo usamos tanto, en tantos contextos, que da la impresión de que las feministas son un conjunto de mujeres auto victimizadas que sistemáticamente se reconocen como objeto de violencia por todas partes", algo que, considera, "ni es el caso, ni tampoco es positivo". La experta, que opta por la prudencia a la hora de abordar el debate, subraya la existencia de "muchas acciones y actitudes distintas que habría que analizar de manera diferenciada", pero a su vez "evitando correr el riesgo de no reconocer como tal ningún tipo de violencia". En conclusión, González señala la necesidad de "llamar de diferente manera" a todas aquellas "formas de violentar que en realidad tienen nombres propios". Porque, reflexiona, "no es lo mismo que a una le digan un piropo por la calle, a que le peguen una paliza, aunque son cuestiones que muchas veces están en una línea continua, pero no necesariamente siempre".

La periodista y especialista en cuestiones de género Montserrat Boix, aporta una visión alternativa. "Estamos hablando de las otras violencias desde una perspectiva deformada", sostiene Boix, quien estima que "la idea de otras violencias –en plural– está basada en que la única violencia hoy es la que reconoce la ley", cuando la realidad es que todo forma parte de una misma "violencia estructural".

"En los últimos años del siglo pasado el feminismo ya empezaba a reflexionar, especialmente el radical, sobre la violencia contra las mujeres" en sus distintas vertientes. A partir de ahí, una parte del movimiento se plantea como objetivo el reconocimiento político "y tuvo que centrarse en lo más evidente: las muertes". Durante los años noventa, el feminismo comienza a contabilizar los asesinatos, y a partir de esos números "se presionó para que hubiera una ley, que además fue bastante descafeinada", continúa Boix. Desde entonces, "solamente hemos identificado desde lo social la existencia de una serie de prácticas que están penalizadas y consideradas violencia contra la mujer, pero ahora tenemos el reto de hacer visible todo lo demás, que ha estado desde el principio y que se ha visto deformado por la visión legalista", sostiene. La periodista entiende la lacra del machismo como una única forma de violencia con distintas expresiones pero sin ninguna distinción más allá de la normativa. El objetivo, ahora, consiste en visibilizar "todo lo que se comentaba hace años pero no se pudo incluir en el marco legal". 

Sistema educativo 

La presidenta del Fórum de Política Feminista, Nina Infante, destaca la importancia de la educación como base para el impulso de una sociedad equitativa. La activista considera primordial la puesta en marcha de un sistema educativo en el que "se dé realmente una educación que contemple todas las aportaciones que las mujeres han hecho". En este sentido, critica la presencia prácticamente exclusiva de los hombres en el estudio de la historia y recuerda que "los valores que se están impartiendo en las escuelas son valores masculinos" porque existe una carencia de "profesores formados" en cuestiones de género, y ello "impide incidir en la prevención".

Carmen González, por su parte, sugiere una revisión del canon en todas las materias. "Se puede revisar e intentar introducir" el papel de las mujeres, que "aunque numéricamente haya sido muy inferior, no está claro si esto sucede porque realmente no ha habido apenas mujeres o porque se nos han olvidado", subraya. Añade, finalmente, que "los niños y niñas tienen que saber desde pequeños que no sólo hay héroes, científicos o artistas hombres, sino también mujeres", y, asimismo, los planes docentes no deben relegar a un segundo plano "la propia revolución feminista, que no se estudia en las enseñanzas básicas o medias".

Juventud: celos, mitos y ciberacoso

El pasado año el Centro Reina Sofía sobre adolescencia y juventud publicaba un estudio titulado ¿Fuerte como papá? ¿Sensible como mamá? Identidades de género en la adolescencia, en el que constataba cómo "muy mayoritariamente las chicas son definidas como sensibles y tiernas (según el 56% de los y las jóvenes), preocupadas por la imagen (46%) y responsables y prudentes (36%), mientras que los chicos, por su parte, como dinámicos y activos (66%), independientes (36%) y posesivos y celosos (31%)".

