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Desde la casa roja

La casa por los cimientos

Aunque agosto es un mes baldío para buenas y malas noticias, en este no ha cesado el bombardeo sobre nuestras casas cerradas: listeria, Amazonas, Open Arms. Sin descanso. Sin Gobierno. Yo no sé cómo levantar el curso desde aquí. Incapaz de hablar todavía en mi reconexión de nada más que de la región a la que tanto he mirado este verano, hago zoom hasta mis propias coordenadas, acá donde se cruzan los caminos y donde desde hace décadas los gobernantes hacen y deshacen cada vez con menos pudor: ahora sí y de lleno buceamos en la detestable era del sincomplejismo.

Una comunidad, la de Madrid, donde uno de los tres últimos presidentes ha pasado por la cárcel por varios delitos derivados de su corrupto ejercicio político y las otras dos están, desde hace un par de días, imputadas también en la macrotrama de la operación Púnica. Y es a mi regreso a esta columna, a mi casa, cuando me encuentro a una nueva presidenta que, increíblemente, pertenece al mismo partido que los otros tres porque nada importa aquí, y que parte de una situación que ya habrán podido leer en toda la información que este periódico ha ido arrojando durante el mes de agosto.

¿Lo asombroso?, que nada nos asombra lo suficiente.

Este nuevo Gobierno de la Comunidad de Madrid que ha surgido a mitad del estío gracias al apoyo de Ciudadanos y Vox ha tomado ya algunas decisiones, diría que casi urgentes, como si hubieran sido dictadas desde atrás: heredadas de otras épocas igual de duras, pero direcciones también señaladas por el dedo de sus nuevos socios. Qué podía suceder con este trío de favores, que activen una de las primeras detonaciones en los propios cimientos de la democracia: la educación.

En uno de sus últimos anuncios, Isabel Díaz Ayuso informó de la creación de una Dirección General de Educación Concertada, Becas y Ayudas. Al frente de esta dirección ha puesto a una mujer cuya trayectoria profesional ha estado vinculada durante años a una de las instituciones educativas privadas más elitistas del país. Me parece una clara revelación de intereses: la escuela pública, al rincón de pensar. Son tiempos de liberalismo educativo. Pero la posibilidad de elegir casi siempre será solo para unos cuantos.

Recordemos que una de las bases fundamentales de la educación en un Estado de derecho es la igualdad y la no discriminación. Apostar por los centros concertados, como hace sospechar esta nueva dirección, que cada vez reciben más de los presupuestos regionales, apoyar económicamente esta educación subvencionada, despojando de presupuestos a la pública, es insistir en una libertad de elección por la que, desde hace años, los niños están siendo repartidos en diferentes colegios según su perfil socioeconómico, favoreciendo la aparición de guetos escolares.

Las localizaciones de los colegios y los cobros provocan que los alumnos de la concertada procedan de familias con más alto poder adquisitivo, convirtiendo las escuelas públicas en pequeños edificios en resistencia contra toda dificultad y sin los apoyos suficientes para sus demandas y que se caen, literalmente, a pedazos.

Otra de las primeras condiciones que Vox puso al Gobierno regional fue la lista de nombres y apellidos de las personas que impartirán talleres LGTBI en los colegios. Díaz Ayuso ya respondió en su discurso a esto: se publicarán los contenidos del curso antes de la fecha de inscripción, incluidas charlas y talleres. No dijo nada acerca de los contenidos de las escuelas concertadas, aunque la procedencia de la financiación sea la misma.

A estas alturas, empieza a parecerme inútil creer que podamos curarnos de veinte años de deterioro de la escuela. De veinte años de maltrato a lo público en la Comunidad de Madrid. Poco a poco, detonación a detonación, se está levantando el muro del pensamiento único.

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