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Plaza Pública

El origen de al-Andalus y el negacionismo

Alejandro García Sanjuán Publicada 06/04/2018 a las 06:00 Actualizada 05/04/2018 a las 20:20    
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Desde hace ya varios años diversos sectores están promoviendo la idea de que el origen de al-Andalus no está vinculado a la conquista de la Península a comienzos del siglo VIII por contingentes árabes y beréberes que actuaban a las órdenes del Califato Omeya de Damasco. Conviene aclarar que no estamos ante una simple interpretación alternativa al relato histórico tradicional, sino que se trata de una forma de revisionismo que se vincula con el negacionismo.

Tradicionalmente, esta noción se ha aplicado a quienes cuestionaban el Holocausto nazi, si bien en la actualidad se extiende a otros casos históricos similares, como el genocidio armenio o los crímenes de guerra japoneses. De hecho, hoy día se utiliza respecto a cuestiones que nada tienen que ver con la historiografía, por ejemplo para designar a quienes niegan fenómenos como el cambio climático o el evolucionismo. El negacionismo, en realidad, consiste en el rechazo de cualquier realidad empíricamente demostrada a través de la ciencia y, por lo tanto, constituye la caracterización más apropiada de la tesis que pretende desvincular el origen de al-Andalus de la conquista islámica de la península ibérica.

Todo negacionismo pertenece al ámbito de lo esotérico y la seudociencia, y el ejemplo que nos ocupa no es una excepción. Se trata de un fraude historiográfico que se basa en el soslayo y la manipulación de los testimonios históricos (literarios y arqueológicos) que acreditan que el origen de al-Andalus se produjo a raíz de la conquista islámica de la Península. Asimismo, como siempre sucede en estos casos, dicho fenómeno obedece a unos determinados intereses (ideológicos, académicos y comerciales) y tiene un origen y unas causas que explican tanto su aparición como su proliferación reciente.

El pasado 6 de marzo, el diario El País se hacía eco de la aparición reciente de Cuando fuimos árabes, publicado por la editorial cordobesa Almuzara, último subproducto historiográfico en el que se sostienen estas ideas. Aunque sus promotores y beneficiarios intentan presentarlo como algo novedoso, en realidad el fraude es muy antiguo. Su origen se vincula a la figura de Ignacio Olagüe, un simple aficionado carente de la formación académica necesaria para la investigación histórica que nunca pudo llegar a sospechar que, en pleno siglo XXI, algunos llegarían a hacer carrera universitaria mediante el sencillo de expediente de resucitar sus delirios fascistoides. A comienzos de la década de 1940, Olagüe les dio forma por vez primera en La decadencia española, obra dedicada en "testimonio de eterna amistad" a Ramiro Ledesma Ramos, fundador de las JONS. Esta dedicatoria no es anecdótica, sino que nos permite entender el origen ideológico del negacionismo, vinculado al ultranacionalismo fascista de Olagüe y dirigido, como todos los nacionalismos, a cantar las glorias de la patria. Su objetivo declarado consistía en rectificar la historia de España, programa que incluía reclamar como propio el esplendor cultural de al-Andalus. Para Olagüe, por ejemplo, resultaba inaceptable admitir que una joya arquitectónica como la Mezquita de Córdoba pudiese haber sido obra de unos harapientos beduinos. Esa maravilla artística, obviamente, tenía que ser producto del genio nacional autóctono, español.

Olagüe logró en 1969 que una importante editorial francesa publicase Les arabes n’ont jamais envahi l’Espagne (Los árabes nunca invadieron España), obra de título elocuente en la que daba rienda suelta a su descontrolada fantasía y acreditaba su manifiesta incapacidad para el manejo de las fuentes, base de cualquier investigación histórica. Los especialistas no escatimaron calificativos. Guichard en Francia y Martínez Montávez en España no dudaron en hablar de ciencia-ficción, mientras que el Arabista norteamericano J. T. Monroe, además, señalaba abiertamente sus connotaciones racistas. Poco después, la Fundación Juan March financió en 1974 la edición de una versión española de dicho libro, aparecido con un título muy diferente: La revolución islámica en Occidente. Esa entidad la dirigía entonces Cruz Martínez Esteruelas, un franquista que fue delegado nacional de Asociaciones del Movimiento y, más tarde, Ministro de Educación y Ciencia con Arias Navarro.

Que un aficionado a la historia se invente ciertas ideas respecto a determinados procesos históricos y logre publicarlas haciéndolas pasar por serias aportaciones historiográficas resulta preocupante. Mucho más grave aún, sin duda, es que muchos años más tarde alguien decida recuperar esas ocurrencias desde el ámbito universitario pretendiendo, además, venderlas como novedosas propuestas. Esto es lo que está ocurriendo desde hace ya varios años.

