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    <title><![CDATA[infoLibre - Antoni Cisteró]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/antoni-cistero/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Antoni Cisteró]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La capilaridad es necesaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/capilaridad-necesaria_129_1626321.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/87181583-346a-4447-814f-390ed1129e6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La capilaridad es necesaria"></p><p>Salgo de una tertulia donde ha surgido la pregunta:<strong> “¿qué le falta a la izquierda?” </strong>(para ser decisiva en las múltiples crisis actuales), y mi respuesta ha sido: “izquierdistas” en su más amplia acepción. Explico esta afirmación, que haría feliz a Perogrullo.</p><p>Subo al metro en una hora punta: gente que va al trabajo, al médico, que lleva a los niños al colegio.<strong> En su mayoría con semblante apático</strong>, cansado, con breves reflejos de la pantalla de su omnipresente móvil en el rostro. </p><p>Y me asalta una pregunta. ¿Cuántos estarán leyendo un artículo de opinión? Bueno, bajo el listón: ¿Cuántos estarán mirando los titulares de última hora? ¿Tampoco? Tik Tok, Instagram, Facebook, X… van destilando su gota malaya, a través de un pasaje aparentemente anodino, falsamente aséptico, generando en quien la recibe <strong>un caldo de cultivo donde crecerán tomas de posición</strong>, por ejemplo ante unos comicios. No todo son ataques zafios, no todo son datos y noticias falsas. Hay también <strong>una influencia subliminal</strong> que afecta, más de lo que pensamos, a la formación de una opinión sobre los más diversos temas: de la inmigración al feminismo, de la justicia a los servicios públicos. Y lo que es peor, imperceptiblemente, sin que el afectado pueda recurrir al filtro de un razonamiento crítico y ecuánime, imposible de conseguir en el trajín del día a día.</p><p>Los principios de cada uno se generan a partir de múltiples entradas, conscientes o no, no siempre concordantes. De la televisión, de los periódicos, claro. Y también del roce con otras opiniones, del encuentro social, no necesariamente centrado en temas relevantes. A ello hay que añadir los <em>input</em> emocionales, que favorecen la empatía con un grupo u otro ya posicionado. De ahí la alarmante situación en la que<strong> la derecha más extrema se apropia de una serie de símbolos</strong>, que hipotéticamente nos representan a todos, gestionándolo arteramente por unos pocos para manipular la emotividad de la gente. Lo que se respira alrededor de uno es<strong> hedonismo individualista e insolidaridad</strong>, así que uno adapta sus principios y su quehacer a ello por miedo a parecer “raro” y se sube a un carro desde el que difícilmente oirá (y menos escuchará), por ejemplo, las pedagógicas charlas de Zapatero. Dice Noelle-Newmann: “<em>En épocas de cambios drásticos es muy necesario prestar atención a cómo hay que comportarse para no quedarse aislado</em>”, así que se dedica atención a adquirir los trazos que definan al individuo como miembros del grupo que sea, y ahí es decisivo la cercanía de los que pretenden influenciar, la frecuencia de los contactos y la potencia de sus medios. Así que, a causa de la creciente “epidemia de soledad”, en términos del informe de Vivek Murphy, <strong>el individuo, solo, está más expuesto a demagogias y populismos de todo tipo</strong>, a la vez que va perdiendo lo que aún pudiera tener de “conciencia de clase”.</p><p>Hay un mundo entre las razones morales (ahí, serias, compactas…, alejadas), y el ciudadano corriente que bastante tiene con el día a día para tener que encaramarse a cogerlas, como si fueran el tarro de compota de la abuela. Eso sí, recoge las migajas que le van llegado, de aquí y de allí, para componer un menú de actitudes de circunstancias. El problema surge cuando la derecha (ya nos entendemos, la insolidaridad, el “que gane el mejor”, la de ”trabaja y calla”) no solo esparce muchas más migas que lo que pudiera caer de una fuente de solidaridad y justicia, sino que están abundantemente edulcoradas. Y se tragan fácil, ¡vaya si se tragan!<strong> El control de las mentes se consigue más en el ámbito lúdico que en el laboral</strong>, que era donde se situaba la “lucha de clases”, esa que el individualismo hedónico ha disuelto.</p><p>Entonces: ¿cómo puede llegar a extenderse un mensaje que favorezca el sentirse parte de un colectivo amplio, solidario y justo, de izquierdas en su acepción más amplia?<strong> Siempre me ha preocupado el distanciamiento entre los planteamientos políticos y la gente de la calle</strong>, el ciudadano de a pie. Veo en una estadística que el número de afiliados a los más de 4.500 partidos políticos (Sí, has leído bien: ¡cuatro mil quinientos!, ¡eso merece otro artículo!) es de menos de un millón y medio, lo que significa menos de un 2,4 % de los votantes. Así que alrededor de<strong> 23 millones de personas votaron el 23 J sin una adscripción determinada</strong>, sino actuando en función de sus filias y sus fobias. Y esas se fueron formando a partir de las emociones, los medios de comunicación y la influencia capilar del tú a tú.</p><p>Hay múltiples sendas por donde discurren las influencias, que van desde los formadores de opinión hasta los receptores que a su vez elaboran la suya y la transmiten a su entorno: caminos tortuosos, en la que <strong>los mensajes entrechocan entre sí</strong>, y en los que abundan los peligros y las trampas. Desde la intención de condicionar servilmente las voluntades, hasta la propia desidia e ignorancia, de la que van surgiendo atajos a ninguna parte. En cada uno de los múltiples cruces, los intercambios con los demás transeúntes aportan elementos, en hueco o en relieve, al propio posicionamiento. </p><p>Ante tal enmarañamiento, ¿qué posibilidades tiene un mensaje coherente y cohesionador, para llegar desde los eximios pensadores hasta el ciudadano de a pie? Ejemplos (poco ejemplares en algunos casos) haberlos haylos. Pongamos <strong>la Iglesia</strong> (no en vano ha durado más de veinte siglos): ¿Cuál es el hilo que une una encíclica papal, <em>ex cátedra</em>, con la viejecita que, rosario en mano, está limpiando el altar después de una boda? El trayecto se a consolidado mediante, <strong>puntos de encuentro donde adquirir un sentido de pertenencia</strong><em><strong>:</strong></em> liturgia, parafernalia, técnicas de control psicológico (¡ah, la confesión!), y también Cáritas, escuelas (y universidades) concertadas y privadas, colonias infantiles de verano, grupos de catequesis, y mil fiestas parroquiales donde mientras hace una tarta, la feligresa va consolidando su propio sentir como miembro de un colectivo, influenciando y siendo influenciada a su vez por la que ha traído el chocolate. ¿Y enfrente?, ¿cuál sería hoy el equivalente al <strong>sentimiento de clase trabajadora</strong> (tan sólido hace un siglo)? ¿cuáles serían los mínimos trazos definitorios?, y algo aún más crítico: ¿cómo transmitirlos y potenciarlos? Se hizo durante la II República hasta que lo borraron a cañonazos. En aquel momento, las Misiones Pedagógicas, las bibliotecas, escuelas públicas, el teatro, llegaban al más recóndito lugar, generando un mínimo común entre gente de muy distinta condición. Hoy, ni tan siquiera en <strong>el nuevo ámbito de las redes sociales</strong>, y menos en vivo y en directo, nada hay de eso.</p><p>El tema daría para un libro o hasta para una biblioteca. Por mi parte, leo a Enzo Traverso y me abre una vía: <em>“Los acontecimientos de junio de 1848 (en París) revelaron que había nacido un nuevo cuerpo político: la constitución de los oprimidos y de las clases trabajadoras en un sujeto histórico… En sus recuerdos, Tocqueville solo al hablar de su propia clase distingue a sus miembros (propietarios, abogados…) No habla de zapateros, carpinteros, molineros, lavanderas o sastres. Menciona exclusivamente a “los trabajadores”, al “pueblo”</em>”. <strong>Parece que ahora el modelo es inverso</strong>: Están “los poderosos” (con su ejército de ejecutores de órdenes), arrogantes en su solidez, y enfrente los/las ecologistas, los/las feministas; incluso el hipotético (y amplio) “grupo de trabajo con bajo salario” se atomiza en ryders, kellis, teleoperadores, y cientos de miles a los que su sueldo no les permite llegar a fin de mes, etc., etc.…  </p><p>Me permito un apunte:<strong> Quizá el problema tenga su origen en la distinción cada vez más rígida entre lo “político” y lo “económico”</strong>. Volvamos a la religión: su pretensión, conseguida en muchos casos, es generar una conciencia global que impregne todas las decisiones del individuo (económicas y políticas, voto incluido, aunque no lo expliciten). ¿Cuánta gente vota al PP como consecuencia lógica de sus creencias religiosas, de base conservadora? ¿A qué partido votan mayormente los formados en las escuelas elitistas? En cambio, hoy en día, muchas de las reivindicaciones populares, justas por descontado, se ciñen al campo económico, sin establecer la conexión con lo político: mejor salario, vacaciones, subvenciones, también salud, educación, limpieza de las calles… En muchos casos no se reivindican a partir de un proceso lógico que nos lleve a un proyecto solidario con un sentimiento colectivo de pertenencia (léase obrero, asalariado, empleado, etcétera) sino moviéndose solo en el terreno que domina quién posee los medios y controla los resortes. Ni siguiera el desastre de<strong> las residencias de ancianos durante la pandemia en Madrid</strong>, tan bien documentada en <em>infoLibre</em> (¡Gracias, Manuel!) cala en el ciudadano de a pie como un problema político. Alguien “de izquierdas” muy posiblemente se indignará ante la gestión de Ayuso, reforzando su posicionamiento, pero apuesto a que a muchos de los afectados que no se consideren ya parte de las izquierdas, su irritación, su cólera, no los va a llevar a actuar en consecuencia, votando para que ello no se vuelva repetir.</p><p>En los últimos años, ha habido movimientos tectónicos que han ahondado la brecha. <strong>El hedonismo </strong>reinante pone el foco en lo económico como plataforma para alcanzar<strong> una felicidad utópica</strong>, donde se olviden las preocupaciones, mientras que estas se atribuyen a un cada vez más desprestigiado entramado político. Cuando algún vocero (o alguna) secuestra el concepto de libertad, lo utiliza para venderlo como una vía de satisfacción económica o de goce personal, pero no para afrontar procesos solidarios de difícil y sacrificada solución, como la inmigración o los derechos de las minorías. Y lo consigue porque, mientras él (o ella) domina el flujo de influencia e impregna así todos los niveles sociales condicionando sus posicionamientos políticos, la miríada de organizaciones reivindicativas, cada una por su lado, <strong>no consigue reactivar el flujo que haga llegar su mensaje</strong>, su <em>esprit de corps</em>, al último capilar del cuerpo social.  </p><p><strong>Los meritorios grupos solidarios</strong>, siempre pocos, nunca suficientes, adolecen de falta de capilaridad, de tiempo, medios y disposición para establecer una comunicación y una presencia constante, mediante la cual se vaya impregnando a la ciudadanía de ese <strong>sentimiento de pertenencia a un grupo</strong>: el de los que no deciden, los que no son dueños, aunque quisieran, de su destino.<strong> El siguiente paso es el sueño de cualquier populismo: dejar el destino colectivo en manos del desalmado de turno.</strong></p><p>_____________________</p><p><em><strong>Antoni Cisteró </strong></em><em>es sociólogo y escritor. Es autor de 'Participar hoy. Notas para una participación eficaz' y miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Oct 2023 20:22:45 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La capilaridad es necesaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Política,Redes sociales]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Réquiem por Pascual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/requiem-pascual_129_1584416.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c7f8cea6-4e87-4ad2-b949-408e0517f3de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Réquiem por Pascual"></p><p>Después de muerto Pascual, le llevan el orinal. Ya es tarde, cada vez más tarde, pero: <strong>¿cómo murió Pascual?</strong></p><p>La convulsa situación política actual hunde sus raíces en años, décadas, de desidia, de cortoplacismo, de miedo cerval a perder la poltrona. En estos días en que se habla tanto de la Constitución, uno se pregunta: <strong>¿pueden ser válidas las mismas reglas del juego en la época de la Inteligencia Artificial que cuando los teléfonos eran un armatoste de baquelita?</strong> </p><p>Hoy, el país se tambalea, y también muchas comunidades autónomas, en las que <strong>un sistema pensado para el bipartidismo ha pasado a tener múltiples actores, donde incluso los minoritarios tienen a veces la llave</strong>. Hasta aquí nada censurable, puede ser un reflejo de un mayor acercamiento y modulación del querer de la población. Pero no cabe duda de que no solo la Constitución, sino también la Ley electoral, y tantas otras, acusan su inmovilismo frente a la frenética evolución social. </p><p>Hubo gobiernos con mayorías absolutas, mandatos que duraron lustros, pero que ni así tuvieron los arrestos o la conciencia cívica de modernizar algunos de los soportes de la convivencia política. <strong>La mohosa, rancia y polvorienta imagen que da el sistema judicial</strong>, por ejemplo. Se hubiera podido, progresivamente, adecuar las estructuras al paso de los tiempos, pero no se hizo. Y ahora que algunos nos damos cuenta y otros se aprovechan, parece que ya no se está a tiempo, puesto que para un <em>aggiornamento </em>serían precisos consensos hoy por hoy inimaginables.</p><p>Ni los González, ni los Aznar, como tampoco los Pujol, con un poder suficiente y a menudo arrogante, quisieron servir al país con medidas razonables de modernización. <strong>En Cataluña, después de casi cincuenta años de autonomía, aún no hemos sido capaces de consensuar una ley electoral propia</strong>. El evidente interés en seguir con la ley española para favorecer los caciquismos locales merecía una respuesta por parte de todas las fuerzas políticas que nunca existió. </p><p>Entretanto, la derecha más extrema (¡ojo a la suma de votos de ambos partidos!) va aprovechando la situación para fortalecerse en el territorio y a pie de calle. Desde la orilla, ve cómo tirios y troyanos se agitan y debaten en unas arenas movedizas que nadie quiso estabilizar cuando se pudo. Como decía Tito Livio (XXI, 7) "<em>mientras en Roma discuten, se ha tomado Sagunto"</em>, y varias comunidades así como numerosos ayuntamientos. ¿<strong>Tendríamos la misma situación, en la nación y en las comunidades autónomas</strong>, <strong>con una ley electoral más ajustada a la realidad</strong>, una Constitución acorde con los tiempos, o un CGPJ renovado obligatoriamente?</p><p>Dudo que por muchos boca a boca que puedan hacerse entre minorías reanimen a Pascual. No solo porque, mientras están en ello, la derecha ha llenado ya la casa de caspa. También porque entre los vecinos no existe la necesaria y suficiente reacción. Atónita, anestesiada, la ciudadanía contempla las luchas de gallos desde el tendido, más atenta al ruido que a las nueces, espera sentada el resultado para pronunciarse, mientras no se expande la necesidad de una modernización de las estructuras que sostienen el tinglado. Así<strong>, poco falta para que el zorro se coma a todos los gallos</strong>, como ya pasó, y duró cuatro décadas.  </p><p>Se está planteando una hipotética futura legislatura en clave de modernización. Pero ha faltado el trabajo previo de concienciación ciudadana para ello. <strong>Solo cuando interioricemos mayoritariamente la necesidad de ponerse las pilas, podrá ser efectiva tal puesta al día</strong>. Reconozco que hay infinidad de iniciativas: asociaciones, fórums, clubs de debate y reflexión que ahondan en este sentido. Pero son pocas y cerradas en sí mismas (cuando no dirigidas entre bambalinas por los partidos o grupos de presión), por lo que no llegan al hombre y la mujer de la calle, ese y esa que, faltos de reflexión y sosiego, a caballo de un populismo de manual, han votado a los dos partidos de la derecha extrema y que, aunque no llegue a mandar Feijóo, ahí están y estarán. Si añadimos a los abstencionistas, el reto está servido.</p><p><strong>Ignacio Morgado</strong> nos dice (<em>Emociones e inteligencia emocional.</em> Barcelona, Ariel. 2010. Pág. 13): "<em>Un planteamiento racional puede acabar con un determinado sentimiento aunque </em><em><strong>es improbable que lo logre si no consigue crear otro sentimiento más fuerte e incompatible con el que se quiere eliminar"</strong></em><em>. </em>La derecha populista ha generado un sentimiento de falsa libertad, que debe ser rebatido por el de una verdadera solidaridad, que la razón nos brinda pero que solo el sentimiento popular podrá instaurar. </p><p>Por su parte,<strong> Daniel Innerarity </strong>(<em>Política para perplejos</em>. Barcelona, Galaxia Gutemberg, 2018. Página 51) aporta: "<em>Las guerras, la economía, la sociedad son cada vez más asuntos primordialmente emocionales, espacios sentimentales donde se despliega la ansiedad, la ira o la confianza. Esos estados de ánimo, menos encuadrados que nunca en entramados institucionales estables o tradiciones poderosas, son ahora, al mismo tiempo, fuentes de conflicto y vectores de construcción social"</em>	. ¿<strong>Dejaremos que sea la derecha extrema la que construya estos estados de ánimo</strong>? ¿Adónde nos llevarán sus vectores?</p><p>No basta con tener razón, hay que popularizarla emotivamente.<strong> Crear una ola de opinión, como sucedió en la generación del 98 o posteriormente con la II República</strong>. Quizá ahora tendremos la suerte de que el contexto internacional evite que, una vez más, quieran frenarla a tiros.</p><p><strong>¿Abrimos una reflexión emotiva, amplia, popular, sobre el país que podemos ser en el futuro? Yo me apunto</strong>, incluso antes de que terminen los responsos por el finado, aquel demócrata de toda la vida llamado Pascual.</p><p><em>___________________</em></p><p><strong>Antoni Cisteró </strong><em>es sociólogo y escritor. Es autor de 'Participar hoy. Notas para una participación eficaz' y miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Sep 2023 17:14:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Réquiem por Pascual]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Felipe González,José María Aznar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A los no lectores de infoLibre, también]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/no-lectores-infolibre_129_1546133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f8791f10-500f-4fc5-94fa-f4ff0fb99663_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A los no lectores de infoLibre, también"></p><p>Barcelona, 20 de julio de 1936. Centenares, miles de hombres de todas las edades, subiéndose a un camión para parar el fascismo en Aragón. No habían leído ni a Marx ni a Bakunin, pocos pertenecían a un partido político, pero<strong> les unía un sentimiento profundo que les empujaba a arriesgar sus vidas para conservar los avances que estaba consiguiendo la República</strong>. También en Madrid, Málaga o Badajoz. Tenían algo en común. También con las mujeres que se aprestaron a ir a las trincheras o a coser uniformes, a hacer de enfermeras o maestras. Sabían, intuían, lo que defendían, había una conciencia global, difusa pero que abarcaba a un elevado porcentaje de lo que podemos llamar 'pueblo'.</p><p>Y hoy en día, ¿qué podemos tener en común los que pensamos que se está a punto de perder lo conseguido tras décadas de esfuerzo? <strong>¿Se puede aún hablar de “conciencia de clase”?</strong> Quizá sí en algunos casos, pero ¿qué entendemos por clase en este 2023? ¿Dónde está el sustrato común que pueda favorecer el crecimiento de proyectos, convicciones y posicionamientos?, ¿quién lo riega?</p><p>Me quito el sombrero ante la honesta y profesional labor de<strong> infoLibre</strong>, pero no puedo evitar pensar en quién estará leyendo ahora estas líneas. A buen seguro, cientos, miles de personas, visitarán su web en algún momento del día; algunos quizá tropiecen con este artículo. Casi siempre los mismos:<strong> concienciados, sensibles a los avatares de la sociedad; insuficientes</strong>. </p><p>Me dirijo a los lectores, y también a tantos y tantos círculos de gente consciente de la gravedad de la situación. Se realizan esfuerzos encomiables para fomentar el debate y la reflexión, pero habitualmente se hace en círculos ya iniciados que difícilmente trascienden más allá de sí mismos. Abundan las piscinas, pero escasea el riego. <strong>Sentimiento individual de estar cumpliendo con la conciencia, eso sí, pero insuficiente</strong>. </p><p>Vayamos ahora a cualquier concierto de los que ensordecen nuestras noches: oteando sobre el mar de cabezas iluminadas por su móvil, pensemos: <strong>¿Cuántos son conscientes de lo que está en juego? </strong>Algunos sí, claro, pero para la gran mayoría su punto de encuentro no pasa de un afán insaciable de placer y, a menudo, olvido de lo que está pasando. </p><p>O bien cuando, estrujado en el Metro, percibo sudor, móviles y algún pisotón; cansancio, preocupación por el trabajo, el colegio de los niños, quizá algún problema de salud, y me pregunto: ¿Hay un mínimo de conciencia compartida? <strong>¿Qué porcentaje es consciente de que lo avanzado en sanidad, educación o pensiones, está hoy en riesgo de regresión?