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El 'show' del expresidente de Renault-Nissan

El ex presidente de Nissan, Carlos Ghosn, en una conferencia de prensa en Beirut.

Las imágenes de la rueda de prensa que ofrecía Carlos Ghosn en Beirut, el pasado 8 de enero, hablan por sí solas del expresidente de Renault-Nissan, de sus excesos y su arrogancia. Carlos Ghosn volvía a encontrarse en su propio mundo. Una vez más, era el gran jefe atípico, ahora rodeado de un aura heroica desde su huida de Tokio el 31 de diciembre. Una especie de estrella del rock industrial.

Y el espectáculo dio comienzo; a veces rocambolesco, a veces patético. Fiel reflejo de la mentalidad de estas élites mundiales, que se creen por encima de cualquier ley fiscal, de cualquier imposición, por encima de la ley, para responder sólo ante los suyos.

La prensa internacional se había dado cita en la sala para ver el espectáculo. “Quería contar con la BBC, la CNN, porque son personas que representan a los medios de comunicación objetivos, mientras algunos de sus colegas, en los últimos 14 meses, han estado presentando siempre la situación favorable al fiscal”, le explicaba a un periodista japonés, sorprendido por negarle la acreditación a varios periódicos japoneses.

Tras su monólogo y después de gesticular durante casi una hora antes dar paso al turno de preguntas, Carlos Ghosn ofreció una larga explicación. No evitó la Justicia, no eludió sus responsabilidades. Dejó Japón “porque no podía hacerse Justicia”. “Huyó de la injusticia”. Desde el principio, el exdirigente describió el trato indigno al que fue sometido, interrogatorios que se prolongaron durante más de ocho horas, aislamiento, prisión durante 130 días, intentos por arrancarle una confesión. Su esposa y sus abogados ya han denunciado las condiciones de detención a las que se vio sometido mientras estaba en prisión. “Pensé que iba a morir en Japón”, confesó el exdirigente.

La Fiscalía de Tokio reaccionaba inmediatamente a las violentas críticas de Carlos Ghosn al sistema judicial japonés, que calificó de “unilaterales” e “inaceptables”. “Las acusaciones de Ghosn ignoran su propia conducta y su crítica unilateral al sistema de Justicia penal japonés es totalmente inaceptable”, escribían los fiscales en un comunicado difundido en internet, una medida poco habitual para la Fiscalía de Tokio.

El hecho de que el sistema judicial del Japón sea especialmente duro y a menudo injusto –pero no es el único– es algo indiscutible. Carlos Ghosn, que ha vivido en Japón durante más de 17 años, no puede decir que no sabía nada acerca de cómo funciona. Pero mientras no le afectaba directamente, nunca le importó. “Me sacaron brutalmente del mundo que yo conocía”, afirma.

Más allá de la dureza misma de la máquina judicial japonesa, sin lugar a dudas fue el hecho de verse sometido al derecho común, de correr la suerte del resto de los mortales (él, que había sido consagrado como el nuevo sogún de la industria del automóvil japonesa), lo que le ha dolido más. Ghosn podrá dejar de recordarlo y mostrar algo de amargura, él que salvó a Nissan, el primero en regresar a Japón después del tsunami de 2011, que aceptó ir a la región de Fukushima de la que todo el mundo huía por miedo a la radiación nuclear. “Japón me está devolviendo para mal lo que he hecho por este país. No lo entiendo”, dice.

Porque Carlos Ghosn no hizo nada malo, no es culpable de nada de lo que se le acusa. Es víctima de una “conspiración de los ejecutivos de Nissan” en connivencia con la Fiscalía de Tokio. “¿Quién participaba en este complot? Evidentemente, Hiroto Saikawa [presidente de Nissan, que se vio obligado a dimitir en otoño] formaba parte de él, Hari Nada [ex mano derecha de Carlos Ghosn] formaba parte de él, y Toshiaki Onuma [jefe de los servicios de secretaría de Nissan] formaba parte de él. Pero hay muchos otros. Masakazu Toyoda, miembro del consejo de administración, hacía de vínculo entre el consejo de Nissan y las autoridades”, acusó Ghosn. Se orquestó todo para hacer fracasar una fusión Renault-Nissan, que los ejecutivos japoneses temían. Una acusación que el exejecutivo realizó desde el primer momento de su ingreso en prisión.

Carlos Ghosn cayó, sin duda posible, en una revolución palaciega en el seno del fabricante japonés. Sin embargo, la forma en que presenta las cosas es bastante sorprendente. Ahora dice que no es responsable de nada, que no vio venir nada. La primera responsabilidad, en su opinión, es del Estado francés, cuando Emmanuel Macron, entonces ministro de Economía, decidió adoptar un sistema de doble derecho de voto para las empresas en las que el Estado tenía acciones. Esto significa olvidar que, por aquel entonces, Carlos Ghosn, enfadado al ver al Estado reforzar sus derechos cuando trabajaba desde 2009 para desprenderse de él, fue el primero en atizar los temores de los dirigentes y de los poderes judiciales y de asustarlos, para contrariar la maniobra de Bercy.

Asimismo, según dice ahora Carlos Ghosn, nunca creyó ni quiso una fusión completa entre Nissan y Renault, que considera “imposible de gestionar”. Podríamos decir que se trata de una reescritura de la historia: las diferentes estructuras en torno a la alianza, los planes en estudio, todo tenía como fin esa materialización. Los responsables de Renault y los miembros de los ministerios lo confirmaron más tarde.

Hoy en día, Carlos Ghosn se presenta como un líder sin cálculo, sin segundas intenciones, sin dobleces. Cayó tras el ataque de un Pearl Harbor que no vio venir.