El problema que genera esta percepción generalizada recae directamente sobre la imposibilidad de mantener vínculos de igualdad entre los jóvenes. En este contexto, y según las expertas, la idea de amor romántico continúa arraigada a través de estímulos sociales y culturales que inculcan planteamientos como la entrega total, la media naranja o la exclusividad, que a su vez fomentan relaciones descompensadas y propensas a actitudes de abuso. La protección, el control y los celos, de este modo, pueden desembocar en relaciones conflictivas que, bajo la apariencia tramposa de igualdad, se convierten en una forma más de violencia machista.

Patricia Ponce, directora de la Fundación Haurralde, agrega que "hay un tipo de violencia que se ha incrementado bastante, y que tiene que ver con el ciberacoso y las nuevas tecnologías". Ponce apunta que, entre la población joven, han aumentado las situaciones de acoso no percibidas, lo cual puede dar pie a "determinadas acciones con las parejas que responden a muestras de control y acoso". Además, apunta a las redes sociales como instrumento empleado para comenzar relaciones íntimas y encuentros virtuales que pueden generar una "situación de vulnerabilidad" producto del anonimato.

Publicidad y medios de comunicación

"La prensa no recoge nuestras aportaciones y reivindicaciones, se nos oculta, las organizaciones tenemos que gastar muchísimas energías para hacer pública nuestra lucha", lamenta Nina Infante. 

Hace un año, la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) elaboró un decálogo para informar sobre la violencia de género, al que se sumó infoLibre junto a otros medios digitales. Crear conciencia con el lenguaje –asesinadas en lugar de muertas–, la consulta de fuentes expertas, instalar una perspectiva de género de forma transversal en las informaciones o impulsar cursos de especialización en igualdad son algunas de las recomendaciones que los medios de comunicación deben seguir en la confección de una sociedad en igualdad. 

En cuanto a la publicidad, Patricia Ponce celebra que "a lo largo de los últimos años se ha legislado y trabajado bastante sobre la publicidad, especialmente la subliminal", que habitualmente transmite un "mensaje perverso" relacionado con la "fuerza dominante y la pasividad femenina". La activista considera esta cuestión como una de las prioridades para las administraciones públicas, que "continúan contratando, para la elaboración de campañas, a empresas que no tienen perspectiva de género".

También respecto a la publicidad, y de cara a las fiestas navideñas, Ponce destaca las acciones de concienciación que llevarán a cabo las organizaciones contra el sexismo en los juguetes mediante la propaganda que "perpetúa un modelo de mujer que no es real, tanto en la silueta física como en las relaciones de poder entre niños y niñas".

Brecha salarial, conciliación y techo de cristal

Las mujeres, en España, trabajan gratis un total de 54 días. Es el resultado de la desigualdad salarial que durante los últimos años ha desembocado en una brecha salarial del 14,9%, según datos de Eurostat. Carmen González entiende que "la brecha salarial puede parecer algo de otro calibre, que tiene que ver con la economía y con la crisis, pero en realidad es también una forma de violencia porque lo único que implica es que hay ciudadanos se primera y de segunda". Esta realidad afianza la idea de que la mujeres "merecen un reconocimiento económico inferior a los hombres", denuncia. En España, los obstáculos laborales se extienden a cuestiones como la conciliación o el difícil acceso a los puestos de responsabilidad.