</strong>, ¿Cuántos van a tenerlo presente al emitir su voto?, e incluso: ¿cuántos de ellos y ellas irán a votar?</p><p>En algún artículo anterior puse la frase: <em>Si las mareas se unieran serían un tsunami</em>. Bonita, lapidaria, pero incierta. No basta con las mareas, por meritorias, heroicas, que sean. <strong>Para conseguir una verdadera fuerza deberían trascender su ámbito y llegar a toda la población</strong>, les afectara o no la reivindicación que les mueve. </p><p>Insisto: ¿Puede haber un mínimo denominador común de tanta y tanta gente que está a punto de ver virar su destino a la derecha? Si no existe, habría que generarlo. Pero para ello, debería llegarse hasta el más recóndito núcleo social. </p><p>Pensemos en un ciudadano o ciudadana de a pie: trabajo, familia, salud… Bastante tiene con ir tirando y si queda un momento, divertirse para conseguir “no pensar en nada”.<strong> ¿Qué parte de su tiempo puede dedicar a informarse y reflexionar sobre la situación política y social?</strong> En una encuesta nacional <em><strong>[i]</strong></em>, casi el 70% respondía que no participaban (a cualquier nivel y ámbito) por no disponer de tiempo. Y sin embargo, aún sin involucrarse en algo, ¿qué recibe?: ruido, ruido, ruido, hecho adrede para ahogar la música de los<em> infolibres</em>, <em>diarios</em>, o<em> públicos</em> de turno. </p><p>¿Qué tienen en común un indignado pendiente de una prótesis de cadera, un homosexual marginado por su condición, un pensionista que no llega a final de mes, una mujer cobrando menos que su equivalente masculino o aquel preocupado por el cambio climático? Trascendamos la valiosa, antigua, división basada en el trabajo. Preocupado cada cuál por un tema, no siempre se siente concernido por los otros. Y sin embargo, todos tienen una raíz común: Se está condicionando su destino, sin que ni tan solo la población tenga conciencia de ello, y menos de los medios para corregir una deriva que les somete cada día más. Salvo unos pocos círculos <em>hipermotivados</em>, <strong>predomina el fatalismo o la simple ignorancia en todos los ámbitos sociales</strong>: desde los que sí llegan a final de mes y pueden permitirse hacer vacaciones, ir al gimnasio o al concierto de turno hasta los que hacen cola en el Banco de Alimentos, los desahuciados o los sin papeles. Unos, porque suponen que ya les está bien y los otros por creer que, por mucho que cambie, ellos tendrán siempre las de perder.</p><p>Primero fue el control de la mano de obra: esclavos, siervos…, luego el dominio de los medios de producción y el dinero. Si antes se amenazaba con la horca y luego con la miseria, ahora se condiciona el futuro sin imponerlo, simplemente inoculando la inopia. Entrado ya el siglo XXI, se perfila ya el control de las mentes mediante la Inteligencia Artificial. Ante ello cabe una constatación: La gente cada vez es menos dueña de su destino y además, gran baza de los explotadores, sin que se perciba o haya interés en verlo. Podemos alegar que esto ha sido así desde siempre, y es cierto. Pero quizá<strong> lo que es más novedoso es que se ignora, se acata sin rechistar por parte de una gran parte de la población</strong>. Hasta no hace mucho, había distinciones claras que, incluso inconscientemente, circunscribían el ámbito en el que vivía cada uno, lo que favorecía la conciencia reivindicativa: “soy trabajador, ergo voto a las izquierdas”. Ahora no. Si nos centramos en la división entre los que deciden el destino de las colectividades y los que se ven fatalmente arrastrados a él, en este segundo segmento, que incluye a la mayoría de la gente, no existe tal conciencia aglutinante. Se han rendido en la lucha por entender dónde vamos a parar. El mundo es demasiado complicado, se aduce: el futuro se decide fuera de mi alcance, Washington, Pekín, Silicon Valey, a lo sumo Bruselas, así que, si puedo, me voy a la playa o al concierto, y ¡que salga el sol por Antequera! (por cierto, con mayoría absoluta del PP). En caso contrario, si no puedo ir a ningún sitio, pues me aguanto y me limito a alejarme de cualquier disquisición sobre las causas de mi desgracia. Intento huir del sistema. Y, ¿qué mejor huida que destruirlo, o seguir a los que predican su aniquilamiento, aunque sea de boquilla? (en tiempos de desánimo y fatalismo, proliferan los flautistas de Hamelin de pacotilla).</p><p>Esta es la baza de la derecha que está penetrando en todas partes. Oculto dentro del “burro de Troya”, está un ejército de destructores del sistema que tanto ha costado levantar. Les basta con el mensaje, cierto o no, de lo fatal que está lo establecido. Una vez en el poder, por descontado, no lo destruirán, se limitarán a exprimirlo, envileciéndolo. Ya lo dijo Azaña: <em>Mi temor más fuerte no es que la República se hunda, sino que se envilezca</em><em><strong>[ii]</strong></em>. Noventa años después, siguen en ello. Por eso sigue también vigente la pregunta que se hace don Manuel, que sigue<em>: ¿Estoy obligado a acomodarme con la zafiedad, con la politiquería, con las ruines intenciones, con las gentes que conciben el presente y el porvenir de España según le dictan el interés personal y la preparación de caciques o la ambición de serlo?</em> Y concluye: <em>¿Qué hago yo aquí? De cuanto he realizado, lo más beneficioso sería la siembra por el ejemplo</em><em><strong>. Pero el ejemplo no se ve, acaso, oculto por la polvareda de la batalla cotidiana. Ni lo sabrán ver nunca</strong></em><em>. </em>Trágicas y actuales palabras.</p><p>¿Imaginamos hoy en día tal prédica por el ejemplo? ¿Llega al conjunto de la sociedad la intensa y meritoria labor realizada por la izquierda (con errores y dudas, pero muy positiva en definitiva), en tiempos de hedonismo y mercantilización de la vida diaria? Si en su tiempo ya no llegaba, qué decir en días de redes sociales, televisiones y medios difundiendo el <strong>“¡diviértase quién pueda!”</strong>. </p><p>A mi entender, <strong>este ha sido el error, o el olvido, de los partidos y colectivos de izquierda</strong>s. Han trabajado honesta e intensamente, pero no han llegado a impregnar la sociedad con una conciencia aglutinadora y reconocedora de dichos esfuerzos. No vale con unos días de campaña, la conciencia se labra día a día, en cada momento y rincón, ante todo tipo de públicos, en especial con los no interesados. Paso a paso, charla a charla, verso a verso. Es duro, a menudo ingrato, pero nos va el futuro. Si la mancha de aceite no se extiende, tenemos los días contados.</p><p>Sí, quizá proceda la unión de los que aún queremos ser conscientes de nuestro destino, como dijo André Malraux en el último párrafo de su novela<em> La esperanza</em><em><strong>[iii]</strong></em>: <em>Manuel oía por primera vez la voz de aquello que es más grave que la sangre de los hombres, más inquietante que su presencia en la tierra: la posibilidad infinita de su destino</em>. <strong>¿Lo vamos a dejar en manos de chapuceros fascistas? </strong>Por mi parte, aquí lo dejo y bajo al bar a dar la vara. </p><p> [i] CIS, 2017.</p><p>[ii] CONTRERAS, Josep. (2008). <em>Azaña y Cataluña</em>. Barcelona, Edhasa. Página 191. Citando la entrada del 11 de junio de 1933 de sus <em>Diarios completos</em>. </p><p>[iii] MALRAUX, André (1995). <em>La esperanza.</em> Madrid, Ed. Cátedra. Página 551.</p><p><em>___________________</em></p><p><strong>Antoni Cisteró </strong><em>es sociólogo y escritor. Es autor de 'Participar hoy. Notas para una participación eficaz' y miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Jul 2023 19:52:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[A los no lectores de infoLibre, también]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[23J | Elecciones generales,Campañas electorales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Administrar la escasez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/administrar-escasez_129_1499857.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/50f4f700-ece0-4f57-a435-5369c6be7eb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Administrar la escasez"></p><p>No escarmientan.<strong> La tendencia se mantiene</strong>. Miro las candidaturas de 2023 al <a href="https://ajuntament.barcelona.cat/eleccions-municipals-2023/es/partidos-y-candidaturas.html" target="_blank">ayuntamiento de Barcelona</a> y aparecen registradas 25. En 2019 eran 23 partidos los que competían para conseguir <a href="https://resultados.elpais.com/elecciones/2019/municipales/09/08/19.html" target="_blank">alguna concejalía</a>. El fenómeno es general, en Madrid, 21; en Valencia 15 o en Bilbao 13. Me entretengo en dividirlas en tres grupos: </p><p> Mi reflexión se centrará en este último grupo, declarando ya desde ahora que todos los que se presentaron en 2019 y sus votantes, al igual que los del próximo 28 de mayo, cuentan con todo mi respeto, e incluso admiración por su esfuerzo, no por baldío menos oneroso, sean del color que sean (algunos ecos de extrema derecha se oían, afortunadamente, en la franja más baja). Ello no es óbice para que critique la actitud numantina que convertirá los votos en exvotos. He omitido los nombres y detalles para no molestar, aunque los hay de todo tipo y pelaje.  De entrada, voy a las candidaturas para este 2023. De ellos, con el mismo nombre, repiten cuatro, mientras que los otros diez, o han cambiado de nombre o son nuevos en la plaza. <strong>Sobre muchos de los que se presentaron en el 2019</strong>, ni se sabe.</p><p>Y vamos a ello: <strong>El montar una candidatura es una tarea muy dura</strong>. Desde encontrar los candidatos necesarios (mucha gente es reticente a verse “marcada” con unas siglas, sin ninguna posibilidad de tener resonancia pública, pero sí eco en su entorno), hacer algún mitin, reuniones preparatorias para elaborar un programa, plasmarlo en un folleto, atender las redes sociales, etcétera, etcétera. Un montón de energía consumida: tiempo, dinero, conocimientos, ilusión, relaciones. ¿A cambio de qué? </p><p>En la actualidad, como dice Byung-Chul Han: “La atomización y <em>narcisificación</em> crecientes de la sociedad nos hace sordos a la voz del otro. Lleva a la pérdida de empatía… No es la personalización algorítmica de las redes, sino la desaparición del otro, la incapacidad de escuchar, lo que provoca la crisis de la democracia”.  Así pues, en un mundo cada vez más autista, en el que los individuos se van aislando en burbujas generalmente hedónicas, sin ánimo de lucha por causas comunes, la labor de los colectivos sociales y políticos es cada vez más ardua. <strong>Son pocos sus miembros, y frecuentemente de cierta edad, surgidos en la época en que la lucha se recompensaba con un reconocimiento de su entorno</strong>, años ha. Hoy no. Y ante la precariedad, surge espontáneamente la pregunta: ¿dónde invertir lo poco que tengo? Imaginemos por un momento que las horas y los euros gastados en candidaturas minúsculas fueran empleados en ahondar y promover, día a día, la causa eje de su actividad, ya sea esta social, ambiental o política. Dije en mi último libro: “¡Cuánta lucha vecinal, cultural o asistencial habrá caído en crisis al dedicar muchos de sus miembros los limitados esfuerzos a ámbitos de objetivo irrealizable (conseguir un puesto de edil), en detrimento de logros duros pero asequibles!”. Pero no, siguen sin atender a la sentencia de Platón: Querer imitar al rico es la perdición del pobre”.</p><p>Alguna razón habrá para que se emplee tanto esfuerzo en causas que se sabe sin recompensa, al menos bajo mi punto de vista. <strong>Es ardua la tarea de ver de qué pie cojean</strong>, y más aún quienes mueven el cotarro en cada uno de estos grupúsculos, pero algunas podrían ser:</p><p>Y la pregunta sigue tercamente ahí: ¿No se podría emplear mejor <strong>esta energía siempre escasa</strong>? </p><p>El líder personalista podría aportar mucho desde su atalaya, influyendo en las fuerzas políticas con opción a acceder a la gestión pública, no durante unas semanas de campaña sino a lo largo de toda la legislatura, ayudado, eso sí, por sus incondicionales. <strong>Requeriría una dosis de humildad y realismo</strong> que, a menudo, escasea en quien ha probado las mieles de la admiración, o eso cree. El aprovechamiento de la energía generada enriquecería mucho más ampliamente a los colectivos en sintonía con su pensamiento, llevando su empuje al plano práctico. </p><p>En el caso de los monotemáticos, creo que hay una buena parte de culpa del despilfarro energético en los propios partidos mayoritarios. Encerrados en su día a día, en sus luchas políticas para mantener o derribar el poder, en la esgrima parlamentaria y los sobresaltos mediáticos, olvidan, o no tienen tiempo ni estructura para atender las reivindicaciones de grupos que, por monográficos, poseen una profunda motivación y un conocimiento superior de los temas. <strong>La falta de apertura al exterior de los “partidos de gobierno”</strong> (sean a nivel nacional, autonómico o municipal) desprecia unos activos de los que nadie va sobrado.</p><p>Algo parecido puede comentarse de las escisiones. Una parte de la energía de cualquier colectivo (y en especial los partidos) debiera emplearse en mantener la cohesión interna, lo que no significa uniformidad sino <strong>empatía, transparencia, comunicación y respeto</strong>. Casi nada. </p><p>Ahí coinciden los dos últimos grupos comentados: los partidos grandes debieran tener la agilidad mental suficiente para abrir sus reflexiones a los otros grupos de menor tamaño con inquietudes afines, sin ánimo de devorarlos, sino de escucharlos y, llegado el caso, incorporar sus reivindicaciones e incluso algún miembro. Esta práctica no solo mantendría activa su masa social, sino que, a pesar de la modestia del interlocutor, se recibirían algunos medios adicionales (en ideas, difusión, miembros, ¡hasta donativos!, etcétera) para la operativa diaria. </p><p>Tampoco los grupos restringidos están eximidos de aportar <strong>un mínimo de empatía y realismo</strong>. Ser pequeño no es sinónimo ni de pureza ni de acierto. Deberían tener el convencimiento de que su aportación es conveniente, pero no siempre asumible en su totalidad. La cerrazón por ambas partes implica tirar por la borda una posible sinergia, lo que siempre beneficia a los que se oponen a sus ideas. Es necesario que se convenzan de que entre el ruido existente hoy en las campañas electorales, sus vocecitas, digan o no la verdad, no serán oídas, mientras que su empecinamiento resta aportaciones a otras vías para difundir y consolidar su causa. </p><p>La convivencia no es fácil. La gestión política, que se otorga a una serie de personas mediante los comicios, tampoco. Requiere todos los medios posibles, insisto: siempre escasos. <strong>Malgastar la energía propia y renunciar a incorporar la ajena</strong> no solo redunda en una débil campaña electoral, sino también, y es peor, en una gestión del día a día empobrecida. </p><p>Y lanzo las preguntas que quizá tengan respuesta en algún comentario que leeré empáticamente: <strong>¿Cuál es el propósito de las candidaturas residuales al presentarse a la búsqueda de unos centenares de votos?</strong> Y ya puestos en el despilfarro: ¿Qué coste tendrá el desencanto de los que en ellas hayan colaborado?</p><p><em>___________</em></p><p><strong>Antoni Cisteró </strong><em>es sociólogo y escritor. Es autor de 'Participar hoy. Notas para una participación eficaz' y miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 May 2023 20:17:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Administrar la escasez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones,Elecciones municipales,Elecciones autonómicas,28M | Elecciones autonómicas y municipales,Campañas electorales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cabe una revolución artificial?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/revolucion-artificial_129_1475635.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a2c6cf93-ff73-4433-96ea-8c13931aab54_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Imagen de archivo del logo de ChatGPT frente a la bandera de la UE."></p><p>Subámonos a uno de esos satélites de<strong> Elon Musk</strong>, aunque sea con un crédito a pagar tarde, mal o nunca. Si aguzamos la vista, veremos cómo se va ampliando la grieta. Allí, a lo lejos, un mundo aparentemente insignificante, con minúsculas manchas, grises, que se agitan febrilmente, se va separando irremisiblemente. Si hace <strong>240 millones de años </strong>empezaron a desgajarse los continentes de una única formación geológica, Pangea, ahora vemos un proceso similar en la anteriormente más homogénea masa humana. </p><p>Desde las alturas, percibiremos una extensión viscosa, bastante uniforme, donde los <em>personajillos mesiánicos</em> son unos simples puntitos más en una amalgama monocolor. Pero si nos fijamos bien, se trata de una masa de bolitas aisladas y  también veremos cómo las grietas que atraviesan el conjunto van agrandándose. Y lo que es peor: cada vez a mayor velocidad. ¿Por qué? Quizá el paradigma más cercano y evidente sea la proliferación de la<strong> Inteligencia Artificial </strong>y los efectos de dependencia y disgregación social que genera.</p><p>A riesgo de ser excesivamente simplista, propongo este esquema:</p><p><strong>1.-</strong> Se descubre un nuevo artilugio.</p><p><strong>2.-</strong> Se calcula el beneficio económico de venderlo a la gente.</p><p><strong>3.-</strong> Si 2 es positivo, se promociona 1, intentando incidir especialmente en el aspecto emotivo del posible comprador, lo necesite o no, influya en sus vidas o no.</p><p><strong>4.-</strong> El desconocimiento del comprador de 4 sobre el impacto individual e incluso social de 1, favorece los abusos.</p><p><strong>5.-</strong> Cuando estos abusos afectan a un número apreciable de gente, la Administración trata, a remolque, de regularlo.</p><p>¡Pero ya es tarde! <strong>Un nuevo ingenio cautivador de voluntades está ya emergiendo</strong>. ¡Y vuelta a 1! Y como siempre, la sociedad precisa de un periodo de adaptación que la agresividad comercial no cede. </p><p>No es nada nuevo, pero sí más grave, por lo que tiene de irreversible.</p><p>Desde siempre, ha habido lucha de clases, en el sentido de que unos dominan el cotarro y otros son los dominados. Los libres y los esclavos; los señores y los siervos; los propietarios y los que venden su trabajo. Pero en todos los casos, ambos grupos estaban en un mismo ámbito. O vivían en la misma casa, o residían en el mismo feudo, o trabajaban en la empresa propiedad de alguien. Había abusos, injusticias, pero hasta cierto punto podían mirarse a la cara e incluso, llegado el caso, partirse el cráneo. Pero ahora no es así.</p><p>Ignoro si por astucia de las oligarquías, estulticia del ciudadano de a pie, o simple azar, pero están pasando <strong>dos fenómenos simultáneos</strong>: por un lado <strong>el dominador se ha hecho invisible</strong>, o al menos no está al alcance de los dominados (sociedades anónimas, <em>of shore</em>, <em>Edge founds</em>… y mientras tanto, la señora María del tercero sin entender el recibo de la luz); por otro, <strong>se está atomizando la posible homogeneidad del ámbito explotado</strong>, quitándole cualquier capacidad de reacción, de reconducir la evolución. Y ello tanto a nivel individual, en gran parte gracias a internet, como en el colectivo. Aunque la población es esquilmada en muchas áreas: sanidad, educación, banca, grandes distribuidoras, no se consigue que se perciba la globalidad del expolio. Lo dije en un libro<a href="//about:blank" target="_blank">[i]</a> hace unos años: <strong>“Si las mareas se unieran, serían un tsunami”</strong>, pero no es el caso.