La muerte de Franco permitió el resurgimiento de todos los nacionalismos periféricos en España durante la Transición. Así sucedió en Andalucía, donde el incipiente andalucismo afirmaría la idea de al-Andalus como auténtica culminación histórica de la nación andaluza, siguiendo planteamientos ya formulados por Blas Infante a comienzos del siglo XX. En este contexto, las elucubraciones de Olagüe, que en su origen se vinculaban al españolismo fascista, fueron fácilmente incorporadas al andalucismo, ya que potenciaban el sentido autóctono de al-Andalus, formulado en base a la simplista y falsa ecuación andalusí=andaluz.

La resurrección del negacionismo está siendo promovida desde hace ya varios años por sectores interesados en recuperar la mitología andalucista. A su frente se encuentra el exministro Manuel Pimentel, propietario de Almuzara, editorial cordobesa que en 2017 reeditaba el manifiesto negacionista de Olagüe (La revolución islámica en Occidente). La misma editorial que publica Cuando fuimos árabes y que ya en 2006 perpetró la edición de Historia general de Al Andalus, obra en la que, por vez primera, un autor académico suscribía los disparates negacionistas, añadiendo otros de cosecha propia. De este modo, Almuzara se ha convertido en un cómodo pesebre en el que junto al islamófobo César Vidal pastan presuntos islamólogos y otros autores de ilustre prosapia andalucista.

Gracias a Almuzara y a sus cómplices académicos, lo que hasta ahora había sido mero entretenimiento de conspiranoicos y aficionados al esoterismo ha logrado introducirse en las aulas universitarias. Las Universidades constituyen un bien público al servicio de la sociedad que las financia con sus impuestos. Que desde ellas se promueva en la actualidad la idea de que los árabes nunca conquistaron la península ibérica equivale, en el plano historiográfico, a lo que supondría la enseñanza de la homeopatía en las Facultades de Medicina o del creacionismo en las de Biología. El calibre del despropósito es tal que Luis Molina, uno de los principales arabistas españoles actuales, ha elegido para definir el negacionismo un término inglés de significado escasamente equívoco: bullshit.

Fascismo, franquismo, exministros de Aznar mutados en paladines de Blas Infante y académicos encantados de conocerse y dispuestos a suscribir disparates con tal de salir en los medios para ganar notoriedad: este turbio y viscoso entramado ideológico, comercial y de personalismos es el que subyace a un fraude tan burdo como grotesco. Un fraude muy propio de los tiempos que corren, en los que la resurrección de los nacionalismos va de la mano de las fake news y los hechos alternativos. Un fraude que prospera promovido desde ciertos sectores universitarios andaluces y autoproclamadas cátedras vinculadas a la Junta de Andalucía.

Si alguien no lo impide, no sería de extrañar que, de aquí a algunos años, en los libros de texto de enseñanza secundaria de Andalucía se empiece a enseñar a los estudiantes que existen dos ideas sobre el origen de al-Andalus. Una que dice que fue el resultado de una conquista protagonizada por contingentes árabes y beréberes que actuaban a las órdenes del califato Omeya de Damasco, y otra que sostiene que fue el resultado de la propia evolución del pueblo andaluz.
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Alejandro García Sanjuán es profesor de Historia Medieval de la Universidad de Huelva.


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12 Comentarios
  • Grobledam Grobledam 11/04/18 12:13

    ¡Que error cometimos al crear el Estado de las Autonomías!. Por tratar de contrarrestar el patrioterismo, nacionalismo y socialfascismo de la dictadura franquista, alimentamos monstruitos nacionaleros que ahora son monstruos nacional-separatistas, con toda el patrioterismo, nacionalismo y social-fascismo de aquello que repudiábamos.
    Duele y además tiene difícil solución. La barbarie de las banderas nos vuelve a enfrentar y no sólo en España.
    Triste destino el que nos espera si no sabemos remediarlo.

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  • yosolo1 yosolo1 09/04/18 21:00

    No nos ha de extrañar nada el "resurgimiento" de estas "ideas", no es más que el mimetismo con el nacionalismo vasco y catalán, cuya historia no es más que una invención. Lo de el Señor Zuria, y lo de el señor "el Belloso" no son más que cuentos encajados con forceps en pequeñas grietas de la historia no aclaradas, pero que se pretender rellenar el todo con versiones, no sólo supremacistas, más bien chabacanas del origen y evolución de la supuesta nación vasca y catalana. Ellos han tenido más dinero para pagar a seudohistoriadores que hoy han convertido en oficial, lo que no dejan de ser meras especulaciones, cuando no torticeras invenciones.