“No soy un dictador frío y codicioso”

El exdirigente rechaza escrupulosamente los cargos que se le imputan, hasta el punto de que resultaba difícil de seguir sus observaciones a quienes no conocían todos los detalles del proceso. ¿La Justicia japonesa le reprocha no haber declarado un cierto número de sus ingresos? Carlos Ghosn cree que no tenía que hacerlo. “Se trataba de ingresos diferidos que aún no habían sido aprobados por el consejo de administración y no tenían que ser pagados hasta la [su] jubilación”. “No había razón ninguna para detenerme”, sostiene.

Los tribunales japoneses también le acusan de abuso de activos corporativos por haber cargado pérdidas personales a las cuentas de Nissan después de la crisis de 2008. Una vez más, Carlos Ghosn dice que está limpio como una patena. Todas las peticiones fueron aprobadas, conforme a los procedimientos del grupo que involucran a muchas personas, alega, presentando documentos. ¿Saca partido de las casas en Beirut y Río, compradas a través de empresas offshore creadas a partir del holding holandés de la alianza? Se trata sólo de ventajas perfectamente conocidas, que no plantean ningún problema. “Las casas pertenecen a Nissan”, justifica Carlos Ghosn.

Todo esto, en cualquier caso, no es susceptible de penas de cárcel, según el ex CEO de Renault-Nissan. Argumenta que no ocurre en ninguna otra parte del mundo. Pero no es cierto. Mientras que la Justicia francesa rara vez, y muy tarde, persigue la delincuencia financiera, en un gran número de países occidentales, empezando por Estados Unidos, los dirigentes a veces acaban en la cárcel.

Pero en el mundo de Carlos Ghosn, esto no es posible. El expresidente de Renault siempre ha tenido dificultades para rendir cuentas. No sabría rebajarse a ello. Las numerosas polémicas sobre la falta de transparencia de su remuneración en Francia y Japón, la opacidad que reina en torno a algunas de sus prácticas, en particular en el seno de la alianza en los Países Bajos, de la que el consejo de administración de Renault empieza a preocuparse, el uso de las oficinas, como en el caso de los espías de Renault, o incluso más en estos últimos días por escapar de Japón, demuestran que al expresidente le gusta la sombra y las prácticas de un mundo paralelo en el que puede evolucionar según sus propias reglas.

Carlos Ghosn ha silenciado cuidadosamente todo esto, al igual que todas las acciones emprendidas contra él fuera de Japón. Prefirió volver a hablar de su fiesta en Versalles. ¡Hay que saber darle material a la prensa que se nutre de este tipo de temas! Pero en este caso tampoco hay nada reprobable, según Carlos Ghosn, no existe el deseo de interpretar a “Luis XIV y María Antonieta”, sino sólo el deseo de celebrar “el genio francés”.

Este fue quizás el momento más alucinante de la extraña rueda de prensa ofrecida. Con motivo del 50 cumpleaños de su mujer, según Carlos Ghosn, su esposa le pidió que encontrara un lugar “para invitar a algunos amigos libaneses y estadounidenses”. Y, por supuesto, surgió la idea de Versalles, palacio del que Renault es mecenas: le prestaron gratis los salones. “Para mí, fue un gesto comercial”. En el universo del expresidente de Renault, Versalles es un poco como comprar un espacio publicitario o un coche, es negociable, se concede. Es algo baladí, un detallito del que los poderosos pueden disponer a su antojo, como es natural.

“No soy el dictador frío y codicioso” que se ha descrito, justificó Carlos Ghosn. La prueba, según él, es que “una veintena de libros están dedicados a sus prácticas de gestión”. Se le cita “en Harvard y Princeton”. Referencias que cuentan y que absuelven de todo.

Para él, la excelencia de su gestión es innegable. Gracias a él, Renault y Nissan han logrado situarse en la cima de los fabricantes de automóviles del mundo y han ganado mucho dinero. A día de hoy, todo (o casi) se ha desvanecido para Carlos Ghosn. Desde que dejó la dirección de Nissan en 2017, el fabricante de automóviles japonés ha sufrido un revés tras otro, pierde cuota de mercado y dinero, explica el expresidente, ignorando cuidadosamente la crisis existencial por la que atraviesa toda la industria automovilística mundial, empezando por el diésel.

Del mismo modo, Carlos Ghosn considera que la alianza entre Renault y Nissan está en peligro, sobre todo después de haber fracasado el matrimonio con Fiat-Chrysler en el que trabajaba. Para él, los dos fabricantes ya no tienen proyectos o productos innovadores. No parece dudar ni una vez. Porque si 18 meses son suficientes para echar por tierra un trabajo industrial de más de 17 años, puede ser que haya habido un fallo de concepción: poner todo en manos de un hombre, en este caso él, sólo puede conducir al desastre. Pero Carlos Ghosn cree en el hombre providencial, en el genio. Lo peor es que sus consejos de administración hayan alimentado esta visión.

El expresidente de Renault dice que ahora está listo para luchar en todos los frentes para limpiar su reputación, para restaurar su nombre. Como dice sin ruborizarse, es el hombre de “misión imposible”. Ya parece estar listo para entablar una batalla con Renault, de la que dice que no ha dimitido. Por decirlo claramente, tiene la intención de pedir cuentas al grupo automovilístico, sobre todo sus bonus, stocks-options y su jubilación dorada. También dice que está dispuesto a responder ante la Justicia, pero con la condición de que se le asegure un “juicio justo”. En resumen, que esté en condiciones de establecer o discutir las reglas. Porque no puede responder a la justicia de la gente común.

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Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

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