</p><p>Me explico: la abducción de la población mediante los artefactos surgidos en internet aleja a esta de la comprensión de la labor de dominación que se está realizando. En primer lugar, su vertiginoso crecimiento y sofisticación los hacen <strong>incomprensibles a gran parte de los usuarios</strong>, a los que habría que añadir a los que se van quedando en la cuneta, agarrados a una precaria cuenta de Facebook o al chat de WhatsApp con los amigos que antes encontraban en el bar. Ello genera indefensión y con ella surge el miedo. Ya lo decía Bertrand Russell<a href="//about:blank" target="_blank">[ii]</a> hace siete décadas: <em>Uno de los efectos del miedo es la sumisión al líder, sea este Churchill o Hitler</em>. Miedo a la crisis económica, miedo a la pandemia, miedo a un mundo progresivamente más complicado sin posibilidad de entender (y a menudo acceder) a las herramientas para encontrar una salida. Muchos artilugios generan impotencia, por mucho que se vocee el empoderamiento popular. ¡Hasta la muñeca Barbie se anuncia así: <strong>“tú puedes ser lo que quieras”</strong>! Pero una vez constatado que en el mundo real ello no es así, se empuja a la gente al mundo virtual, para que pruebe suerte y llegue a ser alguien, ¡a saber qué, pero desde luego, no un ciudadano reivindicativo!</p><p>Alguien ha propuesto sustituir el concepto de <em><strong>Smart city</strong></em>, cada vez más bajo sospecha de control del Gran Hermano, por el de S<em>mart citizen.</em> ¡Vaya! ¡buena idea! En Cataluña ha nacido una plataforma, con su manifiesto y su web: CIVICAi<a href="//about:blank" target="_blank"><em><strong>[iii]</strong></em></a>. La consulto. Un ciudadano se puede apuntar y participar. ¡Ah! Pero si uno intenta hacerlo, necesita el <strong>aval de dos de los firmantes del manifiesto inicial</strong> (unos doscientos), así que, en el mejor de los casos, se tratará de una S<em>mart bubble</em>. No se me interprete mal, es una iniciativa encomiable, un toque de atención necesario. Pero alejado del ciudadano que está preocupado por si cierra su empresa, si su hijo ha suspendido o por saber cuándo le darán hora para analizar aquel bultito en la axila que le preocupa. Agobiado, acudirá a las redes en busca de alguna solución fácil y rápida, aquella que le ofrecen los populismos. Es una situación habitual en la generación actual, pero con el surgir de la <strong>IA, el ChatGPT, Bing o Bard</strong>, son también las generaciones futuras las que se verán abducidas irreversiblemente por un mundo irreal. Sí, aquel donde su cerebro encontrará cobijo mientras le van atando las manos y vaciando el bolsillo.</p><p>Y lo que es peor: “sin saber quién se lo está haciendo”. Añadiría: no solo sin saber, sino incluso sin querer saberlo, por falta de tiempo, de ganas o de capacidad de razonamiento para buscar una respuesta. Que las oligarquías sean esquilmadoras no quiere decir que sean tontas. En el ocaso de la sociedad industrial que surgió hace algo más de un siglo, las responsabilidades se han ido diluyendo: los dueños han pasado a accionistas de sociedades anónimas, y estas se han alejado del asalariado mediante intrincadas subcontrataciones, difíciles de controlar; los bancos han traspasado el riesgo a sus impositores; las decisiones macro se han ido alejando del gobierno, local o central, a una poco democrática<strong> Unión Europea</strong>, y de esta a “la situación mundial”. ¿Cómo puede hincarle el diente el ciudadano de a pie? </p><p>Así, la grieta entre dominadores y dominados se va agrandando irremisiblemente, hasta no llegar a percibirse. Una isla con sus palmeras, su golf y piscinas, se aleja de un continente amorfo, burbuja de burbujitas, aisladas y entrechocando entre sí. En una <strong>sociedad casi feudal</strong> fue posible una revolución; en otra industrial fue posible un salto adelante importantísimo, y costoso, en derechos y condiciones de vida. ¿Alguien intuye cómo se podría generar otro paso relevante hacia una sociedad más justa y solidaria en el mundo de la IA?</p><p>No sigo para no empujar al lector en brazos del primer <em>trumpista</em> que pase por ahí. No quiero deslucir la rimbombante iniciativa de la<strong> </strong><em><strong>Digital Future Society</strong></em><strong> (DFS)</strong><a href="//about:blank" target="_blank">[iv]</a>, impulsada por el <strong>Ministerio del ramo</strong>, que propone reflexionar sobre el impacto ético y moral de la Inteligencia Artificial. Pero quisiera dejar clara mi opinión: Mientras la izquierda se entretiene practicando las cuatro reglas aritméticas, la derecha más poderosa, sigilosa e invisible, está ya en ello. La Inteligencia Artificial es un simple instrumento para alcanzar la<strong> Sumisión Global.</strong></p><p>_______________________________________________________________________________________________________________________________________________</p><p>[1] CISTERÓ, Antoni. (20159. <em>Confluyendo - ¿De qué hablamos cuando hablamos de confluencia? -</em> Barcelona, libres a mida.</p><p>[1] <em>New hopes for a changing world</em> (1951)</p><p>[1] <a href="https://www.lavanguardia.com/vida/20230321/8838266/nace-primer-lobby-ciudadano-defender-intereses-humanos-despliegue-ia.html" target="_blank"><em>https://www.lavanguardia.com/vida/20230321/8838266/nace-primer-lobby-ciudadano-defender-intereses-humanos-despliegue-ia.html</em></a><em>. </em>Hablando de <em>https://civicai.cat/</em></p><p>[1] <em>https://digitalfuturesociety.com/es/insights/</em></p><p><em>___________</em></p><p><strong>Antoni Cisteró </strong><em>es sociólogo y escritor. Es autor de 'Participar hoy. Notas para una participación eficaz' y miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Apr 2023 20:07:56 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El circo electoral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/circo-electoral_129_1448341.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/27e6fa85-a77b-4c12-8b0e-1ac2948f3330_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, durante una sesión de control al Gobierno."></p><p>Parecía que iban aprendiendo. Más de tres años de una gestión más que aceptable, habiendo capeado la pandemia con bastante eficacia, al igual que los <strong>demás países de nuestro entorno</strong>, y que ahora, al afrontar la crisis de la guerra de Ucrania, ha puesto sobre la mesa medidas correctas y adecuadas, como ha reconocido la propia Unión Europea. Era una primera experiencia de gobierno de coalición, <strong>difícil de gestionar</strong>, difícil de interiorizar, pero que la desidia y chapucería de la etapa <strong>Rajoy </strong>y unos <strong>resultados positivos</strong> hacían aceptable para el conjunto de la ciudadanía.</p><p>¡Ah, pero se acercan elecciones, el ciclo que se convierte en un bucle! Y no una ni dos, sino tres a distintos niveles: municipales, bastantes autonómicas y generales. Y volvió a aflorar el “<strong>quítese usted para ponerme yo</strong>”, el sectarismo, la tribu, y con ellos, el desdén por el otro, la sordera de trinchera, el circo infantiloide con fieras rugientes y payasos sin gracia. Como decía <strong>Max Aub </strong>en <em>Campo de sangre</em>: “Lo español: el puñado y tirar <em>p’adelante”.</em> En nuestro caso a menudo no se va <em>p’adelante</em>, sino que todo queda en palabrería vacua, funambulismo, o espectáculo trilero, sin tener en cuenta ni la fuerza propia ni las circunstancias del entorno. Quizá sí, pero en<strong> la Europa del convulso y cibernético siglo XXI</strong>, el puñado tiene capacidad para destruir, pero no para levantar nada sólido. </p><p>¿A santo de qué tanta inquina?, ¿por qué estas luchas cainitas? Asumo, ingenuo, que no hay una voluntad expresa de poner la alfombra roja, de los rojos, para el desfile del PP hacia la Moncloa. Pero tanto espaviento exagerado borra de la mente de los <strong>futuros votantes</strong> los logros innegables en la gestión de unos años dificilísimos. El ciudadano de a pie tiene memoria de pez, se rige más por la emoción que por la razón, y es mucho más fácil indignar con lo negativo (cierto o no), que convencer con lo positivo, que ha sido mucho. Y vuelvo a<strong> mi duda sobre cuál es el objetivo</strong>. Porque si son sólo un puñado de votos, apañados vamos. </p><p>Parece evidente, aunque penoso, que ante unos comicios sea más rentable desacreditar al contrincante que realzar las virtudes propias. Y dado que los votos en disputa son bastante estables, se busca cicateramente rebañar unos cuantos boletos de las propuestas más cercanas y no de los que promueven políticas opuestas a las propias. Pero no se tiene en cuenta que, si bien hay<strong> cierto trasvase en cada elección</strong>, lo que es prácticamente inamovible es el volumen de votantes a derecha y a izquierda. Así que, siendo inevitable una salida hacia un gobierno de coalición, el que Podemos consiga cuatro votos socialistas, o al revés, no hará avanzar hacia<strong> la posibilidad de seguir con una política de izquierdas </strong>(con todos los matices que se quiera, esta ha sido la que se ha llevado a cabo hasta ahora).</p><p>El maestro <strong>Odón Elorza</strong> decía hace poco<a href="https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/up-psoe-relacion-amor_129_1446459.html" target="_blank"> en infoLibre, el pasado día 9</a> de marzo: “A gran parte de la sociedad progresista y en general a quienes viven con temor el discurrir de las crisis y las incertidumbres globales, esta situación los lleva al desánimo y a la desorientación”. Lo más dramático es que<strong> se olvida la tendencia clara al aumento de la abstención</strong> (10 millones de votos en 2019). ¡Es ahí donde se debiera picar piedra, y no lanzarla a la cabeza del vecino! No se tiene en cuenta, o el orgullo prevalece sobre el razonamiento, que tanta diatriba a cara de perro, tantos dimes y diretes e incluso insultos, solo incrementan el número de los que, decepcionados, <strong>no irán a votar</strong>. En el mejor de los casos no se pasarán al bando contrario, pero el asco les impedirá votar en el ámbito en el que siempre se han movido. </p><p>He dicho que la emoción, el choque mediático, prevalece sobre el razonamiento y la evaluación sosegada de los pros y contras de cada opción, incluidos los de la viabilidad de un nuevo gobierno de coalición. Ello es explotado por los populismos que, a caballo de las redes sociales, <strong>cuentan con un voto fiel y se benefician del abandono</strong> de los seguidores de las otras opciones. En los insultos, en las bravuconadas, siempre nos ganará la derecha, prepotencia de quien tiene los medios, menosprecio de la capacidad de <strong>análisis del electorado</strong>. Y sin embargo se sigue pertinazmente con la pelea barriobajera al reclamo de unos comicios. </p><p>¿Alguien puede imaginar una victoria absoluta de alguna opción de izquierdas? (No, no te rías, lector. Al final hablo de la utopía). Pues entonces,<strong> todos los dardos lanzados ahora serán ascuas </strong>sobre las que tendrá que andar el gobierno entrante, obligado a dar botes circenses para no abrasarse. Aún resuenan los insultos flotando en el aire de las Cortes a raíz de un tema donde hay muchos más acuerdos que desacuerdos, pero donde los personalismos, las prisas y la chapucería han tomado el timón de una nave al pairo. ¡Cuánta <strong>energía malgastada</strong>! ¡Cuántos recelos y cuentas pendientes enturbiando el día a día y el mañana a mañana!</p><p>Más allá del teatro electoralista que se represente, ante las disputas en una coalición, al menos cada uno debiera tener presente<strong> su peso específico, su activo en votos y escaños</strong>. En la necesaria y a menudo ausente cultura del pacto, se olvida la propia debilidad, que redunda en la de todos. No prevalece quien más grita, o quien tiene la frase más aguda; el resultado electoral de cada uno también <strong>debiera verse reflejado </strong>en los matices del acuerdo final. </p><p>Y como lo prometido es deuda, ahí va la utopía. La que nos mostraría a los dos grupos en cuestión, más otros con propuestas en parte afines, asumiendo ya desde hoy que en el futuro estarán obligados a entenderse, a promulgar conjuntamente las leyes que hagan avanzar al país por el <strong>camino de la solidaridad y la justicia</strong>, evitando que se implanten de nuevo el amiguismo y la codicia. Así de claro. Tan claro que incluso podría ser percibido por muchos y muchas votantes como una <strong>apuesta de futuro a la que valdría la pena dar apoyo</strong>, un futuro tan sólido que haría empequeñecer las discrepancias actuales, lo del dedo y la luna y quién mira qué. Recuerdo una cita de Santos Juliá acerca del Manifiesto del Frente Popular que ganó las elecciones de febrero de 1936: “inmediatamente volvió a encenderse, en aquella mitad de España que se sintió derrotada en las elecciones de 1933, la esperanza de un nuevo triunfo, inspirada no tanto por lo que el pacto decía, sino <strong>por el simple hecho de decirlo, por la escueta razón de su existencia</strong>”. ¡Cuánta gente de izquierdas, e incluso neutral, fue a votar entre los que no lo habrían hecho de no haberse alcanzado el acuerdo! ¡Cuánta gente de izquierdas se hubiera quedado en casa, o incluso habría votado opciones de derechas, de haberse comunicado el no acuerdo con exabruptos similares a los de hoy, en aquellos duros y gélidos primeros días de 1936! Lo importante <strong>no fue que Izquierda Republicana</strong> rebañara unos cuantos votos al PSOE, o que este consiguiera que algún comunista le votara. Lo relevante fue que se impidió la permanencia y ascenso de las derechas filofascistas a un poder que ya no habrían soltado.</p><p>En el manifiesto, se mencionaban las coincidencias, y también las discrepancias, como por ejemplo en el tema de la banca pública. Pero ello no fue óbice para que la ciudadanía percibiera una cultura del acuerdo, lo que influyó sin duda en los resultados. Así que, ochenta y siete años después, habiendo pasado una guerra, una larga y oscura posguerra, una ilusionante transición, y también los gobiernos de <strong>Aznar </strong>y <strong>Rajoy</strong>, vuelvo a mi utopía, con el apunte de que posiblemente necesitaría de alguna <strong>cura de humildad y de ciertos mutis </strong>de los que viven en la <em>ambitiosa paupertate</em>, la presuntuosa pobreza (en votos se entiende): ¿Sería posible extraer, entre las vocingleras discrepancias, una lista de puntos de acuerdo, asumibles ya ahora en la eventualidad de tener que formar gobierno? ¿Podría, ya ahora, instaurarse una mesa permanente de puesta en común, de práctica del acuerdo, con voluntad de ídem, <strong>aislada de los focos</strong> y con algún psicólogo de soporte? </p><p>Acabo con una frase de Cicerón, de la que ahorro el latinajo: “Errar es propio de cualquier persona, pero obstinarse en el error <strong>sólo lo es del necio</strong>”.</p><p>________________________</p><p><em><strong>Antoni Cisteró</strong></em><em> es sociólogo y escritor. Es autor de 'Participar hoy. Notas para una participación eficaz' y miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Mar 2023 20:43:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El circo electoral]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Empoderamiento 'fake']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/empoderamiento-fake_129_1407513.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1103c6ee-7994-4aa5-ace7-4fdd2e60c213_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Empoderamiento 'fake'"></p><p>Si una palabra está de moda hoy es “<strong>empoderamiento</strong>”. Según la RAE, acción y efecto de empoderar. Y el verbo se define como: Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido/dar a alguien autoridad, <strong>influencia </strong>o conocimiento para hacer algo.</p><p>Suena bien, claro. ¿A quién no complace, sea desfavorecido o no, que le otorguen poder? ¿Quién despreciaría el don de la autoridad, la influencia o el conocimiento para hacer algo? Pero más allá de la música, veamos la letra: ¿Realmente significa dar acceso al poder, o simplemente se<strong> divulga tal posibilidad? </strong>Hemos visto que el tema se ha <strong>banalizado </strong>tanto que incluso sirve de base a múltiples <strong>publicidades</strong> de coches, bancos o gimnasios: Si quieres, puedes (previo contrato de un crédito o pago de una cuota). </p><p>Aunque seamos honestos: el empoderamiento existe y <strong>enriquece la democracia</strong>. Hay un esfuerzo valioso, titánico, para dar instrumentos a la población para que colabore en mejorar la sociedad. Pero también tiene su lado oscuro, en el que el concepto se manipula prostituyendo la participación. Hay un <strong>empoderamiento positivo</strong>, necesario, y otro dañino. Analicemos un poco el tema:</p><p>Hay un sujeto (persona o colectivo) que quiere hacer algo, unos<strong> medios necesarios</strong> que pueden dotarle del poder para obtenerlo y una fuente de donde los obtiene (ahora, a menudo, la propia administración). <em>A priori</em> parece acertado pero: ¿es siempre así en la realidad?</p><p>La primera pregunta es si realmente la gente quiere “empoderarse”. Desde luego, todo el mundo es libre de trabajar o no para conseguir algo. Y mucho me temo que son pocos los que están por la labor cuando se trata del bien común. ¿Cuánta gente está en la onda de<strong> querer influir</strong> en los asuntos que atañen a un colectivo? Pocos y nunca suficientes. Carentes de tiempo, aturdidos por las redes y distraídos por los medios, bastante tienen muchos ciudadanos con ir tirando: una lástima, pero real y legítimo. Afortunadamente están los otros, los que son conscientes de la necesidad de un objetivo y que están dispuestos a bregar por ello, para lo cual el <strong>empoderamiento les irá muy bien</strong>. Pero dada la escasez de personas y medios, convendría un uso eficaz de la fuerza conseguida u otorgada, evitando caer en la<strong> demagogia populista </strong>que los desvíe en provecho de ideas ajenas o incluso contrarias al bien común. ¡Qué no se hubiera podido hacer con toda la energía, todo el empoderamiento empleado <strong>en el </strong><em><strong>procés</strong></em><strong>, </strong>este que ahora lucha para quedarse como estaba!</p><p>Este uso espurio del empoderamiento, además de<strong> restar fuerza </strong>a los movimientos reivindicativos,<strong> causa un desencanto</strong> en quienes han caído en él, los cuales, al advertir el embaucamiento, recularán a sus cuarteles de invierno, de estufa y zapatillas, y difícilmente volverán al ruedo para otros proyectos. Un claro objetivo de quienes usan el empoderamiento en beneficio propio.</p><p>No se me interprete mal: la lucha descrita es no sólo legítima sino <strong>también necesaria, </strong>pero no siempre resulta eficaz. Asumir la frase de Samuel <strong>Goldwin</strong>, fundador de la MGM, de que <em>es absolutamente imposible, pero tiene posibilidades</em>, tiene dos consecuencias perversas: en primer lugar, el derroche de una siempre escasa energía que sería mucho más útil en otros proyectos; y en segundo: el de una<strong> desilusión desmovilizadora,</strong> que extiende el escepticismo sobre la viabilidad de reivindicaciones imprescindibles.</p><p>Por su parte, el poder se recibe (o se coge) de alguien. De la escueta definición de la RAE se deduce que radica en tener autoridad, influencia o conocimiento. ¿Quién lo da?, ¿es realmente esto? Sirva un ejemplo: en Barcelona se realizó una consulta popular para decidir sobre un tranvía y su trayecto. Dicho sea de paso, no se llegó a nada, pero sirvió de tumba política al alcalde de turno y a <a href="https://www.lavanguardia.com/vida/20100516/53928946995/el-fracaso-de-la-consulta-de-la-diagonal-se-lleva-por-delante-al-primer-teniente-de-alcalde.html" target="_blank">su equipo</a> (quizá el verdadero objetivo del “<strong>empoderamiento” popular</strong>). Los barceloneses recibieron conocimiento sobre los pros y contras del proyecto, aunque <strong>sesgado</strong> según el origen, requiriendo por lo tanto un esfuerzo de análisis. Pudieron, eso sí, influir en la decisión, pero como el proceso culminó en parálisis dejándolo todo como estaba, su poder quedó en nada, generando escepticismo respecto a futuras llamadas a la participación.</p><p>Las consultas, a menudo, no las carga el diablo sino la autoridad incompetente. Lo viví personalmente en una empresa: se abrieron<strong> consultas entre el personal</strong>, a todos los niveles, para decidir la futura evolución de una actividad que requería de grandes conocimientos técnicos, registros y controles durísimos, así como una proyección internacional de gran competencia. La secretaria, el responsable (o el mozo) del almacén, el comercial, se sintieron halagados al ser “empoderados”, pero ¿podían decidir sobre registros, <em>marketing</em> internacional o inversión en R+D+I? La empresa tenía sus<strong> técnicos especializados</strong> y sus dirigentes estaban supuestamente capacitados para tomar el rumbo adecuado partiendo de sus informes. ¿Querían cubrirse las espaldas?, ¿quisieron distraer al personal con un argumento de buen rollo, mientras se limaban al milímetro las ventajas sociales? A saber. Que se empodere a la ciudadanía no ha de ser excusa para una dejación de responsabilidades de los que, en democracia, tienen el mandato popular de gestionar lo mejor posible los asuntos públicos.</p><p>Y ello nos lleva a la política, que para esto está. La democracia está basada en la elección de unos representantes, que decidirán el<strong> rumbo del país.