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Soto Ivars: “Es una fantasía loca querer hacer justicia con un clic”

Soto Ivars: “Es una fantasía loca querer hacer justicia con un clic”

Podría parecer presuntuoso que alguien que apenas acaba de rebasar la barrera de los 30 años decida escribir una biografía intelectual y sentimental. Sobre todo si, revolviendo en sus recuerdos familiares, pretende desenmarañar las contradicciones de este país cainita “con forma de piel de toro”. Sin embargo, Juan Soto Ivars (Águilas, Murcia, 1985) se ha embarcado en el proyecto de desmontar el mito de las dos Españas motivado por un gran agujero negro en el conocimiento de sí mismo: averiguar de qué ideología es. Reconocer esa carencia de envergadura y que le duelen los insultos que le hacen en Twitter sirve para que se desvanezca la idea de que Soto Ivars pudiera ser un tipo vanidoso.

El escritor, periodista y columnista de El Confidencial acaba de publicar Un abuelo rojo y otro abuelo facha, manifiesto contra el mito de las dos Españas (Círculo de Tiza), un libro que incluye un ensayo contra el maniqueísmo de los dos bandos y una recopilación de sus artículos de opinión. En la parte inédita, Soto Ivars recorre su infancia en Alcantarilla, su acneica adolescencia en Tánger, su etapa de universitario en Madrid con ambiciones literarias. Pero también sus vaivenes ideológicos: pasó de tener simpatías comunistas por su fanatismo hacia Reincidentes y La Polla Records en su tierna juventud, a coquetear con el neoliberalismo cuando la burbuja inmobiliaria provocó que muchos cayeran en los brazos del hedonismo.

“Las ideologías tienen sentido y más ahora. En este momento de la historia la izquierda me parece más pertinente porque mucha gente se ha quedado tiradísima. Lo que me parece ridículo es el sectarismo ideológico”, cuenta Soto Ivars en la sede de la editorial en Madrid. Esta respuesta parecería una enmienda al propósito inicial del libro, pero el autor se explica: “Yo creo que soy de izquierdas, pero me ataca con mucha más ferocidad la gente de izquierdas, ya que al que se considera traidor se le ataca con más virulencia que al enemigo. No se arremete todos los días contra un tipo como Federico Jiménez Losantos, no veo a la gente en Twitter diciendo que Losantos es un fascista; prefieren decir que Juan Soto Ivars es un machista y un racista. Y sé que es mentira. Entonces, he ido amasando cierto rencor porque yo quiero ser de izquierdas y estar en ese bando, pero empiezo a tener disensiones y sentirme expulsado de cierta izquierda. De esto habla muy bien Muñoz Molina en Todo lo que era sólido. Él lo dice tal cual, porque le pasó lo mismo. Y también le sucede a Elvira Lindo. A ellos les están insultando gente de izquierdas, de Podemos, y tampoco es para tanto, no son tu enemigo”.

Cuenta que esa parte del libro la ha escrito sin ironía (aunque con mucho sentido del humor) y planteando, de paso, lo “tonto” que le resulta preguntarse por su propia ideología. Lo suyo es una reacción al 'estás conmigo o contra mí' que se ha exacerbado a través de las redes sociales, algunas campañas de change.org y los comentarios agresivos en los medios de comunicación. Él mismo planteó hacer una campaña para frenar “la fantasía loca de hacer justicia con un clic” en la que se basa la plataforma online de recogida de firmas. Lo explicó en su columna ¿A quién destrozamos la vida en change.org esta mañana? No obstante, dice comprender a quien se sube al carro, porque “Internet funciona así”, pero reivindica que se tenga empatía con el otro antes de sumarse a la protesta: “Lo que nadie se imagina es que cuando alguien me insulta por Twitter a mí me duele, no lo puedo evitar. Y esto es lo que no pensamos, que por un tema ideológico estamos jodiendo al personal con Internet todo el rato”. “Hay una confusión entre el individuo y el bando, entre el individuo y el colectivo”, argumenta.

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La respuesta a si hay solución para esta España dialéctica –después de un ensayo y cuatro años de bagaje en el columnismo— es entre derrotista y un spoiler de su manual: “No hay solución al mito de las dos Españas”, contesta rotundo Soto Ivars. “Lo que he hecho conmigo mismo es no ser tolerante, no lo soy ni con un facha ni con un bolchevique, no son ideas que yo tolere; pero soy transigente y eso ha sido un cambio mental fundamental”. Le ha influido el hecho de que a sus abuelos, aunque con diferentes posturas políticas, sufrieron las mismas consecuencias durante la posguerra, lo que le ayudó a ver los matices de la gente que se atrinchera a uno u otro lado. Y también el haber nacido y crecido en Murcia “uno de los rincones –o países— más unánimemente denostados de España”, la primera coraza para afrontar las críticas envenenadas a sus artículos de opinión.

Soto Ivars, autor de Ajedrez para un detective novato (Premio Ateneo Joven de Sevilla de Novela 2013), describe en su ensayo una España esquizofrénica: un país con una monarquía constitucional donde abundan los republicanos, con una población que vota en las urnas sólo para quejarse después de los políticos y una costa llena de cabos y bahías. La tendencia se contagia hasta al propio autor. Es un escritor que ejerce de periodista, un opinador que ha crecido gracias a las redes socialesopinador (su cuenta de Facebook es pública y comenta a cada rato), pero que a veces detesta la Red. “Creo que Internet nos ha hecho envejecer sin darnos tiempo a ser más sabios”, apostilla en su manifiesto.

¿Cómo es hacer columnismo, entonces, en un país así? “Cada vez difícil y, a veces, hasta un poco doloroso. La primera media hora es divertida y luego empiezas a pensar si no habrás dicho alguna burrada por los comentarios que te hacen. Pero al día siguiente, te das cuenta de que lo han hecho por el titular o el primer párrafo. No creo que el problema sea España, sino Internet y la forma de leer las cosas en la Red. Y es muy injusto para el que ha hecho el trabajo y para el lector que no se entera de los matices”, subraya. Más que un manifiesto contra el mito de las dos Españas, lo que firma Soto Ivars es una llamada a la empatía. Así las cosas, lo que mejor resume su intención son los versos del poema de Salvador Espriu con el que arranca el libro: “Haz que sean seguros los puentes del diálogo / y trata de comprender y de estimar / las diversas razones y hablas de tus hijos”. Esa es su moraleja.

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