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 07/04/18 20:05

    ¡Qué país! ¡Qué paisaje y qué paisanaje! Solo falta que lo enseñen en las escuelas y en ceinte años tenemos a los kaleborroka andaluces clamando por el nacionalismo y la independencia como ahora lo hacen los catalanes. Esto es lo que le interesa al poder (no a los partidos, simples marionetas en sus manos, sino al poder de verdad). Países pequeñitos, fragmentados, enfrentados entre sí, para que nos olvidemos de que la unión hace la fuerza. Y así que no corran peligro sus privilegios.

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  • ESTELLA ESTELLA 07/04/18 09:16

    el problema más grave es pretender reivindicar homogeneidad, uniformidad, por un lado los islamistas radicales por otros el nacionalcatolicismo, cuando lo más real es la diversidad, la multiculturalidad, las mezclas enriquecedoras. La búsqueda de la pureza es nazismo por definición, no existe en unas regiones con tantos pueblos que vivieron en ellas

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  • estovamal estovamal 06/04/18 13:13

    Pues no les digo nada en el campo de la arquitectura: mozárabe, mudejar, gótica, .. la construcción en general, con el uso de la tierra, la cerámica,  o en la agricultura con los olivos, los almendros, ... o en la ganadería, con los burros y caballos, los hispano-árabes. En fin, basta echar una ojeada al origen de buena parte de nuestros apellidos, incluidos los "ocho apellidos catalanes". Por ejemplo el mío, que dicen es catalán, pero yo sé que es bereber.
    La mezquita de Córdoba, antes de que la alteraran brutalmente metiendo allí en medio la catedral. O la Alhambra, antes de que lo mismo con el "dichoso" palacio de Carlos V. ¡Qué entendería él¡.

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  • Ángel S.B. Ángel S.B. 06/04/18 12:27

    Lo que es ahora España, es el resultado de numerosas conquistas de diversa índole como son los los iberos, celtas,tartesos,romanos,fenicios,visigodos,árabes,etc.etc...y todos eran en su momento personas que han poblado el territorio peninsular...y por lo tanto lo que hoy conforma España....Lo que es una pena es que,por culpa del fanatismo y cerrazón del cristianismo y de sus reinos, se quiera borrar de la memoria 8 siglos de la historia de gran parte de lo que hoy conforma España...es decir Al Andalus.que es el periodo "español" más floreciente de la época en materia filosófica,matemática, medicina etc...o al menos uno de los más florecientes de su época...Y esto José enseñe apenas en los cursos académicos....como sino fueran parte de la historia de España y los españoles.....Lástima de rancio catolicismo y adoctrinamiento......Salud y República!!!

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    • yosolo1 yosolo1 09/04/18 21:05

      Está sobre valorado el periodo árabe, no sólo en España, en el resto del mundo. Sólo hay que ver que tipo de naciones son las que ha dejado esta cultura, ni una puede ser considerada democrática. Lo dicho, por mucha salud y república sus comentarios son mera opiniones sin fundamento. Yo prefiero decir Libertad, Igualdad y Fraternidad, sin la Revolución Francesa, y todo el movimiento ilustrado no seriamos nada. Mientras los musulmanes no maten a su Dios no serán nada, por mucho republicano que nos quiera explicar otra cosa. Lo dicho viva la Ilustración, abajo los sistemas teocráticos y tradicionalistas.

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  • M.T M.T 06/04/18 12:23

    Historia e historias a la carta, a la medida de nuestros gustos, intereses y preferencias?

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  • Copito Copito 06/04/18 09:53

    Qué racismo y qué estupidez !. Así que también vamos a negar toda la riqueza cultural, cientifica , matemática, médica ,literaria y filosófica que supuso la dominación árabe en la Península Ibérica? . Cómo se puede ser tan burro? Con perdón de los burros, animal entrañable.

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  • christopher lee christopher lee 06/04/18 09:12

    Yo también acabo de recibir la visita del ESPÍRITU SANTO, me ha dicho que los romanos tampoco conquistaron la península, y toda nuestra cultura, organización, forma de ser viene de tiempos de CONAN el BÁRBARO, que como sabemos los lectores estaba relacionado con los ZAMORANOS.

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  • zapatiesto zapatiesto 06/04/18 01:45

    El pueblo andaluz es muy fácil de manipular, y estos descerebrados lo saben. Solo tienen que organizar una feria genética del negacionismo, con platitos de jamón, gambas y vino fino y a triunfar.

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    • mcjaramillo mcjaramillo 06/04/18 17:43

      Pues me parece a mí que es uno de los pueblos menos manipulables. No hay más que ver la suerte que corrió el Partido socialista andaluz (PSA). O la corta carrera política del primer presidente andaluz Rafael Escuredo, por sus intentos de activar un nacionalismo del que están muy lejos la inmensa mayoría de los andaluces; que por si algo se han caracterizado hasta ahora es por su universalidad.

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