</strong> Esta tarea cada vez es más compleja y enrevesada. Son pocos los ciudadanos de a pie dispuestos a valorar la dispersa información que reciben, incluso la poca ecuánime y razonada, que también la hay, y menos tomar decisiones basadas en ella. Pero pueden influir, claro, es la esencia de la democracia. Y el primer paso es influir sopesando al máximo y racionalizando la elección de sus mandatarios para, posteriormente, indicarles el sentir de las minorías empoderadas sobre los temas que les afectan (¡empoderamiento sano donde los haya el de la sanidad!) y cómo los están llevando a cabo. Es por ello por lo que el<strong> aumento generalizado de la abstención</strong> es preocupante: en la consulta del tranvía mencionada, solo votó el 12% de la ciudadanía, ¡poco empoderamiento hubo! Esta reducción del volumen de gente que desea mínimamente influir pone en riesgo el principio de que<strong> todos eligen para el bien de todos, </strong>pasándose a la peligrosa situación de que algunos eligen para el provecho de algunos. Las elecciones son el verdadero y básico empoderamiento de todo el que quiera empoderarse: un instrumento para que el conjunto de la ciudadanía tenga el poder de influir en su futuro como tal. Quizá por ello, este artilugio es tan torticeramente manipulado por algunas fuerzas desgraciadamente ascendentes. Las elecciones democráticas son un instrumento conseguido con<strong> gran esfuerzo</strong> que no debieran ser degradadas por atajos populistas, tanto en su proceso como en la valoración de los resultados.</p><p>La democracia, el arte del consenso, el entretejer decisiones para conseguir un resultado favorable a la mayoría, es una<strong> labor ardua y difícil.</strong> Es como un castillo de naipes, tan difícil de levantar, con necesarios y precarios apoyos por todos lados, y tan fácil de hundir con un breve soplo. Y ahora pensemos: qué tipo de empoderamiento es más fácil de conseguir, el de unas manos firmes, una vista aguda y un sentido del equilibrio gestionados con paciencia y determinación, o el mínimo soplo, con los labios en posición de besar, para dar al garete con el sistema. Es lo que sucede cada vez con más frecuencia: </p><p>¡Tú puedes! - ¿El qué? - ¡Ser libre! - ¿Y esto qué significa? -Decidir por ti mismo, por encima de leyes y convenciones sociales. - ¡Caramba! ¿Y a cambio de qué? -De que me votes. Qué cierto el aforismo medieval que reza: <em>quien se propone mentir, siembra dulces palabras.</em></p><p>Es posible que, una vez dado el irreversible paso, el empoderado se dé cuenta de que<strong> el poder recibido no es tal</strong>, que fue un mero espejismo momentáneo, y que quien realmente decide es el votado, y en favor de unos pocos, entre los que él no se cuenta ni contará. Da igual, porque deshacer el camino, <em><strong>desempoderarse</strong></em><em>,</em> para volverse a cargarse de razones mediante un análisis que le dé de nuevo el poder de decidir no entrará ya en<strong> su desilusionada mente. </strong></p><p>Por cierto, <strong>2023 viene cargado de elecciones.</strong> Podemos optar por “empoderarnos” de libertad <em>fake</em>, o empoderarnos nosotros para, con nuestro voto, empoderar a gente capaz de invertir su esfuerzo en beneficio de la colectividad. </p><p>___________</p><p><em><strong>Antoni Cisteró</strong></em><em> es sociólogo y escritor. Es autor de 'Participar hoy. Notas para una participación eficaz' y miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre.</strong></em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Jan 2023 20:38:20 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Empoderamiento 'fake']]></media:title>
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      <title><![CDATA[Los esbirros necesarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/esbirros-necesarios_129_1392467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1fdd9776-3f46-4246-93e8-27c8c779bb02_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los esbirros necesarios"></p><p>Aún <em>groggy</em> por el alud de golpes bajos en la cámara alta, acudo al <strong>diccionario de la RAE</strong> y veo diversas acepciones de la palabra esbirro, que aquí resumo: <em><strong>Persona que ejecuta servilmente las órdenes de otra, por dinero o interés</strong></em>. Antes bajaban del castillo para exprimir al vulgo con diezmos que entregaban al señor feudal, hoy despiden por <em>whatsapp, </em>o laminan derechos democráticos, mientras las manos de la “<strong>otra</strong>” siguen aparentemente impolutas.</p><p>Y de pronto los veo a ellos allí, en la tele, en <em><strong>prime time</strong></em>, circunspectos, apuntando una leve sonrisa de autocomplacencia, no excesiva, son sesudos, con toda la pompa y sin nada de gloria. Y pienso: ¿cómo han llegado hasta aquí? </p><p><strong>Nota</strong>: no hablo en general. La judicatura, los políticos, hasta los <strong>jefes de recursos humanos</strong> merecen a priori mi respeto. Hablo de los que, por ejemplo, se mantienen años en un cargo caducado y tienen el cuajo de seguir mirando a los ojos a sus compañeros de profesión y actuando en provecho de un actor político. No todos son esbirros, pero<em> haberlos haylos. </em></p><p>¿Cómo es que han llegado a mantener y no enmendar una posición caducada (o sea, no apta para el consumo) durante años, con un efecto dañino a todas luces, porque degrada no solo su figura, sino por extensión a toda su profesión y, peor aún, la calidad de la democracia de nuestro país? </p><p>La figura existe en todos los niveles de la gestión, aunque cuando aparece en niveles tan altos y de exposición pública, adquiere tonos dramáticos. Pero, por otra parte, es una figura que desde arriba se necesita desesperadamente. Ya sea por imagen pública, ya por conocimientos, ya por posición, hay trabajos sucios que solo se pueden hacer en puestos concretos de la organización.</p><p>¿Qué<strong> factores influyen en la toma de decisión de alguien</strong>, a priori de nivel intelectual elevado, para que ponga en riesgo (o no, como veremos) su imagen pública, su prestigio y su carrera? Resumiendo, creo que se trata de un tema de “burbuja”. Dentro de su hábitat, su imagen se verá reforzada, los golpecitos en la espalda abundarán y siempre encontrará rincones donde cobijarse profesionalmente. Incluso su sacrificio de hoy puede redundar en <strong>mayores honores en el futuro</strong>, siempre y cuando el círculo al que pertenece ostente el poder. Para evitar crisis de conciencia, cabe mantenerse en el ámbito de confort, apuntalado por sus semejantes, a salvo de replanteamientos críticos, lo que permite autoconvencerse de que se está actuando en conciencia, aunque sea una conciencia pétrea e inamovible. </p><p>Es esta atmósfera concreta, este aire melifluo que se respira en ella, la que da razón de ser al juego de los esbirros, que actúan fuera de ella para, una vez alcanzado el objetivo, volver al redil. Si analizáramos la biografía de casi todos los componentes de esta<strong> élite judicial</strong>, encontraríamos cantidad de puntos comunes: formación elitista, relaciones sociales dentro de un marco homogéneo, práctica religiosa, etcétera, etcétera, precisamente lo que intentan conservar. Sus leyes, o las leyes influidas por ellos, intentarán mantener una educación para privilegiados (aunque financiada en parte por el erario), una sanidad privada (que favorecen desmantelando la pública, empujando a quien puede a engrosar las filas de sus clientes), unas normas inspiradas por la religión más rancia, etcétera, etcétera… Un <em>status quo</em> gestado por unos cuantos, que una honesta práctica democrática puede poner en peligro, al pinchar la burbuja donde están instalados y desde donde intentan manejar el cotarro.</p><p>Si el origen está en mantener el flujo de esbirros convencidos entre las<strong> nuevas generaciones</strong>, la culminación también es obra de este círculo, <strong>no sé si vicioso pero sí viciado.</strong> Con el tiempo, a medida que se van dando pasos, la figura del servidor para trabajos sucios se va degradando. Si la presión social es fuerte, si los resultados no son suficientes, su futuro profesional podría peligrar. Pero de nuevo la cofradía le salvará, no faltarán puestos donde ubicar al “quemado”, siempre y cuando se mantenga fiel a los principios que mamó ya desde niño, o niña. Incluso, si es preciso, colocados como comentaristas de fútbol. Porque sí, también los políticos, presidentes incluso, son, o pueden ser a su vez, esbirros de instancias superiores. </p><p>Leyendo un artículo sobre la derecha ultramontana estadounidense, encuentro esta cita: <a href="//  [i] https://www.theguardian.com/world/2022/jun/25/roe-v-wade-abortion-christian-right-america" target="_blank">“</a><a href="//  [i] https://www.theguardian.com/world/2022/jun/25/roe-v-wade-abortion-christian-right-america" target="_blank"><em>En el fondo de sus decisiones (en este caso sobre el aborto) yace la convicción de que el poder del gobierno puede y debe ser usado para imponer una cierta moral y visión religiosa a todo el conjunto de la sociedad</em></a><a href="//  [i] https://www.theguardian.com/world/2022/jun/25/roe-v-wade-abortion-christian-right-america" target="_blank">”</a>. Al final del artículo, recalca: “<em>Este </em><em><strong>tribunal </strong></em><em>supremo ya ha dejado en claro con qué rapidez nuestra judicatura nacionalista cristiana cambiará la ley para adaptarla a esta visión de una sociedad gobernada por una élite reaccionaria, una sociedad con una religión preferida y un código prescrito de comportamiento sexual, todo respaldado por el poder coercitivo del Estado</em>”.</p><p>Es lo que se está buscando: <strong>conseguir la combinación</strong> (letal a mi entender) de acción conjunta de una <strong>élite judicial</strong> y un gobierno sin miramientos, al servicio de un poder económico, mediático y religioso dispuesto a sacrificar a los esbirros que haga falta para alcanzar sus fines, imponerlos a la sociedad en general y permanecer en ellos por los siglos de los siglos. </p><p>___________</p><p><em><strong>Antoni Cisteró</strong></em><em> es sociólogo y escritor. Es autor de 'Participar hoy. Notas para una participación eficaz' y miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre.</strong></em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Dec 2022 18:36:04 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los esbirros necesarios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jueces,Consejo General del Poder Judicial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La otra marea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/marea_129_1357657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0649e1f7-ce4d-462b-ba24-2febbd0c146d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La otra marea"></p><p>Ganó Lula. ¡Bravo! <em>A esquerda ganhou </em>¡Bien! ¿Bien? Quizá no tanto. ¿Ganó? Las presidenciales sí. Más allá de posibles reacciones alérgicas del rebaño populista, ganó. Pero por un estrecho margen y <strong>debiendo enfrentarse a un Parlamento y numerosos entes locales contrarios a sus planteamientos</strong>, que quizás no sean (o sí) partidarios de los exabruptos de Bolsonaro, pero que están muy alejados de cualquier aroma de izquierdas que pueda emanar de una ley. </p><p>El resultado ajustado en las dos vueltas de las elecciones presidenciales en Brasil no niega sino que confirma que<strong> la marea de extrema derecha, aupada por métodos populistas depurados, sigue subiendo</strong>. No nos engañemos, que el espejismo no nos impida ver la realidad: la marea sube y permite el arribo de los vándalos. Los apuros de Biden, la victoria socialdemócrata en Dinamarca, o el exiguo 1,8 % de diferencia de Lula no son un signo del resucitar de la izquierda (llamar izquierda a Biden ya es un síntoma), sino de que<strong> la derecha sigue subiendo en gran parte del globo</strong> (el triunfo de Netanyahu es sintomático), demostración de que se está esmerando en perfeccionar sus métodos de control de masas. Las técnicas de sometimiento de voluntades se depuran y generalizan. No nos extrañemos de que veinte siglos después, siga vigente la frase de Séneca en sus epístolas: <em>“nulla servitus turpior est quam voluntaria”</em> (no hay esclavitud más vergonzosa que la voluntaria). La derecha se está “modernizando” (¡qué ironía!), mientras la izquierda, e incluso el centro, siguen reclinados en su convencimiento de estar en el lado bueno de la historia, y que su certeza será suficiente para que, tarde o temprano, la ciudadanía se dé cuenta y se aleje de los manipuladores de ideales. Mientras tanto, la marea va subiendo.<strong> No hay ninguna garantía de que los Estados Unidos, entre otros, no lleguen a ser una dictadura de corte nazi</strong>, tal como apuntó Philip Roth en su profética <em>La conjura contra América</em>.</p><p>Dice Byung-Chul Han que “hoy vivimos en una sociedad de la supervivencia.<strong> Avanzamos colgándonos de una crisis a la siguiente</strong>, de un apocalipsis al siguiente, de un problema al siguiente. Así la vida se atrofia y se reduce a resolver problemas”. Y ello es cierto, y también que hoy no es posible la revolución, como indica el título del artículo. Pero sí, añado, lo sería la evolución, si el opresivo día a día nos permitiera una reflexión en clave solidaria. Y es ahí donde la derecha va ganando en su labor de freno y marcha atrás.</p><p><strong>Los tiempos cambian, y los organismos han de ir adaptándose a los cambios</strong>. Y en el caso de los asuntos públicos, incluso adelantándose a ellos para planificar futuras actuaciones. Exactamente lo que no ha pasado con el cambio climático. ¡Cuántas voces se habían alzado en el pasado!, ¡cuántas más recientemente! Sin embargo, unos pocos y tímidos avances no van a ser suficientes frente al poderío de grandes corporaciones y de los gobiernos que las sustentan, los cuales, mientras algunos se desgañitaban en vano ellos iban a lo suyo, que había sido lo nuestro y pronto no será de nadie. Podríamos establecer un paralelismo con la evolución política que vivimos:<strong> los avances en la destrucción del medioambiente han seguido un camino similar a la degradación de las instituciones públicas</strong>, fomentada por una derecha a la que ya le va bien que se erosione el poder legislador. Si los mimbres de antaño se degradan, si ya no sirven (o así se nos dice), aparece la angustia, el agarrarse a un clavo ardiendo. O bien el optar por el cigarrillo del penado, acudiendo a la libertad prostituida que por unos instantes nos hará sentir alejados del mundanal ruido. <strong>El precio habrá sido la sanidad, la educación, la esperanza</strong>. </p><p>¿Y cuando haya mayoría de extrema derecha en la Unión Europea? Nos manifestaremos; firmaremos declaraciones; incluso veremos cuáles de las atomizadas opciones de izquierdas quedan en pie para votarlas, y llamaremos a la movilización. “Después de muerto Pascual, le llevan el orinal” (eso no lo dijo Séneca, pero vale igual).</p><p>Volvamos a Brasil. <strong>Apartémonos del preocupante 1,8 % de diferencia en votos</strong>. Pongamos sobre el papel otros <strong>datos</strong>:</p><p>Participación, 79,1%. Lo que en un país donde es obligatorio votar no es muy alentador. Por otra, el que Lula no consiguiera la mayoría absoluta en la primera vuelta. Ello es discutible si vemos el artículo 211 de la ley electoral brasileña, donde se consigue la presidencia con la mayoría una vez deducidos los votos nulos y en blanco. Así, en la primera vuelta, Lula consiguió el 48,4% de los votos frente al 43,2% de su oponente. Si <strong>son preocupantes los 51 millones de votos a Bolsonaro</strong>, aún lo son más, a mi entender, las<strong> razones por las que Lula no consiguió el 1,6% que le faltaba</strong> (algo menos de dos millones). En primer lugar, hubo 1.964.779 votos en blanco, y 3.487.874 nulos. O sea, que con la mitad de los cernícalos que se lo tomaron a broma no hubiera sido necesaria una segunda vuelta.</p><p>En segundo lugar, <strong>los votos que fueron a otros partidos</strong>, que ya en el cajón de salida sabían que su única función era enmarañar los resultados: casi 5 millones para el centro tradicional de Simone Tebet, y 3,6 millones del izquierdista PDT o los 2 millones otorgados a “otros”. Con otros planteamientos, ¿no hubieran salido los 2 millones entre los más de 10 a ellos dirigidos?</p><p>Podemos entender la necesidad de presentarse en circunstancias normales, en las que se chupa algo en los medios, <strong>se apoya a algún candidato local con posibilidades y otras ventajas</strong>, entre las que no es menor la del halago a la personalidad del líder, casi siempre incombustible. Pero ¿alguien duda que lo de Brasil era una situación de emergencia, no solo política sino de modelo de ámbito mundial?</p><p>Lo veremos en pocos meses en nuestro país. Se seguirá optando por <strong>denostar al próximo</strong> (aquello de los caladeros de votos), erosionando su imagen, con lo que degradamos también la nuestra, mientras se olvidará al no votante, al angustiado (y angustiada) que se siente tentado por la derecha que le ofrece un placebo etiquetado como libertad.<strong> ¿Qué plantea la izquierda? Esfuerzo, colaboración, empoderamiento </strong>(lo que quiere decir levantar el culo y subir a un carro). Constantemente se está dando a escoger entre el botellón y el mitin; entre la horda futbolera y la manifestación sindical. Y ya sabemos que “<em>laborare stanca</em>”, como dijo Pavese.</p><p>Junto a la obsolescencia, ley de vida, de la Constitución y la ley electoral, nacidas antes de internet y sin visos de adaptarse a los nuevos tiempos, también se ha ido enmoheciendo el sistema de partidos, con personalismos y banderías que impiden una ágil respuesta a las demandas sociales. <strong>En la derecha hay una división de funciones</strong>, donde la <strong>oligarquía </strong>se encarga de generar la sed y dar luego la bebida nunca saciante, con lo que las estructuras políticas solo han de ir desarrollando el <strong>entramado legislativo</strong> que siga enriqueciendo a la primera. Por el contrario,<strong> en la izquierda, las formaciones han de asumir las dos funciones</strong>: generar el ambiente propicio que las lleve al poder y legislar en beneficio de la mayor parte de la gente. En tiempos turbulentos, bastante hacen con ir apagando fuegos con una serie de leyes inmersas en un inamovible sistema (para muestra, el CGPJ). Y así, poco a poco, susto a susto, bulo a bulo, duda a duda, van perdiendo fuelle y votantes en cada uno de los frecuentes comicios convocados. </p><p>He citado la <strong>crisis climática</strong>. Tarde, mal y a regañadientes, pero muchos países han acudido a la COP27. Quizá sirva para algo. ¿Y para la crisis política? ¿Cabría pensar en una POC27 —<em>political open conference</em>— en la que se analizara la esclerosis que está llevando a la parálisis funcional a los partidos de izquierdas y por extensión a la democracia? Y que, desde luego, propusiera soluciones.</p><p>Cada vez es más acuciante<strong> la necesidad de acuerdos previos, en positivo, y no a posteriori</strong> y de mala gana. Ante unas elecciones, los partidos más o menos próximos se esmeran en denostar al vecino, incluso más que al verdadero adversario. Luego, la necesidad les obliga a compartir mesa, pero los agravios, las exageraciones, las promesas utópicas, van a penalizar gravemente su capacidad de gestión. Sé que<strong> es utópico, pero ¿no sería mucho más entendible para el ciudadano de a pie</strong> que antes de los comicios (e incluso durante toda su trayectoria) se pusieran de relieve las coincidencias programáticas, que son muchas, y no los defectos aireados agriamente? ¿Se podría llegar a un acuerdo previo a los comicios, en el sentido de que “Los puntos X, Y, Z formarán parte de nuestra hoja de ruta, apoyándola tanto si estamos dentro como fuera del gobierno”? Habría, lógicamente, alguna discrepancia y muchos matices, pero<strong> el sentimiento de una cierta homogeneidad en cómo afrontar los retos de futuro daría un calorcillo elector</strong> hoy no solo inexistente sino incluso erosionado por las críticas constantes. Decía Santos Juliá respecto al Frente Popular: “Volvió a encenderse, en aquella mitad de España que se sintió derrotada en las elecciones de 1933, la esperanza de un nuevo triunfo, inspirado no tanto por lo que el pacto decía, sino por el simple hecho de decirlo, por la escueta razón de su existencia”. El positivo efecto, previo a los comicios, del anuncio de esta mínima pero suficiente empatía. ¿Podemos sumar?, ¿querremos?, ¿sabremos?