En las empresas del Ibex 35, sólo el 17% de los puestos directivos están ocupados por mujeres, pero no hace falta ir a las grandes firmas: el porcentaje de mujeres catedráticas en las universidades españolas es únicamente del 20,6%. Por otro lado, en su informe anual del año 2015, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (Fape) reveló que el porcentaje de mujeres con categoría de directora, directora adjunta, subdirectora y redactora jefa en medios impresos fue del 10,9%, mientras que en los medios audiovisuales, las directoras y editoras de informativos y directoras de programas eran del 7,8%, y las responsables de contenidos en los medios digitales, del 3,9%. Se trata del fenómeno conocido como techo de cristal

Nina Infante reclama, como respuesta, una mayor implicación de empresarios, sindicatos, partidos e instituciones. Denuncia, asimismo, que "todos o casi todos los secretarios de Estado son hombres", de modo que nos encontramos ante una política "de referentes masculinos", denuncia. Durante las pasadas elecciones del 26 de junio, el PSOE fue el único partido que aprobó en paridad en cuanto al número de mujeres cabezas de lista. En otros países, señala Patricia Ponce, "la brecha salarial se acorta cuando las mujeres tienen mayor representatividad en puestos políticos, ya que aumenta la sensibilización hacia una legislación que favorezca el avance de la igualdad".

Ponce añade aspectos como el empleo doméstico y las dificultades que deben asumir las mujeres que no han trabajado en el régimen económico de un salario, "lo cual no quiere decir que no haya trabajado". 

Violencia obstétrica y sanitaria

A principios de noviembre, un total de trece organizaciones feministas presentaron el informe Deficiencias e inequidad en los servicios de salud sexual y reproductiva en España, un análisis sobre el sistema sanitario público español tras la reforma del 2012 desde una perspectiva de género. El estudio reclama un enfoque de género en la salud pública, "algo que a día de hoy no está en absoluto implantado dentro de los sistema y políticas" sanitarias. La queja de las organizaciones se basa en la existencia de "factores biológicos, socioeconómicos y psicosociales que condicionan la salud de las personas, en este caso en función de su género". Las autoras del estudio destacan el empeoramiento de la salud de las mujeres a partir de los 15 años en comparación con los varones: "El 33% de las adolescentes de esta edad presentan una percepción de salud regular, mala y muy mala, frente al 25% de los chicos". 

En el contexto de la desigualdad y las carencias del sistema sanitario español, se encuentra un tipo de violencia a menudo silenciado: la violencia obstétrica. Se trata del conjunto de malas prácticas que vulneran los derechos de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo en la atención de los procesos de embarazo, parto y postparto. El pasado mes de octubre, la Fiscalía de A Coruña reactivó un caso sobre abortos terapeúticos sin asistencia en el sistema sanitario gallego (Sergas). Los hechos denunciados apuntan directamente a las condiciones precarias –falta de garantías y de asistencia mínima requerida– en las que distintas mujeres interrumpían su embarazo. El 7 de noviembre, el Sergas fue condenado a pagar 270.000 euros a una mujer que perdió el útero tras ser derivada a Madrid para abortar.

La solución: identificar, concienciar y legislar

El modo de erradicar las formas de violencia machista que perduran a día de hoy en la sociedad pasa por una serie de acciones en las que la colaboración social e institucional resulta imprescindible. "Debe combatirse de todas las maneras", sostiene Montserrat Boix. "Hay que volver a recorrer todo el proceso: la sociedad tiene que ser consciente de toda esa violencia, y a partir del momento en que haya masa crítica, se va a transformar en ley y será penalizada".

Para avanzar en la erradicación de toda expresión de sexismo, continúa, es necesario "identificarlo, contabilizarlo, formarnos, y que exista un compromiso de la ciudadanía pero también de los profesionales para no ser tolerantes con esa violencia estructural que se manifiesta de muchas formas cotidianas".

A juicio de Carmen González, "seguramente la única solución sensata es la educación, la pedagogía". Aunque celebra el avance en una sensibilización "diferente a la que había en la época de nuestros padres o abuelos hacia problemas que ni se percibían", González recuerda que "llevamos 40 mujeres asesinadas en lo que va de año, un número salvaje". En este sentido, la experta se pregunta si realmente funciona "la filtración social del feminismo", que lleva desde finales del siglo XVIII "en una lucha continua". En cualquier caso, zanja categórica, "la única solución posible es legislar en aquello que tiene que ser objeto de ordenamiento, y por supuesto, educar".


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