Memoria histórica

La novela sobre justicia franquista que despierta el interés de los Estados Unidos

Una novela sobre la justicia franquista despierta el interés en EEUU

Olivia Carballar

A Rafael Adamuz, periodista de Canal Sur Radio, lo tacharon de loco y antiguo cuando pidió un contestador automático para poner en marcha un programa sobre memoria histórica. El teléfono sonó una vez y otra y otra… y el contestador comenzó a llenarse de recuerdos, sensaciones y nombres hasta ahora silenciados y olvidados en este país llamado España. En ese teléfono dejó su mensaje Luis Cassà, nieto de una de las víctimas de la columna minera de Riotinto que intentó reprimir el golpe en Sevilla. El resultado de aquella marcha en defensa del Gobierno de la República fue espeluznante: nueve muertos en una emboscada en La Pañoleta, a la entrada de la capital andaluza, y 70 condenados a muerte por rebelión tras un mes y medio de cautiverio en un barco a orillas del Guadalquivir, hacinados, con 50 grados de temperatura. Fue esa llamada, en la que Cassà pedía ayuda para dignificar a su abuelo, Luis Marin Bermejo, la que impulsó a Adamuz (Granada, 1980) a escribir La memoria varada (Ediciones Atlantis), una novela que narra el primer macrojuicio sumarial del franquismo que ha despertado el interés en EEUU. El próximo febrero será presentada en la Universidad de Florida, en Miami.

La primera editorial a la que Adamuz mostró su obra –“una editorial potente”, según el autor– rechazó el texto. Y ahora le da “coraje”, que la primera universidad que se ha interesado por ella sea extranjera: “No concibo que este país, excusado en la transición, no haya reparado la memoria de 114.000 personas enterradas en las cunetas. Es una cuestión de higiene cultural y social. Tendríamos que contar estas historias en las facultades, en las escuelas”. Ocurre lo mismo –prosigue– con el juez Baltasar Garzón, a quien envió el manuscrito. Al menos 15 hombres de Valderde del Camino, el primer destino de Garzón, pasaron sus últimos días en aquel barco de nombre Cabo Carvoeiro.

“Se ha escrito sobre memoria, pero los sucesos del 19 de julio del 36 en La Pañoleta que se relatan en esta novela son impresionantes, como si fueran hoy mismo. La injusticia de una justicia que apoyó el golpe, consumó las sanciones ilícitas contra trabajadores y favoreció con su traición la instauración de otros en el poder durante 40 años”, explica Garzón en un vídeo en apoyo a la novela, que va ya por su tercera edición.

Justicia es lo que venía reclamando desde hacía años Cassà, que por primera vez vio aliviado su dolor con la declaración de reparación firmada en 2011 por el entonces ministro de Justicia, Francisco Caamaño, en aplicación de la Ley de Memoria Histórica, hoy desmantelada por el Gobierno del PP. Lee el documento con orgullo y lo guarda como un tesoro. “La primera vez me dijeron que mi abuelo había muerto porque lo cogió un tren. Hasta que no tuve más de 30 años no me dijeron un escueto 'Franco lo mató'. Y hasta que Franco no murió no oí hablar de las cartas que mi abuelo envió a mi abuela, Ángela, desde el barco. Mi abuelo no fue un criminal de guerra, mi abuelo fue un socialista que murió por defender la República”, cuenta en la presentación de la novela en Sanlúcar la Mayor, uno de los pueblos por los que pasó aquella columna de trabajadores, el lugar donde regresó malherido uno de los mineros y donde se produjo la clave para que todos los procesados fueran condenados a muerte. “No lo voy a revelar para que os leáis el libro”, avisa Adamuz ante el público de la biblioteca pública Juan Ramón Jiménez. No queda ni una silla libre. Hay un niño y un bebé en la sala.