</p><p>Además, quizás la oportunidad de poner sus siglas en una declaración conjunta de intenciones sería una vía para <strong>dar visibilidad a colectivos y grupos que</strong>, hasta ahora ninguneados por los medios,<strong> optan por presentar candidaturas sin ninguna opción al mínimo éxito</strong>. No quiero herir susceptibilidades, pero si se consiguiera un sólido acuerdo “de izquierdas” sobre el maltrato animal o las energías renovables, quizá muchos de los votos que van a opciones ecologistas o animalistas recalarían en los partidos que sí tienen posibilidades de conseguir escaños, avanzando así en las propuestas compartidas. Se requeriría una práctica constante de dicha apertura, no como oportunismo electoral sino como fruto de un compromiso firme de mantener en el tiempo dicha reflexión conjunta y apertura a los participantes. Muy lejos de lo que hoy se proclama con buena dosis de fariseísmo como “participación”.</p><p>La proliferación de candidaturas, que aparentemente facilita la decisión del votante, requiere de una dedicación de esfuerzos sin ninguna recompensa política que serían, son y serán necesarios para <strong>empujar día a día en dirección a un mundo más justo y solidario… y ecologista, y feminista, y animalista… </strong>¿De verdad la mejor manera de avanzar en tales reivindicaciones es invertir gran parte de la energía disponible en obtener algunas decenas de miles de votos improductivos? Volviendo al Brasil: ¿Algún lector puede citarme las propuestas que bajo el paraguas de “otros”, arañaron en la primera vuelta casi los dos millones que le faltaron a Lula?</p><p>¿Razones? En primer lugar, <strong>difícilmente se vota lo que no se conoce</strong>. Y la mayoría de las opciones claramente minoritarias solo llegan a los avisados: a los pocos que votarán, y a los de opciones similares que nunca lo harían. Sin embargo, posters, viajes, mítines, valen un dinero y requieren de un tiempo que si se emplearan en la lucha cotidiana por las causas que se defienden, quizá obtendrían mayor logro.  </p><p>En segundo lugar, el que gente entregada, de militancia heroica en sus precarias condiciones, se decida a lanzarse al ruedo indica<strong> una falta de disposición honesta de los partidos con opciones electorales </strong>a recoger sus reivindicaciones. En partidos donde reinan los taifas envanecidos (y no hablo solo de los barones), ¡qué les van a decir esos frikis de causas perdidas! En la derecha, aunque exista el mismo problema, el daño es menor dado que quien realmente decide son los poderes fácticos, cuya autoridad no niega nadie puesto que ahí reside su misma razón de ser. </p><p>¿Utópico? Pues sí, pero en la carrera entre derechas/izquierdas para controlar/convencer a la ciudadanía, van ganando las primeras. Van quedando pocos reductos donde aún se piense en el pueblo como sujeto de dignidad intrínseco y no como mero cliente. En cada rifirrafe político hay abandonos y colectivos de lucha social que se derrumban. <strong>Y entretanto va subiendo la marea ultraconservadora y las viejas estructuras no solo no la paran</strong>, sino que, con su inadaptación, favorecen su ascenso. Así que ¡manos a la obra!</p><p>El pensador y exministro Manuel Castells escribió: Si tuviéramos que identificar un objetivo unificador del movimiento (indignados), este sería la transformación del proceso político democrático. Se imaginaron muchas versiones distintas de la democracia, y cómo conseguirla. Uno de los temas más populares era la reforma de la Ley Electoral… <strong>La idea era que sin unas instituciones políticas realmente democráticas, cualquier política progresista o las decisiones adoptadas no se implantarían</strong>, ya que los políticos no serían responsables ante sus ciudadanos y seguirían sirviendo a los poderes establecidos. De ello hace ya diez años.</p><p>_______________________</p><p><em><strong>Antoni Cisteró</strong></em><em> es sociólogo y escritor. Es autor de 'Participar hoy. Notas para una participación eficaz' y miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre</strong></em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Nov 2022 19:35:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La otra marea]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Brasil,Derecha,Izquierda,Jair Bolsonaro,Luiz Inácio Lula da Silva]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Cataluña: la culpa no penada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/cataluna-culpa-no-penada_129_1338888.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c9b74368-e8ad-474b-88d6-101c9e27d79e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cataluña: la culpa no penada"></p><p>Hace ya una década, ansioso de recuperar una hegemonía que su gestión de la crisis y el afloramiento de la corrupción ponía en peligro, <strong>Artur Mas abrió la caja de Pandora. </strong>Culminando la lluvia fina ideológica que había ido calando en época de Pujol, enarboló<strong> la bandera de la independencia, como único remedio para escapar de todos los males,</strong> muchos de los cuales se habían recrudecido precisamente por su nefasta gestión. Y como mástil, sustituyó la razón por la emoción. Como dice el gran Innenarity: “Las guerras, la economía, la sociedad son cada vez más asuntos primordialmente emocionales, espacios sentimentales donde se despliegan la ansiedad, la ira o la confianza. Esos estados de ánimo, menos encuadrados que nunca en entramados institucionales estables o tradiciones poderosas, son ahora fuentes de conflicto”. <strong>La lucha se centró pues en canalizar el descontento, la ansiedad y la ira, avivándolas y a la vez proponiendo una solución para la que se exigía una fe ciega en propuestas ajenas a las instituciones que denostaban</strong>. No en vano, en los turbulentos días de septiembre de 2017, no solo se rompió con la Constitución, sino incluso con el propio Estatut, vacío que pretendió llenar Puigdemont con unos pocos segundos de República. Y estalló la tormenta perfecta: unos líderes de farol, seguidos religiosamente por una parte de la población a la que se hacía sentir protagonista de la historia, soñando cándidamente con vivir su particular Mayo del 68, se encontraron y retroalimentaron con la desidia, la chapucería y la arrogancia del gobierno desnortado de Rajoy. </p><p>Se ha hablado ya demasiado de los intríngulis jurídicos. Los que se quedaron afrontaron penas de prisión, <strong>mientras que el principal responsable, el presidente, se iba a vivir de un suculento sueldo de la Unión Europea,</strong> aquella de la que una república catalana hubiera salido. Más allá de la justicia, o no, de las decisiones judiciales, queda un tema por debatir, callado en exceso en los múltiples medios a los que he ido acudiendo en busca de luz a tan oscuro periodo: La rotura social.</p><p>¿Qué capítulo del código penal castiga el fomento del enfrentamiento, de la arrogante marginación de personas y grupos sociales dentro de una misma colectividad? Y no se ha tratado solo de azuzar la hostilidad entre facciones radicales de tendencia distinta. <strong>Se ha llevado a cabo una campaña inmisericorde contra cualquier persona que no se adhiriera incondicionalmente al proyecto independentista.</strong> El que se preguntaba sobre la viabilidad de la ensoñación que se había vendido sin tener nada preparado era tanto o más “mal catalán” que los afiliados al PP o Vox. No solo el infiel, sino aún más el agnóstico, eran apartados del cotarro y arrojados al fuego eterno.</p><p>Durante las primeras etapas predominó el cariz festivo, con concentraciones y <em>performances</em> atractivas, mientras que en paralelo se iba gestando la penetración en todo tipo de colectivos. Con el paso del tiempo, la percepción de que no se conseguía el objetivo inicial fue agriando la situación y con ello rompiendo las costuras de muchas entidades, al igual que en los círculos familiares o de amigos. En las primeras, deserciones, marginaciones, discusiones interminables, han exigido una energía que se ha sacado en detrimento de la propia institución; solo cabe ver el descalabro que está causando la presidencia de Passola en el Ateneo Barcelonés, o la situación al límite de la Cámara de Comercio de Barcelona. Y lo mismo en el ámbito individual: <strong>amistades que ya no se frecuentan, silencios en las comidas familiares, vacíos en las agrupaciones… Heridas que tardarán décadas en sanarse;</strong> despilfarro de esfuerzos que hubieran podido dedicarse a causas positivas, en beneficio de la colectividad. ¿Quién asumirá la responsabilidad?, ¿quién pagará por ello?</p><p>Se puede evaluar si las penas de prisión fueron justas o no, incluso si había lugar a algunos de los juicios realizados. El dirimir qué pena se debe atribuir a qué delito es siempre un terreno resbaladizo. Pero el delito de romper una sociedad por el eje, con efectos perdurables en el tiempo, sí debería tener, y no tiene, una pena equivalente al daño causado, que es mucho.</p><p>En un estudio del Institut Català de Ciències Polítiques i Socials, se constata que: “<strong>desde la irrupción del proceso soberanista los sentimientos negativos hacia la política iniciaron un fuerte y prolongado incremento, el cual hasta 2015 se produjeron fundamentalmente a costa de los sentimientos de apatía</strong> (más específicamente de indiferencia), pero que a partir de aquel año también fue en detrimento de los sentimientos positivos (en especial compromiso)”, Y concluye diciendo: “En la medida en que las personas menos polarizadas desarrollan sentimientos más negativos, pueden tender a verse cada vez más ajenas a la política, dejando que el espacio público sea monopolizado por aquellos cuyos sentimientos políticos están más sesgados”.</p><p>El resultado ha sido pues un mayor alejamiento de los asuntos públicos de buena parte de la población, con las instituciones desprestigiadas sirviendo de<em> ring</em> para las peleas partidistas de unos cuantos exaltados. El paralelismo con otras situaciones, <strong>Estados Unidos por ejemplo, evidencia una tendencia global a tal radicalización. </strong>Razón de más para que lo que va quedando de jurisprudencia (necesitamos ambas: justicia y prudencia) ponga al menos en evidencia la labor dañina de estos elementos disgregadores de la sociedad. </p><p>El problema es complejo, dado que <strong>parece lógico afirmar que debería ser la propia sociedad la que, mediante procedimientos democráticos y ecuánimes alejara a estos elementos promotores de la toxicidad reinante</strong>. Pero precisamente sucede todo lo contrario, ya que su única forma de subsistir es alentar más y más la radicalización y el enfrentamiento, aguas turbulentas sobre las que ellos surfean arrogantemente. Además, el señalado alejamiento de los no radicalizados hace aún más remota la posibilidad de que sea la propia sociedad en su conjunto la que encuentre salida al problema.</p><p>Uno de los resultados más perniciosos, buscado con ansia por los populismos actuales, de Trump a Puigdemont, pasando por Bolsonaro o Berlusconi, es el descrédito de las instituciones. Es verdad que estas no siempre aciertan y que se les están poniendo difíciles las cosas, pero ¿es alternativa el vacío?, ¿no abre ello la puerta a dictaduras antidemocráticas? </p><p><strong>Vivimos tiempos de crisis, no solo económica o ecológica, sino también de modelo social y político, a los que las estructuras actuales no saben, o no pueden o no quieren, hacerles frente. </strong>Ante el desencanto, los termes corrosivos hacen su agosto sin tener en cuenta el rastro de damnificados que van dejando a su paso. Ha sido el caso de Cataluña, pero ello solo es el reflejo doméstico de una tendencia a nivel mundial. Aun en la hipótesis de que hubiera un cambio de rumbo, y las democracias se afianzaran y los manipuladores de entusiasmos desaparecieran, el daño causado perduraría durante mucho tiempo. Más allá de los delitos, sedición, malversación, mentira… ¿cabría una pena para los depredadores de la empatía social?</p><p>Lamento no tener una solución, más allá de posibles actitudes individuales o de ámbito reducido. Pero al menos, gracias a <strong>infoLibre</strong>, quedará constancia de mi preocupación y mi indignación. Cuenta la leyenda que, cuando todos los males habían salido de la caja de Pandora asolando la humanidad, en su fondo solo quedaba Elpis, el espíritu de esperanza. Quizás sea así, aunque como dijo Max Aub en sus momentos de exilio y represión, <strong>“nada duele tanto como la esperanza, cuando la esperanza pende de un hilo”</strong>. Alejemos a los que, aviesamente, se enorgullecen de querer cortarlo.</p><p>_______________________</p><p><em><strong>Antoni Cisteró</strong></em><em> es sociólogo y escritor. Es autor de 'Participar hoy. Notas para una participación eficaz' y miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Oct 2022 17:41:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cataluña: la culpa no penada]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Casera para rato]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/casera-rato_129_1300928.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bc46daee-a99c-4c22-a6cf-a64ed0313467_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Casera para rato"></p><p>En el bufé del hotel, a la hora del desayuno: "Coma lo que quiera, vamos, no se corte". Al cabo de unos minutos, platos semi repletos vuelven a la cocina para que su contenido sea lanzado a la basura. ¿En qué quedamos?<strong> Por un lado se fomenta el consumo, por el otro se pide el ahorro</strong>. Estamos en una situación esquizofrénica que me trae el recuerdo de aquel anuncio de La Casera, en que se le preguntaba a un <em>runner</em> por qué corría, a lo que respondía: para tener sed.</p><p>Es un hecho, por ejemplo, que se fomenta el turismo para crear puestos de trabajo, <strong>aunque ello degrade las ciudades y requiera un consumo de energía que ya estamos echando en falta</strong>. En muchos casos se está dando esta dicotomía, que me cuesta entender, así que sin demora acudo el título V del Real Decreto ley 14/2022, que se inicia con un: "Medidas de ahorro…".  Bien, pero ¿podríamos añadir "medidas de desincentivación del derroche"?</p><p>Las 83 páginas del Real Decreto muestran una voluntad decidida del Gobierno de atajar en lo posible el desbarajuste creado por algunos de los factores que nos llevan a la tormenta perfecta, en la que predomina la guerra de Ucrania, con Putin asiendo los resortes que tiene a mano, lo que era de esperar. Pero tal mazazo <strong>está cayendo sobre una superficie ya muy dañada por la deriva a la que nos iba llevando el consumismo más descerebrado</strong>.</p><p>Se debería ahorrar y evitar el despilfarro, claro, pero no circunstancialmente, sino como modo de vida. Y ello por la simple razón de que cada vez somos más, los recursos son limitados, y <strong>encima una manada de depredadores se come la mitad de la cosecha</strong>. Ahorrar energía, sí, pero ¿por qué no alimentos, o agua (¡con la que no está cayendo!) o dinero o incluso recursos humanos? En suma, cualquier activo de la sociedad. ¿O es que podemos permitirnos dilapidar las estructuras del estamento jurídico, como se está haciendo por la política de acoso a diestro y siniestro del PP, o a causa del <em>procés?</em> </p><p>Solo hay que ver los informativos para darnos cuenta de que posiblemente <strong>es más grave el problema del despilfarro que el de la escasez de bienes de consumo</strong>. Pero es aquí donde entra Mefistófeles, vestido de paro y decrecimiento. Pongamos un par de ejemplos. La nieve artificial: en un mundo cada vez más caldeado, se sigue queriendo esquiar en lugares en los que es preciso generar nieve artificial, y ello desde las estaciones más cercanas hasta los juegos olímpicos de invierno en Pekín. Pero claro, si solo se esquiara en lugares donde hay nieve, ¡subiría el paro!, ¡sería el "desastre" para muchas empresas! (bastantes con relevante participación pública), que se apresurarían a pedir ayudas. </p><p>Otro: el agua. ¿Cuánta se pierde por un mal mantenimiento de las redes de almacenaje y distribución? Según el INE, en 2020 <strong>se perdieron por tal causa 1.048 hectómetros cúbicos</strong>, o lo que es lo mismo: ¡un billón (millón de millones) de litros! [i] No se debería precisar ningún decreto para que los ayuntamientos y los entes responsables adecentaran sus instalaciones, aunque para ello sí sería necesaria una conciencia social sobre su necesidad. Sí, vale, yo seguiré evitando que gotee el grifo, pero… ¿necesita Andalucía 106 campos de golf, o Cataluña 41? [ii] </p><p>El obsceno derroche de una minoría, con sus yates (de alto consumo) o sus mansiones (ostentosamente iluminadas y ambientadas), <strong>empuja a la mayoría a entrar en el bucle consumista que les haga soñar, por un instante y a crédito, que viven unos momentos donde se parecen a los primeros</strong>. Y lo peor es que ello es incentivado por las administraciones y los medios de comunicación (¡gastad, gastad, malditos!) creando una psicosis fácilmente engullida por una población carente de otros referentes. Solo hay que ver cómo cada evento va acompañado de las cifras de repercusión económica en su ámbito. Se magnifica lo que se genera y se silencia lo que se destruye o malgasta, con lo que la influencia en el público es la de incentivar el consumo y no ajustar este a las necesidades particulares y generales.</p><p><strong>Se entra así en un bucle pernicioso</strong>. Una pregunta caricaturesca aunque cierta: ¿Cuánta gente pide un crédito para ir unos días a la playa de Cancún, para poder "desconectar" y olvidar así la presión a la que está sometida en su trabajo? Y uno piensa, ¿qué ha hecho el menda para corregir los abusos en salarios, horarios o conciliación familiar que dice, y posiblemente es cierto, que le agobian? ¡Ah! Pero claro, "la hipoteca, el préstamo para desconectar, los plazos del coche me atan de manos… no puedo ahora enfrentarme a la empresa… el año que viene, quizás un crucero". </p><p>Leo en la prensa que un tercio de la población de Cataluña no puede permitirse salir un fin de semana de asueto, fuera de su casa. Este es un elemento relevante para la reflexión, puesto que el derroche indicado es, también, un insulto a la gente que no llega a final de mes, ahorradores forzosos, esos "nadies" invisibles que, como sigamos así, <strong>serán un caladero de votos para algún Trump autóctono</strong>. Walter Benjamin [iii] consideraba que el consumo de masas transforma no solo la oferta de mercancías sino la propia forma de entender el mundo. Y dicha forma, con la banalización del arrogante derroche de las oligarquías, se convierte en un desasosiego que empuja a muchos ciudadanos a querer huir del <em>statu quo </em>que les agobia, siendo acogidos con los brazos abiertos por los populismos de la peor laya .</p><p>Lamentablemente, la arrogancia y la desfachatez en el consumo no indignan, sino que generan envidia y seguidismo. Se sugiere al modesto ciudadano <strong>que cambie su viejo coche diésel por uno eléctrico, mientras en la Fórmula 1 se consumen ingentes cantidades de combustibles sofisticados</strong>, o en unas maniobras militares, los vehículos, aviones, barcos, consumen toneladas de fuel, aquel que queremos seguir comprando y cuya escasez y alto precio tienen su origen en la psicosis bélica.</p><p>¿Cuánta comida se tira debido a no tener un aspecto impecable como exige el consumidor?, ¿cuántas cosechas se destruyen para mantener un precio elevado en el mercado?, ¿hemos mirado la basura y los enseres que tiramos?, ¿realmente todo está ya para eliminarse?, ¿admitimos la obsolescencia programada de los electrodomésticos?</p><p>El movimiento se demuestra andando y un cambio de tendencia debería tener su base en la actitud ciudadana, pero esta <strong>difícilmente cambiará sin un posicionamiento proactivo de la administración y los medios de comunicación</strong>. Sin embargo, la tendencia parece ser la opuesta (incluso en opciones de izquierda), consolidando lo que Josep Ramoneda llama el "<em>homo economicus</em>" [iv], el ciudadano despojado de todo lo que no sea cuantificable en dinero contante y sonante. En los conciertos que tanto abundan no se habla de la música, sino del impacto económico, en el deporte, de los fichajes, de presupuestos astronómicos con sueldos inmerecidos. Y los <em>homo</em> y <em>fémina</em> citados, pues a aplaudir y, en especial, a pagar.</p><p>La ciudadanía <strong>pagará el pato de tanto consumismo exacerbado</strong>. Y no solo lo hará en forma de crisis económicas, sino también de crisis políticas, como por todas partes están asomando ya el hocico. Como dijo James G. Ballard, "el consumismo despierta un apetito que solo el fascismo puede satisfacer" [v]. No nos engañemos, esta sociedad que no sabe, que no intuye siquiera la necesidad de un consumo responsable (ergo: ahorro en lo innecesario, ausencia de derroche), está abocada a una pseudodemocracia del espectador [vi], no tan lejos del antiguo <em>pane et circenses</em>. Correrán para tener sed, azuzados por unos productores de refrescos que, ni por asomo, tienen la intención de saciarla algún día.