Crónicas de la intimidad, en TintaLibre de enero
Pasado el atracón de las fiestas navideñas, nuestros lectores encontrarán en el menú de TintaLibre de enero una propuesta basada en la intimidad. En tiempos de redes sociales y tecnocracia vale la pena detenerse en argumentos que, aunque aparentemente no tienen mucho que ver, sí están sostenidos por ese aliento confesional y casi privado.
Es el caso de Miquel Barceló, que nos regala una soberbia portada y que en pocas líneas y trazos nos evoca sus tiempos de los 80 y principios de los 90, cuando descubrió en Malí la revelación de lo real. Sus cuadernos (de los que ofrecemos una selección de dibujos) evocan tanto la fascinación por una cultura arcaica como esa inmersión en el barro original de un continente que fascina igualmente a Polo Vallejo y su inmersión musical en los ritmos tribales de Tanzania.
Intimidad y mucha también hay en las tres crónicas personales que hablan de Podemos diez años y pico más tarde. Analizar las causas del derrumbamiento o acaso de la ilusión perdida, remontarnos a los años del Sí se puede y abrir el prisma a una confesión sin paliativos es el Adiós que evoca Lilith Verstryge en su travesía personal por el movimiento y que acompañan los testimonios de Jónatham F. Moriche (desde una intimidad que no ahorra las lágrimas a su yo político) y el análisis resistente de su fundador Pablo Iglesias que sigue insistiendo con optimismo en un papel “ineludible, básicamente porque sigue representando la posibilidad de una dirección de Estado alternativa, republicana y plurinacional”.
Intimidad desgarradora respira a su vez la crónica que la escritora catalana y mexicana Lolita Bosch narra en Por qué no he ido a la FIL de Guadalajara, una feria que este año homenajeó y celebró la literatura catalana y en la que su presencia se echó en falta. Lo cuenta de esta manera: “Hace quince años que vivo amenazada por los ejércitos armados de México, los legales y los ilegales. No sé cuál es cuál. Ni yo ni nadie. No sé quién me entregaría a quién. Ni yo ni nadie. Pero entiendo que quieren cobrarse una ofensa”.
Otro tipo de intimidad es la que alude a la cada vez más preocupante salud mental y al consumo desbocado de psicofármacos. Lo cuenta de una manera ejemplar la psicóloga y filósofa Lucía Carolina Fernández en la entrevista que le hace el también filósofo y habitual de nuestras páginas Bernat Castany. Apunten: “Una imagen biologicista y reduccionista del ser humano, una concepción de la vida que cree poder evitar cualquier dolor y una búsqueda de soluciones rápidas y milagrosas deberían ser revisadas si queremos terminar con la hiperpatologización, y percibir nuestro malestar, no como una ocasión para la etiqueta y la medicación, sino como una llamada de atención vital”.
En enero también recogemos otra llamada de atención. Miguel Sánchez-Romero, nuestro cronista satírico de cabecera, se pone esta vez en el incómodo lugar del crítico literario y examina con lupa el último ensayo de Juan Soto Ivars, Esto no existe, que descarga sus sospechas (en más de 400 páginas y miles de presuntos documentos) contra las falsas denuncias al amparo de la ley contra la violencia de género. “Frente al dato que ofrece el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del CGPJ, un promedio del 0,0082% entre los años 2009 y 2024, el autor considera que pueden serlo un 33% del total y lanza contra el CGPJ la sospecha de una deliberada ocultación”. Ufff!
Cerramos con Frank Gehry, el arquitecto del Guggenheim de Bilbao recientemente fallecido que (genio y figura) no tuvo problemas en levantar su dedo medio en Oviedo con motivo del Premio de las Artes Príncipe de Asturias 2014 como contestación a un periodista que le preguntaba por la arquitectura del espectáculo. Nos lo cuenta otro arquitecto, Juli Capella.
El año solamente acaba de empezar y parece que muchos, con citar a Karl Popper, ya se sienten confortados. Seguiremos informando (desde la intimidad o desde la trinchera).