¿Cómo llegaron esas cartas hasta Ángela? ¿Participó el teniente Morillo en la emboscada? ¿Con cuántos descendientes has podido contactar? Los vecinos de Sanlúcar quieren saber sobre el pasado, que es también su presente. “La novela nos trae al presente lo que no debe estar ausente en nuestras vidas”, continúa Garzón. El periodista ha investigado durante cuatro años el infierno que vivieron los hombres del Cabo Carvoeiro. Él llama a su obra novela, pero el libro responde a un reportaje de más de 300 páginas donde, además de describir cómo fue elaborado, recoge las penosas condiciones a las que los ingleses sometían a los mineros en la época. “No he querido renunciar a la veracidad de los hechos, aposté por la literatura porque creo que llegaría a más gente que un texto científico o una tesis”. Y así, día por día, mientras cambiaba los pañales a su hijo, leyó folio a folio el expediente 95/36, donde se incluían las declaraciones de todos los procesados. “Se te pone la piel de gallina cuando lees ese juicio sin juicio”, añade el exjuez.

Rafael Adamuz firma ejemplares de la novela;

Sólo uno se salvó, el niño Rodríguez Méndez, porque mintió y dijo ser menor de edad. Adamuz cogió la guía telefónica y llamó a todos los Rodríguez de San Juan del Puerto, de donde era el joven. No tuvo suerte. Fue después de la publicación de la novela cuando los hijos del niño Méndez se pusieron en contacto con él gracias a la iniciativa e intermediación de un compañero de profesión que leyó el libro. “Su padre, el único superviviente, nunca les contó nada de aquello”, asegura el autor. Todos los demás fueron fusilados: “Algunos incluso en la misma Pañoleta, donde se produjo la emboscada, para que aprendieran la lección”.

Las fosas

Sus cuerpos supuestamente se reparten entre el cementerio de Sevilla y la localidad de Camas. Allí han salido a la luz los restos de los nueve mineros que murieron en la explosión, justo en el lugar señalado en las actas de enterramiento, en una fosa de siete metros de largo por dos de ancho, sobre la derecha del paseo central mirando al norte. Pilar Comendeiro y Nelly Bravo, sobrinas nieta de uno de ellos, José Palma Pedrero, e impulsoras de exhumación desde la lejanía –una vive en Argentina y la otra en Nueva York–, esperan ahora las pruebas de ADN. También se han recogido las muestras a la única hija viva de otro de los fallecidos en la emboscada, Francisco Salgado Mariano, cuyos restos serán devueltos a Riotinto, su lugar de origen. “Junto a esa fosa ha aparecido otra donde supuestamente hay otros 25 hombres”, añade Adamuz.

“¿Cómo recuerda a su abuela?”, preguntan a Cassà desde el público. “Ángela era una mujer educada, que tuvo que darle de comer a los asesinos de su marido en su propia casa y nunca pidió venganza”, afirma. “Soy de la generación de los nietos que estábamos esperando un resquicio, una ley para reivindicar la memoria de nuestra familia. Sin Adamuz, hoy no estaríamos aquí. Les rinde los honores que nunca pudimos rendirles. Él me entregó el expediente completo”, concluye Cassà. El periodista Antonio Manfredi, también en la mesa de presentación, confirma el valor del trabajo: “He leído historias de mi abuelo que ni mi madre conocía”.

Hoy Cassá tiene una novela que hace justicia a su abuelo. Así se despidió de su familia: “Querida Ángela y queridos hijos, vuestro padre y marido os pide en este momento en que voy a perder la vida que me perdonéis todo el daño que os he hecho a vds. Nada más. Hijos míos, voy a morir sin saber qué habrá sido de ustedes, Ángela e hijos míos, pero Dios se apiadará de ustedes, y saldréis a la vida bien. Adiós Ángela, Reposita, Dolorcita, Angelita, Adelaida, Luisito y Manolita. Un beso de vuestro padre y para Ángela mía, educa lo mejor que puedas a tus hijos”. El público se agolpa en la mesa para la firma de ejemplares. Adamuz se deja en los libros todo el cariño. “¡Me encantaría que dieras una charla a mis alumnos de Trigueros!”, escribe Sonia Martín García en su perfil de Facebook.

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