</p><p>[i] Heraldo de Aragón. <a href="https://www.heraldo.es/branded/consumo-perdidas-y-coste-la-situacion-de-la-red-de-suministro-del-agua-en-espana-y-en-aragon/" target="_blank">https://www.heraldo.es/branded/consumo-perdidas-y-coste-la-situacion-de-la-red-de-suministro-del-agua-en-espana-y-en-aragon/</a></p><p>[ii] <a href="https://es.statista.com/estadisticas/670013/numero-de-campos-de-golf-por-region-espana/" target="_blank" >https://es.statista.com/estadisticas/670013/numero-de-campos-de-golf-por-region-espana/</a></p><p>[iii] RENDUELES, César (2013) <em>Sociofobia.</em> Capitan Swing. Página 179.</p><p>[iv] RAMONEDA, Josep (2012) La izquierda necesaria. Barcelona, RBA Ed., Página 42.</p><p>[v] Citado en RAMONEDA (2012), página 53.</p><p>[vi] Concepto acuñado por Chomsky: <a href="https://www.revistaesfinge.com/2015/09/la-democracia-del-espectador/" target="_blank">https://www.revistaesfinge.com/2015/09/la-democracia-del-espectador/</a></p><p>__________________________</p><p><em><strong>Antoni Cisteró</strong></em><em> es sociólogo y escritor. También es miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Aug 2022 17:41:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Casera para rato]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Escuchar y hablar, ¿a quién?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/escuchar-hablar_129_1273132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0f19c9e1-7c68-41b5-bd47-ff34bc3f15cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_1001631.jpg" width="4249" height="2390" alt="Escuchar y hablar"></p><p><em>(A Yolanda, por si lo lee)</em></p><p>Este es un artículo dentro de una botella lanzada a las aguas turbulentas de la política, por si alguien de la izquierda,<em> Sumar</em> por descontado, tiene interés en el votante anónimo que se va alejando ineluctablemente de las urnas. Yolanda Díaz, que merece toda la admiración por su valentía, su talante y su demostrada eficacia negociadora, va a lanzarse a la carretera. ¡Bien! Y dice que va a escuchar a la ciudadanía. ¡Bien! Pero ¡ojo!, ¿a qué ciudadanía? <strong>Se corre el riesgo de oír a los de siempre</strong>, esos pocos (sí, poquísimos) militantes políticos y activistas vecinales, quienes le mostrarán las mil y una cicatrices de las heridas recibidas de una derecha agresiva y también del roce continuo entre ellos por un quítame ahí una concejalía. No será fácil, pero cabe la posibilidad de agrupar un porcentaje de ellos, que a su vez influyan en su entorno. ¡Bien!, ¿pero basta?</p><p>Las estadísticas no engañan: <strong>entre el 40 y el 50% de los posibles votantes no acude a ejercer su derecho</strong>. Y me pregunto sobre una gran parte de ellos: ¿quieren hablarle a Yolanda Díaz? Abundan por doquier los instrumentos de participación, a nivel estatal, autonómico y municipal. A la gente se le pregunta por casi todo. ¿Cuántos responden?: pocos, los mismos empecinados activistas de las más variadas causas, y aún. Pero ¿y este 50% de la población (y creo que me quedo corto), que en su chapotear por este mar lleno de amenazas políticas, económicas, sociales e incluso bélicas, tiene el único y legítimo interés de mantenerse a flote?</p><p><strong>Para escuchar, es preciso que haya gente dispuesta a hablar en las mismas coordenadas que el oyente.</strong> Una de las formas menos costosas de hablar es votando. Vemos que en <a href="http://datos.cis.es/pdf/Es3334vpMT_A.pdf" target="_blank" >la encuesta del CIS de septiembre de 2021</a>, al preguntar qué se piensa votar en el caso de unos comicios, el porcentaje de los que responden “no votaré” es del 12,6 %, y sin embargo, la abstención pocos meses después fue el triple (36,6 % en Castilla y León, 41% en Andalucía), y surge la pregunta: ¿Cuántas personas de este segmento de población están dispuestas a sentarse y hablar de economía, política exterior o incluso niveles de empleo? </p><p>Hemos olvidado casi por completo el flujo inverso. Quizá por arrogancia, por sentirse en el bando de los “buenos”, <strong>creemos que por el solo hecho de hablar de “la gente” interesándose por ella, ésta acudirá al llamado del diálog</strong>o. Y no es así. No quisiera ser pájaro de mal agüero, pero intuyo que más de la mitad de la población, aquella que vive en el segmento de la “infrahistoria”, siente que los temas políticos, por mucho que afecten a las cosas “del comer”, le quedan fuera de su alcance. El término acuñado por Unamuno no es un vocablo despectivo, es una constatación, en un mundo cada vez más complicado, del alejamiento de los centros de decisión (donde se juega, a veces irresponsablemente, la historia) de quienes se ven afectados por dichas decisiones. Algo hay de verdad. Por mucho que se enarbole el señuelo del “empoderamiento”, ¿cómo va a tener la ciudadanía en general <strong>suficiente información para poder participar activamente en discusiones </strong>que, enredadas en el laberinto autonómico y en el de la lucha partidista, acaban dependiendo de una Europa funcionarial que otras preocupaciones tienen más allá de que zutano o mengano lleguen a final de mes, o vean peligrar su puesto de trabajo?</p><p>¿Cómo llegar a ellos? Hago una propuesta rompedora (que ruego no empuje a dejar de leer. Gracias): <strong>Tomar la estrategia de la derecha</strong>, o al menos de la Iglesia católica que la sustenta (y que no en vano se ha mantenido durante tantos siglos). ¿O alguien duda que los colegios de su propiedad (muchos subvencionados por gobiernos de izquierda), las colonias juveniles estivales, los centros parroquiales, la asistencia social, no rinden dividendos cuando la gente influida por ellos ha de tomar un rumbo político?. Lugares donde el hombre o la mujer de a pie encuentran un cobijo, quizá el único a mano, sin la sospecha de que puedan ser utilizados posteriormente. <strong>¿Es aventurado pensar que una de las principales fuentes de</strong><em><strong> indepes</strong></em><strong> es el programa infantil de TV3 </strong><em><strong>Super3</strong></em><strong>?</strong>¿Hallaríamos un equivalente que difundiera entre risas y canciones la justicia y la solidaridad con los más desfavorecidos entre las generaciones venideras?</p><p>La ciudadanía está influida por la información, pero esta, cuando llega (sólo un tercio de la población acude a los periódicos, de papel o digitales, para informarse), queda ahogada por un alud de mensajes varios, muchos de ellos sesgados. Eso es un hecho con el que poco se puede hacer, pero que hace más acuciante la necesidad del contacto diario, de la charla mientras se juega al dominó o se toman unas cervezas en un ambiente determinado. <strong>¿Alguien ha visto colonias de verano “izquierdistas” ? </strong>¿Cuántos pueblos tienen aún una “Casa del pueblo” donde hacer una verbena, ver una película o charlar de temas de actualidad?, por no decir el área asistencial: ¿Imaginamos un Cáritas o un Banco de los Alimentos organizado por partidos de izquierdas? La cercanía es la clave. Ya existen iniciativas encomiables, como los ERTES, pero la administración queda tan lejos… que incluso muchos de sus beneficiarios no establecen la correlación ayudas-izquierdas. Y entre tanto, <strong>llega una vocera de una supuesta libertad, toca la fibra sensible... y le votan. </strong></p><p>Volviendo a la sugerencia anterior: ¿me permite el lector utilizar la palabra “apostolado”? <strong>Esa lluvia fina, cercana, persistente, que va calando imperceptiblemente</strong>, y que puede llegar a crear una conciencia de clase, hoy desaparecida. Y no programando una conferencia sobre una lectura de las Tesis sobre Feuerbach y sus implicaciones en la guerra de Ucrania sino, por ejemplo, un coloquio posterior a la proyección de <em>Novecento, La sal de la tierra </em>o<em> El buen patrón.</em></p><p>Sí, hay que escuchar, ir de la Ceca a la Meca poniendo el oído, pero a la vez generando ese caldo de cultivo que permita, con humildad y espíritu de servicio, crear una sintonía, una empatía, un mínimo sentimiento común entre los millones de personas que están sufriendo el éxito de una oligarquía insaciable que nos ha vendido la idea que tantos han comprado: que <strong>un pobre es un rico que no ha tenido suerte o habilidad suficiente para salir del hoyo</strong>, pero que quizá tenga una oportunidad si no se separa de su redil.</p><p>________________________</p><p> <em><strong>Antoni Cisteró</strong></em><em> es sociólogo y escritor. Es autor de 'Participar hoy. Notas para una participación eficaz' y miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Jul 2022 08:29:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Escuchar y hablar, ¿a quién?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Yolanda Díaz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luego será tarde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/luego-sera-tarde_129_1216898.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6305a50b-137c-4f32-8cf0-ac13c4bf3ec7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luego será tarde"></p><p>Lo que temíamos.<strong> ¡La bestia electoral se ha despertado! </strong>Se van a multiplicar los gestos histriónicos, las palabras gruesas y el menosprecio a la capacidad de razonamiento de la ciudadanía. Se produjeron desde el primer día, y al constatar que no causaban rubor ni vergüenza ajena, con el pistoletazo de las urnas se levantará la veda.</p><p>Tal zafia aproximación a la política puede tener varias razones, la falta de capacidad para generar algo más sustancioso entre ellas. Pero a mi entender, la principal es la propia voluntad de<strong> degradación de “lo político”</strong>, de la que los populismos sacan generosa tajada.</p><p>En la excelente<a href="https://www.infolibre.es/videolibre/como-lo-ve/jesus-marana-proyecto-diaz-opciones-progresistas-tengan-futuro_1_1216665.html" target="_blank"> entrevista de Antonio Contreras a Jesús Maraña</a> (<strong>infoLibre</strong> 8.1.2022), este se refiere a los “regímenes de democracia autoritaria o iliberal, que aprovechan los instrumentos democráticos para imponer retrocesos en el propio sistema democrático”. Es completamente cierto, un instrumento puede utilizarse para generar música celestial o<strong> para partirle la crisma al oyente</strong>. Así que la decisión queda en manos del espectador, que debe escoger entre un concierto estimulante o el riesgo de salir magullado. Dependerá de su conocimiento de la trayectoria y las intenciones del concertista, léase del candidato. Pero ello requiere de un esfuerzo que el músico avieso trata de desactivar. </p><p>Hasta ahora, lo que se ha llamado lucha cainita entre partidos ha sido patente, no solo entre ellos,<strong> sino incluso en el interior de estos</strong>. ¿Se puede afrontar una campaña electoral así? Pues parece que sí, ya que de lo que se trata es de llamar la atención, y siempre sobresale más una pelea que un abrazo. ¿Tiene remedio? Nuevos actores en escena pueden mitigar o aumentar el fenómeno.</p><p>A dos años vista de los comicios estatales, está emergiendo <strong>el proyecto Yolanda Díaz</strong>. Sobre ella, Maraña apunta “que sería deseable que significara la unificación de esa fragmentación a la izquierda del PSOE”. ¡Por descontado!, pero ¿basta?, ¿no debería ser más amplia, si no la unificación, sí la coordinación?</p><p>¿Qué ha pasado hasta ahora? Con gestos más o menos elegantes, con artimañas más o menos marrulleras, se intenta <strong>el trasvase de un fragmento de la izquierda u otro</strong>. El resultado: la misma suma total, con distintos sumandos que dan más o menos relevancia a uno de ellos. Pero también, a menudo, con un resultado total que les impide gobernar, con lo que la relevancia queda en nada… y su prestigio, en menos.</p><p>Queda claro que ni Yolanda ni Pedro van a pescar gran cosa en los caladeros de la extrema derecha, llámese PP o Vox. Así que ponen el cebo y tiran la caña en el estanque del vecino.<strong> Suma igual, resultado: cero</strong>.</p><p>Antes de caer en el desánimo, pensemos en los peces. En todas partes está cayendo la participación, en buena parte gracias al autodescrédito de la política impulsado por<strong> las burdas prácticas de la oposición</strong>. Se está generando una enorme bolsa de posibles electores que no van a ejercer su derecho al voto, salvo que una anécdota, un bulo o un error hinchado mediáticamente les haga levantar el culo e ir a la urna. Es el caladero ideal para la derecha populista. Ante tal situación, pensemos en el luctuoso atentado de Atocha y cómo creó una reacción favorable a la izquierda, al quedar patente la mentira <em>pepera</em>. La emoción pudo con la pereza y el desencanto.</p><p>¿Y ahora? ¿Yolanda Díaz con un <em>Más España</em>?, ¿con un <em>Recortes Uno</em>?, ¿rebañando votos a Podemos, Izquierda Unida o al PSOE, mientras estos se los trapichean entre sí? ¿No sería más efectivo el acercarse a esta bolsa enorme, cercana a la mitad del censo, millones y millones de personas que no entienden de presupuestos, ni de legislación comunitaria, pero sí, y mucho, de lo difícil que es <strong>sobrevivir dignamente con salarios vergonzosos</strong>?</p><p>Están ahí, inquietos, desasosegados, asqueados por los rifirrafes parlamentarios y los devaneos judiciales. Están ahí y son carne de cañón para los populismos y su dominio de las técnicas de influencia social. Lamentablemente, no basta con la esforzada labor de los medios como<strong> infoLibre</strong>. Maraña defiende la necesidad de que los lectores se impliquen. Y así lo hacen muchos de sus suscriptores, pero no es eso. Ellos ya votan, y mayoritariamente opciones progresistas.  Se precisa <strong>una labor pedagógica constante</strong> y de alcance universal, que Yolanda Díaz reclama. Pero no para difundir solo las bondades de la acción de gobierno, que también, sino la necesidad de que se perciba la presencia de una corriente masiva que empuja hacia<strong> un mundo más justo y solidario</strong>. Sí, muy bien, pero ¿cómo llegar al segmento de población alejado de la política, antes que lo hagan los Trump de pacotilla que pululan por ahí?</p><p>Uno de los factores que inclinan la balanza a la hora de participar en algo, como sería el voto, <strong>es la emoción</strong>, aquella corriente más allá del frío conocimiento, que nos conecta con otras personas que sienten lo mismo. Si es suficientemente fuerte, propicia el dar el paso. ¿Podría ser la percepción de que la izquierda, en su acepción más amplia, seguirá con una cierta cohesión la senda de un cambio profundo en España?, ¿que lo que los une es más fuerte y sólido que los matices que les distinguen? </p><p>A raíz del Frente Popular en las elecciones de 1936, <strong>el historiador Santos Juliá</strong> nos dice: “<em>El 15.1.36, [al ver que] los representantes de Izquierda Republicana, Unión Republicana y Partido Socialista [que constituyeron el Frente Popular], que firmaban también el Partido Comunista, el POUM, el Partido Sindicalista, la Federación de Juventudes Socialistas y la UGT… inmediatamente volvió a encenderse, en aquella mitad de España que se sintió derrotada en las elecciones de 1933, la esperanza de un nuevo triunfo, inspirada no tanto por lo que el pacto decía, sino por el simple hecho de decirlo, por la escueta razón de su existencia</em>”. Por el simple hecho del pacto, por la existencia de una sintonía entre fuerzas tan dispares en sus planteamientos y también en el volumen de sus bases, como el PSOE o Izquierda Republicana, el PC o el POUM. Incluso por la contención de la poderosa CNT, cosa que sería de agradecer también en muchos grupos de izquierdas que hoy en día dedican más esfuerzo a <strong>denostar a sus semejantes </strong>que a denunciar las cacicadas de la derecha. </p><p>Queda tiempo para las elecciones generales. Así que un análisis sereno, ecuánime, por parte de las fuerzas en el gobierno y otras fuerzas de izquierda (las más posibles, parlamentarias o no), en el que se dieran ya las líneas maestras de la futura coalición en caso de ganar las elecciones, quizá podría generar esta emoción solidaria que<strong> empujara a muchos no votantes a las urnas</strong>. No sería un programa común, no precisaría de ninguna fusión o absorción, simplemente debería poner de relieve los puntos en los que ya ahora, antes de los comicios, se está de acuerdo en avanzar. Podrían aparecer también los puntos de desacuerdo como orden del día de futuros debates, dado el carácter heterogéneo de las fuerzas. Pero el mensaje estaría ahí, para luchar contra el populismo que primero hincha un problema para luego dar con la solución fácil pero falsa. —No, dirían, los problemas están ahí, y nosotros, Pedro, Yolanda, Alberto, Íñigo, y también José María o Unai, fuerzas sociales y políticas, pensamos conjuntamente que la línea a seguir en A, B o C es esta, y prometemos sentarnos a debatir sobre los temas D y E, dado que hoy en día las posturas aún no coinciden. Sí, antes, no después, evitando el garrafal error de 2019, en que una repetición de elecciones para conciliar el sueño trajo la peor pesadilla de la mano de un Vox envalentonado.</p><p>No hay ninguna garantía de que el mundo no derive hacia un fascismo de nuevo cuño,<strong> aupado por los populismos barriobajeros</strong>. Trump puede volver a ganar, Zemmour o Pécresse tienen opciones, ¡hasta Berlusconi entra en liza! Se perciben indicios en numerosos países. ¿Por qué no en el nuestro, donde si seguimos así, el PP puede llegar a ser el soporte de un Vox gobernante?, ¿cómo pararlo?</p><p>No es preciso ser profeta para augurar que<strong> no habrá mayoría absoluta</strong> para ninguno de los contendientes. Tampoco para ver que la derecha continuará e incluso aumentará su actitud negativa y degradante, así como su capacidad de influir en el grueso de electores pasivos, más allá de sus propios seguidores, lo que se verá reforzado por una ley electoral que favorece a la derecha rural caciquil. Quizá solo se podrá compensar con la percepción por la ciudadanía de que, más allá de las diferencias, que son muchas, <strong>hay una sólida sintonía </strong>en hacer avanzar el país en la línea que se está siguiendo ya ahora, pero con mayor empatía y tiempo por delante. </p><p>Pero antes, para motivar, no después para llorar. </p><p>______________________</p><p><em><strong>Antoni Cisteró</strong></em><em> es sociólogo y escritor. También es miembro de la Sociedad de Amigos de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Jan 2022 20:38:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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    <item>
      <title><![CDATA[El olvido de la memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/olvido-memoria_129_1213819.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/afbd839f-eb27-4492-8a00-1738d246c183_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El olvido de la memoria"></p><p>Se debate una ley de memoria histórica que para unos queda corta y para los otros es innecesaria. Sin embargo, <strong>la memoria es imprescindible para los seres humanos</strong>. Si no recordamos la piedra donde tropezamos ayer, mañana nos podemos romper, de nuevo, la crisma. Algunas veces, en los múltiples debates que el tema suscita, se olvida este aspecto “práctico” de la memoria. Honor para las víctimas, por descontado; rechazo total de los verdugos, de justicia. Está bien que se quite el nombre de Queipo de Llano de una calle, es perfecto que se lo den a las <em>Trece rosas</em>. Pero no nos quedemos ahí. Por mucho que llenemos páginas, celebremos debates y cavemos fosas, puede no ser suficiente para alcanzar la necesaria rectificación de trayectorias. Se olvida algo: <strong>es preciso tener en cuenta también a los instigadores de tales desmanes</strong>. Las sociedades democráticas no quieren volver a ver serpientes ondeando por sus escaños, no quieren ver más víctimas de su mordedura, pero hay que saber reconocer los huevos de la víbora y poner en evidencia a quien los incuba. Y eso, a mi entender, está por hacer. Se impone tal tarea para evitar que la secuencia huevo-serpiente-mordedura se repita de nuevo. Porque en ello están. Solo una visión de conjunto, global, nos permitirá salir del bucle en el que a cada vuelta nos damos con los mismos cantos. Debemos poner de manifiesto la mano que mece la rueda de esta historia.</p><p>Casi cuatro años antes del golpe de estado de 1936, atendiendo a una carta del exiliado rey Alfonso XIII llevada por Juan Antonio Ansaldo Vejarano, muchos oligarcas contribuyeron a cubrir el coste de degradar la situación de la II República mediante conspiraciones de todo tipo. La lista que aportó los primeros 20 millones de pesetas de la época, encabezados por los dos de Juan March, estaba llena de condes y marqueses; muchos otros contribuyeron con el mismo propósito mediante suscripciones elevadísimas para la época (500 pesetas mensuales) a la revista monárquica <em>Acción Española</em>. Incluso antes, ya el mismo día de la proclamación de la II República, en una reunión en casa del conde de Guadalhorce, se decidió la constitución de una “escuela de pensamiento contrarrevolucionario” para derrocar “por todos los medios” a la nueva República. Por descontado <strong>ninguno de los presentes ni los contribuyentes pensaron ni por un momento en batirla en las urnas,</strong> ni tan siquiera cuando, en noviembre de 1933, ganaron las derechas. Insaciables, querían más y más. O menos y menos democracia, según se mire. </p><p>Hoy, en el 2021, noventa años después, ¿podríamos encontrar algún paralelismo entre aquellas listas y las ofrecidas por Wikileaks de los contribuyentes a entidades y grupos antidemocráticos, como Hazte Oír, o Citizen Go?, ¿se puede considerar a la FAES una “escuela de pensamiento contrarrevolucionario” ? ¿Hasta dónde llegan los tentáculos de QAnon en España? </p><p>Y no se trata solo del dinero, también las palabras incuban. Que parejas van las palabras de muchos púlpitos de los años treinta con algunas barrabasadas actuales de la curia. Que cerca están las diatribas de Gil Robles de las peroratas de Abascal o Casado.  Parecen de hoy las palabras: “De un lado están los que aman a España y anhelan restaurarla, así en su riqueza como en su unidad y en sus más íntimas esencias espirituales; del otro, lo que diciendo amar a España, han puesto, sin embargo, sus palabras como sus actos, al servicio de la continuada y pertinaz tarea de <strong>arruinarla, fraccionarla y destruirla </strong>[…] Todos nuestros esfuerzos irán destinados a impedir que la política anticatólica, antieconómica y antinacional, representada por el socialismo y sus subalternos auxiliares, más o menos descubiertos o subrepticios, prevalezca o siquiera influya como hasta ahora en la gobernación del Estado”. Pero no, no fueron pronunciadas en la bancada de la derecha moderna, sino firmadas en 1933 por Gil Robles, Calvo Sotelo o el conde de Santa Engracia. <strong>No anunciaban el golpe de estado, pero eran pasos hacia él.</strong> Y, claro, el eco se oye, se oye y resuena en los pasillos de los centros de enseñanza que controlan, en los consejos de administración, en las tertulias de medios conservadores. ¡Calorcillo al huevo!</p><p>Si seguimos el olor del dinero, podremos verificar la frase del historiador <strong>Mariano Sánchez Soler</strong> cuando dice: “Más de cuatro décadas después, las más rutilantes familias que frecuentaban el palacio de El Pardo <strong>siguen ocupando un lugar destacado en el mundo financiero español</strong>”. Y aunque algunas han ido haciendo mutis por el foro, fruto de la biología o de su poca habilidad empresarial, la nómina sigue siendo muy importante al integrar a dos grupos beneficiarios del franquismo, y que por dicha razón ponen el hombro, o el bolsillo, o sus influencias, para ir deshaciendo el camino que con tanto esfuerzo ha ido recorriendo el pueblo español: Unos, los veteranos, en gran parte ostentando los mismos títulos de la lista citada, son los descendientes de los que ya en su momento consiguieron que sus esbirros acabaran con la democrática República; los otros, ellos o sus descendientes, los que luego se beneficiaron a manos llenas de su servil apoyo al Régimen, aquellos que, como dice Sánchez Soler, tienen “<strong>apellidos de presuntos emprendedores</strong>, de esos que la prensa define como hechos a sí mismos, y cuyas fortunas familiares se forjaron al calor de la dictadura franquista y cuyo pasado parece haber desaparecido en medio del espíritu de la Transición que <strong>confundió reconciliación con amnesia</strong>”. El apoyo incondicional al Régimen daba pingües beneficios, a pesar de que, en un alarde de cinismo, el propio Franco dijera en su Plan de la Obra Nacional Corporativa, que “el Estado Corporativo dictará las normas eficaces para concluir con el imperio de las oligarquías bancarias y financieras”</p><p>Estas grandes empresas, que nos iluminan, comunican o cobijan, algunas privatizadas por el PP, en las que deambulan sin sonrojarse orinales chinos de diversos partidos, cubren su expediente<strong> con algún convenio laboral digno</strong>, con ayudas para el cáncer u otras causas, pero muchas de ellas siguen dando calor al huevo de la serpiente, pensando que cuando crezca les será fiel y colaborará en la inacabable tarea de engrosar su balance. Sin su apoyo económico, relacional y mediático, la víbora quedaría en lagartija.</p><p><strong>La memoria histórica debería ir acompañada por acciones y leyes que impidieran los errores del pasado.</strong> Entre ellos, y no es el menor, la financiación y el soporte dado por grandes fortunas a los movimientos y líderes que intentan degradar y envilecer la democracia hasta niveles que pensábamos ya olvidados. </p><p>Quizá no se pueda hacer nada a estas alturas. Bastante astutos son, simulando donaciones y contratos subsidiarios que cubren la legalidad de su apoyo. Pero al menos no debiéramos perderlos de vista. En un mundo globalizado, de economía digital y grandes fortunas cobijadas en paraísos fiscales, es más necesario que nunca mantener el ojo avizor. Los primeros silbidos de la serpiente pueden ser banales, pueden parecer incluso divertidos, pero serpiente es y serpiente se queda y va adquiriendo fuerza y veneno gracias a sus cuidadores. ¡Que no nos pique de nuevo!</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Nov 2021 17:36:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El olvido de la memoria]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El rastro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/rastro_1_1207552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/26cb361e-e313-4a25-b990-4a0df97547a3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El rastro"></p><p>No voy a referirme al entrañable mercado madrileño, <strong>sino al sendero traslúcido que van dejando los gasterópodos en su cansino deambular. </strong>Al poco, ya no los vemos, ni nos acordamos de su presencia, pero si pisamos su rastro podemos resbalar, si lo tocamos nos pringamos. </p><p>Es posible que algunos gestores de lo público pasen a la historia como orinales chinos mentados en un pie de página. Solo algunos expertos recordarán su tránsito dentro de unas décadas. <strong>Pero su herencia ahí habrá quedado, y para mal.</strong></p><p>Quizá uno de los ejemplos más palpables de la huella que ha dejado <strong>la connivencia, desidia o torpeza de los gestores públicos </strong>sea el de algunas estaciones del AVE. Por ejemplo la de Guadalajara-Yebes (uno de los propietarios de terrenos era el marido de Esperanza Aguirre), y su megapromoción inmobiliaria Valdeluz que, prevista para 34.000 personas, <a href="https://www.eldiario.es/economia/sospechosa-ubicacion-estaciones-ave_1_5571701.html" target="_blank">acoge hoy a unas 2.000</a><a href="https://www.eldiario.es/economia/sospechosa-ubicacion-estaciones-ave_1_5571701.html" target="_blank">.</a> O la impresionante soledad de la estación Camp de Tarragona, en la que, cuando aún no era firme la decisión de su ubicación en Perafort, ya había empezado la compraventa de terrenos,<a href="https://www.diaridetarragona.com/tarragona/Por-que-el-AVE-no-llega-al-centro-de-Tarragona-20161126-0005.html" target="_blank"> alcanzando algunas veces un 800 % del precio de la finca</a><a href="https://www.diaridetarragona.com/tarragona/Por-que-el-AVE-no-llega-al-centro-de-Tarragona-20161126-0005.html" target="_blank">. </a>Hoy en día, con el amplio y agrio debate de la ampliación del aeropuerto de Barcelona, ¿cuál no sería la conveniencia de tenerlo unido por AVE con el de Reus, a menos de 100 kms de distancia? Sin embargo, ¿alguien recuerda a los autores de tales desaguisados? Apuesto que no, aunque cada vez que deambulo por los ámbitos citados, <strong>piso su rastro y me indigno al constatar su irreversibilidad. </strong></p><p>“Todo pasa y todo queda”. Pasan los causantes, pero permanece el daño.<strong> ¿Quién recordará en unos años a los que recortaron sin clemencia la sanidad pública, </strong>esa que tanta falta ha hecho ahora, haciendo imposible salvar centenares de vidas que ya no volverán? ¿Quién recordará a<strong> los corifeos que divulgaban mentiras sobre las armas de destrucción masivas de Irak,</strong> que tanto sufrimiento causaron y cuyas consecuencias aún duran?</p><p>Hoy está vigente la discusión sobre lo acertada que pueda ser la sentencia del Supremo sobre el estado de alarma. Más allá de los argumentos y argucias jurídicas, las filtraciones interesadas <strong>han pringado irreversiblemente la opinión pública.</strong> Como quien ha pisado un excremento canino, no vale solo con pasar el pie por el bordillo, ahí queda, con su pegajosidad y su olor característicos. Y seguirá contaminando en el futuro, cuando nuevas olas pandémicas nos invadan. Cuando alguien llega a cargos de tan alta responsabilidad, se le supone un mínimo de ídem. ¿No sería fruto de este sentido ético del cargo, por ejemplo, el que no hubiera las filtraciones que, parciales y sesgadas, <strong>solo buscan erosionar no solo al gobierno, sino también la confianza en las instituciones?</strong> También se les podría pedir, por ejemplo, que se pronunciaran a tiempo, y no sobre leyes ya vencidas meses atrás. “Después de muerto Pascual, le llevan el orinal”. ¿Con qué fin?</p><p>Y ya puestos, ¿no sería éticamente recomendable que <strong>quien tuviera la vigencia de su cargo vencida, lo dejara por dignidad?</strong> ¡Qué daño están haciendo a la propia institución, aferrándose a la silla que ya no les corresponde, por mucho que unos políticos cortoplacistas nieguen el relevo! Permanecer en ella es también una decisión personal. Por ende, no solo es el TC el que rechina, también el CGPJ o el Tribunal de Cuentas e incluso el Defensor del Pueblo. Los dos partidos de la derecha extrema pisan sobre los gasterópodos evitando su avance, pero no que sigan secretando baba. Y esta sigue entorpeciendo la circulación ciudadana.</p><p>Pronto ya no servirá el pasar la suela por el bordillo, pronto decidirán los transeúntes <strong>dejar de pasar por la calle donde habita la democracia,</strong> aquella de los tres famosos poderes: ejecutivo, legislativo y judicial que el amigo Montesquieu nos explicó. Así, por la calle desierta y los cargos vencidos encerrados en sus torres de marfil, mirando la soledad entre los visillos, pronto se verá pasar el desfile de <strong>algún salvapatrias megalómano que al son de “libertad” nos privará de ella. </strong></p><p>______________________</p><p><strong>Antoni Cisteró</strong> es sociólogo y escritor. También es miembro de la Sociedad de Amigos de infoLibre</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Jul 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El rastro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sanidad pública,Política,España,Privatización de la sanidad,desinformación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El eslabón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/eslabon_1_1198667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0bd6eb53-b7ba-4749-9a27-d9ec3aa59449_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El eslabón"></p><p>España está viviendo unos meses de respiro. El mejor funcionamiento pulmonar se debe a que, por fin, estamos pasando<strong> un tiempo sin comicios, ni municipales, ni autonómicos ni estatales</strong>. ¡Uf!, ¡por fin! Ello permite a los políticos ahorrarse gestos histriónicos, promesas irrealizables y zafios ataques a los contrincantes.</p><p>Bueno, lo dicho no es exacto. La oposición de derechas, en barbecho estatal, continúa con su labor de zapa, royendo los cimientos de las instituciones. Salvo en Cataluña, en la que es una parte de su gobierno la que dedica algún tiempo a ello, a expensas de una labor de gestión abandonada los últimos años.</p><p>¿En qué vamos a centrarnos ahora?, pueden preguntarse algunos. A la derecha, la respuesta es clara: sigamos en lo mismo. El objetivo era, y es, <strong>conseguir votantes para cuando vuelvan las urnas</strong>. Y si mientras tanto se degrada algo más la confianza ciudadana en las instituciones (aun a costa de ser parte del “todos son iguales”), pues miel sobre hojuelas. Pero a la izquierda, atareada como está en la salida de la pandemia (la del covid, claro; la populista ha venido para quedarse y por ahora no tiene vacuna), no le queda resuello para otros menesteres.</p><p>Así que no será de extrañar que, cuando volvamos a expresarnos vía papeleta, los resultados sean adversos para estos últimos. Quizá algunos aspectos de su gestión hubieran podido ser mejores, aunque no quiero ni imaginar cómo estaríamos si el responsable hubiera seguido siendo Rajoy. Pero no se trata de eso. En las urnas se enfrentarán la consideración de <strong>una gestión de gobierno mal comunicada y dañada por una pandemia inesperada e inmisericorde</strong> y, enfrente los que recogerán los frutos de su constante esfuerzo de erosión de todo lo que se mueva en el Gobierno, sea cierto o no, su constante “caca, pipi, culo”, su desobediencia en nombre de conceptos secuestrados como nación o libertad. Se lo habrán trabajado, día a día, en la calle, y, si consiguen el poder, el país lo sufrirá una buena temporada. Se afianzará la desconfianza en las instituciones, en favor de líderes mesiánicos y lobbies paralelos.</p><p>¿Y el ciudadano? ¿Alguien piensa que, tres semanas antes de acudir a las urnas, leerá y analizará los programas electorales, sopesará las consecuencias a medio y largo plazo de una y otra forma de entender la política y sus consecuencias para el futuro común? Lo que prevalecerá será la lluvia fina que habrá ido cayendo envuelta en gestos grandilocuentes, toscas acusaciones o sutiles insinuaciones. Y para ello no hay vacuna, pero sí tratamiento: <strong>dosis homeopática de acercamiento, de franca exposición de los motivos por los que se hace algo</strong>, de las dificultades halladas, de los resultados conseguidos. Día a día, de boca a oreja, de cerebro a corazón. Mensajes, muchos de los cuáles caerán en tierra estéril, pero otros no, e irán cuajando un estado de opinión, ampliando la nómina más allá de los ya convencidos.</p><p><strong>¿Pero cómo dedicarse a ello si no se da abasto, entre Europa y Marruecos, entre los sanitarios y los hosteleros? </strong>(¡Ah! Y los catalanes, a los que se han sumado los madrileños). Quizá la respuesta esté en la sociedad civil, agrupada en núcleos de interés. Llevo el agua a mi molino, y pido perdón por ello, para agradecer sinceramente a infoLibre la promoción de mi libro <a href="https://www.reivindica.com/participar-hoy-2/" target="_blank">Participar hoy</a>, ofreciéndolo a sus <a href="https://www.infolibre.es/noticias/club_infolibre/2021/06/02/hazte_socio_anual_junio_participa_sorteo_ejemplares_libro_antoni_cistero_121196_1031.html" target="_blank">nuevos suscriptores</a>. En él, una de las constataciones es la falta de actividad divulgadora de los colectivos entre la ciudadanía en general, más allá de los ya adictos, de la ausencia de difusión de sus objetivos y su base ética. Las encuestas demuestran que en la participación se cumple la regla de Nielsen para las redes sociales: 90-9-1, o sea que en un colectivo (por ejemplo, para reivindicar un derecho social), hay un 1% de realmente activo, un 9% de colaboradores esporádicos, y un 90% (¡sí, un noventa!) de lo que el autor llama “mirones”. Es en esta legión de los que reciben pero no integran la información a su comportamiento, donde sí cala la lluvia fina demagógica, por fácil y edulcorada, y no los discursos políticos ni los análisis de prospectiva. Es en este segmento donde se echa en falta la labor cotidiana de los innumerables grupos centrados en una mejora social. Pongo un ejemplo: si la misión fundacional de una asociación es promover <strong>una sanidad de calidad, gratuita y universal</strong>, es lógico que se manifieste para presionar al gobierno, del color que sea, para que sus leyes vayan en dicho sentido. Pero es necesario también, tanto o más, que se esfuercen por convencer a los integrantes de las colas en los centros de salud, en las listas de espera, en los colectivos profesionales precarios, de que no será lo mismo una opción política que otra, que los resultados diferirán y su efecto durará años, si no décadas. Quizá algunos de estos “mirones”, el día de los comicios, aúne estos impactos con los de la educación, la justicia, la fiscalidad y tantos otros, y todo ello le lleve a dirigir su mano a la papeleta que favorezca al conjunto de la ciudadanía y no a unos pocos. He dicho quizá, pero tengo el convencimiento que estos “algunos” serían los suficientes para orientar la política del país. Así, los colectivos reivindicativos, acompañados de una información fidedigna, tan necesaria, serían el eslabón recuperado para una renovación política, pues evitarían el cortocircuito que se está intentando provocar en la relación del ciudadano con una administración desgastada por la crítica destructiva.</p><p>Se debería evitar la arrogancia de quien cree que está en lo cierto, aunque fuera así. Aunque todas las opciones políticas se reclamen defensores del bien “de todos”, lo cierto es que a algunas ni tan siquiera se les pasa por la cabeza. Incluso en el caso de que su gestión haga aumentar el PIB global, en el caso del neoliberalismo populista se cumple el aforismo del promedio:<strong> Cuándo comemos medio pollo per cápita, uno se lo come entero y el otro ni lo huele</strong>. No, no basta con hacer lo correcto. Es preciso que se perciba y se interiorice. Y ello, dado el descrédito (conseguido con años de esfuerzo) de la política de partidos, es tarea ineludible para los colectivos sociales. Día a día, amigo a amigo, contacto a contacto. Con humildad y firmeza. Aunque cueste.</p><p><strong>___________________</strong></p><p><strong>Antoni Cisteró</strong> es ingeniero y escritor, su último libro se titula 'Participar Hoy'. También es miembro de la Sociedad de Amigos de infoLibre<em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Jun 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El eslabón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,Derecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elogio de la política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/elogio-politica_1_1191918.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/04fef2b7-d944-4723-9f0c-5fefe8350975_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elogio de la política"></p><p>Reconozco que hacerlo no es fácil, después de un año en que la pandemia de zafiedad y agresividad mediática sin ton ni son ha penetrado en nuestra vida diaria, al alimón con la que nos ha causado más de 50.000 fallecimientos. Pero voy a intentarlo, movido por dos estímulos: la publicación del <a href="http://ep00.epimg.net/descargables/2020/12/29/042ac9766c64fd44f28323316fc68e91.pdf" target="_blank">documento Cumpliendo</a> parte del Gobierno, que lamento que quizá se haya tomado como un discurso más en medio de la vorágine de fin de año, y la lectura del regalo familiar de Nochebuena, las memorias de Barack Obama <em>Una tierra </em><em>prometida (</em>Editorial Debate. Barcelona, 2020), que en su página 51 nos dice: “<strong>La política no tiene por qué ser lo que la gente cree que es. Puede ser algo más</strong>”. Y yo enmendaría: es algo más.</p><p>La iniciativa del Gobierno, que en nuestros lares suena a chino, la considero de gran transcendencia, más allá de su contenido concreto, por el simple hecho de haberse creado un precedente, que incluso cualquier otro futuro gobierno tendrá dificultades para echar atrás. Marca claramente <strong>los tres espacios de entendimiento ciudadano</strong>: El gobierno (político), los técnicos en diversas materias (expertos), y la ciudadanía para la que se ha hecho tal esfuerzo de clarificación.</p><p>Los habituales rendimientos de cuentas en las Cortes llegan poco a la gente, o lo hacen mediatizados por informaciones a menudo sesgadas. En cambio, <em>Cumpliendo</em> queda ahí, ya inamovible durante un año, a disposición de quien lo quiera analizar, no solo la oposición, que <strong>lo destripará con su habitual inquina</strong>, sino también colectivos sociales, partidos afines y ciudadanos interesados en temas concretos. No solo se explica someramente en sus 41 páginas y sus dos <a href="https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/Documents/2020/2Cumpliendo_Dic20_ANEXO%20I_.pdf" target="_blank">anexos</a>, sino que se ofrece una hoja Excel, con el análisis de más de 1200 entradas/compromisos. Un mero ejemplo: Entre ellos figuran 290 ya “cumplidos”, por 105 “no iniciados”. <em>À vous de jouer.</em></p><p>Se podrá estar de acuerdo, o no, en lo que allí se afirma, pero ahí está y puede servir de debate más allá de las habituales peleas barriobajeras. Es un instrumento elaborado por expertos independientes, que espero y deseo se repita anualmente. Un verdadero homenaje a la política, como ámbito imprescindible para que los pueblos se entiendan y encaren el futuro sabiendo dónde ponen los pies. Esta es una de las facetas del documento: <strong>poner de manifiesto que la mayoría de los políticos están ahí para algo que sin ellos sería inviable</strong>, salvo si prescindimos de la democracia. Con mayor o menor habilidad, con perfil más o menos empático, con sus pros y contras, muchos, la gran mayoría, hacen lo que pueden. ¿Nos pondríamos nosotros en su lugar?. Porque la tarea está ahí, y alguien debe hacerla.</p><p>Pienso en los políticos de base, concejales honestos en pueblos corroídos por el clientelismo, trabajando por una escuela, una rotonda o una ayuda; en parlamentarios autonómicos quemándose las cejas y batallando sin cuartel para que alguna ley o algún decreto avance entre un bosque de sables en esgrima de postureo; en ministros que ven sus proyectos denostados por los que, teniendo la misma opinión, se ven forzados a boicotearla a la búsqueda demagógica de un voto emocional. Políticos, en suma, que ven su labor entorpecida constantemente por razones ajenas al tema del que se ocupan. <strong>La política cortoplacista comiéndose a la política tout court, a la política en mayúsculas.</strong><em>tout court, </em></p><p>En esta lucha basada en el “al enemigo, ni agua”, quien sale perdiendo es la ciudadanía, claro, que ve cómo dos tipologías dañinas impiden avanzar en temas primordiales que el pueblo tiene a flor de piel (educación, sanidad) y en otros también cruciales aunque menos cercanos y por lo tanto con menos conocimiento popular (justicia, Constitución). Veámoslas:</p><p>Por un lado, los negacionistas: el no a todo, salvo que sea lo que digo yo. No se debe confundir con la defensa acérrima de los propios principios, no tiene nada que ver. El único objetivo es degradar la imagen del oponente, haga lo que haga. Dijo Winston Churchill, un gran político de derechas: “<strong>La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás</strong>”. En todo argumento, y en especial en temas complejos como la gran mayoría de los que se debaten a todos los niveles, hay infinidad de matices, ¿ninguno sirve de enganche para el acuerdo?. ¿Se hace el esfuerzo para encontrarlos y potenciarlos, en búsqueda de un consenso que ayude a encontrar una solución? Desde luego, los empecinados en el rechazo a todo, no. Incluso en temas en los que la ley apremia a encontrarlo, como el de la renovación del Tribunal Constitucional, se prefiere degradar la imagen de esta instancia, de funcionamiento imprescindible, que sentarse a escuchar a las partes. Esta categoría podrá estar formada por políticos y políticas de oficio, pero no de ejercicio, al menos democrático. Es muy fácil desactivar o retrasar iniciativas, el morbo que ello implica tiene predicamento mediático. Quizá debería incluirse en los próximos <em>Cumpliendo</em> referencias a la labor de zapa, sin ninguna intención de aportar la más mínima idea, que ha afectado a los diversos proyectos. La crítica sistemática es el <strong>caldo de cultivo ideal para la radicalización xenófoba</strong>.</p><p>Por otra parte, están los tóxicos. Si bien la labor de los primeros daña gravemente el tejido social, dividiéndolo y radicalizándolo, se puede mencionar este segundo grupo de efecto igual o más pernicioso, aunque a su favor cabe decir que es frecuente que lo avisen previamente: ¿Recordamos las palabras de la diputada Montserrat Bassa anunciando en enero que “<strong>le importaba un comino la gobernabilidad de España</strong>”, en pleno Congreso, el ente a cargo de gestionarla? ¿Alguna empresa contrataría a un empleado que anunciara que la evolución de esta, y sus cometidos, le importan un rábano?. ¿Cobra la señora diputada su sueldo de la Cámara sin ningún escrúpulo ni rubor?</p><p>Desgraciadamente, en Cataluña abundan los ejemplos, llegando incluso al caso del propio presidente (de cargo, que no de eficacia) azuzando a quienes desobedecían las leyes que él mismo tenía la obligación de hacer cumplir: “<em>Apreteu</em><em>, apreteu</em>”, o el expresidente llamando a la cruzada liderada por su “confrontación inteligente” (es un decir): confrontación <em>tous azimuts</em>; sea cual sea el tema, la respuesta será la que más propicie <strong>la destrucción desde dentro del propio sistema</strong>. Ya no es solo negar, se trata de embarrar.</p><p>Ello no sería grave si el sistema democrático fuera capaz de depurar tales intoxicaciones, de excretarlas periódicamente, teóricamente, las elecciones son para ello. Pero no es así, lo que hace recomendable que, al menos, quedara claro en el documento de análisis de cumplimiento de proyectos, quién construye, o lo intenta, sea con la ideología que sea, y quién socava los cimientos.</p><p>Si la democracia se basa en el pueblo, y dado que el engranaje no es capaz de hacerlo, ¿podría aquel ir puliendo aristas, eliminando rémoras y parásitos? Desgraciadamente parece que no. La imparable tendencia a la simplificación, propulsada por las redes sociales y utilizada alevosamente por las demagogias populistas, premia precisamente a los políticos negativos y tóxicos. A ello hay que añadir la falsa sensación de “empoderamiento” que se está transmitiendo. Dicho palabro, junto con “transversal”, parece que deban aparecer en todo discurso que se precie. ¿<strong>Pero es realmente así</strong>? De la opinión a la aseveración hay un largo trecho. Todo el mundo es libre de pensar lo que desee sobre, por ejemplo, el Brexit. ¿He dicho pensar? Deberíamos distinguir entre la reflexión sobre temas en los que se posea un mínimo de conocimiento, y para los cuales la aportación ciudadana consciente será siempre de gran ayuda, y la asunción en crudo de titulares y frases ocurrentes en las redes como principios inamovibles, orquestadas por verdaderos manipuladores de la emoción.</p><p>Ahí entra la función del político, clase de animal racional que ha estado sudando tinta hasta conseguir imprimir las 2000 páginas del acuerdo alcanzado entre el Reino Unido y la Unión Europea o, a todos los niveles, está intentando mantener el rumbo marcado en <em>Cumpliendo</em> a pesar de los intentos de hacer zozobrar la nave. Un aplauso a los innumerables personajes que a todos los niveles, desde el barrio a Bruselas, se han sentado horas y horas, junto con expertos y teniendo presentes las necesidades de la población, hasta alcanzar un acuerdo. En democracia, <strong>las líneas rojas no debieran existir</strong>. Un veterano político dijo a Obama: "Asegúrate de saber (expertos) lo que se necesita (el pueblo), y deja para mí la política" (P. 27). En el triángulo que <em>Cumpliendo </em>delimita: Políticos, expertos, ciudadanía, todos tienen su papel; sería oportuno que en las próximas presentaciones de dicho documento anual estuvieran presentes los tres vértices y no solo el presidente de turno, y no solo para decir “hemos hecho…”, sino para detallar también “pensábamos hacer; hemos llegado a un logro parcial, y las dificultades para no completarlo han sido….”.</p><p>La ciudadanía, al menos con ocasión de las elecciones (y en Cataluña faltan menos de dos meses), debiera usar la misma filosofía que el documento comentado: Pensar en lo que se ha hecho, lo que está por hacer, y <strong>quién puede llevarlo a cabo con mayores garantías</strong>. Optar por votar a arquitectos, o dejar las riendas a líderes del derribo y desguace.</p><p><strong>Antoni Cisteró</strong> es sociólogo y escritor. También es miembro de la Sociedad de Amigos de infoLibre</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 Jan 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Elogio de la política]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[El movimiento se demuestra andando]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/movimiento-demuestra-andando_1_1183024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a12c0e17-83ba-4cb2-b49e-6b1a911af7b9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El movimiento se demuestra andando"></p><p>Ya sé que, en España, la palabrota tiene mala prensa. Pero, desde luego, no hablo del engendro franquista sino de lo que los sociólogos consideran como: <em>Redes informales basadas en creencias y la solidaridad que se movilizan sobre cuestiones conflictivas, por medio del uso frecuente de varias formas de protesta (</em>Iñíguez Rueda y Vázquez, 2003). Son un movimiento la lucha de los afroamericanos de Estados Unidos, el feminismo o las reivindicaciones gais, entre otros. Formados por personas, colectivos y plataformas de la más variada índole, empujan todos en el mismo sentido al compartir algunos valores y aspiraciones. Si las mujeres han llegado hasta el nivel actual ha sido por el esfuerzo de gente muy, muy, diversa, católica o atea, de izquierdas o de centro, incluso algunas de derechas, rica o pobre, con estudios primarios o universitarios, una amalgama variopinta pero con un color común en la paleta: <strong>la indignación por la situación de la mujer en el mundo y la percepción de la necesidad de cambiarla.</strong> Queda mucho por hacer, y en ello están, pero nadie hubiera imaginado, décadas atrás, los logros conseguidos, entre ellos que millones de mujeres, que no militan en ningún partido ni colectivo reivindicativo empaticen, se sientan parte de dicho movimiento.</p><p>Al hilo de mi <a href="https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2020/04/30/la_izquierda_confinada_106331_2003.html" target="_blank">anterior artículo en Plaza Pública</a>, cabe preguntarse: el descalabro provocado por el dichoso virus, <strong>¿puede ser el revulsivo que dé a luz un “movimiento” regenerador de la vida política y social?</strong> No cabe duda de que muchas cosas se tendrán que replantear, desde la forma de reunirse a las relaciones entre ciudadanía y gestión política. Pero también parece obvio que existe un enorme riesgo de que dichos cambios sean, si cabe, a peor, lo que hace más necesario que nunca el surgir, o resurgir, de tal ola de concienciación.</p><p>Para que brote un movimiento, más allá de los encomiables grupos y plataformas que proliferan hoy en día, a mi entender son necesarias dos premisas. Respecto a la primera, según la socióloga Donatella della Porta, es<strong> indispensable la identificación de un responsable de la situación</strong> contra la que se llama a la movilización (el empuje del movimiento). Este “causante” lo tenemos cada día delante, con su rictus de codicia y arrogancia, en la manipulación de la información o de las finanzas, o en el claro desprecio por el ciudadano de a pie, considerado simplemente como un mal necesario para enriquecimiento de unos pocos. La dificultad para identificarlo es que los rostros que lo encarnan no son significativos sino sus meros ejecutores. Los realmente beneficiados no aparecen, camuflados detrás de fondos de inversión, paraísos fiscales y testaferros. <strong>Pero se perciben y ello debería ser suficiente para que el movimiento echara a andar.</strong></p><p>La segunda premisa, paradójicamente, parece más difícil de conseguir: la percepción de que existe un mínimo común subyacente a tantos y tantos perjudicados por la grave situación social, presente durante décadas, que tuvo un empujón significativo con el neoliberalismo de Reagan y Thatcher, se agravó en la crisis del 2008,<strong> y que ahora un virus imperceptible ha llevado al coma sin asistencia.</strong></p><p><strong>¿Cómo poner de relieve este hilo conductor que cosa las mareas de cualquier color</strong>, los colectivos vecinales, los grupos ecologistas, los desahuciados, los de las listas de espera, los parados, los trabajadores pobres, y tantos y tantos que, de tanto recibir leña corren el riesgo de identificarse con el tronco? ¿Podrán los que ya están en la lucha admitir a los recién llegados, sin otro pasaporte que el de perjudicados? ¿Reconocerán estos que no se parte de cero, sino de una cruel y dura lucha previa? ¿Se percibirán como compatibles (que lo son) en un mismo empuje, las diferentes reivindicaciones existentes?</p><p>Por el momento, se está a la defensiva. Cuando se recibe un palo, se maldice y se corrige la posición para esquivar el siguiente. Se está en las barricadas, cada uno en la suya, esperando que la siguiente oleada no sea la definitiva. Pero no olvidemos que las barricadas fueron útiles en tiempos de la caballería pero se hundieron al aparecer los tanques. <strong>Además, nadie ha ganado una batalla sin salir de ellas ¿Cómo avanzar, juntos, al descubierto?</strong></p><p>Creo que los medios de comunicación atentos a la situación, y con un ojo en el horizonte, pueden ser decisivos a la hora de ir creando esta imprescindible atmósfera de solidaridad entre reivindicaciones. Amigos de infoLibre, se os acumula el trabajo. Paso a paso, cual gota malaya, para que algún día se llegue a conseguir que la ciudadanía se dé cuenta <strong>de lo homogénea, general y tóxica que es la lluvia que nos está calando a todos.</strong></p><p><strong>___________________</strong></p><p><strong>Antoni Cisteró</strong> es sociólogo y escritor. También es miembro de la Sociedad de Amigos de infoLibre</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 May 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El movimiento se demuestra andando]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La izquierda confinada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/izquierda-confinada_1_1182586.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>¿O habré dicho confitada, para que se la coma con patatas la derecha populista? Pasó en Francia, el país de la libertad, la igualdad y la fraternidad: los desheredados votando al Frente Nacional o como se llame ahora. ¿Podemos evitarlo aquí? ¿Las recetas vigentes hasta hoy, serán válidas a partir de ahora? ¿Nos manifestaremos respetando los dos metros de distancia? Ha dicho el presidente Sánchez (28.4.2020): <strong>Vamos a tener que aprender a vivir en esta nueva “normalidad</strong>”. ¿Está la izquierda empezando a estudiar? ¿Cuando llegue el examen, habrá gente, medios y conocimiento; rutinas y estructuras adaptadas a ella?</p><p>La “izquierda”, en su más amplio sentido, tiene necesidad de agruparse; adquiere su sentido al reflejar <strong>el sentir de la gran masa de la ciudadanía esquilmada</strong>. No me refiero solo, aunque también, a la confluencia política para conseguir un mundo más justo y solidario, sino a la posibilidad de concentrarse en manifestaciones, eventos y asambleas, de los centenares, millares, de plataformas, mareas, colectivos, grupos y grupúsculos que luchan aquí y allá para mejorar la situación social de la ciudadanía. Es lo que se ha hecho hasta ahora, con mayor o menor éxito.</p><p>La pandemia, <strong>reacción lógica de la Tierra al maltrato sufrido, va a cambiar nuestras vidas</strong> en, como mínimo, tres aspectos. Una crisis económica sin precedentes por su anchura y profundidad, el distanciamiento físico, y las ciberrelaciones que ello favorece. Respecto a la primera, parece obvio que las oligarquías, con la derecha que les sirve, y con la sartén por el mango, <strong>nos van a cocer al fuego lento del miedo</strong>. Acabado el chollo del consumo, en el que, copiando el anuncio de La Casera, corríamos para tener sed, ahora toca el terror a enfermar, el pavor a quedar hundido para siempre en la fosa de la miseria. ¡Quietos! ¡Se acabó el correr, bienvenido el acurrucarse! Antes de empezar el baile, ya hay un porcentaje de la población, a la que se suele llamar “clase media”, profundamente asustada, que ve cómo sus derechos, junto con sus ingresos, se van recortando sin que la resistencia a tal proceso sea lo firme que debiera ser.</p><p>Los medios de comunicación ponen al desnudo la clase de los desheredados, los “nadies” de Galeano, la ponen a la vista de todo el mundo, como un verdadero grupo social en el que teme caer aquel segmento de población que vive dignamente de su trabajo estable, lo que le permite dedicar esfuerzos a justas reivindicaciones. El miedo no gana batallas, dijo el sabio, pero este es el sentir de la mayoría de los candidatos a caer en la fosa de la que es dificilísimo salir. Por ello, <strong>en lugar de agruparse y luchar por revertir la situación, se encierran en su concha</strong>, el virus ayudando, y dejan que los buldozzers los vayan empujado a la fosa común, previa esquilmación de todos sus bienes.</p><p>Ante la crisis todos sufriremos, pero los mayores, aunque muchos cubiertos por unas pensiones que alguien empieza ya a sugerir que se recorten, se verán afectados por los otros capítulos. El tema de la edad no es baladí para los movimientos de izquierdas. Por muy deprisa que se avance en las distintas etapas de desconfinamiento,<strong> difícilmente podrá haber concentraciones ni asambleas como las anteriores</strong>; cada vez será más difícil sostener los locales donde se fraguan las meritorias reivindicaciones por la vivienda, las pensiones dignas y tantas otras.</p><p>Las vías de organización van a variar, y no es seguro que los actuales miembros de los grupos se preparen para ello. Dice el tecno-sociólogo Zeynep Tufekci: “Antes de internet, el tedioso trabajo organizativo necesario para evadir la censura u organizar una protesta también ayudaba a <strong>crear la infraestructura que servía de apoyo a la toma de decisiones </strong>y a las estrategias para sostener esfuerzos. Ahora, los movimientos pueden saltar esas etapas, lo cual con frecuencia los debilita; (<em>El País. </em>30.3.2014. P. 10).</p><p>¿Cómo se reforzarán? <strong>El distanciamiento penalizará la forma tradicional de moverse en el mundo reivindicativo</strong>. Se requerirá ingenio y creatividad para diseñar nuevas formas de relación, empezando por las cibernéticas. No se puede parar un desahucio por Twitter, ni una manifestación cabe en Zoom. Además, en la mayoría de los casos, sucede que el segmento de edad predominante en dichas acciones no es muy ducho en el manejo de las nuevas tecnologías de comunicación, a partir de ahora imprescindibles para mantener un mínimo de cohesión en el interior de los grupos y también entre ellos. No tengo la solución. Lamento decirlo ahora que el lector ya lleva unos minutos soportándome. Pero, honestamente, no la tengo. Pero sí sé que las herramientas que se van a utilizar para salir (o mejor, adaptarse) a la terrible crisis que se avecina, están dominadas por la derecha, al servicio de la oligarquía que se enriquecerá, aún más, con ello.</p><p>Habrá paños calientes y alguno de frío; unos pocos pacientes se revelarán, y si tienen suerte serán absorbidos por el sistema, pudiendo incluso llegar a conducir alguna maquinaria de arrastre. ¿Pero <strong>qué medios tendrán los sindicatos, las mareas, los colectivos de reivindicación social</strong>, los militantes de partidos de izquierda, sus meramente simpatizantes, para parar el tsunami? Lo que sí es seguro es que los FAES, los Steve Bannon, los Salvini, los Trump o los Bolsonaro dispondrán de todo el dinero y el material que deseen, de la formación precisa, de rotativas sostenidas por créditos ad hoc de los bancos, las iglesias (con sus Cáritas, pero también sus Opus y sus Legionarios, para que no se escape nadie del redil).</p><p>Además, ¿alguien duda de que ya se están preparando para la nueva dinámica social? Por cierto, he leído varias noticias en las que unos voluntarios recogen alimentos, que luego llevan a la parroquia del pueblo, para distribuirlos entre los menos favorecidos, lo que es encomiable. Pero que yo sepa, en<strong> </strong>ningún caso se han llevado a <strong>una “casa del pueblo”, ni tampoco a un sindicato o la sede de una marea</strong>.</p><p>No propongo caer en el clientelismo, de cobrarse el favor, pero sí <strong>sería recomendable que la izquierda tomara conciencia del terreno que está dejando al contrincante</strong>, encerrada como está en su área. Mientras en la derecha proliferan los bots, los <em>community managers</em> asalariados, las bases de datos que facilitan mailings masivos, a la izquierda se cierran (no por censura sino por agotamiento, por desatención, por inanición) páginas de Facebook, cuentas de Twitter o plataformas participativas.</p><p>¿Cuántos grupos sobreviven únicamente por el empecinamiento de unos pocos numantinos? La energía de esta cobertura que se va deshilachando, ¡cuánta falta nos hará a medida que la crisis vaya congelando a la ciudadanía! <strong>Batalla desigual. Ya no vale lo de “resistir es vencer”. Ahora es preciso proclamar el “adaptarse (a las nuevas reglas y consecuencias de la crisis) es vencer”</strong>. ¿Lo está previendo la izquierda? ¿Podríamos abrir un debate sobre cómo debería actuar la izquierda postpandemia bajo los nuevos condicionantes que inevitablemente están aflorando? Yo me apunto.</p><p><strong>___________________</strong></p><p><strong>Antoni Cisteró</strong> es sociólogo y escritor. También es miembro de la Sociedad de Amigos de <strong>infoLibre </strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 May 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antoni Cisteró]]></author>
      <media:title><![CDATA[La izquierda confinada]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Epidemia,Izquierda,Coronavirus]]></media:keywords>
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